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nivel se cierra automáticamente de tal manera que todo el organismo está engranado y no existe una separación real entre el lenguaje y la cinesis." Aparentemente las personas que sincronizan mutuamente, no lo hacen porque anticipan el tipo de conversación, sino porque emiten una reacción repentina semejante a un reflejo. En películas proyectadas a una velocidad de veinticuatro a cuarenta y ocho cuadros por segundo, la sincronización parece ser instantánea. Los movimientos combinados comienzan en el mismo cuadro de la película; pero cuando se emplea una cámara de alta velocidad, a noventa y seis imágenes por segundo, se comienza a notar un retraso entre el lenguaje y el gesto. Es como si el sonido llegara al oyente y fuera procesado en un instante, en un nivel neurológico inferior, donde produce el impacto en su ritmo. Tal vez sea esta la explicación de porqué el ritmo compartido nunca llega a un nivel consciente. Guando interactúan dos personas que no hablan un mismo idioma, no existe sincronización; solamente se nota una manera entrecortada y apagada. No sólo el patrón hablado de uno es extraño al del otro, sino qué posiblemente en un nivel biológico más básico, los ritmos resultan algo incompatibles, ya que el lenguaje, los movimientos del cuerpo y el EEG parecen estar conectados tan maravillosamente; otros ritmos fisiológicos, como el latido del corazón, pueden estar también afectados. Existe cierta evidencia que brinda apoyo a esta teoría. Diversos ritmos fisiológicos, en el hombre y en los animales, pueden ponerse en fase mediante un metrónomo. Los estudios realizados sobre seres humanos que escuchan canciones de cuna —ya sea en alemán, chino, inglés o cualquier otro idioma (aparentemente una canción de cuna no es más que eso en cualquier idioma) —, indican que a medida que la gente las oye, su respiración se hace cada vez más liviana y regular, como durante el sueño, y se acompasa al ritmo de la letra de la canción; al mismo tiempo, el ritmo del corazón disminuye y el GSR (Galvanic Skin Response) se mantiene inalterable. Cuando en idénticas condiciones, se expone a la gente al sonido de la música de jazz, su respiración y el GSR se tornan irregulares. Tal vez los ritmos fisiológicos básicos del hombre siguen el ritmo de su lenguaje, de tal manera que su cadencia, así sea francesa o norteamericana, existe no solamente en el lenguaje sino en todo su sistema. Según dice Condón, sus experimentos han sido "muy micros" durante años; sin embargo en la actualidad se están volviendo "macros". A medida que trabaja en lapsos más prolongados, ha descubierto que ciertos intervalos rítmicos ocurren con tanta frecuencia que uno siente la tentación de pensar que forman parte del organismo en sí. En consecuencia, una vez por segundo se produce, un gran compás que tiene aproximadamente el ritmo del latido del corazón humano. Este efecto no es tan regular como para que uno pueda hablar simplemente de sincronía interaccional como de vibración por segundo —la exactitud del ritmo del movimiento corporal es demasiado precisa para esto— pero con frecuencia el ritmo del latido del corazón siempre está presente. La explicación de esto podría encontrarse en el hecho de que el bebé vive durante nueve meses en el útero de la madre, al ritmo constante del corazón materno, y se ha comprobado que después de nacer, los recién nacidos que escuchan la grabación del sonido del latido del corazón lloran menos y aumentan más de peso que otros bebés de la misma edad. Por lo tanto, no es aventurado decir que el latido del corazón es un ritmo humano básico. Adam Kendon ha analizado varias películas de sincronía interaccional y ha sugerido que cuando dos personas adoptan un mismo ritmo no siempre significa que existe entre ellas total armonía o que es una señal de que una ha logrado la atención completa de la otra. Algunas veces dicho ritmo comunica algo mucho más sutil. Por ejemplo, cuando un hombre comienza a hablar, durante los primeros segundos su interlocutor puede mostrar una sincronía amplificada tal vez, hasta el extremo de repetir exactamente los gestos del que habla, indicando que presta gran atención. Luego puede echarse hacia atrás y mantenerse inmóvil por un tiempo, apenas moviendo un músculo. Pero en cuanto hay alguna indicación de que el que habla está llegando a una conclusión definitiva, el oyente comienza a moverse nuevamente en forma conspicua. Esta vez, sus movimientos siguen el ritmo del otro, pero no imitan exactamente los gestos de él. En lugar de ello, casi inmediatamente, el que habla comienza a imitar al oyente. En ese instante, el oyente que comienza a moverse, indica que ahora es él quien quiere hablar. Sus movimientos pueden ayudarle también a intercalar sus primeras palabras. De la misma manera que un músico marca el ritmo con el pie mientras espera el momento de entrar, al compás, la gente puede tomar el ritmo de otra persona para estar lista para hablar en el instante adecuado.

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DAVIS FLORA - El Lenguaje De Los Gestos  

Flora Davis • 2 A Mamu Tayyabkhan y también a Karen Davis que leyeron el manuscrito pacientemente y que fueron mis críticos más duros y mis...

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