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Rojo Carmesi . .Y entonces el beso fue apasionado. Lo miraba de cerca, muy de cerca y nuestros ojos parecían unirse a cada parpadeo. No había esa sensación de calidez que me imaginaba tenía que haber. Duramos casi cinco minutos. Mi lengua saboreaba su fría limitación y mis manos tambaleaban en el aire sin saber qué hacer. Era apasionado porque lo deseaba, lo soñaba. La saliva se entremezclaba pero ninguno de los dos la tragaba… De pronto, entró mamá y tuve que limpiar el espejo bajo su mirada de intriga y sorpresa. Me gritó. “Malnacido, que es esa falta de respeto (?) contra la moral y valores de esta casa” Me dije: Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor. La nariz la tenía espolvoreada con algo blanco que no la dejaba hablar muy bien y trataba de estornudar en una especie de monologo que era desesperante. Hoy todavía sigo sin entender que me quiso decir aquel día. Ese es tal vez uno de los últimos recuerdos que tengo de mamá. Mamá había estudiado en la Universidad de Purdue en Estados Unidos algo así como Psicociencia o pseudociencia y postestructuralismo. Eso la desquició. Allá conoció las drogas y a un tal Jean Bricmont. Ella le ayudo a hacer un libro que mencionaba a cada rato como un tic mental: Imposturas intelectuales. Él la embarazó y la abandonó. Nunca más se volvió a saber de ese tipo… Acá en Bolivia ella siguió consumiendo drogas, tal vez para recordar a Jean… No ha pasado un solo día en que mamá no consuma alucinógenos, es adicta ya hace más de once años.

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Al salir del baño me lamente de no haber podido culminar el beso como yo quería. Sí, fue apasionado pero triste. Nunca había besado a nadie y eso era lo más cercano que estaba de sentir los labios de otra persona. Entré al cuarto. La noche era fría y larga. Me senté al borde de mi cama y esperé a que las lágrimas que emanaban de mis ojos inundaran mi habitación y me llevaran con desdén a islas de divagaciones en otras mentes… A propósito, dejé de pensar en la música de la banda sonora de la película EADJJPECRF, me estaba deprimiendo y empezaba a pensar estupideces. Los crujidos de las ramas en la ventana me estremecían y las sombras negras, danzantes, dejaban ver a “mi” oscuro gato… Era negro, con unos grandes y melancólicos ojos verdes… Lo más curioso del caso es que no era mi mascota ni la mascota de la familia, aparecía cada vez que se avecinaba una tragedia en la casa. Fantasmal era el nombre que le había puesto. Dos años atrás se apareció en el funeral de mi tío Kenneth Gaspar. Lo volví a ver hace un año exactamente, cuando murió mí amigo Edward Louis Severson III. Ahora está en la cocina escarbando los desechos de familia que se podría llevar… Se aproxima la tragedia. No tenía sueño pero tampoco tenía ganas de seguir despierto. De todas maneras me recosté y cerré los ojos. Pensé que vendría y me acariciaría los labios con sus dulces manos, luego los besaría y escaparíamos de la incertidumbre del sueño… Nada de eso pasó. En cambio sí empecé a oír como en el piso de abajo de aquella derruida casa, los sonidos y las voces de varios personajes empezaban a gritar, entre ellas, la de mi hermanita. Me levante de mi cama y en medio de la bulla y las paredes húmedas y desquebrajadas alcancé a ver a Laura jugando con unos pedazos de vidrio. Estaba envuelta en desechos de basura con una manta sucia y algunas cascaras de naranja. Alrededor, mi padre y un grupo de hombres experimentaban el placer mundano del licor, o eso era lo que parecía. Hablaban y gritaban de cosas sin sentido. Corrí hacia donde Laura y le quité esas porquerías. Lloraba sin parar. No tenía consuelo alguno… Le canté algunas canciones de cuna y le di un pedazo de pan que me había sobrado del almuerzo. Es triste que mamá haya tenido hijos con cada hombre que se acostó en su vida…

Maldita! !

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Papá no se daba cuenta de lo que pasaba. Tenía los ojos hinchados y la cara roja de tanto beber. Hablaba con una voz agresiva y no paraba de decirme estupideces sobre magia, religión y ritos… Debía estar enloqueciendo. Los tipos parecían molestos el uno con el otro. Ninguno sabía de qué hablar con exactitud. Chispazos de prepotencia escupían de vez en cuando pero ninguno sabía lo que decía. Uno de ellos tenía un librito de poesía y repetía la frase: Las risas que inundaban la casa pero también los silencios, las risas que inundaban la casa pero también los silencios… Me entraron las ganas de golpearlos a todos pero me contuve, además en mis brazos estaba Laura.

Siguieron bebiendo. Cada uno de ellos tenía un cierto aire a intelectual mediocre. Después de unos minutos discutían sobre quien había visto la escena de cine más impactante de la historia. Habían tomado chicha y la verdad es que ninguno tenía muy claro lo que había visto… Uno de ellos, un tal Alfred, decía que para él la más impactante era la de una película que se llamaba Psicosis: Un hombre apuñala a otro hombre en una bañera… La sangre se chorrea por el sifón y la música baila al son de las puñaladas… Otro decía, Wolf se llamaba, que era El pueblo de los malditos: Un grupito de niños con el cabello negro y los ojos brillantes aparecían en el horizonte caminando muy lentamente.. Se acercaban y la muerte se hacía presente… El más borracho de los cuatro, Luis, dijo que había sido una película que se llamaba El gato andaluz: Un hombre afilaba una cuchilla, salía al balcón y le cortaba el ojo a la mitad a una muchacha que no oponía resistencia. Lo curioso del caso es que todas la películas que nombraron eran de 1960, década de las revoluciones culturales en el mundo y a mi alrededor, un espectáculo decadente. La chicha regada por todo el piso, el viento frio y congelante entrando por los vidrios rotos de las ventanas desgastadas, una llovizna que empezaba a martillar en las corroídas tejas de barro, una oscuridad mortuoria que decoraba la perdición de la vida y yo, con Laura en mis brazos…

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Subí de nuevo a mi habitación y me senté en el suelo a pensar… A soñar. Nada peor que el destino que me había tocado: Pobreza, desgracia, miseria, hambre… ¿Habría alguna posibilidad de acabar con esto? ¿Sería yo capaz de hacer lo que tenía pensado? Los destellos del sol empezaban a aparecer por medio de las hojas verdes de los viejos arboles. Ya era 27 de agosto de 2011. Había escampado y el vapor oloroso de las calles le daba paso a un nuevo día, un día lleno de tragedias en el barrio El Universo. La gente ahora usaba sus paraguas como bastones y jugueteaban con los pequeños charcos que merodeaban en las calles de la ciudad. No más el hecho de amanecer era ya trágico para mí. Otro día más soportando el mismo karma de llevar una vida sin oportunidades y saber que seguía sin besar a una mujer. Parecía estúpido pensar en eso, pero era algo que necesitaba hacer… Era algo que me ayudaría a librar de todos los deseos que llevaba ocultos en mi mente. Todas las cosas reprimidas que no había podido hacer y soñar se encerraban en un beso. Salí del cuarto. Busqué a Laura y la cargué entre mis brazos tal como la noche anterior. Le dí algo de comer, yo no comí nada. Con el calor encima de mi cuerpo y la rabia por querer librarme de este espejismo cogí un cuchillo oxidado de la cocina. Estaba decidido a terminar con esto de una buena vez. Las gotas de sudor caían por mi cara bañándola terriblemente desde lo más alto de mi frente hasta la punta de mi barbilla. Los borrachos seguían ahí. Uno de ellos me grito y me repitió: “Muchacho, hoy se cumplen veinte años del Ten, muchacho, hoy se cumplen veinte años del Ten” Seguían diciendo barbaridades… Pero daba lástima deshacerme de él en el estado que estaba. Además ese no era mi objetivo.

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La seguí buscando… Mamá estaba tirada en uno de los rincones de ese basurero con una falda a medio vestir y unos brasieres sucios que daban lastima… Repetía a cada rato el nombre de Jean Bricmont. “Por qué te fuiste Jean… POR QUÉ!! Con esto iba a acabar el sufrimiento de ella y el sufrimiento mío… La única testigo sería Laura. Ahora el cadáver exquisito beberá el vino nuevo, beberá la sangre de la inmortalidad de los sueños. Levante el cuchillo suavemente, quería disfrutar tanto como lo haría si besara a una mujer… Empuñé con más fuerza aún y bajé rápidamente la mano, con toda mi fuerza justo al corazón desgarrado de mamá. Justo antes de tocar un ápice de piel, desperté del sueño. Fantasmal me estaba lamiendo la boca y su pelaje ya no era negro puro, era rojo carmesí… FIN

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Rojo carmesí