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conversación puede parecer enteramente trivial—. Por lo tanto en un nivel subliminal, la sincronía interaccional expresa variaciones sutiles aunque muy importantes en una relación. Condón trabajó ocho largos y penosos años para aprender todo lo que sabe sobre esta sincronía. Durante todo este tiempo, su laboratorio ha estado en el Instituto Psiquiátrico y Clínico del Oeste en Pittsburgh (Western Psychiatric Institute and Clinic, WPIC), donde es profesor e investigador asociado de comunicación humana. Me previno, cuando lo entrevisté, de que sus estudios todavía deben ser considerados "tentativos". Poseen la misma validez que las observaciones que Konrad Lorenz realizara sobre animales salvajes. Condón ha corroborado sus descubrimientos en más de cien películas, y otras personas que las han visto también han descubierto la existencia de la sincronía. Pero las pruebas todavía no están reflejadas en términos experimentales o en estadísticas. Condón me mostró una serie de estas películas en una habitación algo más grande que un placard. La primera era sobre una conversación filmada entre un hombre blanco y un negro, que no se conocían entre sí; habían sido llevados al laboratorio WPIC y se les pidió que se sentaran y conversaran para obtener datos acerca de la comunicación humana. Ambos hombres, bien vestidos, se sentaron uno frente a otro. El negro era joven: un estudiante. El blanco era algo mayor. Echándose hacia atrás en el asiento comenzaron a discutir amablemente acerca de los posibles beneficios de una educación universitaria. El estudiante estaba a favor de ella, en contraposición con el blanco que defendía la tesis de la especialización laboral. Condón me mostró la película mediante un proyector manual, pasando una vez tras otra los mismos cuadros. En cámara lenta, el sonido era semejante al del Pato Donald; otras veces se parecía al silbar del viento o al grito de las focas. Pero la cadencia era siempre clara, aunque las palabras no lo fueran. En forma gradual comencé a notar que cada uno de los hombres tenía su propio ritmo de moverse al hablar; luego, repentinamente y por el rabillo del ojo, capté que realmente lo hacían al mismo compás. El hombre blanco hablaba, y a pesar de que el negro permanecía aparentemente inmóvil, cada vez que se movía lo hacía coincidiendo con alguna acentuación en las palabras de la frase que estaba pronunciando su interlocutor. Condón me explicó que, como en esta primera parte del filme ambos personajes estaban intercambiando ideas, no había mucha sincronía. Divorciados de las palabras, los gestos parecían algo agresivos al señalar, enfatizar y cortar el aire. El blanco se contradijo: "Yo quiero... yo no quiero..." y pude notar que su cabeza se movía hacia atrás, mientras enseñaba los dientes y levantaba las cejas; luego en un gesto enfático, parecido a una bofetada, golpeó el aire. Inmediatamente el hombre negro se enderezó en su asiento. A partir de ese momento, el tono del encuentro fue totalmente diferente. Donde antes había una sincronía esporádica, ahora ambos hombres se movían juntos al ritmo de sus frases, de sus palabras y hasta de las sílabas, en una danza creciente e intrincada. Se notaba un complejo juego de manos. Luego de una pausa, uno de los dos comenzó a hablar, y el otro mediante un movimiento de su cuerpo retomó la conversación al compás en el momento preciso. El estudiante buscó la pipa en su bolsillo y el ritmo del gesto fue tan claro como "da-da-da-dum", y reflejó de manera igualmente clara las palabras del otro. La primera parte de la película, según Condón, refleja una lucha de dominio-sumisión. Es difícil precisar qué fue lo que pasó exactamente en el momento de la bofetada pero, indudablemente, algo cambió. Tal vez este solo y enérgico gesto dirimió la cuestión del dominio. Luego Condón pasó otro grupo de películas cortas, esta vez mostrando a la etóloga Jane Goodall acompañada por un par de chimpancés salvajes. En cuclillas, Jane trata de arrebatar un cacho de bananas a uno de los monos. Éste echa hacia atrás la cabeza, mostrando los dientes y procura darle una bofetada de manera muy semejante a la escena filmada entre los dos hombres. Volviendo a la película anterior, Condón me señaló algunas sutiles diferencias culturales en la manera en que emplean el cuerpo los blancos y los negros. Cada vez que un blanco movía simultáneamente la cabeza y las manos, estos se sacudían al mismo compás. En el negro, algunas veces se notaban síncopas: las manos se movían algo más rápido pero no obstante guardaban relación con el movimiento de la cabeza. En un momento dado; una de las manos del estudiante se movía casi al doble de velocidad que la otra. Esto resulta prácticamente imposible para los blancos, me explicó

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DAVIS FLORA - El Lenguaje De Los Gestos  
DAVIS FLORA - El Lenguaje De Los Gestos  

Flora Davis • 2 A Mamu Tayyabkhan y también a Karen Davis que leyeron el manuscrito pacientemente y que fueron mis críticos más duros y mis...

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