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proporciona, dice Condón, una verificación más amplia de que existe en este caso tanto una inclusión como una exclusión. Condón especula en base al hecho de que adaptarse al ritmo de otra persona puede tener a grosso modo el mismo efecto que compartir una postura, ya que promueve un sentido de intimidad y de armonía. La gente es muy sensible ante la forma en que se mueve otra persona. Edward Hall posee una colección de fotografías tomadas en una galería de arte en las que las personas, sin darse cuenta, adoptan las posturas de las esculturas expuestas. Las personas poseen esta sensibilidad especial y ni siguiera lo saben —sugiere el doctor Condón—. Puede haber, por lo que conozco, varios cientos de niveles diferentes para expresar intimidad o alejamiento en una relación —posturas, sincronía, contacto visual y otros—. La vida puede tornarse cada vez más fascinante a medida que uno estudia esto; puede llegar a ser extremadamente agradable. Pienso que a medida que la gente conozca estas sutilezas, accederá a matices de placer, de relación compartida que todavía no conocemos, ya que nuestra sensibilidad se verá acrecentada. La más notable de todas las películas que me mostró Condón fue la última. En ella aparecían dos sujetos conectados a un EEG (electroencefalógrafo), de tal manera que se podía registrar sus ondas cerebrales a medida que hablaban. Una cámara enfocaba el encuentro a nivel humano, y la otra las agujas del EEG, mientras dibujaban los temblorosos trazos en el papel cuadriculado que corría bajo ellas. Resultaron dos películas distintas. Sobre la pantalla que reflejaba los trazos del EEG, se veían los rasgos alineados de doce indicadores: los seis de la derecha correspondían al hombre y los seis de la izquierda a la mujer. Se asemejaban bastante a la estela que dejan dos esquiadores acuáticos no muy hábiles, que esquían al compás de una música que no se oye. Todos no se movían a derecha o a izquierda en el mismo instante, pero en general, lo hacían en forma bastante sincronizada; también aumentaban o disminuían la velocidad en forma pareja. De una manera casi mágica, era como si los indicadores hablaran entre sí. Esto me recordó una aseveración que hizo Paul Byers, medio en broma: la sincronía interaccional o los ritmos compartidos podrían brindar una explicación de la comunicación existente entre el hombre y las plantas. Ese extraño fenómeno, en base al cual ciertas personas al concentrar su cuidado en alguna planta —tal vez amándola— logran hacerla crecer mucho mejor que a una planta tipo, que es observada en un laboratorio a la que se trata en forma similar, recibe la misma proporción de agua, e igual cantidad de sol, etc. Byers dice: "¿Qué somos nosotros, después de todo —nuestras acciones, nuestras percepciones— sino nervios que efectúan descargas eléctricas, ritmos?" Sugiere asimismo que, cuando los jóvenes hablan de "estar en onda", o "estar fuera de onda", están reconociendo inconscientemente este fenómeno. Condón es muy cauteloso acerca de las películas filmadas en base al sistema EEG. Todo lo que se puede decir, me previno, es que resulta sugestivo y que es un fenómeno que merece estudiarse. Sin embargo, existen problemas al trabajar basándose en este tipo de películas. Nadie puede decir en forma precisa qué es lo que miden, excepto que reflejan la actividad eléctrica del cerebro, complicada por la contracción del músculo del ojo que parpadea. Un científico ha expresado que tratar de explorar el cerebro mediante el EEG, es como tratar de descifrar el funcionamiento de un motor aplicando un estetoscopio al capó del automóvil. No obstante, los registros de EEG realizados por Condón muestran complejas configuraciones de cambio que se relacionan al fluir de las palabras, y Condón está empeñado en realizar nuevos estudios con el objeto de identificar estas relaciones existentes. Condón está convencido de que lo bioeléctrico —el sistema nervioso del cuerpo que funciona mediante descargas eléctricas de los nervios— capta la sincronía interaccional y está profundamente involucrado en él. Piensa que el sistema nervioso vibra rítmicamente en respuesta al lenguaje, y compara todo este mecanismo a dos motores eléctricos, conectados en forma sincronizada, de tal manera que si se produce una alteración en la oscilación de uno de ellos, el otro la producirá también. De igual manera que los motores se conectan mediante cables, los seres humanos están conectados entre sí por el sonido. "Los seres humanos son increíblemente sensibles al lenguaje y a los sonidos —explica Condón—. Éste es el proceso más evolucionado. Considero que lo que se produce por debajo de ese

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DAVIS FLORA - El Lenguaje De Los Gestos  
DAVIS FLORA - El Lenguaje De Los Gestos  

Flora Davis • 2 A Mamu Tayyabkhan y también a Karen Davis que leyeron el manuscrito pacientemente y que fueron mis críticos más duros y mis...

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