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EL PEGAMENTO YA NO COLOCA POR

Gema Lozano

Retrotraigámonos a unos treinta años atrás. Clase de manualidades en el aula de un colegio cualquiera. En pocos minutos, el ambiente se tornaba artificial. El fuerte olor del famoso pegamento del que se decía “que no tenía remedio” flotaba en el ambiente. Y se perpetuaba tanto que aún podía respirarse durante la hora de matemáticas, la siguiente de lengua y en la de música…

La idea de poner en marcha el proyecto surgió, según Romero, mientras trabajaban en el desarrollo de un adhesivo para la industria alimentaria. “Es entonces cuando comenzamos a elaborar una formulación adhesiva que sirviera como material escolar. Algunos adhesivos y colores escolares contienen productos cuyo contacto prolongado con el niño no es recomendable”.

Las cosas han cambiado mucho desde entonces. Con independencia de su grado de toxicidad real, rara vez un adulto dejaría en manos de un niño un producto con semejante aroma, al igual que no se le ocurría viajar con él en un vehículo sin un sistema de seguridad homologado.

Frente a aquellos componentes químicos, Applied Foods se propuso aplicar otros de origen alimentario (principalmente, vegetal) cuya inocuidad estuviese ampliamente demostrada en aplicaciones no alimentarias.

Es posible que este contexto actual haya favorecido la proliferación de iniciativas como las de Applied Food, una empresa navarra que desarrolla productos de uso infantil, alimentarios y adhesivos para la industria del packaging alimentario con materiales de origen natural, inocuos para el usuario y también para el medio ambiente. O quizá son empresas como esta las que han ayudado a concienciar a la sociedad sobre valores como la seguridad, la sostenibilidad y la innovación de los productos que utilizamos cada día. De hecho, Olga Romero, una de las promotoras de Applied Food junto a Rafael Fernández de Muniain, tampoco sabe a ciencia cierta si fue su rol familiar o profesional el que se impuso a la hora de poner en marcha su empresa: “Ambos promotores hemos trabajado en el sector agroalimentario durante muchos años en operaciones, desarrollo de producto (I+D+i) y seguridad alimentaria. Como padres de cuatro hijos hemos estado siempre muy concienciados con todo lo relativo a la seguridad de los niños, y en mi caso particular, como farmaceútica y experta en seguridad alimentaria, muy preocupada por todo aquello que compone los productos que comemos o que de alguna forma está en contacto directo con nuestro organismo (cosméticos, productos de higiene, ropa...)”.

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Así fue como crearon su línea de material escolar, compuesta por pegamento y colores en gel. “Su uso es totalmente seguro para los niños, incluso si se lo llevan a la boca. Hablamos de productos no solo certificados como juguetes, sino que poseen su registro sanitario como alimento y que se elaboran en una fábrica de alimentación”. Y ya que trabajaban con alimentos, Romero y Fernández de Muniain aprovecharon para poner en marcha otra gama de productos, esta vez dirigida a la repostería artística: colores para la decoración de tartas, el fondant que se emplea para recubrir tartas y bizcochos, etc. Para la tercera pata de su negocio, el packaging alimentario, Applied Food trabaja para conseguir adhesivos sostenibles que no produzcan migraciones peligrosas a los alimentos. En su día, la viabilidad del proyecto de Applied Food logró el apoyo financiero de Start Up Capital Navarra, así como el de otros dos socios minoritarios (“familiares que nos han prestado su apoyo financiero para arrancar el proyecto”, detalla Romero). Un año después de su creación, Applied Food comercializa sus productos a través de dos marcas propias (Glood y Sweet Home) y trabaja también con empresas como Imaginarium o la danesa Childhood Supply.

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