Issuu on Google+

VIVIR LA PROPIA VIDA ANÁLISIS EXISTENCIAL DESDE LA PRAXIS

SILVIA LÄNGLE Y GABRIEL TRAVERSO (Editores)


SILVIA LÄNGLE Y GABRIEL TRAVERSO (Editores)

VIVIR LA PROPIA VIDA ANÁLISIS EXISTENCIAL DESDE LA PRAXIS

Traducción de Pilar Donoso, Lorena Jiménez, Gabriel Traverso y Magdalena von Oepen


Título original: Das Eigene Leben © GLE-Iinternational, Viena, 2005

Vivir la propia vida / Análisis Existencial desde la praxis © Silvia Längle y Gabriel Traverso, 2013 De esta edición: © Mandrágora Ediciones, 2013 © Instituto Chileno de Análisis Existencial

Primera edición en español: noviembre de 2013

Traducción: Pilar Donoso, Lorena Jiménez, Gabriel Traverso y Magdalena von Oepen Diseño y diagramación: ©MandrágoraDiseña Revisión de textos: Belén de Sárraga Registro de Propiedad Intelectual N° 235.321 ISBN: 978-956-9114-14-4 Mandrágora Ediciones Manuel Barrios 4890, Las Condes Santiago de Chile mandragora@lamandragora.cl www.lamandragora.cl Impreso en Gráfica Lom

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, en todo o en parte, ni registrada o transmitida por sistema alguno de recuperación de información, en ninguna forma o medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, sin permiso previo, por escrito, del autor.


ÍNDICE

Prólogo / G. Traverso 9 Prólogo a la edición en alemán / S. Längle 14

La libertad para vivir la propia vida / M. Croquevielle 17 ¿Puedo fiarme en mis sentimientos? / A. Längle 29 Sentido y felicidad / Ch. Kolbe 45 El método de búsqueda de sentido / H. Drexler 58 El tiempo pasa, ¿y qué permanece de mi existencia? / Ch. Wicki 68 Crisis: peligro y oportunidad / A. Nindl 80 Anna, una niña herida en sus límites / M. Probst 87 Angustia: el camino real hacia la existencia / S. Längle 98 “Tengo miedo de caerme de este mundo” / Ch. Probst 108 Cómo una explicación ayudó a resolver un caso de angustia / G. Traverso 116 “¡…Y después de un suicidio tengo que seguir viviendo!” / R. Dinhobl 125 Encuentro con la persona discapacitada / K. Rühl 129 Terapia de juego en arena con un niño con padres separados / A. Görtz 136 “Mamá, ¡mírame por favor… y véme!” / M. Croquevielle 153 “Alegres son solo los tontos” / L. Tutsch 156 Paula, el renacimiento de la persona / M. L. Asid 171 El camino hacia el movimiento interior / K. Steinert 180 Nunca es tarde para llorar al hermano que se suicidó / G. Traverso 189 ¿Espiritualidad en la psicoterapia? / A. Längle 196 Vivir comienzos / A. Längle 211 Sobre los autores

212

Sociedades de Análisis Existencial en países hispanoparlantes

214


PRÓLOGO Este libro trata sobre Análisis Existencial, un enfoque relativamente nuevo en psicoterapia que se ha venido desarrollando en los últimos 25 años, principalmente en Austria, aunque sus raíces más cercanas tienen ya cerca de setenta años en la Logoterapia de Viktor Frankl. En 1985 Alfried Längle, por entonces el principal discípulo de Frankl, junto a Gabriele Frankl (la hija de éste), funda y preside la Sociedad de Logoterapia y Análisis Existencial (GLE, sigla del nombre en alemán), con el fin de ampliar la escuela de Logoterapia, agrupando a los logoterapeutas, formando nuevos especialistas, difundiendo, discutiendo, cultivando y desarrollando este enfoque, principalmente a través de congresos anuales, de una revista y otras publicaciones. Frankl, que por entonces tenía 80 años y que previamente había difundido y cultivado en forma muy individual la Logoterapia (publicando varios libros y dando conferencias por todo el mundo), fue el presidente honorario de la GLE desde su fundación hasta 1991. En ese año decidió renunciar a la presidencia honoraria, por considerar que la línea del desarrollo de la GLE se estaba alejando de algunos de sus postulados, tanto en la aplicación clínica1 como en la formación de terapeutas2 Para Frankl el tema central fue siempre el sentido. Llamó Logoterapia (de ‹logos›, una de cuyas acepciones es ‹sentido›) a la praxis que desarrolló para la sanación del sufrimiento que genera la pérdida de sentido (vacío existencial que, de sostenerse en el tiempo, puede derivar en adicciones, destructividad y suicidio). Längle consideró que una teoría centrada solo en el sentido daba una base insuficiente para abordar toda la problemática recurrente en la psicoterapia. No todos los sufrimientos que requieren de atención en psicoterapia pueden reducirse a una pérdida de sentido, aunque muchos después conduzcan a ella. Por ello desarrolló una teoría que señala que hay cuatro motivaciones fundamentales (MF) que sostienen la existencia humana. La 1ª MF se refiere al Poder Ser y Estar en el mundo, a la necesidad de cierta seguridad ante las eventuales amenazas a nuestros diversos ámbitos de existencia. Las condiciones para ello son tener la protección, el espacio y el sostén suficientes. La señal que nos avisa que alguna de esas condiciones es insuficiente es la ansiedad en cuyalquiera de sus formas, tales como miedo, temor, susto, pánico, horror o simplemente, Al Análisis Existencial Personal, desarrollado por Längle, aun sin desmerecerlo, no lo consideraba ya Logoterapia. Asimismo, opinó que el método biográfico, cultivado por la GLE, alejaba de la auto-trascendencia, concepto central en el pensamiento de Frankl.

1

2

La formación de terapeutas por parte de Längle fue aumentando paulatinamente las horas de auto-experiencia de los alumnos. Frankl consideró eso también un alejamiento de la autotrascendencia.


LA LIBERTAD PARA VIVIR LA PROPIA VIDA MICHÈLE CROQUEVIELLE Si vivir es ya un milagro (y lo digo por la maravillosa perfección dada en nuestra fisiología, que nos permite respirar y desarrollarnos en una danza perfectamente armónica de hormonas, fluidos, neuronas que muy a tiempo se conectan y dialogan fluyendo a su ritmo y compás), vivir la propia vida puede a veces ser una empresa algo difícil. ¿Qué es la propia vida? ¿Qué se requiere para que la vida sea “propia”? ¿Qué es eso que se llama “lo propio”? ¿Dónde comienza y dónde termina? ¿Es posible vivirla sin libertad? Y ¿qué es aquello que llamamos libertad? En estas páginas sobrevolaremos con la mirada del Análisis Existencial (AE), nuestra propia existencia, para así tomar conciencia del rango de libertad que tenemos o creemos tener, y cómo eso condiciona nuestras decisiones y acciones. Una distinción que tradicionalmente se hace es la que señala que hay dos tipos de libertad: la “libertad de”: ser libre de toda limitación que me impida realizarme; y la “libertad para”, que es aquella que tiene un proyecto intencionado, una expresión de lo personal, una trascendencia y por eso una responsabilidad. Y aquí viene la paradoja: esta “libertad para”, que es la libertad existencial por excelencia, al ejercerla, irremediablemente la pierdo. Es decir, solo es libre aquel que es capaz de elegir y decidirse entre más de una posibilidad, y se entrega a ella. Por el contrario, aquel que para mantenerse libre no se compromete ni responsabiliza por algo o alguien, sigue siendo esclavo de una supuesta libertad (que es más una cadena, un mecanismo de protección aún no esclarecido ni comprendido). Oscar, un paciente, me dice: Pc: ¿Sabes que yo no tengo un título profesional, pero tras múltiples cursos y seminarios, he desarrollado una empresa que da asesorías como si yo fuese titulado? Claro, yo podría haber (y aún puedo) estudiado en una universidad. Tp: ¿Y por qué no lo haces? Pc: Porque quiero tener la libertad de estudiar lo que y cuando yo quiera. Que no se me cierren posibilidades, que no se me limite el campo. No encasillarme ni enmarcarme en una institución. Tp: Y ahora que estás incursionando en un ámbito totalmente diferente, más vinculado a las relaciones humanas… ¿tampoco quieres obtener tu título? ¿Quieres seguir siendo “el soltero empedernido” que no se compromete ni quiere ser identificado con ese marco? ¿Es así para ti, también en otros ámbitos de tu vida? Pc: No. Tengo esposa e hijos… pero es algo que me pasa solo en el ámbito profesional… Mmm. En realidad nunca lo había visto así, como una imposibilidad de


18

VIVIR LA PROPIA VIDA

comprometerme… Es una posición bastante narcisista, ¿verdad?

Oscar comprende cómo su anhelo de libertad en realidad es de una “pseudo-libertad”, pues está atascado en no enmarcarse, lo que le impide comprometerse, entregarse a un proyecto que a él le gusta mucho y en el cual ve su futuro. Se empeña en mantenerse “libre de”, pero es incapaz de ejercer su “libertad para”, jugándosela por algo. El AE, más que un enfoque terapéutico, es una forma de vida, cuyas bases son existenciales. ¿Qué quiere decir esto? Fundamentalmente significa que yo no soy un ser cuya existencia transcurre en forma independiente de mi entorno, del mundo que me rodea. Por lo anterior, la búsqueda de autorrealización no entra en este paradigma. ¿Por qué, podríamos preguntarnos, si ése es un concepto tan buscado en ciertas ramas de la psicología? Básicamente, pues las decisiones y elecciones que estamos tomando, no solo las debemos tomar en Libertad, sino que también y absolutamente enlazadas con la Responsabilidad. Vivimos en un mundo compartido, donde en cada encuentro con éste, algo mío se expresa, singular e irrepetible. Ser-en-el-mundo lo llama Heidegger. No es que cada uno construya su realidad (constructivismo), sino que yo con mis capacidades, y el mundo con sus posibilidades, conformamos una díada sin precedentes en cada momento que ocurre. Por lo anterior es que los conceptos de Libertad y Responsabilidad son tan centrales, pues ya no se trata solo de mí, sin embargo no puede ser sin mí. Si volvemos a la pregunta de ¿qué es Libertad?, podríamos definirla como la describe Längle, Orgler y Kundi (2002): “…capacidad de decisión que tiene la persona al encontrarse ante una posibilidad real de acción, acorde con una jerarquía valorativa. La capacidad de decisión es evaluada en relación a las posibilidades actuales de elección y teniendo en cuenta las diversas alternativas posibles. Cuando en repetidas ocasiones ha logrado elegir sin mayores problemas, surge el sentimiento de ser libre”. El AE se refiere a la concientización (análisis) de la libertad y de la responsabilidad como “fundamento de la existencia humana”. Es decir, de lo que se trata es de ayudar al paciente a hacer cada vez más consciente su existencia, sus capacidades, sentimientos y sus derechos, a fin de que las elecciones que haga, desde ese mundo de múltiples posibilidades que se le ofrecen, las lleve a cabo desde su libertad. Y ¿cuándo esto se ve truncado, entorpecido? La situación más evidente es cuando uno se ve enfrentado a una situación ante la que no tiene alternativa, o sea, no puede decir No. Cuando esto ocurre, claramente algo no está bien para mí. Otras veces no es tan evidente, y el terapeuta, por medio de preguntas, puede ayudar al paciente a que vea desde dónde está actuando o decidiendo (¿costumbre?, ¿automatismo?, ¿miedo?, etcétera).


ANNA, UNA NIÑA HERIDA EN SUS LÍMITES MICHAELA PROBST “¡No seas tan histérica!”, “¡No te comportes así!”, “¡Tú no eres lo más importante!”, “¡Ya no soporto a esta niña!”, “¡Me está volviendo loca!...”. Estas eran expresiones que se escuchaban frecuentemente de profesores, compañeros de colegio y padres, cuando se trataba de Anna. Anna tenía 10 años, estudiante de 4º de preparatoria, y llamaba la atención por su apariencia extremadamente elegante y su modo caprichoso. Iba al colegio vestida a la moda y maquillada. Llevaba su cabello castaño largo y frecuentemente atado en una cola de caballo. Anna era delgada, más alta que sus compañeras de clase y se movía como una modelo. Su actuar daba la impresión de ser temperamental, absolutamente encantador y también un poco coqueto. Mostraba una esencia radiante y tenía un marcado talento para encontrarse rápidamente en el centro de atención de un grupo. LA NIÑA PROBLEMA

Por una parte, Anna era una linda niña. Sin embargo, su comportamiento dejaba tras de sí un sentimiento desagradable porque todo era un poco excesivo. Ella era demasiado alegre, demasiado animosa, demasiado coqueta y su vestimenta daba la impresión de una revista de modas. Anna atraía con su carisma, pero a la vez causaba rechazo. Era difícil acercársele. En la conversación ella guardaba distancia. Anna no estaba integrada en su círculo, a pesar de ser frecuentemente el centro de atención. No toleraba los límites y no podía retraerse cuando hubiese sido necesario en la estructura social. Sus compañeros y profesores no lograban moderarla. Cuando sus límites eran establecidos, ella comenzaba a agitarse, gritaba y daba palos de ciego. Se encerraba en el baño, estallaba en llantos compulsivos y amenazaba con quitarse la vida, porque ya no podía soportarlo más. Para tales arrebatos bastaban asuntos insignificantes; por ejemplo, cuando no ganaba en competencias de gimnasia, cuando no se le permitía ser la primera en la fila o cuando tenía el sentimiento de no ser suficientemente considerada por la profesora. Este era el otro lado de Anna. Esta linda niña que impresionaba tan radiante y segura de sí misma se mostraba frágil, sola e infeliz. Cuando no era la primera, entraba en apuros y agredía a su alrededor. Con ello provocaba incomprensión, distanciamiento y enjuiciamiento. Afortunadamente su profesora reconoció este comportamiento como expresión de la necesidad en la que Anna se encontraba. A pesar de las


88

VIVIR LA PROPIA VIDA

dificultades, se esforzaba por ella y no quería pasarla por alto, no deseaba disciplinarla o acallarla. Cuando la profesora se dio cuenta que Anna no deseaba cambiarse de ropa en la clase de gimnasia, Anna le mostró la razón en el marco protegido del camarín de la profesora: su espalda estaba cubierta de marcas y derrames sanguíneos, como cuando un niño es golpeado con una varilla o algo similar. Anna no quería hablar sobre cómo habían sido provocadas las heridas. La profesora le permitió observar la clase de gimnasia sin obligarla a cambiarse de ropa. Anna le hizo prometer a la profesora no hablar con nadie sobre el evidente maltrato. Cuando la profesora se dio cuenta por segunda vez de señales de maltrato, el comportamiento de Anna iba en escalada y amenazaba con quitarse la vida cada vez con mayor frecuencia, ella buscó ayuda. Se realizó un consejo de profesores y se aconsejó el procedimiento siguiente. EL COMIENZO DE LA TERAPIA

Su evidente necesidad no podía seguir siendo pasada por alto, aun cuando ella tuviera el deseo de mantenerlo en secreto. Por otra parte, no podía quebrantarse la confianza de Anna. No podía realizarse una confrontación abierta sin estar ella preparada para eso. Se me pidió a mí, como psicoterapeuta y profesora de confianza en el colegio, que me acercara a Anna para ofrecerle una conversación. Cuando fui a buscar a Anna en su clase para una conversación conmigo, al principio estaba sorprendida, pero inmediatamente se mostró complacida. Tuve la sensación de que le gustó estar nuevamente en un rol especial. Le conté a Anna cómo había llegado a tener lugar nuestra conversación. Le dije que su comportamiento en la escuela preocupaba a su profesora cuando ella, por ejemplo, se encerraba en el baño y amenazaba con ya no soportar más y quitarse la vida. Le conté del consejo de profesores y de la petición que se me hizo de tomar contacto con ella. Anna consintió inmediatamente el tener sesiones regulares conmigo. En lo siguiente, Anna vino a verme varias veces por semana y para ello fue liberada de clases por la directora. Me dijo espontáneamente: “Tengo la sensación de que nadie me quiere. No me gusta cuando me mienten, todos me utilizan, estoy sola”. Ante mis preguntas, Anna explicó lo decepcionada que estaba cuando su única amiga le dijo en el recreo que volvía enseguida, pero luego la olvidó y se quedó jugando con otros. Se sintió muy ofendida, tratada injustamente, engañada y no tomada en cuenta cuando su profesora le prometió que podría repartir los cuadernos la hora siguiente y después no lo cumplió. En tales momentos surgía en ella un sentimiento de profunda desesperación. Se sentía sola y abandonada, lo único que quería


ANÁLISIS EXISTENCIAL DESDE LA PRAXIS

89

hacer era gritar y llorar. Nadie podía reconocer en ello cuán mal se sentía, entonces corría al baño y se encerraba. En la protección del encierro se dasarmaba, lloraba y sollozaba intensamente con el sentimiento de ya no querer soportarlo más y preferir morir. Habría sido insoportable para ella que otros la hubiesen visto en ese estado. Así no deseaba ser vista. Se avergonzaba de su debilidad y temía que se burlaran de ella y la menospreciaran. Cuando había llorado lo suficiente en el aislamiento, podía volver a armarse. Entonces le era posible volver a ponerse su radiante sonrisa, abrir la puerta del baño y mostrarse frente a la comunidad escolar como esa Anna que todos conocían. ANNA Y SU FAMILIA

Para Anna era importante que yo no hablara con nadie de esta confesión. Deseaba estar segura de que nadie se enterara lo que le pasaba realmente. Tampoco su profesora debía saber nada sobre su sufrimiento, porque temía que su padre pudiese llegar a saberlo en su reunión con la profesora. Repetidamente se aseguraba de la confidencialidad de nuestras conversaciones. Para Anna no era posible sentarse durante nuestras sesiones. Corría y saltaba por la habitación, casi no establecía contacto visual conmigo, daba la impresión de estar inquieta y distraída. En la conversación era inconstante, evadía las preguntas que le hacía sobre su familia e incluso dejaba la habitación cuando intentaba insistir en el tema familiar. Sobre sus amigas del colegio y vivencias en su vida escolar, sin embargo, se mostraba dispuesta a hablar. Yo esperaba que Anna pudiese encontrar tranquilidad pintando y le propuse traer su material para pintar la sesión siguiente. Ella aceptó complacida mi propuesta. En la quinta sesión, Anna comenzó por primera vez a pintar. Sin darle un tema, ella dibujó esta imagen.

Primer dibujo de Anna: El ratón del equilibrio


90

VIVIR LA PROPIA VIDA

Primero pintó el marco exterior gris con una cabeza sin rostro y cuatro patas. Dijo: “Este es un ratón pequeñito que siempre grita”. Entonces completó la espalda del ratón con formas oscuras que parecían púas, las que describió como tiras pesadas. Luego dibujó la cola del ratón. Enfatizó que ésta era una cola movediza, lo que quiso expresar a través de las puntas a su alrededor. Además, catalogó la cola como demasiado grande y opinó que en el dibujo de todas formas no todo era correcto. No todo era como debería ser. Luego Anna pintó la vida interna del ratón. La clasificó en cuatro partes. La parte delantera violeta oscuro representaba “lo malo”, la parte verde quería decir “lo atemorizante”, la parte azul era “lo no especial” y la parte trasera violeta claro representaba “lo bueno”. Finalmente salpicó por encima la hoja con manchas de colores claras y oscuras. Los puntos claros representaban lo bueno y los oscuros lo malo. Ante mi pregunta de si quería darle un nombre a la pintura, Anna tomo el dibujo, lo dejó delante de mí y dijo: “Este es el ratón del equilibrio”. Antes de que yo pudiera pedirle alguna aclaración, ella había saltado ya del asiento y dejó la habitación. Había terminado nuestra sesión en una forma típica suya. EL SECRETO

Una semana después volvimos a vernos. Esta vez le propuse transformar mágicamente a su familia en animales. Anna estuvo dispuesta a seguir este tema. Su hermano era una liebre pacífica y amistosa que hacía muchas cosas con ella y con la que salía frecuentemente. Representó a su madre como un caballo con una gran dentadura. Anna percibía a su madre como mordedora. Ella era regañada por su madre con frecuencia. Cuando no se sometía a sus instrucciones, no le permitía salir al patio. Era encerrada en su cuarto. Además su madre la amenazaba con el castigo especial de informar a su abuelo si Anna no era buena. Detrás de un cariñoso gato que también podía gruñir, se escondía el padre de Anna. Él estaba muy ocupado con la construcción de una casa para su familia y estaba ausente mucho tiempo. Cuando ella se encontraba mal, encontraba en su padre su única comprensión y consuelo. A sus abuelos los representó como peces. Ellos vivían en un departamento propio en la misma casa. Ana opinó: “Los peces nadan rápido en el agua, a pesar de su edad y de sus muchas arrugas”. Ella misma era un delfín. Nadaba en la misma agua que sus abuelos. Valoraba el hecho que un delfín podía nadar muy rápido, más que otros peces. Comparaba la velocidad y rapidez del delfín con su comportamiento en la escuela durante las pausas o las clases de gimnasia. Repentinamente, Anna me confió algo: “Tengo un secreto. Pero eso


ANÁLISIS EXISTENCIAL DESDE LA PRAXIS

91

no le incumbe a nadie. Solo yo lo sé. No le diré mi secreto a nadie. Mis padres no deben saberlo nunca”. En una hoja nueva de papel, Anna dibujó la siguiente imagen.

El hombre de fantasía

“Este es el hombre de fantasía”, así lo llamó Anna. No quiso hablar más de eso, pero yo no deseaba simplemente dejar ir a Anna con su deseo confesado. Debido a que yo intuía su soledad, la que en mi impresión estaba relacionada con su secreto, le dije a Anna al respecto: “Creo que tu tristeza, la que veo frecuentemente en ti, tiene que ver con el secreto”. Si bien no me reveló su secreto, por lo menos nos unió el hecho de que yo sabía de su secreto opresor, del que nadie más debía saber. Sin embargo, Anna estaba muy sola con ello y le di mi número de teléfono y mi dirección particular. De esta forma yo sería accesible para ella fuera del ámbito escolar. Anna anotó la dirección y el teléfono y lo guardó en su zapato. En casa escribió todo con lápiz de mina en el marco de la puerta. EL TORNADO

Hasta nuestro próximo encuentro las cosas comenzaron a desarrollarse espontáneamente. En la hora de consulta de padres que tuvo lugar en un intermedio, la profesora de Anna habló con su madre sobre las peculiaridades del comportamiento de su hija en la escuela. Sin mencionar directamente las huellas de maltrato, quería saber de boca de la madre cómo le iba con Anna en su casa. La madre describió a Anna como extremadamente difícil. Se sentía sobrepasada por los gritos de Anna y por su modo manipulador. Algunas veces Anna gritaba tan fuerte que su madre temía que los vecinos pudiesen llamar a la policía. Reiteradamente Anna amenazaba con saltar del balcón del cuarto piso cuando tenía el sentimiento de no poder imponerse sobre su madre o cuando se sentía encerrada o castigada. Al no saber qué hacer, había llevado a Anna a un pediatra. La visita había logrado poco. Anna había reído allí como loca y golpeado la mesa monótonamente con un objeto. Cuando dejaron la consulta del pediatra, la niña había


92

VIVIR LA PROPIA VIDA

dicho: “No sé qué quiere él, es tan tonto, no sabe nada”. Alarmada por las amenazas de suicidio de Anna y por la evidente sobreexigencia que experimentaba la madre, la profesora le exigió que tomara contacto con una psicóloga infantil, porque si no, lo haría la escuela. Pocos días después Anna y sus padres tenían una hora con la terapeuta. De todo esto me enteré por la profesora luego de la reunión con los padres. Para volver a aunar los esfuerzos por Anna, tomé contacto telefónico con la terapeuta infantil y le transmití mis percepciones sobre el evidente maltrato corporal, el comportamiento bizarro y las amenazas de suicidio. Después de la sesión familiar, me enteré por la terapeuta que tenía la fundada sospecha que Anna habría sido víctima de abuso sexual. Ella confrontó directamente a la familia. Si bien los padres de Anna se habrían sorprendido, reaccionaron calmadamente. Ambos dijeron que no podían creerlo y que no sabían quién podría ser el abusador. Se acordaron otras horas con la psicóloga para Anna y sus padres. Poco después de eso, tuve otra conversación con Anna. Se veía introvertida, cerrada y a la defensiva. Solo vacilante comenzó a hablar sobre la visita con sus padres a la psicóloga infantil: “La mujer es tan tonta. Me senté en la mecedora y no dije ni una palabra. No voy a volver a ir allí. Mi profesora también es tonta, le dijo a mi mamá que tenía que hacer algo, si no lo haría ella. La profesora tiene la culpa. No me gusta la psicóloga, no me gusta el médico y ahora tampoco me gusta mi profesora. Me prometió que no diría nada, pero no lo cumplió. No quiero volver a ir donde la psicóloga. No voy a volver a hablar, no volveré a decir ni una palabra”. Anna comenzó a temblar, se veía tensa y confusa. “¿Puedo dibujar?”, dijo abruptamente. Anna pintó como salvaje. Pintó trazos enmarañados sobre la hoja entera. Era un enredo de puntas feroces y rayas. Después dibujó algo parecido a una nube, oscuro, con dos intensas manchas amarillas. Anna: “Es un tornado, revuelve todo girando y tiene mucha fuerza. Los puntos amarillos van a ordenarlo todo otra vez. Lo lograrán”. LA HERIDA

En las sesiones siguientes me fue posible solo con esfuerzo llegar a Anna. Se encapsulaba, se veía confundida y frecuentemente tenía lágrimas en sus ojos. Dijo: “Todo es porquería, no quiero hablar, o si no, me voy inmediatamente”. Anna cerraba las cortinas, golpeaba las teclas del piano o lanzaba el borrador al pizarrón. Me limité durante varias horas a estar junto a Anna, simplemente estando allí y de esa forma sostenerla en sus arrebatos. Cuando Anna dibujaba, no podía representar ningún objeto. Corridos los colores sobre la imagen, ella hacía pedazos la imagen y pegaba los


ANÁLISIS EXISTENCIAL DESDE LA PRAXIS

93

trozos en otra hoja. Durante este tiempo, intenté cuidadosamente varias veces llagar a hablar del secreto. Anna me evadía y no entraba en el tema. Para no dejarla sola, finalmente la confronté con lo que yo sabía. Le conté que sabía de los moretones que su profesora había visto en la clase de gimnasia y que suponía que el secreto tenía que ver con eso. Le dije concretamente que sabía que había sido golpeada y que realmente estaba segura que eso había pasado en casa. En un primer momento Anna pareció paralizarse. Finalmente me miró y comenzó a relajarse un poco. Tuve la impresión que estaba aliviada. Tomó una hoja y dibujó este árbol.

El árbol

Mientras dibujaba se mantuvo en silencio. Cuando estuvo lista, me dio el dibujo con las palabras: “Este es un árbol revuelto que está completamente ‘atolondrado’”. En las sesiones siguientes Anna volvió espontáneamente a dibujar animales. Dibujó un pez y un gato y recortó los animales. “El pez debe irse, debe nadar lejos, muy lejos”, lo alejó de sí, “pero el gato debe quedarse”. Es decir, el abuelo debía estar muy lejos y su padre debía quedarse junto a ella. Tímidamente, Anna comenzó a relatar. El tiempo que siguió me habló cada vez más claramente sobre sus vivencias con el abuelo. Cuando su madre se sentía sobreexigida con ella, llamaba a su padre, el abuelo de Anna, y le asignaba la tarea de disciplinarla. Anna debía entonces sacarse los pantalones y ropa interior y era puesta sobre las rodillas de su abuelo. Su abuelo la golpeaba en las nalgas desnudas, la mayor parte de las veces con la mano, pero a veces también con una fusta. Rara vez se encontraba la abuela presente y una o dos veces su madre. Ni su madre ni su abuela intentaron detenerlo. Más aún, apoyaban su actuar y decían a Anna que la culpa era de ella porque se había portado tan mal. Anna me aclaró directamente que su abuelo también la había tocado de otra forma, cuando había estado sola con él. “El abuelo me hizo daño siempre, no quiero que vuelva, tiene que irse lejos y no volver nunca”. Le dije literalmente: “Deberían encerrar al abuelo en prisión, él debe ser encerrado. No debe


94

VIVIR LA PROPIA VIDA

volver a salir de prisión”. Ahora comprendí mejor el significado que tenían las manos del hombre de fantasía. EL ALIVIO

Durante las dos sesiones en las que Anna habló de los actos de violencia a los que había sido sometida, pintó innumerables hojas de papel. Sumergía el pincel en pintura, lo echaba sobre la hoja en blanco, la estrujaba, empapaba sus manos con pegamento y embadurnaba el papel arrugado con él.

Descarga de los sentimientos

A Anna le gustaba esta forma de pintar. Todo era tan pegajoso, fangoso y untuoso. A ella le gustaba especialmente la untuosidad. Durante esta actividad, Anna parecía sumergida en su propio mundo. El ir y venir caótico que hasta hacía poco había impregnado su comportamiento fue disminuyendo poco a poco. Ella se fue tranquilizando. Sus acciones daban la impresión de estar más dirigidas y estables. Ahora lograba también establecer contacto visual conmigo y sostener la mirada. Desde la reunión con los padres habían pasado ya cinco semanas. Debido a la escasa disposición exterior de los padres de Anna a un trabajo constructivo en conjunto con la psicóloga, en el contexto de las incuestionables señales de maltrato físico, se tomó contacto con una funcionaria pública de asistencia infantil. Ella visitaba ahora a la familia varias veces a la semana. Anna percibió la aparición de la asistente social de manera contradictoria. Por una parte, mantenía al abuelo lejos de ella y la violencia ejercida en su contra cesó, por lo que ahora se vivenciaba protegida. Por otra parte, su madre le dijo que debía cambiar, que debía ser buena o, en caso contrario, iría a un hogar de menores. La mujer se la llevaría. Con estos cambios ambientales y la elaboración de lo que la agobiaba en nuestras sesiones, Anna se fue tranquilizando. También sus dibujos se volvieron más coloridos, volvieron a aparecer líneas y se hizo más reconocible una estructura en las formas de sus dibujos. Anna dibujó una


ANÁLISIS EXISTENCIAL DESDE LA PRAXIS

95

figura con líneas delgadas y una gran mancha azul en el medio. Anna: “Las líneas negras son lo malo, ahora es menos, y las líneas de colores son lo bueno. También lo azul es malo, pero ahora ha sido capturado”. LA PROTECCIÓN

Entretanto llegó junio y el año escolar terminó. Anna pensaba en lo que pasaría luego del cierre del colegio. La casa que habían construido sus padres estaba casi lista y Anna se cambiaría a la nueva casa durante las vacaciones. Desde el otoño comenzaría también a asistir a un nuevo colegio. Se la veía aliviada y se alegraba por su nuevo hogar. Viviría allí con sus padres. Su hermano adulto y los abuelos permanecerían en el departamento. Era importante para Anna que mantuviésemos contacto y le prometí que podía llamarme cuando quisiera. En nuestra penúltima sesión Anna quiso que pintáramos juntas. Tomó la pintura con El ratón del equilibrio de la carpeta de dibujos y la puso sobre la mesa. Entonces me propuso un juego: tomaríamos la colorida vida interior del ratón y dibujaríamos una imagen propia para cada parte. Cada una de nosotras dibujó lo que se le vino a la mente con ese color. Anna comenzó con la parte verde. Era el color con el que había representado la “parte atemorizante”. Describió así su dibujo: “Hay agua por todas partes, hay gotas de lluvia que no escurren. Hay allí enredaderas y algas que pueden tirarme hacia abajo y en el fondo hay una roca. Hay un árbol fuera del agua. Me gusta todo en el árbol, lo único que no me gusta es el tronco”. No dijo nada más sobre este dibujo. En seguida Anna dibujó la parte violeta oscura del ratón. Esta parte mostraba lo malo. Textualmente dijo Anna: “La casa no tiene ventanas en esta parte. Las ventanas dan todas hacia atrás y también hay flores violetas que solo pueden florecer con la luz del sol”. También pintó una cabeza. La denominó “la revuelta”, que aunque no le gustaba, también pertenecía a ese lugar. Por último, se dedicó al violeta claro, la parte buena. Anna comentó: “Este dibujo muestra el tornado bueno que expulsa toda la gente mala del país. El viento pasa por el lado de la gente buena, a la mala se la lleva a su caverna. Ésta queda en el mar. Allí son castigados los malos. Solo cuando prometen ser buenos se les permite volver a la tierra. Si no lo cumplen, son desterrados y no se les permite volver nunca más”. Le pregunté a Anna quién podía hacer ese tornado. “Dios puede hacerlo, pero Dios no puede venir a la tierra. Cuando él no hace un tornado, hay ayudantes. Ellos son abogados, jueces y testigos que han sobrevivido. Se puede juntar pruebas y llevar a la gente mala a prisión. Allí hay muchos encerrados”. Anna se puso de pie, fue hacia el piano y comenzó a tocar el tornado.


96

VIVIR LA PROPIA VIDA

Comenzó con tonos altos, al principio suave y tímidamente, finalmente se volvió cada vez más fuerte y terminó con tonos profundos. Anna comenzó a bailar. Giró con los brazos abiertos en la sala de clases y dijo: “El viento sopla y sopla, no va a parar nunca, segurá siempre así”. Se veía liberada cuando salió de la habitación. En la última sesión, Anna dibujó nuevamente un ratón.

El ratón gris

“Este ratón es mucho mejor, todo encaja. Le va mejor y es gris, así debe ser, y alrededor es rojo, porque todo está en orden y le va bien”. Las gruesas líneas oscuras se habían ido. “A mí también me va bien ahora, he cambiado completamente en la escuela. Ya no tengo que encerrarme y en casa también me va mejor. La próxima semana nos cambiamos de casa. Me alegro por eso”. La auto-apreciación de Anna coincidía con la percepción de otros. En las últimas semanas no había vuelto a haber ninguna de las así llamadas “escenas” de Anna. Había dejado de forzarse a estar en el centro de la atención, ya no se encerraba en el baño y no amenazaba ya con el suicidio. Debido a que después del cierre de la escuela Anna se mudaba a su nueva casa con sus padres, terminaron nuestras sesiones. Tuve contacto telefónico con ella nuevamente el otoño siguiente. Me aseguró abierta y creíblemente que le iba bien. RETROSPECTIVA

¿Qué ocurrió en las sesiones? ¿Qué condujo al mejoramiento del estado de Anna? Los cambios en el entorno familiar, la presencia de la funcionaria de asistencia social y el conocimiento de la familia que los problemas de Anna eran conocidos públicamente, protegieron a Anna de nuevos abusos. Esta protección condujo a un rápido alivio y distensión. También fueron facilitadores la construcción de la casa de sus padres y la separación física del abuelo. Por consiguiente, los cambios en el ambiente externo favorecieron decisivamente el trabajo terapéutico con Anna. Mis sesiones fueron orientados por la comprensión analítico-existen-


ANÁLISIS EXISTENCIAL DESDE LA PRAXIS

97

cial de la persona, como lo ha descrito Alfried Längle (1990, 1992, 1993) en el Análisis Existencial personal y en las motivaciones existenciales fundamentales. En su vida cotidiana, Anna se sentía rechazada, incluso amenazada en su “poder-ser-así”, en su singularidad. Ella no tenía permitido ni podía “ser ella misma”. Si ella llamaba la atención, a su manera completamente personal, sobre sí o sobre su necesidad, corría el peligro de no ser comprendida. Regularmente experimentaba rechazo y se sentía no vista. Esta vulneración sostenida de su ser persona se acompañaba de las heridas físicas de su cuerpo, humillantes y desvalorizadoras a través de los golpes y del abuso sexual. Anna ya no tenía a nadie, ningún “tú” en el cual y con el cual pudiera ser “ella misma”. En nuestras sesiones fue importante que Anna tuviera espacio en el que pudiera ser ella misma. De esa forma, tuvo la experiencia de que alguien la sostuvo en su ser ella misma, e incluso la consideraba y respetaba. En esta atmósfera se pudo mostrar. Y en esta protección pudo desplegar su creatividad desde sí misma y elaborar sus traumas. Así encontró una primera forma de manejar lo vivenciado. La experiencia de ser aceptada le dio el piso confiable y constante para acercarse a sí misma. Anna tenía un gran talento creativo por el que pudimos dejarnos llevar. Ella encontró por sí misma vías de expresión. Desarrolló capacidades para expresar sus heridas en la danza, el juego con el piano y en la pintura, y con ello llegar a un primer trato con lo vivenciado. De esta forma se liberó del sentimiento de estar atrapada sin habla en la amenaza. Los desarrollos externos apoyaron el proceso de distanciamiento de lo vivenciado. Por mi parte, di gran valor en las sesiones a apoyar a Anna sobre todo en su ser-ella-misma. Intuía claramente que estaba bien como ella era y pude comprenderla bien y dejarla existir en su singularidad. Pude sentir cuán hiriente había vivenciado Anna los intentos de disciplina de su entorno. Se percibía rechazada y excluida. Mediante la experiencia de ser soportada y respetada en su ser-así, Anna había aprendido a estar de su parte y pudo nuevamente encontrar tranquilidad en sí misma.

Bibliografía: Längle A. (1990) Personale Existenzanalyse. En: Längle A. (Ed.) Wertbegegnung. Phänomene und methodische Zugänge. Viena: GLE-Verlag, 133–160. Längle A. (1992) Was bewegt den Menschen? Die existentielle Motivation der Person. Ponencia al congreso de la GLE el 3 abril 1992 en Zug, Suiza. Publicado en 1999 con el título: Die existentielle Motivation der Person. En: Existenzanalyse 16 (1999), 3, 18–29. Längle A. (1993) Das Ja zum Leben finden. En: Längle A., Probst Ch. (Ed.) Süchtig sein. Entstehung, Formen und Behandlung von Abhängigkeiten. Viena: Facultas, 13–32.


ANGUSTIA:1 EL CAMINO REAL HACIA LA EXISTENCIA [¿Qué hay detrás de la angustia fundamental y de la angustia de expectativa?] SILVIA LÄNGLE En una descripción introductoria se intenta aclarar el punto de vista analítico-existencial del fenómeno de la angustia. Se comenta el significado de formas específicas, como la angustia de expectativa y la angustia fundamental, y, mediante el ejemplo del miedo al vuelo, se muestra a grandes rasgos cómo el Análisis Existencial logra llegar a una comprensión diferenciada de muy diversos aspectos de su desarrollo. Cuando se reflexiona sobre del tema de la angustia, es natural preguntar: ¿por qué no nos ocupamos antes por las causas de la angustia y tratamos de eliminarlas? Así ya no sería necesario ocuparse de la angustia, ya no habría por qué sentir angustia, porque se extinguiría en su raíz. ¿Puede acaso haber algo en la angustia misma, sobre lo cual valga la pena cavilar o reflexionar? ¿Qué es angustia? La angustia es desagradable, muchas veces hasta absurda. Es torturadora, bloqueadora, empuja a huir, hace transpirar de miedo, flaquear las rodillas, produce dolor de estómago, respiración entrecortada, taquicardia… LA ANGUSTIA COMO SEÑAL: EL MIEDO

La angustia, y el miedo en particular es, en primer lugar, una advertencia de un peligro, de una amenaza corporal, y esto no como un aviso incidental, que puede volver a ser apartado, sino como un movimiento interno que surge espontáneamente, obliga –en forma perentoria y constante– a reaccionar y a actuar. Así, el miedo se encarga de nuestro sobrevivir físicamente. Filogenéticamente y neurofisiológicamente se encuentra en el miedo (o angustia como señal) la raíz de la vivencia de angustia (ver, por ejemplo, Morschitzky 2002). En el enfrentamiento con un adversario peligroso o una situación peligrosa aparece este miedo, con el cual estamos bien equipados, somática La palabra alemana angst, además de “angustia”, puede significar “miedo” o “ansiedad”. Bajo angst, en un sentido genérico, en el Análisis Existencial se incluyen todas las emociones relacionadas con el riesgo o amenaza al poder-ser o al poder-estar-en-el-mundo. Entre esas formas de angustia se encuentran, además de la angustia propiamente tal (angustia, miedo y ansiedad), los temores, fobias, sustos, terrores, espantos, pánico. Cuando la autora se refiere al concepto “angustia como señal”, hemos optado por traducirla como “miedo”, que corresponde más a nuestro uso en español. El término “angustia de expectativa” se relaciona muy cercanamente con el de “ansiedad anticipatoria”. [Nota del Traductor]

1


ANÁLISIS EXISTENCIAL DESDE LA PRAXIS

99

y psíquicamente, para superar la situación. El cuerpo eleva el metabolismo espontáneamente de manera que nos vuelve capaces de reaccionar de manera inmediata, mucho antes de haber comenzado a pensar. Sobre la base de esta alarma, se inician en forma automática reacciones de “coping”, que constituyen una primera protección fiable. Ellas llevan a las conocidas reacciones de huida, de evitación, pero también de una agresión destructora o de un reflejo de posición de muerto. Cuál de estas reacciones de coping (ver A. Längle 1998) se active, tiene que ver con una evaluación generalmente inconsciente del peligro y la propia condición psicológica. Solo en segundo término aparece un actuar eventualmente corrector y responsable, es decir, una forma libre de manejar la situación, que va más allá del intento de dominarla. HUELLA EXISTENCIAL

Conjuntamente con la preocupación activa de sobrevivir, el miedo nos proporciona la experiencia imborrable, de que somos vulnerables, podemos morir. Nos hace sentir, que la muerte y el peligro pertenecen a nuestra vida. Cada miedo vivenciado deja una huella de significado existencial, porque nos pregunta: ¿Cómo manejamos y cómo enfrentamos el ser tan vulnerables y mortales? Cada miedo nos coloca frente a una doble tarea, que es: dominar la situación misma y llevar el significado de esta situación dentro de sí y elaborarlo. En la angustia y el miedo me vivencio a mí mismo en mi debilidad, con mis rodillas que tiritan y el corazón tembloroso, con mi respiración que se interrumpe y la mirada cautiva: me vivencio pequeño frente al animal enorme, incapaz y desprotegido frente a la guerra y el terror. Me vivencio avergonzado, cuando me ruborizo; incómodo, cuando tengo que darle mi mano húmeda a mi jefe; desamparado y turbado, cuando tengo que hablar en público, y sin valor, cuando otros no me aceptan. Estas múltiples experiencias angustiosas llevan –por sus cualidades desagradables, que generan inseguridad o incluso se pueden sentir como amenazantes – a intentar no enfrentarlas y a tratar de evitarlas. Esto nos guía, en la comprensión de la angustia, hacia una de las formas fundamentales de las angustias patológicas, la angustia de expectativa (ver V. Frankl 1987, 293), que constituye una forma rigidizada de esta conducta evitativa (ver también A. Längle 1996). ANGUSTIA DE EXPECTATIVA

La esencia de esta angustia es su espera recelosa de lo amenazante y el cuidado de evitarlo.


100

VIVIR LA PROPIA VIDA

Por lo tanto, si a uno le ocurre algo embarazoso, vergonzoso, que lo deja desvalido, y lo siente como un ataque al propio ser, se encuentra ante algo del mundo que vivencia como abismante. De esto resulta un susto y una inseguridad, que uno se siente incapaz de enfrentar, y por lo que pierde el sostén en sí mismo, el sostén interno. La consecuencia es una “energía vital” enferma: ya no se puede enfrentar la conmoción angustiosa, que se produce de esta manera, sino solo evadirla. Este tipo de confrontación me hace intuir2 que me podría hundir en una situación; ser aniquilado. Si no se vuelve a encontrar el sostén en sí mismo, si el coraje no vuelve a fortalecerse, queda una actitud ansiosa frente a la angustia vivenciada, porque no se desea volver a vivenciar un sentimiento tal de hundimiento, de debilidad. Uno se encuentra entonces en una expectación angustiosa, en una angustia de expectativa. Va acompañada por el sentimiento de: “no lo soporto”. Un ejemplo no tan raro es el miedo al vuelo. Generalmente se presenta como angustia de expectativa. Lo que gatilla la angustia, puede ser de naturaleza muy diversa. Puede ser la experiencia propia de un vuelo turbulento o, también, la sensación de tener demasiado poco espacio, de apenas poder moverse, o –una vez que se cierren las puertas– de encontrarse en una situación de la que no es posible escapar. Pero también podría ser solo la imaginación de estrechez, de no poder salir, o de estar en el aire y no tener un suelo seguro bajo los pies. Igualmente dramática puede tornarse la imaginación de un accidente aéreo: la visión de encontrarse durante minutos en una terrible certeza de morir puede transformarse en un suplicio. El miedo al vuelo ya se llega a sentir como tensión, al solo pensar en volar. El mecanismo para poder superar una angustia que aparece de esta manera consiste en una actitud interna de protección que, al asociar la angustia con una circunstancia o con una situación específica, procura no tener que seguir exponiéndose o, más bien, no exponerse de nuevo a tales experiencias angustiosas. Al vincular la angustia en forma inequívoca con un aspecto específico de la vida, como por ejemplo el volar, se restringe y se amarra también la “angustia libremente flotante”. Esto produce nueva seguridad, porque así el peligro queda claramente enmarcado y la angustia parece evitable, se puede evadir, al no volver a subir a un avión. Otras localizaciones de tal angustia de expectativa son el miedo a los espacios cerrados (claustrofobia), como al metro, a los trenes o al ascensor, además del miedo a los espacios abiertos, amplios (agorafobia), a las concentraciones de personas, como por ejemplo en salas de concierto o El alcance de intuir con comillas se explica en la nota al pie de página n° 3 del artículo “¿Puedo fiarme en mis sentimientos?”.

2


La existencia y sus preguntas vitales. De esto trata este hermoso libro: sobre la existencia, sus dificultades que nos tocan en lo cotidiano y su modo concreto de abordarlos, con ejemplos de casos de acompañamiento terapéutico. Este libro es una introducción al Análisis Existencial en una aproximación cercana a la praxis. El Análisis Existencial es un enfoque de psicoterapia, pero también una forma de mirar y comprender la vida desde una perspectiva personal y dialogal, donde las preguntas son claves (llaves) que abren las puertas al mundo del otro, a veces desconocido para la propia persona que es preguntada. Usted, como lector, puede seguir los casos individuales y así también encontrar caminos para su propia vida. Los autores son psicoterapeutas analítico-existenciales, con acentos diferentes en su propia praxis.


Vivir la Propia Vida