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La actual situación de mapuches que migran a la ciudad

Generadores de identidad mapuche en la ciudad

La identidad mapuche en la ciudad se construye socialmente, interactuando con el otro. Este fenómeno une las costumbres con la modernidad, generando la inserción de esta etnia en el Chile actual.

Por Carolina Pismante Araos

ada día son más. En la comunidad mapuche inserta en Santiago, se visualiza y destaca una dualidad cultural; por una parte, expresada en un fuerte arraigo a las tradiciones y costumbres mapuche, y por otra, la experiencia citadina en Santiago. Esta fusión de elementos culturales redunda en la existencia de pequeños grupos urbanos mapuche que luchan de forma autónoma por crear y mantener vivos espacios para salvaguardar su identidad y el de las próximas generaciones.

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Es así, como podemos reconocer en esta problemática social-urbana los conceptos de globalización y localización, que emergen de las vivencias de los mapuche urbanos en Santiago. Por un lado, se insertan a la “modernidad” de la capital y su acelerado ritmo, y por otro lado, no se separan de sus centenarias tradiciones que los ligan a la tierra y a sus creencias. La migración mapuche a las ciudades chilenas y más específicamente a Santiago es un fenómeno que se experimenta visiblemente desde fines del siglo XIX, aunque con mayor intensidad se evidencia en la segunda mitad del siglo pasado. Así, en la actualidad podemos encontrar familias de mapuche de 4 ó 5 generaciones que viven en Santiago o en otras ciudades del país. Un tema actual es la interculturalidad, en este caso, representada en el mapuche urbano, vale decir, aquel hombre o mujer de origen mapuche que vive en la capital. Estos migrantes obligados, sufren las principales problemáticas de la inserción de las tradiciones propias de su etnia en la ciudad, esto provoca en ellos una constante lucha por mantener vivas las costumbres heredadas de

Conoceremos dos historias de una joven y una anciana mapuche que aún cuando participan activamente en estos espacios, se ven influenciadas por tendencias propias del mundo urbano, produciéndose en ellos una clara demostración de interculturalidad. Claves serán sus testimonios para entender esta dualidad cultural. Educación del Cacique LAUTARO era una flecha delgada. Elástico y azul fue nuestro padre. Fue su primera edad sólo silencio. Su adolescencia fue dominio. Su juventud fue un viento dirigido. Se preparó como una larga lanza. Acostumbró los pies en las cascadas. Educó la cabeza en las espinas. Ejecutó las pruebas del guanaco. Vivió en las madrigueras de la nieve. Acechó la comida de las águilas. Arañó los secretos del peñasco. Entretuvo los pétalos del fuego. Se amamantó de primavera fría. Se quemó en las gargantas infernales. Fue cazador entre las aves crueles. Se tiñeron sus manos de victorias. Leyó las agresiones de la noche. Sostuvo los derrumbes del azufre. Se hizo velocidad, luz repentina.

Por Pablo Neruda

El mundo y sus raíces en la urbanidad mapuche ¿Es posible la interculturalidad? su comunidad. Sin embargo, se ven influenciados por la modernidad, es decir por lo global, proceso transversal “los productos de consumo mundial, las comunicaciones y las informaciones se han globalizado, pero siempre son recibidas por individuos en sus contextos.” En este caso, el de la urbanidad mapuche.

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Arauco tiene una pena Arauco tiene una pena que no la puedo callar, son injusticias injusticias de siglos que todos ven aplicar, nadie le ha puesto remedio pudiéndolo remediar. Levántate, Huenchullán. Un día llega de lejos Huescufe conquistador, buscando montañas de oro, que el indio nunca buscó, al indio le basta el oro que le relumbra del del sol. Levántate, Curimón.

Larraín en su texto ¿América Latina Moderna? nos presenta esta problemática a través de la referencia a Castells, “Todos ellos (movimientos nacionalistas, feministas, en este caso los mapuche), expresan identidades de resistencia de mayorías que resienten la pérdida de control sobre sus vidas, sus trabajos y sus países. El adversario es el nuevo orden (…) en todos lados las instituciones legitimadoras de la sociedad civil han perdido su ascendiente sobre la gente y han surgido poderosas identidades de resistencia”. De alguna otra manera, al pueblo libertador de nuestra tierra, no le quedaría otra solución que resistirse a esta adversidad de cemento.

Entonces corre la sangre, no sabe el indio qué hacer… Violeta Parra

Esta situación se produce a través de constantes tensiones que se generan en el espacio urbano versus la búsqueda de reivindicaciones de los pueblos originarios en dicho espacio. Permanentemente, somos testigos de las dificultades que la ciudad ofrece a las minorías en general, y a los grupos indígenas en particular. Una mezcla, por un lado, de orgullo por la etnia guerrera que defiende ferozmente sus tradiciones y, por otro, el desprecio por la lentitud y rechazo que estos grupos presentan frente a la “modernidad”. ¿Por qué será tan difícil aceptar las diferencias, de ese “otro” distinto a mí, pero no por eso menos importante? ¿Tan enraizadas está nuestro tradicionalismo característico, que no nos permite entender que lo normal es ser distintos? Para entender por qué el proceso de migración, desde lo rural a lo urbano, es tan complejo, debemos comprender que “las distancias físicas ya no importan y la idea del límite geofísico es cada vez más difícil de sustentar en el “mundo real” (…)la “distancia” lejos de ser objetiva, impersonal, física , “establecida”, es un producto social”.Es por esta razón, entonces, que el proceso se complica, en la era de la

El complejo proceso de atreverse a dejar la tierra.

migración:

globalización, ya no existen barreras geográficas (salvo excepciones), sin embargo, el problema está en que las “distancias” entre unos y otros, son esencialmente un resultado social que nos arrojan nuestras costumbres citadinas, que nos proponen distinguir, separar, discriminar, al “otro”. ¿Es que no queremos ver nuestras diferencias, que nos hacen únicos e irrepetible? ¿Preferiremos los

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chilenos una producción en serie de seres humanos? Ciertamente, que para los mapuche el llegar a Santiago, significa un cambio en su estructura de vida “el estar ‘lejos’ significa tener problemas (…) el estar ‘cerca’ representa la ausencia de problemas; todo se resuelve mediante los usos adquiridos sin dificultad puesto que no exigen esfuerzos, no suscitan vacilaciones causantes de ansiedad”. De este modo, el mapuche, en la ciudad encontrará esa “cercanía” con el mundo globalizado, pero sentirá a su vez “lejanía” con su localidad. Es por esta razón, que deberá generar espacios que lo identifiquen “con el nuevo espacio”. Esto justamente es lo que le ocurre a las dos protagonistas de nuestro reportaje, que prontamente conoceremos. Los mapuche ¿vagabundos o turistas en este mundo globalizado?

Los mapuche que se adaptan a este nuevo mundo, el mundo urbano, componen un grupo cada vez más numeroso en la ciudad de Santiago, llegando a ocupar cifras del 12% en algunos sectores de la capital, lo que conlleva la generación de nuevas problemáticas: ¿Es posible mantener vivas las tradiciones mapuche en el contexto urbano? ¿Las nuevas generaciones están dispuestas a preservar sus costumbres aún cuando esto signifique participar de otras actividades que ofrece la vida en la ciudad? ¿El contacto con la ciudad por sí sola frena y limita las prácticas de las comunidades mapuche? Bauman indica que existen dos tipos de viajeros, el turista y el vagabundo, por tanto, ambos se mueven pero de distinta manera. Bueno, luego de recoger algunos testimonios acerca del por qué los mapuche

migran a las ciudades, se puede concluir que lo hacen por necesidad. Necesidades básicas ligada a la falta de tierras, tales como, alimento, trabajo, vivienda o educación. Pues bien, la situación del mapuche urbano se entiende, entonces, como lo siguiente “están en movimiento porque fueron empujados desde atrás, después de haber sido desarraigado de un lugar que no ofrece perspectivas, por una fuerza de seducción o propulsión tan poderosa, que no admite resistencia”. No obstante, existe un grupo de mapuche que tratan de sobrellevar sus vivencias en la urbanidad, manteniendo sus costumbres y tradiciones heredadas. ¿Por qué los mapuches deben dejar su espacio originario, vencidos por escasas posibilidades de mejoramiento en su calidad de vida? ¿Cómo asumen este traslado, ya en la ciudad?

‘Adaptándose’ a los cambios, un proceso complejo

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En este contexto han surgido diversos estudios que hacen referencia a la inserción de los mapuche en la ciudad. Un ejemplo de ellos es el realizado por Rina Moltedo, en el que identifica al menos tres “tipos” de mapuche urbanos. Es decir, según el grado de integración de éstos y de la vinculación que conservan con sus costumbres, la autora tipifica a los mapuche en: integrativo, inadaptado y reconstructor de identidad. El primero, integrativo, sería aquel mapuche que tiende a asimilar las nuevas pautas que le ofrece el mundo urbano. Se integra sin mayores problemas, no sintiéndose desvinculado con sus tradiciones y al mismo tiempo recibiendo y asumiendo todos los beneficios que otorga la vida en ciudad. Su actitud es individualista y acrítica frente a la realidad que experimenta. El segundo, es decir, el inadaptado, es aquel que en su experiencia en la ciudad no logra encontrar su identidad. No se siente parte de este nuevo espacio y no trabaja por construir uno en el cual se sienta acogido. En palabras de Moltedo “en él se percibe una perspectiva fatalista”. Por último, el reconstructor de identidad es aquel mapuche urbano que se siente parte de la ciudad que habita obteniendo los beneficios que ésta ofrece, pero que construye constantemente un espacio donde vivenciar su identidad mapuche. Son críticos y constructivos en lo relacionado a la conservación de sus costumbres y tradiciones. Es en este grupo donde se produce la convergencia de lo global y lo local, lo urbano y lo rural, en otras palabras, es aquí donde encontramos la cima y la base en comunión. ¿Es posible la organización como foráneos en su propio país? Otro estudio realizado en torno a la situación actual del mapuche urbano, es el de Carolina Varela y Ramiro Araya, quienes a partir de su investigación demuestran que sólo el 10% de la población mapuche residente en Santiago, puede ser considerada organizada, mientras que el

90% restante está sumido en problemáticas sociales que los invisibilizan como componentes sociales “constructores de identidad”.

En relación con lo anterior, se destaca el papel que cumplen los globales frente a las problemáticas culturales de los locales, respecto de este tema Bauman menciona “la hibridación cultural de los globales (vinculada al ámbito político, académico, artístico, entre otros.) puede ser una experiencia creadora y emancipadora, pero la reducción a la impotencia cultural de los locales rara vez lo es”. Quizá por esta razón se entienda que, los mapuche, en variadas oportunidades renieguen de su propia cultura, y que alguno de ellos traten de imitar las conductas de los llamados globales, y esto provoque a su vez una impotencia cultural desde el mapuche que se ve reprimido de manera soslayada. En esta oportunidad nos centraremos en esta última minoría mapuche. Es decir, en el mapuche urbano organizado, en el reconstructor de identidad, específicamente en algunos mapuche que se vinculan de manera permanente con la creación de espacios identitarios propios de su etnia. Por lo tanto, están en constante lucha frente a lo que les puede proponer una cultura distinta a la de ellos. Recordemos lo siguiente “para éstos- los locales por imposición más que por decisión propia – los marca la desregularización, la disipación de redes comunitarias y la individualización forzada del destino auguran una suerte muy distinta y sugieren estrategias diferentes”. Es por lo anterior que, endentemos que exista alrededor de 90% de la población de

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mapuche urbano que aún no se ha logrado organizar ni re- conocerse. Y es por la misma razón que, el siguiente caso, es digno de destacar como espacio que ayuda a crear, a formar identidad, aquella identidad mapuche urbana que día tras día se va configurando. Espacios que generan identidad: La ruca urbana, iniciativa de La Pintana.Como anteriormente, se mencionó dentro de estos espacios que generan identidad podemos referirnos a: La Ruca. Si bien no existe una definición académica para entender el concepto de Ruca Urbana, podemos definirla como un espacio especialmente adaptado para reconstruir distintas tradiciones y costumbres propias del mundo mapuche. Como se muestra en la imagen, se trata de una habitación que posee las mismas características que una ruca/vivienda, pero que en este caso sirve de Centro Cultural para las comunidades mapuche en Santiago. Dentro de ella se realizan talleres y charlas propias de su cultura, en un ambiente que refleja el espíritu de la identidad mapuche.

Dos protagonistas, dos generaciones: Hechos cotidianos entorno a la globalización y localización producida en la experiencia de los mapuche urbanos A continuación, se darán a conocer dos historias en las que se vivencian cada uno de los puntos anteriormente, expuestos. Si bien, los testimonios corresponden a la historia de dos mujeres mapuche pertenecientes a distintas generaciones, ambas representan el sentido de lo global y lo local precedentemente revisado e inserto en la configuración de identidad en los mapuche urbanos.

María Colipe: “Ahora puedo decir que tengo mi propio palacio” Destacada artista mapuche de 70 años que participa activamente de la Ruca Ñique Pu Liwen, lugar donde realiza los rituales religiosos y un taller de textilería. La señora María Colipe, llega a Santiago en 1970 con su esposo y sus cuatro primeros hijos a vivir en un campamento en lo que, actualmente, es el Paradero 25 de Santa Rosa. Las razones de su migración desde la novena región hasta Santiago, tienen relación con el recorte de las tierras de su familia, la falta de proyección laboral para su esposo y las nulas expectativas educacionales para sus cuatro pequeños hijos. Es así como esta mujer emprende su largo viaje, lleno de incertidumbres y de sueños. Sin embargo, el escenario que encontró no era el esperado. Su familia no conocía a nadie en la ciudad, por lo que les fue difícil integrarse a la comunidad. Comenzó a generar vínculos con otras familias mapuche, con las que mantenía su lengua materna: el mapudungún. Durante este período es cuando recibe a su quinto hijo, en pleno campamento. La señora Colipe cuenta “en el campo también tuve mis hijos sola, ni pensar ir al hospital, así que no fue nada anormal para mí, estaba acostumbrada”. Es durante los dos primeros años donde comienza su familia a insertarse a la urbanidad, que implicaba una restricción en el espacio donde vivían, esto comparado con el amplio espacio de su Lautaro natal. Interesante fenómeno de inserción sufrió la hija mayor de Doña María Para Graciela, su primogénita, que para entonces tenía 10 años, le fue difícil poder sentirse parte del sistema, debido a que ella hablaba principalmente mapudungún y muy poco castellano. Además, tuvo que sobrellevar las constantes molestias de sus compañeros por su apellido

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mapuche y por sus rasgos físicos que la caracterizaban como parte de esta etnia. Pero ella encontró la solución al poco tiempo de ingresada al colegio. La forma para remediar estos conflictos fue a través de los golpes, es decir, la violencia física le sirvió para defenderse de su “agresor cultural”. Ésta se hizo patente durante algunos años, donde ella finalmente, logra entender que si bien era distinta al resto, debía aceptarse y asumir sus orígenes. Lamentablemente, durante este complejo proceso de adaptación, Graciela perdió su lengua de origen, el mapudungún, situación que trata de revertir incentivando a sus hijos a que aprendan su lengua, para que de esta forma se sientan parte de sus raíces. Es así como la madre de Graciela, la señora María Colipe, se organizó con el campamento en 1972 y bajo el gobierno de Salvador Allende, tuvo acceso a su vivienda propia, a la que llama con orgullo “mi palacio”. Luego de esto, si bien las cosas no mejoraron del todo, fueron evolucionando de mejor manera para ella y sus hijos. Hoy sus nietos son su preocupación, porque serán ellos los que continuarán con la práctica de sus ancestros.

a la tribu urbana llamada “gótica”; esto ocurrió porque su padre, Eduardo Maripangui, no comprendió que a Vivian le gustara vestirse con colores como el negro y el rojo, y que le gustara escuchar música rock, situación que para el señor Maripangui significaba una conexión “satánica”. Luego de esta salida abrupta y su respectivo término en la práctica del violín, Vivian postuló a la beca indígena otorgada por el gobierno. Este beneficio lo obtuvo gracias a sus raíces mapuche, pero también ella debía insertarse en alguna actividad en la que generase identidad mapuche. Es por esta situación, que Vivian se integró a una de las rucas urbanas de la comuna de La Pintana “Nique Pu Liwen”. Lleva dos años participando de ella y actualmente se desempeña como monitora en el Taller de Orfebrería de la ruca. Su deseo era entrar a la universidad. Hoy estudia becada en una Universidad privada Sus profesores del colegio ya en 2007 indicaban que “tiene altas probabilidades de rendir una buena evaluación, debido a que siempre fue buena alumna en el colegio”.

Es por esta razón, que participa activamente en la comunidad de Nique Pu Liwen, en la que es considerada la mujer más sabia del lugar y a quien todos respetan y admiran.

Vivian Maripangui: global y lo local.

uniendo

lo

oven de 17 años, estudiante de cuarto medio en el Centro Educacional Jorge Huneeus Zegers en La Pintana. Vive con sus padres y su hermana menor en la misma comuna. Entre sus actividades extraescolares Vivian participó en la Orquesta Juvenil de La Florida como violinista. Su salida del taller musical se debió a su adhesión

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Mapuches que migran a la ciudad  

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