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"En realidad, entre la madre y el hijo existe una sincronía amplificada —dice Condón—, intrincada, relajada y extensa. Se encierran durante largos períodos de tiempo en una participación de movimientos. Las películas de las chimpancés que cuidan a sus crías nos blindan el mismo efecto." En el próximo grupo de películas que me mostró Condón, había ejemplos de la clase de patología que bloquea la sincronía interaccional. La primera de ellas, mostraba a una preciosa niñita de tres años, de hermosos ojos enormes y de cabello largo y oscuro. La trajeron al laboratorio WPIC porque se sospechaba que podía ser sorda, a pesar de que las pruebas de rutina no habían demostrado nada en concreto. Condón pensaba que las películas indicarían si la niña oía en forma normal, ya que se movería al ritmo del lenguaje de las personas que la rodeaban. Sin embargo la película señaló, por el contrario, que no se movía en absoluto al compás de la voz humana, sino que reaccionaba con extrema sensibilidad ante los sonidos inanimados. Su madre desparramó un collar de cuentas sobre la mesa, de manera que cayó en secciones, haciendo un ruido semejante a un suave tamborileo; los hombros y la cabeza de la niñita respondieron rítmicamente al compás de las cuentas. Una pediatra tamborileó con los dedos sobre la mesa y la niña se movió de acuerdo a ese ritmo. Los niños normales no reaccionan de esta manera ante el sonido. Condón ha probado esto mediante ruidos intensos, golpeando varios libros fuertemente, y sin embargo ellos no se adaptan al ritmo. Más tarde la niña del filme fue declarada autista. "Pobrecita —dijo Condón—, era como si su mundo estuviera compuesto de sonidos, y ella reaccionaba ante ellos de la misma manera que la gente normal reacciona ante el lenguaje hablado." En la película siguiente, una mujer que tenía un vestido escotado estaba sentada junto a un hombre en un sofá, mientras que en primer plano un niño jugaba en el suelo. La mujer se quejaba porque el niño siempre había constituido un problema por la forma de alimentarse. Por el tono de su voz, que por momentos adquiría un nivel agudo e irritante al referirse a su hijo y por un gesto especial que ejecutaba como "apuñalando" con un dedo, expresaba su rechazo hacia el niño. A medida que ella hablaba, el niño movía el cuerpo al ritmo exacto de las palabras maternas, y luego desapareció de la escena para regresar después de unos segundos, trayendo un pequeño almohadón que ofreció a su madre, lo que parecía ser un gesto de ruego o de pacificación. Sin embargo la mujer tomó el almohadón y puso un rostro duro, severo y frío, que recordé por mucho tiempo. El próximo filme presentaba a una mujer, madre de mellizas, una de las cuales era esquizofrénica. En los treinta minutos que duró la película, la madre y la hija normal se movieron al mismo ritmo, y compartieron posiciones el noventa y cinco por ciento del tiempo; incluso se acomodaron la ropa en un mismo cuadro de la película. La hija esquizofrénica rara vez coincidía con su madre o con su hermana. Más aun, cada vez que trataba de adoptar una postura coincidente con la madre, ésta inmediatamente cambiaba y adoptaba otra, como si de esta manera mantuviera cierta distancia entre ambas. Siempre que la madre se refería a la hija esquizofrénica, gesticulaba hacia ella manteniendo las palmas de las manos hacia abajo, como si golpeara, en un movimiento que indicaba claramente: "aléjate". Algunas veces, la niña reaccionaba volviendo enérgicamente la cabeza hacia un lado y excluyéndose más que antes de la conversación. "Éstos son mensajes mayores —me dijo Condón sobriamente—. Cuando usted ha visto suficientes películas de este tipo, comienza a aceptarlas como parte de la realidad." Me previno, sin embargo, que no existe una simple relación causa-efecto en estos procesos. La reacción de la madre no produjo la esquizofrenia de la hija. De hecho, la niña enferma puede haberse comunicado mal desde un principio. Pero Condón tenía otra película de un par de mellizos de ocho años, uno normal y otro no, que mostraba el mismo esquema de exclusión rítmica y corporal. También ha coleccionado varias películas de madres de mellizos normales, en las que la madre se comporta en forma equilibrada frente a ambos. Puede ser, entonces, que la sincronía interaccional no sólo sea una forma de demostrar armonía sino una manera de incluir o excluir a otros. En otra película sobre un adolescente perturbado y sus padres, la madre y el hijo mostraban claramente por su comportamiento que estaban aliados en contra del padre. De hecho, en un momento dado, el muchacho comenzó a discutir con el padre, y la madre reforzó esta actitud adoptando la misma postura de su hijo y moviéndose en estrecha sincronía con él. En otro momento, el padre y la madre concordaron maravillosamente, y de inmediato, el muchacho enojado dijo a la madre: "Bueno, antes me hiciste cerrar la boca, así que ahora puedes hacer que la abra nuevamente", lo que nos

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DAVIS FLORA - El Lenguaje De Los Gestos  

Flora Davis • 2 A Mamu Tayyabkhan y también a Karen Davis que leyeron el manuscrito pacientemente y que fueron mis críticos más duros y mis...

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