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LA BAJA AUTOESTIMA EN LAS MUJERES ADULTAS

Las autopercepciones negativas que las mujeres construimos de manera compleja a lo largo de la vida no son sólo producto de la forma como fuimos acogidas tempranamente por nuestras figuras familiares. De hecho, hay muchas mujeres que, no obstante haber sido bien recibidas y bien tratadas por sus padres, sufren de baja autoestima. Tampoco es sólo un efecto del lugar subvalorado que tienen las mujeres en nuestra cultura, sino que cada uno de estos aspectos se va entrelazando en una trama muy compleja con las identificaciones y experiencias negativas que cada mujer acumula a lo largo de su vida, potenciándose de esa manera unas con otras. Hay tres formas indirectas en las que se expresa la desestimación o la desvalorización: * los efectos visibles de la baja autoestima en la vida de las mujeres, * las formas como las mujeres se presentan, * la dificultad para poner límites y establecer un espacio propio.

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EFECTOS DE LA BAJA AUTOESTIMA

Dado que la vida cotidiana se "naturaliza", és difícil que las mujeres reconozcan, en esa sucesión de actos y hechos espontá­neos, rutinarios y aparentemente inmutables, algún indicador de que no se están valorando bien. Por eso es posible reconocer con más facilidad la baja autoestima a partir de sus efectos, que como una vivencia nítida en sí. No se trata necesariamente de vivir situaciones de violencia o maltrato evidentes; pueden ser simplemente escenas que se repiten, se estereotipan y se toleran durante años, porque el supuesto subyacente más hondo es que "una no se merece o no puede aspirar a nada mejor". 

Una calidad de vida insatisfactoria

Las mujeres pueden llegar a registrar sensaciones de malestar, de disgusto, de hartazgo, de insatisfacción e incluso de falta de sentido de la propia existencia, pero difícilmente vincularán estas vivencias al estilo de vida que llevan. En los siguientes ejemplos, las protagonistas hablan como de pasada de estas situaciones, convencidas de que lo importante está en otro lado, no en esas "pequeñeces". Y gracias a este mecanismo "empequeñecedor" y "naturalizador" de lo que viven se produce un circuito donde terminan empequeñecidas ellas mismas. - "Mi marido siempre me dice que yo soy una mantenida, porque mientras él está afuera de casa todo el día, yo miro TV..."

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- "Hoy mi hija me despertó temprano, porque no encontraba las medias de gimnasia..." [la hija tiene 18 años]. - "Me cuesta muchísimo dar a conocer mis verdaderos sentimientos, sobre todo mis insatisfacciones e inseguridades; por ejemplo, estoy en una crítica situación en mi trabajo, pero no me atrevo a contarle a mi marido, me da miedo a que empiece a criticarme." * Hay una gran tolerancia a las descalificaciones, las faltas de respeto, los malos tratos de distinto tipo: físicos, afectivos, laborales, económicos, legales, etc... Es una de las formas más evidentes de expresión del sometimiento y de mantención de un sistema en el que tiene que haber víctimas y victimarios. Además, aceptar la descalificación, tolerarla e identificarse con ella, es una de las maneras como las mujeres reafirman el supuesto de que son otros los que las perciben tal como son, y que ellas son quienes están en falta.

* Descuidos significativos de la propia persona: en la salud, en los deseos, en los proyectos, etcétera... Muchas mujeres postergan sistemáticamente la consulta al médico, ya sea para un control o por problemas de salud, pero no hacen lo mismo con la salud de otros miembros de la familia. Si se trata de ellos, están siempre listas para encargarse de recordar fechas de vacunación y épocas en las que toca un control, de pedir hora, de acompañar, de insistir en la 3


necesidad del cuidado y respeto a las indicaciones de los profesionales. Tampoco son pocos los casos de mujeres que renuncian a todos sus derechos en una situación de divorcio -"Para que se termine más pronto" o "Para que no haya más problemas"- y una de las consecuencias típicas es que, a partir de ese momento, pasen penurias o dificultades económicas. Tras el argumento de "Quiero terminar lo antes posible con este sufrimiento" se esconde a veces una actitud que atenta contra su nivel de vida, sentando las bases para un sufrimiento posterior mayor. La creencia subyacente es que, en realidad, ella no merece nada, que el que ganó el dinero es su marido, que ella no tiene derecho a nada y que entonces es mejor dejar las cosas así... * Una ubicación en la família, y a veces fuera de ella, que podríamos llamar “ la última en la lista” El supuesto subyacente en los siguientes ejemplos es que las necesidades de los demás están siempre primero que las propias, pero no sólo porque se entrena a las mujeres para que sean altruistas, sino porque el valor que les asignan a los otros es superior al que se asignan a sí mismas. - Lidia es escritora. Sin embargo, no puede cerrar la puerta del cuarto donde trabaja, para que sus hijos no la interrumpan a cada rato. - Otra señora relata que cuando está haciendo cola para pagar en un banco y alguien se pone delante de ella sin respetar su turno, no le dice nada, porque total "ella puede esperar"... * Olvidos o postergaciones, a veces para siempre, de necesidades, fantasías o proyectos propios.

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* La Perpetuación de Vínculos de Desafecto, Maltrato o Abuso. El caso más habitual lo constituyen las mujeres golpeadas, aunque de ninguna manera son las unicas. Quien, pese a recibir patadas, puñetazos, cachetadas, quemaduras, empujones, violaciones sexuales, insultos, amenazas, gritos, humillaciones, prohibiciones, desprecios, órdenes, venganzas sexuales, ocultamientos de las ganancias y/o inversiones, acusaciones, saboteos de cumpleaños o fiestas navideñas, impedimentos para que estudie y/o trabaje, mantiene la relación con el agresor, nos está diciendo que cree firmemente que hay razones para que ella no merezca vivir mejor. Muchas mujeres siguen tolerando, aceptando este tipo de conducta con la ilusión de que si ellas aguantan, todo mejorará mañana. Supuestos parecidos podemos encontrarlos en mujeres, madres, hermanas y/o novias de alcohólicos, de drogadictos, de jugadores, junto con la vivencia de ser egoístas si se conectan y defienden sus propias necesidades.

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*Las Inhibiciones de todo Tipo, Sostenidas por la Idea de que "No Voy a Poder"

Es muy común escuchar que una mujer se declare incapaz "inepta" para gestionar dinero, para hacer un trámite bancario, para negociar la compra de un bien, para aprender a conducir un coche o para proponerse hacer un viaje sola. Como se puede notar, son todas situaciones vinculadas al "poder" en el doble sentido que tiene la palabra. Y, por lo tanto, son consideradas importantes. No es nada casual, entonces, que el tipo de inhibiciones que suelen presentar las mujeres se vincule directamente a aquellos aspectos de la vida para los que no fueron estimuladas ni enseñadas, ni vieron tampoco a otras mujeres desarrollarlos. No suelen aparecer inhibiciones cuando se trata de hacer dormir a un niño, hacer sus papillas o ayudar a un hijo en los deberes...

Muchas mujeres viven sobreprotegidas por maridos que les resuelven todo, porque se sienten niñas o discapacitadas, e incluso los convencen eficientemente de que no pueden esperar nada bueno de ellas. Hablar en voz tan baja que apenas se la oiga; dejarse interrumpir con facilidad o dar a conocer pocas veces sus opiniones o pareceres son algunas formas de expresar, en la comunicación, lo poco importante que consideran sus palabras o pensamientos. Las muletillas pueden aparecer en toda clase de mujeres, aun en las que parecen muy seguras de sí mismas, que dan clases y se expresan muy bien... Hacer oír la propia voz tiene indudablemente significados diversos. Pero lo que quiero remarcar es que cuando una no tiene el propio permiso ni la legitimación para opinar, decidir, pronunciarse ni destacar su parecer, la voz no sale, o sale suavecita, inadvertida, insegura. * Las idealizaciones continuas de otras personas Éste es un mecanismo complementario de la desestima personal. Siempre son otras figuras, tanto hombres como mujeres, las dotadas de cualidades que ellas no poseen ni van a poseer. No sólo no les pueden reconocer ningún defecto, 6


sino que tampoco pueden imaginar el trabajo que esas personas hicieron o hacen para ser como son o haber logrado lo que lograron. Muchas mujeres admiten que la presencia del marido las pone muy inseguras, y que en ese momento sienten que el que sabe mejor qué decisión tomar es él. O sea, cuando él está, el conocimiento, la destreza, la capacidad de elección le son inmediatamente atribuidas. Como muchas otras mujeres, actúa como si ella tuviera esos talentos prestados y se los devolviera cuando él está presente, como legítimo dueño. Contribuyen así a la fabricación de supuestos ídolos, los que, a su vez, necesitan hacer grandes esfuerzos para sostener su imagen... * Maneras descalificadoras con que se refieren a sí mismas Ésta es otra típica expresión de subestima: la ligereza descalificadora de sí mismas les llamaría la atención en otra persona, pero es automática en la mayoría de las mujeres. - "Soy un escarbadientes." - "Soy un plomo." - "Soy una gorda fofa..." - "Soy una malhumorada y vuelvo locos a todos... - "Soy quejosa..." - "Me lo merezco..." [por algo negativo]. - "No soy agradecida..."

* Las descalificaciones que hacen de otras mujeres, en general Si se presta atención a ciertas conversaciones entre mujeres, es frecuente oírles decir: "Las mujeres son unas envidiosas.. "o "Las mujeres son muy competitivas..." o "Cuidate de las mujeres..." o "Yo con mujeres ni loca trabajo porque son muy manipuladoras e histéricas...". Lo hacen generalizando, sin referirse a una en particular sino a "las mujeres". Si se les pregunta en ese momento dentro de qué género se incluyen ellas, se produce una reacción de desconcierto, pues se las coloca en una situación dilemática: si se admiten como mujeres, quedan incluidas en la descalificación, y si hablan de las

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mujeres como de otro género, se deben reconocer como varones o por lo menos como masculinas...

Cuando asumimos conscientemente nuestra pertenencia a un género, usamos el pronombre de la primera persona del plural: "nosotras", "somos", "creemos", "pensamos". Si no nos incluimos dentro de la generalización podemos decir "algunas mujeres", "a veces". Pero mientras digamos "las mujeres son..." quedaremos atrapadas en el dilema expuesto. * La intensidad con que se autocritican La lista de autocríticas de las mujeres podría llenar un volumen como éste. Abarcan cualquier aspecto de su vida, incluso aquellos que otras personas verían como positivos.

Éstas son algunas respuestas de mujeres a la frase incompleta "Las cosas que no me gustan de mí misma son...": - mis inseguridades - sentirme difícil - ser gorda - mi decisión

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- mi reacción tardía ante algunos ataques directos o indirectos hacia mi persona - no me gusta ser dependiente - no poder hablar delante de personas a las que les tengo confianza o conozco bien (me da mucha vergñenza) - mis temores a realizar algunas cosas - mi manera segura de hablar

*La dificultad para aceptar elogios, reconocimientos o regalos Es tan fuerte el desconocimiento que la mayoría de las mujeres tiene acerca de sus propios méritos o talentos, tanta la desconfianza acerca de que puedan tener algo bueno, que cualquier muestra de admiración por parte de alguien es puesta en tela de juicio: "Me lo habrá dicho para levantarme el ánimo" o "Quién sabe lo que quiere conseguir de mí..." Además, se sienten inseguras de poder defenderse bien de algún ataque envidioso. FORMAS DE PRESENTARSE A SÍ MISMA También es posible reconocer qué y cuánto valora una mujer de sí misma, en la manera como se presenta. Por ejemplo: - "Soy simplemente un ama de casa con chicos grandes. Tengo 28 años de casada." - "Soy alguien que me pongo pintura en las pestañas para ni llorar, porque tengo mi afectividad bastante lesionada."

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- "Soy una perdedora. Tenía un negocio y tenía un marido. Me metí de lleno en el trabajo y desatendí otras cosas. Venció el contrato y me quedé sin el pan y sin la torta." Es posible reconocer, como lo han hecho otras autoras (Sanford y Donovan, 1985), distintos estilos en las maneras de presentarse las mujeres: *La que se presenta diciendo todo lo que no es Las que al presentarse dicen: "No entiendo de números, no sé poner límites, no puedo con todo, no estoy dispuesta a trabajar 8 horas...". Cuando se la escucha, se termina con la fuerte impresión de que ella tampoco sabe quién o cómo es, sino quién no es. En sus interacciones verbales, a cada opinión de la otra persona ella responde comparándose, pero para volver a confirmar todo lo que ella no es. *La que naturaliza lo que es Hay mujeres que se sienten buenas madres y buenas esposas, pero eso no tiene mucho valor para ellas porque lo consideran natural, que nacieron así... que todas las mujeres son así, entonces, ¿qué tiene de particular que su familia ande bien? *La que enfatiza todo lo que no le gusta de ella Es el tipo de mujer "puedelotodo", eficiente para organizar su casa, criar a sus hijos, ganar dinero, estar al día con la moda, el cine y los eventos políticos... Pero cuando habla de sí, suele hacerlo en estos términos: "Sé que soy tierna, bella y que soy buena madre, pero... ¡este kilo de más me tiene loca!". En ella, algo de sí misma que no le agrada adquiere la dimensión del todo y le impide disfrutar de lo demás. *La que se compara todo el tiempo con lo que fue, o cómo fue

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*La que se presenta como reina, como teniéndolo todo desde afuera: marido, hjos, dinero, propiedades, viajes, etcétera Es una señora que se ve como una insatisfecha crónica, incapaz de gozar (según interpretaciones de su ex analista); se siente vacía, inocua, intrascendente. El valor de todo está afuera y no en ella. Recibe habitualmente comentarios del tipo: "No sé de qué te quejas" o “no sé por qué tienes esa cara de amargada...". *La que se presenta mostrando lo peor de sí Es alguien que llega a la entrevista tarde, con un zapato roto, agitada, despeinada, tropezándose. Su primer comentario es para disculparse por la demora y para evidenciar lo preocupada que estaba porque la terapeuta tuviese que estar esperándola. Todo el acento de la presentación está puesto en su incompetencia, desorganización y maltrato a los demás. *La que hace todo lo necesario para pasar inadvertida

Es una mujer tímida, muy respetuosa. Dice no saber qué le ocurre, no darse cuenta de qué siente, qué le pasa. Que siempre pasa inadvertida, que no molesta a nadie y es muy observadora y atenta de las palabras, los juicios y las opiniones de los demás. Cuando va a una reunión social con su pareja, espera que él diga cuándo irse o le acerque una copa o le indique qué ropa ponerse, porque es muy criterioso.

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A las Mujeres nos Cuesta Valorarnos como Personas: *porque pertenecemos y estamos insertas en una cultura en la que el prototipo y el modelo a seguir para la gran mayoría de los casos es el impuesto por el varón; *porque somos miradas y evaluadas en comparación con el modelo masculino; *porque las diferencias con dicho modelo tienden a entenderse o interpretarse en términos de fallas, faltas, carencias de las mujeres; *porque la primera y más significativa figura de identificación es otra mujer que,a su vez, también tuvo o tiene importantes déficit en su autovaloración; *porque en nuestro proceso de socialización, se nos vedan sutil y sistemáticamente experiencias que implican autorreconocimiento, experimentación y el enfrentar dificultades; *porque gran parte de nuestras actividades son vistas como naturales y no como un trabajo o aporte especial; *porque desde que nacemos, se nos exige que demostremos que, pese a ser mujeres, valemos; *porque dentro de las prescripciones más significativas del ser mujer, figura el ser humilde, discreta, pasar inadvertida y no hacerle sombra al varón; *porque en función del entrenamiento que tenemos en el cuidado y atención de otros, el autoconocimiento nos resulta más dificultoso.

El registro vivencial de la desvalorización o descalificación es difícil de lograr porque: * a menudo, la desvalorización se produjo tan tempranamente, que la misma mujer no cree ni respeta sus percepciones, opiniones o vivencias. Siempre la mirada correcta acerca de las cosas o de ella es la que tienen los demás, la que le llega desde afuera; 

duele tomar conciencia de que por un mero hecho biológico que no depende de una, se ocupe un lugar secundario;

* muchas de las situaciones de subvaloración vividas por las mujeres aparecen ligadas al hecho de naturalizar los roles que se les asigna en la vida cotidiana y que, por lo mismo, adquieren la característica de invisibles o no visualizados.

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Dado el carácter colectivo de estas experiencias, es difícil pensar que el cambio de la desestima hacia la estima pueda hacerse sólo individualmente. Pero, sin duda, el hecho de que cada mujer tome conciencia del moldeamiento sociocultural de muchas de sus vivencias contribuye no sólo a su propia transformación sino a la del conjunto. El trabajo de las mujeres, tanto el doméstico como el extradoméstico, es uno de los aspectos de la vida femenina que tienen mayor repercusión en la construcción y sostenimiento de la autoestima. La vida cotidiana de las mujeres implica un grado muy alto de compromiso práctico, emocional y afectivo con otras personas. Encerradas dentro del estereotipo femenino, todavía la gran mayoría de las mujeres no tiene oportunidades ni posibilidades de ejercer otras funciones y capacidades diferentes de las de cuidar, sostener, acompañar, ayudar a crecer, percibir necesidades y encargarse del sostén emocional de otros. Gran parte de este entrenamiento se produce desde muy pequeñas, en la identificación con la madre y con otras mujeres como tías, abuelas y docentes,

dentro del ámbito doméstico y escolar. De ellas también aprenden que estas funciones son "naturales" en las mujeres y que por eso no requieren ser consideradas ni reconocidas particularmente. Que la casa esté limpia, la ropa lavada y planchada y la comida preparada es considerado "lógico", esperable y natural por los que la habitan. Sólo hay conciencia del trabajo que todo ello implica cuando la persona que lo hace falta, fal la, está enferma. Lo mismo ocurre con respecto a la crianza de los hijos: se la considera amor, no trabajo.

Es por esto que las mujeres muchas veces se presentan diciendo, por

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ejemplo, "Sólo soy una simple ama de casa", como si las tareas que cumplen cotidianamente en realidad fuesen poca cosa. Sin embargo, las tareas y funciones que realiza la mayoría de las mujeres en sus casas requieren el desarrollo de múltiples y complejas capacidades: * de organización; * de sensibilidad-radar para detectar las necesidades de los demás; * de contención para circunstancias muy cambiantes y para personas diferentes (porque no es lo mismo acoger a un bebé que a un adolescente); * de negociación; * de equilibrio de situaciones familiares; * de decisión respecto de la comida, el vestir, la escolaridad, la salud, la transmisiónde valores; * de cuidado; * de sostén; * de protección; * de acompañamiento. ¿Qué tiene de simple todo esto? Sin embargo, dado que gran parte de estas acciones se consideran "naturales", porque son cotidianas y automáticas, se catalogan "sin importancia", calificación que reciben todo el tiempo de todo el mundo. En el caso de las mujeres de sectores medios, en países donde aún es factible pagar algunos de esos servicios, la forma sutil de descalificación de lo que implica el trabajo doméstico es expresada por: "Si yo no hago nada, lo hace todo la mucama". En estos casos, la asunción de la responsabilidad -las tareas de enseñanza, supervisión, control y delegación, que cualquier gerente de personal de una fábrica conoce tan bien-, es reconocida y se paga; cuando se realiza dentro del espacio doméstico no es considerada trabajo; y las personas que la realizan no entienden por qué están agotadas al final del día. Tal vez no esté de más decir que a la empleada doméstica (casi nunca es un empleado doméstico) por un lado se le delega lo sucio, lo que a nadie le gusta hacer, y es sometida muchas veces a humillaciones y malos tratos, al mismo tiempo que se le otorga un poder muy grande por ser necesaria. Ella recibe, de esta forma, una expresión muy clara de la ambigúedad valorativa a la que estamos sometidas las mujeres.

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De ahí que el vínculo de las patronas y sus empleadas suela ser tan conflictivo, poco estable, lleno de temores, desconfianzas y rabias: porque la patrona sabe -aunque a veces sin conciencia que ella es una empleada doméstica de lujo, sin sueldo reconocido y que, gracias a la existencia de la empleada asalariada, ella puede eludir hacer lo desagradable.Y la empleada siente impotencia y rabia por saberse necesaria e importante, sin reconocimiento y expuesta a toda clase de vivencias competitivas y envidiosas con respecto a otra mujer que posee, por pertenencia de clase, lo que probablemente ella también desearía para sí misma. El mundo doméstico, por las razones expuestas, es poco valorado. Y por esto tiene efectos sobre la autoestima de las mujeres: porque muchas de ellas le dedican toda su vida sin que les signifique reconocimiento, valoración ni crecimiento, y porque las que tienen un trabajo en el mundo público no dejan por ello de tener y de sentir la delegación y la responsabilidad por lo doméstico. PARES DE OPUESTOS

*Dependencia - independencia. Es lo primero que se les plantea a las mujeres como motivación para trabajar, además de la necesidad económica: una forma de intentar ser autónomas, de tener el poder de decidir sin tener que estar consultando o pidiendo. *Valorización - desvalorización. Según sea el tipo de trabajo de que se trate, cuánto ganen, cómo sean tratadas, las mujeres vivirán el trabajo como una ayuda para su propia estima o bien como lo contrario. Un ejemplo es la polaridad que sienten entre cualquier tipo de trabajo remunerado y el trabajo doméstico. *Dispersión - continuidad. Es un tema particularmente presente en el caso de mujeres que abandonaron el mercado de trabajo a raíz del matrimonio y la maternidad, que buscan reimplantarse en él. Les resulta difícil vencer vivencias

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de exclusión y delimitación después de años de encierro en el hogar, y les cuesta enfrentar las dificultades que el medio social les pone para reinsertarse. *Confrontación - evitación de los conflictos que surgen en las relaciones laborales. Dada la falta de entrenamiento en el mundo extradoméstico, es frecuente que las mujeres utilicen las mismas reglas de juego del mundo afectivo - familiar en los contextos laborales. Esto las conduce frecuentemente a dolorosos malentendidos y al descubrimiento de sus miedos para enfrentar los conflictos inherentes al espacio público laboral. *Rejenunerado - ad honorem: refleja las dudas acerca de por dónde pasan la gratificación y el valor del trabajo, por haber soportado el tiroteo entre el altruismo y el interés económico. Para las mujeres, es vergonzoso estar interesadas en ganar dinero y, en cambio, sienten que habla muy bien de sí mismas hacer trabajos complejos pero humanitarios de manera "desinteresada". De ahí que, en muchas oportunidades, ganar bien no les sirve para estimarse más. *Asunción de poder y liderazgo-pasar inadvertida: los deseos vinculados a destacarse, protagonizar y liderar en el mundo público no forman parte de los mandatos tradicionales para las mujeres ni de su socialización. Es muy común, entonces, que las mujeres se escondan a sí mismas y a otros sus deseos de destacarse, y que éstos sólo se expresen como síntomas.

DIFICULTADES EN LA VIDA LABORAL Las dificultades que deben enfrentar las mujeres en su vida laboral provienen de varias fuentes: 

De la realidad social ( falta y/o restricción de oportunidades, discriminación, acoso sexual, bajos salarios);

De la doble o triple jornada de trabajo.

De la propia subjetividad, entrenada para moverse en un mundo de afectos y emociones con otras reglas de juego.

Algunos de los efectos de la desestima respecto al trabajo en las mujeres se expresan en: * la dificultad para no trabajar todo el tiempo; * que no pueden ganar más dinero o ganan poco; * el nunca sentirse suficientemente buenas en lo que hacen;

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* el no poder darse un lugar laboral importante o, silo logran, se lo boicotean de diferentes maneras; *creer que siempre les falta algo por hacer o por aprender; * sentirse siempre poco profesionales (en general a las profesionales les lleva a帽os de su carrera hacerse una tarjeta de visita, con su nombre, profesi贸n, direcci贸n y tel茅fono); * que todo lo tienen que hacer con mucho esfuerzo; * una tendencia a subordinarse a proyectos de otros; *postularse para tareas que son poco remuneradas pero que prestan servicios a otros.

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La baja autoestima en la mujeres adultas  

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