Page 51

razonablemente bien sin importar la densidad por metro cuadrado que ocupan. También existe una evidencia creciente de que en algunas áreas del mundo el hambre está sólo a unas pocas décadas de distancia y por lo tanto, más próxima que un colapso del comportamiento. Pero, y en términos menos dramáticos, la superpoblación tiene influencia definitiva sobre el comportamiento y esta influencia es diferente para el hombre y para la mujer. Los hombres, encerrados en una habitación pequeña, se tornan desconfiados y combativos. Las mujeres, en una situación semejante, se hacen más amigas e íntimas entre sí. Suelen encontrar la experiencia agradable y gustar más una de otra que si estuvieran en un ambiente de mayores dimensiones. En un espacio reducido un jurado enteramente masculino dará un veredicto más estricto, mientras que uno femenino será más benigno. Otros psicólogos han ideado experimentos basados en las observaciones de Hall acerca del comportamiento proxémico de los norteamericanos. Su evidencia sugiere que la forma en que los seres humanos se ubican entre sí puede ser determinada no sólo por su cultura y la relación que ésta implica, sino también por otros factores. En una reunión social, las personas necesariamente estarán de pie y muy juntas para poder conversar; lo mismo sucede, según se deduce de los experimentos, cuando la gente se encuentra en un lugar público tal como un parque. Adam Kendon sugiere que en público la gente necesita demostrar más claramente el hecho de que está junta —que están "con", por emplear el término técnico— y de esta manera pueden permanecer en una pequeña burbuja de intimidad. Cuando dos individuos están parados más juntos de lo que la situación o el ambiente pudiera aconsejar, puede ser simplemente porque se agraden mutuamente. Los estudios psicológicos han demostrado que los seres humanos prefieren pararse más cerca de aquellas personas que les agradan, y más lejos de las que no son de su gusto; que los amigos se paran más cerca que los simples conocidos, y los conocidos más cerca que los extraños. La evidencia también demuestra que en situaciones íntimas, los introvertidos mantienen una distancia algo mayor que los extrovertidos y que las parejas de mujeres lo hacen más cerca que las de hombres. El psiquiatra Augustus F. Kinzel ha estudiado lo que él llama la "zona de absorción" del cuerpo entre convictos violentos y no violentos. Luego de haber ubicado a un prisionero en el centro de una habitación pequeña y vacía, Kinzel se acercó lentamente hacia él, instruyendo al hombre para que informara cuando sentía que se le había aproximado demasiado. Los violentos reaccionaban vivamente cuando Kinzel estaba aproximadamente a ochenta y cinco centímetros de distancia. Los no violentos no decían nada hasta que el psiquiatra se ubicaba a medio metro. Los primeros dijeron que se sentían amenazados o que Kinzel se iba a abalanzar sobre ellos. Este experimento parece sugerir que la técnica proxémica podrá llegar a servir algún día para detectar a los individuos potencialmente violentos, pero Kinzel hace la salvedad de que no servirá para identificar positivamente a todos los individuos de esta condición; algunos poseen una "zona de absorción" normal. También señala que: "Puede haber otros tipos de comportamiento relacionados con grandes 'zonas de absorción' que todavía no conocemos." Otra serie de experimentos bastante sorprendentes es la realizada por el psicólogo Robert Kleck y que indica que personas enfermas pueden muy bien sentirse solas y aisladas debido a la distancia que conservan las personas que toman contacto con ellas. Kleck pidió a ciertos estudiantes universitarios que entraran en una habitación y conversaran con la persona que se encontraba dentro. Algunas veces, les describía al sujeto como un epiléptico, y otras veces no. Cuando les decía que se trataba de un epiléptico, se sentaban más lejos. Cuando Kleck empleaba un falso inválido, obtenía la misma respuesta. Todo esto se torna más perturbador si se considera que el individuo probablemente deja traslucir su reacción negativa a través de otras formas no-verbales. El espacio también puede proporcionar un signo de status. Al mostrar a varias personas un corto metraje mudo de un ejecutivo que entraba en la oficina de otro, todas coincidieron notablemente en clasificar la importancia de cada uno de ellos. Las claves empleadas fueron de tiempo y de distancia. ¿Cuánto tiempo tardó el hombre del escritorio antes de contestar el llamado a su puerta? ¿Cuánto tardó en ponerse de pie? ¿Hasta dónde entró el visitante en el escritorio? Cuanto más se aproximaba, tanto más importante era considerado. Y por supuesto, la estimación de su status decrecía cuando el que estaba detrás del escritorio demoraba en atenderlo. De estas maneras insignificantes, y cientos de veces por día, el individuo reafirma silenciosamente su superioridad, desafía a otros o se asegura a sí mismo que conoce su lugar.

51

DAVIS FLORA - El Lenguaje De Los Gestos  

Flora Davis • 2 A Mamu Tayyabkhan y también a Karen Davis que leyeron el manuscrito pacientemente y que fueron mis críticos más duros y mis...

Advertisement