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YOROKOBU / TAKE A WALK ON THE SLOW SIDE / Nยบ 38 - 2013

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LA PORTADA Acabas de agarrar una dualidad. En negro y marfil. Albert Trulls quería explorar “el concepto de la dualidad dentro de un mismo objeto”. El “experimento” está en la portada de esta revista y, por lo tanto, ahora mismo, en tus manos. La ilustración donde aparece la palabra Yorokobu es, según el diseñador, “un reflejo de un momento concreto dentro de una acción más larga en el tiempo”. Es “el instante en que dos conceptos opuestos entran en contacto y colisionan”. El director de arte acudió a varias disciplinas para crear esta dualidad. Recurrió a la geometría, las matemáticas e incluso a la pintura metafísica (movimiento artístico italiano que, mediante la yuxtaposición de objetos, crea espacios imaginarios que pretenden hablar con el inconsciente). “Toda la ilustración está formada a partir de polígonos irregulares que se muestran principalmente de dos formas distintas: compacta en las letras y quebradiza en la colisión”, explica Trulls. “Dentro de una estructura claramente marcada, esto per-

mite crear distintas intensidades y ritmos formales que ayudan a transmitir esa idea de un momento concreto en el tiempo”. El trabajo de construcción de ese Yorokobu, que es uno y dos objetos a la vez, se basa en la geometría. Pero el ilustrador y calígrafo detalla que las referencias de artistas clásicos de la pintura metafísica, como Giorgio de Chirico, son también imprescindibles en esta cubierta. Sin la obra del italiano nacido en Grecia y fundador de la Suola Metafisica, Trulls no hubiera aprendido “el concepto de dualidad en la apariencia de todo objeto”. El diseñador gráfico cuenta que la portada nació de un boceto a mano. Eso tenía una finalidad: “tener más libertad creativa e inmediatez”. Después volvió a hacer el dibujo en digital “para controlar mejor las formas y la estructura” y, al final, pintó la ilustración con el propósito de convertirla en mármol y granito. Una apariencia física más en homenaje, y referencia, al maestro italiano. www.albertrulls.com

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“Si vives como tú quieres, hasta quizá y sólo quizá, l egues a ser ES FÁCIL ACOSTUMBRARSE AL ÉXITO. LLEGAR, TOCAR LA FIBRA DE LA GENTE Y CONVERTIRTE EN NÚMERO 1. UN SUEÑO. LO COMPLICADO ES NO ASUMIR QUE LA SITUACIÓN ES EFÍMERA. JOHNNY STARR VENDIÓ MILLONES DE DISCOS EN TODO EL MUNDO, PERO 6 MESES DESPUÉS EL PENTAGRAMA SE VOLVIÓ BLANCO. SU CREATIVIDAD SE HABÍA SECADO. NO BASTA CON VOLVER A COMPONER. HAY QUE APOSTARLO TODO, REINVENTAR EL MUNDO Y VOLVER A NACER. JOHNNY STARR SE CONVIRTIÓ EN MARK GLITTER, UN ALTER EGO QUE SE LA JUGÓ CREANDO ALGO QUE NUNCA NADIE HABÍA VISTO. UN NUEVO SONIDO, UNA PRESENCIA TEATRAL Y TODA LA HISTORIA POR DELANTE.

JOHNNY STARR ROCK STAR


las últimas consecuencias, quien eres”_Doble o Nada Voll-Damm LOS TELETIPOS LA MATABAN DE ABURRIMIENTO. EN LA REDACCIÓN LA EMOCIÓN HABÍA MUERTO. ADA POWIE SE VISTIÓ EL CHALECO ANTIBALAS. HUYÓ DEL PAÍS A UN LUGAR DONDE HABLAR DE MUERTE LE HACÍA SENTIR VIVA. EL CAMPO DE BATALLA ERA INCIERTO. PERO AHÍ LA VIDA PALPITABA CON MÁS INTENSIDAD QUE EN LA REDACCIÓN. LA MONOTONÍA DE POWIE ESTALLABA POR LOS AIRES CADA SEGUNDO DE SU VIDA. LA EDITORA DE TELETIPOS DESAPARECIÓ Y, ENTRE MIEDO Y RIESGO, NACIÓ AQUELLA IMPRESCINDIBLE CORRESPONSAL DE GUERRA.

ADA POWIE CORRESPONSAL DE GUERRA


YOROKOBU

DIRECTOR

JEFA DE PUBLICIDAD

REDACTORA JEFE

DEPARTAMENTO COMERCIAL

Juanjo Moreno juanjo@yorokobu.es Mar Abad mar@yorokobu.es

COMMUNITY MANAGER Marcus Hurst marcus@yorokobu.es

DIRECCIÓN DE ARTE

NÚMERO

LuisB luisb@luisbboy.com

REDACCIÓN

ENERO

David García david@yorokobu.es Gema Lozano gema@yorokobu.es Ximena Arnau ximena@yorokobu.es José Luis Colomina colo@yorokobu.es

DIRECTOR COMERCIAL Fermín Abella fermin@yorokobu.es

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DELEGACIÓN BARCELONA Albert Gomez agomez@guerrillademedios.es Gemma Gené gemma@guerrillademedios.es Jordi Granja jgranja@guerrillademedios.es

SUSCRIPCIONES

Carmen Lago carmen@yorokobu.es

DIRECTOR DE PRODUCCIÓN José María Latorre jmlatorre@comunicartespp.com

HAN COLABORADO EN ESTE NÚMERO Albert Romagosa

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Carlos Carabaña

Periodista carloscarabanya@gmail.com

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Periodista enriquealpanes@gmail.com

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Iñaki Berazaluce

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Javi Creus

CEO de Ideas for Change javicreus@ideasforchange.com 4 / YOROKOBU / Nº38 - 2013

Joaquín Ruano

Profesor de Español como Lengua Extranjera (Ludwig-Maximilians-Universität, Múnich) jruanocespedes@gmail.com

Juan Díaz-Faes

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Fundador y CEO de Supertruper bradstrich@gmail.com

Manuel Montaño

Periodista manuel-montano@hotmail.com

Pablo Albacete

Fotógrafo www.pabloalbacete.com

Relajaelcoco

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Ricardo Llavador

Arqueólogo de YouTube www.lallavadora.com

Sixto Arias

Managing director mobile marketing de Mobext sixto.arias@mobext.mob


ÍNDICE medidor de concentración

La militarización de la intimidad

58

Confianza

22

Fuga de cerebros

24

Piar

18

50

¿Generosos por defecto?

16

Confortilandia

20

La energía oscura del anime

46

Andar por las ramas

Loca academia de toreros chinos

Bauhaus en la arena

El puente que surgió del crowdfunding

28 8

The Water Tank Project

38

Infografía

36

Numerografía

80

Agenda

78

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We are the robots

26

64

Te odio por 5 libras

68

Apps

44

LeRaúl

56

No leas, ¡dibuja!

76


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Al ba ce te Pa bl o A FÍ G R A TO O

ur st F sH ar cu M R PO

Su llegada fue como un puñetazo en la boca a las rancias élites europeas que seguían considerando que el camino a seguir estaba en mirar atrás al clasicismo de siglos pasados. Defendían el racionalismo y la funcionalidad. Despreciaban el artificio y el exceso. Sin embargo, la Bauhaus llegó tan rápido como desapareció, estrangulada por el régimen Nazi que consideraba la escuela un nido de comunistas (aunque más adelante Hitler no tuvo ningún problema en posar ante las cámaras, en varias ocasiones, sentado sobre una silla Bauhaus). El cierre de la escuela y el ambiente irrespirable que empezaba a sentirse en la Alemania de los años 30 hicieron que esa semilla de creatividad rompedora que nació en Weimar, y que más adelante se trasladó a Dessau, se propagase por todo el mundo. Mies Van der Rohe y algunos de sus pupilos acabaron en Chicago, ciudad en la que dejaron su impronta con impresionantes rascacielos. Otros, como el idealista fundador del movimiento, Walter Gropius, se reagruparon en Reino Unido. Pero en ningún lugar la huella de la Bauhaus dejó más impacto que en la ciudad de Tel Aviv, que a día de hoy cuenta con más de 3000 edificios construidos en el estilo Bauhaus y modernista. Los arquitectos que vinieron aquí llegaron al lugar adecuado en el momento oportuno. Más de 300.000 judíos emigraron a Palestina entre 1929 y 1939, entonces controlada por los británicos. Buena parte de ellos acabaron en Tel Aviv, una ciudad que necesitaba desesperadamente crecer para acogerlos. El mandato británico había concedido autonomía a esta nueva ciudad y la había separado del pueblo colindante

de Jaffa, que albergaba principalmente a la población árabe buscando rebajar las tensiones entre ambas poblaciones. Los arquitectos eran jóvenes, idealistas y fuertemente influenciados por el socialismo. Se negaban a creer que un buen hogar era algo que solo las élites podían disfrutar. En estas dunas de arena frente al Mediterráneo se estaba a punto de realizar el mayor experimento modernista jamás visto. (No todo el mundo está de acuerdo de que se trataba solamente de campos de arena. Historiadores como Mark Levine defienden que esta expansión acabó con algunos pueblos árabes en la zona mientras que los historiadores sionistas defienden que esa tierra fue comprada de forma legítima con el visto bueno de los británicos). “Casi todos estos arquitectos han sido olvidados. Estudiaron en Berlín, Moscú, Ámsterdam, París (y, por supuesto, en la Bauhaus). En condiciones de paz y prosperidad la mayoría no hubieran acabado aquí. Estarían en Europa, construyendo edificios que se integran con la cultura de allí. Recayeron aquí sin nombre y sin fama, sin posibilidades de llegar a la cima de la arquitectura internacional. Sus casas acabaron en el olvido fruto de una humedad corrosiva y una indiferencia de la población que habitaba en ellas”, cuenta Nitza Szmuk en su libro, Las casas sobre la arena, escrito sobre este movimiento junto con Nitsah Metsger. Szmuk fue durante más de una década la responsable municipal de supervisar la renovación de estos edificios. Su papel, desarrollado principalmente en los años 90, era el de intentar provocar que los habitantes de las ciudad valoraran el tesoro que tenían a su alrededor. Nº38 - 2013 / YOROKOBU / 9


Su labor no fue fácil. Enfrente tenía a muchos residentes que ni apreciaban ni entendían el valor arquitectónico de estos edificios, y promotores poco interesados en el pasado. Cuando el gobierno local la relevó de su puesto en 2001, hubo quien temía lo peor. “En un país en el que la planificación urbana a veces parece el Wild West, el profesionalismo estricto se percibe en ocasiones como una deficiencia que justifica el despido”, denunciaba la periodista Ziva Sternhell en un artículo en Haaretz. Pero, por suerte, las cosas salieron mejor de lo esperado. En 2003, la Unesco declaró ‘la ciudad blanca’ (nombre que se utiliza para denominar esta zona) Patrimonio de la Humanidad. Con ello se consiguió la protección de más de 1000 edificios construidos durante esa época. Ahora el problema es otro, “intentar convencer a los residentes de las casas más degradadas para que las restauren. Hay muchos que las consideran cuatro paredes. No se dan cuenta de que viven en auténticas obras de arte”, explica Misha Gross, fundador junto a su mujer Shlomit del Bauhaus Centre, un centro cultural y tienda que organiza visitas guiadas y se dedica a la protección de este patrimonio histórico en Tel Aviv. A unos pasos de este centro se encuentra el Cinema Hotel en la plaza Dizengoff. Este edificio es una de las muestras más significativas de lo que se puede conseguir con una buena restauración. El hotel, que antes era un cine, ha sido preservado de forma exquisita. Sus curvas blancas permiten imaginar cómo era este lugar hace más de 60 años cuando se construyó. Pero un número importante de edificios no ha corrido la misma suerte. La contaminación ha dejado un poso gris sobre sus fachadas. Su decadencia proporciona un cierto encanto, pero para Gross son motivo de preocupación. “Hay que asegurar que estén en buen estado. La renovación no es lo único importante. Hay que educar a la gente para que lo valore. Somos la santa sede de esta arquitectura, pero muchos no lo saben”.

ENVEJECER CON ELEGANCIA

Es difícil encontrar barrios planificados que hayan envejecido bien. Los horrores construidos en la época de Robert Moses en Nueva York acabaron con la personalidad de muchos enclaves urbanos destruyendo el pequeño comercio y poniendo en su lugar enormes moles. Pero en Tel Aviv había una diferencia importante. Se empezó de cero y los responsables del proyecto estaban muy encima de los detalles y de la calidad del diseño. El mandato británico puso en manos de Paul Geddes la elaboración del plan urbano antes de que ni siquiera hubiera empezado a plantearse el estilo arquitectónico Bauhaus. Este pintoresco biólogo, reconvertido en planificador urbano, dibujó una red viaria en 1925 en la que las avenidas principales estarían rodeadas de calles muy cortas y de distintas formas para que ninguna fuera igual. Un desorden ordenado que pretendía no caer en la homogeneización. En una de estas calles tranquilas protegidas del sol por una hermosa vegetación se aprecia exactamente lo que buscaba Geddes con su plan inspirado en las ciudades jardín de Reino Unido. Aquí encontramos a Gidi Tal, de 30 años, que sale del portal de su vivienda. “¿Qué tal es vivir en una de estas casas?”, le preguntamos. “Realmente tienen algo muy especial. Aparte de los techos altos y la luz, es increíble estar aquí, a dos pasos de una avenida tan transitada por el tráfico, sin apenas notarlo. Es todo muy tranquilo”. Tal tiene especial interés en la calle porque es paisajista. “De hecho, me ocupo de algunos jardines de esta zona. Es un gran lugar para refugiarte cuando aprieta el calor infernal en verano”. El contraste no podría ser más distinto de lo que está aconteciendo en los flancos de estos barrios, en los que se están construyendo enormes rascacielos con oficinas y apartamentos de lujo. Los indignados israelíes se quejan de que solamente están abiertos unos meses al año y de que la mayoría está en manos de extranjeros adinerados. La arquitectura es la misma que te puedes encontrar en Singapur, Nueva York, Londres o Moscú. Precisamente por eso, Gross piensa que se hace tan importante salvaguardar la cultura Bauhaus. “Hoy más que nunca tener algo distinto, especial y único es algo valiosísimo. Por fin, estamos logrando hacer lo que nos propusimos hace muchos años, pero no podemos relajarnos”. A orillas del Mediterráneo, la Bauhaus consiguió lo que nunca logró en otros lugares: convertir sus edificios en la norma en vez de la diferencia.

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LA BAUHAUS CON SABOR A MEDIO ORIENTE

Aterrizaron en Tel Aviv con las ideas muy claras. Pero el clima del norte de europa era completamente distinto a lo que estos arquitectos judíos se encontraron a orillas del Mediterráneo. Sus vivencias les llevaron a reducir el tamaño de las ventanas (vivían en los mismos barrios que proyectaban). Los edificios se pintaron todos de blanco para reflejar el potente sol de medio oriente. Los balcones que en Europa eran más pequeños y decorativos en Tel Aviv adquirieron más tamaño en un lugar en el que se podía hacer uso de este espacio casi todo el año. De Le Corbusier tomaron prestado la construcción de edificios sobre pilotes que dejaba la planta baja expuesta a los elementos. En ese espacio se plantaban jardines y el aire circulaba para aportar ventilación en verano. Fueron pioneros también en la construcción de ‘ventanas termómetro’ que hacían la labor de dejar entrar la luz pero a la vez dejar fluir la brisa marina. El blanco fue el color más utilizado para reflejar los rayos de sol. Los tejados siempre eran planos para aprovechar el espacio en beneficio de todo el edificio. Construir de esta forma sin artificio permitió crear estructuras sólidas y modernas a bajo coste. En estos proyectos participaron arquitectos como Dov Karmi, Sam Barkai, Benjamin Tchlenov, Israel Dicker, Shlomo Ginsburg y también mujeres como Lotte Cohn, Elsa Gidoni y Genia Averbuch. Entre ellos había mucha colaboración y quedaban frecuentemente en los cafés del centro para intercambiar experiencias. Eric Mendhelson, seguramente el más conocido de todos, también pasó por Tel Aviv entre los años 1935 y 1941 realizando numerosos proyectos. Pero la explosión de creatividad duró poco. El experimento sionista sostenido por los británicos empezaba a crear serias tensiones con la población árabe en el pueblo colindante de Jaffa. Las autoridades coloniales lanzaron un edicto para reducir la inmigración judía en la zona con la esperanza de calmar la situación. Pero tuvieron poco efecto. Las rebeliones palestinas desencadenaron una crisis en 1937 que redujo considerablemente la construcción. Arquitectos como Lucian Korngold partieron a buscar fortuna en Brasil. Joseph Neufeld acabó en Estados Unidos donde logró una cátedra en la universidad de Yale. Salomon Laisovsky emigró a Argentina. Los que se quedaron lo hicieron conscientes de que nada volvería a ser igual. Una década más adelante Jaffa se quedó sin su población árabe tras la guerra árabe israelí del año 1948 que los desplazó de sus hogares. La coexistencia pacífica resultó ser un espejismo que aún pervive. Nº38 - 2013 / YOROKOBU / 15


POR JAVIER CREUS

¿GENEROSOS POR DEFECTO? Cuando lo escuché en Ouishare por primera vez, no me lo creía. Resulta que en los bancos de favores la gente prefiere hacer estos antes que recibirlos; que en los bancos de tiempo la gente prefiere entregar el suyo a solicitar el de otros; que, con las monedas locales, prefiere que se las deban a deberlas ellos. Nada muy racional que digamos. Lo racional sería primero pedir (favores, tiempo, dinero) y luego ver si das. ¿Premio sin esfuerzo? No hay dudas: tomar. Pero resulta que la realidad y nuestra propia experiencia nos dicen que esto no es así. Es humano el orgullo de tener una capacidad que sirve a otro, es humana la satisfacción de prestar, es humana la sensación de acumular crédito social por si llegara a necesitarse en algún momento. Yochai Benkler concluye después de todo tipo de investigaciones y experimentos de comportamiento, en The Penguin and the Leviathan, que los humanos nos distribuimos de la siguiente

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manera: un 30% siempre coopera, otro 30% siempre va a la suya y, gran noticia, un 40%, depende. ¿De qué depende? Depende del contexto. Si te dicen que este grupo es muy cooperativo, actúas de forma colaborativa; si te dicen que estás rodeado de tiburones, procuras no mirar a nadie a los ojos. Depende, por tanto, de lo que pensamos sobre nosotros mismos. Depende en buena parte de cómo están diseñados nuestros espacios públicos y privados y de cómo lo están los sistemas que utilizamos para interrelacionarnos. De la configuración por defecto. El apoyo mutuo se expresa a sus anchas en las plataformas de la economía colaborativa y nos muestra una cara inesperada de ese ser económico que esperábamos ser. Quizás debamos poner en su sitio al maximizador de utilidades que nunca fue y ahora —que empezamos a conocernos— presentarnos tal como somos. Reset?


POR SIXTO ARIAS

PIAR

Nunca pensé que alguien pudiese convertir el canto de un pajarito en un sonido atronador. Y acaba de empezar.

Twitter es la reina de las redes sociales. Por su simplicidad. La misma simplicidad que ha convertido al iPhone en el rey de los teléfonos móviles. “Ahora que teníamos a nuestros clientes aborregados con los 906 y 902, sin saber si pagan todo, nada o parte de la llamada”, piensan las compañías de toda la vida. Ya dominados y relajaditos con sus quejas a través del teléfono, van y crean este invento infernal y le ponen de logo un pajarito como si fuese algo inocente, inocuo. “¿Y quién va a tratar de gestionar el pajarito?”, piensan las compañías de toda la vida, conscientes de que la cosa esa de tratar a los clientes ha estado en manos de las personas menos cualificadas y/o externas, siempre que resultara más barato. Pues los mismos, o en su defecto algún jovenzuelo de los que se acaban de incorporar. Total…

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No fiches a ningún directivo que no utilice Twitter; sería como dejar las llaves de tu coche a un marciano. No hay como usar las cosas para saber de sus posibilidades y consecuencias. Si quieres que tu compañía siga viva dentro de diez años, asegúrate de que tu equipo de dirección sabe de esto. No enjaules al pajarito o te encontrarás a un dragón cuando vuelvas a visitar la jaula. Las grandes, las de toda la vida (finita) han pensado: “Esto está ‘chupao’. Al que se queje en el Twitter este, le pedimos que lo haga en privado. No vaya a ser que se enteren los otros clientes de lo poco que nos importan estos y todos. Cuando los incautos hayan picado el anzuelo, les mandamos otro mensaje. También por privado, privadísimo, y les decimos que llamen al teléfono de atención al cliente. El de toda la vida. Y así hemos salvado nuestra reputación digital. Voilà”. Y se quedan tan anchos. ¿Te ha parecido divertido? ¿Quieres hacer la prueba de cómo te llaman tonto sin despeinarse? Prueba tú mismo aquí: @endesaclientes @sixtoarias


POR FRANCESC BELTRI GEBRAT

CONFORTILANDIA Ese lugar donde vivimos nuestras mejores y más agradables experiencias, donde cómodamente somos, perdón, fuimos felices. Ese contexto cotidiano que con obvia naturalidad damos por estable e imperecedero. Paraje ausente de viento, de lluvia, y en el que la temperatura es suficientemente adecuada para no reparar en ella. Los ingresos fijos, los servicios necesarios, las deudas fáciles de satisfacer, y así un largo etc. Esa es nuestra ‘confortilandia’. Condiciones estas que no aparecieron de forma casual, sino como producto de dispositivos que artificial y costosamente creamos. Tanto tiempo fue así que olvidamos que existían. Y pasó lo que tenía que pasar: caducaron sus prestaciones y empezamos a sudar —el calor escondido tras el aparato de aire acondicionado hace su presencia—. Sin techumbre la lluvia ahora nos molesta en la cara. Los ingresos se empecinan en no ajustarse a los gastos. Desconcierto y sorpresa siguen a la búsqueda de culpables. Han aparecido sin avisar unas condiciones naturales que más allá del occidente acomodado eran una realidad, pero que dejamos de mirar. A pesar de ello, seguimos arraigados en la incomodidad hasta tal punto que nadie se levanta a mirar el aparato ni a abrir ventanas, mucho menos a barajar la posibilidad de irse a otra parte. Es lo conocido, agradable o no; es nuestra ‘confortilandia’. “Esperaremos a que pase la crisis”, repetimos cual mantra. Llegó el momento de tomar las riendas para gobernar la propia existencia. Somos conocedores de lo que nos gustó, si hablamos del pasado, pero pensado en el futuro, en el momento en que no es proyección de lo ya vivido, lo que plantea una nebulosa incertidumbre. Tenemos serios problemas por saber lo que nos va a gustar. El sistemático desprestigio de sueños y utopías nos ha restado práctica imaginativa, ha podado de raíz demasiadas fantasías de tal manera que se considera el futuro como un simple recurrente y proyectado pasado. No todos, afortunadamente. Algunas mentes inquie20 / YOROKOBU / Nº38 - 2013

tas han seguido aprendiendo, explorando esa zona en la que lo nuevo, lo distinto, despierta interés y alimenta la curiosidad. Hablan de diversidad, de búsqueda de mestizaje. Dejan de lado de una vez por todas la displicente tolerancia que está detrás de la integración como nueva forma de colonialismo. Lanzándose definitivamente a ser ‘con’ los otros. Sin embargo, y del otro lado, desde la nostálgica ‘confortilandia’, aparecen prejuicios y miedos. Nada más práctico que una buena suspicacia simplifica la vida pues evita tener que pensar en diferencias, elude tener que volver a observar o evaluar, reduce cada situación a un juicio ya realizado o simplemente heredado. O ese miedo a no acertar, a que aparezca el error paralizante frente al que no nos han equipado convenientemente. Un estilo de aprendizaje se instaló en ‘Confortilandia’. Aprendimos por imitación y modelado, por lo que la tendencia a repetir está servida. Hemos crecido en un tiempo en el que quien más ‘tiene’ es quien más ‘es’, en que perder lo que ‘tengo’ puede amenazar lo que ‘soy’ y, lógicamente, quien más ‘tiene’ es quien más se preocupa. Pobre autoestima social que lleva a quienes ostentan el poder a buscar obsesivamente seguir en él. Demos la bienvenida a los esperanzadores aprendizajes por ensayo y error. Esta nueva generación ha nacido frente a una pantalla y está mejor equipada frente al miedo y al yerro. Para su fortuna y nuestra tranquilidad no temen pulsar la tecla equivocada, porque los benditos ordenadores no caen heridos si quien los usa no acierta. Solo probando se puede discernir lo posible de lo imposible. Y ante todo porque “lo imposible es el fantasma de los tímidos y el refugio de los cobardes”, y no es frase del 15-M ni del mayo francés, sino de Napoleón. @fbeltri


POR LUIS BRADSTRICH

CONFIANZA En 2006 leí un libro de Rosabeth Moss Kanter, profesora en Harvard Business School. Su análisis era muy interesante. Definía la confianza empresarial como la expectativa del éxito basada en tres pilares fundamentales: responsabilidad, colaboración e iniciativa.

crisis financiera, el paro y todo lo relacionado con los mercados, vivimos una crisis de confianza: desde lo ‘macro’, dudando de la validez del sistema, de los gobernantes, de la justicia; a lo ‘micro’ y más cercano, temiendo por la supervivencia de nuestra empresa y, sobre todo, de nuestro puesto de trabajo.

Igualaba la responsabilidad con la acción, explicando que en una empresa lo que verdaderamente aporta es la responsabilidad de cada persona que individualmente debe hacer frente a los hechos con honestidad, ser capaz de admitir los errores con rapidez, tomar una decisión y ponerla en práctica. Con respecto a la colaboración, comentaba que la confianza se construye cuando notas que puedes contar con tus compañeros y cuando ellos sienten que pueden relacionarse contigo, respetando y valorando las fortalezas de los demás. Y por último, la iniciativa, con un enfoque claro hacia la participación y la solución de pequeños problemas más que en la búsqueda de grandes resultados que provengan de unos pocos.

Y como siempre, la respuesta para acabar con los temores y generar confianza está en nosotros mismos, en nuestra responsabilidad para cambiar el mundo que nos rodea, el que podemos ‘tocar’, el que, dejando a un lado nuestra vida personal, tiene mucho que ver con mejorar nuestro trabajo: ‘hacer frente a los hechos con honestidad, ser capaz de admitir los errores con rapidez, tomar una decisión y ponerla en práctica’. En nuestra capacidad de colaborar con los que nos rodean, ‘respetando y valorando las fortalezas de los demás’, algo que debería ser sencillo y que, sin embargo, tropieza frecuentemente con la envidia y el esfuerzo de reconocer el valor ajeno. Y por último, la iniciativa que todos llevamos dentro y que, en lugar de utilizarla para crear, nos gusta malgastarla en destruir, sobre todo verbalmente, con las múltiples discusiones sobre las numerosas corrupciones que, por desgracia, nos rodean, produciendo un hartazgo que nos limita nuestra capacidad.

Para que este cóctel de responsabilidad, colaboración e iniciativa funcionara, el papel de la empresa era apoyar a sus trabajadores, marcando unos objetivos claros que estuviesen por encima de los intereses individuales, estableciendo canales de comunicación adecuados para que la información fluyera y dotándoles de los recursos necesarios para impulsar la iniciativa. Y todo ello encabezado por un líder que tuviera la visión suficiente para dar la sensación a sus colaboradores de que existían propósitos más altos que los de luchar los unos contra los otros. Han pasado unos cuantos años, el entorno ha cambiado y el mensaje sigue estando vigente. Además de la

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Hoy más que nunca necesitamos generar confianza para cambiar la tendencia y enterrar la crisis, y ese cambio global empieza en nosotros mismos, ‘en la solución de pequeños problemas más que en la búsqueda de grandes remedios que provengan de unos pocos’. Responsabilidad, colaboración, iniciativa.


POR JOAQUÍN RUANO

FUGA DE CEREBROS En agosto de 1961 mi padre llegaba a Duisburgo, tras un viaje de dos días, después de recorrer en coche toda España (salía desde Almería) y Francia. Al día siguiente de su llegada, se le hacía un reconocimiento médico, firmaba un contrato y, a los dos días, empezaba a trabajar como operario en una fábrica de la potente metalurgia de la cuenca del Ruhr. Cincuenta años después, en enero de 2012, mi mujer y yo aterrizábamos en Múnich, a la búsqueda de un trabajo digno (esto es, que nos permitiera vivir, pagar el alquiler, la comida, etc). Yo creo, como Nietzsche y tantos otros antes que él, que la historia es circular y que, en efecto, hay parámetros que se repiten: tanto mi padre como yo tuvimos que emigrar porque éramos víctimas de gobiernos incompetentes, gobiernos que —en lugar de gestionar lo que es de todos para el beneficio común (que es lo que se supone que debe hacer un gobierno)— se dedicaron a expoliar lo público en provecho de un grupo: una oligarquía que se presenta a sí misma como el motor activo de nuestra sociedad. Pero también hay diferencias: la España de mi padre estaba saliendo de una larguísima posguerra y exportaba mano de obra para fábricas y servicios; la España de mi tiempo (me cuesta, por razones que voy a exponer a continuación, decir ‘mi España’) acaba de salir de una de las operaciones macroeconómicas especulativas más grandes de su historia, el pelotazo urbanístico, y lo que expulsa, más que exporta, son titulados universitarios que, en nuestra gran mayoría, hemos podido acceder a nuestras titulaciones gracias a la enseñanza que se ha pagado con los impuestos de todos los españoles. Es lo que tristemente se viene conociendo como ‘Fuga de cerebros’, frase que no me gusta, porque la generación de mi padre también tenía cerebro, lo que no tenía es el doctorado 24 / YOROKOBU / Nº38 - 2013

y los seis años de experiencia como docente e investigador universitario con los que llegué yo a Múnich el año pasado. Pero las causas que han motivado que, según las últimas estadísticas que me han llegado, setecientos mil españoles nos hayamos tenido que ir van mucho más allá de la incompetencia. Incompetencia es un término que me parece, cuando menos, bastante benévolo cuando oigo hablar a gobernantes y a poderes fácticos del país decir que nos vayamos de España, que nos viene muy bien, porque así aprenderemos inglés; que, si viene bien, tenemos que irnos a Laponia a trabajar; o que, si nos vamos, es porque somos muy aventureros. Ahí ya el término incompetencia toma tintes más chuscos que permitirán que silencie mis opiniones porque no quiero caer en la misma zafiedad que han demostrado los que han proferido tales disparates. Más que de incompetencia, lo siento, habría que hablar de mezquindad; de la mezquindad de una serie de gobiernos que han despreciado la formación, que han fomentado que haya existido chavales que vieran como una mejor opción dejar los estudios porque ganaban cinco mil euros al mes en la obra. La mezquindad del que quema su propio edificio para vender el solar. Nosotros nos hemos visto en un limbo, demasiado cualificados para algunos trabajos y sin trabajo para nuestra cualificación, pero este limbo no ha salido de la nada, este limbo ha sido creado por, al menos, los tres últimos gobiernos, por la casta política que surge de la transición. Y creo, sinceramente, que ya va siendo el momento de que la ciudadanía empiece a exigir responsabilidades, aunque solo sea para que mi hijo no tenga que emigrar dentro de cincuenta años.


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LOCA ACADEMIA DE TOREROS CHINOS Dos toreros, una academia y un objetivo: conseguir que la ‘fiesta’ triunfe en China POR

Año 2025: el primer torero nacido en China —’El Niño de Shangai’— sale a hombros de la Maestranza de Sevilla después de encerrarse con seis toros de la ganadería de Mihura. Parece la sinopsis de una astracanada de Berlanga, pero es la culminación soñada de un proyecto de dos toreros andaluces: conquistar el mercado chino. En algún momento de este año 2013 llegará a Algeciras la primera promoción de aprendices de muletillas desde China. En la localidad gaditana, los chinos recibirán lecciones de toreo por parte de un veterano diestro de San Fernando, Francisco Ruiz Miguel. Los novilleros, rejoneadores, banderilleros y matadores que allí se formen serán la avanzadilla para la siguiente fase del plan: desembarcar en China, instalar plazas de toros en Pekín y Shangai y, eventualmente, criar los toros de lidia en las dehesas (¿habrá de esas?) de China. No es un secreto que el toro tiene los días contados en la piel de ídem. Detrás del proyecto está otro extorero, Carlos Corbacho, retirado en los años 60 después de perder una pierna en una mala cogida. “El mundo se mueve por emociones” — cuenta por teléfono desde la Costa del Sol—. “Si va la selección española a jugar a China y se enfrenta con la de Uruguay no habrá tanta expectación como si jugara contra la selección china... Lo que tengo muy claro es que no voy a organizar corridas en China hasta que haya toreros chinos”. La “alternativa china” es casi la única que le queda a la “fiesta”, hostigada en el mundo civilizado. Como reconoce Corbacho: “Organizar toros en Europa ya es imposible; en Sudamérica cada

Iñaki Berazaluce

ILUSTRACIÓN

Juan Díaz-Faes

día es más difícil; fíjate lo que ha pasado en Cataluña...” En China, sin embargo, “se comen a los perros”, explica gráficamente el promotor, “y cuando el gobierno diga ‘adelante’ ya no hay quien lo pare”. Francisco Ruiz Miguel pone trapío y finca para recibir a los estudiantes asiáticos. “Es el maestro ideal” —asegura su socio—. “Nadie ha matado tantos mihuras como él”. Pero ¿habla chino? El propio Ruiz Miguel responde: “Para enseñar a torear tampoco es tan importante lo que dices, sino lo que haces”. Por si acaso, el diestro gaditano va a recibir unas nociones básicas de este idioma y la ayuda de una intérprete, Yin-Yin. Los aprendices de torero chinos llegarán a la escuela de tauromaquia por dos vías: visitando la surrealista página web montada para la ocasión (www. haztetorero.es) y enviados por el socio chino de la operación, un empresario de Shangai interesado en los toros que ha prometido “mandar estudiantes de la Universidad de Shangai” a Algeciras, con todos los gastos pagados, para sembrar la semilla del toreo en el Imperio del Centro. ¿Tendrán los asiáticos el ‘arte torero’ requerido para lidiar con un morlaco? Ruiz Miguel cree que “los chinos son gente muy espabilada que enseguida se enteran de todo y aprenden muy rápido. Lo sé por los amigos que tengo aquí en Algeciras que regentan tiendas y restaurantes chinos”. Por su parte, su socio, Corbacho, sostiene que “al chino le pasa como al japonés: imita a todo el mundo, así que igual que allí están haciendo flamenco también pueden salir toreros”.

Ni Ruiz Miguel ni Corbacho han estado, de momento, en China. Además de ser buenos copiando, “estos chinos tienen mucha habilidad con su cuerpo”, de modo que de ahí pueden salir buenos recortadores, algo “muy atractivo para los practicantes de artes marciales”, aventura Carlos Corbacho. La pretensión de introducir los toros en China no es nueva. En 2007, Enrique Martín Arranz, apoderado de José Tomás, organizó corridas en Shangai y, si bien despertaron cierta expectación por aquello del exotismo, no tuvieron continuidad. Además, los promotores se encontraron con una sólida e inesperada oposición de los grupos animalistas chinos, que se oponen a que una costumbre “bárbara y anacrónica” como el toreo se extienda a su país cuando ya declina en su lugar de origen. Pero Corbacho no se arredra ante las dificultades; subraya que en China ya hay afición, que 12 millones de espectadores siguen un canal chino que retransmite las corridas de España y confiesa su intención última: montar una ganadería en China. “Ya tengo hasta diseñado el hierro”, comenta. ¿Triunfarán los toros en China? ¿Erigirán una réplica de Las Ventas en Tiananmen? ¿Saldrá por su puerta grande el Niño de Shangai? Mientras todas estas preguntas se disipan en el horizonte de las próximas décadas, nuestros dedos se hacen huéspedes esperando la llegada de los primeros muletillas desde la lejana China y toda la plétora de situaciones surrealistas y anécdotas desopilantes que proporcionará la academia de toreros de Algeciras. Nº38 - 2013 / YOROKOBU / 27


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POR

Manuel Montaño

FOTOGRAFÍA

Carlos Velasco y Manuel Montaño

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Bajo cero. Sujeto por una cuerda a varios metros de altu-

ra. Buscando el equilibrio con posturas imposibles y muchas veces dolorosas. Y armado con una motosierra para limpiar un enjambre de ramas en árboles imponentes. Así son las condiciones de trabajo de un podador de altura. Quien se plantee dedicarse a este duro menester deberá evitar ‘andarse por las ramas’, tener mil ojos y poseer la agilidad y destreza para moverse por los árboles como hiciera El barón rampante de Italo Calvino. Esta es una profesión de alto riesgo que requiere una gran preparación, pero que como contrapartida tiene una salida profesional garantizada y bien remunerada. La demanda de podadores es constante en todo el país. Hasta ahora, un podador lo era porque lo había sido su padre. Y probablemente, su abuelo. Pero Carlos Velasco, un curtido y magullado podador, quiso que estos conocimientos se ampliaran a todo el mundo. Al menos, a todo el que estuviera dotado para ello, ya que subirse a varios metros de altura con una contundente motosierra no está exento de peligro. Por eso abrió en el valle de Lozoya, en plena sierra madrileña, la primera escuela de España de poda en altura. El compendio de habilidades que requiere este trabajo es extenso. Lo primero es el dominio de los nudos y la técnica de la trepa que aseguren una sujeción eficaz y permitan moverse por el árbol con soltura. La manera de subir y bajar de él difiere de otros trabajos verticales, e incluso del alpinismo, y se acerca más a la espeleología. Y aunque la mayoría de los nudos proceden del alpinismo, ser un experto escalador no es suficiente en el mundo de la poda. De hecho, algunos alpinistas que han probado suerte en esta escuela han desistido aterrados por la gran inestabilidad que supone estar suspendido en un árbol, en contraste con la previsible quietud de las rocas. La poda en altura es un arte de equilibrio dinámico, y los nudos empleados —que rondan los veinticuatro tipos— se adaptan a cada situación. En definitiva, a cada árbol. Porque los árboles son como las personas; cada individuo es diferente. Esto obliga a adquirir amplios conocimientos de arboricultura que permitan reconocer las características de cada especie: el vigor de su crecimiento para hacer la poda adecuada, la resistencia de las ramas para poder moverse por ellas sin que se partan, la época de parada vegetativa y las plagas y enfermedades, así como la manera eficaz de combatirlas. Y después, hay que examinar in situ la situación particular en la que se encuentra cada ejemplar. La observación y el aprendizaje sobre botánica son constantes en esta profesión, a tenor de la gran variedad biológica de árboles en la península ibérica y su diversidad climática. La irreversible globalización obliga a seguir estudiando árboles de cualquier rincón del mundo porque especies de todo tipo están viajando hoy más que nunca. Un caso paradigmático está siendo la plaga del escarabajo picudo que está afectado a los palmerales de la costa mediterránea. Este parásito letal llegó a España en unas palmeras egipcias. En Egipto, el escarabajo tiene un ave como depredador natural, pero se 30 / YOROKOBU / Nº38 - 2013


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rechazó traerla aquí para evitar un posible desequilibrio de los ecosistemas. La acción de la poda es urgente para evitar la desaparición de exuberantes palmerales como el de Elche. La destreza en el manejo de la motosierra es otro de los requisitos imprescindibles en este trabajo. Su uso inadecuado puede conllevar una grave caída por el corte accidental de una cuerda de sujeción o que el podador pueda herirse de gravedad. Aunque esta herramienta no es muy pesada —alrededor de los 3 kg— tiene la ‘mala costumbre’ de agitarse de manera continua. Y estas vibraciones las recoge el podador, por lo que no es extraño que a la larga termine padeciendo la enfermedad conocida como ‘manos blancas’. Este síndrome provoca la parálisis de los brazos desde los dedos a los codos, y en ocasiones va acompañado de un intenso dolor. “Es un trabajo duro por el enorme desgaste físico, y penoso por las condiciones en las que se realiza”, dice Velasco, que hace unos años se tuvo que bajar de los árboles porque se lesionó gravemente, hasta tal punto que ni siquiera podía levantar con sus brazos a su hijo recién nacido. Y parece que esto no es la excepción, sino la norma, cuando confiesa que como mínimo todos los podadores tienen ‘tocadas’ la cuarta y la quinta vértebras. Él, además de este problema, padeció contracturas desde la cadera hasta los hombros y lesiones en las lumbares y cervicales. “Es el resultado lógico de una actividad en la que día tras día la espalda soporta el peso de todo el cuerpo”, explica. Tras una lenta recuperación de más de diez años, Carlos Velasco ha canalizado su experiencia en esta escuela que recibe aspirantes de toda España. Él no se conforma con que sigan sus pasos, sino que está preocupado para que no sufran las mismas consecuencias. Para ello, se ha puesto en contacto con un fisioterapeuta con el fin de buscar soluciones que intenten paliar las seguras dolencias que sufrirán estos trabajadores. Juntos estudian la posibilidad de realizar una gimnasia preventiva y estiramientos que estimulen el fortalecimiento de músculos, y de diseñar posibles fajas para la zona lumbar. Uno de los aspectos claves para ejercer la poda en altura es el factor psicológico. “El desmoche ofrece al podador una recompensa fácil porque enseguida se consiguen resultados. La satisfacción rápida genera euforia y así es inevitable convertir el trabajo en un juego en el que este profesional entra en una vorágine de trabajar más y más, gracias a los altos niveles de adrenalina y dopamina que se generan”. Y aquí surge su mayor peligro, “la repentina acumulación de cansancio”, comenta Velasco, quien subraya que “la mente comienza 32 / YOROKOBU / Nº38 - 2013

a funcionar lentamente e incluso puede llegar a quedarse en blanco, con lo que las posibilidades de cometer un error fatal son enormes”. Por eso, se decanta por definir un perfil de buen podador: “menos testosterona desbocada y moldear un carácter templado y equilibrado que sepa gestionar los impulsos y dosificar el esfuerzo para terminar la jornada sano y salvo con el trabajo bien hecho”. Y si las cosas se complican ahí arriba, aprender a realizar un rescate es la lección de oro de este curso. Este siempre lo llevará a cabo el ‘ground man’, el ángel de la guarda del podador que durante la tala le está asistiendo continuamente desde el suelo con cuerdas y serruchos, y ayudándole a realizar el descenso controlado de las ramas cortadas. Un podador nunca podrá hacer su trabajo sin él. El motivo del rescate puede ser el encuentro con una ‘procesionaria’, una oruga urticante que habita en las coníferas. Lo importante es la rapidez en la liberación ya que puede afectar a su propia vida. “Si alguien se quedara colgado inconsciente boca abajo entraría en parada cardíaca a los diez minutos; si alguno permaneciera colgado sujeto solamente por el arnés más de veinte minutos, este se convertiría en dos torniquetes que terminarían provocándole una metástasis celular”, comenta Velasco. Aunque en las urbes es habitual la intervención de un podador, la poda en altura adquiere su dimensión más importante en el mantenimiento y conservación de las masas forestales. Muchos incendios se podrían evitar si se realizara a tiempo, y este trabajo resulta fundamental en el tratamiento de epidemias en áreas boscosas. “Podar, e incluso talar un árbol enfermo, puede evitar el contagio a sus semejantes”. Y a pesar de su importancia, esta profesión se encuentra en un limbo legal. El Ministerio de Industria no la reconoce porque, a diferencia de otros trabajos verticales, la poda en altura no puede asegurar evitar una caída, argumentando, además, que un árbol no es una estructura estable y por eso ante Hacienda son meros jardineros. Y para remate, la normativa europea que establece un protocolo de seguridad para este tipo de labores está basado en un sistema de poda americano totalmente obsoleto y peligroso. En su escuela, Carlos también enseña estas tareas siguiendo un procedimiento arcaico para que después sus alumnos lo comparen con el sistema ideado por él. Quizás pronto, su método Carve —acrónimo formado formado por las primeras sílabas de su nombre y apellido— se convierta en el protocolo de seguridad para toda Europa.


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THE WATER TANK PROJECT Permanecen en los tejados de Nueva York como si con ellos no fuera eso del paso del tiempo. Pero en unos meses, los viejos tanques de agua de la ciudad perderán su aspecto gris y abandonado para convertirse en los lienzos y pancartas con los que los artistas reivindicarán un uso racional del agua. POR

Gema Lozano

Apenas se había estrenado el siglo XIX y Nueva York ya daba visos de su intención de destacar por encima del resto de ciudades de forma literal. Aunque, años después, sería Chicago la que le arrebate el honor de ser la sede del primer rascacielos, en la decimonónica NYC los edificios comenzaban a ganar altura para poder alojar a su creciente población. En los que superaban las seis plantas, los problemas generados por la falta de presión del agua fueron de los primeros en aparecer. Las autoridades de la ciudad decidieron adoptar una medida que pasaba por la instalación de grandes bidones en el tejado de los edificios, capaces de elevar el agua desde la base hasta los pisos superiores mediante un sistema de bombas. Los tanques debían servir tanto para suministrar agua a los residentes de las viviendas como para sofocar los incendios que, con demasiada frecuencia, sufría la ciudad. Con la colocación de estos contenedores, comenzaba a dibujarse el skyline de la Nueva York de entonces. Solo los rascacielos que proliferaron un siglo después lograron hacer sombra (literalmente) a los tanques de agua neoyorquinos y retocaron para siempre la silueta vertical de la ciudad. Pero, pese a perder parte de su visibilidad y protagonismo, la mayoría de las gigantescas cisternas consiguieron permanecer encaramadas en los techos de las casas neoyorquinas. A día de hoy existen algo más de 10.000 tanques. En algunos casos continúan ejerciendo la función que les fue encomendada en su origen. Aunque la mayoría de las veces, su permanencia obedece únicamente a razones sentimentales. Los tanques de agua son una seña de identidad de Nueva York y la ciudad no está dispuesta a perderla.

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LAS CISTERNAS LIENZO

Aunque a pocos se les escapa su relación natural con el agua, los tanques de Nueva York van a reforzarla aún más, si cabe, durante el próximo verano. El artífice de esta iniciativa es el colectivo Word Above The Street, encabezado por la artista y activista Mary Jordan. “The Water Tank Project pretende transformar el skyline de la ciudad de Nueva York mediante la selección de una serie de tanques de agua que temporalmente serán customizados por los trabajos de artistas consagrados y emergentes”, resumen los responsables del proyecto. Los bidones se convertirán por unas semanas en lienzos desde los que ilustradores, diseñadores y artistas, como Ed Ruscha, Jeff Koons, Andy Goldsworthy, Catherine Opie, John Baldessari, Ellen Gallagher, Marilyn Minter, José Parlá, Carrie Mae Weems, Clifford Ross, Tony Oursler, Lawrence Weiner o Jay-Z, entre otros, reivindicarán el uso racional del agua. “Cada tanque se convertirá en una síntesis de arte y activismo”, dicen desde Word Above The Street. Las cisternas serán, también, la parte más vistosa de una iniciativa que contará con otras muchas patas: simposios, programas educativos en escuelas de la ciudad, acciones en redes sociales, etc. “Queremos aprovechar el potencial del arte público, y también de la tecnología para dar a conocer los problemas de abastecimiento de agua a escala local y mundial”. The Water Tank Project quiere que Nueva York demuestre que también puede ser la capital del mundo en materia de sostenibilidad. Más adelante, el colectivo responsable del proyecto pretende que sean otras grandes urbes como Mumbai, Rio de Janeiro, México D.F. o Sidney las que recojan el testigo de la ciudad que nunca duerme. 40 / YOROKOBU / Nº38 - 2013


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APPS QUE SÍ (Y CUANDO DIGO SÍ, ES SÍ) POR

David García (@SrGarcia)

Cada semana lo intento, me esfuerzo, lucho por estar a la altura de mi compañero, el de la página de al lado. Pero, si algo tengo claro, es que en eso de mirar tetas y tocarse con cariño es totalmente imbatible. Yo me dedico a comer, ver animalicos y mis cosas de ordenadores, que es lo que le digo a mi madre que hago para pagar el alquiler. Consejo: sáltense esta página y vayan directos a la carne.

Chef Orielo

Instashare

Together

Los que estamos acostumbrados, por mucho que uno no acaba de habituarse, al retortijón continuo, la carrera al baño y la inflamación intestinal, agradecemos cualquier ayuda para pasar la vida así, sin más, de forma pasable. Quien sufra de intolerancia a la lactosa cuenta con una pequeña asistencia que le evitará más de un quebradero… de tripa. Chef Orielo es una sencilla app que incluye mucha de la info que los peleados contra la lactosa deben controlar: alimentos adecuados, recetas de fácil digestión y una serie de vídeos para llevar a cabo de manera más sencilla esas prescripciones.

De cuando en cuando, uno se topa con una de esas utilidades que te hacen cuestionarte cómo carajo no lo había hecho alguien antes, al menos tan bien. Instashare es una app para Mac e iOS que únicamente sirve para pasar archivos de un dispositivo a otro con un simple gesto de drag and drop. Utiliza tecnología wifi o bluetooth, no tiene límites de tamaño o tipo de archivo y es rápida y gratis. En breve estará también disponible para Android y Windows.

El iPad promete, más allá de contenido, una experiencia irrepetible en otro dispositivo. Otra cosa es que lo consiga o no, pero no estamos aquí para dilucidar sobre este tema. Lo que sí está claro es que Together hace del contacto y conocimiento con el medio natural toda una experiencia. La app hace un recorrido por 8 especies animales a través de datos, fotografías y vídeos. Todo está vestidito con un diseño muy eficiente y, como extra, incluye unas plantillas de lo que antes era papiroflexia y ahora es origami para poder hacer animalitos de papel en casa. Una cucada, oye.

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APPS QUE NO (AUNQUE TIENEN SU PUNTO, ¿EH?) POR

Ricardo Llavador (@RicardoLlavador)

No sé si saben que cuando la palabra sexo aparece en la portada de una revista, sus ventas aumentan. De lo que sí estoy seguro es de que no tenían la más mínima necesidad de saberlo, pero para eso está esta sección, para informarle de todo aquello cuyo desconocimiento le haría mucho más feliz. Hoy tres apps de sexo, dos totalmente evitables y una deleznable.

Nudifier

IJML

iCasanova

¿Recuerdan aquel invento que decía que permitía ver a la gente desnuda? Yo tampoco, pero alguien a mi vera jura haberlo visto anunciado en páginas de revistas antiguas. Pues Nudifier no te permite ver a la gente desnuda —porque eso no se puede hacer, caballero— pero sí imaginarlo de un modo absolutamente ingenioso en tres sencillos pasos. Haga una foto y tome una muestra del color de su piel. Ahora, con su grácil dedito, pinte sobre los pantalones, bikini o prenda que desee eliminar. Ya casi lo tiene. En el siguiente paso, Nudifier pixelará la zona coloreada y les aseguro que el efecto es escalofriante. ¿No me cree? Pues busque en Google, que es gratis (de momento).

Que son las siglas de I Just Made Love, esta increíble (y con increíble me refiero a que todavía no puedo creérmela) red social de cópulas. Sí señora, como si de un Foursquare de marranos se tratara, la gente señala en el mapa el lugar donde acaba de bombear amor y, por si esto no fuera suficiente, te da detalles como el sexo de la pareja, el índice de satisfacción o las posiciones realizadas.

La mente enferma de este subdesarrollador ha llegado a la conclusión de que lo habitual es tener varias novias al mismo tiempo. Y digo esto porque alguien que es capaz de idear esta app no se tiene que comer un colín. iCasanova es una app que permite tener controlados los días en los que cada una de tus novias tiene el periodo (también dicho ‘está en esos días’) para así evitar su malhumor. Una serie de descriptivos emoticonos ayudan a que la app sea más accesible. Supongo que partiendo del hecho de que quien la utiliza no debe ser precisamente un figura del sudoku.

Sí, yo también creo que la mayoría miente.

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73%

ENERGÍA OSCURA

23%

MATERIA OSCURA

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4%

TODO LO DEMÁS


LA ENERGÍA OSCURA DEL ANIME POR

Carlos Carabaña ILUSTRACIÓN Forma & Co

En el universo, la energía oscura es una fuerza que los

científicos no acaban de entender demasiado bien. Siendo el 73% del cosmos, la idea es que, a diferencia de la materia y la materia oscura, la energía oscura es relativamente uniforme en el tiempo y el espacio, y gravitacionalmente repulsiva, por lo que causa o contribuye a la constante expansión del universo. Este concepto expansivo es en lo que se ha basado Ian Condry, antropólogo cultural del Massachusetts Institute of Technology, en su libro Soul of Anime para explicar la influencia de los aficionados de este género en la animación japonesa, un medio que ha crecido hasta suponer cerca del 60% de los programas de animación que se emiten en todo el mundo y producir en 2004, los últimos datos globales disponibles, unos beneficios de 220.000 millones de yenes, unos 1.800 millones de euros al cambio actual. “Los fans del anime son activos ya que tienen un sentimiento de comunidad muy fuerte”, explica al teléfono Condry desde su despacho en el MIT; “un aficionado se preocupa por el otro, realizan cómics, ilustraciones...; se disfrazan de los personajes, construyen modelos... La idea es que la energía oscura es una energía social”. La analogía con el componente principal del universo viene de que esta fuerza social es invisible, que no se mide, pero que expande globalmente el anime usando como plataformas los personajes y su mundo,

pudiendo llegar a obligar a relanzar una serie ya cancelada o incluso acabar constituida en un negocio exitoso. Para comprender cómo puede ocurrir esto hay que echar un vistazo analítico al duro negocio de la animación japonesa. Con un 60% de los programas basados en el manga, los derechos sobre los personajes suelen pertenecer al autor del cómic, y los beneficios vienen de la venta del merchandising por parte de los patrocinadores de las series —normalmente empresas de juguetes—, y no de los bajos presupuestos con los que se hacen las animaciones, algo que en este mundillo cierta gente denomina ‘la maldición deTezuka’. LA MALDICIÓN DE TEZUKA Osamu Tezuka, ya fallecido y apodado con razón el dios del manga, es el autor más influyente del cómic japonés. Cuando en los años 60 se encargó de montar un estadio propio para realizar la primera serie semanal de animación en Japón, una adaptación de su obra Astro Boy, aceptó un presupuesto terriblemente bajo. Esto le llevó a desarrollar las técnicas de animación que se relacionan con el estilo japonés, como mover solo un brazo mientras el resto del personaje se deja fijo, la repetición de los mismos recursos una y otra vez o el uso de solo tres movimientos para la boca. Pese al bajo presupuesto, Tezuka logró rentabilizar la serie con los juguetes y Nº38 - 2013 / YOROKOBU / 47


60%

DE LOS PROGRAMAS DE ANIMACIÓN SON JAPONESES

accesorios, las ventas de sus cómics y una serie de pegatinas coleccionables que venían con unas chocolatinas. El caso más paradigmático de cómo esta energía oscura puede convertirse en una aventura empresarial es el estudio Gainax. “Empezó como un club de ciencia ficción en la universidad, que organizaba convenciones”, recuerda Condry, “y eran muy buenos construyendo esa energía y haciendo que la gente se emocionase en torno a sus actividades, pero no tanto sacando beneficios”. Durante quince años estuvieron perdiendo dinero con el anime y ganándolo con los videojuegos, los moldes de construcción de figuritas y otros productos, realizando animación no por el afán de lucro sino por esa energía oscura hasta que, en 1995, lanzaron al mercado la serie Neon Genesis Evangelion, que combina mitología cristiana, robots gigantes en un futuro distópico y una trama confusa y psicológica. Con solo 26 episodios y un par de películas en su canon, la primera mitad de Evangelion fue considerada por la crítica la gran serie de anime junto a otro gran ejemplo de cómo la energía de los aficionados puede cambiar el mercado: Mobile Suit Gundam. Mobile Suit Gundam comenzó en 1979. Proyectada para un año entero, fue cancelada a los diez meses por su patrocinador, Clover, porque “no había muchos niños que la vieran y los juguetes no vendían demasiado”. La trama, complicada, el hecho de que los héroes no fueran valientes hasta el extremo y la oscuridad de la serie alejaron a los infantes pero atrajeron a los adolescentes, que empezaron a expandir el mundo de Gundam creando enciclopedias y teorías sobre sus ele48 / YOROKOBU / Nº38 - 2013

40%

RESTO DE PROGRAMAS DE ANIMACIÓN

mentos militares y de ciencia ficción. “Además, una pequeña compañía llamada Bandai consiguió permiso de Clover para crear modelos de plástico y venderlos así a los adolescentes, convirtiéndose en un fenómeno enorme y relanzado la serie”, comenta Condry; “fue en este momento cuando las empresas se dieron cuenta de la importancia de la actividad de los aficionados”. Hoy Clover ha desaparecido y Bandai es una de las grandes multinacionales japonesas. Condry ve que en este tipo de intervenciones de los fans, de los que pueden encontrarse más en Japón como el Touhou Project, una productora de videojuegos que comenzó con el trabajo artístico de un solo programador, ZUN; o los casos de Rumiko Takahashi, conocida en occidente por ser la creadora del chico/chica Ranma 1/2 y que empezó en el mundo del dōjinshi —fanzines de corte paródico de personajes conocidos— o el propio Tezuka, cuyos primeros trabajos eran versiones sin autorización de clásicos Disney como Bambi —que fue a ver 50 veces al cine— y Pinocchio, puede estar el futuro de los negocios. “Estamos buscando un nuevo tipo de capitalismo, de ver de dónde saldrán los trabajos del futuro”, reflexiona, “y ante la pregunta de cómo harías dinero, creo que sirve de respuesta que este tipo de nuevos negocios no empiezan por el capital, sino por la pasión; los beneficios vienen luego”. “Creo que otros medios también podrían aprender del anime y dejar participar más a los aficionados. Es incluso más importante que los derechos de autor”, y comenta mientras ríe al otro lado de la línea, “mi libro está en Creative Commons”.


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WE ARE THE ROBOTS La versión joven y robótica de la selección española de fútbol está en Alcalá de Henares. Allí, en un aula repleta de cacharrería del colegio Miguel Hernández, Eduardo e Iván Gallego y Nerea de la Riva llevan más de una década investigando acerca de mecánica, inteligencia artificial y metodología de la divulgación de estos conceptos, entre otros. POR

David García (@SrGarcia)

Complubot es una asociación sin ánimo de lucro que comenzó en formato unipersonal tanto en esfuerzo como en financiación. Eduardo Gallego, ingeniero aeronáutico y amante irredento de la robótica, comenzó en 2003 un proyecto como actividad extraescolar. “Buscaba alternativas de contenido real a un sistema educativo que no funciona. Quería que los chicos desarrollasen la imaginación, la capacidad de innovación y el trabajo de equipo”, explica Gallego. Una década después cuenta con la ayuda de dos de los siete alumnos que comenzaron a recibir aquellas clases. Su hijo, Iván Gallego, de 18 años, y Nerea de la Riva, de 20, le ayudan a impartir las clases, a armar las máquinas y a investigar acerca de las posibilidades y aplicaciones que encierra la robótica. Además, son la cara humana visible de un equipo de competición que ya ha ganado cuatro Robocups, los campeonatos del mundo de fútbol para robots. “Esa es la parte más mediática aunque no la más importante de nuestro trabajo”, resaltan. La vocación de este ‘dream team’ robótico está volcada en la educación, en enseñar a los pequeños a pensar, a razonar, a dudar, a manejar sus manos, a percibir como cotidiano el proceso de fabricación de las cosas. Complubot es una fábrica de ‘makers’ de 6 a 18 años. “La robótica es solo la zanahoria. Aquí les enseñamos, sobre todo, a buscarse la vida, a resolver

FOTOS

Brian Walker

problemas. Trabajamos muchos aspectos a nivel de metodología de la educación. Lo menos importante es hacer robots”, declara el ingeniero. Explica todo mientras busca alguno de los robots que anda escondido entre los cientos de objetos que pueblan el laboratorio, agrupados en un, relativamente, caótico orden. “El desorden es creativo. Te empuja a planteamientos que no habías previsto y supone un esfuerzo extra”. En Complubot reconocen que hay algo de inocente engaño a los niños. “Vienen queriendo hacer un robot que destruya al de sus compañeros”, dicen. Al fin y al cabo, hemos crecido viendo a Mazinger Z y herederos. Sin embargo, lo primero que hacen es una carpeta que personalizan con tapones de botellas de plástico. “Para nosotros es muy importante que haya un desarrollo progresivo de la habilidad manual y que aprendan a trabajar con distintos materiales, a reciclarlos, reutilizarlos y darles diferentes utilidades”, declara Iván Gallego. Complubot lleva a cabo una labor que se define casi como evangelizadora. Les gusta aclarar que no cualquier máquina es un robot. “En mi pueblo, a un robot de cocina se le llama batidora”. La clave, explica Eduardo Gallego, está en la capacidad de decisión. Nº38 - 2013 / YOROKOBU / 51


“En España no se valora el trabajo, por eso se fugan los talentos” Nerea de la Riva

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Cuando Isaac Asimov enumeró en Runaround (1942) las tres leyes de la robótica por primera vez, soñaba con un escenario ideal en el que los androides sirvieran a los humanos de manera segura y eficiente. Inspirándose en ellas, Eduardo ideó su propia ley previa de la robótica. “Un robot es una máquina más inteligencia artificial. Reciben estímulos a través de sensores y actúan de manera independiente en función de esos estímulos”. Es la diferencia entre una orden y la voluntad, lo más parecido al libre albedrío que puede ejercer un ente no vivo. Insisten en que todo lo que nos rodea es tecnología y que parte de su trabajo pasa por definirla correctamente. Les gusta mostrarlo, por ejemplo, con harina, sal, aceite y zumo de limón. Con esos ingredientes fabrican una masa capaz de conducir la electricidad para enseñar a sus pequeños makers a usar diodos leds y a colocarlos correctamente teniendo en cuenta la polaridad. El joven Iván Gallego insiste en que los tecnólogos no son los que llevan un smartphone de última generación o tienen en casa una televisión conectada. “Tenemos que crear generadores y no usuarios de tecnología”. Para ello, en Complubot utilizan maderas, plásticos, fibra de carbón que generan en el mismo laboratorio, adhesivos, cable, papel… A partir de ahí, puede surgir cualquier cosa y, de hecho, cualquier cosa es bienvenida. “Nunca les damos unas instrucciones para que hagan algo. Como profesores nuestra postura preferida es mantener las manos en los bolsillos para que los chicos aprendan de lo que hacen, no de lo que les contamos”, explican. “En España estamos generando niños planos. La educación tiene un nivel curricular alto, pero muy bajo en cuanto a metodologías. Aquí el 90% es método”, declara Eduardo Gallego. Crean grupos en los que mezclan a niños de todas las edades. “Parecen los hermanos Dalton”, añade Eduardo. Quieren fomentar así el trabajo en equipo y relaciones humanas en las que, asegura, no hay tutela sino colaboración. Además, no siempre van por delante los mayores. “Nos llega niños que jugaban solamente consigo mismos. Tenemos que inculcarles el valor de la cooperación”. La actitud es habitualmente esa. Se apoyan en el método científico, en sus procesos divulgativos. Lo enseñan jugando, tocando, rompiendo cosas. No basta con que algo funcione, sino que hay que saber por qué. “Les decimos que hagan, por ejemplo, un coche. ¿Cómo? Tú mismo. Luego tendrás que explicar el porqué elegiste esos materiales y tendrás que defender tu postura”, cuenta el ingeniero. Tienen que observar, clasificar, elaborar sus hipótesis y corregir fallos porque Eduardo, Nerea e Iván reivindican el valor educativo del fracaso y llevan muy mal la intolerancia al error que hay en España. “Cuando haces algo bien a la primera, no

aprendes nada. Se aprende de los fallos”. Para los tres es fundamental implicar a los alumnos en procesos activos e inspiradores de aprendizaje. Ellos lo saben por experiencia. Mantienen el reto diario de conservar la motivación de alumnos que quería crear un robot asesino y que se dan cuenta de que la cosa va más allá; que la vida trata de tener recursos para ejecutar la tarea que uno desea o que a uno le encomiendan sin necesidad de tener a mano un guiaburros. Lo consiguen ya que, a día de hoy, la tasa de abandono es cero. En estos más de diez años de trayecto, Eduardo ha observado cómo la capacidad de sorpresa de los niños se va reduciendo de manera constante. “Antes eran más curiosos y ahora se aburren más pronto”. Tienen 38 alumnos este año y una amplia lista de espera. Los dolores de cabeza vienen, como suele ser habitual, por el lado económico. La asociación se financia mediante ejercicios de malabarismo que, inevitablemente, desembocan en que parte del dinero sale de sus propios bolsillos. “Somos un desastre como empresarios”, lamenta jocosamente el responsable de Complubot. Solo el equipo de competición, que es la tarjeta de visita de todo el proyecto, cuesta alrededor de 25.000 euros al año. Iván cuenta que han llamado a muchas puertas pero que a nadie le interesa invertir si el retorno de su recuperación no llega de manera rápida. Así que lo que hacen es picotear de aquí y de allá para sobrevivir. Acaban de comenzar una serie de cursos intensivos de formación para instructores en robótica educativa. Arduino y Lego les apoyan con material. Cuentan también con un patrocinador privado, una empresa mejicana, que les paga con equipamiento a cambio de la confección de bibliografía educativa. “Haces un trabajo para ganar dinero con el fin de poder seguir trabajando en algo en lo que no obtenemos recursos económicos. Curioso, ¿eh?”, dice el ingeniero. En Complubot son también apóstoles del conocimiento abierto y todo lo que implica la cultura ‘open’. “Llevo fatal los temas de copyright”, dice Eduardo. Alucinan con que puedan reproducir libremente un diseño que, poco antes, ha subido un tipo de Australia a internet. En el año 2008 comenzaron a trabajar con Arduino. Como ellos, llevaban desde sus comienzos en 2003 trabajando con elementos abiertos. David Cuartielles y Massimo Banzi, peces gordos del proyecto de placas de bajo coste, les propusieron algo tremendamente motivador. Fueron a verlos en 2010 a Bergamo (Italia), donde estaban compitiendo. “Nos encanta lo que hacéis. ¿Por qué no fabricamos un robot educativo Arduino?”. Como explica Nerea, a partir de ahí el reto estaba en “convertir un Fórmula 1 en un utilitario cuyo objetivo no es ganar sino servir como herramienta de aprendizaje”. Quieren acercar de esta manera la robótica educativa a todo el mundo. El futuro se lo agradecerá, por supuesto. +info: Complubot.org Nº38 - 2013 / YOROKOBU / 53


“Descubre tú las reglas” Eduardo Gallego

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Tres Leyes de la Robótica 1U  n robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que este sufra daño. 2 Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas entrasen en conflicto con la Primera Ley. 3 Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que este apoyo no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.1

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FENÓMENO


“Yo soy Ubik. Antes de que el universo existiera, yo existía. Yo hice los soles y los mundos. Yo creé las vidas y los espacios en los que habitan. Yo las cambio de lugar a mi antojo. Van donde yo dispongo y hacen lo que yo les ordeno. Yo soy el verbo, y mi nombre no puede ser pronunciado. Es el nombre que nadie conoce. Me llaman Ubik, pero Ubik no es mi nombre. Soy. Seré siempre”. (Ubik, Philip. K. Dick, 1969) POR

Mar Abad ILUSTRACIONES Blastto

La oscuridad zumbaba alrededor de Joe Chip. El per-

sonaje de la novela de Philip K. Dick vivía en una espiral de mundos concéntricos en los que nadie sabía realmente quiénes eran los vivos y quiénes, los muertos. En aquella sociedad todos los objetos y todas las personas estaban conectadas de algún modo. La información rebosaba. Había llegado a tal grado de sofisticación que en el planeta Tierra, en el año 1992, había legiones de telépatas y sistemas de previsión de comportamiento. Había productos Ubik anunciados como si se trataran de un remedio milagroso, y que resultaban inofensivos si se empleaban según las instrucciones. Un día Joe Chip lo descubrió. “Ubik”... “Ubicuidad”... Y ubicuidad significa ‘en todas partes’. Eso ocurrió en aquella novela pero su obra completa fue más allá. El norteamericano dibujó un futuro un tanto distópico en el que las instituciones y las corporaciones expandían sus tentáculos hasta crear un supraestado totalitario encubierto y una supervigilancia que lanzaba a la marginalidad a las personas que no obedecían, en sus actos y pensamiento, los dictados del sistema. El escritor Philip K. Dick condujo muy lejos el futuro. Tanto como pudo, porque, según escribió en un artículo, la ciencia ficción debía llevar al lector a ideas radicalmente nuevas y escenarios jamás imaginados. La novela de ficción era la forma, según el escritor, de liberar la mente del que leía y despertar su creatividad. Pero, bajo ese halo literario que pretendía estirar al máximo la imaginación residía una gran verdad. La ubicuidad, el mundo hiperconectado, la obsesión del poder por controlar hasta el

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último pensamiento de la población. La tecnología coincide con Dios en su poder omnipresente. Pero esto es reciente. A finales de los años 80 tan solo era un sueño. Apenas estaba en la imaginación de unos cuantos informáticos. Existía como un concepto que acuñó Mark Weiser con el nombre de ‘computación ubicua’. El informático estadounidense hablaba de una tecnología invisible, móvil, integrada en la vida de las personas y en los objetos que usan a diario, frente a la figura de un ordenador como epicentro de sus comunicaciones informáticas. “Mark Weiser, junto a sus colegas en Xerox, llevó a cabo una simulación sobre cómo sería el futuro de la computación personal. Entre otras cosas, en su experimento, presentó tres aparatos: la tableta gráfica (muy parecida al tablet), el tab (que sería el equivalente al teléfono móvil) y la pantalla colaborativa. Steve Jobs es famoso por copiar, más o menos, todo lo que pasaba en Xerox”, explica David Cuartielles, investigador y cofundador de la plataforma Arduino. “Lo interesante del tema es que esto se presentó en un artículo para Scientific American y ellos mismos no tenían muy claro que la computación embebida [sistemas de computación dentro de otro sistema] se encaminara hasta donde ha llegado. Un coche, por ejemplo, tiene más de 70 procesadores. La visión de Mark Weiser se ha cumplido con creces”. El mundo está formado por millones de dispositivos que conectan, incesantemente, objetos con objetos, personas con personas y objetos con personas. Estas operaciones dejan huella. La vida de un individuo está escrita en transacciones de tarjeta de crédito, controles aéreos, rastros de su GPS, navegación en internet, publicaciones en redes sociales...


ESTO TIENE SU CARA A

La conexión y el intercambio de información en un entorno de personas origina lo que el urbanista Domenico Di Siena llama sentient city (un término que no ve fácil de traducir al español y que, en todo caso, llamaría ‘ciudad sensible’). “Es una ciudad que se adapta y se transforma constantemente. El área contemporánea se basa en el conocimiento y el intercambio, como dice el sociólogo Manuel Castells. La sentient city ofrece a cada ciudadano la oportunidad de gestionar y transformar su entorno más próximo. Además, en la relación con sus vecinos surgen intereses comunes que luego podrían originar procesos de autoorganización”. Pero esta forma de entender las nuevas ciudades no coincide exactamente con el concepto de smart city. Di Siena cree que “los modelos que se están construyendo de ciudades inteligentes repiten los esquemas jerárquicos de toda la vida. La toma de decisiones sigue en manos de los mismos”. La tecnología ofrece la oportunidad de “generar una inteligencia evolutiva y un amplio conocimiento”, comenta el fundador de la agencia Urbano Humano. “Esto lleva a una ciudad más open source (de código abierto), donde los ciudadanos tienen más capacidad de autoorganización. En vez de imponer las decisiones de arriba abajo, se adoptan las más interesantes y las más aceptadas por los vecinos”. Di Siena matiza que no se trata de “autogestión”. “Hablamos de sociedades con un gobierno, pero se tiene en cuenta a los ciudadanos. Los gobernantes tienen que facilitar la participación de los vecinos en la gestión de la ciudad”. Esta tecnificación lleva, según el diseñador de urbanismo social, a la cuestión de la identidad digital de cada persona ,y esto, a su vez, tiene dos vertientes. Por una parte, “ayuda a que seamos más activos en el entorno en que vivimos y a que haya una mayor cohesión social con los vecinos. Un interés compartido hace que las personas se conozcan y que aumente la sociabilidad en el vecindario. La actividad online facilita estas conexiones”. Y por otro lado, encontramos...

SU CARA B

Los datos que proporcionan la identidad digital “se pueden utilizar de forma inapropiada”, apunta Di Siena. “A veces olvidamos que la gratuidad de algunos servicios de internet, como Gmail o Facebook, no es real. Pagamos a estas empresas con nuestros datos”.

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Para Alberto Corsín, el límite donde debería acabar el rastreo de información y en el que debería empezar la intimidad de una persona ha sido diluido por las ansias de control y los intereses marketinianos. “La computación ubicua ha sido pervertida”, asegura. El antropólogo considera que muchos gobiernos y muchas empresas se están sirviendo de las posibilidades de las smart city (ciudad inteligente), sentient cities (ciudades sensibles) o responsive environments (ambientes receptivos) para sus propios intereses. “Los individuos se han convertido en prosumers. Productores y consumidores de información a la vez. Esto entraña un peligro: se puede hacer un uso militar de esta información. Los servicios de inteligencia pueden controlar totalmente a una persona”, explica el investigador. “Nos hemos convertido en sujetos estadísticos. Nosotros producimos muchos datos de nosotros mismos. Vamos dejando trazas geográficas de lo que hacemos mediante compras con tarjeta de crédito, llamadas telefónicas, búsquedas en Google...”. Todos estos datos acaban creando perfiles de comportamiento, y en su versión más ambiciosa pretenden adelantarse al futuro. Uno de estos softwares ha sido creado por la empresa Raytheon y está destinado a rastrear información de una persona uniendo datos de distintas redes sociales (geoposicionamiento, fotos en las que está etiquetado y otras publicaciones hechas por él mismo y otros usuarios). “Estas inteligencias anticipatorias son muy peligrosas si se usan con fines militares”, continúa. “Una persona suele tener unos hábitos determinados. Si los cambia, puede convertirse en un sujeto sospechoso. Stephen Graham ha estudiado las máquinas que nos observan y habla de la militarización de la intimidad. Ya hay softwares de investigación que hacen una cuantificación estadística para normalizar a los sujetos. Nos acomodan como sujetos en función de un software. Y después se producirá la militarización del hardware”. Cities Under Siege. The New Military Urbanism (noviembre, 2011) trata sobre el “sueño de la omnisciencia tecnológica” y el “deseo de identificar las amenazas futuras antes de que se materialicen”. “Fantasías de omnipotencia de alta tecnología” que, para Graham, “son más que ciencia ficción”. El autor comienza su obra con una fecha. El 14 de noviembre de 2007 “Jacqui Smith, ministro del interior de Reino Unido, anunció uno de los intentos más ambiciosos por parte de un estado de realizar seguimientos sistemáticos y vigilar a todas las personas que entraban o abandonaban el país”. Era el controvertido proyecto e-Borders y consistía en “desplegar sofisticados algoritmos informáticos y técnicas de seguimiento de datos para identificar a personas ‘ilegales‘ o sujetos sospechosos”.


Para Graham, “e-Border es la alarmante militarización de la sociedad civil, la extensión de las ideas militares en los espacios cotidianos y la circulación del día a día”. El urbanista advierte del peligro que supone “la extensión de la seguridad del estilo de los aeropuertos y los sistemas de vigilancia que abarcan a ciudades enteras”. Esta actitud lleva la vida militar y la guerra misma al “corazón de la vida ordinaria de la ciudad”, según explica el urbanista en su obra. “Este nuevo urbanismo militar, en todo su alcance y su complejidad, reside en una idea central: las técnicas militares de monitorización y selección de objetivos debe colonizar de forma permanente el paisaje de la ciudad”. Bajo sus redes quedan, de acuerdo con Graham, “internet, YouTube, la tecnología GPS, los teléfonos móviles, el tráfico aéreo, el turismo global, la migración internacional, los sistemas portuarios, las finanzas globales, el servicio postal e incluso la red eléctrica”. “Las guerras actuales se desarrollan en supermercados, en torres de edificios, túneles de metro y distritos industriales más que en campos abiertos, junglas y desiertos”. La tarea no tiene ninguna complejidad. Explica Graham que “muy a menudo, la tarea militar de rastrear, monitorizar y perseguir objetivos no requiere construir nuevos sistemas tecnológicos. En su lugar, se apropian de los sistemas organizados digitalmente en las ciudades para el consumo y los viajes”. “Las interacciones entre personas y las transacciones a través de internet proveen la base de toda la información que analizan para buscar supuestos comportamientos amenazantes”, escribe el investigador. “La iniciativa CCTV de instalar cámaras en Lower Manhattan (Nueva York) diseñada para que los comerciantes se sintieran más seguros se ha transformado en sistemas de monitorización antiterrorista”.

demasiado este concepto a las cuentas de las redes sociales y no sabemos que muchas empresas manejan muchos más datos sobre nosotros”. Pero es solo cuestión de tiempo. En el futuro los ciudadanos serán más conscientes de la importancia de la identidad digital. “Ocurrirá como ha sucedido con la ecología o el procomún. Antes nadie hablaba de esos temas y ahora existe una conciencia ecológica y cada vez se conoce más el procomún. El tema ecológico ha entrado en la educación. Pasará igual con la identidad”, apunta Di Siena. Muchas personas hablan ya incluso de la ‘autonomía digital’. Este concepto se refiere, según el urbanista, a la capacidad de la tecnología para empoderar a las personas. “La mayor parte de las tecnologías actuales pertenecen a empresas”, continúa. [Piensen en Facebook, Google, Twitter, Dropbox y una lista infinita de servicios cotidianos]. “Pero también hay movimientos que desarrollan tecnologías donde el usuario controla los datos y el servidor. Es importante separar los datos del servicio y hay que saber que son cosas muy distintas. Los datos son tu identidad. El servicio es una herramienta”. Un usuario controla su identidad cuando separa los datos del servicio, según Di Siena. “Tienes que alojar los datos en un servidor que controles tú. Eso llegará cuando los datos estén en redes distribuidas en vez de estar concentrados en Google, Facebook... La red social Diaspora, por ejemplo, es una red distribuida. Hay herramientas que impiden que sigan tu rastro”.

Pero no todo está perdido. Hay medidas para frenar al poder político y militar. “Para empoderar al ciudadano existen el open data (datos abiertos) y el open source (código abierto). El ciudadano debe tener acceso a los datos de la administración”, indica Di Siena.

Pero podría ser que lo más conveniente residiera en el punto medio. Di Siena asegura que “no siempre es negativo poder conocer el histórico de una persona en las redes sociales. Hemos pasado de entender internet como lo anónimo a la certeza de que dejamos un rastro y tenemos la posibilidad de conocer a otras personas y su entorno más próximo. Desde que esta información es pública, la gente tiene más cuidado con lo que hace porque puede perjudicarle. El conocimiento de estas identidades permite que existan servicios para compartir productos y servicios. Ocurre con los coches (Carsharing), las compras a particulares (eBay), el alquiler de casas (AirBNB)... Esto hace posible que los usuarios logren ver en quién pueden confiar”.

El manto de oscurantismo que la mayoría de los gobiernos y los ejércitos quieren extender sobre la información también tiene un antídoto. Según el urbanista social, “hay que educar a la población sobre el control de la identidad digital. Asociamos

“Aquello era solo el comienzo”. (Ubik, Philip. K. Dick, 1969)

Y SUS BONUS TRACKS

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Desde un plano jurídico los datos pueden proceder de dos fuentes. “Las que derivan de relaciones contractuales a las que el sujeto de derechos no tiene más remedio que someterse y las que se basan en la propia entrega que el sujeto realiza de los datos propios y de su entorno”, explica Javier de la Cueva. El abogado especializado en derecho de las tecnologías de la información asegura que “el derecho a la privacidad proporciona al titular la posibilidad de acceder, rectificar, cancelar y oponerse al tratamiento de los datos que se hallan en posesión de un tercero. Pero, en la práctica, el ejercicio de estos derechos opera de una manera diferente si los datos los tienen por la vía de un contrato o por la vía de los hechos”. De la Cueva asegura que “es bien conocido que quienes gestionan los ingresos y pagos de una persona tienen una fuente de datos inmensa. Un banco o una empresa de tarjetas de crédito conoce perfectamente el perfil del cliente: si es una persona dadivosa, tacaña o en qué segmento socioeconómico se integra. Es tan difícil huir de esta posibilidad como lo es vivir sin cobros y pagos a través de una entidad financiera. No solo encontramos estas posibilidades en manos de bancos, sino también de compañías de telecomunicaciones y de aquellas otras empresas sobre las que un cliente va dejando una huella cronológicamente comparable. En estos casos, la propia existencia de los servicios implica que quien los presta ha de poseer necesariamente los datos del cliente, por lo que los derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición no pueden ejercerse hasta el final de la prestación”. El abogado experto en propiedad intelectual habla también de otro asunto. ¿Qué ocurre cuando una persona

entrega sus datos a una empresa en la que participa de forma voluntaria como, por ejemplo, Facebook, Twitter o cualquier sistema de geoposicionamiento? “El primer aspecto nos lo demuestra la práctica”, explica. “No solo se entregan los datos personales propios, sino del entorno territorial o emocional en el que uno se mueve. Un paradigma es el tuit de un tercero en el que menciona que estamos en una cena sin que nos pregunten previamente si queremos que se sepa que estamos ahí”. “El segundo aspecto es que, incluso cuando una persona quiera ejercitar sus derechos de acceso, rectificación, cancelación u oposición, quizás no encuentre dónde o con quién. En estos casos, ejercitar tus derechos tiene barreras tecnológicas y jurídicas”, continúa. “Sobre las barreras tecnológicas, el ejemplo típico es el de webs de contactos que por sí mismas incluyen tu correo electrónico y te envían algunos que tú nunca has solicitado. Para darte de baja de esos correos tienes que entrar en su web (un site donde obviamente nunca te diste de alta) y firmar la aceptación de sus términos y condiciones en los que figura, precisamente, que te pueden enviar mensajes. El sistema más práctico es configurar un filtro como si fueran spam, pero con ello uno no ha logrado que un tercero haga uso de tu correo electrónico”, especifica De la Cueva. Y en caso de querer recurrir a la ley, ¿es fácil? “Una persona encuentra barreras o dificultades jurídicas porque en caso de conflicto, para ejercer sus derechos, tendría que recurrir a una jurisdicción extranjera ante la que tendría que alegar un derecho también extranjero”.


EL PUENTE QUE SURGIร“ DEL CROWDFUNDING POR Gema Lozano FOTOS Ossip van Duivenbode /ZUS [Zones Urbaines Sensibles] in Rotterdam

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A Los Mismos el miedo les podía. En la canción que el grupo pop español popularizó a finales de los 60 aseguraban que, aunque tenían intención de viajar de Valencia a Mallorca, podían esperar todo el tiempo que fuera necesario con tal de no tener que recurrir ni al barco ni al avión. Confiaban en que, algún día, un largo puente uniría la ciudad levantina con la isla balear, lo que les permitiría hacer el recorrido en bici, a pie o haciendo autostop. En Rotterdam no tienen tanta paciencia. Por eso, hace algún tiempo decidieron que, si lo que querían era un puente peatonal que comunicase el centro de la ciudad con los barrios periféricos del norte, lo mejor era ponerse manos a la obra cuanto antes. Porque, aunque entre los planes urbanísticos del gobierno municipal se encontraba la remodelación de la zona y la posible construcción de un paso peatonal que uniese ambas, no se trataba precisamente de un proyecto a corto plazo. El Ayuntamiento calculaba que el puente podría ser una realidad dentro de unos 30 años… La ciudad no podía esperar tanto. La única vía para acortar los plazos de un proyecto de ese tipo pasaba, sí o sí, por encontrar financiación. Y el crowdfunding era la solución. El estudio de arquitectura y urbanismo ZUS [Zones Urbaines Sensibles] se puso al frente del plan, al que denominó I Make Rotterdam, y cuyo primer paso debía ser, precisamente, la construcción de un puente peatonal que uniese el distrito centro de la ciudad con el barrio de Hofbogen. Una zona a la que el tráfico rodado le había despojado de la vida y animación de la que gozaba décadas atrás. Tanto el Luchtsingel (puente elevado, en neerlandés) como el resto de futuras acciones enmarcadas dentro de I Make Rotterdam debían recuperar aquella área para los peatones. En los 17.000 tablones que, según cálculos de ZUS, dispondrá el puente, una vez que esté finalizado, está la clave de la financiación del proyecto. Por 25 euros, un ciudadano puede sufragar una de estas planchas de madera y ver plasmado su nombre en ella. O si prefiere una presencia mucho más evidente en la infraestructura, puede optar por subvencionar algún otro elemento más complejo y cuyo precio puede llegar a ascender hasta los 1.250 euros. Todo depende del presupuesto del que disponga. Hasta la fecha, según Violet Baudet, de ZUS, más de 1.300 personas han participado en el proyecto como mecenas del Luchtsingel. Gracias a ella, ya se han construido 150 metros del puente. Durante la próxima primavera dará comienzo la segunda fase durante la que se espera continuar con otros 200 metros más. 66 / YOROKOBU / Nº38 - 2013


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TE ODIO POR CINCO LIBRAS POR

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Enrique Alpañés


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Hace unos meses el ilustrador Mr Bingo se reunió

con varios agentes de la editorial Penguin Books para tantear la posibilidad de publicar un libro. Una semana más tarde y sin tener todavía respuesta, Mr Bingo les escribió cuatro postales. En las tres primeras despotricaba sobre su profesionalidad, su personalidad e incluso sobre la comida que le habían ofrecido durante la entrevista. La cuarta y última postal la dirigió a toda la empresa. En ella había dibujado un pingüino decapitado sobre un lema claro y conciso: ‘Go fuck yourselves’. Dos semanas más tarde, los agentes de Penguin Books se pusieron en contacto con Mr Bingo para decirle que estaban encantados y que seguían adelante con el proyecto. El libro, efectivamente, acaba de salir al mercado. Se llama Hate Mail y es una recopilación de postales llenas de odio inocuo. “Algunos me dijeron que fue una maniobra arriesgada”, comenta ahora Mr Bingo sobre las cuatro postales remitidas a Penguin Books, “pero quería asegurarme de que entendían el proyecto. Si lo pillaban perfecto. Si no, no podríamos trabajar juntos”.

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Pero esta historia no se fraguó en los despachos de una editorial. El proyecto de Mr Bingo comenzó en su salón mucho antes, con un ordenador encendido y unas cuantas copas de más. En este contexto Mr Bingo envió un tuit al ciberespacio. “Enviaré una postal ofensiva a la primera persona que conteste a este mensaje”, rezaba. La combinación de Twitter y alcohol suele dar como resultado el ridículo en su vertiente más exhibicionista. Normalmente acaba con aspirinas, litros de zumo y un exterminio discriminado de tuits, pero en el caso de este inglés de 30 años terminó en un proyecto artístico que no acaba de tocar techo. Después de mandar la primera postal a un tal Johnathan, la cosa se empezó a hacer grande. “Colgué una foto del primer ‘hate mail’ y la respuesta fue tan buena que pensé que tenía que convertirse en un servicio”, rememora Mr Bingo desde su estudio londinense. Y así fue cómo este ilustrador empezó a cobrar cinco libras por mandar postales con los insultos más ofensivos y los dibujos más surrealistas. Llegó a mandar hasta cuatrocientas. Sorprendentemente, el odio vende. Vende incluso más que el amor, básicamente, porque es más divertido. “Bueno, puede serlo”, matiza Mr Bingo.


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“El amor no lo es; así que no estoy interesado en él. Quiero decir: me gusta el amor para mi vida, pero no quiero trabajar con ese concepto”. Desde su nombre (que viene de una buena racha en el popular juego del bombo) hasta su trabajo, Mr Bingo se toma la vida como un juego. “Está bien que los diseñadores se tomen en serio a sí mismos; simplemente, no es la forma en la que yo hago las cosas; mi trabajo es entretener y divertir”. Con esta idea en mente dibuja por igual pollitos con enormes penes, pelucas de personajes famosos o viñetas para publicaciones como TIME o Washington Post. Sin embargo, ha sido Hate Mail el proyecto que más fama le ha dado. El secreto de su éxito puede radicar en “la diversión que encuentra la gente en que la insulten” o en el contraste entre la foto de la postal y su contenido. “Me gusta la yuxtaposición de las imágenes dulces y entrañables en el anverso y el horrible mensaje del reverso; añade humor”, sentencia convencido el artista. Pero lo más irónico es que Mr Bingo no odia realmente a nadie. “La verdad es que es un sentimiento muy fuerte, no puedo decir que lo sienta contra

nada ni nadie”, resume lacónico. Aunque no lo parezca, el odio también tiene sus reglas. El contenido de las postales es completamente aleatorio, no se aceptan sugerencias, los destinatarios deberán dar una dirección del Reino Unido y, como reza su página web, “Mr Bingo no será responsable de cualquier daño mental o pensamiento suicida que el remitente pueda tener después de haber recibido un ´hate mail´”. De momento, esto no ha sucedido. Nadie que él sepa se ha tomado a mal una postal suya. Puede que sea porque lo hace desde el desconocimiento, lo que permite insultar sin ofender. “Es más fácil atacar a un extraño que a alguien que realmente conoces”, dice Mr. Bingo. “No sabes cómo son o qué defectos pueden tener, así que puedes soltar lo que quieras sin sentirte culpable”. Tampoco él se ha ofendido cuando cientos de fans le han enviado insultos en forma de cartulinas sulfatadas de 10 x 15 centímetros. Es más, le gusta. “Si pudiera enviarme un ‘hate mail’ a mí mismo, me escribiría: ‘NO ERES TAN BUENO COMO CREES’”, comenta divertido. Puede que lo acompañara de un dibujo de dudoso gusto ascético pero de un gran estilo estético. Aun así, por una vez, podríamos decir que ha errado en el mensaje. Nº38 - 2013 / YOROKOBU / 73


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TE ODIO POR CINCO LIBRAS

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NO LEAS. ยกDIBUJA!

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NO LEAS. ยกDIBUJA!

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Liechtenstein: A retrospective

125 piezas de este genial creador en la mayor exposición dedicada a su trabajo en 20 años. Tate Modern Londres hasta el 27.05.2013

¡Yo también animo!

Taller de animación para niños de 8 a 12 años. Nube+Aula Matadero Madrid

16.03.2013 Oh BCN

Convención de Open hardware, electrónica y robótica. Citilab Barcelona

05.2013 (fecha sin confirmar) Dream Hack

Un festival de tres días de eSports y cultura digital que se autodenomina el ‘Woodstock digital’. Feria de Valencia Valencia

18-21.07.2013

YOROKOBU Agenda Salón del cómic Barcelona Fira Barcelona Montjuic www.ohbcn.org Barcelona

Madrid

11-14.05.2013

04-05.04.2012

Creativity Meeting Point

TEDx: ¿Es nuestro Universo el único universo?

Gamification, Diseño para todos, Robots, Pecha Kucha. Museo Marítimo Bilbao

19-21.03.2013 The impostor

La historia comienza con la perturbadora desaparición de Nicholas Barclay, un niño de Texas de 13 años. Tres años y medio después se reciben noticias sorprendentes sobre el caso: el chico ha sido hallado en España. Cineteca Matadero Madrid

7-8,15, 21-22.03.2013 Anonymization

Una exposición fotográfica sobre la profusión de las macrourbanizaciones por todo el mundo y sus consecuencias. La Casa Encendida Madrid

08-26.05.2013

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Taller Vida

Encuentro con el colectivo de artistas digitales suizos etoy.Corporation. Fundación Telefónica

La conferencia nos adentra en el corazón de la cosmología moderna donde hay un misterio: ¿Por qué nuestro Universo parece tan exquisitamente preparado para crear las condiciones necesarias para la vida? La Casa Encendida Madrid

06.03.2013 Encuentro Internacional Libre Graphics

Un simposio que reúne a desarrolladores y diseñadores de todo el mundo para trabajar con las diferentes herramientas existentes de código abierto y gráfica libre. Medialab-Prado Madrid

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NUMEROGRAFÍA#38 Autor: Albert Romagosa Número favorito: 4 www.albertromagosa.com

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Dalí soñaba en las horas cuando pintó aquellos relojes que caían sobre una especie de abismo derretido. Albert Romagosa no pensó ni en Dalí ni en su obra cuando diseñó estos números. Pero les ocurrió algo parecido. Fueron expulsados del imperio de la línea recta y tomaron formas similares a la de un objeto que se resbala por cualquier oquedad. “Supongo que me inspiré en la idea de no hacer números sencillos y normales, sino, más bien, algo fuera de lo común o en los límites de la comprensión directa del carácter”, explica el diseñador. “Llegué a esta conclusión formal comenzando por el dibujo de los números. No sabía cómo acabaría. Diseñé los caracteres con un guión entre geométrico y grotesco, los dividí en partes según su legibilidad y los hice explotar. ¡Lo he pasado genial!”.


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