Issuu on Google+

Lasciatemi. Copyright Š 2012 Manne Van Necker.

PĂĄgina1

All rights reserved. Todos los derechos reservados.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados.

Capítulo 3

Juramento. Mía había tenido una semana agotadora, entre la cena de navidad que salió perfecta gracias a la receta de la señora Mimí y la venida de sus padres, no le había quedado mucho tiempo para ir a visitar los niños de la Iglesia, además el profesor Higgins le había pedido ordenar y archivar algunos estudios por lo que le tomaría aún más tiempo de lo acostumbrado terminar las tareas de la pasantía, agradecía las vacaciones de festividades, porque de no ser así de seguro habría perdido el control de todo. —¿Estás bien? —dijo Higgins al ver que Mía parecía agotada. —Sí, señor, sólo un poco cansada—sonrió. —Quizá ya es tiempo de pedirte que dejes la pasantía y te dediques a tus asignaturas y quehaceres —dijo amablemente. —¡Oh, no! —dijo terminando de ordenar —. No es necesario, profesor, a menos que usted estime que no me desempeño bien, pero si es por el cansancio, no se preocupe ya se pasará. El profesor Higgins se quedó en silencio, sabía que Mía tendía a sobrecargarse de cosas que probablemente hiciese perfectamente, pero todo el ajetreo le estaba pasando la cuenta y podía verlo en su rostro. Se veía cansada, como si estuviese a punto de caer desmayada. —¿Qué planeas hacer estas vacaciones? —sonrió el profesor.

—¿Qué hará usted? —sonrió. —Iré a ver a mi hermana a Roma y pasaré allí el año nuevo.

Página2

—Mañana en la tarde viajaré a ver a mis padres a Florencia —respondió Mía dejando los últimos papeles sobre el escritorio del señor Higgins.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. Una vez que se despidieron, el profesor Higgins le agradeció una vez más por haber venido a ayudarle a pesar que estaban en vacaciones por las festividades, Mía siempre había tenido buena voluntad y él se sentía muy a gusto con ella, a pesar que ahora estaba evaluando liberarla de algunos cargos que tenía, puesto que la sobre exigencia le estaba afectando notoriamente. Mía se apresuró a llegar a la cafetería antes que la señora Mimí terminase su turno, ella solía atender por las mañanas luego del cambio que se había generado, por lo que quería agradecerle la receta personalmente y de paso tomarse un café, ya que los estaba extrañando. —¡Mía! —escuchó una voz a sus espaldas —. ¡Mía! Era la pequeña Luz que corría a mitad de calle con unas botas nuevas de cuero y una chaqueta gruesa de invierno. Sonreía tan naturalmente que Mía sonrió al verla. —Luz —la besó en la mejilla —. ¿Cómo estás? ¡Oh, pero que guapa estás! —Sí —reconoció —. ¿Te gusta lo que me trajo Papa Noel? Se volteó lentamente para que Mía la mirase por todas partes. —Te ves fabulosa —sonrió —. ¿Estás muy ocupada? —No, en realidad no llega el camión hasta después de almuerzo, así que Luca me dio permiso para salir a comprar algo para comer… En el instante en que escuchó el nombre de Luca se quedó pensando en él, por fortuna durante la mañana no había tenido tiempo para hacerlo, pero ahora que Luz le había recordado su existencia, volvió a rememorar la conversación que había escuchado con el médico, volvió a sentir la curiosidad de saber qué era lo que le estaba ocurriendo. —¿Mía? —dijo Luz tirándole la cartera.

Mía y Luz entraron en la cafetería y esperaron a que la señora Mimí atendiese a los clientes que la estaban esperando desde antes, conversaron de lo bien que le estaba yendo a Luz con su trabajo, así como Mía le contó todas las cosas que tenía que hacer.

Página3

—Lo siento Luz, ¿Qué te parece si te invito a tomar una leche y me cuentas cómo estás? —sonrió aunque aún permanecía distraída.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. —Hola querida —sonrió la señora Mimí —. ¿Qué vas a querer hoy? —Un latte, una leche con chocolate caliente y dos trozos de kuchen—sonrió Mía—, Por cierto no sabe lo maravilloso que quedó el pavo gracias a usted. —¡Oh, querida! —rió —, cuando se te ofrezca. Luz estuvo tan conversadora como siempre, le contó que Luca ya le había pagado y que con eso se había comprado sus hermosas botas que eran muy calentitas, además que ahora comía bien, podía comprar comida sin tener que comer cosas baratas, además que ahora comía tres veces al día e incluso había invitado a Luca a almorzar un día y ella pagó, pero después encontró un billete en su chaqueta y era Luca que le había devuelto el almuerzo. Luz no hacía más que hablar de Luca, quizá fuese porque era con la persona que pasaba más tiempo en el día, pero Mía no dejaba de preguntarse en qué momento todo se había tornado en lo que hacía Luca, en lo que comía Luca, como vestía Luca y para las últimas frases no hacía más que escuchar Luca por todas partes. Entre la sensación que no se había sentido bien y el mareo que le provocó Luz al hablar de Luca, Mía no notó cómo pasó el resto del día. Tenía tanto qué hacer que decidió ponerse a dormir toda la tarde. —¡Luca, Luca! —saltó Luz sobre su espalda—. ¿A qué no adivinas que comí? —Mi porción que no me trajiste —alzó una ceja y luego sonrió. —Es que no podía traerte un trozo porque estaba muy rico —sonrió —. Ya, adivina. —No lo sé, dímelo tú —insistió. —Kuchen de la señora Mimí, y no, no lo saqué, Mía me lo compró y es tan rico — decía la niña entusiasmada —, además tomé leche con chocolate, pero no te preocupes que no gasté mi dinero, sino que Mía me invitó. —¿Mía? —frunció el ceño.

—Siempre usa mitones —murmuró. —Si —gritó la niña tapándose la boca con sus manos —. ¡Conoces a mi Mía!

Página4

—¿Conoces a Mía? —dijo sorprendida —. Bueno quizá no es la misma Mía, mi Mía es un poco más alta que yo y…


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. —Creo que si —dijo pensativo. Luca no volvió a hablar con Luz esa tarde, no porque no quisiese hacerlo, sino porque en su cabeza se quedó pensando en cómo era posible que después de aquel bochornoso incidente, Mía se le apareciese en todas partes, incluso, las veces que dejaba de pensar en ella todo terminaba resumiéndose a Mía. —No me digas nada —dijo Luca cuando se dio cuenta que se había equivocado en el pedido. —Deberías dejar de pensar en lo que no tienes que hacer y hacerlo —murmuró Matt. —Cállate, en vez de hablar estupideces ayúdame a cambiar el pedido —dijo levantando una de las cajas. Luca sabía que todo se tornaría más complejo, en algún punto tendría que recurrir a Bonetti para que le ayudase con los tratamientos, probablemente perdería su empleo y terminaría yéndose de allí, quizá a internarse a un hospital o algo por el estilo. No sabía con exactitud cuánto tiempo estaría en buenas condiciones, todo era variable en un paciente u otro. Había noches en las que no dormía pensando, otras no dormía leyendo sobre su enfermedad, otras en las que no quería saber nada de ello y en la mayoría de ellas escuchaba la voz de Bonetti diciéndole que llevase una vida normal, pero desde el primer día su vida estuvo lejos de ser normal. Cuando terminaron el turno con Matt se dieron cuenta que el error de Luca le había tomado varias horas extra, ya era de noche y el frío había aumentado notoriamente. Luz se había marchado temprano a la Iglesia porque terminó sus quehaceres a la hora, ellos se fueron a un supermercado para comprar algo para el desayuno del día siguiente. —¿Crees que Bonetti lo conseguirá? —dijo de la nada Matt. —¿Conseguir qué?

Luca miró en la dirección que lo hacía Matt, entonces comprendió a que se refería. Había allí una familia con un niño de tres años sentado en el carro de mercadería, el niño jugaba con un dulce, mientras que la madre cargaba el carro con cosas para

Página5

—Nuestros padres, ya sabes, lo que le pediste —sonrió.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. comer, el padre estaba más allá cuidando a dos niños más mientras todos ellos sonreían y gritaban aparentemente de alegría. —No lo sé —murmuró Luca —, pero con toda claridad a esta altura no me interesa, tengo suficiente de mis padres y tendré más el día que me muera. —Yo no me cansaré hasta encontrarlos —dijo convencido. —¿Y qué les dirás? —alzó una ceja —. ¿Hola soy Matt el hijo que nunca quisieron y que abandonaron a su suerte esperando que se muriese en una cruda noche de invierno? —negó con la cabeza —. Por mi parte les diría: Hola soy Luca el bastardo hijo que abandonaron con una enfermedad hereditaria que cagará la vida que ya estaba jodida porque me dejaron solo. Matt no respondió, la gente que estaba en el supermercado escuchó la discusión de Luca y Matt, muchos curiosos fingieron no escuchar, pero estaban atentos, mientras que otros de frentón se quedaron de pie escuchando lo que discutían. Cuando Luca alzó la mirada hacía los curiosos, todos simularon hacer sus pedidos como si nada hubiese pasado. —A veces creo que necesitas una mujer —rompió el silencio Matt mientras salían del supermercado. —¿Para qué? Para… —Sí, sí, Luca, puedes decir todo lo que quieras y esconderte detrás de tú enfermedad y de tu jodida vida, pero sabes que necesitas de alguien que se preocupe por ti, sabes que anhelas sentirte esperado y amado por alguien, pero te haces el fuerte porque no quieres que te dejen de nuevo, porque tienes miedo de que te abandonen igual que el primer día —declaró con rencor. Luca se quedó en silencio, se debatió si pegarle un puñetazo en pleno rostro o no hablarle hasta que se le quitase la rabia. La idea de golpearlo le parecía mejor, pero respiró profundamente, le miró con rabia y apretó sus dedos contra las bolsas. —Eres un imbécil —dijo entre dientes aguantando su ira.

Caminaron en silencio, ambos aguantando su rabia contra el otro, sabían que discutir no les llevaría a ningún lado, usualmente no lo hacía y eran lo único que

Página6

—Se aprende fácil cuando tienes al peor al lado —murmuró Matt.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. tenían, eran como hermanos y no podían darse el lujo de perderse, así que caminaron en silencio. —¿Esa que va ahí no es Mía? —dijo Matt. —Deja de molestarme, no estoy de ánimo para tus juegos —caminó mirando al suelo. —Es Mía —dijo Matt —, parece estar mal. La tos de Mía la estaba ahogando, tosía fuertemente y se apoyó de un poste para sentirse más cómoda. Había decidido dormir, pero a las pocas horas despertó con una tos insoportable que no la dejaba respirar. Se levantó y decidió irse caminando hasta el hospital, pero no llevaba ni dos cuadras cuando la tos había vuelto, lo peor, el dolor en el costado también, un dolor intenso y fuerte que le impedía respirar se había adueñado de su costado izquierdo, mientras más le dolía menos respiraba y aún así la tos aumentaba. Matt corrió hasta ella mientras que Luca caminó detrás de él, aún estaba asombrado de verla allí a esas horas y en ese estado. Se acercó a Mía y le habló, pero esta levantó la mirada con los ojos llenos de lágrimas por el dolor y no fue capaz de pronunciar nada, puesto que la tos y la falta de aire se lo impedía. —Debemos llevarla al hospital —dijo Matt tomándola en brazos y dejando en el suelo las bolsas. Luca se quedó de pie, como si estuviese congelado, estaba intentando comprender en qué momento Matt se había preocupado tanto de Mía, se sintió molesto de cargar las bolsas, se sintió molesto porque no entendía por qué estaba haciendo esto. Se mintió a sí mismo diciendo que no tenían por qué llevarla al hospital que con una llamada hubiese bastado, porque sabía que no le gustaba la idea que Matt estuviese cargándola.

Matt dejó a Mía en la zona de Urgencias, tenían que esperar para ser atendidos, al parecer su caso no era de extrema urgencia como podría haberlo sido de haber estado con hipotermia. La sala de espera estaba llena y Mía estaba intentando

Página7

Mía se aferró al cuerpo de Matt, no quería caerse, pero no podía dejar de toser y el dolor punzante en su costado aumentaba, jamás había sentido un dolor así, fue entonces cuando vio que Luca caminaba detrás de ellos, pero no pudo verle bien el rostro porque sus ojos empañados en lágrimas se lo impedía.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. controlar su respiración. Matt estaba a su lado moviendo la hoja de espera para que le diese aire, pero no estaba dando resultados. Luca se quedó allí, de pie frente a ellos. —Gracias —murmuró Mía con su voz ahogada y sus ojos llenos de lágrimas. Cuando Luca escuchó la voz de Mía, alzó la mirada y la vio frágil, aún más de lo que era, tenía su cabeza apoyada en el hombro de Matt y sus ojos llenos de lágrimas, respiraba con dificultad y cuando volvía la tos se ahogaba, pero nadie parecía hacer nada, nadie, ni siquiera él, él debía ser quién estuviese prestándole el hombro, abanicándola para que respirase mejor, confortándola. Él quería ser esa persona, pero no por un sentido amoroso, sino porque él debía devolverle la mano, si lo hacía no le debería nada. Mientras pensaba aquello la tos de Mía aumentó notablemente, tanto así que no podía respirar y su rostro se tornó rojo, intentaba respirar, pero parecía no conseguirlo, entonces Luca dejó caer las bolsas, tomó a Mía y la ingresó por las puertas de acceso médico. —¡No puede ingresar ahí! —gritó el guardia. Pero Luca no le escuchó, caminó por el pasillo y por las camillas que estaban ocupadas con pacientes que estaban recibiendo tratamiento o estaban a la espera del médico. Al final del pasillo encontró la sala del equipo, había dos personas allí. Desconcertadas por la intrusión, las enfermeras observaron a Mía quién aún hiperventilaba con gran dolor en su costado, además aún su rostro estaba de un tono rojizo. —¿Qué hace usted aquí? —dijo una de ellas—. Esta es zona restrin… —la otra le puso la mano en el hombre y la silenció. —¿Qué tiene? —dijo señalándole la camilla a Luca para que la dejase ahí.

La enfermera le recomendó respirar más suavemente y no tan profundo, Mía era incapaz de hablar, pero obedeció a lo que ella le decía. La enfermera le explicó que la acostarían en la camilla y cuando Mía comenzó a acomodarse el dolor fue tanto que le era imposible estar en esa posición, pero no podía volver a sentarse porque le dolía aún más. Luca veía como Mía gritaba y lloraba y se imaginó aquel terrible

Página8

Mientras Luca le explicaba que no sabía que tenía, pero que la encontró en la calle tosiendo fuertemente y con problemas para respirar, Mía sentía una fuerte presión al estar sentada y aumentaba aún más el dolor. La desesperación por falta de aire la hacía respirar aún más y el dolor aumentaba con ello.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. dolor que en esos momentos la tenía impedida y deseó que aquello no le ocurriese a alguien como ella. —Deberá esperar fuera —dijo la otra mujer que estaba allí. —¿Se pondrá bien? —insistió Luca en quedarse, pero el guardia estaba esperándolo fuera de la sala. —A penas sepa algo le aviso —dijo la mujer dándole la seña al guardia para que se lo llevara. Luca no podía creer que Mía estuviese así, se sintió mal por no haber actuado de mejor manera, quizá debería haber sido más rápido como ella cuando le salvó la noche que estaba borracho. Pero entonces vio a Matt sentado en la sala de espera, él había sido quién actúo como él habría querido hacerlo, él la trajo en brazos hasta aquí y él poco y nada había hecho por ella. Se sintió decepcionado consigo mismo así como un recelo con Matt que no quiso explicarse en ese momento, porque sabía exactamente que era, pero no lo reconocería. Ya llevaban dos horas esperando y aún no sabían nada de Mía, Luca caminaba de un lado a otro como un animal enjaulado, de vez en cuando Matt le invitaba a sentarse, pero este se negaba a hacerlo. —Voy por un café ¿Quieres uno? —dijo Matt. Luca negó. No era capaz de beber nada, se sentía en una batalla interna, estaba tan preocupado por Mía como por él mismo. Sabía que no debía estar allí, luego de eso no podría alejarse de Mía, no de la manera en que lo había hecho, una vez más algo parecía estar confabulando en su contra, algo que quería acercarlo a toda costa a Mía y ya no sabía si sería capaz de detenerlo. —¿Ha sabido algo de Mía? —dijo Luca cuando salió una de las mujeres que la atendió. —Está siendo tratada —murmuró y siguió caminando.

—Si es lo que el médico cree sí, es sólo una Costocondritis, una inflamación — murmuró. La enfermera le miró con cara de pocos amigos, por lo que se volvió a sentar sin molestarla más. Aún sabiendo que Mía se pondría bien, prefirió quedarse allí

Página9

—Pero ¿se pondrá bien? —insistió siguiéndola.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. esperando que tuviese más noticias, según lo que decía la enfermera a otra no tendría que quedarse esa noche allí, por lo que Luca y Matt tendrían que acompañarla a su casa. —¿Se pondrá bien? —dijo Matt con un café en su mano. —Eso creo —murmuró Luca. La había visto en tantas ocasiones y siempre había deseado estar cerca de ella, es del tipo de personas que te sacan sonrisas cuando pareciera que las habías perdido, no podías negarle nada porque con una sonrisa conseguían un sí. Incluso, a pesar de todo lo que Bonetti le había dicho de su enfermedad, le era imposible dejar de pensar en ella, tenía que reconocer lo que le estaba ocurriendo, aunque fuese a sí mismo. —¿Qué tienes? —dijo Matt mientras Luca tenía la cabeza apoyada en sus manos. —Nada —mintió. —Es Mía, tranquilo —sonrió poniéndole su mano en el hombro —. Se pondrá bien. Luca quitó la mano de Matt con brusquedad de su hombro, le miró fijamente, sintió una ira que sólo sintió cuando se enteró de su enfermedad, era una ira que le era casi imposible de controlar. Se levantó y salió de la Urgencia, debía alejarse de allí porque tenía que hacerlo. Caminó hasta las afueras del hospital y se sentó a la orilla de la calle. —No puedo —murmuró para sí —. No puedo permitírmelo.

—Con que pensando en ella —sonrió Matt al ver a Luca sentado en el suelo—. Tu silencio te terminará matando, hombre.

Página10

Se lo repitió una y otra vez, sabía que no debía pensar en Mía, pero ya no se trataba sólo de pensarla, se trataba de no sentirla, le gustaba tanto, era tan especial, cuando caminaba sonriente por las calles y él la miraba pasar o cuando iba a la cafetería. Jamás tuvo el valor para acercarse a ella, era tan buena que temía que le rechazara, ahora ya no podía acercarse sabiendo que ella sufriría por su culpa, pero aún así deseaba decirle, decirle que ella no había hecho nada malo, que era perfecta y que no quería… no quería alejarse nunca más, pero le era imposible, cada palabra se atascaba en su garganta y se volvía nada.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. —No puedo decirle nada —murmuró —. No puedo por más que quiera, Matt —su voz se tornó un gruñido —. Por más que quiera acercarme a ella, decirle cosas bonitas y… no saco nada, no puedo ni podré. —Si puedes, Bonetti, la señora Mimí y yo nos hemos cansado de decírtelo, puedes vivir tu vida normal, eres tú el único que no quiere hacerlo y se niega a hacerlo — le criticó. —No es por mí, es por ella —susurró —. No le podría hacer algo así. —Es inútil que intente convencerte, así que vive tu vida miserablemente y no serás recordado por nadie. —Juro… —tragó saliva —. Te juro que no permitiré que nadie se enamoré de mí, ni yo me enamoraré de nadie. —Quizá para eso ya sea tarde —le miró directo a los ojos —. Puedes engañarte a ti mismo con un sinfín de palabrería, pero te preocupas demasiado de ella para fingir que no te importa. Cuando entraron a Urgencias, Mía venía saliendo, ya estaba caminando, entonces Luca y Matt vieron a un hombre y una mujer que la estaban esperando, eran sus padres. —¡Oh, Matt! —susurró Mía —. Gracias por todo. —De nada, espero que te mejores —sonrió Matt. Luca miró hacia otro lado, no quiso tener guardadas las imágenes de Mía mirando a Matt con aquella mirada que él hubiese deseado tener para sí. Cuando Mía le dio las gracias, Luca la miró sólo por un segundo, asintió en silencio y no dijo nada más. El padre y la madre de Mía estaban sosteniéndola, le agradecieron por todo lo que habían hecho.

Mía miró a Luca, pero este todavía estaba evitando mirarla. El dolor había disminuido, pero no olvidaría lo que él hizo cuando se estaba ahogando, sabía que le había costado muchísimo hacerlo, sabía que había tenido un gran debate para hacerlo, pero agradeció haber tenido esa enfermedad porque sabía que Luca era bueno y que había algo bueno en él y gracias a esto supo que aún estaba allí.

Página11

—Gracias de verdad —dijo el padre extendiéndoles la mano —. Ahora nos llevaremos a Mía a Florencia para que descanse en casa.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. Mía no quiso levantarse temprano esa mañana, se quedó recostada sobre su cama y miró el techo. No había dejado de pensar en qué era lo que tenía Luca que pudiese ser tan grave como para tenerle así. Sabía que antes de aquel encuentro nocturno, a ella poco y nada le había importado el chico de la cafetería, pero por una extraña razón el hecho de verle así esa noche le llevó a preocuparse por él. —Mía —dijo su madre levantándose —. Es hora de que tomes desayuno. Hacía una semana se había venido a casa de su madre, lejos de Luz, a quién más extrañaba y lejos de Luca, que solía pasearse por sus pensamientos con más frecuencia que de costumbre. Al parecer los dichos de Laura respecto a ella son ciertos: tenía un serio problema de corazón de abuelita cuando se trataba de personas desvalidas. —Ha llamado Laura, dice que podrían verse en la Pizzería —sonrió su madre —. Le dije que la llamarías de vuelta. Laura era su mejor amiga desde la infancia, ella había permanecido en Florencia, mientras que Mía, que siempre quiso conocer Milán y vivir allí se trasladó a una universidad mucho más lejos, por lo que poco veía a Laura. —¿Qué ocurre contigo? —dijo Laura una vez que se reunieron en la pizzería. —No lo sé —murmuró Mía —. He estado agotada. —Te exiges demasiado, Mía, debes parar las revoluciones. —Si no ayudo a esas personas morirán de hambre. —Si no detienes el ritmo de vida que llevas, serás tú quien muera —alzó una ceja su amiga—. Pero no es eso nada más que tienes… mejor será que me lo digas. —Se trata de un chico —reconoció. —¿Te gusta un chico? —sonrió tontamente.

—Entonces ¿Te gusta? —insistió.

Página12

—No se trata de eso, por un extraño motivo parece haberse cruzado en mi vida y no parece querer salir —se sonrojó.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. —Supongo que sí, pero no soy ni seré correspondida —murmuró mirando su vaso —. Él está muy dañado para pensar en mí. —Pues si no lo hace es un idiota —sonrió Laura dándole la mano a su amiga. Luca había estado tan distraído que Luz había tenido que contar dos veces la carga de cosas porque él había perdido la cuenta. Fue la segunda vez en el día que se encontró extrañando encontrarse con ella, verla y quizá discutir, prefería oír su voz gritándole a no escucharla del todo. Y eso, ya era otro problema. Esa noche salió a caminar a un parque que quedaba cerca de donde vivía, dejó a Matt que se había quedado dormido y decidió salir, quizá el cambio de aire le hiciese bien. El frío de la madrugada parecía colarse por su ropa, haciendo que tuviese escalofríos constantes.

Página13

—Deja de pensar en ese día —murmuró cuando recordó la noche fría en que ella le recogió —. No puedes dañarla, no puedes hacerle daño, ni a ella ni a nadie — pateó una piedra con tanta fuerza que salió disparada contra un basurero —. Moriré solo, lo juro que moriré solo. Nadie me llorará y nadie me recordará, pasaré en silencio en este mundo y me iré en silencio.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados.

Adelanto del próximo capítulo. Cuando Mía volvió a Milán decidió buscar a Luca, Laura tenía razón, esto no podía seguir así, ninguno de los dos era un niño para actuar como si lo fueran. Se armaría de valor y le diría que le gustaba, de seguro él tenía que sentir lo mismo, tenía que hacerlo o sino rompería en llanto por días y no podría verle a la cara nunca más de vergüenza, pero se lo diría aún así. —¿Qué haces aquí? —frunció el ceño Luca cuando vio que Mía ingresaba a la zona de descarga. —Tengo que hablar contigo —dijo secamente. —Ya lo estás haciendo —dijo Luca cargando las cajas. —A solas —insistió.

Página14

Luca la quedó mirando de pie a cabeza, intentó enfocarse y recordar su juramento, pero entonces le vio allí, de pie, tan segura y tan inofensiva que le pareció dulce y a la vez fuerte, no pudo evitar sentir un sobrecogimiento interno, como si le tomasen el corazón y se lo apretasen.


Juramento