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LUCÍA COBO lucia.rcobo@gmail.com +34 606 105 663 pintaquetepinta.blogspot.com

El álbum presenta a Elvira, una avestruz/niña que se rebela contra el hecho de que no puede volar, de que sus alas no sirven para ello. Volar va a ser su objetivo durante toda la historia, y es que Elvira es muy obstinada. Su madre intenta hacerle entrar en razón, mostrándole qué otras cosas sí puede hacer con sus alas. Elvira aborda el tema de la diferencia y la superación personal, de la búsqueda de la propia identidad. Es un canto a la aceptación de uno mismo, de conocer nuestros límites y de asumirlos con naturalidad.

Muestra de imágenes: dobles páginas abiertas con ilustración y texto. Tamaño original: A3 Técnica: acuarela y lápices de colores


Cada tarde los polluelos se arremolinaban a la salida del colegio.


- ¿Sabes? mi padre tiene las patas tan fuertes que puede colgarse boca abajo como un murciélago -fanfarroneó el aguilucho. El colibrí replicó- Pues mi madre tiene el pico tan fino que cabe en el ojo de una aguja. - Eso no es nada, mi abuelo tiene las plumas más brillantes que jamás hayáis visto- presumió el pavo real.


Elvira, escuchaba con atención y orgullosa exclamó: - ¡Yo os gano a todos, mi madre tiene las alas más grandes del mundo!

- ¡Bah! -se burlaron- y qué más da que sean grandes, ¿acaso puede volar? - En el campeonato lo demostraré.


Abatida caminó hacia casa. - ¿Qué te pasa? -preguntó mamá. - Que tenemos unas alas grandes e inútiles -gruñó Elvira. - Vaya... pues yo creo que son fantásticas, ¡mira cómo abrazan! - Mamá, ¿puedes volar? - Volar no, pequeña, pero con nuestras alas podemos saltar muy alto, tocar los frutos más tiernos o saludarnos desde una enorme distancia.


- ¡Yo quiero volar! ¡Quiero volar! -alborotaba. - Pero Elvira... - ¡Mamá, el campeonato, déjame intentarlo! - Bueno, ya hablaremos... ahora vete a jugar.

Elvira pasó la tarde batiendo sus alas arriba-abajo, arriba-abajo... y así día tras día. Mamá decidió apuntarla en el equipo de baloncesto. - YA SE OLVIDARÁ.


Elvira llegó al entrenamiento. Qué sorpresa cuando la recibieron con sonrisas, ¡era la más alta del equipo! Con sus ágiles alas corría veloz y se impulsaba muy alto, casi hasta el techo. Pronto fue titular del equipo y el éxito no tardó en llegar. Pero, tras cada partido y envuelta en abrazos, batía sus alas arriba-abajo, arriba-abajo.

A la semana siguiente, mamá la matriculó en clases de música. - YA SE OLVIDARÁ.

Elvira  

Lucía Cobo

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