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CURIOSIDADES SOBRE LOS NÚMEROS Textos extraídos de “JUEGOS DE INGENIO” Editado por RBA Coleccionables S.A. 2008


Los nombres en el Imperio Romano Los romanos les ponían nombre propio a sus hijos, pero sólo hasta el cuarto; a partir de éste, los numeraban: quintus (quinto), sextus (sexto), octavius (octavo), decimus (décimo). En el caso de familia numerosa no era raro que a un hijo le tocara llamarse numerius (numeroso)


Los grandes números En la Antigüedad no se contaba más allá de unos cuantos miles. En realidad tampoco había tantas cosas para contar, y cuando alguien quería exagerar decía que había “más que las estrellas”. El número “un millón” no aparece hasta la Alta edad Media y es una palabra latina que significa “gran millar” o “mil veces mil”. Está claro que para entonces los astrónomos habían empezado a contar las estrellas y el volumen de negocio de los mercaderes iba en aumento. Los billones y los trillones tardarían todavía mucho en llegar.


El cero, un invento genial Los árabes habían traducido la palabra sánscrita Sunya por Sirf, que también significaba “el vacio”, pero cuando en el siglo XII se introdujo el cero en Occidente, el término árabe se latinizó adquiriendo diversas modalidades como Sifra, Cifra o Tzphra. Sin embargo, el mundo cristiano se le llamó durante mucho tiempo, “el número infiel”. Actualmente la mayoría de las lenguas occidentales utilizan el término cifra para designar a cualquiera de los signos de la numeración escrita. En castellano se emplea la palabra “cero” que proviene del italiano “zero”, término que significa “nulidad”.


La primera calculadora La primera calculadora portátil de la historia data del siglo I a C., la utilizaban los romanos y consistía en un ábaco construido en una pequeña tabla metálica en la que había unas ranuras paralelas por las que podían deslizarse un conjunto de bolitas de igual tamaño.

A finales de 1946 tuvo lugar en Tokio una competición de cálculo entre Kiyoshu Matzukai, un oficial contable japonés experto en el uso del ábaco, y una computadora de la época durante dos días completos. El resultado fue de 4 a 1 a favor del abacista, que falló en las multiplicaciones.


¿Cómo estudiar matemáticas en la Edad Media? En la Edad Media, si un padre quería que su hijo llegara a ser un buen calculista debía costearle un largo viaje de estudios por Europa. Si el joven quería especializarse en el “cálculo”, debía estudiar en universidades alemanas o francesas para aprender a sumar o restar, pero debía acudir a las escuelas italianas si lo que ambicionaba era aprender a multiplicar o dividir.


El enigma de la edad de Diofanto “Esta es la tumba que guarda las cenizas de Diofanto. Es verdaderamente maravillosa, porque gracias a un artificio geométrico, descubre toda su existencia. Dios le permitió ser niño durante 1/6 de su vida; luego de 12 sus mejillas se cubrieron de barba; después de 1/7 se encendió la llama del matrimonio, del que , a los 5 años, tuvo un hijo…. Que murió apenas llegó la mitad de la vida alcanzada por su padre, el cual vivió 4 años más… con investigaciones sobre la ciencia de los números”


Izquierda y derecha en la naturaleza

Las preferencias izquierda y derecha se manifiestan de forma muy patente en la naturaleza. Cuando se vacía un recipiente, el agua forma un remolino en el sumidero que gira en sentido contrario a las agujas del reloj, como se puede comprobar en la cocina o en el cuarto de baño. Pero esto sucede aquí, en el hemisferio norte. Si estuviéramos en Argentina, por ejemplo, veríamos cómo lo hacen en sentido contrario. Este es un fenómeno debido a la llamada aceleración de Coriolis, que aparece cuando un cuerpo se mueve en la superficie de otro que está girando.


El meridiano de Greenwich En 1884 se celebró en Washington el Congreso Internacional del Meridiano, en el cual se estableció, por un acuerdo suscrito por 26 países, que el Meridiano de Greenwich sería a partir de entonces el meridiano cero o primer meridiano que se tomaría como referencia para los husos horarios de todo el mundo. A pesar de ello, los franceses siguieron considerando, hasta finales de 1911, que el meridiano cero era el que pasaba por el Observatorio de París.


Un problema de altura En un viaje que Thales de Mileto hizo a Egipto le pusieron esta prueba: “Ser capaz de determinar con precisión la altura de una pirámide”. Thales clavó su bastón en el suelo a cierta distancia de la pirámide y esperó a que la longitud de su sombra coincidiera con la altura. Ahora, dijo, no tenemos más que medir la longitud de la sombra de la pirámide y sabremos su altura.


La milla

La expansión del Imperio Romano llevó a la utilización de una medida estándar que era el numero de pasos que se daban para recorrer una determinada distancia. Se estableció en unidades de mil, de forma que se decía que había recorrido una cierta cantidad de millia pasum, unidad de la cual derivó la milla inglesa.


Textos extraídos de “JUEGOS DE INGENIO” Editado por RBA Coleccionables S.A. 2008

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