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5 - PECADO


EDITORIAL

EL QUINTO NÚMERO DE MALAMAG: PECADO Necesario para sobrevivir. Dogma. El opuesto complementario de la virtud. Castigo. Un absoluto que la sociedad y el tiempo relativizan. Penitencia. Código de conducta. Mal karma. Varios conceptos nos asaltaron cuando decidimos dedicar este quinto número de Malamag al concepto PECADO. Los siete capitales, saltaban de manera espontánea cuando hablábamos del asunto. Entonces, los tomamos, pero también le dimos distintas miradas al concepto. Si es, como dicen, el pilar moral de la religión, quisimos saber si todas lo tenían entre sus dogmas. También buscamos pecadores, como el relato de un joven que rompió el quinto mandamiento al matar a su padre, pero honró el cuarto al hacerlo en defensa de su madre. Exploramos en el humor de Paloma Salas los defectos de los chilenos. Hicimos confesar a diferentes personajes cuál era el pecado que los identifica. Indagamos en la infidelidad al fotografiar moteles de Santiago a la hora de almuerzo. Recordamos la pelea de un editor por la pornografía en los quioscos. Saboreamos el pecado de un restaurante de Lima y nos paseamos por el epicentro de la lujuria en Bangkok. Y mientras le dábamos los últimos retoques a la edición, el país comenzó a recitar “El hombre imaginario” del poeta chileno Nicanor Parra, quien cumplió 100 años el 5 de septiembre. Si alguien ha osado vivir 100 años, algo sabrá del pecado, pensamos. Aquí les dejamos de regalo un extracto de su poema Agnus Dei (Cordero de Dios, Obra Gruesa, 1969) “Cordero de dios que lavas los pecados del mundo dime cuántas manzanas hay en el paraíso terrenal.

08 16 Culpas POR RENÉ PAZ

El arte de pecar

POR PEDRO BAHAMONDES

38 44 Dogma y pecado POR RENÉ PAZ

Trauco, Chauco Cusme, Pompoñ del monte POR EQUIPO MALAMAG

58 64 Maniquí

Maîtresse

POR GABRIEL SCHKOLNICK

POR ALFARO LENOIR

Cordero de dios que lavas los pecados del mundo hazme el favor de decirme la hora. Cordero de dios que lavas los pecados del mundo dame tu lana para hacerme un sweater.

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Cordero de dios que lavas los pecados del mundo déjanos fornicar tranquilamente: no te inmiscuyas en ese momento sagrado”.

Equipo Editora General Nancy Castillo Edición periodística La Factoría Dirección de Arte Sofía Martínez y Carlos Romo Periodista René Paz Producción Gráfica Daniela Saldaña Prod. Ejecutiva Sabrina Zúñiga PR y Publicidad Jorge Ramírez

Bangkok al rojo

POR MATHIAS SIELFELD

POR PATRICIO DE LA PAZ

Este papel proviene de bosques manejados en forma sustentable y fuentes controladas.

Fotógrafos: Gabriel Schkolnick, Claudio Robles y Anton Briansó Asistentes de Fotografía: Roberto Olivares, Jonathan Zamora y Teresa Fischer Postproducción: Patrick Saint-Jean, Rodrigo Saint-Jean Publicado por Estudio 9. Las opiniones vertidas por diferentes autores en esta revista, como también el contenido y forma de los avisos publicitarios, son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten o pagan por su inclusión, no teniendo Malamag, por tanto, ninguna responsabilidad al respecto. Corresponde en forma exclusiva de Malamag la decisión de aceptar o rechazar avisaje publicitario. Impreso en Ograma Santiago de Chile, Septiembre 2014. Distribución vía correo directo certificado.

Pecados actuales

104 106 Tentaciones

Barros

POR JOSÉ JARA

POR ÁLVARO BISAMA


21 22 28 36

Radiografía de un bostezo

No matarás

Motel

Lengua filosa

POR IGNACIO BAZÁN

POR ANTON BRIANSÓ

POR NANCY CASTILLO

POR EQUIPO MALAMAG

46 48 52 54

Esas dos revistas inmorales POR RENÉ PAZ

Diccionario enciclopédico de pecados y pecadores de la política chilena

La envidia está de moda

Nuestra fauna política es fea

POR JUAN MARTÍN SALAZAR

POR PATRICIO DE LA PAZ

POR PATRICIO HIDALGO GOROSTEGUI

72 80 82 86 Carne negra POR GABRIEL SCHKOLNICK

La divina parodia

Purificación express

Pescados capitales

POR RODRIGO PINTO

POR STEPHANIE ARELLANO

POR NANCY CASTILLO

96 98 100 103 Un mal viaje

Sin esfuerzo

POR IVÁN MELNICK

POR DANIELA SALDAÑA

No existe placer culpable POR ISIDORA URZÚA

110 114 118 Dj en el apocalipsis

Cómo terminé aquí

POR DANIEL CASTRO

POR GASPAR HÜBNER

Cómic

POR AITOR SARAIBA

Playlist

POR ISIDORA URZÚA


PECADO

Colaboradores Stephanie Arellano Estudiante de quinto año de periodismo en la Universidad Diego Portales. Lectora compulsiva, cinéfila y viajera adicta. (Pág. 82) Pedro Bahamondes Chaud Periodista, 26 años. Actualmente, escribe sobre teatro en Cultura de La Tercera. Ha colaborado con las revistas Sábado, Domingo y Wikén de El Mercurio, también en Paula, Mujer y el suplemento El Semanal. Vocación: espectador. (Pág. 16) Daniel Castro Guionista de profesión. Sus diálogos han sido parte de las series de televisión “31 minutos”, “Diego y Glot”, “Huilcamán y Tolosa”, “El lagarto” y “Pic Nic”. Mientras escribe ficciones para Malamag, prepara el guión de su primer largometraje. (Pág.110). Valeria Hernández Montesino Ilustradora, 26 años. Actualmente trabaja como gestora de Feria del Dibujo Hola Chao y Taller Monstruo. Ha participado en exposiciones nacionales e internacionales como Ch.aco, L.A. Artbook Fair, Cupcake Spamm, Accumulator Show, The Sketchbook Show, entre otras. (Pág. 21) Patricio Hidalgo Gorostegui Es abogado y escritor. En 2008, publicó, junto a Daniel Hopenhayn, “Give me a break. Conversaciones con Diego Maquieira. En 2010 publicó “Acto de fe. Testimonios de la vida de Gerardo Whelan en Chile”. En 2011 publicó el “Diccionario Ilustrado del fútbol”, en coautoría con Francisco Mouat y dibujos de Guillo. Ha sido columnista en prensa escrita y en la radio. En 2013 publicó “Soy de la Unión”. Hace clases en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile y trabaja al alero del Estado desde que tiene memoria. (Pág. 48) Gaspar Hübner Periodista y consultor en comunicaciones. Tiene amplia experiencia como redactor y editor en prensa escrita, así como en la consultoría a empresas e instituciones en temas comunicacionales. Es un ávido lector y desde hace un par de años se ha atrevido a acercarse a la creación literaria, participando de forma presencial y virtual en los cursos de L’Escola de Escriptura del Ateneu Barcelonès, la más grande de su tipo en Europa e Iberoamérica. (Pág. 114)

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José Jara Renquino. Es diseñador gráfico de la Universidad Finis Terrae y comenzó trabajando en las escenografías de Espacio Cellar, mítico lugar del underground santiaguino. Actualmente trabaja como diseñador en una marca de ropa vintage, en el Festival Primavera Fauna y como ilustrador freelance, que es lo que más le gusta, dibujar. (Pág. 104) Alfaro Lenoir Nacido en Elda (Alicante, España) el 4 de octubre de 1990. Hacia el año 2009 este diseñador industrial, decide mudarse a Barcelona para abrirse camino como fotógrafo. Admite que bandas como Portishead, Massive Attack, Dj Shadow o Garbage han sido fuentes de inspiración para crear, en sus fotografías, esos ambientes que juegan con la luz y la sombra y que tanto le definen. (Pág. 64) Iván Melnick Artista visual de la Universidad Finnis Terrae. Ha expuesto en galerías locales y en el exterior con muestras colectivas. También tiene una relación de larga data con el cine, por lo que ha escrito críticas de cine para la revista La Pollera. (Págs. 96) Rodrigo Pinto Estudió Filosofía en la Universidad de Chile, Pedagogía en Castellano y Periodismo en la Universidad Católica. Ha sido editor y redactor en revistas como Realidad Universitaria, Apsi, Hoy y Caras. Ha ejercido la crítica literaria en aquellos medios; actualmente escribe una reseña semanal en la revista El Sábado de El Mercurio y ocasionalmente colabora con Babelia, suplemento literario del diario El País de España. (Pág.80) Juan Martín Salazar Emprendedor, estratega e innovador. Es el Fundador y Director Creativo de 9F, agencia de social media y tendencias. A su vez dicta seminarios de coolhunting y comportamientos del consumidor en diferentes países de América Latina, junto a compañías en las que los consumidores tienen un rol fundamental. Trabaja en sus dos oficinas de Buenos Aires y Santiago con marcas que buscan la conexión emocional con el consumidor. (Pág. 52) Aitor Saraiba Ilustrador español nacido en Talavera de la Reina en 1983. Dibuja, escribe, hace cerámica, escucha música, pasea y trabaja dónde puede. Ha expuesto individual y colectivamente en multiples ocasiones. Su última muestra “Nada más importa” se expuso en la galería de la librería Panta Rhei, Madrid. (Pág. 118)

Mathias Sielfeld Ilustrador y diseñador chileno. Estudió Diseño Integral en la Universidad Católica de Chile, y luego hizo allí un diplomado de ilustración. Trabaja de forma independiente. Sus creaciones han aparecido en Revista IN, Qué Pasa, Falabella, Másdeco y Santillana. (Pág. 90) Isidora Urzúa Es periodista de la Universidad Católica. Ha trabajo de locutora en radios como Rock & Pop, radio Uno, Súbela Radio y Radio La Clave, donde trabaja actualmente en el programa Generación Clave. Además participó en el libro “Cuento para grandes” de Japi Jane. De día parece feminista, pero de noche necesita el abrazo de su macho alfa. (Pág. 100)


PECADO

Gracias Adelina Sasnauskaite - Londres, Reino Unido Alberto Álvarez - Santiago, Chile Álvaro Bisama - Santiago, Chile Anuar Rabi - Santiago, Chile Armando Rodríguez - Santiago, Chile Atilio Andreoli - Santiago, Chile Benedico López - Santiago, Chile Bert Kaufmann - Roermond, Países Bajos Carlos Varela - Sao Paulo, Brasil Clarissa Casiano - Santiago, Chile Eric Molina - New York, NY Essence Models - Santiago, Chile Fabien Jouin - Berlín, Alemania Fernando Milagros - Santiago, Chile Gabriela Martínez - Santiago, Chile Gabriella Fono - Budapest, Hungría Guillermo Lorca - Santiago, Chile Guru Gunagrahi Maharaja - New York, NY Gustavo Meza -Santiago, Chile Hafiz Issadeen - Dharga, Sri Lanka Hernán Pérez - Santiago, Chile Iñigo Urrutia - Santiago, Chile Javiera Díaz de Valdés - Santiago, Chile Jim Kuhn - Rochester, NY Jonathan Zamora - Santiago, Chile Jorge Medina - Santiago, Chile Jorge Pérez - Lima, Perú José Alvarado - Santiago, Chile Juan Carlos Solari - Santiago, Chile Karthick Nagarajan - Bangalore, India Kristine Garneviciute - Santiago, Chile Leónidas Hairdresser - Santiago, Chile Lina Morgan - Madrid, España Lorena Rivas - Santiago, Chile Luciano Depaoli - Santiago, Chile Maida Cardemil - Santiago, Chile Marcela Fuentealba - Santiago, Chile Mark Morgan - Puerto España, Trinidad-Tobago Martin Fish - Wiesbaden, Alemania Massiel de Aguirre - Santiago, Chile Mauricio Ducheylard - Santiago, Chile Melanie Tetzner - Santiago, Chile Mohamed Rumie - Santiago, Chile Natalia Valdebenito - Santiago, Chile Natha - Bogotá, Colombia Nguyen Chávez - Lima, Perú Nicole Ossandón - Santiago, Chile Óptica Alvarado - Santiago, Chile Pablo Dittborn - Santiago, Chile Paloma Salas - Santiago, Chile Patricio de la Paz - Santiago, Chile Paulina García - Santiago, Chile Paulina Orellana - Santiago, Chile Pía Sotomayor - Santiago, Chile Pierina Slanzi - Santiago, Chile Rabino Jaim Koritzinsky - Santiago, Chile Raquel Báscones - Londres, Reino Unido Raúl Serrano - Madrid, España Ravi Hari Kewlani - Santiago, Chile Richard Hubatka - Graz, Austria Roberto Olivares - Santiago, Chile Rodrigo Salinas - Santiago, Chile Romina Reyes - Santiago, Chile Ryan Lackey - Palo Alto, CA Sebastián Albuquerque - Santiago, Chile Sofía Martínez - Copenhague, Dinamarca Stefan Parnarov - Sofia, Bulgaria Valentina Paz - Long Beach, California Valentina Rios - Santiago, Chile Víctor Cofré - Santiago, Chile Vipin Baliga - Bangalore, India Werne Núñez - Santiago, Chile


R VICIO

Culpas POR RENÉ PAZ FOTOS ANTON BRIANSÓ Y JONATHAN ZAMORA POST PRODUCCIÓN PATRICK SAINT-JEAN

“Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”, reza la oración de acto penitencial en la iglesia católica. Cada uno sabe lo que está bien y está mal. A cada uno le pesa de distinta manera. Comer demás para unos, puede no ser tan terrible como no trabajar para otros. Los siete pecados capitales, enseñanzas para educar según la moral cristiana, inserta la culpa en quienes caen en excesos. Gula, avaricia, ira, soberbia, pereza, envidia y lujuria. La culpa está presente como las varas castigadoras usadas en las escuelas de antaño para rectificar el buen camino. Sean o no católicos, quisimos saber cuál era el pecado que indentificaba a diferentes personajes. Actores, músicos, artistas; nadie se salva de la culpa.

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Paulina García Actriz

Ira

“Tiendo a caer en la ira. No me enojo fácil, pero cuando lo hago arraso como la ira de Dios. Voy sumando hasta que boto la casa por la ventana. Hace mucho tiempo, cuando grababa una teleserie, pedí que no se grabara un día por el matrimonio de mi hermana. Me dijeron que no me preocupara, que después de almuerzo quedaría libre. Llegaron las 7 PM y aún tenía escenas pendientes. Pedí que lo pospusiéramos, pero me dijeron que no. Así que me paré indignada, fui a la sala de maquillaje y pateé todos los muebles con rabia. Habría echado abajo el set porque necesitaba descargar esa rabia, si no iba a matar a alguien. Cuando terminé de grabar me fui maquillada del personaje al matrimonio y cuando llegué, mi hermana ya había entrado a la Iglesia”.

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Fernando Milagros Músico

Gula “Si tuviera que identificarme con un pecado sería la gula. Hay un cierto placer inevitable e inexplicable en el comer. Pero sé que existe un límite que si sigo comiendo me va a hacer mal. Trato de cuidarme, de no tomar tanto, comer carne en la justa medida o de no consumir carbohidratos. Tengo 34 años. Antes era un pendejo que no tenía límites con nada y después me di cuenta que hay que portarse mejor si quiero seguir trabajando y rindiendo. Igual pasan días en que me salgo un poco de la dieta y soy feliz haciéndolo, como que la culpa es casi como un portal. Como ‘puta la wea, ya filo, chao, me lanzo no más’”.

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Valentina Ríos Fashion blogger

Avaricia

“Desde chica que he sido muy mala para desapegarme de las cosas porque coleccionaba impulsivamente lo más insólito. Soy cero avara, pero me gustaba coleccionar. Mariposas, servilletas, cartas, lo que fuese. Sin ningún fin, solo juntar por juntar. Mis closets estaban llenos de cachureos y no puedo botar nada. Es una cosa entre divertida y grave. Creo que los nidos de pájaros fueron lo más insólito. Me subía a los árboles para sacarlos y los guardaba todos en una caja. Como quien tiene su ropa, yo tenía una caja con nidos. También coleccionaba mariposas. Las cazaba y las dejaba encerradas esperando que se murieran para tenerlas”.

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Melanie Tetzner Maquilladora

Gula

“Creo que mi mayor pecado es haber sido patas negras cuando iba en 4º medio. Me sentí realmente mal. Él llevaba como cuatro años pololeando, tenía una relación muy estable y yo metí la maldad en medio por unos cuatro meses. Pero el pecado que me marcó cuando chica fue la gula. Comía, comía y comía. Lo hacía escondida detrás de la cortina después de haber almorzado. Lo más chistoso es que iba a una nutricionista y, como nunca seguí la dieta, cada vez que venía a mi casa a pesarme, trotaba en el pasillo para perder peso. No me arrepiento de nada de lo que he hecho porque de todos los errores que uno comete es lo que uno es ahora”.

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Iñigo Urrutia Actor

Pereza “La palabra pecado me lleva al castigo, a la culpa. Soy una persona súper hedonista y me gustan los placeres de la vida, pero cuando no los controlo puedo herir a otras personas o a mi. Me genera culpa cuando me propongo algo, tomo el camino de lo que realmente quiero hacer, y de pronto piso la misma piedra que he pisado quinientas veces. Mi pecado podría ser, en algunos momentos, no tener la voluntad de autosuperarme. De quedarme en las palabras, de haber tomado conciencia y no mejorar. De dejarme llevar por la pereza”.

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Natalia Valdebenito Actriz

Lujuria “Soy una gozadora. Me encanta comer, tirar y mirar. El goce no me genera culpa. Lo que me da culpa es quedarme pegada en lo negativo, no disfrutar con lo que pasa en el planeta. Trato de no invertir tiempo en eso. Es claro cuando los problemas son reales como la muerte o la enfermedad. No conecto con la amargura. Hace un tiempo, cuando se murió mi abuelo tuve mucha pena, pero todo tiene su tiempo. Cuando hay que llorar, lloro; cuando hay que sonreír, sonrío. Hay que saber aprovechar cuando las cosas están bien. El resto son pequeñeces”.

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Guillermo Lorca Pintor

Pereza “El pecado es cuando no trabajo y le doy exceso a la patilla y a descansar. La pereza me produce una culpa extrema. Si trabajo bien y cumplo, la fiesta me oxigenacina. Si no, me autoflagelo con angustia hasta que termino la obra. Ese es mi gran impulso para tener disciplina. Encuentro que es sano darle a Dionisio lo suyo, no creo que cuando venga haya que rechazarlo, pero cuando se quedó más de la cuenta queda la cagada. Lo más pecaminoso es la negligencia. Hay que parar lo menos posible porque se te dejan de ocurrir cosas. Cuando siento pecado me demoro un poco más de tiempo, me tomo un período de harto trabajo para estar conmigo”.

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REDENCIÓN

El arte de pecar POR PEDRO BAHAMONDES

No hubo recetas. Hace una década, el director teatral Gustavo Meza tuvo la idea e hizo lo que sigue: enlazó a reconocidos escritores y a siete actrices casi paridas por él, para llevar a escena los pecados capitales.

Fue a los 12 años. Gustavo Meza, un joven de mirada inquieta y cabellera rebelde, decidió convertirse en monaguillo y asistir a los sacerdotes durante la eucaristía, en una parroquia cercana a su casa. Durante un año y medio, las misas se convirtieron en una delirante puesta en escena que jamás habría imaginado. “Creo que nunca fui tan creyente”, confiesa hoy el actor, dramaturgo y fundador del Teatro Imagen. Con 78 años, el Premio Nacional de las Artes de 2007 asegura que “me metí de puro curioso”. Con la voz áspera y firme, frente al jardín de su casa al pie del cerro San Cristóbal, revela que tardó años en aclarar ese punto. “Ya de viejo, vine a darme cuenta de que lo que estaba haciendo era pecar. Cuando el cura no nos veía, movíamos los inciensos o hacíamos alguna payasada, y no creer de verdad al ser partícipe de una escena como esa, es un pecado. Uno de los peores”. El recuerdo no es casual. En 2003, para la celebración de los veinte años de la Escuela de Teatro Imagen, fundada por él, Meza decidió escarbar en sus propios recuerdos y en la carne del resto. Decidido a celebrar en grande,

GABRIEL SCHKOLNICK

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apostó por llevar a escena su propia versión de Los siete pecados capitales. “Me puse a prueba yo mismo”, lanza de pronto, pero su zigzagueante memoria lo corretea nuevamente hacia el pasado: “Me gustaba ser acólito, a pesar de todo. Me gustaba la sacralidad, lo sublime de aquel momento en que el sacerdote permanecía de espaldas al público y ofrecía un rito magistral. Era todo un espectáculo, y con una fanaticada más que cautiva. Sin embargo, cuando se acercaban ciertas fechas, como el Mes de María, debíamos confesarnos antes de poder salir a escena. Eso me costaba”. Pero nunca se confesó realmente. Cada vez que se unía a la fila frente a la oficina del sacerdote, repetía en silencio una y otra vez un mantra que jamás olvidó: “Tengo una vaca lechera, no es una vaca cualquiera”. Luego, y ante a la mirada vigilante y silente del hombre de sotana, se quedaba mudo. “Nunca salieron de mí las palabras. Eran ellos quienes buscaron y buscaron hasta que nos las sacaban. Se convirtieron en algo así como directores teatrales intentando dar con el propósito de sus protagonistas”.


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Más de medio siglo después, y luego de pasar por la Escuela de Sicología de la Universidad de Chile, de entrar a estudiar teatro en paralelo, de negarse a seguir la ruta obligada del exilio, de levantar una escuela teatral en plena dictadura y dedicar su vida a formar actores, quiso volver a los pecados y convertirlos en montaje. En un director que, como los curas de su infancia, era capaz de estrujar hasta la última infidencia de sus intérpretes. La idea estaba clara: retratar los siete vicios de la moral cristiana. Primero contactó a seis amigos escritores, todos conocidos durante la cómplice trastienda escénica de la dictadura chilena: Marco Antonio de la Parra, Luis “Paco” Rivano, Poli Délano, Hernán Rivera Letelier, Juan Radrigán y Aline Sanhueza. Luego, agregó su nombre a esa lista. Nunca se reunieron todos los dramaturgos de una sola tanda. “Les entregué el listado de pecados por separado y les pedí que eligieran el que se les antojara o provocara mayor conflicto”, recuerda Meza. Además, le pidió a cada uno que pensara en el intérprete. “Pero les puse una condición -aclara-. Todo pecado debía ser encarnado por una mujer”. –Eso fue por lo que significa que una mujer peque hoy en día, ¿no? –Nunca lo pensé así, la verdad. Siempre escribo pensando en mujeres, supongo que por el desafío que implica retratar al sexo opuesto. Como dices, este caso en particular tiene una segunda lectura muy interesante: históricamente, los hombres han llegado incluso a jactarse de sus pecados, las mujeres no. Al contrario, los ocultan o reprimen. Sin embargo, pueden llegar a ser conmovedores, una obra de arte. “¿Obra de arte?”, se pregunta a sí mismo en voz alta. Se responde: “Puede ser, porque socialmente siempre se ha castigado a las mujeres transgresoras. Y el arte es o debe ser transgresor”. Dar con las pecadoras fue, entonces, tan solo el punto de partida. “Quería que fueran actrices conocidas mías, del teatro ojalá”, recuerda. “Al final, el rol del director en este caso tenía que ser lo más similar al de los sacerdotes de confesorio. Había que conocer al confesado, saber por dónde escarbar. Por eso elegí actrices casi paridas por mí o la escuela”. Cuando cada autor tuvo un pecado, aparecieron las actrices. Sigrid Alegría encarnó la envidia, escrita por Poli Délano. La historia sucede en una población de Santiago. Una mujer lava ropa con los dientes apretados, mientras recuerda que su hermana, una puta barata y callejera, le levantó el marido una noche de Año Nuevo. La pobladora, sin embargo, nunca pudo dejarlo. La última vez que se lo echó en cara, el tipo le había dado vuelta la cara de un palmetazo. Cuenta Meza: “Con Sigrid tuvimos que trabajar en ser sutiles para no caer en la ira. Contenerla, rozarla, dejarla justo al precipicio”.

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Berta Lasala sucumbió ante la lujuria descrita con la picardía nortina del novelista Hernán Rivera Letelier. En el relato, una monja se sumerge en sueños y deseos prohibidos. Cada noche, sueña con que trabajaba en un café con piernas, fantasea con la relación con sus clientes. “El texto, al igual que todos, debía durar máximo diez o doce minutos, así que Berta hizo un trabajo importante consigo misma”, dice Meza. Al final, la religiosa despierta bañada en sudor. Y con ganas de volver a soñar. El dramaturgo Juan Radrigán quiso trabajar con Amparo Noguera. La actriz, en escena, hierve en su propia ira. ¿Quién le robó la alegría a este país?, pregunta. ¿Dónde fue a parar la alegría de Chile? Alguien tiene que traérmela. “La retórica política y de desconsuelo -dice Meza- le dieron un tono dramático que trabajamos duramente con ella, hasta dar con la tecla”. Una mujer separada de un hombre arribista debe pedirle dinero a su ex marido para una operación. Pero al recordar que ese mismo hombre la engañó con una rota, una secretaria de mala fama, se desiste. La mujer, interpretada por Antonia Zegers, llevó a escena la soberbia de Luis “Paco” Rivano. “A Antonia la conozco muy bien, la vi crecer, aprender y mejorar con los años. Paco, que la conocía muy bien también, supo que ella era la indicada. No fue difícil sacarle su lado más soberbio”. Luz Croxatto encarnó la avaricia. La historia creada por Aline Sanhueza retrataba a una mujer mayor que coleccionaba monedas de oro a toda costa. “Podía prostituirse, matar a otros, hacer lo que fuera”, explica el director. Luego, estuvo la pereza. Su amigo, el dramaturgo Marco Antonio de la Parra, escribió de una mujer que pierde a su gran amor por flojera. “La tipa no lo llama ni busca. Se conforma con dormir y seguir descansando. Trinidad González, la actriz protagonista, se veía de lo más anémica, parecía un largo bostezo”, recuerda Meza. Por último, el propio Meza desarrolló una historia a partir de la gula. En escena, Elvira López se convirtió en una mujer que come todo lo que tiene enfrente. Cuando parece sentar cabeza, la cabrona a cargo de un puterío la convence de ser prostituta, aludiendo a su mayor especialidad: morder placenteramente a sus clientes. “Elvira trabajó siempre conmigo. Como director, tenía que conocer a mis intérpretes. Solo así pude saber en qué historias pasadas indagar para encontrar el pecado que buscaba”. No quedó registro del montaje, ni siquiera uno aficionado flotando en internet. Lo cierto es que en noviembre de 2003, la sala del Ictus se convirtió en el confesionario de Meza, y siete actrices en sus pecadoras sin remedio. Foto de Gustavo Meza agradecemos al Consorcio Persa - Alfombras del Mundo


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<INSERTAR DATO INÚTILCAT>

Radiografía de un bostezo POR EQUIPO MALAMAG ILUSTRACIÓN DE VALERIA HERNÁNDEZ

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IRA

No matarás POR IGNACIO BAZÁN

Claudio Romero rompió el quinto mandamiento una noche de noviembre hace cuatro años. También el cuarto, pues el hombre al que mató era su padre. Aunque con ese disparo cumplió en parte el “honrarás a tu padre y a tu madre”, pues todo ocurrió una de las tantas noches en que su padre golpeaba a su madre. El relato de cómo llegó a jalar del gatillo, lo contó él mismo en El Semanal de La Tercera. Parte de ese testimonio es el que reproducimos aquí. “Yo hubiera dado la vida por mi papá si él lo hubiera necesitado. Habría puesto el pecho a las balas por él. Recuerdo esa noche. Yo estaba jugando a la pelota y mi papá había estado tomando todo el día. Cuando terminó el partido, revisé mi teléfono y tenía muchas llamadas de mi mamá y de él. Al ver las llamadas perdidas, altiro pensé que algo estaba pasando. Me volví de inmediato a la casa y ahí estaba él, tratando de entrar, porque no tenía llaves. Mi mamá no lo había dejado entrar, porque ya la había insultado por teléfono y ella sabía a lo que él iba. Conversamos un rato afuera y me dijo que estaba ultracansado. Entramos a la casa con mi papá y conversamos un rato en la cocina. Lo hice para distraerlo, para que no le fuera a hacer nada a mi mamá. Pero en cinco segundos él ya estaba allá arriba, pegándole. Mi mamá se había encerrado en la pieza matrimonial con mis dos hermanos chicos, de ocho y 10 años. Pero cuando llegué al segundo piso, mi papá había logrado entreabrir la puerta y le estaba pegando hacia adentro. Me metí y empezamos a pelear, a pelear, a pelear. Nunca me había atrevido a meterme en una pelea por miedo a él. Mi mamá llamó a Carabineros, yo llamé a Carabineros, mi amigo llamó a Carabineros. En la pelea, mi papá me empezó a ahorcar con la cadena que andaba trayendo. Mi amigo nos trató de separar, pero él lo empujó y le dio un combo en el pecho. De ahí en adelante, mi amigo se quedó paralizado totalmente. Después de un rato, que se me hizo eterno, llegó mi abuelo. Siempre que llegaba gente, como que mi papá se calmaba, en el fondo ocultando lo que realmente pasaba. Mi abuelo nos

1 Y 2 NICOLÁS ABALO COPESA

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encontró en el piso, forcejeando. Yo lo tenía abrazado para que no me pegara. No se podía mover, pero me podía morder. Ahí mi abuelo nos separa. Yo bajé a llamar a los guardias del condominio y a Carabineros. Desde la calle escuché que se puso a pelear con mi abuelo, porque quería entrar a la pieza de mi mamá. Decido volver a buscar la escopeta que estaba en el tercer piso. Mi idea era tranquilizarlo con el arma. Yo me acordé de la escopeta, porque en algún momento de la pelea, él quiso subir al tercer piso. Nunca pensé en disparar. Pero ese momento era como una película, como un sueño. Yo como que estaba ahí y no estaba. Y en su momento no me pude controlar. Además, estaba la provocación de él. Cuando yo bajo y lo amenazo para que se calme, empezó con lo mismo de siempre, con ese ataque sicológico de ‘qué te vai a atrever, hueón, si vos soy maricón, no servís pa nada’. No sé, me decía cosas así para achicarme, con tono burlesco, con una risa de ‘dale no más’. Yo estaba mordido por él por todos lados, tenía un ojo cerrado por sus golpes, habíamos peleado media hora. Y sin saber cómo, le disparé”. *** “Hasta mis 12 años, mi familia era normal. Hacíamos cosas, siempre había algún panorama, alguna cosa que hacer. Acompañaba a mi papá a jugar a la pelota, nos íbamos de camping. El también me enseñó a manejar cuando era súper chico, también a andar en moto. Como yo viví una parte buena con mi papá, siempre lo quise. Después, cuando nos trataba mal, igual lo amaba. Todo cambió cuando empezó a tomar. Hasta los 30 años mi papá no tomaba nada. Pero se hizo un bypass gástrico. Y como no podía comer mucho, optó por el alcohol. Con su operación, empezó la distorsión. Esto calzó con un período en que, además, le empezó a ir muy bien en sus negocios: justo nos habíamos cambiado de nuestra pequeña casa en Maipú a una parcela en Calera de Tango. Fue ahí, en la parcela, donde mi papá empezó a comportarse en forma violenta con mi mamá. Estuvimos en Calera de Tango por tres años, hasta que mi papá lo perdió todo y tuvimos que volver un par de años a la casa chica de Maipú. Luego le empezó a ir mejor y nos cambiamos a la casa actual, en esa misma comuna. Con plata, mi papá empezó a vivir más. Tenía muchas mujeres por fuera, incluso un hijo con una de ellas. Y empezó a hacer vidas paralelas, aunque él siempre llegaba

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en la noche a mi casa. Dejamos de salir de vacaciones juntos. Me conozco todo el norte y todo el sur, pero eso era cuando chico. Después los viajes eran mi mamá, mis hermanos y yo, pero él no iba. Todo se hacía así. Uno entraba al colegio, a la universidad y a la carrera que él decía. Cero independencia, cero respeto. No te preguntaba nada. La violencia se empezó a dar todas las noches. Cada vez que llegaba. Nosotros sabíamos que tenía otras mujeres por fuera, que tenía un hijo, pero él sabía que nosotros teníamos que aceptar eso, que mi mamá lo tenía que aceptar, porque seguía siendo su mujer. La cosa era tan fuerte que llegaba todas las noches a obligar a mi mamá a que se acostara con él. Su gran motivación para seguir en la casa era decir que mi mamá era de él, de nadie más, y que él podía hacer y deshacer en la casa. Mi mamá no le daba motivos para que le pegara. Yo creo que le tenía hasta controladas las idas al baño. Durante el día lo único que ella podía hacer era llevar a mis hermanos al colegio y traerlos a la casa. No podía ir a la casa de sus papás, no podía tener amigas. Y si iba al mall o al doctor, tenía que ir conmigo. Alguna vez mi mamá se desvió de la ruta, como cuando pasó al cumpleaños de mi abuelita. Al llegar a la casa, él la estaba esperando para sacarle la cresta. Era extraño. El nunca estaba durante el día, pero cuando mi mamá hacía otra cosa, justo estaba en la casa esperándola. Con la violencia, empezamos a evitar los objetos contundentes en la decoración, como esos típicos corales, por ejemplo. Eso lo hicimos cuando mi papá pasó de los golpes a amenazar a mi mamá con un martillo. También la amenazó con las tijeras para cortar pasto. Por eso empezamos a esconder las herramientas, a no tener cuchillos muy grandes. La presencia de las armas en mi casa venía de antes. Era una cosa de siempre. A él le gustaba creer que era algo así como un gánster. Creía en la sobrevivencia del más fuerte. En la casa estaba la escopeta, pero en cada uno de los autos -el de él, el de mi mamá y el mío- había pistolas. Yo siempre lo tenía que ir a buscar a los carretes. La idea era que llegara más calmado a la casa. Mi papá hacía cosas que nadie hace. Saliendo de Espacio Broadway, en la Ruta 68, se devolvió a Santiago contra el tránsito, muerto de curado. Llegó con un carabinero a la casa. Venían a decirme que fuéramos a buscar la camioneta. Solo eso. O sea, a él nada: no estuvo detenido, no le pasaron un parte. Por eso yo no llamaba a Carabineros. Las veces


que llegaron carabineros a la casa, mi papá salía y ellos se iban sin entrar. Y después él volvía a la casa más violento.

yo entré, todos me felicitaban. Entré a la cárcel con el respeto ganado”. ***

Pero era tan fuerte el lazo entre nosotros, que yo siempre confié en que en algún momento él iba a ser como antes. Que iba a dejar los excesos. Que se iba a calmar. Yo creía que él iba a poder hacerlo. Eso estaba esperando”. *** “Uno ve en las películas cuando disparan y la gente se cae: mi papá nada, se miró la guata, se afirmó la herida y después dijo que se iba a recuperar y nos iba a matar a todos. Salí corriendo hacia la calle. Corrí un par de cuadras y me encontré con una patrulla de Seguridad Ciudadana. Les dije lo que pasó y seguí corriendo hasta que llamé a mi suegro, que es de Investigaciones. Me dijo que me quedara calmado, que me pasaba a buscar a Américo Vespucio. Pasó con mi suegra. Con mi amigo nos subimos al auto y nos fuimos a la casa. Mis suegros entraron. Yo me quedé en el auto pensando que mi papá nos iba a matar a todos cuando se recuperara. Nunca se me pasó por la cabeza que estaba muerto. A la una y media de la mañana sale mi suegra y me comunica su muerte. No lo podía creer. Como que en ese momento te da todo lo mismo: estar preso, las heridas que tenía. Cero ganas de seguir viviendo. Mi mente quedó en blanco. Yo había estado jugando fútbol con mi cuñado. Y justo cuando disparé, él venía entrando a la casa. A mi mamá no la dejaron salir de la pieza, y él se quedó con mi papá. Después me contó que hasta el último minuto mi papá puteaba contra mí diciendo que me iba a matar, que yo ya no era su hijo. Como a las tres de la mañana me llevaron a la Brigada de Homicidios. Quedé detenido casi altiro. Se subió un detective al auto y me leyó mis derechos. Llegó la prensa, por eso el tema era sacarme rápido. Llegaron Seguridad Ciudadana, la prensa y luego Carabineros. En ese orden. Me pasé la noche declarando. Me constataron lesiones y en la mañana me pasaron a Gendarmería. En la tarde tuve el control de detención y como a las 3 de la mañana llegué a mi celda. Era la madrugada del sábado. Estuve una semana en la cárcel. En Santiago 1. Cuando llegué éramos cinco personas en una pieza de uno por uno, sin baño, sin nada. Había tipos peligrosos, pero como todos tienen tele y se informan en las noticias, sabían que yo llegaba. Y adentro la mamá es sagrada. Entonces, cuando

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“Estuve seis meses muy mal. Desde que salí de la cárcel, tuve arresto domiciliario nocturno. En un principio no podía vivir en mi casa y di la dirección de mis abuelos. Mi mamá y mis hermanos se fueron conmigo y también la Jose (su polola). Estábamos los cinco viviendo en una pieza. Había gente todo el día, abogados, prensa, familiares, amigos. La sensación era de ahogo. Siempre estaba acompañado y yo quería vivir mi duelo, estar solo. Si hubiese sabido que las cosas iban a terminar en esto, a lo mejor habría llevado a mi papá amarrado a un equipo de sicólogos o siquiatras. Muchas veces le pedimos hora al siquiatra. Pero ahora lo obligaría a ir. El cambio ha sido grande. Uno de mis hermanos se hacía pipí todas las noches y desde que mi papá no está, ya no lo hace. A ellos les tocó madurar mucho de golpe, pero ahora sabemos quiénes son mis hermanos, han sacado su personalidad. Lo mismo mi mamá, que ahora aprendió a ser mamá. Y para mí, que estoy aprendiendo a ser hijo. Antes nadie dormía, ahora todos duermen”. Publicado en El Semanal, La Tercera, 4/09/2011


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Motel FOTOGRAFÍA ANTON BRIANSO CODIRECCIÓN VIDEO RODRIGO MARÍN Y MATÍAS MONTECINOS PRODUCCIÓN Y TEXTOS RENÉ PAZ

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El motel Mosqueto tiene 23 habitaciones. Entre las 2 y 4 PM van en promedio 12 parejas. En el San Francisco la ocupación a la hora de almuerzo también es de 50%. Ambos están en medio de oficinas en Santiago Centro. 29


La mayoría de los huéspedes son habituales: el 70% va 2 ó 3 veces al mes, mientras que el 30% del público va por primera vez. 30


En Mosqueto los parroquianos rondan entre los 30 y 50 años de edad. En el San Francisco son más jóvenes: entre 20 y 30 años. 31


Para resguardar la privacidad de sus huĂŠspedes, el Mosqueto tiene salas de espera con una banca forrada de cuerina roja, cerrada con una cortina. 32


El uso promedio de las habitaciones es de una hora y 15 minutos. 33


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Para la limpieza, en cada local compran mensualmente 48 unidades del desinfectante ambiental Lysoform. AdemĂĄs venden al pĂşblico en promedio 150 envases de lubricantes y 100 cajas de condones.

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A

VICIO

Lengua filosa

y andan en micro cuatro horas al día. Encuentro horrible decir que eres clase media cuando no lo eres”.

POR NANCY CASTILLO

Por definición, el hacer humor nace de una mirada aguda de la sociedad. Esta es la desenfadada voz de la nueva figura del stand up comedy nacional, Paloma Salas, sobre pecados y defectos nacionales. Sancionadores con las mujeres “Desde el Coco Legrand, el ídolo bacán casi intelectual del humor, hasta el Kike Morandé que es como un escupitajo horroroso, siempre se ríen de la señora buena para el carrete. ¡Pero si las mujeres somos iguales de buenas para el carrete que los hombres! Nada más típico que la frase: ‘No hay nada más feo que una mujer borracha’. Cuando un hombre borracho es igual de horroroso, se hacen pipí, tienen ganas de tener sexo y la cosa no funciona. Pero se juzga mucho más duro a las mujeres. La mina borracha es una mina que está un poquito loca, que necesita ayuda. En cambio, un tipo con las mismas responsabilidades si le gusta el hueveo es porque se está relajando del estrés. Súper merecido. Como está tan mal visto que las minas tomen copete o se fumen un pito, especialmente si son mamás, hoy tenemos a la ‘mamá ravotril’. Pues no les queda otra que ir a un señor con delantal que le diga que este carrete sí está permitido. No sé si es responsable que estén drogadas, pero sí es necesario que dejen de juzgar a las mamás que van a la playa a tomar vino en caja. Las mamás están un poco locas, ¡qué tomen lo que quieran!”. Abajismo “Ser arribista o aspiracional no lo encuentro terrible, ni pecado, porque el mundo te exige serlo; ves los diarios, la tele, escuchas la radio, paseas en la calle y todo te exige que te vaya mejor, ser más lindo, tener más plata. Si no eres arribista y estás conforme con lo que tienes, eres un raro. Lo que sí es chiflado es no reconocer desde el privilegio. Yo tengo el privilegio de que nadie va a ser clasista conmigo. Si voy en la calle, nadie va a agarrar más su cartera, ni va a esconder sus cosas porque piensa que le voy a robar. Si no lo reconozco es demasiado injusto y horrible. El arribismo es natural. Pero el abajismo es una falta de verdad y respeto para la gente que no tiene nada. Yo gano muy poca plata, pero vengo de una familia que está bien. Yo sé que no soy clase media. Y hay mucha gente que dice que es clase media cuando habla otro idioma, ha viajado, tiene auto, fin de semana por medio se puede ir a dormir sino a su casa en la playa a la casa de alguien. No son clase media. La clase media gana 400-500 lucas

Peladores “¿Por qué hay que ser confrontacional siempre? Pelar es tan entretenido, pelar une. No hay felicidad más grande que estar hablando y coincidir en que los dos odian al mismo personaje. Encuentro que pelar es maravilloso y no nos quiten pelar. Y, sí, voy a ser cínica contigo, y te voy a hacer pensar que eres un amor cuando encuentro que eres un bodrio. A mí me cargaría que me dijeran lo que piensan de mí todo el rato. Mi peor pesadilla. Por favor, ¡sigan siendo cínicos conmigo también!” Democratización del consumo “El consumismo nos ha hecho pensar que es todo mucho más barato y asequible y democrático, pero al final es todo horrible y de mala calidad y nos hacen comprarlo cada dos semanas porque lo lavas y se echa a perder. No es más democrático, es peor. Antes la gente podía tener la dignidad de tener un pantalón bueno que le durara años. Ya no. Todo es desechable, la arquitectura es desechable; la música es desechable. Todo está hecho para ser reemplazado. Ya ni los ‘basic’ lo son, todas las semanas los cambian. Yo pensaba que un básico era un bluejean, una polera blanca y un blazer negro. Ahora no. Básico es un disfraz floreado, rarísimo”. Creerse pillos “Se dice que el chileno es pillo. Lo encuentro cero pillo. Habrá un par de huevones muy pillos que roban el aeropuerto pero es uno cada hartos años. Yo no diría que somos pillos: pagamos unos intereses ridículos, contratamos internet en el celular y no funciona en ninguna parte; yo me gasto una cantidad de plata en la Isapre que no me queda para ir al doctor. No me encuentro pilla para nada, me encuentro una ahuevonada”. Odiosos “Más heavy que twitter son los comentaristas de las notas de Emol o del Clinic online. Donde la gente escribe cosas como: ¡Y este país se está llenando de peruanos! Ellos están armando una comunidad de odio muy heavy. Los trolls están quedando en el pasado y lo que se viene es este rally constante en los comentarios de los artículos de los medios en internet. El morbo que da ir a ver esas personas que están chifladas y fuera de control. Por ejemplo, el titular de la nota es: Abren nuevo centro deportivo en La Florida. Y en los comentarios aparece: ¡Y ahora son todas prostitutas y hay que pagarles los abortos! Y uno no entiende cómo puede ser que hayan llegado a ese punto del aborto. En mi cabeza son todas Paty Maldonado y Doctora Cordero”.

1 IGOR GOLOVNIOV - CELEBRACIÓN NAVIDEÑA (1960)

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R PENITENCIA

Dogma y pecado POR RENÉ PAZ

“¿Es el hombre solo un fallo de Dios, o Dios solo un fallo del hombre?”, Friedrich Nietzsche Se repite como mantra: las culturas católicas y cristianas son más culposas que las orientales. En la manera en que las religiones definen pecado y el correspondiente castigo por cometerlo hay algo de luz sobre el punto. La diferencia entre pecado y karma agrega algo más, también si la ofensa es hacia Dios, hacia sí mismo o hacia el prójimo. Aquí, en voz de guías y autoridades de distintas religiones les damos su propia definición de qué es pecado, cómo se expía y dónde lo ven en la sociedad actual. También incluimos la voz de quienes no creen en el pecado, porque no creen en ningún Dios: los ateos. A tomar nota. La discusión puede dar para varias sobremesas.

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1-10 SOFÍA MARTÍNEZ


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Jorge Medina

Hernán Pérez

“El Catecismo de la Iglesia Católica dice que el pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta. Es una falta al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo. Basta con recorrer los ‘diez mandamientos de la ley de Dios’ para comprobar que en nuestra patria se peca contra todos ellos. La soberbia de quienes rechazan la verdad y piensan que lo que piensa la mayoría constituye un criterio absoluto de verdad. La mentira y el engaño como maneras de resolver problemas o procurarse ventajas. La lujuria, o banalización de la sexualidad, considerándola como una fuente de placer, rehuyendo de las responsabilidades propias del matrimonio, como un lugar ordenado y natural. Y terminaría apuntando a un cierto modo de pensar y actuar que solo piensa en los propios derechos, pero que se descuida los propios deberes. Entre los pecados me parecen los peores la soberbia y la lujuria”.

“Para la Iglesia Evangélica el pecado es transgredir la palabra de Dios frente a él. En nuestra sociedad podemos destacar dos áreas en donde vemos el pecado. Una de ellas es que el hombre rebaja la deidad de Dios a nivel humano, piensa que todo lo puede y todo lo tiene, especialmente cuando materialmente no le falta para sus deseos y apetitos carnales. Lo segundo, es que la sociedad chilena no considera a Dios en sus proyectos y estilos de vida.

Juan Carlos Solari

Guru Gunagrahi Maharaja

“Nosotros lo llamamos karma o ‘ley de causa y efecto’. El karma lo es todo: con él se obtiene el país donde naces, el color de la piel o tu círculo familiar. Somos el resultado por todo lo que hacemos, decimos o pensamos. Es una energía que vuelve, no un castigo divino. Es el producto de una acción volitiva del individuo. El karma negativo aparecerá si una acción está motivada por una emoción perturbadora, como la ira, los celos, el enojo o envidia. Pero una emoción es transitoria. Hay 84 mil emociones distintas. Buda dio 84 mil enseñanzas sobre lo impermanente. El karma malo se puede lavar con buenas acciones.

“Krishna nos dice que ‘todo lo que hagas, todo lo que comes, todo lo que ofrezcas, debes hacer todo para mí’, es por eso que nuestro pecado es no actuar armoniosamente con Dios. Prometemos no tener sexo fuera del matrimonio, no tomar intoxicantes como café, té o alcohol; no comer carne ni jugar juegos de azar. Además, todo lo que hacemos tiene una reacción kármica, positiva o negativa. El cuerpo y la vida material es un castigo por nuestros actos en vidas pasadas. Un ejemplo del karma es que si actúo bien cuando estoy en la cárcel, el gobierno disminuirá el tiempo que estaré preso. Seguiré castigado, pero menos tiempo porque ven un cambio en mí. Es lo mismo con Dios y el karma. Es nuestra manera de aprender, y si Krishna ve que aprendimos de nuestro mal karma, disminuirá la reacción kármica en nuestra vida”.

Cardenal Iglesia Católica

Escuela Budismo Camino del Diamante

Hay impresiones negativas en el mundo que se notan en cómo nuestro yo lidia con las emociones de frustración, ira, envidia y materialismo cuando interactuamos con otras personas. Hay sufrimiento porque la gente no cree en la impermanencia de las cosas que cambian con el tiempo. No puedes aferrarte a algo que te gusta para siempre, como muchos que depositan su felicidad en la juventud y sufren”.

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Obispo Iglesia Evangélica

La única manera que existe para que el hombre pague el rescate para ser salvado por sus pecados es creer en el poder que tiene la sangre de Jesucristo, para limpiar los pecados de todo aquel que lo confiesa como su dueño y Señor, además de arrepentirse de sus errores. Chile necesita de hombres y mujeres arrepentidos de sus pecados y temores para que pueda crecer en igualdad y amor”.

Hare Krishna


Anuar Rabi

cia de unicidad. Somos Uno, estamos interrelacionados los unos con los otros, unidos a Dios, a la naturaleza y al medioambiente. Vivimos sin tener conciencia que cada ser vivo, cada componente de la creación posee una chispa divina, por lo que merece ser tratado con profundo respeto, amor, como sujeto único y no como objeto”.

Presidente Sociedad Atea “Los ateos no tememos a la ira de Dios ni a ir al infierno, porque ese señor y lugar no existen. Esto no implica que carezcamos de moral. Tenemos valores humanistas y seculares, basados en la ciencia y en el descubrimiento del cosmos y del ser humano para tomar decisiones. El pecado es como una incitación al terror para no salirse del canon establecido.

Ravi Hari Kewlani Sacerdote Hinduista

Para nosotros lo sancionable en el Chile actual es la falta hacia la moral común, como usar subterfugios para cobrar demás, engañar en contratos, la usura, la contaminación deliberada, la irresponsabilidad social o ser abusador de infantes. La religión secuestró la moral e impuso un sinnúmero de pecados para someter a la cultura. En el Cristianismo, dejar de creer en el Espíritu Santo es un pasaporte sin retorno al castigo eterno. Para nosotros es lo mismo que dejar de creer en el viejo pascuero y estar condenado a no recibir regalos nuncamás”.

“No tenemos que mentir ni hacer ningún daño a un animal o a una persona. Eso es lo básico a seguir. Antiguamente, se seguía al pie de la letra todo lo que estaba escrito. En tiempos de mis abuelos, los hinduistas eran muy ortodoxos, respetaban las castas, por ejemplo. Pero ahora la cosa cambió mucho. Hay algunas castas que se mezclan y no todas las mujeres adoptan el nombre de sus esposos, porque la modernidad cambió los actos de las personas. Entonces, lo esencial es actuar bien. Todo se devuelve, sea buen o mal karma. Si alguien te hace algo malo, te falla o te apunta con el dedo, no te preocupes porque su mal karma regresará. Uno tiene que perdonar a quienes nos hacen mal porque Dios y el karma se encargarán”.

Rabino Jaim Koritzinsky Comunidad Ruaj Ami

“En la religión judía el pecado no es un concepto central. Ni existe una definición única, las distintas corrientes del judaísmo lo van a entender de acuerdo a su interpretación de los textos sagrados. Pecado en hebreo es ‘jet’, que significa ‘perder el foco’ o ‘alejarse del camino’. La tradición judía se basa en la Torá donde se encuentran los 10 mandamientos y los 613 preceptos que definen el comportamiento ético. Cuando las personas no cumplen estos preceptos se alejan del camino. La posibilidad de redimir los ‘pecados’ está dada por un proceso personal y comunitario que se llama ‘teshuva’ (arrepentimiento). El rabino Larry Kushner lo describe así: ‘Descendemos dentro de nosotros mismos, con una linterna, buscando la maldad que hemos cometido, no para eliminarla como si fuera algo ajeno que creció dentro de nosotros, sino para encontrar su chispa divina. Intentamos comprender qué necesidad tratábamos de satisfacer al actuar desde la maldad, para así poder encontrar otras formas menos dañinas’. Todos los días tenemos la oportunidad de hacer este proceso. Pero, Iom Kipur (día del Perdón) está dedicado a ello. Para poder ser perdonados por Dios, antes debemos pedir perdón a las personas contra quienes cometimos la falta. En la sociedad actual el mayor pecado es que vivimos en un estado de alienación, hemos perdido la concien-

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Mohamed Rumie

Musulmán Centro Islámico de Chile “Para el Islam, el pecado es toda acción o pensamiento que vaya en contra de las órdenes de Allah, término árabe para designar a Dios, que se encuentra en el Corán y que nos conducen a comportarnos con el otro como quisiera que se comportaran con uno. Las órdenes coránicas son derechos y obligaciones que Dios nos da. Nuestro deber es no insultar, matar ni violar. Creemos que Dios es uno solo, y creer en santos, ídolos o estatuas es el pecado más grande que podemos cometer porque Dios es único e indivisible. En la modernidad existen pecados menores como la fornicación, el alcoholismo o el uso de cualquier tipo de drogas. Cuando el creyente se da cuenta que ha pecado, solo debe pedir perdón y no volver a repetir el hecho. Pedimos disculpas en la oración, puede ser en la Mezquita o en la casa. El Corán dice que Dios perdona al ser humano todas las veces si es sincero porque él es misericordioso, clemente y está pendiente de las plegarias que hagan los creyentes”.


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CASTIGO

Trauco. Chauco. Cusme. Pompoñ del monte. POR EQUIPO MALAMAG

No mide más de 80 centímetros y sobre las ramas de un tique que le da 30 más de altura acecha en medio del bosque chilote en busca de doncellas. De figura humana, cuerpo malhecho y rostro horrible, se viste de fibras vegetales como la quilineja o pompoñ. Cuando elige a una mujer, merodea su casa y defeca sus alrededores con un excremento amarillento. “La cagada del Trauco”, se llama. No se sabe de dónde apareció este ser mitológico, pero sí que ha servido para explicar los embarazos adolescentes, las violaciones a campo traviesa y el incesto en la isla grande de Chiloé. Si hasta el mismo sátiro tiene de pareja a quien fuera hija suya, la Fiura. Una vieja horrible, igual que él, pero capaz de dejar “enlesados” a quienes son sometidos por su juego sexual. Ambos utilizan la misma técnica de seducción que se conoce como “tomar los alientos”. Le lanzan un vaho mágico a sus víctimas con el que se apoderan de su voluntad. Quedan tan aturdidos que hasta bellos los encuentran. El Trauco se mete en los sueños de las mujeres que escoge. Les provoca sueños eróticos, dicen. Solo ataca a su víctima si ésta va sola por entre la arboleda. Por eso que desde chiquitas las madres les dicen en Chiloé a las niñas que no salgan a recoger leña sola al campo. También hace otras maldades. Se le cuentan 25 tipos: dejar marcas en la piel (¿servirá para esconder la violencia intrafamiliar también?), y dejar tullidos o chuecos a los hombres que se les enfrentan con la mirada. Chilcón, Chilchín y preparados de varios otros arbustos ayudan a quitar estos males. Tan libidinoso es el Trauco que aunque no sabe nadar se le ha visto persiguiendo mujeres hasta el agua y ahí ha gritado: ¡Quey tobillo!, ¡quey rodilla!, ¡quey cintura!, ¡quey cogote!

1 SOFÍA MARTÍNEZ

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Si usted es de los que creen en estas cosas, no olvide gritar: ¡Huelli!, si se lo encuentra. Así lo ahuyenta. Si pronuncia su nombre, él lo tomará como una invocación.


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CULPA

Esas dos revistas inmorales POR RENÉ PAZ

Un arzobispo, un editor y una jueza. Esta es la historia de cuando las revistas ‘porno’ eran consideradas inmorales e ilegales. No fue hace mucho. “Voy a ser bien franca. Hay mucha mariconería en estas revistas. ¿Y sabe? La homosexualidad es uno de los grandes daños que sufre este país. Si me promete que no las trae más, lo declaro inocente”. Era 1995 y así recuerda Pablo Dittborn, director general de Ediciones B para Argentina y Chile -y hoy uno de los dueños del The Clinic-, las palabras de la jueza al absolverlo tras ser acusado de importar revistas que atentaban contra la moral y las leyes contra la pornografía. Las revistas a las que se refería eran Interviú y Penthouse. La primera era un magazine de actualidad y farándula española que en la portada siempre llevaba una modelo desnuda, pasara lo que pasara en ese país. En Penthouse las mujeres posaban desnudas de inicio a fin. Había erotismo, pero nada explícito. “Podía haber una mina tendida, con la gamba semiabierta, y otra besándole el muslo, pero la foto tomada desde un ángulo que no sabes lo que le besa”, rememora Dittborn. Desde la oficina que entonces tenía en Buenos Aires, Dittborn llevó las revistas desde España a Argentina en 1985. Tardaban dos meses en llegar, como no existía internet a nadie parecía importarle el desfase. Tres años después expandió el negocio a Chile. “Vendía 15 mil ejemplares en Argentina y 10 mil en Chile”. Acá llegaban por barco hasta el puerto de Valparaíso. La censura de la dictadura no aplicaba. Condorito, Barrabases y los diarios compartían tribuna con las joyitas de Dittborn en quioscos de la capital y de Valparaíso. Con el retorno a la democracia y el arribo de Patricio Aylwin al poder, el negocio continuó. La competencia era poca y nula. Había revistas de factura nacional. Como La Papaya, Can Can o El Quirquincho que mezclaban caricaturas picaronas con una foto sensual. Otras, como la 100% o Edad Legal, eran un poco más osadas pero de baja calidad y mala impresión. “Estas revistas tenían una ventaja con lo nacional porque estaban bien impresas, con linda fotografía, buen papel y mucho más audaces”.

1 ADELÈ SASNAUSKAITÈ

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Dittborn que había salido de Chile tras el golpe del 73, decidió en 1994 volver a vivir en Santiago. No alcanzó a gozar un año cuando el entonces arzobispo de Valparaíso, Jorge Medina, compró en los quioscos porteños Interviú y Penthouse. Luego, el cura se vino a Santiago y llevó los ejemplares hasta el palacio de gobierno. “Vino a Santiago y se las entregó al guardia de Carabineros de La Moneda. El gobierno de (Eduardo) Frei dijo que investigaría, pero se cagó en dos tiempos”, recuerda Dittborn. “Nadie se atrevió a mandarlo a la cresta y fue el pelotudo del intendente de Valparaíso, compañero socialista Hardy Knittel, el que se unió al arzobispo en la querella en mi contra”. Era el Chile de mitad de los 90, uno que apenas entendía la democracia. Años en que se decía, como sucedió en España después de Franco, se produciría un destape que aquí no llegó. Días en que el cura Hasbún sermoneaba en horario prime en Canal 13; el Mamo Contreras comenzaba su condena en Punta Peuco por violaciones a los DD.HH. y a grupos como Iron Maiden se les prohibía la entrada al país por satánicos. Así fue como se inició el proceso judicial contra Dittborn, una suerte de versión local del juicio contra Larry Flynt por la revista Hustler. “Nunca le di pelota y todo me importó una raja hasta que me llamó mi abogado y me dijo: Pablo estai’ hasta los huevos. La próxima vez que vuelvas de Buenos Aires un viernes a las 7 PM te meterán preso y recién el lunes podré sacarte de ahí”. -¿Estas son revistas pornográficas o eróticas? -le preguntó la jueza. -Eróticas -dijo Dittborn. Ante la duda, la magistrada entregó las revistas a una comisión de psicólogos y sociólogos para que lo determinaran. En la segunda cita dieron los resultados de la comisión: no hallaron la diferencia. Pero la jueza le dejó algo en claro: “Lo que sí tiene son muchas escenas homosexuales y Chile se está perdiendo por culpa de actitudes como esas”. Cuando ella le ofreció no importarlas más a cambio de no condenarlo, Dittborn bajó la cabeza y prometió no traerlas más. No cumplió. Las siguió trayendo, pero ahora por camión desde Mendoza para así evitar el sancionador ojo del cardenal Medina. Interviú vendía cerca de 4 mil ejemplares y Penthouse, 15 mil. Todo un éxito que años después hundió internet y la apertura de la televisión.


A

VICIO

Diccionario enciclopédico de pecados y pecadores de la política chilena POR PATRICIO HIDALGO GOROSTEGUI ILUSTRACIONES DE SOFÍA MARTÍNEZ

ABSTENCIÓN

A Abstención Flagelo posmoderno. Virus que ataca primordialmente a los menores de 30 años, transformándolos en espinilludos zombies que responden con monosílabos inconexos, no se integran a la fuerza laboral, suponen que la voluntad se manifiesta en twitter y, lo más importante, le quitan legitimidad a la cuarta reelección del diputado de turno. Adelantarse en la carrera presidencial Falta de timing dramática, motivada por la ansiedad de imaginarse hablándole al pueblo desde un balcón. La carrera es similar a la ronda de San Miguel, tiene la prevención de Pedrito y el lobo y quien pierde luce muy parecido al rey desnudo.

C Centralismo Culpa con la que cargamos todos quienes habitamos en Santiago. Sobrevivimos con ella con bastante decoro, salvo cuando aparece en la tele Iván Fuentes. Entonces hacemos una catarsis y prometemos cambiar, para volver a lo mismo poco tiempo después. Chavismo Si le creemos a nuestra prensa, mezcla desvergonzada de izquierda, populismo, estridencia, violencia, corrupción, maldad, encarcelamiento injustificado, ofensas al pudor, petróleo

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a borbotones, joropo, naftalina ideológica y filiaciones familiares dudosas. Chocman Bizcocho cubierto de chocolate, suficiente para remunerar cuadros políticos espontáneos, breves y, por desgracia, poco discretos. Comisión investigadora Forma que tiene el parlamento de sustraer un asunto de la opinión pública, enfriarlo hasta que pierda toda oportunidad y, después de varios meses, entregar un informe decolorado e insustancioso que permite impunidad, a cambio de poder revivir el tema en un par de meses o años. Contrata Forma en la que el Estado chileno le demuestra a sus trabajadores que la vida puede cambiar en un segundo. Costos familiares El principal daño que la política le infiere a sus cultores de sexo masculino. Lo paradojal es que, a pesar del cacareado abandono, los hijos de los políticos suelen salir políticos. Criterio de realidad Ropaje racional del temor al cambio.

D Dar una señal 1) Buscar una solución verbal para un asunto que requiere ser resuelto en el mundo de la acción. Por ejemplo, sostener un cartel que diga “#Bring back our girls”, en vez de organizar fuerzas militares conjuntas en Nigeria. 2) Engrupir. Por ejemplo “dar una señal al mercado” almorzando con el presidente de la SOFOFA,


GIRARDI, GUIDO

aunque la reforma tributaria no cambie una décima, o tomar desayuno en la casa de una pareja gay, aunque nunca jamás se presente un proyecto de ley que los favorezca.

generalmente iniciado con alguna declaración destemplada, respondida con más entusiasmo aun por el opositor de turno, y así hasta el infinito.

Dieta parlamentaria Principal escollo para eliminar el binominal y perfeccionar el sistema democrático. El problema, finalmente, es de costos. Un sueldo alto es ofensivo en un simple mortal, pero si se trata de un servidor público el asunto se transforma en un insulto a la autoestima nacional. La novedad de la noticia se renueva todos los años, junto con la evacuación de las aguas lluvias, el transporte escolar, la validez del cambio de hora y otras materias estacionarias.

Emprendedor Eufemismo de la cesantía entre un empleo privado y otro.

Díscolo Político que durante el breve plazo que media una elección de la siguiente experimenta una revelación, que en la generalidad de los casos consiste en abandonar el partido que le cedió un cupo, le financió la campaña y le enseñó a ser político, para mostrarnos un camino (seguirlo) que nos conducirá a la liberación.

Fundación Eufemismo de la cesantía entre un empleo público y otro.

Duopolio 1) Portento de la democracia en el mundo anglosajón, en nuestros pagos es el pecado capital de la competencia política. 2) Forma que ha adoptado nuestro mercado de la prensa escrita, que redunda en que los desastres ecológicos y la maldad de los multimillonarios no llegue a nuestros oídos.

E El Chile que no queremos Sombrío diagnóstico del estado de la discusión nacional,

F

Fuentes de La Moneda Persona o grupo de personas que filtran información falsa, pero sumamente persuasiva.

FUT Columna de alguna planilla Excel en donde las empresas nos roban.

G Girardi, Guido Andrés Velasco lo ungió como el símbolo de las malas prácticas en la política. Como Tombolini, quizás fue víctima de la facilidad de recordación de su apellido. Hay quienes encuentran lindos sus calcetines. Muchos están cerca de él pero pocos lo reconocen, por temor. Diariamente alguien lo denosta, pero él apenas se defiende. Le bastan con sus cinco elecciones ganadas consecutivamente, con cientos de miles de votos en cada oportunidad. Votos son amores, no buenas razones.

Abstención. Jóven infectado por el virus de la abstención

Chocman

Fuentes de La Moneda. La Moneda, casa de gobierno.

Girardi, Guido

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GUZMÁN, JAIME

Guzmán, Jaime 1) El culpable de todo. 2) Como Altamirano, pero al revés. 3) Como Portales, pero con mucha menos testosterona. 4) Como su sobrino, pero menos desprejuiciado.

I Impunidad Característica primordial de cualquier sentencia judicial en que el condenado no sea conminado a pasar al menos un año tras las rejas. Especialmente pecaminoso si se trata de un accidente de tránsito en estado de ebriedad y se es arquero o hijo de un senador de la república.

Impunidad

J Jocelyn Holt, Tomás Sintomatología dramática de todos nuestros pecados políticos.

Lucro

L Letra chica Lo que dejamos de percibir. La parte menos amable de toda política pública, y con largueza la más importante.

Mayoría silenciosa

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Lucro Metapecado que incluye la avaricia, la codicia, la pequeñez, la ramplonería, la mala educación, los edificios caídos, el cáncer al pulmón, la explotación, las AFP´S, las Isapres, los Bancos y las Casas Comerciales. A tanto llega la maldad de la palabra que hace un tiempo, frente a una avioneta caída, una autoridad la defendió como un “vuelo no lucrado”. Se cae, pero por los menos no lucra.

M Mayoría silenciosa Conservadores, reaccionarios, cobardes y profundamente inexpresivos, son todos aquellos que no marchan por una causa determinada, adscribiendo automáticamente a la opción contraria, de acuerdo al diagnóstico de nuestra derecha.

O Operador político Ser humano con cuarto medio rendido que tiene contacto directo con las bases, escucha a las señoras más quejumbrosas del barrio y solo sale a la luz pública como ejecutor sombrío de actos de corrupción de baja intensidad.


TWITTER

P

S

Política de Estado Estrategia conservadora que sustrae eternamente del debate público determinados temas. Por ejemplo, no darle mar a Bolivia.

Siete familias Los dueños de Chile. No se sabe si son amigos entre ellos, pero los efectos de sus acciones son concordantes en cuanto a los efectos sobre el pueblo: su ruindad. Se reúnen en un espacio virtual donde dicen la verdad descarnadamente, planifican el mal y acuerdan maneras de ejecutarlo, sin que nadie los oiga nunca.

Política de los acuerdos Mecanismo extrainstitucional para que la minoría apacigüe el veredicto de la mayoría. Político Lo opuesto a una persona. Si se vota por uno, no se vota por el otro. Politizar Darle una mirada política a un problema (esto es, el oficio del político) es con largueza el pecado más importante que uno de ellos puede cometer en Chile. Al politizar una discusión se sustraen de ellas los números, las estadísticas y el bien común.

R Reinvención Eufemismo de la cesantía cuando ya se ha fracasado en un emprendimiento o una fundación. Relato (carecer de) Ser incapaz de contextualizar cualquier política pública dentro de una estrategia de, digamos, unos diez años plazo.

T Técnico Ser humano que ha vivido o estudiado más de dos años cerca del Atlántico Norte, y por tanto está más allá del bien y el mal. Sus soluciones, incomprendidas por el pueblo, son siempre certeras y aunque esto no sea cierto, carecemos de argumentos como para controvertirlo. Transantiago Nombre propio devenido en categoría significante de cualquier política pública desastrosa. Twitter Estocada letal del debate público. Primero fueron los publicistas, que transformaron las idea en eslóganes. Después fueron los periodistas, que transformaron los eslóganes en cuñas. Después llego el pajarito a reducir las cuñas a 140 caracteres, y entonces ya nadie puede hilar dos ideas. No da el espacio.

Siete familias

Twitter

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A

<INSERTAR CAT> ENVIDIA

La envidia está de moda POR JUAN MARTÍN SALAZAR

Colgarse al hombro una carterita de marca pero falsificada, ¿provoca la misma satisfacción que colgarse una verdadera? Tal vez no en un 100%, pero mucho se asemeja. Para este experto en tendencias de consumo, el usar la falsa cuando no se puede adquirir la verdadera es una manera de aplacar la envidia y reemplazarla por la sensación de pertenencia. A pesar del calentamiento global y de todos los esfuerzos que se hacen para que seamos más sustentables, el mundo sigue siendo cada vez más consumista. Nos derretimos por las últimas colecciones y veneramos la moda, pues sin ella seríamos todos iguales. Con la democratización de la moda, ahora no solo podemos acceder a todas estas marcas, sino que también podemos desear comprar algo y ahorrar hasta que tengamos la cifra completa. Convengamos que la satisfacción que nos genera comprar un artículo de lujo es inigualable, pues sentimos que entramos muy triunfantes al círculo más selecto de la moda, no importa que ese artículo haya sido financiado a 36 cuotas y que tengamos que resignar salir con nuestros amigos para pagar la tarjeta, lo importante es haber experimentado ese momento de felicidad que se extingue tan pronto usamos el artículo por primera vez. Pero ¿qué sucede cuando deseamos algo con muchas ganas y no podemos comprarlo? Esa sensación de pertenecer nos hace recurrir a los círculos más bajos de la moda y terminamos comprando la imitación. Sí, esa imitación que no te llena un 100% de felicidad pero que te deja entrar a ese aspiracional de la moda sin morirte de envidia. En el mundo se producen artículos falsos a montón, pues convengamos que una cartera de US$ 3.000 es bastante elevada para el nivel per cápita en todo Latinoamérica. Ahora bien, pensemos que ese producto que aunque sabemos que es una imitación, nos sigue seduciendo para que lo compremos y lo hagamos parte de nuestra vida. La respuesta es simple.

1 ROBERTO OLIVARES

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En la moda no importa lo que las prendas hacen por mí, sino lo que dicen de mí, y es aquí donde radica la idea de la envidia y de adquirir productos falsificados. Todos, absolutamente todos, queremos pertenecer y acceder cada vez más al círculo en el que nos movemos. Suena superfluo pero desde el inicio de nuestros tiempos los hombres se agrupaban en tribus porque necesitaban identificarse entre sí. Hoy las tribus se identifican por el estilo de vida que tienen, la forma de alimentarse, el lugar para ir de vacaciones y las prendas que utilizan. Sin embargo en la medida en que lleguen más marcas extranjeras a Chile este aspiracional va a seguir creciendo, pues el lujo nos seduce como personas y nos hace sentirnos que somos lo máximo. Al final las marcas buscan vender, pero también buscan nuevos consumidores que por medio de sus productos reales o falsos puedan pertenecer al club. Louis Vuitton es una de las marcas que tiene consumidores verdaderos y consumidores falsos, pero al final los dos veneran el monograma y esa sensación de tener colgada del hombro una LV. Sin pensarlo dos veces, la envidia es mejor despertarla que sentirla.

La cartera de piel acolchada y cadena, es una copia del clásico modelo 2.55, diseñado por Chanel en 1955. Su valor original es de $2.181.626 (2.800 €) pero la copia se puede encontrar sin logotipo desde los $2.000 y con logotipo desde los $15.500.

Los lentes Marc Jacobs van desde los $190.000 (US $325) y las copias, como la retratada, se pueden encontrar desde los $15.000 en tiendas de segunda mano o a través de internet.

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E VANIDAD: ENTREVISTA A ATILIO ANDREOLI, SASTRE

“Nuestra fauna política es fea” POR PATRICIO DE LA PAZ

Así de tajante es el sastre Atilio Andreoli. Y sabe de lo que habla. Lleva años diseñando y armado los trajes de los poderosos chilenos. Especialmente de políticos: presidentes, parlamentarios, ministros. No deja de sorprenderse, y preocuparse, con su falta de vanidad a la hora del vestir. MALAMAG: Por tu trabajo, convives a diario con personas que buscan explotar lo mejor de sí mismos para ser atractivos. ¿Es eso vanidad? Atilio Andreoli: Creo que eso es algo de vanidad, pero no es vanidad. No alcanza a ser una cosa de pecado, porque sí entiendo que la vanidad puede constituir un pecado. Aquí se trata de equilibrar lo que la persona quiere y lo que el sastre o diseñador o vestuarista intenta o puede hacer. Hay que buscar un equilibrio que hace que las personas nos hagamos agradables. Eso no es pecado, sino el grado justo que todo ser humano debiera tener como amor propio de querer verse bien. Eso tiene una connotación positiva. M: ¿Cómo defines vanidad entonces? AA: Vanidad es cuando la persona no puede vivir tranquila pensando en cómo autosatisfacerse e intentar mostrar algo que no es, algo que su naturaleza no tiene. Me toca ver casos de vanidad, pero gracias a Dios en general no es así; lo que veo es un justo grado de equilibrio estético y ojalá todas las personas busquemos y tratemos de encontrar ese equilibrio. Vanidad es cuando se lleva al exceso. De hecho, veo con pavor lo que sucede con el físico de las personas, manipulan su cuerpo, su cara, y no una vez sino que se convierte en vicio. La vanidad es viciosa. M: ¿Dónde ves vanidad? AA: Donde se me hace carne es en los ejércitos, ahí es todo vanidad. Ellos que debieran dar el ejemplo son totalmente lo contrario. Y ocurre de capitán a paje. La vanidad puede ser ignorancia infinita. Es como la necesidad de muchas personas de arroparse con algo que no les pertenece. Disfrazarse. M: La RAE dice eso mismo de la vanidad. La define como “arrogancia, presunción”, y también “ilusión o ficción de la fantasía”… AA: Así es. Una ficción. No eres lo que demuestras y eso se nota, se descubre. Por eso te nombraba los militares. Ahí siento que la ignorancia es tan supina, tan enorme, que requieres de medallas y de chapitas y de mucho dorado… Lo mismo pasa en los simples mortales como nosotros, donde el exceso de adornos se me

hace intolerable. Mujeres y hombres llenos de chacharachas. M: La vanidad y el poder parecen tener un link potente. Tú vistes poderosos, los conoces. ¿Hay vanidad en ese mundo? AA: Sí, porque están llenos de ignorancia. M: Explícame eso… AA: Yo creo que la mayoría de los políticos son oportunistas, no adhieren a la política en el sentido que alguna vez soñamos y nos enseñaron -la política como un espacio para mejorar la sociedad-, sino que solo lo hacen para mejorarse a sí mismos y a sus entornos, sin ninguna medida. No digo que son todos, pero sí una buena parte. Y la vanidad como pecado se va adentrando en el alma de las personas y las hace cada día peores, más mentirosos, simplistas, despreocupados de la realidad a la que juraron ayudar. M: Esa es una vanidad en el actuar. Pero, ¿qué dices de la relación entre el mundo del poder y la vanidad estética? AA: No se ve tanto. Se ve mucho más en el lenguaje, en lo que dicen, que en su estética. Incluso yo añoraría que muchos políticos tuvieran un porcentaje mayor de vanidad estética; pues la veo muy poco. Si revisamos nuestra fauna política, es fea. Y hace todo lo posible por ser más fea. Veo despotismo, ignorancia, y fealdad. M: Fuiste el sastre de Ricardo Lagos. ¿Cómo es la vanidad del ex presidente? AA: Don Ricardo Lagos tiene, según yo, la justa cantidad de vanidad que todo ser humano debe tener, sobre todo aquel que se dedica a arreglar las cosas de la sociedad. Porque para los representados es muy importante que su representante se vea bien. Pero en la cuota justa, sin exceso. Y don Ricardo Lagos, sobre todo cuando fue presidente, tenía esa justa vanidad, el equilibrio que hoy lamentablemente no lo veo en los parecidos a él, en los otros presidentes por ejemplo. Yo siento que en el campo de la política chilena se requiere más vanidad. No hay que olvidar que las personas se deben a sus representados; es tan grande su tontera que pierden de vista eso.

1,2 - CLAUDIO ROBLES 1

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M: ¿Lograste vestir a Piñera finalmente? Alguna vez dijiste que con él había un problema de cálculo en su ropa, que la suma estaba mal sacada… AA: Sí, vestirlo a él era un desafío estético y geométrico. Había una cuestión matemática que no cuadraba. Pero nunca lo vestí.

verlo en sus visitas internacionales siempre vestido Andreoli. Después de que terminó la presidencia, algunas cosas se ha hecho. A don Ricardo le gustan también mis chaquetones. Para todas las elecciones siempre se viste con un chaquetón Andreoli, siempre va con el mismo. No sé si es cábala o coincidencia…

M: ¿A Bachelet la has vestido? AA: Sí, pero antes. En su período de candidata antes que fuera presidenta en su periodo anterior. Después nunca más.

M: O su traje de votante… AA: (Risas) Síiiiii, su traje de votador.

M: ¿Y a Frei, a Aylwin? AA: No, tampoco. Pero sí a ministros y parlamentarios de todos los gobiernos. La mayoría son personas donde siento que hay un equilibrio entre su discurso, su peso, su modo. Personas que están en el ámbito público y que son clientes desde hace un tiempo. Esto no es de un día para otro, es una cuestión de tiempo, de que nos cuadren las matemáticas, de poder hacer geometría, que es lo que yo intento hacer a través del color y las formas. M: ¿Tú vistes al ministro Peñailillo? El ha tenido un cambio impresionante…. AA: No lo visto, pero me gustaría vestirlo. Ha tenido un cambio grande, para bien. Siento que él ha hecho un esfuerzo por verse mejor; ahora le aconsejaría igual que tenga cuidado, porque no cuesta nada perder lo ganado en esto. Me cae bien el ministro Peñailillo, y encuentro que ha tenido avance. Se viste mejor, se peina mejor. Pero entre la gente pública, el asunto es dramático… M: ¿Cuál es el político mejor vestido hoy? AA: Puesto desierto. M: ¿En serio? AA: (Piensa un momento) Mmmm, podría ser Andrés Velasco… Yo creo que él es tímido, corto de genio como decimos en el campo, y eso lo hace a veces lucir pesado, intentando no ser tímido uno se convierte en un antipático. El Andrés está en el límite. Lo visto, lo conozco y lo quiero, pero se lo he dicho así tal cual.

M: ¿Cuál es el cliente más vanidoso que te ha tocado? Puedes guardarte el nombre, pero cuenta la situación AA: Me han tocado, claro. Son episodios que la memoria los oculta, por suerte. Las cosas malas o no felices uno las guarda, y se recuerdan con una pregunta como ésta. La vanidad es déspota, por eso yo tengo recuerdo de despotismo, de autoridad ridícula. Son episodios en donde las personas, poquísimas por suerte, por no sentirse satisfechas con ellas mismas en determinados momentos, han mostrado todas sus debilidades con el sastre. Me han tirado cosas al suelo, incluso. Es muy fuerte eso. Sucede con la gente que tiene mucho dinero, y se trata de despotismo y del pánico a saberse reconocido en eso. Y como mi trabajo es tan íntimo, imagínese que los veo sin ropa, entonces estas cosas explotan. Después han pedido disculpas o me han enviado obsequios, chocolates, una buena botella de vino. M: Atilio, ¿cómo manejas tu propia vanidad? AA: A través de la plegaria, porque soy cristiano. Mi vanidad no se manifiesta en mi ropa; mas se manifiesta en mis monólogos, cuando hablo. Intento cuidarme. Las entrevistas mías, por ejemplo, provocan en la gente un afecto que no soy capaz de soportar a veces. Yo soy un ciudadano que ando en metro, a pie, que va a la farmacia, al mercado, que ando con las bolsas. Y la gente me reconoce en la calle y me saluda; la mayoría con tanto, tanto afecto. Eso provoca vanidad; entonces viene mi trabajo personal con la oración, la introspección, y eso me hace situarme donde me corresponde. Vuelvo al equilibrio.

M: ¿Sigues vistiendo a Ricardo Lagos? AA: Es un cliente ya en retirada. Nos vemos cada tanto, pero usa todos los trajes que le hicimos. El se mantiene muy bien, y es un señor al cual no se le han ido los humos a la cabeza; entonces usa su ropa, cosa que a mí me produce tremendo orgullo y satisfacción. Me encanta

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maniquí FOTOGRAFÍA GABRIEL SCHKOLNICK MAQUILLAJE Y PELO CAROLINA MIRANDA NILO, ESTUDIO MARGARITA NILO ASISTENTE MAQUILLAJE JAVIERA BULNES VESTUARIO MASSIEL MUÑOZ MODELO BELEN MILA AGENCIA WE LOVE MODELS

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Accesorios Aristocrazy

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Collar Hermès

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maîtresse FOTOGRAFÍA ALFARO LENOIR STYLING DAVID VÁZQUEZ VESTUARIO COCOLATE LATEX TATTOO FAKE: IGNASI RUIZ ALTURA (MENTIRIJILLA TATTOO) ASISTENTE DE MAQUILLAJE LYDIA LOBO MODELOS DIDI MAQUIAVELI & MIGUE BARRO 64


Vestido Versace en Sarika Rodrik Cartera Stella McCartney en Sarika Rodrik Accesorios Aristocrazy

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minotauro FOTOGRAFÍA GABRIEL SCHKOLNICK VIDEO PABLO MUÑOZ, MATÍAS MONTECINOS ASISTENTES ROBERTO OLIVARES, JONATHAN ZAMORA, TERESA FISCHER DIR. DE ARTE IGNACIA PAREDES Y ALEJANDRA RIVAS PRODUCCIÓN ALEJANDRA RIVAS AMBIENTACIÓN EDGARDO DELGADILLO P. VESTUARIO KARINA VUKOVIC, VESNA BAROS P. MAQUILLAJE EST. MARGARITA NILO R. MAQUILLAJE Y PELO JAVIERA BULNES, M. JESUS COULON FX CAROLINA MIRANDA, ENZO GRIMALDOS POSTPRODUCCIÓN PATRICK SAINT-JEAN MODELOS BIANCA HASSLER, JOAQUIN MONGE, FRANCO BARRÍA, MICHAELLA BOTACIN, REGINA FERNANDEZ

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PENITENCIA

La divina parodia POR RODRIGO PINTO

El compendio de pecados y sufrimientos que Dante Alighieri creó en su obra clásica tiene desde hace un tiempo textos en tono de parodia que valen la pena una lectura, dos versiones cubanas, otra argentina. Ambas sacan risas, pero nos enfrentan a nuestros fantasmas. Desde muy antiguo, las diversas religiones han propuesto lugares donde se sufre eternamente el castigo por apartarse de los designios divinos. Griegos, babilonios, aztecas, hindúes. El Tártaro, la Gehena, el Infierno, y tantos otros nombres para aquel lugar inmaterial donde reinan el llanto y el crujir de dientes. El panorama de la eternidad para los pecadores es, como se ve, funesto. Sin duda, la versión más elaborada en la tradición religiosa y literaria es la que Dante Alighieri creó en La divina comedia, un compendio de pecados y sufrimientos divididos en círculos que van hundiéndose en la profundidad del mal. La obra de Dante no solo ha sido fuente de cuidadosas exégesis, múltiples interpretaciones y análisis literarios; también ha sido objeto de tratamientos paródicos de diversa escala y magnitud, pero cada vez más frecuentes en la narrativa del siglo XX. Los cubanos Reinaldo Arenas y José Lezama Lima, por ejemplo, ambos homosexuales, parodiaron a Dante en El mundo alucinante y Paradiso, respectivamente. Más allá de la extraordinaria calidad poética, no solo literaria, de la obra de Lezama, ambos autores expresan, desde la parodia, su rechazo a la conducta homofóbica del gobierno castrista. Otro caso notable es el del escritor argentino Leopoldo Marechal y su monumental novela Adán Buenosayres, donde está quizá la parodia más elaborada y extensa del paso de Dante por el infierno. Un tercio de la novela –de algo más de 600 páginas- está dedicado a la excursión del protagonista, acompañado por el astrólogo Schulze, a Cacodelphia, la ciudad atormentada del inframundo, y el ascenso a Calidelphia, la ciudad gloriosa. Si Dante ubicó en el camino a enemigos personales y malvados históricos, Adán da con vecinos, conocidos y desconocidos porteños que no se ahorran palabra y que someten a juicio a la sociedad argentina y sus males en una interminable sucesión de historias, siempre desde la vereda de un humor que a veces raya en

lo grotesco y que nunca afloja la mano; Marechal jamás se pone grave, lo que es digno del mayor agradecimiento, y por ello su parodia del Dante es tan digna de leerse. El juego literario discurre no solo por la geografía infernal sino también por la variedad de pecados y castigos y, sobre todo, por su burla de la a ratos pesada solemnidad de Alighieri. Quizá su máxima expresión está en los seres de Cacodelphia que Marechal bautiza como los Potenciales. Y Adán, sobrecogido de espanto, interpela directamente a quien sigue sus aventuras: “Lector vidente, raro es el hombre que, escondido en la intimidad segura de su alma, no haya inventado para sí destinos locos, aventuras imposibles, gestos desmesurados y personificaciones absurdas que, forjadas en el inviolable taller del ensueño, no se atrevería él a confesar ni bajo tortura. Pues bien, en los homúnculos de celuloide que me cerraban el paso veía yo una encarnación patente de las más raras locuras que hubiese tramado alguna vez mi fantasía en sus escondidos telares; concretadas ahora en una materia, parecían fetos extravagantes, abominaciones plásticas, artificios de algún demonio. Y a medida que los identificaba, me sentía bañado en un sudor frío de vergüenza, como si me desnudaran en la calle, frente a mil ojos burlones”. Es el momento más duro del paso de Adán por los infiernos, cuando enfrenta a los personajes de fantasías cuya interrupción los dejó incompletos, truncos y a la deriva. Y hay que decir que la imaginación de Buenosayres es fértil y frondosa. ¿Qué hay de la tuya, amable lector? ¿Cuántos Potenciales vergonzantes se esconden tras el férreo muro de tu intimidad custodiada por la vergüenza? Haz memoria. Trae a la luz a esos personajes capaces de cumplir con mil hazañas y de reordenar el mundo con su acción. Míralos de frente. Y luego imagínalos como un ejército de muñecos mal formados que te asedian y te demandan que no los dejes solos y lleves su historia a su término. Suplican que no te dejes distraer por el trabajo, por el amor, por el cuidado de los hijos, por esas cosas que hay que hacer por el lado de acá, de la nobilísima tarea de llevar hasta el fin tus fantasías.

1 DAI DUDU, LI TIEZI Y ZHANG AN - DISCUTIENDO LA DIVINA COMEDIA CON DANTE (2005)

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Fragmento del cuadro Discutiendo la Divina Comedia con Dante. Finalizado el 2006 por Dai Dudu, Li Tiezi y Zhang An, tres artistas chinos de la isla de Formosa. En esta obra se pretende reunir a grandes personajes que han sido de influencia en la historia de la humanidad, 103 en total, para discutir la obra de Dante.


A

REDENCIÓN

Purificación express POR STEPHANIE ARELLANO

Ya nadie aguanta superar un desamor o expiar los pecados y las culpas si no es con alguna ayuda, que sea rápida y que no requiera ni el esfuerzo ni la paciencia de un sicoanálisis. Ni de un padrenuestro. Por algo hay tanto rito y trabajito de purificación disponible. Ella dice: Delta, theta, alpha, beta. Lo primero que se me viene a la mente es el profesor de geometría. Agrega Gamma y Mu, y el conjunto de términos griegos cobra otro sentido: son las ondas que, a través de un electroencefalograma, permiten estudiar la actividad cerebral. En beta, las personas están alertas con un estado de actividad cerebral intensa. Las ondas son amplias y la frecuencia es alta. Después sigue alpha, el estado en el cual es posible relajarse, desarrollar la creatividad o la intuición. Aparece, por ejemplo, cuando se da un paseo. Aquí las ondas son más lentas, pero de mayor amplitud que las de beta y su frecuencia es menor. En theta, las ondas son de mayor amplitud y menor frecuencia, es el estado de meditación profunda. En delta, el estado de sueño profundo, las ondas son de mayor amplitud y de frecuencia ínfima. Si en alpha la frecuencia alcanza hasta 21 ciclos por segundo, en delta, apenas entre 1 y 2. Soledad Puelma, estudió primero medicina alópata, se especializó en siquiatría y cuando allí no encontró las respuestas que buscaba cruzó la vereda de lo tradicional y estudió técnicas chamánicas. Desde esa mirada, así explica el estado mental de los chilenos: “El modus vivendi de la sociedad actual es enfermo en sí mismo y tiende a la patología. Vivimos condicionadamente a desarrollarnos en un solo estado de conciencia. Precisamente, el único que usamos tiende a la patología, nos condicionan a estar en beta”. Y agrega: “Los chilenos están en busca de theta porque necesitan complementarse”. Sea por eso de estar siempre en beta o no, la búsqueda de los parroquianos tiene un ritmo frenético. Y las motivaciones son más prosaicas que querer sanar el alma. Desde el desgano u olvidar a un ex pueden estar entre las razones para hallar algo que nos haga sentir en paz. Los clientes frecuentes de estas sanaciones buscan, además, una cura express. Un par de sesiones y sin esfuerzo. Que no es lo mismo a estudiar un par de años técnicas de

1 MARTINA K 2 ELLEN MUNRO

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meditación, peregrinar hasta el maestro, alcanzar posturas que solo son posibles si la mente alinea los músculos, y vivir una vida ascética. El frenetismo está claro. Un googlazo arroja 806.000 resultados cuando se buscan terapias alternativas “punto cl”. El fenómeno de buscar más allá de los tratamientos alópatas, no es nuevo. Ya el año 92 el Ministerio de Salud creó en Chile la “Unidad de Medicina Tradicional y Otras Prácticas Médicas Alternativas”. Para efectos del código sanitario, definió a estas terapias aquellas que buscan “incrementar el estado de salud y bienestar físico y mental de las personas, mediante procedimientos diferentes a los propios de la medicina oficial”. Luego validó tres: Homeopatía, Naturopatía y Acupuntura. Por eso, se ofrecen en consultorios públicos. Lo que no se encuentra allí, es una gama de tratamientos que cargan con un nombre que lleva a pensar en India o parecen sacados de una lectura veloz de Las Enseñanzas de Don Juan, de Castaneda. A googlear el que más parece: “l-i-m-p-i-ez-a-d-e-a-u-r-a”. Resultado: 235.000 links si se le agrega “c-h-i-l-e”. Según el diccionario de la RAE, aura es: “En parasicología, halo que algunos dicen percibir alrededor de determinados cuerpos y del que dan diversas interpretaciones”. Verónica Guajardo cuenta que desde pequeña se preguntaba por qué era tan perceptiva ante las personas. Dice que en 2004 encontró la respuesta cuando asistió a una charla a cargo de Harold Moskovitz, estadounidense y fundador del seminario Luz Dorada. “En una clase Harold pasó detrás de mí y tocó mi hombro, me di vuelta lo miré y por primera vez vi su aura. Ahí entendí que él tenía todo lo que yo quería saber”. Tomó diferentes cursos con Moskovitz, uno en la línea de sanación y luego clarividencia. Hace tres años comenzó a ofrecer su servicio en el que realiza una limpieza de aura combinada con meditación. Una vez que la persona se tiende en la camilla, Verónica se sienta al costado en posición de yoga y mientras medita toca al paciente. “Medito sobre el problema de la persona. Ocupo esta técnica de sanación porque es más profunda”, afirma. Según ella, en cuatro sesiones es posible apreciar cambios en el aura de las personas. Cada sesión cuesta $ 25 mil y dura una hora. Nueva búsqueda: “k-a-m-b-ó”.

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Alguien me habló de un tratamiento en base a la toxina de una rana amazónica y ahí está: Jaime Vallverdu trabaja hace 15 años en terapias alternativas y cuenta que “el Kambó es una terapia utilizada por los indígenas del Amazonas, los Katukinas. Nace de la secreción de una rana de árbol que ésta produce como defensa cuando es atacada. La secreción se extrae con cuidado y se pone una paleta que me entregaron los Katukinas”. El día de la terapia el paciente debe llegar en ayuna y beber tres litros de agua. Luego se determina la dosis de kambó. La sustancia es fuerte y puede provocar vómitos y malestar. El proceso completo demora entre 15 y 25 minutos y cuesta entre $ 30 mil a $ 45 mil. Encuentro a José Luis Barril, quien sufría de jaquecas. En abril de este año escuchó a través de su polola sobre el Kambó. “Me dijeron que era una técnica desintoxicante y yo quería desintoxicarme de cosas que habían dañado de cierta manera mi cuerpo como la mala alimentación o algunas drogas”, cuenta Barril. Unos cuantos vómitos, malestar y listo. José Luis asegura que hace cinco meses no tiene una jaqueca. La búsqueda puede seguir indefinidamente en internet: “m-e-r-k-a-ba” (técnica de sanación del antiguo Egipto en base a la luz; ayuda al cuerpo, al espíritu y a la mente a sanarse); “D-e-e-k-s-h-a” (transmisión de energía con imposición de manos); “M-u-jo-k-e-n-a-i” (técnica oriental con mantras que activa los canales de luz del cuerpo). “E-t-c”.


GASTRONOMÍA

Pescados Capitales

No saber del negocio los atemorizaba un poco, pero no los paralizó.

POR NANCY CASTILLO

Gula, soberbia, envidia, avaricia, lujuria, pereza y vanidad se pueden observar a diario en las mesas de este restaurante en Lima, según nos cuenta uno de sus dueños. La filosofía de que es necesario pecar para sobrevivir se mezcla entre pulpos, cebiches y camarones. Y ese juego con el pecado y la gastronomía se cuela entre los textos y la gráfica del lugar. Este es PeScados Capitales. Todo partió con una pregunta de la suegra quien mudaría su fábrica de muebles en Avenida La Mar 1337, distrito de Miraflores, Lima, a otro sitio. -¿Y ahora qué hacemos con el terreno? – preguntó ella. Y Nguyen Chávez, el yerno, respondió medio en broma, medio en serio: -Lo único que podría funcionar allí sería una cebichería. Eso fue en 1996. En esa época, avenida La Mar no era la misma de hoy. Pese a pertenecer a uno de los distritos de más altos recursos de la capital peruana, era una zona olvidada a manos de la delincuencia y tráfico de drogas. El otro negocio que marcaba la fisonomía del lugar eran los talleres de automóviles. Pero no era tan raro pensar en una cebichería para la zona. Como nos cuenta Nguyen desde allá, este tipo de locales que son un clásico de la costa peruana, antes del boom de la gastronomía de ese país estaban ubicados “preferentemente en lugares ocultos, poco cristianos, caletas, sitios a los que podías llegar solo si alguien los conocía. Ese era su atractivo. A los limeños de la época les encantaba jactarse de saber de un lugar que nadie conocía, llevar a sus amigos por rutas insospechadas y, de repente, ¡zas! Un restaurante”. El restaurante PeScados Capitales, en todo caso, se tomó su tiempo para aparecer. Eso pasó cinco años después de la pregunta de la suegra. En jerga gastronómica, se podría decir que tuvo una cocción lenta. Los socios iniciales fueron, además de Nguyen Chávez, su esposa (Zue Chang-Say) y su cuñado (Víctor Chang-Say). Ninguno de los tres sabía cocinar. “Ni sabemos hasta ahora”, aclara Nguyen.

Los hermanos Chang-Say se encargaron de los números y la administración. Antropólogo por formación, Nguyen se hizo cargo de dar con la conceptualización del lugar. “Estaba literalmente perdido, sin embargo, en esta desesperación por querer hacer todo bien y reducir el riesgo de fallar, me encontré con la presencia de esta contradicción: iguales pero diferentes. Un concepto que conocía de la antropología, los ‘opuestos complementarios’, presentes en todas las culturas. La armonía, el orden, surge de la unión y la existencia de hechos, patrones, conceptos opuestos entre sí, el ying y el yang, el cielo y el infierno, mortales e inmortales, la mujer y el hombre, etc.” Había ya un método de conceptualización. Y algunas ideas preconcebidas, como que no fuera solo un espacio para la expresión de sabores. Era principios de 2001 y el nombre aún no aparecía. En una suerte de estudio de mercado, el trío visitó unos 30 restaurantes exitosos. La idea era “identificar sus virtudes, copiarlas y mejorarlas y también observar sus defectos, sus pecados y erradicarlos”. Así llegó a un “opuesto complementario”: las virtudes y los pecados. -Teológicamente hablando –explica Nguyen –hay siete virtudes para combatir a los siete pecados, cada uno no existe sin el otro. A eso le sumamos que pecado se parece a pescado (insumo principalísimo en nuestra carta), que el pescado es un símbolo religioso positivo y el origen del pecado aparece en una serpiente, símbolo religioso negativo. La “S” es la serpiente que funge de frontera entre el pescado y el pecado, entre el bien y el mal, de ahí el nombre PeScados Capitales –y agrega– marketeramente hablando, el nombre ayuda a la recordación, pero también nos permite expresarnos -. El 27 de diciembre de 2001 inauguraron. La necesidad de expresión a la que se refiere Nguyen no se da solo a través de sus platos. De la categoría de su gastronomía, baste decir que año tras año se ubica entre los 20 mejores restaurantes del Perú en los Premios Summun. Y un toque personal: de un viaje gastronómico a Lima hace unos años, de todos los sitios que visitamos el sabor de PeScados Capitales aún lo recuerda mi paladar. También lo que me reí al leer sus menús y algunos rayados en las paredes.

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En este restaurante el juego del pecado está en todas partes. Así describen un piqueo de la carta: “Pecaítos a la parrilla Lujuria Freudiana: Calamares a la parrilla Ardientes cefalopoditas no se cansan de juguetear en la parrilla. Sábana de aderezo de anticucho los encubre. Cuando se pierden por allí para hacer de las suyas, langostinos U15 son sus excelentes suplentes”. El derecho a expresión del que habló recién Nguyen no es solo un juego en el menú. También es la relación que establecen con el arte y la escritura. En el primer año la campaña publicitaria estuvo en manos de Sandra Tineo quien creó una gráfica que une textos agudos con imágenes sugerentes. En todos, el pecado no es algo pecaminoso. “Muchas cosas comienzan con un bueno pecado”. Dice el texto que encabeza un grabado de Adán cayendo en la tentación de Eva. O: “El hábito del pecado”. Mientras de fondo reproducen el clásico óleo en que Napoleón corona a Josefina. Un condón completa la imagen. Dos años después, convocaron a siete escritores peruanos para que eligieran un pecado de la carta, lo degustaran y escribieran sobre él. “¿Será que el salmón cumple la proeza de remontar un río tan solo por la vanidad de ser reconocido?” Así comienza el texto de Gustavo Rodríguez, por ejemplo. En la última, la de 2007, y junto a la agencia de publicidad Toronja convocaron a creativos de distintas áreas como arquitectos, publicistas, pintores y diseñadores y los dejaron trabajar la imagen de un pecado. La tarea de fundir sabores con la necesidad de expresión en toda su amplitud se puede leer en las editoriales que cada semana publican en PeScados Capitales. Es Nguyen quien las escribe y su esposa quien las edita. Ahí no solo hay gastronomía, también crítica política o a la contingencia peruana. Las editoriales nacieron como una forma de responder a la demanda de sus clientes frecuentes por renovaciones en la carta. Los nuevos platos, cuenta Nguyen, solo alimentaban más el apetito por otras novedades. “A ese paso la carta sería interminable. Entonces, creamos las editoriales que cambian todos los martes. La idea es tocar un tema con cierta ironía y

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a través de él presentar cuatro platos nuevos (dos entradas y dos fondos), un postre y una bebida, de esta manera los clientes habituales siempre tendrán algo nuevo que ver en la carta”. En estas, la crítica se mezcla con los nombres de los platos. Por ejemplo, en una de julio se lee: “Pecados Patrios Un año más de independencia y aún no tenemos la madurez debida. Apenas hemos dejado la infancia y como buenos adolescentes creemos que estamos bien. El problema es que el país pegó su estirón mas no así su gobierno que cumple 3 añitos. Todavía no camina bien, mucho menos sabe hablar (cómo será el mensaje), se la hace la pichi por todas partes, no deja aún la teta y piensa que todos como él, todavía nos chupamos el dedo. Para 3 años está claro que anda atrasado en su desarrollo. Pesadillas (Tiradito de atún y salmón con toque oriental y crema de palmito) El atún todavía no puede dormir solito, dice tener pesadillas y el salmón le debe contar cuentos. Salsa oriental y crema de palmitos lo abrigan en su camita. Ya es hora de crecer. (Plato creado por Javier Perez. Pescados Capitales)” Lo de unir conceptos es algo que a Nguyen Chávez pareciera brotarle fácil. Cuando le preguntamos: -¿Qué pecados puede cometer el comensal en Pescados Capitales? -Los que quiera, una vez tentado no hay vuelta atrás. Sorprende ver a todos los pecados en acción un día cualquiera, mesas donde la gula se exacerba y se pide en exceso, mesas donde la avaricia no les permite comer con placer, mesas donde la soberbia se manifiesta en quién paga la cuenta o lidera la mesa, lujuria en las esquinas donde parejas permiten que el pisco sour haga de las suyas, pereza cuando las mesas no se van, se quedan ahí todo el día como esperando que pase algo más, ira en el cliente cuando cometemos un error, envidia de todo y de todos -. Ya antes Nguyen nos había explicado que en su concepción, pecar es necesario para subsistir, para entender y justificar nuestra existencia, nos dijo: necesitamos de vez en cuando trasgredir las normas. Lo que no es lo mismo, según su definición, que vivir en pecado.


ILUSTRACIÓN

Pecados actuales MATHIAS SIELFELD

Tienen apariencia de absolutos, pero no. Los pecados predominantes son distintos según la década en que se nació. Seguramente, tampoco es lo mismo si uno se crió en el ambiente más igualitario de Reikiavik o sobrevivió entre los prejuicios santiaguinos. Vamos con los locales. Para un adulto que ya superó los 40, ser trabajólico es una forma de vida, pero también un pecado que provoca culpa, remordimiento y algún placer. Sino por qué insistir en estar hiperconectado y seguir con la pega en casa. Los milennials -esos que dejaron la niñez en el nuevo mileniohablan de la procrastinación. Una conducta que dejaría tiritón a un protestante cuyo mantra es “carpe diem”. Por si nació antes del 90, se trata de la tendencia a aplazar las tareas a realizar. Incluso, le llegan a encontrar sentido a los distractores que les aparecen en el camino con tal de no hacer los deberes. Ojo: si pregunta alrededor, seguro se lo pronunciarán sin la segunda “r” que exige la RAE. La farmacodependencia parece no estar tan marcada por la edad, pero sí por el género. Los estudios sobre consumo de tranquilizantes ponen a las mujeres en el primer lugar. El consumismo es transversal al género, a la edad, al tiempo. Un clásico. Luego están esos otros pecados que llegaron con las redes y los gadgets. Si sale de casa sin el celular y comienza a sudar cuando se da cuenta, entonces, ya sufre nomofobia (abreviatura de “no-mobile-phone-phobia”). Si los selfies lo tienen atrapado, sucumbió al exhibicionismo. Y un pecado que se comete harto en Chile, donde la agresividad en Twitter ya está bajo estudio, es el trolleo.

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DESTINOS

Bangkok al rojo POR PATRICIO DE LA PAZ

El barrio Patpong, en el centro de la capital tailandesa, tiene más de cien bares repartidos en apenas cuatro calles. La mayoría monta shows que, cada noche, prometen revolucionar las hormonas: chicas asiáticas se desnudan y hacen lo imposible con los músculos escondidos entre sus piernas. Apenas cae la noche húmeda en la capital tailandesa, todo cambia en Patpong. De día, este barrio en el centro de Bangkok es parte de un distrito financiero de la ciudad. De noche, en cambio, Patpong se viste de rojo. Y se desviste también. Porque aunque lo primero que uno ve cuando llega aquí es un enorme mercado callejero al aire libre, el corazón de este barrio late acelerado y oculto dentro de sus bares. Allí, en escenarios montados en los segundos pisos, chicas tailandesas bailan desnudas. Mueven sus cuerpos delgadísimos, de caderas estrechas y pechos pequeños. Pero la verdad es que estas mujeres elásticas guardan más sorpresas. Antes de entrar en detalles, hay que hacerse una idea de Patpong. El barrio rojo tailandés nació en la década del 60, cuando los norteamericanos que peleaban en Vietnam buscaban fiesta en países cercanos. Hoy, la zona está formada solo por cuatro calles -Silom, Suriwong, Soi Patpong 1 y Soi Patpong 2- y algunos callejones entre ellas. Allí, al aire libre, cada atardecer se instala un mercado experto en falsificaciones. Hay para todos los gustos: relojes Rolex, zapatillas Nike, camisas Lacoste, carteras Vuitton, bolígrafos Montblanc. La norma es el regateo. En pocos minutos, una buena negociación puede rebajar el valor de cualquier objeto a menos de la mitad. Claro que este paseo por el mercado nunca es tranquilo. A cada rato, se acercan sonrientes adolescentes que, al pasar, le dejan a

uno en las manos unos folletos que no dejan dudas de que el erotismo y el sexo es también parte del menú de la casa. Dibujados a mano, estos folletos son explícitos. Muestran a mujeres en posiciones que dejan al Kamasutra convertido en un libro infantil. Y no solo eso. Los dibujos exhiben también las proezas que han hecho famoso a este barrio. Una chica sostiene un cigarro con su vagina. Otra destapa cervezas con esa misma herramienta. Y una tercera usa una lapicera como fogoso e incansable amante. “Ping-pong show, ping-pong show”, repite uno de los muchachos de los folletos, mientras guiña un ojo y pone un dedo sobre el dibujo más grande del papel. Ése donde una joven flaca y de pelo largo deja claro que las pequeñas pelotas blancas pueden ser objeto de deseo. Y que, para lanzarlas, no se requiere necesariamente la fuerza de las manos. Comienza la función En las cuatro calles de Patpong se distribuyen, apiñados, más de cien bares anunciados con luces de neón. Unos pocos se dedican solo a vender tragos en mesitas atendidas por chicas en bikini. La mayoría, en cambio, ha habilitado segundos pisos para esos shows que le han dado fama de pecador a este barrio tailandés.

· El barrio de Patpong está a apenas unos pasos de la estación Sala Daeng del skytrain de Bangkok. · El más seguro aviso de que uno llegó a Patpong son los puestos callejeros y vendedores ambulantes que ofrecen DVDs porno para todos los gustos. · Si se cansa del ping pong show y el desborde de lujuria, puede cambiar el switch: buscar en calles cercanas donde beber o comer. Hay mucho donde elegir. Sugiero el Sontam Convent, comida thai barata y deliciosa. Salida 2 de Sala Daeng.

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Ya desde los nombres de estos sitios, todo es aquí sugerente: Pussy Galore, Topless Sport, Lipstick, French Kiss… La oferta es tanta, que el turista puede fácilmente confundirse y tomar la decisión errada. La policía local y hasta el Lonely Planet lo advierten: se deben evitar bares que, sin que el cliente lo sepa, cargan a su cuenta un derecho de ingreso que después lo obligan a pagar con amenazas de matones si es necesario. Queen’s Castle es de los bares que juegan limpio. Uno solo paga el consumo -cerca de US$ 10 por cerveza- más el de las chicas que, en diminutos calzones o completamente en cueros, se acercan a conversar. El escenario es circular, y los espectadores se sientan en taburetes altos a su alrededor. Casi todo el público es masculino. Nadie luce muy relajado. Y cada cual ahoga los nervios con sorbos de cerveza Singha, a la espera de los shows que se realizan cada quince minutos y que se anuncian con breves segundos de oscuridad total. Cuando la luz regresa, sobre el escenario hay un grupo de seis tailandesas muy jóvenes, y muy guapas, que bailan entre ellas. Están desnudas. Y sus cuerpos estilizados brillan bañados en aceite. En orden, cada una va presentando su gracia. La primera se agacha, pone una botella de bebida entre sus muslos, con un movimiento brusco la introduce en sus genitales y, de un solo tirón, la destapa. No hay aplausos. La segunda toma un plumón, lo mete en su entrepierna y, con caligrafía perfecta, escribe su occidentalizado nombre de batalla: Jessica. Silencio total. La tercera prende un cigarrillo, se lo instala en la vagina y lo fuma sin apuros. Un alemán, en primera fila, se atreve a tirarle un beso. La cuarta chica sonríe con ganas y se tiende en el escenario. No necesita ningún objeto extra. Todo lo que necesita lo lleva dentro: abre sus piernas y de entre ellas saca varios metros de cinta fosforescente. La quinta artista de la noche tiene un encendido encuentro amoroso con una lapicera. Y la última se hace cargo del espectáculo más pedido: el ping-pong show.

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La chica es preciosa. Pelo oscuro, liso, largo hasta los glúteos. Piel blanca, dientes perfectos. Un cuerpo delgado, pero proporcionado y firme. Está sola sobre el escenario. Sonríe. Sabe que es el espectáculo principal. El plato fuerte. Se tiende de espaldas. Y sin que se le mueva un pelo, se introduce en los genitales cuatro pelotas de ping-pong. Respira hondo. Vuelve a sonreír. Entonces hace puntería y, con fuerza, empieza a disparar las pelotitas. Es certera: cada tiro pega en un turista distinto. Por primera vez en la noche, se oyen aplausos en Queen’s Castle. Cosa de números Los shows son parecidos en todos los bares de Patpong. Algunos agregan tiros de dardos. Otros reemplazan los cigarrillos por puros. O incluyen apagar velas de una torta de cumpleaños. Pero son pequeñas variaciones de lo mismo. Para muchos turistas, estos espectáculos están lejos de ser eróticos. Lo comentan así cuando bajan apurados las estrechas escaleras desde un segundo piso. Uno de ellos, incluso, asegura que se sintió mal cuando vio que una de las chicas en el escenario tenía una cicatriz de cesárea y, como un duro golpe de realidad, enseguida se la imaginó como madre y no como bailarina. Claro que siempre hay un público entusiasta que no baja la guardia. Y que ve en este barrio -el mismo que el francés Michel Houellebecq retrató con crudeza en su novela “Plataforma”- la posibilidad de cumplir fantasías. Los interesados en esos afanes deben cumplir las reglas de Patpong. Que son claras: las chicas lucen un número -en el calzón, cuando usan; o como pulsera si están desnudasy uno debe pedirlas por ese número al encargado del bar. Después de varias cervezas, y si llegan a acuerdo, la chica se va al hotel del visitante o a un motel cercano, previo pago de una tarifa que -dependiendo del bar y de la chica elegida- empieza en los US$ 30. Sin que nadie se espante, aunque la prostitución sea un asunto ilegal en Tailandia.

Entre los bares con show en Patpong hay también algunos para el público gay, para los adictos al sexo en vivo y otros tantos donde las estrellas son los llamados ladyboys: chicos que son verdaderas chicas y que, a estas alturas, ya son una institución en la vida tailandesa. Al igual que en los bares heterosexuales, cualquier acercamiento pasa por el mismo sistema de los numeritos: los bares más pudientes los graban en placas de plástico que sus dueños lucen donde resulte más visible; los con menos recursos, deben consolarse con pintarlos a mano en los muslos de su mercancía. Pese a la intensidad, la fiesta en Patpong se acaba temprano. A las dos de la mañana, exactamente. Ése es el acuerdo con las autoridades y con la millonaria familia Patpongpanich, dueña de todo el barrio y que arrienda los locales hasta esa hora. Por eso, un poco antes del plazo varios turistas ya han dejado Patpong, o han ido por un masaje tailandés a alguno de los locales que aquí los ofrecen o comen apurados en los restaurantes del barrio, que sorprenden con su muy buena comida. Dentro del Queen’s Castle, dos australianos con sobrepeso cierran trato con dos bellezas tailandesas que poco antes se han paseado desnudas por el escenario, con los números 32 y 16 colgados de sus muñecas. Pronto partirán todos juntos a un lujoso hotel a orillas del Chao Phraya. Mientras, afuera en la calle, un vendedor del mercado callejero remata a viva voz, y a un precio que da risa, unos zapatos de cuero falso con aspiraciones de ser Gucci.


CINE

Un mal viaje POR IVÁN MELNICK

En el cine estadounidense, la redención se logra solo con el castigo y éste con la violencia. Un círculo tortuoso y cuya expresión se ve nítida en la cinta Bad Lieutenant (1992), con un policía corrupto, personificado por Harvey Keitel, al borde del colapso. Violencia y redención son dos conceptos claves en gran parte del cine norteamericano. La idea de pecar, arrepentirse, para luego redimirse está presente en muchas películas desde los años setenta. La preocupación por la moral, por lo correcto y por lo que sea o deje de ser una buena vida es más que evidente. Enmarcada en esta preocupación está la idea fundamental de que el castigo (la violencia) es el único medio que permite al pecador redimirse. Se podría decir que Scorssese es el padre de este tipo de cine. Y luego viene una seguidilla de directores que utilizaron como medio de redención la violencia, entre ellos Abel Ferrara. Abel Ferrara deslumbró a la crítica con Bad Lieutenant en el año 1992 y Harvey Keitel fue merecedor del premio Independent Spirit por este rol de un policía en pleno colapso mental y en busca de algo de redención. Filmada en el Bronx, New York, la película sigue la tónica de personajes a la deriva, Mean Streets, Taxi Driver o Drugstore Cowboy. Taglines: Gambler. Thief. Junkie. Killer. Cop Un policía adicto a las drogas y obsesionado con el sexo tiene la última oportunidad de redimirse. Cuando ocurre la violación de una monja, la Iglesia Católica le ofrecerá una recompensa de US$ 50.000 por la captura de los violadores. Dinero que necesita desesperadamente para pagar sus deudas de juego con la mafia. Ferrara nos sitúa en el corazón de un hombre y su lucha desesperada por resistir las oscuras profundidades de su interior mientras busca una manera de salvarse. Obra auténtica y de gran fuerza. Sus escenas pecan. Su tónica pesa. Es agonizante. Asfixiante. Pero existe una oportunidad. El teniente corrupto aun puede luchar contra su propia esencia. Tomándose un trago en un antro oscuro hay mujeres enjauladas. Vocifera borracho que está bendecido. Ningún mal puede 1,2 LIONSGATE HOME ENTERTAINMENT’S

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recaer sobre él, pecar es un medio de obtener satisfacción y también respuestas. Como resolver el caso. La presión de la mafia acecha. Su locura es desenfrenada. El último juego de la temporada y toda la plata de la mafia apostada. Los violadores siguen sueltos. En la iglesia le grita a Jesucristo: ¡You got something that you want to say to me?! ¿Existe un final? ¿Se puede cambiar en esencia lo que es uno? Para el Teniente corrupto el pecado pareciera ser la única vía de escape. Sin embargo, alberga una esperanza. En la iglesia a Jesucristo, continúa: “Mutt! You got something that you want to say to me? You fuck! You ratfuck, you ratfuck! Here’s your... What? Say something, I know you’re just standing there. What am I gonna do? You gotta say something! Something! You fuck, you fucking stand there and you want me to do every fucking thing! Where were you? Where the fuck are you? Where were you? Where the hell were you? I... I... I’m sorry. I’m so sorry! I’m sorry! I did so many bad things. I’m sorry. I tried to do... I try to do the rigth thing, but I’m weak, I’m too fucking weak. I need you to help me! Help me! I need you to help me! Forgive me! Forgive me! Forgive me, please! Forgive me, father!”


TENDENCIAS

Sin esfuerzo DANIELA SALDAÑA

Esfuerzo para ahorrar esfuerzo. Este es uno de los postulados para un buen diseño de producto. Hay casos exitosos que nos han cambiado el modo de vivir para siempre como el automóvil o la calculadora. También existen otros en que el esfuerzo no logra ser exitoso debido a que el desempeño del producto no es excepcional. Este es un compendio en torno a productos que nos ahorran nuestro esfuerzo en lo cotidiano y promueven más y mejores momentos de Pereza. 1 - Cama Col-letto – Lago 2 - Bata – Calvin Klein 3 - Cruise e-Bike – BMW 4 - Sonicare DiamondClean – Phillips 5 - Aspiradora – Electrolux 6 - Fast food delivery 7 - Super famicom – Nintendo 8 - Apple remote – Apple 9 - Bandejas – Normann Copenhagen

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MÚSICA

No existe placer culpable POR ISIDORA URZÚA

Discos que nos hablan de vanidad. Canciones que recitan de soberbia y de volver a hacer sufrir a quien nos rodea. Álbumes que marcan el fin de un un grupo consagrado. Hay muchas maneras de retratar el pecado en la música. Aquí algunas.

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Britney Spears “Oops I did it Again”

Lady Gaga “The Fame Monster”

Amanda Palmer

Jeff Buckley “Grace”

La imagen de Britney Spears vestida de rojo “diablo”, con ese enterito de látex bailando en Marte una canción que hablaba sobre hacer sufrir a alguien de nuevo, en el tema que dio nombre al álbum. O el egoísmo, qué se yo, que tenía ella en esos tiempos en que dictaba todas las tendencias. Este disco es uno de los más memorables de Britney, su segundo disco, el que la sacaba del fenómeno y la transformaba en un ícono, pero sobre todo, un placer que jamás debería ser considerado culpable o pecaminoso, porque ella fue realmente la Princesa del Pop y en eso perdió la vida.

El mejor disco de Gaga hasta la fecha, sin lugar a dudas. Sus letras eran originales porque eran sinceras, y representan lo mucho que a nuestra generación le gusta la fama, y lo que somos capaces de hacer por ser aceptados. “Dance in the Dark” es una canción que me da piel de gallina siempre, y qué decir de “Bad Romance”, un tema que habla de entrar voluntariamente en una relación enferma. La fama aquí es un pecado colectivo por el que se está dispuesto a todo, y que también transformó a Lady Gaga, con el tiempo, en un disco rayado que perdió credibilidad.

Este disco puede ser un pecado porque marca el fin de los Dresden Dolls, lo cual es muy triste. Pero es tan hermoso que da culpa pensar eso. Sus doce canciones hablan de situaciones consideras pecado, como el aborto en “Oasis”. Y otras realidades como los tiroteos en EE.UU. Además, la inspiración en Twin Peaks para el nombre del disco es acompañado de un libro de fotografía donde Amanda Palmer es asesinada en 120 formas distintas, con historias de Neil Gaiman. O sea: todo es perfecto en este disco, solo que el exceso de sangre que evoca, tal vez recuerda un poco al pecado. Pero no tanto.

Me imagino que la gracia, como una cualidad o como bondad, es el antónimo de pecado. Y las canciones que Jeff Buckley nos dejó en este disco deben de ser obra de Dios, o de ángeles, o de un ser de luz omnipotente que canta a través de su voz. Grace es un álbum romántico, intenso, hecho para escuchar después de la satisfacción de un pecado bien cometido, o en ánimos nostálgicos suicidas. Es la obra de un genio de la música que tal vez por haber muerto a los 31 y no a los 27 carece de la idolatría generalizada que se merece, pero que puede ser revisado en este, su único disco de estudio.

“Who Killed Amanda Palmer”


JAVIERA DÍAZ DE VALDÉS


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Playlist POR ISIDORA URZÚA

tracks: 1. Beyoncé – Jealous 2. A Perfect Circle - Judith 3. Jason de Rulo – Talk Dirty 4. Lucybell – Rojo Eterno 5. Tori Amos – Abnormally Attracted to Sin 6. PJ Harvey – Taut 7. Queens of the Stone Age – Little Sister 8. Michael Jackson – Billie Jean 9. Nine Inch Nails – Heresy 10. FKA Twigs – Papi Pacify

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TECNOLOGÍA

Tentaciones POR JOSÉ JARA

A inicios del tercer milenio, una cita online era posible solo en chats basados en Java, como Latinchat. Además de lento, el universo era escaso. Eran tiempos en que en Chile de cada 100 personas, solo 3,2 estaban conectadas a internet. Hoy, cuando más del 50% vive en línea, las posibilidades de encontrar una pareja, una cita o sexo casual están al alcance de una app. Y las hay para todos:

Hombres gay Grindr Es la aplicación geosocial destinada a los hombres que buscan hombres, es la más popular en el género. Permite a los usuarios localizar sujetos de interés en las proximidades, pues funciona como un mosaico cuadriculado con las fotos y ubicaciones de los usuarios en línea, informando los metros de distancia a los que está. Para hacerse un perfil se debe subir una foto, una pequeña descripción y un nombre. Por lo general, se ocupa para entablar encuentros de sexo casual. Su popularidad está demostrada: en 2012 se cayó el sistema a nivel mundial, pues al arribo de los atletlas a la Villa Olímpica en Londres, colapsaron los servidores de la aplicación. Hornet En los últimos años ha aumentado popularidad, ya que a diferencia de Grindr permite mostrar ocho fotos por perfil, cuatro públicas y cuatro privadas, estableciendo un nuevo juego en la interacción: pedir acceso a las fotos privadas. Ese paso es el primer pick up line, de ahí el chat comienza. Otro punto a favor de esta app es que uno puede localizar personas en otros puntos del planeta, solo basta con poner la dirección y explorar quién está conectado en esa área. Growlr Esta app está hecha especialmente para Osos Gays. Esta comunidad se divide en: Bears (hombre maduro, con barba y vello en el cuerpo y de complexión gruesa), Chubs (hombre obeso, generalmente, sin vello corporal), Cubs (hombre joven con apariencia y complexión de oso) y Chasers (tipos comunes que gustan de osos). Aquí las conversaciones comienzan un simple “Woof” y se puede conocer a los osos del área así como a los representantes de esta comunidad a nivel mundial.

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Héteros Snapchat Ampliamente usada entre adolescentes, ya que es la app reina del “joteo” o del flirteo. Permite a los usuarios enviar fotos y video con la posibilidad que el contenido se autodestruya a las 24 hrs, sin dejar huellas. Para comenzar solo es necesario iniciar sesión, agregar amigos y hacer una publicación con la posibilidad de elegir entre 1 y 10 segundos de duración, para que una vez recibido el mensaje, el receptor presione un botón antes de visualizar la imagen. Ahí comienza la cuenta regresiva para su autodestrucción. A menos que lo agregues a tu historia diaria donde se pueden ver durante 24 horas. También es de interés de adultos por eso de que las huellas se borran fácilmente. O sea, de interés para infieles. Tinder Tinder funciona basado en el perfil de facebook. Uno escoge fotos de perfil que desea mostrar, los amigos en común y los likes de páginas estableciendo “gustos en común” con el posible prospecto. El radio de búsqueda es de 0 a 150 km a la redonda. En ese radio aparecen en la pantalla principal los prospectos y uno va decidiendo si o no a los distintos perfiles, cuando dos personas coinciden en aprobar al otro se produce un “match”. Recién ahí se puede entablar una conversación con el otro y la posibilidad de agendar una cita. Tinder no es exclusivo de héteros, también se pueden juntar homo y bisexuales, pues uno escoge el género que busca. La app ha sido un éxito a nivel mundial con más de 10 millones de usuarios activos.

Lesbianas Brenda Brenda es como un Grindr pero para la comunidad lésbica, funciona de manera similar, geolocalizando a las usuarias en una grilla, pero su poco uso en Chile y en otros lugares del mundo la vuelven una aplicación infructuosa para concretar citas. La gran gracia de las apps con geolocalización es quienes nos interesan respondan rápidamente, por el contrario, si nadie responde se pierde el interés. Por los comentarios de la comunidad lésbica sobre esta app, el problema del uso de Brenda es un tema más de fondo: la invisibilidad y el pudor de esta comunidad.


F FICCIÓN

Barros POR ALVARO BISAMA FOTO DE CARLOS VARELA

Se apellidaba Barros y su historia me la contaron en un congreso de estudios literarios. No sé si tenga una moraleja. Lo que cuento me lo relató un amigo que había sido alumno suyo en el pregrado y que trabajó de ayudante con él. Barros le dirigió la tesis y luego fueron colegas por un tiempo. Todo lo que digo está envuelto en cierta aura de misterio o decadencia. Es un misterio pesado, rancio. La historia la escuché de madrugada en un bar de un hotel de Valdivia, que era donde se realizaba el congreso. Yo había leído a Barros y se lo comenté a mi amigo, con el que habíamos compartido una mesa sobre poesía contemporánea. Después de la mesa, salimos a comer con unas colegas y luego ellas se fueron a acostar y nosotros terminamos bebiendo, emborrachándonos quizás a nuestro pesar. Nos acordamos de viejos profesores. Algunos habían muerto. Otros habían jubilado. Por ejemplo, recordamos a un lingüista que a los ochenta años había editado su primera novela, que trataba de muchachas crucificadas en un cerro de Valparaíso. Brindamos por ellos, por los vivos y los muertos, por lo que habíamos olvidado de la juventud y de la infancia, por el tiempo perdido en la academia, por la distancia. Fue en ese momento en que le pregunté a mi amigo por Barros, si lo conocía, si lo había leído. Me di cuenta que en su texto no lo citaba, a pesar de que se refería a temas que Barros había trabajado. Yo había ganado un fondo de investigación y conocía la bibliografía, sabía cuál era el mapa de libros y papers sobre el tema. A mi amigo le cambió la cara y me dijo que el libro del que estaba hablando (uno sobre los márgenes lingüísticos de la poesía chilena de los últimos veinte años) no era de Barros sino que había sido su tesis de grado. Él me la robó y la publicó con su nombre, dijo. Se produjo un silencio. Entendí inmediatamente. Le hice un gesto. Antes había escuchado cosas de Barros, rumores, cierta picaresca hecha leyenda. Pedí otro whisky. Luego, él habló de Barros. No estoy enojado con él, dijo. No lo odio. No tiene sentido. Han pasado tantos años, dijo. No me importa. No me importa nada. Él ya está perdido, dijo. Ya no lo vemos. Éramos amigos, ya no somos amigos. Eso es todo. ¿Quieres escuchar mi versión de la historia? Bien. Acá va. Barros era el mejor profesor que tuve en el pregrado, en Valparaíso. Barros era chico y gordo y hablaba con voz de pito y no le crecía la barba. Siempre estaba vestido de terno y con mocasines. Él era democratacristiano, se aprovechaba de ese vínculo, de esa militancia. Se presentaba como ensayista. Creo que estaba inscrito como socio en la SECH de Valparaíso. Todos esos antecedentes los recogí con los años, fui armando una especie de dossier, una especie de biografía. Él había llegado contratado como investigador en la universidad. Ya tenía treinta y cinco, cuarenta años. Era experto en poesía mapuche. Hablaba bastante de Derrida y citaba a Foucault de memoria. Esto era en 1999, más o menos. Yo era muy buen alumno. En su curso saqué buenas notas y al año siguiente él me preguntó

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si quería ser su ayudante. Dije que sí. Barros me encomendó un par de tareas de correcciones menores en un par de ramos. Lo hice bien. Nuestro trato era cordial. Yo lo conocía superficialmente, veía que era alguien al que le iba bien, que estaba en ascenso. En la universidad lo respetaban. Yo vivía con mis padres, apenas tomaba. Barros hablaba de vino y de comida. De sus viajes. Había nacido en Santiago pero estudiado en el sur. Había llegado por concurso a la universidad donde yo estudiaba. A mí me interesaban sus temas, me parecía que era bueno que hablara de política, que describiera cómo había vivido en una comunidad mapuche, cómo creía que estaba fichado por el Ministerio del Interior. De esas cosas hablaba en clases y parecía un genio, un modelo, una especie de héroe de estatura intelectual al lado de todas esas señoras casi jubiladas que hablaban de literatura inglesa y que no habían leído nada más nuevo que García Márquez. Tienes que pensar que hablo de una universidad pobre que estaba llena de profesores que habían quedado atornillados por los milicos. Había un viejito que hablaba de Baudelaire y que era hermano de un rector designado por los milicos. El viejito leía a algún simbolista francés y se ponía a llorar. Barros no era así. Decía que era decé porque creía en la teología de la liberación, que Cristo era un signo que era capaz de leer la trama del poder, la micropolítica de la historia. Barros decía cosas así y nosotros le creíamos, yo le creía. Mis papás eran decés también. Entendía de lo que hablaba. Los códigos de ese mundo. Cuando fui su ayudante se lo dije. A veces, yo me preguntaba si existía una literatura demócratacristiana en Chile, que qué poesía podía caber ahí, algo que no fuese Miguel Arteche o Guillermo Blanco, decía. Siempre pensaba que Barros estaba destinado a resolver eso en algún paper, devolver a la clase media al lugar que merece en la cultura chilena. Eso pensaba entonces, mientras lo escuchaba y tomaba notas, mientras aprendía. Por lo mismo, se hizo casi natural que él dirigiera mi tesis de licenciatura. Todo andaba bien, en una sana distancia. Después algo pasó, no puedo decir con claridad, un día cambió y era otro. Quizás nos hicimos amigos. Una noche, cuando estaba mirando las últimas correcciones de la tesis, me invitó a tomar con él. Fuimos a un bar en el centro de Valparaíso. Nos emborrachamos con piscolas. Unas minas de la universidad se sentaron a la mesa. Nos ubicaban. El local estaba lleno. Hasta ese momento, Barros era mi profesor, mi mentor. A veces, sus comentarios sobre la tesis eran brutales pero yo lo aguantaba. Sabía que era un genio, una máquina de la teoría literaria, un experto en el laberinto del signo, un viajero de lo intercultural. Así se definía él, porque hablaba de sí mismo en tercera persona. Yo lo aguantaba, esperaba su carta de recomendación para irme a un doctorado en Alemania, para salir de Valparaíso, de Viña, de mi casa. Te cuento esto de modo confidencial, huevón, dijo mi amigo. A veces me topo con alguien que habla de él y tengo que corregirlo, explicarle este punto. Porque ése fue el momento en que intuí que algo andaba mal, que había algo extraño. Esa noche Barros se emborrachó mal. Se curó raja. Con cuática. Se puso a gritar, le preguntó a las minas si querían acostarse con él las dos juntas, si conocían a alguien más inteligente que él. Yo me quedé mudo. Me emborraché, pero mi curadera fue más piola, como si el alcohol me hiciese observar, mirar de lejos. Recuerdo que una de las minas le tiró un vaso en la cara y la otra amenazó con llamar al mozo. Barros después vomitó. Nos echaron del local. Nos quedamos en una plaza del puerto tirados, hechos mierda. Luego lo acompañé a su departamento. Me hizo entrar. Era un departamento en un edificio cerca del Congreso. No tenía muebles. Los libros estaban en el suelo, como si fueran poblaciones bombardeadas en una zona de guerra. Los platos estaban sucios, olía a encierro y orín. Lo dejé en la cama, comprobé que estaba dormido y me fui. Antes, miré por la ventana el mar de noche. El

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F departamento tenía una vista fastuosa de la bahía. La casa de mis papás no tenía vista a nada. Cuando vi a Barros dos días después, me agradeció y me dijo que era uno de sus pocos amigos. Yo me sentí honrado. Él me contó que lo habían abandonado. Me dijo que su mujer era una mina mediocre que no lo dejaba escribir, no lo dejaba pensar. Luego terminé la tesis y alguien me ofreció un puesto de profesor instructor en la universidad. Seguí viendo a Barros con regularidad. Nunca tenía plata, dijo mi amigo. Varias veces me estafó con dinero, me pedía préstamos que no devolvía; me ofrecía entrar en negocios que nunca se realizaban, revistas que no se publicaban, asesorías a algunas ONGs, comités de editoriales que no andaban. No sé cuánto duró eso, si uno o dos años. Entre medio, publicaba artículos académicos, viajaba a Alemania a dictar clases, presentaba libros de otros colegas. En esa época yo saqué el magíster. Lo hice en la misma universidad donde estudié. Nunca me quise ir de ahí. No tenía sentido, no me quería mover de mi casa. Veía a Barros casi todos los días. Un día me dijo que iba a sacar un libro con sus ensayos. Dijo que era como “El laberinto de la soledad” pero en Chile. No me dijo más. El libro se publicó en la editorial de facultad. Barros consiguió fondos del Consejo de la Cultura de Valparaíso. El libro era feísimo y estaba lleno de faltas de ortografía. Barros decía que iba a sacudir la academia. Recuerdo que invitó a un poeta a presentarlo. El poeta no declamó sino que aulló. Todo fue loquísimo, el decano estaba feliz, como si estuviera en una galería de arte de Nueva York o algo así. A mí me pareció patético. El poeta era un exiliado pelirrojo que después supe que no había estado exiliado. Una mierda de presentación, en suma. Cuando llegué a mi casa, miré el libro. Me di cuenta de que la mitad del libro era mi tesis de pregrado resumida. Eran mis ideas, mis conclusiones y, a veces, algunas de mis frases sueltas. No recuerdo cómo me sentí. En esa época ya me había casado. Se lo comenté a mi mujer. Ella me dijo que hablara con Barros. Me pasé varios días mascando la culpa. Un día lo encaré. Le pregunté por qué lo había hecho. Me dijo que así se hacía, que era una práctica común en Alemania, que las tesis de los estudiantes eran en realidad de los profesores, que debía sentirme honrado con eso. No sé qué le dije. Todo se enfrió en ese momento. Me volví a mi oficina y recordé la pieza de Barros, el colchón en el suelo y la vista a la bahía. Hablé con otro profesor más viejo, con el que tenía cierta confianza. Él me dijo que me quedara callado, que no hiciera olitas. Así funcionaba la universidad de provincia. Todos mis colegas me parecieron miserables y pencas. Temí transformarme en uno de ellos. No me quedó otra que quedarme callado. Después supe que Barros habló con el decano para que me echaran de la universidad solo porque le dije a otro colega que uno de los capítulos del libro era una versión resumida de mi tesis de grado. Después salió una beca y me fui a Estados Unidos por el doctorado y cuando volví a la universidad, Barros se había cambiado de universidad. Alguien me habló de un escándalo pero no me lo contaron completamente. Trató de violar a una alumna en un motel o algo así. Todo quedó en nada, la muchacha desistió, era su palabra contra la de él, la del antropólogo, la del teórico de la cultura, la del escritor. Así que me olvidé. Pasaron unos años. Una vez me lo topé en un congreso y fue como si nada hubiera pasado, le decía a todo el mundo que él había sido mi maestro, era mi guía, que todo lo que había conseguido lo había conseguido por él. A mí me dio un poco de vergüenza. Era bien impresentable pero traté de tomarlo con alegría. A veces me escribía, trataba de comunicarse conmigo. Esa vez me dijo que se había ganado un fondo de investigación de una universidad colombiana, me propuso que trabajara con él como co-investigador. No acepté. Ya tenía fama de tramposo, se sabía que sus antecedentes eran truchos, que nunca había ido a dar clases a Alemania, que había falseado sus antecedentes, aunque decía todo eso en voz alta. Significaba mucho, para él, para las instituciones,

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afirmarlo. Era una mentira que todos habían terminado creyendo, que querían creer. Eran más de quince años de cometer errores, había pasado piola en demasiados concursos. Cuando en una universidad empezaban a sospechar, él se iba a otra. Tenía cierta habilidad para caerle bien a los jefes, para prometer cosas que no cumplía. Decía que era amigo de gente que no conocía. Se aprovechaba de eso, de la inocencia, del arribismo de algunos profesores de literatura. Era un lobo suelto en un corral de gallinas ciegas. Pasaron un par de años. Me olvidé de él. Lo empecé a recordar como un mito lejano. Un día me llamó por teléfono a la universidad. Ya sabía lo de su mitomanía, lo de sus antecedentes falsos. Un colega que había trabajado de evaluador del Fondecyt me dijo que habían comprobado que los viajes a Alemania no existían. Nadie sabía donde se metía. Yo lo imaginaba perdido en un pueblo del sur, mirando un corral lleno de caballos raquíticos. Yo sabía que la máquina de teoría literaria estaba hueca por dentro, que había un ratón corriendo dentro de ella para prender un motor de luces. Esas luces eran las suyas. Esa vez que me llamó fui amable. Me preguntó si podía ser su co-investigador en un proyecto. Me dijo que había leído que yo me había ganado uno y que quería trabajar conmigo, de que estaba intentando ponerse en contacto con la gente que lo quería. Que si la academia no era para estrechar lazos, para crear una familia, no sería de nada. Le pregunté de qué se trataba. Me dijo que sobre la influencia cultural del programa de Don Francisco; que era una mirada desde la antropología poética a la relación entre televisión y clases populares. No le dije que no. Me dijo que tenía listos varios papers sobre el tema. Le dije que los quería leer para darle una respuesta pues no era un tema que manejara e involucraba los recursos de la universidad. Me envió los papers. Era un libro completo. Me di cuenta de que se trataba de varias tesis sacadas de un seminario que había guiado. Los abstract estaban en línea pero además, se notaba en la redacción, en la escritura, en las distintas puntuaciones. Su voz dejaba ver otras voces, los fantasmas de sus estudiantes. Aún así reconocí su escritura, que seguía siendo alambicada. Presumí que gran parte de las citas eran falsas. No lo llamé; le escribí un correo y le dije que no, que no me interesaba. Me mandó un mail lleno de insultos; yo copié el mail y se lo mandé al decano la universidad en la que trabajaba. El decano me llamó por teléfono para pedirme disculpas. La conversación se volvió extraña. El decano, a quien no conocía, se sinceró conmigo, no sabían qué hacer con él, no sabían cómo echarlo, dijo mi amigo. Al final, renunció sin que se lo pidieran. Antes de irse publicó ese libro sobre Don Francisco en la editorial de esa universidad. El libro era lo mismo que yo había leído, pero ampliado. El decano me lo mandó, quizás por qué razones. Estaba lleno de contradicciones, tenía fallas metodológicas, cada capítulo era más malo que el otro. El libro terminó por sepultar su escaso prestigio. En facebook una de sus estudiantes dijo que él la había acosado. Se destapó la olla. La olla estaba podrida. Yo no tengo facebook, una colega me mostró los archivos. También me mostró la foto que él tenía en su página donde decía: “escritor” y un carnet de su membresía en la SECH, sección Valparaíso. En esa cadena de facebook los detalles eran escabrosos, acosaba a las estudiantes, las amenazaba con reprobarlas, con destruir su carrera, hablaba del poder que tenía, de los contactos que había hecho. Las citaba a reuniones de trabajo en su oficina y les cerraba la puerta con pestillo, se exhibía ante ellas; le pagaba a los guardias para que no contaran nada. Todo era triste y terrible, profundamente violento. Cuando mi colega me contó pensé en que había una relación entre su escritura y ese comportamiento, entre su libro sobre Don Francisco y la vida que llevaba. No supe qué decir. Luego nadie habló más de él. Nadie lo mencionó, dijo mi amigo. Lo último que supe es que estaba haciendo clases en el norte. Había ganado otro concurso, dijo mi amigo.

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F FICCIÓN

Dj en el apocalipsis POR DANIEL CASTRO FOTO DE VIPIN BALIGA

Mi bicicleta no tiene silla para niños. Comprarla fue algo que siempre pospuse. Para poder traerme a Sofía llevo mi mochila de montaña. Hace treinta litros, es lo que hay. Dejo una nota por si llega Laura, para que sepa que fui a buscar a nuestra hija al jardín. Las sirenas, bocinas y explosiones parecen irreales, el sonido de una película que suena allá afuera. Tengo que buscar a Sofía, protegerla, tenerla a salvo. Sofía, Sofía, Sofía… Un mantra que ayuda a prolongar la ilusión de película cuando salgo y soy parte del caos. La casa al otro lado de la calle está en llamas. Un camión de basura rompió el muro. Los pasajeros del camión (no todos basureros) lo llenan con el motín recién saqueado. No me meto en lo que no me importa y comienzo a pedalear. Las calles principales están atestadas de autos. Varios conductores ya han abandonado sus vehículos, mientras que otros no se resignan y tratan de pasar por donde sea, subiendo a la vereda y por sobre las rejas de los antejardines para quedar atochados solo metros más adelante. Muchos otros tocan la bocina incapaces de pensar en nada. Avanzo intentando pasar desapercibido. Un mendigo se sube a un auto que no lo conducirá a ninguna parte. Una mujer grita desesperada intentando sujetar a su dálmata para que no se lo arrebaten. Son dos adolescentes los que se lo quieren quitar. El perro aúlla mirando aterrorizado a su dueña que aprieta sus patas delanteras. El perro caga aterrado, pero los chicos siguen tirando hasta que las patas del can se dislocan y la mujer lo suelta por acto reflejo y entre sollozos y mocos ve como se lo llevan a la rastra. Camino al jardín, más violencia, choques, disparos y fuego. Solo pienso en encontrar a Sofía. Sofía, Sofía, Sofía… Cuando llego al jardín escucho llantos de niños asustados que no saben lo que está pasando. Eso precisamente es lo que horada cualquier atisbo de razón en este momento, que nadie sabe lo que está pasando. Un helicóptero pasa sobrevolando demasiado bajo, hasta que lo pierdo de vista. Un enorme bombazo seguido por una columna de humo me hace concluir que se ha estrellado. Entrando al jardín me cruzo con una de las tías que va saliendo apresurada. Una madre con su hijo en brazos trata de detenerla, todos esos niños que no han pasado a buscar no se pueden quedar solos. Ella le dice sin detenerse que ya no es su problema, que lo único que le interesa es juntarse con

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SUS hijos y SU esposo. Es igual que todos nosotros. Solo nos importa encontrar a nuestros hijos, salvar lo que es nuestro. Adentro queda solo una tía que intenta infructuosamente calmar a los niños. Desesperado busco a Sofía, pero no la encuentro. El corazón se me detiene y no creo posible que un depravado justo haya elegido lo que parece el fin del mundo o una guerra mundial para abusar de mi pequeña hijita, pero la mente es extraña y prefiere concentrarse en amenazas abstractas más que en peligros reales. Le pregunto a la tía (al mismo tiempo que varios otros padres desesperados) dónde está mi hija. Antes de que pueda responderme siento un tirón en mis pantalones y vuelvo a respirar al ver a Sofía. Sofía, Sofía, Sofía… Intento sonreír y parecer calmado, pero claramente no funciona porque ella lee el terror y la incertidumbre en mi rostro. Me pregunta dónde está la mamá, pero en vez de contestarle, le propongo que juguemos a esconderse en la mochila. Ella entra y con su cabeza asomándose me la pongo en la espalda. Alguien se llevó mi bicicleta. Ya no hay luz… …ni señal de celular, ni gas, ni mucho menos internet o wifi. Ya casi no hay bombazos y por lo general, los gritos se oyen solo de noche, algunas noches, pocos, por aquí y por allá. Laura nunca llegó. Los celulares nunca volvieron a funcionar. No podía dejar a Sofía sola. No habría sabido dónde buscar a Laura. Si ya no llegó, es que nunca va a volver. Carola, la hija de mi vecina, ahora vive con nosotros. Su mamá (nunca pude acordarme de su nombre) la vino a dejar poco después de que llegara con Sofía del jardín. No fue fácil volver. Asomándose por la pandereta me preguntó si podía cuidar a Carola mientras ella iba a buscar insulina en alguna farmacia que aún no hubiera sido saqueada. Sin esperar mi respuesta pasaron entre ambas a Choco, el labrador, y luego ella le ayudó a su hija a pasarse por la pandereta. Se despidieron entre sollozos. Nunca volvió. Carola me ayuda con Sofía, pero es otra boca que alimentar. Alguien más con quien compartir el agua. Ya no queda mucho en la casa. Los gases de la cocinilla se acabaron hace varias semanas. Ahora cocinamos en el patio, haciendo fuego con los muebles de madera. Un fuego chico, para no gastar la poca madera que tenemos, pero sobre todo, para que nadie vaya a ver el humo. Se murieron las abejas. No de a poco, sucedió de un día para otro. Más rápido de lo que todos pensaban, todo comenzó a cagar. Se acabaron las frutas y los vegetales y poco después la mayoría de los animales que ahora Sofía solo va a poder conocer con mis pésimos dibujos. Lo poco que quedó, o se comió o, debido a la idiotez humana, se destruyó. Habría costado imaginarse como todo iba a cambiar. El carísimo equipo de sonido que hay en el living ya no sirve de nada, tampoco las obras de arte de artistas emergentes que cuelgan de las murallas, ni mis delicados zapatos italianos. Los millones ahorrados en el banco desaparecieron, cosa que en realidad no importa, porque la plata ya no vale ni el papel en que está impresa. Carola llora mientras come, esforzándose para poder tragar. Mientras más come, más llora. Y cuando Sofía pregunta dónde está Choco, solo logra provocarle arcadas a Carola. Le digo que se

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F fue para acompañar a la mamá y ella me mira más que con pena, con resignación; y puede que sea solo mi idea; pero me parece que cuando dice alegrarse porque la mamá ya no va a estar tan sola, es únicamente para seguirme el juego. Mi hermano tiene (o tenía, quién sabe) en la bodega de su departamento provisiones para tres meses. Agua, latas, comida deshidratada, chocolates, hasta whisky tenía (o tiene, quién sabe). Arriba, en su departamento, también guardaba un rifle de siete repeticiones. Maldito. Carola me despierta en mitad de la noche. Todo está completamente oscuro, tener los ojos abiertos o cerrados es igual. Como siempre nos dormimos temprano, para no tener que encender velas que llamen la atención. Le leí un cuento a Sofía y cuando se quedó dormida en su cama, que ahora está en mi pieza, nos acostamos. Hay ruidos en el techo, pasos de varias personas que intentan infructuosamente no ser escuchados. Nos vestimos y mientras Carola despierta a Sofía, tomo el palo de golf que me encontré botado en la calle sin poder dejar de pensar en el rifle de mi hermano. Los pasos ahora se escuchan en el patio. Salgo de la pieza y trato de verlos por entre las persianas cuando escucho cómo revientan la puerta de entrada con un par de patadas. Son tres, un hombre de unos cincuenta y cinco años y dos jóvenes que deben andar por los veinticinco. El viejo anda con un machete, el joven con lentes de marco metálico y cara de psicópata tiene un estoque carcelario y el otro, con una prematura pelada, un cuchillo carnicero. Cuando me ven parado en mitad del pasillo, solo atino a pedirles que no nos hagan nada. El viejo me pide que le demos nuestra comida y de la pieza se escuchan los sollozos de Sofía. Los tres miran interesados y me obligan a llevarlos a la pieza. Pensando que sirvo más vivo que muerto, les hago caso. En la pieza, el viejo registra con la mirada todo lo que pueda servirle, mientras los otros dos quedan deslumbrados y babeando al ver a Carola. Ella intenta no mirarlos y se pega a mí. El viejo quiere saber dónde está la comida y le ruego que no se lleven lo poco que nos queda. Los jóvenes se acercan a Carola y la miran sin pudor. No hay vuelta atrás. Sofía, Sofía, Sofía… Le digo al viejo que si nos deja ir con ellos se pueden quedar con Carola. Ella me mira intentando dilucidar cuál es el truco, pero no hay truco. Los tres quedan descolocados, pero ante las miradas suplicantes de los jóvenes, el viejo termina por aceptar. El viejo está somnoliento sobre mi cama y yo estoy acurrucado junto Sofía en su camita. La lámpara de aceite que trajo el viejo adentro de su mochila, ahora lo alumbra todo con una luz mortecina. De la pieza del lado se escucha como los jóvenes discuten tratando de ver quién viola primero a Carola. Aparentemente la violencia contenida del psicópata logra convencer al pelado que le cede el primer lugar. Le sigo tapando los oídos a Sofía y la acurruco contra mi pecho para que no escuche nada. Ya casi amanece y al lado siguen usando a Carola, que apenas emite un débil quejido de vez en vez. Sofía se ha quedado dormida, al igual que el viejo. Esperando que solo yo escuche los lati-

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dos de mi corazón, me acerco sigiloso. Me tiemblan las piernas y siento que pierdo mis fuerzas. Me concentro en el palo de golf para no arrepentirme. Le doy un golpe certero en la cabeza. El viejo pasa del sueño a la inconciencia y para que no vuelva más, le amarro una bolsa plástica en la cabeza. Cuando me asomo a la otra pieza con la lámpara en la mano, veo al pelado, desnudo, descansando apoyado en la muralla, mientras el psicópata sodomiza a Carola, maltrecha y amoratada. De sus pechos suaves y adolescentes ya no queda nada, el olor de su sexo que por un tiempo fue solo mío, fue corrompido. El pelado se gira y me sonríe pensando que soy el viejo. Antes de que alcance a atinar le tiro la lámpara que revienta sobre él empapándolo de aceite que comienza a arder rabiosamente. El psicópata se gira distraído y sonríe como un niño en una fogata. Carola aprovecha para agarrar con las pocas fuerzas que le quedan las bolas del violador y arrancarlas de cuajo. Antes de que lo logre, entre aullidos espasmódicos, el psicópata la golpea. Con los testículos colgando fuera del pellejo escrotal, se tira sobre Carola y le mete los pulgares en los ojos reventándoselos. Con su propio estoque lo mato con incontables puñaladas mientras el pelado ha dejado de convulsionarse y retorcerse, aun encendido, ahumándolo todo. Sale el sol. Carola al fin se ha quedado dormida. En la mochila del viejo encontré calmantes y antiinflamatorios. Sofía no sabe lo que ha pasado, pero intuye que lo que ve es fruto de la violencia y es muerte. El olor a carne quemada se ha impregnado en todas partes. Saco los cadáveres al patio. No encuentro mucho en sus bolsillos. Fósforos, una cuchara, cordeles. En los pantalones del psicópata había un dedo de mujer, ya seco y duro, con la uña pintada de un rosa neón. Registro sus mochilas y saco todo lo que sirve. Con la bicicleta de Laura y la de Carola, que paso por la pandereta, logro armar un improvisado carro para llevar todas nuestras cosas. Salgo al atardecer con Sofía en mi espalda, adentro de la mochila. A Carola, que sigue durmiendo dopada, le dejo un poco de agua y un paquete de suflitos. Nos demoramos tres días en salir de Santiago. Entro por el Arrayán a un vallecito entre las montañas. Comemos lo que encontramos. Uno que otro ratón, alguna culebra, visitantes confiados, papas silvestres, hongos y plantas que se las logran arreglar sin las abejas. Es un milagro que no hayamos muerto intoxicados… …o una maldición, …como se quiera ver. Los años pasan y a veces somos felices. Sofía ya es una mujer. Se parece tanto a Laura que se me aprieta el corazón. Tenemos una hijita. También se llama Laura. Vuelve a ser primavera y salimos a buscar comida. Un zumbido especial llama mi atención. A ellas no parece importarle simplemente porque no recuerdan o nunca antes lo han escuchado. Busco de dónde proviene cuando escucho un palmetazo y un grito. El aguijón sigue clavado y palpitando en el cuello de Sofía. Se lo saco y le explico que no fue nada, solo una abeja, pero ella comienza a ponerse roja. Sus ojos se desorbitan y no puede hablar porque su lengua hinchada no deja pasar el aire. Laura me acompaña mientras la enterramos. Al ocaso caminamos hacia nuestra casa, un eufemismo para algo así como un refugio improvisado en el que al final nos terminamos quedando. Por primera vez, desde que todo comenzó se ven luces abajo, donde solía vivir.

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F FICCIÓN

Cómo terminé aquí POR GASPAR HÜBNER FOTO DE BERT KAUFMANN

¿Que cómo terminé aquí? Bueno, la verdad cumpa, es que no hay mucho que contar; o sea, en realidad podría hablarle horas de todo lo que viví estos años en Europa, pero por qué me deportaron y terminé encanado en esta celda roñosa, compartiendo con picantes como usted, después de haberlo tenido todo y de haber recorrido una tracalada de países, después de gozar de lo lindo, cagándome a cuanto gil se me cruzaba por el camino, sobre todo a esos turistas ahuevonados que llenan las calles de Roma, París o Barcelona, porque la cosa era re fácil para uno, si solo había que ser medianamente avispado, y se laburaba fácil, como dicen los argentinos, no como acá, pues, en que la gallada es más desconfiada y anda cachuda y cuidándose todo el rato; la cosa es que me deportaron, y ¿por qué?, se pregunta, usted, bueno, la cosa es simple, déjeme explicarle, resulta que yo llevaba varios meses en Barcelona, ¿me entiende?, allá en España, y tenía las lucas como para volver a darme la vida de príncipe por un rato acá en Chile y dejar tranquila a la vieja y a los cabros, dejarlos asegurados con unas buenas monedas, aparte de las que les mandaba todos los meses, pero resulta que tenía un problema con el pasaporte, tenía la visa vencida y si compraba los pasajes para venirme, de más que caía en cana, y déjeme decirle que los pacos de allá, los Mossos d’Escuadra, son tanto o más perros que los de acá, si le contara las huevas que me tocó ver, pero bueno, la cosa es que necesitaba papeles nuevos y limpios, y así fue que unos gitanos que vivían en el centro, en el barrio Gótico, me contactaron con un rumano… —sabía que está lleno de rumanos por esos lados, ¿no?, bueno yo tampoco, hasta que estuve ahí; oiga acérquese la estufa, que se me está enfriando la choca—… y este gallo, por unas lucas extra que yo no tenía en ese momento, era capaz de cacharpearle a uno los papeles que fueran, bueno esa era la fama del rumano, y así fue como llegué donde este tipo, la cosa es que el hombre me citó en el bar de un mercado que yo no conocía ni en pintura, y eso que me había recorrido casi toda la ciudad a patita, pero quedaba muy cerca de donde trabajaba en las mañanas, era pleno verano y yo andaba todo sudado, no sabe lo insoportable que es el verano allá, compadre, húmedo y caluroso hasta las recachas, con decirle que bastaba con que uno caminara un par de cuadras y al tiro hasta los calzoncillos se le mojaban, y bueno, yo andaba con sed y con hambre, porque había estado trabajando toda la mañana, en el mismo lugar de siempre, cerquita de la estación de metro de Vallcarca, allí llega harto turista porque está al ladito del Parque Guell, un lugar re famoso porque lo construyó un arquitecto conocidísimo, claro que del nombre no me acuerdo, nunca he sido bueno para esas cosas, pero yo al lugar no le encontraba ni una gracia, para que quiere que le diga una cosa por otra, es verdad, tiene una terraza enorme con una vista re bonita de la bahía de Barcelona, algo así como si uno estuviera en pleno Cerro Concepción, ¿me cacha usted?, bien bonita

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la vista, la verdad, pero si usted se acerca a las bancas de cemento, donde los turistas se sientan a descansar o a sacarse sus fotos, mientras los paquistaníes tratan de venderles cualquier cachureo barato para el recuerdo, si es que no los anda correteando la policía, bueno esas bancas, y esto es lo raro, están todas llenas de pedazos de cerámica de colores que no le pegan ni juntan, vidrios de botella, hasta pedazos de tazas y platos, como que el arquitecto ese trató de ahorrarse las lucas y la cuestión le salió bien al lote, un mamarracho, eso es lo que pienso yo, pero bueno, usted tendría que estar allá para ver si le gusta… -¿que nunca ha pensado en salir de Chile?, no sea huevón, compadre, no sabe de lo que se pierde-… pero la cuestión es que ese mamarracho de parque es lo que más les gusta a los gringos, con su par de casas y sus grutas bien raras, y una especie de templo romano, con unas columnas medias chuecas, eso sí, entonces, la cosa es que se llena de gente todos los días y es el lugar perfecto para cagarse a los giles, solo había que ser un poquito avispado para afanarse unas monedas, y el cuento es que yo había estado toda la mañana en eso, y como en la tarde el calor se hace insoportable y yo ya me había afanado unas buenas lucas, decidí partir a encontrarme con el rumano este, y me fui caminando porque siempre trataba de evitar el metro con sus cámaras de seguridad, y la cosa es que anduve varias cuadras medio perdido, buscando el maldito mercado, pero por fin caché por dónde tenía que meterme y allí, entre medio de unas calles bien estrechas, como son las que hay allá, si hasta se puede hablar desde un balcón a los que están al otro lado de la calle, la cosa es que allí veo el mercado del rumano, tenía harta buena pinta el lugar, y pensé que al menos ahí se estaría más fresquito y que ya era hora de tomar y comer algo, porque no le había echado nada al buche en toda la mañana, y me pongo a buscar el bar, y ahí lo veo, pasando las verdulerías y los puestos de frutas, las fiambrerías con las patas de jamón colgando, las pescaderías -ni se imagina usted los pescados y mariscos raros que hay por allá-, me acerco y veo que no estaba el rumano, pero igual me senté en una banqueta junto a la barra, y ahí sí que comenzó todo, compadre, ¿de verdad quiere saber cómo terminé aquí?, bueno, la cosa es que una muchacha que estaba de espaldas ordenando unos vasos al otro lado del mesón se da vuelta y me pregunta algo en catalán… -¿que no sabe lo que es el catalán?, es como una mezcla de español y francés que se habla por esos lados, si estos locos de los catalanes ni siquiera se sienten españoles-… yo por supuesto que no le entendí ni una jota de lo que me decía, y no es que no supiera manejarme con algunas palabras, como bon dia, bona tarda, merci o sisplau, que es como se dice “buenos días”, “buena tarde”, “gracias” o “por favor”, pero lo que vi en ese momento de verdad que me dejó casi sin respiración, ahí estaba la carita más bonita que he visto en toda mi vida, la niña tenía unos ojitos como de gata, preciosos, y unos labios rojos gordos que parecían decirme bésame y muérdeme, rica la tonta, muy rica, y no piense que por ser europea tenía el cuerpo de una modelo, no, nada que ver, más bien era entradita en carnes, con su buena delantera y un culazo hecho a mano, usted sabe, pero tampoco tenía el cuerpo de una matrona, no pues, más bien era como una de esas niñas de los cafés con pierna del centro, bien caderuda y con harta curva y harta carne para agarrarse, pero bien blanquita y rubiecita, eso sí, la cosa es que justo en ese momento llega el rumano e imagínese la cara de caliente que debo haber tenido que el tipo la cachó de una, y va y me pregunta, “¿te gusta?, es mía… algo podemos arreglar”, imagínese, la tonta trabajaba en la noches para este endemoniado, por allá por el Barrio Chino, y tampoco era catalana, sino que paisana de este sujeto, el cuento es que después de arreglar lo de los papeles y ponernos de acuerdo en las lucas, el tipo accedió a que le pagara en cuotas, me quedé pensando en todo el camino a la pensión en la propuesta del hombre, si hasta casi me atropellan al cruzar la Gran Vía, que es una de las avenidas más grandes de allá, algo así como la Alameda, por venir imaginándome en todo tipo de posiciones

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F en la cama con esta mina, la cosa es que esa misma noche fui al Barrio Chino a buscar la dirección que me dio el rumano, y ni le cuento cómo lo pasamos esa noche, ¡cada cosa que me hizo!, y yo que pensaba que lo había visto y hecho de todo, pero no, quedé como un verdadero novato, si era como un verdadero relojito, se movía perfecto, y a un ritmo que me dejó loco y jadeando como un perro, la cosa es que al otro día volví a hacer mi visita, si no podía sacármela de la cabeza, compadre, y volvimos a darle esa noche, al punto que tuve que pagarle dos veces para quedarme más rato, imagínese, yo un picante del puerto como yo, avispado, es verdad, pero torrante como ninguno, ahí con ese pastelito que era la Tatiana, así se llamaba, me dejó marcando ocupado, así que comencé a ir a verla todos los días, primero en la noche, allá en el Barrio Chino, pero como no me la sacaba de la cabeza, también comencé a ir a verla a su otro trabajo, en el mercado donde la vi la primera vez, cuando llegaba, ella se hacía la desentendida, como que no hubiésemos estado juntos la noche anterior, pero eso a mí no me importaba, me bastaba con verla, con que me regalara una sonrisita mientras me servía un vermut y un platito de boquerones… -¿no los conoce?, son como unas sardinas chiquititas, que vienen crudas, aliñadas en vinagre y con un poco de aceite-… y eso lo hacía todos los días, trabajaba en la mañana, me hacía de unas monedas, pasaba a alguna hora por el mercado y después en la noche le hacía mi visita, pero imagínese, lo que pasó al poco tiempo, era tanto lo que me gastaba en mis visitas nocturnas, que me fui comiendo de a poco la plata que tenía ahorrada, y lo que sacaba en las mañanas en el Parque Guell apenas me alcanzaba para pagar la mugre de pensión en la que alojaba, y menos para pagarle las cuotas al rumano por lo de los papeles, pero a mí no eso me importaba, si para eso era la plata, pensaba, para pasarla bien y disfrutarla, si aquí en Chile jamás habría podido empotarme con un pastelito como ese, y además mientras estábamos en la cama, después de echarnos unas buenas cachitas, yo le contaba de Chile, de Valparaíso, de la vieja y de los cabros, y ella siempre tenía una que otra palabra de consuelo, pero la cosa es que a las pocas semanas me quedé sin plata, sin un puto peso, y me echaron de la pensión, porque ya ni a trabajar iba, y tuve que arreglármelas durmiendo en la playa, no la vi en varios días, pero seguía pensando en ella, así que un día, tuve el cuevazo de encontrar una billetera media enterrada en la arena al lado de un chiringuito en una de las playas de la Barceloneta, y me encontré con el dinero suficiente para ver de nuevo a Tatiana, así que me voy al Chino, no me importó que anduviera sucio y roñoso, sin afeitar, esperando encontrarla sola en la calle, porque a veces tenía que esperar horas para que se desocupara de sus otros clientes, y claro no estaba en la esquina de siempre, no sé cuánto rato estuve esperándola, pero al fin salió del portal del edificio en el que por unos pocos euros unos filipinos te pasaban una pieza, yo me le acerco, pero ella no me reconoció, le dije que era su amigo, el chileno, el carterista, que tenía la plata para un ratito de compañía, y ella me mira y me dice, “tío, ¡pero tú estás loco! Que me voy a meter con un gamberro así, ni lo sueñes”; yo traté de tomarle el brazo, de explicarle la situación por la que había pasado en los últimos días, que deseaba mucho estar con ella, que no fuera malita, que juntos lo habíamos pasado muy bien, pero ella va y grita en una jerga que no era ni español, ni catalán, ni nada, y de pronto sale el rumano ese, el de los pasaportes, acompañado de unos gigantones con pinta de fisicoculturistas, y me apartan a un lado y me empujan, el rumano me dice que mientras no le pague por lo de los papeles que ni piense en volver a acercarme, él se retira, y los otros comienzan a darme de combos y patadas en el suelo, mis gritos no sirvieron de nada, porque nadie asomó su cabeza, y me dieron de lo lindo hasta que quedé inconsciente, y lo próximo que me acuerdo es que estaba en un hospital, con un policía a la entrada de la habitación, y el resto, imagíneselo usted… así es como terminé aquí.

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H OT E L E S, RESTAURA N T ES Y V I Ñ AS CON EN C A N TO L AT I N O A M É R I C A

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