Epidemia de Meningitos Paysandu 1972

Page 1

La epidemia nos aisló pero no pudo vencernos El 23 de noviembre de 1972, EL TELEGRAFO titulaba en primera: “Brote de meningitis en Paysandú. Adoptáronse medidas sanitarias correspondientes.” Así se hacía público el inicio de lo que sería una epidemia, que llevó a la interrupción de las clases, el bloqueo de la ciudad y la colaboración de distintos sectores de la sociedad, que se unieron durante casi dos meses para dar lucha contra esta enfermedad, demostrando su espíritu solidario. Maestros, padres y autoridades de aquella época no olvidarán jamás aquellos días de noviembre y diciembre, cuando el mayor temor en Paysandú tenía nombre: meningitis. Esa epidemia se cobró la vida de dos niños. Por Lorena Castellano Rivero

A raíz de las previsibles consecuencias que una epidemia podía traer en caso de inadecuado tratamiento o equivocada profilaxis, las autoridades sanitarias locales informaron el 22 de noviembre de 1972, en el Salón de Actos del Hospital Escuela del Litoral, los hechos y las medidas adoptadas para aislar los casos denunciados y la atención profiláctica para todos los niños en general. El director del hospital, doctor Rómulo Calegari, procuró tranquilizar a la población explicando que la epidemia “es originada por un microbio perfectamente conocido –meningococo-- y por lo tanto controlable y tratable”. “Sin pretender minimizar el problema tampoco debemos agravarlo, máxime contando con las armas adecuadas para poder actuar y ganar la batalla”, agregó. El trabajo “La epidemia de meningitis en Paysandú en el año 1972”, realizado por Agustín Lombardini, recaba los hechos, basándose principalmente en la copiosa información brindada por EL TELEGRAFO en el transcurso de la epidemia, que oficialmente comenzó el 16 de noviembre.

Las medidas adoptadas

Las medidas preventivas fueron establecidas por el Ministerio de Salud Pública y la Cátedra de Epidemiología de la Facultad de Medicina. Se aplicaron tres: aislamiento del niño, no a las aglomeraciones o reuniones de niños y medicación con sulfamidas. En acuerdo con todo el cuerpo médico sanducero, se resolvió un tratamiento

estandarizado, tanto en medicación como en profilaxis, atacando por ejemplo las escuelas de donde proceden los niños ya individualizados e internados. Se dispuso centralizar la atención médica en un solo lugar, el Hospital Escuela del Litoral, con refuerzo de personal de Comepa. Se resolvió además suspender las clases hasta nuevo aviso, prohibir a menores la entrada a espectáculos públicos y la práctica de actividades deportivas. También se suspendió la campaña de vacunación antipoliomelítica en el radio urbano. A la

vez, se aseguró la medicación en el hospital, abastecido suficientemente. Asimismo, se recomendó evitar excesos por fatigas o exposición al Sol en los niños, así como la medicación para aquellos que hubieran estado en contacto con enfermos. Al día siguiente llegó a Paysandú una misión sa-

Un misterio sin resolver

Las autoridades difundieron el informe elaborado tras las investigaciones realizadas por un equipo de laboratoristas comandado por el doctor Julio C. Blanco, que pudo “ubicar e individualizar el virus, meningitis de tipo cerebro – espinal, aunque no cultivado”, según informó EL TELEGRAFO el 25 de noviembre. Sin embargo, esto sigue siendo un misterio sin resolver. El doctor Carlos Stagno explicó que existen dos tipos de meningitis: microbiana y viral. Una punción lumbar permitía confirmar si se trataba de meningitis y de qué tipo. Al verse el líquido céfalo-raquídeo, se apreciaba que era turbio, característico de la microbiana. “En la epidemia empezamos con una certeza y fuimos pasando a una duda. Y cuando terminamos, fue en la duda, porque confirmación bacteriológica no tuvimos. Empezamos con la certeza de que era meningitis bacteriana y después nos quedamos con la duda, porque a pesar de que era líquido turbio, nunca se confirmó que fuera bacteriana. En la muestra veíamos microbios, que si los ponés en condiciones adecuadas, se cultiva. Pero acá no cultivó”, dijo. El pediatra sanducero aún recuerda que los laboratoristas locales así como los de Montevideo e incluso un equipo de San Pablo --donde también hubo epidemia-- encabezado por Ararí da Cruz Tiriba, no pudieron lograr el cultivo que confirmaba una meningitis microbiana. “Nunca se cultivó. Siempre se vio, todos los vieron, nadie lo cultivó”, dijo. También llegaron técnicos estadounidenses de la Organización Panamericana de la Salud, quienes se inclinaron por la meningitis viral pero no lo demostraron. No se conoció el informe final que los extranjeros hicieron al MSP.

Quinto Día /5


ese sábado y el domingo. Vieron todos los enfermos, uno por uno”, recordó Stagno.

Suero gota a gota

nitaria nombrada por el entonces ministro de Salud Pública, doctor Pablo Purriel. Los tres renombrados técnicos que integraban la misión hicieron un relevamiento de los afectados y una evaluación de las medidas adoptadas. Para el 24 de noviembre los casos declarados y atendidos ascendían a 46, pero había más de 500 consultas diarias, las más de las veces sin ninguna razón. Por

Todo por los medicamentos

Hubo un momento de la epidemia en que escaseó la medicación y se necesitaba urgentemente. Dado las condiciones vigentes, no se la podría obtener por las vías normales. Como suele suceder en momentos apremiantes, surgen aquellos valientes que se atreven y arriesgan en beneficio de otros. Fernando Baccaro, el entonces director de EL TELEGRAFO, y Charles Chalking tuvieron la idea de traer la medicación vía aérea de Buenos Aires. A bordo de una avioneta Cessna C150, propiedad del diario, provista de una radio de corto alcance por su baja potencia, Baccaro y Chalking pusieron rumbo al aeropuerto de Don Torcuato. Mas para evitar los controles viraron hacia Ezeiza. La aeronave llegó volando a 20 metros de altura para eludir los radares. Parecía de juguete, en medio de gran tránsito de enormes aviones... Aterrizaron, cargaron los medicamentos y regresaron a Paysandú. Fue un vuelo clandestino, pero con el aval de las autoridades locales, para obtener la medicación necesaria.

6/Quinto Día

ello, las autoridades llamaron a guardar cordura para evitar la recarga en los servicios de asistencia. “Nunca había visto antes. Es más, nunca se había visto en Uruguay algo así, por eso nos sentimos desbordados en todo sentido. No solo por la cantidad de niños y niñas, sino porque eran uno detrás de otro”, dijo a QUINTO DIA el doctor Carlos Stagno, por entonces jefe de Sala de Niños del hospital. “Las camas de la sala de Pediatría se rebasaron enseguida, y se ocuparon solamente con ese tipo de enfermos. Al poco tiempo, ya empezamos a ocupar otras, sobre todo la sala de Maternidad, que era nuevita en aquella época, que ocupamos en totalidad, poco a poco”, agregó. El número de casos hizo que se convocara al profesor de Clínica de Niños de la Facultad de Medicina, doctor José María Portillo, quien se reunió con los técnicos del hospital para evaluar la situación junto con el ministro Purriel y el profesor Juan Bacigalupi. “Estuvieron con nosotros todo

Para el 26 de noviembre ya había 74 internados en el hospital, otros siete en sanatorios y nueve más habían sido dados de alta. Más de 50 niños pudieron recibir el suero gota a gota, lo que llamó la atención de los jerarcas del MSP y de los profesores. “En la aplicación del tratamiento intervino enormemente la nurse Alba Costa, joven pero con una gran capacidad de organización y de trabajo”, dijo. La base del tratamiento era la penicilina, con suero como vehículo, en una medida exacta. La nurse Costa y el equipo de enfermeras se ocuparon de controlar esto. También fue destacable la tarea de las Hermanas de Caridad, especialmente la hermana Jo-

sefina, “que tenía una mano espectacular para las venas”, señaló Stagno. El cuerpo médico local realizó una tarea encomiable al asumir la responsabilidad con medidas correctas, que fueron ratificadas por el equipo técnico de Montevideo. Fue fundamental también la labor de los laboratoristas, tanto de laboratorios privados como del hospital. “Los


El Paysandú solidario

médicos vivíamos en el hospital, y todas las noches se quedaba uno. Los laboratorios también se turnaban, noche y día. Hacíamos exámenes todas las mañanas y todas las tardecitas, y todos los laboratorios de Paysandú estaban a la orden”, indicó el doctor. Los funcionarios de la salud cumplían hasta 18 horas diarias de labor, y todos los médicos cerraron sus consultorios privados para trabajar en la atención de los afectados por la epidemia, cuyo aumento fue explosivo para luego ir paulatinamente decreciendo. Recuerda que “por suerte” el ministro era médico y profesor de Medicina de facultad, y el director del hospital era Calegari. Considera que el hecho que fueran técnicos quienes estuvieran en esos cargos colaboró para que todo se desarrollara exitosamente. Destacó que todos, en su área, aportaron en la lucha contra la epidemia, desde el ministro hasta los maestros y profesores.

Aislados del país

En su primera visita, el ministro Purriel --que vino en tres oportunidades a raíz de la epidemia-- se entrevistó con el doctor Calegari y el jefe de Policía, coronel Carlos Berois, para tratar de armar un cordón sanitario que más tarde fue implantado en acuerdo con el Ministerio del Interior. Mientras, el intendente Oscar Garrasino aprobó una resolución por la cual se suspendían todos los espectáculos públicos. El cordón sanitario que aislaba a Paysandú por vía terrestre y fluvial privaba de viajar a la mayoría de los que intentaban hacerlo, con las correspondientes excepciones. Quienes salieran del Departamento deberían justificar su retorno en no menos de 25 días. El incumplimiento de las disposiciones ameritaba sanciones penales. Se recordó entonces que, según el Código Penal, “el

que violare las disposiciones publicadas por la autoridad competente para impedir la invasión de una enfermedad epidémica contagiosa, será castigado con 3 a 24 meses de prisión”. El 2 de diciembre EL TELEGRAFO anunciaba que se levantaba el bloqueo de Paysandú. Se levantaban los cordones sanitarios de las inmediaciones de la ciudad al haberse cubierto prácticamente el 100% de la población, pero se mantenía el cordón departamental. Hasta esa fecha, los casos registrados eran 179: 63 mujeres y 116 varones. El 13 de diciembre se anunciaba el levantamiento parcial de las medidas sanitarias, por lo que la ciudad comenzó a retomar su ritmo casi habitual. Se autorizó la apertura de las salas cinematográficas, los estudiantes podían rendir sus exámenes y se permitían nuevamente los oficios religiosos. Pero la enfermedad no daba tregua: de 256 casos confirmados, había 136 hospitalizados --con siete nuevos ingresos en observación-- y 120 altas. Se recomendaba al público evitar aglomeraciones y excesos de fatiga y de Sol, así como las actividades deportivas. También en Young había ya casos de meningitis, algunos de los cuales fueron trasladados al hospital sanducero.

La primera muerte

La epidemia tuvo su jornada más triste el 14 de diciembre, con la muerte de un niño de 1 año. Mientras, continuaban en el hospital 109 enfermos, de un total de 280 casos confirmados. Nueve casos de Young debieron ser internados en el Hospital Escuela. Al disminuir radicalmente los casos ingresados en el hospital, las autoridades sanitarias levantaron las medidas profilácticas, aunque se solicitaba moderación a

A pocos días se darse a conocer la existencia de la epidemia, la sociedad sanducera se unió en una colecta, respondiendo al llamado de la Jornada de la Solidaridad, organizada por el Rotary y Canal 3, en la que se logró recaudar más de 11 millones de pesos para la sala de Maternidad. Luego se sumaron 200.000 pesos del Banco La Caja Obrera y 50.050 del Jockey Club y pequeñas donaciones de particulares, que hablan del sentimiento de la población. Muchas instituciones y empresas también colaboraron económicamente en la lucha contra la epidemia. Hasta los niños se sumaron a esto. La cooperativa de alumnos de la Escuela 33 donó la recaudación destinada a un paseo para la Sala de Niños. La Escuela 10 de Beisso hizo llegar 11.000 pesos del fondo de ahorro, y una escuela de Fray Bentos también contribuyó con 10.000 pesos. La solidaridad también fue manifiesta en la región. Las autoridades de Río Grande del Sur enviaron dosis de sulfadiazina, jeringas, equipos para suero, agujas hipodérmicas, autoclaves. Por gestión del Consulado Argentino, se enviaron además partidas de Gantrisín y penicilina desde Buenos Aires. Pero la solidaridad no solo se expresó en forma material. Coordinados por la epidemióloga Gloria Rocco, maestros y profesores --con el apoyo de taxistas-- colaboraron en la distribución de las dosis de Gantrisín, una pastilla rosada que tenían que tomar dos veces al día, primeramente, aquellos que habían tenido contacto con enfermos para ir eliminando los focos portadores. Pero luego, con la epidemia se extendió, todos tomaron el medicamento para prevenir. Los docentes iban casa por casa, incluso por la noche, distribuyendo las dosis. Algunas maestras recuerdan las filas de taxis en el hospital, esperando para llevarlas a las zonas donde debían llevar el medicamento, debido a que los vehículos oficiales no eran suficientes para cubrir toda la ciudad. Las docentes recuerdan que aprovechaban frascos de café para llevar las pastillas, que se dejaban en las casas de acuerdo al número de integrantes en la familia para varios días. Las dosis se establecieron de acuerdo a las edades, siendo que de 0 a 11 meses había sólo medidas de higiene.

Quinto Día /7