Issuu on Google+

Los orígenes de Roma

1.- Leyenda: la colonización de Roma Los orígenes de muchos pueblos antiguos aparecen envueltos en leyendas y mitos. No es fácil separar la verdad de la ficción. La tradición romana, conservada por los historiadores griegos y latinos y que inspiró la Eneida de Virgilio, nos ha trasmitido el siguiente cuadro genealógico desde Príamo hasta Rómulo y Remo.

Como puede verse en este esquema, existen, respecto a Roma, dos leyendas que marcan dos períodos diferentes: 1. Colonización del Lacio. 2. Fundación de Roma.

Colonización del Lacio Después de que los griegos ocuparon Troya en el siglo XII a. C., Eneas, hijo de Venus y Anquises, tomó las armas y se apresuró a defender la ciudad con bastantes guerreros. Pero la diosa Venus le dijo estas palabras: «Reúne a tu familia y a tus amigos y huye. Encontrarás una nueva patria». Al instante, Eneas huye con su padre, su hijo Ascanio y algunos siervos y soldados, a través del mar. Llegaron a muchas islas, pero no encontraban la patria buscada. Tuvieron que soportar inmensas penalidades. Al fin llegaron a Creta y Eneas les ordenó acampar. Pero en


medio del profundo sueño vio a los Penates que le dijeron: «Creta no será vuestra patria. Marchaos, troyanos. Hay un lugar al que los troyanos llaman Hesperia y otros llaman Italia: ahí encontraréis el fin a vuestras calamidades: ahí viviréis en paz y fundaréis vuestra ciudad». Eneas reemprende el viaje. Sus naves son zarandeadas por las olas, pero logran llegar a Actium, donde encuentran al troyano Heleno, que gobernaba en estas tierras, y les dice: «Largo es el camino a Italia. Dirigíos a Sicilia y desde allí navegad hasta Italia. Navegar es siempre duro pero los hados os guiarán». De nuevo confían las naves a las olas. No pueden arribar a Sicilia porque el Etna les atemoriza con su erupción. Entonces la diosa Juno, que era hostil a los troyanos, se dirige a Eolo, rey de los vientos, logrando que los desencadene sobre el mar. Los infelices navegantes pronto se ven a merced de las olas embravecidas. Los navíos son dispersados y el piélago devora a alguno de ellos. Pero Neptuno, que manda sobre las aguas, soliviantado por el temporal, hace que los vientos vuelvan a lo profundo de sus cavernas. Cesa la tempestad y asoma el sol. Los troyanos se encuentran en las costas desconocidas de Libia. Cuando asoma el día, Eneas, acom pañado de Acates, empieza a explorar el lugar. Se le aparece su madre Venus y le dice que se halla cerca de una ciudad recién fundada, en la que gobierna la reina Dido. Acates y Eneas entran en Cartago, envueltos en una densa nube, que les permite mezclarse entre la multitud sin ser vistos. Al poco tiempo aparece la reina dirigiéndose al templo. De pronto ven llegar hasta el trono a algunos de los compañeros que había dispersado la tormenta. Entonces Eneas rasga la nube y ofrece a Dido los más ricos presentes que posee como don de hospitalidad. Pero Venus desconfía de Dido por estar la ciudad consagrada a Juno y hace, por mediación del dios Cupido, que ella se enamore de Eneas. Pronto la noticia de este amor se divulga por toda Libia, inquietando sobre todo al rey númida Yarbas, que había pretendido a la reina en diferentes ocasiones. Júpiter, previendo los peligros de tal amor, envía un mensaje a Eneas por mediación de Mercurio diciéndole que debía abandonar Cartago y dirigirse a Italia. Eneas le obedece ordenando a sus hombres que preparen las naves. Empiezan otro nuevo viaje y por fin llegan a Italia, a la desembocadura del Tíber. En esta región reinaba Latino. Este príncipe tenía una hija, llamada Lavinia, la que, conforme al oráculo y al designio del dios Fauno, debía casarse con un extranjero aunque estaba prometida a Turno, rey de los rútulos. Pero Eneas con sus aliados vence a Turno y su hijo Ascanio o Julo funda la ciudad


de Alba Longa, al pie de las colinas Albanas, hacia el siglo XII a. de C. La dinastía que él inaugura se prolonga durante el reinado de diez monarcas hasta que Proca llega al poder. Este deja el trono a Numitor. Pero su hermano Amulio lo destrona expulsándolo de la ciudad y condena al celibato de las vestales a Rea Silvia, única hija de Numitor. Pero el dios Marte la hace madre de dos gemelos, Rómulo y Remo. Amulio, al enterarse de la nueva descendencia y con el objeto de que nadie pudiera interferirse en su poder, manda que los dos niños sean arrojados al Tiber; pero la corriente los deposita en la orilla, al pie del monte Palatino. Una loba desciende de la gruta Lupercal y los amamanta. Por eso este animal se ha convertido en el símbolo de Roma, fundada después por los dos gemelos.

2. La leyenda: Fundación de Roma Los años pasan. Los dos hermanos, convertidos en adolescentes, se enteran de su historia y de los avalares ocurridos en su familia. Vuelven a Alba, matan al rey Amulio y reponen en el trono a su abuelo Numitor. Abandonan después este lugar y fundan la ciudad de Roma a unos 25 kilómetros al N.O. de Alba Longa, precisamente en el paraje desde el que habían sido arrojados al río y donde habían pasado su infancia. ¿Cuál de los dos será rey? Para decidirlo convinieron en consultar a los auspicios. El que viera en un momento dado mayor número de buitres daría su nombre a la ciudad naciente. Rómulo se asentó en el Palatino, Remo en el Aventino. Remo fue el primero —dice Tito Livio— en recibir un augurio, vio seis buitres; Rómulo un poco más tarde vio doce. Inmediatamente se entabló la discusión: Remo había visto el primero el augurio, pero Rómulo había visto más buitres. De aquí se originó una violenta disputa entre los dos hermanos. Remo cae muerto. Otra tradición cuenta que Rómulo marcó con un surco las murallas de Roma, indicando donde quedarían establecidas las puertas, según el rito antiguo de la fundación de una ciudad. Rómulo ordena que nadie pueda entrar a la nueva ciudad constituida a no ser por las puertas. Remo se burla de esta orden y entra en la ciudad saltando el surco. Rómulo, enfurecido por esta desobediencia, lo mata. El hecho es que queda fundada una nueva ciudad, Roma. Toda su historia data de esta ceremonia básica que tuvo lugar el 21 de abril, según unos, del año 747 y del 753 a. de C. según otros historiadores latinos. Cada año el 21 de abril se


conmemoraba sobre el Palatino el ritual de la fundación de Roma.

3. Precisiones sobre la leyenda Las cosas no acontecieron precisamente así. Evidentemente les halagaba a los romanos el hecho de poder mezclar dioses influyentes como Venus y Marte, y personalidades como Eneas, al nacimiento de la Urbe. Entonces, cabe hacerse una pregunta: ¿cuál es la línea que separa la verdad de lo mítico? En lo que concierne a la colonización del Lacio no existen pruebas arqueológicas para poder demostrar la llegada hacia el siglo XII a. de C. de algunos inmigrantes a las llanuras del Lacio; además el tema puede encontrarse en otros relatos legendarios

Pobladores de la Italia prehistórica

que están conectados con períodos arcaicos de la historia de Italia. Diodoro Sículo, por ejemplo, nos cuenta que Eolo, desterrado del Metaponto, desembarca en las islas Lípari y allí se casa con la hija del rey. Licofrón, asimismo, en su poema Alejandra, al predecir el destino posterior de los griegos después de la caída de Troya, narra que Diomedes con sus compañeros llega a las costas de Apulia. Ayuda al rey a vencer a sus enemigos, por lo que es recompensado con la mano de su hija. Evidentemente la forma de la narración, a grandes rasgos, es semejante a la de Eneas, que parte de Troya y llega al Lacio, donde se casa con la hija del rey Latino, Lavinia.


En lo que respecta a la fundación de Roma, parece ser que, al menos, enmascara un hecho históricamente verdadero. El hecho histórico está atestiguado por los cimientos de chozas, restos de fortificaciones y necrópolis encontradas en el monte Palatino y que han sido fechadas por los arqueólogos en los siglos VIII-VII a. de C. Así lo atestiguan también las tradiciones religiosas referentes a Rómulo y a la fundación de Roma (Fiestas de Palilia, El Auguraculum, Roma quadrata, Fiestas Lupercalia, etc.). Ahora bien, en la leyenda hay hechos muchas veces explotados, como los del niño arrojado al río (Moisés, etc...). Las mismas gestas de Rómulo y Remo son hechos puestos en duda por Tito Livio (59 a. de C.-17 d. de C.) en el prefacio de su obra Ab Vrbe Condita: «En lo que se refiere —dice— a los hechos que precedieron o acompañaron a la fundación de Roma, embellecidos por las ficciones poéticas, más bien que cimentados en documentos auténticos, no es mi intención ni confirmarlos ni refutarlos». El mito, pues, iría fraguándose a lo largo de la historia de Roma.


Los orígenes de Roma