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De echos

FEMINISMO EN LA LLAGA

MOVIMIENTO POLÉMICO Y CONTROVERTIDO, EL FEMINISMO LLEVA SIGLOS RECIBIENDO LOS ENVITES DE UNA SOCIEDAD QUE HA TRATADO DE SILENCIARLO Y DEMONIZARLO. A PESAR DE SUS LOGROS HAY REIVINDICACIONES IMPERMEABLES AL PASO DEL TIEMPO. ALGUNO, SIN EMBARGO, TODAVÍA SE PREGUNTA ¿ES NECESARIO? Texto: Maite Garrido Courel Fotos: Coordinadora Feminista y Diney Mozer.

El 8 de marzo de 2013, miles de mujeres defendían de nuevo en la calle derechos que creían conquistados, como el aborto libre, que el Gobierno de Mariano Rajoy planea ahora derogar.

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En Madrid, y en el resto de España, las reivindicaciones volvían este año a alzarse contra el control de los cuerpos de las mujeres y recordaban que la lucha continúa.

A finales de los años setenta las primeras manifestaciones del 8 de marzo pedían el derecho a una sexualidad libre y la amnistía de las mujeres presas por 'delitos específicos'.

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acer mujer en los años 80 te garantizaba una serie de derechos que a priori no parecían gran cosa: poder votar, tener derecho al divorcio, poder acogerse a la primera ley que contemplaba el aborto en determinados casos, compartir la patria potestad de los hijos e hijas, asistir a las primeras clases mixtas (¡y en colegios religiosos!) y un largo etcétera que para muchas habían estado siempre ahí y que daban por hecho por la sencilla razón de que nadie les había explicado cómo era en otro tiempo. “Las generaciones que vinieron después de los primeros feminismos de los 60 y 70 encontraron que gran parte del trabajo estaba hecho, lo miraban con simpatía pero no estuvieron tan motivadas”, dice a Números Rojos Dolores Juliano, doctora en Antropología de Género y autora de libros como Excluidas y marginales (Cátedra, 66

2004). Corrían tiempos convulsos en los años previos a la muerte de Franco y en los posteriores, en los que se dio una efervescencia de luchas contra las desigualdades de todo tipo. “Todavía recuerdo cuando llegué al Congreso en 1986 y nos dieron la Comisión Mixta para que elimináramos todos los casos de desigualdades –cuenta Cristina Almeida, abogada y política de izquierdas- nos dio una energía eliminando y eliminando pero al final nos miramos todas y dijimos ‘¿creéis que va a ser tan fácil erradicarlas en la sociedad que en las leyes?”. Las desigualdades de las que habla Almeida habían subsistido en la legislación como prácticas normales hasta bien entrada la década de los 70. Hasta el año 1975 funcionó un artículo paradigmático en el Código Civil que decía: “No tienen capacidad para contratar los tontos, los locos, los menores y las mujeres casadas”. El

adulterio constituía un hábito aceptado por la sociedad cuando un hombre lo llevaba a cabo pero suponía pena de prisión para la mujer y -hasta el año 64- impunidad para el marido ‘cornudo’ que quisiera ajusticiar por sus propios medios a la esposa infiel. Las cárceles estaban llenas de mujeres por los calificados como “delitos específicos femeninos”, a saber: prostitución, aborto, adulterio o por el simple hecho de abandonar el hogar porque no existía el derecho al divorcio. Las mujeres, en la privacidad de sus hogares, se veían expuestas a la violencia sistemática y silenciada sin un mero apoyo social que las protegiera. “En principio cualquier mujer que viviera estas situaciones no podía más que ser feminista, era tan evidente la desigualdad que clamaba al cielo”, recuerda Juliano. Todo esto forma parte del pasado oscuro y tétrico de una España ahogada entre

sotanas y machos pero que se ha diluido con el paso del tiempo empañado en una apariencia de igualdad. La filóloga Elena Simón en su libro Hijas de la igualdad, herederas de injusticias (Narcea, 2008) habla precisamente de esa generación nacida en los ochenta que “se mueven entre los límites de un ‘suelo pegajoso’ y un ‘techo de cristal’, invisibles ambos tras el velo de un sexismo sutil y un espejismo de paridad”. Una ilusión que desdibuja las líneas de la realidad y hace pensar en algunas personas que el feminismo tuvo su razón de ser, pero ahora es innecesario. “Hay algunas mujeres que te dicen ‘el movimiento está bien para las de África que esas sí que están discriminadas, no yo’, expresa con cierto sarcasmo Pilar Careaga, filóloga y editora, especializada en violencia de género, “porque hay mujeres y hombres que aceptan el feminismo para las pobres, para las

feas, para las cutres, para las moras, para las negras, pero no para las niñas estupendas de la universidad, ‘porque nosotras no lo necesitamos’.

DATOS COMO PUÑOS La realidad española arroja datos que confirman que efectivamente no se ha logrado una igualdad plena y real. A pesar de que desde el año 86 la presencia de las mujeres en las universidades ha ido en aumento alcanzando, según datos del Ministerio de Educación, hasta el 56%, solo representan, en cambio, el 35,7% del profesorado. Únicamente el 14,3% son catedráticas y las profesoras titulares apenas son el 36,6% del total. Eso en materia de educación pero las diferencias se acentúan una vez que esas mismas estudiantes formadas acceden al mercado laboral. Según un informe de UGT publicado el pasado febrero que analiza los últimos

datos del INE (de 2010), la brecha salarial entre hombres y mujeres ha aumentado. Ellas ganan un 22,55% menos de media al año por un trabajo de igual valor. O lo que es lo mismo: 5.744 euros menos, frente a los 5.500 euros menos de un año antes. Este abismo no parece ser exclusivo del ‘orgullo’ patrio. En diciembre de 2012, el Parlamento Europeo aprobó una resolución en la que instaba a los países a que adoptaran medidas eficaces para tratar de atajar el desequilibrio. De hecho, según los datos de Eurostat, la brecha salarial en España es del 16,2%, en la media de la Unión Europea y por debajo de países como República Checa (25,5%), Alemania (22,3%) u Holanda (17,8%). La crisis económica parece ser el revulsivo ideal para justificar dicha brecha aunque lo único que pone de manifiesto es la vuelta a cierto estado de conservadurismo institucional. Para Pilar Careaga, la crisis lo que está en67


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ran su dimisión de la Comisión, Cantó salió en los medios de comunicación pidiendo disculpas por su error y la líder de su formación, Rosa Díez, aseveró que con ellas daban el asunto por zanjado. Polémicas aparte, lo que este diputado ha hecho es volver a poner en duda y hacer que se cuestione la credibilidad de las mujeres. Cuando los únicos datos fiables son los que aporta el Observatorio de Violencia Doméstica del Consejo General del Poder Judicial creado en 2002. Un informe de 2011 afirma que entre las 35 mil y 45 mil denuncias presentadas al trimestre un 0,01% fueron falsas. Otro dato, mujeres muertas que habían pedido protección y se les había denegado porque el juez no consideraba que hubiera peligro alguno: en 2008 un 2,7%; en 2009 el 3,7% y en 2010 alcanzaron el 4,1%. “Vamos en aumento -dice la especialista en violencia de género- y la película de que las mujeres ponen denuncias falsas para lo que está sirviendo es para que cuando una mujer acude a la policía, esta desconfíe de ella. Y eso sin contar que el 70% de las mujeres que matan ni siquiera habían presentado denuncia”.

DESDE LAS TRINCHERAS

La crisis económica y los recortes han agravado las desigualdades entre mujeres y hombres. Un año más, junto con el derecho al aborto, se exige el fin de la violencia machista.

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cubriendo es “una crisis ideológica donde la derecha más recalcitrante está recuperando sus fuerzas y sus modelos”. A finales del pasado febrero, Toni Cantó, diputado de UPyD y portavoz de la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados, difundía unas declaraciones en su cuenta de Twitter sobre denuncias de maltrato falsas. En ellas aseguraba que “más de un tercio de las denuncias recibidas en los juzgados son falsas y los fiscales no las persiguen”. Después de que diferentes asociaciones de mujeres y los partidos políticos pidie-

Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía Moral y Política, feminista infatigable, sostiene que el feminismo “es el único movimiento social que ha conseguido todas sus acciones y programa sin llevarse la vida de ningún contrario, pero nos hemos dejado muchas vidas por el camino”. El cuatro de diciembre de 1997, frente a la audiencia del programa de Irma Soriano “De tarde en tarde” de Canal Sur, Ana Orantes, una mujer de sesenta años, narraba por primera vez en la historia de la televisión lo que habían sido 40 años de maltrato incesante por parte de su marido. Dos semanas más tarde, ese mismo hombre la roció con gasolina y le prendió fuego en la puerta de su casa. “Su asesinato conmocionó a la opinión pública y provocó una revolución legislativa que comenzó con la reforma del Código Penal y culminó con la aprobación por unanimidad, en diciembre de 2004, de la Ley Integral contra la Violencia de Género”, explica la periodista Nuria Varela autora del

libro La voz ignorada: Ana Orantes y el fin de la impunidad (EnDebate, 2012). Veinte años antes, otro suceso hacía saltar las alarmas de una sociedad adormecida cuando detienen a once mujeres en Basauri, un barrio obrero de Bilbao, por practicar y someterse a abortos. En el juicio, que se prolongó hasta 1983, el fiscal pedía hasta un máximo en las condenas de sesenta años de cárcel. El editorial de El País de 1979 lo calificó apropiadamente, “¿Bilbao, como Salem?”, haciendo referencia a las diecinueve mujeres que murieron ahorcadas por ‘brujería’ en la ciudad estadounidense de Salem (Massachusetts). “Este acontecimiento marca un hito muy importante en la lucha feminista y en el cambio de la sociedad”, explica Justa Montero, socióloga experta en género, para el documental 8 de Marzo: Historias de feminismo (Garrido Courel, 2013). “Nos dan la oportunidad a todas las organizaciones feministas de poner sobre el tapete lo que es uno de los dramas en ese momento para muchas mujeres –continúa Montero- y son los abortos clandestinos, las relaciones sexuales siempre con el temor a un embarazo no deseado, y eso también permite hablar de la sexualidad. Es una lucha muy importante que dura muchos años y que además, la ganamos”. Resulta pasmoso que, tras esos 8 de marzo de finales de los setenta, cuyas consignas giraban en torno a la autoinculpación ‘yo también he abortado’ o ‘todas somos adúlteras’ y tras varios triunfos legislativos como la polémica Ley del aborto (2010), Alberto Ruiz Gallardón, ministro de Justicia del gobierno del Partido Popular, anunciara en su primera comparecencia parlamentaria en enero de 2012, su intención de reformar la Ley del Aborto aprobada por el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, que era una ley de plazos como la existente en la mayoría de los países europeos. El último 8 de marzo, las pancartas volvían a alzarse “contra el expolio de nuestras vidas y nuestros cuerpos”. “Me niego a dejarme arrastrar por el fatalismo, en mi vida tengo mil veces más capacidad de elección de la que han tenido mi madre y mi abuela”, asevera Itziar

Ziga, escritora feminista, “por ejemplo, soy lesbiana y no me he tenido que esconder jamás. Nunca hay marcha atrás, el feminismo lo ha cambiado todo”.

‘MATRIMONIO CON PROBLEMAS’

Por primera vez desde el final de la dictadura, las mujeres toman las calles para hacer visible uno de los problemas más silenciados: la impunidad ante la violencia y las violaciones.

Otro de los frentes siempre abiertos por el movimiento feminista ha sido el denunciar la falta de apoyo dentro de los propios partidos de izquierda. En una charla organizada por Números Rojos a finales del pasado febrero en la librería La Fugitiva, Nuria Varela, experta en temas de género, hacía un repaso 69


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"LO QUE OCURRE CON LA IZQUIERDA Y LOS SINDICATOS ES QUE, EN EL FONDO, NUESTROS DERECHOS ERAN UNA MERMA DE LOS DE ELLOS" CRISTINA ALMEIDA, abogada y política de izquierdas.

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histórico de esta falta de solidaridad para con el feminismo de la llamada izquierda. Desde la escritora feminista Olympe de Gouges, decapitada por sus propios compañeros de lucha en la Revolución Francesa, hasta Strauss-Kahn ex director del FMI y próximo a la izquierda francesa, acusado de acoso sexual. Sin olvidar los sindicatos y partidos españoles, considerados de izquierda, para quienes las políticas de igualdad no parecen ser prioritarias en su agenda política. Varela decía con cierta sorna: “Nos han gobernado hombres borrachos de poder y de Viagra”. “Lo que siempre ha ocurrido con los partidos de izquierda y también con los sindicatos es que, en el fondo, nuestros derechos eran una merma de los de ellos y lo entendían, no como una adquisición de la igualdad, sino como una pérdida de su masculinidad”, asegura Cristina Almeida. Inadmisible para la derecha e incómodo para la izquierda ¿por qué esa reacción? “El feminismo cuestiona el orden establecido y ataca el sistema en el que se han apoyado los grandes sistemas renovadores. Socialismo, izquierda o feminismo no son antagónicos, lo son en la medida en que los hombres primero son varones, segundo son socialistas y por último buscan la igualdad. Marcan estos tres niveles”, analiza Pilar Careaga. Los movimientos sociales más revolucionarios también han convivido con el feminismo pero con roces. No es anecdótico que en plena explosión del 15M donde la libertad de expresión se propagaba como la pólvora en forma de carteles empapelando la Puerta del Sol, el único que fuera arrancado frente a los vítores de los concurrentes fuera precisamente aquel que rezaba “La revolución será feminista o no será”. Sirvió, a la postre, para que se hicieran talleres empezando con algo tan sencillo y tan básico como intentar definir y entender qué es el feminismo, sin prejuicios. Ese desconocimiento responde a

que el feminismo transita en la periferia de lo oficial, de lo que se considera importante. Esto se reproduce perfectamente en los medios de comunicación que no lo tratan con relevancia sino como algo episódico, obviándolo otras veces. “Ni El País ni ningún otro medio generalista reflejó las Jornadas Feministas de Granada donde nos juntamos más de tres mil mujeres, señala Itziar Ziga, “Maruja Torres dijo entonces, solo nos harían caso si les enseñáramos las tetas. Y es lo que han descubierto las activistas de Femen, grupo feminista ucraniano”. Varela cuestionaba: “¿Cuándo se planteará la izquierda (los partidos, los individuos, los colectivos sociales… ) un debate político, profundo y sereno, sobre su capacidad para integrar realmente -no formalmente-, la igualdad entre mujeres y hombres en todos sus postulados?".

web y en las redes sociales. “Aunque no esté exento de control nunca hemos tenido tanta capacidad de informarnos y de conectarnos. Imagínate si las inmensas agitadoras de la Historia como Emma Goldman, Sojourner Truth u Olympe de Gouges llegan a tener acceso a internet”, señala Ziga. Así, nacen nuevos medios como la revista feminista online, Pikara Magazine, para la que también colabora Murillo con “El Cazador Cazado” o el grupo de Facebook Memes Feministas. “El cibermundo está dominado por el humor sexista, y muchos de los famosos memes son una prueba de ello”, declaran en su blog, “Nosotrxs lxs feministas también queremos reírnos mientras dinamitamos el heteropatriarcado”. Desde el humor y la rabia responden de forma

contestataria y provocadora a los tópicos de siempre como el anacronismo de que el feminismo es el machismo pero al revés: “Somos combativas no pedagogas, léete lo que significa feminismo, mientras tanto puedes llamarme feminazi”. Nuevos términos para denominar conceptos antiguos que antes ni tenían nombre porque el lenguaje, como el feminismo, se reinventa y transforma. El feminismo ha conseguido que lo personal fuera político y que lo político sea cada vez más un asunto personal. Ha subvertido ese ‘orden’ que venía impuesto, pero en la medida en que no tenga una presencia real y no solo legal, en que no integremos la igualdad entre hombres y mujeres en todos los aspectos y en todos los estratos de la sociedad, el feminismo va a ser siempre

necesario. Escribía Simone de Beauvoir: “No quiero el poder de la mujer sobre el hombre, sino sobre ellas mismas”. Una frase con una vigencia abrumadora. El empoderamiento solo viene cuando se tiene una comprensión de dónde venimos, cuando en la base de todo, que es la educación, te dan las herramientas necesarias para conocer el pasado y no dejar de cuestionar el presente. La antropóloga Dolores Juliano advierte de su importancia: “Las mujeres carecemos de genealogía, no nos han contado la historia de aquellas que nos precedieron, lo que lucharon para que se les reconociese como seres humanos. No las conocemos y cuando no sabes de dónde vienes no puedes formarte idea clara de quién eres. Es fundamental poseer ese conocimiento”.

LA RED TAMBIÉN ES NUESTRA Con internet las fuentes de información se han diversificado y el feminismo o los feminismos, han encontrado un subterfugio donde poder expresar, difundir y también denunciar. Alicia Murillo, activista feminista, es creadora del proyecto de video “El Cazador Cazado” en el que interpela con la cámara del móvil al acosador callejero, aquel que lanza ‘piropos’ ofensivos, para luego colgarlo en su blog, En el conejo de Alicia, junto con sus reflexiones sobre por qué es una práctica cotidiana de agresión sexista. “Por un lado internet nos ofrece un espacio que en los medios convencionales nos está vetado, sin embargo no es igualitario”, dice para Números Rojos la activista, “es un sistema nuevo utilizado por la gente de siempre. A raíz del proyecto sufrimos situaciones de acoso, nos insultaron, y llevaron a cabo una acción para eliminar los videos de Youtube”. La red reproduce los roles y los estereotipos de género de la sociedad, por eso es importante la presencia del feminismo en la

LA BATALLA POR EL DERECHO AL ABORTO

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La lucha por el derecho al aborto ha sido una constante en el movimiento feminista. 1.-La revista 'Área crítica' lanzaba el nº 1 en 1983 con la cuestión de la libertad de elección de la mujer frente a la Iglesia y el Estado. 2.-Portada del diario vasco 'Egin' donde se hacía eco del juicio contra 'las once de Basauri'. 3.-Cartel de encuentros sobre el aborto libre y gratuito organizado por la Coordinadora de Organizaciones Feministas del Estado. 4.-Fotografía en el diario 'El Correo' de una manifestación a favor del aborto libre. 1

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Feminismo en la llaga  

Pese al interés de muchos de por desprestigiar el movimiento y alejarlo de la sociedad, este recobra fuerza para luchar por tantas batallas...

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