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RITMOS CORPORALES Del mismo modo que otros especialistas en cinesis, el profesor William Condón ha investigado en base a películas estudiando, analizando y buscando patrones. De sus estudios surgió un fenómeno sorprendente y fascinante: en formas mínimas, el cuerpo del hombre baila continuamente al compás de su propio lenguaje. Cada vez que una persona habla, los movimientos de sus manos y dedos, los cabeceos, los parpadeos, todos los movimientos del cuerpo coinciden con este compás. Resulta interesante saber que este ritmo suele alterarse cuándo se trata de casos patológicos o de daños cerebrales. Los esquizofrénicos, los niños autísticos, las personas afectadas por el mal de Parkinson, epilepsia leve o afasias, y los tartamudos, están fuera de sincronía consigo mismos. La mano izquierda puede seguir el ritmo del lenguaje mientras que la derecha está completamente desfasada. El resultado, tanto en la vida real como en las películas, es una rara impresión de torpeza, un sentimiento de que algo no está completamente bien en la forma en que se mueve el individuo. "Después de haber pasado miles de horas mirando películas -narra Condón— comencé a encontrar la clave en forma de visión periférica. El que escucha también se mueve al mismo tiempo que el relato del que habla. Entonces empecé a examinar este hecho sistemáticamente, y éste fue el comienzo del estudio de la sincronía interaccional." La sincronía de interacción resulta difícil de creer hasta que no se la ve en películas, puesto que en la vida real generalmente se produce en forma veloz y es demasiado sutil para ser captada. Sin embargo, en todos los filmes analizados por Condón (cerca de un centenar), siempre se encontró presente la sincronía interaccional ya se tratara de norteamericanos de clase media, de esquimales, o de bosquimanos del África. Se produce continuamente cuando la gente está conversando. Aunque puede parecer que el que escucha está sentado perfectamente quieto, el microanálisis revela que el parpadeo de los ojos o las aspiraciones del humo de la pipa, están sincronizados con las palabras del que habla. Cuando dos personas conversan, están unidas no sólo por las palabras que se intercambian mutuamente sino por ese ritmo compartido. Es como si fueran llevados por una misma corriente. Algunas veces aun durante intervalos de silencio, la gente se mueve simultáneamente, porque en apariencia reacciona ante claves visuales en ausencia de otras verbales. Es posible realizar un pequeño experimento para comprobar la sincronía interaccional, mediante una técnica muy simple: pídale a un amigo que marque un ritmo con los dedos y luego comience a hablarle. Los repiquetees de él coincidirán inmediatamente con los acentos o las divisiones silábicas de las palabras de usted. Los ritmos del lenguaje humano, aparentemente, pueden ser tan irresistibles como los de un violento rock. La sincronía interaccional es algo sutil, no es simplemente una imitación de los gestos —a pesar de que esto sucede también algunas veces— sino que se trata de un ritmo compartido. La cabeza del que habla se mueve hacia la derecha y exactamente en ese momento el oyente levanta una mano. En el mismo instante en que se invierte el movimiento de la cabeza, la mano cambia de dirección. Si la cabeza se apresura, también lo hace la mano y quizás el pie o la otra mano se adaptan al ritmo. Naturalmente uno se pregunta qué propósito puede tener la sincronía interaccional puesto que la gente casi nunca está enterada de que ella existe. Condón considera que es el basamento sobre el que está edificada la comunicación humana y que sin ella la comunicación sería completamente imposible. Sirve para indicar a la persona que habla que el oyente lo está escuchando realmente. Si el oyente se distrae, la sincronía fallará o desaparecerá por completo. Condón posee una película de dos psiquiatras conversando y moviéndose al mismo ritmo. Luego de un tiempo, aparecen en escena otras dos personas; los psiquiatras interrumpen su diálogo para conversar con los recién llegados. En el instante en que comienzan a prestar atención a nuevas conversaciones, se quiebra la sincronía mutua. Unos minutos después, cuando los psiquiatras retoman la conversación original, entre ellos vuelve a aparecer el ritmo primitivo. La sincronía interaccional es variable. Algunas veces está presente sólo de manera muy leve y otras se nota en forma más acentuada. Dos personas que están sentadas pueden mover solamente sus cabezas al compás; luego pueden agregar movimientos de pies o de manos, hasta que finalmente parecen acompañarse con todo el cuerpo. La experiencia interna en un momento así es un sentimiento de gran armonía, de que realmente uno llega a comunicarse con la otra persona —a pesar de que la

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DAVIS FLORA - El Lenguaje De Los Gestos  

Flora Davis • 2 A Mamu Tayyabkhan y también a Karen Davis que leyeron el manuscrito pacientemente y que fueron mis críticos más duros y mis...

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