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Pero si el animal se ve acorralado, y la amenaza entra en el ámbito de la distancia crítica, entonces atacará. Los domadores aparentemente manejan a los leones porque conocen milímetro por milímetro la distancia crítica del animal. El domador atraviesa este límite de sensibilidad y el león salta y cae — no casualmente por cierto— sobre la banqueta que los separa. Instantáneamente, el hombre retrocede hasta estar nuevamente fuera de la distancia crítica. El animal queda en el lugar pues desde allí no siente necesidad de atacar. La burbuja del espacio personal de un ser humano representa al mismo tiempo su margen de seguridad. Dejemos que un extraño irrumpa en ella, e inmediatamente surgirá la necesidad de huir o de atacar. Los libros de texto policiales reconocen esto cuando aconsejan a los detectives, que al interrogar a un sospechoso se sienten cerca de él, sin ninguna mesa u otro obstáculo intermedio, y se acerquen a él a medida que avanza el interrogatorio. El grado de proximidad puede transmitir mensajes más sutiles que una amenaza. Hall ha sugerido que expresa claramente la naturaleza de cualquier encuentro. De hecho, ha confeccionado una escala hipotética de distancias, consideradas apropiadas en este país para cada tipo de relación. El contacto de hasta cuarenta y cinco centímetros es la distancia apropiada para reñir, galantear o conversar íntimamente. A esta distancia las personas se comunican no sólo por medio de palabras sino por el tacto, el olor, la temperatura del cuerpo; cada uno está consciente del ritmo respiratorio del otro, de las variaciones en el color de la piel. La distancia que Hall considera espacio personal es de cuarenta y cinco a setenta y cinco centímetros. Ésta se aproxima al espacio de la burbuja personal en una cultura de no contacto como la nuestra. La mujer puede permanecer cómodamente dentro de la burbuja de su marido pero no se sentirá así si otra mujer lo hace. Para la mayoría de la gente la distancia personal, en la fase alejada —setenta y cinco centímetros a un metro veinte— está limitada por la extensión del brazo, es decir, el límite del dominio físico; Es la distancia apropiada para discutir asuntos personales. La distancia social correcta es de un metro veinte a dos metros. En una oficina, la gente que trabaja junta, normalmente adoptará esta distancia para conversar. Sin embargo, cuando un hombre se coloca de pie a una distancia que oscila entre dos y tres metros de donde está sentada su secretaria, y la mira desde allí, obtendrá un efecto dominador. La distancia social más alejada, entre tres y cuatro metros, es la que corresponde a conversaciones formales. Los escritorios de personas importantes suelen ser muy anchos para mantener distancia con sus visitantes. Más allá de cuatro metros se considera una distancia para el público, adecuada para pronunciar discursos o algunas formas muy rígidas y formales de conversación. Elegir las distancias adecuadas puede llegar a ser crucial. Una joven que conozco, al recibir una declaración de amor de parte de un hombre a quien ella creía amar, lo rechazó de inmediato. Lo que la decidió a tal actitud fue el hecho de que él le declaró su amor sentado en una silla a una distancia de dos metros. Hall considera que el ser humano no solamente tiene un sentimiento muy arraigado en cuanto al espacio que necesita, sino que posee una necesidad real y biológica de él. La importancia de este hecho queda demostrada en estudios sobre población hechos con animales. Hasta hace relativamente poco tiempo, los científicos creían que los límites de población de las especies salvajes estaban determinados por una combinación entre la escasez de alimentos y los depredadores naturales. Por lo tanto, predecían, que si se producía una superpoblación en la tierra, sobrevendría el hambre mundial y las guerras porque los alimentos rápidamente reducirían el número de habitantes. Pero ahora se sugiere que el espacio puede ser una necesidad tan acuciante para el hombre como el alimento. En experimentos realizados con ratas, se ha observado que mucho antes que se presente el problema real de la alimentación, los animales entran en un estado de tensión tal por falta de espacio, que comienzan a comportarse de una manera totalmente extraña —en realidad muy similar a la de los seres humanos—. Los machos se vuelven homosexuales, corren en manadas, violan, asesinan y cometen actos de pillaje; o simplemente se dejan estar, tornándose totalmente pasivos. Este fenómeno descorazonante se denomina "derrumbe del comportamiento". Para un mundo enfrentado con la superpoblación, las implicancias de este problema son alarmantes a pesar de que algunos científicos todavía dudan si se puede o se debe generalizar entre seres humanos y animales. También ha habido sugerencias de que para los hombres —y posiblemente para las ratas— lo que más importa no es la porción de espacio disponible o la preservación de la burbuja individual, sino el número de situaciones con quienes el individuo se ve forzado a interactuar. Si esto fuera cierto, en nuestras grandes ciudades podríamos acomodar cuidadosamente a la gente de tal manera que no se molestara entre sí; las personas deberían ser capaces de sobrevivir

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DAVIS FLORA - El Lenguaje De Los Gestos  

Flora Davis • 2 A Mamu Tayyabkhan y también a Karen Davis que leyeron el manuscrito pacientemente y que fueron mis críticos más duros y mis...

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