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una compañía tradicional, acostumbrada a trabajar con una filosofía más jerárquica. “Tienen que ser personas adeptas a trabajar con la comunidad. A gestionar conversaciones y facilitar el diálogo”. “Lógicamente, también repercuten en la forma en que administramos el negocio. Cuando la crisis nos obligó a aumentar los precios, la primera cosa que hicimos fue hablarlo con la comunidad y pedirles opiniones para gestionarlo de la mejor manera posible. Recibimos miles de respuestas. Era un decisión complicada, pero lo afrontamos de una forma abierta y honesta. Creo que nos lo agradecieron”, señala el CEO de la compañía. Actualmente se puede hablar de un modelo de negocio en auge, pero no siempre fue así. “2010 fue un año complicado. Llegamos solo al 20% de nuestros objetivos. Teníamos una participación increíble, pero no se estaba traduciendo en ingresos. Precisamente fue la participación de los usuarios lo determinante para convencer a Telefónica de que siguiera apostando por el proyecto. Al año siguiente las cosas cambiaron por completo y la inversión empezó a dar sus frutos. Superamos nuestros objetivos”.

UNA STARTUP EN EL SENO DE UNA MULTINACIONAL

Giff Gaff tiene mucho de startup en su filosofía y su sede está en una oficina independiente, pero es difícil ignorar que es propiedad de una enorme multinacional que vive con los problemas que ellos critican. ¿Afecta eso a su imagen e independencia? “Tiene una doble lectura. Por un lado, puede hacer que algunas personas desconfíen, pero también da una cierta seguridad desde el punto de vista técnico. Nuestros clientes saben que hay un respaldo tecnológico muy fuerte detrás de Giff Gaff. Pero, al fin y al cabo, la forma en que gestionamos el negocio es completamente distinta e independiente”. “No voy a mentir tampoco. No siempre es fácil. Ha habido momentos en que nuestra visión choca con la de una gran multinacional. Nosotros somos bastante críticos con las aseguradoras de telefonía móvil, lo que nos ha valido alguna que otra reprimenda de Telefónica porque para ellos es un

gran negocio. Aun así, no me puedo quejar. Nos dejan hacer y siguen apostando por esto”.

“NOSOTROS NO SOMOS LOS RAROS, ELLOS TENDRÁN QUE CAMBIAR”

Llegado hasta este punto, Fairman cree tanto en el consumo colaborativo que se aventura a predecir que, aunque ahora parezcan los raros, el resto de compañías acabará adaptándose a la filosofía de Giff Gaff. “No pueden ignorarnos. Tendrán que cambiar y convertir la participación en la clave de su modelo de negocio. Yo mismo trabajé un tiempo en Telefónica antes de estar aquí y me encontré que, cuando queríamos responder en un foro, se trataba como una nota de prensa que tenía que pasar por múltiples filtros. Pasaba todo por legal antes de poder hacer cualquier cosa. Antes o después eso tendrá que cambiar. En Giff Gaff nuestros empleados participan directamente en las conversaciones. No tenemos ese lastre”. El éxito de Giff Gaff muestra, una vez más, el grado de implicación que puede tener la gente a cambio de incentivos bien estructurados. Influye el dinero, pero es algo más. “También es el estatus. Tener buen karma. Estar bien considerado en la comunidad”, dice Fairman. Filosofías que están funcionando en el mundo de la empresa, pero que fácilmente podrían servir de modelo para las administraciones públicas. Compañías como Giff Gaff no solo tienen la llave para cambiar la telefonía móvil. Tienen la clave para crear un nuevo modelo de sociedad. “Las personas somos inteligentes. Si nos dan las herramientas, nos podemos liberar de la burocracia. Nada se interpone para llegar a una solución. La inteligencia colectiva se impone”.

EL SIGNIFICADO DE GIFF GAFF El nombre poco ortodoxo de Giff Gaff no se escogió por casualidad. Resalta la reciprocidad. “Es una palabra escocesa que significa ‘toma y daca’. Resume a la perfección lo que estamos intentando hacer”, dice Mike Fairman, CEO de la compañía.

Nº32-2012 / YOROKOBU / 53

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