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Infancia 1984 20 de marzo de 1984. Según me han contado mi nacimiento vino muy bien para tranquilizar los nervios de mis padres, Flori y José. Mis dos hermanos, Mari Paz e Israel -que tenían 8 y 7 años respectivamente- eran dos trastos y yo, sin embargo, siempre he sido un niño bastante tranquilo... en casa por lo menos. 1988 A los cuatro años comenzó a surgir mi interés por el fútbol. 1989 Tenía cinco años cuando ingresé en mi primer equipo, el Parque 84. 1994 La primera vez que jugué en un equipo de fútbol 11 tenía diez años: el Rayo 13.. A los tres mejores de la temporada les daban la oportunidad de hacer la prueba en el Atlético. Ese año marqué 55 goles en la Liga y por eso fui seleccionado. 1995 Con once años entré en el Atlético de Madrid, era el primer año de alevín, y Manolo Rangel, mi entrenador. 1996 Llego al Infantil B con doce años. Los partidos eran más difíciles, el resto de equipos tenían jugadores mayores que nosotros y eso se notaba. De todas formas, aunque no ganamos la Liga, quedamos bastante bien clasificados. Respecto al año anterior teníamos el mismo bloque pero ya se habían caído seis o siete chavales. Me pasaba el día jugando y estudiando. 1997 El fútbol seguía siendo una afición, pero ya sentía lo que era pertenecer a un equipo como el Atlético. Era mi tercer año en el fútbol base. Mi llegada coincidió con el doblete y esta circunstancia provocó que me identificase más con el Club. 1998 En Cadete cambié de entrenador. Pedro Calvo era quien dirigía el equipo. Con Pedro gané mi primer título importante. Le doy las gracias por su ayuda y sus consejos mientras estuvimos juntos.


En Cadete jugué un año, cuando disputamos las dos ediciones de la Nike-Cup, la nacional y la europea. En estos campeonatos estaban los mejores equipos: Real Madrid, Barcelona, Milán, Manchester United, Juventus… el nivel era bastante superior respecto de lo que había conocido hasta el momento. Y aún con esta competencia... ¡ganamos! Los trofeos de ambas ediciones figuran dentro de los éxitos del fútbol base del Atlético de Madrid y, por si esto no fuera suficiente, fui elegido el mejor cadete del año. No me podía creer lo que me estaba sucediendo. Había pasado en poco tiempo de jugar con un grupo de amigos en el Rayo 13 a ser el mejor jugador europeo de mi categoría. ¡Y sólo tenía catorce años! 1999 Mi primer contrato con el Atlético de Madrid lo firmé con quince años. Había firmado con el Club de mi vida. De niño, cuando jugaba a las chapas, siempre lo hacía con el Atleti, si jugaba al fútbol con mis amigos me pedía ser Kiko y ahora realmente era uno más del grupo. Entré a formar parte del Club, era jugador del Atlético de Madrid. Con edad de Cadete, disputé mi primer año de Juveniles, en Liga Nacional. El equipo estaba integrado por los cadetes que habíamos destacado y por los juveniles de primer año, con el fin de hacer un equipo fuerte para División de Honor. Aquí coincidí con el entrenador más importante de mi carrera: Abraham García. Pienso, deseo y espero que llegará muy lejos en su profesión. Se lo merece.

Primer equipo 2000 Con dieciséis años empecé la temporada jugando en División de Honor de Juveniles y la concluí jugando con el primer equipo en Segunda división. Esta temporada fue impresionante, pero tal como empezó nadie podría imaginar lo bien que terminaría. Como consecuencia de una rotura en la rodilla izquierda y, después de una operación, comencé a jugar en diciembre. 2001 Las cosas empezaron a mejorar en febrero cuando ganamos con la selección sub-16 el Torneo Algarve. Tenía unas ganas terribles de jugar el Europeo sub-16 que se disputaba en Inglaterra en mayo, pero no lo tenía fácil. La lesión no me había permitido participar en la fase de clasificación. No obstante, Juan Santiesteban y Armando Ufarte me dieron la oportunidad. Nada más cumplir los diecisiete años ganamos con la selección sub-16 el Europeo. Logré el título de máximo goleador y resulté elegido mejor jugador del campeonato. Lo que me había pasado en cadete se repetía en juveniles. Este éxito me empezó a cambiar la vida. Cuando llegué a Madrid la gente me paraba por la calle. Me impresionó porque jamás me había sucedido algo así.


Al concluir este torneo jugué un partido con la sub-18 y disputé la Final de la Copa de Campeones de Juveniles. Pocos días después Futre me llamó por teléfono. Me contó que me incorporaba a entrenar con el primer equipo, que iba a hacer la pretemporada con ellos y que era conveniente que fuera integrándome en el grupo. Esto sucedió un martes, el miércoles fui a entrenar, el sábado fui convocado y el domingo debuté en el Calderón contra el Leganés. Era el 27 de mayo de 2001. Pocos días después viví el contraste de este Club: marqué mi primer gol en Albacete y sufrí mi primera gran decepción como profesional. Aquel partido de Getafe en el que el ‘gol average’ nos privó del ascenso a Primera división. Este año conocí el éxito y el fracaso, mientras que individualmente había sido una temporada magnífica, colectivamente no cumplimos con nuestro objetivo. La decepción fue tremenda. Llevaba un mes con el primer equipo y había vivido circunstancias que no siempre se tiene la oportunidad de sentir en la vida de un deportista. En noviembre disputé el Mundial sub-17 en Trinidad y Tobago. El resultado no fue nada bueno. Sin embargo, la experiencia me ayudó a crecer como profesional. La temporada la inicié en Segunda división con el primer equipo. 2002 Este año conseguimos el ascenso varias jornadas antes de concluir la Liga y a pesar de no haber cuajado una gran temporada, estaba muy contento porque cumplimos el objetivo. Dos años antes, el Club había adquirido una deuda con la afición y ese año la saldamos devolviendo al equipo al lugar de dónde nunca debimos haber salido, la Primera división. En julio, con dieciocho años, disputé con la selección sub-19 el Europeo celebrado en Noruega. Llegamos con muchas expectativas, teníamos un buen equipo aunque al principio se nos complicó tras empatar con la República Checa. Se arregló ganando a Noruega y a Eslovaquia, practicando un gran fútbol. En la final le ganamos a Alemania, tuve el acierto y la suerte de marcar el gol de la victoria en un partido espléndido de ambas selecciones. Otra vez fuimos campeones y nuevamente fui el máximo goleador y por segunda vez consecutiva elegido mejor jugador del torneo. Después de un año en Segunda donde las cosas no me habían salido como esperaba, la afición estaba expectante por ver como podía rendir en Primera División. Fue una buena temporada, marqué trece goles y jugué a un buen nivel todo el año, especialmente los encuentros contra el Barcelona y el Deportivo en el Vicente Calderón. Estos dos partidos marcaron de alguna forma mi carrera como futbolista porque sentí que la afición comenzó a creer en mi juego y en mí. 2003 En Primera, el fútbol es más técnico, hay más espacios y eso favorece el juego y el espectáculo. En Segunda es al contrario, el fútbol es más táctico y los rivales más fuertes. Este año también debuto en la selección sub-21, un paso más para llegar a cumplir uno de mis sueños: la Absoluta.


Me considero una persona accesible. Opino que firmar autógrafos tras un entrenamiento es casi un deber, una obligación moral, porque soy consciente del entusiasmo y la ilusión con que la afición me trata, del respeto y el cariño que me tienen. No hace mucho yo estaba en su lugar. Ser importante para la afición es un orgullo y una satisfacción. Lo que no llevo bien es perder la intimidad, el hecho de no poder disfrutar con mis amigos en un sitio público como uno más, que en definitiva es lo que soy. 2004 Mi segunda temporada en Primera fue aún mejor que la anterior. Con diecinueve años debuté con la Selección Absoluta y con veinte jugué la Eurocopa, además marqué 20 goles, una buena cifra. Sin embargo, me llevé dos grandes decepciones. La primera, con el Atlético de Madrid. Después de estar gran parte de la temporada en puestos de UEFA, en la última jornada nos quedamos fuera de Europa. La segunda decepción a vivimos en la Eurocopa. Aún no me explico cómo no ganamos a Portugal. Fue un desastre para todos. Personalmente me afecto mucho, muchísimo. Estábamos ante nuestra gran oportunidad. Aún hoy no comprendo cómo se nos pudo escapar. 2005 Las cosas en la temporada 2004-05 no fueron todo lo bien que esperábamos en el Atlético. A pesar de que jugué todos los partidos de Liga y marqué 16 goles no fue suficiente para entrar en competición europea. Incluso, en Copa del Rey caímos en semifinales ante el Osasuna. Toda la ilusión de conseguir un título para el Atlético se vino abajo y la decepción fue enorme. La nota positiva del año fue la clasificación de la Selección para el Mundial de Alemania. Aunque pasamos algunas dificultades, tuvimos que jugarnos la repesca con Eslovaquia y cumplimos el objetivo de obtener la clasificación. 2006 El Atleti realizó una apuesta segura para la temporada 05/06. El club contrató a un técnico de primera línea. Carlos Bianchi lo ganó todo con Vélez y Boca, pero con nosotros no tuvo suerte. La verdad, ni él se adaptó a la plantilla, ni los jugadores nos adaptamos a él. Por eso, los primeros meses de temporada no fueron nada buenos. La Liga se puso demasiado cuesta arriba. La llegada de Pepe Murcia actuó como bálsamo y remontamos el vuelo hasta ganar seis partidos consecutivos. La dinámica anterior era peligrosa y el nuevo mister nos dio la moral suficiente como para enderezar el rumbo. Lamentablemente, no mantuvimos esa regularidad adquirida y no pudimos alcanzar la ansiada plaza europea. La cara dulce de la temporada la viví con la Selección absoluta en el Mundial de Alemania. Representar a mi país en el campeonato más grande del mundo y jugar contra los mejores jugadores del mundo fue para mí un sueño hecho realidad. Había sufrido por televisión la eliminación en Francia’98 y en Corea y Japón’02, pero por primera vez podía aportar mi ayuda


para tratar de cambiar la historia. La motivación del grupo era extraordinaria y todos nos mentalizamos de que sí, de que éste podía ser el Mundial de España. Superamos con nota la primera fase. A nivel colectivo, el equipo destacó con buen juego y goles, mientras que en el plano individual, el seleccionador me dio su confianza y marqué tres goles. Incluso, llegué a liderar la clasificación de máximos goleadores después de la segunda jornada del campeonato. En octavos de final, tocó enfrentarse a una de las grandes, Francia. Jugamos el peor partido del torneo y tuvimos que hacer las maletas. La experiencia de un rival veterano pesó más que la calidad y el coraje de nuestra selección. Sin embargo, entiendo que en Alemania se forjó el germen de un equipo joven y con calidad que seguro en el futuro dará muchas alegrías a la afición. La actuación en el Mundial hizo saltar mil rumores sobre mi futuro. El verano, como siempre, estuvo salpicado de las ‘ofertas’ que iba desechando. Sinceramente, varios equipos se interesaron formalmente por mí, pero a todos les dijimos que no me movía del Atleti. Para demostrar mi fidelidad y mi lealtad a mis colores de toda mi vida, decidí aceptar la propuesta de la entidad para ampliar mi contrato por una temporada más, hasta junio de 2009. En la temporada 06/07 ocupamos posiciones europeas desde el comienzo del campeonato liguero. Mi deseo es alcanzar, por fin, un puesto en Europa para jugar en Europa la próxima campaña. Otro sueño se me volvió a escapar: no disputar una final de Copa del Rey. El fútbol inglés 2007 No fue una decisión fácil la que tomé en 2007. Resultó ser la más comprometida de mi vida. Pero comprendí que la propuesta deportiva que me ofrecía el Liverpool era definitiva para decidirme a dejar atrás doce años en el Club y siete en el primer equipo del Atleti. Mis mejores recuerdos de niño están teñidos de rojo y blanco, pero necesitaba un cambio y tenía al alcance de mi mano un proyecto al más alto nivel que pudiera soñar. En aquel momento, y tras el paso de los meses, me doy cuenta de que la decisión es acertada. El Atleti necesitaba vivir sin Torres y Torres necesitaba salir del Atleti. A los dos nos va bien y esa es la mejor noticia. Las cosas no fueron mejor que el año anterior para el Atleti. En la última jornada perdimos el puesto en Europa que habíamos defendido durante casi toda la temporada y una vez más afronté las vacaciones con el sentimiento de no haber cumplido con el objetivo previsto. Todo el trabajo realizado desde septiembre se vino abajo en un soplo. El verano comenzó como siempre: para descansar y para reflexionar. Pero una llamada de teléfono cambió el signo de las vacaciones. Rafa Benítez, el manager del Liverpool, quería contar conmigo para el nuevo proyecto. Me sorprendió paseando a los perros. Era la última hora de la tarde. Al sonarme el móvil comprobé que era un número extranjero. No contesté. Al día siguiente, la historia repetida. Entonces sí respondí. Me quedé helado al escuchar la voz de Rafa. No lo esperaba. Me explicó sus intenciones y yo le contesté que hablase con Miguel Ángel Gil. Si los clubes se ponían de acuerdo, no habría problemas para mi salida. Desde ese primer instante sentí


que no era una oferta más. Un gran Club, el más laureado del fútbol Inglés, llamaba a mi puerta pudiendo recurrir a cualquier otro delantero de talla mundial. Aterricé en Anfield después de despedirme de la afición, compañeros y empleados del Atlético y agradecer tanto cariño que recibí en el Calderón. Todo era nuevo e ilusionante. La presentación en Anfield, los primeros entrenamientos en Mellwood, la pretemporada por Suiza y Asia… el primer gol con la camiseta ‘red’ y los primeros partidos en la Premier League, la Champions League y la Carling Cup. En especial recuerdo mi primer gol en la Premier. Fue en Anfield y en el derbi contra el Chelsea. Sin duda, uno de los momentos más emocionantes de mi carrera deportiva. Era mi presentación en nuestro estadio, ante nuestra gente, y no pudo salir mejor. En la primera acción de ataque clara, Stevie Gerrard me puso un balón de oro que pude aprovechar. Siempre me gustó el fútbol inglés. Seguía muchos partidos de la Premier en casa e intuía que podía adaptarme bien a ese ritmo y a esa intensidad en el juego, pero resultó mucho más rápido de lo que pudiera imaginar ¡Todo fue sobre ruedas! Jugar en el Liverpool, al lado de grandes jugadores de la talla de Gerrard, Reina, Mascherano o Carragher, era algo por lo que sentirse afortunado y con ganas de darlo todo para mejorar. Con la ayuda de mis compañeros y el apoyo de ‘The Kop’, desde la grada, los goles fueron llegando. Siempre había confiado al máximo en mis posibilidades, pero nunca imaginé que todo cuajara tan rápido. Mi vida en Liverpool es tranquila. No existe tanto agobio mediático como en España y la afición te respeta a límites difíciles de imaginar. El clima no es tan complejo ni tan lluvioso como muchos pueden pensar. La temporada avanza y trataremos de cumplir con los objetivos previstos. La afición me acogió como si siempre hubiese sido uno de los suyos. El recibimiento por parte de ‘The Kop‘ fue inmejorable. En tres de los cinco últimos meses del año me designaron mejor jugador del equipo y, en la votación de final de año, fui nombrado segundo mejor jugador de 2007 tan sólo por detrás de Gerrard. Su apoyo en los partidos también se hacía notar de forma espectacular. La primera vez que escuché el canto que me dedica la grada de Anfield fue para mí también motivo de un gran orgullo. Me explicaron que eligieron la misma canción que dedicaban a Dalglish y Fowler, dos de las más grandes leyendas del Liverpool. A los dos he tenido la oportunidad de conocerlos y ambos me han explicado lo que significa el Liverpool para nuestra gente. El reto que me han dejado es apasionante. 2008 En Viena tocamos el cielo. Sin duda, 2008 ha sido el mejor año en mi carrera profesional. Un año redondo, plagado de grandes momentos con el Liverpool y, sobre todo, con la Selección al conquistar con la Eurocopa un título que España ansiaba desde hacía 44 años. Había oído hablar mucho del gol de Marcelino y, no niego, que soñaba con repetir la hazaña. Desde niño escuchaba hablar una y otra vez del tanto que nos dio el último trofeo, aún en blanco y negro, y el destino me reservó en Austria revivir ese momento histórico. Nunca pude soñar con tanta felicidad como la que me invadió al levantar la Copa de campeones.


Esa Eurocopa puso la rúbrica a lo más destacado de un año repleto de recuerdos imborrables, difícil de repetir. Con el Liverpool conseguí vivir en toda su intensidad la Liga de Campeones. Nos quedamos a las puertas de la final después de pelear hasta la prórroga contra el Chelsea. No pude lograr el objetivo, pero me quedo con los momentos vividos en San Siro, donde eliminamos al Inter y tuve la oportunidad de marcar, o la vibrante vuelta de cuartos en Anfield donde ganamos in extremis después de un encuentro apasionante al Arsenal. Lamentablemente tampoco ganamos la Premier, aunque a nivel personal las cosas me fueron muy bien en esta competición. Conseguí 24 goles, un número récord para convertirme en el extranjero debutante más goleador en la historia de la Premier League. Después de mis primeros meses de adaptación a Inglaterra, he podido apreciar lo que significa jugar en el Liverpool: es una experiencia increíble. Compartir vestuario con grandes futbolistas como Gerrard, sin duda el mejor futbolista con el que he jugado, y aprender de un técnico como Rafa Benítez, me ha ayudado a mejorar como jugador en todos los aspectos: la forma física, la táctica, la definición… todo era un universo nuevo para mí lleno de nuevas oportunidades para crecer junto a los mejores. Pero cuando acabó la temporada en Inglaterra, con distinciones individuales en un primer año inolvidable, lo mejor estaba aún por llegar. España estaba dispuesta a plantar cara a los grandes de Europa. El equipo tenía calidad para estar entre los mejores, como demostró en el Mundial de Alemania y nos sólo faltaba que nos sonriera la suerte en el cruce definitivo. Y lo hizo en su plenitud. Superamos la fase de grupos con tres victorias y el hueso duro de roer tocó en cuartos: la fase maldita donde España tropezaba una tras otra. Esta vez todo resultó distinto. Ganamos a Italia en la tanda de penaltis y, desde ese momento, supimos que sería muy difícil pararnos. Una vez superada Rusia en las semifinales, Alemania fue el rival en la final. Una de las grandes selecciones de la historia por títulos. Antes de saltar al césped del estadio Ernst Happel, Luis Aragonés me dijo que marcaría dos goles. Casi acertó. Xavi me sirvió un balón en profundidad, el defensa se confió y tuve el tiempo justo para picarla ante la salida del portero. El balón resbaló sobre el césped y la explosión de alegría se convirtió en increíble. Después los minutos se hicieron interminables, hasta el final del partido todo podía ocurrir, pero cuando el árbitro pitó toda esa tensión se transformó en una inmensa sensación de satisfacción y orgullo… ¡somos campeones! No puedo olvidarme de cómo terminó el año. En diciembre, recibí la notificación de que concluí tercero en la elección del Balón de Oro, que otorgan los corresponsales de la revista francesa ‘France Football’. Ganó, como se esperaba, Cristiano Ronaldo. Para ser sinceros, completó un año excelente en Inglaterra. Cierto que con Portugal no completó una buena Eurocopa, pero durante los seis primeros meses, lo ganó todo. El reconocimiento de ocupar una de las tres primeras plazas me dejó plenamente satisfecho. El lado amargo de 2008 llegó en el último tramo del año, paradójicamente el inicio de la temporada. Unas inoportunas lesiones musculares me llevaron a mal traer durante los primeros meses del campeonato. Esto impidió que mis presencias, tanto con el Liverpool como con la Selección, no resultaran continuas y que hasta el mes de enero no pudiera participar con


regularidad. Más tarde llegarían las dolencias en el tobillo que también me imposibilitaron rendir con plenitud. Pero las lesiones comparten la vida del futbolista y cuando te visitan debes ponerle la mejor cara. 2009 Definir el 2009 es hablar de un año de contrastes. Empezó y acabó con momentos inolvidables. La gala FIFA World Player en el mes de enero y el récord de los 50 goles de Premier más rápidos en la historia del Liverpool abrieron y cerraron un año que también contó con algunos momentos decepcionantes. La derrota en semifinales de la Copa Confederaciones, en Sudáfrica contra Estados Unidos, o la eliminación de la Champions League en la fase de grupos fueron situaciones duras de asimilar. Que los compañeros de profesión reconozcan y premien tu trabajo provoca una sensación de orgullo que no puede describirse con palabras. Nunca me había imaginado que llegaría a Zúrich, a la gala de la FIFA, para estar entre los tres mejores futbolistas del mundo. El sueño se hizo realidad gracias a un 2008 muy bueno a nivel personal y colectivo, con el Liverpool FC y con la Selección, tras ganar en Viena la Eurocopa. Cristiano Ronaldo fue el más votado porque fue quien mejor año completó. Messi también ganó con justicia el segundo lugar. Además, que cinco jugadores españoles nos situáramos entre los diez primeros fue otro apunte positivo de la gala. Esta es una clara muestra que indica que el fútbol español ha cambiado y ha crecido gracias a la Selección. Estamos al nivel de los mejores. Y es que, al fin y al cabo, todos los que estuvimos allí lo hicimos también gracias al esfuerzo colectivo de nuestros compañeros. A finales de año se celebró la gala anual y también tuve el privilegio de estar en el acto, al ser elegido miembro del mejor once mundial seleccionado por el sindicato europeo de futbolistas. Con el Liverpool, la primera mitad de la temporada resultó increíble. Conseguimos importantes victorias ante grandes rivales y en terrenos de juego muy hostiles. Ganar al Manchester United en Old Trafford es un recuerdo imborrable. Tuve la suerte de marcar el primer gol de una tarde memorable. Empezamos perdiendo 1-0 y, al final, conseguimos golear por 1-4. Media hora después de acabar el partido, nuestra afición seguía en la grada del ‘teatro de los sueños’ cantando con la misma fuerza y con las mismas ganas que durante todo el partido. Al final, el ManU ganó la carrera de la Premier, pero quedamos subcampeones y puedo decir que no tiramos la toalla, que peleamos casi hasta el tramo final por conseguir el título. El resto de la campaña resultó menos productivo. No comenzamos con buen pie la Premier y en la Champions League las cosas tampoco salieron bien. En la fase de grupos resultamos eliminados cuando en años anteriores siempre alcanzamos, como mínimo, los cuartos de final. En el plano individual conseguí encadenar una racha goleadora y, durante varias jornadas, encabezar la clasificación de máximos goleadores, pero unas molestias en el pubis me obligaron a echar el freno y parar durante un tiempo. Por fortuna regresé para poder ayudar al equipo en Villa Park, donde conseguí un gol importantísimo para nuestras aspiraciones a una plaza de Champions. Además, ese tanto nos sirvió para conquistar un récord: ser el más rápido en marcar medio


centenar de goles de Premier para el Liverpool ¡en más de cien años de historia! Todo un honor que considero uno de los logros más importantes de mi carrera.

En junio también nos quedamos a las puertas en la Copa Confederaciones. Viajamos a Sudáfrica con la Selección como Campeones de Europa y me llamó muchísimo la atención cómo nos recibió la afición. A nivel colectivo, el triunfo de la Eurocopa convirtió a España en una de las selecciones favoritas y la gente nos demostró su cariño en cada rincón. A nivel personal, me di cuenta de la gran repercusión que tiene la Premier League en todo el mundo. No me esperaba tanto reconocimiento, me sorprendió mucho desde el primer día. Es increíble que, tan lejos de España o Inglaterra, la gente reconozca tu trabajo y te admire. En lo deportivo el campeonato no transcurrió como esperábamos: Estados Unidos nos eliminó en semifinales. Fue duro de asimilar, te sientes dolido y con rabia, pero siempre se puede sacar algo positivo de las derrotas, como descubrir que somos capaces de asimilar la derrota con la misma humildad que celebramos la victoria. Eso dice mucho de un equipo para el futuro. 2010 El 2010 siempre en la memoria: conquistamos Sudáfrica. Pese a un año de vaivenes, el triunfo que conseguimos siempre compensará todos los esfuerzos y sacrificios realizados para conseguir el objetivo: todo queda en segundo plano cuando levantas la copa dorada al cielo y consigues el gran título para la historia del fútbol español. Pero no sólo hubo alegrías con la Selección. El año me trajo más récords anotadores en Anfield, goles inolvidables que también ayudaron a sobrellevar las dos operaciones de rodilla que me practicaron en la primera mitad del curso. En enero, en un partido de Copa de Inglaterra contra el Reading, sufrí la primera lesión que me obligó a pasar por el quirófano. Rotura en el menisco externo de la rodilla derecha fue el diagnóstico, pero todo salió bien y recuperé increíble el tono hasta conseguir en primavera el récord de marcar cuatro dobletes consecutivos en Anfield. Todo pintaba muy bien de cara al Mundial, pero otra lesión en la misma rodilla y en el mismo menisco acabó con una segunda operación en abril. Se trataba de ajustar mucho los plazos para llegar en perfectas condiciones al torneo. Me tocó trabajar duro y a contrarreloj en Galicia, entre Santiago y Vigo, con mucho sacrificio y la ayuda de médicos y fisioterapeutas y el respaldo del cuerpo técnico de la Selección conseguí estar listo a tiempo. Tanto esfuerzo mereció la pena, ya que la experiencia resultó inolvidable. Ganar un Mundial era lo máximo y lo conseguimos superando a Holanda en una dura y exigente final. Cuatro títulos con la Selección en varias categorías me hacen sentir orgulloso de defender la camiseta de mi país, pero lo más importante es que esta generación no tiene techo y está capacitada para seguir conquistando trofeos. De vuelta a Liverpool, el nuevo proyecto con Roy Hodgson como entrenador no arrancó con buen pie y en pocas jornadas nos vimos en la zona de descenso. Afortunadamente la tendencia cambió


en noviembre con una buena racha a nivel personal y colectiva. Cuatro goles y cuatro victorias consecutivas ante Blackburn Rovers, Chelsea, Wigan y Bolton nos dieron alas y nos plantamos a las puertas de Europa para acabar el año en un lugar más seguro, aunque no el que correspondía al Liverpool por equipo, afición e historia.


Fernando Torres