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SOBRE EL OFICIO Y LA TAREA DE ESCRIBIR

Luis Rosales


SOBRE EL OFICIO Y LA TAREA DE ESCRIBIR

Luis Rosales

Documento elaborado por テ]gel Caminero Lテウpez de Lerma

con motivo de la celebraciテウn del centenario del nacimiento de Luis Rosales el 31 de mayo de 2010.


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SOBRE EL OFICIO DE ESCRIBIR

ESTOY EN MI DESPACHO y al mirar la ventana el cristal disciplina mis ojos; un cristal es igual que un amor, cuando miras tras él todo se hace misterio. Detrás de la ventana está la sierra, es el marco del cuadro, y en su jurisdicción las distancias establecen sus límites, pero el límite está en ti mismo, pues lo interior y lo exterior son solamente aspectos de una misma frontera. Aunque este pensamiento no es muy original quisiera registrarlo: el paisaje lo han hecho las distancias. Al través del cristal contemplo La Peñota –sus pinos pusilánimes y salteados, su desamparo vegetal– y aquí, junto a la linde de la casa, las hojas de los robles son pestañas en torno a un ojo que no ves, su vaivén me distrae y hace imposible el pueblo con sus tejados gateando durante todo el día para quedarse en paz cuando llega la noche. Hay una ordenación en la cual las distancias más que alejar, sitúan, pero en fin lo que importa es llegar, llegar a no sé dónde, pero las hojas son tan frágiles que no se sabe cómo llegaron hasta el árbol; viven en su alumnado y el viento que las mueve las alegra, me recuerdan mi infancia, aquellos ojos claros que tenían alumbrado de gas y me miraban arropándome. El tiempo es como un foso; detrás del tiempo están; me gustaría saber en dónde alumbran. Sobre el pretil de la ventana hay siempre un muerto bueno; salta a la comba con el aire, pero tú no te puedes morir, amiga mía, no te puedes morir porque ya estamos siendo un mismo luto, y estoy en mi despacho aprendiendo a escribir, es lo de siempre, para que no se desvanezca todo necesito escribirlo, y aprender a vivir en la nueva frontera.

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ESCRIBIR ES LA CITA QUE TODOS LOS VERANOS TENGO CONMIGO MISMO, pero a esta cita siempre se llega anticipado, las palabras que escribo se desunen, no es posible hilvanarlas y cada vez se alejan más, pero tengo que hacerlo, tengo que estarlo haciendo hasta que su separación se convierta en distancia. Tal vez para escribir hay que empezar por el principio, y el principio es cambiar nuestra actitud vital, cambiarla totalmente, ya lo sabes, hay que enterrarse un poco para llegar a las raíces. Esto es contravivir, y a causa de ello para pensar en algo estoy fumando; necesito un prodigio, y quizás el prodigio no es más que un empujón, un empujón de sordo en la pared del mundo, una palabra imprecisable, y en su realización tienes que distinguir entre lo ambiguo y lo impreciso, no pueden confundirse, la ambigüedad, ya lo sabéis, es el pulso corporal del poema, la imprecisión es el infierno conocido. Hay una forma de distancia que es preciso encontrar para escribir, y ahora, mientras viene o no viene mi propio nacimiento, me entretengo en mirar este desorden, este desasimiento que ha poblado la mesa de cosas serviciales que generalmente son las mismas: el mucolítico llamado Mucorama y el coñac vasodilatador, los lápices, los libros, las carpetas donde se juntan mis palabras para hacer penitencia, y allí, en la confluencia de las luces, la cabeza de Luis Cristóbal, mirándome hasta luego.

Sobre el oficio y la tarea de escribir


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SIEMPRE EMPIEZO A ESCRIBIR SIN SABER CÓMO EMPIEZA UN POEMA; pienso mientras escribo, devanándome, para cambiar de vida sobre el papel en blanco igual que el renacuajo un día de suerte se convierte en rana. Esta es la evolución, amiga mía, pero tú no te puedes morir, no me gusta pensarlo porque lo necesario es tan real como la vida misma, se convierte en poder para decirte ahora palabra por palabra: mientras estemos juntos viviremos. Has venido a mi lado «y apoyada en mi hombro eres mi ala derecha». Cuando sienten tu roce las palabras que escribo, las palabras martirizadas por la separación, buscan un orden nuevo, una vida interior que las reúna y el milagro sucede porque la mesa de nogal se despeja de pronto habilitándose, y entonces una mano baila sobre la mesa, una mano cortada, una mano cortada que se acerca hasta mí para decirme algo, y me empieza a empujar con su mutilación, me empuja sin tocarme, me aprieta contra el sueño para hacérmelo ver más claramente, para hacérmelo ver despedazado; y poco a poco empiezo a obedecerla, y me pongo a escribir, y me pongo a escribir a borbotones, con ininterrumpida facilidad, para marcar la linde que separa la vida en dos mitades, y saber dónde empieza el corazón.

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CADA VEZ QUE SE ESCRIBE UN POEMA TIENES QUE HACERTE UN CORAZÓN DISTINTO, un corazón total, continuo, descendiente, quizás un poco extraño, tan extraño que solamente sirve para nacer de nuevo. El dolor que se inventa nos inventa, y ahora empieza a dolerme lo que escribo, ahora me está doliendo; no se puede escribir con la mano cortada, con la mano de ayer, no se puede escribir igual que un muerto que volviera a sangrar durante varias horas. Tengo que hacerlo de otro modo, con la distancia justa, buscando una expresión cada vez más veraz, aprendiendo a escribir con el muñón, despacio, muy despacio, despacísimo, sin saber por qué escribes para legar a quien las quiera, no sé dónde, estas palabras ateridas, estas palabras dichas en una calle inútil que tal vez tiene aún alumbrado de gas. Si nadie las escucha, paciencia y barajar, éste es tu oficio.

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LA TAREA DE ESCRIBIR Del Discurso al recibir el Premio Cervantes (1982) La tarea de escribir no es la más apreciada entre nosotros. Sin embargo, esta labor estabiliza la unidad de la lengua, la mantiene en estado naciente e influye en su proceso de crecimiento. La lengua crece o degenera. Nunca se encuentra en el mismo punto y es necesario defenderla. A quien tenga poder para hacerlo corresponde esta obligación. Es necesario defenderla y es necesario hacerlo a tiempo. El lenguaje no es sólo un medio de comunicación. La lengua es nuestra patria: hemos nacido a ella y hemos vivido en ella. Mas la lengua es también la frontera de cada hombre. Delimita la vida personal y perfila nuestras virtudes y nuestros vicios, nuestros valores, nuestros saberes y nuestros poderes. En la lengua que habla se ve el rostro de un pueblo. Guarda todos sus rasgos y es igual que un espejo interno. Un espejo de adentro. Ahora bien, como la lengua no es sólo un medio de expresión, sino un sistema de instalación vital, si no la hablamos correctamente es porque no vivimos plenamente. Quien no habla bien su lengua no ha aprendido a vivir. Quien la habla mal, vive a traspiés. Hay que tenerla a punto y, sin embargo, desde hace ya bastante tiempo se habla en España de una manera descuidada y defectuosa. Es un error muy grave: quiere decir que no vivimos a la altura de nuestro tiempo. Al escritor le atañe también otra tarea que considero capital. Desde hace más de un siglo, en todas las naciones más o menos civilizadas se va perdiendo y degradando el espíritu de comunidad. Sólo subsiste en aquellos lugares que no tienen contacto, ni contagio, con la vida moderna. No voy a entrar en la cuestión: es ardua. Aquí y ahora baste decir que la labor social más importante del escritor es el cuidado y mantenimiento del espíritu de comunidad. Desde las tres grandes orillas de la lengua escribimos uniéndonos, a veces sin saberlo. Los escritores verdaderamente importantes son anteriores a sí mismos, pero también son anteriores a su pueblo. Son ellos los creadores del espíritu popular. Creo suficiente recordaros que en la poesía de Federico García Lorca se reconstruyen nuestras raíces. Mas no estamos nosotros a esa altura, ni todo son merecimientos en la labor del escritor. Desde hace varios días pienso en este discurso. No es fácil escribir. Cuanto más te interesa lo que estás escribiendo, se escribe más difícilmente. En rigor, nadie sabe escribir pues al hacerlo es, justamente, cuando nos damos cuenta de la indigencia de las palabras. Entonces, y sólo entonces, advertimos que la escritura no es fiel al pensamiento, pues al quitarle su fluidez expresa únicamente sus muy diversas instantaneidades. En rigor, cuando escribes, sólo puedes fijar sobre el papel el pensamiento mutilado. Ésta es la penitencia del escritor. Ésta es la penitencia que no se acaba nunca. Para ordenar de nuevo el mundo y recrearlo hay que ordenar de nuevo esa pared de las palabras, esa pared que cada día te estrecha y te limita más. El milagro de la creación poética estriba, pues, en las limitaciones del lenguaje, tanto para expresar el pensamiento como para expresar la realidad. Crear es ensanchar y engrandecer el mundo conocido, mas la creación tiene su cruz: al fin y al cabo, para crear es preciso escribir, y escribir es encerrarse en una cárcel. Ésta es la servidumbre y la grandeza del escritor, y ésta es la ley de origen de la creación poética.

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Ahora bien, escribir es mi oficio y es necesario hacerlo, es necesario encarcelarse y enterrarse en palabras. Ahora estoy escribiendo este discurso. Para escribirlo, antes que nada, hay que elegir un tema. En nuestro caso no hay cuestión: el tema viene propuesto por el nombre del premio. Una vez hecha la elección ya estamos en camino y quisiera decir que esta elección me satisface. He dedicado gran parte de mi vida al estudio de la obra de Cervantes y pienso que hablar de él, en este día, no es solamente una obligación, sino una forma de agradecimiento. La lectura de Cervantes me ha dado muchas alegrías. Sin embargo, ¡cuidado! Una cosa es leer y otra es caer, pues la lectura del Quijote se nos adentra tanto que a veces es igual que una caída. Una caída de difícil y lenta recuperación, pues te puedes pasar la vida entera sin levantarte de ella. Para salvar esta dificultad conviene recordar que don Antonio Machado recomendaba a los poetas: Da doble luz a tu verso para leído de frente y al sesgo.

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Fuentes Sobre el oficio de escribir, en Luis Rosales. Ayer vendrá. Poemas escogidos (1935-1984), editado con motivo del Día del Libro por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Discurso de Luis Rosales al recibir el Premio Cervantes. Puede leerse completo en esta página del Ministerio de Cultura: http://www.mcu.es/premiado/downloadFile.do;jsessionid=8D21 72F9A315DF1776396B8C59D5EBE3? path=/imagenes/imgweblibro/premioDiscursos/1011357.pdf&pr ev_layout=premioMiguelCervantesLibro&layout=premioMigue lCervantesLibro&language=es

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Documento elaborado para el 31 de mayo de 2010, celebraciテウn del centenario del nacimiento de Luis Rosales.

テ]gel Caminero Lテウpez de Lerma [Magister ceperrensis, sub. librarian ridibundus (CEJA)] [Librarian scholae ceperrensis, sub. ridente (PLYBES)] http://bibliogtecacpraf.blogspot.com librarianscholaeceperrensis@gmail.com

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