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Lectura complementaria: Resumen sobre normas religiosas, normas morales, de trato social y Jurídicas.

Las normas religiosas Las normas religiosas regulan las relaciones de los individuos entre sí, entre ellos y Dios. Éstas derivan y son sancionadas por la divinidad, directa o indirectamente, por medio de la autoridad eclesiástica, pues se atribuye, a la idea de la divinidad, el carácter de fuente “inmediata de los principios del bien y de lo justo” El hombre basado en su razón, aprende las formas de convivencia de los demás seres que lo circundan; pero también puede sentirse vinculado a observar y expresar sentimientos religiosos, fundamentados en la doctrina o creencia que profese, la cual le impondrá determinados comportamientos que se traducen en prácticas, ceremonias, devociones o actos del culto respectivo. Esto es, en estrecha cercanía con la deidad o divinidad, hacia la cual dirija las plegarias sublimes de su espíritu. En las normas religiosas, el mandato es de origen divino, es decir “emana de un ser superior”. La religión valora las acciones humanas en la conciencia individual y en la vida de los pueblos. En síntesis, son inspiradas por la idea suprema de Dios, y tienen como principal objeto ayudar al hombre a lograr un fin último en una vida que no es la terrena. Consideran la conducta del hombre no sólo en sus relaciones con sus semejantes, como el Derecho, sino en sus actos para con Dios y para consigo mismos. Se puede decir que las normas religiosas son preceptos dictados por Dios a los hombres y su cumplimiento/violación está sujeto al premio o el castigo en la vida eterna (No hay que dejar pasar por alto que ello depende de los preceptos dictados por cada religión y de las creencias de cada individuo en particular). Los mandatos morales Se inspiran de igual modo en una idea capital del bien, aunque no necesariamente ligada a la de la divinidad. Tratan de inducir al hombre a la consecución de ese bien influyendo en su conducta para con sus semejantes y para con él mismo. Éstas son de orden individual o social, constituyen deberes elementales impuestos por los sentimientos de moralidad del grupo social para su propio bienestar. El imperio de la moral es condición indispensable para la existencia de la sociedad. Estas normas rigen la conducta del individuo ya para consigo mismo, ya para con los demás hombres; su violación trae como consecuencia el remordimiento (desaprobación de la propia conciencia al acto realizado), o el desprecio social, o ambas sanciones a la vez.


Las normas de trato social (decoro, cortesía, etiqueta) las impone el decoro, el amor propio u otros sentimientos propios de un grupo social o de una etapa histórica; su violación tiene como sanción el ridículo, es decir, el quedar mal ante los demás al provocar la risa y la burla. Las reglas de trato social se refieren a los aspectos externos de la conducta en relación con otros sujetos; afectan la modalidad exterior del comportamiento. Esta dimensión de exterioridad la podemos advertir solamente cuando estamos “en compañía actual y efectiva [...] a solas, en el aislamiento, no se puede ser decente ni indecente, cortés ni descortés”. Las reglas de trato social exigen una conducta externa, vienen de fuera; y para quienes las conocen, implica la aceptación y acreditación en calidad de miembros del grupo social en el cual “rigen aquellas normas convencionales”.

Por su parte la norma jurídica tiene carácter externo, ya que rige y coordina a su vez la conducta social del individuo. Las normas jurídicas se distinguen de las anteriores en que son impuestas por el Estado y en que éste las hace obligatorias, pues tienen fuerza coactiva. Es decir, el Estado, a través de sus órganos adecuados, las hace cumplir aún sin el consentimiento de los individuos. Podemos afirmar, pues, que las normas jurídicas son bilaterales, en el sentido de que al lado de un deber crean una facultad o derecho. Resumiendo lo anterior, diremos que las normas jurídicas se diferencian de todas las demás: 1.- Por su origen, puesto que son creadas por el Estado. 2.- Porque su cumplimiento no se deja a la libre voluntad del sujeto, sino que el poder público se encarga de aplicarlas haciéndolas cumplir, tienen fuerza coactiva. 3.- Porque crean no sólo deberes, sino facultades.


Lectura complementaria.