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Modernidad e Identidad cultural en Salamanca La tierra de los brujos se abre al mundo

Luisa Campos Ponce

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s indiscutible que hoy atravesamos una era en la cual los términos globalización y modernidad hacen eco en los más recónditos lugares y culturas. Esto no es nuevo, sin embargo las críticas a este nuevo modelo cultural que comprende la

globalización, se hacen presentes cada vez con más fuerza. Con frecuencia, se debate en torno a los verdaderos beneficios que ofrece el fenómeno globalizador y las herramientas que entrega al quehacer de la comunidad. Pero con mayor frecuencia aún, surgen las críticas en torno a los perjuicios que la globalización acarrea a las poblaciones menos preparadas para el abismante bombardeo globalizador. Frente a esto último, lo que más preocupa a los expertos, dice relación con el impacto que provocan las transformaciones tecnológicas y comunicativas en el ámbito de lo local, más específicamente en la esfera de la identidad de las comunidades y pueblos. La interrogante o preocupación es si la globalización terminará por desestabilizar o definitivamente hará desaparecer los


rasgos propios de la localidad y por tanto, hará que se pierda la identidad local para dar paso a una identidad global interconectada. Una de las localidades en Chile en la cual podemos observar los rasgos modernizantes en su pelea con la identidad es la Comuna de Salamanca. Salamanca está ubicada en la IV región de Chile, en el Valle del Choapa y presenta características geográficas que favorecen un cierto encajonamiento del lugar. Estas características radican especialmente en que el citado valle se encuentra cercado en los cuatro puntos cardinales por barreras muy bien marcadas: en el norte y en el sur, se encuentra limitado por diversos cordones montañosos a ambas laderas de la cuenca del río Choapa; al Este lo cerca la imponente Cordillera de Los Andes y, al Oeste, la barrera está compuesta por diversos cerros zigzagueantes, que más allá de representar una barrera natural en sí, pueden considerarse un obstáculo dada la lejanía que existe entre el valle y la principal vía de conexión con otros puntos de Chile, en este caso la Ruta 5 Norte. Desde fines del siglo XX Salamanca a comenzado su apertura al mundo bajo dos conceptos: La existencia de La Minera Los Pelambres que indiscutiblemente ha sacado la localidad de su encajonamiento a partir de redes de conectividad terrestre; y en segundo lugar el acceso a nuevas tecologías y medios de comunicación. Probablemente, es en este último ámbito donde Salamanca ha experimentado más fuertemente los coletazos de la modernidad. A partir de 2006, esta comuna se transformó en la primera localidad con acceso ilimitado y gratuito a Wi Fi en todo Chile. Como versara la campaña publicitaria “Antes que New 1

York, antes que Buenos Aires y antes que Santiago, Salamanca conectada al mundo” , esta comunidad recibiría, en su totalidad, la posibilidad de conectarse con el orbe “a un click de distancia” ¿qué más globalizado podría ser?


S

i bien esta apertura podría

darse en cualquier otra localidad del país con características similares, provocando importantes cambios en las diversas estructuras de aquella sociedad, en el caso de Salamanca, el cambio producido, no ha logrado afectar profundamente la tradición local, es decir, es posible apreciar rasgos distintivos (mitos, leyendas, costumbres, ceremonias, etc.) que caracterizan y hacen única a la población salamanquina. Y si bien la incorporación a la conexión inalámbrica es un fenómeno reciente, la comuna en cuestión a vivenciado hace ya varias décadas una apertura tecnológica, comunicacional y económica, manteniendo visiblemente su identidad, su alma. Entonces ¿Cuál es la configuración social y cultural de Salamanca que la hace menos permeable a los cambios externos en el ámbito identitario? ¿Cómo es posible que frente al bombardeo tecnológico y a la fuerte influencia económica de la minera Los Pelambres aún se puedan apreciar elementos locales que potencian y hacen más resistente la identidad salamanquina? Sobre esto creemos que la Comuna de Salamanca (así como otras muchas localidades del país) y los pueblos que la componen, cuentan con un orden geográfico, social, político, económico y cultural que favorece que la estructuración de la identidad, del imaginario de ciertos grupos sociales, sea menos vulnerable frente a alteraciones de origen foráneo. Los elementos culturales propios del imaginario salamanquino pueden tipificarse al menos en tres ejes. El primero de ellos corresponde a los Vestigios Arqueológicos presentes en la comuna. Se trata de restos arqueológicos existentes en la zona, fundamentalmente petroglifos situados en torno a la Comuna de Salamanca, llamados “piedras pintadas” o “piedras de indios” por los salamanquinos. Estos no sólo forman parte del paisaje cotidiano, sino también, de parte importante de la historia de cada habitante, p


ues en las piedras pintadas se escinde el recuerdo, siempre presente, del pasado indígena (diaguita) que es parte de la cultura de la zona. Todo salamanquino reconoce en los petroglifos, parte de sus ancestros y es capaz de relatar, algunos con mayor erudición que otros, el significado que esas piedras tienen para su comunidad.

Los efectos de la globalización en este elemento cultural han sido devastadores en Salamanca, puesto que las faenas de La Minera Los Pelambres ha destruido en gran arte el legado cultural dejado por las comunidades ya extintas, de los diaguitas. Sin embargo, grupos y asociaciones salamanquinas han comenzado la tarea del rescate cultural de los petroglifos, haciendo frente los intereses económicos de la transnacional, protegiendo su patrimonio, resistiéndose a la anulación de la memoria manifestada en esta manifestación material de su pasado. Otro elemento, es el de las Fiestas Religiosas. Se trata de las celebraciones conmemorativas más representativas del fervor religioso de la Iglesia Católica en la Comuna de Salamanca, en las cuales se


entremezclan el paganismo y la religiosidad formal. Éstas son: El Señor de la Tierra realizada el 6 de enero; Semana Santa (donde se realiza una procesión con encapuchados donde participa gran parte de la comunidad), variando su celebración entre fines de marzo y comienzos de abril y la Fiesta de Manquehua celebrada el 12 de octubre. Cada salamanquino, de alguna u otra manera, ha transformado estas festividades en un rito más que religioso, participando activamente de la organización y celebración de cada uno de ellos. La ciudad se transforma con la llegada de estas fiestas y se respira un ambiente cargado de misticismo y profundo respeto por estos rituales que los representan y los hacen únicos. En este caso, también se manifiesta una fuerte resistencia identitaria en los habitantes de la comunidad. Los nuevos modelos de recreación inherentes al fenómeno modernizante y a la globalización han penetrado con gran fuerza a esta zona, modificando algunas conductas sobre todo en las generaciones más jóvenes. Sin embargo, la importancia que otorgan a sus creencias y formas de manifestarlas, lejos de disminuir, han ido potenciándose paulatinamente hasta transformar estas festividades en una carta de presentación para integrantes de este núcleo. Por último, el elemento cultural que denominamos Naturaleza Mágica. Bajo este concepto se entiende todo lo relacionado con actividades fuera de un marco científico, en otras palabras, a hombres y mujeres que practican o creen tanto en la cartomancia, el mentalismo, la curandería y otras acciones enmarcadas en lo sobrenatural, que generan un ambiente místico en torno a la comuna. Cabe señalar, que no se puede concebir la Comuna de Salamanca si no se la asocia a la brujería. Por cierto, su slogan por décadas ha sido “Salamanca: la ciudad de las brujas”, por lo que en su interior se tejen las más intrincadas historias compartidas transversalmente por todas las generaciones de salamanquinos. Probablemente, es precisamente este elemento cultural el que más se resiste a las transformaciones de la cultura global, y si bien el peso que poseen estas historias sobrenaturales no se relaciona con el conocimiento tradicionalmente concebido, si se ha transformado en el conocimiento base de todo salamanquino, en parte de esa alma que cohesiona a su pueblo y la hace distinta, singular y plenamente identificable de otras culturas aledañas.


S

alamanca se convierte entonces, en un claro ejemplo de

que la la globalización no se trata de un proceso que inexorablemente conduce a un fin que sería la comunidad humana universalmente integrada, sino que nos demuestra, a partir de sus particularidades, que lo que engendra es la dialéctica entre lo local y lo global, en donde lo primero ofrece resistencia y firmeza, y que definitivamente lo global no ha logrado reemplazar a lo local, más bien que lo global opera dentro de la comunidad.

L

a conectividad

tecnológica, el libre acceso a la información, los cambios en las concepciones del tiempo y el espacio, en suma, el nuevo orden cultural que ofrece el fenómeno de la globalización, se internaliza en las formas que adoptan las culturas, mas el fondo, la identidad cultural, si bien no se mantiene inalterable, es capaz de reinventarse y arraigarse en aquellos rastros que su propia cultura ha manifestado desde su proyecto histórico. Es innegable pensar que las dinámicas de los pueblos se hacen permeables a los cambios que produce el presente, sin embargo, también es innegable, que los hombres en sociedad, sienten un apego por lo que los hace distinguibles del resto, que en los individuos subyace siempre, la idea de identificarse,


de sentirse parte de un todo que no es repetible al menos en esencia al resto de los individuos. Las comunidades también tienen este sentimiento irrenunciable de ser distintos a otras comunidades, aferrándose a aquellos elementos que les permiten mantener esa autenticidad que los enrostra a un mundo que se presenta cada vez más homogéneo.

1 http://www.atinachile.cl/node/12492


Salamanca