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Sociedad Cooperativa de los Empleados de la Compañía Trasatlántica

Fig. 1- Sociedad Cooperativa de la Compañía Trasatlántica. Vista de las instalaciones

Esta Sociedad, altamente benéfica, parecía ser como un complemento del bienestar que a todos sus servidores proporcionaba la patriótica Compañía Trasatlántica. Trabajó mucho en su planteamiento y desarrollo el Jefe de la Armada Sr. Agacino. Fue tan grande lo logrado que a los pocos años de entrar en funcionamiento su venta mensual ascendía a unas 50.000 ptas. de la época. Se surtían de ella todos los obreros, empleados y personal a flote. Las compras se pagaban de diversas formas: los obreros lo hacían por semanas vencidas; los empleados por mes devengado y el personal embarcado, bien fuera en buques que hacían la carrera a Cuba o a Filipinas, a la terminación del viaje. Las deudas de todos los que fallecían, desertaban o dejaban de pertenecer a la Compañía se condonaban, puesto que ésta no perseguía a nadie por tal concepto. Como complemento de los beneficios que la Compañía Transatlántica proporcionaba a su personal mediante las instituciones creadas y sostenidas por ella, citaremos dos centros importantísimos creados por dicho personal en virtud de la iniciativa y con la ayuda de la Compañía: el Círculo de Empleados y Obreros y la Cooperativa de Consumo.


En Cádiz, y en amplio edificio, tenían establecido los empleados y obreros de la Transatlántica un Centro instructivo y recreativo en el que figuraban inscriptos unos 900 socios. Este Centro, que fue instalado por la Compañía, se halla sostenido por pequeñas cuotas mensuales de sus socios. Contaba con una espaciosa sala de sesiones, donde se daban conferencias religiosas, científicas e instructivas y veladas artísticas y literarias. Había también salas de juntas y de lectura, biblioteca, gimnasio, salón de tiro, billar, cantina; etc. En el mismo Círculo se encontraban instaladas, en departamentos especiales, una escuela de primera enseñanza, para los hijos de sus socios, y clases de música, dibujo, talla y modelado. Igualmente se hallaba instalado en este Centro un gabinete médico, donde un facultativo tenía su consulta gratuita diaria y visitaba también a domicilio a los socios y sus familias. En la población había varias farmacias que suministraban, igualmente gratis, los medicamentos a todos los asociados y sus familias. Este Círculo, que frecuentaba con especial satisfacción el personal de la Compañía, al que proporcionaba positivos beneficios, se hallaba regido por un bien estudiado reglamento, de cuyas acertadas disposiciones entresacamos las siguientes: •

Siendo los fines del Círculo completamente ajenos a toda idea política y a todo interés de localidad, quedan prohibidas terminantemente dentro de su local las discusiones que revistan carácter político o que con las luchas locales se relacionen.

Los socios podrán alcanzar la instrucción teórico-práctica que se requiere para obtener el título de maquinista naval, mediante la asistencia a las clases de la Escuela de Maquinistas y Electricistas que costea la Compañía en Cádiz.

Igualmente tendrán derecho a que sus hijos concurran gratuitamente a la Escuela elemental establecida en el Dique de Matagorda.

Podrán asimismo aspirar, por lo que a su familia atañe, a disfrutar de alguna plaza de las del Asilo de Huérfanos costeado por la Compañía en Matagorda.

El ser socio de este Circulo da derecho a disfrutar de todos los auxilios que en el orden benéfico tiene instituidos la Compañía Transatlántica.

El presidente del Círculo determinará los juegos lícitos que en el local han de permitirse.

En estos juegos no podrá cruzarse otro interés que el importe del consumo que hagan los jugadores, quedando prohibido terminantemente jugar dinero.

En el local del Círculo se instalará un café, surtido de todos los géneros necesarios.

El presidente determinará los precios módicos que han de fijarse a los artículos.

Los socios podrán satisfacer el importe del consumo que hagan, en metálico o en fichas que se suministrarán en la Caja o en otra dependencia de la Compañía a cambio de dinero o a cuenta de los haberes. En este último caso, no podrá exceder el valor de


las fichas que se entreguen del tanto por ciento sobre el suelo o jornal del interesado que determine el presidente. Era ésta una institución notable, cuya implantación debían llevar á cabo todas las grandes empresas industriales que emplean importante número de obreros, para arrastrar a éstos de la infecta y fatídica taberna, proporcionándoles cómoda y decorosamente el descanso del cuerpo y el recreo de su espíritu, así como la educación de su inteligencia, de que tan necesitados se hallan. Los empleados y obreros de la Transatlántica, por iniciativa de la misma, crearon en el año 1893 una Cooperativa de Consumo, que se hallaba instalada en un hermoso edificio de las calles de Zaragoza y Cervantes, en Cádiz, donde puede abastecerse con las ventajas que proporcionan los establecimientos de su índole todo el personal de mar y tierra y pensionistas de la Compañía.

Fig. 2 - Sociedad Cooperativa de la Compañía Trasatlántica. Despacho general

Los almacenes se hallaban perfectamente surtidos de artículos comestibles, nacionales, coloniales y extranjeros, calzados de todas clases, perfumería, etc. En locales aparte tenían instalados sus almacenes – depósitos de géneros y una carbonería. Esta Cooperativa adquiría por su cuenta directamente, con las ventajas que ofrecen los centros productores, industriales y fabriles, los artículos y efectos de consumo y uso general que creía conveniente, los que cedía a los socios a los precios más económicos posibles. Los géneros que no le convenía adquirir por su cuenta son facilitados a los socios mediante contratos celebrados al efecto con otros establecimientos, en los que aquellos podían adquirir toda clase de artículos en ventajosas condiciones, mediante vales extendidos por la Sociedad.


Para dar facilidades al personal asociado, y según la forma en que percibían sus haberes, se les facilitaba créditos mensuales o semanales para surtirse en la Sociedad, y todo el que perteneciendo a ella así lo deseara podía adquirir a pagar a plazos los mencionados géneros. De los positivos beneficios que esta Cooperativa proporcionaba a los empleados y obreros de la Compañía Transatlántica era buena prueba el extraordinario desarrollo alcanzado por aquella, baste indicar que tenían un movimiento anual de 275.000 pesetas de la época. La Compañía concedió a la Cooperativa su protección y ayuda, y fortaleció su caja para facilitarle los pagos, pues sólo con su capital no podría llevar hasta el extremo las ventajas que tenían para sus asociados: •

El peso era rigurosamente exacto.

Ningún género estaba adulterado.

Como la venta mensual era elevadísima, ningún género envejecía.

Cada socio consumidor llevaba una cuenta corriente, pudiendo los interesados aclarar, en cualquier momento, cualquier duda sobre sus gastos.

El calzado, la ropa y otras compras podían realizarse a plazos.

Médico gratis.

Medicinas gratis.

Abogado gratis.

Dentista gratis para los obreros necesitados.

Escuela de niños gratis.

Escuela nocturna para hombres gratis 1.

Los que estaban embarcados para Cuba o Filipinas navegaban con la tranquilidad de que a sus familias no les faltaban los alimentos en tanto se verificaba el viaje.

Todos los géneros estaban más baratos que en la plaza de abastos. La economía por este concepto podía estimarse en un 15%.

Los socios o hijos de éstos pagaban en el gimnasio un tercio de la entrada 2.

Había también una serie de advertencias importantes: •

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Se obtenía un 5% de beneficio sobre los precios de la lista para las cantidades de 10 kg o 10 L en delante de cada artículo, así como para la docena de latas de conservas.

Costeaba su sostenimiento el Centro Obrero de Matagorda que, a su vez, estaba sostenido por la Compañía Trasatlántica. O sea, 2,50 ptas. de la época.


Los que compraran el pan y la carne con bonos de la Cooperativa tenían un beneficio del 6% sobre el público.

El Bazar Norte Africano rebajaba el 10% sobre los precios fijos de la plata Meneses3 a todos los socios de la Cooperativa. Para autorizar esta concesión había que ir provisto de un vale por la Sociedad.

Todos los meses debían quedar saldadas las libretas de consumos. Se exceptuaban las libretas de los que, estando embarcados, los sobrecargos respectivos tenían concedido créditos mensuales, que a la terminación de los viajes se saldaban.

Los sobrecargos estaban provistos de un talonario para que los embarcados que así lo desearan, sus familias se abastecieran de los almacenes de la Cooperativa, no teniendo más que señalar la cantidad o crédito mensual que querían para las mismas y el sobrecargo lo comunicara a las oficinas. De este modo dejaban asegurado su sostenimiento durante su ausencia.

El profesor dentista oficial de la Cooperativa era el Sr. Galván, cirujano dentista del Asilo de Matagorda, que rebajaba un 50% sus operaciones de cirugía dental y un 10% sobre los aparatos protésicos.

El abogado era el Sr. D. Francisco J. de Igueravide, que lo era también de la Delegación de la Compañía. Ofrecía los servicios de su profesión gratis a todos los socios, por cuyo rasgo tan meritorio la Sociedad lo consideraba como el abogado oficial de la misma.

Bibliografía El Mundo Naval Ilustrado. 1897. 10, Madrid : s.n., 1897, Vol. I. PARDOS, GERARDO. 1910. Compañías Navieras Españolas. La Trasatlántica. ABC. 29 de marzo de 1910, págs. 17-18.

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También conocida por alpaca plateada o plata inglesa.

Sociedad Cooperativa de los Empleados de la Compañía Trasatlántica  

Pequeño estudio sobre la Cooperativa

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