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SINOPSIS Phill es un niño de doce años Por otra parte, otro chico llamado Alan se traslada a otro colegio por motivos académicos. Allí descubrirá que no es hijo único, verá que lo que ha vivido todos estos años ha sido una gran mentira. Un suceso importante le hará cambiar su forma de pensar, de vivir y de amar. En tan sólo unos mesessu vida habrá dado un vuelco de 180º Dos niños que al parecer no tienen nada en común, salvo una cosa… ¿qué será?


Capítulo 1

Phill se paró en el semáforo para cruzar la calle, miró hacia los lados y vio que los coches pasaban a toda velocidad, pero aún así en el momento que vio que no pasaba ningún coche y el semáforo estando aún en rojo, cruzó y por poco un taxi le roza la mochila, iba al colegio y parecía que llegaba tarde, pero no era sí. Phill vivía a escasos minutos del colegio, por lo tanto no necesitaba madrugar mucho, aunque es verdad que dicen que cuanto más cerca vives del colegio, más tarde llegas a él. Phill era hijo único y vivía con sus padres Lois y Peter. Lois se dedicaba a dar clases a niños con alguna discapacidad en una escuela a diez kilómetros de su casa. Era una mujer alta y con muy buen carácter y cada vez que podía salía con sus amigas a tomar algo. Siempre estaba atenta a su hijo. Peter sin embargo era un empresario de alto prestigio y no paraba de trabajar. A veces llegaba tarde por la noche y otras le veías en casa desde las tres de la tarde viendo la televisión. Peter era el típico padre que parece que no se entera de las cosas, pero luego es el primero que sabe lo que está pasando, intuye cosas y demás.


Los dos ya con casi cincuenta años, querían mucho a su hijo y no le tenían nada mimado, al contrario, querían que fuese una persona real, alguien que supiese valerse por sí mismo.

Corrió hasta las escaleras del colegio de la puerta principal y a lo lejos pudo ver a su amigo Thomas. Thomas era de la misma altura que Phill y los dos iban a la misma clase. Tenían ambos doce años. Casualidad también es que los dos eran vecinos y Thomas siempre que podía le invitaba a su casa a jugar, a ver películas… eran muy amigos. Phill se giró para ver si veía a Martha. Martha era la chica que le gustaba, tenía el pelo rubio y unos labios muy brillantes parecía que cada vez que iba a cualquier sitio se los pintaba, pero no era así, eran sus labios reales. Estaba un curso menos que Phill, pero aún así le gustaba. Muchas veces Phill cuando no sabía que hacer pensaba en ella y se imaginaba su vida a su lado. Pero aquel día no apareció así que se fue con Thomas a clase. En clase Phill no tenía muy buen comportamiento, pero luego sus notas eran buenas, ni brillantes ni malas, sino normales. -

Vamos a ver chicos – gritó la profesora – ¿alguien sabría decirme por qué hoy es un día especial?

La cara de los niños lo decía todo, ni siquiera Susan, la más lista de la clase, sabía por qué.


Phill miró a Thomas por si sabía que día era hoy. Thomas con cara de estar en las nubes le dijo que no. ¿Sería el cumpleaños de la maestra?, se preguntó Phill sin dar con la idea. -

Yo lo sé señorita – levantó la mano Víctor, el típico niño que primero dice una cosa, lo que le venga a la mente y luego piensa. A ver Víctor cuéntanos que día es hoy y por qué se celebra.

Víctor se levantó y con una sonrisa de intriga lo soltó. -

Hoy es el cumpleaños de mi papá – dijo mientras otros niños se reían de él.

No era la respuesta que la profesora habría querido escuchar, pero aún así todos le dieron un aplauso, para que no se sintiese solo. -

No, chicos hoy es el día internacional de los hermanos, hoy cada uno nos contará qué es lo que más le gusta de su hermano/a y por qué. El que tenga, claro.

Phill no tenía hermano, por lo tanto no iba a decir nada de nadie. Empezó una niña que se llamaba Susan y habló de lo que más le gustaba de su hermano. Decía que su hermano más mayor, siempre estaba atenta a ella. Luego un niño, que tenía cinco hermanos, habló del mediano, y así hasta que le tocó a Phill. -

Vamos Phill, te toca – le dijo la profesora. Es que yo no tengo hermanos – dijo entre dientes.


A la profesora le chocó tal información, pues casi todos los niños de aquella ciudad tenían uno, o dos hermanos incluso la profesora tenía otros tres hermanos mayores que ella. -

Ajajá, no tiene hermanos, que tonto – rió uno llamado Sam.

A Phill no le gustó aquello y se mosqueó un poco mirándole con una mirada vengadora. -

Sam, fuera de clase inmediatamente – dijo la profesora señalándole la salida con el dedo. Pero era una broma profesora – intentó defenderse Sam sin ningún resultado.

A nadie le pareció una broma y menos a Phill, salvo a los amiguitos de Sam, que son los que siempre siguen sus tonterías. Sonó el timbre para el recreo y Phill se sintió un poco decaído, por saber que todos tenían hermanos y él no. Thomas al ver a su amigo así, le dio una palmada en la espalda para reanimarle y se bajaron al patio. Al rato se le había pasado todo aquello a Phill cuando delante de él a unos cien metros vio a Martha, con unas amigas. Thomas que le había mirado de reojo, le dijo: -

Veo que te gusta Martha, tontorrón – le dijo mientras le daba codazos en el brazo.

Phill que no le escuchaba, seguía pensando en ella. Cuando un balón le llegó a sus pies, volvió a la vida real y dio unos toques, se lo pasó a Thomas y se fue con otros amigos a jugar. Miró


para atrás para ver si estaba Martha, pero ya no estaba. Otra vez se había ido. Volvió a sonar el timbre y otra vez a clase. Por los pasillos Phill se encontraba a amigos y en un momento se encontró a Sam, el que le había insultado en clase. -

¿Te molesta que te diga que no tienes hermanos? – dijo mientras Phill quiso evitar mirarle. Phill quería abrirse paso pero no podía pues los amiguitos de Sam se lo impedían. -

¿Me dejas pasar Sam? – dijo con total tranquilidad. ¿Y si no me da la gana? – le contestó con un tono chulo.

En aquel momento pasó el director por el pasillo en dirección hacia su despacho y cuando Sam veía al director se hacía el bueno con los demás. En aquel momento Phill y Thomas aprovecharon para pasar e ir a su clase. -

No le hagas caso a ese sinvergüenza, lo único que quiere es provocarte, pasa de él – le dijo Thomas mientras miraba la agenda para ver qué les tocaba en la siguiente hora. Si yo paso de él, ¿no lo ves?, lo que pasa es que no quiero pegarme con él, no me gusta.

Llegaron a clase de música. Aquella clase era la última del día, por lo tanto era relajada, no estaba Sam en su clase… muchas cosas buenas juntas.


Al cabo de cuarenta y cinco minutos sonó el timbre y todos empezaron a recoger. Pero la profesora les recordó que iban a tener un minuto de silencio por los niños que han muerto por el cáncer. Salieron de clase, se pusieron en orden en el patio y sonó una música de fondo mientras el silencio cada vez se hacía más silencioso Phill pensó en muchos de sus amigos, en lo que haría si ellos tuviesen cáncer, cómo les ayudaría, cómo les trataría… Una vez pasado el minuto algunos se quedaron más tiempo y otros como Phill y Thomas se fueron y salieron del colegio. Cuando salió Phill vio desde las escaleras a su madre hablando con unas amigas. Éste se acercó corriendo, teniendo más cuidado con los coches que aquella mañana y la saludó. - Hola mamá, ¿qué haces aquí? – preguntó Phill un poco perdido. - Hola hijo, hola Thomas, pues que he venido a recogerte y así me ayudas con la compra. ¿Compra? pensó Phill, ¿qué compra? -

¿Vamos ahora a comprar?, pero si tengo que hacer deberes y luego quiero jugar con Thomas. Bueno Phill, luego nos vemos cuando acabes – le dijo mientras se despedía de su amigo.

Lois se despidió de sus amigas, y juntos se fueron andando a comprar comida para la noche. -

Vamos a comprar muchas cosas de cena porque vienen tus tíos, primos y abuelos.


-

¿Vienen los primos? – preguntó algo alterado y a la vez feliz.

Su madre asintió con la cabeza. No le hacía gracia ir de compras pero si la idea de que después de los deberes podría jugar con sus primos. Sus primos eran más pequeños que él y a ellos les encantaba jugar con su primo mayor. -

¿Qué has hecho hoy cariño? – le preguntó mientras le miraba. Pues nada, hemos jugado a un juego para aprendernos las partes del cuerpo, y la profesora nos ha hablado de una enfermedad.

Lois en un momento dejó de prestarle atención y Phill le preguntó a su madre, mientras la paró: -

Mamá, ¿qué día es hoy?, porque la profesora nos ha dicho que hoy es el día internacional de una enfermedad, no me acuerdo cómo se llama, ¿Sabes cuál es? – dijo mirándole a la cara con ojos de niño triste.

Lois se quedó pensativa, ya sabía a qué enfermedad se refería su hijo, se refería al cáncer, pensó ella. -

Ya me acuerdo, el cáncer, creo que se llamaba así – dijo algo dudoso.

De alguna manera Lois quería evitar hablar del tema, por lo tanto miró el reloj y vio que ya era tarde, aunque no lo era, pero no quería hablar de aquello. Cogió a Phill de la mano y la velocidad al andar era cada vez más rápida.


Phill no entendía la reacción de su madre, ¿qué le pasaba? se preguntó. Cuando llegaron a la tienda Phill pensó que a lo mejor el que su madre oiga este tipo de enfermedad no le gusta, porque en su trabajo está con niños de diferentes enfermedades. Pero aún así seguía mosqueado. Una vez llenados los dos carros, fueron a pagar y salieron de la tienda rumbo a casa. Ahora iban más despacio por la calle, pues llevaban muchas bolsas y bastante llenas. Se acercaban ya las seis de la tarde y Phill todavía no había hecho los deberes y además luego quería jugar. Lois abrió la puerta y Phill antes de que la puerta estuviese del todo abierta, empujó, descargó las bolsas en la cocina y bebió un vaso de agua. Con la mochila todavía en su espalda subió a su habitación, se quitó la mochila y se tumbó en la cama. Estaba muy cansado, aquel día muchas tenía muchas cosas en su mente, no paraba de pensar en Martha, en su pelo y en su sonrisa, en el idiota de Víctor, en lo del cáncer, en la reacción de su madre sobre lo que le habló horas antes, en que tenía que hacer los deberes y para rematar la faena, venían sus familiares a cenar. Toc, toc, se escuchó en la puerta de la habitación. Era su padre Peter. -

Hola hijo, que no me has saludado, te has metido aquí y no le has dado un beso a tu padre – le dijo mientras se sentaba a su lado y más tarde se tumbó.


-

Papá – preguntó Phill - ¿crees que viviremos para siempre?

Peter no se esperaba esa pregunta y más de su hijo, que nunca había sacado ese tema. -

¿Por qué lo preguntas? ¿habéis hablado de eso hoy en clase? – le preguntó algo nervioso. No, pero, son preguntas que me hago cuando miro al techo y me imagino que es el cielo – le contestó con un suspiro largo y profundo.

Peter quería responderle de manera que lo entendiese su hijo. -

-

Verás Phill, llegará un día en el que aunque no lo queramos, nos iremos de aquí, desapareceremos, nuestro cuerpo seguirá estando, pero nuestra alma, que es lo más importante, se irá con nuestros familiares, así que siempre estaremos juntos, nunca nos separaremos – le respondió mientras éste se secaba alguna lágrima que salía de su ojo derecho. ¿Estás llorando papá? – preguntó Phill levantándose de la cama para mirarle.

Peter algo nervioso respondió: -

No, que va, ¿cómo voy a llorar? Papá, que sepas que jamás me separaré de vosotros, ni de ti ni de mamá, porque os quiero – le dijo mientras le abrazaba.

Los dos se abrazaron y Peter que seguía emocionado, cambió de tema diciendo:


-

Venga, ponte a hacer deberes que luego vienen tus primos y querrás jugar.

Phill se levantó de la cama, sacó los deberes y se puso a hacerlos, mientras su padre desde la puerta le miraba y pensaba, lo afortunado de tener tal hijo. Pasados ya casi media hora de estudio, Phill fue a la cocina para beber un baso de agua cuando al bajar las escaleras, vio que sus padres estaban hablando en el sofá. Phill que era muy curioso, se acercó hacia al salón y empezó a escuchar. -

Verás Peter, hoy Phill me ha contado lo que han hecho hoy en clase y han hablado de… - Lois estaba bastante nerviosa, no sabía cómo decírselo a su marido.

Phill no escuchó bien lo que dijo su madre, por lo tanto se acercó un poco más y se sentó en el suelo detrás de la pared. -

¿De qué han hablado Lois? – preguntó un poco preocupado al ver a Lois empezar a llorar. Cuando fui a recogerle al colegio, le pregunté qué habían hecho y me dijo que hablaron de los hermanos. Y ya sabes lo que pasa, ¿no?

En ese momento sonó el timbre de la casa y Phill que estaba escuchando con mucha atención, se pegó un susto que casi se da con la puerta de la cocina. ¿De qué hablarían papá y mamá? – se preguntó mientras iba a abrir la puerta.


Eran los tíos, que habían llegado con media hora de adelanto. Katy, que era la prima de Phill, se agarró a su primo nada más abrir la puerta, pues hacía seis meses que no se veían. -

Hola Phill, ¿cómo te va? – le preguntó su tío Ben mientras dejaba las bolsas de la comida en el suelo. Muy bien, tio Ben, ¿cuántas bolsas traes?, ¿qué son? – preguntó Phill algo curioso.

Ben que no quería decirle lo que había, cambió de tema y puso a su mujer delante de Phill para que le diese un beso. Mary era su tía, algo pecualiar, porque tenía unas manías que a Phill no le gustaban mucho, pero eso si, le encantaba el humor que tenía. -

Cariño, ¿puedes llevar los abrigos a la habitación de invitados? – dijo Lois a Phill

Phill, cogió los abrigos, primero el de su tia, el de su prima Anna y luego el de Ben. Cuando cogió el de Ben, se cayó de su bolsillo una fotografía. La foto era de un niño pequeño, que estaba sentado en una silla mirando por la ventana. -

¿Quién este niño? – preguntó Phill cuando cogió la foto y se la dio a Ben. Un niño, nada más. El hijo de una amiga mía – contestó con algo de sofoco en el cuello.

Phill, no le dio importancia en ese momento, así que, llevó, los abrigos a la habitación y volvió al salón para estar con su prima Anna.


-

¿A qué quieres jugar? – le preguntó a Anna, que parecía que estaba buscando un juego.

Anna era una niña bastante revoltosa, siempre que podía hacía una trastada y a la hora de decir si había sido ella, ponía una cara de ángel, que cualquiera pensaba que había sido ella. Los padres de Phill y los tíos, empezaron a preparar la cena, en la cocina. Desde la cocina de podía escuchar a Anna riendose con su primo, no paraba, parecía que Phill era su entretenimiento cuando estaba con ella. De nuevo sonó el timbre y esta vez eran los abuelos y los otros tíos que venían con sus hijos, Mike y Albert. Mike tenía nuevo años y Albert, doce, lo cual eran más pequeños que Phill. Se saludaron todos, y los primos fueron en busca de su primo mayor, que estaba con Anna en el sofá viendo la televisión. -

Hola – dijo Albert mientras sonreía a Anna ¡Hola chicos!, ¿cómo estáis? – respondió Phill mientras entre ellos se chocaban las manos.

Mike, cuando vio la PlayStation, enseguida quiso jugar. El problema de Mike (bueno, no era un problema, más bien, un problemón) es que le gustaban muchísimo los videojuegos, era un adicto. Lois, pasó por el salón donde estaban los niños y le preguntó a Phill, que si quería un trozo de tarta. Éste respondió que no, por lo tanto siguió jugando.


Anna que no paraba de moverse de un lado a otro, de repente empezó a vomitar. Phill llamó a su madre y esta limpió el vómito. Ya sobre las nueve y media, tocaba cenar. Phill subió a su cuarto y empezó a sentir algo, algo en su cuerpo le estaba pasando. Se sentó en la cama, esperó un poco a que se le pasase y se le pasó. Bajando las escaleras, sintió otra vez algo, no sabía qué era, ni por qué le sucedía aquello. -

Phill, ¿te encuentras bien? – le dijo su tía Mary mientras servía el puré de patatas en la mesa en vez de en el plato. Estoy bien, tranquilos...

Se sentó y empezó a comer.


Capítulo 2

Aquella noche no fue una noche como las demás. Phill sentía cosas, parecía que estaba alucinando, tenía a medias una conversación que estaba escuchando de sus padres, una foto de por medio, que cayó del abrigo de su tío Ben... muchas cosas. -

cuéntame Phill, ¿cómo van las cosas en el colegio? – le preguntó su tía Mary, llevandose a la boca un trozo de carne.

Phill que estaba en su mundo, respondió tras recibir una pequeña patada en la pierna de su madre. -

Bien, bien – contestó sin mucho ánimo – mi amigo Thomas me ayuda mucho.

Anna, sentada en frente de su padre Ben, empezó a vomitar de nuevo y se la llevaron al cuarto de baño. La cena estuvo bastante movidita, en el sentido en que los niños no paraban de hacer tonterías, de reirse... salvo Phill, él seguía en su mundo. Cuando terminaron de cenar, se fueron al salón a seguir jugando, mientras los mayores recogían la cocina.


Tin-ton, sonó el timbre. Abrieron y era Thomas, el vecino y compañero de Phill. -

Hola, ¿está Phill? – preguntó al padre. Si, pero ¿no crees que es un poco tarde para jugar ahora? – respondió el padre, a la vez que miraba el reloj. Marcaban las diez y cuarto y ya estaba oscuro todo – ven mejor mañana, ¿vale?

A Thomas no le gustaba la idea, pero entendió lo que le dijo, y era verdad que era tarde, asi que dijo: -

Ok, vendré mañana sobre las seis y media.

Se despidió y fue desapareciendo poco a poco entre la oscuridad de la calle. Después del café que se tomaron en la casa los padres, tocaba marcharse. Los niños no querían, pues se lo estaban pasando muy bien con su primo y éste a su vez eataba haciendo un esfuerzo tremendo para hacer que estaba bien. -

Niños, vámonos – gritaron los padres, mientras se ponían los abrigos.

Phill cada vez estaba peor, se despidió de todos y subió corriendo a la habitación. Sus padres estaban preocupados, por tal reacción. Normalmente, el que está en la puerta hasta que se van, es él. Cuando ya no quedaba nadie, Lois y Peter subieron al cuarto de Phill y le encontraron en la cama tumbado removiéndose.


-

¿qué te pasa hijo? – preguntó su madre corriendo hacia la cama al ver tal reacción en su hijo.

Phill no contestaba, tenía en su mente esas tres cosas, la foto, la charla entre su padre y su madre en el salón y para colmo, lo que le empezó a pasar de repente en su cabeza. -

Phill, contesta a tu madre, Phill – gritaba el padre, como si fuese a perder a su hijo.

Phill abrió los ojos y respondió: -

No sé lo que me pasa. Es como si me doliese la cabeza – respondió apretándose la cabeza con las manos.

Peter se tranquilizó un poco más. Se había pegado un susto... - Bueno hijo, eso seguro que es por estar jugando


Por un día