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6 - RIQUEZA


EDITORIAL

EL SEXTO NÚMERO DE MALAMAG: RIQUEZA A Hugo Víctor Rico Rico no le gustaba mucho conversar con sus vecinos de Avenida Ossandón en la ciudad de Coquimbo. Ellos sabían que era empresario, pues por años fue director en la Cámara de Comercio de esa ciudad del norte de Chile. Desconocían el giro o tamaño de sus negocios. En su barrio de casas de dos pisos, de paredes sólidas y jardines cuidados, de esos barrios de clase media con buen pasar, a Hugo Rico Rico lo veían caminar solo desde que su esposa murió en 2005. Entre los pocos comentarios que hacía a sus vecinos el hombre de 93 años le contó a quien vivía en la casa contigua que tenía planificado viajar en Septiembre. Tal vez por eso a Angel Andrade no le extrañó dejar de verlo por varios meses. El 1 de noviembre de 2011, Hugo Rico Rico sufrió un ataque cardíaco dentro de su casa. Nadie lo pudo ayudar. Y nadie lo extrañó tampoco. Dos meses después de su muerte, cuando ya el olor de su cadáver escapó por las paredes, su cuerpo fue encontrado.

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¿Qué hace a los hogares de hoy tan diferentes, tan atractivos?

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El todo o nada POR RENÉ PAZ

POR C31913 Y SAINT JEAN DR

32 36 La gran pantalla mexicana

Contra la riqueza

POR MARCELA FUENTEALBA

POR CHRISTIÁN DÍAZ PARDO

A poco del impacto de esa muerte en total soledad, se conoció que este hombre tenía una fortuna avaluada en $ 400 millones. La RIQUEZA, puede ser miserable. Y a ese concepto le dimos cuerpo en este número de MALAMAG. Desde historias de quienes lo dejaron todo a otros que conviven con el temor a perderlo. Desde la riqueza en los modismos con que sazonamos el castellano en América Latina, a lo que habla la gente en el Metro. Exploramos los símbolos de estatus locales para las nuevas generaciones, fotografiamos realidades y fantasías que evidencian los contrastes. Fuimos a la meca del lujo, Dubai. Lo único que dejamos fuera fue una entrevista que calzó mejor con el concepto con el que jugaremos en el próximo número: SEXY.

Equipo Editora General Nancy Castillo Edición periodística La Factoría Director de Arte Carlos Romo Periodista René Paz Producción Gráfica Daniela Saldaña Asist. Producción Gráfica Daniela Moyano PR y Publicidad Jorge Ramírez Fotógrafos: Gabriel Schkolnick, Claudio Robles y Anton Briansó Asistentes de Fotografía: Roberto Olivares Publicado por Estudio 9. Las opiniones vertidas por diferentes autores en esta revista, como también el contenido y forma de los avisos publicitarios, son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten o pagan por su inclusión, no teniendo Malamag, por tanto, ninguna responsabilidad al respecto. Corresponde en forma exclusiva de Malamag la decisión de aceptar o rechazar avisaje publicitario. Impreso en Ograma Santiago de Chile, Diciembre 2014. Distribución vía correo directo certificado.

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72 76 Entra la escasez y la abundancia

Un nuevo amigo POR IVÁN MELNICK

POR NANCY CASTILLO

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La experiencia del lujo POR CLAUDIA CORDANO

El Facebook de los millonarios

110 114 La noche lleva sombrero mexicano

Cuando Sergio conoció a Martín

POR ANTONIO DÍAZ OLIVA

POR DANIEL CASTRO


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Flores de Rauschenberg

Gran lucro POR C31913

POR JUÁN JOSÉ SANTOS

Perdidos en el castellano POR EQUIPO MALAMAG

La vida está llena de momentos poco OCDE POR WERNE NÚÑEZ

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Conversaciones en el metro

Aristocrash POR ANTON BRIANSÓ

POR NANCY CASTILLO

Realidad procesada

Nice to meat you

POR CLAUDIO ROBLES

POR GABRIEL SCHKOLNICK

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Antítesis

POR FERNANDO RODRÍGUEZ

POR RENÉ PAZ

Hágalo usted mismo

El valor de las vidas previas

POR RENÉ PAZ

POR EQUIPO MALAMAG

100 103 104 106 Rico tu disco

Status

POR BRONKO YOTTE

POR CHICO Y CHICA

El entramado de la niñez

Racimo

POR DIEGO ZÚÑIGA

POR LUIS ZÚÑIGA

118 Cómic

POR MATÍAS PRADO

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RIQUEZA

Colaboradores Daniel Castro Guionista de profesión. Ha escrito el galardonado cortometraje “Historia de un Oso”, “La voz en Off” en conjunto con el director Cristián Jimenez y es parte de “31 minutos”, proyecto en el que participa desde su creación hace más de diez años. Mientras escribe ficciones para Malamag, trabaja como director creativo en Parox y desarrolla su primera novela gráfica. (Pág. 114). Claudia Cordano Licenciada en Arte de la Universidad Arcis, diseñadora de ambientes. Oriunda de Iquique, hace cinco años se fue a vivir a Dubai. (Pág. 94) Chico y Chica Son un dúo vasco de techno-pop único que se ha convertido en un grupo de culto y ha enganchado durante más de una década a un público fiel. Chico y Chica funciona como un equipo de trabajo que desarrolla un universo propio a través de canciones, videos, radionovelas, audiolibros y todo tipo de manifestaciones artísticas. (Pág. 103) Antonio Díaz Oliva Escribe para revista Qué Pasa, El Malpensante y Letras Libres, entre otros medios. Gracias a una beca Fulbright estudió un MFA en escritura creativa en la Universidad de Nueva York. Publicó Piedra Roja: El mito del Woodstock chileno. (Pág. 110) Christian Díaz Pardo Estudió Cinematografía en el Centro de Capacitación Cinematográfica, así como un curso de Dirección de Arte y un Taller en Escritura de Guión en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC–UNAM), Ciudad de México. Su ópera prima, González (2013), compitió en el 11 FICM y obtuvo el premio a Mejor Actor para Carlos Bardem y Harold Torres, fue nombrada Mejor Largometraje en el 1er Festival Internacional de Cine de Aguascalientes, México; el Premio del Jurado de la Crítica en el Festival del Nuevo Cine Mexicano de Durango, y el Zénith de Oro como Mejor Ópera Prima en el Festival des Films du Monde en Montreal, Canadá. (Pág. 32) Marcela Fuentealba Nacida en 1973. Es periodista, editora en Hueders, profesora en la Universidad Diego Portales y colaboradora en revista Paula. (Pág. 36)

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Werne Núñez Periodista. Escribió el libro “Crónicas de un subnormal para gente inteligente” (Norma, 2008). Hoy es conductor de “Un País Generoso” en Radio Zero. (Pág. 26) Ivan Melnick Artista visual de la Universidad Finnis Terrae. Ha expuesto en galerías locales y en el exterior con muestras colectivas. También tiene una relación de larga data con el cine, por lo que ha escrito críticas de cine para revista La Pollera y para Malamag. (Pág. 76) Matías Prado Diseñador gráfico e ilustrador, actualmente vive en Santiago de Chile y trabaja de manera independiente. En el 2012 decidió crear su propia marca llamada SAVES vinculada al skateboards luego de estar tres meses en Londres. En el 2013 realizó un workshop de creatividad en la School of Visual Art en New York. (Pág. 118) Vicente Reinamontes Ilustrador y diseñador chileno con una incurable vocación por el activismo, la cultura y los proyectos editoriales. Colabora regularmente con revistas chilenas e internacionales y también con varios colectivos artísticos y académicos. Acaba de publicar su primer libro ilustrado “Al sur de la Alameda” junto a Lola Larra, sobre la Revolución Pingüina. Además, desarrolla una editorial independiente llamada Pupa Press. (Pág. 40) Fernando Rodríguez Fotoperiodista. Nace dos meses después del Golpe. Empieza su carrera como fotógrafo profesional tras cursar un año de comunicación audiovisual. Se especializa en fotoperiodismo. Durante la primera década del siglo, trabaja en proyectos fotográficos como audiovisuales. Además de participar en proyectos de cine de escuela y contribuir a desarrollar espacios y colectivos de visión artística y cultural independientes. (Pág. 82) Juan José Santos Crítico de arte y curador, ha publicado en The Clinic, El Mostrador, Artishock, Arte y Crítica, La Panera, Jotdown, Arte al Día o Artnexus, y realizado curatorías individuales como Isidoro Valcárcel Medina (Centro Cultural de España, Chile) o PSJM (Galería Metropolitana) y colectivas

como Ciudad de Mente (Matucana 100), Selección Española (Museo de la Solidaridad) o El Bucle (Casa Nekoe). En el 2015 está prevista la publicación del libro “Curatoría de Latinoamérica, 30 exposiciones” con la editorial Metales Pesados. (Pág. 16) Bronko Yotte Profesor, escritor y músico cuyo nombre real es Felipe Berríos. Ha hecho clases en distintos contextos escolares, dentro y fuera de Chile. En su faceta artística, ya tiene a su haber cuatro discos. El más reciente de ellos, “Con eso te digo todo”, ha sido elogiado por el público y ha concitado la atención de varios medios especializados. Sus letras abordan la búsqueda permanente de una voz honesta, profundamente individual, para interpretar lo complejo de la realidad y encontrarse con los demás.​​ (Pág. 100) Diego Zúñiga Iquiqueño de 1987. Es periodista. Ha publicado la novela Camanchaca (La Calabaza del Diablo, 2009; Random House Mondadori, 2012), traducida al italiano y al francés, y el libro sobre fútbol Soy de Católica (Lolita Editores, 2014). Es miembro de la editorial Montacerdos y escribe, semanalmente en revista Qué Pasa. (Pág. 106)


RIQUEZA

Gracias Alicia San Juan - Getxo, España Álvaro Chacón - Santiago, Chile Álvaro García - San Francisco, California Andrea Castro - Santiago, Chile Anton Gajdosik - Bratislava, Eslovaquia Antonio Díaz Oliva - Nueva York Barbara Jeraldo - Santiago, Chile Camila Moreno - Santiago, Chile Carlos Argomedo - Santiago, Chile Carlos González - Santiago, Chile Carola Pizarro (Natura Una) - Santiago, Chile Chico y Chica - Bilbao, España Christian Díaz Pardo - Mexico DF, México Claudia Cordano - Dubai, Emiratos Arabes Claudia Gallardo - Santiago, Chile Co-Effect - Toronto, Canadá Constanza Concha - Santiago, Chile Danka Marinkovic - Santiago, Chile Diego Zúñiga - Santiago, Chile Enriqueta Bascuñán - Santiago, Chile Fernando Rodríguez - Santiago, Chile Fernando Villegas - Santiago, Chile Florencia Ituarte - Buenos Aires, Argentina Gabriel Berlín - Punta Arenas, Chile Gabriella Fono - Budapest, Hungría Gaby Blue Models - Santiago, Chile Georgia Dávila - Lima, Perú Gladys Uriarte - Santiago, Chile Gustav Salomonsson - Karlskrona, Suecia Gustavo Cordera - La Paloma, Uruguay Istiko Rahadi - Jakarta, Indonesia Iván Melnick - Berlín, Alemania Javier Sanfeliú - Santiago, Chile Jonathan Zamora - Santiago, Chile Jorge Pérez - Lima, Perú Jose Soffia - Santiago, Chile Juan José Santos - Santiago, Chile Juan Rojas - Santiago, Chile Julio Jung - Santiago, Chile Karthick Nagarajan - Bangalore, India Loreto Jiménez - Santiago, Chile Luis Prado - Olympia, Washington Luis Rojas - Santiago, Chile Luis Zúñiga - Santiago, Chile Luis Vergara - Coquimbo, Chile Macarena Cardone - Santiago, Chile Macarena Concha - Santiago, Chile Marcela Abbade - Rio de Janeiro, Brasil Marcela Fuentealba - Santiago, Chile Marget Gabel - Amsterdam, Netherlands Maria Alicia Ortiz - Santiago, Chile Massiel De Aguirre - Santiago, Chile Max Cueto - Santiago, Chile Miguel Rivas - Santiago, Chile Natha - Bogotá, Colombia Omar Ortiz - Santiago, Chile Phrabu De Boss - Bangalore, India Pilar Calderón - Santiago, Chile Raúl Serrano - Madrid, España Renato Bernasconi - Santiago, Chile Ricardo Martínez - Santiago, Chile Roberto Olivares - Santiago, Chile Rodrigo Valenzuela - Santiago, Chile Saint-Jean DR - Santiago, Chile Sonia Aguilar - Santiago, Chile Stefan Parnarov - Sofia, Bulgaria Vicente Reinamontes - Santiago, Chile Werne Núñez - Santiago, Chile

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¿Qué hace a los hogares de hoy tan diferentes, tan atractivos? por c31913 y saint jean dr un remake del collage de richard hamilton: Just what is it that makes today’s homes so different, so appealing?

Todo lo que un hipster quería era ser único, jamás masivo. Pero de pronto el uso de la bicicleta se masificó, los tocadiscos volvieron a los departamentos y vivir en zonas 100% urbanas elevó los precios de las viviendas en un par de comunas de Santiago. No es que sea una moda, el fenómeno es más profundo. En un café de Providencia, el publicista y periodista Javier Sanfeliú nos desgranó los símbolos de estatus que marcan a la actual generación. En vez de autos de último año, de vacaciones en la casa de Pucón, Sanfeliú es categórico al definir el gran símbolo de estatus de hoy: Tiempo. Cuando egresan, los jóvenes no aspiran a tener o acumular, al contrario, les gusta tener la mochila liviana. Les molesta esa “obesidad” del tener. Lo que buscan son experiencias y en esa búsqueda el trabajo es un medio, no un fin. Por eso, cuando buscan trabajo negocian tiempo más que dinero con su empleador. O mejor aún, arman su propia empresa que les permita contar con flexibilidad de horarios. Sanfeliú también nos dijo que en la búsqueda de experiencias, el viaje es un must. Pero no ese de 6 días, 5 noches, todo incluido. Nooo. La idea es pasar tiempo en un lugar, 3 meses por lo menos, conocer, recorrer. ¿Y qué tipo de lugar? Sudeste asiático de preferencia. Pues si bien no son religiosos, se les podría definir como espíritu-curiosos. También puede ser Australia o Nueva Zelanda, lugares que reemplazan a las universidades estadounidenses para los postgrados. O, Berlín para los más tecno-urbanos. No les gusta endeudarse, jamás se condenarían con un crédito para comprar un auto. Prefieren la bicicleta. Adoran la comida, pero no pagar restaurantes caros, sino la experiencia de preparar sus platos, cosas bien sofisticadas en el departamento de un amigo. Son foodies. Varias claves más nos dio Sanfeliú sobre los símbolos de estatus de esta generación. Como le creímos, armamos este collage que resume el estatus de hoy.

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elementos 1. Vista cerro san cristÓbal - PRIORIDAD DE UBICACIÓN SOBRE AMPLITUD 2. VEGANISMO Y OTRAS FORMAS DE ALIMENTACIÓN ALTERNATIVAS 3. “BE CALM” de LOUISE BOURGEOIS - VALORACIÓN DE LA MEDITACIÓN Y EL MINDFULNESS 4. RETRATO DE JOSÉ MUJICA - CAMBIO DE PARADIGMAS POLÍTICOS 5. PLANTAS AROMÁTICAS - SUJETO FOODIE Y, A VECES, GOURMET 6. BICICLETA FIXIE ALTA GAMA - MOVILIZACIÓN ALTERNATIVA, TODO QUEDA CERCA 7. SELFIE EN CALZONCILLOS - VANIDAD Y DIFUSIÓN DE LA PROPIA IMAGEN 8. LÁMPARA POLÍGONO DE NICOLÁS Y TOMÁS ARACENA - VALORACIÓN DEL DISEÑO LOCAL 9. NETFLIX - LA INFORMACIÓN YA NO LLEGA A TRAVÉS DE LA TV 10. TODO EL DÍA EN PIJAMA - TRABAJO DESDE CASA 11. SILLA STANDARD DE JEAN PROVÉ - VALORACIÓN DEL DISEÑO MODERNISTA 12. COCINA TRANSPORTABLE DE STUDIOMAMA - REFERENCIA AL NOMADISMO 13. KITCHEN-AID - ELECTRODOMÉSTICOS DE LÍNEA PROFESIONAL, TODO SE HACE EN CASA 14. TEXTILES ORGÁNICOS - TRAZABILIDAD DEL PROCESO DE PRODUCCIÓN 15. TOCADISCOS - RESURGIMIENTO DE LOS FORMATOS DE AUDIO OBSOLETOS 16. MESA DE PALLET - VALORACIÓN DEL “DO IT YOURSELF” 17. ASPIRADORA ROBÓTICA ROOMBA - EL TIEMPO POR SOBRE TODO TIPO DE RIQUEZA 18. LA CAMA EN EL LIVING - VIVIENDAS DE ESPACIO REDUCIDO


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Catálogos

Fotografía

Audiovisual

Editorial

Ambientación

Gráfica publicitaria


R posesión

El todo o nada POR RENÉ PAZ

Una mezcla de culpa y de vacío llevó a Gustavo Cordera, vocalista original del grupo argentino Bersuit Vergarabat, a dejarlo todo, regalarlo todo e irse a vivir como okupa. Por tres años vivió con la mochila más liviana, sobrevivió entre drogas y robos. Ese rollo y por qué lo hizo, lo cuenta el mismo Cordera en primera persona.

“Habían pasado seis años desde que veníamos tocando con Bersuit Vergarabat. Estábamos en un bajón, casi al borde de la desaparición. Vivíamos en un barro que no nos dejaba salir. Por eso necesitaba vivir experiencias, recolectar anécdotas porque no soy de las personas que escribe desde la ficción. Así que me fui a veranear a un camping en Mar del Plata, Argentina. Era 1994. Fue ahí donde me hice amigo de un chico, Hugo, que estaba mal porque se había enterado que tenía el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Era una persona distinta que me cambió la manera de ver la vida. Él vivía alejado del sistema como un vagabundo y okupa. En el tiempo en que lo conocí, además de la crisis con Bersuit, sentía un deseo antisistema muy fuerte, estaba motivado por un gran odio a la sociedad y sentía un desamor por el mundo producto del menemismo. Carlos Menem había salido electo como presidente de la Argentina, y con él llegó el tiempo del neoliberalismo, del fuerte sobre el débil, del éxito, del dólar uno a uno, de las privatizaciones. Como respuesta a ese mundo de insensibilidad social me quise parar en la vereda de enfrente. No quería formar parte de ese mundo.

1,2 ROBERTO OLIVARES

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Así que me fui con él. Vivimos en una casa okupa y luego en una ferretería abandonada con Hugo y Gabriel, otro amigo, en Avellaneda, un barrio de Buenos Aires. Como era adicto a la cocaína me encantaban las emociones fuertes e intensas. Fue, creo, uno de los momentos donde más me divertí en mi vida. Y fue hermoso. Cuando decidí lanzarme a ese mundo regalé todo lo que tenía. Me quedé sin plata y vivía de la droga que vendía, como la cocaína, y de lo que robaba a diferentes corporaciones como supermercados, farmacias multinacionales, empresas de luz o gas. Estos robos con sustentos ideológicos son recomendables para aquellos que quieren robar. Si verdaderamente son ladrones de ley, hay que tener ética y robarle a las corporaciones, no a la gente. Y esos son los robos más difíciles. Pero esa no fue la primera vez que regalé mis cosas. Dos veces antes tuve crisis con lo que tenía, porque me absorbía mi tiempo. El tener me aprisionaba. Tener que cuidar el dinero, tener que hacerlo crecer, tener que separarme del mundo, tener que caminar por la calle y fijarme que no me robaran. Lo más insólito que llegué a regalar a todos mis seres queridos fue una agencia de autos que tuve con todos los autos dentro.


La gente que estaba cerca mío me decía que estaba loco, que me hiciera analizar, que fuera al psicólogo. Mi madre me mandó a uno, pero él le dijo que yo no estaba loco por el hecho de regalar mi dinero, que estaba loco por otras cosas. Eso es solo un síntoma, una reacción. Después supe, por terapia, que eso respondía a pasiones ocultas más profundas que tienen que ver con la omnipotencia, con esas fuerzas que no las reconocés y que actúan desde la oscuridad porque las condenás. No lo hacía ni lo hice porque soy buena persona. Porque cuando los seres humanos tienen una actitud frente al mundo, hay que hurgar mucho para saber cuál es el motor que los mueve. El tipo que va a una iglesia a donar plata, no significa que sea buena persona. Incluso diría que es un reverendo hijo de las diez mil putas. Vos ves al tipo ahí, entregando su dinero, sus joyas y sus cosas, y decís ‘qué buen tipo che, que generoso’, y solo está tratando de lavar una pasión oculta muy poderosa en él que no le permite seguir cagando a la gente como lo hace. Mi culpa era esa fuerza. Culpa de aceptar ese regalo que me hacía la vida y tener que darlo. Culpa al éxito, a la felicidad. Creo que eso es lo más condenable en la sociedad judeocristiana. No creo que alguien sea más condenado que alguien feliz. Necesitamos que se caiga, que esté hecho mierda y ahí sí todos vamos, todos lo abrazamos y todos lo queremos. Desde los medios de comunicación e instituciones políticas promovemos pobreza, tristeza, minusválidos. Queremos gente que podamos controlar, que nos necesiten. Si eres un artista o una persona sensible, y tienes un proyecto exitoso, atenta contra el establishment. Pero, está bien si eres exitoso matando, haciendo daño, estando dentro de una corporación que contamina. Porque para ganar dinero nos enseñan que tenemos que aplastar al otro y competir, no ser solidarios ni amorosos. Para el solidario y amoroso lo que le toca dentro de la sociedad es la limosna, nunca un éxito. Cuando nos aferramos a algo, eso que tomamos nos toma. Se adueña de nosotros. Un ejemplo que recuerdo cuando fui adolescente y salía, podía llegar borracho en la noche a casa, golpeaba la puerta y mi madre me abría. Pero cuando me fui a vivir solo, me di cuenta que si perdía la llave me quedaba afuera. Entonces empezaba a estar al servicio de la llave. Hoy podés estar al servicio de la batería de tu celular, del wifi, de los enchufes para tus cargadores, de tu carro, de las cuentas bancarias, las tarjetas. Cada vez más pertenecés al sistema, cada vez más sos menos vos y cada vez sos más eso, lo que tenés. El tipo que está en la calle, que no tiene nada, se tiene a él. El tipo que está dentro de una empresa que tiene de todo, no se tiene a él, no se pertenece, sino que pertenece a todo lo que tiene. Por eso para mi la precariedad es un gran maestro porque nos enseña a conectarnos con nuestras necesidades más básicas y así tratar de resolverlas. Eso nos fortalece, nos hace más astutos, más ágiles, más atentos y observadores y es un lugar cómodo porque no tienes nada que perder”.

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*** “Cuando viví de vagabundo, tenía que manejarme con mi intuición o me iba preso. Tenía que saber cuándo hacía las cosas. El delincuente, el marginal, es el ser humano que más cerca está de la iluminación o del nirvana, porque tiene la atención mucho más desarrollada que cualquier otra persona. Alguien que cuida sus cosas no tiene la intuición tan desarrollada como alguien que te las quiere quitar. Dentro de nuestros robos, hubo uno que nunca se hizo y que era nuestro sueño: robar un banco. Esa idea la sacamos de un amigo que había robado el banco Quilmes de Avellaneda. Y lo hizo resimple: arrendó la casa de al lado del banco, hizo un boquete y entró en un fin de semana. Nosotros queríamos hacer lo mismo, sin armas, alquilar la casa de al lado del banco y luego hacer un hoyo con ingeniería, mediciones y demás, para llegar el fin de semana, y entrar a la caja fuerte e irnos con el dinero. Pero no pudimos hacerlo porque me empezó a ir bien con Bersuit, así que tuve que ir de a poco dejando esa vida”. *** “Fueron tres años los que viví así, y muchas veces estuve al borde de la muerte por enfrentarme a disparos con otros delincuentes. El ambiente era muy pesado. Me intentaron matar varias veces, pero no lo lograron, sentía que era inmortal porque nunca me llegó un balazo. Quizás lo hacía porque estaba en contacto con mi verdadero y más profundo dolor, soledad y violencia. Viviendo así me ocurrían cosas permanentemente y de eso iba anotando canciones. Muchas canciones famosas de Bersuit forman parte de ese período. ‘Murguita del sur’, ‘La soledad’ o ‘Un pacto’, son las flores que se nutrieron de ese barro donde yo viví. Esas canciones trascendieron el tiempo y no se oxidaron. Las escribí desde mi corazón, pero las tuve que abandonar luego de separarme de Bersuit en el 2009. Como me daba mucho dolor tocarlas sin mis compañeros, me alejé de lo que habíamos creado. Desde que me fui de la banda fueron cinco años los que estuve exiliado de mi propia obra. Autoexiliado, porque nadie lo hizo. Necesité hacerlo, ir a mi propio desierto interno y mi vida comenzó a cobrar sentido, a tomar perspectiva de mi vida como compositor, como artista, y dije voy a tomar todo esto y le voy a dar vida una vez más y se lo voy a regalar a la gente, me voy a ofrecer para que esas canciones sigan vivas. Y es lo que hoy estoy haciendo”.


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MERCANTILISMO

Flores de Rauschenberg

que se cree un rockstar y que cobra por sus exposiciones, pero no paga a sus artistas. El siguiente texto está basado en hechos reales:

POR JUáN JOSÉ SANTOS

¿Por qué un artista se preocupa de que los colores que escoge para su obra combinen con el sillón de quien paga por el cuadro? Porque el dinero es una musa muy inspiradora. Para el crítico de arte Juan José Santos, el peso que ha tomado corrompe y así lo escribe en este artículo que se presenta en dos claves: una primera parte en tono de crítica y una segunda, en ficción. Pero ambas con los pies en la realidad A mediados de los años 50, el dueño de una flota de taxis de Nueva York, Robert Scull, se decidió a comprar obras de arte a un precio irrisorio, sabedor de la mejorable situación económica de los artistas. Compró, por ejemplo, una obra al artista Robert Rauschenberg por 900 dólares. En 1973, Scull acudió muy feliz, en su brillante Jaguar, junto con su mujer, modelo de Dior y Courrèges en Vogue, a la subasta de casi todas sus adquisiciones. Ganó más de dos millones de dólares. La obra de Rauschenberg, por 85.000 dólares. El artista acudió enfurecido hacia donde estaba el millonario, le empujó y le dijo: - ¡Tienes que mandarme flores! - Mandarte flores, ¿pero por qué? - Porque me estás explotando. Yo trabajo como un imbécil y tú sacas todo ese dinero. Otro artista víctima de la especulación fue Jasper Johns (su obra, “Double White Map” fue adquirida por Scull por 10.000 dólares y vendida por 240.000), en lugar de enfurecerse descorchó una botella de champán. Pensaba que si una obra se vendía tan cara haría que el resto que hiciera también subiera de precio. Y pensaba con razón. El dinero se ha convertido en la musa favorita de muchos de los profesionales del arte. Así lo pensaba Aleksandr Brener, quien en 1997 grafiteó el símbolo del dólar sobre la Cruz blanca suprematista de Kazimir Malevich. Las consecuencias se pueden ver hoy a cualquier escala y en cualquier lugar; también en Santiago de Chile. Cada vez que veo los monitos de Totoy Zamudio, cada vez que voy a Ch.Aco o a la inauguración en una galería del barrio alto, cada vez que veo a un profesor domesticar a un estudiante en una universidad que lucra, cada vez que veo a ese estudiante claudicar y hacer algo que no quiere hacer, cada vez que veo a un curador 1 - C31913

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Live life colossal Good gold good gold good gold and the upper me. Dead living things. Jackson and his Computer Band Eduardo Salazar, estudiante de cuarto año de Artes Visuales, está sentado frente a Luisa Garrido, profesora del Taller Central. Para Garrido, no es el mejor alumno, pero su evolución ha sido favorable, y según ha visto el proceso de taller de las últimas semanas, parece que va a mostrar un trabajo de fin de año excelente. Según Salazar, Garrido es una profesora desactualizada, autoritaria, mala como artista e hipócrita en sus opiniones, sobre todo cuando se le llena la boca atacando el lucro en las universidades, y ella ahí, dando clase en la universidad más cara. Eduardo está confiado, sabe que su trabajo va a gustarle y que le va a aprobar. Lanza un comentario que cree ingenioso: - Parece una escena sacada de “The Artist is Present”. - ¿Perdona? - Yo, aquí sentado delante de usted, parece la performance de Abramovic, ¿lo cachai? - Por supuesto que conozco a Marina Abramovic. Veo que no recuerdas que os hablé en clase de su trabajo “Ritmo 0, 1974”. Pero esa obra de la que me hablas, no la conozco. - La hizo hace poco, en el MOMA creo, sale en un videoclip de Jay Z, “Picasso baby”. La letra te gustaría, es muy radical, “Twin bugattis outside the Art Basel, I just wanna live life colossal”… Eduardo se sienta y deja de bailar delante de su profesora, cuyo gesto no es nada amigable. - No creo que hablemos de la misma artista Eduardo. Y déjate de hacer el payaso -. “Pero vejestorio, ¿es que no tienes internet?”, pensó el estudiante. Se le olvidó la incomodidad de ese momento de camino a casa, gracias al siete sobre siete que obtuvo su trabajo. “Al final la Garrido no era tan fome. Y yo tampoco soy tan tonto como la vieja creía. Sabía que le gustaría ese trabajo que hice sobre la dictadura de Chile, no hace más que rayar con el tema. Y la obra era una mierda, un molde con los números 1973, le prendía fuego, y metía las cenizas en una maqueta de un avión Hawker Hunter. Menos mal, porque si me echo el ramo me


tendría que meter a un McDonalds para poder pagar el puto crédito”. Al llegar a casa se entretuvo con Instagram, viendo fotos de amigos. “Mira, justo una de Abramovic, qué casualidad. La portada de la revista L´Uomo Vogue, sale con James Franco”. Eduardo abre las imágenes que aparecen enlazadas en los comentarios, y así pasa a una de Beyoncé con una obra de Vito Acconci detrás, otra, Beyoncé con Jay Z frente a la Monalisa, de ahí a una selfie de Ai Wei Wei mostrando su dedo corazón a la Monalisa, y de ahí a una de Lady Gaga desnuda para recaudar dinero para la Fundación de Abramovic. ¡Parece que todo gira entorno a la misma weá! Mira, lo mismo eso sí sería un tema. Eduardo pensaba en las últimas palabras de la profesora Garrido: Tienes que hacer trabajos que hablen de las cosas que realmente te preocupan, o que preocupan a la sociedad. -Puede ser, y realmente hay caleta: el lucro en la educación, el que estemos todos pegados al iphone, si el amor existe o es todo un invento, la muerte…pero si hubiera hecho eso en tu cagá de examen en lugar del temita del 73, que me importa soberana raja… En ese instante le viene un mail de una amiga de su tía. Asunto: “propuesta pintura LoveKylie”. Vernissage Cuatro meses después se inauguraba el primer trabajo artístico profesional de Eduardo. Pintó los muros exteriores de la tienda de lencería LoveKylie, la marca de Kylie Minogue, en el gran Mall London Eye. Le encargaron variaciones del logo de la empresa, que es un símbolo del dólar pero con una “K” dentro. Les mandó una primera propuesta pero les pareció demasiado seria, y que tenía que tener en cuenta que al Mall van muchos niños, así que tenía que hacer un diseño más infantil. Al final mandó unos símbolos del dólar de colores, con dos ojos, y sonrientes. Les encantó. Le pagaron cien mil pesos. La inauguración era a toda raja. En la terraza del Mall, que tenía 40 pisos. Pantallas gigantes reproducían la canción “Je t´aime…moi non plus” cantada por Minogue, con las imágenes de Gainsbourg quemando un billete de quinientos francos en la televisión francesa. Eduardo se emborrachó muy rápido, no estaba acostumbrado al champán. Conoció a galeristas, a la agregada cultural en Nueva York, otros artistas, coleccionistas…Uno de ellos se le acercó: “Deberías invitar a algo a ese chico, es un curador muy movido”.

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Pero se le interpuso una artista, que vestía demasiado sexy como para apartarla; “dame 50 lucas y te enseño un milagro: vas a ver cómo nieva en el baño”. Eduardo compró la cocaína pero antes de meterse en el servicio de damas con ella, se acercó al curador y le tomó del brazo. Le dijo con media sonrisa: “Ven, hay sitio para tres”. Eduardo comenzó a enrollar el billete. La chica miró al curador, excitado como un mono: “Tú te vas, yo sólo quiero con este”. Eduardo levantó su cabeza, se limpió la nariz, y miró al curador con cara de disculpa. Detrás de la cabeza de éste, podía ver los símbolos del dólar sonrientes que había pintado, aunque para esas alturas, ya los veía bastante borrosos.


nicole putz


VESTA LUGG


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Gran lucro POR C31913

En una ciudad como Santiago, la inocencia del clásico Monopoly se torna perversa y real. La palabra lucro está en boca de todos, y son muchas las caras que tiene esta moneda. Las consecuencias de la codicia se muestran inconexas con sus causas. ¿Por qué unos jovencitos encapuchados protestan? ¿Por qué algunos son tan ricachones? ¿Por qué hablamos de crisis? ¿Por qué las palabras se convierten en pérdidas o ganancias? La economía neoliberal es un territorio complejo, donde la realidad y la ficción se entretejen y retroalimentan. Somos víctimas y verdugos de un juego del que sólo unos pocos tienen las instrucciones.

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<categoria> DIVERSIDAD

Perdidos en el castellano POR EQUIPO MALAMAG

Se supone que en Latinoamérica debiéramos entendernos fácil; todos hablamos castellano. Pero, cada país agrega su sazón al idioma y la abundancia de modismos nos hace necesitar una traducción al pasear por cada país. Para entender cómo se dicen ciertos términos coloquiales en los países de la región estudiamos el “Diccionario de Americanismos” (Asociación de Academias de la Lengua Española, 2010). Aquí van algunos.

Salimos con un amigo un cigarrillo de marih borrachos. Todo estab y terminamos en la cá realizar un coito en la Amigo íntimo

Republica Dominicana Cabeceburro - Tonto

Panamá Inchipinchi Amigo íntimo

Bellaco (Puerto Rico); Cabrón (México, Guatemala, Nicaragua, El Salvador); Güey, Canijo, Chómpiras, Cuate, Zanca (México); Inchipinchi (Panamá); Jilata (Bolivia); Paisa (México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Chile); Pelao (Bolivia, Ecuador); Valezón (Venezuela); Volante (Honduras); Amigui (Chile).

Borracho

Colombia Arepera - Lesbiana

México Cachagranizo Hombre homosexual

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Caramboleado, Con el gorila al hombro (Ch); Moronga (Guatemala); A palo entero (Puerto Rico); Atricanado (Honduras, Nicaragua); Estar al pedo (Argentina); Samuhú (Paraguay); Verga (Guatemala, Honduras, El Salvador, Bolivia); Caña (Cuba).

Cárcel Cana (Chile, México, El Salvador, Nicaragua, Cuba, Venezuela, Ecuador, Perú, Chile, Uruguay, Bolivia); Canasta (Argentina); Granja (Nicaragua); Jedionda (El Salvador); Nevera, Matadero (Puerto Rico); Presidencia, Ratonera, Sombra, Sótano, Tolete (Honduras).

Cerveza Chela (Chile, México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia); Birra (Argentina, Honduras, Nicaragua, Costa Rica); Lagarto, Criolla oscura (Cuba); Pilsen (Perú, Chile); Sifón (Colombia); Taya (Bolivia); Vecha (Guatemala); Viki (Nicaragua).

Cigarrillo de marihuana Aguja, Ambrosoli, Zepelín (Chile); Caño (El Salvador); Churro (México, Honduras, Nicaragua); Huiro (Perú, Chile); Macoña (El Salvador, Chile, Uruguay, Perú); Troncho (Chile, Argentina, Perú); Pito (Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Ecuador, Perú, Chile); Tila (Nicaragua); Faso (Bolivia, Argentina, Uruguay).

Marihuana Cachimba (Puerto Rico. En otros países como Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica significa “vulva”); Cogollo, Macoña (Chile); Juanita (México, Honduras); Maligna (Puerto Rico); Marimba (México, Cuba,


o a tomar una cerveza y fumar huana. Quedamos un poco ba bien hasta que llegó la policía árcel por fumar marihuana y calle. ¡Fuimos muy tontos! Puerto Rico, Colombia, Venezuela, Perú, Bolivia); Mota (México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica, Puerto Rico, Colombia, Ecuador).

Policía Paco (Chile); Alcahuete, Cerdo, Macaco, Perro (Puerto Rico); Boletero, Cagris (Nicaragua); Buitre (Ecuador); Chachero, Cajeta (Honduras); Cuico, Jaiba (México, El Salvador); Gorila (Guatemala, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, Chile, Uruguay); Polis (Guatemala); Ratón (Puerto Rico).

Tonto Agilado (Honduras); Aguanabo, Belembembe (El Salvador); Ahuevonado, Güeón, Saco de huevas (Chile); Azoquetado, Bobolongo (Venezuela); Babasfrías (Colombia); Cabeceburro (Honduras, El Salvador, Nicaragua, República Dominicana); Chupapinga, Guachinango (Puerto Rico); Cojudo (Ecuador, Perú, Argentina, Bolivia); Comebasura (Cuba); Papafrita, Magallanes (Panamá, Argentina, Uruguay).

Bolivia Ganaplata - Nalga

Honduras Chupógrafo - Borracho

Realizar el coito Afilar (Colombia, Ecuador, Chile); Atornillar (El Salvador); Cuevear (Honduras, El Salvador, Nicaragua); Culear (Chile, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Bolivia, Costa Rica, México, Guatemala, Colombia, Venezuela); Dar bimba (Costa Rica); Dar guiso (Cuba); Dar verga (Ecuador); Curtir (Argentina, Uruguay); Enchufar (México, Perú, Bolivia); Verle el ojo a la papa (Chile, Argentina).

Cuba Huacabolas - Dinero

Venezuela Zurra - Excremento

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¡Eres un tacaño, un loco, no tien tu madre por un poco de dinero

Perú Visitadora - Prostituta

Tacaño

Matar

Cagado (Chile, Puerto Rico); Coñete (Bolivia, Perú, Chile); Chucho (Honduras, El Salvador); Amarrado (Colombia); Poquitero (México, Guatemala, Honduras, El Salvador); Empacador (Argentina); Pelotero, Tieso (Nicaragua).

Afrijolar, Chapear, Ñampiar (Cuba); Amasijar, Boletear (Argentina); Faenar, Darle su pasaporte (Bolivia); Hacer bosta (Argentina, Uruguay); Mandar al cajón (Colombia); Difuntear (México, Guatemala, Honduras, Argentina); Merenguear (El Salvador).

Loco Bicoldo (Puerto Rico); Canasta, Descalabrado, Desmarimbado (Nicaragua); Fumado, Locuaz (México); Loco de patio (Chile); Lorenzo (México, Nicaragua, Ecuador); Virola (Argentina), Gufi, Ñampeado (Panamá).

Testículos Nicaragua Cagris - Policía

Argentina Nutria - Pene

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Aceituna (El Salvador, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Argentina); Aguacate (Honduras, Nicaragua); Berocos (Cuba); Cocos, Bolas, Huevas, Coquimbanos (Chile); Güeva (Colombia, Ecuador); Testigos (Honduras, El Salvador); Compañero (Honduras, El Salvador, Bolivia, Argentina, Guatemala, Nicaragua, Puerto Rico).

Dinero Candela, Guanajo, Guaniquiqui, Huacabolas (Cuba); Morlaco (México, Honduras, Salvador, Bolivia, Argentina, Uruguay, Chile, Perú); Ñereñere (Venezuela); Billullo (Honduras, Chile); Monedas (Chile); Guita, Mangos (Argentina); L uca (Colombia, Uruguay, Argentina, Chile, Perú); Lana, Pasta (México).


nes testículos, capaz de matar a o! En buen chileno: Salimos con un paisa a tomar una chela y fumar un huiro. Quedamos un poco curados. Todo estaba bien hasta que llegaron los pacos y terminamos en cana por fumar cogollos y culear en la calle. ¡Fuimos muy ahuevonados! ¡Eres un cagado, un loco de patio, no tení cocos, capaz de pitearte a tu madre por unos pocos morlacos!

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A

DESIGUALDAD

La vida está llena de momentos poco OCDE por werne núñez

Un país lleno de ambición quiso formar parte del club de los ricos. Sonaba bien, demasiado bien. No hace falta tener alma de chaquetero sino levantar un poco la mirada cuando se maneja en la autopista para ver que Chile es el pariente pobre de ese grupo. Para Radio Zero, nuestros auditores retrataron esos momentoscon sus instantáneas. 1 La historia es así: en mayo de 2007, una caluga enana y mal redactada en un par de diarios para empresarios y gerentes chilenos provenientes de cinco colegios y dos universidades –según estudios- informó que el Consejo ministerial de la OCDE comenzaba a analizar el ingreso de Chile, Eslovenia, Estonia, Israel y Rusia a la organización. A nadie le importó, pero sagazmente, Chile fue el postulante que más rápido se emperifolló para entrar a este club, y en menos de un año llenó y envió todos los formularios vía valija diplomática y se adelantó al resto. Este mágico cuento de reyes, reinas, príncipes y princesas abecemil sigue con un anuncio oficial e ignorado también, para luego dar paso a la fiesta de las firmas. Primero el convenio, en enero de 2010, en La Moneda, con Ángel Gurría, Secretario General de la OCDE; Michelle Bachelet parte 1, nuestra Presidenta; y el entonces Ministro de Finanzas (como se dice en clave OCDE), Andrés Velasco. “La aceptación de Chile a formar parte es un reconocimiento a dos décadas durante las cuales ha reformado su sistema democrático y políticas económicas. Su experiencia enriquecerá el acervo de la OCDE en temas como la equidad y los sistemas de pensiones”, dijo el señor Gurría. “Chile deja atrás el subdesarrollo (…) La incorporación a la OCDE es el inicio de un nuevo camino cargado de futuro y grandes oportunidades”, dijo nuestra Michelle. Algo dijo Velasco, pero no figura en Google. Finalmente, llegó la esperada ceremonia oficial en París, con un cóctel premium en el fantástico edificio del Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia, que incluyó unas pocas decenas de botellas

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1 MARCELA VALDEVENITO 2 ROBERTO JACOB 3 CATALINA VARGAS 4 Miguel Dinamarca 5 VÍCTOR POZO 6 RODRIGO ACUÑA


de Moët & Chandon Bicentenary Cuvée Dry Imperial, Krug Private Cuvée, Perrier Jouet y otras de la cosecha especial Don Perignon Charles & Diana de 1961; algunas de los mejores cartonés franceses como el Chateau Latife Rothschild y Petrus, el mejor vino del mundo, dicen; canapés con caviar Sevruga y Almas, de esturión Beluga albina del Mar Caspio; atún de aleta azul y abalones rojos, queso de leche de alce, ternera de wagyú alimentada con cerveza y sake, torta de chocolate italiano y fresas Arnau; entre otras asquerosidades. Ese flamante 7 de mayo de 2010 en la capital francesa, será recordado como el día en que nuestros emisarios comieron como dictadores africanos de cumpleaños, y también como el día en que Chile, fértil provincia y señalada, se convirtió oficialmente en el miembro número 31 de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, OCDE. Fuimos la cuarta nación americana en ingresar. La segunda en Latinoamérica, después de México. Y ojo: el primer país sudamericano en lograr entrar a este exclusivo club con sede en el Chateau de la Muette. “Tenemos la voluntad de volver al milagro chileno, con un fuerte crecimiento para eliminar en mi mandato la extrema pobreza y hacer de Chile un país desarrollado al final de la década”, dijo el Presidente Piñera, autor del gol, en su discurso frente al Consejo de embajadores de la ODCE. La cobertura mediática de este logro económico, político y diplomático, instaló en las cabezas del chileno medio, del ciudadano de a pié, oficinistas, señoras Juanitas, Juanes Pérez, los clase media-media, media-baja, cé-dos y/o cé-tres-dé, los pymes, estudiantes, cesantes ilustrados y don nadies en metro, en micro, en bici, endeudados en general, esta imperiosa interrogante: ¿Qué mierda es la OCDE, ah? La respuesta, en Wikipedia, resumen: ODCE, 1960, organismo de cooperación internacional, 34 países, objetivo: coordinar políticas económicas y sociales, se reúnen para intercambiar información y armonizar políticas para maximizar crecimiento económico. Conocida como “El club de los países ricos”, la OCDE agrupa a países que proporcionan al mundo el 70% del mercado planetario y representan el 80% del Producto Nacional Bruto mundial. Okey, se entiende. Ahora somos un país OCDE, como Finlandia, Noruega y Dinamarca, como Estados Unidos y Canadá, como Suecia, Alemania, Japón, Suiza y Holanda, como Reino Unido, Italia, Australia y Corea del Sur, por ejemplo. Un sueño hecho realidad. ¿Acaso dudáis, hippie chaquetero antipatriota?

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II Desde ese hermoso día, el troll interior se despertó en algunos cuerpos y nos declaramos en estado de alerta con la estadística y atentos al error. Porque leemos, vemos, oímos y sentimos en Chile, es que dudamos de lo que encandila, aún cuando, en el fondo, comprendemos que el mundo, en estas ligas, funciona como un colegio particular privado en el que la red determina al contenido, y rápidamente, lo poco OCDE se armó como una carpeta de crecimiento infinito en nuestras mentes. Chile es campeón en desigualdad, pero somos un país OCDE. Acá el 1% de arriba, se queda con la mitad de todo. Siendo amables, el 80% de los chilenos gana menos de 600 lucas. Y es cierto, más allá de lo amargo, suena poco OCDE. Como Chile dando bote en los estudios de calidad de la educación internacional, por ejemplo. Pero somos OCDE, como pocos. ¿Qué gana Chile con ser parte de la OCDE?, se preguntaron muchos, y los expertos y asesores estratégicos respondieron al unísono, como un mantra: prestigio, estudios, intercambio de experiencias. Y de pronto, Chile comienza a ser examinado por la OCDE y leyendo el diario empezamos a comprender el lugar que ocupamos en esta celebrada membresía: “Chile se ubica entre los países con la educación superior más costosa de la OCDE”, “Chile es el país de la OCDE en el que más ha bajado el desempleo juvenil”, “Chile es el país de la OCDE con mayor desigualdad de ingresos”, “Chile es uno de los países OCDE que más ha reducido la brecha entre el 10% más rico y el 10% más pobre desde la crisis de 2007”, “Informe OCDE revela que Chile tiene la peor oferta de educación pública de la región”, “Chile uno de los países con mayor índice de obesidad de la OCDE”, y así. Es suficiente. III La autopista son los ojos y la herramienta, los pies: caminar, ver y anotar cada suceso, lugar, situación, escena, persona y personaje de la vida real que no calza en la vida de una nación miembro del club de los ricos, se transformó en un nuevo pasatiempo-obsesión favorita de muchos. Fallas en el metro: poco OCDE. Camillas de hospitales hechas con carretillas: poco OCDE. Carreteras mal diseñadas, puentes nuevos instalados al revés, estadios construidos en semanas en los que no se ve la cancha, casas atrapadas entre edificios monumentales, ciclovías con postes y paraderos en medio de su ruta, buses del Transantiago con hoyos en el piso, colegios con luz y agua cortadas, millonarios asaltos a camiones que transportan valores, universidades sin acreditación formando profesores, enfermos esperando en pasillos de hospitales, horas médicas para un año más: la vida está llena de momentos poco OCDE. Pero no son para todos.

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Son para casi todos. Meses atrás, en “Un País Generoso”, programa que conduzco junto a Iván Guerrero y Juan Carlos Fau en Radio Zero y que no ganará el Copihue de Oro, acuñamos el concepto “Momento poco OCDE” para referirnos a cada una de las razones para dudar de la verosimilitud de nuestra presencia en este club internacional. La gente, nuestra audiencia, comprendió la idea y comenzó a llenar nuestra cuenta de Twitter con ejemplos sacados de la prensa o reporteados por ellos. Así, el concepto derivó en una sección llamada “Momento poco OCDE”, favorita del público, y a poco andar, transformamos la sección en un concurso fotográfico en el que participaron más de 3.000 reporteros aficionados, enviando kilos de fotos con mendigos, perros, letreros mal escritos y situaciones poco OCDE cotidianas, como un grupo de guardias empujando un camión de Prosegur en plena Alameda, o un cartelito hecho de cartón sobre un escritorio de una Isapre que dice: “No hay sistema”. En fin, las 30 mejores, seleccionadas por nosotros y un par de premiados fotógrafos, formaron parte de la exposición menos OCDE del Centro Mori. Algo se abrió. Este chiste nos unió. Nos dimos cuenta que consumimos en muchas idioteces, manipulaciones e informaciones interesadas, pero ésta nos cuesta. Compartimos en Malamag algunas razones. Puedes ver otras con el hashtag #MomentoPocoOCDE en Twitter. IV Algo para pensar en el Audi camino al Golf: un reciente estudio de The Lab Young & Rubicam sobre marcas y motivaciones de consumo en Chile, entregó un dato histórico: por primera vez en 16 años, el segmento del chileno “simulador” (ex “aspiracional”), supera al chileno integrado, o el que trata de ahorrar, que come barato, que no enloquece por tener el auto del año, o la casa en La Dehesa, que viaja cuando puede, que intenta no endeudarse, que compra ropa estándar, que educa a sus hijos. Ellos solían ser la mayoría; hoy, son el 20%. Los primeros, con un 22%, son los que simulan su éxito, lo tengan o no, los que quieren reconocimiento rápido, los altamente sensibles a la opinión del otro, los materialistas, los chilenos cuya motivación fundamental en la vida es el estatus, los que ganan 1 y gastan 15 en el auto, los que ganan 2 y gastan 1 en arriendo, los que viajan a crédito un par de veces al año, los marqueros, los endeudados abeceuno. Los que no quieren quedarse fuera de la fiesta de un país en el umbral del desarrollo. Yo no sé si eso es muy OCDE o no.


A

DESIGUALDAD

La gran pantalla mexicana Christian Díaz Pardo

Entre las calles de Santiago un chico sueña con ser cineasta. No lo logra acá sino en México. Catorce años después regresa al país a mostrar su opera prima, “González”, la que suma varios triunfos en festivales del rubro. Por qué lo logró allá y no acá. De esa diferencia de recursos que el país del norte pone para incentivar a sus creadores es de lo que nos habla este director de cine. González es mi primera película. En ella se retrata la agobiada vida de un individuo gris, solitario y marginal que está desesperado por ser alguien en la vida. Las circunstancias lo van acorralando y poco a poco comienza a perder la cordura. González es uno más de aquella masa invisible, en la que el apellido común es sinónimo de anonimato. Desesperado y acorralado por las deudas, González se aferra a un trabajo en el call center de una iglesia algo peculiar, en donde la fe y el negocio son la misma cosa. Rechazado una y otra vez, se ve orillado a tomar una drástica decisión: traspasa el punto de no retorno, la única posibilidad de redención se encuentra en el rincón más oscuro de su espíritu, apaleado por la realidad de una sociedad cruel, mentirosa y discriminativa. Acosado por el discurso que vemos habitualmente en la televisión a toda hora, González va tomando conciencia de cómo funcionan realmente las cosas; podríamos pensar en él como un psicópata, pero la triste realidad es que la psicopatía se encuentra en nuestro sistema, en las instituciones que hemos creado y en las cuales muchas veces confiamos ciegamente, tal como la gente que entrega su fe a una iglesia de dudosa procedencia. Aunque menos dramática y exagerada, la vida de González se parece un poco a la mía, cuando hace catorce años, desesperado por convertirme en cineasta tomé la decisión de viajar a México en busca de la oportunidad de construir una carrera como director. Corrían los años noventa, el siglo se terminaba y el apoyo para el cine chileno era muy pequeño. Recuerdo los créditos CORFO del Estado para la producción cinematográfica, con suerte dos o tres películas nacionales lograban la exhibición comercial.

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En cuanto a las escuelas de cine, el panorama no era muy alentador. La Escuela de Cine de Chile era una institución privada, a la cual yo, como muchos otros, no podía acceder. Existían como alternativa algunos institutos profesionales que impartían la carrera de Comunicación Audiovisual, pero no eran realmente escuelas de cine, eran centros de formación técnica para laborar en la televisión. Los trabajos cinematográficos que vi de algunas de esas escuelas eran bastante decepcionantes, con un valor artístico muy bajo, generalmente enfocados en anécdotas adolescentes, técnicamente deficientes y muy influidos por la pantalla chica. Estudié primero fotografía profesional en el Instituto de Artes y Comunicaciones de Santiago (ARCOS). Al terminar, decidí viajar fuera de Chile en busca de una escuela de cine accesible y de mayor calidad. Mis opciones eran en ese momento Argentina, Brasil, Cuba y México. Estos países eran los que, según la información con la que contaba, tenían o una industria cinematográfica más desarrollada o una tradición histórica en cuanto a la enseñanza del quehacer cinematográfico. Me decidí por México. Cuando llegué a ese país lo primero que me impactó fue una infraestructura impresionante para la educación superior y las artes. Años y años de recursos provenientes del petróleo habían dejado como fruto universidades y escuelas de alto nivel y prácticamente gratuitas, algo que en Chile aún tratamos de conseguir. Escuelas especializadas en las artes, música, pintura y por supuesto también el cine, con presupuestos sólidos y generosos, hacían de estas instituciones lugares completamente equipados en cuanto a tecnología y con un despliegue de talento deslumbrante, tanto a nivel de profesores o maestros como de alumnos. Lamentablemente, la cantidad de estudiantes que cada año pueden entrar a estudiar cine es también limitada. La industria cinematográfica mexicana se debatía, cuando llegué, en una contradicción fundamental. Por un lado, las dos escuelas de cine más importantes, el CCC (Centro de Capacitación Cinematográfica) y el CUEC (Centro Universitario de Estudios Cinematográficos), estaban haciendo grandes películas, ficción y documental, trabajos sobresalientes. De éstas provienen directores y cinefotógrafos como Alfonso Cuarón, Emmanuel Lubezky, Rodrigo Prieto y Guillermo del Toro. Sin embargo, el gran problema era que los egresados intentaban sobrevivir en una industria cinematográfica Comercio de América del Norte. Mucha gente talentosa estaba tratando de hacer cosas interesantes en una industria totalmente entregada al monopolio hollywoodense.


Aun hoy esta lucha se mantiene, y muchas películas mexicanas batallan por conseguir un estreno comercial, mientras, en paralelo, las mismas recorren los festivales internacionales de cine cosechando premios y reconocimientos. El Instituto Mexicano de Cinematografía apoya la producción desde la escritura del argumento y guión y desarrollo del proyecto. Existe un fideicomiso para la filmación de películas autorales llamado Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine), por el cual concursamos en 2012. “González” fue seleccionada y pudimos filmar a finales de ese año. Decenas de proyectos son inscritos anualmente, pero sólo seis o siete resultan beneficiados, dependiendo de los presupuestos solicitados. Otro fondo es el Fidecine, aunque cuenta con una cantidad de recursos similar, la diferencia es que está destinado a películas más comerciales o dirigidas a un público masivo. En la práctica, muchos tratamos de conseguir presupuesto para filmar en una de estas instancias. También existe un estímulo fiscal a través del cual las empresas privadas pueden destinar dinero para la producción de una película en lugar de pagar directamente sus impuestos. Ello ha abierto un espacio para el financiamiento de algunas producciones, lo cual es positivo; pero, por otro lado, pone el control en manos del capital privado, que siempre busca un beneficio o alguna medida de control editorial o de contenido sobre la obra, como pedir que esta no contenga ningún tipo de transgresión social, moral o religiosa.

deudas, los bancos y la tele. Hoy, momento en que Chile atraviesa por un periodo de aparentes reformas educativas, sinceramente creo que el país necesita mejores escuelas en términos de accesibilidad y calidad para poder estudiar cine, para que cualquier niño o niña chileno pueda soñar con hacer películas, contar historias y que la gente tenga la posibilidad de reconocerse en ellas, para ser más sensibles a nuestros problemas y conscientes también de nuestras fortalezas como sociedad y como seres humanos. Ésa es la verdadera riqueza que debiéramos buscar, la riqueza de contar nuestras historias, la riqueza que el arte y la cultura pueden brindar a un pueblo.

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Supe a la distancia de las nuevas leyes, instituciones y escuelas que han dado al cine chileno un despegue impresionante durante la última década. El cine pasó de ser un acontecimiento fugaz en el año, a una industria que crece cada día, y que también batalla por ganar un espacio dentro de la acaparada cartelera nacional. Los festivales ayudan, aunque muchas veces también, son eventos que pasan casi desapercibidos por la mayoría de los potenciales espectadores. En octubre regresé a Chile después de catorce años. Me sentí tremendamente contento de poder mostrar aquí mi primera película. Sin embargo, siento esa pequeña dosis de culpa por lo que significa pertenecer a un pequeño grupo de personas, muy afortunadas, que podemos dedicarnos a una actividad a veces vista como glamorosa, exclusiva y elitista, ya sea en México o Chile. Viendo este Santiago lleno de farmacias y universidades o institutos privados pienso en González, el protagonista de mi película, obsesionado con la idea de riqueza, agobiado por las

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A

ABUNDANCIA

Contra la riqueza POR MARCELA FUENTEALBA

La extrema riqueza ha llevado a una hiperactividad odiosa que sanciona a quien descansa y enferma a la sociedad al punto de hundirla en la apatía. Acumular y dominar no fue siempre, ni en todos lados, el modelo a seguir. Hubo un tiempo que Sudamérica fue más feliz. Antes que indignación o resentimiento, la riqueza que campea hoy produce abismamiento. ¿Para qué ser rico, tan ricos como son los ricos (el 1% es dueño del 43% de los activos del mundo, el 10% tiene el 83% de todo, etc.)? La respuesta evidente es que el rico hace lo que quiere, cómodo y seguro, vive sin miedo, con cosas lindas y finas, puede gozar con todo y con todos. ¿Construir algo bueno para los demás, la familia, los amigos, los compañeros, los empleados? ¡Muy bien! Si esos son los objetivos, la riqueza en realidad no es garantía para cumplir ninguno; el de clase media, incluso el más pobre de los pobres, lo puede hacer, aunque tampoco sea fácil. Ser rico implica trabajar mucho. Probablemente se esté más cómodo arriba de un Audi, en gran casa al lado de grandes cerros y árboles (añosos), con estupenda farmacia y clínica, comercio desarrollado, etc, que en el Transantiago, en un departamento enano o una casucha, pasando frío y calor, con un farmacia dudosa y un hospital incierto, con tiendas mal surtidas. O quizá no. Tampoco queda muy claro quién está más seguro, si con reja electrificada o en pleno barrio flaite. Ni quién come mejor, o tiene las cosas mejores. Lo cierto es que el rico, aunque parezca lo contrario –porque tiene todas las facilidades–, no es más libre que el resto. Trabaja sin parar para mantener y aumentar su riqueza. La plata llama a la plata, todo el rato. Vivimos, como escribe el filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han, en la sociedad del rendimiento, del exceso de actividad, de demasiada positividad: en el mundo mezcladísimo, híbrido de hoy, ya no hay un enemigo sino puras obligaciones y necesidad de mostrarse. Hiperactividad mortal de la sociedad del cansancio. Ya lo dijo Nietzsche, recuerda Han: “Por falta de sosiego, nuestra civilización desemboca en una nueva barbarie. En ninguna época se han cotizado más los activos, es decir los desasosegados”. Y sigue la prescripción: “Cuéntase, por tanto,

1 - MICHAEL TAPP

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entre las correcciones necesarias de la humanidad el fortalecimiento del elemento contemplativo”. No extraña, entonces, que los que quieren salirse de la vorágine anden meditando, drogándose o tocando canciones.

El dictum de los ricos es feroz. Un ejemplo bastardo y corriente: en una de esas fotos de cadena que ponen en Facebook, –de las peores, las sabias; hay otras divertidas, como “Elige vivir chancho”–, dice: “Si no trabajas por tus sueños, alguien te contratará para que trabajes por los suyos”. De esta advertencia, que sería de Steve Jobs, se deduce que hay que estar en guardia, porque siempre se trabaja para alguien, y ese alguien te domina. Cumplir “los sueños” se impone como doble tarea. El hombre que nos dejó a todos pegados con teléfonos y tablets recomienda atinar. Hay que ser emprendedor, creativo, inventar, armar redes, porque si no te quedas de esclavo para uno que sí le achuntó. Además de creativos y emprendedores, hay que ser sano, no tomar, ni fumar, ni comer mucho. Tenemos que estar bien y funcionar en la gran trama productiva. Educados para cumplir con las líneas que hay, y abrir la propia para colaborar y participar. No sorprende que los jóvenes revolucionarios de hoy pidan educación de calidad, en vez de mandar todo al carajo y decir que no necesitan educación, como en los tiempos de Pink Floyd. Nadie estudia por ver qué pasa con su cabeza y el mundo, sino para encontrar lo suyo, su nicho, dicen. Hay muchas admoniciones, casi reglas, en estos tiempos hiperactivos e hiperneuróticos, como los llama Han. Si antes se luchaba inmunológicamente, por reacción, hoy la enfermedad es producida por la sobrecarga compulsiva, narcisista por supuesto, que produce los males mentales, la violencia neuronal de la depresión. Tanto se nos pide que quedamos pegados, abúlicos, agotados. A la histeria se opone el ensimismamiento, el desconcierto y la apatía. En Inglaterra hay estudios muy preocupados de la apatía y total distancia del resto por parte de los ricos. Dejan de ver y considerar a los demás. Como los lobos de Wall Street, que extasiados destruyen sus propias empresas para quedarse con todo, ganar de nuevo, sin que les importe la aniquilación. La economía, una pseudociencia, hace creer que sus supuestos son leyes. Al lado de ellos, los piratas y los ladrones de poca monta son mucho más emocionantes: son los forjadores de nuestros sueños y aventuras. Son héroes infantiles.

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¿Todo se trata de ser rico por el poder, para tener más que el otro, ganar? El viejo mito o maldición de la superioridad no se supera fácil. La palabra rico viene del gótico para poderoso desde el año mil. La vida activa, esplendorosa, identificada con la fuerza de la vida, hace rato es dominada por el nec-otium (la negación del ocio, los negocios) y la a-scholia (la falta de comentario y de análisis). No trabajar, no ganarse la plata, no viajar, no hacer nada, ser una plasta, es el peor pecado. La vida contemplativa, la no acción, es de imbéciles o inadaptados, que es como lo mismo (su triste remedo: el turismo). Esto no ha sido siempre así. El antropólogo Pierre Clastres probó genialmente, en sus investigaciones en Sudamérica, que las sociedades más antiguas no tuvieron jamás ni el urgimiento por trabajar, ni unos poderosos que dominaran. Los jefes, que servían más bien para la guerra ocasional, eran tipos designados que nadie se tomaba muy en serio. No había señores ni dueños. Si el poder, la riqueza, la protección, las armas, son de todos, la sociedad se organiza de otra manera. Los guaraníes, que fueron muchos, millones, vivían casi sin trabajar, o trabajaban algunos días al mes, en misión colectiva, rápidamente, en absoluta abundancia. Eso sí, la entrada en la vida social era con tortura ritual: a los jóvenes se les grababa en la piel “no eres mejor que los demás, no eres peor que los demás”. No existía el Estado, el dueño, el que dicta la ley, porque la ley era encarnada por todos, que compartían y separaban las costumbres, el trabajo, las historias, los cantos. En nombre de la riqueza eso siempre ha sido pobreza, y es completamente falso.


A

DIVERSIDAD

Conversaciones en el metro o un poco más POR NANCY CASTILLO ILUSTRACIÓN DE VICENTE REINAMONTES

En medio del chirrido de las ruedas y los rieles, los murmullos se transforman en conversaciones. Algunos hablan con el acompañante, otros con sus celulares. Qué preocupa a la gente, qué los divierte, provoca o adormece cuando viajan en el Metro. Fuimos pasajeros voyeristas varias veces en la Línea 1. Desde Los Dominicos a Neptuno y viceversa. Y el reporte de esa diversidad en los diálogos toma vida en la mano del ilustrador Vicente Reinamontes.

Próxima estación: Los Héroes Dos escolares adolescentes conversan una tarde de jueves. — Yo nunca lo voy a olvidar, que yo saltaba como loca. Todos bailaban y yo saltaba como saltai’ pa’… — ¡Me acuerdo que yo gritaba: I love you!!! — A veces cuando me da nostalgia del concierto, me pongo a ver videos en Youtube y me pongo la muñequera...Y veo las fotos. Es que la muñequera yo nunca me la pongo, sólo cuando me da la nostalgia…Y nosotros, sí, si después volvimos en la mañana, tomamos desayuno, rayamos. ¿Sabí? Yo me acuerdo de casi todas las cosas, pero no mucho de Key, Onew y Taemin. Me acuerdo súper pocas cosas…Me da rabia, porque ¡el mejor día de tu vida no se te puede olvidar! Y se te olvida. — Ahhhh.

Próxima estación: Universidad de Santiago Una madre con su hija de unos 9 años, y con evidente sobrepeso y vestida de uniforme, van sentadas una tarde de jueves. — Aaaa, es que me compré una bebía’. — ¿Y te gastaste la plata en eso? —le pregunta la madre con tono de resignación. — Es que no almorcé, porque había mala comida —se queja la niña. — ¿Qué lo que había? — Poroto. — ¡Riiiiiiicos los porotos!

Próxima estación: Universidad de Santiago Un hombre y una mujer sobre 40 años, suben conversando. Ella lleva el pelo largo, teñido castaño claro, con botas con taco alto y cartera con ribetes dorados. Mientras recorre su Smartphone con el dedo le habla al hombre vestido con chaqueta formal y que carga un maletín. Ambos parecen vendedores de seguros.

— ¡Pero lo hacen mal, mamá! — Vamos a ir a ver a Guzmán, tú estás dedicado a eso —le ordena ella. — Supongo que me pasará, la última vez que hablé con él me dijo que ‘sí po’ gueón’. — No puede decir que no, ¡que corte la hueá! — La otra vez fui a ver a un abogado que ganaba una caga’, un millón cuatro, un millón y medio. Cuando el Arriagada, que también es abogado, gana como cinco palos po’.

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Próxima estación: Manquehue

Próxima estación: Hernando de Magallanes

Dos mujeres, de poco más de 30 años, vestidas con uniforme de oficina. Van paradas junto a la puerta. Es un miércoles tipo 6 pm.

Dos mujeres, castañas naturales, pelo al hombro. Parecen académicas en una universidad particular.

— Antes, cuando viajábamos, cuando nos íbamos de viaje, me decía: ‘Acá están todas mis claves’ —le cuenta una a la otra.

— ¿El profesor por el que te reclamaron está metido en algún problema o en algo?

— Rodrigo me hizo eso la última vez. Me llamó y me dijo todo y me dio instrucciones de todo. Siempre hacía eso con mi papá y conmigo.

— No, es un profesor no más que pone a los alumnos en contra de los profesores. Teóricamente, él ve que hay alumnos que tienen capacidad, pero que nos les preparan, que los profesores no los apoyan. Y habla con los chicos y los pone en contra de los profesores por eso.

— Un día me llamó y me dijo: ‘Si me pasa algo, le dejé tirados cheques a mi hijo. Así es más fácil, en vez de que estén haciendo posesiones efectivas, sacar la plata, mejor les dejo un cheque firmado’. — Güena, güena.

— Hay una cosa que yo he observado: chicos que están ahí y los regularizan, pero resulta que después patinan como locos. Si haces una distinción entre los que rindieron para entrar a la universidad y a los que regularizaron, vas a ver que los que va bien son los que rindieron.

Próxima estación: Salvador Dos chicos de unos 20 años. Son estudiantes de un centro de formación técnica. Visten jeans, polera, zapatillas cargan mochilas de tela. Un jueves a las 13.00 hrs. — Anda pesá, anda penosa. —¿Y por qué? — Quizás se anda comiendo a alguien. — ¿Y a vo’ no te importa? — Naaaaaaa, me río no más.

Próxima estación: El Golf Dos hombres sobre los 45 años, visten jeans y camisa. Uno lleva una carpeta y el teléfono móvil colgado en un estuche al cinturón del pantalón. Parecen ser trabajadores independientes, tipo mueblista o carpintero. — Estoy con ene pega. Compa’re, to’os los días me acuesto a las 3, 4 , 5 ó 6 de la mañana. Pero a las seis y media me tomo un vaso de café, porque tengo que ir a dejar a mis cabro’ a la escuela. Da lo mismo hasta la hora que haya trabajado. — Mmm —dice el otro mientras asiente.

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aristocrash FOTOGRAFIA: ANTON BRIANSÓ ASISTENTES: J.ZAMORA R.OLIVARES A.CASTRO PRODUCCIÓN: ALEJANDRA RIVAS POSTPRODUCCIÓN: SAINT-JEAN DR AMBIENTACION: CLAUDIA GALLARDO VESTUARIO: PILAR CALDERÓN UTILERÍA: BARBARA JERALDO MAQUILLAJE: DANKA MARINKOVIC PERSONAJES; SONIA AGUILAR, GLADYS URIARTE, JULIO JUNG.

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realidad procesada El hombre y la tecnología son uno, los límites del tiempo-espacio han sido olvidados. La instantaneidad y el ahora se han transformado en cotidianidad. Una nueva generación que se desarrolla bajo conceptos visuales hiperrealistas y digitales, creando un “surrealismo moderno”. Un lenguaje activista inspirado por Kant, una perspectiva positiva sobre el futuro, el arte y el diseño. La nueva riqueza está en lo auténtico, en momentos únicos mundanos. Una estética activista que está basada en la calle y los uniformes, el vestuario es una forma de expresión. Telas deportivas se mezclan con vestuario formal para dar una mirada futurista del hombre.

FOTOGRAFÍA: CLAUDIO ROBLES EDITOR DE MODA: TOMÁS MEERSOHN ARTE: ONLYJOKE (CAMILO HUINCA) MAQUILLAJE: IVÁN BARRÍA MODELOS: TRINIDAD DE LA NOI, JUANI SILVA, LUCAS BALMACEDA, FERNANDO MONTT Y ANTONIA MONTEALEGRE

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Antonia usa camisa Adidas Originals, Juani usa vestido Lacoste, Trini usa camisa Adidas. 53


Antonia usa trench Burberry, Lucas usa sweater Topman.

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Juani usa peto Adidas, buzo y poler贸n Adidas Originals, ropa interior Calvin Klein, cartera Louis Vuitton.

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Antonia usa polera Adidas Originals, cartera Louis Vuittton, calcetines y plataformas Topshop, carcasa Iphone Marc by Marc Jacobs.

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Trini usa chaqueta Burberry

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Lucas usa camisa Topman Pรกgina anterior: Antonia usa cortaviento Lacoste Fernando usa bomber jacket Topman y lentes de sol Louis Vuitton, Lucas usa cortavientos Burberry, Trini usa camisa Lacoste, bomber jacket y pitillos Topshop

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Trini usa poler贸n Adidas Originals

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Fernando usa short Adidas Originals, ropa interior Calvin Klein, Jockey Lacoste.

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nice to meat you FOTOGRAFÍA Y DIRECCIÓN: GABRIEL SCHKOLNICK ASISTENTE DE FOTO: ROBERTO OLIVARES, ANDREA CASTRO DIRECCIÓN DE ARTE: IGNACIA PAREDES Y ALEJANDRA RIVAS ESCENOGRAFÍA Y AMBIENTACIÓN: EDGARDO DELGADILLO, ALEX TAPIA, CESAR TAMAYO COLLAGE: ELISA GRAND MAQUILLAJE: MARGARITA NILO, JAVIERA BULNES, DANIELA GIAQUINTA PRODUCCIÓN DE MODA: CLAUDIA ILLANES HUNEEUS MODELOS: JOSEFINA MONTANE, DARCO PERIC PRODUCCION: ALEJANDRA RIVAS POST PRODUCCIÓN: SAINT JEAN DR 62


Top Man Jack & Jones Adolfo Domínguez Topman OK style Juana Pérez

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Darko: Jack & Jones en OK style Juana Pérez Adolfo Domínguez Joyería fath Top Man Josefina: Macarena Rivera Me visto como Quiero Joyas Oliver weber Joyería Fath Juana Pérez Violeta Baeza

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Violeta Baeza Me visto como quiero Joyería fath Joyas Oliver weber Me visto como quiero Juana Pérez Violeta Baeza

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Top shop Joyas Oliver weber

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Topshop Woman Secret Juana PĂŠrez Me visto como quiero Joyas Oliver weber

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Josefina: Women Secret Me visto como quiero Violeta Baeza Joyería fath Violeta Baeza Darko: Top Man Jack & Jones Adolfo Domínguez Top Man OK style Juana Pérez

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Topshop Woman Secret Juana PĂŠrez Me visto como quiero Oliver Weber

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E POSESIÓN: ENTREVISTA A FERNANDO VILLEGAS, escritor

Entra la escasez y la abundancia POR NANCY CASTILLO

Es el rostro que más años lleva en Chilevisión, dos décadas y media; escribe columnas en prensa escrita hace más tiempo aún y publica libros casi de manera compulsiva; además, conduce programas radiales. Fernando Villegas tiene una faceta pública indiscutida: es un personaje provocador. Por sus comentarios mordaces, tiene seguidores que lo aprecian y respetan, y por los mismos, otros que lo desprecian, especialmente, en el mundo de los que se alimentan con las de redes sociales.

pensar que tengo niñas estudiando, que hay mucha gente que depende de mí. Por eso estoy siempre preocupado de buscar cosas y de puncetear por encontrar pegas, porque no puedo parar. El fantasma de la escasez, el fantasma de la precariedad está siempre presente. Si yo pierdo todas mis pegas, con los pocos ahorros que tengo quizás pueda sobrevivir un año y después tengo que salir a vender Súper 8. Y tengo 65 años. Mientras otros están pensando en la jubilación, yo tengo que estar pensando en seguir teniendo pega.

Pero, este hombre de 65 años tiene, como todo personaje público, una faceta privada que sólo sus amigos conocen. En ese espacio más íntimo, aceptó conversar de un temor que lo acompaña siempre. Este es el Fernando Villegas que creció en un departamento de clase media de un Chile pobre de los años 50 y 60, que escuchó de las deudas de su madre para mantenerlo a él y a su hermano y que vivió en carne propia la crisis a principios de los 80. Esos tiempos difíciles lo marcaron y por eso convive con el fantasma de que todo puede irse al carajo.

M: ¿Cómo fue tu infancia, en temas de escasez y abundancia? FV: Mi mamá era cajera del Banco del Estado. Mis padres se habían separado cuando yo era guagua. Mi papá solamente pagaba el colegio, mandaba todos los meses la misma carta con el cheque. Mi mamá vivía con problemas económicos y yo me enteraba de todo. No tuve una infancia inocente en el sentido de no saber nada, y (creer que) las cosas aparecen mágicamente. Tenía claro dónde iba mi mamá a comprar ropa y cómo se endeudaba con el dueño de la tienda. Yo me daba cuenta que estaba endeudada hasta el yaco y me angustiaba con esas cuestiones. Me acuerdo que para mis cumpleaños le decía: Mamá no me regale tantas cosas. Mi infancia la recuerdo como abrumado, con la sensación de que mi mamá se estaba endeudando para mantenernos bien.

MALAMAG: ¿Cuál es la diferencia entre los tiempos de escasez y los tiempos de abundancia? Fernando Villegas: Está implícito en la pregunta. M: No, pero para tí en lo personal. ¿Te logras relajar en la abundancia, ahora? FV: ¿Tú crees que yo vivo en la abundancia ahora? M: Miro alrededor y no veo escasez. FV: No hay escasez. Pero esta es una abundancia que tengo que pararla todos los meses, no es una abundancia de la cual yo rente. No puedo dejar de trabajar para mantener esto que tú llamas abundancia. Hay una diferencia enorme, por supuesto, gigantesca. Tengo cosas que antes no tenía, dispongo de libros que antes no podía comprar, incluso en algunas cosas hay una sobreabundancia, me siento a veces abrumado por la cantidad de libros que quiero leer y que sé que no voy a alcanzar porque voy a haberme muerto antes o voy a quedar idiota. M: ¿Convives con el fantasma de que puede volver la escasez? FV: El fantasma existe. Como buen hijo de la clase media que nunca fue rico, vives pensando que puedes caer en el abismo. Tengo que

M: ¿Y era un Chile que vivía de manera precaria? FV: Era un Chile pobre, donde mucha gente incluso en la clase media tenía en el baño papeles de diario cortados en cuadraditos, en vez de papel confort, en un clavo. Un Chile donde la gente se bañaba una vez a la semana, era un Chile bien cochino. Prácticamente no había autos, los ricos no más tenían. Uno no tenía bicicletas. Los cabros teníamos la pelota de trapo o la de fútbol de plástico. Todo era muy espartano. Todo living de clase media eran dos sillones, un sofá y una mesa de centro con un pañito al medio, y las radios que demoraban una hora en prenderse. No había refrigerador, cuando llegó uno a mi casa era tan novedad que estaba en el living, como quien pone ahora un plasma. Se lavaba a mano y la ropa quedaba flotando por dos días en la tina de baño. Todo húmedo. Todo muy pobre. En el colegio había una marca de cuadernos, una marca de lápices y los wáteres estaban tapados.

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M: ¿Tu familia era de esas donde no alcanzaba el sueldo para llegar a fin de mes? FV: No sé tanto detalle, pero de repente veía a mi mamá angustiada, llorando, era una cosa que me apretaba el corazón. Era demasiado consciente de todo lo que pasaba. Y hasta el día de hoy soy aprensivo por eso. Vivo viendo las amenazas que hay en potencia por todos lados y las trato de cubrir con las manos y a veces no hay ninguna amenaza. Ya es una sicosis mía y viene de eso de la infancia, de la sensación de que todo en la vida es muy precario, muy frágil y que todo se puede ir a la cresta de un paraguazo. Es cansador. M: Hubo un momento en tu vida en que la amenaza fue real ¿qué te pasó para la crisis del 80? FV: Era colaborador en Las Ultimas Noticias. No tenía un contrato, sino que te pagaban con una boleta y estabas ahí para el barrido y el fregado. Partí como fotógrafo. Después me llevaron a trabajar en un suplemento y hacía foto y texto de Fernando Villegas. Después colaboré en un suplemento que sacaban para el Festival de Viña. Hice policía, economía, más adelante política. Y eran tiempos difíciles, porque era harto trabajo y poca plata. Terminé siendo echado del diario junto a Pancho Herrero, porque el gobierno militar obligó al director a que nos echara. M: ¿Por qué? FV: En el caso mío, aunque yo no sacaba banderas, me debo haber reído varias veces de alguien y me sacaron a patadas de LUN. Y ahí estuve cesante, fui a dar a otras cosas menores que ni me acuerdo. M: ¿A qué tipo de trabajos? FV: Primero fui colocador de las tarjetas Visa cuando entraron a Chile. Y en eso me fue bien, porque los negocios estaban interesados en entrar al sistema. Uno iba y les decía mira este es el asunto, ¿lo inscribimos? Sí, claro. M: ¿En negocios de qué tipo? FV: Negocios chicos, yo no iba a la General Motors, iba a la panadería de la esquina y en barrios rascas. Pero me daba lo mismo, yo estaba interesado en mi comisión y en ganar la plata para mantener a mi familia. Después fui vendedor de autos. Y no vendí ninguno. Como nunca me han interesado los autos, tampoco le ponía mucho color. “¿Querí un auto, o no? Si no, chao”. Me pagaron el primer mes, el entrenamiento, pagado y con almuerzo en el casino y el segundo mes cuando salí a trabajar no vendí ni uno. El tercer mes me dijeron: Váyase para la casa.

cabeza; sin embargo, me veo con una corbata y con un maletín de cuero café, pero debe haber sido pegamoide no más y una calculadora rasca recorriendo pasillos, oficinas para vender una máquina de escribir. Pero a mí no me importaba. La cuestión era que uno es padre, dueño de casa y tiene que parar la olla. Antes de estar casado, tenía a mi madre, a mi abuela y quería ayudarlas. Después estaba casado. Hay que adaptarse no más mierda, y vamos vendiendo máquinas de escribir, calculadoras. M: ¿Te tuviste que endeudar? FV: No, nunca me he endeudado. La única deuda que tengo es esta casa, que pago un dividendo. Creo que quedé traumado con la situación de mi madre. ¡Le tengo horror a las deudas! Es un peso que tienes que arrastrar. Yo, por ejemplo, todos los meses calculo hasta cuándo voy a tener que pagar esta casa. Y calculo que voy a tener 70 años, ya voy a ser un viejo de mierda y voy a estar pagando los últimos dividendos y no sé si voy a tener plata en ese momento para pagarlos. Es un peso que tengo. M: Volviendo a los 80, ¿cuándo terminaron esos tiempos difíciles en que pasabas de un pituto a otro? FV: Me contrataron en McCann Erickson y ahí estuve tres años. Fue el único período en mi vida en que he cotizado en una AFP. Era redactor creativo, el que inventa huevas para vender cosas. Cuando salí de eso fui a dar al Diario Financiero. Ahí empecé a escribir una entrevista que era una impostura, porque el entrevistado hablaba dos líneas y yo me mamaba todo el resto y escribía lo que se me daba la gana. Como lo hacía bien y me salía divertido, gracioso, inteligente y todo lo demás, esa página tuvo mucho éxito. Y fue por eso que llegué a la tele y llegué al Qué Pasa, todo por esa página. Lo que demuestra que en toda persona hay una coyuntura que hace la diferencia y si la sabes aprovechar te va bien y si no la sabes aprovechar, no. M: Es curioso, vives con el temor a perder todo y nunca has buscado la estabilidad de un empleo con contrato. ¿Por qué? FV: Es que eso es un espejismo. Al final la estabilidad deriva de que hagas bien la pega no más, y cueva. Yo he tenido cueva hasta cierto punto. Y he entregado la mercancía. Esa es la estabilidad mía, no hay otra cosa. El día que no pueda hacer lo que hago ahora, me van a echar aunque tuviera firmado todos los contratos del mundo. En el fondo, siempre he sido un vagabundo con cueva.

¿En qué otra cosa estuve? Ah, en Olivetti. Algo debo haber vendido, pero, tengo una imagen de mí ya mayor, un hombre de treinta y tantos años, supuestamente con muchas cosas en la

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DIVERSIDAD

Un nuevo amigo POR IVÁN MELNICK

En una librería de Berlín, Melnick se encontró la historia de Mark Oliver Everett, un músico que comenzó componiendo en sótanos infestados de ratas, que mientras triunfó en Los Angeles sufrió la muerte repentina de familiares muy cercanos. ¿Qué hacer con toda la fama en medio de una crisis personal? Aquí lo cuenta. El otoño comienza de golpe en Berlín, cae como una piedra desde un décimo piso, rotundo y certero. La temperatura baja considerablemente y me encuentro solo y sin dinero. Mi único refugio es la librería Bartleby y Compañía, pequeña y subterránea me acoge y abriga. Tiene un catálogo exquisito, ahí están los pesos pesados Foster Wallace, William T. Vollman, Mark Danielewski, Breece d´j Pancake. Me siento en casa. Después de dar vueltas de un lado para otro buscando algún libro esperanzador que me saque de mi ensimismamiento veo un título que me hipnotiza “Cosas que los nietos deberían saber” de Mark Oliver Everett. La autobiografía de Everett, un libro que se lee como un manual de supervivencia, al mismo tiempo tristísimo y esperanzador. Y es que la vida de Everett, músico indie que a costa de golpes, dolores y tragedias logra sacar una carrera adelante y volverse un músico indispensable de los noventa, es una seguidilla de dramas. La muerte temprana de su padre, el suicidio de su hermana, el tumor que terminó con la vida de su madre, la sobredosis de su mejor amigo, la muerte de su prima en el atentado del 11S. La historia es la siguiente. Chico maldito coge el virus de la música, se muda a Los Angeles y, a fuerza de tenacidad y fortuna, se convierte en una estrella del indie. Pero como en esos cuentos no falta en este libro el horror. Toda la vida de Everett está plagada de muertes y desgracias. Pido un café con los últimos dos euros que me quedan en el bolsillo y empiezo el libro. Es tan jodidamente divertido y triste a la vez, que la dueña de la librería me mira de reojo cada vez que suelto una carcajada o una lágrima. Este tipo de Mark Everett me ha calado hondo. Cuando a los 20 años Everett decide marcharse de su pueblo natal para comenzar 1 - margot gabel

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su aventura musical, duerme en sótanos infestados de ratas en Los Angeles mientras compone en solitario sus canciones. Realiza los más diversos trabajos y es despachado varias veces por novias que no lo comprenden. El siente que tiene un magnetismo para la locura y la tragedia. Durante los primeros años en L.A. sufre rechazos por parte de las disqueras que no logran comprender su música hasta que finalmente un día milagroso un pez gordo de la industria musical escucha su cinta. Le gusta y le ofrece un contrato por dos discos. La cosa empieza a ir bien. La fama y el dinero son la consecuencia. Conoce a sus ídolos Neil Young y Tom Waits. Su disco Beautiful Freak alcanza el número uno en las listas indies. Realiza una gira por todo el mundo. Está feliz. Aparece la tragedia. Mientras su video circula en MTV, su madre le telefonea diciendo que su hermana se acaba de suicidar. “Había llegado el momento más inesperado y emocionante de mi vida y en lo único que podía pensar era en Liz”, dice Everett al final del libro hablando de su hermana muerta. “Otra cosa que había conseguido la muerte era darme nuevos impulsos. Ahora era muy consciente del poco tiempo que dispone una persona sobre la faz de la tierra y por eso me sentía empujado a hacerlo todo tan bien y tan pronto”, dice. Al final del libro, uno entiende que la riqueza y la fama alcanzadas por Everett no le significan nada. La industria de la música quiso cambiarlo y comprarlo. “Ya no me importaba una mierda el mundo de la MTV del que había entrado a formar parte. Pensaba que molaría, pero en cuanto ves cómo funciona te dan arcadas”, escribe. Toda buena noticia en la carrera de Everett vino acompañada de un golpe. Pero todas esas tragedias y el dolor que conllevan marcaron su música. Para Everett lo único importante fue no corromperse, la integridad artística y los seres queridos. “¿De qué sirve todo ese dinero y fama si no tienes a quien telefonear para contarle?”, se pregunta. La familia en la que se crió desapareció demasiado pronto y pasó demasiados años como un lobo solitario. La riqueza y la fama fueron consecuencias de un esfuerzo, pero no el premio. Me termino el libro en un par de horas sintiéndome mucho mejor que cuando entré a la librería. Subo las escaleras y el aire frío y limpio me golpea la cara. No tengo riqueza ni fama ni nada, pero acabo de encontrar un nuevo amigo.


A

LUJO

Tuercas de lujo POR RENÉ PAZ

Barro, potreros y poco pavimento a pocas cuadras de Vespucio Norte. Ahí, bajo un techo de fonola, estaba el taller de don Luis Argomedo que arreglaba autos a clientes que llegaban dateados por algún otro. Partió arreglando cacharros en los 70 y a medida que Chile se convirtió en un mercado para los autos de lujo, don Luis se especializó hasta convertirse en Argomedo Performance, el principal taller de autos de lujo de Chile. Todo partió cuando Luis Argomedo y su esposa se radicaron en Santiago. Era 1956 y trabajaba como taxista hasta que un par de años después tuvo un accidente automovilístico. Ahí su esposa le pidió que iniciara un taller de autos. Algo más tranquilo. En el 75 compró en la comuna de Recoleta, por ahí por Vespucio Norte, la casa de enfrente a la suya para atender en el patio, junto a sus hijos. Con el tiempo compraron las casas de alrededor hasta armar el taller. La casa familiar, de 200 metros cuadrados, es donde está hoy la oficina. “Partimos de cero, con grandes sacrificios”, recuerda Carlos Argomedo, el hijo mayor y hoy uno de los dueños del taller, que aprendió mecánica viendo el trabajo de su padre desde que tenía 14 años. Hoy Argomedo Performance es el mayor taller mecánico de autos de lujo en Chile y uno de los principales de Latinoamérica. Le prestan servicio a Perú, Argentina, Brasil y Panamá. Además de ser el servicio oficial de McLaren, Lotus y Aston Martin en Chile, arreglan Rolls-Royce, Ferrari, Lamborghini, entre otros. No siempre fueron de lujo. Cuando comenzó, la gran mayoría de los autos eran cacharros y el mercado de los autos especiales casi no existía. “El Fiat 125 o el Ford Falcon, eran los autos de lujo de esos años, quizás la gente común y corriente ni sabía que existían”, recuerda Carlos. Los autos de aquel entonces tenían la palanca de cambios en el volante, la que fallaba y se trababa, y los repuestos eran muy pocos. Ahí fue cuando la ampolleta se iluminó. “Mi papá comenzó a fabricar un selector y le poníamos la palanca de cambios en el piso. Lo hacíamos artesanalmente, algunas piezas las mandábamos a un tornero y lo demás lo hacíamos a mano con sierra y lima”. 1, 2 y 3 Anton BRiansó

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Su padre se dedicó a las palancas de cambio y Carlos a la mecánica. Algunos llevaban los autos por el error de la palanca; otros, porque hacía ver al vehículo más deportivo. “Y ahí conocimos gente que nos recomendó. Pero nunca nos imaginamos que íbamos a atender este tipo de autos”, cuenta hoy Carlos, sentado en el showroom que tienen frente al taller donde, entre los autos que se exhiben, hay un Lamborghini, un Ferrari del año, tres Alfa Romeo, entre ellos el modelo 155, el mismo que fue campeón de DTM en Europa en 1993. Nunca estudiaron mecánica. Incluso Luis, el primer eslabón de la dinastía Argomedo, cursó hasta cuarto básico. El negocio prosperó por el buen servicio. Así lo explica Carlos: “Acá tratamos los autos como si fueran el hijo regalón”. El lugar sigue funcionando como a la antigua: por el boca a boca. Son los mismos clientes los que corren la voz. Nunca han puesto publicidad, ni siquiera exhibe los escudos de las marcas que repara fuera del taller como lo hacen otros talleres. A principio de los noventa, un cliente, un publicista alemán, pensó en ayudarlo y le dijo que estudiaría cómo hacerle publicidad. -Mira Carlos, yo feliz te vendería, pero no lo necesitas -le dijo el alemán después de estudiar el negocio-. Tu taller es de picá, que cuesta llegar, que funciona con el boca a boca y parece mito, te sugiero que lo mantengas así. Hace poco pasó lo mismo. Una sobrina que estudió publicidad le recomendó que diseñara una página web. Un compañero de ella la haría y lo entrevistó por dos horas sobre el negocio. “¿Sabe señor Argomedo? -le dijo a Carlos- no necesita nada, porque si hago una página, se llenará de correos y preguntas sobre cuánto cuesta enchular este auto, ponerle turbo o un alerón y usted no atiende a esos clientes. Lo voy a meter en un problema, ¿por qué no sigue tal como está?”. Y les hizo caso. Desde que comenzó el mercado ha cambiado. Lo más exclusivo en la década del 70 podría ser un Chevy Nova o un Ford Falcon. En los 80, extranjeros se llevaron como cacharra todos los autos de lujo para arreglarlos. En los 90, con suerte se veían 10 unidades de Porsche. En cambio, hoy, tanto Porsche, Ferrari y Aston Martin pasaron de las 100 unidades. Esto se vio favorecido porque en el 2003 se eliminó un impuesto al lujo, lo que hacía casi prohibitivo traer estos autos y porque en el 2010 llegó a Chile el distribuidor oficial de McLaren, Lotus y Aston Martin, algo inaudito en Chile.


Hay una vara alta para llegar al precio mínimo de uno de estos autos. Por ejemplo, un Porsche Boxster puede costar $14 millones, o un Aston Martin puede variar entre US$ 250 mil, el más barato, y más de U$2 millones que cuesta el One 77. En promedio, Argomedo Performance atiende 80 autos al mes y tiene solo una regla: no se hacen presupuestos. Si algún arreglo es muy costoso, se le aconseja al cliente vender el auto o desarmarlo. Como los vehículos de lujo que llegan están casi nuevos, el costo de mantención por kilometraje ronda los $800.000. Pero, puede que el cambio de algún repuesto específico sea bastante más caro, como los frenos de disco de carbón cerámico, que pueden costar $15 millones o si falla una transmisión automática, $8 millones. La gran mayoría de los clientes son empresarios que no escatiman en gastos. Algunos los tiene de muchos años, tanto que los atendía don Luis. “Hay clientes de mi papá que en su momento fueron buenos, pero, como hoy no les va bien, les hacemos una atención o no les cobramos por respeto a mi papá”, comenta Carlos. Y los hay de todo tipo: gente que no tiene más que aspiraciones y busca “tirar pinta” con el auto, millonarios que quieren autos exclusivos, y coleccionistas a los que realmente les gustan los autos. Siempre son hombres, nunca les ha llegado una mujer fanática de las tuercas. Para Carlos, existe una diferencia entre los dueños. “Económicamente, los fans de Alfa Romeo no tienen el nivel de los dueños de un Ferrari o de un Lamborghini. No se topan, es como una escalera”. Sin importar la motivación, hay algo que une a los fanáticos de estos vehículos, según Carlos: “Te sientes un superstar cuando andas en estos autos. Cuando vas a echar bencina se llena de gente, a mí me ha pasado muchas veces, es un espectáculo. Igual molesta un poco esa cuestión, porque es incómodo”. Parte del gusto por estos carros se explica también en la sensación que provoca el manejarlos. La potencia es lo que llama la atención. Tal es la aceleración que pueden alcanzar los 100 km/h en 3.7 segundos, además podrían alcanzar una velocidad máxima de 330 km/h. De todas las marcas que han pasado por su taller, hay una que le quita el aliento: los Lamborghini. “Siempre les digo a mis amigos de Ferrari que me quedo con lo que dijo Frank Sinatra: ‘El que quiere ser alguien en la vida tiene que comprarse un Ferrari, pero el que ya lo es, tiene un Lamborghini’.

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DESIGUALDAD

Antítesis Fotografía de fernando rodríguez

De India o de Río de Janeiro suelen llegar imágenes en las que precarias casas se emplazan junto a hoteles cinco estrellas. Golpea ese contraste. Cómo algunos pueden tener tan poco y otros tanto. En Santiago de Chile hubo una zona donde el contraste era similar, pero su origen y razón de ser no era el mismo que el de los slums o las favelas. Se trata del Barrio Nueva Las Condes, donde los edificios corporativos hallaron un lugar para crecer y en la medida que botaban los edificios habitacionales de la zona para levantar las torres de espejos, un grupo de vecinos se resistió a dejar sus viviendas de 40 años. La Villa San Luis fue un conjunto de 1.048 departamentos sociales que el gobierno de Salvador Allende entregó a pobladores a inicios de los 70. Hace casi dos años, Fernando Rodríguez documentó ese grupo de resistencia, las nueve familias que se resistían a aceptar el precio que les ofrecían. No era poco dinero: a los primeros que vendieron, les pagaron unos $80 millones; un segundo grupo se opuso por más tiempo y recibió cerca de $120 millones; y el tercero, compuesto por unas siete familias, lograron más de $250 millones. Estas nueve familias que conoció, tenían pretensiones aún más altas. Pero la inmobiliaria no quería continuar con la puja. Don Carlos, la Señora Ana y David Sierra, decían que no era sólo un tema de plata, sino de arraigo, de pertenencia, de recibir lo que ellos consideraban una compensación justa. Con la ausencia de moradores, el edificio parecía un fantasma difícil de habitar. Pocas luces por la noche, turnos de vigilancia entre ellos para que no les robaran cañerías ni fueran invadidos por indigentes, plagas de roedores, etc. Pero ahí seguían, mirando desde una auto asumida condición de supervivientes a los de terno y corbata, tacones altos y carteras de marca caminar frente a ellos con indiferencia hacia sus oficinas en pisos altos desde donde dominan la ciudad a través de sus ventanales. Desde esos pisos, eso sí, no podían evadir este lunar arquitectónico que es la Villa San Luis. La resistencia terminó hace unos meses. El equilibrio entre demanda y oferta o, más específico, entre lo que la inmobiliaria proyecta sus ganancias y entre lo que estas familias valorizaban sus recuerdos se fundió en otra cifra estratosférica. Final: Todos tenemos un precio.

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GASTRONOMÍA

Hágalo usted mismo POR RENÉ PAZ

El gusto de un par de amigos por reunirse a comer en casa y cocinar platos, por sobre todo, sabrosos; así como su interés por bucear ingredientes de calidad, les llevó a unirse a una chef y armar Fuud. Se trata de una empresa que responde al gusto de los foodies, pues les envían en una caja los ingredientes y la receta para que cualquier novato sepa qué se hace con un chutney de mango y ajo. La riqueza de los sabores a la casa. Corta un limón a la mitad y le saca las pepas. Lo exprime sobre los porotos que están en una licuadora y luego tira la mitad de un diente de ajo que acaba de pelar. Mientras se muelen, corta una cebolla morada en cubitos, pica un poco de cilantro, desmenuza charqui de wagyú con los dedos y los mezcla en un bowl. Saca unas galletas, les pone el puré y el pebre. Los montaditos ya están listos. Quince minutos. No bastó más para que Camila cocinara la nueva receta que viene en Fuud, un emprendimiento gourmet que lleva lo básico para preparar platos. Solo basta con suscribirse y mensualmente llega a tu casa una caja -o dos según la cantidad que quieras- con ingredientes y una receta con la idea de llevar la experiencia de cocinar sofisticadas recetas de manera sencilla. Todo partió con los gourmetazos. Luis Rojas y Rodrigo Valenzuela, se juntaban a cocinar con amigos. Uno preparaba la entrada; otro, el fondo; y otro, el postre. Así fueron salteando la idea hasta que quedó al dente: invitar a que la gente tenga sus propios gourmetazos de manera rápida y simple. En palabras de Camila Moreno, la chef de Fuud, las recetas son “a prueba de todos”. La idea se concretó cuando Rojas y Valenzuela conocieron a Camila en New York. Luis trabaja para Puro Chile, un espacio que sirve de muestra de vinos chilenos en la Gran Manzana, y contrató a Camila para que preparara degustaciones, atendiera la gente o escogiera lugares. Luego, cuando volvieron a Santiago, comenzaron a trabajar juntos. Entre los tres, Luis, Rodrigo y Camila, dieron vida a este servicio para foodies: gente 1 - 5 Fuud

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novicia amante de la cocina, que comparte en las redes sociales y es consumidora de datos de nuevos restaurantes o emporios. “Nos damos cuenta de su gusto por la buena comida por lo que nos retuitean o porque nos postean fotos de ellos cocinando los platos”. Foodie no es lo mismo que gourmet, quien se caracteriza por ser un amante de la alta gastronomía. El foodie es más bien un “busquilla” del buen dato. El proyecto Fuud comenzó el año pasado, tras ganar un fondo de $60 millones del Capital Semilla. El servicio es el siguiente: por una suscripción de $ 12.990 mensuales envían una caja con una sola receta e ingredientes para dos personas. Por $ 18.990, envían dos recetas al mes y cada una para cuatro comensales. A esta última se le agregan recetas de piqueos o postres. La receta de la última caja enviada, por ejemplo, era un queque de mandarina para celíacos. Las recetas se explican de manera simple y clara. “Ni Rodrigo ni yo somos chefs, solo aficionados a la cocina, por eso todas las recetas pasan por nuestro filtro, no solo para saber si es rico, sino también que sea sencillo de hacer”. Cuenta Luis que antes de lanzar la receta, él y Rodrigo se juntan en su casa a prepararla. La caja Fuud trae los ingredientes básicos para hacer el plato. Todos los no perecibles, como conservas, especias y fiambres al vacío, ya que, como no cuentan con una cadena de frío, no pueden vender carne o frutas dentro. Los ingredientes restantes se pueden conseguir en cualquier lugar, como la carne o las verduras. “Las recetas son el hilo conductor de la caja”, en el sentido de que con esta los ingredientes pueden ser utilizados de manera correcta. “Mis amigos saben que me gusta cocinar y para mi cumpleaños me regalaron un chutney de berenjenas con higos. Si no sabes con qué cocinarlo, no se te ocurre cómo usar el famoso regalo”, cuenta Luis, así que para que no sucediera eso con la caja, unieron la idea del emporio con las instrucciones. Como si fuera un juguete para armar: “Ir a la cocina, jugar, tocar, oler y probar los ingredientes”. Por lo general, uno tarda media hora más o menos en preparar las recetas. Dentro de la receta, viene también la cantidad de personas a las que está destinada, el maridaje del plato y el tiempo de preparación. Hay todo tipo de platos: pad thai, risotto de mote con alcachofas, carpaccio de jamón de cordero o una sopa miso. Uno de los últimos fue una hamburguesa vegeta-


riana de porotos acompañada de chancho en piedra. Al interior iban los porotos cocidos, los que se machacaban, se mezclaban con burgol, cilantro seco y algunas especias para adobarla -todos los ingredientes venían en la caja-. La caja incluía el pocillo y cuchara de greda para montar el chancho en piedra y una receta de pan amasado que se hacía en 10 minutos. La búsqueda de los ingredientes es otro tema, pues los socios fomentan la riqueza y la diversidad de sabores locales. Eso es lo que encuentran en productores artesanales chilenos. Como los tomates y pimientos deshidratados que ‘el Toty’ corta y seca al sol en Pichilemu. En el mismo pueblo también compran quínoa y sal de cáhuil a otra señora. A La Malia le compran berenjenas al ajo o en chutney y tacos de prosciutto. El jamón proviene de Capitán Pastene. No lo hacen sólo por el sabor, dicen, sino también porque “fomentas el comercio local y ayudas a que el comercio sea justo al no tener intermediarios”, cuenta Camila. Lo artesanal le da un sabor de frescura al plato. Por ejemplo, en la receta de montaditos van porotos pallares comprados en una tostaduría pequeña. “Independiente que puedas encontrar pallares en un supermercado, no es de la calidad de los de nosotros. Los que encuentras ahí son de una cosecha de un año atrás, son porotos secos. Acá la cosecha es del año, lo que le da más frescura”, cuenta la cocinera de Fuud. Además de la receta, realizan un video que exhiben por su canal de Youtube, para que los comensales tengan una vista rápida de qué hacer. Y dos veces al mes, envían tips sobre qué hacer con los ingredientes que les sobran. Para este verano quieren ir por más: desde dictar talleres hasta montar restaurantes Pop-ups: lugares que duran dos o tres días, donde venderán sus cajas y otros productos -como delantales, risottos deshidratados o tablas para cortar-, y luego se van a otro lado y así sucesivamente. Pero siempre bajo la misma modalidad: que los comensales vivan la experiencia de cocinar los sabores que Fuud selecciona y envía.

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TENDENCIAS

El valor de las vidas previas Objetos hechos de lava del monte Etna en Sicilia, cerámica terminada con la goma de árboles de México, reciclaje de textiles para crear sillas, reutilización del material de la vela náutica, cáscara de huevo de codorniz, proyectiles de artillería reutilizados recuperados en Camboya, y otros procesos más son parte de colecciones no seriadas y fundamentadas en el hacer. Con un relato de fondo donde prima la ayuda colaborativa, el reciclaje y el discurso honesto, estos objetos dan la vuelta al mundo y combaten las copias y la producción masiva, pues su material es único. El sofá de Tejo Remy está realizado con 15 bolsas de ropa usada, lo que hace que cada uno tenga distintos colores e historias, pues el vestuario carga con sus vidas anteriores. La lámpara de Pepe Heykoop, proyecto que está inspirado en las lámparas industriales, se realizó en conjunto con una fundación de la India, practicando un comercio justo con las realizadoras de este proyecto. Y, por último, destacar la creatividad de Bernardita Marambio: una silla realizada con residuos textiles rescatados en los vertederos de Recoleta, uniendo el material con adhesivo biodegradable a base de almidón, creando así un producto único en su discurso. Cada historia es distinta, lo que hace que sea un producto valorable y consciente. 1. Tejo Remy – Rag Chair - remyveenhuizen.nl 2. Pepe Heykoop - Leather Lampshades - pepeheykoop.nl 3. Bernardita Marambio – Demodé - bernarditamarambio.cl 4. Hella Jongerus – Chicle Project - jongeriuslab.com 5. Formafantasma – De natura fossilium - formafantasma.com 6. Rachel Boxnhoim - Alice - rachelboxnhoim.com 7. Saught – Ring - saught.com.sg 8. Normann Copenhagen - Stone - normann-copenhagen.com 9. Remind - Mochila Proa - remind.cl

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lujo

La experiencia del lujo POR claudia cordano

Entre los Emiratos Arabes uno tuvo el sueño de convertirse en el epicentro de los negocios de primer nivel y de atraer a turistas de lujo. Así, en medio de las arenas del desierto se creó una identidad en base a lo más alto, lo más caro, lo más dorado, lo más exclusivo. Como Las Vegas, que logró inventarse como la meca del juego, Dubai lo es del gasto.

Hay lugares que ofrecen historia, otros sensaciones, otros aventura. Aquí en medio de las arenosas tierras de los Emiratos Arabes, le llaman la Experiencia Dubai. Y ésa está definida por el lujo –o luxury como dice en todo cartel de venta-, y lo majestuoso. La experiencia comienza a vivirse desde el mismo avión si se vuela en la aerolínea local: Emirates. Aunque sea en clase turista el servicio es cómodo y cuenta con un sistema de entretenimiento a bordo con hasta 1500 canales y otras cortesías que hacen que el vuelo de 13 horas desde Sao Paulo o Argentina, si se viene de América del Sur, no sea una tortura. Además, aterriza en el Terminal 3 del Aeropuerto Internacional de Dubai. La primera vez que llegué allí, el año 2009, quedé impresionada con sus estructuras en forma de paneles y las palmeras interiores. Pensé que con los años y los continuos viajes entre Dubai y Santiago de Chile, perdería esa sensación de asombro cada vez que aterrizara. Pero no. Además que todo el tiempo está en renovación. La megalomanía expresada en sus edificios futuristas, gigantescos y fantasiosos no puede ser mirada con indiferencia.

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1 STAMEN DESIGN 2 adnan ghosheh 3 tue s. dissing 4 FABIO CAMPO 5 ELISA SOPHIA

Al salir del aeropuerto las limusinas esperan a los pasajeros que pagaron los casi US$ 9.000 por viajar en Primera Clase. Ahí donde se viaja en suite privada. En medio de los Rolls Royce caminan hombres vestidos con sus kanduras blancas de lino o algodón y una que otra mujer bajo el impenetrable abaya negro. Pocas eso sí, pues en Dubai hay una mujer por cada tres hombres. Las autopistas parecen todas recién terminadas. Y en las zonas turísticas –como Jumeirah, la zona de las playas y del hotel 7 estrellas Burj Al Arab-, los recién llegados ponen cara de asombro al ver a la policía sobre sus Maseratti. Es una de las locuras más: desde esos vehículos no sacan multas, no persiguen a nadie y la mayoría son deportivos, lo que hace imposible que se lleven a alguien preso con sólo dos asientos. Entre los últimos modelos que adquirió la policía está el Bugatti Veyron. Pero bueno, la delincuencia no es tema acá. De hecho, si llegas a perder algo en un taxi, por muy caro que sea, llamas y te lo regresan a donde estés. Aquí los vehículos, por regla, son modernos. Es normal que te adelante un Porsche del año, mientras en el otro carril, a 120 kms por hora, te acompaña un Bentley.

6 GHASSAN TABET 7 will will 8 UMAIR SHAIKH


En pleno desierto donde en el verano el sol golpea hasta los 50º C, tener un automóvil es una medida de sobrevivencia. El que no lo tiene puede utilizar el transporte público que usa aire acondicionado. Acá en Dubai, no se ve gente caminando por la calle en las horas más duras. En realidad, casi a ninguna hora. Entre las pocas cosas baratas, los turistas pueden tomar un bus especial que por US$ 65 los pasea por los puntos más importantes. La única otra excepción en precios es el combustible: US$ 0,3 el litro. Las mujeres pueden optar por un “Pink Taxi”, ése es exclusivo para ellas e incluso es conducido por una. Es parte de la “cortesía” musulmana para que las mujeres no se sientan incómodas con las miradas masculinas. Al ingresar a la ciudad, la silueta del horizonte expresa la grandilocuencia en la arquitectura. Acá los proyectos son sin límites. El edificio más alto del mundo, Burj Khalifa (828 mts.). Este se puede visitar por entre US$ 40 y US$ 100 (depende de si reservas con antelación) y subir hasta el piso 124 de los 160 que tiene donde está el mirador “At the top”. Lo más impresionante son los dos minutos que demora en subir el ascensor. ¡Los oídos piden perdón! O el mayor hotel de lujo, Burj Al Arab, con habitaciones con mayordomo personal y cuartos donde el más barato cuesta US$ 2.000 y tiene unos 100 mts cuadrados. Aquí sólo puedes ingresar si los guardias comprueban que tienes una reserva en alguna de sus instalaciones. La “experiencia Dubai” no está completa sin un brunch en este lugar. Abundante comida y alcohol, pues aunque es un país musulmán la regla de no poder beberlo no se respeta en los hoteles. En el piso 27 está el Al Muntaha, donde bien vale comer a 200 metros sobre el mar (la gracia sale unos US$ 250 por persona). Los detractores de Dubai dirán que este es un mundo artificial, sin pasado, sin historia, un lugar prefabricado a base de royalties. Pero alguien por ahí dijo: “Sí, Dubai es una burbuja ¡Pero, Dios mío qué burbuja!”. En menos de 50 años el que fuera un pequeño núcleo pesquero y comercial del Golfo Pérsico, se convirtió en una imponente ciudad, donde el diseño y lo monumental es llevado a la máxima expresión. Se puede odiar o amar, pero no se queda indiferente.

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El petróleo no es la base de la riqueza de este lugar, de hecho no representa más del 5% del PIB. El sueño acá fue hacer florecer un centro comercial y financiero de primer nivel. “Para un buen líder no existen los límites. No hay imposibles”, reza una placa del Sheik a la entrada del Burj Khalifa. Dubai quiso convertirse -y lo consiguió- en la capital de las compras de Oriente Medio. Hasta aquí, familias adineradas de India, por ejemplo, vienen a pasar un fin de semana de shopping. Y gastan cientos de miles de dólares. Lugares hay: el centro comercial Dubai Mall se jacta de tener la mayor colección de marcas de moda bajo un mismo techo, un Fashion Avenue a gélida temperatura en cuyo interior hay un acuario con tiburones, un parque de atracciones temático y una pista de hielo. Un hotel 5 estrellas está conectado a este “paraíso de los fashionistas”, como le dicen acá. Afuera está The Fountain, un espectáculo de agua diseñado por la misma firma que hizo la del Bellagio Hotel de Las Vegas. El Mall of the Emirates puede ser menos exclusivo en sus tiendas de marcas (ahí está H&M o Zara), pero lo que deja con la boca abierta es el Ski Dubai. Sí, se puede esquiar en una ciudad donde las temperaturas invernales fluctúan entre los 8 º y 22º. También se puede practicar snowboard o, simplemente, lanzarse bolas de nieve con los amigos. El lugar cuenta incluso con andarivel para los esquiadores. Un pase diario cuesta entre los US$ 140 y US$ 40. Aunque casi todo es fastuoso y artificial, hay algunas excepciones. Claro que también hay que llevar la billetera. Son los zocos (o souks), esos mercados tradicionales, con pasajes estrechos y olores a comida, donde se pueden encontrar especias, flores y alfombras. Como es de esperar hay uno dedicado al oro. En sus escaparates hay diamantes, esmeraldas, zafiros. A diferencia de los centros comerciales, este lugar tiene un poco más de historia, pues fue instalado por indios e iraníes a principios de los años 40. Estos souks están en los barrios Bud Dubai y Deira, que están separados de la zona nueva y lujosa por una lengua de agua que se debe cruzar en bote.

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En la línea de lo natural, el tour obligado es el Desert Safari, donde te internas en caravanas de 4X4 por las dunas del desierto. Al finalizar, te llevan a unas tiendas beduinas donde te hacen el mismo show típico, ese envasado que se hace en todas partes del mundo. Acá incluye comida árabe, danza del vientre, el camello, el halcón y el bailarín sufí. Lo que hace que valga la pena es presenciar la luz del atardecer sobre estas arenas. Donde a uno le queda claro esa condición de país inventado y a lo grande, como si Walt Disney hubiera decidido hacer un parque para adultos, es cuando recorre la costa y ve las villas The Palm y The World. Islas artificiales levantadas con arena acarreada desde el desierto. Una con forma de palmera y la otra de mapamundi y cuyas formas sólo pueden ser apreciadas desde el cielo, sea por avión, foto satelital o Google Earth. ¡Qué más grandilocuente que construir pensando en que te vean desde el cielo! En ambas se levantaron “luxury” villas que son “la casa en la playa” de los ricos de Oriente Medio. Quizás la señal más eficiente que Dubai envió al mundo en los primeros años del nuevo siglo para dejar en claro que algo apoteósico pasaba en este lugar.


tecnología

El facebook de los millonarios El mundo de los ricos vive en una atmósfera endogámica: la misma gente, las mismas familias, el mismo club, la misma escuela. Con la idea de ampliar el círculo, pero sin que se infiltre alguno de un estatus inferior -y así lo publicitan- se creó Netropolitan. Una red social que se lanzó en septiembre de este año y cuyo lema es: “El country club en línea para personas con más dinero que tiempo”. La depuración del grupo se hace por la cuota de membresía: US$ 9.000 para ingresar y US$ 3.000 por año. Ahí pueden armar grupos de interés y hablar en privado temas de ricos. Está prohibido hacer publicidad de negocios propios o ajenos, pues la idea no es que se le tome como una red para dar con clientes de consumo de lujo. ¡No!, el objetivo, es poder encontrarse sólo con sus GSU (gente como uno). Cosas de ricos. 99


MÚSICA

Rico tu disco POR BRONKO YOTTE

Si hay mucha plata para hacer un disco, esto no garantiza un resultado digno de recordar. Famoso es el caso del “Chinese Democracy”, la última producción de los Guns N’ Roses, que tardó más de una década y costó millones de dólares, solo para confirmarle al mundo que la banda ya no era lo que fue. Por este tipo de situaciones, es preferible pensar que el dinero no se relaciona necesariamente con la riqueza de la música.

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Dr. Dre “Chronic 2001” (1999)

Bon Iver “For Emma, Forever Ago” (2007)

Hiatus Kaiyote “Tawk Tomahawk” (2013)

Michael Jackson “Thriller” (1982)

Ya van quince años desde que se editó el último disco de Andre Young, más conocido como Dr. Dre, productor y MC que encabeza holgadamente la lista de millonarios en el Rap. Con esta producción, hito indiscutible del género, Dre consolidó su prestigio con ritmos pesados, un sonido de altísima fidelidad y el despliegue de varios invitados en su mejor momento. ¿Es justo que el rapero más acaudalado viva principalmente de su leyenda y su exitosa línea de audífonos? A lo mejor no, pero el que puede, puede.

Desconozco las cifras de ventas de este largaduración, aclamado por muchos, pero seguramente ha resultado muy rentable considerando lo poco que costó realizarlo. Una reclusión invernal de tres meses en una cabaña de Wisconsin y unos equipos viejos le bastaron al cantautor Justin Vernon para crear el disco que lo llevó a la cúspide del Indie. Canciones hermosas movidas por el quiebre de un pololeo largo. Sublimación por definición.

El álbum debut de esta banda de Melbourne es rico en el sentido de sabroso. Destaca por su diversidad de texturas, la complejidad en sus armonías y la firme confianza en la experimentación como forma de conseguir un sonido propio. Con personalidad, definen su expresión musical como Future-Soul, una etiqueta un tanto ambiciosa de la cual, sin embargo, la carismática vocalista Nai Palm y los suyos logran hacerse cargo con creces.

Quisiera ser más impredecible y no hablar de este disco. Así que mejor no lo haré, más allá de nombrarlo. Tampoco quiero explicar su relación con la riqueza (monetaria, simbólica, de cualquier tipo), ni su importancia para la cultura popular. Sólo diré que yo tenía tres años cuando vi por primera vez el videoclip de los zombies, y me inquietó no saber de dónde venía la risa de Vincent Price.


LEVI.CL


PLAYLIST

Status por chico y chica

tracks: 1. Henry Mancini & His Orchestra – Mistery Movie Theme 2. Jean Pierre Bourtayre - Arsène Lupin 3. Ron Goodwin – The Miss Marple theme5. Nick Drake – Poor boy 4. Frank DeVol - Family Affair 5. Toru Takemitsu – Training and rest 6. Antonio García Abril – El hombre y la tierra 7. John Williams – Jurassic Park theme song

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CINE

El entramado de la niñez Por luis zúñiga

Más allá de los efectos especiales. O quizás más acá. El cine alternativo se caracteriza por suplir las grandes producciones cinematográficas, de majestuosas escenas diseñadas por computadores, por la riqueza en la narrativa. Aquí, el periodista Luis Zúñiga describe tres joyitas del cine indie. Carpetas atestadas de archivos por descargar. Una lista eterna de contenido por revisar. Y la persistente idea de que el tiempo es escaso y hay mucha película pendiente por ver. Desde la comodidad de la casa, por supuesto. On demand, peer to peer, vía streaming. Como sea. Todo mientras allá afuera, donde no pueden abrirse más “pestañas” que la real, asoma otra tentadora posibilidad: la de consumir a destajo nuestras horas-espectador en estrenos de cine bombásticos, servidos con abundantes baldes de popcorn. Es la oferta que seduce hoy por hoy al cinéfilo promedio. Cine personalizado, inmediato y puertas adentro, en contraste a una cartelera que se vuelve cada semana más rígida en su afán por reventar la taquilla con algún pomposo megaestreno. Una carrera por el éxito que en el camino deja atrás la posibilidad de exhibir enormes cantidades de películas de calidad, cuyos intereses van por el lado de preocuparse por esa audiencia más ligada a la sobriedad que al derroche pirotécnico, esa que busca la riqueza cinematográfica en algo más que la majestuosidad de una puesta en escena. En lo que va del año una buena dosis de cine alternativo ha enriquecido la oferta paralela de películas para el espectador medianamente tecnologizado. Y si se trata de encarnar el auténtico espíritu del cine indie, quién mejor que Richard Linklater, director estadounidense que con su más reciente trabajo logró lo que muy pocos pueden: cautivar a una audiencia masiva siempre conservando su grado de alternativa autenticidad. Boyhood (2014), como se titula su última obra, se estrenó a mediados de año en EE.UU. con vítores de la prensa especializada y una favorable asistencia de gente a las salas. Una sorpresa tratándose de un filme con un ambicioso título. Pero, ¿es que nuestra singular niñez no es una de las etapas más ávidas por experimentarlo 1 Matt Lankes - IFC FILMS

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todo? Queremos esto sin perder aquello, y a como dé lugar. Y a veces, aunque no lo obtenemos, persiste en nosotros el rencor por no haberlo conseguido. Es lo que le va ocurriendo a Mason en la medida que avanza esta maravillosa historia que recorre 12 años de su vida. Literalmente. Porque aquí no estamos hablando de efectos de maquillaje ni cambios de actor que interpretan al mismo personaje. Esto es pura realidad cronológica: Ellar Coltrane personificó durante todo ese lapso a Mason, y en el camino se equivocó, peleó y creció junto a él. O de pronto la maduración funcionó a la inversa. El personaje moldeó al actor durante todo el proceso, funcionando como una suerte de hermano mayor imaginario que le dio las pautas sobre cómo crecer personal y profesionalmente. Vivieron una niñez compartida y hoy es como si hubiesen crecido el doble. Mitad ficción, mitad realidad; siempre complementándose el uno al otro. Una joyita que comparte bastantes rasgos con Teenage (2003), documental de corte experimental que hace meses circula por la web a través del cual el cineasta Matt Wolf aborda la etapa etaria posterior a la reflejada en el trabajo de Linklater. La adolescencia, vista esta vez desde el peculiar prisma de un collage de archivo histórico, filmado en blanco y negro y ensamblado con retratos de época recreados por actores desconocidos, todo sampleado con voces reales de jóvenes de principios del siglo XX manifestándose en contra de las estrictas normas impuestas por la conservadora sociedad de ese entonces. Un relato genuino en su estilo, abundante en su registro técnico, con interrogantes que pasarán a la posteridad. Pero si se trata de llevar la etiqueta de lo alternativo hacia los límites de lo abundante, no hay mejor ejemplo que Whiplash (2014), quizá el estreno más exuberante en lo que va de la temporada dentro de lo que puede considerarse como cine de baja escala. La historia de una joven promesa de la batería que se enrola en el mejor conservatorio neoyorquino de jazz, donde conocerá a un estricto profesor que lo empujará más allá de sus límites para que descubra su verdadero talento. Una violenta fábula sobre la maduración y las seguridades íntimas, estilizada copiosamente mediante una soberbia banda de sonido cadenciosa y vibrante, cual clase de la mejor escuela de música que pueda imaginarse. El broche de oro para un año fílmico copioso en su faceta independiente, cuya oferta no hace más que crecer y crecer exponencialmente.


F FICCIÓN

racimo POR DIEGO ZÚÑIGA Fragmento de la novela Racimo (Random House, 2014)

La historia es así: se perdieron hace unos años, cuatro, cinco, tal vez seis. Salieron de sus casas una mañana rumbo al liceo y no volvieron más. Eran niñas, tenían entre nueve y quince años, todas iban a un mismo liceo —el Pedro Prado—, todas llevaban su uniforme, sus jumpers, sus zapatos negros, sus corbatas rojas, sus camisas blancas, sus mochilas llenas de cuadernos. Algunas se conocían entre sí. Las unía el liceo y, en la mayoría de los casos, una población —La Negra— en la que nacieron y crecieron, a un costado de Alto Hospicio, cerca de los cerros, en ese lugar donde solo hay tierra y más allá algunos basurales clandestinos que usa la Municipalidad de Iquique. Tenían tres o cuatro años cuando vieron pavimentar algunas de las calles, y las casas de madera se fueron transformando en casas de adobe. Crecieron en un lugar que apareció, años antes de que nacieran, de un día para otro, a fines de los 80, en medio del desierto. Una toma de miles de personas que no tenían dónde vivir y que de pronto armaban, con más ganas que otra cosa, una ciudad: unos palos de madera y la voluntad de cambiar sus vidas, que no iban hacia ningún lado allá abajo, en Iquique. Las niñas vieron cómo sus padres trabajaban todo el día en lo que fuera para llegar en la noche, solamente, a dormir. No hablaban con ellos, no había tiempo ni ánimo. Eso lo entendieron desde muy chicas. La infancia se acabó muy rápido, pero no alegaron nunca, no correspondía. Luego vino el liceo y se dieron cuenta, muchas de ellas, de que la vida era eso y nada más. Que tal vez estudiando algo las cosas podían cambiar, pero no. Iban porque había que ir. Caminaban hasta la pasarela que cruza la carretera y une las dos partes de Alto Hospicio, y esperaban a que llegara la micro que las dejaba en la puerta del liceo. Aprendieron, con los años, que si se quedaban dormidas y salían atrasadas de sus casas, entonces podían hacer dedo en la carretera o subirse a alguno de los colectivos piratas que las llevaban por cien pesos. Aprendieron, también, más rápido que nadie a desconfiar: de sus compañeros, de sus hermanos, de sus padres, de sus madres, del vecino que las miraba mucho y del hijo del vecino que a veces las invitaba a salir. Por eso nadie entiende nada, porque un día salieron de sus casas, temprano, y no volvieron más. Nadie las vio. Nadie sabe nada, pero entonces apareció Ximena ahí, cuando veníamos de vuelta, a un lado de la carretera, y empezó esto. La niña está inconsciente

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en el hospital, respira con dificultad. Los médicos que la cuidan piensan que se va a morir en cualquier momento, pero prefieren no decírselo así a su abuela. La señora Mirna no habla, llora mucho eso sí, pero no habla. A veces, cuando está sentada afuera de la habitación de Ximena, deja de llorar y piensa. No sabemos qué piensa, pero está ahí, sola, en silencio, esperando que su nieta despierte. La ha podido ver un par de veces, llena de tubos, su cara hinchada, los ojos cerrados, las máquinas que trabajan, los médicos que se pasean y que no se atreven a darle un pronóstico más claro. Hablan en ese idioma ininteligible, lleno de siglas y de palabras que no hacen más que esconder lo que no son capaces de decir. Pero la señora Mirna está ahí, no se mueve. No se va a mover. Trajo una frazada y el frasco en el que lleva los escarabajos que come todos los días, desde que le detectaron hace un tiempo cáncer a la uretra. Los cría en frascos con pan, come cerca de sesenta escarabajos al día y, al parecer, por lo que le han dicho en el consultorio de Alto Hospicio, la enfermedad ha comenzado a desaparecer. Pero ella no se fía. Los sigue comiendo cuando despierta y poco antes de dormir. Ximena no sabe que su abuela tiene cáncer. Se lo detectaron poco después de que ella saliera de la casa, temprano, y no volviera más. Mirna lo descubrió porque empezó a orinar sangre. Por un momento pensó que le había vuelto la menstruación, pero era imposible. Llevaba varios días pidiendo ayuda en la Municipalidad de Iquique para que buscaran a Ximena, pero nadie la tomaba en cuenta. Entonces se vio esa mañana sentada en la taza del baño con todo lleno de sangre. Pensó que era por los nervios, pensó cualquier cosa hasta que en la tarde, cuando fue al baño nuevamente, se dio cuenta de que no era una casualidad, pues ahí estaba una vez más la sangre. Pero aquí está, esperando afuera de la sala donde su nieta duerme. Ya es de noche en Iquique. Mirna cierra los ojos, abre la frazada y se cubre con ella. En la tarde vinieron más familiares de las niñas a preguntarle cómo sigue Ximena. Ella da siempre la misma respuesta: bien, igual, los doctores dicen. Pero no es capaz de explicar mucho más. Cuando le contaron que estaba en el hospital de Iquique, Mirna le pidió al único vecino de su cuadra con auto que por favor la llevara. Así que agarró un chaleco, la Biblia y partieron. En el camino no dijo nada, se fue rezando con los ojos cerrados, sin soltar la Biblia. Cuando llegó al hospital y la hicieron pasar a la habitación, Mirna sintió que se iba a desmayar. Pero avanzó, rápidamente, hasta entrar a la pieza y verla ahí, recostada, su pelo largo, negro, sus ojos cerrados, la misma niña que desapareció hace casi dos años: el mismo largo del pelo, la misma cara, el tiempo detenido y a un lado, en una silla, su ropa del colegio. Entonces Mirna volvió a sentir que se desmayaba. Y se desmayó. *** La prima de Ximena desapareció dos meses antes que ella. Los últimos que la vieron fueron sus compañeros de segundo medio. Dicen que después de clases se subió a un auto blanco y que no supieron más, hasta que al día siguiente, cuando estaban saliendo del liceo, apareció su madre y preguntó por ella. Los alumnos se miraron entre ellos y nadie dijo nada, primero, hasta que una de sus mejores amigas mencionó el auto blanco y luego nada más, porque a partir de ese momento, a partir de la imagen de Daniela arriba de ese auto, el relato se volvió mudo, inexacto y vinieron los rumores. Ximena prefirió no escucharlos, pero ahí estaban. Llegaron a su casa, llegaron a la casa de su tía, los carabineros del retén de Alto Hospicio decidieron divulgarlos, entre cervezas y comidas, en La Negra y en las otras poblaciones: la vida miserable y la posibilidad de cambiarlo todo. Los abusos, las familias a medio camino, los pedazos y la sangre, la vida que parece estar en otro lado.

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F Cuando pasaron dos días y Daniela todavía no regresaba a casa, Ximena decidió sacarle fotocopias a un retrato de su prima y pegarlas en los postes de luz: primero en La Negra y después en las otras poblaciones, incluso en Iquique: puso la foto en el hospital y en los consultorios y en la Zofri y en el centro. El rostro de Daniela —una cara redonda, el pelo rubio y largo, los lentes— multiplicado, en blanco y negro, como si en un momento fuera parte de la ciudad, y abajo unas palabras: Daniela Soto desapareció el martes 8 de abril en Alto Hospicio. Ayúdenos a buscarla. Cualquier información al número #443010. Ximena y Mirna recibieron algunos llamados, pero nadie fue capaz de decir algo concreto. Un hombre dijo que la había visto en Cavancha, bañándose en la playa; una niña dijo que la había visto en el centro de Alto Hospicio; una mujer dijo que la había visto rondando la comisaría de Iquique. Ximena fue a todos esos lugares, pero no la encontró. También la invitaron de un par de radios comunales para hablar sobre su prima; incluso, fue al matinal de Telenorte y pidió, frente a las cámaras, que por favor si alguien sabía algo y tenía miedo de decirlo, que lo hiciera de forma anónima, pero que hablara, porque ella y su familia no podían seguir viviendo así, con la angustia de no saber dónde estaba Daniela. Ahí, frente a las cámaras, Ximena, que tenía 12 años, le habló también a su prima: si te fuiste por decisión propia, le dijo, si lo hiciste, prima, por favor dinos que estás bien. Te prometo que tus papás no te van a decir nada ni te van a obligar a volver, prima. Te lo prometo. Minutos después, mientras hablaba un psicólogo con los conductores del programa, tuvieron un contacto telefónico con el diputado Mamani, quien prometió que prestaría toda la ayuda posible para encontrar a Daniela. Destacó la valentía de Ximena, aprovechó de reiterar el abandono en que el alcalde de Iquique tenía toda la zona de Alto Hospicio y no pudo evitar mencionar al general Pinochet. Entonces los conductores —dos muchachos que aún estaban estudiando en la universidad— asintieron con sus cabezas al mismo tiempo, y cerraron el contacto dándole las gracias al diputado Mamani. Esa tarde, cuando Ximena volvió a su casa, después de haber recorrido todo el centro de Iquique entregando la fotocopia con la imagen de su prima, se encontró con dos carabineros en el living, quienes hablaban desde hacía un rato con su abuela Mirna. Saludaron a Ximena y estuvieron, durante una hora, haciéndole preguntas sobre la vida de su prima, sobre sus amigos, sus pololos, sobre la supuesta relación que tenía con un profesor del liceo y con un conductor de camiones que la visitaba todos los fines de mes. También le preguntaron si ella sabía que su prima estaba embarazada cuando desapareció y le dijeron que, según las informaciones que habían logrado recabar, ella se encontraría en la casa del padre de esa guagua; no sabían con toda seguridad, todavía, si estaba en Camiña, en Pisagua o en Antofagasta, donde la habían visto durante esos días. Le preguntaron a Ximena si conocía esos detalles y ella dijo que no. Los carabineros le anunciaron a la señora Mirna, entonces, que si ellos lograban comunicarse con Daniela, se lo harían saber a la madre y también a ella, pero que no estuviera preocupada, porque según sus informaciones, la niña se encontraría bien. Los hombres se pusieron de pie, se despidieron y se fueron en silencio de la casa. A los tres días de este encuentro, Ximena saldría de ese mismo lugar y desaparecería por casi dos años hasta el momento en que la encontramos al borde de la carretera.

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MALAMAG.COM CONSTANZA RAGAL PARA ABSOLUT


F FICCIÓN

la noche lleva sombrero mexicano POR ANTONIO DÍAZ OLIVA

I Esa madrugada terminé de aclarar mi cabeza, armé la maleta y metí el libro de Chejov en el bolso de mano. No le dije a nadie. Esperé que mi hermana y los niños durmieran y salí. El único que notó algo fue Simonov. Saltó del sillón y siguió mis pasos. Antes de cerrar la puerta, lo miré y pensé en lo gordo que estaba mi gato, en lo mucho que nos parecíamos. *** Un médico de provincia y la mujer del boticario son mis dos pequeños logros, la razón de que mi nombre sea medianamente conocido en los círculos televisivos. Aclaro que nada del otro mundo: ambas son teleseries tipo Univisión, llenas de personajes caricaturescos, escenarios coloridos, y tramas simples y alejadas de HBO o cualquier pretensión literaria. Sé que esto último puede sonar raro, ya que en ese entonces, cuando visité por última vez a mi tío, leía una compilación de cuentos de Anton Chejov. Uno de los relatos, más bien una novelita, se llamaba Los Campesinos, igual que el título tentativo de la teleserie que escribía. No era la primera vez que le robaba a Chejov. Sus historias son fáciles de adaptar a la realidad latinoamericana (o a lo que los productores de televisión creen que es América Latina). Es cosa de latinizar esos nombres rusos, cambiar los paisajes fríos por cálidos y mantener casi intactos los dramas familiares. *** Cinco de la mañana; la ciudad a medio camino entre continuar la fiesta de la noche anterior o comenzar con la productividad de un nuevo día. Caminaba rápido y el sonido de las ruedas de mi maleta, pasando por las baldosas, era lo único que se escuchaba a esa hora. Un taxista me hizo una señal con las luces, pero yo iba al tren de acercamiento que conectaba la periferia con la ciudad y la ciudad con el aeropuerto. Pasé cerca de los juegos donde Camila y Alejandro les gustaba detenerse los sábado por la mañana, después de acompañarme a la oficina para ver que las grabaciones de la nueva teleserie fueran por buen rumbo. A esa misma hora mi hermana tenía su terapia semanal, y luego de los juegos y de la visita al canal, llevaba a mis sobrinos a una heladería con la promesa de que fuera un secreto nuestro.

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*** Bajé a la estación del tren. Estaba vacía. Un leve viento revolvía el polvo del suelo, así como algunos envoltorios de chocolates y bolsas de plásticos que parecían flotar. Caminé hacia la ventanilla: nadie. Me asomé y vi que el andén también estaba vacío. El tren de acercamiento, leí en una muralla con los horarios, no comenzaba a funcionar hasta las cinco y cuarenta de la mañana. Si quería llegar al aeropuerto tendría que ser de otra forma. Subí las escaleras de vuelta, vi los columpios de nuevo y los demás juegos en ese parque tan pequeño como artificial. Caminé de vuelta con la tentativa de agarrar un taxi que me llevara al aeropuerto. Me puse a esperar en una esquina. Pasaron diez, veinte, treinta minutos. Lo mejor, pensé, era regresar a la casa, meter la ropa en el armario y volver a la cama, ojalá sin despertar a mi hermana y los niños, aunque seguramente Irina se había dado cuenta. Hasta que apareció un taxi. Hice un gesto con la mano. Era el mismo que minutos antes rechacé; el taxista había dado la vuelta al cerro buscando algún pasajero. Me subí. *** Los Campesinos es la historia de dos familias. La familia pobre y la familia rica. En algún momento pensé en titularla Qué pobres tan ricos o Pobres ricos, pero finalmente opté por algo simple y fiel a Chejov: Los Campesinos. Ambas familias, en el primer episodio, llegan a un campo. Ninguna de las dos tiene recursos. Se hacen amigos, comparten comida, hogar, se ayudan en esos primeros meses en que construyen sus hogares y preparan las siembras. Pero algo sucede. Una de las familias recibe una herencia, muere un pariente lejano y desconocido, digamos, y les cambia la vida: compran una casona entre el pueblo más cercano y el campo. La familia rica comienza a pasar más tiempo con otras familias, las que conforman la aristocracia local y se distancia de su pasado. La familia pobre, en tanto, sobrevive. Y así pasan los años: el espectador ve una serie de momentos en que ambas familias se enfrentan, por diversas razones, mientras el campo cambia y el pueblo crece. Hasta que ambas familias, en un giro del destino, se topan en el hospital. Se les enferma un familiar y, otro giro más, les toca compartir el mismo piso y el mismo doctor. Al principio cuesta, luego hacen las paces y por último comienzan apoyarse. Y no solo eso: surge una relación entre los enfermos, entre el enfermo de la familia rica, una de las tres hijas; y el enfermo de la familia pobre, el tío solterón, el único que no ha sido padre y que está a punto de cumplir cuarenta. En eso estaba. Ahora uno de los dos enfermos debía morir. *** El aeropuerto estaba llenándose, pero de todas maneras me demoré poco en policía internacional. Ya esperando mi avión, en un café, saqué la libreta y me puse a pensar en posibles finales para la teleserie. No pude concentrarme; pensé prender el teléfono. Algo de culpabilidad tenía: Irina, a esa hora, se despertaba y a veces, si tenía mucho trabajo, me encontraba en el computador y me retaba por no dormir. Minutos después hacía que levantar a Camila y Alejandro para bañarlos, prepararles el desayuno y mandarlos al colegio. En algún momento hablamos la posibilidad de viajar juntos a Chile, aunque luego no sabíamos con quién dejar a los niños. Entonces, y no sé por qué, en un momento simplemente compré los pasajes, organicé todo a escondidas, y lo mantuve en secreto. ***

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F Nuestro tío trabajaba en una empresa de colchones, en Temuco, donde mi padre nació, donde yo e Irina nacimos y donde hasta los quince años vivimos, antes de inmigrar. Con mi tío hablaba poco, pero de vez en cuando, a través de Facebook más que nada, sí hablaba con su hijo, el único primo que tengo y quien trabajaba en una radio online de rancheras y noticias locales. Una vez le pregunté que por qué la radio era de rancheras y corridos. El sur de Chile es mexicano, me dijo. Pero no las ciudades al sur; ni Temuco, Valdivia, ni Conce, sino los pueblos, primo. Seguimos hablando y en un momento recordamos que nuestro abuelo, quien abandonó a la familia y nunca llegamos a conocer, se llamaba Porfirio Díaz. Y también que a una tía abuela le decían Adela, y que un par de veranos fuimos a Chanco, donde se celebra un festival mexicano durante enero.

II Mi tío estaba pálido, más flaco, pero igual de sonriente. Aún mantenía su bigote. Lo que más hice fue conversar con él, yo sentado sobre la esquina de su cama matrimonial, y él acostado. A veces me pedía estar solo, ya que era creyente y quería rezar, y entonces yo bajaba las escaleras, para ver en qué estaba mi primo. Generalmente lo pillaba en el estudio de la radio local, que no era más que una pieza de la casa con las murallas llenas de cartones de huevo para aislar el sonido. Durante esos cuatro días lo ayudé a tomar los pedidos, a buscar canciones en la web y a armar los boletines de las noticias matutinas y vespertinas. Incluso, en un programa que era algo así como matinal, me presentó como un invitado internacional; importante guionista radicado en el extranjero. Le dije que no exagerara. En una de esas tardes, creo que cuando los tres tomábamos once, les conté sobre la nueva teleserie. Les resumí la trama, leí algunos de los apuntes con posibles ideas. Y ahora qué, les dije. ¿A quién mato?, ¿a la hija?, ¿al tío?, ¿a los dos? Porque me toca matar a alguien, dije y sólo entonces, estúpidamente, me di cuenta que no era el mejor tema, aunque a mi tío parecía no molestarle la posibilidad de reflejarse en una historia sobre enfermos terminales. Me quedé en silencio. Saqué una hallulla y acerqué el pote con palta. Con algo de solemnidad, mi primo argumentó que las teleseries son uno de los pocos lugares con justicia social. Por eso, dijo, mejor que sufra la familia rica. O que pierdan todo el dinero, así las cosas vuelven a como eran antes. Karma social, dijo. Mi tío estaba en silencio. Me metí a la boca lo que quedaba del pan con palta y noté que no estaba triste. Al contrario: no lo vi tan feliz en todo esos cuatro días como en aquella tarde. *** Fue un viaje express. Cuatro días, o menos incluso, si sacamos las horas de viaje. Era lunes en la madrugada, cuatro de la mañana. Por supuesto, en esos tres días no trabajé. Chejov decía que no era posible escribir cuando se viajaba ya que escribir es en sí un viaje. Yo estaba lejos de considerarme escritor, pero aun así le encontraba razón a Chejov: escribir y viajar no van juntos, a lo más uno podía tomar notas sueltas. En los pocos momentos libre que tuve, mientras no estaba hablando con mi tío o con mi primo, avancé la lectura de los cuentos completos de Chejov, lo cual terminó siendo peor. En un momento, no recuerdo en cuál relato, me topé con esta frase: “Cuando en una familia hay un enfermo ya sin esperanzas de sanar, a veces se llega a un momento en que todos los familiares desean en el fondo de su alma que muera” Era la única frase que durante esos cuatro días anoté en mi libreta.

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*** Una vez más el sonido de las baldosas al pasar con mi maleta con ruedas. Caminé por la plaza, por la entrada de la estación del tren, y llegué a mi edificio. Abrí la puerta del departamento. Simonov vino a recibirme. Lo noté enojado. Mientras en silencio dejaba mis zapatos en la entrada, vi que no estaban las pantuflas de Camila y Alejandro ni tampoco los zapatos de Irina. Simonov siguió maullando y se acercó, ahora menos enojado, para enrollar su cola en una de mis piernas. Ronroneó. Fui a la cocina y tomé la caja de comida, saqué un poco y se la puse junto al pote del agua. Comió desesperado, como si fuera la primera comida en días, luego saltó sobre el sillón y se puso a dormir. Pasé por la pieza de Camila y Alejandro, que estaba con la puerta cerrada (el póster de Bob Esponja a medio caer); luego por la de Irina, medio abierta y con olor a perfume; y por último entré a la mía como quien entra a la pieza de un desconocido. El piyama desordenado y sobre uno de los cojines tal como lo dejé antes de irme el jueves por la madrugada, y en el velador un vaso con agua, un paquete de aspirinas y el control remoto. *** Luego de ducharme, bajé al café de la esquina, que recién abría. Me senté en la barra. Saludé a uno de los meseros y le pedí un expreso. Prendí el teléfono: varios mensajes, mails y llamadas perdidas. No respondí ninguno. Me trajeron un vaso con agua mineral y otro con jugo de naranja recién exprimido. Abrí mi libreta en la parte que decía Los Campesinos, revisé mis apuntes, la frase del cuento de Chejov. *** La enferma y el enfermo empeoran. Y su relación a escondidas se fortalece. Se acompañan. Hablan sobre contarles a sus familias, aunque saben que no será bien recibido. Pero se deciden. Esta noche, dicen. Aunque algo sucede: esa misma noche sus familias llegan con bandejas de comida, con sombreros, con instrumentos. La fiesta comienza como algo chico, una celebración compartida por dos familias que tienen miembros enfermos, pero se corre la voz y las familias de otros pacientes también aparecen con bandejas de comida y alcohol. Entonces se celebra en todo el edificio. Hasta las enfermeras comienzan a tomar, algunos médicos también, hay niños corriendo por los pasillos; hay ruido y música, y entonces se escapan. *** Me trajeron el café, le puse tres sobres de azúcar rubia y lo revolví. Mientras escribía el final de la teleserie mi teléfono sonó varias veces. Lo revisé: mensajes de WhatsApp, todos de mi primo, todos sobre mi tío. Los leí cuidadosamente, respondí y volví a mi libreta. *** Los dos enfermos avanzan hacia el río del pueblo. Ambos van vestidos con bata blanca y a pie peleado. Están un poco pálidos. Es una noche fría. Lo único que tienen es un sombrero de charro que se robaron de la celebración. Se toman de la mano y caminan por la orilla del río. Mejor juntos, dice uno de los dos, puede que él o puede que ella, no importa. Y los vemos meterse al agua.

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F FICCIÓN

cuando Sergio conoció a Martín POR DANIEL CASTRO

Sergio se creía afortunado, tenía un trabajo con el que se sentía relativamente conforme, vivía en un departamento relativamente amplio y relativamente bien ubicado y tenía una novia relativamente guapa, inteligente e interesante. Sergio se creía afortunado hasta que conoció a Martín la noche en que se le pinchó la rueda a su camioneta. Aunque era una camioneta Hilux por sobre el promedio para ser del 2004, carecía de gata y de neumático de repuesto desde la vez en que se los robaron. Tentando su suerte, Sergio siempre postergaba la compra de la rueda y la gata, priorizando cenas y agasajos para disfrutar junto a Carola, su novia hace ya tres años. En mitad de la Avenida Andrés Bello en hora punta y con una sinfonía de bocinazos, no tenía batería en el celular. Todos los que pasaban lo miraban con odio y desprecio y Sergio sólo quería desaparecer, o más bien aparecer por arte de magia en su departamento y disfrutar de una cerveza bien helada junto a Carola, mientras recorrían la poco estimulante programación de Direct TV. Una sonrisa lo sacó de sus pensamientos. No pudo evitar sorprenderse al ver que no era una sonrisa burlona o de desprecio, sino que una sonrisa amiga, un rayo de luz en medio de la oscuridad. Bajando la ventana, Martín le preguntó si necesitaba ayuda, y Sergio, que por lo general habría pensado que en ese ofrecimiento había intenciones ocultas, debido al apremio asintió casi por acto reflejo. Martín, indiferente a los bocinazos de los conductores airados, se estacionó delante de Sergio y se bajó para comprobar si su gata y llave le hacían a la Hilux. Tras arremangarse, se sacó la corbata y la tiró al interior de la camioneta averiada. Le dio la mano a Sergio presentándose. Fue tal la impresión que este buen samaritano causó en Sergio, que se olvidó por completo de la ausencia de su rueda de repuesto. Con gran incomodidad y a punto de sonrojarse se lo dijo a Martin, que simplemente le sonrió tranquilizándolo; su rueda de repuesto tenía la misma medida.

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En cuestión de minutos la Hilux volvió a estar operativa y Sergio no sabía cómo agradecer el gesto. Al preguntarle a Martín cómo lo hacía para poder devolverle su rueda, este le dijo que no importaba, que la considerara un regalo. Sergio lo miraba incrédulo y, ansioso de poder mostrar que también era de aquellas personas que ayudan al necesitado, que él también era una buena persona, decidió invitarlo a comer. Martín aceptó con una sonrisa y le dio una tarjeta con su número privado. Sergio llegó a su departamento y le contó a Carola lo sucedido mientras puso a cargar su teléfono. Esa noche no pudo conciliar el sueño, pues aun no podía creer que Martín le hubiera ayudado así, sin más, sólo por el mero hecho de ser una buena persona. Preocupado bajó al estacionamiento para inspeccionar la rueda que Martín le había regalado. Probablemente estaba defectuosa, o trizada, en cuyo caso más que una ayuda, lo que le había dado era una sentencia de muerte. Al inspeccionarla no descubrió nada extraño, peor aun, la rueda de repuesto se veía mejor que las suyas, seguramente costaba más del doble. Al mirar al interior, vio que en el asiento del copiloto estaba la corbata de Martín, de seda, hecha a mano, de un sobrio azul y con puntos blancos que mirados con mayor detención eran en realidad cabras montañesas, con patas, cachos y chivo en el mentón, seguramente había costado más que su mejor terno, ese que se ponía para todos los matrimonios. Sin duda, Martín debía tener mucha plata y buen gusto. Sergio era de los que pensaban que todo proyecta una imagen, desde los zapatos, hasta el corte de pelo. Él hacía lo que podía con lo que tenía y por lo mismo, su lema era “de lo bueno poco”. Mejor un par de zapatos buenos; con taco de madera, punta redondeada, cuero dúctil y resistente; que cuatro pares mediocres. Así, gran parte de su energía estaba destinada a poder proyectar una imagen de sofisticación y buen gusto con las posibilidades que tenía. Sergio se vistió de modo calculadamente casual para juntarse a comer con Martín. Llegó un poco antes de la hora acordada con Martín para encontrar una buena mesa, pero desgraciadamente estaba todo ocupado. Pidió desesperadamente que lo ubicaran por ahí, aunque fuera en el sector de fumadores, pero había muchos antes que él en la lista de espera. Cuando llegó Martín, Sergio estaba fumando en la calle, esperando a que le dieran una mesa Y le ofreció un cigarrillo. Martín negó, no fumaba cigarrillos, sólo habanos y exclusivamente en ocasiones especiales. Ante la falta de mesas, Martín propuso ir a otro lugar. Sergio no podía disfrutar de la deliciosa cena vegetariana que un anciano japonés les preparaba exclusivamente a ellos, en un restaurante que por fuera parecía una casa cualquiera sin siquiera un cartel. Lo que él consideraba un restaurante más que respetable, no era más que un sucucho comparado con este y se preguntaba cómo iba a poder pagar la cuenta que el viejito nipón les diera. Para pensar en otra cosa le entregó a su nuevo amigo la corbata olvidada. Martín no podía estar más agradecido, pues esa corbata era un recuerdo de un viaje a la costa italiana. Un octogenario sastre la había confeccionado especialmente para él como muestra de agradecimiento por haber invertido en su negocio evitando que una larga tradición de sastres muriera con él. Cuando llegó la cuenta Sergio insistió en pagar, aunque eso le significara subsistir de arroz por toda la próxima semana. Martín que intentó pagar, finalmente desistió para no hacer sentir mal a su amable amigo y decidió invitarlo a tomar el bajativo a su casa.

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F Fue el whisky que peor le ha sabido a Sergio en toda su vida. Un single malt de 21 años, que no podía tragar al verse en la terraza de una mansión con vista a toda la ciudad, digna de la portada de una revista de arquitectura. Sofía, la hermosa y distinguida hermana de Martín, los acompañaba y conversaba con Sergio como si lo conociera de toda la vida. Ella le contó cómo Martín ayudaba incondicional y desinteresadamente a varias ONG’s e instituciones. Cómo había ido a India para pagar por la educación de todos los niños que trabajaban clandestinamente en una fábrica de ropa deportiva, cómo gracias a él los quiltros callejeros de Valparaíso ahora vivían en un edificio que estaba abandonado y fue especialmente acondicionado para ellos, cómo era feliz haciendo felices a los que lo rodeaban. Repentinamente a Sergio le pareció que su aporte de mil pesos mensuales al Hogar de Cristo era miserable, al igual que su trabajo, su departamento, toda su vida se veía patética al contrastarla con la de Martín. Sergio, (aunque nadie lo supiera) siempre se había sentido superior a los demás. En la calle, o cuando tenía que andar en metro, miraba a la gente que lo rodeaba, fijándose en sus camisas tan grandes o pequeñas que parecían prestadas, chaquetas con todos los botones abrochados, personas que no sabían lo mal que se veían, ni se daban cuenta de las malas novelas que estaban leyendo o la mala música que estaban escuchando. Ahora que había conocido a Martín, sentía que formaba parte de esa gente que compadecía. Sergio comenzó a obsesionarse con Martín, pensando en que de algún modo, o en alguna circunstancia él podía ser mejor que el maldito millonario. Esta fijación lo consumió, Carola lo dejó, su jefe lo despidió y el único que no lo abandonó fue Martín. Su único amigo a estas alturas, le ayudó a pagar sus deudas, le prestó uno de sus autos; la Hilux era de Carola; e incluso le pagó un terapeuta al cual Sergio no se atrevía a decirle lo mucho que odiaba a Martín. Le habría encantado rechazar la ayuda, pero para el millonario eran gastos insignificantes y esto enfurecía aun más a Sergio, pues lo que para él era la diferencia entre una vida más que digna y la indigencia, para este otro no era más que un par de monedas. Decidió entonces que si no podía ascender a las esferas de bondad de Martín, lo haría descender, al menos un poco, a su pequeño infierno. Para esto, con plata que él le prestó, Sergio fue a comprar una roca de coca de la mejor calidad. El plan era llegar a la casa de Martín, tomarse unos tragos mientras escuchaban la colección de vinilos en el equipo Hi-End, para posteriormente comenzar a jalar, seguir tomando y salir a algún antro capitalino rancio y decadente. Sergio creía que ver al inmaculado Martín como un ser falente, víctima de los excesos, podía producirle un efecto catártico que le permitiera superar su odio y resentimiento. Cuando llegó a la casa de su amigo, tras los primeros vasos de single malt, sacó la roca y molió unas cuantas líneas. Al verlas, Martín no se asombró, en cambio hundió la punta de la navaja que siempre traía en una de las rayas y aspiró. Por un segundo, Sergio sintió terror, ¿no caerían todos los males de la tierra sobre él por corromper a alguien que no había hecho nada más que ayudarle desde el primer momento? Pero cuando Martín sonrió y, sin intención de ofenderlo, le dijo que esa coca no estaba tan buena, Sergio quedó tan desconcertado que sólo atinó a encogerse de hombros, como pidiendo disculpas. Antes de que pudiera defender su producto, Martín abrió uno de los cajones del gabinete que estaba al lado del bar y sacó una fina caja de caoba lacada. Adentro había la coca más pura que Sergio hubiera visto. Mientras que Martín quedó gratamente estimulado, Sergio terminó desquiciándose sin aguantar más la implacable buena onda de su amigo. Como energúmeno comenzó a gritarle, culpándolo de toda su desgracia y su desdicha. Martín intentaba calmarlo, pero era imposible,

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Sergio estaba cegado por la ira. Incapaz de agredir a su amigo, Martín se acercó decidido, mirándolo fijamente a los ojos, y antes de que Sergio pudiese reaccionar, lo besó sin permitirle soltarse. Sergio no atinó a nada y cuando el millonario finalmente lo liberó se quedó paralizado. Martín le preguntó si se sentía mejor y el pobre Sergio ahora también se odiaba a sí mismo, porque por más que lo intentase no podía evitar admitir que ese había sido el mejor beso de su vida. Fuera de sí, se abalanzó sobre Martín y lo tiró al suelo. Sobre él, comenzó a estrangularlo, más que luchar, Martín se dejó hacer, en éxtasis por la falta de aire, le pidió a su amigo que no se detuviera. A pesar de las ganas que tenía de acabar con la vida perfecta de este ser, que seguramente no hubiera vuelto a reencarnar, se contuvo y soltó su cuello. Ante la mirada de desconcierto de Martín, Sergio tomó su roca y se marchó, dejando el auto prestado estacionado. Caminando, comenzó a bajar hacia las luces de la ciudad. A poco andar vio un Land Rover Defender orillado y con las luces intermitentes encendidas. Una chica menuda y guapa miraba la rueda pinchada sin saber qué hacer. Sergio se detuvo a observarla y ella le sonrió alegre por ver aparecer a su salvador. Sergio se metió las manos en los bolsillos y jugueteando con la roca, siguió de largo dejándola sola a su merced.

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Malamag nº 6 - Riqueza  

Desde historias de quienes lo dejaron todo a otros que conviven con el temor a perderlo. Desde la riqueza en los modismos con que sazonamos...

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