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OSEA, EL INFIERNO SON LOS OTROS El existencialismo pijo de Sofia Coppola por Miguel Muñoz Era una tarde soleada de julio en Hollywood. Sofia Coppola acababa de visitar a su hermano Roman y se disponía a arrancar su Porsche cuando descubrió que las llaves se habían quedado atascadas. En ese momento, parándose a pensar en dónde estaba, se dijo: "Tengo una crisis de mediana edad. ¡Me he comprado un Porsche!". El vehículo acababa de sustituir a lo que ella misma llamaba su "coche de princesa de la Mafia": un flamante Cadillac. Con esta pequeña escena arrancó el día que en parte le inspiró a la directora el guión de Lost in Translation, según narra un largo reportaje que en 2003 el New York Times le dedicó a la hija de Francis Ford Coppola. Sofia volvió con Roman Coppola, también director aunque especializado en publicidad y videoclips, que en ese preciso momento estaba desarrollando una nueva patente. Una enorme burbuja de plástico blanco que había ideado para rodar un spot del nuevo Toyota: la burbuja absorbía la luz del exterior y permitía rodar el coche sin reflejos. Pero a ella, su propia imagen dentro de esa burbuja pareció sugerirle un poderoso símbolo de lo que había sido su vida. Después, Sofia pasó la tarde con Brian Reitzell, batería del grupo Air, que había compuesto la música de su opera prima Las vírgenes suicidas. Brian la llevó a conocer a unos músicos amigos suyos: los franceses Phoenix, que por aquel entonces acababan de lanzar su

primer disco. Mientras estaban allí, tocaron la que terminaría siendo una de las canciones favoritas de la cineasta: "Honeymoon". Ella se dejó caer sobre la silla y tras escucharla dijo: "Hace que sientas ganas de estar enamorada". De anécdotas como estas se alimenta el cine de Sofia Coppola. Las reflexiones de una niña bien al volante de su deportivo, rodeada de músicos de pop y creativos ultramodernos. Y sin embargo, muchos han descubierto en ella a una cineasta que de un mundo en apariencia tan frívolo consigue arrancar destellos de gran belleza. Una cineasta que trabaja bajo una temática contradictoria, a la que podemos bautizar como existencialismo pijo. El símbolo es Scarlett Johansson en bragas sobre la cama de su hotel de lujo en Tokio, con la mirada perdida y de fondo el paisaje urbano de la capital nipona. Dicho con palabras en lugar de imágenes: que puedes ser una niña mimada, estar buena, tener mucho dinero y viajar por los sitios más cools de todo el mundo y pese a ello sentir angustia ante la vida. Con seis años, la pequeña Sofia estaba en Filipinas mientras papá filmaba una de las mayores obras maestras de todos los tiempos. Y en medio de aquel caos que fue el rodaje de Apocalypse Now, ella se lo pasaba en grande porque le gustaban los helicópteros y de vez en cuando le daban una vuelta en uno. En séptimo grado (el equivalente a nuestro primero de ESO,

Orionmagissue.Summer 2013  

Primer número de Orionmag. Aquí encontrareis trabajos de David Lerones, Diego Llamazares, Gel Jamlang, Paula Iglesias, Kim Høltermand, Plást...

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