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GRANDVIEW

Autora: Maitane http://entrefantasmasybuffyverso.esforos.com


Era un día especialmente bonito en Grandview, pero Melinda ni siquiera se había dado cuenta. Mientras se dirigía rápidamente hacia su tienda, iba pensando en lo que se había convertido en su obsesión durante los últimos meses: las sombras. Se sentía muy orgullosa de su pequeño, que con tan sólo 5 años, había conseguido salvarla. Sin embargo, la conversación que mantuvo días más tarde con Carl no había hecho otra cosa que abrirle los ojos: no habían derrotado a las sombras, es más, éstas no se iban a dar por vencidas tan fácilmente. Volverían, y cuando eso ocurriera, iban a ser más fuertes que nunca. Sin embargo, los seres brillantes las habían debilitado lo suficiente como para hacerlas retroceder y dejarles tranquilos durante un tiempo. ¿En eso se iban a convertir sus vidas? ¿En una continua lucha? Melinda no estaba dispuesta a ello, quería darle a su hijo una vida segura y tranquila, y al igual que su abuela había hecho con ella, enseñarle a sentirse bien ayudando a los demás, sin temores. Pero para eso primero tenía que conseguir librarse de las sombras para siempre, y no tenía ni idea de cómo iba a conseguirlo. Era consciente de que la próxima batalla se


acercaba, lo notaba, no sabía si a través de Aiden o por los muchos años que llevaba dedicados a los fantasmas, pero lo notaba. Ésto le provocaba escalofríos, y, por qué no admitirlo, estaba aterrada por lo que pudiera pasar. Se suponía que ella era quien debía proteger a su hijo, y no al revés, y estaba claro que la última vez le había fallado. -Melinda... ¡Melinda! ¿Estás ahí? - Delia intentaba llamar su atención desde hacía un rato, pero ella no se había dado cuenta. -Mmm,... sí, perdona. ¿Qué querías? -Nada... sólo,... me tienes preocupada. Ya sabes... ¿cómo sé que sigues siendo tú y no la Mel psicópata? - su amiga parecía realmente asustada, como lo había estado desde el día del "incidente". La entendía, la pobre había abandonado su mundo de seguridad sin fantasmas para apoyarla, y lo que le había pasado no había sido fácil para ella. -No te preocupes, eso no volverá a ocurrir - le dijo, poco convencida, para intentar tranquilizarla. -Pero Melinda, ¡Carl dijo que regresarían! intervino Ned, que aquél día acompañaba a su madre.


-Lo sé... pero dudo que intenten lo mismo de nuevo, sobre todo después de lo que SuperAiden les hizo. -No... intentarán algo peor. -Exacto, - intentó sonar optimista y valiente, pero no lo consiguió - el problema es que no tengo ni idea de lo que intentarán esta vez, y Carl tampoco. -Entonces, ¿qué? ¿Esperamos sentados a que vuelvan? En ese momento, la puerta se abrió y entró Eli muy agitado: -¡29 de julio! ¡Es el 29 de julio! - ante las miradas de confusión de sus interlocutores, les dijo - Las sombras regresarán el 29 de julio - les miró muy serio a los tres -, ¡MAÑANA! El libro ha vuelto a cambiar. -Genial, ya sabemos cuándo atacarán, pero seguimos sin saber qué hacer, ¿no? preguntó Ned dirigiéndose a Eli, que en ese momento tenía a todos esperando una respuesta. Sacó el libro de su bandolera, y tras buscar la página, les leyó:


-2907: Luz y sombra, calor y frío se unirán para acercar la muerte a los vivos, la fina línea que separa los dos mundos se estrechará y se librará una lucha de poder que cambiará sus destinos. Todos se quedaron en silencio, hasta que finalmente Delia se atrevió a interrumpir sus pensamientos. -Pero... no entiendo... ¿cómo que una lucha de poder? ¿Y cómo es que no bastó con lo de Aiden para derrotarlas? -No se pueden matar, - le explicó Melinda - supongo que porque ya están muertos. Lo que tenemos que hacer es debilitarlas... de ahí lo de la lucha de poder. Creo que debemos conseguir que estén tan débiles que no puedan regresar durante mucho, mucho tiempo. -¿Y si es al revés? ¿Y si ganan ellas? intervino Ned. -No lo sé, ni quiero saberlo. Ahora mismo lo único que tengo claro es que van a ir a por Aiden y a por mí, y debo proteger a mi hijo a toda costa. Pasaron el día intentando pensar cómo prepararse, o qué hacer, pero se dieron cuenta


de que no podían hacer nada, ni siquiera esconderse. Ned y Eli habían sugerido protegerse con cosas brillantes, como solía hacer Aiden, pero Melinda y Jim había rechazado la idea alegando que no podían vivir dentro de un círculo de tenedores eternamente. Debían enfrentarse a lo que viniera, según llegara. El día se había oscurecido y unas horribles nubes grises habían tapado el sol. Aquella tarde Jim fue a buscar a Aiden al colegio, pues Melinda se había quedado con Eli y Ned en la tienda, esperando que algo ocurriera. Por desgracia, o suerte, no tuvieron que aguardar mucho, pues Melinda pronto recibió una llamada de un Jim muy asustado: -¡Melinda! ¡Tienes que venir ahora mismo! -¡¿Qué pasa?! preguntó Melinda temiendo por su pequeño, mientras conectaba el altavoz para que todos pudieran escuchar a su interlocutor. -No te lo vas a creer... las sombras se han apoderado del colegio. Creo que los niños están atrapados y nadie puede entrar. Esto es un caos. Han hecho daño a todos los que han intentado acercarse. Creo que esto está lleno de fantasmas, o de sombras... - finalmente


Jim soltó la última frase - tengo miedo por nuestro hijo, Mel. Melinda por su parte se había quedado muda, y una lágrima resbalaba por sus mejilla. Había empezado. Ella también estaba asustada, y Jim pensaba que podría solucionarlo, pero ¿cómo? ¡Aquello se le escapaba de las manos!No pudo más que decir: -Vamos para allá. Cinco minutos más tarde Melida salía del coche corriendo y buscando entre la multitud que se encontraba junto a la entrada del colegio a Jim y se dirigió lo más rápido que posible hacía él, seguida de sus amigos, empujando a todo aquél que se interpusiera en su camino. Tras algunos tropiezos (no es fácil correr con unos pedazo de tacones), consiguió llegar a sus brazos, pero la mirada de Jim no la tranquilizó en absoluto. Cuando se fijó en quienes la rodeaban, se dio cuenta que eran en su mayoría madres que habían ido a buscar a sus hijos, niños y profesores. Las sombras sólo parecían querer a los niños más pequeños. Sintió mucha


lástima al darse cuenta de que todos sufrían ante una situación totalmente desconocida. Cerca de ella pasó un hombre dispuesto a entrar por su hijo. Iba con paso decidido, a pesar de que una de las profesoras había intentado disuadirle. Sin embargo, cuando tocó el pomo de la puerta, una fuerza invisible le empujó por los aires 20 metros hacia atrás, por lo que se dio un buen golpe en la cabeza, que lo dejó inconsciente. Así que Jim se acercó a él para hacerle un reconocimiento. El golpe había sido importante. Mientras, Melinda parecía comprender algunas cosas...:

empezar

a

"Las sombras no quieren que ayudes a los fantasmas a ir hacia la luz, y no quieren que Aiden siga tus pasos. Tienes poderes que amenazan a los suyos, tú y Aiden veis cosas que nadie puede ver. Las sombras quieren consumiros a los dos,..." "-¿Por qué se sienten tan amenazadas? -Son como aves rapaces, se alimentan atacando aquello que no puede verlas. Esa es la clave del poder. -¿Y Aiden puede quitarles eso porque las puede ver?


-Las deja expuestas. Y las debilita. Y no van a tolerarlo." Sin embargo aquellas conversaciones con Carl no le aclaraban lo que estaba sucediendo. Podían haberles encerrado sólo a Aiden y a ella en su casa. Es más, ella estaba fuera. -Carl, ¡Carl! Vamos, sé que me oyes. ¿Para qué hacen esto las sombras? ¡Dímelo! -No son sólo las sombras. - Melinda giró sobre sus talones con tal brusquedad que sobresaltó a Jim, y encontró al vigilante a su espalda. Parecía agotado - Antes estaban solas, pero ahora ya no lo están. Han estado reclutando espíritus que vagaban por la tierra. Y a medianoche... a medianoche algo ocurrirá y serán más fuertes que nunca. -¿Y por qué no han intentado atraparnos sólo a Aiden y a mí? -Te lo he dicho, ya no son sólo las sombras, su objetivo ha cambiado. Aunque siguen queriéndote a ti también. Hace unas semanas trataron de llegar a Aiden a través de ti. Ahora han cambiado de planes. Piensan que tratarás de salvar a tu hijo. Te están esperando. -¿Y qué más quieren ahora?


-Serán más fuertes de lo que nunca lo han sido. Quieren hacerse con el control de los vivos. Creo que van a atacar a los más débiles primero. - Melinda logró comprender muchas cosas - Quieren el poder. Y dicho esto, desapareció. -¡O Dios mío! ¡Eres la que habla con los fantasmas! Ayudaste a mi hermana el año pasado - Una mujer pelirroja se la había quedado mirando. Además de asustada, parecía muy sorprendida. - Esto es por ellos, ¿verdad? Los fantasmas. Melinda asintió tratando de hacerle señas para que bajara la voz, pero era inútil. Un susurro se había extendido entre la muchedumbre, cada vez más audible: "Melinda Gordon está aquí". Antes de darle tiempo a reaccionar, la mayoría se había girado hacia ella, y se habían quedado en silencio, simplemente observándola. Otros no entendían lo que estaba ocurriendo, y desde luego no sabían quién era esa tal Melinda de la que todos hablaban, así que preguntaban a los de su alrededor. Segundos más tarde, un hombre alto, algo alejado de ella, y que parecía bastante sorprendido, le preguntó:


-¿Qué pasa? ¡¿Quién eres tú?! Miró a Jim, que la susurró: -Supongo que Grandview es demasiado pequeño como para suponer que en todos estos años no te conozca medio pueblo. Probablemente la mayoría tengan un familiar a quien hayas ayudado. Melinda no reaccionaba. Jim tenía razón, no podía esperar guardar su secreto eternamente, cuando se lo contaba a alguien casi cada semana. La mujer pelirroja, al ver que no decía nada, tomó la palabra: -Es Melinda Gordon, la que ve y habla con los fantasmas. Los susurros se intensificaron, y surgieron más caras de incredulidad. -Si dice que detrás de esto están los fantasmas, yo la creo. ¿Qué si no? El silencio fue interrumpido por los susurros de los que, de una forma u otra, conocían el secreto de Melinda y trataban de convencer a los más incrédulos de que lo que contaban era cierto. Muchos habían visto a Melinda hablar sola, o corriendo por la plaza totalmente aterrorizada, sin saber lo que le


ocurría; sin embargo, lo habían atribuido a que la chica de la tienda de antigüedades estaba loca, o era muy-muy rara. Melinda simplemente les dedicó una media sonrisa, preocupada. Las cosas iban cada vez peor. -Eh, - le susurró al oído Jim – esto no tiene por qué ser malo. Ahora te resultará más fácil ayudarles. No te tomarán por loca cada vez que les hables de fantasmas. Venga, ahora lo importante son los niños. Melinda le miró y encontró en sus ojos la fuerza necesaria para dirigirse a los que la rodeaban, que nuevamente guardaban silencio esperando que hablara. -Hola… Sí, soy Melinda… y bueno, como ya sabéis, puedo comunicarme con los fantasmas de los que aún no han cruzado hacia la luz. Realmente no estaba segura de lo que debía decir. Deseaba hacer algo por su hijo y los demás niños… pero se daba cuenta de que no la iban a dejar en paz sin dar una explicación. Además, sentía que debía compartir la poca información que tenía sobre lo que estaba ocurriendo, ahora que todos parecían dispuestos a escucharla. No le dieron


tiempo a pensar demasiado, pues enseguida se acercó una mujer a preguntarla qué ocurría. ¿Cómo podían sacar a sus hijos de aquél horrible lugar en que se había convertido la escuela primaria de Grandview? -Es algo complicado… – contestó Melinda, pues sería difícil explicar todo sobre las sombras, seres brillantes, etc. a aquellas personas. – Yo sólo puedo ver las almas de los que aún no han cruzado a la luz, pero mi hijo, puede ver mucho más. -¿Qué hay tras la luz? – preguntó una mujer rubia y muy alta. -No lo sé. Creo que nadie lo sabe, aunque supongo que Aiden tendrá una idea, pues es capaz de hablar con algunos fantasmas que ya están en el otro lado. Sin embargo, os puedo asegurar que debe ser algo hermoso, algo que no se puede describir, pues veo las caras de felicidad y paz de quienes van hacia la luz. – Se interrumpió un momento esperando alguna otra pregunta. Miró a Jim, y luego a Eli, como ofreciéndole que se presentara, pero al ver que éste parecía preferir mantenerse en el anonimato, continuó su explicación. – Yo ayudo a los espíritus que por alguna razón están confundidos o tienen asuntos


pendientes que resolver, y luego los guío a la luz. – Algunos asintieron, y esto le dio ánimos para seguir. - Pero hay algunos fantasmas que la temen, y no quieren cruzar. Esos espíritus suelen vagar por la tierra y en su mayoría, se malogran y en vez de ir hacia la luz, se adentran en un mundo subterráneo. Otros se dedican a vigilar, tanto a vivos como a muertos. Sé por Aiden que existen además las sombras, las cuales describe como partes de los que han cruzado, gente rota. Yo supongo que no puede entrar maldad a la luz, y ésta se queda aquí, entre nosotros, tal vez por eso sea cada vez más fuerte. Las sombras temen a la luz, a los seres brillantes, como dice mi hijo, pues yo tampoco puedo verlos. Éstos son los espíritus de los niños que han cruzado. -¿La luz que vimos en la plaza? – preguntó un chico, que parecía tener unos 11 años. -Exacto. Aquel día las sombras se habían apoderado de mí, y Aiden reunió a los seres brillantes para que me ayudaran. Los debilitamos, pero ahora se han aliado con los fantasmas confundidos a los que yo intento ayudar, y en vez de guiarles a la luz…


-¿Y qué quieren de nuestros hijos? – preguntó un hombre que parecía impaciente por que Melinda abreviara. -Las almas de los niños son muy valiosas para las sombras – confesó, pero enseguida se arrepintió al ver el terror que había causado entre la gente. – Si sus espíritus cruzan, serán brillantes, y por tanto se enfrentarán a ellas. Por eso tratan de aterrorizarlos y ganárselos. -¿Y por qué nos han dejado salir a algunos? – volvió a hablar el chico de antes. -Porque vosotros no sois una amenaza. Ya no podéis ver fantasmas, los adultos os han convencido de que no existen, y no creéis en ellos. Por lo menos, hasta ahora. -¿Les harán daño? – preguntó, esta vez Jim. -No creo que los maten. Si yo fuera ellas preferiría que crecieran y no fueran una amenaza. No, sólo los tienen vigilados, ellos son una amenaza, y además, pueden verlas. -¿Qué hacemos? – preguntó uno de los hombres que había tratado de entrar a la fuerza.


-No lo sé, – admitió – pero sea lo que sea, debemos hacer algo antes de medianoche – afirmó dirigiéndose más hacia Eli, Jim, Ned y Delia. – A medianoche se harán más fuertes – aclaró. Esto provocó más susurros, y Melinda aprovechó para dirigirse a sus amigos. – Las sombras y los fantasmas quieren hacerse con el poder en el mundo de los vivos. Creo que quieren volver a la vida, y están esperando a ser más fuertes, con lo que quiera que hagan esta noche, para atacar a los más débiles. -A los que no pueden verlas. Por eso encierran a los niños. – repitió Delia para asegurarse de que entendía bien. Luego, cogió fuerzas para formular aquélla pregunta que ninguno se atrevía a pronunciar. - ¿Y qué pasa si lo que ocurre a media noche, eso que les da tanta fuerza, es que los niños se unan a ellos? ¿Y si los matan? -No lo creo, - le contestó Melinda, no muy convencida, - si no, ya lo habrían hecho, ¿no? ¿Por qué esperar? De todas formas, voy a entrar. -¿Qué? Ni hablar. ¡Eso es lo que ellos quieren! ¡Te están esperando! – Se apresuró Jim.


-¿Y qué quieres que haga? – le espetó ella - ¿Dejar a nuestro hijo ahí solo? -No vas a entrar ahí tú sola. – Melinda tenía razón, por supuesto. - Iremos contigo. -No podéis. No os dejarán. – les vio muy convencidos. – De acuerdo, intentémoslo. Melinda volvió a dirigirse a los que les rodeaban, que estaban en silencio de nuevo. -Vamos a entrar. Intentaremos sacar a los niños, pero, por si no lo conseguimos... intentarán atacaros a vosotros. No sé cómo. Tal vez intenten poseeros... - La gente se miraba entre sí, cada vez más asustada, así que Melinda decidió que era mejor no decirles que tal vez intentaran matarlos para entrar en su cuerpo, al igual que había hecho Jim para volver a la vida. - Os ven débiles, pues no creéis en ellos. No lo permitáis. Luchad contra ellos, ahora que sabéis que existen, estad preparados. Melinda miró hacia el cielo. No tenían tiempo que perder, el sol ya se estaba poniendo, y pronto sería 29 de julio. Agarró con una mano a Jim, y con la otra al joven Ned, que tanto la había ayudado durante esos años. A su vez, Eli se agarró a Jim, y, para


sorpresa de todos, Delia tomó la mano de su hijo. Todos la sonrieron en señal de agradecimiento, pues habían sido testigos de la lucha interna que había librado la mujer para llegar hasta ese punto. Y así, se dirigieron a la puerta del colegio, mientras todo el mundo les observaba. Una vez frente a ella, alargaron las manos y tocaron juntos el pomo. Nada ocurrió. Algo más convencidos, entraron uno detrás de otro, y nada cambió. Fuera, la gente aplaudía. Pero, de repente, todos excepto Melinda fueron arrastrados hacia fuera, y cuando ésta consiguió reaccionar, la puerta ya estaba cerrada. Justo como había pensado, estaba dentro, y ya no podría salir, ni quería hacerlo, sin asegurarse de que no quedara un solo niño en el edificio. Los pequeños, totalmente aterrorizados, se habían refugiado en el comedor. Melinda los encontró en el interior de un gran círculo hecho de cubiertos, seguramente idea de Aiden, pero no veía a éste por ninguna parte. El círculo mantenía las sombras alejadas, pero no a los fantasmas, que disfrutaban asustando aún más si cabe a los pequeños, que se habían sentado en el suelo, y permanecían lo más cerca posible los unos de los otros. Algunos habían levantado las cabezas al oírla


entrar, pero ninguno se atrevía a acercarse a ella, porque no estaban seguros de si esa mujer era una de los que los mantenían encerrados o tal vez simplemente porque no podían verla bien en la oscuridad que envolvía el colegio. Nuestra protagonista entró en el círculo, en parte porque se sentía más segura, en parte para que vieran que no era ninguna amenaza, sino al contrario, y siguió recorriendo los rostros de los pequeños en busca de Aiden. Éste estaba consolando o hablando con unos niños que lloraban diciendo que querían volver con sus mamás, y no se había dado cuenta de su presencia. Melinda le llamó, y en cuanto escuchó su voz se dio la vuelta, se levantó y fue corriendo a su encuentro. -¡Mamá! ¿Cómo has entrado? Queremos ir a casa. Hemos hecho un círculo... las sombras están aquí... tengo miedo, mamá. Esto está cada vez más oscuro. -Shh... muy bien, cariño, lo has hecho muy bien, como siempre. Ahora tenemos que salir de aquí... – le dijo mientras le acariciaba la mejilla.


-¡Pero es imposible! - le contestó una niñita que estaba a su lado. - Estamos encerrados. -Es verdad – corroboró Aiden – estamos rodeados de fantasmas y sombras. Están por todas partes. - Melinda miró a su alrededor. No podía ver las sombras, pero sí sentía el frío, y había multitud de fantasmas por todas partes - No se pueden abrir las puertas ni las ventanas... y han puesto los cristales negros para que no podamos ver lo de afuera. -¿Y los seres brillantes? - le preguntó su madre. -Tampoco pueden entrar... hay muchas sombras aquí dentro. Y ahora son más fuertes. Melinda trató de abrir alguna puerta o ventana, pero era imposible. Además, fuera del círculo se exponía a las sombras, que la confundían. Sin embargo, se extrañó de que no trataran de poseerla. Tal vez pensaran que la tenían controlada. Cuando hubo anochecido, ya no había suficiente luz como para dar paseos por el colegio, y tuvo que quedarse en el comedor con los pequeños y el par de luces de emergencia que les permitían ver un poco. Llamó a Carl, que apareció


dentro del círculo, pero los fantasmas no le dejaban en paz... eran demasiados para él. Melinda le pidió ayuda, pero Carl estaba ocupado en luchar contra los demás fantasmas y no pudo escucharla. Finalmente, desapareció, o le hicieron marcharse. Agotadas las ideas, no le quedó más remedio que esperar a ver qué ocurría, como había tenido que hacer durante los últimos días: esperar a que las sombras movieran ficha, e intentar defenderse después, mientras veía como cada vez su enemigo era más numeroso. Tal vez eso esperaban, esperaban a ser tantos como fuera posible, para luego atacar. Mientras tanto, fuera, trataban de hacer llegar al colegio tanta luz como pudieran, mediante linternas, faros... y todo lo que se les ocurría, pero parecía que el invento no estaba haciendo demasiado efecto, y se sentían inútiles. Para protegerse, también se habían rodeado de luz, así, por lo menos, las sombras, no podrían atacarlos. Carl le había dicho a Eli lo que había visto, pero no podía ayudarles, ni siquiera él sabía lo que iba a ocurrir a medianoche. Sólo les quedaba esperar que Melinda pudiera salvarlos.


Cuando por fin llegó la hora, Melinda estaba sentada con los niños, abrazada a su hijo. Al principio no pasó nada. Melinda estaba atenta a cualquier movimiento. De repente, uno de los fantasmas se le acercó, la miró con una mezcla de burla y amenaza, le dijo: “es la hora”, y desapareció, al igual que todos los fantasmas de la sala. Era como si hubieran cruzado, pero no hacia la luz... sino hacia el subsuelo. No entendía nada. -Han ido a por más – le dijo Aiden al ver su expresión de confundida – han ido a por los fantasmas malos, para que les ayuden. Se lo oí decir a uno de ellos antes. Eso era. Su hijo había tenido la respuesta todo el tiempo. ¿Por qué no se le había ocurrido preguntarle? Siempre se infravaloran los conocimientos de los niños, y ella, más que nadie, debía saber que a veces, tienen razón, como ocurría en el tema de los fantasmas. Eso era lo que decía el libro de los cambios, esa era la razón por la que el mundo de los vivos se acercaba al de los muertos. Por primera vez, y no sabía cómo, las sombras habían encontrado la manera de traer de vuelta a los espíritus que habían cruzado. Sólo los seres brillantes habían conseguido eso antes, pero nunca ningún adulto había


conseguido volver de la luz. ¿Y si ésa era la respuesta? “Luz y sombra se unirán para acercar la muerte a los vivos, la fina línea que separa los dos mundos se estrechará...” Tenía que ser eso. Pero, ¿qué significaba lo de que la luz y la sombra se unan? “Acercar la muerte a los vivos”... ¡Eso era! Si las sombras traían a los espíritus malignos del mundo subterráneo, ella traería a los espíritus de la luz. Pero no podía hacerlo sola... necesitaba a los seres brillantes. Por eso las sombras se habían encargado de encerrarla. No tenía forma de salir de ahí. Trató de llamar a Carl, pero éste, seguramente temeroso, no volvió a intentar aparecer. Sabía que la única forma de salir de ahí era siendo un fantasma. Pero no había ninguno allí para ayudarla. De pronto, se le pasó una locura por la cabeza. No tenía mucho tiempo, los espíritus malignos no tardarían en volver. Era la única forma. Tenía que salvar a esos niños, y a todos los que estaban fuera. Pero para eso debía morir. No le quedaba otro remedio. Con una convicción que rayaba la locura le dijo a Aiden, mientras le abrazaba, que le quería mucho, que no la olvidara y les dijera a su padre y a sus amigos que lo sentía, y también los quería mucho. Por último le pidió


que no se movieran, el niño no entendía el comportamiento de su madre, por cuyo rostro resbalaban unas lagrimas que está no pudo esconder a pesar de que su mirada expresaba certeza y seguridad. Melinda se levanto sin mirar a tras, no podía, y se dirigió a la cocina. Además de algunos cubiertos que habían sobrado, encontró una bolsa de plástico y un balde. Pensaba encontrar una forma menos dolorosa de hacerlo pero no veía otra manera. Debía darse prisa. Formó un círculo a su alrededor con los cubiertos para protegerse de las sombras, y en la intimidad de la cocina, metió la cabeza en la bolsa y se tumbó en el suelo, agarrando la bolsa fuerte alrededor de su garganta. Por supuesto, tuvo la tentación de sacar la cabeza de allí, su cuerpo se lo pedía a gritos, pero estaba convencida, en su cabeza solo cabía un pensamiento: “Tengo que salvarlo” No tardó mucho en invadirla una gran oscuridad, y enseguida fue capaz de ver su cuerpo tumbado en el suelo. Después de tantos años, ella era el fantasma. Decidió que ya pensaría eso en otro momento, no tenía tiempo que perder, y sabía exactamente lo que debía hacer. Las sombras se arremolinaban alrededor de su círculo,


estaban furiosas. Melinda, con sólo desearlo, apareció frente a Jim, le dolía tanto verlo ahí... le acarició la mejilla, y éste se sobresaltó. -Eli – le dijo al hombre de su derecha, que dió un brinco y se asustó muchísimo al oír su voz, tanto, que abrió la boca para hablar pero no emitió ningún sonido. - Shh, Eli... lo siento... diles que los quiero muchísimo – le dijo mientras miraba a Jim, Ned y Delia – Os quiero muchísimo, pero era el único modo. Tengo que hablar con Cassidy. ¡Cassidy! ¡Cassidy! - la llamó. Cuando notó su presencia, continuó. - Cassidy, necesito que vayas a la luz con los demás seres brillantes, les digáis a todos los espíritus que necesitamos su ayuda y os traigáis a todos los que quieran. Creo que los fantasmas malignos fueron engañados, aprovechando su temor a la luz, pero si traemos a sus familias y se dan cuenta de que son queridos y perdonados, y descubren que la luz es un lugar maravilloso, no tendrán problemas en cruzar hacia ella. Así dejaremos a las sombras solas y entre todos acabaremos con ellas de una vez por todas. Ve, no tenemos tiempo. - Sintió cómo Cassidy se marchaba y se sentía cada vez más débil. Tal vez los fantasmas ya habían vuelto del


mundo subterráneo... debía regresar con los niños. - Tengo que irme - No tenía muchas fuerzas, se sentía como cansada... pero finalmente logró volver con su cuerpo, y lo que descubrió al regresar la hizo la mujer más feliz del mundo. ¿Cómo no se le había ocurrido? Un grupito de niños estaba alrededor de su cuerpo tratando de reanimarla. Se alegró de que Jim no le hubiera hecho caso cuando le dijo que Aiden era demasiado pequeño como para enseñarle primeros auxilios. En realidad, no era el único que parecía saber lo que hacía. Pronto, Melinda fue arrastrada al interior de su cuerpo y notó cómo volvía a la vida, volvía a respirar y su corazón volvía a latir. -¡Mamá! ¡No vuelvas a darme estos sustos! - la riñó Aiden, lo que provocó que sonriera. Ese momento la habitación se empezó a llenar de fantasmas de nuevo. Sólo que esta vez, eran muchos, muchísimos más. Eran guiados por las sombras a la calle, donde su presa aguardaba, acompañada por miles de fantasmas, algo que no se esperaban. Cuando se dieron cuenta de lo que ocurría, las sombras se enfurecieron... pero el ímpetu con


el que trataban de atacar era inútil. Su presa ya no era débil, estaba preparada. A pesar de algunas dudas, los fantasmas, que habían estado enfurecidos tanto tiempo se unieron a sus familiares, que les recibieron con una sonrisa y un: “¿Cuánto has tardado?” o “Te he estado esperando”, como Melinda esperaba. Poco a poco las sombras se estaban quedando solas y los niños brillantes rodearon el colegio aprovechándose de ello. Niños cuyas mentes no habían sucumbido a los adultos, mentes que aún creían en la magia y en el poder de está. Como por instinto, la gente también se dio la mano y unió sus corazones para deshacerse de ese mal, esa oscuridad que había tratado de aprovecharse de su mayor debilidad. Y las sombras no tuvieron más remedio que retroceder, se rindieron e intentaron huir, como lo habían hecho semanas atrás. Pero esta vez no pudieron. Demasiada felicidad a su alrededor. Tanto vivos como muertos se habían unido para destruirlas, y las sombras habían perdido la batalla que daba fin a la guerra. Todos los pequeños corrieron hacia sus sonrientes padres en cuanto tuvieron ocasión.


Melinda animó a Aiden a que hiciera lo mismo, y le pidió que fuera a buscar a su padre. Ella no podía casi ni andar... su casi muerte la había dejado muerta. Jim por su parte se sentía morir de dolor... no habían podido evitar preguntar a Eli por su expresión, y a éste no se le daba nada bien ni mentir, ni guardar secretos. Melinda estaba muerta. Muerta. No podía ser. En cuanto pudo, corrió al interior del colegio. Era imposible. No lo creería hasta que la viera... Melinda. Cuando la vio sentada en el comedor su corazón dio un vuelco de felicidad. ¡No era cierto! Corrió hacia ella y la levantó en un abrazo. “Te quiero, te quiero, pensé que no te lo podría volver a decir”. “Yo también te quiero” y tras una mirada que pudo durar siglos y a la vez un segundo se besaron con un solo pensamiento: “Todo ha terminado” Tras la llegada de Aiden salieron de aquella cárcel, con una felicidad que no encontraba límites por estar juntos, porque todo había terminado y por supuesto porque estaba sanos y salvos. Afuera les esperaban miles y miles de fantasmas, aunque Aiden era el único que podía verlos a todos.


-Mamá... los seres brillantes y los demás fantasmas quieren darte las gracias. Has unido a todos en la luz, y ahora se marchan hacia ella. -Gracias a vosotros por ayudarnos con las sombras. Y gracias por proteger a mi hijo durante todo este tiempo.- dijo entre lágrimas. Cuando los fantasmas se fueron mujer con su hijo se acercó a Melinda:

una

-Muchas gracias, de verdad. No sé qué hubiéramos hecho sin ti... Pídenos lo que quieras – Melinda dirigió su mirada al resto de la gente, que asintió como uniéndose a la ofrenda – Grandview siempre estará en deuda contigo. -No necesito nada – les dijo con lágrimas de felicidad – pero me gustaría que me prometierais algo. - Hizo una pausa para que todos le prestaran atención. - A partir de hoy, no les digáis a los niños que los fantasmas no existen. Todo esto ha ocurrido porque los adultos no sois capaces de verles, y eso es una debilidad. Me gustaría que si las sombras volvieran, no fuéramos tan indefensos. Jamás podrán conseguir tanto poder como hoy, porque si sabemos que existen y vemos a los


fantasmas, las debilitaremos. - Melinda sonrió y añadió – Y por favor, si morís, ¡id a la luz! La familia de la luz se dirigió a su casa entre aplausos, sabiendo que sus destinos y sus vidas, habían cambiado para siempre. Los fantasmas no serían un problema, por el momento.

Grandview  

Final alternativo de entre fantasmas. Originalmente creado para un concurso.

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