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Hoja Parroquial

Párroco Pbro. Silvestre García Suárez Vicario Pbro. Emmanuel Ramírez Olvera

Chichimequillas, El Marqués, Qro.

16 de Septiembre de 2018 No.292 Año 8

Parroquia San Felipe de Jesús Chichimequillas

Tel. 2466223

San Felipe de Jesús “Parroquia en Oración, Parroquia Misionera” XXIV DOMINGO ORDINARIO ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Si 36, 18 Concede, Señor, la paz a los que esperan en ti, y cumple así las palabras de tus profetas; escucha las plegarias de tu siervo, y de tu pueblo Israel. ORACIÓN COLECTA Señor Dios, creador y soberano de todas las cosas, vuelve a nosotros tus ojos y concede que te sirvamos de todo corazón, para que experimentemos los efectos de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban Del libro del profeta Isaías: 50, 5-9a En aquel entonces, dijo Isaías: "El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia, ni me he echado para atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos. Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endurecí mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado. Cercano está de mí el que me hace justicia, ¿quién luchará contra mí? ¿Quién es mi adversario? ¿Quién me acusa? Que se me enfrente. El Señor es mi ayuda, ¿quién se atreverá a condenarme?". Palabra de Dios. Te alabamos, Señor. SALMO RESPONSORIAL Del salmo 114,1-2. 3-4. 5-6. 8-9 R/. Caminaré en la presencia del Señor. *Amo al Señor porque escucha el clamor de mi plegaria, porque me prestó atención cuando mi voz lo llamaba. R/. *Redes de angustia y de muerte me alcanzaron y me ahogaban. Entonces rogué al Señor que la vida me salvara. R/. *El Señor es bueno y justo, nuestro Dios es compasivo. A mí, débil, me salvó y protege a los sencillos. R/. *Mi alma libró de la muerte; del llanto los ojos míos, y ha evitado que mis pies tropiecen por el camino. Caminaré ante el Señor por la tierra de los vivos. R/.

SEGUNDA LECTURA La fe, si no se traduce en obras., está completamente muerta. De la carta del apóstol Santiago: 2, 14-18 Hermanos míos: ¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no lo demuestra con obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? Supongamos que algún hermano o hermana carece de ropa y del alimento necesario para el día, y que uno de ustedes le dice: "Que te vaya bien; abrígate y come", pero no le da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué le sirve que le digan eso? Así pasa con la fe; si no se traduce en obras, está completamente muerta. Quizá alguien podría decir: "Tú tienes fe y yo tengo obras. A ver cómo, sin obras, me demuestras tu fe; yo, en cambio, con mis obras te demostraré mi fe". Palabra de Dios. Te alabamos, Señor. ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Ga 6, 14 R/. Aleluya, aleluya. No permita Dios que yo me gloríe en algo que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. R/. EVANGELIO Dijo Pedro: “Tú eres el Mesías”. – Es necesario que el Hijo del hombre padezca mucho. Del santo Evangelio según san Marcos: 8, 27-35

E

n aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta: "¿Quién dice la gente que soy yo?". Ellos le contestaron: "Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas". Entonces él les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro le respondió: "Tú eres el Mesías". Y Él les ordenó que no se lo dijeran a nadie. Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día. Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y


trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: "¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres". Después llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: "El que quiera venir conmigo, que renuncie así mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará". Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Credo

PLEGARIA UNIVERSAL Imploremos, hermanos, la misericordia de Dios y pidámosle que escuche las oraciones de los que hemos puesto nuestra confianza en él y digámosle: Te rogamos, Señor. Para los obispos, los presbíteros y los diáconos pidamos al Señor una vida santa, tal como corresponde a su ministerio y el premio abundante de su trabajo, roguemos al Señor. § Para los que gobiernan las naciones y tienen bajo su poder el destino de los pueblos pidamos el don de la prudencia y el espíritu de justicia, roguemos al Señor. § Para los enfermos e impedidos pidamos al Señor la fortaleza necesaria a fin de que no se desanimen ante las dificultades y vivan alegres en la esperanza de los bienes eternos, roguemos al Señor. § Para nosotros mismos y para nuestros familiares, amigos y bienhechores pidamos al Señor que nos conserve y aumente los bienes que con tanta generosidad nos ha concedido, roguemos al Señor. §

Dios nuestro, fortaleza de los pobres y auxilio de los que sufren, escucha las oraciones de tu Iglesia y danos el Espíritu Santo para que, iluminados con su luz creamos con el corazón y confesemos con las obras que Jesucristo es el Mesías y vivamos convencidos de que salvaremos nuestra vida, si tenemos el valor de perderla para anunciar el Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS Sé propicio, Señor, a nuestras plegarias y acepta benignamente estas ofrendas de tus siervos, para que aquello que cada uno ofrece en honor de tu nombre aproveche a todos para su salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Sal 35, 8 Señor Dios, qué preciosa es tu misericordia. Por eso los hombres se acogen a la sombra de tus alas. O bien: Cfr. 1 Cor 10, 16 El cáliz de bendición, por el que damos gracias, es la unión de todos en la Sangre de Cristo; y el pan que partimos es la participación de todos en el Cuerpo de Cristo. ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN Que el efecto de este don celestial, Señor, transforme nuestro cuerpo y nuestro espíritu, para que sea su fuerza, y no nuestro sentir, lo que siempre inspire nuestras acciones. Por Jesucristo, nuestro Señor.

El Hijo del hombre tiene que padecer mucho La identidad de Jesús. Jesús preguntó a sus discípulos y hoy nos pregunta a nosotros: ¿Quién dices que soy yo? El camino que lleva a conocer quién es Jesús desconcierta. Saber quién es Dios en tu vida te simplifica la vida y te lleva a amarla, pero debes adentrarte y mirar quien es hoy Jesús en tu vida. El Reino de Dios no se construye con el poder sino con la entrega de la propia vida a favor de los demás. Así lo proclaman el Siervo de Yahvé y Jesús mismo. Sin embargo, ni siquiera Pedro lo comprende, ni otros muchos cuando se limitan a una fe sin obras. Las obras hablan de quiénes somos y en quién creemos. En estos últimos días vemos cuantos cristianos padecen su ser cristiano católico, capaz que hoy tú no tienes ganas de ir a misa porque el cura aquel no te agrada o porque no eres capaz de estar con el Señor en su fiesta una hora a lo mucho, sin embargo hay otros lugares en donde no tienen misa hace un año porque no hay cura quien les celebre y en estos lugares donde tienen esta necesidad no les importaría si les agrada el sacerdote o el tiempo que estén en el templo, simple y sencillamente sólo les basta el encuentro con Jesús. No dejes de seguirlo, no hagas que tus caprichitos detengan tu amor a Jesús. La identidad del cristiano es la caridad. El obrar sigue al Ser. El cristiano que no obra con amor no tiene a Cristo, por lo que no es cristiano. Que tus obras muestren lo que eres.

Antiguo Testamento Libros Proféticos

LIBRO DE EZEQUIEL

Es una época dificultosa para el pueblo de Israel. En Jerusalén reina Joaquín, hijo del piadoso rey Josías que murió en la batalla de Megiddo (609 a. C.). En un primer momento, Joaquín intenta halagar al coloso babilónico, pero termina uniéndose en coalición con pequeñas potencias contra Nabucodonosor. Jeremías ya dio la voz de alerta, sugiriendo la sumisión, pero el orgullo de los elegidos la hizo imposible. En 598 los babilonios ponen cerco a Jerusalén y capitula Judá. Su precio es la deportación de gran parte de la población, entre ellos el rey Jeconías, hijo de Joaquín que murió durante el asedio. Con los deportados va también el joven Ezequiel que será el profeta del exilio. Dos etapas enmarcan su acción profética. La primera es antes de la destrucción de Jerusalén por los


caldeos (598 a. C.). Aquí el hombre de Dios se encuentra con un pueblo ranciamente orgulloso y lleno de falso optimismo, fruto de la presunción. "¿Cómo va Dios a abandonarnos? ¡Están las Promesas! Es imposible una catástrofe total". Así razonaban ante los requerimientos del profeta. Es verdad que siglo y medio antes había permitido Dios la desaparición de Samaría, el Reino del Norte; pero Jerusalén es otra cosa; Yahvé habita en ella. Pensaban que pasaría como en tiempos de Senaquerib, un siglo antes, cuando tuvo que abandonar el asedio por una intervención milagrosa; ahora Dios repetiría el prodigio. Ezequiel no piensa como ellos. Afirma y predica que Jerusalén será destruía con el Templo. Dice a todos que ha llegado la hora del castigo divino para el pueblo israelita pecador; sólo queda aceptar con compunción y humildad los designios punitivos de Yahvé. A esta altura el profeta tiene una misión ingrata porque es un agorero de males futuros y próximos. Para la gente sencilla y las autoridades pasa por ser considerado como un judío despreciable que no tiene categoría para comprender los altos designios del Pueblo; es un derrotista ciego de pesimismo. La segunda fase de su profecía se desarrolla una vez consumada la catástrofe. Ahora ha de levantar los ánimos oprimidos; debe dar esperanzas luminosas sobre un porvenir mejor. Creían sus compatriotas deportados que Dios se había excedido en el castigo, o que les había hecho cargar con los pecados de los antepasados. "¡Nuestros padres comieron las agraces y nosotros sufrimos la dentera!", es el grito unánime de protesta. Ezequiel se preocupará de hacerles ver que Dios ha sido justo y que el castigo no tiene otra finalidad que la de purificarlos antes de pasar a una nueva etapa gloriosa nacional. Y esto lo hace Ezequiel empleando un estilo que no tiene nada que ver con el de los profetas preexílicos Amós, Oseas, Isaías y Jeremías; no goza de su sencillez y frescor. Ezequiel pertenece a la clase sacerdotal, está cabalgando entre dos épocas y se aproxima a la literatura apocalíptica del judaísmo tardío. Frecuentemente su mensaje viene expresado con el simbolismo de las visiones y también con el simbolismo de su propia existencia. Es conocidísima la visión "de los cuatro vivientes" (c. 1) en la que, toda la creación simbolizada en el hombre, el toro, el león y el águila, son el trono del Creador que viene triunfante y esplendoroso a visitar a los exiliados de Mesopotamia. Y el expresivo contenido de la visión del "campo lleno de huesos" (c. 37) que reviven por el poder de Yahvé, cubriéndose de nervios y carne, cobrando vida nuevamente. O la otra del "Templo que mana un torrente de aguas" (c. 47) para regar y hacer feracísima la nueva tierra con plenitud edénica. En todas ellas está vivo el mensaje de restauración nacional; volverá del exilio un pueblo purificado y vendrá con certeza una teocracia mesiánica. Fue la vida profética de Ezequiel un período de veinte años (593-573) de amplia actividad para salvar las esperanzas mesiánicas de sus compañeros de infortunio, al derrumbarse la monarquía israelita. Quizá hoy en la Iglesia convenga también un nuevo tipo religioso que, surgido en horas de aturdimiento y desaliento general, sea instrumento de Dios para salvar la crisis de conciencia que trae el desmoronamiento de los principios. Bien puede estar el secreto en copiar la fidelidad de Ezequiel.

III Las características de la fe La Perseverancia de la fe

La fe es un don gratuito que Dios hace al hombre. Este don inestimable podemos perderlo; san Pablo advierte de ello a Timoteo: «Combate el buen combate, conservando la fe y la conciencia recta; algunos, por haberla rechazado, naufragaron en la fe» (1 Tm 1,18-19). Para vivir, crecer y perseverar hasta el fin en la fe debemos alimentarla con la Palabra de Dios; debemos pedir al Señor que nos la aumente (cf. Mc 9,24; Lc 17,5; 22,32); debe «actuar por la caridad» (Ga 5,6; cf. St 2,14-26), ser sostenida por la esperanza (cf. Rm 15,13) y estar enraizada en la fe de la Iglesia. La fe, comienzo de la vida eterna La fe nos hace gustar de antemano el gozo y la luz de la visión beatífica, fin de nuestro caminar aquí abajo. Entonces veremos a Dios «cara a cara» (1 Co 13,12), «tal cual es» (1 Jn 3,2). La fe es, pues, ya el comienzo de la vida eterna: «Mientras que ahora contemplamos las bendiciones de la fe como reflejadas en un espejo, es como si poseyésemos ya las cosas maravillosas de que nuestra fe nos asegura que gozaremos un día» ( San Basilio Magno, Liber de Spiritu Sancto 15,36: PG 32, 132; cf. Santo Tomás de Aquino, S.Th., 2-2, q.4, a.1, c). Ahora, sin embargo, «caminamos en la fe y no [...] en la visión» (2 Co 5,7), y conocemos a Dios «como en un espejo, de una manera confusa [...], imperfecta" (1 Co 13,12). Luminosa por aquel en quien cree, la fe es vivida con frecuencia en la oscuridad. La fe puede ser puesta a prueba. El mundo en que vivimos parece con frecuencia muy lejos de lo que la fe nos asegura; las experiencias del mal y del sufrimiento, de las injusticias y de la muerte parecen contradecir la buena nueva, pueden estremecer la fe y llegar a ser para ella una tentación. Entonces es cuando debemos volvernos hacia los testigos de la fe: Abraham, que creyó, «esperando contra toda esperanza» (Rm 4,18); la Virgen María que, en «la peregrinación de la fe» (LG 58), llegó hasta la «noche de la fe» (Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 17) participando en el sufrimiento de su Hijo y en la noche de su sepulcro; y tantos otros testigos de la fe: «También nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe» (Hb 12,1-2).

"Y así, con la lectura y el estudio de los libros sagrados, la Palabra de Dios se difunda y resplandezca, y el tesoro de la revelación confiado a la Iglesia llene cada vez más los corazones de los hombres." (Dei Verbum nro. 26) "Pide constantemente a Dios que ilumine los ojos de tu inteligencia y de tu alma para que captes la virtud escondida en las palabras de nuestro Señor y de los santos apóstoles. Ponte después de pie, toma en tus manos el santo evangelio, bésalo, ponlo afectuosamente sobre tus ojos y sobre tu


corazón, y, suplicante, di esto: "Oh Cristo Señor nuestro, dime palabras de vida y de consuelo por la boca y por la lengua de tu santo evangelio; concédeme escucharlas con nuevos oídos interiores y cantar tu gloria con la lengua del espíritu." "En primer lugar, y lo confieso sencillamente, creo que sólo la Biblia es la respuesta a todas mis preguntas. Necesitamos abiertamente pedir sin cesar, y con humildad recibir esta respuesta. No hay que contentarse con leer la Biblia como los otros libros. Hay que prepararse a interrogarla. Sólo así se nos revelará."

Presentaciones Matrimoniales de lunes a viernes en horario de 9:00 am a 1:00 pm y de 4:00 pm a 6:00 pm

"Tanto más fuerte es el aroma que expanden los perfumes, cuanto más se los frota entre los dedos. Así sucede también con la frecuentación de las Escrituras. Cuanto más familiares llegan a sernos, más se revela el tesoro que esconden y más se logra aprovechar el fruto de sus inefables riquezas". (San Juan Crisóstomo) "Es como si la palabra de Dios tuviera que pasar a las entrañas de tu alma, a tus afectos y a tu conducta. Haz del bien tu comida, y tu alma disfrutará de este alimento sustancioso. Y no olvides de comer tu pan, no sea que tu corazón se vuelva árido: por el contrario, que tu alma rebose completamente satisfecha." (San Bernando Abad) Propuesta para trabajar en la semana: Como nos pide la madre Iglesia, en el documento Aparecida, hay que volver a la Palabra. Qué mejor entonces que poder plantearnos leer la Sagrada Palabra. Aquí te proponemos, disfrutar de la Buena Nueva. Sencillo esquema de Lectura Orante de la Palabra de Dios Es oportuno aquí la presencia de algunos signos. Para ello, preparar una mesita, mantel, la Palabra, flores naturales, una vela, una imagen en especial un Cristo. 1. Hacer silencio. Dios nos habla, escuchamos su voz. Proclamación del texto elegido. Nos preguntamos: ¿QUÉ DICE EL TEXTO? No se trata de realizar un “resumen” de lo que hemos leído, tampoco es el mensaje que trae. Con frases breves, de forma oral o escrita, decimos lo que recordamos. 2. ¿QUÉ ME DICE? Profundizamos el mensaje que nos llega, es decir, lo que el Espíritu nos suscita interiormente. 3 . ¿ Q U É L E RESPONDO A JESÚS? Se trata del momento del compromiso, misión, oración que puede ser personal o respuesta.

*Para mayor información dirigete a tu misionero o llama a la Notaria Parroquial al 2466223 en horario de 4:00 a 6:30 pm de martes a sábado.

Hoja Parroquial No. 292 Parroquia San Felipe de Jesús, Chichimequillas, Qro  

Información Parroquial Religiosa

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