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MUJERES DIRECTIVAS

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ORGANIZACIONES FELIZMENTE INTELIGENTES La inteligencia organizativa surge de las relaciones sociales entre individuos. Según José Antonio Merina, una empresa inteligente consigue que personas, tal vez no extraordinarias, alcancen resultados extraordinarios, gracias al modelo en que colaboran. Son organizaciones que aprenden, innovan y se reinventan. MERCEDES MENGÍBAR. Consejera Delegada y Directora Gerente de Xanit Hospital Internacional. Consejera de Xanit Health Care Management. Especialista en Dirección de Empresas Sanitarias. Estudió Psicología de las Organizaciones y es magister en Dirección de Recursos Humanos.

Las empresas inteligentes crean riqueza

económica, social y medioambiental y no únicamente para los accionistas sino para todo su círculo de relaciones, creando un entorno adecuado para crecer y hacer crecer a sus empleados, a sus colaboradores, a sus clientes y a la sociedad en general, para ello deben de crear una cultura abierta al cambio, a la creatividad, a las personas, y desarrollar dinámicas positivas para sacar lo mejor de ellas. Los objetivos de la empresa inteligente son el éxito sostenido en el mercado y la felicidad de sus empleados. Hoy más que nunca, las empresas comprenden que otro de sus desafíos en su gestión de personas es hacer de su organización una empresa feliz, donde quieran trabajar y desarrollarse. Según varios estudios , el atraer y retener personas felices permite a las empresas contar con personal más productivo, comprometido, disminuyendo así también el estrés o el ausentismo laboral. Las principales ventajas de las empresas que se preocupan de la felicidad de sus empleados son: mayor productividad y creatividad, mayores niveles de satisfacción del cliente y, en definitiva, un mejor balance en la cuenta de resultados.

Ante la pregunta de quién es responsable de la felicidad de los empleados, se afirma que cada uno es responsable de su felicidad en el trabajo, porque ser feliz es un sentimiento subjetivo y es una elección. Sin duda, los directivos influyen en el grado de felicidad, pero la responsabilidad es de cada uno. Los directivos deben crear un ambiente donde, dando ejemplo ellos mismos, la interacción con los demás y con el trabajo estimulen a las personas a elegir ser felices, donde se favoreciera el ser positivos, el aprender, participar, buscar el sentido al trabajo, apasionarse… Actualmente, una de las tendencias que existen son los happyshifters que son personas que no se resignan a pasar ocho horas diarias en un empleo que no les aporta nada y que deciden transformar sus empresas y el mercado laboral. El objetivo es ser feliz trabajando. Así, no es extraño que cada vez más escuelas de negocios se preocupen de la felicidad, y de su conexión con la economía real. Según Sonja Lyubomirsky, creadora de una ‘escala de felicidad’, el 50% de nuestra felicidad se lo debemos a la genética, el 10% a las circunstancias personales y el 40% restante depende de cómo lo trabaje cada uno. La felicidad no es un destino, sino un camino que tenemos que trabajar. Existen unos elementos para asegurar un buen índice de felicidad dentro de las empresas, entre los que destacan: cuánto disfruta los trabajadores del trabajo, si el trabajador siente que su aportación es importante, si el trabajo es consecuente con las fortalezas del trabajador, si se siente apoyado por sus compañeros ...y

por la empresa ...y por su jefe, si la empresa fomenta la formación, si los objetivos y valores de la empresa armoniza con los del trabajador. Estamos en un punto de no retorno. El futuro es del humanismo empresarial, es decir la gestión humanista y ética, lograr sacar lo mejor de cada persona, una sinergia entre las personas de la empresa para que se cree un cambio en toda la empresa que convierta a ésta en un espacio de crecimiento personal y profesional, donde el camino y no la meta es el punto de encuentro entre los intereses personales y organizacionales. En estos momentos tan convulsos, necesitamos un cambio de modelo y en este cambio la mujer tiene mucho que aportar. La mujer aplica sus habilidades en las relaciones interpersonales y motivacionales para transformar el interés individualista por un interés colectivo, por lo tanto puede ayudar a implantar una visión de la empresa verdaderamente humanista. El humanismo empresarial debe asumir los rasgos del liderazgo femenino, que no es exclusivo de las mujeres. Estos rasgos o talento femenino lo llevamos dentro todos. Son unas cualidades que una mujer desarrolla más fácilmente que un hombre, como la preocupación por los otros, la flexibilidad y una mayor intuición en la toma de decisiones. El nuevo liderazgo empresarial pasa por un liderazgo emocional porque las empresas están formadas por personas y éstas tienen emociones. Por ello, hay que potenciar la empatía, el humanismo, el optimismo y la superación.

Revista Ecofin nº42  

Revista sobre economía y finanzas con especial MADRID WOMANS WEEK

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