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Cuestión de

Cuestión de

prioridades

por Raúl Gómez

Hoy quiero hablar, desde mi condición de editor, sobre los escritores y sus virtudes y vicios, no de nadie a título personal, sino como conjunto. En alguna ocasión, he declarado —a quien ha querido escucharme— que vivimos una época que facilita en gran medida que quién quiera realizar una labor artística lo haga, cosa aparte será que pueda vivir de ello; pero sin duda convendrán conmigo que, volviendo a los escritores, quién desee escribir ya sea prosa o poesía, ensayo o teatro, puede encontrar gran cantidad de herramientas y medios para hacerlo.

Hablar de si merece la pena lo que esté escrito o no, me parece innecesario, pues quien lo ha hecho sí que lo ha visto así y, por lo tanto, este punto queda fuera de toda discusión. Es pues virtud del escritor, esa creación, nacida como resultado de un anhelo de compartir historias y sentimientos, de dar rienda suelta a ideas que vuelan por su cabeza o de aleccionar a quienes, valientes, se adentren en las lecturas que se les propongan. Escribir pues, es o debería ser, como pintar, tocar música o danzar, una actividad que

provoca la continua evolución de nuestra especie, que hace milenios comenzó a engalanar sus utensilios y a narrar, junto al fuego de la caverna, fábulas para transmitir los conocimientos de la tribu.

Pero la virtud se vuelve vicio cuando se corrompe y esa necesidad de compartir y hacer avanzar se torna en deseo de reconocimiento, y los títulos publicados se cuentan como preseas en un medallero olímpico. Publicar cualquier cosa, y a cualquier coste, está llevando a una devaluación de la palabra escrita, sí cualquiera puede escribir y es bueno y necesario para nosotros como sociedad que así sea. Pero ¿cualquier texto debe ser publicado?

Soy publico defensor de la autopublicación, eso también lo he declarado en múltiples ocasiones. ¿Eso quiere decir que mi respuesta a la pregunta anterior es afirmativa? No, en absoluto, la autopublicación es una herramienta que permite que aquellos textos que, a pesar de su calidad, no tienen cabida en el mercado editorial tradicional y no puedan ver la luz. Y es que a pesar de las más de 4.000 editoriales que puede haber en este momento