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DAVID BRONSTEIN

200 PARTIDAS ABIERTAS


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DAVID IONOVICH BRONSTEIN

200 PARTIDAS ABIERTAS PRIMERA EDICIÓN TRANSCRITA

COLECCIÓN

NUEVA ESCAQUES

EDICIONES MA40 3


Traducción de Agustín Puig de la edición original rusa Transcripción al sistema algebraico de MA40 1ª edición: febrero 1973 (por EDICIONES MARTÍNEZ ROCA, S. A.) 2ª edición: marzo 1975 (por EDICIONES MARTÍNEZ ROCA, S. A.) 3ª edición: enero 1979 (por EDICIONES MARTÍNEZ ROCA, S. A.)

1ª edición transcrita: diciembre 2008

2008 por EDICIONES MA40, http://www.edicionesma40.com

RESERVADOS TODOS LOS DERECHOS Este libro no puede ser reproducido en todo, ni en parte, sin permiso.

IMPRESO EN ESPAÑA – PRINTED IN SPAIN

(ED. de lujo) ISBN: 978-84-613-4297-6, impreso por LULU, http://www.lulu.com (ED. rústica) ISBN: 978-84-613-4301-0, impreso por PubliCEP, http://www.publicep.com

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AGRADECIMIENTOS AL REPORTE DE ERRATAS Este libro ha sido impreso de forma unitaria y bajo pedido expreso del lector. Esto nos permite corregir los errores de impresión inmediatamente después de ser identificados. Por lo tanto, hasta el momento de la impresión, no existen erratas conocidas en esta publicación, por nuestra parte. Invitamos a todo lector que identifique un error en este libro nos reporte la errata a la dirección de correo electrónico de EDICIONES MA40:

ardeinternet@gmail.com En reconocimiento al reporte de erratas, y si el remitente así lo desea, se añadirá su nombre a la siguiente lista de “Agradecimientos al Reporte de Erratas”. Pudiéndose ver esta lista, en la vista previa del libro de la página Web de la tienda virtual, (http://www.edicionesma40.com). Antes de reportar una errata, se recomienda comprobar que aún no ha sido corregida visitando la vista previa del libro.

24-3-2010. Carlos Blanc Portas. Pág. 35. Se cambia el término “blancas” por “negras”.

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ÍNDICE

Prólogo...……………………………………………..….…Pág.

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EL PRIMER MOVIMIENTO…………………………………..... Objetivos que caracterizan las posiciones de tipo abierto.………………………………………………….…

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ATAQUE CON LA DAMA……………………………………...

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ATAQUE CON EL ALFIL.……………………………………... Un punto para dos……………………………………..... La sabiduría oriental……………………………..………

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ATAQUE CON EL PEÓN DE LA DAMA…………………….. Clavada de caballos.………………………………….....

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EL GAMBITO DE REY…………………………………….…… Un peligro para los campeones………………………... Catástrofe en los escaques f7 y f4 negros………….... Estafeta de las generaciones………………………...… Un mundo de aventuras………………………….......… Una maravilla del siglo XX…………………………...… Ajedrez viviente……………………...……………...…… Inquietudes vanas…………………………………….…. La dama puede sacrificarse…………………….……… ¡Tablas! Pero ¿a favor de quién?……………………… Gambito Tartakower………………………………..…… Las lágrimas del caballero del ataque………………… ¿Análisis o improvisación?…………………………...…

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¡Un corazón generoso!………..………………………… 46 ¡Muchas gracias, señor Capablanca!…………….…… 47 Un mirlo blanco………………………………..………… 49 Ansia de aventuras……………………………………… 50 Ajedrecistas de tendencia deportiva……………...…… 51 El visitante de ultramar………………………………..… 53 Avance del peón de la dama…………………………… 55 ¡La inquietud…, entre bastidores!…………………...… 56 La dama está fuera de juego…………………………… 57 La partida ultramoderna………………………………… 58 Peones temerarios………………………………….…… 59 Un coetáneo de Alejandro Alekhine…………………… 60 APERTURA VIENESA…………………………................…… El peón e4 blanco……………………………………..… Tiro lento……………………………………………..…… Sueño y realidad………………………………………… Ilusión óptica………………………………………...…… El rey juega…………………………….………………… ¡El insensato enroque!……………………………..……

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GAMBITO LETÓN………………………………………….…… El origen de las novedades………………………..……

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GAMBITO DE DAMA NEGRA………………………………… Un signo de admiración…………………………....……

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DEFENSA PHILIDOR………………………………………...… ¡Una sola vez!……………………………………….…… “La bella durmiente”…………………………………...…

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EL JUEGO PETROV…………………………………………… 81 La teoría de los microerrores………………………...… 82 ¡Pero el caballo se desata!…………………………...… 83 Alfiles de casillas de color igual………………..…….… 84 Audacia excesiva………………………………………... 85

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¿Es blanco o negro el caballo?………………………… El esfuerzo supremo del rey blanco…………………… Receta sacada de un libro………………………………

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EL CONTRAATAQUE CHIGORIN……………………….…… 91 Pablo Morphy, el ”mago”………….………………….… 92 Primera participación en la Olimpiada de Helsinki...… 93 Una victoria en el silencio del gabinete……………..… 94 La página de una revista……………………………..… 95 Ataque ficticio contra el escaque f7 negro……….…… 96 DEFENSA HÚNGARA…………………………………….…… 99 Cuando la dama descansa…………………………...… 99 APERTURA ITALIANA…………………………………..…… Transmisión de la experiencia……………………...… La trampa camaleón…………………………………… El teórico en finales………………………………….… Un defecto técnico…………………………………...…

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CAMBITO EVANS…………………………………………..… ¡La memoria…!………………………………….…...… Un rey sin escolta…………………………………....…

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APERTURA ESCOCESA……………………………..……… 111 La conveniencia de coleccionar libros y leerlos…..… 112 Cambios y más cambios…………………………….… 113 Stolz, gran maestro………………………………….… 114 Un final a la fuerza…………………………………...… 115 APERTURA INGLESA……………………………………...… La tenaz pareja de caballos………………………...…

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APERTURA DE KONSTANTINOPOLSKI……………..…… 119 El flanqueo indio……………………………………..… 119

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APERTURA DE LOS TRES CABALLOS………………..… 121 El alfil o el peón………………………………………… 122 La avalancha de peones negros………………..….… 123 Todos sabemos………………………………………… 124 Fue un simple temor……………………………..….… 125 APERTURA DE LOS CUATRO CABALLOS……………… 127 Partida nula de un gran maestro…………………...… 128 Un final tenso…………………………………………… 129 La torre ahogada……………………………………..… 130 Cobertura y diversión………………………….…….… 131 APERTURA ESPAÑOLA…………………………………..… Movimiento español inverso………………………..… Un caballo negro astuto………….………………….… El campeón de la Apertura Española…………..….… A la manera de Tarrasch………………………...….… ¡Cuando el temperamento explota…!……………..… ¿Arriesgarse o no?…………………………………..… Gambito a la fuerza………………………………….… Una variante aburrida……………………….……….… ¿Miguel? ¡Acá! ¿Y Najdorf? ¡Allá!………………….… El mar Azov…………………………………………..… Una variante olvidada……………………………….… El alfil o el caballo……………………...…………….… ¿Maniobra forzosa o combinación?………………..… Hay que publicar una segunda edición…………...…. Un astuto “doble” del caballo……………………….… Una jugada para todos los gustos………………….… Una celada para los principiantes………………….… El problema de Samuel Lloyd…………………...….… Conmemoración de un centenario………………....… Fue orden de la dama……………………………….… Un peón blanco rebelde………………….………….… Lo roto no valía un cosido…………………….…….… Un peón ascendente………………………………...…

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La teoría y la práctica………………………..………… Como de dos a cinco………………………….…….… Un virtuoso de la combinación……………………..… La vida prosaica……………………………………...… ¡Y la superioridad de los caballos!………………....… La defensa de los puntos de penetración…………… La lucha por hacer tablas…………………….……….. Una provocación a contienda…………………...……. La dama emprende un viaje peligroso………………. Un tema de estudio……………………………………. Una defensa maestra………………………………..… Escalada a la cumbre del Bolschoe Siedlo……….… Un empate poco frecuente……………….…………… El aspirante a gran maestro……………………...…… Pero la cadena de peones negros………………...…. El desquite al cabo de dieciocho años…………….… Un triunfo del alfil español………………………….…. Movimientos forzosos recíprocos…………………..… Gran Maestro de composiciones sutiles………….…. El callejón sin salida de Rauser………………………. Espectadores exigentes……………………...……….. ¡Y sin embargo Dh5!………………………………..…. Una dama con sal y pimienta…………………………. El peón libre y avanzado………………………..…….. ¡Una carrera pedestre!…………………………...……. Noche y día…………………………………..…………. Tal estuvo en su elemento……………………….…… Un bostezo en la falta de tiempo………………...…… Una combinación descubierta………………………… Movimientos clásicos……………………………..…… ¿Creación propia o plagio?........................................ Dos exámenes…………………………………...…….. Una celada evidente…………………………………… ¿Qué sucede con las competiciones individuales?... ¿López o Keres?........................................................ ¿Una novedad?.........................................................

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Un punto experimental………………………………… La mala suerte de un improvisador…………….……. Duelo entre un caballo y un peón……………….…… ¿Dónde estaba el quid?............................................. Un rey audaz…………………………………………… La esfera de las valoraciones exactas………….…… Emociones polares…………………………………….. Unas tablas dadas a crédito………………………….. Las grandes maniobras………………………….……. La pérdida del peón del rey…………………..………. El espacio cerrado……………………………….…….. Un peón programado…………………..……………… La práctica de variantes desconocidas…………..….. Los mejores movimientos……………………………… El vencedor de Cardoso………………………….…… El caballo sirve de cobertura a la dama……………... La jugada en el sobre…………………………….……. Un segundo punto………………………………..……. Visos de combinación…………………………...…….. Un punto dividido en cuatro partes…………...……… El movimiento de Brayer………………………….…… El profesor de psicología……………………………… Lo mismo que en la vida cotidiana……………..……. ¿A quién le toca mover?............................................ Los orígenes de la falta de tiempo……………...……. Un poco de fortuna en el torneo……………………… Entrada a un tiempo………………...…………………. ¿Defenderse o atacar?.............................................. Al borde de las tablas………………………………….. Las torres quieren asaltar la segunda horizontal…… El alfil está en fuera de juego……………….………… Un audaz movimiento del caballo……………………. Una torre perezosa……………………………….……. El campeón de la capital………………………………. Una lección útil………………………….……………… El sostén de la cadena de peones………………..…..

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Ocho es la mitad de dieciséis………………………… Nikitin, el “mejicano”……………….……………..……. El arte ajedrecista en la india……………………..….. Ensayo en el entreacto………………………….…….. Variantes embrolladas………………………...………. Un jaque oportuno………………………………..……. La danza de los sables…………………………..……. ¿Conviene una dama o un caballo y jaque?.............. El peón libre…………………………………..………… A los amantes de los finales……………………..…… La celada-bumerang……………………………..……. Janan, el “Rubio”……………………………..………… Duelo entre dos veteranos……………………………. Un competidor peligroso………………………………. Repaso de lo aprendido……………………..………… La amarga suerte del alfil……………………….…….. Una casa de peones-ladrillo…………………….……. Una vertical para el alfil……………………………….. Las antiguas tradiciones de la hospitalidad……….… Los peones ahuyentan el alfil…………………..…….. Un peón fantaseador……………………………..……. Cuando no halla uno la horma de su zapato…….…. Tiempos nuevos…………………..……………………. A siete kilómetros bajo tierra……………………..…… Peones negros doblados………………………..…….. ¿Sabe el lector…?..................................................... Cuando se bate la marca de la falta de tiempo…..… Al modo de Korchnoi………………………….……….. Temí que la comisión arbitral…………………………. Una llamada telefónica………………………………… Un torrente de sacrificios………………………...……. Un alfil viajero……………………..……………………. “¡Gore Glavu, Bora!”…………………………..……….. El arte de la improvisación……………………….……

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APERTURA ALAPÍN………………………………..…………

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PRÓLOGO Ofrecido a la atención del lector, este libro no pretende ser una enciclopedia, ni siquiera un manual de aperturas. La intención de su autor es totalmente distinta; se propone mostrar que casi todas las partidas semejantes se diferencian unas de otras por su contenido espiritual, y que, aun siendo diferentes, todas las de igual movimiento inicial conservan mucho tiempo las huellas de una hereditaria e invariable estructura. Lo dicho no se refiere a todo el ajedrez; pero la idea general sobre los principios estratégicos es extensible, salvo ciertas excepciones, a todas las aperturas; este libro trata solamente de la popular apertura 1. e4, e5. Los manuales del siglo pasado contenían el ochenta por ciento de aperturas abiertas y el veinte restante estaba dedicado a las “irregulares”. Hoy día, esto ha variado bruscamente. La mayor parte de los libros de ajedrez tratan de las aperturas que otrora se consideraron como irregulares, y presentan las variantes fundamentales de las abiertas debido a su interés histórico. Por tanto, no es lógico considerar los movimientos iniciales 1. e4, e5; en tal sentido. En primer lugar, muchos lectores suelen hacer uso de las aperturas abiertas en la práctica, y les extraña que nadie se ocupe de ellas; en segundo lugar, se carece de unanimidad entre los grandes maestros con respecto a qué movimiento inicial es más efectivo. Petrosian practica casi exclusivamente 1. d4, y Fischer usa, con sorprendente continuidad, el desestimado 1. e4. ¿Cuál de los dos movimientos es más efectivo? ¡No hay una respuesta concreta! Para aquellos que prefieran hacer 1. e4, está 1. …, e5; o también dedicar unas veladas al análisis superficial de los dos centenares de partidas del autor… En fin, ¡este libro es para ti, estimado lector!

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EL PRIMER MOVIMIENTO Diagrama núm. 1 Después de 1. e4, e5

La posición representada en el diagrama se semeja a un simple lienzo colocado en el caballete. Si se tiene talento, capacidad o deseo, lo cual no es menos importante, tómese un pincel y pintura, mézclense los colores convenientes y empiécese el trabajo artístico. Pero ¿cómo? Desconozco qué impresiones mueven al artista en tal momento; pero cuando he de empezar el trabajo artístico desde el ángulo de mira “estrictamente” ajedrecista, no me abandona la idea de que se me ofrece la indecible felicidad de hacer la partida más bella, más profunda por su contenido y más actual de cuantas se jugaron antes de mi venida al mundo y se jugarán después de ella. Esta idea no es tan abstracta como parece a primera vista si se tiene en cuenta que los mortales llevan mil o dos mil años jugando al ajedrez. Y si aplico la experiencia acumulada sólo en el transcurso de cinco siglos, entonces… Bueno, ¿cómo empezar? Hace cuatro décadas que asisto al Templo del Arte ajedrecista, toco piadosamente el peón del rey blanco y lo envío con una oración a explorar el terreno contrario. Y, ante la pegajosa satisfacción de los espectadores, de los boquiabiertos, de los corresponsales de prensa y hasta de los maestros, candidatos a gran maestro y grandes maestros, me sumerjo en una medi-

tación letargosa en cuanto el rey de las tropas enemigas ordena a sus fuerzas salir al encuentro de mi explorador. Y lo hago por un motivo bien conocido: cómo empezar el ataque; eterna espada democliana que ha intranquilizado y despedazado todas las generaciones de ajedrecistas. Para poder censurar o justificar el tormento artístico del autor de este libro, el lector ha de leerlo con atención y de cabo a rabo. Tengo la seguridad de que no ahorrará esfuerzos en hacerlo. Mientras tanto, hagamos un ensayo general y veamos qué segundo movimiento de las blancas debe ser el personaje más importante.

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OBJETIVOS QUE CARACTERIZAN LAS POSICIONES DE TIPO ABIERTO Blancas

Negras

1. Atacar contra la casilla f7 negra. 2. Poseer la diagonal c4-f7. 3. Poseer la diagonal h5-f7. 4. Dominar la vertical f. 5. Realizar la maniobra Cf3-Cg5-Cf7. 6. Atacar contra el punto e5 negro. 7. Hacer d4. 8. Efectuar f4. 9. Formar un centro de peones sólido. 10. Abrir las verticales e y f. 11. Dominar en el escaque d5 con objeto de utilizarlo como cabeza de puente para atacar contra el punto f7 negro con la dama y el alfil y contra el c7 con la maniobra Cc3-Cd5. 12. Emplear ciertos artificios y hacer concesiones materiales para incluir las piezas del flanco de la dama en el ataque. 13. Rehuir toda ganancia material, si una de las piezas del flanco de la dama adversaria aumenta su radio de acción y, por lo mismo, forma parte de un ataque contra puntos vulnerables.

1. Defender el escaque f7. 2. Interceptar la diagonal c4-e6. 3. Vigilar las operaciones de la dama blanca en la casilla h5. 4. Observar con atención el movimiento Th1-Tf1. 5. Vigilar toda acción del caballo g1. 6. Defender racionalmente el peón e5. 7. Tratar de llevar a efecto el movimiento d5. 8. No adelantar el peón f7. 9. Menoscabar la potencia de la pareja de peones e4 y d4 blancos. 10. Eludir la apertura de las verticales e y f. 11. Luchar por el punto d5 propio. 12. No caer en la funesta tentación de tomar demasiadas piezas y peones adversarios. Conviene tener comedimiento en ello, y restituirlos en el momento oportuno a cambio de hacerse con la iniciativa. 13. Atender extremadamente la correlación de las piezas que ocupan posiciones activas y amenazadoras en el flanco de las dos damas. Procurar por todos los medios que la diferencia cuantitativa no exceda en una unidad, redundante en beneficio de las blancas. Y devolver oportunamente el material ganado; si ello no es suficiente para equilibrar la situación, entonces hay que aceptar todo sacrificio recíproco, y hacerlo sin lamentaciones ni suspiros de ninguna clase.

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ATAQUE CON LA DAMA Diagrama núm. 2 Después de 2. Dh5

Todo ajedrecista conoce el movimiento 2. Dh5. En cuanto se ha aprendido a mover las piezas y los peones ¡se descubre la enorme potencia de la dama! Los ojos se ponen relucientes y se empieza a creer en las fuerzas propias, aun careciendo todavía de capacidad para llevar a efecto una ofensiva coordinada. Tal movimiento es el exponente de la ciega tendencia a llegar hasta el rey negro; después, la fantasía y la experiencia indicarán el movimiento conveniente. Todos hemos recorrido este camino. La diferencia consiste en haberlo abandonado con más o menos antelación. Lo cual depende de las cualidades del ajedrecista. En todo centro de ajedrez hay quienes pretenden ganar la partida mediante este precipitado ataque con la dama. Para aquellos que quieren ahondar en el arte del ajedrez, esta suerte de ataque debe servirles sólo como base para el verdadero estudio científico de las regularidades e irregularidades del arte citado. No conviene que la dama actúe prematuramente en la lucha, porque las piezas y peones adversarios empiezan a perseguirla, y mientras se mueve de escaque en escaque, el adversario va poniendo inadvertidamente en juego sus pequeñas unidades combativas. Pues, aunque ella es más fuerte que cada una de dichas unidades, éstas atacan conjuntamente y la ponen en fuga, y puede darse por satisfecha si logra

escabullirse sana y salva. Después de lo expuesto, ¿quién se apresurará a mover la dama? De moverla, la variante idónea para las blancas es 2. Dh5, Re7; 3. Dxe5++. Dicho de otro modo, las negras pierden la partida al tercer movimiento. Si no se mueve el rey, el segundo movimiento de las blancas no entraña peligro, por cuanto se puede defender el peón e5 con Cc6 y, después, hacer Cf6 para que la dama se retire. Pero, después de 3. Ac4, no ha de moverse el alfil del rey ni el caballo c6, ni la torre de la dama. Tampoco hay que precipitarse en hacer Cf6. Después de 2. Dh5, no conviene hacer 2. …, g6; porque sucede

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3. Dxe5+, y luego Dxh8, sino 2. …, Cc6.

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ATAQUE CON EL ALFIL Diagrama núm. 3 Después de 2. Ac4

Este movimiento es mejor y menos aventurado que 2. Dh5 y 2. Df3. Porque el alfil ocupa una sólida posición, de la cual es difícil desalojarlo en la fase de la apertura, y porque las blancas pueden practicar la táctica de espera con este movimiento, a veces conviene apoyarlo con la dama. Por ejemplo: después de 2. …, Ae7?; 3. Dh5!, se amenaza no sólo con 4. Dxe5, sino también con 4. Dxf7++. De esta manera, se puede perder solamente una vez… Hace una o dos centurias que muchos optaban por 2. …, f5; pero este ataque puede causar la derrota si se juega con un oponente experimentado. Es aconsejable hacer un movimiento simétrico con el alfil, o bien tomar enseguida la iniciativa y presionar sobre el peón central mediante 2. …, Cf6. Lo importante es no perder siquiera el tiempo, ni permitir que las blancas reúnan fuerzas para atacar contra el punto f7, fortaleza patrimonial del rey negro. Por lo demás, hay que contar con este peligro en casi todas las aperturas abiertas, cuanto más en las de gambito. Aconsejo a las blancas situar al alfil en la casilla c4, y que el oponente halle el mejor procedimiento defensivo. Lo cual no es fácil. Desde luego, si es hábil, podrá rechazar el primer ataque, el segundo y aun el tercero. Pero esta circunstancia no debe desalentar a las blancas, que movimiento tras movi-

miento han de producir situaciones difíciles de despejar. Pues el adversario en algún momento y lugar, quebrantará el equilibrio entre el ataque y la defensa, lo cual le forzará a efectuar un movimiento apresurado. ¡Entonces puede aprovecharse la postura del alfil de referencia! Situado en el escaque b3 o en a2, dicho alfil va adquiriendo potencialidad para asaltar oportunamente el punto f7 negro. El movimiento 2. Ac4, tiene, además, otras ventajas: no intercepta el paso del peón f3 propio y encubre la intención de situar la dama en el escaque h5 o en f3. Al lector ávido de curiosidades le voy a desvelar el secreto de mi procedimiento defensivo: 2. Ac4, Ac5!; 3. Dg4, d5!; 4. Dxg7, Dh4!; 5.

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Dxh8, Dxf2+; 6. Rd1, Dxg2; y el juego resulta embrollado.

UN PUNTO PARA DOS (Torneo de candidatos, Ámsterdam, 1956) Pablo Keres jugó las blancas Diagrama núm. 4 Después de 9. Rd2

Si las negras quieren hacer tablas, podrían jugar 9. …, Df2+. Tras 10. Ce2, De3+; 11. Re1, Df2+; el empate está asegurado. En la primera ronda no está mal conseguir medio punto; pero dolía terminar la partida así. Con todo, hubo que dar jaque, y después hacer Cc6 y no De3+. Estuve un buen rato calculando variantes con los movimientos 10. Ce2, Cc6; 11. Rd3, Cxh2; 12. Ae3, Cg4; pero no me ofrecieron posibilidades de ataque ventajoso. Posiblemente, no se debe tomar el peón h2, sino hacer Cf6. Algunas veces suele preguntarse: ¿Qué es un Gran Maestro? Yo contestaría así: Un fanático de fanáticos que no suele aceptar un empate inmediato si tiene posibilidad, aunque sea mínima, de luchar tenazmente. Cuando no puede cumplir este precepto, y por lo mismo la partida termina en tablas, al día siguiente se lanza con más tenacidad a luchar contra un oponente imaginario. ¡Imaginario! ¿por qué? Porque toda combinación ajedrecista acostumbra a desarrollarse entre bastidores.

1. e4, e5; 2. Ac4, Cf6; 3. Cc3, Cc6; 4. f4, Ac5; 5. fxe5, Cxe5; 6. Ab3, Axg1; 7. Txg1, Cfg4; 8. d4, Dh4+; 9. Rd2, Cc6; 10. Df3, Cf6; 11. Rd3, b6; 12. Ae3, Ab7; 13. Df4, Aa6+; 14. Rd2, Dxf4; 15. Axf4, Cxd4; 16. Axc7, Cxb3+; 17. axb3, Ab7; 18. e5, Ce4+; 19. Cxe4, Axe4; 20. Ad6, h5; 21. Ta4, Ac6; 22. Tf4, Th6; 23. c4, f6; 24. b4, b5; 25. b3, a5; 26. cxb5, Axb5; 27. Ta1, a4; 28. bxa4, Txa4; 29. Txa4, Axa4; 30. Rc3, Tg6; 31. g3, Tg4; 32. Tf5, Tg5; 33. Tf2, Rf7; 34. exf6, gxf6; 35. Te2, Ab5; 36. Te4, Td5; 37. Ac5, Td3+; 38. Rc2, Td5; 39. Ad4, d6; 40. Tf4,

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f5; 41. Rc3, Rg6; 42. Tf3, Aa6; 43. Te3, Rf7; 44. Te1, Ab5; 45. Ta1, Rg6; 46. Ta8, Rf7; 47. Ta7+, Re6. Y se convino que eran tablas.

LA SABIDURÍA ORIENTAL (Campeonato de la URSS por equipos, Moscú, 1959) V. Mujin jugó las blancas Diagrama núm. 5 Después de 20. …, Th5

Un proverbio oriental dice: “Si no hubiera lobos, nuestras ovejas llegarían a La Meca.” En el ajedrez, esta verdad puede interpretarse así: “Si el adversario no se moviera, se podría anunciar mate al comienzo de la partida.” Pero la oveja no conoce bien su falta de medios de defensa; por ello tiende a trashumar. Y el ser humano comprende la sabiduría citada al punto que sabe distinguir el rey de la dama; esto es, sabe hacer 1. e4, 2. Ac4, 3. Dh5, y 4. Dxf7++. Sin embargo, este conocimiento se disipa enseguida. En la partida que vamos a analizar, las blancas hicieron Ac4 y Dh5. Recordé que en todos los manuales para principiantes se recomienda solamente el movimiento 7. …, f5; y se me ocurrió pensar: “¿Para qué menoscabar la posición del peón e5?” A decir verdad, el decisivo movimiento f6 no produce el efecto deseable. Con todo, el adversario cometió los siguientes errores: 1. Se apresuró a tomar la

torre del rey en vez de hacer 10. Cf3, que era más contundente. 2. Se aventuró a enrocar corto. 3. Permitió que se abriese la vertical h, mediante 19. …, Axg3!. Pero ¿ganarían las blancas con el movimiento 10. Cf3? Francamente, no lo sé. Veámoslo: 10. Cf3, Aa6; 11. Cxe5, Cxe5; 12. Dxe5+, Rd8; 13. Dxh8, Dc6; 14. Dxf8+, Rc7; 15. Df3, Dxf3; 16. gxf3, Te8+; 17.

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Rd1, Ae2+; 18. Re1, Ad3+; 19. Rd1, Ae2+. Y así sucesivamente. 1. e4, e5; 2. Ac4, Cf6; 3. Cc3, Cxe4; 4. Dh5, Cd6; 5. Ab3, Cc6; 6. Cb5, g6; 7. Df3, f6; 8. Cxc7+, Dxc7; 9. Dxf6, b6; 10. Dxh8, Ab7; 11. Dxh7, 0-0-0; 12. Ce2, Cf5; 13. d3, Ccd4; 14. Cxd4, exd4; 15. 0-0, Dc6; 16. f3, Df6; 17. Dh3, Ad6; 18. Dg4, Th8; 19. g3, Axg3; 20. hxg3, Th5; 21. Tf2, Dh8; 22. Tg2, Th1+; 23. Rf2, De8; 24. Ad2, Txa1; 25. Df4, Dh8; 26. Ac1, Dh5; 27. g4, Dh4+; 28. Re2, g5; 29. Dxg5, Cg3+; 30. Txg3, Dxg3. Y las blancas rindieron.

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ATAQUE CON EL PEÓN DE LA DAMA Diagrama núm. 6 Después de 2. d4

El ataque 2. d4, es una de las aperturas más peligrosas. Y los procedimientos para llevarlo a efecto son diversos. En caso de que las negras acepten el sacrificio, se puede tomar el peón con la dama, hacer evolucionar rápidamente las piezas del flanco de ella y enrocar largo. Hay quienes sacrifican un peón, y hasta dos, para lo cual hacen 3. c3, y dan a aquellos que son aficionados a ganar material oportunidad de golosinear; mientras tanto se acercan encubierta y paulatinamente al rey adversario. Ante cualquier indicio de mate, el mejor sistema defensivo es restituir cuanto antes el material ganado y restablecer el equilibrio en las verticales abiertas y en la posición de las piezas adversarias situadas activamente. Otra táctica suele ser nociva. Pero todo ajedrecista experimentado no acostumbra admitir sacrificios. Queda por decir que el ataque citado está de acuerdo con las exigencias de la escuela del juego de posición: abrir verticales para que las piezas blancas evolucionen con mayor efectividad y ocupen posiciones eficaces. Conviene recordar que este ataque forma parte de casi toda variante de apertura que empieza con los movimientos 1. e4, e5; por cuanto resulta difícil tomar la iniciativa si no se hace d4, que independientemente de cuando se haga, está presente en

toda apertura abierta; por lo cual, debemos considerarlo como uno de los procedimientos de ataque más eficaces.

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CLAVADA DE CABALLOS (Sesión de Simultáneas, Sochi, 1950) Un desconocido jugó las negras Diagrama núm. 7 Después de 9. Td8+

¡Una posición final muy curiosa! Las negras tienen bien situadas las piezas; pero uno de sus caballos esta clavado y no puede tomar la torre, que da jaque a su rey. Si éste la toma, es posible el movimiento Dxe4, y el otro caballo no puede tomar la dama, porque el alfil lo tiene clavado. El mal de las negras empezó en el instante en que su dama se situó en el punto e7 y clavó el caballo adversario dispuesto en la casilla e4 blanca. Para vengarse, las blancas idearon la curiosa combinación 8. 0-0-0!, Dxe4; 9. Td8+. Posiblemente, al lector no le agrade esta miniatura, ¡pero a mí me encanta! ¿Por qué? Porque los caballos están clavados de un modo muy curioso. ¿Qué otra cosa digna de mención hay en ella? Acaso el movimiento 4. Da4. Por lo común, en los manuales se recomienda hacer 4. Dd1; pero ¿cómo puede reducirse al mínimo el radio de acción de tan poderosa pieza? En cuanto se me ofrece una oportunidad de basar el plan de ataque en el movimiento 4. Dd2, a primera vista tan ilógico, lo hago. Solamente hay que analizar bien los pros y los contras de dicho plan. Sobre todo, no hay que precipitarse en hacer los movimientos b3 y Ad2; es necesario tenerlos de

reserva. Al principio, conviene hacer evolucionar las piezas del flanco del rey, como Ad3, f4, Cf3 y 0-0; y luego mover la torre, el caballo y el alfil del flanco de la dama según lo requieran las circunstancias. A más de esto, recomiendo hacer 3. Ac4, lo cual es aquí mucho más peligroso para las negras. ¿Por qué? Por la siguiente combinación: 3. Ac4!, Ab4+; 4. c3, dxc3; 5. Axf7+!, Rxf7; 6. Db3+. Y las blancas recuperan la pieza sacrificada. 1. e4, e5; 2. d4, exd4; 3. Dxd4, Cc6; 4. Da4, Cf6; 5. Cc3, d5; 6. Ag5, dxe4; 7. Cxe4, De7, 8. 0-0-0, Dxe4; 9. Td8+.

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Y las negras abandonaron la partida.

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EL GAMBITO DE REY Diagrama núm. 8 Después de 2. f4

A todo verdadero ajedrecista se le altera el corazón al oír hablar de los gambitos. En primer lugar, nos entusiasma la antigua arma de los románticos, neorrománticos y demás espadachines del legendario gambito de rey. ¿A qué se debe tanto entusiasmo y tanta admiración por él? A que ninguna otra apertura ofrece tantas posibilidades de mostrar iniciativa artística; ningún otro principio del juego plantea, desde los primeros movimientos, problemas tan difíciles y vertiginosos que permitan a los dos oponentes luchar abiertamente y sin una previa y total exploración del tablero. De su policromía de variantes basta la 1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Cf3, g5; 4. Ac4, g4; 5. 0-0, gxf3; 6. Dxf3, Df6; 7. e5, Dxe5; 8. Axf7+, Rxf7; 9. d4!, para hacerse merecedor del eterno agradecimiento de los ajedrecistas. Puesto que en muchas de sus ramificaciones los dos reyes se ven envueltos en una vehemente contienda a partir de los primeros movimientos, ambos contrincantes manifiestan fundadamente el deseo de alcanzar la victoria mediante la potencia de su imaginación y no por medio de la contribución material del adversario preparado.

cada uno lo entienda como le parezca mejor.

No es un secreto que todo ajedrecista talentoso debe ser artista y creer en la victoria de la inteligencia sutil sobre la fuerza material. Yo entiendo el gambito de rey así; que

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UN PELIGRO PARA LOS CAMPEONES (Competición “Lokomotiv-Dinamo”, Moscú, 1954) T. Duz-Jotimirski jugó las blancas Diagrama núm. 9 Después de 5. Cg5

Se cree que el ajedrez es un juego para personas taciturnas. Así que mi contrincante hizo 2. f4, oí la enojada voz: ―¡Acepte este sacrificio sin renuncia de ninguna clase! Si no toma el peón, dejo de jugar con usted. De esta manera, hube de aceptar el gambito del anciano Maestro. Transcurridos unos movimientos, Duz-Jotimirski se apresuró en mover una pieza, y, mientras yo pensaba la respuesta, decidó… volver atrás la jugada. Los espectadores profirieron una expresión exclamatoria, y los jueces de la competición quisieron parar el reloj; pero Teodoro Ivanovich alzó la voz contestando simultáneamente a todos. ―¡Anda, que por nada forman alboroto! Vuelvo atrás la jugada y hago otra mejor. ¿El reglamento? ¡Que el diablo cargue con él; aquí estamos jugando al ajedrez! Y dirigiéndose a mí: ―Por lo demás, ¿tiene usted algo que objetar? ―Nada en absoluto ―contesté. Y el juego prosiguió como si nada hubiera sucedido. En el torneo internacional en memoria de Chigorin, celebrado en San Petersburgo el año 1909, Teodoro Ivanovich Duz-Jotimirski venció

a los dos primeros ganadores; esto es, a Lasker, campeón del mundo, y a Rubinstein, campeón de Rusia. En la partida con el primero llevó a término una irreprochable ofensiva en el flanco del rey. En la que jugó con el segundo tomó la iniciativa, mediante un astuto movimiento con un peón y forzó a su contrincante a efectuar una combinación desventajosa. Aquel éxito le dio celebridad y el público ajedrecista lo llamó “Un peligro para campeones”. 1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Cf3, g5; 4. h4, g4; 5. Cg5, d5; 6. exd5, h6; 7. De2+, Ae7; 8. Ce4, f5; 9. Cf2,

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Cf6; 10. d4, 0-0; 11. Axf4, Cxd5; 12. Dd2, Cxf4; 13. Dxf4, Rg7; 14. Ae2, Te8; 15. 0-0, Ad6; 16. Dd2, Dxh4; 17. Td1, f4; 18. Cc3, f3; 19. gxf3, Dh2+!. Y las blancas abandonaron la partida.

CATASTROFE EN LOS ESCAQUES f7 Y f4 NEGROS (Campeonato de la URSS, Leningrado, 1947) P. Dubinin jugó las negras Diagrama núm. 10 Después de 20. Tf7+

Por aquel año, el gambito de rey se practicó muy poco en las grandes competiciones, y el efecto de su práctica fue, como en el siglo anterior, el siguiente: las negras procuraron mantener la ventaja del peón ganado a su adversario y no restituirlo a su debido tiempo. Analícense los siete primeros movimientos y se observará un modo completamente distinto de abordar el asunto del desarrollo. Mientras las blancas se apoderan del centro, las negras adelantan preferentemente los peones del flanco del rey. Y mientras las primeras sitúan activamente sus piezas menores, como Ac4 y Ce5, en posiciones de ataque excelentes, las segundas pierden dos valiosos tiempos en hacer Th7 y Ah6, para defender los peones f7 y f4. La idea de las negras se asienta sobre una base lógica: el rey existirá mientras existan los dos peones en la vertical f. ¡Pero verdad es que se pierden!

Dése una ojeada a los antiguos manuales del gambito de rey y se hallarán todos los movimientos efectuados en esta partida, con la diferencia de que las negras reforzaron la defensa con 8. …, Cc6; en lugar de hacer 8. …, d6; pero este pequeño detalle no alteró la valoración general de la variante. ¡Queda comprobado que no todos los movimientos antiguos es-

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tán pasados de moda! 1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Cf3, g5; 4. h4, g4; 5. Ce5, h5; 6. Ac4, Th7; 7. d4, Ah6; 8. Cc3, Cc6; 9. Cxf7, Txf7; 10. Axf7+, Rxf7; 11. Axf4, Axf4; 12. 0-0, Dxh4; 13. Txf4+, Rg7; 14. Dd2, d6; 15. Taf1, Cd8; 16. Cd5, Ad7; 17. e5, dxe5; 18. dxe5, Ac6; 19. e6, Axd5; 20. Tf7+, Cxf7; 21. Txf7+, Rh8; 22. Dc3+, Cf6; 23. Txf6, Dxf6; 24. Dxf6+, Rh7; 25. Df5+. Y las negras se rindieron.

ESTAFETA DE LAS GENERACIONES (Sesión de simultáneas, Kiev, 1941) Un desconocido jugó las blancas Diagrama núm. 11 Después de 12. …, Ce2+

En el considerable legado del célebre Morphi hay una combinación que siempre me ha gustado un poco más que las otras. He aquí que se me presentó la oportunidad de aplicar la idea de este genial ajedrecista en una original y extraordinariamente similar combinación para dar mate. El nudo de la combinación de las negras fue el movimiento 6. …, dxe5!. La respuesta lógica era 7. Axf7+, Rxf7; 8. Cxe5+, Rg8; 9. Dxh5, g6; 10. De2, pero ¿cómo renunciar al movimiento 7. Cxe5, que entraña dos amenazas importantes: Cxf7! y Dxh5 sin necesidad de sacrificar el alfil? Cuando las negras consiguieron eludir este peligro, se perfiló la silueta de la combinación ideada por ellas; esto es, el movimiento Dh4+, que las blancas no sospecha-

ban, pues la variante 8. Rf1, Cg3+; 9. Rg1, Cxh1; 10. Axf7+!, Re7; 11. Ah5, Cf2; 12. De2!; no era conveniente a las negras. En realidad, el movimien-

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to Dh4+ fue el principio de una idea completamente distinta: ¡no es el caballo el que trata de asaltar la casilla h1, sino la dama, la que arde en deseos de tomar la e1! ¡Tomar la casilla e1! ¿Cómo tomarla si está defendida por la dama y el rey? Aun en el supuesto de que la dama desaparezca y el rey se sitúe en la casilla g1, el movimiento Dh4-e1 carece de eficacia, por cuanto el alfil se retira a f1 y evita cualquier peligro. Para que dicho alfil no pudiese proteger a su rey, las negras hicieron 8. …, Ae6; movimiento que observé en una de las partidas de Morphi. De esta manera, se transmiten de una generación a otra y de un siglo a otro los más bellos movimientos, lo cual podría llamarse la estafeta de las generaciones. 1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Cf3, Cf6; 4. e5, Ch5; 5. Cc3, d6; 6. Ac4, dxe5; 7. Cxe5, Dh4+; 8. Rf1, Ae6; 9. Axe6, Cg3+; 10. Rg1, Ac5+; 11. d4, Axd4+; 12. Dxd4, Ce2+; 13. Cxe2, De1++!

UN MUNDO DE AVENTURAS (Campeonato de la URSS, Moscú, 1945) I. Kan jugó las negras La posición reflejada en el diagrama muestra las huellas de una dura lucha: el caballo negro en h1, la dama negra en g7, el audaz peón blanco en e6 y la dama blanca ocupando una activa posición en f4.

El juego fue tan impetuoso que no todas las piezas pudieron participar en él; como puede comprobarse, tres torres permanecen en su posición inicial. Aquí entraron las

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piezas del flanco de la dama blanca en acción. ¿Por qué las negras no respondieron a Cbc3 con el enroque largo? Porque muchos movimientos antes su rey había optado por el avance pedestre. Los diagramas no son perfectos, pues no pueden mostrar el movimiento de las piezas. Por ello, es necesario ver los movimientos décimo y decimoctavo en el texto de la partida. ¿Pudo Kan haber ganado? Indudablemente. Por ejemplo, no debía haberse apresurado en hacer 12. …, Cxh1; sino contestar con 12. …, h6. Pues al efectuar h6 en el movimiento decimotercero, dio a las blancas posibilidad de mejorar su juego y hacer tablas del siguiente modo: 14. Df5+, Re8; 15. Dg6+, Rf8; 16. Df5+. Al ganar esta partida y otras dos debido a la apertura de gambito de rey, mi “audacia” fue comentada por todos, incluido mi amigo Boleslavski. Veamos lo que se publicó en tres números de la revista “El ajedrez en la URSS” pertenecientes al año 1945: “Al hacer el gambito de rey y desatar así una tempestad en el tablero, el maestro Bronstein se encontró frecuentemente con que no pudo hallar una salida airosa. Pero la suerte le sonrió, pues sus oponentes no supieron aprovechar las enormes posibilidades que les ofrecía la posición…”, escribe Boleslavski en el número 8. “Bronstein osó jugar tres veces el gambito de rey. Sin duda, esto

es arriesgarse excesivamente; no obstante, sus contrincantes Alatortsev, Kan y Koblenz sufrieron una derrota muy desagradable, por cuanto un maestro no debe perder la partida al comienzo de la misma en una apertura que se estima imperfecta…”, dice Flor en el número 45. Por último, se oye la voz, más sensata, de A. Kotov en el número 3: “El joven maestro ha de tener presente que las alabanzas de los entendidos en este arte, relativas a que él “ha reanimado” el gambito de rey, no valen un comino. En primer lugar, ya al comienzo del juego se encontró en situación precaria en dos de las tres partidas; en segundo lugar, Bronstein debe comprender que aquellos autores que lo alaban habrían calificado de “imprudente” su juego de haber perdido las tres partidas de referencia…” Con todo, no lamento haber optado por el movimiento f4; experimento audaz en aquel entonces. Si acaso lamento un poco que I. Kan no hiciese 16. …, Cd4?; 17. Cbc3, Cxc2+; 18. Rd2, Cxa1; 19. Axd6, cxd6; 20. Cd5!, lo cual mejoraba en mucho el juego de las blancas. Los complicados problemas que planteó la apertura absorbieron el tiempo de que disponíamos; y así, nos encontramos con que éste escaseaba enormemente ya en el vigésimo movimiento. En tales condiciones pude llevar a efecto una de mis celadas: 25. Cdb5!, a6?; 26. Txd8, Txd8; 27. Cc7, con un final de caballos conveniente a las blancas.

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Diagrama núm. 12 Después de 18. …, Re8

Cabe suponer que de esta compleja partida saqué las consecuencias oportunas, y al año siguiente, cuando un equipo moscovita participó en una competición amistosa que se celebró en Bratislava, hice un gambito de rey más fundamentado en mi encuentro con el maestro Jukel: 1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Cf3, Cf6; 4. e5, Ch5; 5. d4, d5; 6. c4, Ae7; 7. Ae2, Ah4+; 8. Rf1, Ae7; 9. cxd5, Dxd5; 10. Cc3, Dd8; 11. d5, de esa manera conquisté puntos importantes con los peones, y gané la partida; aunque con mucho esfuerzo. 1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Cf3, Cf6; 4. e5, Ch5; 5. d4, g5; 6. h4, g4; 7. Cg5, d5; 8. exd6a.p., Axd6; 9. Ac4, Cg3; 10. Axf7+, Rf8; 11. Ae6, De7; 12. d5, Cxh1; 13. Dxg4, h6; 14. Ce4, Axe6; 15. dxe6, Cc6; 16. Axf4, Dg7; 17. Axd6+, cxd6; 18. Df4+, Re8; 19. Cbc3, Tf8; 20. De3, Dd4; 21. Dxd4, Cxd4; 22. 0-0-0, Cf2; 23. Cxd6+, Re7; 24. Txd4, Tad8; 25. Cdb5, a6; 26. Txd8, Txd8; 27. Cc7, Td4; 28. C3d5+, Rd6; 29. c3, Te4; 30. e7, Cg4; 31. e8D, Txe8; 32. Cxe8+, Rxd5; 33. Rd2, Re5; 34. Cg7, Cf6; 35. Re3, Cd5+; 36. Rf3. Y las negras cesaron de oponer resistencia.

UNA MARAVILLA DEL SIGLO XX (Partida de perfeccionamiento, URSS, 1963) Una máquina electrónica “M 20” jugó las negras No hace mucho que la prensa publicó el encuentro disputado entre la URSS y los EEUU por grandes

maestros electrónicos con el resultado de 3:1 a nuestro favor.

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La sensación fue grande, y en cada conferencia se nos formulaba a nosotros, maestros de carne y hueso, la pregunta: “¿Qué potencia de juego tiene un maestro automático?” Cada uno fue contestando como buenamente pudo: “No juega mal, aunque por ahora no está ni mucho menos a la altura de los campeones del mundo; que la ciencia produce cosas más grandes, y que...” Pero sucedió... ―Oiga, gran maestro, somos unos admiradores de usted y quisieramos consultarle algo muy importante. ¿Podría dedicarnos un par de horas? ―Les agradezco la atención, pero estoy muy ocupado y no puedo atenderlos. Lo siento. ―¡Qué lástima! Confiábamos tanto en usted...; queríamos que nos prestase su valiosa ayuda en la verificación de una variante. ―Me invitan, por ventura, a una sesión de simultáneas para ayudarles a resolver una variante. ¿Quiénes son ustedes? ―Programadores. Hemos adiestrado un autómata en el juego del ajedrez, y nos ha ganado a todos. Sin embargo, no se nos permite incluirlo en un torneo de ajedrecistas vivientes. El jefe de nuestra sección dice. “¡Eso no es más que un cuento! Creeré que puede jugar al ajedrez cuando gane a los maestros.” ―De acuerdo; jugaré con el autómata, y díganle que le doy una dama de ventaja. De ese modo me enfrenté con él. Al principio me satisfizo la po-

sición; pero así que mi contrincante empezó a cambiar piezas, me di cuenta de que haberle dado la dama era un error irreparable. Mientras los jóvenes programadores se reían de mí y parecían querer decir: “Es inútil que se esfuerce, porque él no tiene nada de humano y, por ende, no comete errores! ¡Ahora mismo le va a dar jaque y...!” Hubo aplausos, bullicio y felicitaciones. Los programadores se dispusieron a apagar la luz y abandonar el local. Protesté: ―¡El desquite! ¡Exijo el desquite! Exijo que me devuelvan la dama! Aquí hice mi partida inmortal; en ella di mate al electrónico rey negro en diez movimientos. La apertura se desarrolló de acuerdo con las últimas recomendaciones de la teoría ajedrecista y de los jóvenes programadores. La lucha culminó en los movimientos 13. Dc4, b5. Como no les gustó el movimiento de mi dama, las negras agotaron su tiempo y el mío meditando sobre las respuestas. El juez árbitro y a la vez jefe de los programadores de máquinas electrónicas quiso aplazar el encuentro. Pero volví a protestar, por temor al análisis casero: ―¡Un momento, por favor! ¡Doy mate en diez jugadas si hago 14. Cxg5+. ―No se impaciente, gran maestro; anote su movimiento y guárdelo en el sobre. Hay que hacer las cosas conforme a las normas establecidas por la FIDE ―dijeron los técnicos.

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Diagrama núm. 13 Después de 13. ..., b5

A las siete y media de la mañana siguiente sonó el teléfono, y una rechinante y electrónica voz dijo: ―Le felicito por su victoria. Pero no olvide que sin la dama le ganaré siempre, ni tampoco que hemos empatado a un tanto. Iba a darle las gracias; pero en el auricular se oyó un crujido, lo cual me dio a entender que el “M 20” daba por terminado el dialogo. Han transcurrido siete años desde aquel memorable día; con todo, no puedo perdonarme haber dado la dama de ventaja a aquel monstruo. Ni me satisface el bello mate que le di en la segunda partida. Digan lo que digan, el ingenio capaz de jugar al ajedrez con seres humanos es una de las maravillas más sorprendente del siglo XX. 1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Cf3, Cf6; 4. e5, Cg4; 5. d4, g5; 6. Cc3, Ce3; 7. De2, Cxf1; 8. Ce4, Ce3; 9. Cf6+, Re7; 10. Ad2, Cxc2+; 11. Rf2, Cxa1; 12. Cd5+, Re6; 13. Dc4, b5; 14. Cxg5+, Dxg5; 15. Cxc7+, Re7; 16. Cd5+, Re6; 17. Cxf4+, Re7; 18. Cd5+, Re8; 19. Dxc8+, Dd8; 20. Cc7+, Re7; 21. Ab4+, d6; 22. Axd6+, Dxd6; 23. De8++!

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AJEDREZ VIVIENTE (Partida representada teatralmente, Tbilisi, 1963) T. Petrosian jugó las negras Diagrama núm. 14 Después de 16. …, Dg7

Desde que el ajedrez existe se viene incluyendo temas ajedrecistas en los espectáculos teatrales y en los libros. También hace mucho tiempo que el espectador puede presenciar partidas en las grandes plazas públicas. En el estadio Dinamo de Tbilisi se ofreció un espectáculo así. En funciones de estratega del bando blanco, elegí una de las variantes elaboradas por mí sobre cierto ataque que P. Keres ensayó contra A. Alekhine en una ocasión. Posiblemente, Keres conocía la variante 8. hxg3, Cxg3; 9. Dh2, Cxh1; 10. Ad3, f5; 11. exf6a.p., g6; y por ello hizo 8. Dg2. Sin embargo, la situación de las blancas no es tan mala; basta con hacer 11. Cc3, en lugar de 11. exf6a.p., y proseguir Ad2, 0-0-0, y Txh1, para que las negras experimenten pronto una fuerte presión en las verticales g y h. No era necesario hacer 15. …, De7, pues 15. …, hxg6; 16. Dxg6+, Rh8; 17. Dh6+, Rg8; y así sucesivamente, producía el empate. Pero las negras eludieron el jaque continuo. Y las blancas montaron en cólera; hicieron 17. Axf6, y se afligieron de que el adversario no respondiera con 17. …, Dxh6; 18. Ce7++.

1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Cf3, Cf6; 4. e5, Ch5; 5. De2, Ae7; 6. d4, 0-0; 7. g4, fxg3a.p.; 8. hxg3, Cxg3; 9. Dh2, Cxh1; 10. Ad3, g6; 11. Dh6, d5; 12. Cc3, Cg3; 13. Cg5, Axg5; 14. Axg5, f6; 15. Axg6, De7; 16. Cxd5, Dg7; 17. Axf6, Txf6; 18. Axh7+, Rh8; 19. Dxg7+, Rxg7; 20. exf6+, Rxh7; 21. Cxc7, Cc6; 22. Cxa8, Cxd4; 23. 0-0-0, Af5. Tablas.

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INQUIETUDES VANAS (Olimpiada de Munich, 1958) C. Lemoine jugó las negras Diagrama núm. 15 Después de 25 Cxf7

Con el paso del tiempo, los secretos del ajedrez dejan de ser el arma secreta de unos cuantos y se convierten en instrumentos de todos. Hoy día, todo ajedrecista sabe que el punto f7 negro es el más vulnerable en la posición inicial de la partida. ¿Cuáles son los invulnerables? Los respectivos e2 y e7. Si el maestro francés Lemoine hubiera podido leer estas líneas antes de nuestro enfrentamiento, no habría permitido que mi torre invadiese su escaque e7. Esta popular variante de apertura produjo rápidamente el cambio de las damas; con todo, las negras se redujeron vanamente a las maniobras Ae7-Ad6-Ae7-Ad6… Puesto que las damas iban a desaparecer del tablero, era preferible que las negras tomasen la dama con el rey. Tras unos movimientos inútiles, el alfil desapareció, y las negras no tuvieron con qué defender sus puntos vulnerables. Voy a decir algo acerca de las blancas, al objeto de que no se piense que sermoneo sólo a las negras. La flexible táctica del alfil de casillas blancas, que con la maniobra Ad3-Ab5-Ac6 apuntó contra la torre a8 y el peón d5 negros, y el elegante salto del caballo Cf3-Ce5-Cf7 son encomiables.

Si las negras hubieran tomado el caballo con la torre, se les habría dado mate así: 26. Axd5, Cxd5; 27. Te8+!. 1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Cf3, Ae7; 4. Ac4, Cf6; 5. e5, Cg4; 6. Cc3, d6; 7. exd6, Axd6; 8. De2+, De7; 9. Dxe7+, Axe7; 10. d4, Ad6; 11. Ce4, Cd7; 12. Cxd6+, cxd6; 13. Axf4, Cb6; 14. Ad3, d5; 15. 0-0, 0-0; 16. b3, Cf6; 17. Tae1, Ag4; 18. Te7, Cbd7; 19. Ae5, b6; 20. Axf6, Cxf6; 21. Ce5, Ae6; 22. Aa6, Ac8; 23. Ab5, a6; 24. Ac6, Tb8; 25. Cxf7, Ag4; 26. Txf6. Y las negras se rindieron.

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LA DAMA PUEDE SACRIFICARSE (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 945) Koblents jugó lasnegras Si esta partida se analiza superficialmente, su final da la impresión de ser muy curioso. Pero no es así, pues, como en toda partida, cada movimiento tiene sutilezas varias y ocultas. Por ejemplo, las piezas blancas debían haber atacado inmeditamente contra el flanco del rey en vez de hacer el lógico movimiento 11. Dd3. El 11. Ce5 planteaba a las negras el siguiente problema: efectuar el contragolpe 11. …, e2; o pensar en los peligros que amenazaban a su rey. Y el 11. …, Af6; ponía al rey en situación de mate, después de 12. Ce4,Db6; 13. Cxf6+, gxf6; 14. Dh5, Dxd4; 15. Rh1, fxe5; 16. Txf7. Parece lógico responder con 11. …, Ae6; pero ¿cómo proseguir tras 12. Cb5? La dama negra ha de retirarse; si a 12. …, Db6; sucede 13. Axe6, fxe6; 14. Txf8+, Axf8; 15. Dh5, y el ataque es irrechazable. Si la dama se retira al escaque d8, sigue 13. Axe6, fxe6; 14. Txf8+, Axf8; 15. Dg4!, para responder a 15. …, Dc8; con 16. Cxc7, tras lo cual no conviene hacer 16. …, Dxc7; porque sucede 17. Dxe6+, Rh8; 18. Cf7+, Rg8; 19. Ch6+, Rh8; 20. Dg8++. ¿Quiere este amplio comentario demostrar que 11. Ce5, daba,

de un modo rápido y bello, la victoria a las blancas? ¡No! Cada ajedrecista pinta sus victorias tan bellamente que cualquier movimiento, por feo que sea, empieza a reflejar combinaciones brillantes. Si se analiza seriamente “este producto de la imaginación ajedrecista”, se comprobará que las combinaciones citadas no son sino humo de paja. Si el aficionado al análisis microscópico no está de acuerdo con las variantes referidas y pone en tela e juicio el movimiento 11. …, Ae6; incluirá al autor de este libro en el número de los que “pintan bellamente sus victorias"; por el contrario, si lee atentamente esta página, estará de acuerdo con la frase “la dama debe retirarse”. Pero la dama no ha de retirarse para nada, porque se puede responder sin reparo con 12. …, Axc4!. Digan lo que digan los escépticos, las blancas debilitaron en extremo su casilla e2. ¿Cómo? Así: en el transcurso de los doce movimientos primeros desapareció el peón e2, el rey se alejó de la misma; el caballo g1 perdió el dominio sobre ella, y el caballo c3 se olvidó de tal. Sólo quedó la dama para defenderla. En resumen, la variante 11. Ce5, Ae6; 12. Cb5, Axc4; 13. Cxd6,

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e2; 14. Cdxc4, exd1D!; hubiese producido una situación muy tirante y un final no menos aburrido. Sinceramente: ¿Qué movimiento es mejor, 11. Ce5 u 11. Dd3? En general, las negras jugaron bien; pero en el decimoctavo movimiento cometieron el error de situar el alfil en la casilla b6; pues era mejor situarlo en e7, y en el vigésimo primero tenían que haber tomado el alfil con el peón y no con la torre. Por último, el salto del caballo blanco a la casilla f5, efectuado en el vigésimo cuarto, dejaron indefenso al peón b7, lo cual fue para ellas el comienzo de su fin.

Diagrama núm. 16 Después de 10. …, fxe6

Si se analiza críticamente mi comentario, se verá comprobado que no es conveniente hacer 11. Ce5?, como tampoco lo fue efectuar 11. Dd3?. Como indicó Boleslavski después de la partida, la clave de la posición es 11. Cb5!, tras lo cual la dama negra tiene que retirarse, y luego puede hacerse 12. Ce5, porque 11. Dd8; 12. Ce5, Af6; 13. Dh5, De7; 14. Cxf7, Txf7; 15. Axf7+, Dxf7; 16. Dxf7+, Rxf7; 17. Cxc7, y 18. Cxa1, ya no conviene a las negras.

Td2; 26. Df3, Ac5; 27. b4, Af8; 28. Cd4, Rh8; 29. Ce6. Y las negras se rindieron.

1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Cf3, Ae7; 4. Ac4, Cf6; 5. e5, Cg4; 6. 0-0, d6; 7. exd6, Dxd6; 8. d4, 0-0; 9. Cc3, Ce3; 10. Axe3, fxe3; 11. Dd3, Cc6; 12. Tae1, Ag4; 13. Txe3, Dh6; 14. Tee1, Ad6; 15. Ce5, Cxe5; 16. dxe5, Ac5+; 17. Rh1, Ae6; 18. Ce4, Ab6; 19. c3, Tad8; 20. De2, Tfe8; 21. Axe6, Txe6; 22. Df3, Te7; 23. Cg3, Ted7; 24. Cf5, Dg5; 25. Dxb7,

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¡TABLAS! PERO ¿A FAVOR DE QUIÉN? (Partida de preparación, Moscú, 1961) R. Jolmov jugó las negras El encabezamiento de esta partida parece un poco extraño. Actualmente, todos sabemos que empatar vale tanto como ganar medio punto. ¿A quién favorecen las tablas? ¡A nadie! Esto ocurre hoy; pero antiguamente favorecían a la parte que no podía mover. En la posición que ofrece el diagrama no pude hacer más que tablas, ya fuese dando jaque continuo 52. Tc2+, Rb3; 53. Tc3+, Rb2; 54. Tc2+, o limpiando inmediatamente el tablero 52. Tb7, a2; 53. Txb5+, Ra1, 54. Ta5, Rb2; 55. Txa2.

Diagrama núm. 17 Después de 51. …, a3

No cabe duda de que la superioridad material me hubiese dado la victoria en otras circunstancias más favorables; supuse erróneamente que mi rey alcanzaría el escaque a1 antes de que su colega llegase al b2. No fue así. Jolmov dirigió brillantemente la carrera de su rey. Aludo a los movimientos cuadragésimo segundo, cuadragésimo tercero, cuadragésimo cuarto y cuadragésimo quinto. En fin, el empate fue justo.

Txd8+, Txd8; 18. Re2, Af4; 19. Cg4, Ce7; 20. Td1, Tg8; 21. Cd4, h5; 22. Cxe6, hxg4; 23. Cxf4, Te8; 24. hxg4, Cc6; 25. e6, Cd8; 26. g5, Cxe6; 27. Cxe6, Txe6+; 28. Rf3, Te5; 29. Rf4, Te2; 30. Th1, Txb2; 31. Txh7, Txg2; 32. a3, b5; 33. Rf5, Tf2+; 34. Re6, Tg2; 35. Rf6, Tf2+; 36. Rg7, Tf3; 37. g6, Txc3; 38. Rf8, Txa3; 39. g7, Tg3; 40. g8D, Txg8+; 41. Rxg8, a5; 42. Rf7, Rd7; 43. Rf6+, Rd6; 44. Rf5, Rd5; 45. Rf4, Rd4; 46. Td7+, Rc3; 47. Txc7+, Rd3; 48. Td7+, Rc3; 49. Re3, a4; 50. Tc7+, Rb2; 51. Rd2, a3; 52. Tc2+, Rb3; 53. Tc5, b4; 54. Rc1, Ra2; 55. Tc2+, Ra1; 56. Tc4, b3; 57. Tb4, b2+; 58. Rc2, a2; 59. Txb2.

1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Cf3, Ae7; 4. Ac4, Cf6; 5. e5, Cg4; 6. Cc3, d6; 7. d4, dxe5; 8. dxe5, Dxd1+; 9. Cxd1, Ae6; 10. Axe6, fxe6; 11. h3, Ch6; 12. Axf4, Cc6; 13. Ce3, 0-0-0; 14. c3, Thf8; 15. Axh6, gxh6; 16. Td1, Ag5; 17.

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Y las negras no pueden mover.

GAMBITO TARTAKOVER (Campeonato de Europa por equipos, Viena, 1957) B. Ivkov jugó las negras Diagrama núm. 18 Después de 4. Ae2

Este gambito no se halla en los manuales de ajedrez, pues fue el Maestro Muchnik quien ideó el movimiento 4. Ae2, y yo lo he bautizado así. Independientemente de cómo se llame, lo importante es saber que Tartakover se permitió el lujo de jugar 1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Ae2, contra el campeón el mundo J. R. Capablanca y contra el aspirante al trono ajedrecista A. Alekhine en el torneo internacional, celebrado en Nueva York el año 1924. ¿Tiene este dato histórico alguna relación con la partida que vamos a ver? Indudablemente. A ella se han agregado los movimientos Cf3 blanco y Ae7 negro; pero esta circunstancia no altera la esencia del asunto. El alfil blanco se sitúa en la casilla e2 para no ponerse a tiro del peón negro d7 cuando a éste se le antoje dar un paseo por su escaque d5. Si la postura del alfil en la casilla c4 limita la elección de movimientos ―tomar el peón o retirar la pieza citada―, en la e2 ofrece la posibilidad de flanquear al peón de referencia. Conseguí llevar a término este plan de juego; aunque mi ulterior

ataque fue rechazado por las acertadas operaciones de B. Ivkov. Al lector se le brinda la posibilidad de conocer el alto estilo del Gran Maestro yugoslavo. Y se le aconseja leer el libro de A. Alekhine sobre el torneo celebrado en Nueva York el año 1924, y analizar las partidas que Tartakover hizo con Capablanca y Alekhine y otras de aquel torneo comentadas virtuosamente. 1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Cf3, Ae7; 4. Ae2, Cf6; 5. d3, d5; 6. e5, Cg4; 7. Axf4, f6; 8. d4, 0-0; 9. 0-0,

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fxe5; 10. Cxe5, Cxe5; 11. Axe5, Txf1+; 12. Axf1, Cc6. Y empate.

LAS LÁGRIMAS DEL CABALLERO DEL ATAQUE (Campeonato de Europa por equipos, Viena, 1957) A. Matanovic jugó las negras Diagrama núm. 19 Después de 14. Axf4

A los desafortunados y quejicosos se les oye con frecuencia exclamar: “Pero si entonces…! ¡Si hubiera…!” Como si en otras circunstancias no encontrasen motivos para justificar sus yerros. Al único desafortunado que comprendo perfectamente es al célebre caballero del ataque, Rodolfo Spielmann, natural de Viena; su artículo “En el lecho del gambito de rey enfermo” me movió a llanto. Si en la tercera década ya resultaba difícil ganar una partida mediante el riguroso gambito de rey, pues la ciencia ajedrecista lo hizo inofensivo con flechas aún más envenenadas ¿qué se puede decir de él al cabo de treinta, cuarenta y hasta cincuenta años? Con todo, recuérdense las inmortales joyas ajedrecistas de R. Spielmann, favorito de los vieneses, y juéguese el gambito de rey en su honor. Si no se está suficientemente preparado para ello, es aconsejable buscar las antiguas colecciones de partidas de gambito y analizar cada una de ellas. Esta ocupación es agradable en extremo; en ella no debe preocupar cómo se ha ganado o perdido una partida, sino gozarse

de la extraordinaria belleza que ofrece. Si el lector está de acuerdo con mi parecer en este sentido, es mejor que no analice mi partida con Matanovic, por cuanto en ella no hay ningún sacrificio espectacular. Pues las negras se defendieron con tanta energía, que las blancas hubieron de tocar inmediatamente a retirada. Lo único que conseguí fue resarcirme de la pérdida del peón f2, sacrificado anteriormente. Este sacrificio supuso el momento más intenso de la partida y la posibilidad de efectuar la ce-

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lada 14. …, Txf4?; 15. Dd8+!, que las negras evitaron felizmente. 1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Cf3, d5; 4. exd5, Cf6; 5. Ac4, Ad6; 6. 0-0, 0-0; 7. Cc3, c6; 8. d4, cxd5; 9. Cxd5, Ae6; 10. Cxf6+, Dxf6; 11. Axe6, fxe6; 12. Ce5, Axe5; 13. dxe5, Dxe5; 14. Axf4, Dc5+; 15. Rh1, Cc6; 16. c3, Dc4; 17. Ae3. Empate.

¿ANÁLISIS O IMPROVISACIÓN ? (Campeonato de la URSS, Moscú, 1952) M. Botvinnik jugó las negras Diagrama núm. 20 Después de 13. g3

Durante el transcurso de mi preparación para el campeonato del mundo de 1955 no logré desvelar el secreto de Botvinnik, es decir, sus ininterrumpidas victorias. Pero tuve la suerte de dar con algo más importante: el algoritmo del juego a seguir en aquella competición. Tras haber analizado profundamente más de cien partidas del campeón del mundo, decidí improvisar en el tablero, a pesar del peligro que ello entrañaba. ¿Por qué? Porque Botvinnik es el primero en la teoría ajedrecista; lo que aprendemos hoy, él lo aprendió ayer, y lo que aprendamos mañana él lo ha aprendido hoy. Guiado por esta sencilla regla, terminé la competición con el resultado de 12:12.

gambito de rey. Desde luego, él está preparado para aceptar esta apertura. En el transcurso de la partida hubo un instante en el que las negras estuvieron en el borde de la catástrofe: 13. …, fxg3?; 14. Cg5,

Pero olvidé mi regla de oro; al año siguiente volví a enfrentarme con el campeón del mundo, y, con una ingenuidad extrema, hice el

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gxh2+; 15. Rh1, g6; 16. Txf7, Rh8; 17. Txh7++; pero liquidaron la amenaza principal que suponía el alfil c4 con el movimiento 13. …, Cb6; y, por lo mismo, la chispa que alentaba el ataque. Debía haberme conformado con lo inevitable y optar por la variante 14. Axf4, Axf4; 15. gxf4, Cxc4; 16. Dxc4, Axf3; 17. Txf3, Dd5; 18. Dxd5, cxd5; pero aquel día pensé únicamente en ganar. 1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Cf3, d5; 4. exd5, Cf6; 5. Ab5+, c6; 6. dxc6, bxc6; 7. Ac4, Cd5; 8. d4, Ad6; 9. 0-0, 0-0; 10. Cc3, Cxc3; 11. bxc3, Ag4; 12. Dd3, Cd7; 13. g3, Cb6; 14. Ab3, c5; 15. c4, Df6; 16. Ce5, Axe5; 17. dxe5, Dxe5; 18. Axf4, Dh5; 19. Tfe1, Tfe8; 20. a4, Ae2; 21. Dc3, Cd7; 22. a5, Cf6; 23. Aa4, Te6; 24. Rg2, Ce4; 25. Da3, g5. Y las blancas se rindieron.

¡UN CORAZÓN GENEROSO! (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1953) A. Lilientahl jugó las negras Nuestras revistas ofrecen abundante y variado material ajedrecísta, como artículos, problemas, estudios, etcétera; pero contienen pocos relatos sobre los jugadores. Sin embargo, el hombre es un factor importante en este arte. No dudo de que muchos conocen perfectamente los rasgos artísticos de Andrés Arnoldovich Lilienthal y, por ende, su célebre victoria

sobre Capablanca mediante el sacrificio de la dama. Pero ¿saben que este Maestro tiene el corazón ajedrecista más generoso del mundo? Su carácter bondadoso y compasivo le impide a menudo participar con la debida malicia deportiva en los torneos. Se compadece de sus colegas ancianos coetáneos y aun jovenes.

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Diagrama núm. 21 Después de 15. …, Ag4

Somos viejos amigos. Sin embargo, ¡no se compadece en absoluto de mí cuando nos enfrentamos en el tablero! Basta ver la presente partida para convencerse de la veracidad de mis palabras. Y al que le guste el juego, audaz y sin miramientos, de las negras, le recomiendo adquirir la colección de las mejores partidas de Lilientahl; es una novedad que ofrece bellas jugadas, sutiles combinaciones y elegantes finales. 1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Cf3, d5; 4. exd5, Cf6; 5. Ab5+, c6; 6. dxc6, bxc6; 7. Ac4, Cd5; 8. 0-0, Ad6; 9. d4, 0-0; 10. Cc3, Cxc3; 11. bxc3, Cd7; 12. Ad3, c5; 13. Cd2, cxd4; 14. cxd4, Cf6; 15. Ce4, Ag4; 16. Dd2, Ac7; 17. c3, Cd5; 18. Aa3, Te8; 19. Tae1, Ce3; 20. Txe3, fxe3; 21. Dxe3, Dh4; 22. h3, Ah5; 23. g4, Ag6; 24. Df3, h5; 25. Tf2, Tad8; 26. Te2, hxg4; 27. Dxg4, Dh6; 28. Tf2, Te6; 29. d5, Txe4; 30. Axe4, Axe4; 31. Dxe4, Ab6; 32. d6, Axf2+; 33. Rxf2, Dd2+; 34. De2, Dxc3; 35. d7, Dxa3. Y las blancas se rindieron.

¡MUCHAS GRACIAS, SEÑOR CAPABLANCA! (Torneo Internacional, Estocolmo, 1948) V. Ragosin jugó las negras En su manual, el ex campeón del mundo José Raúl Capablanca explica con sencillez y precisión la forma de ganar si se tiene superioridad material: “Hay que pasar a la fase final y luego encaminar

uno de los peones libres hacia su conversión en dama.” Aplicando esta idea del Maestro cubano, las blancas lograron ganar el complicado final de esta partida.

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Diagrama núm. 22 Después de 23. …, b6

Por otro lado, 24. Ce5, Cxe5; 25. dxe5, ponía en fuera de juego al caballo h5, por cuanto no podía defenderse del movimiento g4. ¿Por qué no jugué así en mi primera participación en un torneo internacional? Yo era el único de nuestra representación con el simple nombramiento de Maestro; los restantes ―Flor, Boleslavski, Ragosin, Kotov, Bondarevski y Lilientahl― eran Grandes Maestros de reconocida fama. Inesperadamente, el de menor “graduación” tiene la ocurrencia de operar con movimientos tan arriesgados como g4, etcétera. 1. e4, e5; 2. f4, d5; 3. exd5, exf4; 4. Cf3, Cf6; 5. Ab5+, Cbd7; 6. 0-0, Cxd5; 7. c4, C5f6; 8. d4, Ae7; 9. Axf4, 0-0; 10. Aa4, Cb6; 11. Ab3, Ag4; 12. Cc3, c6; 13. Dd2, a5; 14. a3, a4; 15. Aa2, Cbd7; 16. Tae1, Te8; 17. Cg5, Ah5; 18. Rh1, Ag6; 19. Cf3, Ch5; 20. Ae3, Dc7; 21. Dd1, Da5; 22. Ad2, Da7; 23. c5, b6; 24. Ag5, Axg5; 25. Cxg5, Chf6; 26. Txe8+, Txe8; 27. Dxa4, Dxa4; 28. Cxa4, bxc5; 29. dxc5, Te2; 30. Ac4, Tc2; 31. Ab3, Te2; 32. Cf3, Ce4; 33. Ad1, Te3; 34. Rg1, Cexc5; 35. Cxc5, Cxc5; 36. Te1, Txe1+; 37. Cxe1, Rf8; 38. Rf2, Re7; 39. Re3, Rd6; 40. b4, Ca6; 41. Ae2, Cc7; 42. Cf3, Cd5+; 43. Rd4, Cf4; 44. Af1, f6; 45. Cd2, Ce6+; 46. Rc3, Cc7; 47. Cc4+, Re7; 48. Cb6, Cb5+; 49. Rb2, Af5; 50. a4, Ca7; 51. Rc3, h5; 52. Rd4, Rd6; 53. Cc4+, Rc7; 54. Rc5, Ad7; 55. Cd6, h4; 56. Ae2, f5; 57. g3, hxg3; 58. hxg3, Cc8; 59. Cxc8, Axc8; 60. Af3, Ab7; 61. a5, g5; 62. Ag2, f4; 63. gxf4, gxf4; 64. Af3,

Aa6; 65. Axc6, Ae2; 66. b5, f3; 67. a6. Y las negras abandonaron la partida.

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UN MIRLO BLANCO (Campeonato de la URSS, Leningrado, 1960) B. Spasski jugó las blancas Diagrama núm. 23 Después de 16. …, exf1D+

El diablo me tentó a responder con 1. …, e5??. Olvidé por entero que a Spasski, lo mismo que a Spielmann en el pasado, le gusta mucho jugar el gambito de rey… Ya era tarde para retirar mi primer movimiento; pero recordé que, unos cien años atrás, Andersen trató de formar una línea defensiva con los movimientos Ad6 y Ce7 en una partida con Neumann. Esta idea me satisfizo; pero mostré demasiado celo en ella y perdí un tiempo en el problemático movimiento h6. La contundente respuesta 9. Ce4, determinó enseguida la superioridad decisiva de las blancas; por ello, es necesario que el caballo negro ocupe la posición f6. Al no poder replicar debidamente, las negras hicieron 14. …, e2; planteando a su contrincante el embrollado problema de responder con 15. Tf2, o 15. Cd6. No dudé de que se decidiría por 15. Tf2, pues 15. Cd6, aunque más bello, permitía al rey negro huir del peligro a través de ciertas variantes. Cuando Spasski se encontró con una polvareda de complicaciones cometí el último de mis errores: mis cálculos me habían hecho creer que él había dado con un final de mate al caballo de 15. …, Axd6; 16. Dh7+, Rf8; 17. cxd6, exf1D+; 18. Txf1, cxd6; 19. Dh8+, Re7; 20. Te1+,

Ce5; 21. Dxg7, y opté por lo peor, de lo cual continuo lamentándome. Pero a cada uno lo suyo. El mirlo blanco que aleteaba sobre el tablero se posó en el bando del futuro campeón del mundo; es decir, entregó el premio a la belleza. 1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Cf3, d5; 4. exd5, Ad6; 5. Cc3, Ce7; 6. d4, 0-0; 7. Ad3, Cd7; 8. 0-0, h6; 9. Ce4, Cxd5; 10. c4, Ce3; 11. Axe3, fxe3; 12. c5, Ae7; 13. Ac2, Te8; 14. Dd3, e2; 15. Cd6, Cf8; 16. Cxf7, exf1D+; 17. Txf1, Af5; 18. Dxf5, Dd7; 19. Df4, Af6; 20. C3e5, De7; 21. Ab3, Axe5; 22. Cxe5+, Rh7; 23. De4+. Y las negras se rindieron.

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ANSIA DE AVENTURAS (Torneo del Palacio de Pioneros, Kiev, 1940) R. Gorenstein jugó las negras Diagrama núm. 24 Después de 12. Cxf7

Si los estantes de la librería de uno crujen bajo el peso de gruesos volúmenes de partidas de diversos torneos, y si estos amarillentos infolios contienen millones de combinaciones, entonces el corazón no es indiferente a ellos, y uno entra en deseos de aventuras ajedrecistas. En el año en que se realizó esta partida yo aún no tenía infolios amarillentos ni colecciones de partidas de torneo, si bien me gustaban las posiciones complejas y desconocidas en que la frase “¡Jaque mate!” puede sonar en cualquier instante. Me agradaba experimentar la aproximación del desastre… y dar con un velado medio de salvación. Pero de mayor me habría guardado de hacer 3. Cc3, porque el enérgico avance de los peones negros permite dominar el importante punto clave d3 blanco. Veamos un elocuente ejemplo del juego de las negras: 3. …, d4; 4. Cce2, d3; 5. cxd3, Cc6; 6. Cf3, Cb4; 7. Cxe5, Dxd3; 8. Cxd3, Cxd3++!. Rápido, fácil y bello. ¿No es cierto? Y, con todo, siempre temo estas variantes inverosímiles. El ajedrez es inexhausto; por lo cual, basta con hacer un movimiento impremeditado para que el oponente vea sus sueños convertidos en realidad.

1. e4, e5; 2. f4, d5; 3. Cc3, Cf6; 4. d3, dxe4; 5. fxe5, Cg4; 6. Cxe4, Cxe5; 7. d4, Cec6; 8. Cf3, Cd7; 9. Ac4, Ae7; 10. Cfg5, 0-0; 11. 0-0, Cf6; 12. Cxf7, Dxd4+; 13. Dxd4, Cxd4; 14. c3, Cc2; 15. Tb1, Cxe4; y empate por producirse jaque continuo así: 16. Ch6+, Rh8; 17. Txf8+, Axf8; 18. Cf7+, etcétera.

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AJEDRECISTAS DE TENDENCIA DEPORTIVA (Campeonato de la Unión Soviética, Tallín, 1966) A. Bijovski jugó las negras Este campeonato no fue selectivo ni verificado, sino conveniente para aquellos que echan de menos las batallas ajedrecistas normales. En toda competición, el participante dispone de cierto tiempo para descansar; sin embargo, en Tallín yo no dispuse de él, ya que entre los participantes en dicho campeonato se suscitaron a menudo controversias sobre ajedrez, y cuyos promotores fueron comúnmente el maestro internacional Bijovski y el autor de estas líneas.

Al fin, y como remate de aquellas controversias, llegó el momento de probar en la práctica nuestras tesis. Estaba claro que mis posibilidades de ganar eran nulas si no conseguía llevar a mi adversario por el infrecuente camino de la combinación, porque Bijovski nada como un pez o es duro como la roca en los esquemas que ha estudiado detenidamente. Tras una prolongada búsqueda, detuve la atención en el movimiento 3. Cc3, por consiguiente: luego de un exhaustivo análisis de sus partidas, llegué a la conclusión de que su movimiento preferido es, tanto d4 para las blancas como d5 para las negras. ¿Y si le impedía hacerlo? Desde luego, podía hacer 3. …, d5; pero esto suponía entregar un peón, y Bijovski no entrega nada fuera de cálculo aritmético y de la claridad de la combinación . Si todo estaba tan claro, ¿por qué estuve dos noches sin pegar ojo? Porque, como ya se ha dicho, aunque él no sacrificaría nada, muy bien podía ser que hubiese leído esta receta en un manual de aperturas. Debido a eso, invertí mucho tiempo y gasté muchas energías en hallar una probabilidad de ganar con la compleja variante 3. Cc3, d5; 4.

Aunque Bijovski hable de la insaciable caza de puntos, de la descarada copia de combinaciones de los antiguos maestros, o del pernicioso y heterogéneo número de informadores, acababa diciendo: ―¿Y qué? Usted, David Ionovich, es ajedrecista de tendencia artística. Por el contrario, yo soy de tendencia deportiva. La nuestra tiene otros objetivos y, por ello, otros puntos de vista, ¿no es así? Invariablemente, le contestaba: ―Usted puede tener su punto de vista; pero el ajedrecista de tendencia deportiva no ha existido ni existirá. Existe un solo tipo de ajedrecista en sus diversos grados de eficacia. Todo lo demás son historias.

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Diagrama núm. 25 Después de 3. …, c6

Cxd5, Dh4+; 5. Re2, Ag4+; 6. Cf3, Cc6; 7. Cxc7+, Rd8. Aquí no conviene tomar la torre, pues sucede 8. …, Ce5!; 9. d4?, Cxf3; 10. gxf3, Axf3+; 11. Rxf3, Dh5+; 12. Rf2, Dxd1. Profundicé en la complicada maniobra 8. Cd5!, Ce5!; 9. Cc3, que tampoco promete nada a las blancas. Se podía, desde luego, hacer tablas con 8. Cxa8, Ce5; 9. h3, Axf3+; 10. gxf3, Dg3; 11. d3, Dxf3+; 12. Rd2, De3+; 13. Rc3, Dc5+; y así sucesivamente; (Nota del editor MA40: Para hacer tablas hay que jugar 12. Re1, ya que a 12. Rd2, sigue 12. …, Cc4+; con jaque mate o pérdida de la dama blanca.)

pero eso hubiese significado capitular, cuanto más que aquí un contrincante juicioso no intentara probar suerte en la variante 9. …, Ah5; 10. d4, Cxf3; 11. gxf3, Axf3+; 12. Rxf3, Dh5+; 13. Rg2, Dxd1; 14. Ad3, Dh5; 15. Axf4, con juego vehemente. Quedaba la esperanza, aunque mínima, de que Bijovski no diese jaque desde la casilla h4; pero esta esperanza se desvaneció cuando Simaguin, poco antes de empezar la partida, dijo: “¡Pues claro que hará jaque desde el escaque h4!” Queda por referir al lector que, al reunirnos los participantes en el restaurante para almorzar, Bijovski se me acercó y dijo: “He estudiado a fondo el gambito de Evans.” Pensé: “Esto quiere decir que has empollado el gambito de rey.” Cuando la partida hubo terminado y analizamos conjuntamente los movimientos efectuados en ella, Bijovski repelió el ataque de los maestros que nos rodeaban con es-

tas palabras: “¡Ya me he dado cuenta de que podía dar jaque desde la casilla h4 y de que el rey blanco se retiraba a la e2! ¿Y luego qué?” 1. e4, e5; 2. f4, exf4; 3. Cc3, c6; 4. Cf3, d5; 5. d4, dxe4; 6. Cxe4, Cf6; 7. De2, Cxe4; 8. Dxe4+, De7; 9. Dxe7+, Axe7; 10. Axf4, Af5; 11. 0-0-0, 0-0; 12. Ac4, Cd7; 13. The1, Tfe8; 14. d5, Cb6; 15. dxc6, bxc6; 16. Aa6, Ac8; 17. Axc8, Taxc8; 18. Cd4, g6; 19. c3, Rg7; 20. Rc2, a6; 21. b3, c5; 22. Cf3, f6; 23. c4, Af8; 24. Ad2, Txe1; 25. Axe1, Rf7; 26. Aa5, Tc6; 27. Td8, Ae7; 28. Th8, h5; 29. Th7+, Re8; 30. Th6, Rf7; 31. Ch4, f5; 32. Cxf5, Af8; 33. Th7+, Rg8; 34. Ce7+, Rxh7; 35. Cxc6, Cd7; 36. Rd3, Ad6; 37. h3, Rg7; 38. Ac3+, Rf7; 39. Re4, Re6; 40. Cd8+, Re7; 41. Cb7, Re6; 42. Cd8+, Re7; 43. Rd5. Y las negras abandonaron.

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EL VISITANTE DE ULTRAMAR (Campeonato de la URSS, Moscú, 1945) V. Alatortsev jugó las negras No hace mucho, me enteré, no recuerdo si por la prensa o la radio, de que Carlos Torre actuó en Méjico, en una sesión de simultáneas contra treinta tableros. Torre estuvo en Moscú el año 1925; se presentó en traje de verano y sin abrigo ni sombrero, suponiendo ingenuamente que en el otro extremo del planeta el sol calentaba siempre como en su tierra. Cuentan que, un gélido día de enero de 1925, los moscovitas vieron descender del tren a un joven en ropa de verano, y que su aparición en aquellas condiciones les causó la sensación de tener mucho frío, no obstante ir todos bien abrigados.

variante 5. Re2, Ag4+; 6. Cf3, Cc6; 7. Cxc7+, Rd8; 8. Cxa8, Ce5. Opinaba que, después de 9. De1, Cxf3; 10. Dxh4, Cxh4+; 11. Re1, la falange de peones ofrece a las blancas un buen ataque y la posibilidad de retirar el caballo del escaque a8. Sinceramente, en esta posición prefiero jugar las negras. ¿Qué opina el lector? V. Alatortsev no quiso aventurarse en el laberinto de las variantes complicadas, y halló un procedimiento sencillo para oponerse a la estrategia de las blancas en la apertura. Lo halló porque éstas se pusieron a la defensiva y, en el decimocuarto movimiento, con el fin de no hacer tablas, eludieron la maniobra De1-Dd2-De1-Dd2, etcétera.

Aquel año heló fuerte; pero el joven mejicano hizo que el hielo moscovita se “derritiese” con su brillante participación en el torneo. Pues ocupó el respetable quinto puesto de la clasificación, además de vencer a Lasker en un encuentro fuera de torneo y empatar virtuosamente con el campeón del mundo, Capablanca, en una situación sin salida.

Mientras la vida del rey blanco pendía de un hilo, sostenido en la solidez del alfil d2, hubo un momento en que las negras podían alcanzar la victoria con el bello movimiento 23. …, Ag3; 24. De3, Af4; 25. Dxf4, Dxe2; y no hay una defensa eficaz ante las amenazas Txd2 o Cd3+. O bien 25. Dc5, Dxe2; 26. Axf4, Dxf1; 27. Dxd6+, Txd6; 28. Txf1, Cd3+.

¿Por qué menciono a Torre si realmente jugué esta partida con Alatortsev? Porque mucho antes de este encuentro leí en una revista de ajedrez un artículo del maestro mejicano; en él trata de salvar la reputación de las blancas en la temeraria

V. Alatortsev jugó con poca eficacia al hacer 23. …, Ab6; 24. Tfe1, Df2?; y perdió la preponderancia en el instante en que aún podía

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recuperarla, mediante 24. …, Af2; 25. Tf1, Ag3!. Un empate habría sido la lógica terminación de la lucha, tras 27. Th1!, Axg3; 28. Rc2. Pero las blancas no jugaron así, y las negras consiguieron situarse en una posición ventajosa con su peón libre h, que fue peligroso en extremo. Luego de 29. Ae3, las negras debían haber cambiado las torres y adelantar su peón h; pero respondieron inexplicablemente con 29. …, Cc6. ¿A qué se debe el montón de errores cometidos por los dos bandos? ¡A la falta de tiempo, naturalmente! ¡Invertimos dos horas en hacer los movimientos comprendidos entre el quinto y el decimoquinto! Y los treinta minutos de que aún disponiamos se invirtieron en efectuar los movimientos comprendidos entre el decimosexto y vigésimo primero. Por lo cual, no nos quedó casi tiempo para hacer las veinte jugadas restantes. Los ajedrecistas ancianos conocen muy bien el por qué Alatortsev se ha distinguido con el sobrenombre de “Rey de la falta de tiempo”. Para él no supone nada efectuar veinte jugadas en dos minutos; pero supuso demasiado tener que hacer diecinueve en unos segundos. Por lo demás, si las negras hubieran podido hacer un par de movimientos más, ¡a saber si las blancas no habrían agotado antes su tiempo!, del cual uno andaba muy justo. Si hubiera dispuesto de un minuto más no habría hecho 29. Ae3?, sino 29. f4, Cg4; 30. Axg4, hxg4; 31. Tg1, Td3; 32. f5, b5; 33. Tg2, Af4; 34. Axf4, Txd1; 35. Txg4, y empate.

Diagrama núm. 26 Después de 4. …, Dh4+

1. e4, e5; 2. f4, d5; 3. Cc3, exf4; 4. Cxd5, Dh4+; 5. Re2, Ad6; 6. d4, Cf6; 7. Cf3, Ag4; 8. Cxf6+, gxf6; 9. c3, Axf3+; 10. gxf3, c5; 11. dxc5, Axc5; 12. De1, Dg5; 13. Dd2, Dh4; 14. Dxf4, Df2+; 15. Rd1, Cc6; 16. Ad2, Td8; 17. Rc2, Ce5; 18. Ab5+, Re7; 19. Thf1, Dg2; 20. Tae1, Td6; 21. Rc1, Af2; 22. Td1, Thd8; 23. Ae2, Ab6; 24. Tfe1, Df2; 25. Dg3, Dxg3; 26. hxg3, Af2; 27. Tf1, Axg3; 28. Rc2, h5; 29. Ae3, Cc6; 30. Ac5, h4; 31. f4, h3; 32. Tf3, Axf4; 33. Txf4; aquí las negras agotaron su tiempo. ¿A quién no le ha ocurrido esto alguna vez?

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AVANCE DEL PEÓN DE LA DAMA (Campeonato de Moscú, 1947) M. Kamischov jugó las negras Diagrama núm. 27 Después de 17. …, Ab6

En el gambito de rey estamos acostumbrados a que las blancas ataquen contra el rey adversario al comienzo de la partida. Pero en la práctica se producen situaciones en que las piezas blancas están debidamente dispuestas para atacar contra el flanco de dama. ¿Cómo proceder en tal caso? La lógica aconseja someterse a la postura de ellas. La posición que ofrece el diagrama muestra que la mayor parte de las piezas blancas están situadas de forma que pueden atacar contra el centro y el flanco de la dama. El metódico asedio de los bastiones del citado flanco creó paulatinamente el peón libre y protegido que fue avanzando hasta la séptima horizontal y, con ello, logró la rendición del adversario. Por tanto, el peón de la dama blanca entonó el ataque. ¿Y quién le ayudó? Principalmente, el alfil de casillas blancas.

b4, Ab6; 28. Rh1, Te8; 29. b5, a6; 30. a4, axb5; 31. axb5, Ta2; 32. C2c3, Ta3; 33. Ta1, Txa1; 34. Txa1, Cd4; 35. Tf1, h6; 36. Cd5, Ad8; 37. Cc7, Axc7; 38. dxc7, Af5; 39. b6, De6; 40. h3, Cf6; 41. Te1, Axe4; 42. Txe4, Cxe4; 43. Dxe4, Dd7; 44. Dxb7, g5; 45. Ae5, Ce2; 46. Dd5, Df5; 47. De4, Df2; 48. Db1, De3; 49. Ad6, Dd4; 50. Ad5, Cc3; 51. Dg6+, Rh8; 52. Dxh6+, Rg8; 53. Dxg5+, Rh7; 54. Dh5+, Rg7; 55. Dxf7+, Rh6; 56. Af4+. Las negras abandonaron.

1. e4, e5; 2. f4, d5; 3. exd5, e4; 4. d3, Cf6; 5. Cd2, e3; 6. Cc4, Cxd5; 7. Cxe3, Cxf4; 8. c3, Ad6; 9. g3, Cg6; 10. Ag2, 0-0; 11. Ce2, Cc6; 12. d4, Cce7; 13. Dd3, c5; 14. 0-0, Cc6; 15. Ad2, Ae6; 16. a3, Ac7; 17. Tad1, Ab6; 18. d5, Cce5; 19. Dc2, Ad7; 20. c4, Cg4; 21. Cf5, Ce7; 22. Cd6, Db8; 23. Ce4, Cf5; 24. Af4, Dc8; 25. Dd3, Ac7; 26. d6, Ad8; 27.

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¡LA INQUIETUD…, ENTRE BASTIDORES! (Encuentro Moscú – Budapest, Moscú, 1949) L. Sabo jugó las negras Diagrama núm. 28 Después de 5. De2

El espectador exclama con frecuencia: “¡Si yo pudiera jugar con tanta apacibilidad, también sería un gran maestro!”. Tal parecer da motivo de satisfacción al amor propio de los maestros, aunque de un modo ilusorio. En primer lugar, los participantes en una competición no juegan con sosiego; lo que ocurre es que han aprendido a ocultar su inquietud. En segundo lugar, procuran hacer variantes extensas y estudiadas en casa. Y en tercer lugar, esto es lo más importante, ya han pasado el mal rato durante la preparación para jugar la partida. Lo bueno es cuando todo termina felizmente. Sabo cometió un error en el quinto movimiento, a consecuencia del cual se encontró en una sensible desventaja. Al prepararme para este encuentro, temí la variante 5. …, Ag4; 6. Cf3, Axf3; 7. gxf3, e3; porque las negras pueden atacar, contrarrestando así la ventaja de un peón que llevan las blancas. Pero desaprovecharon tal oportunidad y no pudieron equilibrar el juego. En la fase final, la poca solidez de la posición de los peones f y h facilitó a las blancas llegar a la séptima horizontal.

Ab4; 7. Ad2, Axc3; 8. Axc3, Ag4; 9. dxe4, Axe2; 10. exd5, Axf1; 11. Rxf1, Cxd5; 12. Axg7, Tg8; 13. Te1+, Rd7; 14. Td1, Rc6; 15. Ad4, Cxf4; 16. Cf3, Cd7; 17. g3, Ce6; 18. Ae3, b6; 19. Rg2, Tae8; 20. Thf1, f5; 21. Ch4, Cg7; 22. Ad4, Te2+; 23. Tf2, Txf2+; 24. Rxf2, Ce8; 25. Te1, Cd6; 26. Te7, Cf8; 27. Ae5, Cg6; 28. Axd6, Cxe7; 29. Axe7, Rd5; 30. Rf3, Re6; 31. Ab4, Td8; 32. Re2, Rf6; 33. Ac3+, Rg5; 34. h3, Te8+; 35. Rf2, Td8; 36. Cf3+, Rh5; 37. Cd4, Rg6; 38. Ce6, Td1; 39. Cxc7, Tc1; 40. Rf3, Txc2; 41. Cb5, a6; 42. Cc7, a5; 43. a4, Tc1; 44. Cd5, Tf1+; 45. Rg2. Y las negras abandonaron la partida.

1. e4, e5; 2. f4, d5; 3. exd5, e4; 4. d3, Cf6; 5. De2, Dxd5; 6. Cc3,

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LA DAMA ESTÁ FUERA DE JUEGO (Torneo en memoria de Alekhine, Moscú, 1955) Unzucker jugó las negras Diagrama núm. 29 Después de 6. Ae3

El movimiento 6. Ae3, es bastante peligroso para las negras, si éstas se deciden por la variante 6. …, Dh4+; 7. g3, Cxg3; 8. hxg3, Dxh1; pues la dama estará cierto tiempo fuera de juego en este ángulo del tablero. En el torneo internacional celebrado en La Habana el año 1963, el gran maestro yugoslavo Trifunovic aceptó el sacrificio y, después de 9. De2, Ad6; 10. Ad4+, no sólo situó su rey en la casilla d8, sino que, además ganó la partida, y eso a pesar de ser Tal el promotor de ello. En el torneo celebrado en la capital yugoslava el año 1964, el prudente Spasski solucionó genialmente el problema del sacrificio de la torre del rey, haciendo 8. Cf3!, en vez de 8. hxg3. El final de la partida 8. …, De7; 9. hxg3, Dxe3+; 10. De2, Dxe2+; 11. Rxe2, producido de un modo repentino, no resultó peligroso para las negras; pero este paso brusco de la apertura a la fase final hizo que Matanovic perdiese su punto de apoyo. El estilo de Unzucker es puramente clásico. Defendiéndose con precisión, levantó un sólido baluarte en su escaque e5. Si me hubiese arriesgado en debilitar la estructura de peones, mediante 16. h3, Ch6; 17. g4!, o 16. …, Cf6; 17. Dh4!, posible-

mente habría podido prolongar el ataque; pero no me gusta correr riesgo dos veces en la última ronda; por otra parte, un empate me aseguraba el quinto premio. 1. e4, e5; 2. f4, d5; 3. exd5, e4; 4. d3, Cf6; 5. dxe4, Cxe4; 6. Ae3, Ad6; 7. Cf3, 0-0; 8. Ac4, Cd7; 9. 0-0, Te8; 10. Te1, Cef6; 11. Rh1, Cg4; 12. Ag1, Cb6; 13. Ab3, Axf4; 14. Cc3, Txe1; 15. Dxe1, Af5; 16. Ce2, Ad6; 17. Cg3, Ag6; 18. Ce4, Ce5; 19. Ch4, Axe4; 20. Dxe4, g6; 21. Ad4, Cbd7; 22. Tf1, De7; 23. Cf3, Te8; 24. Cxe5, Cxe5; 25. Aa4, Td8; 26. Te1, f6; 27. c3, a6; 28. g4, b5; 29. Ab3, Te8.

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Se convino en que eran tablas.

LA PARTIDA ULTRAMODERNA (Campeonato de la URSS por equipos, Riga, 1958) M. Tal jugó las negras Diagrama núm. 30 Después de 14. …, Axd5

Con este aparatoso título se publicó hace más de cuarenta años un brillante trabajo del mejor periodista del mundo y gran maestro de ajedrez Tartakover. En cada una de las cuatro partes de que consta el libro se pueden hallar datos de todo cuanto se desee y, sobre todo, variantes de apertura muy ingeniosas. Mientras recibía la felicitación de mis colegas por la eficaz victoria sobre Tal, no tuve valor para confesar mi plagio; lo confieso aquí: en el libro de Tartakover se pueden ver los principales movimientos, incluido el 12. Aa3!!, que se efectuaron en esta partida. A partir de 21. Cd4, las negras estaban perdidas, por lo visto; después de 20. …, Axb5; 21. Axb5, Thd8; 22. f5, Tac8; 23. b3, la presión de los alfiles hubiese sido muy peligrosa. Yo también cometí errores, pues según Tal, con 24. Te1, se ganaba enseguida: 24. …, Cf6; 25. Cxg7. pero vi solamente 25. Cg5, y me pareció poco eficaz. Voy a confesar el secreto: en los cálculos preliminares me equivoqué al suponer que 26. Tf7+, daba jaque y mate a un tiempo; el movimiento Rg6 escapó a mi penetración.

1. e4, e5; 2. f4, d5; 3. exd5, e4; 4. d3, Cf6; 5. dxe4, Cxe4; 6. Cf3, Ac5; 7. De2, Af5; 8. Cc3, De7; 9. Ae3, Cxc3; 10. Axc5, Cxe2; 11. Axe7, Cxf4; 12. Aa3, Cd7; 13. 0-0-0, Ae4; 14. Cg5, Axd5; 15. g3, Axh1; 16. gxf4, c5; 17. Ac4, Ac6; 18. Cxf7, b5; 19. Cd6+, Re7; 20. Cxb5, Thf8; 21. Cd4, Ag2; 22. Ce6, Tf5; 23. Tg1, Ae4; 24. Cc7, Td8; 25. Txg7+, Rf6; 26. Tf7+, Rg6; 27. Te7, Cf6; 28. Ce6, Tc8; 29. b3, Th5; 30. Cg5, Ad5; 31. Ad3+, Rh6; 32. Ab2, c4; 33. Af5, c3; 34. Axc8, cxb2+; 35. Rxb2, Txh2; 36. Txa7, Tf2; 37. Ta4, Rg6; 38. Td4, h5; 39. a4, h4;

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40. a5, Ag2; 41. a6, Ch5; 42. Ab7, Cxf4; 43. Txf4. Y las negras abandonaron la partida.

PEONES TEMERARIOS (Campeonato de la URSS, Moscú, 1947) B. Panov jugó las negras Diagrama núm. 31 Después de 31. a6+

La posición representada en el diagrama muestra el triunfo de los temerarios peones blancos. Aquí, el rey negro se rindió tras una breve meditación. Con todo, este éxito de los citados peones se debe al apoyo prestado por otras piezas blancas. Al comienzo de la apertura, B. Panov consideró sabiamente que el sensato movimiento 4. …, Ag4; era como un “jarro de agua fría sobre la cabeza de su joven contrincante” y, por ende, no quiso probar sus fuerzas en la variante teórica 4. …, f5; 5. fxe5, dxe5; 6. d4, exd4; 7. Ac4, fxe4; 8. Ce5, Cf6; 9. Cf7, De7; 10. Cxh8, d3; donde las negras sacrifican una torre a cambio de un ataque amenazador. ¿Habría encontrado la réplica conveniente? Sí y no. Me parece que 7. cxd4!, es mejor que 7. Ac4; pero esto no es una réplica, sino una negativa. En la siguiente fase de la partida, el lector descubrirá el chocante movimiento 13. b5, por cuanto hay posibilidad de abrir la vertical b con fines ofensivos. Pero cuando hice esta partida se me figuró que era preferible

formar una compacta falange de peones de choque ―de lo cual no estoy tan convencido actualmente― a emprender enseguida operaciones ofensivas. Y llevé a efecto mi plan, pues los peones, aunque temerarios, son juiciosos. 1. e4, e5; 2. f4, Ac5; 3. Cf3, d6; 4. c3, Ag4; 5. fxe5, dxe5; 6. Da4+, Ad7; 7. Dc2, Cc6; 8. b4, Ad6; 9. Ac4, Cf6; 10. d3, De7; 11. 0-0, 0-0-0; 12. a4, a5; 13. b5, Cb8; 14.

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Cbd2, Ag4; 15. Cb3, b6; 16. Ae3, Cbd7; 17. Tae1, Ae6; 18. Axe6, Dxe6; 19. Rh1, De7; 20. Cbd2, Cg4; 21. Ag1, h5; 22. Cc4, g5; 23. Cxd6+, cxd6; 24. Cd2, f6; 25. Cc4, Rb7; 26. Axb6, Cxb6; 27. Cxa5+, Rc7; 28. Cc6, De8; 29. a5, Cd7; 30. b6+, Rb7; 31. a6+, Rxb6; 32. Tb1+. Y las negras cesaron de oponer resistencia.

UN COETÁNEO DE ALEJANDRO ALEKHINE (Competición URSS – Francia, París, 1954) O. Bernstein jugó las negras Diagrama núm. 32 Después de 4. …, Cg5

Si es disparatado pretender enseñar canto al ruiseñor, no lo es menos querer ganar una partida de gambito de rey a un representante de la vieja guardia de ajedrecistas. Tras un largo y agotador viaje en avión de Buenos Aires a París, uno no estaba para pensar en toda suerte de ganancias, pérdidas o tablas. Pero tuve la fortuna de poder enfrentarme con un paisano que llevaba un apellido parecido al mío; de rozar la viva leyenda ajedrecista y trasladarme por un momento a la juventud de mi oponente, es decir, a la época de Steinitz, Lasker, Tarrasch, Chigorin, Capablanca y Alekhine.

―¡Éste, y no otro, hice cuando me enfrenté con Chigorin en el torneo que se celebró en Kiev el año 1903! ¡Si no he perdido la facultad de contar, debe de hacer medio siglo de ello! Y aún puedo jugar al ajedrez. ¿Qué le parece?

Mis esfuerzos se vieron compensados cuando Osipo Samoilovich, con evidente arrogancia y en voz alta, para que todos lo oyesen, dijo refiriéndose a su segundo movimiento:

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1. e4, e5; 2. f4, Cf6; 3. fxe5, Cxe4; 4. Cf3, Cg5; 5. d4, Cxf3+; 6. Dxf3, Dh4+; 7. Df2, Dxf2+; 8. Rxf2, Cc6; 9. Ae3, d6; 10. exd6, Axd6; 11. Cc3, Af5; 12. Tc1, a6; 13. Ae2, 0-0; 14. a3, Tae8; 15. Cd5, Ce7; 16. Cxe7+, Txe7; 17. Af3, Tfe8; 18. Ad2, Ae4; 19. The1, f5; 20. g3, Axf3; 21. Txe7, Txe7; 22. Rxf3, Te4; 23. Ae3, Ae7; 24. Td1, Af6; 25. Td3, Rf7; 26. h3, Te7; 27. a4, Td7; 28. a5, c5; 29. c3, Re6; 30. Td2, cxd4; 31. cxd4, Td5; 32. Te2, Rd7; 33. b4, Tb5; 34. Tb2, Ae7; 35. Ad2, Re6; 36. Re3, h5; 37. h4, Ad6; 38. Ae1, f4+; 39. gxf4, Rf5; 40. Rd3, Axf4; 41. Tf2, g5; 42. Ad2, Rg4; 43. hxg5, Axd2; 44. Txd2, Rxg5; 45. Rc4, b6; 46. d5, bxa5; 47. bxa5, Tb8; 48. d6, Rf6; 49. Rd5, Th8; 50. Rc6, h4; 51. d7. Y las negras dejaron de proseguir el juego.

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APERTURA VIENESA Diagrama núm. 33 Después de 2. Cc3

El ataque 2. Cc3, es un sistema para ajedrecistas reposados; es decir, reflexivos y no flemáticos. Tales eliminan los puntos débiles de su posición y, después, atacan contra el adversario. Si ven, por ejemplo, que el peón de rey ha perdido potencia y está indefenso, se apresuran a defenderlo con sus reservas de caballería. Tras una conveniente preparación y de acuerdo con las operaciones del contrincante, las blancas deciden qué pieza ha de salir a explorar. El fundamentado ataque 2. Cc3, gozó del afecto de los ajedrecistas vieneses; por ello, la teoría le dio el nombre de “Apertura vienesa”, sobre la cual se han escrito muchos artículos teóricos. El importante trabajo “La apertura moderna”, publicado el año 1940, le dedica un capítulo.

moslo: 1. e4, e5; 2. Cc3, Cc6; 3. Ac4, Ac5; 4. Dg4, Df6; 5. Cd5, Dxf2+; 6. Rd1, Rd8; 7. Ch3, Dd4; 8. d3, y a la dama negra le va a ser difícil salir sana y salva del cerco en que se halla. La variante 2. Cc3, Cf6; 3. f4, d5; 4. fxe5, Cxe4; es la continuación fundamental de la apertura vienesa; tras ella, puede proseguirse 5. Cf3, 5. Df3, o 5. d3.

Sus motivos dominantes son comunes a todas las aperturas abiertas. Así y todo, la diagonal c4-f7 blanca, la inesperada postura de la dama en el escaque h5 y la poca solidez del punto negro f7 no representan un papel secundario. Porque si las negras consiguen hacerse con la iniciativa, todo resulta a la inversa; esto es, se produce la debilitación del punto blanco f2, la salida de la dama negra al escaque h4 y resulta amenazadora la diagonal c5-f2 de las negras. A los que empiezan a estudiar esta apertura quisiera prevenirles del movimiento 4. …, Df6. Veá-

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EL PEÓN e4 BLANCO (Torneo para ajedrecistas de primera categoría, Kiev, 1939) Y. Lemberski jugó las blancas Diagrama núm. 34 Después de 10. …, Cc5

¿Es cierto que este peón suele debilitarse? Desde luego que no, ni es la causa de que las blancas pierdan; la culpa de ello debe atribuirse a la frecuente clavada del caballo c3. Todo aficionado a los finales de peones notará la minúscula combinación 27. …, Txe7; que dio a las negras la victoria. Pero la cosa no es tan fácil como parece a primera vista. Da la sensación de que el rey negro no tiene necesidad de salir al encuentro del peón blanco f4; que le basta no moverse de su postura, y que el peón c5 caerá de suyo en cuanto las blancas agoten la reserva de movimientos. ¡Pero aquí se ocultaba una celada! En la variante 33. Rb4, Rd4; 34. a4, Rd5; 35. Ra5, Rxc5; 36. Ra6, Rb4; 37. Rxa7, Rxa4; 38. Rb6, las blancas hacían efectivamente tablas. Y, después de 37. …, c5; 38. Rb6, c4; 39. a5, c3; 40. a6, ambos peones se convierten simultáneamente en dama. El autor ruega a los ajedrecistas experimentados que pasen por alto el párrafo precedente, pues ha sido insertado para los principiantes, quienes, a pesar de lo cual, adivinarán que después de 40. …, c2; 41. a7, c1D; 42. a8D, conviene hacer 42. …, Dc5+, y efectuar el cambio de damas, y que en la primera variante se

debe proseguir 37. Rxa7, Rxa4; 38. Rb6, Rb4; 39. Rxc6, Rc4; 40. Rd6, Rd4; 41. Re6, Re4!. 1. e4, e5; 2. Cc3, Ac5; 3. Cf3, d6; 4. d4, exd4; 5. Cxd4, Cf6; 6. Ae2, 0-0; 7. Ae3, Cbd7; 8. Dd2, c6; 9. 0-0-0, Ab4; 10. Af3, Cc5; 11. Cxc6, bxc6; 12. Axc5, Axc5; 13. e5, Cg4; 14. Ce4, Af5; 15. Cxd6, Axd6; 16. exd6, Ce5; 17. Df4, Cxf3; 18. Dxf5, Dg5+; 19. Dxg5, Cxg5; 20. f4, Ce4; 21. The1, f5; 22. g4, g6; 23. gxf5, gxf5; 24. c4, Tad8; 25. c5, Cxc5; 26. Te7, Tf7; 27. b4, Txe7; 28. dxe7, Txd1+; 29. Rxd1, Rf7; 30. bxc5, Rxe7; 31. Rc2, Re6; 32. Rc3, Rd5; 33. Rb4, Re4; 34. Ra5, Rxf4;

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35. Ra6, Re5; 36. Rxa7, f4; 37. Rb6, f3. Y las blancas se rindieron.

TIRO LENTO (Campeonato del Palacio de Pioneros, Kiev, 1940) L. Morgulis jugó las negras Diagrama núm. 35 Después de 27. …, Rh8

La apertura vienesa no goza de popularidad entre los ajedrecistas de este minisiglo, porque, comparada con otras aperturas de tiro rápido, les parece tan lenta que en ella se necesitaría un siglo para poder realizar una verdadera combinación. Pero esta idea es errónea. La presente partida, jugada entre dos amigos íntimos, es un modelo de las posibilidades combinatorias que esta apertura ofrece. Por aquellos años, a los aprendices de este arte rara vez se nos permitía asistir a competiciones importantes; y así, aplacábamos el hambre ajedrecista con infinidad de partidas que duraban unos tres minutos. Por ello, en las partidas de torneo no se pensaba más que en atacar al rey adversario sin escrutar las intenciones del contrincante. Los aficionados al juego de posición se fijarán, sin duda, en el sutil movimiento 11. f3!, que permite mantener por cierto tiempo el importante punto e4 blanco, y los que prefieren el combinatorio detendrán su atención en la extraordinaria posición reflejada en el diagrama. Ambos competidores provocaron conscientemente la situación en que las blancas pueden atacar

peligrosamente, y las negras llevan la ventaja de una torre. Por otra parte, al atrayente movimiento 28. Axf7??, se le replicaba brillantemente con 29. …, Ad3!!. 1. e4, e5; 2. Cc3, Ac5; 3. Ac4, Cf6; 4. d3, d6; 5. Ca4, Cbd7; 6. Cxc5, Cxc5; 7. Ce2, c6; 8. 0-0, 0-0; 9. Ag5, h6; 10. Ae3, Ce6; 11. f3, d5; 12. Ab3, a5; 13. c3, b6; 14. De1, Dc7; 15. Df2, Tb8; 16. Dh4, Aa6; 17. Tad1, Cc5; 18. Axh6, Ce8; 19. Ae3, Cxd3; 20. exd5, cxd5; 21. Cg3, g6; 22. Axd5, Cf4; 23. Axf4,

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exf4; 24. Ce4, Axf1; 25. Cg5, Cf6; 26. Dh6, De5; 27. Dxg6+, Rh8; 28. Dh6+, Rg8; 29. Ae4, Ac4; 30. Ah7+, Rh8; 31. Ad3+, Rg8; 32. Axc4, Tb7; 33. Dg6+, Rh8; 34. Axf7. Las negras abandonaron.

SUEÑO Y REALIDAD (Semifinal del Campeonato de la URSS, Moscú, 1945) A. Poliak jugó las blancas La continuación 2. …, Ac5; puede producir un final rápido, si las negras no son capaces de eludir el jaque continuo. Veámoslo: 3. Ca4, Axf2+; 4. Rxf2, Dh4+; 5. Re3, Df4+; 6. Rd3, d5; 7. Rc3, Dxe4; 8. Rb3, Ca6; 9. a3, Dxa4+; 10. Rxa4, Cc5+; 11. Rb5, a5; 12. Rxc5, Ce7; 13. Ab5+, Rd8; 14. Ac6, b6+; 15. Rb5, Cxc6; 16. Rxc6, Ab7+; 17. Rb5, Aa6+; 18. Rc6, Ab7+; 19. Rb5, y así sucesivamente. ¡Pero esta variante no es más que un dulce sueño! Hace decenas de años que nadie quiere jugar 3. Ca4?. A mi modo de ver, el lector puede hallar en el presente encuentro cuanto desee: una apertura movida desde la primera a la decimocuarta jugada; un juego medio de sensibles y mutuos hostigamientos, formado por los movimientos decimoquinto y vigésimo; y un comienzo de la fase final con maniobras de piezas mayores, que comprende las jugadas vigésimo primera y vigésimo quinta. En el transcurso de la contienda relumbró el hecho de sacrificar un alfil; después volvió a reinar la calma en el tablero.

Diagrama núm. 36 Después de 2. …, Ac5

1. e4, e5; 2. Cc3, Ac5; 3. Cf3, d6; 4. Ac4, Cc6; 5. Ca4, Ab6; 6. Cxb6, axb6; 7. d4, Ag4; 8. h3, Ah5; 9. Ab5, exd4; 10. Dxd4, Cf6; 11. Ag5, 0-0; 12. Axc6, bxc6; 13. Cd2, c5; 14. Dc3, Cd5; 15. Dg3, f6; 16. Ah6, De7; 17. 0-0, Cb4; 18. a3, Cxc2; 19. Axg7, Dxg7; 20. Db3+, Rh8; 21. Dxc2, Tg8; 22. g3, Tae8; 23. Tfe1, Af7; 24. Dd3, Te5; 25. Cf3, Th5; 26. Rh2, Ae6; 27. Cg1, Axh3; 28. Cxh3, Dg4; 29. Rg1, Dxh3; 30.

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Df3, Dh2+; 31. Rf1, Dh1+; 32. Re2, Dxf3+; 33. Rxf3, Te8; 34. Rf4, The5; 35. Te3, h5; 36. a4, Ta8; 37. Tea3, Ta5; 38. f3, Rg7; 39. Td1, Rg6; 40. Td5, Ta8; 41. Txe5, fxe5+; 42. Re3, Rg5; 43. Ta1, Ta5; 44. Ta3, Rf6; 45. f4, b5; 46. axb5, Txb5; 47. b3, Tb4; 48. Ta7, Txb3+; 49. Rf2, h4; 50. gxh4, exf4; 51. Txc7, Th3; 52. Td7, Re5; 53. Te7+, Rd4; 54. Te6, c4; 55. Txd6+, Rxe4; 56. Te6+, Rd3; 57. Td6+, Rc3; 58. Th6, Rd2; 59. Td6+, Rc2; 60. Td4, c3; 61. Txf4, Rd2; 62. Rg2, Td3; 63. Tf2+, Rc1; 64. h5, c2; 65. Tf3, Rd2; 66. Tf2+, Rc3. Y las blancas se rindieron.

ILUSIÓN ÓPTICA (Campeonato de Europa por equipos, Viena, 1957) A. Matanovic jugó las negras Los movimientos décimo primero, décimo segundo y décimo tercero de las negras tienen por finalidad impedir que las blancas enroquen largo, Matanovic se quedó suspenso, no por el movimiento 14. 0-0!, sino porque fue víctima de una ilusión óptica. Resulta que el gran maestro yugoslavo proyectó la maniobra Ag4-Axf3-Te8+-De7 cuando el alfil de casillas blancas adversario estaba todavía en su posición inicial, y, por lo mismo, no cabía pensar en que las blancas hiciesen el enroque corto.

conmigo: atacó con las torres contra mi alfil e6 al objeto de impedir que hiciese el enroque, tras lo cual se vio comprobado que la amenaza de las blancas era ilusoria. Por lo demás, aquella partida, como la presente, acabó en empate. Sin embargo, esto es un lapso muy interesante. ¿Por qué no se puede hacer 14. …, Dxe2? Porque se responde con 15. Tae1, o 15. Tfe1, y las negras han de sacrificar la dama. En los manuales sobre teoría se afirma que Funton aplicó por primera vez 4. d3, en una partida con Blackburn el año 1871. A más de esto, se sabe que, en 1899, Manuel Lasker conquistó el primer premio a la belleza en la vigésimo séptima ronda del torneo de Londres al ven-

Así que Matanovic hubo hecho 13. …, De7?; se me escapó una leve sonrisa, pues ello me trajo a la memoria que Boleslavski cometió dicho fallo en una partida realizada

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Diagrama núm. 37 Después de 13. …, De7

cer a Steinitz, ex campeón del mundo, quien también se arriesgó a jugar 4. d3. En nuestros días puede decirse que no hay otros movimientos que lo reemplacen. 1. e4, e5; 2. Cc3, Cf6; 3. f4, d5; 4. d3, exf4; 5. exd5, Cxd5; 6. Cxd5, Dxd5; 7. Axf4, Ad6; 8. Axd6, Dxd6; 9. Dd2, 0-0; 10. Cf3, Ag4; 11. Ae2, Axf3; 12. Axf3, Te8+!; 13. Ae2, De7?; 14. 0-0!, Cc6; 15. Tae1, Dc5+; 16. Rh1, Te7; 17. c3, Tae8; 18. Ad1, Txe1; 19. Txe1, Txe1+; 20. Dxe1, De5; 21. Dd2, Ce7; 22. Af3, b6; 23. g3. Se convino en que eran tablas.

EL REY JUEGA (Torneo interzonal, Ámsterdam, 1964) M. Tal jugó las negras Puesto que Tal y yo tenemos la fea costumbre de perder en la primera ronda, estuvimos dispuestos a comenzar el torneo conformándonos con medio punto. Con menos ladrillos también se construye el edificio del éxito. Francamente, nos causaba vergüenza encaminar el juego a un empate; pero el riesgo puso espanto a nuestro ánimo. Por ello, Tal huyó la continuación fundamental 2. …, Cf6; y uno no quiso arriesgar en hacer 3. f4. La continuación tomó un carácter sosegado, incomparable con el característico de la apertura viene-

sa y con el gusto artístico de los dos contendientes. Los cambios se sucedieron uno tras otro; con todo, ninguno de los dos se decidía a ser el primero en iniciar conversaciones de paz. De esa manera, las piezas se hartaron de semejante pasividad; por lo cual, la torre blanca aprovechó la vertical abierta b para apuntar al escaque b7; pero el rey negro se acercó enseguida al punto citado con el fin de evitar que el grupo de peones del flanco de la dama se desmoronase. Si alguna vez vuelvo a enfrentarme con Tal en la primera ron-

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Diagrama núm. 38 Después de 15. …, Tb2

da del torneo interzonal, haré 3. f4, por mucho temor que me cause. También aconsejo al lector probar sus fuerzas en la variante 3. f4, exf4; 4. Cf3, g5; 5. Ac4, g4; 6. 0-0, gxf3; 7. d4, que entraña complicaciones vertiginosas. No importa que se juegue con las blancas o las negras; se puede atacar con pasividad o defenderse con agresividad, pues todo depende del carácter. 1. e4, e5; 2. Cc3, Cc6; 3. Ac4, Cf6; 4. d3, Ab4; 5. Ag5, h6; 6. Axf6, Axc3+; 7. bxc3, Dxf6; 8. Ce2, d6; 9. Dd2, Ae6; 10. Ab5, Dg5; 11. Cg3, 0-0; 12. Axc6, bxc6; 13. c4, Tab8; 14. Dxg5, hxg5; 15. h3, Tb2; 16. Rd2, Tfb8; 17. Ce2, Rf8; 18. f3, Re7; 19. Cc3, Th8; 20. Tab1, Tb6; 21. Tb3, g6; 22. Ta3, Tb7; 23. Tb1, Txb1; 24. Cxb1, Ta8; 25. Cc3, f5; 26. Cd1, Rd7; 27. Ce3, f4; 28. Cd1, c5; 29. Cc3, c6; 30. Tb3, Rc7. Y acordamos dejarlo por empate.

¡EL INSENSATO ENROQUE! (Campeonato de Europa por equipos, Hamburgo, 1965) R. Tegner jugó las negras ¿Es conveniente enrocar? Hay diferencia de opiniones al respecto. Por ello, damos la palabra a Manuel Lasker, campeón del mundo muchas veces. En su libro “Mis encuentros con Capablanca”, dice: “Veía que el ajedrez iba perdiendo el encanto del juego y la atracción de lo desconocido; que su carácter enigmático adquiría preci-

sión, y que se mecanizaba hasta convertirse en objeto de la memoria. Deploré el vertiginoso curso de este proceso, cuya marcha no quise seguir, no obstante ver que a la larga sería inevitable como la muerte… La evolución moderna del ajedrez no favorece al libre juego de la fantasía; no la recompensa, sino que lo desilusiona, por cuanto el tra-

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bajo de la fantasía llega a ser inútil. Se puede jugar mejor que el oponente, pero esta circunstancia no es suficiente para ganar una partida cuyo resultado lógico suele ser tablas, por más veces que ambos contrincantes se hayan enfrentado. Frecuentemente, la ventaja lograda es ínfima y menuda, y, al ponerla en la escala de valores, parece arena fina pasada por una criba de agujeros grandes. Una ventaja ínfima no basta para evitar la posibilidad de unas tablas por rey ahogado; y así, resulta difícil hacer una partida que tenga cierto interés. La causa del mal no ha de buscarse en la poca eficacia del maestro contemporáneo, sino en su eficacia extrema; ni en las reglas del ajedrez antiguo, sino en la reforma radical introducida en el juego durante el siglo XVI. La introducción del enroque ha dificultado extremadamente el ataque contra el rey; de ese modo, ha desaparecido uno de los momentos más importantes y acaso más característicos de la combinación. Por otra parte, no debían haberse incluido sin más ni más los antiguos conceptos “tablas por rey ahogado” y “rey descubierto”, con que otrora se ganaba, en el concepto de empate. Para valorar debidamente es imprescindible formar una escala con más unidades de medida. La que actualmente se usa tiene sólo tres: ganar, perder y empatar. La escala de la naturaleza tiene un sinfín de unidades de medida, porque la naturaleza es continuativa. Deberíamos ceñirnos a ella. El procedimiento de valoración que publiqué hace cuatro años

podría servir de escala de valores. Veámoslo: dar mate al rey adversario supone 10 puntos; ahogarlo, 8 puntos; descubrirlo, 6 puntos; empatar, 5 puntos; hallarse con el rey descubierto, 4 puntos; ahogado, 2 puntos, y muerto, 0 puntos. La escala propuesta en ningún caso menoscabaría el juego, sino que en diversos aspectos le daría variedad. Pues, cualesquiera que sean las reglas del mismo, el que tratase de hacer tablas por rey ahogado lo conseguiría, por cuanto son preferibles al mate. De esta manera, no sólo no se excluirían las variantes en uso; también surgirían otras. Esto es, con unas se podría hacer tablas por rey ahogado o impedirlas mediante un juego sutil, y con otras descubrir al rey adversario o provocarlo expresamente. Desde luego, no creo que la mayoría de los ajedrecistas jóvenes esté de acuerdo conmigo en el presente. Pero no dudo de que en un futuro se dará cuenta de los impedimentos que entraña la actual escala de valores, insuficiente para premiar las pequeñas ventajas y para asegurar el trabajo de la fantasía…” Hoy día sabemos que este ingenioso doctor mezcló excesivamente los colores, y, por lo mismo, pintó el futuro del ajedrez con tonos sombríos. Pero como todos advertimos que empatar va siendo un peligro creciente, ¿no convendría reflexionar sobre lo propuesto por M. Lasker? Sin tocar el asunto del enroque, aun cuando R. Tegner posiblemente opine lo contrario… Si no hubiera tenido la posibilidad de hacer 17. …, 0-0-0??; seguro que no habría perdi-

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Diagrama núm. 39 Después de 17. Tae1

do tan pronto; pues su rey estaba muy cómodo en el centro del tablero. Pero ¡el insensato enroque largo fue la causa de su ruina! A lo mejor el enroque propiamente dicho no tuvo la culpa, sino cuándo y cómo enrocar. 1. e4, e5; 2. Cc3, Cf6; 3. g3, Ab4; 4. Ag2, d6; 5. Cge2, c6; 6. 0-0, Cbd7; 7. d3, Cf8; 8. a3, Aa5; 9. b4, Ac7; 10. d4, De7; 11. Dd3, h5; 12. h3, h4; 13. g4, Ad7; 14. f4, Ce6; 15. Ae3, exf4; 16. Cxf4, Cg5; 17. Tae1, 0-0-0; 18. b5, Cxg4; 19. bxc6, bxc6; 20. Da6+, Rb8; 21. Tb1+, Ab6; 22. Txb6+, axb6; 23. Dxb6+. Y las negras dejaron de oponer resistencia.

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GAMBITO LETÓN EL ORIGEN DE LAS NOVEDADES (Semifinal del Campeonato de la URSS, Rostov, 1941) V. Mikenas jugó las negras No todos los ajedrecistas son amantes del juego defensivo; tampoco sería aventurero suponer que a la mayor parte de ellos no les gusta defenderse, sino atacar sin importarles dónde y cuándo, sin reparar en los hechos reales ni las circunstancias. Una muestra de ello puede ser el antiguo gambito de Greco o letón, como se llama actualmente. Al ataque 2. Cf3, las negras responden con 2. …, f5; y plantean al adversario el problema de tomar uno u otro peón. Comúnmente se hace 3. Cxe5, lo cual facilita el paso de la dama al escaque h5.

Si se da una breve ojeada a esta partida, se verá que su principal interés consiste en una serie de sacrificios efectivos; pero no es así cuando se analiza a fondo. Su valor estriba única y exclusivamente en el movimiento 6. Ae2, por ser una novedad teórica que impugna una serie de variantes unidas por una idea general y no a una determinada. Su origen podría referirse más o menos así: ―¿En qué se funda la apertura? ―En atacar por la vertical g. ―¿Cuál es la pieza fundamental en el ataque? ―La dama negra. ―¿En qué casilla debe situarse? ―En la g6, para ejercer presión en la g2 adversaria. ―¿Tienen las blancas recursos para evitarlo? ―¡Sí; dar jaque con la dama desde el punto h5! ―Pero, tras g6, tendrá que retirarse. ¿Y luego qué? ―¡Que la dama negra ya no podrá situarse en el escaque g6; por el contrario, la blanca puede hacerlo cómodamente en el e2! Verifiquémoslo mentalmente: 6. Dh5+, g6; 7. De2, Dxd4; 8. Cc3, con un buen de-

A pesar de los juicios negativos de la teoría sobre el movimiento citado, de vez en cuando hay atrevidos que quieren revivir esta arriesgada apertura. Yo no me cuento entre ellos, pero considero provechoso jugar alguna partida de este tipo como adiestramiento, pues, al profundizar en las principales dificultades con que se encuentran las negras, la atención y el esfuerzo polarizan pronta y oportunamente en otros métodos de juego más modernos. Con frecuencia, muchos preguntan: “¿Qué es una novedad teórica?”

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Diagrama núm. 40 Después de 22. Cb5+

sarrollo de la apertura. Y retengámoslo en la memoria, ya que puede servirnos en caso de no hallar otra cosa mejor. ―¿Han creado las negras puntos débiles en su posición al lanzarse a la ofensiva? ―¡Naturalmente! Han eliminado su peón f7 y debilitado la diagonal e8-h5. ―¿Tiene esa diagonal importancia para nosotros? ―Para las blancas, no; mas para las negras, sí. Porque el objetivo principal de éstas es situar su dama en el escaque g6, por cuanto esta pieza y el rey han de permanecer en la diagonal citada mientras no efectúen el enroque. ―¿No es peligroso que ambas piezas se hallen en una diagonal poco defendida? ―Es difícil contestar a esta pregunta, pues depende de lo que el adversario emprenda. ―El adversario… podría dar jaque desde la casilla “c10” si tal existiese, aunque las negras contestarían con “Ad9”. ―¿Y si probásemos desde el otro lado del tablero? Es decir, desde la casilla “j3”. Pero tampoco existe tal; además, la dama no es tan asustadiza como el rey; por lo cual, montaría en cólera y tomaría el alfil. ―Si fuese asustadiza, ¿se retiraría? ―No; no podría hacerlo, pues el movimiento “Aj3” la ataría fuertemente. ―¡Aguarde! ¿Puede este fabuloso sueño llegar a ser realidad? ―¡Puede y debe llegar a serlo! ―exclamaron a un tiempo los dos

interlocutores. ―Para lo cual basta hacer 6. Ae2, Dg6; 7. Ah5!. Esto es, más o menos, el origen de una novedad teórica. 1. e4, e5; 2. Cf3, f5; 3. Cxe5, Df6; 4. d4, d6; 5. Cc4, fxe4; 6. Ae2, Cc6; 7. d5, Ce5; 8. 0-0, Cxc4; 9. Axc4, Dg6; 10. Ab5+, Rd8; 11. Af4, h5; 12. f3, Af5; 13. Cc3, exf3; 14. Dxf3, Axc2; 15. Ag5+, Cf6; 16. Tae1, c6; 17. Axf6+, Dxf6; 18. De2, Dd4+; 19. Rh1, Ag6; 20. Txf8+, Rc7; 21. Axc6, bxc6; 22. Cb5+, cxb5; 23. Dxb5, Te8; 24. Te7+. Y las negras se rindieron.

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GAMBITO DE DAMA NEGRA UN SIGNO DE ADMIRACIÓN (Partida jugada en el expreso Moscú-Kislovodsk, 1954) Un desconocido jugó las blancas Diagrama núm. 41 Después de 2. …, d5

Por lo común, al lector le desagrada oír perogrulladas tales como “¡conservad los peones, no los sacrifiquéis vanamente!” Y resultaría particularmente extraño aconsejar prudencia en esta página; cuanto más que su autor cometió la imprudencia de mover el peón de la dama en el segundo movimiento y no se preocupó de la defensa del e5. Sería de todo punto ridículo justificarla diciendo que el contrincante, o compañero de viaje, no estaba fuerte en ajedrez. Conviene jugar bien con todo adversario. Si no, ¿cómo podría el principiante progresar en este arte? Al comienzo de la partida, cualquier movimiento facilita la apertura de líneas para la movilización de las piezas y, por ello, merece un signo de admiración. Partiendo de este antecedente, el movimiento 2. …, d5; es muy oportuno. Aquel que no quiera ser víctima de un oponente versado en la teoría, esté seguro de su fuerza creadora y dispuesto a apartarse del camino saturado de conceptos teóricos, puede practicar el gambito de dama negra, ya que produce un juego contundente para los dos bandos.

Confío en que sea comprendida mi sugerencia: antes de hacer una partida conviene ensayar en solitario los varios y probables medios de ataque de las blancas, a fin de reunir anticipadamente los efectivos necesarios para defenderse. 1. e4, e5; 2. Cf3, d5; 3. Cxe5, dxe4; 4. Ac4, Dg5; 5. Axf7+, Re7; 6. Dh5, Dxg2; 7. Axg8, Dxh1+; 8. Re2, Txg8; 9. Df7+, Rd6; 10. Dxg8, Rxe5; 11. Dxf8, Ag4+; 12. Re3, De1++!.

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DEFENSA PHILIDOR El movimiento 2. …, d6; es una circunstancia poco frecuente en las actuales competiciones. Fue ideado e introducido en la práctica por el genial músico y ajedrecista francés, campeón del mundo sin haber ostentado tal título, Andrés Philidor (1726-1795). En su manual, publicado el año 1749, dice: “Mi propósito es ofrecer al público una novedad; me refiero al movimiento de los peones, alma de la partida y promotor del ataque y la defensa, y cuya posición contribuye a decidir el resultado de la misma.” 2. …, d6; responde perfectamente a las necesidades de los peones negros. Excepto el e5, los demás pueden adelantarse una casilla o dos, según convenga. El citado manual ofrece una serie de variantes que sirven de enseñanza. A su autor le atrae, sobre todo, la posibilidad de un ataque con los peones, iniciándolo con el audaz movimiento del f5. El estudioso tiene la oportunidad de analizar, sin ayuda ajena, las variantes que se producen después de 1. e4, e5; 2. Cf3, d6; 3. d4, f5. Al aficionado a lo clásico le aconsejaría estudiar las partidas, saturadas de combinaciones tajantes, de Pablo Morphi, que dedicó su atención al movimiento 2. …, d6. Pero recomiendo sinceramente no creer en los corifeos del ajedrez, sino ensayar esta apertura y

Diagrama núm. 42 Después de 2. …, d6

practicarla en los encuentros individuales. La experiencia mostrará cómo proseguir en ella; indudablemente, la defensa Philidor gustará a muchos de los que lean dicho libro. En los últimos torneos se ha manifestado un interés creciente en este sistema defensivo; por ello, quizá seremos testigos de su resurgimiento.

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¡UNA SOLA VEZ! (Torneo para jugadores de primera categoría, Kiev, 1940) R. Piatnitski jugó las negras Diagrama núm. 43 Después de 12. Df4

A diferencia de las competiciones de atletismo, en que el participante puede hacer tres pruebas, en el ajedrez, toda pieza sólo puede una vez… El lector adivina que se alude al enroque. Basta dar una ojeada al diagrama para preguntarse: “¿Por qué no hacen negras 12. …, 0-0?” Nuestros diagramas son tan imperfectos que no podemos saber cuántas veces se ha movido tal y tal pieza. Pues en el caso que nos ocupa el rey hizo dos movimientos. Como es casi seguro que este libro lo leerán sólo principiantes, quisiera desvelar un secreto: en toda sesión de simultáneas, la partida suele discurrir así: 3. d4, Ag4; 4. dxe5, Axf3; 5. Dxf3, dxe5; 6. Ac4, Cf6; 7. Db3, De7; 8. Cc3, etcétera. ¡Pero nunca logré aplicar el célebre tesoro de Morphi: 8. …, c6; 9. Ag5, b5; 10. Cxb5, cxb5; 11. Axb5+, Cbd7; 12. 0-0-0, Td8; 13. Txd7, Txd7; 14. Td1, De6; 15. Axd7+, Cxd7; 16. Db8+, Cxb8; 17. Td8++!. En cambio, en dicha modalidad de juego hice más de un centenar de veces la partida tipo 3. …, exd4; 4. Dxd4, Cc6; 5. Ab5, Ad7; 6. Axc6, Axc6; 7. Cc3, Cf6; 8. Ag5, Ae7; 9. 0-0-0, 0-0. Y cada vez fijé la atención en si hacer 10. The1, o 10. h4, al objeto de defender el alfil.

1. e4, e5; 2. Cf3, d6; 3. d4, Cf6; 4. dxe5, Cxe4; 5. Cbd2, Cc5; 6. Cc4, d5; 7. Ag5, Ae7; 8. Axe7, Rxe7; 9. Ce3, Ae6; 10. Dd4, b6; 11. Dh4+, Re8; 12. Df4, Ce4; 13. h4, Cd7; 14. Ab5, De7; 15. 0-0-0. Y las negras cesaron de oponer resistencia.

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“LA BELLA DURMIENTE” (Competición Yugoslavia – Unión Soviética, Lemberg, 1962) M. Bertok jugó las blancas Diagrama núm. 44 Después de 23. …, Dc1+

Es notoriamente sabido que la partida de ajedrez se juega entre dos competidores, y que los movimientos se suceden alternativamente. A veces, enfrascados en el ritmo “yo, tú; yo, tú; yo, tú;” ambos competidores realizan la apertura con tanta rapidez que, en su apresuramiento, olvidan movilizar alguna bella durmiente, que, por lo común, es una torre. ¿Por qué? Porque las cuatro torres están situadas en las esquinas del tablero y, por ende, son inmovibles al comienzo de la partida, donde las piezas menores y los peones sostienen escaramuzas; luego, en el fragor de la lucha, se las olvida con frecuencia. M. Bertok no sólo no olvidó las suyas, sino que procuró cambiar cuanto antes la mayor parte de sus piezas menores con el objeto de movilizar aquellas. Tal estrategia, encaminada hacia un objetivo concreto, es digna de encomio; pero su realización exigió mucho tiempo o “tiempos”, al decir de los especialistas. Por ello, no sorprende el hecho de que la vertical e, abierta para una torre blanca, fuese ocupada por la del rey negro, ni que la dama negra se introdujese en la primera horizontal de las blancas. Los acontecimientos posteriores se pueden adivinar fácilmente

por la posición reflejada en el diagrama. En resumen: ¡Hay que enrocar a su debido tiempo! 1. e4, e5; 2. Cf3, d6; 3. d4, Cf6; 4. dxe5, Cxe4; 5. Cbd2, Cc5; 6. Cb3, Ce6; 7. Ae3, Cc6; 8. exd6, Axd6; 9. Cfd4, Ccxd4; 10. Cxd4, 0-0; 11. Ac4, Df6; 12. c3, Cxd4; 13. Axd4, Te8+; 14. Rf1, Df4; 15. Dc1, Dh4; 16. Dd1, c5; 17. Da4, Te4; 18. f3, cxd4; 19. fxe4, Df4+; 20. Rg1, Ae6; 21. Td1, d3; 22. Txd3, Ac5+; 23. Td4, Dc1+; 24. Rf2, Dxh1. Las blancas se rindieron.

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EL JUEGO PETROV Diagrama núm. 45 Después de 2. …, Cf6

El juego Petrov, o apertura rusa, es extremadamente calmoso. Al efectuar el movimiento simétrico con el caballo, las negras parecen decir: “Adonde vayas tú vamos nosotras, que somos gente dócil y benigna.” Si las blancas convienen en la pacífica iniciativa de las negras, entonces los movimientos discurren cual un trineo por una pendiente; se producen muchos cambios, y el reloj se detiene. ¡Empate! Pero basta que el bando blanco no convenga en ello y prefiera la lucha abierta, y el negro conteste con golpe por golpe, para que no pueda definirse por cierto tiempo cuál ataca y cuál se defiende. Esta circunstancia es poco frecuente; lo común es que se sucedan los cambios y el juez árbitro se acerque apresuradamente a la mesilla de ajedrez… La teoría ha estudiado bastante el juego Petrov. Así y todo, es imposible señalar un sistema de ataque conveniente a las blancas o un esquema defensivo para las negras, por cuanto estos problemas entrañan factores minuciosos. A menudo, se hace el movimiento 3. Cxe5. Y tras la respuesta 3. …, d6; el caballo se retira a la casilla f3. Pero, a mi modo de ver, 4. Cxf7!, no es peor, pues en caso de 4. …, Rxf7; 5. d4, las blancas tienen dos peones móviles en el centro, lo que les asegura una iniciativa prolongada. Este movimiento lo ensayé en

una sesión de simultáneas realizada durante una gira por Holanda; las negras tomaron el caballo y el peón e4. Veámoslo: 4. Cxf7, Rxf7; 5. d4, Cxe4; y, después de 6. Dh5+, Re7; 7. De2, se encontraron con el problema insoluble de defender su caballo e4 y evitar el movimiento Ag5+! de las blancas. ¡Ensáyese el sacrificio del caballo en el escaque f7 negro!

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LA TEORÍA DE LOS MICROERRORES (Competición Yugoslavia – Unión Soviética, Leningrado, 1957) P. Trifunovic jugó las blancas Diagrama núm. 46 Después de 14. …, Cxd5

R. Fine ha dicho que, en el siglo anterior, la partida se perdía después de haber cometido cuatro errores; a principios del presente, después de dos; en la quinta década del actual, bastaba cometer un error para perderla. Si esto es cierto, entonces nos acercamos al día en que se pierda la partida sin cometer ningún yerro. El destacado gran maestro S. G. Tartakover dijo que pierde quien sea el último en errar. Quisiera explicar esta idea de la siguiente manera: ¡Evitad los microerrores, ya que con frecuencia pierde quien comete el primer microerror, porque éste es el principio de un plan estratégico imperfecto! La apertura reposada, el prematuro cambio de damas y el tardío movimiento g6 de las negras adormecieron la fantasía de Trifunovic, y, al ver que el alfil de casillas negras adversario quería situarse en la diagonal g7-a1 en vez de hacerlo en el escaque e7, como se suele hacer, pensaría: “¿Para qué enrocar corto?” y enrocó largo. A este microerror siguieron otros dos: primero, el peón h avanzó una casilla para hacerle sitio al alfil f4; después, éste se situó en la casilla que aquel le había dejado libre.

Posiblemente tres microerrores formen un error. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cf6; 3. Cxe5, d6; 4. Cf3, Cxe4; 5. De2, De7; 6. d3, Cf6; 7. Ag5, Cbd7; 8. Cc3, Dxe2+; 9. Axe2, h6; 10. Af4, g6; 11. 0-0-0, Ag7; 12. h3, Cb6; 13. Cd2, Cfd5; 14. Cxd5, Cxd5; 15. Ah2, 0-0; 16. Af3, Cb4; 17. a3, Cc6; 18. c3, a5; 19. The1, Ad7; 20. d4, b5; 21. d5, Ca7; 22. Cb3, b4; 23. axb4, axb4; 24. cxb4, Tfb8; 25. Te4, Aa4; 26. Td3, f5; 27. Te7, Txb4; 28. Ad1, Tc4+; 29. Rb1, Cc8; 30. Te6, Rf7; 31. g4, Ce7; 32. gxf5, Cxf5; 33. Tf3, Tb8; 34. Ac2, Txc2.

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Las blancas dejaron de oponer resistencia

¡PERO EL CABALLO SE DESATA! (Torneo para jugadores de primera categoría, Kiev, 1938) I. Zaslavski jugó las negras Diagrama núm. 47 Después de 19. …, Cd8

¿Qué es lo más interesante para el lector curioso? ¡El sacrificio de la dama! Las negras creyeron que el caballo e6 blanco estaba atado irremisiblemente; pero inesperadamente se desató y devastó la posición de aquellas. ¿Puede hacerse 5. dxe5? ¡Naturalmente! Todo movimiento es efectivo si tiene relación con un plan concreto, por limitado que sea. Esta verdad de Perogrullo puede verse en la presente partida; en ella se hizo 12. …, Dd7; en vez de 12. …, Dd5; que era lo que debía haberse hecho. Acaso ello se debe a que las negras previeron la maniobra 13. h3, Ah5; 15. g4, Ag6; 16. Cg3!, y, por lo mismo, decidieron defender su escaque f5. Zaslavski ha dejado de participar en las competiciones; pero por aquellos años era un contrincante astuto y tenaz. Así que obtuve el atestado de jugador de tercera categoría, propuse un encuentro de seis partidas al jugador de segunda Zaslavski, quien, todo lo contrario de la generación actual, aceptó enseguida. El que yo prefiera las competiciones individuales a las colectivas

posiblemente haya que atribuirlo a mi primera experiencia en tal sentido, que finalizó con el resultado de 3:3. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cf6; 3. d4, Cxe4; 4. Ad3, d5; 5. dxe5, Cc6; 6. De2, Cc5; 7. 0-0, Cxd3; 8. cxd3, Ag4; 9. Ae3, d4; 10. Af4, Ae7; 11. Cbd2, 0-0; 12. Ce4, Dd7; 13. h3, Ae6; 14. Ag3, Tae8; 15. Tfe1, h6; 16. a3, f5; 17. exf6a.p., Axf6; 18. Cc5, Dc8; 19. Cxe6, Cd8; 20. Cxf8, Txe2; 21. Txe2, Rxf8; 22. Tae1, c6; 23. Ad6+, Rf7; 24. Ce5+, Axe5; 25. Txe5.

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Y las negras abandonaron la partida.

ALFILES DE CASILLAS DE COLOR IGUAL (Campeonato de la URSS por equipos, Riga, 1968) E. Geller jugó las blancas Diagrama núm. 48 Después de 14. Cg3

Frecuentemente hablamos de las ventajas de los alfiles de casillas de color distinto, y olvidamos las de un color. Esta circunstancia se debe única y exclusivamente a nuestra falta de perspicacia. Si en la fase final de la partida conseguimos hacer tablas llevando la desventaja de uno o dos peones, lo atribuimos a los alfiles de distinto color; pero si sucede lo contrario, entonces lo aplicamos a nuestra capacidad de juego. Esto se dio en mi partida con Geller; aparte del medio punto conseguido, debo señalar la poco frecuente y valiosa contribución de mi alfil de escaques negros que, situado acertadamente detrás de la falange de peones, impidió todo intento de ruptura por parte del adversario.

visto en apuros de no haber sido mi alfil de casillas negras.

En una posición en la que muchos habrían enrocado, Geller efectuó la micronovedad de su invención 6. Cd2!, y el juego transcurrió por un cauce desconocido. Aquí, la continuación 6. …, Cxd2; 7. Axd2, 0-0; 8. Df3, y 9. 0-0-0, ofrecería a las blancas mucha movilidad. Por ello, el caballo negro se retiró al punto d6, y limitó en cierto modo el plan de las blancas; con todo, el juego de éstas estuvo cuajado de buenas perspectivas para ellas; por lo cual, me habría

1. e4, e5; 2. Cf3, Cf6; 3. d4, Cxe4; 4. Ad3, d5; 5. Cxe5, Ae7; 6. Cd2, Cd6; 7. c3, c6; 8. 0-0, Af5; 9. Axf5, Cxf5; 10. Te1, 0-0; 11. Dg4, g6; 12. Cf1, Cd7; 13. Cxd7, Dxd7; 14. Cg3, Ad6; 15. Cxf5, Dxf5; 16. Dxf5, gxf5; 17. Ad2, Rg7; 18. Te2, Tae8; 19. Tae1, Te4; 20. f3, Txe2; 21. Txe2, f4; 22. Rf2, h5; 23. Re1, Rg6; 24. Rd1, Rf5; 25. Ac1, Tg8; 26. b3, Tg6; 27. c4, b5; 28. cxd5. Y se convino en que eran tablas.

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AUDACIA EXCESIVA (Campeonato de Moscú, 1957) B. Ragosin jugó las blancas Diagrama núm. 49 Después de 8. Rd1

El inesperado jaque dado con la dama sorprendió a Ragosin, por lo que decidió devolver golpe por golpe. Su movimiento Rd1 quizá fue un alarde de audacia, pues la dama negra puede situarse en otra casilla; en cambio, el rey blanco no podrá enrocar a un lado ni a otro. El curso ulterior de la partida mostró que el movimiento en cuestión fue arriesgado, y el rey no pudo dar con un refugio seguro. Además, los peones del flanco de éste se desligaron y uno de ellos pereció. Hubo un instante en que las blancas abrieron la vertical g para sus torres; sin embargo, las amenazas sobre el punto g7 negro no resultaron peligrosas, debido al escaso número de unidades atacantes. Las blancas lo comprendieron; si no ¿cómo puede explicarse su oferta de cambiar las damas en el vigésimo cuarto movimiento? Como no fuese por el peón f5 negro que obturaba la diagonal adversaria d3-h7, dominada por el alfil, las verticales g y h abiertas hubieran brindado a las blancas la posibilidad de atacar fuertemente; pero la pareja de torres no es, por lo común, suficiente para desbaratar un obstáculo de peones. A más de esto, tampoco tienen el peón g, que hubiese podido avanzar al escaque g4 y, de ese modo, minar el fundamental punto f5 ne-

gro; en ello estriba el defecto del movimiento 17. gxf3. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cf6; 3. d4, exd4; 4. e5, Ce4; 5. Dxd4, d5; 6. exd6a.p., Cxd6; 7. Ad3, De7+; 8. Rd1, Cc6; 9. Da4, Dd7; 10. Cc3, Ae7; 11. Cd5, 0-0; 12. Cxe7+, Dxe7; 13. Ag5, f6; 14. Te1, Df7; 15. Af4, Ag4; 16. Axd6, Axf3+; 17. gxf3, cxd6; 18. f4, d5; 19. Rd2, Dh5; 20. Te3, Dxh2; 21. Tf1, f5; 22. Db5, Dxf4; 23. Dxd5+, Rh8; 24. Dc4, Dxc4; 25. Axc4, Tad8+; 26. Rc1, g6; 27. c3, Rg7; 28. Tfe1, Td6; 29. Rc2, Tc8; 30. Af1, Rf6; 31. a3, Cd4+; 32. Rb1, Ce6; 33. a4, b6; 34. Aa6, Tc7; 35. Ab5, h5; 36. Ra2, h4;

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37. Af1, Cf4; 38. Te8, Td2; 39. f3, Txc3; 40. Tf8+, Rg5. Las blancas abandonaron.

¿ES BLANCO O NEGRO EL CABALLO? (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1961) G. Borisenko jugó las negras Diagrama núm. 50 Después de 48. …, Ce2

La competición tocaba a su fin, y yo tenía que ganar esta partida para rehacerme de los resultados adversos tenidos anteriormente. Como empatar era lo mismo que perder, las blancas, debido a su desmesurado celo, cometieron un error irreparable en la fase final de la partida: empezaron a jugar aventureramente, y no cesaron de hacerlo siquiera cuando el peón h avanzaba hasta la octava horizontal. Fue una verdadera lástima; cuanto más que estaban en una posición que les permitía ganar la partida, al reanudarla, después de haber sido interrumpida en el cuadragésimo movimiento. Obsérvese el diagrama; da la sensación de haber una errata; es decir, los caballos tienen color distinto del que les pertenece. Pero no es así; el diagrama refleja su verdadera posición. Entonces, ¿cómo llegó el caballo blanco a la casilla b8? Para entenderse conviene desarrollar esta partida en el tablero, pues está prohibido decirlo. Si bien puede insinuarse: ¿habrías tú, estimado lector, hecho 10. …, f6; caso de jugar las negras?

1. e4, e5; 2. Cf3, Cf6; 3. d4, exd4; 4. e5, Ce4; 5. Dxd4, d5; 6. exd6a.p., Cxd6; 7. Cc3, Af5; 8. De5+, De7; 9. Cd5, Dxe5+; 10. Cxe5, f6; 11. Cf3, Rd7; 12. Af4, Cc6; 13. 0-0-0, Td8; 14. Ce3, Ae6; 15. Ab5, Rc8; 16. Axc6, bxc6; 17. Cd4, Ad7; 18. f3, Cf7; 19. Cc4, Ad6; 20. Ag3, Tde8; 21. Cb3, Axg3; 22. hxg3, Te2; 23. Td2, Txd2; 24. Rxd2, Ae6; 25. Cca5, Axb3; 26. axb3, Cd8; 27. b4, h5; 28. Th4, Th6; 29. g4, hxg4; 30. Txh6, gxh6; 31. fxg4, Rd7; 32. Re3, Cf7; 33. Rf4, Ce5; 34. Rf5, Re7; 35. b3, Rf7; 36. Cb7, Re8;

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37. Cc5, Re7; 38. Ce4, Cd7; 39. c3, Rf7; 40. g3, Re7; 41. Cc5, Ce5; 42. c4, Cf7; 43. Ca6, Cd6+; 44. Rf4, Cb7; 45. c5, Cd8; 46. Rf5, Ce6; 47. Cb8, Cd4+; 48. Re4, Ce2; 49. Cxc6+, Rd7; 50. Cxa7, Cxg3+; 51. Rd5, f5; 52. gxf5, Cxf5; 53. c6+, Rd8; 54. Re5, Ce3; 55. b5, h5; 56. b6, cxb6; 57. Re6, h4; 58. Cb5, h3; 59. c7+, Rc8; 60. Rd6, Cf5+; 61. Rc6, Ce7+; 62. Rd6, h2; 63. Ca7+, Rb7; 64. Rxe7, Rxc7. Y las blancas se rindieron.

EL ESFUERZO SUPREMO DEL REY BLANCO (Campeonato de la URSS por equipos, Moscú, 1959) L. Maslov jugó las negras Diagrama núm. 51 Después de 42. Re2

Si se analiza esta partida, podrá comprobarse que el héroe de la batalla es el modesto peón a2 blanco y no el rey. Sin embargo, este peón no hubiese vencido al caballo negro sin el audaz y supremo esfuerzo de su rey. El peón a4 no se encontró con obstáculos que le impidiesen coronarse, gracias a la maniobra Rf1Re2-Rd3-Rc4-Rb5-Rxa5-Rb6. Lo curioso es que dio su primer paso en el movimiento trigésimo tercero, tras lo cual hubo de esperar a que transcurriesen dieciséis movimientos para proseguir su marcha. En la variante 49. …, Rxf4; 50. a6, el rey blanco vigila su escaque b4 para impedir la continuación 50. …, Cb4; 51. a7, Cc6+. El peón y el rey actuaron bravamente.

―¿No me hago merecedor de una palabra de alabanza? ―preguntó tímidamente el caballo, que escapó con vida del escaque f4.

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―En efecto; te rogamos que nos disculpes. ¡Con sus oportunos saltos, Cc3, Ca4, Cc3, Ce4, Cc5, Ce6, Cc7, Ce6 y Cf4, este caballo preparó el terreno para la maniobra a4-a5-a6a7-a8D! ¡A él pertenece la cuarta parte de los movimientos comprendidos entre el decimosegundo y el cuadragésimo octavo! 1. e4, e5; 2. Cf3, Cf6; 3. d4, exd4; 4. e5, Ce4; 5. Dxd4, d5; 6. exd6a.p., Cxd6; 7. Cc3, Cc6; 8. Df4, g6; 9. Ab5, Ag7; 10. Axc6+, bxc6; 11. 0-0, 0-0; 12. Ae3, a5; 13. Ad4, Te8; 14. Axg7, Rxg7; 15. Tfe1, Txe1+; 16. Txe1, Df6; 17. Dxf6+, Rxf6; 18. b3, Af5; 19. Cd4, Ad7; 20. Ca4, Cb7; 21. Ce2, c5; 22. Cac3, Ac6; 23. Cf4, Td8; 24. Cd3, Td4; 25. Ce5, Cd8; 26. Cxc6, Cxc6; 27. Ce4+, Rg7; 28. Cxc5, Td2; 29. Tc1, Cd4; 30. Ce4, Txc2; 31. Txc2, Cxc2; 32. Rf1, Cb4; 33. a4, f5; 34. Cc5, Rf6; 35. f4, h6; 36. h4, g5; 37. hxg5+, hxg5; 38. fxg5+, Rxg5; 39. Ce6+, Rg4; 40. Cxc7, Rg3; 41. Ce6, Cc2; 42. Re2, Rxg2; 43. Rd3, Ce1+; 44. Rc4, Cc2; 45. Rb5, Rf3; 46. Rxa5, Re4; 47. Rb6, Rd3; 48. Cf4+, Re4; 49. a5. Y las negras cesaron de oponer resistencia.

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RECETA SACADA DE UN LIBRO (Campeonato de la Unión Soviética, Tbilisi, 1967) L. Stein jugó las blancas Diagrama núm. 52 Después de 3. …, d5

Como la posición inicial de las piezas y peones es simétrica y equivalente, las negras pueden estar deseando mantener la simetría durante bastante tiempo. ¡Es un síntoma peligroso! Pero ya se sabe que no hay regla sin excepción. Luego de leer en un manual de aperturas bastante fundamentado que se puede responder a 1. e4, e5; 2. Cf3, Cf6; 3. d4, con 3. …, d5; me alegré mucho de haber dado con tan singular excepción. Stein se extrañó; meditó un poco, y prosiguió 4. exd5, exd4; 5. Ab5+, c6; 6. dxc6, bxc6; 7. Ae2!. Y me di cuenta de lo inútil que había sido el consejo tomado del libro en cuestión. Si las blancas hubieran hecho 7. Ac4, las negras habrían tenido a mano la artificiosa maniobra 7. …, Ab4+; 8. c3, De7+; 9. Ae2, dxc3; 10. Cxc3, 0-0; con buen juego; pero tras el oportuno movimiento 7. Ae2, no lograron lo que deseaban. De nada me sirvió la intrincada respuesta 17. …, Ad2; ni el último intento 22. …, Axh3; pues las piezas del oponente actuaron con una impecable y extraordinaria conjunción, cual si fuesen las de un mecanismo bien engrasado. Esta partida me enseñó que los libros presentan buenas jugadas; pero que las propias y primitivas son

mucho mejores. Por ello, quisiera dar el siguiente consejo: no hacer uso de las recetas insertadas en los libros sin haberlas comprobado detalladamente. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cf6; 3. d4, d5; 4. exd5, exd4; 5. Ab5+, c6; 6. dxc6, bxc6; 7. Ae2, Ac5; 8. c3, dxc3; 9. Dxd8+, Rxd8; 10. Cxc3, Re7; 11. 0-0, Td8; 12. Te1, Rf8; 13. Af4, Cbd7; 14. Ca4, Ab4; 15. Tec1, Te8; 16. Cd4, Te4; 17. Ae3, Ad2; 18. Tc2, Axe3; 19. fxe3, Ce5; 20. h3, Txe3; 21. Td1, Cd5; 22. Cc5, Axh3; 23. gxh3, Txh3; 24. Cxc6, Cxc6; 25. Cd7+, Rg8; 26. Txc6, Cb4; 27. Tc7, Cxa2; 28. Ac4, Cb4;

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29. Ce5, h6; 30. Axf7+, Rh8; 31. Tdc1, Tg3+; 32. Rh2. Y las negras se rindieron.

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EL CONTRAATAQUE CHIGORIN Diagrama núm. 53 Después de 3. …, Cf6

El autor de estas líneas propone llamar así la apertura 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ac4, Cf6!; que viene denominándose, incorrectamente, defensa de dos caballos. La brillante práctica de M. I. Chigorin, muchos años campeón de Rusia e inmediato aspirante al trono ajedrecista internacional, no sólo contribuyó a que esta apertura gozase del reconocimiento de los amplios círculos ajedrecistas de todo el mundo, sino que también dio al traste con la arraigada creencia de que el movimiento 3. …, Cf6; era defensivo. La respuesta 4. Cg5 es lo más peligroso para las negras, que, en el transcurso de muchos años, no pudieron hacer más que defenderse ante la amenaza 5. Cxf7. Al propio tiempo, la tentativa de interceptar la diagonal c4-f7 blanca con el movimiento d5 acababa lamentablemente. Veámoslo: 4. …, d5; 5. exd5, Cxd5; 6. Cxf7, Rxf7; 7. Df3+, y el rey se veía forzado a situarse en la casilla e6, donde con frecuencia perecía frente al ataque de las piezas adversarias.

Y los partidarios de reforzar el juego de las negras no se quedan a la zaga, pues, aparte del movimiento 5. …, Ca5; ensayan los movimientos 5. …, b5; y 5. …, Cd4. Después de muchos ensayos, se obtuvo el primer resultado positivo: al paradójico movimiento 5. …, b5; no hay que responder con 6. Axb5. sino con 6. Af1, y tomar el peón después de 6. …, Cxd5.

El mérito de Chigorin consiste en haber demostrado que las negras pueden contraatacar con 5. …, Ca5!. Y su variante fundamental 6. Ab5+, c6; 7. dxc6, bxc6; 8. Ae2, h6; 9. Cf3, e4; 10. Ce5, Dc7; aún no ha sido superada, no obstante, los esfuerzos de los teóricos en reforzar el ataque de las blancas.

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PABLO MORPHY EL “MAGO” (Olimpiada de Moscú, 1956) A. Royan jugó las negras Diagrama núm. 54. Después de 7. …, e4

Cuando he de jugar partidas con juego estrictamente de posición (así es la vida ajedrecista hoy día), cojo de mi biblioteca las mejores producciones ajedrecistas del siglo XIX y, en primer lugar, las partidas de Morphy. Este campeón del mundo sin corona practicó el juego rápido y sus aperturas propias. 3. c4, fue su jugada preferida. En el transcurso de la preparación de mi partida con el maestro noruego Royan, di con una curiosa idea, fundada en la potencia de los peones móviles. Aquí recordé que a Morphy le agradaba la variante 6. d3, abrí el tomo de la colección de sus partidas, en ninguna de las cuales, jugadas con este sistema de apertura, hallé el movimiento 8. dxe4. Consulté con mis compañeros de equipo y me aconsejaron que la hiciese. La audaz idea de las blancas resultó ser un arma peligrosa; ante la presión de sus peones; las piezas negras vacilaron e iniciaron una lenta retirada a sus posiciones. El primero en hacerlo fue el alfil de casillas blancas, que prefirió sucumbir en el campo de batalla a efectuar 32. …, Ag8. Y el caballo no tardó en seguir el ejemplo de aquél. Nada más finalizar la partida, mi contrincante me preguntó con voz pausada: “¿Descuidó usted el alfil?”

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ac4, Cf6; 4. Cg5, d5; 5. exd5, Ca5; 6. d3, h6; 7. Cf3, e4; 8. dxe4, Cxc4; 9. Dd4, Cb6; 10. c4, c5; 11. Dd3, Ag4; 12. Cbd2, Ae7; 13. 0-0, 0-0; 14. Ce5, Ah5; 15. b3, Cbd7; 16. Ab2, Cxe5; 17. Axe5, Cd7; 18. Ac3, Af6; 19. Tae1, Axc3; 20. Dxc3, Df6; 21. e5, Df5; 22. f4, Ag6; 23. Ce4, Tab8; 24. Df3, Ah7; 25. g4, Dg6; 26. f5, Db6; 27. Dg3, f6; 28. e6, Ce5; 29. h4, Rh8; 30. g5, Tbc8; 31. Rh1, Dd8; 32. g6, Axg6; 33. fxg6, b5; 34. d6, Db6; 35. d7, Cxd7; 36. exd7, Tcd8; 37. Cxf6, Dc6+; 38. Dg2. Y las negras se rindieron.

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PRIMERA PARTICIPACIÓN EN LA OLIMPIADA DE HELSINKI (Torneo preparatorio, 1952) V. Smislov jugó las negras Diagrama núm. 55 Después de 24. …, Cc3

En 1968, el equipo de ajedrecistas soviético venció por novena vez consecutiva en la competición internacional; en 1952, salimos por primera vez a la palestra del torneo de las naciones. Con el fin de que nuestro equipo se presentase bien preparado física y teóricamente, la Federación Soviética de Ajedrez organizó un torneo preparatorio en una de las casas de reposo en los alrededores de Moscú. Como se sabe, donde se reúnan ajedrecistas no faltan competiciones. Aparte del torneo preparatorio, jugábamos partidas rápidas de la mañana a la noche. Durante estas partidas comprobé una serie de movimientos de apertura interesantes, de los cuales el lector hallará uno en esta partida. La maniobra Cf3-Ce5-Cg4 no goza de popularidad, lo cual quizás es un error, pues, aunque el juego resulta tirante, ¿es mejor 11. d4, que 11. Cg4? Préstese atención a la capacidad de trabajo del alfil blanco, que efectuó diez movimientos.

d3, e3; 17. fxe3, Db7; 18. Cc3, Cxe3; 19. Axe3, Txe3; 20. Rh1, Dxb2; 21. Ce4, Ac7; 22. Tb1, Dxa2; 23. Dc1, Te2; 24. Cc3, Dxc2; 25. Cxe2, Dxe2; 26. Dc5, Ab6; 27. Dc3, Cb7; 28. Tbd1, Cc5; 29. Ag2, Td8; 30. Tfe1, Dg4; 31. Axc6, Dg6; 32. Af3, Df5; 33. d4, Ce6; 34. d5, Cg5; 35. Ag2, Td6; 36. Dd3, Dxd3; 37. Te8+, Rh7; 38. Txd3, Rg6; 39. Tc3, f6; 40. h4, Cf7; 41. Tc6, Td7; 42. Ae4+, Rh5; 43. Rg2. Y las negras cesaron de oponer resistencia.

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ac4, Cf6; 4. Cg5, d5; 5. exd5, Ca5; 6. Ab5+, c6; 7. dxc6, bxc6; 8. Ae2, h6; 9. Cf3, e4; 10. Ce5, Dc7; 11. Cg4, Axg4; 12. Axg4, Ad6; 13. Ah3, 0-0; 14. g3, Cd5; 15. 0-0, Tae8; 16.

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UNA VICTORIA EN EL SILENCIO DEL GABINETE (Campeonato de Moscú, 1953) B. Baranov jugó las negras Diagrama núm. 56 Después de 19. …, Df3

El ajedrez es tan rico en convinaciones que ningún trabajo preparatorio libra al ajedrecista de ensayar en el tablero. Y, sin embargo, hay excepciones. Con un poco de suerte se logra, a veces, jugar una partida cuyos movimientos más complejos han sido previstos en el transcurso de una profunda meditación. Mi partida con Baranov es una de las excepciones antedichas. A las negras les tentó el peón g2 blanco, y, al parecer, soñaron con llevar a término la conversión del peón h en dama. Pero ganar los peones g y h les costó varios tiempos, y, al llegar la fase final, se comprobó que los peones centrales blancos eran más poderosos que sus adversarios del flanco del rey. El principal culpable del hundimiento de las negras fue el caballo de su dama, que, tras el aventurado salto a la casilla a5, no halló un refugio seguro en el transcurso de la partida, pues los peones adversarios le arrebatan cualquier escaque cada vez que se disponía a intervenir en el ataque. Préstese atención a los movimientos c5 y f5 de las blancas. Después de 20. …, Dxe2+; Baranov propuso dejarlo en tablas. Posiblemente no lo hubiese propuesto, si hubiera sabido que, en el silencio de mi gabinete, analicé circunstanciadamente toda la variante hasta

el movimiento 19. …, Df3; y el final que la sucedió. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ac4, Cf6; 4. Cg5, d5; 5. exd5, Ca5; 6. Ab5+, c6; 7. dxc6, bxc6; 8. Ae2, h6; 9. Cf3, e4; 10. Ce5, Ad6; 11. Cg4, Cxg4; 12. Axg4, Dg5; 13. h3, h5; 14. d4, Dg6; 15. Axc8, Dxg2; 16. Tf1, Txc8; 17. De2, Dxh3; 18. Ad2, Cb7; 19. Cc3, Df3; 20. Cxe4, Dxe2+; 21. Rxe2, f6; 22. c4, Rf7; 23. f4, Ab8; 24. c5, Cd8; 25. f5, Cb7; 26. b4, Tcd8; 27. Ae3, h4; 28. b5, cxb5; 29. Tab1, a6; 30. a4, The8; 31. Rd3, Te7; 32. axb5, axb5; 33. Txb5, Tde8; 34. Af4, Cd8; 35. Txb8, Txe4; 36. Txd8.

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Y las negras cesaron de oponer resistencia.

LA PÁGINA DE UNA REVISTA (Olimpiada de Munich, 1958) N. Rossolimo jugó las blancas Diagrama núm. 57 Después de 9. Ag5

La memoria del ajedrecista es una cosa muy curiosa. Al punto que Rosssolimo situó el alfil en la casilla g5, algo me sugirió que él trataba de hacer que yo cayera en el anzuelo de una variante. Como por encanto, la memoria visual sacó de lo hondo de mi interior la clara imagen de una página de la revista americana Chess Revue, en la que se analizaba el movimiento 9, Ag5: el autor del análisis era mi oponente. Al principio quise rebatir el movimiento citado; pero, tras haber ensayado mentalmente la variante 9. …, f6, 10. Txe4+, Rf7; 11. Dd3, fxg5; 12. Tae1, dxc3; 13. Dc4+, Rg6; 14. Te6+, Axe6; 15. Txe6+, Df6; 16. Cxg5, Dxe6; 17. Dxe6+, Rxg5; 18. h4+, Rxh4; 19. g3+, Rg5; 20. f4+, Rh5; 21. Df5+, Rh6; 22. Dg5++, o bien 10. Cxe4, Rf7; 11. Dd3, fxg5; 12. Cexg5+, me encontré con problemas insolubles. El resultado fue un empate rápido y una reacción poco agradable de A. Kotov, capitán del equipo: ―¡Gané a Rossolimo en el torneo de Venecia! Olvidándose de que una hora antes me había advertido:

―Ten cuidado, sobre todo al final de la partida, que ése es un jugador peligroso… Desde luego; de haber habido la mínima posibilidad de ganar, uno habría llevado a término este final; pero, después de 13. …, 0-0-0; las blancas tenían asegurado el empate con un mínimo de buen juego. Por otra parte, tras la Olimpiada de 1952 ―en la que me encontré dos veces en una situación sin salida al intentar hacer tablas mediante un juego complicado―, adqui-

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rí experiencia y discreción en el juego. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ac4, Cf6; 4. d4, exd4; 5. 0-0, Cxe4; 6. Te1, d5; 7. Axd5, Dxd5; 8. Cc3, Dd8; 9. Ag5, Ae7; 10. Axe7, Cxe7; 11. Cxe4, Ag4; 12. Dxd4, Dxd4; 13. Cxd4. Se convino en que eran tablas.

ATAQUE FICTICIO CONTRA EL ESCAQUE f7 NEGRO (Campeonato del Dinamo por equipos, Moscú, 1963) V. Liubinski jugó las blancas Diagrama núm. 58 Después de 11. …, Dd7!

¿Por qué hacen las blancas e5, provocando así el contrajuego y paralizando el ataque contra el escaque arriba citado? ¡Porque su intención no es atacar dicho punto! Tal ataque tiene por objeto atraer el caballo del rey a su casilla e4, a fin de que perezca acosado por los peones blancos. Para despejar toda duda al respecto, veámoslo: 6. ..., Ce4; 7. Cxd4, Ad7; 8. Axc6, bxc6; 9. 0-0, Ac5; 10. Ae3, 0-0; 11. f3, Cg5; 12. Cc3, y el ataque f4-f5-f6 amenaza la posición de las negras. Entonces, ¿adónde retirar el caballo? Hay análisis muy detallados de esta variante compleja; pero yo, si el diablo no me tienta, prefiero atenerme a mi criterio y, por ello, ideé una curiosa marcha para este caballo que por la postura reflejada en el

diagrama nadie diría que ha efectuado tres movimientos. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ac4, Cf6; 4. d4, exd4; 5. e5, d5; 6. Ab5, Cd7; 7. 0-0, Ae7; 8. Te1, 0-0;

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9. Axc6, bxc6; 10. Cxd4, Cb8; 11. Df3, Dd7; 12. Cc3, Dg4; 13. Dxg4, Axg4; 14. f4, Ae6; 15. Cce2, c5; 16. Cxe6, fxe6; 17. c4, c6; 18. Ad2, Cd7; 19. b3, Ad8; 20. g3, g5; 21. Rg2, gxf4; 22. Cxf4, Ag5; 23. Te2, Axf4; 24. Axf4, a5; 25. Tf1, a4; 26. g4, Tab8; 27. Tf3, axb3; 28. axb3, Tb4; 29. Tc2, Cb6; 30. Tcf2, dxc4; 31. bxc4, Txc4; 32. h3, Cd7; 33. Rg3, Td4; 34. Ta2, c4; 35. Ta6, Cc5; 36. Ae3, Cxa6; 37. Axd4, c5; 38. Af2, Tb8; 39. Rf4, Tb3; 40. Re4, Txf3; 41. Rxf3, c3; 42. Re2, Cb4; 43. Ah4, c4; 44. Rd1, Rf7; 45. Ad8, Rg6; 46. Aa5, Cd5; 47. Ad8, h6; 48. Rc2, h5; 49. gxh5+, Rxh5; 50. h4, Rg4; 51. Ag5, Rf5; 52. Af6, Cxf6; 53. exf6, Rxf6. Tablas.

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DEFENSA HÚNGARA CUANDO LA DAMA DESCANSA… (Campeonato de Moscú por equipos, 1955) L. Sherbakov jugó las negras Diagrama núm. 59 Después de 3. …, Ae7

Al comienzo de nuestro aprendizaje todos hemos cometido errores, de los cuales el más generalizado es, posiblemente, el deseo de no cambiar las damas. Pues a todos nos ha parecido imposible organizar un ataque sin dicha pieza. Mientras, los peones, los alfiles, los caballos y las torres son unos atacantes eficaces, si el que dirige la batalla sabe asignarles la misión que les corresponde en el ataque. A la luz de estas reflexiones, vagas y comunes, mi propio juego me encanta en esta partida, cuyos héroes principales son el peón e y el caballo g del bando blanco y el rey del negro. Pero ¿qué podía hacer este bravo monarca si su estratega hizo precipitadamente el movimiento g6 y cambió inútilmente el alfil de casillas negras? La presencia de puntos vulnerables en el baluarte de las negras facilitó a las blancas llevar a término una fuerte ofensiva. Particularmente, son dignas de encomio las audaces operaciones de los peones en los movimientos decimoctavo y vigésimo. Queda por decir que Leónidas Vasilievich Sherbakov, instructor del Palacio de Pioneros en los Cerros de Lenin, ya no juega así ni per-

mite que lo hagan sus educandos. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ac4, Ae7; 4. d4, d6; 5. dxe5, dxe5; 6. Ad5, Ad7; 7. Cg5, Axg5; 8. Dh5, g6; 9. Dxg5, Dxg5; 10. Axg5, Cd4; 11. Ca3, c6; 12. Ab3, Cxb3; 13. axb3, f6; 14. Ae3, Ce7; 15. Cc4, Cc8; 16. 0-0-0, b6; 17. Ah6, Tg8; 18. f4, exf4; 19. e5, f5; 20. e6, Axe6; 21. The1, Rf7; 22. Ce5+, Rf6; 23. Cxc6, Te8; 24. h4, Af7; 25. Ag5+, Rg7; 26. Txe8, Axe8; 27. Cd8, b5; 28. Ce6+, Rf7; 29. Cc7, Tb8; 30. Cxe8, Rxe8; 31. Td8+, Rf7; 32. c4, Ta8; 33. c5, Cb6; 34. cxb6.

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Y las negras se rindieron.

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APERTURA ITALIANA Diagrama núm. 60 Después de 3. …, Ac5

El sistema 3. Ac4! es uno de los más contundentes del juego abierto. Puede decirse que el gambito de rey es el único que compite con esta apertura en las múltiples y diversas variantes, por cuanto también él requiere el movimiento Ac4. Apuntando a la casilla f7 negra, las blancas plantean una lucha a muerte y fuerzan al adversario a defenderse sin pérdida de tiempo. En esta exposición resumida no nos detendremos en sus variantes, ya que el lector las hallará en cualquier manual de aperturas, y porque nuestra finalidad es exponer los métodos de ataque y defensa fundamentales para poder trazar el juego conveniente a las blancas y a las negras. ¡Ajedrecistas con fantasía, imaginación, deseo de aventuras y afición a lo desconocido, para vosotros se idearon los ataques de la escuela italiana! ¡Sacrificad, sed audaces y combinad de un modo variado!

¡Piezas negras, vuestra indolencia causa ruina a vuestro rey! No actuéis en calidad de observador impasible; apresuraos a salir a la palestra; sacrificad material cuando las circunstancias lo requieran; ahorrad tiempo! Si este llamamiento toca en el amor propio de la torre, del caballo y del alfil del flanco de la dama, entonces se habrá logrado el objetivo.

Se preguntará: ¿Por qué las negras pierden con frecuencia? Porque el flanco de su dama dormita. Ésta es, más o menos la respuesta de por qué las blancas ganan más veces que aquéllas en la partida de tipo abierto; aunque con la condición de que el bando atacante no repare en sacrificar piezas y peones.

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TRANSMISIÓN DE LA EXPERIENCIA (Torneo internacional, Mar del Palta, 1960) E. Eliskases jugó las blancas En la última ronda del torneo internacional, celebrado en Moscú el año 1936, Capablanca llevaba a Botvinnik medio punto de ventaja, y tenía que ganar a Eliskases para no compartir el premio con aquél. Y al igual que el insigne Manuel Lasker eligió una reposada variante de la apertura española para su decisivo encuentro con José R. Capablanca, jugado en San Petersburgo el año 1914, éste eligió una inofensiva variante de la apertura italiana en su partida con Eliskases, quien se alegró mucho y aceptó todos los cambios de piezas que su oponente le propuso. Pero pronto se dio cuenta de que era víctima de un hábil engaño cuando el juego llegó a un final de piezas mayores. Es comprensible que Eliskases mantuviese largos años el deseo de desquitarse con quien fuere; aunque no me explico por qué quiso aplicar aquel “teatral estudio” de Capablanca, jugando conmigo. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ac4, Cf6; 4. d3, Ac5; 5. Cc3, d6; 6. Ag5, Ca5; 7. Cd5, Cxc4; 8. dxc4, c6; 9. Cxf6+, gxf6; 10. Ah4, Tg8; 11. 0-0, Ae6; 12. Dd3, De7; 13. Tad1, 0-0-0; 14. Tfe1, Ag4; 15. Db3, De6; 16. Td3, Tde8; 17. Cd2, f5; 18. Rf1, Dh6; 19. g3, f4; 20. f3, fxg3; 21. hxg3, Ah3+; 22. Re2, f5; 23. exf5, Axf5; 24. Ce4, Axe4; 25. fxe4,

Diagrama núm. 61 Después de 6. Ag5

Tg4; 26. Rd1, Dg6; 27. Tf3, Txe4; 28. Txe4, Dxe4; 29. Dd3, Dg6; 30. Df5+, Dxf5; 31. Txf5, Tg8; 32. Tf7, h6; 33. Tf6, Tg4; 34. c3, Txc4; 35. Txh6, b5; 36. Tg6, b4; 37. cxb4, Txb4; 38. Rc2, Te4; 39. g4, Te2+; 40. Rb3, Rd7; 41. Ag5, Ad4; 42. Ac1, e4; 43. Af4, d5; 44. Td6+, Re7; 45. Txc6, Txb2+; 46. Ra3, Tf2; 47. Tc7+, Rd8; 48. Tf7, Ac5+; 49. Rb3, Tf3+; 50. Rc2, Ae3; 51. Ac7+, Rc8; 52. Te7, Ag5; 53. Th7, d4; 54. Aa5, d3+; 55. Rb2, e3; 56. Tc7+, Rb8; 57. Tc5, Tf2+; 58. Rb3, d2. Las blancas se rindieron.

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LA TRAMPA CAMALEÓN (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1952) V. Korchnoi jugó las blancas Todo maestro conoce la célebre trampa 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ac4, Cd4; 4. Cxe5, Dg5; no obstante lo cual, ninguno puede asegurar si va dirigida contra las blancas o las negras. En cambio, el movimiento Ca5 que arriesgué hacer en esta partida era entonces poco conocido en la teoría y aún no se había ensayado en la práctica por temor a la variante 7. Cd5, Cxc4; 8. dxc4, Axf2+; 9. Rxf2, Cxe4+; 10. Rg1, Cxg5; 11. Cxg5, c6; 12. Dh5, g6; 13. Df3, etc., la cual produce un juego intensivo. Pero no me quedó otra opción, pues Korchnoi había fulminado uno tras otro a sus oponentes con la clásica variante 6. …, h6; 7. Axf6, Dxf6; 8. Cd5, y así sucesivamente, antes de esta partida. No hace mucho, cuando Korchnoi era el aspirante a la corona mundial ajedrecista, le pregunté: ―¿Por qué ha dejado de practicar la apertura italiana? Sorprendido, me miró y exclamó: ―¡Toma! ¿Ha olvidado usted el movimiento Ca5? 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ac4, Ac5; 4. d3, Cf6; 5. Cc3, d6; 6. Ag5, Ca5; 7. Cd5, Cxc4; 8. dxc4, c6; 9. Cxf6+, gxf6; 10. Ae3, Db6; 11. Dd2, Ae6; 12. 0-0-0, 0-0-0; 13.

Diagrama núm. 62 Después de 6. …, Ca5

b3, Thg8; 14. Thg1, a5; 15. Axc5, Dxc5; 16. De3, Dxe3+; 17. fxe3, Tg4; 18. Cd2, Tdg8; 19. g3, Rd7; 20. Rb2, Re7; 21. Rc3, h5; 22. Tgf1, h4; 23. gxh4, Txh4; 24. Tf2, Tgh8; 25. Th1, T8h6; 26. Rd3, d5; 27. cxd5, cxd5; 28. c4, dxc4+; 29. Cxc4, Th8; 30. Cxa5, Td8+; 31. Rc3, Txe4; 32. h4, Txe3+; 33. Rb2, f5; 34. h5, f4; 35. h6, Th8; 36. Cxb7, Ad5; 37. Tc1, Txh6; 38. Tc7+, Rf8; 39. Cc5, f3; 40. Rc2, Te1; 41. Cd3, Te4; 42. Rd2, Td6; 43. Tc8+, Re7; 44. Tc3, Ae6; 45. a4, Ted4; 46. Rc2, e4; 47. Ce5, Af5; 48. Te3, Rf6; 49. Cc4, Td8; 50. a5, Rg5; 51. Rb2, Rf4; 52. Tc3, Ae6; 53. Ce3, Td3. Y las blancas abandonaron la partida.

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EL TEÓRICO EN FINALES (Torneo internacional, Moscú, 1961) Y. Averbach jugó las negras El gran maestro Averbach, reconocido especialista en finales de partida, no es amigo de hacer experimentos en la apertura; en ella suele ir por el camino trillado. Pero me satisfizo mucho cuando repitió todos los movimientos que Eliskases realizara en su partida con Capablanca en el torneo antedicho, pues por fin iba a saber cómo aquél había podido salir airoso de su difícil final de torres jugado con el gran maestro cubano. ¡Pero no logré saber nada! Esperemos que Averbach desvele este secreto en la nueva edición de su obra sobre finales de partida que se publicará en tres tomos.

Diagrama núm. 63 Después de 10. Ce3

En esta partida, rehusó el movimiento 10. …, Ae6; que Eliskases hizo al enfrentarse con Capablanca, enrocó y fue paulatinamente reforzando la posición de sus peones centrales.

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ac4, Ac5; 4. Cc3, Cf6; 5. d3, d6; 6. Ag5, h6; 7. Axf6, Dxf6; 8. Cd5, Dd8; 9. c3, Ce7; 10. Ce3, 0-0; 11. 0-0, Cg6; 12. d4, Ab6; 13. a4, c6; 14. dxe5, dxe5; 15. Dxd8, Txd8; 16. Tad1, Te8; 17. Tfe1, Rf8; 18. Cf5, Ac7; 19. Ab3, Cf4; 20. Ce3, a5; 21. Ac2, Ae6; 22. g3, Ch5; 23. Ad3, Cf6; 24. Cd2, Tad8; 25. Ac2, Cg4; 26. Cdf1, Ab6; 27. Cxg4, Axg4; 28. Txd8, Txd8; 29. Rg2, Re7; 30. h3, Ae6; 31. Td1, Txd1; 32. Axd1, Aa7; 33. Cd2, b5; 34. Ab3, Ad7; 35. h4, Ag4; 36. Rf1, f6; 37. f3, Ac8; 38. h5, Ae3; 39. Re2, Ag5; 40. Ac2, bxa4; 41. Axa4. Y se dejó en tablas.

De esa manera, no apareció el “doble” de la partida sobredicha; y así, hube de meditar sin ayuda ajena. No hallé otra continuación mejor que tomar la vertical d, por cuanto la pareja de alfiles negros defendía todos los accesos a su baluarte. Aprovechando una breve tregua, Averbach orientó el juego hacia el final. El pequeño descuido que tuvo al hacer 36. …, f6; me permitió condenar todos los huecos de mi posición.

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UN DEFECTO TÉCNICO (Torneo internacional, Ámsterdam, 1968) B. Ivkov jugó las negras La lucha no se desarrolló en el centro ni en el flanco del rey, como suele desarrollarse en este sistema de apertura, sino en el de la dama, donde el alfil de casillas negras, atascado en el punto b6, fue el objeto del ataque. Las blancas variaron el ritmo de juego al efectuar el habitual movimiento 15. d4!. Para rechazar el asalto de peones, las negras tuvieron que emprender inmediatamente acciones defensivas, como la salida del alfil al punto g4 y la del caballo al d4. Pero Ivkov no tuvo fortuna, porque, al hacer yo 15. d4, preví la continuación 15. …, Ag4; 16. d5, Axf3; 17. Dxf3, Cd4; y preparé el inesperado sacrificio 18. cxd4, Dxc2; 19. Axh6!, tras lo cual no se puede tomar el alfil, por suceder 20. Dg4+. Durante los preparativos para esta partida, no pensé ni por soñación que pudiese producirse la posición reflejada en el diagrama. Los movimientos 22. Tac1, y 23. Tc7, son lo mejor para sacar provecho de la poca solidez de la cadena de peones negros, pues una vez realizados no se ve ninguna posibilidad de rechazar la amenaza Dg4-Dd7-Dxf7. ¿Lo vi? ¡Indudablemente! Siendo así, ¿qué pasó? Que las negras defendían el peón f7 con el movimiento Tf8, y no quise dar el alfil por la torre.

Diagrama núm. 64 Después de 21. …, g6

Al finalizar la partida, Ivkov y yo concordamos en que ello no era desventajoso para las blancas. En resumen, 22. dxe5, es un defecto técnico. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ac4, Ac5; 4. c3, Cf6; 5. d3, d6; 6. Cbd2, Ab6; 7. Ab3, Ae6; 8. Cc4, h6; 9. a4, 0-0; 10. 0-0, Te8; 11. Ac2, Cd7; 12. a5, Axc4; 13. axb6, Ae6; 14. bxc7, Dxc7; 15. d4, Ag4; 16. d5, Axf3; 17. Dxf3, Cd4; 18. cxd4, Dxc2; 19. Axh6, Cf6; 20. Dg3, Ch5; 21. Dg4, g6; 22. dxe5, Txe5; 23. f3, Dxb2; 24. Ae3, Te7; 25. Dh4, Tc7; 26. g4, Cf6; 27. Tab1, De5; 28. Tfd1, Ch7; 29. Tbc1, Txc1; Empate.

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GAMBITO EVANS El capitán inglés Evans, inventor del sistema de señales de fuego, no llegó a ser campeón del mundo de ajedrez, ni intentó conquistar el título de tal. Con todo, los ajedrecistas lo recordarán siempre por haber dado al mundo el célebre gambito 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ac4, Ac5; 4. b4!. El movimiento 4. b4, fue realizado por primera vez el año 1824; enseguida, el gambito de Evans se hizo popular en diversas partes del mundo. ¿En qué consistió el poder de esta apertura? Por aquellos años no era frecuente organizar torneos; y así, la mayoría de los ajedrecistas se limitaban a jugar en competiciones individuales. De ese modo, cada uno conocía la forma de jugar del otro; por ello, no se practicaba el tanteo, sino que enseguida se daba principio a la lucha. Este gambito casó perfectamente con la forma de jugar citada y cautivó la atención de unas generaciones de ajedrecistas en el transcurso de más de medio siglo. El preclaro Manuel Lasker, campeón del mundo desde 1894 hasta 1921 y autor de la serie de conferencias El sentido común en el ajedrez, asestó un duro golpe al movimiento 4. b4. Propuso una nueva forma de abordar fundadamente el problema de los gambitos; esto es, conviene aceptar el material que sacrifique el oponente, pero hay que restituirlo en el momento oportuno.

Diagrama núm. 65 Después de 4. …, Axb4

Hoy día lo entendemos así; pero en aquel entonces se habría considerado como un sacrilegio, pues en la época del florecimiento de la combinatoria se tenía por liberalidad sacrificar material en el ataque y por honor no restituirlo en la defensa. ¿Puede impugnarse actualmente este gambito? No. Pero se han hallado otros métodos de ataque más eficaces.

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¡LA MEMORIA…! (Torneo de maestros, Kiev, 1944) A. Sokolski jugó las blancas Cuando se dice que conviene alternar la teoría con la práctica, se alude comúnmente a la participación en competiciones serías y a la lectura de material ajedrecista. Pero, ¿no se olvida lo más fundamental?, el elemento más valioso en toda rama del trabajo: el ejercicio diario. La mayor dificultad con que se encuentra el ajedrecista es el juego que discurre apremiado por el tiempo; y así, conviene ejercitarse diariamente en jugar con rapidez. A este respecto tuve fortuna. El club de ajedrez del Palacio de Pioneros de Kiev estaba dirigido por un hombre con cualidades espirituales sorprendentes; un ajedrecista con mucha práctica; un excelente narrador. Hallándose ya en edad avanzada, Simón Abramocich Sauskan no participaba en competiciones serias; pero, al parecer, le gustaban las partidas rápidas. Entonces di con la idea del movimiento 7. …, Ch6; aunque no tuve ocasión de realizarla en una competición seria hasta el presente encuentro con Sokolski. Sin embargo, esta superidea de las negras fracasó. Lo cierto es que me figuré otra cosa: tras la pérdida del peón f7, las negras disponen de una vertical complementaria, por la cual las torres asaltarán rápida e inconteniblemente la posición de las blancas.

Diagrama núm. 66 Después de 22. …, Df2

¡Sucedió tal y como lo planearon las negras; pero a la inversa! 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ac4, Ac5; 4. b4, Axb4; 5. c3, Aa5; 6. d4, d6; 7. Db3, Ch6; 8. Axh6, gxh6; 9. Axf7+, Rf8; 10. dxe5, De7; 11. Ad5, Cxe5; 12. Cxe5, Dxe5; 13. 0-0, c6; 14. Da4, Ad8; 15. Ab3, b5; 16. Da3, Ab6; 17. Cd2, Ag4; 18. Rh1, Te8; 19. f4, Dc5; 20. Db2, Ae2; 21. Tfe1, Ad3; 22. e5, Df2; 23. Da3, Dxd2; 24. Dxd6+, Te7; 25. Df6+, Re8; 26. Dxh8+, Rd7; 27. Tad1. Las negras se rindieron.

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UN REY SIN ESCOLTA (Campeonato de la URSS, Moscú, 1945) V. Ragosin jugó las blancas ¿En qué estriba lo atractivo del gambito de Evans? ¡En la rápida y variada forma de atacar, que exige audacia, temeridad y conocimientos! De esta apertura ¿qué atrae a las negras? Hasta cierto punto, la posibilidad de ganar un peón en el cuarto movimiento; aunque ello no es lo principal, ya que en el proceso de preparación para la partida pueden ensayar un interesante y complicado sistema de defensa fundado en la experiencia propia. También yo ardía en deseos de aportar algo a esta defensa teórica general, y la amarga experiencia de mi encuentro con Sokolski no sólo no mitigó la impetuosidad de mi carácter deportivo, sino que la encendió aún más: ¡prueba otra vez fortuna! Para ello ensayé un nuevo y astuto movimiento con un peón en mi encuentro con Ragosin. Pero la posición abierta del rey y el fuerte ataque del adversario contra ella impidieron que las negras aprovechasen sus verticales f y g abiertas. Lo único que consiguieron fue hacer un simulacro de ataque al final de la partida.

Diagrama núm. 67 Después de 35. …, Tf3

Da3, Ab6; 14. Cd2, Ac5; 15. Db2, c6; 16. Ab3, b5; 17. 0-0, Re7; 18. Cf3, Dg7; 19. Rh1, Ad7; 20. e5, Taf8; 21. exd6+, Rxd6; 22. Cd4, Rc7; 23. Tad1, Ad6; 24. Tfe1, Dg5; 25. Ae6, Tf6; 26. Axd7, Rxd7; 27. a4, a6; 28. axb5, cxb5; 29. Da2, Ta8; 30. Cf3, Dc5; 31. Ce5+, Rc7; 32. Da5+, Rc8; 33. Cd3, Dh5; 34. h3, Rb7; 35. c4, Tf3; 36. Cf4, Txf4; 37. Txd6, Df7; 38. Db6+. Y las negras abandonaron la lucha.

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ac4, Ac5; 4. b4, Axb4; 5. c3, Aa5; 6. d4, d6; 7. Db3, Ch6; 8. Axh6, gxh6; 9. Axf7+, Rf8; 10. dxe5, De7; 11. Ad5, Cxe5; 12. Cxe5, Dxe5; 13.

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APERTURA ESCOCESA El lector conoce la existencia de combinaciones similares: pero ¿sabe que existen aperturas gemelas? Posiblemente no, pues uno se dio cuenta de ello en el instante de escribir estas líneas. El capitán inglés Evans ideó su gambito en el año 1824, cuando se jugó la competición por correspondencia entre Londres y Edimburgo. Los escoceses jugaron las blancas; después de 1. e4, e5; optaron por 2. Cf3, y contestaron a 2. …, Cc6; con 3. d4!. Los movimientos habituales, con cuya ayuda se alcanza una brillante victoria, se propagan con una rapidez extraordinaria, y enseguida son objeto de exploraciones teóricas. Esto sucedió con el caso que nos ocupa: los escoceses ganaron brillantemente; el movimiento 3. d4, se practica mucho, y la apertura 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. d4, recibió el nombre de “apertura escocesa”. Después de lo dicho, se ve comprobado que el gambito Evans y la apertura escocesa son gemelos, y llevan ciento cuarenta y seis años de existencia, de lo cual no toda apertura puede hacer gala. Hay diversidad de opiniones en cuanto al problema de qué procedimiento de ataque conviene a las blancas y qué sistema de defensa resulta más efectivo para las negras. Quien desee profundizar en el movimiento 3. d4, puede consultar los manuales de aperturas.

Diagrama núm. 68 Después de 3. d4

También son diversos los métodos de ataque, de los cuales 3. d4, exd4; 4. c3, dxc3; 5. Ac4, cxb2; 6. Axb2, es el más peligroso para las negras. Pero éstas no tienen por qué aceptar el sacrificio de peones blancos; pueden limitarse a hacer 3. …, d6; o 3. …, d5.

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LA CONVENIENCIA DE COLECCIONAR LIBROS Y LEERLOS (Competición Yugoslavia - Unión Soviética, Kiev, 1959) A. Fuderer jugó las negras Me refiero a los de ajedrez. Todo aquel que quiera ser admitido en el obrador de los teóricos está obligado a leer y saberse de memoria todos los tratados sobre teoría desde Adán y Eva hasta nuestros días. Cuando se jugó la presente partida, estuve convencido de haber ideado un procedimiento de ataque bastante original con los movimientos Db3, Cg5, Ab5, f4, h3, … En otoño de 1960 (me disponía a regresar del Mar del Plata a Moscú), en Buenos Aires adquirí unos libros de ajedrez usados. ¡Uno de ellos contenía las once primeras jugadas de una partida de Fuderer; y, según el libro, tales ya se habían hecho en el año 1890…! El objeto de 13. …, b4; es hacer que la dama blanca se retire de la diagonal b3-f7, tras lo cual el alfil de casillas negras puede situarse en el punto e7. Ahora veo claramente que 14. Dxb4, Ae7; 15. Db3, habría sido una réplica eficaz, dejando que las negras enrocasen corto. En tal caso, a las blancas no debe preocuparles la suerte del caballo g5, porque no es probable que las negras se aventuren a abrir la vertical h. Pero cuando hice esta partida temí la pérdida del caballo antedicho, pues Fuderer es un ajedrecis-

Diagrama núm. 69 Después de 11. h3

ta de estilo muy severo y no le arredra ni el mismo diablo. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. d4, exd4; 4. c3, dxc3; 5. Ac4, d6; 6. Cxc3, Cf6; 7. Db3, Dd7; 8. Cg5, Ce5; 9. Ab5, c6; 10. f4, Ceg4; 11. h3, cxb5; 12. hxg4, h6; 13. Ae3, b4; 14. Dxb4, Ae7; 15. Cf3, Cxg4; 16. Ad4, d5; 17. Ac5, Ce3; 18. Axe7, Cc2+; 19. Rf2, Cxb4; 20. Axb4, a5; 21. Aa3, b5; 22. Ac5, Dc7; 23. b4, axb4; 24. Axb4, Ab7; 25. exd5, f6; 26. The1+, Rf7; 27. d6, Db6+; 28. Rg3, The8; 29. Ted1, g5; 30. fxg5, hxg5; 31. Cd5, Axd5; 32. Txd5, Te2; 33. Tf1, Taxa2; 34. d7, Db8+; 35. Ce5+, Txe5; 36. d8D, Te3+; 37.

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Rg4, Txg2+; 38. Rf5, Dxd8; 39. Txd8, Te5++.

CAMBIOS Y MÁS CAMBIOS (Torneo internacional, Mar del Plata, 1960) R. Letelier jugó las blancas Diagrama núm. 70 Después de 4. Cxd4

Si digo que las negras podían haber ganado el peón central blanco a partir del cuarto movimiento, ¿se me exigirá que lo demuestre? La variante 4. …, Dh4; fue ideada por Steinitz, y lo curioso es que dicho peón se gana. Veámoslo: 5. Cc3, Ab4; 6. Dd3, Axc3+; 7. bxc3, Cf6; 8. Cb5, Rd8; y no se puede contrarrestar el movimiento Dxe4. Es curioso, ¿no? Sin embargo, nunca me he enfrentado con un oponente dispuesto a ganar este peón. Por otra parte, las blancas podían haber hecho 7. Dxc3, y responder a 7. …, Dxe4+; con 8. Ae3, o bien 8. Ce2, lo cual les facilitaba organizar un ataque peligroso. Por último, y esto es lo más importante, ellas tenían a mano el simple, pero eficaz, movimiento 5. Cb5!. He aquí un ejemplo: 5. …, Dxe4+; 6. Ae2, Ab4+; 7. Ad2, Axd2+; 8. Dxd2, De5; 9. f4, Dxb2; 10. 0-0, Dxa1; 11. C1c3, Dxf1+; 12. Rxf1, Rd8; 13. Cd5!. ¿Y qué decir de la presente partida? Debía haber hecho 6. …, Dh4; en vez del pasivo movimiento 6. …, d6?; pero recelé de las extensas

variantes teóricas que suceden a 7. De2, Cge7; 8. a4, etcétera. Sólo conseguí dirigir la partida por un cauce manso; los cambios se sucedieron uno tras otro, y experimenté alivio cuando el oponente me propuso dejarlo en tablas. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. d4, exd4; 4. Cxd4, Ac5; 5. Cb3, Ab6; 6. Cc3, d6; 7. a4, a5; 8. Cd5, Aa7; 9. Ab5, Ad7; 10. 0-0, Ce5; 11. Axd7+, Dxd7; 12. Ae3, Axe3; 13. Cxe3, Cf6; 14. Te1, 0-0; 15. Cd5, Cxd5; 16. Dxd5, Cc6; 17. Cd4, Cxd4; 18.

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Dxd4, Tfe8; 19. c4, Tad8; 20. b3, b6. Aquí se convino en que eran tablas.

STOLZ, GRAN MAESTRO (Torneo internacional, Estocolmo, 1948) G. Stolz jugó las blancas Diagrama núm. 71 Después de 14. …, Cce5

En las postrimerías de su vida, este ajedrecista no tomó parte activa en las competiciones internacionales, no obstante haberse contado entre los principales, como Flor, Reti, Niemzowitsch, Stahlberg, Lilientahl y Botvinnik, a principios de la tercera década. Por lo visto, el actual juego excesivamente científico no le causaba emoción. Esta partida se jugó hacia la mitad del torneo. Me pareció que la apertura estaba definida por tratarse de dos contrincantes aficionados al gambito de rey; pero el gran maestro sueco prefirió la apertura escocesa. Al ocupar el caballo negro la sólida posición e5, apareció que el dispositivo de las blancas iba a desmoronarse, pues no disponían de fuerzas para defender el punto f3; cuanto más que a 15. Cd2, replicaría yo eficazmente con 15. …, Txd2; 16. Dxd2, Td8; 17. Cd5, Txd5; 18. Dxd5, Cf3+; 19. Axf3, Dxf3. Pero al analizarla más detenidamente, esta variante resultó ser humo de paja: 19. Rh1, Cxe1; 20. f4, c6; 21. Dxc5!. Cuando la presión de las negras fue disminuyendo y el juego se

inclinaba a un empate, Stolz cometió un error y cayó en una celada. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. d4, exd4; 4. Cxd4, Ac5; 5. Ae3, Df6; 6. c3, Cge7; 7. Cc2, d6; 8. Axc5, dxc5; 9. Ce3, 0-0; 10. Ae2, Td8; 11. Dc2, Ae6; 12. 0-0, Cg6; 13. g3, Ah3; 14. Te1, Cce5; 15. Cd2, c6; 16. Tad1, b5; 17. Cb3, Txd1; 18. Txd1, Cf3+; 19. Axf3, Dxf3; 20. Cd2, Dh5; 21. f4, De2; 22. Cdf1, Axf1; 23. Dxe2, Axe2; 24. Td6, Af3; 25. Txc6, Axe4; 26. Txc5, a6; 27. a4, bxa4;

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28. Ta5, Ac6; 29. Cf5, Rf8; 30. Cd4, Ae8; 31. f5, Ce7; 32. f6, gxf6; 33. Cc2, Ab5; 34. Cd4, Ae8; 35. Cc2, Tb8; 36. Cb4, Txb4; 37. cxb4, Ab5; 38. b3, axb3; 39. Ta3, Ac4. Y las blancas dejaron de oponer resistencia.

UN FINAL A LA FUERZA (Torneo de perfeccionamiento, Piarnu, 1947) Y. Randbier jugó las blancas El tímido movimiento e4-e5 de la dama negra encaminó el juego hacia un final aburrido; por lo cual, es poco probable que sea del agrado del lector, quien seguramente se preguntará: “¿Y por qué no hacer 14. …, Cb4;? En efecto; si las blancas toman la torre, las negras anunciarán mate dentro de dos jugadas: 15. Dxh8, Cc2+; 16. Re2, Ac4++. Por lo demás, la salida del caballo negro de la casilla c6 posibilita al alfil de casillas blancas adversario dar jaque y facilitar a su rey la retirada: 14. …, Cb4; 15. Ab5+!, c6; 16. Dxh8, Cc2+; 17. Rf1. ¿Convenía a las negras esta variante? Creo que no, pues, en lugar de 16. …, Cc2+?; es mejor hacer 16. …, Dxg2!; 17. Tf1, Cc2+; 18. Re2, Ag4++; pero las blancas no deben apresurarse en tomar la torre. La defensa oportuna es 15. Ab5+, y después, enrocar sin pérdida de tiempo: 15. …, c6; 16. 0-0!. Invertí bastante tiempo en hallar una combinación decisiva en la

Diagrama núm. 72 Después de 14. Dxg7

variante 14. …, Cb4; 15. Ab5+; pero no encontré nada conveniente. En resumen, fue un final forzado. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. d4, exd4; 4. Cxd4, Ac5; 5. Cb3, Ab6; 6. c4, d6; 7. Cc3, Dh4; 8. c5, dxc5; 9. Ae3, Ag4; 10. Dd2, Td8; 11. Cd5, Ae6; 12. Dc3, Dxe4; 13. Cxb6, axb6; 14. Dxg7, De5; 15. Dxe5,

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Cxe5; 16. Af4, f6; 17. Ae2, Ce7; 18. 0-0, 0-0; 19. Tfe1, C7g6; 20. Ah6, Tfe8; 21. Tad1, Txd1; 22. Txd1, Cc6; 23. Ab5, Rf7; 24. Cc1, Tg8; 25. Ce2, Cge5; 26. Ae3, Cb4; 27. a3, Ab3; 28. Tf1, Cd5; 29. Cf4, Cxf4; 30. Axf4, Ad5; 31. Ag3, h5; 32. f3, c6; 33. Ae2, Ac4; 34. Axe5, Axe2; 35. Tf2, fxe5; 36. Txe2, Re6; 37. Rf2, c4; 38. g3, b5; 39. Re3, Ta8; 40. Tc2, c5; 41. f4, Td8. Las blancas abandonaron.

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APERTURA INGLESA LA TENAZ PAREJA DE CABALLOS (Torneo de maestros y grandes maestros, Moscú, 1967) Y. Balaschov jugó las negras Diagrama núm. 73 Después de 63. Ce6

¿Es peligroso para el rey blanco el siguiente sacrificio de una pieza: 3. …, Cf6; 4. d4, Cxe4; 5. d5, Ac5; 6. dxc6, Axf2+;? Si la pregunta va dirigida mí, contestaré afirmativamente. ¡Porque pierde el enroque, se queda en el centro y a merced de una avalancha de peones adversarios! Si las blancas no pensaban hacer 4. d4, ¿por qué hicieron 3. c3,? Porque contestarían con la audaz respuesta 3. …, d5. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. c3, Cf6; 4. d3, d5; 5. Cbd2, Ae7; 6. b4, a6; 7. a3, 0-0; 8. Ab2, Te8; 9. Dc2, Af8; 10. g3, Ag4; 11. Ag2, Dc8; 12. h3, Ad7; 13. c4, d4; 14. Cg1, a5; 15. b5, Ce7; 16. Ce2, c5; 17. 0-0-0, Ch5; 18. Tdf1, g6; 19. a4, Ah6; 20. Rb1, Db8; 21. Cb3, Dc7; 22. Af3, Cf6; 23. h4, Cc8; 24. h5, g5; 25. Ac1, Cb6; 26. Ag2, Cg4; 27. Ah3, Ae6; 28. f3, Ce3; 29. Axe3, dxe3; 30. Axe6, fxe6; 31. Cbc1, g4; 32. fxg4, Tf8; 33. Cc3, Tf7; 34. Txf7, Dxf7; 35. De2, Tf8; 36. Cb3, Df2; 37. Dxf2, Txf2; 38. Te1, Cd7; 39. Cxa5, b6; 40. Cb3, Rf7; 41. a5, bxa5; 42. Ca4, Re7; 43. Cxa5, Td2; 44. Cb3, Txd3; 45. Rc2, Td4; 46. Rc3, Rd6; 47. b6, Txe4; 48. b7, Cb8; 49. g5, Axg5; 50. Caxc5, Tg4;

51. Rd3, Rc6; 52. Tb1, Ae7; 53. Ce4, Rxb7; 54. Rxe3, Rc8; 55. Tf1, Tg7; 56. h6, Ag5+; 57. Re2, Axh6; 58. Tf8+, Rc7; 59. Cbc5, Te7; 60. Tf6, Ag7; 61. Txe6, Rd8; 62. Tb6, Rc8; 63. Ce6, Rd7; 64. C4c5+, Rc8; 65. Td6. Y las negras se rindieron.

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APERTURA DE KONSTANTINOPOLSKI EL FLANQUEO INDIO (Torneo interzonal, Ámsterdam, 1964) L. Lendell jugó las negras El ajedrez es originario de la India; en la primera fase de su desarrollo fue un juego muy lento. Entonces, no había por qué temer los ataques inesperados, pues ninguna pieza podía cruzar de una vez el tablero, del mismo modo que dos mil años atrás ninguna nave podía cruzar en pocas jornadas el océano Índico. Este juego no es más que una miniatura comparado con las antiguas batallas, cuya preparación y traslado de tropas exigía mucho tiempo. En nuestros días, todas las piezas han visto aumentada su potencia de fuego; por lo cual, el alfil opera excelentemente desde cualquier resguardo y, sobre todo, es muy eficaz cuando se bate al contrincante por los flancos. En esta partida, el alfil en fianchetto blanco cumplió muy bien su misión, consistente en defender el peón e4 y apoyar las operaciones ofensivas en el flanco de la dama. Las blancas ocuparon cierto espacio y, con ello, forzaron al oponente a organizar una defensa tenaz, si bien no consiguieron abrir brecha en la muralla de la plaza de aquél. Al lector se le ofrece la posibilidad de comprobar si con el sacrifi-

Diagrama núm. 74 Después de 3. g3

cio de una calidad Txa5 se habría logrado el objetivo propuesto. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. g3, Cf6; 4. d3, d5; 5. Cbd2, Ae7; 6. Ag2, dxe4; 7. dxe4, 0-0; 8. 0-0, b6; 9. Te1, Ab7; 10. b3, Ac5; 11. Ab2, Cg4; 12. Tf1, Aa6; 13. c4, f6; 14. a3, Ac8; 15. h3, Ch6; 16. b4, Ad4; 17. Dc2, Axb2; 18. Dxb2, Ae6; 19. c5, Dd7; 20. b5, Ca5; 21. c6, Dc8; 22. h4, Td8; 23. Tfd1, a6; 24. a4, Td6; 25. Af1, axb5; 26. axb5, Df8; 27. Ae2, Tad8; 28. Dc3, Df7; 29. Ch2, De7; 30. Dc2, Cf7. Se dejó en tablas.

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APERTURA DE LOS TRES CABALLOS Cuando uno no se halla en buena disposición de ánimo para luchar prolongadamente, o le duele una muela, o lleva en el bolsillo una entrada para un espectáculo interesante, lo mejor para terminar la partida es hacer tablas cuanto antes. ¿Y si el contrincante no quiere compartir este designio pacífico? La cosa tiene solución; se opta por la apertura de los tres caballos, y el adversario más obstinado se hallará en una marcha psicológica forzada. O tendrá que aceptar la aburrida apertura de los cuatro caballos, en la cual es fácil hacer tablas, o resignarse a la de los tres caballos. Ésta es la mejor para lograr el fin que se persigue, por cuanto se puede atacar audazmente, hacerse con la iniciativa y penetrar en el dispositivo del adversario, proponiéndole la paz. Puedo asegurar que ninguno se negará a aceptarla. Pero el gran maestro casi nunca tiene prisa; cuando hace 2. …, Cc6; siempre corre el riesgo de embarrancar en la apertura de los tres caballos. La única manera de eludir las variantes típicas es hacer un movimiento singular; de ese modo, el oponente olvidará enseguida sus intentos de paz y se lanzará atropelladamente al ataque. ¿Y si no quiere atacar y continúa manteniéndose en su postura de empate? ¿O si se ha precipitado

Diagrama núm. 75 Después de 3. Cc3

uno en eludirlas y se halla en apuros? No hay que precipitarse, ni tratar de confundir al contrincante con el movimiento 3. …, g6; porque la variante 4. d4, exd4; 5. Cd5, Ag7; 6. Ag5, Cce7; aun cuando no parece entrañar peligro para las negras, ha sido estudiada a fondo. ¡No hay salvación!

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EL ALFIL O EL PEÓN… (Campeonato de la URSS, Moscú, 1949) A. Sokolski jugó las blancas No se trata de cuál es más fuerte, pues la respuesta se conoce de antemano cuando el alfil señorea en el tablero, y el peón llega a convertirse en dama. Lo que interesa saber es si el alfil e7 negro vale más que el peón b2 blanco. Al parecer, el alfil, porque, tras 15. De2!, Dxb2+; 16. Rd2, no se ve la posibilidad de rechazar las amenazas 17. Tde1, y 17 Tb1, Da3; 18. Txb8+. Sin embargo, las negras pueden menospreciar la amenaza Dxe7 y enrocar despreocupadamente: 15. De2?, 0-0!; puesto que a las blancas no les conviene 16. Dxe7?, Tfe8!. Esta posición tiene otro secreto no desvelado: la variante 15. De2, Dxb2+; 16. Rd2, 0-0; 17. Dxe7; aquí han ganado las blancas una pieza, mas ¿podrán conservar esta superioridad, después de 17. …, Db4;? Por ello, no trataron de contrarrestar esta intención de las negras, sino que cambiaron las damas y dominaron hasta la fase final; luego… 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Cc3, d6; 4. d4, exd4; 5. Cxd4, Cf6; 6. Ab5, Ad7; 7. Axc6, bxc6; 8. Df3, c5; 9. Cf5, h6; 10. Af4, Axf5; 11. exf5, Tb8; 12. 0-0-0, Ae7; 13. h4,

Diagrama núm. 76 Después de 14. …, Db7

Dc8; 14. g4, Db7; 15. Dxb7, Txb7; 16. g5, Ch5; 17. Ae3, Rd7; 18. Cd5, Ad8; 19. c4, Te8; 20. Rc2, Tb8; 21. Td3, Te4; 22. b3, Ae7; 23. Cc3, Tg4; 24. Axc5, a6; 25. Ae3, Th8; 26. c5, Cf4; 27. Tdd1, hxg5; 28. cxd6, Axd6; 29. hxg5, Txh1; 30. Txh1, Txg5; 31. f6, g6; 32. Th8, Tf5; 33. Ta8, a5; 34. Ce4, Cd5; 35. Rd2, Cxf6; 36. Cxf6+, Txf6; 37. Rd3, Tf5; 38. Rc4, Rc6; 39. Te8, Th5; 40. Ta8, Tf5; 41. Te8, Rb7; 42. Te4, Th5; 43. a4, Ab4; 44. Tf4, f5; 45. Tf3, Th4+; 46. Tf4, Th3; 47. Td4, Rc6; 48. Td8, Th1; 49. Te8, Th4+; 50. Rd3, Rd5; 51. Td8+, Re6; 52. Te8+, Rd7; 53. Tg8, Tg4; 54. Tg7+, Rc6; 55. Tg8, Tg1; 56. Rc4, f4; 57. Aa7, Tc1+; 58. Rd3, Rd5; 59. Td8+, Ad6; 60. Tg8,

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Tb1; 61. Rc2, Tg1; 62. Rd3, g5; 63. f3, Tg2; 64. Ad4, Tg3; 65. Ac3, Txf3+; 66. Rd2, Tg3; 67. Axa5, f3; 68. Tg7, Af4+; 69. Rd3, Tg1. Y las blancas se rindieron.

LA AVALANCHA DE PEONES NEGROS (Campeonato de Kiev por equipos, 1939) L. Kanevski jugó las blancas Hoy día, quien escribe estas líneas no es indiferente a toda cadena de peones móvil; antaño, tuve predilección hacia ellas; tanta que no me dolía perder un valioso tiempo en la apertura, si veía la posibilidad de formar una masa de peones móvil en el centro. Y los peones me correspondían con creces. Aun después de haber cambiado las damas, el ataque de las negras no sólo no disminuía, sino que aumentaba. Pero si (en ajedrez siempre está presente el invisible “si”) en la posición reflejada en el diagrama movieran las blancas, podrían sacrificar el caballo y, de este modo, destruir el punto en que el adversario apoya su defensa: 1. Cxe5, dxe5; 2. Dxe5, y la amenaza 3. Cd5. Ello produciría estas curiosas variantes: 2. …, Tf8; 3. Cd5, Tb7; 4. f4, Rf7; 5. Cxe7, Dxe7; 6. Dd5+, Ae6; 7. Dxb7, y 2. …, 0-0; 3. Dd5+, Tf7; 4. Dxd7, Axg5+. Pero, como se ha comprobado, estas variantes no redundan en beneficio de las blancas. Quizás sea oportuno decir que, si un puñado de peones adver-

Diagrama núm. 77 Después de 18. Dd5

sarios impide a los caballos situarse en puntos importantes, la simple variante difícilmente ayuda a plantear el juego, y para hacerlo es imprescindible sacrificar material. Por ello, en mi comentario he intentado destruir la posición de las negras con el movimiento Cxe5; pero no se ha obtenido un resultado positivo. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Cc3, d6; 4. Ab5, a6; 5. Axc6+, bxc6; 6. d4, f6; 7. Ae3, Ce7; 8. Dd2,

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Cg6; 9. 0-0-0, Ag4; 10. h3, Ad7; 11. g4, Tb8; 12. g5, exd4; 13. Axd4, Ce5; 14. De2, c5; 15. Axe5, fxe5; 16. Dxa6, Ae7; 17. Dc4, Tb4; 18. Dd5, c6; 19. Dd2, 0-0; 20. De3, Ae6; 21. a3, Tb7; 22. Tdg1, Da5; 23. Cd1, Tfb8; 24. Ch4, d5; 25. Cf5, d4; 26. De1, Dxe1; 27. Cxe7+, Rf7; 28. Txe1, Rxe7; 29. Rd2, c4; 30. c3, c5; 31. Thg1, Ad7; 32. f3, Aa4; 33. Tg2, Txb2+; 34. Rc1, Txg2. Y las blancas se retiraron.

TODOS SABEMOS… (Campeonato de Ucrania, Dniepopetrovsk, 1939) R. Gorenstein jugó las blancas Diagrama núm. 78 Después de 8. a3

Todos sabemos que no conviene mover los peones extremos si las circunstancias no obligan a ello. Pero ¿se pueden observar las rigurosas reglas de la etiqueta ajedrecista cuando uno se bate con furor? Las negras dispusieron un ataque de peones contra el alfil c4, mediante el movimiento a6, y las blancas prepararon un buen refugio para dicha pieza con el avance a3. Éstas privaron al alfil negro de la casilla g4 con la jugada h3, y aquéllas hicieron h6 para evitar la atrayente maniobra f3-g5-f7 del caballo blanco. Los dos oponentes quisieron asegurar tanto sus posiciones que, a la postre, el tiempo los apremió extremadamente y el miedo les forzó a concertar un empate en la apertura. ¿Hubo necesidad de hacer 4. …, Ad7;? ¡No! Pero cuando se ju-

gó esta partida, todo cambio de damas espantaba mi ánimo. El movimiento 4. …, Ad7; sirve para defenderse de la variante 5. dxe5, dxe5; 7. Dxd8+, y así sucesivamente.

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Al cabo de muchos años, la experiencia me ha enseñado que se puede hacer una partida extraordinaria sin las damas. Pero en aquel entonces soñaba únicamente con las vertiginosas combinaciones del gambito Evans, del de rey y de otras aperturas de la escuela italiana. Tal vez convenga organizar torneos en que no sólo valga “el número de puntos”, sino también “el de combinaciones originales”. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Cc3, d6; 4. d4, Ad7; 5. Ac4, h6; 6. Ae3, Cf6; 7. h3, a6; 8. a3, Ae7; 9. Dd2, b5; 10. Ad5, Cxd5; 11. exd5, Cxd4; 12. Cxd4, exd4; 13. Axd4, 0-0; 14. 0-0, a5; 15. Df4, f5; 16. Tfe1, Tc8; 17. Tad1, b4; 18. axb4, axb4; 19. Ca2, Tb8. Aquí se concertó el empate.

FUE UN SIMPLE TEMOR (Torneo de adiestramiento, Piarnu, 1947) B. Simagin jugó las blancas El lamentable movimiento 42. …, Aa8?; redujo todo esfuerzo preparatorio de las piezas negras a nada. ¿Me asustó la variante 42. …, Ab1; 43. Cxb1, Dxb3; 44. Dd6,? No me acuerdo. Hoy día continúo lamentando la omisión de la siguiente posibilidad: si el alfil hubiese penetrado en el escaque a2, los peones blancos del flanco de la dama se habrían visto en apuros. Pero lo pasado, pasado está.

Y, sin embargo, ¿por qué no situé el alfil en la casilla b1? ¿Debe achacarse a la falta de tiempo? ¿Quién lo creería? Pues Aa8 fue realizado en el cuadragésimo segundo movimiento y en la fecha en la que se reanudó la partida; por tanto, dispuse de tiempo suficiente para analizarla en casa. Quienes estuvieron en Piarnu comprenden que en aquella ciudad de balnearios es imposible quedarse en casa y hacer análisis de un

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encuentro sin finalizar; a más de esto, el torneo era semioficial; es decir, de adiestramiento y, por lo mismo, los dos contendientes jugaron esta partida con la cabeza despejada y terminaron en condiciones semejantes. Tras lo dicho, puedo dar una explicación más clara respecto del tímido movimiento 42. …, Aa8?; ¡Simplemente, le tuve miedo! Este encuentro no carece de interés; la pareja de caballos blanca intentó una y otra vez destruir la cadena de peones adversaria, lo cual acabó en partida nula. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Cc3, d6; 4. d4, exd4; 5. Cxd4, Cf6; 6. Ab5, Ad7; 7. 0-0, Ae7; 8. h3, 0-0; 9. Axc6, bxc6; 10. Df3, Ce8; 11. e5, d5; 12. Cce2, Tb8; 13. Cg3, g6; 14. Ah6, Cg7; 15. Tad1, c5; 16. Cde2, c6; 17. c4, d4; 18. b3, f6; 19. e6, Axe6; 20. Dxc6, Tb6; 21. Df3, Da8; 22. Dd3, f5; 23. Cf4, Af7; 24. Tfe1, Af6; 25. Te2, Te8; 26. Tde1, Txe2; 27. Dxe2, a5; 28. Cd3, Te6; 29. Dd2, Da7; 30. a4, Db6; 31. Txe6, Cxe6; 32. Dd1, Cd8; 33. Af4, Ae6; 34. Cf1, Cf7; 35. De2, Ad7; 36. Ac1, Rg7; 37. Cd2, Cd8; 38. Aa3, Ce6; 39. Df3, Ac6; 40. Dg3, Ae4; 41. Ce1, h5; 42. f3, Aa8; 43. Cd3, h4; 44. De1, Ab7; 45. Ac1, Ac8; 46. Dd1, Ad7; 47. Cf1, Ae8; 48. Ad2, Af7; 49. Ch2, Ae8; 50. Cf1. Se concertó un empate.

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Diagrama núm. 79 Después de 42. …, Aa8


APERTURA DE LOS CUATRO CABALLOS Diagrama núm. 80 Después de 3. …, Cf6

Este sistema tiene su origen en la apertura de los tres caballos, la cual proviene a su vez de la vienesa o de la rusa. Es imposible evitar estas aperturas de cuatro caballos por consistir solamente en movimientos equinos. Aquí hemos tocado un punto bastante importante: ¿qué nombre dar a las aperturas? Si unas tienen a menudo rasgos comunes por su forma de desarrollarse el juego, otras son tan difíciles de definir, que, en muchos casos los teóricos encuentran dificultades para saber qué apertura se ha hecho en ciertas partidas. Por ello, la FIDE nombró una comisión con el encargo de confeccionar un catálogo de aperturas; pero tal encargo no sólo no se ha cumplido, sino que ni siquiera se tiene noticia de que dicha comisión lo haya empezado. Esta interrupción de los expertos puede interpretarse así: todo es tan complicado y confuso que no se sabe por dónde empezar. Para citar un ejemplo, exponemos un caso bien simple: 1. e4, e5; 2. Cc3, Cc6; es la apertura vienesa; 3. Cf3, la de los tres caballos, y 3. …, Cf6; la de los cuatro caballos. Tras haber discurrido repentinamente sobre este problema, el que escribe esto ha decidido por su cuenta y riesgo disponer arbitrariamente las aperturas y llamar algunas variantes por el nombre de los grandes maes-

tros que las idearon o por indicios estrictamente ajedrecistas. Por lo cual, ruego a aquellos que se sujetan rigurosamente a la teoría que no se lamenten, pues este libro es una colección de partidas y no un manual de aperturas. En lo posible, se ha procurado reunir las partidas más activas; esto es la causa de que se ofrezcan pocas con este sistema de apertura, el cual es una buena plataforma para llevar a término conversaciones de paz, cuya iniciación suele partir de las blancas.

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PARTIDA NULA DE UN GRAN MAESTRO (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1948) G. Löewenfisch jugó las blancas La defensa Rubinstein, 4. …, Cd4!; se llama así por quid pro quo. ¡Menudo movimiento defensivo cuando su finalidad es dar muerte al rey adversario! ¿Se exige demostrarlo? Basta abrir cualquier tratado de aperturas para ver que el análisis del movimiento 4. …, Cd4; empieza con la variante 5. Cxe5, De7; 6. f4, Cxb5; 7. Cxb5, d6; 8. Cf3, Dxe4+; 9. Rf2, Cg4+; 10. Rg3, Dg6; 11. Ch4, Dh5; 12. h3, Cf6; 13. Cxc7+, Rd8; 14. Cxa8, Dxh4+; 15. Rxh4, Ce4. Las negras han entregado la dama y una torre al rey adversario en una situación difícil. Esta apretada variante es el resultado de los esfuerzos de una serie de ajedrecistas.

Diagrama núm. 81 Después de 1. …, Dxh4+!! en la variante citada al principio

Después de que muchos se cogieron los dedos en el movimiento “defensivo” Cd4, los tratados de teoría acompañaron este salto de caballo con el signo “!”, que en todas las lenguas significa “peligros diversos”.

ataque de las piezas blancas es irrechazable. Por último, y esto es lo más importante, el resultado nulo de esta partida me satisfizo, por ser el primer encuentro oficial con el gran maestro de rango internacional Gregorio Yakovlevich Löewenfisch.

A la luz de lo dicho, está claro que las negras, en la séptima jugada de la variante desarrollada en esta partida, tomen prudentemente el peón f6 y no el d2, por cuanto ello no habría hecho más que contribuir al despliegue de las piezas del contrincante. Veámoslo: 7. …, cxd2+?; 8. Axd2, Dxf6; 9. 0-0, Ae7; 10. Ac3, y el

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Cc3, Cf6; 4. Ab5, Cd4; 5. Cxd4, exd4; 6. e5, dxc3; 7. exf6, Dxf6; 8. dxc3, De5+; 9. De2, Dxe2+; 10. Rxe2, c6; 11. Ad3, d5; 12. Te1, Ae6; 13. Af4, 0-0-0; 14. Rf1, Ad6; 15. Ae5, Axe5; 16. Txe5, h6; 17. f4, Tde8; 18. Tae1, Ad7; 19. c4, Txe5;

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20. Txe5, dxc4; 21. Axc4, Te8; 22. Txe8+, Axe8; 23. Re2. Aquí se concertó hacer partida nula.

UN FINAL TENSO (Torneo de adiestramiento, Piarnu, 1947) A. Renter jugó las blancas Caso de suceder 20. Dd2?, las negras tenían prevista la respuesta 20. …, Txb3!; pero es lógico que las blancas lo advirtiesen. Cuando el rey negro fue el primero en acercarse a la cuarta horizontal y su torre tenía atado al débil peón a3 blanco, pareció que la victoria de las negras estaba a la vuelta de la esquina. Esta impresión se reforzó tras la enérgica jugada 32. …, d5. Lo curioso es que esta señal de ataque de las negras fue al propio tiempo la de defensa de las blancas. Por lo visto, mi oponente recordó que su torre no tenía motivo para estar inactiva defendiendo el peón de referencia y se lanzó a la contraofensiva. Durante el juego fue difícil ver si la continuación 43. Txh6, Txc4; 44. Tc6, Re5; 45. Txc7, Rxd5; bastaba para hacer partida nula. Pero después de haberse jugado, se vio que sí: 46. Tg7, b5; 47. g4, b4; 48. g5, b3; 49. g6, Td4; 50. Td7+, Re6; 51. g7, Tg4; 52. Tb7, c4; 53. Re3, Rf6; 54. g8D, Txg8; 55. Rd4, Tg4+; 56. Rc3!, el rey llegaba a tiempo. Las blancas no habrían tenido necesidad de calcular esta variante, si hubiesen

Diagrama núm. 82 Después de 19. …, Dc3

hecho 42. Txh6, Txc4; 43. h4, Rxd5; 44. h5, y no 42. Te6+?. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Cc3, Cf6; 4. Ab5, Ab4; 5. 0-0, 0-0; 6. d3, Axc3; 7. bxc3, De7; 8. Axc6, bxc6; 9. Ag5, h6; 10. Ah4, d6; 11. Tb1, De6; 12. Axf6, Dxf6; 13. c4, De7; 14. De2, c5; 15. Cd2, Ad7; 16. f4, exf4; 17. Txf4, De5; 18. Tff1, Tab8; 19. Cb3, Dc3; 20. Tfd1, Tb6; 21. Dd2, Dxd2; 22. Cxd2, Tfb8; 23. Txb6, axb6; 24. a3, Ta8; 25. Ta1, f5; 26. exf5, Axf5; 27. Rf2, Ad7; 28.

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Ce4, Aa4; 29. Ta2, Rf7; 30. Cc3, Re6; 31. Cxa4, Txa4; 32. Ta1, d5; 33. Te1+, Rd6; 34. cxd5, Txa3; 35. c4, Txd3; 36. Te6+, Rd7; 37. Tg6, Td4; 38. Txg7+, Rc8; 39. Tg8+, Rd7; 40. Tg7+, Rd6; 41. Tg6+, Re5; 42. Te6+, Rf5; 43. Tc6, Txc4; 44. Txc7, b5; 45. d6, Re6; 46. d7, Re7; 47. Re3, h5; 48. g3, b4; 49. Tb7, Tc3+; 50. Re4, b3; 51. Rd5, c4; 52. Rc5, Tc2; 53. Rc6, Td2; 54. d8D+, Rxd8. Y las blancas se rindieron.

LA TORRE AHOGADA (Campeonato de Moscú, 1953) G. Uusi jugó las blancas En esta partida conseguí aplicar el conocido procedimiento técnico: los peones rechazan el alfil y, de momento, ponen fuera de juego a una pieza adversaria. Nuestra generación habrá observado frecuentemente tal procedimiento en las partidas del genial Capablanca. Desarrollando sosegadamente la primera fase de la apertura, las blancas podían haber simplificado hasta el extremo la posición con el cambio 11. Axf6, Dxf6. Sin embargo les sedujo otro plan, consistente en incitar al oponente a que hiciese g5 y, después de la debida reagrupación, destruir sus fortificaciones con el decisivo movimiento f4; pero las negras introdujeron sus correctivos en el plan de aquéllas. Cuando el alfil trashumante volvió a participar activamente en la contienda se encontró con que su

ejercito estaba en una situación difícil, la cual ya no era posible mejorar. Desde luego; no sólo el alfil fue culpable de ello, sino también los peones del flanco de la dama al perder el enlace entre ellos y la torre ahogada en la casilla a3. Este mal empezó cuando las blancas, empeñadas en hacer partida nula, no tomaron el caballo f6 con el alfil. Tal vez provocaron conscientemente el movimiento g5 de las negras con el fin de aprovechar la posición poco sólida del rey adversario. Esto sería una buena idea, si las negras no tuviesen el alfil de casillas blancas y el caballo del rey como firmes defensores. La maniobra Cg8-Cf6-Ce8Cg7! fue introducida en la práctica por Manuel Lasker.

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Diagrama núm. 83 Después de 27. …, Td8

Por tanto, quiérase o no, hay que insistir en la vieja verdad: “¡La experiencia de los mayores es útil!”. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Cc3, Cf6; 4. Ab5, Ab4; 5. 0-0, 0-0; 6. d3, d6; 7. Ag5, Axc3; 8. bxc3, De7; 9. Axc6, bxc6; 10. Tb1, h6; 11. Ah4, De6; 12. Cd2, g5; 13. Ag3, Ce8; 14. d4, f6; 15. Tb3, Cg7; 16. Te1, Df7; 17. Ta3, a5; 18. f3, Aa6; 19. Af2, Ab5; 20. Db1, Tfb8; 21. Db3, Ce6; 22. Tb1, a4; 23. Db4, c5; 24. dxc5, dxc5; 25. Axc5, Ae8; 26. Dc4, Txb1+; 27. Cxb1, Td8. El blanco abandonó.

COBERTURA Y DIVERSIÓN (Semifinal del campeonato de la URSS, Moscú, 1945) I. Bondarevski jugó las blancas Si no hubiese jugado esta partida, jamás habría creído que se podía hacer 27. …, Dxa2!. Siempre lo consideré insuficiente, debido a 28. Dxc3!, y por no advertir la posibilidad de hacer 28. …, Cxd5!. La posición reflejada en el diagrama es el sueño dorado de los amantes de la combinación. El tema de “la cobertura y diversión” lo ilustra claramente la variante 30. Db7, Dd4; 31. Dh1, c6; 32. Axc6, Dc5. El movimiento 30. Ad5, tampoco salvó a las blancas; pero, dada la falta de tiempo extrema de ambos contendientes, las negras rehusaron en vano el cambio de damas, por cuanto la variante 30. …, c6; 31. e6,

Txd5; 32. Dxd5, cxd5; 33. e7, Db2+; 34. Rd1, Db1+; 35. Re2, Db5+; 36. Rd1, De8; 37. Te3, f6; 38. Re2, Rf7; 39. Rd3, Db5+; 40. Rxc3, Re8; permitió detener el peón blanco y activar el juego de la dama negra. Al detenerse el juego, ocurrió algo sorprendente: mi competidor meditó mucho tiempo; anotó el movimiento 41. Dd3??, y lo metió en el sobre. Esto supuso inevitablemente el mate o la pérdida de la torre. El movimiento 7. Ad3, lleva muchos años considerándose como el mejor; con lo cual, las negras tienen que resolver todavía un problema muy difícil.

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1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Cc3, Cf6; 4. d4, exd4; 5. Cxd4, Ab4; 6. Cxc6, bxc6; 7. Dd4, De7; 8. f3, d5; 9. Ad2, 0-0; 10. 0-0-0, c5; 11. Df2, d4; 12. Cb1, Axd2+; 13. Cxd2, Cd7; 14. f4, Tb8; 15. Df3, Cb6; 16. Da3, Df6; 17. g3, Dc6; 18. b3, a5; 19. Ad3, a4; 20. e5, Ae6; 21. The1, Ta8; 22. b4, c4; 23. Ae4, Ad5; 24. Df3, c3; 25. Cb1, Dc4; 26. Cxc3, dxc3; 27. Txd5, Cxd5; 28. Axd5, Dxb4; 29. Axa8, Td8; 30. Ad5, c6; 31. e6, fxe6; 32. De4, Da3+; 33. Rd1, Txd5+; 34. Re2, Dd6; 35. Rf3, Rf7; 36. Te3, g6; 37. Dxa4, Td2; 38. De4, Txh2; 39. Td3, Dc5; 40. Td7+, Rf8; 41. Dd3, Td2; 42. Td8+, Rg7; 43. Td7+, Rf6; 44. g4, Df2+; 45. Re4, Te2+. Las blancas se rindieron.

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Diagrama núm. 84 Después de 29. …, Td8


APERTURA ESPAÑOLA Conviene que el lector interrumpa unos minutos la lectura y se fije en la siguiente posición: 3. Ab5. Observará que el rey blanco no corre tanto peligro como el negro, por cuanto puede enrocar así que las circunstancias lo requieran; en cambio, al negro se lo impiden las piezas de su flanco. Los ajedrecistas de categoría superior tal vez estimen pueril este razonamiento, alegando que basta situar el caballo en f6 y el alfil en e7 para impugnarlo. Efectivamente. ¡Pero hay que invertir dos tiempos en ello! Lo curioso es, que el monje español Ruy López, nombre asociado al movimiento 3. Ab5, estimó que este procedimiento de ataque era poco contundente; sin embargo, como fue el primero en publicar algunas variantes relacionadas con él en su manual dado a luz el año 1561, nada impide atribuir su descubrimiento a este célebre ajedrecista y teórico.

Diagrama núm. 85 Después de 3. Ab5

de los movimientos de piezas y peones más convenientes en este sistema de apertura. Y este es el propósito primordial del autor de este libro.

En el transcurso de cuatro siglos, la teoría de la apertura española se ha desarrollado de un modo sorprendente. Con todo, el problema referente a una defensa más efectiva continúa sin resolverse. Pero ¿es necesario resolverlo? Al ajedrez juegan personas de carácter, edad y gusto diverso. Creo que muchos sistemas defensivos, ofrecidos en las páginas de este capítulo fundamental, ayudarán al lector a formar concepto propio

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MOVIMIENTO ESPAÑOL INVERSO (Campeonato de Ucrania, Dniepropetrovsk, 1939) V. Gaievski jugó las negras Diagrama núm. 86 Después de 9. Af1

Se autoriza preguntar: ¿Por qué el alfil español vuelve a su casilla de origen? ¿No le gusta la b5 o ha echado de menos su albergue? Este movimiento puede justificarse de muchas maneras; pero la más convincente podría ser ésta: saliendo de f1 para b5, el alfil permite que su rey se comunique directamente con la torre, es decir, que enroque, y después se considera invitado a volver a su residencia en cuanto la torre ha correspondido amablemente al deseo de su monarca. Si esta explicación cómica satisface al lector, me alegrará mucho; si quiere otra cosa más seria, le aconsejo que consulte cualquier manual, donde hallará esta variante de apertura, incluido el noveno movimiento Ab5-Af1 de las blancas. El movimiento de espera Rh1-Rg1 fue una pequeña celada, que las negras descubrieron inesperadamente. Falta añadir que esta partida se jugó en la primera ronda y que fue mi primera participación en un torneo de categoría que traspasaba los límites de Kiev, mi ciudad natal. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, d6; 4. d4, Ad7; 5. Cc3, Cf6; 6. 0-0, Ae7; 7. Te1, exd4; 8. Cxd4, 0-0; 9. Af1, Te8; 10. b3, Af8; 11. Ab2, g6; 12. f3, Ag7; 13. Cde2, Ch5; 14.

g4, Cf6; 15. Cg3, h6; 16. Ag2, Ae6; 17. Tb1, Ch7; 18. Cce2, Ce5; 19. Cf4, Dh4; 20. Cf1, Cg5; 21. Te3, Tad8; 22. Ac3, Ch7; 23. De1, De7; 24. Td1, c6; 25. Rh1, Af6; 26. Cd3, Cf8; 27. Cg3, Cfd7; 28. h3, Ag5; 29. Te2, Cxd3; 30. cxd3, Cb6; 31. d4, d5; 32. Ab4, Dd7; 33. Ad2, Axd2; 34. Dxd2, Rg7; 35. e5, Tf8; 36. f4, f5; 37. exf6a.p.+, Txf6; 38. f5, Af7; 39. Tde1, Cc8; 40. g5, hxg5; 41. Dxg5, Th8; 42. Rg1, Td6; 43. Te6, Txe6; 44. fxe6, Axe6; 45. De5+, Rh7; 46. Dxe6, Dxe6 47. Txe6, Tf8; 48. Af1, Tf4. Y las negras abandonaron sin esperar respuesta del contrincante, por habérseles agotado el tiempo.

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UN CABALLO NEGRO ASTUTO (Semifinal del campeonato de la URSS, Moscú, 1945) P. Romanovski jugó las negras Diagrama núm. 87 Después de 20. Tdd3

Las ideas clásicas muestran que el estudio del legado ajedrecista es muy conveniente. De acuerdo; más ¿por qué no se menciona el daño causado por una partida que perdura en la mente? Me refiero a las partidas mediocres de los campeones de otrora. Por ejemplo: la variante 3. …, Cf6; me asusta cuando juego las blancas, pues temo la maniobra Cf6Cg4+! de las negras. ¿De dónde provienen estas asociaciones extrañas? De la partida del encuentro Lasker – Capablanca en que el caballo negro saltó al escaque g4 y dio jaque, tras lo cual Lasker comprendió que el encuentro había terminado. Posiblemente, el lector teme que de nuevo le aconseje hurgar en la biblioteca. No, no es necesario que retenga en la memoria la partida citada; basta con que no olvide el error cometido en ella y encuentre alguno más a fin de saber qué movimientos son temibles. Tras esto, habrá adivinado que dispuse las piezas según el esquema Td3, Tf3 y Dg4; pero estuve alerta; si las negras hubiesen hecho 20. …, Axf5; en vez de 20. … d5; no habría sucedido 21. exf5?, De1+; 22. Rh2, Ce5!; sino 21. Txf5, De6; 22. Tg3, Rh8; 23. h4.

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, Cf6; 4. 0-0, Ae7; 5. Te1, d6; 6. d4, Ad7; 7. Cc3, exd4; 8. Cxd4, 0-0; 9. Axc6, bxc6; 10. Ag5, Te8; 11. Dd3, Cg4; 12. Axe7, Dxe7; 13. h3, Ce5; 14. Dg3, Df6; 15. Tad1, Cg6; 16. Te3, Te7; 17. Tf3, De5; 18. Cf5, Tee8; 19. Dg4, Tad8; 20. Tdd3, d5; 21. exd5, Axf5; 22. Dxf5, Dxf5; 23. Txf5, Te1+; 24. Rh2, Ce7; 25. Tf4, cxd5; 26. Ta4, Rf8; 27. Txa7, c6; 28. a4, d4; 29. a5, Re8; 30. Ca4, Cg6; 31. Cb6, Ce5; 32. Td2, g5; 33. a6, Ta1; 34. Te2, f6; 35. Cc4, Td5; 36. Ca3, Ta5; 37. g3, Rd8; 38. f4, Cd7; 39. Te6, Td5; 40. Tb7, d3; 41. a7. Las negras abandonaron.

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EL CAMPEÓN DE LA APERTURA ESPAÑOLA (Octava partida de mi encuentro con Boleslavski, Moscú, 1950) I. Boleslavski jugó las blancas Este encuentro fue el primero que se jugó de acuerdo con el sistema selectivo de la FIDE, aceptado por nosotros el año 1947. Usando la terminología actual, podría llamarse match final de candidatos. Los dos jugamos con esmero y respeto sumos. Parece que fue el único caso en la historia de las competiciones ajedrecísticas en que los contendientes se intercambiaban ramos de flores antes de efectuar la primera jugada. El juego de Isaac Efremovich Boleslavski no necesita de mis alabanzas, por cuanto se trata de uno de los ajedrecistas más minuciasos y eficaces; cuando juega las blancas en la apertura española puede considerársele como un campeón del mundo. Préstese atención a las admirables maniobras de los peones blancos en el medio juego y al inesperado estudio combinatorio en la fase final, donde los héroes ya no son los peones, sino un caballo y una torre. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, Cf6; 4. 0-0, d6; 5. d4, Ad7; 6. Cc3, Ae7; 7. Axc6, Axc6; 8. Dd3, exd4; 9. Cxd4, 0-0; 10. Af4, Cd7; 11. Tad1, Af6; 12. b4, Te8; 13. Tfe1, Axd4; 14. Dxd4, b5; 15. Td3, Df6; 16. Dxf6, Cxf6; 17. f3, a5; 18. a3,

Diagrama núm. 88 Después de 32. Rf3

axb4; 19. axb4, Cd7; 20. Cd5, Ta7; 21. Ted1, Ce5; 22. Axe5, Txe5; 23. Ce3, Ad7; 24. Tc3, Ae6; 25. Td4, g5; 26. g3, Rf8; 27. Rf2, f6; 28. Tdd3, g4; 29. Ta3, Txa3; 30. Txa3, Th5; 31. fxg4, Txh2+; 32. Rf3, Re7; 33. Ta8, Ac4; 34. Cf5+, Rd7; 35. Th8, Txc2; 36. Txh7+, Rc8; 37. Th6, Tb2; 38. Txf6, Txb4; 39. g5, Ad3; 40. Te6, d5; 41. Ce7+, Rd7; 42. exd5, Tb3; 43. Rf4, Tb4+; 44. Rf3, Tb3; 45. Rg4, Tb4+; 46. Rh5, Te4; 47. Cg6, b4; 48. Cf8+, Rd8; 49. g6, Txe6; 50. g7, Ae2+; 51. Rg5, Te4; 52. Rf6, Tg4; 53. Cg6, Txg6+; 54. Rxg6, Ad3+; 55. Rh6. Las negras cesaron de oponer resistencia.

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A LA MANERA DE TARRASCH (Cuarta partida de mi encuentro con Boleslavski, Moscú, 1950) I. Boleslavski jugó las blancas Diagrama núm. 89 Después de 24. Cd5

¡Modelo ejemplar para el estudio de la apertura española! El juego de las piezas y peones blancos merece una alta valoración, así el sincero traslado de la torre Ta1-Td1-Td3-Tg3 como la heroica maniobra Cb1-Cc3-Cd5 del caballo. Es digno de encomio el ánimo de Boleslavski, que, llevando calidad de desventaja en la fase final, se resistió a hacer partida nula. ¿Qué factores permitieron a las blancas mostrar tanta liberalidad de sus valores materiales? ¿Es que no combatieron debidamente? ¡Ya lo creo! Tras abrir la vertical h, el peón f ganó en potencia y amenazó seriamente el centro; en tales condiciones, el caballo d5 y el alfil b3 cubrieron las pequeñas pérdidas de las blancas. ¡El alfil de casillas blancas aseguró a Boleslavski unas condiciones de juego favorables y, con su recorrido Af1-Ab5-Aa4-Ac2-Aa4-Ab3Aa4, efectuó la quinta parte del límite de movimientos establecido! Por último, señalamos la conocida fórmula de Tarrasch: “Un caballo situado en el centro y apoyado por un peón equivale a una torre, si los peones adversarios no pueden atacarlo.”

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, Cf6; 4. 0-0, Ae7; 5. Te1, d6; 6. c3, 0-0; 7. d4, Ad7; 8. Aa4, De8; 9. Ac2, Ag4; 10. Ae3, exd4; 11. cxd4, Cb4; 12. Aa4, b5; 13. Ab3, c5; 14. a3, Cc6; 15. Cc3, cxd4; 16. Axd4, Cxd4; 17. Dxd4, Axf3; 18. gxf3, Dd7; 19. Tad1, Dh3; 20. Td3, Tac8; 21. f4, Dh6; 22. Tg3, Ad8; 23. De3, Ch5; 24. Cd5, Cxg3; 25. hxg3, Ab6; 26. Dd3, Dh3; 27. f5, Tfe8; 28. Cf4, Dh6; 29. Rg2, Df6; 30. Dxb5, Dd4; 31. Te2, Rf8; 32. Dd5, Dxd5; 33. Cxd5, Tc1; 34. Rf3, Tb1; 35. Aa4, Ad4. Se convino en que eran tablas.

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¡CUANDO EL TEMPERAMENTO EXPLOTA…! (Campeonato de la URSS por equipos, Moscú, 1963) A. Bannik jugó las negras Actualmente, los grandes maestros atienden más al estudio del carácter y conducta del contrincante que a las partidas jugadas con él. El maestro Bannik tiene fama de inmutable. Por lo cual, ¿cómo podía uno sospechar que, al organizar mis peones para la defensa, atacase inesperadamente contra el punto más sólido del tablero? Me refiero al movimiento 20. …, d5; idéntico al que hizo Furderer en la partida comentada en páginas anteriores. Nada más abrir el centro, las blancas habrían podido continuar atacando; pero dejé de pensar en la partida, y polaricé la atención en mi adversario. ¡Resulta que un temperamento inmutable también tiene fuerza explosiva! Así que el ataque de las blancas hubo terminado felizmente y las piezas adversarias empezaron a ceder puntos importantes, Bannik no descuidó la defensa de su baluarte e hizo 25. …, Tb3!; lo que privó a las blancas de su casilla g3. En el diagrama no hay ningún error: el peón a2 es negro y el f7 blanco. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, Cf6; 4. d3, d6; 5. c4, Ag4; 6. Cbd2, Ae7; 7. h3, Ad7; 8. Cf1, a6; 9. Aa4, 0-0; 10. Cg3, g6; 11. 0-0, Tb8; 12. Axc6, Axc6; 13. Ah6, Te8;

Diagrama núm. 90 Después de 47. f7+

14. Dd2, Cd7; 15. Ch2, b5; 16. cxb5, Axb5; 17. f4, f6; 18. a4, Ac6; 19. d4, exd4; 20. Dxd4, d5; 21. Tac1, Tb4; 22. Dd2, Aa8; 23. Tfd1, Db8; 24. Cg4, Txb2; 25. De1, Tb3; 26. Ce2, c5; 27. f5, g5; 28. exd5, Ad8; 29. Dd2, Db4; 30. Cc3, Dd4+; 31. Rh1, Dxd2; 32. Txd2, Aa5; 33. Te2, Txe2; 34. Cxe2, Rf7; 35. Td1, Tb4; 36. d6, Txa4; 37. Cg3, Ac6; 38. Ch5, Ac3; 39. Tc1, Ta1; 40. Txa1, Axa1; 41. Ag7, a5; 42. Ch6+, Re8; 43. Rh2, a4; 44. h4, a3; 45. hxg5, a2; 46. gxf6, Ad4; 47. f7+, Rd8; 48. Axd4, cxd4. Las blancas se rindieron.

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¿ARRIESGARSE O NO? (Torneo de grandes maestros, Moscú, 1967) E. Geller jugó las blancas Recuerdo esta partida por dos motivos: primero, la falta extrema de tiempo que apenas me permitía rechazar las amenazas del adversario, y, segundo, la continua vacilación en si arriesgarme o no, lo cual me robó diecisiete minutos en el movimiento 1. …, e5; veintiuno en el 4. …, Ae7; y dieciocho en el 7. …, dxc6; no obstante haber preparado de antemano esta variante. Pero, si una variante ha sido preparada minuciosamente, ¿de qué temer? Bueno; depende de cuál se trate. Quería practicar la audaz idea de Trifunovic consistente en 10. e6, fxe6; 11. Ce5, Ad6; 12. Dh5+, g6; 13. Cxg6, Cg7; 14. Dh6, Cf5; 15. Dh3, Tg8; 16. Dxh7, Tg7; 17. Dh8+, Rf7; 18. Dxd8, Txd8. Afortunadamente, Geller se encontró por primera vez con esta variante; no pudo precisar las combinaciones que derivarían de ella, y decidió prudentemente no arriesgarse. Lo curioso es que vaciló en tomar esta decisión, pues, al elegir entre 10. e6, y 10. Cc3, transcurrió más de medio minuto antes de que optase por el segundo movimiento; en cambio, efectuó los nueve primeros movimientos en seis minutos.

Diagrama núm. 91 Después de 9. …, Ad7

Cf5; 9. Td1, Ad7; 10. Cc3, 0-0, 11. Ce4, Dc8; 12. h3, c5; 13. Ag5, Ac6; 14. Axe7, Cxe7; 15. Cxc5, Cg6; 16. Cd3, Te8; 17. Te1, b6; 18. Ch2, Df5; 19. Dg4, Dxg4; 20. Cxg4, Ab5; 21. Cb4, h5; 22. Ce3, Txe5; 23. Cbd5, Tc8; 24. f4, Tee8; 25. f5, Ce7; 26. Cf4, g6; 27. c4, Ad7; 28. fxg6, fxg6; 29. Tad1, Tcd8; 30. Cc2, Rf7; 31. Cd4, Af5; 32. Cf3, Cc6; 33. Cg5+, Rf6; 34. h4, Txd1; 35. Txd1, Ce5; 36. Cd5+, Rg7; 37. Cxc7, Tc8; 38. Cd5, Txc4; 39. Te1, Cc6; 40. g3, Tc2; 41. b4, b5; 42. a3. Se convino en hacer partida nula.

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, Cf6; 4. 0-0, Ae7; 5. d4, Cxe4; 6. De2, Cd6; 7. Axc6, dxc6; 8. dxe5,

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GAMBITO A LA FUERZA (Torneo de candidatos, Ámsterdam, 1956) G. Pilnik jugó las blancas Cada vez que sitúo el alfil de casillas blancas en el escaque b5 en lugar de hacerlo en el c4 me intranquiliza la idea de si el oponente contestará de súbito con 3. …, Cf6. El lector se preguntará: “¿Es que tal respuesta amenaza a las blancas?” Sí y no. Aunque pueden contestar con 4. 0-0, por si las negras deciden tomar el peón e4. La toma del mencionado peón no es de cuidado; pero, tras 4. …, Cxe4; 5. d4, Cd6; no hay más remedio que sacrificar otro peón en la complicada variante 6. dxe5, Cxb5; 7. a4, d6; 8. e6, fxe6; 9. axb5, Ce7; 10. Cg5, y el juego se complica. En suma, es un gambito a la fuerza. Si no se desea sacrificar el peón arriba citado, entonces, no cabe esperar otro resultado que unas tablas, como sucedió en esta partida. Pero no se crea que las tablas se logran fácilmente; las negras han de batallar mucho para lograrlas. Aquí se debe rehuir todo cambio inoportuno y encaminar el juego hacia un final con alfiles de casillas de diferente color. En esta variante se recomienda a las blancas hacer la maniobra Cb1-Cc3-Ce2-Cf4. R. Fischer juega así. A las negras tampoco les faltan partidarios. En una ocasión vi a Spasski ganar medio punto en esta

Diagrama núm. 92 Después de 8. Dxd8+

variante de apertura; pero tuvo que meditar en cada movimiento. Si se dispone de tiempo, compruébese si el final de peones de esta partida se podía ganar. Hay indicios de que sí. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, Cf6; 4. 0-0, Cxe4; 5. d4, Cd6; 6. Axc6, dxc6; 7. dxe5, Cf5; 8. Dxd8+, Rxd8; 9. Cc3, Re8; 10. b3, Ae6; 11. Ab2, Ab4; 12. Tfd1, Axc3; 13. Axc3, c5; 14. h3, Ce7; 15. Ab2, b6; 16. Td2, h6; 17. Tad1, Cc6; 18. Ch2, Re7; 19. Cf1, Thd8; 20. Ce3, Txd2; 21. Txd2, Td8; 22. Txd8, Rxd8; 23. f4, Cd4; 24. Rf2, Cf5. Se determinó que era partida nula.

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UNA VARIANTE ABURRIDA (Campeonato de Moscú, 1956) A. Chistiakov jugó las blancas Diagrama núm. 93 Después de 5. …, Cd6

La apacible variante que ambos contendientes eligieron no casa ni mucho menos con su gusto y predilección ajedrecistas. El elemento combativo de Chistiakok es la lucha combinatoria movida, con la cual obtuvo éxitos importantes. Y uno jugó la aburrida variante 3. …, Cf6; porque no siempre deben hacerse los mismos movimientos. En la búsqueda de variedades nos encontramos, a veces, en las tinieblas y con variantes como 3. …, Cf6; 4. 0-0, Cxe4. Los aficionados a resolver polvorientos archivos pueden ir a la biblioteca y ver la competición Lasker-Tarrasch, perteneciente al año 1908; en ella hay varias partidas jugadas con la llamada variante “Río de Janeiro”: 5. d4, Ae7; 6. De2, Cd6; 7. Axc6, bxc6; 8. dxe5, Cb7; 9. Te1, 0-0; 10. Cc3, d5; 11. exd6a.p., Axd6; las blancas tienen bien dispuestos los peones, y las negras se compensan la deficiente estructura de los suyos con la pareja de alfiles. Si no se tiene fe en las partidas de otro tiempo, consúltese las de la competición Keres – Unzucker, realizada el año 1956, que en ellas también se hallará esta variante. A quienes estudian la apertura española conviene recordarles la sutil variante 5. Te1, Cd6; 6. Cxe5,

Ae7; 7. Ad3, 0-0; 8. Cc3, Ce8; que, según los manuales de ajedrez, es buen medio para igualar la partida; por ejemplo: 9. Cd5, Af6; 10. Cg4, d6. Desde este microcapítulo aconsejaría al lector hacer 3. …, Cf6; y dejar que sus contrincantes se lancen al ataque. Por cuanto habrá leído atentamente esta página y, por ende, estará armado de conocimientos hasta los dientes, todos los ataques de aquéllos resultarán infructíferos. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, Cf6; 4. 0-0, Cxe4; 5. d4, Cd6; 6. Axc6, dxc6; 7. dxe5, Cf5; 8. Dxd8+, Rxd8; 9. Cc3, Re8; 10. b3,

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Ae6; 11. Ab2, Ab4; 12. Tad1, Td8; 13. Txd8+, Rxd8; 14. Cg5, Axc3; 15. Axc3, Ce7; 16. Td1+, Re8; 17. Ab2, h6; 18. Cxe6, fxe6; 19. c4, Tf8; 20. f3, c5. Se dejó por tablas.

¿MIGUEL? ¡ACÁ! ¿Y NAJDORF? ¡ALLÁ! (Torneo internacional, Mar del Plata, 1960) B. Spasski jugó las blancas La balnearia ciudad del Mar del Plata, donde se organizan los tradicionales torneos de ajedrez, está ligada con los éxitos más resonantes del joven Miguel Najdorf, que ocupó el primer puesto seis veces consecutivas. Participé en uno de aquellos torneos, cuyos vencedores fueron R. Fischer y B. Spasski; yo me contenté con el tercer puesto. El movimiento 10. Ag5, es una broma ajedrecista que me atrae, porque ofrece la posibilidad de provocar el avance f6 adversario. En el decimoquinto movimiento, las blancas tuvieron oportunidad de tomar el peón h7; pero ello habría podido dar la victoria, y uno aspiraba solamente a un empate. El lector meticuloso se preguntará: “Siendo así, ¿para qué se hizo 8. Ad3,? Aquí hay que pensar en lo siguiente: ¿puede el caballo negro retirarse al escaque c5? ¿Es arriesgado hacer 8. …, Cc5; 9. Axh7+,? Recuerdo que Keres estuvo unas dos horas meditando sobre la posición, después que Sabo hubo

Diagrama núm. 94 Después de 4. …, Ac5

respondido sin inmutarse a 5. Cxe5, (1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, Ac5; 4. 0-0, Cf6;), con 5. …, Cxe4; en una competición celebrada en Budapest el año 1950. ¡Todos meditan, tanto los ajedrecistas experimentados como los principiantes! A veces, uno lo hace sobre tales o cuales problemas de apertura; ¡pero no en casa, sino durante el juego!

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¿Pero por qué se ha mencionado a Najdorf? Porque, aunque no tomó parte en el torneo, vino de Venezuela en calidad de turista y lo presenció. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, Cf6; 4. 0-0, Ac5; 5. c3, 0-0; 6. d4, Ab6; 7. dxe5, Cxe4; 8. Ad3, d5; 9. exd6a.p., Cxd6; 10. Ag5, f6; 11. Af4, Ag4; 12. Cbd2, g5; 13. Axd6, Dxd6; 14. Dc2, Rg7; 15. Af5, Ah5; 16. Cc4, Df4; 17. Cfd2, Ag6; 18. Axg6, hxg6; 19. De4, Dxe4; 20. Cxe4, Tfe8; 21. Tfe1, Ce5; 22. Cxe5, Txe5; 23. Cg3, Tae8; 24. Txe5, Txe5; 25. Td1, f5; 26. Rf1, Ta5; 27. a3, Ta4; 28. Td8, Tf4; 29. f3, Th4. Se convino en dejarlo por empate.

EL MAR AZOV (Torneo internacional, Hastings, 1953 – 1954) A. O’Kelly jugó las negras En una revista inglesa leí lo siguiente: “Cuando el encargado del ascensor preguntó al gran maestro Flor a qué piso iba, éste contestó sin titubear: ―Al primero, al segundo y al tercero; junto a Thomas y a Euwe.” Este divertido incidente ocurrió en enero de 1935; fecha en que finalizó el torneo de Hastings; en él, Botvinnik tomó parte por primera vez. Desde entonces, ninguno de nuestros grandes maestros se presentó a dicho torneo. En 1953, la Fe-

deración Soviética de Ajedrez decidió enviar una representación a Hastings, y nos designó a Tolusch y a mí en calidad de componentes de la misma. El torneo no fue fácil, debido a no estar acostumbrados al régimen de juego en tres etapas con breves intervalos para comer, a la falta de días para terminar las partidas no finalizadas, a no haber más que un día de asueto y a tener que jugar de la mañana a la noche. Y lo principal es, que los oponentes eran duros de pelar. Habí-

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a que luchar tenazmente para obtener medio punto. Hoy día, aún me remuerde la conciencia recordar que no acepté las tablas que me propuso S. G. Tartakover. ¡Qué se le va a hacer; son gajes del oficio! Traté de disculparme ante él; aprovechando la circunstancia de hallarnos frente a un quiosco de libros, le pregunté: ―¿Es bueno su último libro? Sabelio Grigorievich esbozó una sonrisa triste y, abriendo los brazos, exclamó: ―¡Soy un rutinario! Intenté dar un segundo paso en este sentido; ofrecí al ídolo de mi juventud una lata de japuta, con lo cual parece que se disipó todo recelo entre los dos. Todo aquel que es oriundo de Rostov del Don nunca será indiferente a la japuta del Azov; lo sé por experiencia, pues en mi infancia pasé cuatro felices años a orillas del mar más azul de todos los mares: el Azov. En aquella época no hubiese pensado ni por soñación festejar la entrada del año 1954 en otras latitudes. No obstante, al hallarse cerca del mar del Norte, Hastings tiene un invierno benigno. Pero esto lo supe después, ya que el primero de enero lo pasamos O’Kelly y yo sentados al tablero; empezamos la partida a las nueve de la mañana y la terminamos a eso de la medianoche. La apertura se desarrolló con sutilidad, y la posición fue, al parecer, una de aquellas que no se pueden inventariar a cada instante. Sin embargo, ni yo fui sorprendido por la preparación de O’Ke-

lly para esta partida, ni él quiso ser víctima del impetuoso ataque de los alfiles blancos por los escaques b5d3 y g5-h4. El juego fue poco a poco equilibrándose y tomando carácter de posición. Una serie de cambios efectuados en la casilla e4 blanca permitió a las blancas ocupar la diagonal a2-f7 libre de obstáculos; pero el movimiento 27. De6+, no bastó para quebrantar la tenaz resistencia de mi experimentado oponente. Entonces varié de táctica; fui tras el cambio de las damas, y mejoré paulatinamente la posición de mis piezas y peones. Pero hubo de transcurrir bastante tiempo para que dicha táctica fructificase, pues el adversario se defendía con una precisión extraordinaria; en la fase final, el juego de las negras tendió al empate; pero el banquete del Año Nuevo recordó su presencia. En suma, la juventud fue más resistente. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, Ac5; 4. c3, Cf6; 5. d4, Ab6; 6. 0-0, 0-0; 7. dxe5, Cxe4; 8. Dd5, Cc5; 9. Ag5, Ce7; 10. Dd1, Ce4; 11. Ah4, d5; 12. Cbd2, c6; 13. Ad3, f5; 14. exf6a.p., Cxf6; 15. Dc2, g6; 16. Tae1, Af5; 17. Cd4, Axd4; 18. cxd4, Axd3; 19. Dxd3, Cf5; 20. Ag5, Dd6; 21. g3, Tae8; 22. a3, Ce4; 23. Af4, Dd8; 24. Cxe4, dxe4; 25. Txe4, Txe4; 26. Dxe4, Dxd4; 27. De6+, Tf7; 28. Db3, Dd5; 29. Dxd5, cxd5; 30. Td1, Td7; 31. Rf1, Cg7; 32. Re2, Rf7; 33. Rd3, Ce6; 34. Ae5, Cd8; 35. Af4, Ce6; 36. Ab8, a6; 37. Tc1, Rf6; 38. b4, h5; 39. f4, g5; 40. fxg5+, Cxg5; 41. Tc2, Ce6; 42.

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Tf2+, Rg6; 43. Te2, Cd8; 44. Af4, Cc6; 45. Te6+, Rf5; 46. Th6, Rg4; 47. Tg6+, Rf3; 48. h4, d4; 49. Tg5, Th7; 50. Ad6, Td7; 51. Tf5+, Rg4; 52. Tg5+, Rf3; 53. Af4, Th7; 54. Td5, Rg4; 55. Re2, Tg7; 56. Rf2, Ce7; 57. Txd4, Cf5; 58. Tc4, Rh3; 59. Tc3, Rg4; 60. Tc4, Rh3; 61. Tc8, Tf7; 62. Tg8, Cxh4; 63. Tg5, Tf5; 64. Tg7, Cg2; 65. Rf3, Tb5; 66. Td7, h4; 67. Td1, Rh2; 68. Td2, hxg3; 69. Txg2+, Rh3; 70. Tg1. Las negras abandonaron. ¿Descuidó O’Kelly el caballo? Es posible; pero no al hacer 68. …, hxg3; sino antes. Aquí vio que el lógico movimiento 68. …, h3; permitía al alfil entrar eficazmente en juego, pues 69. g4+, Rh1; 70. Td1+, Ce1+; 71. Txe1++!. ¡A lo mejor me entregó el caballo como regalo de Año Nuevo!

Diagrama núm. 95 Después de 27. De6+

UNA VARIANTE OLVIDADA (Campeonato de Moscú por equipos, 1954) G. Ravinski jugó las blancas Practiqué el gambito de rey en el campeonato nacional de 1945, en el de Moscú de 1946 y en el nacional de 1947. En aquellos años me dediqué al estudio del siguiente problema teórico: ¿qué procedimiento es mejor para atacar el peón e5 negro? Al paso que me esforzaba por propagar el movimiento 2. f4, ardía en deseos de demostrar que el ataque 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, de Ruy López, era inofensivo.

Entonces di con el movimiento 3. …, f5; que casaba, perfectamente y más que otros, con mi tendencia combinatoria, y empecé a estudiar esta variante; pero no conseguí aplicarla, pues todos mis contrincantes eludían la variante principal. En aquella época ya se conocía la maniobra Dd8-Dd5-Dd6 de las negras, no obstante lo cual, creo que Ravinski no quiso probar fortuna en la vertiginosa variante 6. Cxe5, dxe4; 7. Cxc6, bxc6; 8. Axc6+, Ad7;

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Diagrama núm. 96 Después de 5. …, d5

9. Dh5+, Re7; 10. De5+, Ae6; 11. f4, exf3a.p.; cuya valoración variaba de un día a otro. Tras la apertura, la posición derivó a unas tablas; pero como el encuentro era por equipos, luchamos tenazmente. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, f5; 4. Cc3, fxe4; 5. Cxe4, d5; 6. Cg3, Ag4; 7. h3, Axf3; 8. Dxf3, Cf6; 9. d3, Dd6; 10. 0-0, 0-0-0; 11. Axc6, Dxc6; 12. Ag5, h6; 13. Axf6, gxf6; 14. c4, dxc4; 15. Dxc6, bxc6; 16. dxc4, Td4; 17. b3, h5; 18. Tad1, Tf4; 19. Ce2, Tf5; 20. h4, Ac5; 21. g3, Tf3; 22. Rg2, e4; 23. Cd4, Td3; 24. Ce6, Ab4; 25. Cf4, Tf3; 26. Td4, f5; 27. Tfd1, Ac5; 28. T4d2, Ab4; 29. Td4, Ac5; 30. T4d2, Txf4; 31. gxf4, Tg8+; 32. Rf1, a5; 33. Td7, Tg4; 34. Td8+, Rb7; 35. T1d2, Txf4; 36. Rg2, Txh4; 37. Te8, Tg4+; 38. Rh3, Tf4; 39. Rg2, h4; 40. Th8, Ad6. La partida se interrumpió para que el jurado decidiese el resultado de ella; determinó que eran tablas.

EL ALFIL O EL CABALLO (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1949) R. Jolmov jugó las blancas El principiante se pregunta con frecuencia si es más poderoso el alfil o el caballo. Aquel que dude de la respuesta puede consultar el presente diagrama. Y no trate de analizar si hubiera un alfil en vez de un caballo y de un caballo en lugar del

alfil…, porque en tal caso la correlación de fuerzas cambiaría por entero. La respuesta 4. Cc3, impugnó teóricamente el movimiento 3. …, f5; en el transcurso de muchos años. La variante 4. …, fxe4; 5. Cxe4, d5; 6. Cxe5, dxe4; 7. Cxc6, Dg5; 8. De2, Dxg2; 9. Dh5+!, ilustra los peligros

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que amenazan a las negras, si juegan rutinariamente. Dedicado mucho tiempo al estudio de la defensa de éstas, elaboré el eficaz sistema 7. … Dd5!; y 8. …, Dd6!. En 1952, durante la preparación de nuestro equipo olímpico, me arriesgué a desvelar mi arma secreta. Una de mis partidas rápidas con Smislov transcurrió así: 8. c4, Dd6; 9. Cxa7+, Ad7; 10. Axd7+, Dxd7; 11. Cb5, Cf6; 12. 0-0, c6; 13. Cc3, Ac5; 14. d4, exd3a.p.; 15. Te1+, Rf7; 16. Ae3, Axe3; 17. Txe3, Tad8; 18. Dd2, The8; 19. Tae1, Txe3; 20. Txe3, Dd4; 21. b3, Dxc3; 22. Dxc3, d2; 23. Te1, d1D; lo cual es el resultado de ensayar en casa. Lo curioso es, que Smislov no se dio cuenta de la novedad 8. …, Dd6!; ni del secreto que le desvelé. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, f5; 4. d4, fxe4; 5. Cxe5, Cxe5; 6. dxe5, c6; 7. Ac4, Da5+; 8. Cd2, Dxe5; 9. Axg8, Txg8; 10. De2, d5; 11. f3, Ae6; 12. fxe4, 0-0-0; 13. 0-0, Ac5+; 14. Rh1, Tgf8; 15. Cf3, Dxe4; 16. De1, Dxe1; 17. Txe1, Ag4; 18. Ae3, d4; 19. Ag5, Tde8; 20. Txe8+, Txe8; 21. Te1, Txe1+; 22. Cxe1, Rd7; 23. h3, Ad1; 24. Ad2, Ae7; 25. g3, c5; 26. Rg2, Af6; 27. Rf2, c4; 28. c3, Rc6; 29. Cg2, Ac2; 30. Re2, Ad3+; 31. Rd1, Af1; 32. Cf4, dxc3; 33. Axc3, Axc3; 34. bxc3, g5; 35. Ce6, h6; 36. h4, Rd5; 37. Cd8, gxh4; 38. gxh4, b6; 39. Cf7, Ah3; 40. Rd2, Ae6; 41. Cxh6, Re4; 42. Re2, b5; 43. a3, a5. Las blancas se rindieron.

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Diagrama núm. 97 Después de 42. …, b5


¿MANIOBRA FORZOSA O COMBINACIÓN? (Competición Moscú – Budapest, Moscú, 1949) I. Sili jugó las blancas ¿Dónde se halla más seguro el rey en el fragor de la lucha? Esta pregunta puede oírse casi a diario. Y la contestación sin reflexionar: ―¡Qué tontería! ¡En una esquina del tablero; hay que enrocar cuanto antes, ya corto o largo! ¡El rey no puede estar por más tiempo en el centro! Si por un momento admitimos que las reglas del juego permiten hacer dos movimientos consecutivos, entonces habría respondido yo eficazmente al enroque de las blancas; pero me tocaba jugar y tuve que ocultar el golpe que les preparaba. Y alejé sosegadamente el alfil del objetivo previsto, el peón h3 adversario. “¡Es claro! ―pensaría el contrincante―. Las negras quieren aumentar la presión en el punto f2; hay que enrocar, para defender el peón con la torre.” No es necesario comentar el posterior curso de la partida; si acaso sólo la variante comprendida entre los movimientos vigésimo tercero y trigésimo noveno, la cual no fue difícil de calcular, pues las jugadas de ambos bandos eran forzadas; pero conseguí quebrantar la resistencia del rey blanco, ya por argucia, o combinación, o maniobras forzadas.

Diagrama núm. 98 Después de 23. …, Ae6

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, f5; 4. exf5, e4; 5. De2, De7; 6. Axc6, bxc6; 7. Cd4, Cf6; 8. Cc3, c5; 9. Cb3, d5; 10. Db5+, Dd7; 11. Da5, Dc6; 12. Ca4, Tb8; 13. d4, c4; 14. Cbc5, Ad6; 15. b3, 0-0; 16. h3, Axf5; 17. Ae3, Cd7; 18. Dd2, Cb6; 19. Cc3, De8; 20. a4, cxb3; 21. cxb3, c6; 22. Ce2, Cd7; 23. Dc3, Ae6; 24. 0-0, Axh3; 25. Cg3, Dg6; 26. gxh3, Axg3; 27. Rh1, Dh5; 28. fxg3, Dxh3+; 29. Rg1, Dxg3+; 30. Rh1, Tf3; 31. Txf3, Dxf3+; 32. Rg1, Cxc5; 33. dxc5, Dg3+; 34. Rh1, Tf8; 35. De1, Df3+; 36. Rg1, Tf6; 37. Af2, Tg6+; 38. Rf1, Dh3+; 39. Re2, Dd3++!

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HAY QUE PUBLICAR UNA SEGUNDA EDICIÓN (Campeonato de la Unión Soviética, Tbilisi, 1959) R. Neshmetdinov jugó las blancas Las negras cometieron un error psicológico al hacer 14. …, Rh8; con el cambio de las damas 14. …, Df7; 15. Dxf7+, Txf7; habrían mantenido todas las ventajas conseguidas en el transcurso de la apertura, buen dispositivo de peones, dominio de la vertical f abierta y la pareja de caballos móvil. Luego, las blancas equilibraron la posición con la brillante maniobra Ac3-Ad2-Ae3 y pusieron a las negras ante el dilema de apresurarse a un empate, mediante 18. …, Cxe4; 19. Ab6, Cc3+; o proseguir maniobrando con las piezas en espera de que se cometiesen errores mutuos.

Diagrama núm. 99 Después de 14. Dxc4+

Como es de suponer, aquel que excavó el hoyo, ¡y no fue otro más que yo!, se metió en él. La idea de provocar el avance h3-h4-h5 posiblemente fue buena, pues reportó la ganancia de un peón. En cambio, provocar el movimiento Axh6 con la irreflexiva jugada Cf6 no es más que un disparate.

damas R. Neshmetdinov es digna de encomio. ¡Lástima que la edición del libro sobre sus mejores partidas conste sólo de tres mil ejemplares!

Las negras calcularon superficialmente la variante 30. Axh6, gxh6; 31. Dxh6+, Ch7; 32. g4, Df7; 33. g5, Tg8; pero no advirtieron la posibilidad de hacer el movimiento 33. Tdh1. La ingeniosa estrategia del destacado ajedrecista y jugador de

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, f5; 4. d3, fxe4; 5. dxe4, Cf6; 6. Cc3, Ab4; 7. Dd3, d6; 8. Ad2, Axc3; 9. Axc3, 0-0; 10. 0-0-0, De8; 11. h3, a6; 12. Ac4+, Ae6; 13. The1, Axc4; 14. Dxc4+, Rh8; 15. De2, Cd7; 16. Rb1, b5; 17. Ad2, Cc5; 18. Ae3, Ce6; 19. h4, Dh5; 20. Dd2, h6; 21. Dd5, De8; 22. h5, Tf6; 23. Ch4, Ce7; 24. Dd2, Dxh5; 25. Th1, Cg8; 26. Cf5, Dg6; 27. f3, Txf5; 28. exf5, Dxf5; 29. Th4, Cf6; 30. Axh6, Rg8; 31. Ae3, g5; 32. Th6, Rg7; 33.

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Tdh1, Tf8; 34. Dd1, Cf4; 35. g4, De6; 36. Axf4, exf4; 37. Dd3, Rf7; 38. Dg6+, Re7; 39. Dxg5, De5; 40. Dxe5+, dxe5; 41. Te1. Las negras cesaron de oponer resistencia.

UN ASTUTO “DOBLE” DEL CABALLO (Torneo internacional en memoria de Alekhine, Moscú, 1956) L. Sabo jugó las blancas Se llama “doble” toda doble amenaza del caballo; esta pieza es peligrosa por su ilimitada voracidad: de un salto puede batir simultáneamente ocho objetivos. De momento, dejemos a un lado la presente partida, y observemos el diagrama: con un salto a la casilla d7, el caballo puede tomar una de las tres piezas negras que están amenazadas por él. Y, sin embargo, este caballo, situado en la casilla b6, no saltó a la d7, sino a la c4. ¿Por qué? Porque el gran maestro Laslo Sabo, ingeniero táctico y creador de numerosas combinaciones, advirtió el lazo, que el peón d6 y el caballo f4 negros le habían tendido astutamente. La muerte de la dama o… del rey blancos acechaba desde la variante 29. Cd7?, Rxd7; 30. Dxc5?, Lilienthal habría caído en esta trampa, pues en un comentario de esta partida publicado en el periódico “Pravda”, dijo que, con 29. Cd7, se ganaba fácilmente. Espero que, después de haber analizado este fragmento, el lector crea en la fuerza del caballo;

Diagrama núm. 100 Después de 29. Cd7!? en la variante citada

cuanto más que el movimiento 30. …, Cd5; es también evidente, pues con un solo salto se producen dos amenazas: dxc5 y Df3+. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, f5; 4. d3, fxe4; 5. dxe4, Cf6; 6. Ac4, Ac5; 7. 0-0, d6; 8. c3, Ag4; 9. b4, Ab6; 10. a4, a5; 11. b5, Ce7; 12. Db3, Axf3; 13. Af7+, Rf8; 14. gxf3, Cg6; 15. Ae3, Ch5; 16. Cd2, Df6;

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17. Ad5, Chf4; 18. Rh1, Ch4; 19. Dc4, Ch3; 20. De2, Tb8; 21. Axb6, cxb6; 22. De3, Re7; 23. Cc4, Thc8; 24. Cxb6, Tc5; 25. f4, Cxf4; 26. Tad1, g5; 27. Tg1, h5; 28. Ab3, g4; 29. Cc4, Txc4; 30. Axc4, Cf3; 31. Db6, Td8; 32. Tg3, Ch3; 33. Af1, h4; 34. Txh3, gxh3; 35. Axh3, Df4; 36. Dc7+, Re8; 37. Rg2, Cg5; 38. Txd6, Df3+; 39. Rf1, Dxh3+; 40. Re1, Txd6. Y las blancas se rindieron.

UNA JUGADA PARA TODOS LOS GUSTOS (Campeonato de la URSS, Moscú, 1944) V. Smislov jugó las blancas La defensa 3. …, Cd4; del maestro ingles Bird, se practica muy poco actualmente. Y es una verdadera lástima, ya que se trata de un movimiento ofensivo y no defensivo y porque su espíritu es afín al de todo aficionado al ajedrez, pues el peón e5 puede retardar la evolución del caballo de la dama blanca y prestar ayuda a las piezas de su bando si logra pasar a la casilla d4. ¿Se exige una variante concreta? ¿Para qué? Si todas las ideas ajedrecistas se pudiesen expresar en movimientos concretos, el ajedrez no tendría más de dos o tres años de vida. G. Bird ideó, además, un extraordinario sistema de ataque consistente en los movimientos h5 y Dh4. ¿Que qué finalidad tiene mover el peón h? Que las blancas se

apresuren a hacer h3 para rechazar al caballo adversario que intenta situarse en su casilla g4. ¡Pero este audaz caballo no se mueve de sitio! En esta partida no se produjo este lance. Por lo demás, las negras dispusieron de fuerzas atacantes muy peligrosas cuando la blancas hubieron cambiado imprudentemente una torre por otra adversaria en su escaque d5; esto es, cobró valor la vertical h, abierta incidentalmente. De no haber estado toda la tarde pensando en defender mis peones vulnerables, indudablemente habría prestado atención a la evidente maniobra 29. …, Rg7; y 30. …, Th8!. Tras lo cual resulta difícil aconsejar al rey cómo debe defender el punto h1. Al objeto de que el lector no me coja por la palabra, repito que 3. …, Cd4; es un movimiento ofensivo y defensivo.

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1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, Cd4; 4. Cxd4, exd4; 5. 0-0, Ce7; 6. Te1, g6; 7. c3, Cc6; 8. b3, Ag7; 9. Ab2, 0-0; 10. Ca3, d5; 11. Axc6, bxc6; 12. cxd4, dxe4; 13. Dc2, Axd4; 14. Txe4, Axb2; 15. Dxb2, Ae6; 16. Tae1, a5; 17. h4, a4; 18. h5, Dg5; 19. Te5, Dh6; 20. T1e3, axb3; 21. axb3, Tad8; 22. Dc3, Td5; 23. hxg6, hxg6; 24. Cc4, Tfd8; 25. Txd5, cxd5; 26. Dd4, Ta8; 27. Ce5, c5; 28. Db2, d4; 29. Te1, Tb8; 30. Dc2. Se convino en que eran tablas.

Diagrama núm. 101 Después de 29. Te1

UNA CELADA PARA LOS PRINCIPIANTES (Olimpiada de Helsinki, 1952) I. Sili jugó las blancas El alfil b5 cobra potencia cuando el peón de la dama negra olvida sus atribuciones y avanza diciendo: “Soy el peón de la dama; por tanto, el sector del rey no me incumbe.” Aquí, el ajedrecista más sereno pierde el aplomo y se apresura a hacer d4, para amenazar con d5. ¿Es tal amenaza peligrosa para las negras? ¡No! Pero el movimiento 5. d4, tiene otra finalidad; a saber, las blancas no tratan de ganar el caballo, sino de que las negras recelen, adelanten el peón b y, de esa manera, debiliten el flanco de la dama. ¿Se exige demostrarlo? Conforme: 5. d4, b5; 6. Ab3, Cxd4; 7.

Cxd4, exd4; 8. Dh5, g6; 9. Dd5, y la torre, el peón f7 y el d4 están amenazados; el primer resultado del movimiento b5 negro es la debilitación de la diagonal d5-a8 de las negras. Si sucede 9. …, Ae6; las blancas pueden hacer tablas con 10. Dc6+, Ad7; 11. Dd5, o empezar la ofensiva con 10. Dxd4, y amenazar la torre del rey. Sili estimó que esta variante era insuficiente para las blancas; y así, optó por 8. c3, brindando a las negras la oportunidad de ir comiendo peones; tal largueza me pareció peligrosa… Pues a quién le gusta estar encerrado entre piezas al cabo de 8. …, dxc3; 9. Dh5, De7; 10. Cxc3, o 9.

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…, g6; 10. Dd5, Ae6; 11. Dc6+, Ad7; 12. Dxc3. Mi contrincante pudo haber jugado mejor: 9. a4!, tras lo cual habría sido poco eficaz contestar con 9. …, Ad7; por cuanto sucedía 10. axb5, axb5; 11. Dh5!.

Diagrama núm. 102 Después de 5. d4

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. d4, b5; 6. Ab3, Cxd4; 7. Cxd4, exd4; 8. c3, d3; 9. Dxd3, Cf6; 10. 0-0, Ae7; 11. Ag5, 0-0; 12. Ac2, g6; 13. Cd2, Te8; 14. Tad1, Ab7; 15. Tde1, d5; 16. e5, Ce4; 17. Cxe4, dxe4; 18. Dxd8, Taxd8; 19. Af4, Ad5; 20. Axe4, Ac4; 21. Ac6, g5; 22. Axe8, gxf4; 23. Ac6. Se convino en dejarlo por partida nula.

EL PROBLEMA DE SAMUEL LLOYD (Torneo internacional, Belgrado, 1964) M. Matulovic jugó las blancas La posición reflejada en el diagrama es muy curiosa. La dama negra y los dos reyes están amenazados; por lo cual, es el momento oportuno para concertar la paz… Se preguntará: ¿Cómo pueden estar amenazados los dos reyes si se da jaque al negro? En efecto; este jaque es evidente; pero se da mate al rey blanco dentro de una jugada, o dentro de tres si las blancas cesan de dar jaque y hacen 39. Rb1??, Ta1+; 40. Rxa1, Da3+; 41. Rb1, Db2++.

Matulovic tuvo posibilidad de ganar, efectivamente, si se hubiese atrevido a dejar que su rey navegase por aguas desconocidas, como 33. Rd2!!, mas para ello es necesario tener afición a las composiciones ajedrecistas y conocer el problema en tres jugadas que Samuel Lloyd dedicó a Steinitz (blancas: Rf1, Ta5, Tf6, Ab5, Ag7, Cb6 Ce4, b4, y d2. Negras: Re5, Te8, Th2, Ag8, Ag3, Ca2, Ch1, a6, b7, c3, e6, f2 y h4), y cuya solución es 1. Re2!!. ¡Pero a nadie es dado saberlo todo ni tener afición a todo!

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Diagrama núm. 103 Después de 34. Dg6+

Matulovic me sorprendió con su “tiro rápido” en la apertura, pues no me dio tiempo a presionar el botón de mi reloj; por donde comprendí que conocía mejor que yo la variante elegida por mí. Esto suele ocurrir. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. Axc6+, bxc6; 6. d4, f6; 7. Ae3, Ce7; 8. Cc3, Cg6; 9. h4, h5; 10. Dd3, exd4; 11. Cxd4, Ce5; 12. De2, a5; 13. 0-0-0, Aa6; 14. De1, Dd7; 15. f4, Cg4; 16. b3, Rf7; 17. f5, Te8; 18. Af4, g6; 19. Ce6, De7; 20. Ce2, gxf5; 21. exf5, a4; 22. C2d4, c5; 23. Da5, cxd4; 24. Dxa6, axb3; 25. The1, Ce5; 26. axb3, c5; 27. Cxc5, Ah6; 28. Axh6, dxc5; 29. Af4, Ta8; 30. Db5, Thb8; 31. De2, c4; 32. Dxh5+, Rg8; 33. Txe5, c3; 34. Dg6+, Rh8; 35. Dh6+, Rg8; 36. Dg6+, Rh8; 37. Dh5+, Rg8; 38. Dg6+, Rh8. Se concertó la paz.

CONMEMORACIÓN DE UN CENTENARIO (Torneo en memoria de Manuel Lasker, Berlín, 1968) M. Schöneberg jugó las balncas En diciembre de 1968 se cumplió el centenario del nacimiento de este ilustre ajedrecista alemán, que ostentó el título de campeón del mundo muchos años, gozó de mucha simpatía en el ambiente ajedrecista y fue un visitante bien recibido en todas partes. Es grato recordar que en todos los períodos de su carrera inigualable no rehusó una competición

importante de las que se celebran en nuestro país. Y en el año 1896 eligió Moscú para celebrar su encuentro con Steinitz. He profundizado y continúo profundizando en el arte creador de este ajedrecista genial y procuro, en lo posible, extraer lo mejor del mismo. Por ello, acepté con satisfacción y agradecimiento la invitación a parti-

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cipar en aquel torneo conmemorativo. La apertura española fue la preferida de Lasker, tanto si jugaba las negras como las blancas. Mi adversario luchó con firmeza y seguridad, lo cual no me permitía hallar un punto vulnerable en su posición. En esto recordé un consejo de Lasker; siguiéndolo, empecé a plantearle problemas difíciles y sacrifiqué oportunamente un peón a fin de causar efecto psicológico. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. Axc6+, bxc6; 6. d4, exd4; 7. Cxd4, Ad7; 8. 0-0, g6; 9. Cc3, Ag7; 10. Te1, Ce7; 11. Cf3, f6; 12. Dd3, 0-0; 13. Dc4+, Rh8; 14. Cd4, De8; 15. f4, Df7; 16. Dd3, c5; 17. Cf3, Ac6; 18. Ae3, Ab7; 19. Tad1, c4; 20. Dd2, Tfe8; 21. Af2, h6; 22. Cd5, Cxd5; 23. exd5, Txe1+; 24. Axe1, Te8; 25. Dd4, f5; 26. Dxc4, c5; 27. Dd3, Te4; 28. c3, De8; 29. Af2, Db5; 30. Dxb5, axb5; 31. Cd2, Ta4; 32. a3, Af8; 33. b3, Txa3; 34. c4, Aa6; 35. Tc1, g5; 36. fxg5, hxg5; 37. b4, cxb4; 38. cxb5, Axb5; 39. Ad4+. Las blancas agotaron su tiempo mientras hacían este movimiento.

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Diagrama núm. 104 Después de 31. …, Ta4


FUE ORDEN DE LA DAMA (Campeonato de Moscú, 1961) I. Sajarov jugó las blancas La independencia del pensamiento es una de las cualidades más valiosas del ajedrecista, tanto en la partida como en el trabajo preparatorio. El décimo movimiento Cg1 de las blancas rebasa los límites de la idea que se tiene del sentido común. ¿Es que no tienen validez las leyes de la rápida evolución de las piezas ni la de que cada movimiento es incorporar una nueva unidad de combate? ¿Y a qué propósito hacer 2. Cf3, si se retira luego el caballo a su posición inicial? La orden de abandonar el escaque f3 partió del cuartel general de la dama. Véase cómo ella solucionó con genialidad y sin reserva sus problemas: el avance d1-h5 no era realizable, pues lo impedía la postura del caballo; pero la dama quiso avanzar hacia el punto h5, y el caballo recibió la orden de retirarse. Esta explicación resulta chabacana. Puestos en el terreno de la seriedad, diremos que las blancas procuraron, primero, dominar el punto e5 negro, con objeto de impedir el avance f5, para lo cual la dama se sitúa en h5 y el caballo en g1. ¡Cuántas diligencias por un peón! Esta partida se jugó en la última ronda; no pudo terminarse, y se prosiguió a la mañana siguiente. Las negras quizá perdieron la ocasión de ganar al no haber hecho 45. …, Db1.

Diagrama núm. 105 Después de 11. Dh5

Reconociendo su error; decidieron no arriesgarse, y enfrentarse… con Schamkovich por el título de campeón de la capital. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. Axc6+, bxc6; 6. d4, f6; 7. c4, Ce7; 8. Cc3, c5; 9. d5, Tb8; 10. Cg1, Cg6; 11. Dh5, Ae7; 12. Cge2, 0-0; 13. Cg3, Tf7; 14. b3, Af8; 15. 0-0, Ad7; 16. Cce2, a5; 17. Ad2, Dc8; 18. h3, a4; 19. Tab1, axb3; 20. axb3, c6; 21. Cc3, cxd5; 22. Cxd5, Ce7; 23. f4, Cxd5; 24. cxd5, Ab5; 25. fxe5, dxe5; 26. Tf3, Tfb7; 27. Dh4, Ae8; 28. Cf5, c4; 29. b4, Ag6; 30. De1, Axf5; 31. Txf5, Axb4; 32. Tc1, Aa3; 33. Td1, Ab2; 34. Tf3, Ad4+; 35.

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Rh2, Tb3; 36. Ac3, Ac5; 37. De2, Ad6; 38. Ta1, Dc5; 39. Ta4, Tc8; 40. Ta5, Db6; 41. Ta4, Af8; 42. h4, Tb1; 43. h5, Tc1; 44. h6, g5; 45. Ae1, Axh6; 46. Tf1. Y se concertó un empate.

UN PEÓN BLANCO REBELDE (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1945) I. Boleslavski jugó las blancas Es notoriamente sabido que el peón, sea blanco o negro, debe comer siempre en el sentido del centro del tablero. Y, de repente, un ajedrecista tan experimentado como Boleslavski hace… 13. fxg3?!. Con todo, el peón h2 blanco inspira simpatía al lector, porque no quiso dirigirse al centro y debió de pensar: “Ya estoy bien en la vertical h.” A lo que parece, no todas las reglas del ajedrez son absolutas; entre ellas hay bastantes excepciones. ¿Cuántas? ¡Imposible contestar! Recuérdese que este juego consta de treinta y dos unidades combativas, aparte los contendientes; si cada una de ellas se rigiese por una regla, habría un montón de excepciones. Pero la vida de las piezas es más compleja y rica, y por lo mismo, no se ciñe a las excepciones ni a las mismas reglas. ¿Por qué no se hizo 13. hxg3? Es posible que el peón citado quisiera reservarse el derecho a ha-

Diagrama núm. 106 Después de 13. fxg3

cer h3, con el fin de evitar la clavada del caballo f3, caso de que las negras hiciesen Ag4. La solidez del caballo en la casilla mencionada asegura la posición del peón d4. ¡Aunque en ocasiones también la aseguran movimientos como fxg3! El lector debe decidir si el movimiento de referencia fue hecho de acuerdo con los cánones o contra ellos.

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1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c3, Ad7; 6. 0-0, Cge7; 7. d4, Cg6; 8. Ae3, Ae7; 9. Cbd2, h6; 10. Te1, Ag5; 11. Cf1, Af4; 12. Cg3, Axg3; 13. fxg3, 0-0; 14. h3, exd4; 15. cxd4, Cce7; 16. Ab3, Ae6; 17. Tc1, Axb3; 18. Dxb3, Tb8; 19. d5, Dd7; 20. Aa7, Ta8; 21. Dxb7, Tfc8; 22. Ad4, Da4; 23. Ac3, Tab8; 24. Da7, c5; 25. e5, Cxd5; 26. exd6, Db5; 27. d7, Td8; 28. Ae5, Tb6; 29. Ted1, Cge7; 30. Ac7, Tb7; 31. Dxb7, Dxb7; 32. Axd8, Dxd7. Se convino en que eran tablas.

LO ROTO NO VALÍA UN COSIDO (Torneo en memoria de Alekhine, Moscú, 1956) B. Sliwa jugó las negras El defecto del sistema Rubinstein elegido por las negras consiste en una pasividad extrema; pero no sería justo achacarlo al autor de dicho sistema. ¡Todas las saetas de la crítica hay que dirigirlas al ejecutante! En los casos poco frecuentes en que el terreno de las blancas no tiene ningún punto vulnerable, se comprende que éstas fijen su atención en la búsqueda de tales puntos en el adversario. El plan ofensivo a3, b4, Cb1Cd2-Cb3, característico de la apertura española, aún no había pasado a su segunda fase cuando las negras hicieron imprudentemente Ag5?. Esto dio a la dama blanca oportunidad de situarse ventajosamente en el punto h5, y forzó a las

negras a efectuar el avance f6; y así la posición del rey quedó abierta. Posiblemente, el maestro polaco pensó remendar la diagonal abierta con la maniobra Ad7-Ae6Af7; pero no le dio tiempo a hacerlo. A los coleccionadores de ideas ajedrecistas originales les puedo recomendar la variante 17..., dxc5; 18. Ab3+, c4; 19. Axc4+, Rf8; 20. dxe5, Ab5; 21. Aa2, Axf1; 22. exf6, Ab5; 23. Dh7, gxf6; 24. Dh6++, o 24. Df7++!. Téngase presente que no se pueden gastar bromas con el movimiento Dh5 de las blancas. Por último, conviene advertir que Rubinstein jugó de otra manera: primero, pasaba a la ofensiva con los movimientos h6 y g5 y, si veía ame-

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Diagrama núm. 107 Después de 16. Dh5

nazado el punto f7, no reparaba en perder un tiempo para hacer Th7. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c3, Ad7; 6. d4, Ae7; 7. 0-0, Af6; 8. Ae3, Cge7; 9. Cbd2, 0-0; 10. a3, Cg6; 11. b4, Te8; 12. Ac2, h6; 13. Cb3, Ag5; 14. Cxg5, hxg5; 15. g3, f6; 16. Dh5, Cce7; 17. Cc5, Ac6; 18. Ab3+, d5; 19. Tad1, b6; 20. Cd3, exd4; 21. Axd4, Rf7; 22. f4, Th8; 23. De2, gxf4; 24. Cxf4, Cxf4; 25. Txf4, Dc8; 26. exd5, Axd5; 27. Axf6, gxf6; 28. Txd5, Cxd5; 29. Axd5+. Las negras depusieron las armas.

UN PEÓN ASCENDENTE (Campeonato de Moscú, 1947) V. Simagin jugó las negras Esta partida es uno de los experimentos que he hecho con mayor acierto en el difícil arte del juego de posición. Mi oponente no adivinó el sentido de la jugada h4; por lo que su rey sufrió las consecuencias del asalto de mis peones. La sutileza del moviendo 29. e6, se revela en la variante 29. …, axb3; 30. e7, Te8; 31. Td8, bxa2; 32. Txe8+, Rh7; 33. Th8+, Rxh8; 34. e8D+, Rh7; 35. De1, Cd5; 36. Da1, Cb4; donde las negras se compensan la falta de la dama con el poderoso peón a2. A las blancas les ayuda su peón c5, que no permite al caballo apoyarse en sus peones, pues el rey blanco inclina el fiel de la balanza a

su lado con la marcha Rf2-Re2-Rd2Rc3. Hay una solución más simple: 33. Td8!, a1D+; 34. Rh2, De1; 35. e8D, Dxh4+; 36. Rg1. De la posición producida después de 24. f4, posiblemente deriven muchas variantes complejas. Quisiera advertir al lector que las verticales d y f abiertas tienen mucha importancia para las torres. Queda por añadir que esta combinación no es más que un procedimiento técnico; la marcha e5-e6e7 del peón se produjo, por primera vez, en una partida Euwe - Keres del torneo de la ABPO, celebrado en 1938. Por otra parte, no nos apresuremos a sacar conclusiones; esperemos a ver qué dice el propio Keres.

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Diagrama núm. 108 Después de 28. …, a4

Los impacientes pueden pasar por alto unas decenas de páginas hasta hallar la partida con el encabezamiento “¿Conviene una dama o un caballo y jaque?” 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c3, Ad7; 6. 0-0, Cge7; 7. d4, Cg6; 8. Cbd2, Ae7; 9. Te1, 0-0; 10. Cf1, Ch4; 11. Cxh4, Axh4; 12. dxe5, dxe5; 13. Ce3, Ae6; 14. Df3, Df6; 15. De2, Ce7; 16. Tf1, Ag5; 17. Cg4, Axg4; 18. Dxg4, Axc1; 19. Taxc1, Tad8; 20. Tcd1, Cc8; 21. Ab3, Dg6; 22. Dxg6, hxg6; 23. h4, Td6; 24. f4, exf4; 25. e5, Txd1; 26. Txd1, Cb6; 27. c4, a5; 28. c5, a4; 29. e6, Cc8; 30. exf7+, Rh8; 31. Ac4, b5; 32. Ae6, g5; 33. Td7. Las negras abandonaron.

LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1948) P. Keres jugó las negras La variante de apertura, elegida por Keres poco antes de esta partida, dio a éste una brillante victoria sobre Euwe. Yo había publicado dicha variante junto con un análisis detallado en una de nuestras revistas, a través de la cual Pablo Keres tuvo noticia de ella. El nuevo orden de movimientos no reportó a las negras ventajas apreciables, y las blancas movilizaron poco a poco las fuerzas en sus posiciones respectivas mientras se preparaban para atacar.

Aquí, Keres sacrificó oportunamente un peón y tomó la iniciativa. Para contrarrestar la presión de las negras tuve que aceptar el cambio de las damas y luchar en un final complejo con igualdad de oportunidades de empatar, ganar o perder. El caso fue curioso: mientras Keres mejoraba la posición sin dificultar la entrega de tal o cual peón predestinado a perecer, uno procuraba conservar, codiciosamente, todo peón por insignificante que fuese, su-

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poniendo erróneamente que “los peones decidirían la contienda”.

Diagrama núm. 109 Después de 41. Td1

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c3, Ad7; 6. d4, Cge7; 7. Ab3, h6; 8. Cbd2, Cg6; 9. Cc4, Ae7; 10. Ce3, 0-0; 11. 0-0, Te8; 12. Te1, Af8; 13. Ac2, Ch4; 14. Cxh4, Dxh4; 15. Cd5, Tac8; 16. Tf1, Ce7; 17. Ce3, Cg6; 18. g3, Dh3; 19. f4, exf4; 20. gxf4, f5; 21. Tf3, Dh5; 22. exf5, Ch4; 23. Tf1, Dxd1; 24. Txd1, c5; 25. Rf2, Ae7; 26. Ab3+, Rh8; 27. Ae6, Axe6; 28. fxe6, cxd4; 29. cxd4, d5; 30. Cxd5, Ad6; 31. Ad2, Txe6; 32. Tac1, Tf8; 33. Te1, Tg6; 34. Tg1, Tf5; 35. Txg6, Cxg6; 36. Cc3, Cxf4; 37. Re3, Cg2+; 38. Rd3, Axh2; 39. d5, Tf3+; 40. Re4, Tf2; 41. Td1, Rg8; 42. Ca4, Ch4; 43. Ae3, Tg2; 44. Cc5, Txb2; 45. Td2, Tb4+; 46. Td4, Tb6; 47. Ce6, Ad6; 48. Af4, Cg6; 49. Axd6, Txd6; 50. Rf5, Rf7; 51. Cc5, Tf6+; 52. Re4, b6; 53. Cxa6, Re7; 54. Cc7, Cf8; 55. Cb5, g5; 56. d6+, Rd7; 57. Re3, Ce6; 58. Tb4, Cg7; 59. Cd4, Txd6; 60. Ta4, Re7; 61. Ta6, Rf6; 62. a4, Cf5+; 63. Cxf5, Rxf5. Las blancas se entregaron.

COMO DE DOS A CINCO (Semifinal del campeonato de la URSS, Moscú, 1945) V. Liublinski jugó las negras Al punto que las negras dieron por terminada la evolución de sus piezas y el fortalecimiento de su escaque de apoyo e5, la relación de las fuerzas ofensivas con las defensivas, vino a ser como de dos a cinco.

Esto fue un triunfo total de los principios profilácticos de A. I. Niemzowitsch: una defensa excesiva. El fortalecimiento antedicho motivó que las negras rehusaran la atractiva variante 5. …, Ag4; 6. h3, h5!; el

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oportuno movimiento 8. …, Cge7; y el enroque. Esta original estrategia exigió lógicamente a las blancas un esfuerzo inefable por rehuir senderos desconocidos y por mantenerse en el marco de la ciencia ajedrecista clásica. No logré idear otra cosa mejor que la habitual ofensiva de peones en el flanco de la dama y la estereotipada maniobra Cb1-Cd2-Cf1Ce3-Cd5. Pero el desacertado plan de las blancas y el hecho de que los alfiles de las negras dormitasen apaciblemente detrás de la cerca de sus peones dieron a aquéllas la victoria, luego de algunas escaramuzas de las piezas y los peones. Aquí se formula la pregunta: ¿Procedieron acertadamente las negras al fortalecer su peón e5 con un número de fuerzas tres veces mayor de lo necesario? 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. 0-0, Ad7; 6. c3, g6; 7. d4, Ag7; 8. Te1, f6; 9. b4, Ch6; 10. Ab3, Cf7; 11. Axf7+, Rxf7; 12. Db3+, Re8; 13. Cbd2, Tf8; 14. Ab2, Tf7; 15. a4, Rf8; 16. b5, axb5; 17. axb5, Ca5; 18. Db4, b6; 19. Cf1, Rg8; 20. Ce3, De8; 21. c4, Cb7; 22. Tad1, exd4; 23. Cxd4, Cc5; 24. Cd5, Ae6; 25. Cxe6, Dxe6; 26. h3, Ta4; 27. Dc3, Ta2; 28. Dc1, Ta8; 29. Rh2, Rf8; 30. Df4, Ta2; 31. Ad4, Ta4; 32. Axc5, bxc5; 33. b6, c6; 34. Cc7, De5; 35. Dxe5, fxe5; 36. b7, Tb4; 37. Tb1, Ah6; 38. Txb4, Af4+; 39. Rg1. Y el bando negro depuso las armas.

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Diagrama núm. 110 Después de 10. …, Cf7


EL VIRTUOSO DE LA COMBINACIÓN (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1957) R. Neshmetdinov jugó las blancas El maestro internacional Rahid Neshmetdinov está dotado de talento especial para la combinación ajedrecista. Por ello, cuando hay que enfrentarse con él, cada uno de nosotros se traza un plan que limite la estrategia, que facilite realizar una combinación y dificulte al adversario hacerlo. Sin embargo, cada uno comprende que tal plan puede realizarse fácilmente en la imaginación y dificultosamente en la realidad. Pero lo cierto es que, al tener que competir con este virtuoso de la combinación, procuramos elevar hasta el extremo la preparación combativa y tratamos de ceñir los esfuerzos a lo más importante: prever la explosión combinatoria, anticiparse a ella y liquidarla. Si desde este punto de vista se da una ojeada a nuestro encuentro, se verá que conseguí algo en tal sentido; es decir preví el movimiento f5 y contesté con f4. No voy a referir los acontecimientos ulteriores, por cuanto ello no es realizable, y de lo cual el lector se dará cuenta perfectamente. Por lo visto, el movimiento 20. …, Cd4; fue el principio de una combinación destructora y, por lo mismo, es difícil saber si el aparentemente inofensivo movimiento espa-

Diagrama núm. 111 Después de 20. …, Cd4

ñol 23. Ac2, escapó a la atención de las negras. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c3, Ad7; 6. d4, g6; 7. 0-0, Ag7; 8. a3, Cge7; 9. Ae3, 0-0; 10. Cbd2, De8; 11. Ab3, Rh8; 12. dxe5, dxe5; 13. Ch4, f6; 14. g3, Ah3; 15. Te1, Td8; 16. De2, f5; 17. f4, exf4; 18. Axf4, fxe4; 19. Cxe4, Cd5; 20. Ag5, Cd4; 21. cxd4, Axd4+; 22. Rh1, Ce3; 23. Ac2, Cg4; 24. Cf3, Dc6; 25. Axd8, Txf3; 26. Dxf3, Cf2+; 27. Dxf2, Axf2; 28. Af6+, Rg8; 29. Ab3+, Rf8; 30. Tad1, Axe1; 31. Td8+, De8; 32. Txe8+, Rxe8; 33. Ac3, Axc3; 34. Cxc3, Re7; 35. Rg1, c5; 36. a4. Las negras se entregaron.

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LA VIDA PROSAICA (Olimpiada de Moscú, 1956) R. Geller jugó las blancas Posiblemente el lector se aburra con la monotonía de las posiciones típicas: de ser así, entonces ¿qué podemos hacer nosotros, maestros y grandes maestros? Tú, lector, puedes librarte del aburrimiento, volviendo la página o cogiendo otro libro. Por el contrario, nosotros no tenemos esta posibilidad, pues en la sala se espera la sucesión de movimientos y, por ende, quiera uno o no tiene que pensar y jugar. Ciertamente hay un procedimiento para librarse de una posición aburrida: ¡proponer unas tablas! Pero, ¿qué hacer si el adversario no las acepta o el capitán del equipo no las permite? Entonces, hay que hacerse a la idea de que el trabajo es el trabajo. Por esta razón, los ajedrecistas procuran no dividir las posiciones en aburridas y divertidas, sino esforzarse, trabajar y meditar, aun cuando la posición haya sido estudiada con detalle, o sea, aburrida en extremo. En este divertido encuentro se pueden distinguir tres etapas: las negras levantan una pared de peones; las blancas abren brecha en ella con el movimiento combinatorio Cd5; y la artificiosa maniobra Dc3-Dxc2Dd3-Dd6 encanta a las blancas, de suerte que ponen una torre a tiro de la dama adversaria.

Diagrama núm. 112 Después de 40. …, Chf4+

Eso es todo lo que se puede decir de él. Desde luego, no fue tan divertido como pudiera parecer, si bien cumplí con la misión que me designó el capitán de nuestro equipo. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c3, Ad7; 6. d4, g6; 7. Ag5, Ae7; 8. Axe7, Dxe7; 9. dxe5, dxe5; 10. Cbd2, Cf6; 11. De2, b5; 12. Ac2, Ca5; 13. Cf1, Cc4; 14. Ab3, Cb6; 15. Ce3, c6; 16. Cd2, Ae6; 17. f3, Ch5; 18. g3, 0-0; 19. 0-0, Tae8; 20. Df2, Cd7; 21. Axe6, Dxe6; 22. a4, Cc5; 23. axb5, axb5; 24. c4, b4; 25. Cd5, Dd6; 26. Cxb4, Tb8; 27. Cc2, Txb2; 28. Cb1, Cb3; 29. Ta4, Td8; 30. Cba3, Cd4;

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31. c5, Dxc5; 32. Rh1, Dc3; 33. De3, Txc2; 34. Cxc2, Dxc2; 35. Ta7, Ce2; 36. Dg5, Dd3; 37. Taa1, Dd6; 38. Tad1, Dxd1; 39. Txd1, Txd1+; 40. Rg2, Chf4+. Las blancas se entregaron.

¡Y LA SUPERIORIDAD DE LOS CABALLOS! (Semifinal del campeonato de la URSS, Odesa, 1960) V. Achianovski jugó las negras En los libros se habla tanto de la superioridad de la pareja de alfiles, que me parece oportuno decir unas palabras acerca de la caballería ajedrecista. No ofrece duda de que los alfiles superan a los caballos en un gran número de posiciones; pero, ¿quiere esto decir que son más poderosos que los caballos? Lo son, si las cadenas de peones se han dilatado y hay muchas diagonales abiertas. Pero se dan casos en que los caballos son insustituibles; sobre todo, cuando el resultado de la contienda se ventila en un estrecho sector del frente. Y si los peones están ligados estrechamente, el caballo es la mejor unidad combativa. Aprovechando el punto vulnerable d5 y el peón solitario e5 del campo de las negras, el bando blanco acercó, inadvertidamente, su pareja de caballos a dichos objetivos. La cual dominó desde las casillas e3 y f3 un importante sector del frente. Al remate, la pareja citada sucumbió, aunque no en vano. En un

Diagrama núm. 113 Después de 21. axb3

final de torres en que el peón c avanzaba inconteniblemente hacia la octava horizontal y las negras capitularon, el rey, la torre y unos peones blancos recordaron, con agradecimiento, la contribución de sus caballos a la victoria. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c3, Ad7; 6. d4, g6; 7. dxe5, dxe5; 8. Ag5, Ae7; 9. Ae3, Cf6; 10. Cbd2, Cg4; 11. Cf1,

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0-0; 12. h3, Cxe3; 13. Cxe3, Rh8; 14. Dd2, b5; 15. Ab3, f5; 16. Td1, Ad6; 17. Cd5, fxe4; 18. Cg5, Ca5; 19. Cxe4, Af5; 20. De2, Cxb3; 21. axb3, Dh4; 22. Cxd6, cxd6; 23. 0-0, Ae6; 24. Cc7, Axb3; 25. Cxa8, Axd1; 26. Dxd1, Txa8; 27. Dxd6, De4; 28. Td1, Df4; 29. Te1, Tf8; 30. f3, Df6; 31. Dxf6+, Txf6; 32. Txe5, Td6; 33. Rf2, b4; 34. Re3, bxc3; 35. bxc3, h6; 36. Te7, a5; 37. Ta7, Te6+; 38. Rd4, Td6+; 39. Re3, Te6+; 40. Rd2, Td6+; 41. Rc2, Te6; 42. c4, Te2+; 43. Rd3, Txg2; 44. c5. Y las negras se rindieron.

LA DEFENSA DE LOS PUNTOS DE PENETRACIÓN (Olimpiada de Ámsterdam, 1954) R. Veidt jugó las blancas El cambio de peones en el punto e5 negro tiene por objeto limitar el radio de acción del alfil negro situado en la casilla g7. Al propio tiempo, las blancas se libran de la constante amenaza exd4. Tras esto se abre la vertical d; pero ello no supone, ni mucho menos, que pronto se produzcan tablas. Al contrario, posteriormente se manifiestan las ventajas de la posición de los peones blancos. De lo cual, los negros son culpables; pero, ¿quién paga las consecuencias? ¡La dama negra, por cuanto no halla un refugio seguro! El lector debe prestar atención a la circunstancia de que el caballo c6 negro ocupa una posición pasiva.

Se formula la siguiente pregunta: ¿Deben las negras tomar el peón e5 blanco? Si lo hacen con el caballo antedicho, las blancas tomarán este caballo con el suyo y, después, harán f4. No sé si mi sistema defensivo h6 y Ca5 es mejor; pero lo cierto es, que la fase final no resultó desventajosa para las negras. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c3, Ad7; 6. d4, g6; 7. dxe5, dxe5; 8. 0-0, Ag7; 9. Ag5, Cge7; 10. Dd2, h6; 11. Ae3, Ca5; 12. Axd7+, Dxd7; 13. Dxd7+, Rxd7; 14. Ca3, Re6; 15. Tad1, b6; 16. Ce1, f5; 17. f3, Cb7; 18. Cd3, Cd6; 19. Cf2, Thd8; 20. Tde1, Cc6; 21. Te2, Ca5; 22. Ac1, f4; 23. Td1,

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Cdc4; 24. Cxc4, Txd1+; 25. Cxd1, Cxc4; 26. Rf1, a5; 27. b3, Cd6; 28. Cb2, h5; 29. Td2, g5; 30. Ca4, g4; 31. c4, Cf7; 32. Cc3, c6; 33. Aa3, Af6; 34. Ce2, a4; 35. b4, Cd6; 36. Tc2, Cf7; 37. Ac1, Td8; 38. Td2, Tg8; 39. a3, Ae7; 40. Tc2, Cg5; 41. Cg1, Rf6; 42. Ab2, Td8; 43. Re2, c5; 44. b5, Ce6; 45. Td2, Tg8; 46. Rf2, Cd4; 47. Td1, Re6; 48. Td3, Ah4+; 49. Rf1, Cb3; 50. Ce2, gxf3; 51. gxf3, Ca5; 52. Axe5, Rxe5; 53. Td5+, Re6; 54. Txh5, Ad8; 55. Cxf4+, Rf7; 56. Tf5+, Re8; 57. Cd5, Cxc4; 58. Th5, Cxa3; 59. Cc3, Tf8; 60. Rf2, Cc2; 61. Cxa4, Cd4; 62. Te5+, Rd7; 63. Td5+, Re6; 64. Rg2, Cxf3; 65. Cxc5+, bxc5; 66. Txc5, Ce5; 67. Tc8, Tg8+; 68. Rf1, Rd7; 69. Tc5, Te8; 70. Rg2, Ab6; 71. Td5+, Re6; 72. h4, Tg8+. Las blancas se rindieron.

Diagrama núm. 114 Después de 14. …, Re6

LA LUCHA POR HACER TABLAS… (Campeonato de la URSS, Moscú, 1957) L. Aronin jugó las blancas El movimiento 19. axb3, dio cierta superioridad a la posición de las blancas. Con todo, las negras se arriesgaron a proponer un empate y… fracasaron en su intento. No pude hacer más que fruncir los labios y rogar a mi alfil g7 que demostrase su capacidad combativa, aun a pesar de ponerle obstáculo las cadenas de peones propias. La lucha por hacer tablas llevó a un final inesperado. El oponente sobreestimó las ventajas de su posición y encaminó

la partida hacia el final, donde el alfil citado llevó la batuta. Pero seamos justos: aun cuando se movió mucho por el tablero, solo no habría podido quebrantar la defensa del contrario; al verlo tan activo, los caballos salieron de su letargo. Juntos desplegaron la debida actividad y asaltaron el dispositivo de peones adversario. Cuando el camino estuvo libre de obstáculos, el rey negro se acercó para cosechar los frutos del éxito.

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Diagrama núm. 115 Después de 19. …, De6

¡Con todo y con eso, el alfil de casillas negras fue el héroe de esta partida! 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c3, Ad7; 6. d4, g6; 7. 0-0, Ag7; 8. dxe5, dxe5; 9. Ag5, Cge7; 10. Dd3, h6; 11. Ae3, b6; 12. Td1, Dc8; 13. Ab3, Ag4; 14. Cbd2, 0-0; 15. h3, Ae6; 16. Cf1, Td8; 17. De2, Txd1; 18. Txd1, Axb3; 19. axb3, De6; 20. b4, f5; 21. Ac1, f4; 22. Rh2, a5; 23. b5, Cd8; 24. C1d2, Cf7; 25. Dc4, Dxc4; 26. Cxc4, Rf8; 27. Rg1, Re8; 28. Rf1, Td8; 29. Txd8+, Rxd8; 30. Re2, Rd7; 31. b3, Cc8; 32. Rd3, Ca7; 33. Ca3, Af8; 34. c4, Ac5; 35. Re2, g5; 36. Cb1, Cc8; 37. Ab2, Re6; 38. Cfd2, Ccd6; 39. f3, Cb7; 40. Ca3, Ab4; 41. Cc2, Cc5; 42. Cxb4, axb4; 43. Ac1, Rd6; 44. Cb1, Cxb3; 45. Ab2, Cd8; 46. Rd3, Cb7; 47. Cd2, C7c5+; 48. Rc2, Ca5; 49. Aa1, Ca4; 50. Rd3, b3; 51. Ac3, Cxc3; 52. Rxc3, Rc5; 53. Cxb3+, Cxb3; 54. Rxb3, Rd4; 55. Rb4, Rd3; 56. Rb3, Rd2; 57. Rb4, Rc2; 58. c5, Rd3. Las blancas cesaron de oponer resistencia.

UNA PROVOCACIÓN A CONTIENDA (Competición EE.UU. – URSS, Moscú, 1955) L. Evans jugó las blancas El lector habrá advertido que el alfil de casillas negras del bando blanco se sitúa en el escaque g5 en muchas variantes de la apertura española. En esta partida ocurrió lo mismo.

Hoy día, parece un poco violento anunciar jaque al rey o garde a la dama. Pero si desciframos el sentido del movimiento Ag5, leeremos lo siguiente:

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―Yo, alfil de escaques negros del bando blanco, provoco a Vuestra Majestad, reina del negro, a singular pelea y lo hago de acuerdo con las leyes del duelo. Sé que gozáis de mucha más estima que cualquier alfil en el tablero. ¡Como quiera que sea, os prevengo: defendeos, señora! El alfil dirige cortésmente la palabra a la dama; pero, ¿cómo piensa él? Así: Indudablemente, antes preferirá protegerse en la casilla c8 que aceptar el desafío. Tras esto, es probable que el peón h negro quiera mostrarse activo y avance hacia el punto h6. En tal caso, me retiraré a e3, pues no soy altivo; en cambio, ¿puede este peón retirarse, si no le conviene su nueva posición? ¿Y si el caballo negro salta a f6? Caso de hacerlo, pediré al caballo b1 que se sitúe en d2 para defender nuestro peón e4; después, diré a mi colega de casillas blancas que tome el caballo adversario c6, para lo cual ordenará al peón d4 que se coma el e5 negro; seguidamente…, ¡ah, ironía del destino!, nuestro caballo f3 cosechará los laureles. ¡Naturalmente! ¡El caballo del rey siempre lleva la mejor parte! En esta partida, las esperanzas del sobredicho alfil se vieron defraudadas. Las negras optaron por el movimiento Cge7; de esta manera, no movieron la dama y mantuvieron el dominio en su casilla e5. Siendo así, ¿fue el avance del alfil en cuestión una simple salva de pólvora? ¡Quia! Él se dirigió al

punto g5 no sólo por su propio deseo; sino también por orden de la dama. Cuando comunicó amargamente a ésta que las negras no habían aceptado el reto, sino jugado de otro modo, ella le respondió: ―¡No debes inquietarte! Este movimiento lo he dispuesto yo; preví lo que acabas de referirme, y las negras pagarán caro haber debilitado inoportunamente sus casillas f7 y h7. Tú y yo vamos a tomar la diagonal c1-h6; luego, te cambiaré por el alfil g7 adversario, y ordenaré a mi caballo que se acerque al rey negro por el sendero d2-c4-e3-d5 y le dé un jaque mortal de necesidad desde el escaque f6. Atiende: si el alfil g7 desaparece del tablero, yo logro penetrar en el punto h6 y nuestro caballo da jaque desde el escaque antedicho, el monarca negro podrá retirarse solamente a la casilla h8; desde luego, no puede ir de la e8 a la h8; pero cuando suceda lo que estoy refiriendote, él se hallará en la g1, pues desconoce nuestros planes; además, es poco probable que eluda el enroque. Y cuando tú ya descanses en paz ordenaré que te alcen sobre el tablero y compartas conmigo la alegría de la victoria después de haber tomado yo el peón h y anunciado mate. ¡Al paso que la dama blanca conversaba con su alfil, el rey negro barruntó lo que tramaban los dos y no permitió al suyo avanzar al punto h6! De nuevo, el plan de las blancas se desbarató, y la reina volvió a consolar a su alfil: ―¡No te amargues, alfil! Me conoces mejor que los demás, por-

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Diagrama núm. 116 Después de 8. Ag5

que siempre actuamos juntos. ¿Se ha dado un caso de que yo perdiese un combate? ¡Aguarda, que no les vamos a dar tregua ni reposo; nos impiden penetrar en el flanco del rey, penetraremos en el de la dama! ¡No sé cómo enrocará el rey, tras haber hecho el erróneo movimiento h6! ¡Yo tampoco lo supe; pero, de pronto…, la partida derivó al empate! Si se pasa del mundo de la fantasía al de la realidad, en la sala donde se celebraba esta competición se verá comprobado que la causa del mal de las negras fue 10. …, h6?. Convenía haber hecho 10. …, 0-0! y contestar a 11. Td1, con 11. …, De8!; en vez de prestar atención al cuchicheo de las blancas. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. 0-0, Ad7; 6. c3, g6; 7. d4, Ag7; 8. Ag5, Cge7; 9. dxe5, dxe5; 10. Dc1, h6; 11. Ae3, Ca5; 12. Td1, b5; 13. Ac2, Cc8; 14. Cbd2, Cd6; 15. b4, Cab7; 16. a4, 0-0; 17. Cb3, Rh7; 18. Cc5, Ac6; 19. Ab3, De7; 20. Ad5, Axd5; 21. Txd5, c6; 22. Td1, Tfd8; 23. Cd2, Cxc5; 24. Axc5, De6. Se acordó dejarlo por empate.

LA DAMA EMPRENDE UN VIAJE PELIGROSO (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1944) G. Ravinski jugó las blancas El campeonato de Moscú, del año 1947 transcurrió en medio de una lucha deportiva, tirante y sin

compromiso. En cada ronda, el primer puesto se turnaba, de suerte que la competición finalizó sin un

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vencedor: el futuro gran maestro Simagin, el maestro Ravinski y yo compartimos los tres primeros puestos. Y así, los tres tuvimos que volver a enfrentarnos; los acontecimientos se desarrollaron como en una película de aventuras. Primero, Ravinski perdió las dos partidas con Simagin, y yo gané una partida y empaté en la otra con cada uno de ellos. En la tercera y cuarta ronda, la situación cambió totalmente: Ravinski superó la barrera psicológica y, por primera vez en su vida, ganó las dos partidas jugadas con Simagin; yo hice dos partidas nulas con Ravinski y perdí las otras dos con Simagin. Éste se proclamó campeón; ya entonces hizo alarde de un envidiable conjunto de ideas tácticas y estratégicas heterogéneas. Tres años antes de este campeonato, llegué por primera vez a la final del campeonato nacional, y también por primera vez me enfrenté con Ravinski; los dos habíamos recibido a un tiempo el nombramiento de maestro. La gente dice, con razón, que soy un individuo sin suerte; de lo contrario, ¿no habría ganado yo esta partida? Lo evidencian el audaz ataque de peones, las latentes maniobras de los caballos y el inesperado sacrificio de una torre en la casilla central. Luego de haberse disipado el primer humo de la batalla, el rey negro avanzó hacia el punto f8, cuyo sentido se descubrió después del fantástico salto 35. …, Cf5.

¡Esto es una idea grandiosa! Por lo menos, me pareció así durante la partida. Cifré la esperanza en el ataque de la caballería. Realmente, la dama blanca ha caído en el anzuelo, porque ya no es posible dar jaque con ella desde la casilla e7, ni se ve cómo deben las blancas proseguir el juego. ¡A más de esto, el alfil negro amenaza con dar jaque desde la casilla d4, es decir, desde el mismo corazón del bando blanco! ¡Ay, la juventud lo ve todo de color de rosa…! Consideré que la prosaica variante exf5 era capitulación, por cuanto se apresaba a la dama con los movimientos Ad4+ y Ta8, o bien Ta8 y Ad4+. Pero como el esfuerzo fundamental estuvo dirigido al análisis de la variante de mate 36. Cb6, Dc5+!, no di jaque con la pieza destinada a darlo, a consecuencia de la extrema falta de tiempo. Esto puede ocurrir a cualquiera. ¡Cuánto esfuerzo para obtener sólo medio punto! Con todo, puedo darme por satisfecho si el maestro Ravinovich no lee este comentario; de otra suerte, se enojará y empezará a decir que en esta partida mi juego no fue más que farfolla; que en vano se avino a unas tablas, y que en una revista extranjera ha leído un comentario sobre la bondad y debilidad de su carácter, puesto que el valor de mis dos peones avanzados es ínfimo. No; Ravinovich no hablará de los dos peones en cuestión, porque receló mucho de ellos, y recela

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todavía. Cierto comentarista dio con la forma de ganar fácilmente: 41. Td5, Ae3; 42. f6, d2; 43. Tb1, c3; 44. Tb7, Dg3; 45. Txf7+, Rxf7; 46. Td7+!; pero esta variante se asienta sobre arena movediza, pues basta hacer 44. …, c2; para que se despeje a tocar la dama. De buen o de mal grado, hube de contentarme con tomar el peón b2 y confiar en mis dos peones avanzados. Ganar la dama era mucho más interesante; pero al lector le es indiferente, y acaso halle una decena de movimientos interesantes en este sentido. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c3, Ad7; 6. d4, g6; 7. 0-0, Ag7; 8. dxe5, dxe5; 9. Ae3, De7; 10. c4, Cd8; 11. Cc3, c6; 12. Ab3, b5; 13. cxb5, axb5; 14. a4, b4; 15. Ce2, Cf6; 16. Dc2, Cb7; 17. h3, 0-0; 18. Cd2, c5; 19. Cc1, Tfc8; 20. Cc4, Ta6; 21. f3, Ce8; 22. Td1, Ced6; 23. Cd3, Ae6; 24. Cxd6, Txd6; 25. Ac4, b3; 26. Dc3, Td4; 27. Axe6, Dxe6; 28. a5, Da6; 29. Axd4, exd4; 30. Dxb3, c4; 31. Dc2, Cd6; 32. Cb4, Db5; 33. Cd5, d3; 34. Df2, Rf8; 35. Da7, Cf5; 36. exf5, Dxd5; 37. Da6, Dc5+; 38. Rh1, Axb2; 39. Tab1, Ad4; 40. Tb5, Dc7; 41. Td5. Y se dejó por empate.

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Diagrama núm. 117 Después de 35. …, Cf5


UN TEMA DE ESTUDIO (Torneo interzonal, Portorose, 1958) B. Degreif jugó las negras Aunque nada puede objetarse al movimiento 45. Td5, ¿no habría sido mejor poner la torre en el escaque d6? Cuanto más que el propósito combinatorio de las negras 45. …, Cd4; 46. Cxd4, Dxd6; se rebate al estilo de los antiguos estudios de los hermanos Platov: 47. cxd6!, Txc3+; 48. f3, exd4; 49. d7!, y la coronación del peón blanco es inevitable. ¡Ay, la fantasía no es más que fantasía! Basta con que las negras no tomen el caballo y sitúen el rey en f7 o la torre en d3, para que las blancas no consigan lo que pretendían. “En efecto ―pensará todo escéptico clarividente―; pero no hay necesidad de que la torre se adentre en la vertical d; ¿por qué no hacerlo en la h?” ¿Por qué no lo hice? No me acuerdo. Posiblemente, en los cálculos preliminares sobreestimé la potencia del movimiento 46. …, Cd4; (45. Th1, Rh7; 46. Ch4, Cd4; y el ataque de las blancas se paraliza, mientras el peón b5 adversario cobra fuerza). Así y todo, convenía haber hecho Th1. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c3, Ad7; 6. 0-0, g6; 7. d4, Ag7; 8. dxe5, dxe5; 9. Ag5, Cge7; 10. Dd3, h6; 11. Ae3, Ae6; 12. De2, 0-0; 13. Ac5, b5; 14.

Diagrama núm. 118 Después de 45. Td5

Ab3, Axb3; 15. axb3, Dc8; 16. Cbd2, Td8; 17. b4, De6; 18. Ta3, Cc8; 19. Tfa1, Cb8; 20. c4, c6; 21. h3, Af8; 22. Axf8, Rxf8; 23. cxb5, cxb5; 24. Cb3, Ce7; 25. Cc5, Df6; 26. Td1, Cec6; 27. Txd8+, Dxd8; 28. Td3, De7; 29. Dd2, Rg7; 30. Td5, a5; 31. bxa5, Txa5; 32. b4, Ta1+; 33. Rh2, Ta7; 34. Dc3, f6; 35. Dd2, Rh7; 36. Dc3, Tc7; 37. g3, Ta7; 38. g4, Tc7; 39. h4, g5; 40. Rg3, Ta7; 41. Td1, Cd7; 42. hxg5, Cxc5; 43. g6+, Rxg6; 44. bxc5, Tc7; 45. Td5, Rh7; 46. Dd2, Dg7; 47. Td6, Ce7; 48. Da5, Txc5; 49. Dd8, Tc8; 50. Dd7, Tc3; 51. Rg2, Tc6; 52. Txc6, Cxc6; 53. Df5+, Rh8; 54. Dc8+, Rh7; 55. Df5+, Rh8; 56. Dc8+, Rh7.

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Y tablas por repetición de movimientos.

UNA DEFENSA MAESTRA (Campeonato de la URSS, Moscú, 1952) A. Suetin jugó las blancas Un alfil del bando negro señoreó en el tablero. Así que el caballo hubo ocupado la casilla d4, las blancas intentaron echarlo de allí con astucia, para lo cual le propusieron que tomase el f3 de ellas. Pero el caballo conocía su importancia y no aceptó la variante 17. Dd2, Cxf3; 18. gxf3. En consecuencia, las blancas no opusieron resistencia en dar su alfil por él, a pesar de comprender que al suyo le sería difícil dirigir las operariones de los peones en el centro y en los flancos sin ayuda de otra pieza menor. Por ello, el alfil del bando negro señoreó en el tablero. Y como si fuese a despecho, las piezas blancas se situaron en escaques negros. En tales condiciones de juego, no fue fácil conjugar la amenaza Ag5!. Pero el ingenioso adversario halló una fina defensa y, como si hiciese ejercicios acrobáticos sobre el filo de un cuchillo, consiguió encaminar la contienda hacia el empate. 23. …, h5; tal vez habría sido mejor que 23. …, Af6; por cuanto 24. h4, ya no sería eficaz. Y la aparente amenaza Ah6 no hubiese sido más que una falsa alarma, ya que, después de 24. Txd3, Ah6; 25. Txd8+, las negras

Diagrama núm. 119 Después de 23. …, Af6

perdían una torre. Tras un minucioso análisis de la posición, el lector quizás halle la forma de que éstas ganen. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c3, Ad7; 6. d4, g6; 7. 0-0, Ag7; 8. dxe5, dxe5; 9. Ag5, Cge7; 10. c4, h6; 11. Ae3, Cd4; 12. Axd7+, Dxd7; 13. Cc3, 0-0; 14. Cd5, Cxd5; 15. cxd5, c5; 16. dxc6a.p., Dxc6; 17. Dd2, g5; 18. Axd4, exd4; 19. Tfe1, Tfd8; 20. Tac1, De6; 21. b3, d3; 22. Te3, g4; 23. Ce1, Af6; 24. h4, Axh4; 25. f4, Af6; 26. e5, Ae7; 27. Txd3, Txd3;

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28. Cxd3, Td8; 29. De3, b6; 30. Rf1, h5; 31. Cf2, f5; 32. Td1, Txd1+; 33. Cxd1, Ac5; 34. Dd3, Rf7; 35. Dxa6, Dd5. Tablas: el rey no puede cubrirse del jaque continuo: 36. Cc3, Dd4; 37. Db7+.

ESCALADA A LA CUMBRE DEL BOLSCHOE SIEDLO (Campeonato de Ucrania, Dnepropetrovsk, 1939) Y. Kaem jugó las negras El movimiento 5. c4, tiene por objeto dejar que el alfil de casillas blancas continúe ocupando la diagonal a4-e8. Ésta es una de las ventajas directas del movimiento citado; también tiene otras indirectas, es decir, el caballo de la dama blanca puede hacer en dos jugadas la fatigosa marcha Cd2-Cf1-Ce3-Cd5. Esto trae a la memoria el llamamiento hecho por nuestra “Aeroflot”: “¡Ahorre tiempo utilizando los servicios de las líneas aéreas!” Y, aunque el ajedrez se inventó muchos siglos atrás, parece que dicho llamamiento tiene relación con este juego, y más concretamente con el caballo, por ser la única pieza a la cual le está permitido viajar volando por el tablero. A la luz de esto, no es extraño que las blancas prefiriesen el cambio en la casilla e5 al movimiento d5. ¡Dolía privar al caballo del escaque d5! El cambio de peones tuvo otros aspectos positivos: el alfil de casillas negras pudo situarse en la

diagonal a3-f8, y la dama cobró rápidamente potencia, de modo que sus rayos X penetraron en el punto d8 de las negras, lo cual posiblemente resultó desagradable a la dama de éstas. Por fin, el caballo de la dama vio realizado el sueño de su vida: ocupar en dos saltos el punto d5. Su regocijo fue comparable sólo con el de los cardíacos que, después de un tratamiento en el sanatorio de Kislovodsk, recorren veinte kilómetros para ascender a la cúspide del Bolschoe Siedlo. La dama y las dos torres se agruparon, protegidas por el puesto avanzado de la caballería; luego, el peón c, héroe principal de la partida, se lanzó al ataque; su marcha c2-c6 fue muy importante. Por lo demás, no llegó a producirse una batalla seria: las negras no opusieron resistencia en repetir la maniobra de las blancas; situaron una torre en la vertical d, lo cual fue oportuno en el aspecto estratégico y erróneo en el táctico. Con la combinación 22. Cxc7, Txd1+; 23. Dxd1,

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las blancas se apoderaron del importante peón c7, y, de proseguirse 23. …, Txc7; 24. Dd8+, y 26. Dxc7, el peón c habría tenido libre de obstáculos el camino que lo llevaba a su conversión en dama. Pero las negras no tomaron el caballo; se rindieron antes de que aquél entrase en la octava horizontal. ¡Éste es el objeto del movimiento 5. c4! Hace unos años que la prensa publicó la partida Fischer – Bisguier, perteneciente al campeonato de los Estados Unidos de Norteamérica. En una de las variantes se puede observar el bello y poderoso movimiento Ab6 de las blancas, a consecuencia de la debilitación del punto b6 producida por 3. …, a6. La belleza de las ideas ajedrecistas se ve frecuentemente entre bastidores. La partida de Fischer me gustó por su disimulada variante Ae3-Ab6, que inesperadamente dio a las blancas la oportunidad de ganar una partida que era tablas, debido, como se ha dicho, al desacertado movimiento 3. …, a6. Posteriormente, las negras se encontraron con dificultades para echar al caballo de la casilla d5 con el peón, pues este caballo saltó al punto b6 y apoyó a sus torres que apuntaban a la casilla d7 adversaria. ¿Por qué actualmente casi no se practica el ataque de O. Duras 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c4? Esto se debe a la respuesta 5. …, Ag4. Con los movimientos Cf6Cd7-Cc5-Ce6 y Ae7-Af6, las negras dominan por entero el punto d4 y neutralizan el peón d3 blanco, de

Diagrama núm. 120 Después de 15. …, Cxf3+

suerte que a veces este peón no puede avanzar a d4 ni a d5. Pero esto no quiere decir que las blancas no puedan solucionar el problema. Los aficionados a las partidas de antaño pueden consultar las de la competición Keres – Reshevski para el campeonato del mundo de 1948; en ella, las blancas impidieron que el caballo negro ocupase la casilla c5 de su bando, hicieron d4 y defendieron esta casilla importante. Como la idea fundamental de esta variante consiste en dominar el punto d5, también puede realizarse después de 5. …, Ag4; con la diferencia de que la maniobra Cc3-Cd5 ha de hacerse con la vertical d cerrada, aunque en ocasiones se logra hacer d4. Pero esto carece de importancia, porque el centro cerrado facilita el ataque de flanco f4-f5. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c4, Ad7; 6.

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Cc3, g6; 7. d4, Ag7; 8. Ae3, Cge7; 9. dxe5, dxe5; 10. 0-0, 0-0; 11. Ac5, Te8; 12. Dd3, Cd4; 13. Axd7, Dxd7; 14. Axe7, Dxe7; 15. Cd5, Cxf3+; 16. Dxf3, Dd6; 17. c5, Dc6; 18. Tfd1, Tac8; 19. Tac1, De6; 20. c6, b6; 21. b4, Ted8; 22. Cxc7, Txd1+; 23. Dxd1, De7; 24. Cd5, Dd6; 25. c7, Af8; 26. De2, f5; 27. Dxa6, Rf7; 28. Cxb6. Las negras se entregaron.

UN EMPATE POCO FRECUENTE (Torneo interzonal, Portorose, 1958) B. Larsen jugó las blancas Diagrama núm. 121 Después de 9. …, Cxe5

¿Por qué se produjo tan pronto este empate? Cuando se celebró esta competición, el maestro dinamarqués no tenía motivo para hastiarse, pues entonces aprendía a ganar, a perder y a hacer tablas. En lo presente hay que reconocer que el aprendiz Bent Larsen es malo, porque ha asimilado sólo uno de los tres resultados antedichos: el ganar. ¡No quiere perder; pero a veces no hay más remedio que rendirse, ya que el ser humano no es una máquina! Por ello no ha aprendido a hacer tablas. Digan lo que digan algunos ajedrecistas estudiosos, este dinamarqués no llegará a gran maestro de clase extra. ¿En qué se diferencia la clase extra de la común? En saber hacer tablas dentro de un tiempo determinado. A Larsen le gusta lo extraordinario, y estima trivial empatar.

Así que esta partida es un caso excepcional. En el transcurso de la olimpiada de Lugano, celebrada en otoño de 1968, Larsen me pidió que dirigiese unas palabras a los aficionados daneses, y yo… invité al ídolo de és-

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tos a un encuentro consistente en cuatro partidas realizadas en un día; además se jugarían simultáneamente dos partidas con las blancas y otras dos con las negras. Por si acaso, le dije: ―Bent, aceptaré esta trivial actividad artística, si desea jugar conmigo un encuentro a dos partidas en Copenhague. Y esperé. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c3, Ad7; 6. d4, g6; 7. 0-0, Ag7; 8. Ae3, Cf6; 9. dxe5, Cxe5; 10. Cxe5, dxe5; 11. Axd7+, Dxd7; 12. Dxd7+, Cxd7; 13. Cd2, 0-0-0. Se convino en que eran tablas.

EL ASPIRANTE A GRAN MAESTRO (Torneo internacional, Moscú, 1959) A. Lutikov jugó las blancas La Federación Internacional de Ajedrez todavía no ha instituido la sección de aspirantes a gran maestro; si esto llegase a suceder, al maestro Lutikov se le contaría entre los primeros, porque sus éxitos crecen como las setas después de la lluvia; pero las severas normas de la FIDE no le permiten saltarse el nombramiento de maestro internacional. Por lo mismo, el maestro Nay no pudo obtener el nombramiento de maestro internacional en las competiciones de Beverwjik; al pri-

mero le sucedió esto en 1964, y al segundo en 1965. Con todo, los “aspirantes” sin ostentosos nombramientos suelen ser peligrosos. Esta partida ilustra el lado artístico de Lutikov, quien, mediante movimientos simples, se apoderó del centro y plantó un caballo en el escaque e4 blanco, desde donde le fue cómodo meditar y dirigir. Mi alfil de casillas negras no pudo luchar directamente contra el caballo en cuestión. Por lo cual, hube de recurrir a la astucia: con ayuda del peón g, hice f5 y, organizando una

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Diagrama núm. 122 Después de 30. Rg1

presión lineal, disuadí a las blancas a atacar por el flanco de la dama. Mientras las fuerzas de los dos bandos se preparaban para una lucha intensa, sucedió lo imprevisible: se concertó la paz. Desde luego; ni las blancas ni las negras tenían un plan de juego que pudiese darles la victoria. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c3, Ad7; 6. d4, g6; 7. 0-0, Ag7; 8. d5, Cb8; 9. Axd7+, Cxd7; 10. c4, Cgf6; 11. Cc3, 0-0; 12. Ce1, De7; 13. Ag5, c5; 14. a4, h6; 15. Ah4, g5; 16. Ag3, Cxe4; 17. Cxe4, f5; 18. Cc3, f4; 19. Ce4, Cf6; 20. De2, Cxe4; 21. Dxe4, g4; 22. Cd3, fxg3; 23. hxg3, Dd7; 24. Tab1, a5; 25. b3, Tf6; 26. Rh2, Taf8; 27. Tbe1, h5; 28. Te2, Df7; 29. Th1, Tf5; 30. Rg1. Se dejó por empate.

PERO LA CADENA DE PEONES NEGROS… (Campeonato de la URSS por equipos, Moscú, 1960) Y. Kliavin jugó las blancas La escala de valores común determina que un caballo equivale a tres peones. ¿Es que las negras lo desconocían o lo habían olvidado? ¡No; lo conocían y lo tenían presente! La verdad es, que hubieron de sacrificar el caballo para amortiguar la presión que los peones blancos ejercían en ellas, y cuya sólida cadena e4-d5-c6 les partió la posición y les amenazaba con destruir el flanco de la dama.

Las blancas aceptaron incautamente el cambio de las damas; esto dio a las negras la iniciativa. Ello no debe sorprender, si se tiene en cuenta, que dos peones no equivalen a una pieza menor; pero si están unidos, su valor es incalculable. En la fase final, las negras se precipitaron y, de esta manera, disminuyó la fuerza de su infantería. La situación se simplificó por entero; el conflicto decayó, y se concertó la paz.

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Diagrama núm. 123 Después de 45. …, Rd1

Todo terminó felizmente, como en los cuentos de hadas. ¿A qué pieza negra se le debe agradecer este medio punto? Creo que a la dama, por haber dirigido la batalla, y su movimiento 21. …, Dc4; merece dos signos de admiración. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c3, Ad7; 6. d4, g6; 7. 0-0, Ag7; 8. d5, Cce7; 9. Axd7+, Dxd7; 10. c4, Cf6; 11. Cc3, 0-0, 12. c5, Tfd8; 13. Db3, Tab8; 14. Ae3, b5; 15. c6, Dg4; 16. Dc2, Dh5; 17. Ce2, Dg4; 18. Cg3, Cexd5; 19. exd5, Cxd5; 20. Ag5, Te8; 21. Tfe1, Dc4; 22. Tac1, Dxc2; 23. Txc2, Cb4; 24. Tce2, f5; 25. Td1, Cxa2; 26. Ad2, b4; 27. Ta1, b3; 28. Aa5, e4; 29. Cd2, Axb2; 30. Tb1, Ae5; 31. Cxb3, Cc3; 32. Axc3, Axc3; 33. Ta2, Tb6; 34. Cd2, Teb8; 35. Tc1, Ab2; 36. Tc2, d5; 37. Rf1, Rf7; 38. Tc5, Re6; 39. Ce2, Rd6; 40. Taa5; Tb5, 41. Tcxb5, Txb5; 42. Txa6, Tb4; 43. Re1, d4; 44. g4, Ac3; 45. Rd1, Axd2; 46. Rxd2, Tb2+; 47. Re1, Tb1+; 48. Rd2, Tb2+; 49. Re1, Tb1+; 50. Rd2, Tb2+. Empate.

EL DESQUITE AL CABO DE DIECIOCHO AÑOS (Encuentro para proclamar el campeón de Moscú, 1961) L. Schamkovich jugó las blancas Esta partida no es tan sencilla como pueda parecer a simple vista. Yo diría que es difícil; ya que un encuentro es distinto de un torneo y, por lo mismo, no se puede elegir una

apertura cualquiera. Esto hizo que optase por la defensa Steinitz, de la cual llevo muchos años sirviéndome en casos como éste.

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Las primeras complicaciones se produjeron tras 10. c4, h6. ¿Quién sería el primero en provocar situaciones amenazadoras? Reflexionando teóricamente, las blancas tienen mayores posibilidades, porque su rey está mejor protegido; pero la partida de ajedrez no es especulación, sino lucha y, por ende, las cosas no suelen ocurrir como uno se imagina. Conseguí ejercer presión en diversos puntos; esto dificultó al oponente hacer un cálculo concreto de las variantes, en lo cual está muy fuerte. Su imprudente movimiento 17. a4, permitió al peón f5 negro tomar el e4 y el f3 blancos y, con ello, desorganizar la defensa. El caballo ocupó la casilla d4 y planteó al rey problemas difíciles de resolver. En tales circunstancias, es natural que las blancas entregasen voluntariamente una calidad. En Tbilisi, a principios de 1943, se intentó organizar el campeonato de la ciudad. Después de la sexta ronda, éste si disolvió; no obstante me dio tiempo a perder la partida con Schamkovich. ¡Y al cabo de dieciocho años tuvo lugar el desquite!

Diagrama núm. 124 Después de 26. …, Cd3

Dxe2; 31. Cxe2, Cd2; 32. C2g3, Cxe4; 33. Cxe4, Tf4; 34. Te1, Txe4. Las blancas se rindieron.

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. c3, Ad7; 6. d4, g6; 7. 0-0, Ag7; 8. d5, Cce7; 9. Axd7+, Dxd7; 10. c4, h6; 11. Cc3, f5; 12. b4, Cf6; 13. Cd2, 0-0; 14. f3, c6; 15. Db3, Rh7; 16. Ab2, b5; 17. a4, bxc4; 18. Cxc4, fxe4; 19. dxc6, Da7+; 20. Rh1, exf3; 21. gxf3, Cxc6; 22. Cxd6, Cd4; 23. Dd1, Tad8; 24. Cde4, Ch5; 25. Tc1, Cf4; 26. De1, Cd3; 27. Dd2, Cxf3; 28. Dg2, Cxc1; 29. Txc1, De3; 30. De2,

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UN TRIUNFO DEL ALFIL ESPAÑOL (Campeonato de la URSS, Leningrado, 1963) E. Gufeld jugó las blancas Diagrama núm. 125 Después de 26. f5

Entre los ajedrecistas hay grandes maestros que ensalzan su propio arte con las siguientes palabras: “¡Palabra de honor que lo desconozco! ¡No leo libros de ajedrez antiguos! ¡Estos movimientos los he ideado durante el juego y no en la quietud doméstica! Si se cree a Gufeld cuando dice que ideó la maniobra f5 y el subsiguiente salto del caballo a e6 y no los sacó del conocido encuentro Lasker – Capablanca, celebrado en San Petersburgo el año 1914, entonces se debe reconocer que su juego fue sumamente lógico y consecuente. Las negras perdieron inútilmente un tiempo en el cambio de los alfiles de casillas negras, en realidad, el de casillas blancas adversario entrañaba peligro para ellas. Advertí el error y di con un plan para cambiar el alfil b3 blanco, lo que, en las nuevas circunstancias, debilitó catastróficamente mi peón a6. Es posible que la salvación de las negras consistiese, única y exclusivamente, en contraatacar el peón e4 con el movimiento 34. …, De7!. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, d6; 5. 0-0, Cf6; 6. Te1, Ag4; 7. c3, Cd7; 8. d4, Ae7; 9. h3, Axf3; 10. Dxf3, Ag5; 11. Ca3,

Axc1; 12. Taxc1, 0-0; 13. Tcd1, De7; 14. Cc2, b5; 15. Ab3, Ca5; 16. Ce3, Cxb3; 17. axb3, De6; 18. Cd5, Tac8; 19. dxe5, Cxe5; 20. Dg3, f6; 21. f4, Cc6; 22. b4, Tfe8; 23. Rh2, Df7; 24. Dg4, Tcd8; 25. Ta1, Cb8; 26. f5, Te5; 27. Cf4, Tde8; 28. Ce6, Te7; 29. b3, Te8; 30. c4, Cc6; 31. Txa6, Cd8; 32. Cxd8, Txd8; 33. Tc6, Tde8; 34. cxb5, Txb5; 35. Tec1, Te7; 36. T1c4, Tbe5; 37. Df3, g6; 38. fxg6, hxg6; 39. Dc3, Txe4; 40. Txe4, Txe4; 41. Txc7, De6; 42. b5, Te3; 43. Dc4, Dxc4; 44. bxc4, Tb3; 45. Td7, Tb4; 46. Txd6, Txc4; 47. Txf6, Rh7; 48. Tc6, Tb4; 49. b6, Rh6; 50. Rg3, Rg5; 51. Rf3, Tb2; 52. h4+, Rh6; 53. g4, Tb3+; 54. Re2, Rg7; 55. Tc7+, Rf6; 56. b7, Re5; 57.

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h5, gxh5; 58. gxh5, Rf6; 59. h6, Rg6; 60. h7. Las negras abandonaron.

MOVIMIENTOS FORZOSOS RECÍPROCOS (Torneo de adiestramiento, Tartu, 1962) G. Uusi jugó las negras La dama blanca atacaba alternativamente contra el caballo y el rey negros, al paso que estas dos piezas se retiraban del acoso de aquélla. Las blancas tenían superioridad en el flanco del rey; con el tiempo podían confiar en valerse de su peón e4 libre, aunque casi no se disponía de tiempo para tal operación, pues los dos peones de c negros amenazaban constantemente con avanzar hacía su conversión en dama. En realidad, los dos bandos se amenazaban mutuamente; puede decirse que efectuaban recíprocamente movimientos forzosos. Ello motivó que la contienda acabase en un empate. El séptimo movimiento d4 de las blancas planteó un problema serio al oponente: tomar el peón e4 o el d4. Pero éste halló una solución ingeniosa: rehusó las variantes 7. …, exd4; 8. Cxd4, c5; 9. Cc6, Dd7; 10. Ca5, y 7. …, Cxe4; 8. Te1, f5; 9. dxe5, d5; 10. Cc3. Su respuesta 7. …, Ae7; es posiblemente la más eficaz en esta posición, porque, caso de suceder 8. dxe5, Cxe4; 9. Te1, las negras podían no responder con f5, sino con 9. …, d5; y no se habría po-

Diagrama núm. 126 Después de 33. Df5+

dido hacer 10. Cxe5, por cuanto el peón blanco ocupa la casilla e5. 8. Te1!, era quizá la mejor respuesta a 7. …, Ae7; pues las blancas reservaban la posibilidad de la maniobra Cb1-Ca3-Cc4-Ca5; pero en una partida se puede ensayar sólo un procedimiento… 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, d6; 6. Axc6+, bxc6; 7. d4, Ae7; 8. Cc3, Cd7; 9. dxe5, dxe5; 10. Cd2, a5; 11. Cc4, 0-0; 12. b3, Ab4; 13. Ca4, Aa6; 14. c3, Axc4; 15. bxc4, Ad6; 16.

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Ae3, De7; 17. De2, Ac5; 18. Cxc5, Cxc5; 19. f3, Tfd8; 20. Tad1, Ce6; 21. g3, h6; 22. c5, Txd1; 23. Txd1, Tb8; 24. a4, Tb3; 25. Rf2, Txc3; 26. Db2, Tc4; 27. Dxe5, Txa4; 28. Ta1, Txa1; 29. Dxa1, Cxc5; 30. Dxa5, Ce6; 31. Da8+, Cd8; 32. Dc8, Rh7; 33. Df5+, Rg8; 34. Dc8, Rh7; 35. Df5+, Rg8. Se dejó por tablas.

GRAN MAESTRO DE COMPOSICIONES SUTILES (Semifinal del campeonato de la URSS, Bakú, 1944) N. Kopaiev jugó las blancas El maestro Kopaiev actúa poco en los torneos. ¡Lástima que suceda esto, pues nadie mejor que él sabe hallar una combinación genial en toda posición, por inactiva que sea! Aunque Kopaiev sólo es maestro en el juego práctico, cuando actúa en calidad de autor de composiciones en que intervienen las torres, resulta inaccesible y parece como si el nombramiento de gran maestro fuese poco para él, ya que solucionar dichas composiciones no es dable al simple mortal. En este encuentro se manifestaron sus dos facetas: como maestro en el juego práctico creó combinaciones asombrosas en el transcurso de los primeros cuarenta movimientos; hasta tal punto que perdí el hilo del ataque y hube de ponerme a la defensiva. El día en que se terminó de jugar esta partida, Kopaiev mostró sus cualidades de gran maestro de la combinación sutil; con

Diagrama núm. 127 Después de 44. e8D

elegantes maniobras de sus piezas envolvió al rey negro en la red de mate. A todo aquél que desconozca el arte creador de este maestro en el terreno de la composición, le recomiendo leer el capítulo que trata de

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los finales de torres en el segundo tomo de Los finales en el ajedrez. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, d6; 6. Te1, Ad7; 7. c3, g6; 8. d4, De7; 9. dxe5, dxe5; 10. Ac2, Ag7; 11. b3, 0-0-0 12. De2, Ch5; 13. a4, Cf4; 14. Df1, Ag4; 15. Cbd2, Df6; 16. b4, Td7; 17. b5, Cb8; 18. bxa6, Cxa6; 19. Tb1, Thd8; 20. h3, Ae6; 21. Cc4, Cxh3+; 22. Rh2, Axc4; 23. Dxc4, Cf4; 24. Tb5, De6; 25. Dxe6, Cxe6; 26. Cxe5, Td2; 27. Axd2, Txd2; 28. Ab3, Cec5; 29. Cf3, Txf2; 30. Axf7, c6; 31. Tbb1, Axc3; 32. Te3, Cxa4; 33. Rg3, Tb2; 34. Txb2, Axb2; 35. e5, Rd7; 36. Ag8, h6; 37. e6+, Re7; 38. Ch4, Cc7; 39. Cxg6+, Rf6; 40. Cf4, Ae5; 41. e7, Cb6; 42. Rg4, Axf4; 43. Te6+, Rg7; 44. e8D, Cxe8; 45. Txe8, Ag5; 46. Rf5, Cd7; 47. Aa2, Cc5; 48. Tg8+, Rh7; 49. Tf8, b5; 50. Tf7+, Rg8; 51. Rg6, b4; 52. Ac4. Las negras abandonaron.

EL CALLEJÓN SIN SALIDA DE RAUSER (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1949) I. Boleslavski jugó las blancas Todo ajedrecista que hace primero d6 y no Cxe4, y luego toma irreflexivamente el peón e4 adversario, como si no hubiese podido tomarlo una jugada antes, merece ser censurado. La teoría demuestra que se puede jugar de ese modo; sin embargo, la idea de que los movimientos 5.

…, d6; y 6. …, Cxe4; se contradicen tiene cierta lógica. Tomé conscientemente el peón e4 adversario; pues, mucho antes de este encuentro, y en la quietud y sosiego de mi gabinete, analicé con detalle todas las posibilidades de ataque que pudiese ofrecer esta variante sutil y audaz hasta cierto punto.

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Y si se tiene en cuenta que ya conocía análisis detallados de este movimiento, pues la teoría de las aperturas asegura que ambos contrincantes se encontrarán en el conocido callejón sin salida de V. Rauser, el juego de las negras me recordó el chivo que se empeña en ir por un abrupto sendero y no por el camino habitual. ¿Cuál es el callejón sin salida de Rauser? La variante 6. c3, Cxe4; 7. d4, Ad7; 8. Te1, Cf6; 9. Axc6, Axc6; 10. dxe5, dxe5; 11. Dxd8+, Txd8; 12. Cxe5, Ae4; 13. Cd2, Ae7; 14. Cxe4, Cxe4; y las correspondientes simplificaciones, que casi aseguran a las negras el empate. Y digo “casi”, porque, transcurridos unos dos años de este encuentro, Boleslavski ideó el curioso movimiento 15. Ah6!, y con él aportó una chispa de animación a este deslucido final. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, d6; 6. c3, Cxe4; 7. d4, Ad7; 8. Te1, Cf6; 9. dxe5, dxe5; 10. Cxe5, Cxe5; 11. Txe5+, Ae7; 12. Ag5, Axa4; 13. Dxa4+, Dd7; 14. Dxd7+, Rxd7; 15. Cd2, Tae8; 16. Td1, Rc8; 17. Tde1, Ad6; 18. Txe8+, Txe8; 19. Txe8+, Cxe8; 20. Ce4, Af8. Se convino en que la partida quedaba en empate.

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Diagrama núm. 128 Después de 6. c3


ESPECTADORES EXIGENTES (Torneo internacional, Moscú, 1959) V. Smislov jugó las negras En el vertiginoso ritmo de la vida actual, los espectadores y los organizadores de los torneos habituales no gozan de afecto entre los grandes maestros; me refiero a las competiciones individuales. Me acordé de ellas cuando vi el interés con que los espectadores seguían esta partida, que trascurrió, con energía y sin compromiso, dentro de lo tradicional en esta modalidad. ¡Mis palabras no entrañan ironía; lo digo con toda sinceridad! Sólo en esta suerte de competiciones es posible elaborar la información obtenida y ensayarla en la práctica al día siguiente. Se dice que son peores que los torneos, porque siempre gana uno de los dos contendientes, a pesar de ser equivalentes sus fuerzas. Siendo así, ¡las fuerzas de los dos competidores no son equivalentes! ¡Han sido medidas según el criterio de los torneos y no de las competiciones individuales! Desde luego; en esta modalidad de juego no debería contarse el mayor número de puntos obtenido, sino el de partidas ganadas y sin contar los medios puntos, como se jugaba hace trescientos años y aún posteriormente. Sé que no todos opinan así; pero mi criterio es favorable a las competiciones individuales, pues en ellas desaparece el problema de

quien juega las blancas o las negras y se puede pedir el desquite de una partida perdida, además de otras ventajas que hablan a favor de ellas. Confío en que poco a poco entren en uso y sean tan estimadas como los torneos actuales. Esto volvió a pasarme por la cabeza al ver el interés con que los estudiantes de la universidad de Moscú seguían esta partida. La comisión arbitral es digna de encomio por haber organizado una vuelta a fin de avivar las fuerzas de los participantes. Puedo decir que no defraudamos a un público tan exigente como son los estudiantes, por cuanto este encuentro fue premiado al considerarlo como el empate más tenaz de cuantos se produjeron. Pretendiendo ganar la partida, mi rey cruzó el límite prohibido; pero las piezas negras, ocupadas durante mucho tiempo en la defensa de sus posiciones, no pudieron reagruparse y atacar en un plazo corto. Al proseguir la partida el día siguiente, la posición pareció redundar en beneficio de las blancas; pero, tras una prolongada meditación, Smislov halló el brillante movimiento defensivo 41. …, Da5!. Después del cambio de damas, volvió a manifestarse la superioridad de las blancas; en la fase final me precipité, y, al fin y al cabo, el

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empate fue la justa recompensa a los dos contendientes. Para los aficionados a la combinación pueden señalarse dos movimientos importantes: el movimiento 38. …, Cf5+; que permitía dar la torre y el alfil por la dama, y el 45. Rxg1?, que brindaba a la dama negra la posibilidad de dar jaque, tomar el alfil e4 volviendo a dar jaque y, después, comerse la torre a8. Las negras no dieron jaque con el caballo por estimar que ello conducía a unas tablas. Smislov quería ganar, lo que hizo que el movimiento 41. Rf3, escapase a su penetración. Y uno tampoco tomó la torre porque quería ganar. Siendo así, ¿por qué permitió el movimiento Tg1+? Pido que se me disculpe; lo permití porque estuve toda la santa noche analizando un montón de variantes, y en aquel sinnúmero de jugadas blancas y negras no advertí la Tg1+. O sea, también deje escapar oportunidades. Así que el premio por el espíritu combativo que se manifestó en estas tablas, no carentes de errores, aprobó el mérito de los autores de las mismas. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, d6; 7. c3, Cd7; 8. d4, Af6; 9. Ae3, 0-0; 10. Cbd2, Te8; 11. d5, Ce7; 12. b4, Cg6; 13. g3, Tf8; 14. Cf1, Ae7; 15. C3d2, Cb6; 16. Ac2, c6; 17. Ab3, Rh8; 18. a4, cxd5; 19. Axb6, Dxb6; 20. Axd5, f5; 21. exf5, Axf5; 22. Ce3, Ag5; 23. Cxf5, Axd2;

Diagrama núm. 129 Después de 38. Re3

24. Dxd2, Txf5; 25. a5, Dc7; 26. Ae4, Tf6; 27. Te3, Taf8; 28. Tf1, Ce7; 29. Td3, b6; 30. axb6, Dxb6; 31. Da2, Db5; 32. Td2, Tc8; 33. Tfd1, Txc3; 34. Txd6, Txd6; 35. Txd6, Tc1+; 36. Rg2, Df1+; 37. Rf3, Dh1+; 38. Re3, De1+; 39. De2, Dxb4; 40. Td8+, Cg8; 41. Rf3, Da5; 42. Ta8, g6; 43. Rg2, Rg7; 44. Db2, Tg1+; 45. Rh3, Dc7; 46. Da3, Dd7+; 47. Rh4, De7+; 48. Dxe7+, Cxe7; 49. Ta7, Te1; 50. f3, Rf6; 51. Txa6+, Rg7; 52. Ta7, Rf6; 53. g4, Te2; 54. Rg3, Td2; 55. Ta6+, Rf7; 56. h4, Td7; 57. g5, Cd5; 58. Ta5, Re6; 59. Ta6+, Rf7; 60. Axd5+, Txd5; 61. h5, gxh5; 62. Tf6+, Rg7. Y se dejó por empate.

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¡Y, SIN EMBARGO, Dh5! (Campeonato de la Unión Soviética, Bakú, 1961) Y. Averbach jugó las negras El lector habrá observado que este libro empieza hablando del movimiento Dd1-Dh5 blanco. Esto ha sido hecho conscientemente, aunque con cierto reparo por si los críticos toman a broma mis consejos. Pero aconsejar prudencia con el movimiento citado no es ninguna broma. Que este ataque con la dama sola es prematuro, no ofrece duda; pero así que se han definido las cadenas de peones y los puntos vulnerables en el campo del adversario, el movimiento en cuestión suele ser el más contundente. Lo cual queda resaltado en esta partida; como el caballo del rey no se situó definitivamente en f6, las blancas se adueñaron del escaque h5, cuanto más que las negras no podían arriesgarse a hacer g6 por faltarles el alfil de escaques negros. Hay otra circunstancia que redunda en beneficio de este movimiento: luego de que el peón h2 ha pasado a g3, las blancas pueden hacer g4 y g3, si se lo permite el tiempo, y, después, situar el rey en la casilla g2 y la torre en la h1. Lo cual dificultará a las negras defender el peón h7, por cuanto a h6 sucede Axh6 y el ataque de las blancas será demoledor. Averbach, que es un ajedrecista con mucha práctica y muchos

Diagrama núm. 130 Después de 21. Dh5

conocimientos teóricos, al ver la dama adversaria en el escaque h5 blanco, tomó sin dilación algunas medidas profilácticas y, aunque perdió la posesión de la vertical d, logró empatar. ¡De vez en cuando hay que vigilar los escaques h5 blanco y h4 negro, respectivamente! 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, d6; 7. c3, 0-0; 8. d4, Cd7; 9. Ae3, Af6; 10. Cbd2, Ce7; 11. Ab3, Cg6; 12. De2, Te8; 13. Tad1, De7; 14. Cf1, Cdf8; 15. Cg3, Ch4; 16. Cxh4, Axh4; 17. dxe5, Axg3; 18. hxg3, Dxe5; 19. Af4, De7; 20. Ad5, Cg6; 21. Dh5, Ce5; 22. Axe5, dxe5;

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23. Td3, c6; 24. Ab3, g6; 25. Dh6, Ae6; 26. Ted1, Axb3; 27. axb3, Tad8; 28. Dd2, Txd3; 29. Dxd3, h5; 30. b4. Se convino en que era empate.

UNA DAMA CON SAL Y PIMIENTA (Campeonato de Moscú, 1953) J. Estrin jugó las negras En esta partida realicé una de mis combinaciones cómicas predilectas. No había dificultad en retirar el rey (32. Rh1) y crear la irrechazable amenaza Txf7; pero, ¿qué sacaba con ello? A la luz de esto, me pareció que el inofensivo movimiento Axd6 era la mejor solución del problema. Por lo visto, Estrin creyó en su buena fortuna; tomó rápidamente el alfil, y después, sin vacilar, comió la torre f2. El asombro que le causó el simple movimiento De6+ es indescriptible. ¡Había que haberlo visto! Lamentándolo en extremo, las negras trataron de detener con sus dos torres el avance de los dos peones desaparejados del adversario, y cuya potencia consistió en estar separados uno del otro. La dama protegió la marcha escalonada de ellos; marcha que inmovilizó a la pareja de torres negras. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, b5; 6. Ab3, d6; 7. c3, Ae7; 8. a4, b4; 9. d4,

Diagrama núm. 131 Después de 31. …, Dd4

Ag4; 10. d5, Ca5; 11. Ac2, b3; 12. Ad3, Cxe4; 13. Axe4, f5; 14. h3, fxe4; 15. hxg4, exf3; 16. Dxf3, Ag5; 17. Cd2, Axd2; 18. Axd2, Df6; 19. De4, Cb7; 20. Ae3, 0-0; 21. Dc4, Df7; 22. Dxb3, c5; 23. a5, Cd8; 24. f4, exf4; 25. Axf4, Dg6; 26. Dc4, Cf7; 27. Ah2, Tab8; 28. b3, Dc2; 29. Dxa6, Txb3; 30. Tf2, Dxc3; 31. Taf1, Dd4; 32. Axd6, Cxd6; 33. Dxd6, Txf2; 34. De6+, Tf7+; 35. Rh1, Df6; 36. Txf6, gxf6; 37. a6, Ta3; 38. g5,

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Ta1+; 39. Rh2, Rg7; 40. Dc8, fxg5; 41. d6, Td1; 42. Dxc5, Rh6; 43. a7, Txa7; 44. Dxa7, Txd6; 45. Df7, Tg6; 46. g4, Tg8; 47. Rg3, Tg6; 48. Df8+, Tg7; 49. Rf3, Rg6; 50. Df5+, Rh6; 51. Df6+, Tg6; 52. Df8+, Tg7; 53. Re4, Rg6; 54. Df5+, Rh6; 55. Df6+. Las negras abandonaron.

EL PEÓN LIBRE Y AVANZADO (Campeonato de la Unión Soviética, Leningrado, 1947) A. Ufimtsev jugó las negras Quien consigue ser el primero en tenerlo, suele ganar la partida. Pero conseguirlo requiere un gran esfuerzo, pues ello es complicado: primero, hay que ganar un peón; después, limpiar de obstáculos el camino que ha de llevarlo a su conversión en dama. Y si no se tiene tal, ¿cómo proceder? Las piezas menores pueden prestarnos una ayuda inestimable: deben tomar todos los puntos situados enfrente de los peones adversarios y, de esta manera, inmovilizarlos en el tablero. Tras lo cual es indiferente si se lleva o no un peón de ventaja, porque a la postre aparecerá uno libre y avanzado. En la presente partida, el d6 negro quedó inmovilizado por el procedimiento antedicho. Su pasividad permitió a las blancas organizar una ofensiva de peones en el flanco de la dama. Todo sucedió como en los cuentos de hadas.

En el tablero, el número de peones de un bando es igual al del otro; pero el caballo blanco ocupó el importante punto d5 y en el campo de las blancas apareció un peón libre. Tras esto, ¿qué sucedió? ¡Ay, lo de siempre: el tiempo apremiaba! Se perdió la cuenta de las jugadas; cada uno se apresuró a efectuar su movimiento antes de que se agotase el tiempo, y se perdió el hilo de las ideas. Se podía haber ganado con 57. Dh4, Dxd5; 58. Dxh7+, Cg7; 59. Dg8+, Rg6; 60. Dxd5, pero las blancas perdieron la cuenta de los movimientos, y dudaron de si habían calculado bien los detalles del sacrificio del caballo; además, no advirtieron la posibilidad del movimiento 57. …, Cf6; efectuado en la partida. También conviene aclarar el porqué del movimiento 55. Rh2. Se ideó la variante 55. Cc7, Txc7; 56. bxc7, Dxa8; 57. Db8, Da1+; 58. Rh2, y el peón blanco se transforma en dama. ¡Pero, de pronto, vi que se daba jaque continuo a mi rey: 58. …,

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Diagrama núm. 132 Después de 48. Cd5

Dc1; 59. c8D, Df4+; 60. Rg1, Dc1+; 61. Rh2, Df4+; y así sucesivamente! ¿Era realizable esta idea si la casilla c1 blanca estaba batida por la flamante dama? La falta de tiempo produce a menudo ilusiones engañosas. Posiblemente estén en lo cierto los grandes maestros jóvenes cuando se deciden por una variante complicada y la llevan a efecto sin verificar por segunda vez todos los matices de ella. A mí no me gusta ese estilo; prefiero meditar sobre todos los detalles de un plan trazado. ¡Qué se le va a hacer si el reglamento de la lucha deportiva concede sólo cuatro minutos para realizar un movimiento! Como se suele decir: “¡En la selva rige la ley selvática; ay de aquel que no la cumpla!” El talento original del maestro Ufimtsev siempre me inspiró honda admiración; fui uno de los primeros en practicar su sistema defensivo en las competiciones importantes. Con todo, estas tablas perduraron mucho tiempo en mi mente por causa muy distinta: ganar este encuentro me ofrecía la posibilidad de obtener el tercer premio y una segunda calificación de gran maestro en el campeonato nacional; pero… Por lo demás, todo tiene su razón de ser: en la semifinal del campeonato de 1945, celebrada en Moscú, Ufimtsev cometió un error irreparable en la fase final; perdió la partida, y, por ello, no pudo contarse entre los vencedores. Así que vaya lo uno por lo otro. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, b5; 6.

Ab3, Ae7; 7. d4, d6; 8. c3, 0-0; 9. d5, Cb8; 10. De2, Cbd7; 11. Ac2, Ab7; 12. Td1, c6; 13. dxc6, Axc6; 14. Cbd2, Cc5; 15. Cf1, Dc7; 16. Cg3, Db7; 17. Ag5, Ce8; 18. Axe7, Dxe7; 19. Td2, g6; 20. Tad1, Tb8; 21. b4, Ce6; 22. De3, Rg7; 23. a3, Cf4; 24. Ce2, Ce6; 25. Ab3, Tc8; 26. c4, bxc4; 27. Axc4, Aa4; 28. Ab3, Axb3; 29. Dxb3, Db7; 30. Cc3, Cc5; 31. Db1, Cd7; 32. Cd5, Cb6; 33. Cxb6, Dxb6; 34. Td5, f6; 35. Ce1, Tf7; 36. Cc2, Tfc7; 37. Ce3, Tc6; 38. a4, Dc7; 39. T5d2, Tc1; 40. Dd3, Txd1+; 41. Txd1, Dc6; 42. b5, axb5; 43. axb5, Dc5; 44. Db3, Tb8; 45. Tb1, Dd4; 46. Dc2, Rf7; 47. h3, Tb7; 48. Cd5, Dc5; 49. Da2, Ta7; 50. Db3, Rf8; 51. b6, Tb7; 52. Ta1, f5; 53. exf5, gxf5; 54. Ta8, Dc6; 55. Rh2, Rg7; 56. Dg3+, Rf7; 57. Df3, Cf6; 58. Ta5, f4; 59. Db3, Cxd5; 60. Txd5, Rf6; 61. Tb5, h5; 62. f3, h4; 63. Db1, Rg7; 64. Tb2, Rf6; 65. Tb4, Dc5; 66. Db2, De3; 67. Db1, Dc5; 68. Tb3, Df2; 69. Tb2, Dd4; 70. Rh1,

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De3; 71. Tb4, Df2; 72. Tb3, Dd4; 73. De1, Txb6; 74. Dxh4+, Rg6; 75. Txb6, Dxb6; 76. Rh2, Dc7; 77. Dg4+, Rf6; 78. Dg8, Dg7; 79. Dd8+, Re6; 80. Rg1, Da7+; 81. Rh1, Dg7. Se dejó por empate.

¡UNA CARRERA PEDESTRE! (Competición EE.UU. – URSS, Moscú, 1955) L. Evans jugó las negras Voy a referir esta partida en un tono humorístico; me complace ofrecer al lector otro ejemplo de ataque precipitado. Es de señalar que la defensa de las negras no estuvo a la altura de las circunstancias en la apertura, y tuvo un carácter notablemente experimental. A más de esto, las blancas tenían que haber hecho 21. Rg2! y no 21. Rh1?. Los últimos quince o veinte movimientos se hicieron en medio de una escasez de tiempo agobiadora; tanto, que los dos contrincantes no podían entretenerse en presionar el botón del reloj, y lo hacían “al por mayor”; esto es, en series de cinco a siete movimientos a la vez. A pesar de ello, me agrada recordar este cómico encuentro. Las negras retrasaron el enroque e hicieron prematuramente g6; error que aprovecharon las blancas para hacer 11. b4! y empezar la ofensiva por la vertical b. La dama negra sospechó que el asunto se ponía feo y no vaciló en protegerse en la vertical del rey; pero en el campo de las blancas

Diagrama núm. 133 Después de 33. …, Dc8

todo estaba dispuesto para entregar la calidad, y el movimiento Txc6 se efectuó oportunamente. Los peones blancos prestaron una ayuda inestimable; se lanzaron con tanto ímpetu a la octava horizontal, que daba la impresión de estar dirigiendo una carrera pedestre en lugar de una partida de ajedrez. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, b5; 6.

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Ab3, d6; 7. c3, Ca5; 8. Ac2, c5; 9. d4, Dc7; 10. Cbd2, g6; 11. b4, cxb4; 12. cxb4, Cc6; 13. Ab2, Ag7; 14. Tc1, Ab7; 15. Ab3, De7; 16. Txc6, Axc6; 17. dxe5, Ch5; 18. g4, Cf4; 19. exd6, Dd7; 20. Ce5, Ch3+; 21. Rh1, Axe5; 22. Axe5, f6; 23. Ag3, Rf8; 24. Rg2, Cg5; 25. h4, Cf7; 26. Da1, Ce5; 27. g5, Te8; 28. Dd4, Dg4; 29. f3, Dd7; 30. gxf6, Cf7; 31. e5, g5; 32. Te1, gxh4; 33. e6, Dc8; 34. Dxh4, Txe6; 35. Txe6, Ae8; 36. Te7, Dc1; 37. Txe8+, Rxe8; 38. De4+, Rd8; 39. De7+, Rc8; 40. Ae6+, Rb8; 41. Dc7+, Dxc7; 42. dxc7+, Rb7; 43. Axf7, Tf8; 44. Ad5+. Las negras se rindieron.

NOCHE Y DÍA (Campeonato de la Unión Soviética, Riga, 1958) J. Borisenko jugó las negras El maestro Jorge Borisenko es uno de los que mejor conocen la teoría, y aporta ideas a ella. Noche y día, busca nuevas variantes de apertura, y no se ha dado una partida en que no sorprendiese a su contrincante con alguna novedad. Esta vez me tocó a mí. En esta lotería, me salió con el movimiento 11. …, Cc6; que, aunque es habitual, no fue hecho en el momento oportuno. Yo opino así; puede que él piense todo lo contrario… A los tres años de este encuentro, le propuse tácitamente repetir esta variante; pero optó por la de-

fensa Petov. ¿Significa que estaba de acuerdo conmigo o que aún no había completado el análisis de 11. …, Cc6? En este encuentro, el peón de la dama negra fue la unidad más eficaz, por cuanto no sólo llegó incólume al punto e2, sino que también dio jaque al rey, lo cual no todo peón consigue hacer. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Cc6; 12. Ae3, cxd4; 13. cxd4, Cb4; 14. Ab3, Ab7; 15. Cc3, Cxe4; 16. Cxe4, Axe4; 17. Ad2, d5; 18. Cxe5, Tc8;

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19. Tc1, Txc1; 20. Dxc1, Cd3; 21. Cxd3, Axd3; 22. Dc6, Ac4; 23. Ad1, Af6; 24. b3, Ad3; 25. Ab4, Dc8; 26. Db6, Te8; 27. Txe8+, Dxe8; 28. Af3, Ae4; 29. Axe4, dxe4; 30. d5, Ad8; 31. Db8, e3; 32. Rf1, e2+; 33. Re1, h6; 34. Dc8, g6; 35. d6, Rh7; 36. Ac3, f6; 37. b4, Rg7; 38. Db7+, Df7; 39. Dxa6, Dd5; 40. Ad2, Dxg2; 41. Rxe2, De4+; 42. Ae3, Dc4+; 43. Rd1, Rf7; 44. Da8, Re8; 45. Db7, g5; 46. Ac5, f5; 47. Dc6+, Rf7; 48. Dd7+, Rg6; 49. De8+, Rh7; 50. Dxd8, Dd3+; 51. Re1, Db1+; 52. Re2, De4+; 53. Ae3. A las negras se les agotó el tiempo.

Diagrama núm. 134 Después de 32. …, e2+

TAL ESTUVO EN SU ELEMENTO (Campeonato de la URSS, Tbilisi, 1959) M. Tal jugó las blancas Caissa, diosa del ajedrez, previó las interminables discusiones sobre lo infinito de este juego, y para facilitar el hallazgo de argumentos ideó… la apertura española. El movimiento 3. Ab5, parece decir: “Ya veo la casilla c4 y el peón f7 negro; pero antes quiero fortalecer la salud general; luego, si hay tiempo, volveré a la diagonal a2-g8 y pensaré en el peón de referencia.” Después de este preámbulo, no extraña que el número de adictos al movimiento antedicho aumente de un modo vertiginoso. Cuando Tal atacó con el alfil contra mi peón f7, decidí contraatacar su peón f2 con 12. …, Db6.

Situó el caballo en g5; pero no quiso tomar el alfil e6. Y así, me quedé a medio camino; esto es, me dolía variar el plan, a pesar de que ya no cabía esperar ningún resultado del mismo. Sin embargo, valoré con bastante optimismo la posición, después del vigésimo séptimo movimiento. Aún hoy no creo que hubiese perdido esta partida, caso de 28. …, Rxh6; 29. Cxf7+, Rg7; 30. Cxd8, Txd8; 31. Ta7, Rg8; 32. Tb7, Af6; 33. Txb5, Cxc3; 34. bxc3, Axc3. ¡Tampoco daba resultado la variante 20. …, Cd4; debido a 21. cxd4, exd4; 22. Cd5, Axd5; 23. exd5, d3; 24. Dxe7, dxc2; 25. Ae3, cxb1D; 26. Axb6, Df5; 27. Ce6+!

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1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Cc6; 12. Cbd2, Db6; 13. dxc5, dxc5; 14. Cf1, Ae6; 15. Ce3, Tad8; 16. De2, g6; 17. Cg5, c4; 18. a4, Rg7; 19. axb5, axb5; 20. Tb1, Ca5; 21. Cf3, Dc7; 22. Cd5, Axd5; 23. exd5, Tfe8; 24. Dxe5, Dxe5; 25. Cxe5, Cxd5; 26. Ta1, Cb3; 27. Axb3, cxb3; 28. Ah6+, Rg8; 29. Cc6, Tc8; 30. Tad1, Txc6; 31. Txd5, f6; 32. Txb5, g5; 33. Txb3, Rf7; 34. Tb7, Te6; 35. Txe6, Rxe6; 36. h4, Tg8; 37. f4, Ac5+; 38. Rf1, gxh4; 39. Tb5, Tc8; 40. f5+, Rd6; 41. b4, h3; 42. Txc5, h2; 43. Af4+. Y las negras cesaron de oponer resistencia.

Diagrama núm. 135 Después de 27. …, cxb3

UN BOSTEZO EN LA FALTA DE TIEMPO (Torneo de pretendientes, Zurich, 1953) S. Reshevski jugó las negras Hace más de medio siglo que el nombre de este maestro aparece en las páginas de la prensa ajedrecista; por lo visto, no está dispuesto a dejar este deporte. Pero no ha llegado a campeón del mundo. Esto es comprensible: hay muchos ajedrecistas dotados de talento artístico, y sólo un título mundial. Cuando se jugó esta partida, los dos cifrábamos la esperanza en subir al trono del reino ajedrecista o en acercarnos a él. En el instante de diferir la terminación de la partida sucedió un

episodio divertido: ¡tras haber efectuado apresuradamente el cuadragésimo movimiento, Reshevski propuso… dejarlo en tablas! Aquella tercera propuesta de empate, en una tarde, me sorprendió un poco; bostecé, miré con mayor atención al tablero y descubrí la causa de ello: a partir de 41. Ac5, las negras no podían rechazar la amenaza 42. Af8+, Rg8; 43. Ah6++. Al ganar esta partida, establecí mi propia marca: en el torneo de candidatos de 1950 conseguí ganar las dos partidas a M. Najdorf; y,

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Diagrama núm. 136 Después de 41. Ac5

ahora, lograba este resultado frente a Reshevski. Cabe suponer, que ello me satisfizo, por cuanto estos dos ajedrecistas estaban considerados como los mejores de Occidente en aquellos años. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, Cc6; 13. dxc5, dxc5; 14. Cf1, Td8; 15. De2, Ch5; 16. a4, Tb8; 17. axb5, axb5; 18. g3, g6; 19. Rh2, Ae6; 20. Ce3, c4; 21. Td1, Txd1; 22. Dxd1, Td8; 23. De2, Dc8; 24. Cd5, Axd5; 25. exd5, Txd5; 26. b3, Cf6; 27. Cg5, Cd8; 28. bxc4, Dxc4; 29. Dxc4, bxc4; 30. Ta4, Cd7; 31. Txc4, Cc5; 32. Ce4, Cde6; 33. Cxc5, Cxc5; 34. Tb4, Cd3; 35. Tb8+, Rg7; 36. Ae3, e4; 37. Te8, Af6; 38. Tc8, Cxf2; 39. c4, Ta5; 40. Ab3, Ta3; 41. Ac5, Ae7; 42. Axa3, Axa3; 43. c5, e3; 44. c6, Ce4; 45. Te8, f5; 46. Ac4, Ad6; 47. c7, Axg3+; 48. Rg2, Axc7; 49. Te7+, Rf6; 50. Txc7, f4; 51. Rf3. Y las negras abandonaron.

UNA COMBINACIÓN DESCUBIERTA (Campeonato de Moscú, 1968) Y. Averbach jugó las negras El movimiento 17. …, g6; no me sorprendió. Durante la preparación para esta partida decidí diferir la respuesta clásica 18. Ce3, para el subsiguiente movimiento y situar primero el alfil en casilla h6.

Las negras dieron con un buen plan defensivo que empezó con 19. …, Af8. Averbach valoró acertadamente la posición, intuyó que podía defender sus casillas negras sin el alfil del rey; es cierto que esto re-

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Diagrama núm. 137 Después de 28. Cg4

quirió también la paradójica maniobra Cc6-Cd8-Cb7!. Así y todo, logré hallar un punto vulnerable y situar la torre en el escaque d7. Pero la acción de una torre solitaria tropezó con la barrera viviente de las piezas y los peones adversarios. A los aficionados a la combinación les ruego que atiendan al siguiente microepisodio de esta partida que sucedió entre bastidores: 28. …, Td8; 29. Cxf6, Txd2; 30. Ce8+, y se recupera la pérdida de la dama. Aunque Averbach descubrió mi combinación, hay que tener fe en ella, por cuanto la idea Cxf6 y Ce8+ puede ser muy útil en otras circunstancias, y por haberme ayudado a encaminar el juego a un final ventajoso. No pude ganar; pero confieso que si se me hubiera pedido jugar las negras en este final, no lo habría aceptado.

Se convino en que la partida quedaba en empate.

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, Cc6; 13. dxc5, dxc5; 14. a4, Tb8; 15. axb5, axb5; 16. Cf1, Td8; 17. De2, g6; 18. Ah6, Ae6; 19. Ce3, Af8; 20. Ag5, Ae7; 21. Ah6, Af8; 22. Axf8, Rxf8; 23. Cg5, Rg7; 24. Ted1, Txd1+; 25. Txd1, Cd8; 26. Dd2, Cb7; 27. Cxe6+, fxe6; 28. Cg4, Cxg4; 29. Dd7+, Dxd7; 30. Txd7+, Rf6; 31. hxg4, h6; 32. Rf1, c4; 33. Tc7, Cd6; 34. Td7, Tb6; 35. Re2, Ta6; 36. Rd2, Rg5; 37. Re3, Rf6; 38. g3, g5; 39. Rd2, Cf7; 40. Tb7, Cd6; 41. Tc7, Ta2; 42. Td7.

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MOVIMIENTOS CLÁSICOS (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1948) V. Alatortsev jugó las negras Hay diversos y eficaces movimientos defensivos para las negras. Unas veces elegimos uno que está de moda y otras buscamos en los rincones de la memoria una variante relegada al olvido. La 12. …, Cc6; aunque antigua, no está pasada de moda; durante muchos años, se la consideró como defensiva. Las blancas procuraban no situar sus caballos en las casillas g5 y f5, y las negras perdían el tiempo en hacer los movimientos profilácticos g6 y h6. Hoy día, los ajedrecistas saben que se debe jugar 16. …, c4; y, si sucede 17. Cg5, 17. …, h6; 18. Cxe6, fxe6; 19. b4, Cd4; y las negras ganan al modo de la partida Fischer – Jolmov, celebrada en 1965. Pero cuando ésta se jugó, la idea antedicha se hallaba en sus principios. Por ello, los dos oponentes imitaron el juego realizado en el encuentro Smislov – Euwe, perteneciente al campeonato del mundo de 1948, hasta el movimiento vigésimo primero; luego, nuestro camino se bifurcó. La conocida maniobra g4, Rh1 y Tg1 dio a las blancas posibilidades de atacar, las cuales no supe aprovechar. Aún cuando la partida era más favorable a las blancas que a las negras en el momento de diferir su terminación, aceptamos gustosamente el empate, pues ni mi contrin-

Diagrama núm. 138 Después de 16. De2

cante ni yo somos partidarios de hacer un análisis exhaustivo en casa. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, Cc6; 13. dxc5, dxc5; 14. Cf1, Ae6; 15. Ce3, Tad8; 16. De2, g6; 17. Cg5, Ac8; 18. Ad2, Rg7; 19. Tad1, h6; 20. Cf3, Ae6; 21. Ab1, Td7; 22. g4, Tfd8; 23. Rh1, Cg8; 24. Tg1, h5; 25. Ch2, Ca5; 26. b3, Cc6; 27. Cf3, Dc8; 28. Rh2, b4; 29. Cd5, Axd5; 30. exd5, Txd5; 31. Ae4, T5d6; 32. cxb4, Cd4; 33. Cxd4, exd4; 34. bxc5, Dxc5; 35. b4, Db6; 36. Tge1, Te6; 37. Dc4, Ad6+; 38. Rg2, Ce7; 39. Ad3, Ae5.

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Y se acordó dejarlo por empate.

¿CREACIÓN PROPIA O PLAGIO? (Campeonato de Ucrania, Kiev, 1940) S. Shujovitski jugó las negras El autor de estas líneas reprende con tanta frecuencia a los ajedrecistas jóvenes que puede causar la falsa impresión de que él nunca ha jugado haciendo uso de indicaciones y recetas ajenas. ¡Pide encarecidamente que se crea en sus palabras! Practicó toda suerte de variantes, así propias como ajenas; pero como en sus comienzos las propias y eficaces eran pocas, hubo de echar mano de las ajenas. En esta partida, el lector hallará una variante de apertura que no es de mi cosecha. A decir verdad, no sé dónde termina la variante de apertura y empieza la inspiración. Posiblemente empecé a moverme inducido por mi propio cerebro a eso del vigésimo quinto movimiento; hice resueltamente f4. ¿Me censuro este desvergonzado plagio? ¡¡No!! Pues la apertura española es así; en ella, todos jugamos igual cuando lo hacemos bien; por el contrario, no se producen dos partidas semejantes cuando jugamos mal. Por ejemplo: cuando voy al fondo no trato de buscar una tabla de salvación; posiblemente soy el único maestro que no sabe nadar entre los

Diagrama núm. 139 Después de 11. …, Dc7

“españoles”; es decir, entre los que practican la apertura española. Esta circunstancia se debe al sinnúmero de marbetes españoles que conservo en la memoria; siempre me parece haber visto tal o cual posición en alguna parte y estimado que es adversa a las negras… Para aquéllos que deseen verificar el propósito de las blancas en este encuentro, ofrezco la sutil variante 29. …, Ta7; 30. Ch6, Cxh6; 31. Dh5, Ag3; 32. Dxh6+, Rg8; 33. Dxf4!.

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1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, Cc6; 13. dxc5, dxc5; 14. Cf1, Td8; 15. De2, Ae6; 16. Ce3, h6; 17. g4, Af8; 18. g5, hxg5; 19. Cxg5, Ce7; 20. Cxe6, fxe6; 21. Cg4, Ch7; 22. Rh1, Rh8; 23. Tg1, Cg8; 24. Tg2, Ae7; 25. f4, exf4; 26. e5, g5; 27. Axf4, gxf4; 28. Axh7, Ah4; 29. Ae4, Ag3; 30. Axa8, Txa8; 31. Cf6, Df7; 32. Dh5+. Y las negras cesaron de oponer resistencia.

DOS EXAMENES (Campeonato de la URSS, Moscú, 1945) A. Konstantinopolski jugó las blancas Diagrama núm. 140 Después de 28. Cg2

En otoño de 1936 ingresé en el club de ajedrez infantil. Las normas de ingreso eran severas; cada examinado debía contestar a una serie de preguntas. Tuve la suerte de sacar una papeleta fácil. El examinador me miró severamente, y preguntó: ―¿Qué libros has leído? Me di cuenta de que se refería a los de ajedrez, y contesté sin vacilar: ―Lo que todo ajedrecista debe saber acerca de los finales, de Sozin. ―¡Perfectamente! Tú moverás un rey y yo el otro junto con un peón. Tú dirigirás la defensa y yo el ataque.

Puse mis cinco sentidos en ello; tanto, que contuve la respiración, y me parece que los que nos

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rodeaban también contuvieron la suya. Pasé la prueba. El examinador se sonrió, y dijo: ―Muy bien; mañana, puedes empezar; pero sé puntual. Aliviado, suspiré profundamente. Al cabo de diez años, pasé la segunda prueba, pero en una complicada variante de la apertura española; mi examinador no era otro que Alejandro Markovich Konstantinopolski. Salí airoso de ella. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, 0-0; 8. c3, d6; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, Cc6; 13. d5, Cd8; 14. Cf1, Ce8; 15. a4, Tb8; 16. axb5, axb5; 17. c4, b4; 18. g4, g6; 19. Cg3, Cg7; 20. Rh2, f6; 21. Tg1, Rh8; 22. b3, Cf7; 23. De2, Ad7; 24. Ab2, Ta8; 25. Taf1, Tg8; 26. Ab1, Taf8; 27. Ce1, Dc8; 28. Cg2, Te8; 29. Ce3, Ad8; 30. Tg2, Dc7; 31. Th1, Ac8; 32. Rg1, Tgf8; 33. Rf1, Ch6; 34. Re1, Cf7; 35. Rd1, Tg8; 36. Thg1, Cg5; 37. Th1, Cf7; 38. f3, Tef8; 39. h4, Ch6; 40. Ac1, Cf7. Tablas.

UNA CELADA EVIDENTE (Semifinal del campeonato de la URSS, Bakú, 1944) V. Panov jugó las negras Las negras aceptaron sin ninguna clase de reparo el sacrificio del peón, lo cual, como se vio comprobado, debe atribuirse a una valo-

ración efectiva de todas las posibilidades que pudiese ofrecer la posición.

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Diagrama núm. 141 Después de 14. …, Tac8

El ataque de las blancas culminó al hacer 28. Axf7+; pero el rey no tomó el alfil, sino que oportunamente se retiró a la esquina del tablero, disminuyó la intensidad ofensiva, y la partida derivó al empate. ¡A pesar de ello, este encuentro fue interesante! El movimiento 26. Cg4, estuvo relacionado con la evidente celada 26. …, Cxg4; 27. Axd5, Dxb2; 28. Axf7+, 29. Rxf7; 29. Dd5+, Rg6; 30. hxg4, y el mate es inevitable; pero, como se ha dicho, el rey negro se retiró a la esquina del tablero sin comer la pieza que le daba jaque. Con todo, las posiciones son a menudo tan complicadas que en ellas siempre se puede encontrar algo nuevo. Basta mirar el tablero desde otro ángulo para descubrir muchas combinaciones veladas. Por tanto, el lector puede analizar esta partida y aplicar, junto con sus conocimientos, las combinaciones que halle en ella. Posiblemente haya quienes sometan a crítica el movimiento 20. b3, y prefieran el 20. d5. Conocido el curso de la partida, es fácil ver los pros y los contras; pero resultaba más difícil tomar una resolución cuando se jugó; además uno tenía menos experiencia en el juego, y es lógico que quisiese abrir la vertical c y la diagonal a2-g8.

bxc4; 17. Ad2, Tfe8; 18. Ac3, Af8; 19. Tc1, Ac6; 20. b3, cxb3; 21. Axb3, Axe4; 22. dxe5, dxe5; 23. Ab2, Db7; 24. Txc8, Txc8; 25. Cxe5, Ad5; 26. Cg4, Cxg4; 27. Axd5, Dxb2; 28. Axf7+, Rh8; 29. Dxg4, Tc7. Se dejó por tablas.

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, Ad7; 13. Cf1, cxd4; 14. cxd4, Tac8; 15. Ce3, Cc4; 16. Cxc4,

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¿QUÉ SUCEDE CON LAS COMPETICIONES INDIVIDUALES? (Campeonato de Moscú, 1946) V. Panov jugó las negras Esta suerte de competiciones ya no está de moda; recuerdo muchas de ellas. Una se celebró en Moscú el año 1936; compitieron L. Steiner y Panov, conocido por caballero del ataque. Desde entonces sé que Panov juega con maestría la apertura española, ya sea con las blancas o las negras. En esta confrontación se repitieron, hasta el décimo sexto, los movimientos de la partida Berlinski – Panov. Tras lo cual fijé la atención en la maniobra 16. dxe5, Cxe4; 17. Cg3, f5; 18. exf6a.p., Cxf6; 19. Cg5, asaltando la casilla e6 con el caballo. ¿Por qué Panov atrae por segunda vez al contrincante a esta posición? Porque él no tiene necesidad de tomar el peón f6 con el caballo. Las negras pueden conseguir un contrajuego eficaz con 18. …, Axf6. Me sorprendió cuando hicieron 17. …, Tfd8; en vez de 17. …, f5. Al finalizar la partida, le pregunté: ―¿Por qué no ha hecho usted 17. ..., f5? A lo que contestó: ―No me ha gustado la variante 18. exf6a.p., Cxf6; 19. Cg5. ―Lo comprendo; pero usted podía haber sacrificado un peón. Posteriormente, esta variante ha formado parte del arsenal de los maestros.

Diagrama núm. 142 Después de 14. …, Tac8

Transcurrido un año de este encuentro, el propio Panov jugó las negras en una partida con Ravinski y venció brillantemente con esta variante y, al parecer, con ayuda de la mordaz jugada 18. …, Axf6!. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, Ab7; 13. Cf1, cxd4; 14. cxd4, Tac8; 15. Ad3, d5; 16. dxe5, Cxe4; 17. Cg3, Tfd8; 18. De2, Ab4; 19. Tf1, Dc6; 20. Cg5, Cxg5; 21. Axg5, Te8; 22. Dg4, Af8; 23. Tac1, Db6; 24. Ch5, Txc1; 25. Txc1, De6; 26. Af5, Dxe5; 27. Cf6+, Rh8; 28. f4,

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De2; 29. Cxe8, Dxe8; 30. Dh4, h6; 31. Te1, Dc6; 32. Ae7, Ac8; 33. Axc8, Dxc8; 34. Axf8, Dxf8; 35. De7, Rg8; 36. Dd7, Dc5+; 37. Rh2, Cc4; 38. Te8+, Rh7; 39. Df5+. Las negras abandonaron.

¿LÓPEZ O KERES? (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1949) P. Keres jugó las negras ¿Por qué las negras sitúan primero la dama en la vertical c, y después la abren como si invitasen al adversario a atacar contra esa pieza? Dudo que se pueda dar una respuesta concreta a esa pregunta. Los movimientos cxd4 y Ab7 de las negras es uno de los muchos experimentos que Keres comprueba frecuentemente en los torneos importantes. Y aun cuando este orden de movimientos no arraigó en la práctica de este gran maestro, la constante verificación del Ab7 dio impulso a la elaboración de otras ideas más eficaces. En el ajedrez, siempre ha sucedido así: los movimientos parecen tener semejanza unos con otros; pero su idea es siempre nueva. Veamos, por ejemplo, las partidas de M. Lasker – E. Lasker y G. Maroczi – R. Reti, pertenecientes al torneo de Nueva York celebrado el año 1924. Allí se hizo la variante 12. …, Ad7; 13. Cf1, cxd4; 14. cxd4, Tfc8; que se asemeja a la presente con la diferencia de que hoy día la torre de la da-

Diagrama núm. 143 Después de 14. .., Ac8

ma y no la del rey, se sitúa en el escaque c8. Pero entonces también había diversidad de opiniones acerca de la mejor respuesta de las blancas. M. Lasker contestó con 15. Te2, y Maroczi con 15. Ad3. Si una de las comisiones permanentes de la FIDE decidiese cambiar de denominación algunas aperturas y variantes, lo primero que tendría que hacer sería dar el nom-

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bre de “juego de Keres” a la apertura Ruy López, por cuanto es incalculable la aportación del gran maestro estoniano a la teoría de esta apertura. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, cxd4; 13. cxd4, Ab7; 14. d5, Ac8; 15. Cf1, Ad7; 16. C3h2, Tfc8; 17. Ad3, Cb7; 18. b4, a5; 19. Ad2, axb4; 20. Axb4, Cc5; 21. a3, Da7; 22. Cg3, Ad8; 23. Af1, Aa5; 24. Df3, Db6; 25. Cg4, Cxg4; 26. hxg4, g6; 27. Tab1, Dd8; 28. De3, Dh4; 29. Ae2, Axg4; 30. Axb5, Ab6; 31. Ac6, Tab8; 32. Ad2, Ad7; 33. Axd7, Cxd7; 34. Dd3, Ad4; 35. Ae3, Cc5; 36. Dc2, Axe3; 37. Txe3, Txb1+; 38. Dxb1, Dd8; 39. Cf1, Tb8; 40. Dc2, Ta8; 41. Cd2. Se convino en que eran tablas.

¿UNA NOVEDAD? (Campeonato de la URSS, Moscú, 1949) E. Geller jugó las negras En un manual de aperturas leí que el movimiento 15. Tb1, era una novedad preparada especialmente por Bronstein para su decisivo encuentro con Geller. Esto no es cierto. Unos días antes hice b4 en una partida con Keres; pero no pude mantener este peón en la casilla b4, por no haberme preparado para rechazar el movimiento a5 negro.

Desde luego, corregí el error. Si Geller hubiera analizado anteriormente mis partidas pertenecientes a este torneo, habría visto el movimiento 15. Tb1 en ellas. Este encuentro representó un papel importante en la distribución de las medallas de oro, plata y bronce; los acontecimientos decisivos se desarrollaron en la última vuelta de la competición.

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No participé en la lucha final; pero en el escenario de la Casa de los Sindicatos, y cerca de nosotros, luchaban tenazmente Petrosian y Keres, que igualaban a Geller en el número de puntos. En lo que respecta a esta partida, el cambio de los peones b5 negro y f2 blanco inclinó el fiel de la balanza al lado de las blancas. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, 0-0; 8. c3, d6; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, cxd4; 13. cxd4, Ab7; 14. d5, Ac8; 15. Tb1, Ad7; 16. Ad3, Tfc8; 17. Cf1, Ad8; 18. Cg3, Da7; 19. Tf1, Ce8; 20. Rh1, Cb7; 21. b4, a5; 22. a3, axb4; 23. axb4, Ae7; 24. Ce2, Ad8; 25. Ad2, Ab6; 26. Cc3, Axf2; 27. Cxb5, Db6; 28. De2, Ag3; 29. Ae3, Dd8; 30. Ca7, Tc3; 31. Dd2, Ta3; 32. Cc6, Df6; 33. Cfxe5, Axe5; 34. Txf6, Axf6; 35. Ac4, Tc3; 36. e5, Txc4; 37. exf6, Cxf6; 38. Ad4, Axc6; 39. dxc6, Txc6; 40. Dg5, d5; 41. Tf1, h6; 42. Dg3, Ce8; 43. De5, Td8; 44. Dh5, Cf6; 45. Axf6, Txf6; 46. Txf6, gxf6; 47. Df3, Td6; 48. Dg4+, Rh7; 49. Dc8, Tb6; 50. Dc7. Las negras cesaron de resistirse

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Diagrama núm. 144 Después de 15. Tb1


UN PUNTO EXPERIMENTAL (Campeonato de la Unión Soviética, Bakú, 1961) A. Jasin jugó las blancas No se puede llevar oculta la leña en un saco; prefiero jugar la apertura española con las blancas. No obstante, algunas veces tiene uno que transformarse y, con el fin de “apoyar” el ataque de las blancas, hacer variantes nuevas con las negras. En esta suerte de partidas experimentales siempre he perdido, a excepción de algunos empates. En resumen, hacer experimentos en un torneo cuesta un punto. ¡No se aprende gratis! La idea de la variante elegida en este encuentro consiste en ganar un tiempo a costa de privarse del movimiento Dc7. La torre en el escaque c8 y el alfil en el b7 forzaron al peón blanco a situarse en la casilla d5; pero, ¿reportó esto alguna ventaja a las negras? ¿No resultó que con ello desvelaron su plan de ataque al adversario? A más de esto, la dama hubo de situarse en el punto c7, y las negras, evidentemente, no consiguieron nada con su insidioso movimiento Tc8. Menos mal que la partida acabó en tablas; de esa manera, pude recuperar la mitad del punto que iba a costarme este experimento. Puede que las blancas se precipitasen con el ficticio sacrificio de calidad en la casilla b7, pues no

Diagrama núm. 145 Después de 13. …, Tc8

pudieron excusarse de restituir la ganancia de un peón. Sin embargo, tras el movimiento Ad8 de las negras, este alfil fue la pieza más eficaz en la búsqueda de alguna ventaja; pero Jasin decidió no esperar más y entregó la calidad antedicha. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0, 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, cxd4; 12. cxd4, Ab7; 13. Cbd2, Tc8; 14. d5, Dc7; 15. Ab1, Ch5; 16. Cf1, g6; 17. Ah6, Tfe8; 18. Ce3, Cc4; 19. Cxc4, Dxc4; 20. a4, bxa4; 21. Txa4, Db5; 22. Ta3, Tc7; 23. Tb3, Dd7; 24. Dd2, Ta8; 25. g4, Cf6; 26. Ch2, Tac8; 27. Ad3, Ad8; 28. Txb7,

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Txb7; 29. Axa6, Tcb8; 30. Axb7, Dxb7; 31. Te2, Cd7; 32. Ae3, Ab6; 33. Rg2, Axe3; 34. Dxe3, Db3; 35. Dxb3, Txb3. Se acordó que eran tablas

LA MALA SUERTE DE UN IMPROVISADOR (Torneo internacional, Krems, 1967) B. Unzicker jugó las blancas Este maestro jugó un encuentro de ocho partidas con Keres; en todas ellas se hizo la apertura española sin acuerdo previo. Yo también quise probar mis fuerzas en esta suerte de apertura, no obstante saber que me metía en un asunto que ofrecía pocas perspectivas, pues las tres cuartas partes de las páginas de todo manual de aperturas hablan de ella. Con todo, abrigué la esperanza de dar con una idea genial; pero el tictac me lo impidió, por más que medité. Di un profundo suspiro y efectué el siguiente movimiento recomendado por la teoría. No sé cuánto se prolongó mi tormento artístico; pero lo cierto es que al término de la segunda docena de movimientos clásicos mi oponente dio de lado a las recomendaciones comunes y, con el movimiento De2, empezó un ataque directo contra los peones del flanco de la dama. A no tener uno tanta experiencia en la apertura española, seguro que habría perdido este encuentro. Unzicker se sorprendió cuando las negras contestaron indolente y despreocupadamente a la habitual

Diagrama núm. 146 Después de 15. …, Tfe8

maniobra Cg3-Cf1-Ce3-Cd5 con la Cd7-Cf6-Ch5-Cf4. ¿Por qué las negras perdieron el tiempo en hacer a5 y b4? ¡Porque estos dos movimientos fraguaron simultáneamente los dos flancos! A más de esto, el dominio del escaque c3 les aseguraba una posición sólida. La jugada b4 motivó la 30. …, f6!.

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1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, cxd4; 13. cxd4, Ab7; 14. Cf1, Tac8; 15. Ab1, Tfe8; 16. Cg3, Af8; 17. b3, Cc6; 18. Ab2, g6; 19. Dd2, Ag7; 20. Ad3, Cd7; 21. Tad1, Ted8; 22. Ab1, a5; 23. Cf1, Cf6; 24. De2, b4; 25. dxe5, dxe5; 26. Ce3, Ch5; 27. Cd5, Cf4; 28. Cxf4, exf4; 29. Axg7, Rxg7; 30. Db2+, f6; 31. Tc1, Dd6. Tablas.

DUELO ENTRE UN CABALLO Y UN PEÓN (Torneo para maestros y grandes maestros, Moscú, 1967) L. Schamkovich jugó las blancas ¿Puede preverse el resultado de este desafío? Depende; un caballo activo es más poderoso que un peón inactivo y viceversa. Para convencerse de ello basta situar un peón blanco en la casilla a2 y un caballo negro en la h1, que, como muevan las blancas y hagan a4, no se podrá detener la marcha del peón. En este encuentro, el duelo entre el caballo y el peón fue muy enconado; hubo que vigilar atentamente el “inofensivo” movimiento b3 blanco. Si las negras no hubiesen abierto la vertical c, el mal habría sido menor, pues cualquier ataque contra el peón b5 negro se rechazaba con c4; pero como este peón había desaparecido, hubo que defen-

Diagrama núm. 147 Después de 15. Ab1

derlo con el caballo. ¿Era necesario situar el rey blanco en h2 si, por el momento, las negras no llevaban intención de sacrificar en el escaque

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h3? En efecto; el rey no se situó allí para defender el peón, sino para alejarse del posible jaque que el caballo podía darle en la casilla e2, por medio de la variante 19. …, Dxc1!; 20. Dxc1, Txc1; 21. Txc1, Ce2+. Digan lo que digan los aficionados a la apertura española, a mí me gusta más jugar las blancas, por cuanto brindan mayores posibilidades de atacar y de hacerse con la iniciativa. En cambio, las negras… 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, 0-0; 8. c3, d6; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, cxd4; 13. cxd4, Ab7; 14. Cf1, Tac8; 15. Ab1, Ch5; 16. Ce3, Tfe8; 17. Cf5, Af8; 18. d5, Cf4; 19. Rh2, g6; 20. Ce3, Cc4; 21. Cxc4, Dxc4; 22. g3, Ch5; 23. Ad3, Dc7; 24. Ae3, Cf6; 25. Cd2, Cd7; 26. Tc1, Da5; 27. a3, Txc1; 28. Dxc1, Tc8; 29. Db1, Ae7; 30. Tc1, Dd8; 31. b4, Txc1; 32. Dxc1, Dc8; 33. Dxc8+, Axc8; 34. Cb3, Ad8; 35. f4, Rg7; 36. Rg2, f5; 37. exf5, Ab7; 38. Cd2, Axd5+; 39. Rf2, exf4; 40. Axf4, Ce5; 41. Axe5+, dxe5; 42. fxg6, hxg6; 43. Ae4, Ae6; 44. Ab7. Se dejó por empate.

¿DÓNDE ESTABA EL QUID? (Torneo de candidatos, Amsterdam, 1956) P. Keres jugó las negras La confección de este libro me recordó el trabajo de los arqueólogos.

En las viejas estratificaciones hay que buscar no sólo las partidas convenientes a lo que se pretende

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Diagrama núm. 148 Después de 36. …, a4

demostrar, sino también los motivos que indujeron a hacer tales o cuales movimientos en el tablero. En la posición que refleja el diagrama invertí dos horas meditando silenciosamente sobre los movimientos b4 blanco y a4 negro. Lo curioso es que dejé de atender al peón negro y empecé a… no moverme del sitio. De súbito recordé que el movimiento 36. b4, era acertado; pero, tras a4, temí hacer la variante 37. Tc6, Axc6; 38. dxc6, Cd8; 39. b5, Cxc6; 40. bxc6, Txc6; y no cabe pensar en una victoria. El quid de la combinación estaba en el inofensivo movimiento 40. Cb6, que forzaba a responder con 40. …, Tcc7. Seguidamente, las blancas cambian el curso del ataque; es decir, hacen 41. Cd5, y, a dondequiera que se retire la dama, sucede 42. b6. Hoy día, esta circunstancia no me inquieta; pero entonces me amargó mucho, pues aunque sin terminar, me eran favorables las partidas con Panno y con Philip, y tenía posibilidad de adelantar un punto. Luego, quién sabe hasta dónde se habría llegado…

Cc1, Dg5; 30. Tg3, De7; 31. Ce2, Cxe2+; 32. Dxe2, Td8; 33. Ta3, Ad7; 34. De3, Tc8; 35. Ad3, Ae8; 36. b4, a4; 37. Rh2, Taa8; 38. Ae2, Tc7; 39. b5, Dd8; 40. Ta2, Rg7; 41. Tc6, Tb8; 42. Td2, h5; 43. Td1, Rg8; 44. Rg1, Rh7; 45. Da3, De7; 46. Dxa4, Cc5; 47. Dc2, Axc6; 48. dxc6, Txb5; 49. Cxd6, Tb6; 50. Ab5, Ce6; 51. Aa4, Cd4; 52. Dc5, Tbxc6; 53. Axc6, Txc6. Y las blancas se rindieron.

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0, 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, cxd4; 13. cxd4, Cc6; 14. Cb3, Ab7; 15. Ag5, h6; 16. Ah4, Ch5; 17. d5, Cd8; 18. Axe7, Dxe7; 19. Cfd4, Cf4; 20. Cf5, Df6; 21. Te3, Rh7; 22. a4, bxa4; 23. Txa4, Ac8; 24. Tb4, Cb7; 25. Tc3, g6; 26. Ce3, a5; 27. Tb6, Te8; 28. Cc4, Ta7; 29.

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UN REY AUDAZ (Semifinal del campeonato de la URSS, Leningrado, 1947) V. Zagorski jugó las negras Zagorski, gran maestro y ex campeón del mundo en competiciones por correspondencia, todavía no había encontrado su sitio en el ajedrez por aquellos años. Este encuentro fue rápido y tenso; por tanto, no es de extrañar que se produjesen unas tablas. El intento de las blancas de situar la dama en el punto g5 encontró una tenaz resistencia por parte de las negras; y así, tuvieron que virar bruscamente hacia la casilla a5. Puesto que en mi colección no hay un sistema defensivo integrado por los movimientos 3. …, a6; 4. Aa4, f5!; cabe imaginar el esfuerzo que hizo Zagorski para rehabilitar esta olvidada página de la historia del ajedrez. Gracias a sus análisis y a los éxitos prácticos del sistema 3. …, a6; y 4. …, f5; bien podría llamarse defensa Zagorski. En ella, lo esencial es el movimiento c5, después de 5. d4, Cxd4; 6. Cxd4, exd4; 7. Dxd4, por cuanto la posición de las negras no es peor que la de las blancas en la fase final que se produce luego de 8. De5+, De7; 9. Dxe7+, Rxe7. Este ejemplo muestra que siempre se puede hallar algo nuevo casi en cada variante de las que se insertan en los libros. Y al descubrirse algo nuevo en una posición se plantean inevitablemente nuevos

Diagrama núm. 149 Después de 14. …, Tfc8

problemas en centenares e incluso miles de posiciones complejas. Lo mismo ocurre con la defensa 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, f5; tras lo cual ya nadie trata de sacar ventaja de la variante 5. d4, exd4; 6. Cxd4. ¡Por lo visto, se ha creído en Zagorski! En cambio, se prosigue excavando en la variante de gambito 6. e5, Ac5; 7. c3, dxc3; 8. Cxc3, donde las negras están en peor posición. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, Ad7; 13. Cf1, Cc4; 14. Cg3, Tfc8; 15. dxe5, dxe5; 16. Cf5,

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Af8; 17. b3, Cb6; 18. c4, bxc4; 19. Ab2, Te8; 20. Dd2, cxb3; 21. axb3, c4; 22. Da5, Dc5; 23. Dxc5, Axc5. Se dejó en tablas.

LA ESFERA DE LAS VALORACIONES EXACTAS (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1949) P. Keres jugó las negras Lo más sorprendente de esta difícil partida, es haberla realizado tras una serie de siete partidas en las que no hizo sino tablas. Al parecer, empleé todas mis energías en ella ¿Es lógico su resultado deportivo? ¿No hay partidas, torneos y competiciones individuales en que se puede contestar afirmativamente a esta pregunta? En una confrontación de dos ajedrecistas, cuyas fuerzas están equilibradas, el resultado de la contienda depende de miles de pequeños factores, cuya existencia frecuentemente desconocemos. Todo lo que el crítico puede hacer, y aquí intervengo en calidad de tal, es señalar el último error que ha causado la catástrofe. Tanto más cuanto que el error de las negras es evidente, y consiste en el movimiento 31. …, Txc1? Si no hubiesen cometido éste, ¿hay garantía de que no habrían cometido otro u otros? Y las blancas, ¿no cometieron ninguno? Por ejemplo: éstas podían haber sustituido 30. Af5, por 30. Txc8, Txc8; 31. Dd5, Rxh7; 32.

Diagrama núm. 150 Después de 13. …, Cc4

Dh4+!, y ¿puede asegurarse cómo habrían procedido las negras? Las jugadas e5, e6 y e7 de las blancas fueron una temeridad, motivada por la circunstancia de que la posición había rebasado el límite de la esfera de las valoraciones exactas, lo cual no es del agrado de Keres, que está seguro de su capacidad para calcular cualquier número de variantes. ¡Pero a veces son tantas…! ¿Y en qué rincón del cerebro guardar las que ya se han calculado?

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1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, 0-0; 8. c3, d6; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, Ad7; 13. Cf1, Cc4; 14. Cg3, Tfc8; 15. Ad3, Cb6; 16. Ch4, Af8; 17. f4, cxd4; 18. cxd4, exd4; 19. Cf3, Cc4; 20. De2, b4; 21. e5, dxe5; 22. fxe5, Ab5; 23. Ag5, Ce8; 24. Tac1, Da7; 25. e6, f6; 26. e7, Dxe7; 27. Axh7+, Rh8; 28. Dd1, Ce3; 29. Axe3, dxe3; 30. Af5, e2; 31. Dd4, Txc1; 32. Dh4+, Rg8; 33. Dh7+, Rf7; 34. Dh5+, Rg8; 35. Ah7+. Y las negras se retiraron.

EMOCIONES POLARES (Campeonato de Moscú, 1956) G. Uusi jugó las negras Las negras intentaron abrirse paso con el caballo de la dama hacia el punto c3 adversario, lo que no deja de tener interés; pero las blancas pudieron organizar sus fuerzas para rechazarlo. La entrega de un peón, un caballo, un alfil u otra pieza produce cierta alegría al iniciador de tal operación y una sensación desagradable al jefe del ejército que es la “víctima”. ¿Por qué decimos la “víctima”? ¿Es que todo sacrificio no lleva a la victoria? ¡No! Pero es cierto que quien entrega material experimenta siempre emociones positivas, y negativas para quien se ve forzado a aceptarlo. Lo dicho hasta aquí alude

sólo a los breves arrebatos emotivos; pero cuando el resultado desfavorable de un encuentro aparece en el tablero de los resultados, entonces la emoción negativa puede perdurar mucho tiempo en el ánimo de uno. Por ello, cuando se acepta una entrega de material dudosa téngase presentes las emociones de larga duración y sígase el ejemplo de T. Petrosian: sus emociones son más estables porque a menudo se sostienen de los sacrificios ajenos. A mí tampoco me gusta sacrificar al buen tuntún. Se dice que Bladimirov Pavlovich Simagin dijo de mí en una ocasión: “¿Quién ha dicho que se le encuentra entre los ajedrecistas que

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Diagrama núm. 151 Después de 32. …, Rxg5

practican la combinación? ¡Todas sus entregas de material son peligrosas, si se aceptan!” 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, Ad7; 13. Cf1, Tfe8; 14. Cg3, g6; 15. Ah6, Cc4; 16. b3, Ca3; 17. Ad3, cxd4; 18. cxd4, b4; 19. Tc1, Db8; 20. Dd2, Cb5; 21. Ac4, Ca3; 22. Ad5, Cxd5; 23. exd5, f6; 24. dxe5, dxe5; 25. Ce4, Af5; 26. d6, Axe4; 27. dxe7, Axf3; 28. Dd7, Rf7; 29. gxf3, Db5; 30. Tc6, Txe7; 31. Txf6+, Rxf6; 32. Ag5+, Rxg5; 33. Dxe7+. Las negras se entregaron.

UNAS TABLAS DADAS A CRÉDITO (Olimpiada de Moscú, 1956) B. Ivkov jugó las negras La variante Ad7 y la Tfe8 de las negras se conoce por el nombre de “muro yugoslavo”, según mi fichero de aperturas. Al parecer, nada contradice que esta sólida defensa haya sido ideada por Smislov, aunque todos sus detalles fueron elaborados por los ajedrecistas yugoslavos. ¿Qué sucedió en esta partida? Las blancas lograron cambiar los alfiles de casillas negras; de esa manera, frenaron la iniciativa de las negras en el flanco de la dama y prepararon el avance f4.

Pero, así que el juego se abrió y fue el momento oportuno para atacar con el peón del rey, las blancas se retrasaron y aceptaron el empate propuesto por el contrincante. ¿Por qué? Porque la competición tocaba a su fin; el resultado era +1 -2 = 2, y no podía arriesgarme de ninguna manera. Además, ¿se puede atacar sin correr riesgo? Se dice, acertadamente, que las buenas acciones se pagan con creces. Al cabo de ocho años, en Belgrado, desarrollé al azar la apertura; me encontré en una situación

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difícil, y Bora Ivkov me propuso… dejarlo en tablas. En un artículo dedicado a los resultados del torneo celebrado en la capital yugoslava, el gran maestro Korchnoi trató de establecer las causas de tan inesperada resolución tomada por Ivkov, para lo cual analizó detalladamente la partida; al no conseguirlo, lo atribuyó al carácter sumamente pacífico de éste. Pero lo que Korchnoi desconocía eran las palabras que el maestro yugoslavo pronunció al darnos la mano: ―¿Recuerda que en Moscú le pedí que dejásemos la partida en tablas?

Diagrama núm. 152 Después de 13. …, Tfe8

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, Ad7; 13. Cf1, Tfe8; 14. Cg3, g6; 15. Ah6, Af8; 16. Axf8, Rxf8; 17. Dd2, Rg7; 18. Tad1, Ae6; 19. Ab1, Cg8; 20. Cg5, Ac8; 21. Tf1, f6; 22. Cf3, Ae6; 23. Ch2, Ac4; 24. Tfe1, Af7; 25. Cg4, Cc4; 26. De2, exd4; 27. cxd4, cxd4. Se dejó por tablas.

LAS GRANDES MANIOBRAS (Encuentro Yugoslavia – Unión Soviética, Leningrado, 1957) S. Gligoric jugó las negras El juego de las negras es ejemplar en este difícil sistema de defensa. Tras muchos años de profundizar en la apertura española, Gligoric ha encontrado múltiples recursos defensivos para las negras. Ob-

sérvese cómo se encamina remisamente el alfil e7 hacia la casilla g7, donde estará más seguro, y cómo realiza el caballo de la dama la inesperada maniobra Cc6-Cd8-Ce6Cf8-Ch7.

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Ríndase respecto al otro alfil, cuyos reposados movimientos Ac8Ad7-Ac8-Ad7-Ae8-Ad7-Ag4 pueden impresionar al ajedrecista más sereno. Gligoric invirtió mucho tiempo en meditar sobre el movimiento cuadragésimo primero. Al parecer, le dolía desprenderse del alfil. También es digna de encomio la actuación de sus torres, que en todo momento estuvieron dispuestas para defender los puntos débiles de la posición. La dama negra fue la única pieza que permaneció inmóvil en el escaque c7. A la luz de esta circunstancia, no se negará que este escaque es una posición ideal para la dama. Mientras tanto, la blanca no dio con una casilla conveniente para ella. A partir del movimiento décimonono empezó a vacilar y cambió de postura dos veces en lo que quedó de partida. ¡Éste es el resultado de las grandes maniobras!

Diagrama núm. 153 Después de 21. …, Ac8

Se acordó dejarlo por empate.

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, Ad7; 13. Cf1, Tfe8; 14. Cg3, g6; 15. Ad3, Af8; 16. Ag5, Ag7; 17. Tc1, Cc6; 18. Ab1, Cd8; 19. Dd2, Ce6; 20. Ae3, Tad8; 21. Tcd1, Ac8; 22. d5, Cf8; 23. Ag5, h5; 24. c4, C8h7; 25. Ae3, b4; 26. Ac2, Ad7; 27. Ta1, a5; 28. Dd1, Ta8; 29. a3, Teb8; 30. Ad2, Ae8; 31. Cf1, Cd7; 32. a4, Cb6; 33. b3, Ad7; 34. Cg5, Cxg5; 35. Axg5, Tf8; 36. h4, Ag4; 37. Dd2, Tae8; 38. Cg3, Cc8; 39. Tf1, Ce7; 40. Tae1, Rh7; 41. Ad1, Axd1.

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LA PÉRDIDA DEL PEÓN DEL REY (Torneo en memoria de Alekhine, Moscú, 1956) S. Gligoric jugó las negras Diagrama núm. 154 Después de 24. …, dxe5

Este libro abarca una parte ínfima de las varias posiciones; particularmente de las que se producen después de 1. e4, e5. El peón del rey es la unidad más importante en la apertura; unas veces se sacrifica para apoyar el ataque, y otras se pierde inútilmente; en tal caso, las cosas se ponen feas para aquel que lo ha perdido. Esto ocurrió en esta partida cuando inesperadamente tomé el peón e5 negro con el caballo; lo demás fue cuestión de técnica. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, Ad7; 13. Cf1, Tfe8; 14. Ce3, g6; 15. b4, cxb4; 16. cxb4, Cc4; 17. Cxc4, bxc4; 18. Ad2, c3; 19. Ah6, a5; 20. bxa5, Af8; 21. Axf8, Txf8; 22. Ab3, Ta6; 23. Dd3, Dxa5; 24. dxe5, dxe5; 25. Cxe5, Ae6; 26. Cc4, Db4; 27. Tac1, Tc6; 28. Txc3, Tfc8; 29. Tec1, Cd7; 30. T3c2, Cc5; 31. Dc3, Dxc3; 32. Txc3, Cxe4; 33. T3c2, Tb8; 34. Ca5, Txc2; 35. Txc2, Axb3; 36. Cxb3, Ta8; 37. f3, Cf6; 38. Td2, h5; 39. Rf2, Ta4; 40. Cc1, Rg7; 41. Re3, g5; 42. Td4, Ta3+; 43. Td3, Ta5; 44. Rd4, Cd7; 45. Td2, Rf6; 46. Ce2, Ce5; 47. Cc3, Rf5; 48. Tb2, h4; 49. Tb3, Cc6+; 50. Re3, Te5+; 51. Ce4, Ta5; 52. Tb5+, Txb5; 53. Cd6+, Re5; 54. Cxb5, Cb4; 55. Cc3, f5; 56. a4, Cc2+; 57.

Rd2, Cd4; 58. Ce2, Cc6; 59. Rd3, Rd5; 60. Rc3, Rc5; 61. Cc1, Rd5; 62. Cd3, Ca5; 63. Cb4+, Re5; 64. Cd3+, Rd5; 65. Cb2, Rc5; 66. Rd3, Rd5; 67. Re3, Cc6; 68. Cd3, Ca5; 69. f4, g4; 70. Ce5, g3; 71. Rd3, Cb3; 72. Cf3, Cc5+; 73. Re3, Cxa4; 74. Cd4, Cb2; 75. Cxf5, Cc4+; 76. Rf3, Cd2+; 77. Rg4, Re4; 78. Cxh4, Cf1; 79. Cf5. Las negras cesaron de oponer resistencia.

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EL ESPACIO CERRADO (Torneo internacional, Beverwik, 1963) T. van Sgelting jugó las negras Esta partida ofrece a todo aficionado a clasificar variantes la interesante idea de las negras consistente en “librarse” del alfil de escaques negros, con objeto de no tener que preocuparse por su suerte si se producen cadenas de peones cerradas. Centenares y aún miles de partidas jugadas con el ataque español muestran que las cadenas de peones blancos se disponen en los escaques de color distinto a las del alfil antedicho, para que se encuentre en un espacio cerrado por sus peones propios. Para evitarle tan amargo destino, el experimentado maestro holandés provocó el cambio de los alfiles de casillas negras; en ello invirtió tres tiempos o, lo que es lo mismo, el valor normal de una pieza en las posiciones abiertas. En ocasiones, esto se puede hacer demorando la evolución de la partida. En este encuentro sucedió lo siguiente: mientras las negras se preparaban para una lucha de trincheras, el juego se animó inesperadamente. Ante las amenazas de Axc4, d5 y la pérdida del peón c4, las negras se vieron forzadas a eliminar el peón de la dama blanca; el centro se abrió, y se produjo una brecha en el punto d6 de ellas; punto que no

Diagrama núm. 155 Después de 17. Ab3

pudieron defender por faltarles el alfil del rey. Las blancas llevan parte de culpa en el curso de estos acontecimientos, pues, si uno vio que su alfil de escaques negros iba a ser cambiado, ¿por qué no abrir el centro? 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Dc7; 12. Cbd2, h6; 13. Cf1, Cc4; 14. Cg3, Te8; 15. Ch4, Ch7; 16. Chf5, Ag5; 17. Ab3, exd4; 18. cxd4, cxd4; 19. Axg5, Cxg5; 20. Axc4, bxc4; 21. Dxd4, Axf5; 22. Cxf5, Ce6; 23. Dxd6, Db7; 24. Dg3, Ted8; 25.

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Cxh6+, Rh7; 26. Cf5, Dxb2; 27. Dh4+, Rg8; 28. Ce7+. Las negras abandonaron el juego.

UN PEÓN PROGRAMADO (Torneo internacional, Moscú, 1962) L. Schamkovich jugó las blancas Se dice que no hay dos partidas iguales en toda la historia del ajedrez. Esta afirmación es cierta. Pues tales no sólo constan de movimientos, sino también de la intervención del hombre, y el carácter del hombre es diverso. Por ejemplo: si dos maestros hacen dos partidas iguales en el transcurso del día, ambas tendrán inevitablemente signos distintos, como tiempo, edad, influencia psicológica de la partida anterior, etc. Pero si nos referimos exclusivamente a los movimientos, hay uno que puede verse en casi toda apertura española: el a4, que parece programado de antemano. Este movimiento suele hacerse en atención a la moda y a lo estereotipado; pero Schamkovich supo sacarle todas las ventajas imaginables. Préstese atención a la marcha de la torre del escaque a1 al c7. Desde el punto de vista teórico, es digna de atención la jugada 12. …, Ab7; mas no por su bondad, sino por haber sido hecha a destiempo. La rápida maniobra Ca5-Cc4Cb6 goza de mayor reputación, por cuanto con ella se evita cualquier atascamiento en los puntos a4 y b7,

Diagrama núm. 156 Después de 11. …, Af8

lo cual le sucedió al caballo de la dama en esta partida. Pero si se quiere mover el alfil, es mejor 12. …, Ad7. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, 0-0; 8. h3, d6; 9. c3, h6; 10. d4, Te8; 11. Cbd2, Af8; 12. Cf1, Ab7; 13. Cg3, Ca5; 14. Ac2, c5; 15. d5, Ac8; 16. b3, Rh8; 17. Ad2, Cg8; 18. Tf1, g6; 19. Ch2, Ag7; 20. Cg4, Dh4; 21. Ce3, Cb7; 22. b4, c4; 23. a4, Ad7; 24. Df3,

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Ce7; 25. Cg4, Axg4; 26. Dxg4, Dxg4; 27. hxg4, Rh7; 28. Ce2, Af6; 29. g3, Rg7; 30. Rg2, Cg8; 31. Ta3, Tab8; 32. axb5, axb5; 33. Ta6, Ad8; 34. Ae3, Cf6; 35. f3, Cd7; 36. Tfa1, Th8; 37. Tc6, Rf8; 38. f4, f6; 39. Cg1, Re8; 40. Cf3, g5; 41. f5, Cf8; 42. Ta7, Th7; 43. Cd2, Cd7; 44. Cb1, Ae7; 45. Tc7. Las negras abandonaron.

LA PRÁCTICA DE VARIANTES DESCONOCIDAS… (Campeonato de la URSS, Leningrado, 1963) A. Zajarov jugó las blancas Lo más notable de la apertura española es que rara vez se duplican dos partidas. Y, sin embargo, cada vez resulta más difícil hallar un camino nuevo, no trillado. Keres halló uno, y yo me atreví a seguir por él. Y digo “me atreví”, pues para hacer una variante es necesario conocerla a fondo. Pero, ¿qué conocía yo entonces acerca del movimiento Cd7 negro? Que el gran maestro checoslovaco Ricardo Reti lo ensayó una vez en una partida con Eduardo Lasker, perteneciente al torneo internacional celebrado en Nueva York el año 1924. Aunque Cd7 fue hecho en el movimiento decimosegundo, Keres propuso ensayarlo estando la dama en d8 y antes de la jugada Cbd2 de las blancas. Que el asunto sucedió tal y como lo explico puede verse al analizar esta partida. En ella, no sólo no

Diagrama núm. 157 Después de 11. …, Cd7

logré hacerme con la iniciativa, sino que fui objeto de un fuerte ataque por parte del joven maestro rostovense. Es cierto que la posición ofrecía mayores perspectivas a las negras cuando se difirió la terminación de la partida; pero no supe aprovechar esa circunstancia.

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¡Menos mal que uno no suele practicar variantes desconocidas! 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, 0-0; 8. c3, d6; 9. h3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. d4, Cd7; 12. Cbd2, cxd4; 13. cxd4, Af6; 14. d5, Cb6; 15. Cf1, Ad7; 16. b3, Cb7; 17. g4, Tc8; 18. Ad2, g6; 19. Cg3, Tc7; 20. Rh2, Ag7; 21. Tg1, Rh8; 22. Ae3, Cc5; 23. Dd2, Tg8; 24. Taf1, Ae8; 25. Rg2, Cbd7; 26. h4, Cf6; 27. Ch2, Dc8; 28. g5, Cg4; 29. Cxg4, Dxg4; 30. Ad1, Dc8; 31. f4, exf4; 32. Axf4, Dd8; 33. h5, Te7; 34. Th1, Ae5; 35. hxg6, fxg6; 36. Th4, Axf4; 37. Tfxf4, Te5; 38. Tf6, De7; 39. Af3, Cd7; 40. Te6, Txe6; 41. dxe6, Dxe6; 42. Ag4, De5; 43. Th1, Cc5; 44. Td1, Af7; 45. Dxd6. La partida quedó en empate.

LOS MEJORES MOVIMIENTOS… (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1944) V. Alatortsev jugó las negras Este enfrentamiento trae a la memoria la lucha contra los molinos de viento. Los movimientos Cg5, Dg4, h4, Tf1, Tae1, f4, etc., de las blancas fueron eficaces; pero no se hicieron a su debido tiempo. En fin, se eligieron los mejores movimientos y hubo entusiasmo; pero faltaba aún la maestría. Por otra parte, las blancas tocaron prematuramente a retirada; es decir, si el caballo estaba situado en la casilla g5, no debía haberse

retirado de allí, pues la jugada hxg5 no reportaría ventaja a las negras, aun cuando el alfil f6 pudiese retirarse a d8, porque, en tal caso, la vertical h quedaría abierta y las piezas blancas, situadas cerca de la posición del rey negro, podrían penetrar en la casilla h8 de éste si las circunstancias les fuesen favorables. Digo esto en apoyo de la audaz maniobra 18. Cd2, y luego, Cf1, Cg3, Ch5! que debe sustituir a la tímida retirada 18. Ch3?.

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Diagrama núm. 158 Después de 16. Dg4

Lo más probable es que las blancas perdiesen con este plan de juego; pero por lo menos, habría habido cierta lucha y no la pasiva espera de una capitulación. Al analizar ahora esta partida, me doy cuenta de que las blancas quisieron esquivar la metódica lucha estratégica del oponente, que tanta fama le ha dado. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Cd7; 10. d4, Af6; 11. Ae3, Ab7; 12. Cbd2, Ce7; 13. Cg5, h6; 14. h4, c5; 15. dxc5, dxc5; 16. Dg4, c4; 17. Ac2, Dc7; 18. Ch3, Rh8; 19. Tf1, Tad8; 20. Tae1, Ac8; 21. Dh5, Cg8; 22. Dg4, Cc5; 23. Dg3, Cd3; 24. Te2, Cxb2; 25. f4, Axh3; 26. Dxh3, exf4; 27. Axf4, Ae5; 28. Axe5, Dxe5; 29. Tf5, De6; 30. Dg3, Cd3; 31. h5, Ce7; 32. Tf1, f5; 33. e5, f4; 34. Df3, Cf5; 35. Axd3, cxd3; 36. Tef2, Ce3; 37. Te1, Dxe5; 38. Cf1, Dxc3; 39. Tb1, d2. A las blancas se les agotó el tiempo; y así perdieron la partida.

EL VENCEDOR DEL CARDOSO (Torneo interzonal, Portoroz, 1958) R. Fischer jugó las blancas Robert James Fischer contaba sólo dieciséis años cuando se celebró este torneo. Su mayor éxito fue la victoria sobre el filipino R. Cardoso, con quien yo, en la última ronda, me las ingenié para perder un punto, con lo

cual perdí la partida, la participación en el torneo de candidatos y la última posibilidad de restaurar la pérdida sufrida en el encuentro con Botvinnik.

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Pero hablemos de Fischer; me sorprendió su forma de jugar los finales simples. Llevó a efecto una defensa impecable: 43. g3!, y 58. Ad1!, y había que ver las sutilezas que mostró cuando analizamos juntos la partida una vez hubo finalizado. ¿Por qué actualmente se presta tan poca atención a los finales? ¿Se debe al brillante ataque de Torre y de Spielmann? ¿O debe atribuirse a que mientras vivió el gran Capablanca hubo muy pocos que pudiesen preciarse de ser doctos en ellos?

Diagrama núm. 159 Después de 38. De4

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Cd7; 10. d4, Cb6; 11. Ae3, Tb8; 12. Cbd2, Af6; 13. d5, Ca5; 14. Ac2, Cbc4; 15. Cxc4, Cxc4; 16. Ac1, c6; 17. dxc6, Dc7; 18. Ch2, Dxc6; 19. Cg4, Ae7; 20. Ce3, Ae6; 21. De2, Tfd8; 22. Td1, Cxe3; 23. Axe3, a5; 24. Ad3, a4; 25. a3, Af6; 26. Ac2, d5; 27. exd5, Axd5; 28. Dg4, Ae6; 29. Dg3, Ac4; 30. Ag5, Te8; 31. Axf6, Dxf6; 32. Td2, Tbd8; 33. Tad1, Txd2; 34. Txd2, h5; 35. De3, Df4; 36. De1, h4; 37. Td4, Df6; 38. De4, g6; 39. Td2, Df4; 40. Td1, Dxe4; 41. Axe4, Rf8; 42. Td7, Tb8; 43. g3, hxg3; 44. fxg3, Ae6; 45. Td2, Re7; 46. h4, f5; 47. Ac2, Th8; 48. Rf2, Ac4; 49. Re3, Re6; 50. Tf2, Rd6; 51. Td2+, Re7; 52. Tf2, Re6; 53. Td2, g5; 54. hxg5, Th3; 55. Rf2, Th2+; 56. Re1, Th1+; 57. Rf2, e4; 58. Ad1, Tf1+; 59. Re3, Te1+; 60. Rf2, Tf1+; 61. Re3, Te1+; 62. Rf2, Tf1+.

Tablas.

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EL CABALLO SIRVE DE COBERRTURA A LA DAMA (Campeonato de la URSS, Moscú, 1949) S. Führmann jugó las negras En esta partida no quise repetir el juego de otros y, por lo mismo, procuré eludir las variantes clásicas. Por lo demás, tomar con el peón y no con el caballo en la casilla d4 puede considerarse como una novedad. Indudablemente, el lector se interesará por la sutil idea de Führmann, uno de nuestros ajedrecistas de mayor penetración de entendimiento. Estar conceptuado de “ajedrecista de juego de posición” no significa carecer de una extraordinaria capacidad para combinar. Las negras no temieron situar el caballo en su casilla d5, que parecía ser defendible solamente con la dama; así y todo, no hay forma de ganar este caballo. Tras haber tenido un fracaso en la apertura, las blancas apuntaron contra el escaque g7 negro y situaron encubiertamente el alfil en la casilla a1 a fin de que el golpe fuese más contundente. El final fue interesante, pues los dos bandos polarizaron en el peón libre c5 negro. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, d6; 6. Te1, b5; 7. Ab3, Ae7; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ae6; 10. d4, Axb3; 11. Dxb3, exd4; 12. cxd4, Ca5; 13. Dc2, c5; 14. Cc3, Cc6; 15. dxc5, dxc5; 16.

Diagrama núm. 160 Después de 19. …, Cd5

e5, Cb4; 17. De2, Cfd5; 18. Td1, Cxc3; 19. bxc3, Cd5; 20. Ab2, Dd7; 21. c4, bxc4; 22. Dxc4, Tfd8; 23. Tac1, De6; 24. a3, Cc7; 25. Cd2, Td5; 26. Da4, Tad8; 27. Cf1, Db6; 28. Txd5, Cxd5; 29. Aa1, h6; 30. Cg3, Ag5; 31. Tf1, Dg6; 32. Dc4, Dc6; 33. Td1, Td7; 34. Tb1, Cf4; 35. De4, Dxe4; 36. Cxe4, Ce6; 37. g3, Ae7; 38. Ac3, Cg5; 39. Cxg5, hxg5; 40. a4, Td3; 41. Tc1, f5; 42. exf6a.p., gxf6; 43. Rf1, Rf7; 44. Re2, Td6; 45. Tb1, f5; 46. Tb7, Tc6; 47. h4, gxh4; 48. gxh4, Te6+; 49. Rf3, Rg6; 50. Tc7, Axh4; 51. Txc5, Af6; 52. Ad2, Ag5; 53. Ae3, Axe3; 54. fxe3, Rf6; 55. a5, Te5; 56. Tc6+, Te6; 57. Tb6, Re5; 58. Txe6+, Rxe6;

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59. Rf4, Rf6; 60. e4, fxe4; 61. Rxe4, Re6. Se acordó dejarlo por empate.

LA JUGADA EN EL SOBRE (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1944) M. Botvinnik jugó las negras Este fue mi primer enfrentamiento con Botvinnik y, desde luego, estoy satisfecho de mi victoria. Transcurrió dentro de una lucha multiforme, difícil y tenaz. En la apertura, Botvinnik me hizo una especie de examen de teoría con el movimiento 9. …, Ae6; de Chigorin, que entonces no se estilaba en los torneos. Sin dilación, aproveché la posibilidad de atacar contra el punto g7 en cuanto me fue posible hacerlo; esto sucedió entre los movimientos decimoquinto y decimoséptimo. Si bien al principio me recibió con la ducha fría Te8 y, después, con la explosión combinatoria Axf2+, tras lo cual las blancas tuvieron que pasar a la defensiva. El movimiento f5 es la esencia de la combinación de Botvinnik en la variante 20. Rf1, f5; 21. Dxf5, Tf8; 22. Dxd7, Ad4+!. El juego forzoso llevó a un final en que las negras se compensaron ciertas pérdidas materiales con la actividad de sus torres. A más de esto, las piezas del flanco de la dama blanca llegaron tarde al espectáculo. Como ya no

podían entrar en combate a través del centro, decidí abrir la vertical a. Con la ayuda de todas las piezas logré cambiar una de las torres del adversario, por cierto muy peligrosas, y la partida pudo haberse dejado por empate después del movimiento trigésimo, a lo cual contribuyó el alfil de la dama, que con sus premeditados movimientos Ac1, Ad2, Ae3, Ac1 y Ae3 fraguó la postura del peón b2, la del caballo b1 y la del peón b5 negro. Botvinnik no quiso retroceder, por lo cual incluyó el peón h7 en su ofensiva. Pero esta acción fue erronea, por cuanto en el campo de las blancas se despejó inesperadamente la casilla e4, lugar ideal para situar al rey, factor que las negras no tuvieron en cuenta a su debido tiempo. La iniciativa pasó a poder de las blancas; pero, al igual que sucedería posteriormente en muchas partidas de estos dos contendientes, las cuales transcurrirían en la falta de tiempo y, por ende, habría de diferirse su terminación, las blancas no quisieron forzar el juego y se limitaron a efectuar una jugada de espera; en este caso hicieron 40. Re4. Ello

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permitió a las negras reforzar su posición. Sucedieron días de espera inquietante. ¿Qué jugada había dejado el oponente anotada en el sobre? El análisis, hecho en casa, mostró que, tras 41. …, Tc3!; 42. Ce4, Tc2; 43. Rxd3, b3; 44. Cd2, las negras pierden el peón b3; pero retiran la torre a c5, y las blancas pierden el h5. ¡Tablas! ¿Y si anotó otros movimientos? Entonces, no se ve que las blancas puedan ganar, a pesar de tener ciertas posibilidades. La posición despertó el interés de los componentes del torneo, y a cuyas preguntas contesté evasivamente: ―No sé; todavía no la he analizado. Al paso que decía para mí mismo: “Preguntadle a mi competidor qué jugada anotó y os diré el resultado exacto…” Al proseguir la partida, se aclaró que las negras habían elegido una jugada bastante ineficaz, y podría decirse que jugaron el final con no menos ineficacia. Al remate de una prolongada peregrinación, el caballo blanco logró penetrar en la casilla f8; y así, las negras capitularon. Si éstas no hubiesen permitido la acción combinatoria 62. Cd4+, Re4?; 63. Ce6, Rf5; 64. Cf8!, Td8; 65. Ad6, Txd6; 66. h7, y con un discurso lógico de la lucha, se habría podido encaminar el juego a un enfrentamiento de una torre negra con un alfil, un caballo y un peón blancos.

Diagrama núm. 161 Después de 41. Rd4

¿Pueden estas dos piezas menores asegurar la conversión del peón en dama en el escaque g8? ¡Efectivamente, aunque ello requiere mucho esfuerzo y precisión! 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ae6; 10. d4, Axb3; 11. Dxb3, exd4; 12. Cxd4, Cxd4; 13. cxd4, c5; 14. dxc5, dxc5; 15. e5, Cd7; 16. a4, c4; 17. Dg3, Te8; 18. Td1, Ah4; 19. Dg4, Axf2+; 20. Rxf2, Cxe5; 21. Txd8, Cxg4+; 22. hxg4, Taxd8; 23. axb5, axb5; 24. Ad2, Td3; 25. Ta5, Tb3; 26. Ac1, f6; 27. Ta3, Td3; 28. Txd3, cxd3; 29. Ae3, Te4; 30. Rf3, Tb4; 31. Ac1, g5; 32. g3, Tc4; 33. Ae3, h5; 34. gxh5, g4+; 35. Rf2, Tc2+; 36. Cd2, Txb2; 37. Af4, Ta2; 38. Re3, Ta3; 39. Rd4, Rf7; 40. Re4, b4; 41. Rd4, Ta5; 42. h6, Tb5; 43. Rc4, Tb6; 44. Rc5, Tb7; 45. Cb3, Rg6; 46. Rc4, Tb6; 47. Cc5, Rh7; 48. Rb3, d2; 49. Axd2, Td6; 50. Af4,

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Td1; 51. Ce4, Rg6; 52. Cf2, Tb1+; 53. Rc2, Ta1; 54. Rb2, Ta3; 55. Cxg4, Tc3; 56. Ce3, Td3; 57. Cc2, Td8; 58. Cxb4, Rf5; 59. Cc6, Td7; 60. Rc3, Re4; 61. Rc4, Rf5; 62. Cd4+, Re4; 63. Ce6, Rf5; 64. Cf8. Las negras cesaron toda resistencia.

UN SEGUNDO PUNTO (Campeonato de la URSS, Moscú, 1944) A. Lilienthal jugó las negras En esta partida, la forma de desarrollar la apertura es característica del juego de los grandes maestros contemporáneos. A pesar de que en aquellos años la teoría de aperturas aún no había evolucionado como para evitar que se imitase el juego de otros. Por lo demás, comprendo perfectamente a Lilienthal: en aquel entonces, la autoridad de Botvinnik era muy grande, lo mismo que actualmente; por tanto, ¿quién habría rehusado hacer la variante de un gran teórico? Hay que ser justo con Lilienthal: no repitió simplemente la variante de Botvinnik; la mejoró para este encuentro, si se puede considerar como una mejora retirar el caballo a la casilla e8. Posiblemente las negras creyesen que con el movimiento Cd7 debilitaban su punto d6. Esto es indudablemente lógico, aun cuando la jugada Ce8 tiene el inconveniente de debilitar la casilla d5 negra, a la cual

Diagrama núm. 162 Después de 22. Cd6

se precipitará el caballo b1 blanco. Mientras las negras procuraron defenderse del movimiento Cd5, las blancas ganaron tiempo y crearon las condiciones indispensables para el asalto del caballo al punto d6. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6.

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Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ae6; 10. d4, exd4; 11. Cxd4, Cxd4; 12. cxd4, Axb3; 13. Dxb3, c5; 14. dxc5, dxc5; 15. e5, Ce8; 16. Dg3, Db6; 17. Cc3, Td8; 18. Ag5, Axg5; 19. Dxg5, Cc7; 20. Ce4, Rh8; 21. De7, Ce6; 22. Cd6, Rg8; 23. Tad1, Dc6; 24. Dh4, b4; 25. Dc4, Td7; 26. f4, Tc7; 27. Tc1, Cd4; 28. Ted1, Cb5; 29. Ce4, Tfc8; 30. Rh2, Cd4; 31. Cd6, Ce6; 32. Cxc8, Txc8; 33. f5, Cf8; 34. Td6, De8; 35. Te1, a5; 36. e6, fxe6; 37. fxe6. Y las negras se rindieron. Después de esta memorable partida, me aficioné todavía más al ataque español. ¿Es poco participar, por primera vez, en el campeonato nacional y haber obtenido dos puntos de las tres partidas jugadas con la apertura española al cabo de las seis primeras vueltas? ¡Sin duda es un éxito para un principiante!

VISOS DE COMBINACIÓN (Semifinal del campeonato de la URSS, Leningrado, 1946) A. Koblenz jugó las blancas Este encuentro podría llamarse la partida de las esperanzas. ¿Por qué? Porque al principio cifré la esperanza en que mi competidor caería en la celada 16. a4, c4; 17. Dg3, Te8; 18. Td1, Ah4; 19. Dg4, Axf2+!; ventajosa a las negras. Pero tal esperanza se frustró. Después, Koblenz quiso dar mate a mi rey en la casilla g7; pero no lo consiguió.

Posteriormente, las negras trataron de ganar el final, por cuanto la estructura de sus peones era más compacta y su rey tenía más movilidad que el del adversario. Pero los recursos defensivos de las blancas fueron suficientes para que la partida quedase en empate. Con todo, este modesto encuentro tiene cierto valor para la teoría de las aperturas. El lector obser-

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vará cuánto esfuerzo exige recorrer nuevos senderos, y qué difícil es hallarlos. Así y todo, año tras año, torneo tras torneo y jugada tras jugada, se van descubriendo nuevas ideas. Para citar un ejemplo, recordamos las convincentes victorias que R. Jolmov logró con las negras en la variante 10. …, Axb3; 11. Dxb3, Dd7; o bien 11. axb3, exd4. Y no hace mucho que apareció la nueva idea 10. …, Axb3; 11. Dxb3, d5; que equilibra totalmente el juego. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ae6; 10. d4, Axb3; 11. Dxb3, exd4; 12. Cxd4, Cxd4; 13. cxd4, c5; 14. dxc5, dxc5; 15. e5, Cd7; 16. Dg3, Te8; 17. Ah6, Af8; 18. Af4, c4; 19. Cc3, Cc5; 20. Ce4, Cxe4; 21. Txe4, Dd5; 22. Tae1, f5; 23. T4e2, Ab4; 24. Tf1, Te6; 25. h4, Tg6; 26. Dh3, Te8; 27. Rh2, Dd3; 28. De3, Tc6; 29. g3, Dxe3; 30. fxe3, c3; 31. bxc3, Txc3; 32. Td1, Ae7; 33. Td7, h6; 34. h5, Rf7; 35. Ta7, Tc6; 36. Rh3, Re6; 37. e4, fxe4; 38. Txe4, Td8; 39. Rg4, Td3; 40. Te2, Td4; 41. Tf2, Td8; 42. Te2, Af8; 43. Tg2, Ae7; 44. Te2, Td5; 45. Tg2, b4; 46. Th2, Td8; 47. Te2, Tdc8; 48. Td2, T8c7; 49. Ta8, Tc8; 50. Ta7, T8c7. Se acordó dejarlo por tablas.

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Diagrama núm. 163 Después de 16. …, Te8


UN PUNTO DIVIDIDO EN CUATRO PARTES (Campeonato de la Unión Soviética, Leningrado, 1960) A. Suetin jugó las blancas La variante en que se sacrifica el peón e4 es muy seductora. Pues ¿cómo no hacer una combinación fácil y copiosa a cambio de un simple peón? Cuando se juega con un teórico todo parece presentar un color borroso. No supe qué sistema de defensa elegir y, de súbito, recordé esta variante relegada al olvido. ¿Por qué los grandes maestros no la practican? En esta partida, Suetin siguió las recomendaciones de los manuales de la apertura española; en cambio, a mí me pareció mejor la idea de Boleslavski: 17. Txe4, Axe4; 18. Axe4, con lo cual las blancas ensanchan su espacio combinatorio a cambio de la calidad. Se dice que Suetin halló un procedimiento de juego para las blancas más contundente, a eso de la tercera decena de movimientos. Admito esta posibilidad. Yo también mejoré la continuación que Flor practicó en una partida con Löwenfisch, realizada unos años antes, o sea, hice 21. …, Df5; en vez de 21. …, Cb6?; 22. Ae3, con lo cual activé mi juego Lo dicho se refiere a la apertura y al juego medio. Y en la fase final traté de hacer un milagro; pero fracasé cuando estaba a punto de conseguirlo. Hoy en día sigo creyen-

do que el rey, una torre y un caballo pueden vencer a un rey y una torre. Pero en aquella ocasión, Suetin se defendió de un modo sorprendente. ¡Qué placer si un caballo de ventaja tuviese automáticamente el valor de un cuarto de punto! En el caso que nos ocupa no habría tenido inconveniente en efectuar el cambio de las torres, cargar con el caballo, y llevarlo a hombros a la comisión arbitral. Pero aún no han llegado aquellos felices tiempos con que soñaron los virtuosos del ajedrez, como Emanuel Lasker. ¿Cuándo llegarán? Quisiera uno vivir para verlo. Pero es poco probable que los organizadores de las competiciones ajedrecistas y los jueces árbitro cambien alguna vez el enojo por la benevolencia y presten oído a las justas exclamaciones de los ajedrecistas experimentados. Los organizadores y mecenas extranjeros no tienen tiempo para cambiar seriamente impresiones con los grandes maestros, a quienes la mortal amenaza de unas tablas les fuerza algunas veces a buscar la salvación en variantes diversas e infundadas. Un ejemplo de ello es el juego de Tal en su partida con Larsen, perteneciente al torneo de Copenha-

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Diagrama núm. 164 Después de 77. …, Cxh5+

gue. Esto evitaría el que se nos eche en cara la falta de combatividad y el propósito de partir un punto… ¿Por qué no se elimina tal partición? Basta un poco de sentido común para comprender que es mucho más fácil jugar las blancas que las negras. Por ello, se debería recompensar a las negras con 0,1 punto más que a las blancas si la partida saliese empatada. Este mínimo cambio en la valoración de las tablas podría elevar el interés de las segundas en ganar la partida y el de las primeras en empatar. Lo importante, es que desaparecería la división de un punto en dos partes iguales. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Ab7; 10. d4, exd4; 11. cxd4, d5; 12. e5, Ce4; 13. Cc3, Ca5; 14. Ac2, f5; 15. exf6a.p., Axf6; 16. Cxe4, dxe4; 17. Axe4, Axe4; 18. Txe4, c5; 19. d5, Cc4; 20. Tb1, Dd7; 21. b3, Df5; 22. Dc2, Cb6; 23. d6, Tad8; 24. Tc4, Dxc2; 25. Txc2, c4; 26. Ae3, cxb3; 27. axb3, Txd6; 28. Tbc1, Tfd8; 29. Af4, Td1+; 30. Rh2, Txc1; 31. Txc1, Td3; 32. Tc6, Cd5; 33. Ad6, a5; 34. Ta6, Cb4; 35. Ta8+, Rf7; 36. Ce5+, Axe5+; 37. Axe5, Txb3; 38. Ta7+, Re6; 39. Axg7, a4; 40. g4, Cd3; 41. Ad4, Rd5; 42. Ae3, b4; 43. Txh7, Tc3; 44. g5, Tc6; 45. Ta7, b3; 46. Ta5+, Re6; 47. Ad4, Tc4; 48. Ah8, b2; 49. Ta6+, Rf5; 50. Axb2, Cxb2; 51. g6, Tc8; 52. h4, Rg4; 53. g7, Tg8; 54. Tb6, Cd3; 55. Ta6, Cb2; 56. Tg6+, Rh5; 57. Tb6,

Cd3; 58. Ta6, Cb2; 59. Tb6, Cd1; 60. Tb4, a3; 61. Ta4, Txg7; 62. Txa3, Cxf2; 63. Ta4, Tg8; 64. Tf4, Cd3; 65. Td4, Cf2; 66. Ta4, Tg6; 67. Tb4, Rh6; 68. Tf4, Cg4+; 69. Rh3, Cf6; 70. Tf5, Ce4; 71. h5, Te6; 72. Rh4, Cf6; 73. Ta5, Te3; 74. Ta6, Tf3; 75. Ta5, Tf1; 76. Tb5, Th1+; 77. Rg3, Cxh5+; 78. Rg4. La correlación de las fuerzas no ofrece más que un empate. En el transcurso de los siguientes cincuenta movimientos el autor trató de refutarlo noblemente. La partida quedó empatada en el movimiento centésimo vigésimo octavo.

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EL MOVIMIENTO DE BRAYER (Torneo internacional, Ámsterdam, 1964) S. Gligoric jugó las negras Posiblemente, el lector haya observado que los maestros unas veces desarrollan rápidamente el comienzo de la partida y otras invierten mucho tiempo en meditar sobre cada movimiento. Y lo más sorprendente es que ambos competidores desarrollan, idénticamente, la partida durante los diez o doce movimientos primeros. Esto se debe a que cada ajedrecista concibe distintamente el problema. Unos consideran la apertura como un mal inevitable y procuran efectuar, lo antes posible, todos los movimientos estudiados, aun cuando no estén seguros de algunos de ellos. Y otros procuran argumentar mentalmente cada movimiento que efectúan. Desde luego, esta clasificación es condicional. Pero si se habla de aquellos que combinan estas dos tendencias en su arte, entonces Svietozar Gligoric se lleva la palma. La idea de Brayer, consistente en hacer Cb8 para dejar libre el sitio al peón c7, resultó contemporánea y viable. El ataque 11. Ch4!, fuerza a las negras a decidirse por la tensa variante 11. …, Cxe4; 12. Cf5, Cdf6; 13. Cxe7+, Dxe7; 14. Te2, c5; 15. De1, y el caballo, atascado en territorio enemigo, está en peligro, aunque se puede sacrificar ventajosamente y en cualquier momento. Veámoslo:

Diagrama núm. 165 Después de 10. …, Cbd7

15. …, Ab7; 16. Ac2, exd4; 17. f3, d5; 18. fxe4, dxe4. ¿Qué le parece al lector la postura de estos peones amenazadores? ¿Y qué piezas preferiría dirigir en esta partida? Como no hallé la respuesta conveniente a estas preguntas, opté por la continuación 14. a4. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. h3, Cb8; 10. d4, Cbd7; 11. c4, c6; 12. c5, Dc7; 13. cxd6, Axd6; 14. a4, Ab7; 15. axb5, cxb5; 16. Cc3, exd4; 17. Cxd4, Cc5; 18. Cd5, Axd5; 19. Axd5, Tae8; 20. Ae3, Ccxe4; 21. Axe4, Cxe4; 22. Txa6, Ah2+; 23.

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Rh1, Af4; 24. Rg1, Ah2+; 25. Rh1, Af4; 26. Rg1, Ah2+. Y tablas por repetición de movimientos.

EL PROFESOR DE PSICOLOGÍA (Campeonato de la URSS, Kiev, 1965) N. Krogius jugó las negras Este gran maestro es un competidor extraordinariamente eficaz. Expone su experiencia en las más diversas situaciones del juego en su libro La psicología en ajedrez. ¿Por qué no lo ha titulado “La maestría en el ataque” o “El arte de la defensa”? Porque Krogius es aspirante a doctor en ciencias psicológicas; estudia la psicología ajedrecista, y en esta rama es indudablemente profesor. ¿Qué se puede decir de este encuentro?, pues…: la retirada Cb8, al uso en aquel entonces; la lenta ofensiva de los peones blancos; la inesperada ruptura del centro, a la cual sucedió, inevitablemente, una serie de cambios de piezas; y el gran logro de las blancas al aislar el peón b5 de la masa de peones negros. Si se analiza con detalle este encuentro, se descubrirá el elemento psicológico 22. …, Ca6!. Krogius me preguntó: ―Con el movimiento 22. Db4 ¿se gana o se hace tablas? Le contesté: ―¡Se gana! Si no, habría hecho 23. Db2, Cc5; 24. Db4, con repetición de movimientos.

Diagrama núm. 166 Después de 22. …, Ca6

No pude ganar el final de torres con “cuatro contra tres”. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, 0-0; 8. c3, d6; 9. h3, Cb8; 10. d3, Cbd7; 11. Cbd2, Ab7; 12. Cf1, Cc5; 13. Ac2, Te8; 14. b4, Ce6; 15. a4, Af8; 16. Cg3, g6; 17. Ae3, Ag7; 18. Dc1, c5; 19. bxc5, Cxc5; 20. axb5, axb5; 21. Db2, Ac6; 22. Db4, Ca6; 23. Db1, d5; 24. d4, Cxe4; 25. Cxe4, dxe4; 26. Cxe5, Axe5; 27. dxe5, Cc7; 28. Txa8,

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Dxa8; 29. Ad4, Ce6; 30. Axe4, Axe4; 31. Dxe4, Dxe4; 32. Txe4, Tc8; 33. Ae3, Txc3; 34. Tb4, Cc7; 35. Ab6, h5; 36. Axc7, Txc7; 37. Txb5, Tc2; 38. Rf1, Rf8; 39. g3, Re7; 40. Rg2, Re6; 41. Rf3, Ta2; 42. Re3, h4; 43. gxh4, Ta4; 44. Rf3, Txh4; 45. Rg3, Ta4; 46. h4, Tc4. Se convino en que eran tablas.

LO MISMO QUE EN LA VIDA COTIDIANA (Olimpiada de Moscú, 1956) R. Veidt jugó las negras Los grandes maestros suelen buscar nuevos procedimientos de desarrollo en la quietud y sosiego del gabinete; luego, en un tiempo limitadísimo ―cuatro minutos para hacer una jugada―, tratan de mostrar a su competidor lo acertado de sus investigaciones caseras. Esta táctica está preñada de peligros, pues ¿y si de pronto el oponente halla errores en el cálculo o rechaza el ataque, cuya fuerza ha sido sobreestimada en el análisis hecho en casa? Por ello, los maestros eluden frecuentemente las innovaciones en la apertura y prefieren la evolución normal de las piezas, sin pretensiones de una victoria relámpago. Así ocurrió en este encuentro. Eludiendo todo ambicioso propósito de rebatir el movimiento 9. …, Cb8; las blancas concentraron paulatinamente sus fuerzas en el flanco del rey.

Diagrama núm. 167 Después de 29. Cd7+

De repente se produjo una ley aún no estudiada en la mecánica del ajedrez: mi competidor atacó al azar. Si el objetivo de la ofensiva era dominar su escaque d5 con el caballo, y ello costaba la pérdida de un peón, entonces la jugada 13. …,

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d5; puede darse por buena. Con todo, yo no aseguraría que alguno quiera repetir este experimento de las negras. Así y todo, la lucha fue muy tenaz; pero el caballo e5 despertó de su letargo y decidió la suerte del rey negro. Lo mismo que ocurre con las personas en la vida cotidiana: ¡jaque, y compóntelas como puedas! 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, 0-0; 8. c3, d6; 9. h3, Cb8; 10. d3, Cbd7; 11. Cbd2, Ab7; 12. Cf1, c5; 13. Cg3, d5; 14. exd5, Cxd5; 15. Cxe5, Ad6; 16. d4, Te8; 17. f4, cxd4; 18. cxd4, C7f6; 19. Dd3, Ac7; 20. Ad2, Ab6; 21. Tad1, Tc8; 22. Cf5, Tc7; 23. Tc1, Aa7; 24. Rh2, Txc1; 25. Txc1, Rf8; 26. Te1, g6; 27. Cg3, Db6; 28. Axd5, Axd5; 29. Cd7+, Cxd7; 30. Ab4+, Rg7; 31. Txe8, a5; 32. Ad2, Cf6; 33. Cf5+, gxf5; 34. Dg3+, Cg4+; 35. hxg4, Dh6+; 36. Rg1, Dg6; 37. Ae3, h5; 38. Te5, Ae4; 39. g5, Dc6; 40. Te7. Las negras abandonaron la partida.

¿A QUIÉN LE TOCA MOVER? (Campeonato de la Unión Soviética, Riga, 1958) A. Tolusch jugó las blancas ¿Cómo hay dos damas blancas en un diagrama? La propiedad que tiene el peón de convertirse en dama se realiza muy pocas veces; cuanto más si la primera dama se halla todavía en

el tablero. Pero aquí se convirtió un peón en dama; a pesar de lo cual, al final de la partida pudo leerse: “Las blancas se han rendido.” ¿Cómo se puede perder si dos damas representan una fuerza

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extraordinaria? ¡Queda por decir quién mueve primero! ¡La jugada de turno es la más poderosa en el ajedrez! Tolusch descubrió su baza demasiado pronto; esto es, el ataque por la vertical g, con lo cual facilitó a las negras levantar la fortaleza g6 y Ag7. Mientras tanto, se abrió un hueco en la casilla d3 de las blancas, lo que cautivó la atención del caballo negro. Las complicaciones se produjeron lógicamente, y el resultado de la lucha fue conocido de antemano: la posición del rey blanco no era segura, y cerca de él estaba la dama y el peón f3 negros. A pesar de todo, la idea de las blancas de situar el caballo en la casilla e3, mediante los movimientos Ca3 y Cc2, es más atrayente que hacerlo a través de d2 y f1, aun cuando se inviertan los mismos tiempos. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0; 9. d4, Ag4; 10. Dd3, Axf3; 11. gxf3, Ca5; 12. f4, Cxb3; 13. axb3, Cd7; 14. Ca3, exd4; 15. cxd4, c5; 16. d5, Af6; 17. Cc2, Te8; 18. b4, c4; 19. Dd1, a5; 20. Ta3, g6; 21. Tg3, Ag7; 22. f5, axb4; 23. Cxb4, Df6; 24. Cc6, Cc5; 25. fxg6, hxg6; 26. Tf3, Dh4; 27. e5, Axe5; 28. Txe5, Dg4+; 29. Rf1, dxe5; 30. d6, e4; 31. Ce7+, Txe7; 32. dxe7, exf3; 33. Dd8+, Rh7; 34. e8D, Dh3+; 35. Re1, Cd3+; 36. Rd2, Dh6+; 37. Rc3, Dxc1+. Las blancas se entregaron.

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Diagrama núm. 168 Después de 34. e8D


LOS ORIGENES DE LA FALTA DE TIEMPO (Torneo internacional, Belgrado, 1964) A. Matanovic jugó las negras Diagrama núm. 169 Después de 20. …, h6

Hacer mención de la falta de tiempo es lo mejor para empezar el relato de una partida. No me refiero a la situación en que el ajedrecista dispone de un tiempo determinado para efectuar treinta y dos, cuarenta o cuarenta y ocho jugadas y se encuentra con que no sabe si mirar al reloj o al tablero, sino a aquella en que el tiempo no apremia y la posición es normal; pero resulta difícil hallar el movimiento conveniente. Esta partida es un ejemplo de ello. Cada uno invirtió siete minutos en hacer los primeros trece movimientos. Causó impresión de que dicho fenómeno quedara descartado en este encuentro. Pero no ocurrió así: entre los movimientos decimosexto y vigésimo primero invertimos conjuntamente dos horas y media. ¿Cómo transcurrieron los minutos? En meditar sobre el destino de las piezas de ajedrez. Las blancas invirtieron veinticuatro, veinte, treinta y cuatro y un minutos en los movimientos decimosexto, vigésimo, vigésimo primero y vigésimo segúndo, respectivamente. Y las negras emplearon veinticuatro, veintidós, treinta y cero minutos en las jugadas decimosexta, decimonona, vigésima y vigésimo primera, también respectivamente.

¿A qué debe atribuirse tan prolongada meditación? Al hecho de que las primeras se empeñaron en echar al caballo negro de su casilla c4 y atacar contra el peón d6, y las segundas en oponerse a ello. El origen de la falta de tiempo debe buscarse, a veces, en reducidos fragmentos de la partida. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, 0-0, 9. d4, Ag4; 10. Ae3, exd4; 11. cxd4, Ca5; 12. Ac2, Cc4; 13. Ac1, c5; 14. Cc3, cxd4; 15. Dxd4, Tc8; 16. Ad1, b4; 17. Cd5, Cxd5; 18. Dxd5, Af6; 19. Tb1, a5; 20. Ab3, h6; 21. Axc4, Ae6; 22. Dd1, Txc4; 23. b3, Tc6; 24.

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Cd4, Axd4; 25. Dxd4, Db6; 26. Dxb6, Txb6; 27. Ae3, Tc6; 28. Tbc1, Tfc8; 29. Txc6, Txc6; 30. Tc1, Txc1+; 31. Axc1, d5; 32. exd5, Axd5. Empate.

UN POCO DE FORTUNA EN EL TORNEO (Competición para maestros y grandes maestros, Moscú, 1967) I. Zaitsev jugó las negras “Hoy has sido muy afortunado” oí exclamar cuando hice 36. Dd5+, y mi oponente paró su reloj. Al día siguiente, Zaitsev me recibió con una sonrisa: ―Pude haber salvado la partida, retirando el rey a la esquina del tablero en lugar de hacer 35. …, Axe3. Tras lo cual habría habido empate. Admito que tuve un poco de fortuna aquel día. Pero, ¿no le parecerá al lector que lo de “ha sido afortunado” podría dirigirse igualmente a Zait-sev? Evidentemente, tuve a mi alcance un sencillo procedimiento técnico para ganar: 35. Dd5+, Rh8; 36. Df7!. Si mal no recuerdo, el gran maestro Reti dice: “En el ajedrez valoramos las excepciones y no las reglas” Así, pues, el golpe combinatorio 36. …, Dh1+; 37. Re2, Txe3+; 38. fxe3, Dxg2+!; era la varita mágica que sacaba a las negras de…

Diagrama núm. 170 Después de 35. Td7

¿Qué convenía hacer? Teniendo en cuenta la falta de tiempo que apremiaba a mi competidor, opté por una variante, difícil para él, que no constaba de una continuación prolongada, sino de varias breves e iguales. Zaitsev se desconcertó al ver la torre adversaria en la segunda horizontal suya; como no disponía de tiempo para meditar, difirió la solu-

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ción del problema y, entretanto, no dudó en liquidar su peligroso enemigo: el caballo blanco e3. ¿Cuál de nosotros dos fue más afortunado? 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, 0-0; 8. d4, Cxd4; 9. Cxd4, exd4; 10. e5, Ce8; 11. c3, d6; 12. Df3, Ae6; 13. cxd4, Axb3; 14. axb3, c5; 15. exd6, Axd6; 16. dxc5, Axc5; 17. Td1, Dc8; 18. Cc3, Cc7; 19. Af4, Ce6; 20. Cd5, Cxf4; 21. Dxf4, Db7; 22. b4, Aa7; 23. Ta3, f5; 24. h4, Tae8; 25. Df3, Te4; 26. h5, Ab8; 27. Te3, Df7; 28. h6, gxh6; 29. Ted3, De6; 30. Rf1, De5; 31. b3, Dh2; 32. Ce3, Af4; 33. Td8, Tee8; 34. Txe8, Txe8; 35. Td7, Axe3; 36. Dd5+. Y las negras abandonaron la partida.

ENTRADA A UN TIEMPO (Torneo para pretendientes, Budapest, 1950) P. Keres jugó las negras En las competiciones ciclistas suele ocurrir que varios participantes entran a un tiempo en la meta, de tal suerte que ni aún las fotografías más perfectas permiten determinar cuál de ellos ha entrado primero. La víspera de esta partida, Boleslavski, líder de la clasificación, me llevaba medio punto de ventaja y me brindó amablemente la ocasión de darle alcance al empatar con

Stahlberg en la última ronda. Lo cual conseguí. El resultado de este encuentro con Keres me permitió jugar otro de doce partidas con Boleslavski, y cuyo resultado fue de 6:6. Un segundo miniencuentro de dos partidas jugado entre bastidores me dio la oportunidad de competir con el campeón del mundo el año 1951, y este encuentro también finalizó con el resultado de 12:12, o sea, los dos “entramos a un tiempo”.

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Estimo correcta la variante de gambito en que se sacrifica el importante peón central, pues, con ello, las blancas movilizan los peones e y f. Esta partida confirmó, en cierto modo, mi estimación. La lucha fue equilibrada durante bastante tiempo; pero bastó que Keres subestimase el poder del movimiento Dg5 para que la situación del rey negro empeorara repentinamente. Pude haber hecho en seguida 30. Tf4, bxa2; 31. Dh6, axb1D+; 32. Rh2, pero como ganar era muy importante para mí, opté por ir a lo seguro. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, 0-0; 8. d4, d6; 9. c3, Ag4; 10. h3, Axf3; 11. Dxf3, exd4; 12. Dd1, dxc3; 13. Cxc3, Ca5; 14. Ac2, Te8; 15. f4, b4; 16. Cd5, Cxd5; 17. Dxd5, c6; 18. Dd3, g6; 19. Rh1, Af8; 20. Tf1, Ag7; 21. Ad2, c5; 22. Aa4, Tf8; 23. Tab1, Db6; 24. f5, Ad4; 25. Dg3, Cc4; 26. Ah6, Ag7; 27. Axg7, Rxg7; 28. f6+, Rh8; 29. Dg5, b3; 30. axb3, Db4; 31. bxc4, Dxa4; 32. Tf4, Dc2; 33. Dh6. Las negras cesaron de oponer resistencia.

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Diagrama núm. 171 Después de 32. …, Dc2


¿DEFENDERSE O ATACAR? (Sexta partida de mi encuentro con Boleslavski, Moscú, 1950) I. Boleslavski jugó las blancas El gambito de F. Marshall, quien ostentó durante muchos años el título de campeón de los Estados Unidos de Norteamérica, fulguró por primera vez en el firmamento ajedrecista durante su encuentro con Capablanca en Nueva York, el año 1918. El anticlásico movimiento c3 blanco es como si se anunciase al competidor: “¡Pronto, pronto, antes de que las piezas del flanco de la dama se hayan movido!” ¿El caballo en a3? ¡Es preferible que piafe en su sitio a hacer tal movimiento, como suelen hacerlo, en posiciones de empate, los aficionados al dominó Geller, Spasski, Stein, Korchnoi, Fischer… De esa manera surgió la audaz idea 8. …, d5. ¿Con qué fin hicieron las blancas 21. a3? Con el de proteger la casilla b4, porque el movimiento cxd4 y el subsiguiente Ab4 de las negras pueden entrañar peligro para las blancas en ciertas variantes. Pero, ¿es que no era mejor 21. Cf3? Indudablemente, por cuanto llevaría a un juego más tajante. Veamos unas variantes muy interesantes: 1) 21. Cf3, Cf4?; 22. Dc2, Cd3; 23. Ch4, De4; 24. Af3, Cxe1; 25. Dxe4.

Diagrama núm. 172 Después de 20. …, c5

2) 21. Cf3, Af4!; 22. Ch4, Dg5; 23. Cf3, Df5; 24. Ch4, Dg5; 25. Cf3. 3) 21. Cf3, Af4; 22. Ch4, Df6; 23. Df3, cxd4; 24. cxd4, Cxe3; 25. Dxf4, Dxf4; 26. gxf4, Cf5; o 25. fxe3?, Axe3+!. 4) 21. Cf3, Af4; 22. Dd2, Cxe3; 23. fxe3, Ah6; 24. Ce5, f6; 25. Ac2, Dg5; 26. Cf3, Dxe3+!. Los amantes del ataque Marshall conocen muchas combinaciones similares; pero las arriba citadas son más que suficientes para una página de un libro. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6.

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Te1, b5; 7. Ab3, 0-0; 8. c3, d5; 9. exd5, Cxd5; 10. Cxe5, Cxe5; 11. Txe5, c6; 12. d4, Ad6; 13. Te1, Dh4; 14. g3, Dh3; 15. Dd3, Af5; 16. Df1, Dh5; 17. Ae3, Ah3; 18. Ad1, Df5; 19. De2, Tae8; 20. Cd2, c5; 21. a3, cxd4; 22. cxd4, Af4; 23. Df3, Axe3; 24. fxe3, Dxf3; 25. Axf3, Cxe3. Se dejó en tablas.

AL BORDE DE LAS TABLAS (Competición Unión Soviética – Yugoslavia, Sochi, 1968) B. Ivkov jugó las negras Diagrama núm. 173 Después de 44. Cc5

Tras el cuadragésimo cuarto movimiento de las blancas, cuando Ivkov alargó los dedos hacia la corona de su rey, yo esperaba que lo situase en la casilla e7, lo cual daba la victoria a aquéllas. Ya que después de de 44. …, Re7?; 45. Cde4!, las piezas negras están en situación de hacer jugadas forzadas, y el rey blanco se dirige sin impedimento alguno a la casilla d3, y si hace falta, las blancas pueden dar mate con 45. …, Tc8; 46. a4, bxa4; 47. b5, Re8; 48. b6, Axb6?; 49. Cd6+, Rf8; 50. Ce6+, Rg8; 51. Txg7+, Rh8; 52. Cf7++!. Pero el gran maestro yugoslavo, ex campeón del mundo de juveniles, desbarató toda combinación de las blancas con el bello movimiento 44. …, Rg8!; y la partida terminó en empate después de haber estado mucho tiempo al borde de las tablas. En fin, fue un resultado lógico.

negras rehusaron jugar el ataque 8. …, d5; de Marshall, y uno rehusó el clásico 9. h3, de ese modo, hice una variante relativamente nueva: el avance del peón a. Y mi competidor hizo lo mismo con h6!.

¿Qué valor teórico tiene el movimiento 9. a3? No lo sé, pues las

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6.

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Te1, b5; 7. Ab3, 0-0; 8. c3, d6; 9. a3, h6; 10. d4, Te8; 11. d5, Ca7; 12. c4, c6; 13. dxc6, Cxc6; 14. cxb5, axb5; 15. Cc3, Tb8; 16. h3, Ae6; 17. Axe6, fxe6; 18. b4, Af8; 19. Db3, De7; 20. Td1, Df7; 21. Ae3, Ted8; 22. Tac1, De8; 23. Td2, Tdc8; 24. Db1, Cd8; 25. Dd3, Cf7; 26. Tdc2, Td8; 27. Cd2, d5; 28. Ac5, Cg5; 29. h4, Cf7; 30. Ccb1, Cd6; 31. Axd6, Axd6; 32. Cc3, Ae7; 33. exd5, exd5; 34. Df5, Ad6; 35. Cb3, Dd7; 36. Dxd7, Txd7; 37. Cb1, d4; 38. f3, Rf7; 39. Tc6, Cd5; 40. Ta6, Cb6; 41. C1d2, Tc7; 42. Txc7+, Axc7; 43. Ta7, Cd5; 44. Cc5, Rg8; 45. Ce6, Tc8; 46. Ce4, Rf7; 47. C6c5, Rg8; 48. Ce6, Rf7; 49. C6c5, Rg8; 50. Ce6. Tablas por repetición de movimientos.

¿CONQUE LAS TORRES QUIEREN ASALTAR LA SEGUNDA HORIZONTAL? (Campeonato de Moscú, 1952) E. Geller jugó las negras El rey necesita un reparo de peones no sólo en el fragor del medio juego; sino también en la fase final. Tal reparo suele ser diverso; el más seguro es aquel que lo protege de los ataques frontales y de flanco. Con el audaz juego de sus peones, Geller rechazó totalmente el ataque adversario; ataque que, a pesar de no ser muy intenso, produjo

puntos vulnerables en la estructura de peones negros. Esto podría servir de advertencia a los ajedrecistas jóvenes: ¡No debilitar las cadenas de peones sin un motivo importante! ¡Recordad que son muy importantes en la fase final de la partida! ¿Conque el autor de estas líneas recomienda no mover los peones, sino retenerlos en la segúnda horizontal para defenderse de posi-

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bles acciones diversas de las torres enemigas? ¡No se trata de eso! Los peones, como las piezas, deben participar en la lucha y avanzar cuando el rey lo estime conveniente. Jugada tras jugada, Geller valoró las posibilidades que podía ofrecer la posición; tanto, que no dudó en atacar contra el vulnerable peón c3. Pero, ¿y si las torres blancas asaltan la séptima horizontal, tras haber protegido a su rey con un sólido reparo de peones? ¿Y en qué situación se halla el rey negro? ¡No tan mal como pudiera parecer a primera vista! ¡Que tomen las torres adversarias la séptima horizontal y ataquen el punto h7! ¡Basta hacer Cf6 para que toda amenaza se disipe! Se convino en dejarlo en empate, pues la posición no ofrecía perspectivas. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, 0-0; 8. d3, d6; 9. c3, Ca5; 10. Ac2, c5; 11. Cbd2, Cc6; 12. Cf1, Cd7; 13. a4, Tb8; 14. Ce3, Cb6; 15. axb5, axb5; 16. Ab3, Rh8; 17. Cd2, Ag5; 18. Cdf1, g6; 19. Cd5, Axc1; 20. Dxc1, Cxd5; 21. Axd5, Ce7; 22. Ab3, f5; 23. Dg5, c4; 24. Ac2, Cc6; 25. Dxd8, Txd8; 26. Ce3, f4; 27. Cd5, Ae6; 28. g3, fxg3; 29. hxg3, Axd5; 30. exd5, Ce7; 31. d4, Cxd5; 32. dxe5, dxe5; 33. Txe5, b4. Empate.

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Diagrama núm. 174 Después de 33. Txe5


EL ALFIL ESTÁ EN FUERA DE JUEGO (Torneo internacional, Beverwijk, 1963) E. Germen jugó las negras Al decir de muchos especialistas, la amistad de la dama y el caballo es mucho más efectiva que la asistencia mutua prestada por la dama y el alfil. ¿Cuál es la causa de este fenómeno? La acción de la dama se completa con la del caballo; por el contrario, el alfil y aquélla cumplen una misma función; es decir, producen un excedente de fuerzas en una diagonal determinada, al paso que dicha fuerza falta en otras direcciones. Esto puede verse en la parte final de esta partida, que ofrece, además, un conjunto de debilitaciones ejemplares: los peones g7, d6 y b5 y los puntos indefensos f5 y d5 negros. En fin, es un modelo para estudiar la lucha de maniobra con la comisión de errores por ambas partes. Y la apertura no carece de veneno: la poco frecuente variante 7. …, 0-0!; 8. h3!, vacuna contra el ataque Marshall, puesto que la casilla c3 es asequible al caballo blanco. ¿Y si a pesar de ello se prefiere hacer 8. …, d5?. Bueno, pues: 9. exd5, Cxd5; 10. Cxe5, Cxe5; 11. Txe5, Ab7; 12. Cc3, Cf4; 13. d4, Cxg2; 14. Ad5, Axd5; 15. Txd5.

Diagrama núm. 175 Después de 48. Cf5

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Te1, b5; 7. Ab3, 0-0; 8. h3, Ab7; 9. d3, d6; 10. c3, Cd7; 11. Cbd2, Af6; 12. Cf1, Cc5; 13. Ad5, Ce7; 14. Axb7, Cxb7; 15. Ce3, Cg6; 16. d4, c6; 17. Cg4, Te8; 18. d5, Ae7; 19. dxc6, Ca5; 20. Ce3, Dc8; 21. Cd5, Dxc6; 22. b3, Cb7; 23. Ae3, Cc5; 24. Axc5, Dxc5; 25. Tc1, Ad8; 26. Dd2, h6; 27. Ted1, a5; 28. g3, Dc6; 29. Dd3, Cf8; 30. h4, Ce6; 31. b4, Db7; 32. a3, Ta6; 33. Tb1, axb4; 34. axb4, Ac7; 35. Ta1, Tea8; 36. Txa6, Txa6; 37. Rg2, Ab8; 38. Td2, Ta3; 39. Db1, Rh7; 40. Ta2, Da6; 41. Txa3, Dxa3; 42. Dd3, Da6; 43. h5, Aa7; 44. De2, Db7; 45. Ch4, Cc7; 46. Cxc7, Dxc7; 47. Df3, Ab8; 48.

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Cf5, Dd8; 49. Ce3, Rg8; 50. Dg4, Aa7; 51. Cf5, Df6; 52. Dd1, Ab8; 53. Dd5, Dd8; 54. Dxb5, Rh7; 55. Db7, Ac7; 56. Ce3, Rg8; 57. Cd5, Ab8; 58. Ce7+, Rh7; 59. Cc6, Dc7; 60. Dxc7, Axc7; 61. Ce7. Las negras abandonaron.

UN AUDAZ MOVIMIENTO DEL CABALLO (Campeonato de Moscú, 1956) V. Atoschin jugó las negras Esto es un empate breve y aburrido, ¿no es así? En efecto; sin embargo, la variante de apertura no fue inofensiva. Hubo casos en que las negras perdían en seguida al cabo de 9. …, Cc5 10. Dg4, Ce6?; 11. Cxg7, Cxg7; 12. Ah6!, o 9. …, d5!; 10. Axc6, bxc6; 11. Cxe7+, Dxe7; 12. Te1, f6; 13. f3, Cc5?; 14. b3!, fxe5; 15. Aa3. Pero los conocimientos se divulgan pronto y, por lo mismo hoy día nadie comete tal error, aún cuando se desconozca esta variante. No conté con el que cometió mi competidor, porque una táctica así es por sí misma un error. Mis planes no entrañaron malicia. Solamente pretendía echar el caballo negro del centro y luego, si las circunstancias lo permitían, empezar una ofensiva de peones, apoyándome en el peón de más que tenía en el flanco del rey. Todo sucedió como se ha dicho; pero Antoschin forzó el cambio de damas, con el brillante movimien-

Diagrama núm. 176 Después de 18. De4

to 18. …, Cc5!; cuando las negras se encontraban en un momento crítico y el ataque se desvaneció inmediatamente. Quizás habría sido mejor situar la dama en otro escaque más oportuno que el e4; pero en todos los manuales se dice que “la dama desarrolla su mayor potencia en el centro del tablero”.

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Por lo cual, no estimé conveniente desatender esta advertencia. Hay que señalar dos circunstancias: por un lado, las blancas pueden darse por satisfechas de llegar a un empate, después de haber tenido inactivos el alfil y el caballo del flanco de la dama en el transcurso de veinte movimientos; y, por otro, ¿no convenía más hacer 13. Ag5, que 13. Axf5, a fin de clavar durante cierto tiempo el caballo e7? 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. d4, exd4; 7. e5, Ce4; 8. Cxd4, 0-0; 9. Cf5, d5; 10. Cxe7+, Cxe7; 11. c3, Cc5; 12. Ac2, Af5; 13. Axf5, Cxf5; 14. Df3, Ce7; 15. De3, Ce6; 16. f4, g6; 17. g4, d4; 18. De4, Cc5; 19. Dxd4, Dxd4+; 20. cxd4, Ce6; 21. Cc3, Cxd4; 22. Ae3. Se convino en que eran tablas.

UNA TORRE PEREZOSA (Torneo internacional, Beverwijk, 1963) B. Ivkov jugó las negras Lo de siempre: la mano se resiste a mudar la torre de f1 a e1. Y no porque luego haya que volverla al sitio que ocupaba, lo cual puede verse en muchas partidas de este libro, sino porque me molesta hacer 6. Te1, me resisto a efectuar este movimiento. Y, sin embargo, he de efectuarlo, por cuanto es la jugada más contundente. Con todo, a veces reflexiono sobre su sentido y, por lo

mismo, juego de otro modo en el sexto movimiento o un poco antes. Así, la partida parece tener más interés. En este encuentro quise ensayar una nueva idea: 9. De2, Cc5; 10. Axc6, dxc6; 11. Td1!. Pero mi clarividente competidor no me permitió hacerlo. Mediante la velada maniobra De2-De4-Dd5, traté de congelar el alfil c8; pero no lo conseguí.

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Diagrama núm. 177 Después de 6. d4

El lector puede que me pregunte: ―Todo lo que me dice es interesante; pero, ¿vale esto la partida? Desde luego, no vale; si bien le aconsejo tener presente la idea de congelar el alfil de referencia. Si en cualquier partida se ofrece la posición que produce la séptima jugada de las negras, inténtese atacar con la tensa jugada de gambito c3 contra el rey negro. ¡A saber si, después de 6. d4, exd4; 7. e5, Ce4; 8. c3, dxc3; 9. Ac2, cxb2; 10. Axb2, el oponente no podrá dar con una defensa adecuada, perderá la partida y, con ello, nos aliente a buscar nuevos procedimientos de gambito en otras variantes de apertura más respetables exteriormente! 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. d4, exd4; 7. e5, Ce4; 8. Cxd4, 0-0; 9. De2, Cxd4; 10. Dxe4, Ce6; 11. Ab3, Cc5; 12. Dd5, c6; 13. Df3, d5; 14. exd6a.p., Axd6; 15. Af4, Axf4; 16. Dxf4, Ae6; 17. Cc3, Db8; 18. Dxb8, Taxb8; 19. Axe6, Cxe6; 20. Tad1, Tfd8. Se convino en que eran tablas.

EL CAMPEÓN DE LA CAPITAL (Campeonato de Moscú, 1946) A. Liliental jugó las negras La variante abierta de la apertura española es el sistema más lógico.

Si el peón está indefenso, ¿por qué no tomarlo? Tanto más cuanto que sólo algunos audaces

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incluyen la defensa 5. …, Cxe4; en su repertorio de aperturas. ¿Por qué? Porque ofrece un océano de posibilidades. Esto parece perfecto, ¿no es así? ¡¡No!! Pues el océano de posibilidades es dable sólo a las blancas; las negras tienen que contentarse con riachuelos. En lo que respecta a esta partida, las negras pudieron optar por cualquier variante arriesgada, pues yo aventajaba en un punto a Simagin, quien vino pisándome los talones durante todo el torneo, y cuando por primera vez iba yo a medio punto del campeón de Moscú; por tanto, Liliental no podía perder más que medio punto. Aquel año reemplacé a Smislov, que había conquistado este título durante tres años consecutivos. Después de este campeonato, Smislov estuvo veintidós años sin participar en él. Ignoro si se debió a que le disgustó haber perdido el título.

Diagrama núm. 178 Después de 6. d4

Txa8, Txa8; 22. Af2, Ce8; 23. Te1, Cd6; 24. b3, Te8; 25. Txe8+, Dxe8; 26. Dd3. Se dejó por empate.

No obstante haber perdido y ganado en el campeonato de Moscú, nunca he sido un participante asiduo. En el celebrado el año 1970 tuve la fortuna de compartir el primer puesto con el entonces campeón del mundo, Petrosian, y juntamente con él ocupé el trono moscovita durante un año. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Cxe4; 6. d4, b5; 7. Ab3, d5; 8. dxe5, Ae6; 9. c3, Ac5; 10. Cbd2, 0-0; 11. Ac2, f5; 12. exf6a.p., Cxf6; 13. Cb3, Ab6; 14. Cbd4, Cxd4; 15. Cxd4, Dd7; 16. a4, Ag4; 17. f3, Af5; 18. Axf5, Dxf5; 19. Ae3, Dd7; 20. axb5, axb5; 21.

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UNA LECCIÓN ÚTIL (Campeonato de Moscú, 1944) S. Flor jugó las negras Al lograr con relativa facilidad una ventaja enorme, suspendí inesperadamente toda acción ofensiva y esperé que las piezas negras se rindiesen. Mientras soñaba con ello, Flor reorganizó sus filas y con un enérgico ataque obligó a mi rey a que capitulase. Las blancas manifestaron síntomas de imprudencia ya en la apertura, cuando hicieron 18. Dxc6, en lugar de 18. h4, y las huellas de este movimiento se ven en el medio juego al hacer 23. De3?, en vez de 23. Dd7!. Al finalizar la partida, mi competidor dijo que en colaboración con Lilienthal había estado un mes preparando la variante con que se sitúa el alfil de la dama en el punto h5, y que el movimiento 15. Ag5, se le escapó a su penetración. La sutileza de dicho movimiento está encubierta en la variante 15. …, Dd7; 16. Ae3, Ce6; 17. Axh7+, Rxh7; 18. Cg5+, Cxg5; 19. Dxh5+, Rg8; 20. Axg5, y las blancas mantienen el peón de ventaja y pueden continuar atacando con Te3, Th3 y Dh8+. La maniobra del alfil de la dama negra Ae6-Ag4-Ah5 es buena; pero no conviene precipitarse en hacer Ah5. En la partida Fischer-Larsen, perteneciente al torneo de Santa Mó-

Diagrama núm. 179 Después de 15. Ag5

nica, se ensayó el movimiento 14. …, Te8; y las negras vencieron, tras una lucha complicada. El perder este encuentro fue una lección útil; desde entonces, nunca espero que el adversario enarbole voluntariamente la bandera blanca. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Cxe4; 6. d4, b5; 7. Ab3, d5; 8. dxe5, Ae6; 9. c3, Ac5; 10. Cbd2, 0-0; 11. Ac2, Af5; 12. Cb3, Ag4; 13. Cxc5, Cxc5; 14. Te1, Ah5; 15. Ag5, Axf3; 16. Dxf3, Dxg5; 17. Dxd5, Cd7; 18. Dxc6, Cxe5; 19. De4, Cg6; 20. g3, f5; 21. De6+, Rh8; 22. Tad1, Tf6; 23. De3, f4; 24. De4, Taf8; 25. Td5,

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Dh6; 26. g4, f3; 27. Th5, Dd2; 28. h3, h6; 29. Td1, De2; 30. g5, Te6; 31. Dxe2, fxe2; 32. Te1, Cf4; 33. Th4, h5; 34. g6, Te5; 35. f3, Tg5+. Y las blancas se rindieron.

EL SOSTÉN DE LA CADENA DE PEONES (Campeonato de la URSS, Moscú, 1944) V. Makagonov jugó las negras Lástima que las reglas del ajedrez no permitan que los peones coman en sentido horizontal y regresivo. Tal disposición psicológica sería ideal para atacar. ¿Y para defenderse? Por eso, los peones miran siempre y con timidez a los lados para ver si están protegidos por sus piezas. Se sienten más seguros si se disponen formando cuña, como el vuelo de las grullas cuando van de paso, ya que así cada peón tiene protegida su retaguardia. ¿Cada peón? ¿Y qué pieza protege la retaguardia del último? Por lo común, ninguna, no obstante llevar sobre sus hombros la suerte de más de un peón. Para citar un ejemplo, señalemos el peón c6 negro de la posición en el diagrama. Esta circunstancia es justificable: el peón que sirve de sostén suele estar situado en la retaguardia y nada le amenaza en el medio juego. Así y todo, hay piezas que logran infiltrarse en el dispositivo defensivo. Una muestra de ello es el movimiento 22. Ta6, que tiene por finalidad apoderarse del peón c6.

Diagrama núm. 180 Después de 39. Th3

Aunque las blancas primero tuvieron que quebrantar la postura del peón g6, y luego efectuar la combinación Ah6-Ae3 y Txe3-Th3. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Cxe4; 6. d4, b5; 7. Ab3, d5; 8. dxe5, Ae6; 9. c3, Ae7; 10. Cbd2, Cc5; 11. Ac2, Ag4; 12. Te1, Dd7; 13. Cf1, Td8; 14. Ce3, Ah5; 15. Cf5, Ce6; 16. a4, Ac5; 17. b4, Ab6; 18. axb5, axb5; 19. Dd3, Axf3; 20. Dxf3, Ce7; 21.

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Cxe7, Dxe7; 22. Ta6, 0-0; 23. Dh3, g6; 24. Ah6, Tfe8; 25. Ad3, Dd7; 26. Taa1, Ta8; 27. Df3, c6; 28. h4, Ta7; 29. h5, Tea8; 30. Txa7, Txa7; 31. Dg4, De7; 32. hxg6, hxg6; 33. Axg6, fxg6; 34. Dxg6+, Rh8; 35. Ae3, Axe3; 36. Txe3, Ta1+; 37. Rh2, Cf4; 38. Dh6+, Dh7; 39. Th3, Dxh6; 40. Txh6+, Rg7; 41. Txc6, d4; 42. cxd4, Tb1; 43. g3. Se convino en que la partida quedaba en empate.

OCHO ES LA MITAD DE DIECISÉIS (Campeonato de la URSS, Leningrado, 1947) V. Alatortsev jugó las negras “En la apertura, todas las piezas deben ponerse en movimiento.” Sabemos este precepto y, por lo mismo, procuramos cumplirlo. Sin embargo, Alatortsev, aspirante a doctor en ciencias pedagógicas, efectuó con su caballería ocho movimientos de los dieciséis primeros de la apertura. ¿Cómo? ¿Es que las leyes de la estrategia no rigen igual para todos? Así que tuve oportunidad de avanzar, sacrificando un peón, ataqué contra el rey negro perdido en el centro del tablero. Las negras perdieron una pieza. ¿Qué más se les podía pedir a las blancas? ¡Con todo eso, no supe ganar el final de la partida! Actualmente recuerdo con tristeza aquellos lejanos días y pienso: “Hoy es posible que ganase

Diagrama núm. 181 Después de 25. Ca4

aquel final; pero no sé si sería capaz de realizar otro ataque igual…” A propósito; ¿fue oportuna la entrega del peón y la toma con la dama en el punto e5? ¿No me precipité?

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El lector tiene la palabra. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Cxe4; 6. d4, b5; 7. Ab3, d5; 8. dxe5, Ae6; 9. c3, Cc5; 10. Ac2, Ag4; 11. Te1, Ce6; 12. a4, Ca5; 13. axb5, axb5; 14. Dd3, c6; 15. Cd4, Cxd4; 16. cxd4, Cc4; 17. Txa8, Dxa8; 18. Cc3, g6; 19. Dg3, Dc8; 20. Ad3, Ab4; 21. Axc4, bxc4; 22. e6, Axe6; 23. De5, Rd7; 24. Af4, Te8; 25. Ca4, Db8; 26. Dxb8, Txb8; 27. Txe6, Ta8; 28. Cb6+, Rxe6; 29. Cxa8, Rf5; 30. Ah6, g5; 31. h4, f6; 32. hxg5, fxg5; 33. Ag7, Re4; 34. Cc7, Rd3; 35. Ah6, Ae7; 36. Ce6, g4; 37. Rf1, Rc2; 38. Re2, Rxb2; 39. Cc5, Rb1; 40. f4, gxf3a.p.+; 41. gxf3, Af6; 42. Re3, c3; 43. Rd3, c2; 44. Cb3, Rb2; 45. Cc1, Ae7; 46. Ce2, Ab4. Se dejó en tablas.

NIKITIN EL “MEJICANO” (Campeonato de la Unión Soviética, Tbilisi, 1959) A. Nikitin jugó las negras El mejicano Carlos Torre entregó la dama en su inmortal partida con el doctor Emanuel Lasker, en el torneo celebrado en Moscú, el año 1925. Por lo visto, al maestro moscovita Nikitin le desasosegaban los laureles cosechados por Torre, no obstante, ser menos conocido que éste. La combinación llamada el “molino” es una de las más peligrosas, porque resulta casi imposible

rechazarla. Nikitin no tuvo dispuestas las piezas para realizarla. Recuerdo que meditó mucho rato sobre el movimiento 28. …, Tg8; y yo lo hice sobre el vigésimo noveno. Así que el caballo blanco comió el peón de la dama, el joven maestro no pudo contenerse y efectuó rápidamente el “molino” al estilo de Carlos Torre. Pero, como se ha dicho, sus piezas no estaban preparadas para ello.

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Tras meditar unos segundos, tomé con el caballo la dama negra. Nikitin se estremeció, contempló el tablero y me tendió la mano felicitándome por la victoria. El propósito de las negras fue acertado, aún cuando no pasó de ser un simple propósito. Veamos la variante principal: 28. …, Tg8; 29. Cxd5, Ae4; 30. Cxf6, Txg2+; 31. Rh1, Txf2+; 32. Rg1, Tg2+; 33. Rh1, Tg1++. Pero el alfil de la dama no tuvo tiempo de retirarse a a8; por lo cual, las blancas liquidaban con el movimiento 32. Cxe4, la pieza más peligrosa. ¡Este error fue una verdadera lástima, aunque yo ganase la partida por él! Siempre duele que un microdetalle destruya el fruto de un trabajo laborioso… 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Cxe4; 6. d4, b5; 7. Ab3, d5; 8. dxe5, Ae6; 9. c3, Ae7; 10. De2, Cc5; 11. Cd4, Cxd4; 12. cxd4, Cxb3; 13. axb3, 0-0; 14. Cc3, c5; 15. dxc5, Axc5; 16. Af4, Db6; 17. Dd3, Tad8; 18. Ag5, Td7; 19. Tac1, Ad4; 20. Dg3, Af5; 21. Af6, Ag6; 22. Dg4, gxf6; 23. Dxd7, Td8; 24. Dg4, fxe5; 25. Tcd1, Rh8; 26. b4, Df6; 27. Td2, Af5; 28. Dd1, Tg8; 29. Cxd5, Ae4; 30. Cxf6. Y las negras abandonaron.

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Diagrama núm. 182 Después de 29. …, Ae4


EL ARTE AJEDRECISTA EN LA INDIA (Campeonato de estudiantes, Liverpool, 1952) G. Katragadda jugó las negras Si el contenido del ajedrez es infinito, no lo son menos las leyendas sobre el origen de este juego. Sólo un detalle permanece invariable y se corre de boca en boca: la India: país que en la remota antigüedad inventó el sabio juego de Oriente. Durante el primer campeonato estudiantil, celebrado en el año 1952, tuve la fortuna de hacer amistad con un talento y simpático joven indio. Desgraciadamente, desde entonces no he visto el nombre de mi competidor en las revistas de ajedrez. ¿Se habrá retirado de esta actividad deportiva? La afición al ajedrez difícilmente se pierde. Cifro la esperanza en que él lea esta página. En el extranjero se publicó, no hace mucho, una monografía sobre la vida y el arte del gran maestro indio Sultán-Khan, destacado ajedrecista que fue cuatro veces campeón de Inglaterra y compitió con Flor, Menchik, Capablanca, Euwe y Tartakover. Todavía no he visto la citada monografía y desconozco a su autor. ¿No la habrá escrito G. Katragadda?...

Diagrama núm. 183 Después de 14. …, Ac5

axb3, Ae7; 12. c4, bxc4; 13. bxc4, d4; 14. Ae3, Ac5; 15. Cc3, Dc8; 16. Cxd4, Axd4; 17. Axd4, Cxd4; 18. Txd4, 0-0; 19. Ce4, Td8; 20. Tad1, Txd4; 21. Txd4, De8; 22. Dd2, h6; 23. h3, De7; 24. f4, a5; 25. c5, a4; 26. Db4, Ab3; 27. Cg3, Td8; 28. Cf5, De8; 29. Dd2, Txd4; 30. Dxd4, De6; 31. Ce3, Dc6; 32. f5, Db5; 33. Rf2, Da5; 34. f6, Ae6; 35. Rf3, a3; 36. Dd8+, Rh7; 37. Df8, gxf6; 38. exf6. Y las negras se rindieron.

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Cxe4; 6. d4, b5; 7. Ab3, d5; 8. dxe5, Ae6; 9. De2, Cc5; 10. Td1, Cxb3; 11.

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ENSAYO EN EL ENTREACTO (Partida de preparación, Moscú, 1946) P. Keres jugó las blancas Por primera vez, me enfrentaba con este notable ajedrecista y, naturalmente, ello me causó gran emoción. Nuestro equipo se había reunido para el encuentro EE. UU.URSS; pero como nuestros visitantes se retrasaron, la comisión organizadora determinó que hiciésemos unos encuentros preparatorios. A mí me tocó jugar las negras en una partida con Pablo Petrovich Keres. Desde luego, pensé hacer 1. …, e5; sin preocuparme que mi competidor hiciese el gambito de rey, pues entonces no temía a los grandes maestros en el juego tirante. Cuando optó por la apertura española, decidí hacer la variante abierta según el sistema del inglés Dillwors. A la sazón yo tenía preparado un artículo sobre la variante en cuestión para publicarlo en la revista “El ajedrez en la URSS”; por tanto, estaba armado hasta los dientes de movimientos propios y ajenos. Pero no pude hacerla, porque Keres usó su propio método de ataque 9. De2!, y 10. c4. La maniobra Dd5-Dxe5-Dh8Dh3 de la dama negra fue lo que se quedó en mi memoria; posteriormente, la practique en una partida con el maestro E. Mujin. Este relato quedaría incompleto si no se añadiese que la víspe-

Diagrama núm. 184 Después de 21. Dh5+

ra de mi encuentro con Botvinnik jugué una partida de preparación con Keres y la perdí. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Cxe4; 6. d4, b5; 7. Ab3, d5; 8. dxe5, Ae6; 9. De2, Ae7; 10. c4, bxc4; 11. Aa4, Ad7; 12. e6, fxe6; 13. Axc6, Axc6; 14. Ce5, Ab7; 15. Dh5+, g6; 16. Cxg6, Cf6; 17. Dh6, Tg8; 18. Ce5, d4; 19. f3, Dd5; 20. Af4, Cd7; 21. Dh5+, Tg6; 22. Dxh7, Cxe5; 23. Axe5, Txg2+; 24. Rxg2, Dxe5; 25. Dg6+, Rd7; 26. Cd2, Dh8; 27. Rh1, Tg8; 28. Dc2, Dh3; 29. Tf2, Ad5; 30. Ce4, Ah4; 31. Tff1, d3; 32. Dd2, Tg4; 33. Tf2, Axf2; 34. Dxf2, Dxf3+;

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35. Dxf3, Axe4; 36. Dxe4, Txe4; 37. Td1, Te2. Y las blancas se rindieron.

VARIANTES EMBROLLADAS (Campeonato de la URSS por equipos, Leningrado, 1962) V. Korchnoi jugó las negras En la apertura española, el caballo b1 salta comúnmente a d2, con lo que ocupa una posición conveniente y no estorba la evolución del alfil c1; con todo, se observará que esto no se suele hacer en la variante abierta. El caballo situado en d2 espera cierto tiempo; por lo demás, su destino es bien conocido: Cd2, Cb3 y, después, Cd4. Se preguntará: ¿Para qué tantas diligencias? ¿Para ser cambiado por el caballo c6 o por el alfil e6? Siendo así, ¿no se puede ahorrar un movimiento? El caballo del rey está mucho más cerca de la casilla d4, por hallarse en la f3 desde el segundo movimiento de la partida. ¿No convendría hacer revisión de los planes al uso y encomendar la misión del caballo de la dama al del rey? Es decir, encomendar a cada uno de ellos lo que le resulte más hacedero. Posiblemente así se originó la idea de esta variante de apertura: diferir la evolución del caballo de la dama y situar el del rey en la casilla d4 en cuanto haya oportunidad para ello. Los movimientos Ab3-Ac2 y De2 se hacen para ver la reacción del

oponente y actuar de acuerdo con ella. Las blancas quieren saber qué hará el contrincante con el caballo e4: ¿lo defenderá con el movimiento f5 o con el Af5, o bien lo hará con el Ag4, apoyándose indirectamente en su caballo c6 y apuntando contra el peón e5 adversario? Actúan según el planteamiento del juego de las negras: ya hacen Td1 para atacar contra el peón d5 o realizan el movimiento Cd4 y el ataque f4-f5-f6. Recuerdo que me esforcé por analizar todas las posibilidades del ataque Ab3-Ac2 ligado con el movimiento De2; por más que estudié esta variante, no pude llegar a un resultado positivo. Seguro que el lector estudioso desea conocerla; es un deseo lógico. La más embrollada quizás sea la que se produce tras 11. …, f5. Si sucede 12. exf6a.p., las negras pueden hacer 12. …, Txf6; y responder a 13. Cg5, con 13. …, Ac5; pero no con 13. …, Af5; porque después de 14. Cxe4, se pierde limpiamente un peón: 14. …, dxe4; 15. Cd2, e3; 16. Ab3+.

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La variante fundamental tiene el siguiente aspecto: 13. …, Ac5; 14. Cxe4, dxe4; 15. Axe4, Ac4; 16. Dh5, Axf1; 17. Axh7+, Rf8; 18. Dxc5+, Ce7; 19. Ag5, Dd1; 20. Cd2, Dxa1; 21. Cxf1. No es fácil valorar la posición que se produce después de 21. Cxf1. Las blancas tienen una superioridad considerable: dos alfiles, poderosos por su movilidad, contra dos inactivas torres, además de exceder a las negras en dos peones en el flanco del rey, mientras que el monarca negro está sin cobertura y necesita protección. En cuanto a esta partida, ¿puede predecirse el resultado de ella si el estilo de sus autores es distinto? ¿Cómo deben las negras responder a 11. De2? En este caso hay que consultar los manuales de teoría de las aperturas. Entre los últimos encuentros puede citarse la partida Tal - Keres en que las negras respondieron con 11. …, Dd7!. Este movimiento estuvo de moda los años 1969-1970. ¿Durará mucho? Lo que dura cualquier moda mientras no se presenta una novedad. Cuando el lector haya analizado esta partida y pase a la página subsiguiente puede que se pregunte: De estas dos partidas semejantes, ¿cuál se jugó primero? Pues las dos datan de 1962 y se jugaron en Leningrado. Debo añadir que se realizaron en el término de una semana. En la primera, Korchnoi hizo 11. …, Cc5; y en la segunda, efectuada dos días después, 11. …, f5. Éste es el resul-

Diagrama núm. 185 Después de 11. De2

tado del trabajo preparatorio hecho en casa. Hubo un tiempo en que los teóricos investigaron la variante 10. a4, b4; 11. Cd4, Cxe5; 12. f4, Ag4; 13. Dc2, c5!; (13. ...,Cg6?; 14. f5, Ce5, 15. Af4!) 14. fxe5, cxd4; y el juego resulta complicado. También es digna de atención la 11. …, Cxd4!; 12. cxd4, c5; 13. f3, Cg5; 14. f4, c4!. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Cxe4; 6. d4, b5; 7. Ab3, d5; 8. dxe5, Ae6; 9. c3, Ae7; 10. Ac2, 0-0; 11. De2, Cc5; 12. Cd4, Dd7; 13. Cd2, Cxd4; 14. cxd4, Cb7; 15. Cf3, Af5; 16. Ag5, Axg5; 17. Cxg5, c5; 18. f4, cxd4; 19. Dd2, Cc5; 20. Dxd4, Axc2; 21. Dxc5, Tac8; 22. Dd4, Tc4; 23. Dd2, Af5; 24. b3. Se acordó dejarlo por tablas.

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UN JAQUE OPORTUNO (Campeonato de la Sociedad “Dinamo”, Vilnius, 1961) K. Abdrajmanov jugó las negras Ésta es una de las pocas partidas en que si el adversario me preocupó, él no temió de mí absolutamente nada. Es más; a partir del vigésimo movimiento tuve que rechazar una turbonada de ataques. Primero, el alfil penetró en la casilla e4 y amenazó al caballo f3; tras haber retirado esta pieza, la dama negra ocupó el escaque g5 y apuntó contra el peón g2. Luego de haber rechazado como pude esta amenaza y situado la torre en d1, las negras idearon una sutil combinación en que entregaban la dama. Si la torre come a la dama, las negras dan mate así: 27. …, Ta1+; 28. Td1, Txd1++; si no se mueve la torre, las negras pueden tomarla con la dama y el resultado no será ni mucho menos favorable a las blancas; y si la torre se retira, se pierde el peón b2. ¡Estos peligros fueron tejidos con mucha sutileza! Las hazañas de las piezas negras bastan y sobran para hacer dos partidas. Pero el prosaico movimiento 27. Cf5+, desbarató los planes del adversario. Con todo y eso, hay que reconocer el mérito de mi competidor. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Cxe4; 6. d4, b5; 7. Ab3, d5; 8. dxe5, Ae6;

Diagrama núm. 186 Después de 24. …, Ta8

9. c3, Ae7; 10. Ac2, 0-0; 11. De2, Ac5; 12. Cbd2, Cxd2; 13. Axd2, g6; 14. Ag5, Ae7; 15. Axe7, Cxe7; 16. De3, Rg7; 17. a4, Cf5; 18. Axf5, Axf5; 19. axb5, axb5; 20. Dc5, Txa1; 21. Txa1, Ae4; 22. Cd4, Dg5; 23. f3, Ad3; 24. e6, Ta8; 25. Td1, De3+; 26. Rh1, Dd2; 27. Cf5+, Axf5; 28. Txd2, Ta1+; 29. Dg1, Txg1+; 30. Rxg1, Axe6; 31. b4, Rf6; 32. Rf2, h5; 33. Re3, Re5; 34. Ta2, d4+; 35. cxd4+, Rd5; 36. Tc2, c6; 37. h4, Rd6; 38. Tc5, Ad5; 39. g4, Re6; 40. Tc1, Ac4; 41. gxh5, gxh5; 42. Tg1, f6; 43. Tg7, Rf5; 44. Th7, Rg6; 45. Tc7, Ad5; 46. Rf4, Rh6; 47. Td7. Y las negras cesaron en su resistencia.

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LA DANZA DE LOS SABLES (Encuentro Leningrado – Moscú, Leningrado, 1962) V. Korchnoi jugó las negras Los últimos diez semimovimientos, cinco por cada bando, se insertaron en casi toda la prensa ajedrecista internacional. Si bien el contenido de la partida no consistió ni mucho menos en los movimientos de referencia. La apertura se desarrolló con una rapidez extraordinaria: sobre todo, Korchnoi no vaciló en la jugada decimosegunda. ¡Lo que debe atribuirse al trabajo preparatorio realizado en casa! No sabría decir por qué el movimiento antedicho cautivó la atención y el ánimo del maestro leningradense, que tampoco vaciló en hacer 13. …, Af5. Como quiera que sea, estoy satisfecho de mi estrategia en este encuentro: al principio, las blancas redujeron el número de unidades combativas, y, en fase final, hostigaron al adversario intentando producir una debilitación diversiva de peones. Tal objeto de ataque fue el peón b3, que las negras tuvieron que defender constantemente. Esta circunstancia permitió a las blancas romper con sus piezas mayores el dispositivo adversario. La jugada 34. g4, se hizo para evitar todo jaque de las negras; a esto sucedió un ataque decisivo. El final no requiere ninguna explicación. Cifré la esperanza en la variante 39. …, Rxh6; 40. Dh8+, Rg6; 41. Dh5+, Rf6; 42. g5+!.

Diagrama núm. 187 Después de 39. Txh6+

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Cxe4; 6. d4, b5; 7. Ab3, d5; 8. dxe5, Ae6; 9. c3, Ae7; 10. Ac2, 0-0; 11. De2, f5; 12. exf6a.p., Axf6; 13. Cbd2, Af5; 14. Cxe4, Axe4; 15. Axe4, dxe4; 16. Dxe4, Dd7; 17. Af4, Tae8; 18. Dc2, Ah4; 19. Ag3, Axg3; 20. hxg3, Ce5; 21. Cxe5, Txe5; 22. Tfe1, Td5; 23. Tad1, c5; 24. a4, Td8; 25. Txd5, Dxd5; 26. axb5, axb5; 27. De2, b4; 28. cxb4, cxb4; 29. Dg4, b3; 30. Rh2, Df7; 31. Dg5, Td7; 32. f3, h6; 33. De3, Td8; 34. g4, Rh8; 35. Db6, Td2; 36. Db8+, Rh7; 37. Te8, Dxf3; 38. Th8+, Rg6; 39. Txh6+. Las negras abandonaron la partida.

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¿CONVIENE UNA DAMA O UN CABALLO Y JAQUE? (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1961) A. Cherepkov jugó las blancas ¡Invertí quince minutos en hacer el movimiento e3! La idea de la combinación con entrega de la torre había madurado en mí mucho antes de este encuentro; pero quise cerciorarme una vez más de todos sus detalles. Ésta es la causa primitiva de que frecuentemente ande falto de tiempo. Aunque comprobar dos veces las cosas todavía no ha perjudicado a nadie, conviene observar la medida justa. ¡Cuántas combinaciones excelentes he malogrado en el transcurso de mi larga actividad en las competiciones por el hecho de advertir súbitamente una contracombinación del adversario; contracombinación que la más de las veces no ha existido en el tablero ni en la mente de aquél! Esto se debe a un exceso de fantasía. En esta partida se produjo un caso así. Me pareció que el competidor contribuía intencionadamente a que mi peón e se convirtiese en dama, y yo lo transformé en… caballo. Éste fue un error pues la dama es más poderosa y, por lo mismo, más útil. ¿Por qué lo hice? ¿Por falta de tiempo? Por esto y por equivocarme. Me disponía a anunciar en alta voz: “¡e1D+!” Pero advertí de súbito una celada muy astuta: 34. …, e1D+; 35. Rg2, Df6; 36. Txh5+, gxh5; 37. Dh7+, Rg5; 38. h4+, Rg4; 39.

Dg8+. Y las negras no pueden retirar la dama al punto g4 (35. …, Dg4;), pues la pierden después de 36. h3!, además, no pueden dejar sin cobertura el punto g6. Desde luego, la dama se pierde; pero no inútilmente, porque se da mate al rey blanco así: 36. …, Dxh3+!!; 37. Rxh3, Dh1++. ¿Lo advirtieron las negras? No se sabe, pues los pensamientos de los jugadores no se anotan durante la partida. ¿Y después de ella? El lector debe, en ocasiones, creer lo que cuenta el autor. En la confianza de que es así, prosigo mi relato: Vi la variante 35. …, Dg4!; 36. h3?, Dxh3+!. Pero ¿y si las blancas no hacían 36. h3, sino otro movimiento de ataque contra el rey negro? En tal caso, ¿qué hacer?, ¿de dónde sacar los segundos necesarios para calcular con precisión las consecuencias del movimiento 36. Td8?, ¿hay defensa del jaque continuo 36. …, Axd8; 37. Df8+, Rh7; 38. Df7+? No la hay; pero dejé escapar la variante Dh3+!!, Rxh3 y Df1++!. Esto es la consecuencia de la falta de tiempo; lo peor no son las jugadas ineficaces que se hacen, sino las eficaces que se escapan a la penetración del ajedrecista. Y el error cometido duele aún más cuando el análisis posterior

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demuestra que uno podía ganar de varias maneras. La idea de convertir el peón en caballo fue bastante buena, pero no convenía realizarla en el movimiento trigésimo quinto, por suceder 35. …, e1C+; 36. Rh3. Si se considera que, después del movimiento e2, las blancas no podían salvar la partida, su error importante es el movimiento 30. Td5. Pero ¿quién va a creerlo?... Aquí cabe preguntarse: ¿Hace bien, el autor de estas líneas, criticando sus propios errores si ganó la partida? Esto no se debe a él, sino al maestro Cherepkov, que tampoco vio las variantes con el sacrificio de la dama en el punto h3 blanco, y estuvo convencido de que ganaría. Pero como también se le agotaba el tiempo, decidió sacrificar la torre en el escaque h5, independientemente del curso de los acontecimientos y con el fin de descubrir al rey negro y darle mate. Al transformarse el peón en caballo, Cherepkov no sólo no se inmutó, sino que se dispuso a efectuar rápidamente el plan de mate por él ideado: 39. Txh5+, Rxh5; 40. Dh7+, Rg4; 41. Dxg6+, Rf3; 42. Df5++. Pero, al ir a tomar con la dama el peón g6 para dar jaque, advirtió sorprendido que las negras se cubrían con el alfil y jaqueaban a la vez al rey blanco, o, caso de hacer Rf3, el rey se escondía en g2.

Diagrama núm. 188 Después de 34. g3

Dg4, De7; 12. Cd2, Dxe5; 13. Cxe4, dxe4; 14. Af4, Df6; 15. Tad1, 0-0; 16. Axc7, Tae8; 17. Af4, Ae7; 18. Ae3, Td8; 19. Td4, Txd4; 20. Axd4, Dg5; 21. Dd7, Aa8; 22. Ae3, Df6; 23. Td1, h5; 24. Dc7, Te8; 25. Td7, Ac6; 26. Ad4, Dh6; 27. Ae3, Df6; 28. Ag5, Dxg5; 29. Dxc6, e3; 30. Td5, e2; 31. Dxe8+, Rh7; 32. Ac2+, g6; 33. Dxf7+, Rh6; 34. g3, Dc1+; 35. Rg2, Df1+, 36. Rf3, e1C+; 37. Re3, Cxc2+; 38. Rd2, Cb4; 39. Txh5+, Rxh5; 40. Dh7+, Rg4; 41. cxb4, Axb4+. Y las blancas se rindieron.

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Cxe4; 6. d4, b5; 7. Ab3, d5; 8. Cxe5, Cxe5; 9. dxe5, Ab7; 10. c3, Ac5; 11.

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EL PEÓN LIBRE (Club del periódico “Izvestia”, Moscú, 1966) M. Tal jugó las negras Al ex campeón del mundo M. Tal no sólo le gusta el ajedrez sino además los espectadores ajedrecistas. Por ello, siempre está dispuesto a tomar parte en cualquier competición con tal de satisfacer a sus admiradores. Se me ocurrió organizar un encuentro y leer en voz alta las ideas de los participantes. Con este objeto, invité a Tal, que aceptó enseguida la invitación. Y la Federación Soviética aprobó la propuesta de organizar una competición experimental, empleando el tablero electrónico húngaro. A la sazón se jugaba con una rapidez extraordinaria el campeonato de Moscú, y se presentó también con una rapidez extraordinaria el riguense Tal, y sin ocurrírsele pensar que podían no permitirle tomar parte en el campeonato de la capital. Tras lo dicho, se comprenderá por qué cité sin vacilar el nombre de Tal cuando la sección deportiva del periódico “Izvestia” me propuso jugar un encuentro de cuatro partidas con uno de los grandes maestros. Al término de cada partida, la comentábamos brevemente al público. Las primeras tres partidas resultaron con empate y la cuarta la ganó el visitante riguense. Las blancas podían haber ganado este encuentro, para lo cual

Diagrama núm. 189 Después de 21. Db3

bastaba cambiar las damas y adelantar el peón hacia su conversión en dama. Pero las negras rehusaron dicho cambio; además, es difícil transformar el peón en dama, por cuanto aquéllas tienen la pareja de alfiles para impedirlo. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. d3, d6; 6. c3, Ae7; 7. Cbd2, 0-0; 8. Cf1, Cd7; 9. Cg3, Cc5; 10. Ac2, d5; 11. exd5, Dxd5; 12. b4, Ce6; 13. Ab3, Dd7; 14. 0-0, b6; 15. Te1, Ab7; 16. a4, b5; 17. axb5, axb5; 18. Txa8, Txa8; 19. Dc2, Ta1; 20. Aa2, Cf4; 21. Db3, Axb4; 22. Axf4, Txe1+; 23. Cxe1,

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exf4; 24. Ce4, Aa5; 25. Dxb5, Ab6; 26. Cf3. Tablas.

A LOS AMANTES DE LOS FINALES (Campeonato de Moscú, 1947) G. Ravinski jugó las negras La mágica diagonal b3-f7 no permitió al alfil blanco introducirse en el atrayente punto b3. Esto sucedió después de que el rey negro enrocase oportunamente y el peón f7, vulnerable hasta entonces, adquiriese potencia. ¿Quiere esto decir que el movimiento Ab3 es erróneo? Lo es hasta cierto punto, aunque es uno de aquellos errores que por sí solos rara vez causan la pérdida de la partida; su particularidad es distinta: produce microerrores según la ley de la reacción en cadena. Por ejemplo: ¿para qué invertir tres movimientos en la maniobra h3, Ch2 y f4? ¿Para resucitar única y exclusivamente el gambito de rey en el recuerdo? ¿O sirvió esta inofensiva acción para justificar la maniobra Ab3? El adversario se defendió con maestría, y, a no ser por la constante tendencia a poseer la casilla d4 para el caballo blanco, tenía posibilidades de infiltrarse en la posición de las blancas por la vertical d. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. d3, d6; 6. c3, g6; 7. Cbd2, Ag7; 8. Cf1, 0-0; 9.

Diagrama núm. 190 Después de 51. …, Tf7

Cg3, b5; 10. Ab3, Ca5; 11. Ac2, c5; 12. 0-0, Dc7; 13. h3, d5; 14. Ch2, dxe4; 15. dxe4, c4; 16. f4, exf4; 17. Axf4, Db6+; 18. Rh1, Ab7; 19. Ag5, De6; 20. Df3, Cd7; 21. Tad1, f6; 22. Af4, Cc6; 23. De3, Cce5; 24. Ce2, De7; 25. b4, Tfe8; 26. Td4, Cf8; 27. Ah6, Axh6; 28. Dxh6, Ce6; 29. Td2, Cg5; 30. Dh4, Tad8; 31. Cd4, Rg7; 32. Tdf2, Td6; 33. Df4, h5; 34. h4, Cgf7; 35. Dg3, Rh7; 36. a4, bxa4; 37. Axa4, Ted8; 38. Ac2, Cd3; 39. Axd3, cxd3; 40. Dxd3, Axe4; 41. Dg3, Ce5; 42. Te2, Ac6; 43. Chf3, Axf3; 44. Cxf3, Td1; 45. Tee1,

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Txe1; 46. Txe1, Te8; 47. Cxe5, fxe5; 48. Te4, Dd6; 49. De1, Te7; 50. c4, Dd3; 51. c5, Tf7; 52. Rh2, Tf1; 53. De2, Dxe2; 54. Txe2, Tf4; 55. Tc2, Txb4; 56. c6, Tb8; 57. Rg3, Rg7; 58. Rf3, Rf6; 59. Re4, Re6; 60. c7, Tc8; 61. Tc6+, Rd7; 62. Txa6, Txc7; 63. Rd5, e4; 64. Td6+, Re8; 65. Rxe4. Se acordó dejarlo por empate.

LA CELADA-BUMERANG (Torneo entre mayores y escolares, Kiev, 1938) L. Morgulis jugó las negras El ataque de las negras se incrementa jugada tras jugada. El momento crítico empezó después de 26. …, b4!. Como la variante 27. axb4, axb4; 28. Cxd5, Txc2; 29. Cxb4, Txb2; 30. Td4, Ac4; 31. Cd3, Axd3; 32. T1xd3, Tcc2; 33. f4, Tc1+; no me gustaba, hube de hacer 27. Ca4. Aquí, las negras habrían podido retirar la torre a c7 y aumentar sus posibilidades así: 27. …, Tc7; 28. c3, bxc3; 29. Cxc3, Tb7; pero, debido a la extrema falta de tiempo, para ambos, les atrajo el cambio de la torre por el caballo y no advirtieron el movimiento 32. Td4. El origen de ello estriba en lo siguiente: en cierto manual viejo leí que los movimientos 5. …, b5; y 6. …, d5; no reportaban ventaja a las negras, por lo que no dudé en “cazar” a mi amigo Morgulis en esta variante. Y él no tuvo inconveniente en

Diagrama núm. 191 Después de 12. …, Ae6

perder el peón g7, luego de haberlo meditado un buen rato. Entonces fue cuando el autor de aquella celada empezó a experimentar la falta de tiempo. ¿Qué hacer? ¡No iba a tomar con la dama el peón antedicho y abrirle al competi-

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dor la vertical g para que me atacase! ¡Mordí en mi propio anzuelo! ¡Puede decirse que fue una celadabumerang! 1. e4, Cc6; 2. Cf3, e5; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. d3, b5; 6. Ab3, d5; 7. exd5, Cxd5; 8. 0-0, Ae7; 9. Te1, Dd6; 10. d4, exd4; 11. Cxd4, Cxd4; 12. Dxd4, Ae6; 13. De4, Td8; 14. Cc3, c6; 15. Axd5, cxd5; 16. Df4, 0-0; 17. Dxd6, Axd6; 18. Ag5, Tc8; 19. Tad1, Ab4; 20. Td3, Tc4; 21. Ted1, h6; 22. Ae3, Tfc8; 23. Ad4, Ac5; 24. Axc5, T8xc5; 25. a3, a5; 26. f3, b4; 27. Ca4, Tc6; 28. c3, bxa3; 29. b3, Txa4; 30. bxa4, Tc4; 31. Ta1, Txa4; 32. Td4, Txd4; 33. cxd4, Ad7; 34. Txa3, a4; 35. Rf2, Rf8; 36. Re3, Re7; 37. Rd3, Rd6; 38. Rc3, h5; 39. Rb4, h4; 40. Tc3, Ac6; 41. Ra5, g5; 42. Rb6, Ad7; 43. Tc7, f6; 44. Ta7, Ae8; 45. Ta8, Ad7; 46. Td8, Re7; 47. Rc7. Las negras abandonaron.

JANAN EL “RUBIO” (Torneo entre mayores y escolares, Kiev, 1938) J. Muchnik jugó las negras J. L. Muchnik, aspirante a doctor en ciencias aplicadas y deportista profesional, era por aquellos años un simple alumno de una de las escuelas de Kiev. En nuestro club de ajedrez lo llamábamos Janan el “Rubio”, quien se distinguía por su clara visión y aguda inteligencia.

¡No hubo ni uno de nosotros que no sufriese las consecuencias de sus ataques de mate sentado al tablero, y las de sus pesados puños en los momentos de zanjar cuestiones al margen de las relaciones escolares! Por lo cual, no cabe pensar en que descuidase la dama en este encuentro; sin embargo, cometió un

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error; luego de haberse prevenido de las amenazas 24. Cxf6+, y 25. Dxd5, dio por terminada su defensa y no meditó más sobre el contexto de los movimientos de las blancas. Por ello, su descuido 28. …, g5?; puede considerarse como un acierto psicológico por mi parte; quizás el primero en mi vida. El torneo estuvo compuesto por seis campeones escolares y seis aspirantes a maestro de los más fuertes que había en la ciudad de Kiev. Conseguí dos puntos más de lo necesario para obtener el nombramiento de jugador de primera categoría. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. d3, d6; 6. c4, Ad7; 7. Cc3, g6; 8. Ag5, Ag7; 9. Dd2, h6; 10. Ah4, Cd4; 11. Axd7+, Dxd7; 12. Cxd4, exd4; 13. Ce2, Ch5; 14. 0-0, 0-0; 15. f4, f5; 16. exf5, Dxf5; 17. h3, Dd7; 18. g4, Cf6; 19. Axf6, Axf6; 20. Cg3, d5; 21. cxd5, Dxd5; 22. Ce4, c5; 23. Dg2, Rg7; 24. Tac1, Tac8; 25. b3, b5; 26. Tc2, Ae7; 27. Df3, Tc6; 28. f5, g5; 29. Cxg5, Dxf3; 30. Cxf3, Ag5; 31. Ce5, Tc7; 32. h4, Ae3+; 33. Rg2, Tf6; 34. Rh3, a5; 35. Tg2, Ta6; 36. g5, hxg5; 37. hxg5, a4; 38. f6+, Rf8; 39. g6. Y las negras abandonaron la partida.

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Diagrama núm. 192 Después de 23. Dg2


DUELO ENTRE DOS VETERANOS (Torneo entre mayores y escolares, Kiev, 1938) A. Bannik jugó las negras Un año antes de jugarse la presente partida, tomé parte por primera vez en una competición importante. ¡Llegué a la final de un torneo para escolares en el que participaron varios ajedrecistas de segunda categoría y dos de primera! Hoy día continúo sin explicarme cómo, jugando las negras, le gané la partida al veterano de segunda categoría Anatolio Bannik. Cuando compartí los puestos séptimo y noveno con él y con Marcos Usach, fui aceptado en el clan de los ajedrecistas de tercera categoría; esto me causó una alegría inefable. Así que este encuentro con Bannik bien puede llamarse duelo entre dos veteranos. Habría sido mejor hacer 26. Tcd1, pues 26. Axc8, limitó el juego de las blancas. Pero entonces uno valoraba distintamente de ahora. En la fase final, el caballo negro fue superior al alfil blanco. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. d3, d6; 6. c4, Ad7; 7. Cc3, Ae7; 8. d4, 0-0; 9. d5, Cb8; 10. Ac2, c5; 11. dxc6a.p., Cxc6; 12. 0-0, Tc8; 13. Ad3, Ae6; 14. b3, Cd7; 15. Ae3, Cc5; 16. Tc1, Af6; 17. Dd2, Ag4; 18. Ae2, Ce6; 19. Cd5, Axf3; 20. Axf3, Ccd4; 21. Ag4, g6; 22. f4, exf4; 23. Cxf6+, Dxf6; 24. Axd4, Dxd4+; 25. Dxd4, Cxd4; 26. Axc8, Ce2+; 27. Rf2,

Diagrama núm. 193 Después de 21. Ag4

Cxc1; 28. Axb7, Cxa2; 29. Axa6, Tb8; 30. Ab5, Cc3; 31. Aa4, Cxe4+; 32. Re2, g5; 33. Tc1, Rg7; 34. Tc2, f5; 35. Rd3, Rf6; 36. Rd4, Re6; 37. Ta2, Tb4; 38. Tb2, g4; 39. Ac6, Cc5; 40. Ad5+, Rf6; 41. Rc3, Tb8; 42. Tb1, Te8; 43. b4, Te3+; 44. Rd2, Cd7; 45. g3, Ta3; 46. gxf4, Ta2+; 47. Rc3, Txh2; 48. b5, Cb6; 49. Te1, Ca4+; 50. Rd4, Cc5; 51. b6, Tb2; 52. b7, h5; 53. Te8, Tb3; 54. Te3, Tb6; 55. Te8, Tb3; 56. Te3, Tb6; 57. Te8, Tb3. Tablas.

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UN COMPETIDOR PELIGROSO (Encuentro Hungría – Unión Soviética, Budapest, 1955) L. Sabo jugó las negras El movimiento 10. …, b3; fue tan contundente que hizo que se cambiasen enseguida los papeles: las blancas empezaron a buscar medios defensivos, y las negras trataron de quebrantar la defensa de aquéllas. Hube de resignarme a representar el papel de defensor, por haber invertido la mayor parte de mi tiempo en la apertura. También quise distinguirme; por ello, analicé las consecuencias del movimiento 12. Dg4. Con este movimiento se ataca simultáneamente contra el caballo d4 y el peón g7. Como el competidor retiraría el caballo, la dama blanca podría tomar el peón de referencia. Pero lo interesante era saber a dónde lo retiraría. ¿Optaría Sabo por la variante 12. …, Cc2+; 13. Rd1, Cxa1? ¡No; él no es de los que lanzan un caballo a lo desconocido! Por otra parte, la posición del rey negro sería indefendible después de 14. Dxg7, Tf8; 15. Te1! Finalmente vi que a 12 Dg4, seguiría 12. …, 0-0; y a 13. Dxd4, sucedería 13. …, Af6. ¡Bien puede decirse que Sabo es un competidor peligroso y sagaz!

Diagrama núm. 194 Después de 11. …, Tb8

9. exd5, Cd4; 10. Cxe5, b3; 11. cxb3, Tb8; 12. Cd2, Ab7; 13. 0-0, Axd5; 14. Dg4, c5; 15. Ce4, 0-0, 16. Ah6, Ce6; 17. Cg3, Tb4; 18. Cc4, Rh8; 19. Ad2, Txb3; 20. Aa5, Da8; 21. Ac3, Txc3; 22. Cb6, Dd8; 23. Cxd5, Txd3; 24. Cxe7, Dxe7; 25. Dc4, Dd6; 26. Tfe1, Td4; 27. Dc3, Dd5; 28. Ce2, Td2; 29. Cg3, Tb8; 30. Ce4, Td4; 31. Dc2, h5; 32. Te3, Cf4; 33. g3, Cd3; 34. Tb1, c4; 35. Cc3, Df5; 36. De2, Rh7; 37. Tf3, De6; 38. De3, Ce5; 39. Tf4, Td3; 40. De4+, Rg8; 41. Rg2, d5. Las blancas se rindieron.

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. d3, b5; 6. Ab3, Ae7; 7. a4, b4; 8. Ad5, Cxd5;

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REPASO DE LO APRENDIDO (Torneo internacional, Moscú, 1962) P. Deli jugó las negras Diagrama núm. 195 Después de 28. g3

Me enorgullezco de esta partida. Es posible que al lector le agrade el juego de las blancas, pues todo parece muy sencillo; pero en la realidad… Si uno no pecase de modesto, podría elogiarse a sí mismo: trabajo limpio, descripción fácil y técnica elevada. Guillermo Steinitz, campeón del mundo durante muchos años y legendario filósofo ajedrecista, me enseñó a ganar partidas lógicas y de carácter complicado. Una de sus obras maestras más brillante, es la victoria sobre Chigorin en un encuentro celebrado en La Habana el año 1892. ¿Pudo Deli organizar su defensa? Es difícil dar una respuesta concreta a esta pregunta. Como quiera que sea, si llevaba intención de contrarrestar el movimiento h5 con el g5, no tenía necesidad de sacar el caballo de la casilla e7 para situarlo en la b6. El caballo blanco se plantó en el indefenso escaque f5 negro, y el largo recorrido del caballo negro a b6 sirvió sólo para que esta pieza contemplase de lejos la ruina de su bando. La tragedia del rey negro se debe, entre otras circunstancias, a no poder tomar el caballo d6 adversario (32. …, Dxd6; 33. Dxf7+) ni

echarlo de la posición que ocupa (pues a 32. …, f6; sucede 33. Df5+, Dxf5; 34. exf5, Ae7; 35. Cxb7). 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. d3, d6; 6. c3, g6; 7. Ag5, h6; 8. Ah4, Ag7; 9. Cbd2, Ad7; 10. Cf1, Ce7; 11. Ab3, c6; 12. Ce3, Dc7; 13. Dc2, 0-0; 14. d4, Tfe8; 15. dxe5, dxe5; 16. Axf6, Axf6; 17. h4, Cc8; 18. h5, g5; 19. Td1, Cb6; 20. Ch2, Tad8; 21. De2, Rg7; 22. Df3, Ac8; 23. 0-0, Txd1; 24. Txd1, Td8; 25. Txd8, Dxd8; 26. Chg4, a5; 27. a4, Dd6; 28. g3, Axg4; 29. Dxg4, Dd7; 30. Df3, Ad8; 31. Cf5+, Rh7; 32. Cd6, Rg7; 33. Cxf7.

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Y las negras abandonaron la partida.

LA AMARGA SUERTE DEL ALFIL (Torneo conmemorativo a Astalos, Miskolez, 1963) L. Lendel jugó las negras ¿Qué es lo más aleccionador de esta partida? Acaso la amarga suerte del alfil, encerrado por sus propios peones; quizá la jugada de ruptura b6, hecha con el fin de abrir la posición; tal vez el movimiento Ca3, efectuado al objeto de realizar la compleja marcha Cb5-Cc7-Ce6, o por ventura el tenso final de cuatro torres. Recuerdo que el movimiento Rg7 negro desbarató por entero la combinación planeada por mí: 50. …, Txh4?; 51. c5!, bxc5; 52. Tb8+, Rf7; 53. T1b7+, Re6; 54. Te8++. Luego las negras no tenían por qué perder; pero la falta de tiempo no sólo es amiga mía… Posiblemente no debían haberse apresurado en hacer 18. …, De6. A consecuencia de este paso dado tan apresuradamente por la dama, el peón f7 perdió movilidad y todas las piezas negras tuvieron que realizar una prolongada y poco prometedora defensa en la fase final. Si yo hubiera jugado las negras, no habría hecho h5. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. d3, d6; 6. c3, Ad7; 7. Cbd2, g6; 8. Cf1, h6; 9. h3, Ag7; 10. g4, De7; 11. Ce3, Cd8; 12. Axd7+, Dxd7; 13. Dc2, Cc6; 14.

Diagrama núm. 196 Después de 24. …, Cc8

b4, h5; 15. g5, Cg8; 16. Ab2, Cge7; 17. Db3, 0-0; 18. a4, De6; 19. Dxe6, fxe6; 20. Re2, Tf4; 21. Cd2, a5; 22. b5, Cb8; 23. b6, c5; 24. Cec4, Cc8; 25. Ca3, Ta6; 26. Cb5, d5; 27. Aa3, Txb6; 28. Axc5, Tc6; 29. Ae3, Tf7; 30. Cb3, b6; 31. f3, Ca6; 32. Thc1, Cc7; 33. c4, d4; 34. Ad2, Ca6; 35. Tab1, Cc5; 36. Cxc5, Txc5; 37. Tc2, Td7; 38. Ac1, Af8; 39. Ab2, Ae7; 40. h4, Tc6; 41. f4, exf4; 42. Axd4, Ac5; 43. Ae5, f3+; 44. Rd2, Cd6; 45. Axd6, Axd6; 46. Cxd6, Tcxd6; 47. Tc3, e5; 48. Re3, Tf7; 49. Rf2, Tf4; 50. Tcb3, Rg7; 51. Th1, Td7; 52. Th3, Td6; 53. Th2, Td7; 54. Th1,

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Td6; 55. Th3, Td7; 56. Txf3, Txh4; 57. Txb6, Th2+; 58. Re3, Tg2; 59. c5, Tc2; 60. Tff6, Txc5; 61. Txg6+, Rh7; 62. Tgd6, Txd6; 63. Txd6, h4; 64. Rf3, Tc3; 65. Rg4, h3; 66. Th6+, Rg7; 67. Txh3. Las negras depusieron las armas.

UNA CASA DE PEONES-LADRILLO (Torneo internacional, Debreczen, 1967) I. Sidor jugó las negras Diagrama núm. 197 Después de 31. Rb1

A menudo olvidamos que ninguna pieza puede pasar por encima de los peones, salvo el caballo. Siendo así, por qué no utilizar este descubrimiento para hacer continuamente tablas por un procedimiento técnico tan sencillo como cambiar pronto los caballos y construir con las demás piezas una cómoda casa, cuyas paredes y techumbre sean de peones-ladrillo. El peón es un excelente material para la construcción; con él se puede hacer todo lo imaginable. No sé si el maestro polaco I. Sidor opinó así; pero lo cierto es que sus acciones tuvieron una tendencia clara y precisa; así que en el tablero no quedaron más que las piezas mayores, se le ocurrió parapetarse detrás de la pared que había levantado. ¡Es un competidor sagaz! Si antes hubiera adivinado su propósito, no habría hecho el inofensivo movimiento 15. g4, sino el ofensivo 15. Axc6!. Tras esto, me quedaban los caballos, que saltan

con una facilidad extraordinaria cualquier pared. Todo eso estuvo bien; pero Sidor olvidó lo más elemental: si los castillos antiguos tuvieron puertas, cómo no van a tenerlas las casas modernas. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. d3, d6; 6.

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c3, Ad7; 7. Cbd2, g6; 8. Cf1, Ag7; 9. Ag5, h6; 10. Ah4, 0-0; 11. Ce3, De8; 12. Axf6, Axf6; 13. h4, Ag7; 14. h5, g5; 15. g4, b5; 16. Ac2, Cd8; 17. Cd2, Ce6; 18. Cdf1, Cf4; 19. Cg3, Ae6; 20. Ab3, Db8; 21. Cgf5, Db7; 22. Cd5, Tfe8; 23. Cxf4, exf4; 24. Axe6, fxe6; 25. Cxg7, Rxg7; 26. Dc2, c6; 27. d4, Df7; 28. 0-0-0, Ta7; 29. The1, Tc8; 30. f3, Tac7; 31. Rb1, Tb7; 32. c4, bxc4; 33. Dxc4, Tb5; 34. Te2, De8; 35. Tc2, Tcb8; 36. Dc3, Rg8; 37. Da3, De7; 38. Dxa6, T5b6; 39. Dd3, Db7; 40. b3, Df7; 41. Tdc1, e5; 42. Ra1, De8. Las negras se rindieron.

UNA VERTICAL PARA EL ALFIL (Encuentro Unión Soviética - Gran Bretaña, Londres, 1947) G. Abrahams jugó las negras En el momento de diferir la terminación de esta partida no vi que 44. Txc7, Rb6; 45. Ad5, forzaba a una inminente capitulación; en cambio, 44. Re4?, prolongó la lucha. Pero, no hay mal que por bien no venga. Pues se ofreció la posibilidad de hacer la variante 46. …, Te3+; 47. Rd5, f3; 48. Tf7, Te2; 49. Aa6, e4; 50. c5, Td2+; 51. Rc6, Tc2; 52. Tf5, e3; 53. Rb6, e2; 54. Tf4+!, 55. Txf3+, y 56. Axe2, y el peón blanco va hacia su conversión en dama. Las blancas acaso no tenían necesidad de complicarse el final; la simple continuación 22. g3, Cfg6; 23. Cf5+, les aseguraba un ataque estable.

Esta partida se caracteriza, además, por el poder que el alfil español manifiesta de vez en cuando. Se observará que las blancas no hacen d5, sino que abren la vertical d a fin de dar movilidad a su alfil y ampliarle el radio de acción en el territorio adversario. ¿No parece extraño que para un alfil se abra una vertical en vez de una diagonal? 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. d3, d6; 6. c3, Ae7; 7. Cbd2, 0-0; 8. 0-0, Ag4; 9. Te1, Ch5; 10. h3, Axf3; 11. Dxf3, g6; 12. Cf1, Ag5; 13. Ae3, Axe3; 14. Cxe3, Cf4; 15. Tad1, Dg5; 16. Dg4, Dxg4; 17. hxg4, Ce7; 18. d4, Tad8; 19. Ab3, Rg7; 20. Td2, f6; 21. Rh2, g5; 22. Cf5+, Cxf5; 23. exf5, h5; 24.

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g3, hxg4; 25. gxf4, gxf4; 26. Tg1, Th8+; 27. Rg2, Rh6; 28. dxe5, dxe5; 29. Txd8, Txd8; 30. Th1+, Rg5; 31. Af7, Rxf5; 32. Th5+, Re4; 33. Ag6+, Rd5; 34. Af5, Tg8; 35. Th6, g3; 36. Txf6, gxf2+, 37. Rxf2, Th8; 38. Rf3, Th2; 39. b3, Txa2; 40. Ae4+, Rc5; 41. Axb7, Ta3; 42. Txa6, Txb3; 43. Tc6+, Rb5; 44. Re4, Ta3; 45. c4+, Rb4; 46. Txc7, f3; 47. Ad5, f2; 48. Tf7, Ta1; 49. Txf2, Te1+; 50. Rd3, Rc5; 51. Te2, Td1+; 52. Rc2, Tf1; 53. Txe5, Rd4; 54. Th5, Tg1; 55. Af7, Tg7; 56. Tf5, Re4; 57. Tf1. Las negras abandonaron la partida.

Diagrama núm. 198 Después de 23. exf5

LAS ANTIGUAS TRADICIONES DE LA HOSPITALIDAD (Torneo internacional, Hastings, 1954) R. Tegner jugó las negras ¡Qué gran maestro no sueña con participar en los torneos de Hastings que, en 1995, cumplirán el centenario de su organización! ¡Pero yo quisiera haber participado en el de 1895, porque fue el más importante de cuantos se han celebrado! Posteriormente, en las competiciones navideñas hastingsenses han participado relevantes ajedrecistas, como Capablanca, Alekhine, Botvinnik, Smislov, Euwe, Spasski y Larsen. Sin embargo, el primer torneo fue el mejor. Un año antes de organizarlo, Emanuel Lasker venció al

veterano Steinitz en un encuentro individual y se afianzó en el trono ajedrecista mundial, tras haber rechazado el ataque del ex campeón en el encuentro de desquite que se celebró en Moscú el año 1896. Ahora sabemos que se afianzó; pero entonces… Entonces el mundo ajedrecista bullía, los apasionamientos estaban al rojo vivo y los organizadores de competiciones desplegaban una actividad febril. Cómo iba a ser de otra manera si poco antes el gran maestro alemán Tarrasch rehusó, con arrogancia, jugar un encuentro con Las-

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ker; y que, tras ello, propuso a Steinitz jugar un encuentro y le venció. El destacado Chigorin también estaba descontento; se enfrentó dos veces con Steinitz para el título mundial y tuvo motivos suficientes para considerarse vicecampeón del mundo, aunque sin trono. Hubo muchas figuras entre los veteranos y los bisoños. He aquí que en medio de aquel ambiente los ajedrecistas ingleses decidieron probar al nuevo campeón. “Es una buena idea”, pensarían los envidiosos y enemigos de Lasker. Pero no pudieron prever el resultado. Enrique Philsbury, joven norteamericano totalmente desconocido, luchó con tenacidad, venció a todos los corifeos y alcanzó el primer premio. Y lo que es más importante, hizo alarde de un sinfín de nuevas ideas en el ajedrez. Esto ocupó mi atención mientras viajaba en avión hacia Hastings. ¿Y qué se puede decir de la partida con Tegner? Una apertura prudente; un medio juego apasionado, y un final muy movido. El encuentro discurrió en la tensión nerviosa propia de la última ronda, y la pérfida Caissa quiso que nuestra representación se encontrase con dificultades: a la hora de haber empezado el juego, Tolusch, deseando ayudarme, cometió dos errores importantes y hubo de rendirse sin lucha a C. Alexander, quien me igualaba en puntos y que a eso de la medianoche, cuando Tegner se rindió, fue el primero en felici-

tarme. A. Tolusch se clasificó en segundo lugar. El comentario estrictamente ajedrecista de esta partida podría ser más o menos éste: en la apertura, las piezas blancas experimentaron nerviosidad y, por lo mismo, no dieron con la manera de organizar una acción conjunta. Primero, el peón de la dama se situó en d3 y, para corregir este error, adelantó luego a d4. La dama blanca ocupó el escaque e2, aunque el peón antedicho ya estuviese defendido, y, después pasó inoportunamente a la posición abierta d3. ¿Lo hizo para dar mate en la casilla h7? La torre blanca, cuya posición debe ser f1 para proteger el avance f4, desplegó velas y puso rumbo a la vertical d, que estaba totalmente cerrada. Y el caballo de la dama perdió dos tiempos en la maniobra Cd2Cf1, para retroceder enseguida al punto d2. Mientras en el campo de las blancas sucedían estos sorprendentes desplazamientos, las negras no dormitaron. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. d3, d6; 6. c3, Ae7; 7. 0-0, 0-0; 8. De2, Cd7; 9. d4, Af6; 10. Ae3, b5; 11. Ac2, Cb6; 12. Cbd2, Ag4; 13. d5, Ce7; 14. Tfd1, Cg6; 15. h3, Ad7; 16. Cf1, Ch4; 17. C1d2, Tb8; 18. b3, Cg6; 19. Dd3, Ae7; 20. a4, bxa4; 21. bxa4, a5; 22. c4, f5; 23. c5, dxc5; 24. Dc3, Rh8; 25. Axc5, Ad6; 26. Ae3, fxe4; 27. Axe4, Cxa4; 28. Dc2, Tb2; 29. Dc1, Cf4; 30. Te1, Tb4; 31.

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Cc4, Ab5; 32. Ccd2, Cb2; 33. Dc2, Ad3; 34. Axd3, Cbxd3; 35. Teb1, Txb1+; 36. Txb1, Cb4; 37. Dc4, Cbxd5; 38. Ce4, h6; 39. g3, Cxe3; 40. fxe3, Cg6; 41. Tf1, Dd7; 42. Rh2, a4; 43. h4, Tb8; 44. h5, Tb2+; 45. Cfd2, Cf8; 46. Rg1, Ce6; 47. Cf3, Tb4; 48. Dd5, Tb5; 49. Da8+, Dd8; 50. Dxa4, Tb4; 51. Dc2, Da8; 52. Cxd6, cxd6; 53. Ch4, Te4; 54. Cg6+, Rh7; 55. Db1, d5; 56. Db6, Cg5; 57. Cf8+, Rg8; 58. Cg6, Tg4; 59. Da7, Txg3+; 60. Rh2, Th3+; 61. Rg2, De8; 62. Tb1, Cf7; 63. Tb8, Cd8; 64. Rxh3, De6+; 65. Rg3, Df6; 66. De7, Dxe7; 67. Cxe7+, Rf7; 68. Txd8. Las negras se rindieron.

Diagrama núm. 199 Después de 59. …, Txg3+

LOS PEONES AHUYENTAN AL ALFIL (Campeonato de la URSS, Moscú, 1949) N. Kopilov jugó las negras Hace mucho que se conoce el procedimiento técnico de Capablanca para ahuyentar al alfil adversario. Aquí lo veremos realizado de otro modo. Los peones g y h persiguen comúnmente al alfil g4 adversario; en esta partida fue el caballo de la dama quien lo hizo, con la maniobra Cd2Cf1-Cg3; tras lo cual entró en combate el caballo del rey e hizo los movimientos Ch4, Cf5 y Ch6+!. Entre tanto, los peones no estuvieron inactivos: el infante h avanzó felizmente hasta el punto h6. Transcurridos los primeros cuarenta movimientos, emprendió la marcha el

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Diagrama núm. 200 Después de 23. h4


g. Los dos aportaron su óbolo a la victoria. El caballo de la dama blanca efectuó el salto a f5!; salto que decidió la partida. Su ruina puso final a la existencia del ejército adversario, tras una docena de acciones de éste que bien podrían calificarse de agonía o… de curiosidad. Pues las piezas también tienen un sistema nervioso, aunque no lo parezca, y no les gusta perder. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. d3, b5; 7. Ab3, 0-0; 8. c3, d5; 9. Cbd2, dxe4; 10. dxe4, Ag4; 11. h3, Ah5; 12. De2, Ad6; 13. Td1, Ca5; 14. Ac2, Dc8; 15. Cf1, Te8; 16. Cg3, Ag6; 17. Ch4, Cb7; 18. Df3, Cc5; 19. Chf5, Af8; 20. Ae3, Ce6; 21. Ch6+, Rh8; 22. Ab3, c5; 23. h4, c4; 24. Ac2, Cd7; 25. Chf5, f6; 26. h5, Af7; 27. h6, g6; 28. Cd6, Axd6; 29. Txd6, Rg8; 30. Tad1, Te7; 31. Cf5, gxf5; 32. exf5, Cf4; 33. Txd7, Txd7; 34. Txd7, Dxd7; 35. Dxa8+, Ae8; 36. Axf4, exf4; 37. Dxa6, De7; 38. De6+, Rf8; 39. Dxe7+, Rxe7; 40. Ae4, Rd6; 41. g4, fxg3a.p.; 42. fxg3, Re5; 43. Ac2, Af7. Después de efectuarse este movimiento, el negro se rindió.

EL PEÓN FANTASEADOR (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1945) A. Lilientahl jugó las negras Lilientahl pudo haber sacado provecho del prematuro enroque de las blancas, y hacerlo de una manera

extraordinariamente bella: 10. …, Txa6; 11. bxa6, Dc8; 12. a7, Axf3, 13. gxf3, Dh3; 14. a8D+, Rd7; 15.

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Aa4+, Re6; 16. Dxh8, Cxf3+; 17. Rh1, Dxh2 y… mate. Seguro que el lector habrá reconocido mi marbete artístico en esta variante “forzosa”. Confieso que me encantan las variantes sin fundamento. Uno fantasea y medita, porque a veces sirve de mucho. ¡A saber si el tiempo que empleé en ella sirvió para que, al cabo de once años, le ganase bellamente la partida a L. Sabo! Volviendo a la realidad de este encuentro, puede decirse que las blancas no valoraron debidamente la maniobra Cc6-Cd4 del caballo de la dama negra. Tras haber dejado que el caballo antedicho ocupase mi casilla d4 y el alfil clavase a mi caballo f3, temí por la suerte de los puntos f3 y h2. Por tanto, mis “fantásticas” variantes se asientan en la sólida base de la experiencia ajedrecista. Finalmente, quiero contestar a la pregunta: ¿por qué restituyen las blancas el peón de ventaja en el movimiento decimonono? Se habría podido hacer 19. b3; pero la variante 19. …, Rf7; 20. Td1, Tb8; 21. Td3, Axc4; 22. bxc4, Tb1; 23. Tc3, Aa3; igualaba el juego. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Cc3, b5; 7. Ab3, d6; 8. a4, Ag4; 9. axb5, Cd4; 10. Txa6, Cxb3; 11. cxb3, Txa6; 12. bxa6, Da8; 13. d4, Dxa6; 14. dxe5, dxe5; 15. Cd5, Cxd5; 16. Dxd5, f6; 17. Dc4, Dxc4; 18. bxc4, Ae6; 19. Ad2. Se convino en que la partida quedase en empate.

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Diagrama núm. 201 Después de 10. Txa6


CUANDO NO HALLA UNO LA HORMA DE SU ZAPATO (Encuentro EE.UU. – URSS, Moscú, 1946) O. Wolwestad jugó las negras Entonces contaba yo veintidós años y era el más joven de nuestro equipo. La víspera del encuentro se trazó el plan estratégico de la batalla, y Miguel Botvinnik tomó la palabra, por ser el de más edad. Me miró fijamente, y dijo con énfasis: ―Espero que comprendan la importancia de esta competición y no se aventuren a hacer el gambito de rey. Que el ex campeón del mundo conocía exactamente el valor de los movimientos 1. e4, e5; 2. f4, no lo supe entonces, sino cuando refutó de un modo convincente mi esquema de apertura al enfrentarme por primera vez con él unos años después. Pero, en 1946, me apasionaba el gambito de rey; quizá por no haber perdido nunca con tal sistema de apertura. Tras aquella advertencia, opté por la apertura española. Pero empecé mal el juego; además, no vi la poderosa maniobra Dd7-Dc6-Dc4! de la dama negra. Puede decirse que perdí por incapacidad. Se está en lo cierto cuando se dice que la apertura se debe elegir de acuerdo con el estado de ánimo de uno. Puedo asegurar que el movimiento 5. De2, es bastante noble. Recomiendo no hacer 12. e5?, sino

Diagrama núm. 202 Después de 32. e6

12. exd5, Cb4; 13. h3, lo que plantea a las negras el problema de a dónde retirar el alfil. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. De2, b5; 6. Ab3, Ae7; 7. c3, 0-0; 8. 0-0, d6; 9. d4, Ag4; 10. Td1, exd4; 11. cxd4, d5; 12. e5, Ce4; 13. Cc3, Cxc3; 14. bxc3, Dd7; 15. h3, Ah5; 16. Ac2, Ag6; 17. Ce1, Cd8; 18. Cd3, Ce6; 19. a4, Dc6; 20. Ab2, Dc4; 21. a5, c5; 22. dxc5, Cxc5; 23. Aa3, Tfe8; 24. Axc5, Axc5; 25. Dd2, Aa7; 26. Cb2, Dh4; 27. Axg6, hxg6; 28. Cd3, d4; 29. Tac1, Tac8; 30. cxd4, Axd4; 31. Txc8, Txc8; 32. e6, fxe6; 33. De2, Df6; 34. De4, e5; 35. Rh2, Tc4;

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36. Dd5+, Rh7; 37. Td2, Ac3; 38. Td1, e4; 39. Cc1, Axa5; 40. Rg1, Ab6; 41. Rh1, Dxf2. Las blancas hicieron 42. Dd6, y depusieron las armas.

TIEMPOS NUEVOS… (Campeonato de Moscú, 1947) A. Chistiakov jugó las blancas El ataque 5. De2, es uno de los más eficaces métodos de lucha contra las posiciones adversarias lindantes con el punto e5 suyo. Si en otros sistemas de juego el peón e5 negro puede mantenerse en aquella posición, en el arriba citado se puede forzar su cambio por el d4 blanco. Basta ojear cualquier manual de teoría para enterarse de que, después de 5. De2, no es conveniente precipitarse en el juego ni tratar de pescar en las turbias aguas de la variante 5. …, Ae7; 6. 0-0, b5; 7. Ab3, 0-0; 8. c3, d5; 9. exd5, e4; y así sucesivamente, porque, aunque este método de juego es noble, está muy desmenuzado. Durante mucho tiempo, los teóricos afirmaron que la continuación 9. d3, d4; etc., no entrañaba peligro para las negras. Pero el brillante análisis de Pablo Keres, virtuoso de la apertura española, demostró que tal afirmación era errónea, pues la lógica variante 10. cxd4, Ag4; 11. dxe5, Cd4; 12. De3, Axf3; 13. exf6, Axf6; 14. gxf3, Ag5; 15. Dxd4, Dxd4; 16. Axg5, hace que aumente considerablemente la movilidad de las pie-

Diagrama núm. 203 Después de 8. c3

zas menores blancas y que la dama negra no halle una posición segura. Deseando rehuir todas estas elaboraciones, decidí no arriesgarme en hacer 8. …, d5. Tal decisión podría explicarse así: tiempos nuevos, métodos de lucha nuevos. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. De2, Ae7; 6. 0-0, b5; 7. Ab3, 0-0; 8. c3, d6; 9. a4, b4; 10. a5, Ae6; 11. Axe6, fxe6;

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12. d4, exd4; 13. cxd4, Dd7; 14. Td1, Tfb8; 15. Cbd2, Tb5; 16. Cc4, Tf8; 17. e5, Cd5; 18. Te1, Te8; 19. Ad2, Ad8; 20. Dd3, Cce7; 21. exd6, cxd6; 22. Te2, Cc6; 23. Cg5, Axg5; 24. Axg5, b3; 25. Td1, Cxa5; 26. Cxa5, Txa5; 27. Dxb3, Tb5; 28. Dg3, Cc7; 29. h4, Rh8; 30. Tc1, Td5; 31. Tec2, Cb5; 32. Ae3, a5; 33. Dg4, Tf8. Se dejó por empate.

A SIETE KILÓMETROS BAJO TIERRA (Torneo internacional, Krems, 1967) I. Wienewärter jugó las negras Este torneo, celebrado en la ciudad austriaca de Krems, coincidió con la celebración del congreso internacional de ajedrecistas que juegan por correspondencia. La fecha en que jugué esta partida con el doctor Wienewärter el congreso no se reunió, por lo que los congresistas asistieron en calidad de espectadores al torneo. Para ellos todo movimiento efectuado en menos de veinticuatro horas es rara avis in terris. Lo mismo que la “pera del cocodrilo” (fruto comestible de un árbol de América que se semeja al coco) lo es para un amigo mío matemático programador, que leyó acerca de dicho árbol y ahora sueña con… A veces, faltando a lo prescrito por el reglamento de la competición, me acercaba al sitio destinado a los espectadores, para conocer a los grandes maestros en competiciones por correspondencia. Los prácticos damos mayormente importancia

a la rapidez con que se producen las reacciones y sobresaltos del competidor; por el contrario, ellos lo fundan todo en la valoración científica de la posición. El juez árbitro no tuvo inconveniente en que cambiase impresiones con los grandes maestros antes mencionados. Luego de haber hecho d5, Jacobo Stanislavovich Eventov, vicepresidente de nuestra federación, me preguntó tímidamente: ―¿Está seguro de que no necesitará la casilla d5 para sus piezas? No me dio tiempo a contestarle; tuve que volver a mi sitio. Al rato, volví a donde estaba el público, y Jacobo Stanislavovich volvió a preguntarme con mayor inquietud: ―¿Por qué ha jugado a5? ¿Es que trata de penetrar solamente en el flanco del rey? ―¡No se puede penetrar en

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él, Jacobo Stanislavovich! Discúlpeme, tengo que retirarme; me toca jugar. Hice h5, y me acerqué otra vez al vicepresidente, sospechando que me haría más preguntas. Mis sospechas no fueron infundadas. ―¡No entiendo cómo está decidido a conformarse con un empate! ―¿Un empate? A partir de aquí empezaré a ganar… ¡Y si no, al tiempo! ―¡Usted bromea! –exclamó el profesor enfadado, pretendiendo retirarse. ―Permítame recordarle una cosa: en una ocasión, usted dijo que es capaz de ver lo que está a siete kilómetros bajo tierra. ―En efecto; pero usted ¿qué trata de ver y hallar en esta posición cerrada? ―Nada, pues todo ya está visto. Atienda: he hecho a5 para que el caballo negro no pueda situarse en la casilla b6, y h5 para que no pueda saltar al punto g6. Esto quiere decir que su suerte está echada (a saber: la ruta f8-h7-f8-d7 y la d7-f8h7-f8), lo mismo que la ida y la vuelta de un taxi. Y por cuanto he hecho anteriormente d5, también lo está la del otro caballo negro; es decir, tiene que limitarse al recorrido b7-d8-f7, y viceversa. El peón d5 tiene a raya a los dos caballos. ―¡Interesante! ―exclamó el profesor, con tono conciliador. ―Y, luego, ¿qué? ―¿Luego? Si las negras tienen los dos caballos inactivos, las blancas abrirán un poco su posición y…

Diagrama núm. 204 Después de 35. …, Cb8

―Y no va usted a sacrificar material, pues su oponente no se lo permitirá; posiblemente haya adivinado sus intenciones. ―¡El quid del plan con los movimientos a5, d5 y h5 está en que el adversario no puede impedir la ruptura de su frente! Sacrificaré en el punto c4 de las negras. ¿Qué opina el lector respecto de si el competidor adivinó mi plan? Basta ver como movió los alfiles; evidentemente, esperaba que se iniciasen conversaciones de paz. Cuando la partida llegaba a su fin, Jacobo Stanislavovich contempló con entusiasmo la cadena de peones blancos; al parecer, las asoció con determinados estratos geológicos y, finalmente, no dificultó en elogiarme: ―Gran maestro, si usted trabajara conmigo en el instituto de geología, le confiaría la exploración de las riquezas minerales. ¡En el aje-

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drez penetra usted a profundidades mayores de siete kilómetros! ―Gracias por su encomio; pero ello no se debe a mi penetración, sino a los conocimientos comunes; a lo estereotipado… ¡Cuantas veces sacrifiqué material en esas condiciones y perdí la partida! 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. De2, b5; 7. Ab3, d6; 8. c3, Ag4; 9. h3, Ah5; 10. d3, 0-0; 11. Cbd2, Ca5; 12. Ac2, c5; 13. Te1, Cd7; 14. g4, Ag6; 15. Cf1, f6; 16. Ce3, Af7; 17. d4, Te8; 18. d5, c4; 19. b4, Cb7; 20. a4, Dc7; 21. a5, g6; 22. h4, Rg7; 23. Rg2, h6; 24. Th1, Th8; 25. h5, g5; 26. Cf5+, Rf8; 27. Ae3, Th7; 28. Cd2, Ag8; 29. f3, Ad8; 30. Af2, Ae7; 31. Thc1, Ad8; 32. Df1, Af7; 33. Ad1, Ae8; 34. Ae2, Tc8; 35. Ce3, Cb8; 36. Cdxc4, bxc4; 37. Cxc4, Ab5; 38. Cb6, Axe2; 39. Dxe2, Ae7; 40. Cxc8, Dxc8; 41. Aa7, Cd7; 42. Dxa6. Y las negras se rindieron.

PEONES NEGROS DOBLADOS (Torneo de pretendientes, Zurich, 1953) V. Smislov jugó las negras La variante del cambio de la apertura española es un enigma en la teoría del ajedrez. Cada vez que desaparece y reaparece suscita un sinfín de opiniones y valoraciones discordantes. Sin embargo, una cosa es indiscutible: el movimiento 4. Axc6, no lleva dentro de sí poder sobrehu-

mano, pues las negras tienen bastantes medios de defensa prometedores. Los incontables fracasos de las blancas en esta variante prueban lo dicho; este libro ofrece suficientes testimonios de ello. Hablando propiamente, guardo amargos recuerdos de este movi-

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miento: tablas debido a la suerte adversa en la competición, por decaimiento físico, por la pérdida de posibilidades deportivas, etc. O la pérdida del encuentro debido a la acumulación de las causas antedichas en el polo negativo. No hubiese insertado tales partidas aquí; pero entre ellas hay una perla, corona del trabajo psicológico, síntesis de centenares e incluso miles de variaciones combinatorias. Ofrezco dicha partida con un comentario más extenso y variado. ¿De qué partida se trata? De la realizada con S. Gligoric en el torneo internacional de grandes maestros, celebrado en Moscú el año 1967. Y para que ningún crítico crea que se puede ganar siempre con esta variante, he citado mis fracasos cosechados en ella. El resultado deportivo del movimiento Axc6 es negativo; pero si una vez se logra un resultado positivo, el juego vale indudablemente algo más que un comino. Como nuestro periplo llega a su fin, conviene desvelar un pequeño secreto: todas las ideas sobre la variante del cambio se pueden relacionar igualmente a lo bueno y lo malo reunido en los anteriores capítulos de este libro, a fin de que el lector pueda darse cuenta de lo difícil que es abrir camino para el porvenir de cada pieza y peón. Queda por mencionar a los grandes maestros, cuyos nombres están, a mi modo de ver, ligados con las principales sutilezas de la estrategia española en la variante con el movimiento Axc6.

Es notoriamente sabido que las blancas entregan voluntariamente el alfil por el caballo, contando con que se compensarán esta deficiencia con un buen dispositivo de peones. ¿Quién fue el primero en idear esta variante? La suerte de las variantes, como la de los hombres, es diversa y está preñada de sorpresas. Si no, ¿puede alguno prever que ajedrecistas de distintas épocas, como Lasker y Fischer, se hallarían juntos en una página de los libros sobre teoría? ¡Ninguno! Y, con todo, es así. En sus comienzos, Fischer no comprendió el marbete ajedrecista de Lasker y, por lo mismo, rehusó incluirlo en el número de los diez primeros inmortales; pero, más adelante, le tomó el relevo y empezó a derrotar a sus competidores, con el movimiento 4. Axc6. Esto debe atribuirse a su preciso estilo de juego, a su acendrada técnica en los finales y a su gran fuerza de voluntad para vencer. Casi lo mismo que Lasker. Por otra parte, hay un importante rasgo característico: si Fischer es maestro en la investigación de las aperturas, Lasker no quiso gastar sus fuerzas en aprender de memoria todas las variantes. A este respecto solía decir: “Las variantes son efímeras; en cambio, el método es siempre aplicable.” Así, pues, ¿en qué consiste el poder del arma Lasker-Fischeriana? ¡En 4. Axc6! No quisiera causar asombro al lector; pero la respuesta es única y pertenece a Philidor: “¡Los peones son el espíritu de la partida de aje-

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drez!” Este ajedrecista francés vino al mundo antes que Lasker. Entonces, ¿a quién se deben los brillantes movimientos ajedrecistas?

Diagrama núm. 205 Después de 4. …, dxc6

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Axc6, dxc6; 5. Cc3, f6; 6. d4, exd4; 7. Dxd4, Dxd4; 8. Cxd4, Ad7; 9. Ae3, 0-0-0; 10. 0-0-0, Ce7; 11. h3, Cg6; 12. Cb3, Ab4; 13. Ce2, The8; 14. a3, Af8; 15. Cc3, Ae6; 16. Txd8+, Txd8; 17. Td1, Txd1+; 18. Rxd1, Ce5; 19. Ac5, Ad6; 20. Axd6, cxd6. Se acordó que la partida quedase en empate.

¿SABE EL LECTOR…? (Campeonato de la Unión Soviética, Moscú, 1962) B. Goldenov jugó las blancas ¿Qué peones son más poderosos: los doblados o…? Por lo demás, la respuesta puede hallarse en el diagrama: en esta partida hay tres pares de peones doblados. ¿Hay otros? No, pues la cadena de peones h3-g2-f3-e4 blanca no tiene ningún eslabón doblado, y el peón g2 protege sus alas. ¿Se puede atacar contra este peón por su retaguardia y tomarlo? ¡No! Pero las negras no lo creyeron así; hicieron 20. …, Ab5; y propusieron a las blancas un cambio general de las piezas mayores. Tras el cambio de las torres, ¿cómo proteger el escaque f1?

Por ello, las blancas rehusaron el trueque de la segunda pareja de torres. Y por más que las negras trataron de penetrar en las líneas defensivas, el empate resultaba inevitable. La variante 21. Txd8+, Txd8; 22. Txd8+, Rxd8; 23. Cd2, Ae2; forzaba a las blancas, pues los movimientos Af1 y Cf4 de las negras les inmovilizarían el caballo en d2 y el alfil en g3, respectivamente. Lo cual supondría una superioridad aplastante. Insistimos en la pregunta: ¿qué peones son más poderosos? Aquí lo es el e4. Pues ¿cómo podrá el rey negro cruzar este puesto de guardia?

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Sé la respuesta…

Diagrama núm. 206 Después de 20. …, Ab5

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Axc6, dxc6; 5. Cc3, Dd6; 6. d4, exd4; 7. Cxd4, Dg6; 8. Df3, Ag4; 9. Dg3, 0-0-0; 10. h3, Ad7; 11. Dxg6, hxg6; 12. Af4, Ab4; 13. 0-0-0, Ce7; 14. f3, f6; 15. a3, Axc3; 16. bxc3, g5; 17. Ag3, Cg6; 18. Td2, c5; 19. Cb3, b6; 20. Thd1, Ab5; 21. Txd8+, Txd8; 22. Cd2, a5; 23. c4, Aa6; 24. Te1, Te8; 25. Rb2, a4; 26. Rc3, Cf4; 27. Axf4, gxf4; 28. g3, fxg3; 29. Tg1, Te7; 30. h4, Rd8; 31. Txg3, Re8; 32. Cf1, Ac8; 33. Ce3, c6; 34. Tg1, Ae6; 35. Cg2, f5; 36. e5, Td7; 37. Tb1, Td4; 38. Txb6, Txc4+. Se dejó por empate.

CUANDO SE BATE LA MARCA DE LA FALTA DE TIEMPO (Campeonato de la URSS, Tbilisi, 1967) E. Geller jugó las negras Al comienzo de este campeonato tuve suerte: gané tres partidas e hice dos tablas. Tras esto, podía tenerse por cierto que participaría en el torneo interzonal. Pero a mediados de la competición rehusé infundadamente el empate propuesto por Krogius y perdí la partida, al paso que una serie de participantes me aventajaban. En tales condiciones jugué la partida con Geller. Preparé un sistema de ataque acompasado para contrarrestar a 1. …, e5; pero, al cabo de las siete

primeras jugadas, rehusé inútilmente hacer 8. Ae3, preparada de antemano; opté por Cbd2, y me encontré en las condiciones de falta de tiempo extrema a eso del movimiento decimoctavo. Geller dispuso perfectamente sus fuerzas y pasó a la ofensiva. Su maniobra Cg8-Ch6-Cf7-Ch8 es muy bella. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Axc6, dxc6; 5. 0-0, f6; 6. d4, Ag4; 7. c3, Ad6; 8. Cbd2, De7; 9. a4, Ch6; 10. a5, Cf7; 11. Dc2,

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0-0; 12. h3, Ad7; 13. b3, Tae8; 14. Ab2, Ch8; 15. Ch4, Df7; 16. Cc4, exd4; 17. cxd4, Dh5; 18. Cf5, Axf5; 19. exf5, Te2; 20. Dd3, Tfe8; 21. Aa3, Axa3; 22. Txa3, T2e7; 23. Ce3, Td7; 24. Ta4, Cf7; 25. Tb4, Cd6; 26. Td1, Df7; 27. Rf1, Ted8; 28. Dc2, Cb5; 29. Dc5, Df8; 30. Dxf8+, Rxf8; 31. Cc2, c5; 32. Tc4, cxd4; 33. Td3, Rf7; 34. b4, c6; 35. g4, h5; 36. Re2, Td5; 37. Rd2, T8d7; 38. f3, Td8; 39. Ce1, hxg4; 40. hxg4, Th8; 41. Cc2, Th2+; 42. Rc1, Tf2; 43. Tc5, Te5; 44. Td2, Txf3; 45. Cxd4, Cxd4; 46. Txd4, Txc5+; 47. bxc5, Tc3+; 48. Rd2, Txc5; 49. Td7+, Rg8; 50. Txb7, Txa5; 51. Re3, Rh7; 52. Rf4, Ta1; 53. Tc7, Rh6; 54. Rg3, Tc1; 55. Rh4, Th1+; 56. Rg3, Tc1; 57. Rh4, a5; 58. Ta7, Th1+; 59. Rg3, Ta1; 60. Tc7, Tc1; 61. Ta7, c5; 62. Rf4, Ta1; 63. Tc7, Ta3; 64. Ta7, Ta4+; 65. Rg3, Ta1; 66. Tc7, Tc1; 67. Ta7, c4; 68. Rf4, Tf1+; 69. Re3, Tg1; 70. Rf4, c3; 71. Tc7, Tc1; 72. Tc8, g6; 73. Re3, gxf5; 74. gxf5, Rg5; 75. Tc5, Te1+; 76. Rd3, Te5; 77. Txc3, Rxf5; 78. Ta3, Rg4; 79. Rd4, Te1; 80. Txa5, f5. Las blancas se rindieron.

Diagrama núm. 207 Después de 19. …, Te2

AL MODO DE KORCHNOI (Campeonato de la URSS, Kiev, 1965) V. Korchnoi jugó las blancas En esta partida hay que distinguir tres situaciones. Primera: después de 3. …, Cf6; Korchnoi meditó por espacio de treinta minutos. ¿En qué meditó? Posiblemente en todo.

Segunda: después de 15. …, f5; las negras debían haber verificado todos los detalles de su plan 16. exf5, e4; 17. Tae1, Df8; 18. Cg5, exd3; 19. Ce6, d2; pero no me gusta recordar partidas que he perdido.

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Y tercera: con el sutil movimiento 39. …, Dd6; creí poder salir a flote; pero el 41. Dg5+, disipó mis ilusorias esperanzas. Las negras terminaron la apertura con una posición sólida, aunque el juego fue muy complicado por transcurrir al modo de Korchnoi. Esto motivó que no pudiese contentarme con lo alcanzado. Tuve presente esta circunstancia y, por eso, puede que me excediese en algún punto. Acaso hubiese sido mejor cambiar las damas y aceptar el final tal y como se presentaba en vez de maniobrar continuamente. Me preocuparon los avances c3, d4 y d5 del adversario, si bien no se puede evitar lo inevitable. Cuando las blancas pudieron realizar su plan, la presencia de su dama reforzó aún más el ataque. Todo esto no son más que comentarios; el error fundamental de las negras fue la marcha del rey de la casilla g8 a la e7.

Diagrama núm. 208 Después de 38. …, fxg3

Te5, Dd6; 40. Td5, Re7; 41. Dg5+, Rd7; 42. Txe6, Txe6; 43. Dxg3. Y las negras se rindieron.

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, Cf6; 4. Axc6, dxc6; 5. d3, Ad6; 6. Cbd2, Ae6; 7. b3, Cd7; 8. Cc4, Ab4+; 9. Ad2, Axd2+; 10. Dxd2, Axc4; 11. bxc4, Cc5; 12. De3, De7; 13. 0-0, 0-0; 14. g3, Tfe8; 15. Rh1, f5; 16. Cd2, fxe4; 17. Cxe4, Cxe4; 18. Dxe4, Dd6; 19. Rg2, Te6; 20. a4, a5; 21. Tfe1, Tae8; 22. h4, b6; 23. f3, Db4; 24. De2, Dc3; 25. Tf1, T6e7; 26. Ta2, Db4; 27. De1, Dc5; 28. Tf2, Te6; 29. Te2, Rf7; 30. Te4, Dd6; 31. Ta1, Re7; 32. De2, Rd7; 33. Te1, c5; 34. h5, g6; 35. hxg6, hxg6; 36. Rg1, Dc6; 37. f4, exf4; 38. Dg4, fxg3; 39.

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TEMÍ QUE LA COMISIÓN ARBITRAL… (Campeonato de Moscú por equipos, 1967) A. Bijovski jugó las negras Sin duda, el lector habrá observado que el que escribe esto no es muy aficionado a entrar en detalles de las variantes concretas. Se puede discutir sobre gustos; pero no soy el único. Por ejemplo, Bijovski tampoco es aficionado a las variantes tensas; y así, realicé un juego al gusto de él. Al remate de prolongadas maniobras, las blancas dominaron en la fase final; pero en ella cometieron dos errores consecutivos. Primero: hice mal en rehusar el cambio de las damas en el cuadragésimo movimiento, no obstante, haberlo deseado en el transcurso de casi toda la partida; segundo: al corregir este error, no hice el lógico movimiento 45. a5, perdí un tiempo importante y las posibilidades de ganar este encuentro. Según el reglamento de la competición, las partidas sin terminar no eran diferidas, sino que su resultado lo decidía la comisión arbitral. Y temí que ésta lo decidiese a favor de las negras. Temor infundado, pues a los jueces árbitro también les gusta entregar material cuando intervienen en calidad de competidores. El resultado es justo, por cuanto las blancas atacaron, y las negras se defendieron. Éstas deben defenderse, y atacar si tienen probabilidades de hacerlo.

Diagrama núm. 209 Después de 39. …, Dc7

Pero en esta partida no las tuvieron. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, Cf6; 4. Axc6, dxc6; 5. d3, Ag4; 6. h3, Axf3; 7. Dxf3, Ab4+; 8. Cd2, Axd2+; 9. Axd2, Dd6; 10. Df5, 0-0; 11. f4, Cd7; 12. fxe5, Cxe5; 13. Ac3, Tae8; 14. 0-0, c5; 15. Dg5, f6; 16. Dd2, b6; 17. Tf5, Tf7; 18. Taf1, Cc6; 19. Df2, De6; 20. b3, Ce7; 21. Tf3, Cc6; 22. g4, h6; 23. Tf5, Ce7; 24. Tf4, Cg6; 25. Tf3, Tef8; 26. Rg2, Td8; 27. Dg3, Tdf8; 28. Tf5, Ce7; 29. Th5, Cc6; 30. Thf5, Ce7; 31. T5f2, Cc6; 32. h4, Dd6; 33. Tf4, Cd4; 34. Df2, Dd7; 35. Axd4, cxd4; 36. Tf5, c5; 37. a4, De6; 38. Df4, Dd7; 39. Td5, Dc7; 40. Df3, Te8; 41.

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g5, fxg5; 42. Dxf7+, Dxf7; 43. Txf7, Rxf7; 44. hxg5, hxg5; 45. Txg5, Te6; 46. Td5. Se difirió la terminación de la partida, y los jueces árbitro, M. Tal y L. Polugaievski, la declararon empate.

UNA LLAMADA TELEFÓNICA (Campeonato de la Unión Soviética, Kiev, 1965) A. Lein jugó las blancas ―Dígame. ―Soy Lein; quisiera pedirle que mañana nos sentásemos en la segunda fila. Juego malísimamente si estoy cerca de los espectadores, por el ruido, los suspiros y los bostezos. ¿Tiene inconveniente en ello? ―En absoluto; también me molestan los ruidos. Muchas gracias, maestro; ahora mismo lo comunicaré a la comisión arbitral. Si antes de esta llamada me preocupaba un poco el estilo de posición de Lein, después de ella cobré ánimo; pues si pedía sentarse en la segunda fila, era con intención de hacer una partida con juego tenso y movido. A 1. e4, contesté serenamente con 1. …, e5. ¿La apertura española? ¡De acuerdo! Pero de repente vi que el alfil tomaba el caballo c6. Lo cual me desalentó y entristeció. ¡No cabe duda de que este movimiento es noble! Pero ¿valía la pena trasladarse con los bártulos a la segunda fila para jugar de ese modo si

Diagrama núm. 210 Después de 6. …, dxc6

las blancas logran con él las tablas, aunque se juegue junto a las cataratas del Niágara? Haciendo de tripas corazón, me puse a la defensiva, porque es difícil ganar en esta suerte de posiciones, debido principalmente a las pocas perspectivas que ofrecen. ¿Es justo juzgar así el movimiento 6. Axc6, hecho por Lein? ¿Es que no se puede hacer con él más

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que tablas? ¡No, por supuesto! En manos de Korchnoi, esta posición puede ser el trampolín para lograr la victoria; mas para esto hay que ser Korchnoi, y tal no hay más que uno en el mundo. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Axc6, dxc6; 7. Cc3, Ag4; 8. De2, Cd7; 9. d3, Ad6; 10. h3, Ah5; 11. Cd1, Cc5; 12. Ce3, Ce6; 13. Cf5, f6; 14. Ae3, Dd7; 15. c3, c5; 16. Tfd1, Dc6; 17. Cg3, Af7; 18. Tac1, Db5; 19. Dc2, 0-0; 20. Cf5, Tfe8; 21. b3, Ag6; 22. C5h4. Se acordó que la partida quedase en empate

UN TORRENTE DE SACRIFICIOS (Torneo internacional, Krems, 1967) I. Prameshuber jugó las negras Estos sacrificios tuvieron su origen en un hecho insignificante. La tantas veces irreflexiva jugada f4 activó sensiblemente las fuerzas de las… negras, no obstante lo cual me pareció que las blancas tenían mayores perspectivas. Por ello, tomé a broma el sorprendente movimiento vigésimo del competidor y llevé mi merecido. ¡Bien hecho! Lo oportuno era hacer 23. De2, a lo que evidentemente sucedería 23. …, Axc3; 24. Axc3, a4; 25. Tg3, axb3; 26. Txg6, pero dolía desperdiciar la maniobra Df2-Dh4-Dh8+, y, después de haber meditado bastante, fijé la atención en la siguiente variante, al parecer forzosa: 23. Df2,

Axc3; 24. Axc3, a4; 25. h4, axb3; 26. h5, g5; 27. e5, y se ha logrado el objetivo, pues el esqueleto g7-g5 y f6 de peones negros desaparece. Este sueño dorado lo disipó prontamente la turbonada que primero el alfil y luego la dama desataron en el centro y en el flanco de la dama, como si se burlasen del plan que las blancas habían trazado. Menos mal que no perdí del todo el humor y, maldiciendo mi excesiva fantasía, valoré el curso real de los acontecimientos. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Axc6, dxc6; 7. d3, Cd7; 8. Cbd2,

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0-0; 9. Cc4, f6; 10. Ch4, Te8; 11. f4, exf4; 12. Axf4, Ce5; 13. Ce3, Cg6; 14. Cxg6, hxg6; 15. Rh1, Ae6; 16. Df3, Tc8; 17. Tae1, Ac5; 18. Cd1, Dd7; 19. Cc3, Ab4; 20. Ad2, Axa2; 21. b3, Tcd8; 22. Te3, a5; 23. Df2, Axb3; 24. cxb3, Ac5; 25. Tfe1, Dxd3; 26. Txd3, Axf2; 27. Txd8, Txd8; 28. Te2, Ad4; 29. g3, Ae5; 30. Ca4, b6; 31. Ac3, Td3; 32. Tc2, b5; 33. Axa5, bxa4; 34. bxa4, Td4; 35. Txc6, Txa4; 36. Axc7, Axc7; 37. Txc7, Txe4; 38. h4, Te2; 39. Rg1, Rf8; 40. Rf1, Te7; 41. Tc8+. Tablas en el movimiento quincuagésimo.

Diagrama núm. 211 Después de 22. …, a5

UN ALFIL VIAJERO (Encuentro Unión Soviética – Yugoslavia, Leningrado, 1957) M. Yudovic jugó las negras En cuanto el alfil blanco se hubo retirado voluntariamente del campo de batalla, el de la dama negra señoreó en las 32 casillas del tablero. Hizo uso de sus derechos y cumplió perfectamente sus obligaciones. A los primeros rayos del sol primaveral emprendió un largo periplo por la ruta c8-e6-g4-e2-g4; a más de esto, visitó dos veces el escaque e2 y saludó con un jaque al rey blanco. Si este alfil no hubiera robado tanto tiempo a las negras, es posible que éstas no hubiesen andado escasas de tal ni perdido la partida; como puede verse, no todo viaje es útil. ¿Qué se propusieron las blancas al optar tan tarde por la va-

riante del cambio? ¿No es mejor tomar el caballo sin perder un tiempo en la jugada Aa4? ¿Será cierto que el caballo del rey está mejor en g1 que en f3? Por lo común, decido de acuerdo con mi estado de ánimo. Cuando quiero conservar el alfil hago Aa4, y cuando los peones adversarios empiezan a echarlo de una casilla a otra, lo cambio por el caballo. Pero casi nunca tomo el caballo de referencia en el cuarto movimiento. Para terminar, diremos que el caballo f3 priva al peón f2 de una casilla y que se demora el cambio del alfil por el caballo c6 para forzar a

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Diagrama núm. 212 Después de 19. b4

las negras a que defiendan su peón e5, con una pieza y no con un peón. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Axc6, dxc6; 7. d3, Cd7; 8. Cbd2, 0-0; 9. b3, Af6; 10. Ab2, Te8; 11. Cc4, c5; 12. a4, Tb8; 13. a5, b5; 14. axb6a.p., cxb6; 15. h3, b5; 16. Ce3, Cf8; 17. Ac3, Dd6; 18. Cd5, Cg6; 19. b4, Ad8; 20. bxc5, Dxc5; 21. Ab4, Dc6; 22. Cd2, Ae6; 23. Ce3, Cf4; 24. Rh2, Ta8; 25. Aa5, Axa5; 26. Txa5, Dc3; 27. Ta1, a5; 28. Cf3, b4; 29. De1, Dc8; 30. h4, Ag4; 31. Cd2, Ae2; 32. Th1, Ag4; 33. Cdc4, Ta6; 34. Txa5, Th6; 35. Rg1, Ce2+; 36. Rf1, Cd4; 37. Cxe5, Ae2+; 38. Rg1, Dc7. Las negras agotaron el tiempo y, por consiguiente, perdieron la partida.

“¡GORE GLAVU, BORA!” (Competición Yugoslavia – Unión Soviética, Sochi, 1968) B. Ivkov jugó las negras “¡Levanta cabeza, Bora!” se leyó en uno de los periódicos yugoslavos durante el torneo internacional que se celebró en Belgrado el año 1954. En su primera partida, cuya posición tenía ganada y con un excedente de tiempo considerable, Ivkov olvidó la presencia del reloj y sólo recordó cuando la sala zumbó cual si el público se hubiese convertido en un enjambre de abejas. Agotó su tiempo, y los jueces árbitro hubieron

de fallar en contra del gran maestro yugoslavo, quien se afligió mucho, lo cual explica el llamamiento del periódico arriba citado. Recuerdo este lance, porque participé en dicho torneo. Desde entonces establecimos una tradición propia y primitiva: siempre que competimos exclamamos involuntariamente: ―¡Gore glavu, Bora! Y oigo la respuesta: ―¿Todavía lo recuerdas?

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Con estas frases empezamos la partida en un renombrado balneario de Sochi. Las caricias del sol y del airecillo del mar no entorpecieron la gran atención de que está dotado el gran maestro yugoslavo; dote que manifestó al disipar con los movimientos 15. …, c4; y 16. …, Cc5; la fuerte ofensiva de las blancas. Tras lo cual, la lucha perdió su tirantez y reinó la calma. Tiempo bonancible en el tablero es señal de tablas; por ello, no intenté mantener con el movimiento 29. Ab4, el peón que llevaba de ventaja. Ivkov aceptó gustosamente la variante propuesta por las blancas, y jugamos honradamente la partida hasta llegar a un empate forzoso por triple repetición de movimientos. 1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. Axc6, dxc6; 6. d3, Cd7; 7. Cbd2, g6; 8. a4, Ag7; 9. Cc4, 0-0; 10. a5, b5; 11. axb6a.p., cxb6; 12. Cd6, a5; 13. Cxc8, Txc8; 14. Ad2, c5; 15. 0-0, c4; 16. Ac3, Cc5; 17. dxc4, Cxe4; 18. Axe5, Dxd1; 19. Taxd1, Txc4; 20. Tfe1, Cc5; 21. c3, Te8; 22. Ac7, Txe1+; 23. Cxe1, Cd3; 24. Axb6, Cxb2; 25. Td8+, Af8; 26. Axa5, Rg7; 27. Rf1, Ae7; 28. Tb8, Ca4; 29. Cf3, Cxc3; 30. Ce5, Tc5; 31. Ab4, Tc7; 32. Aa5, Tc5; 33. Ab4, Tc7; 34. Aa5, Tc5. Tablas.

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Diagrama núm. 213 Después de 32. …, Tc5


EL ARTE DE LA IMPROVISACIÓN (Torneo internacional para grandes maestros, Moscú, 1967) S. Gligoric jugó las negras ¿Qué cautiva más a los millones de aficionados a este juego antiguo? Desde luego, la solución de problemas y estudios es más cautivador que la maestría en los finales y el estudio de las aperturas, que para ser recordadas exigen unos excelentes versos y las tablas de… logaritmos. Depende del gusto de cada uno. Vamos al templo del arte ajedrecista para complacernos con la belleza de las combinaciones. No importa si sabemos combinar sutilmente las piezas y los peones o nos complacemos con los ornamentos, logrados por otros adoradores, con mayor capacidad artística, de la diosa Caissa. El ideal de todo ajedrecista, es lograr una combinación original y compleja. Para lo cual es necesario trabajar mucho y estudiar el arte de los colegas y las grandes creaciones ajedrecistas del pasado. El ajedrecista perezoso y poco inclinado a la improvisación, rara vez logra producir una combinación brillante. Con todo, he producido una en mi vida, y quiero hacer gala de ella. Si se muestra la posición reflejada en el diagrama a jugadores de categoría deportiva distinta, y se

les pide que valoren las posibilidades de las blancas, a las cuales les toca mover, posiblemente obtengamos los siguientes resultados. Valoración de un principiante: ―¡Lástima que no se puede dar mate haciendo Dxg7! Valoración de un ajedrecista de cuarta categoría: ―¡Convendría situar la dama blanca en el escaque h5 y dar jaque desde e8 en cuanto se presente la ocasión para hacerlo! Valoración de un ajedrecista de tercera categoría: ―¡Ah, si fuese posible tomar con las torres la primera horizontal de las negras! Valoración de un ajedrecista de segunda categoría: ―Como el movimiento f6 ha descubierto el punto g7, se podría abrir la posición del adversario, ocupar la segunda horizontal de éste y atacar contra dicho punto. Valoración de un ajedrecista de primera categoría: ―¡Es imposible sacar ventaja de esta posición, a menos que se prepare una celada! En cuanto las torres se sitúen en la segunda horizontal de las negras, éstas protegerán su punto g7. Como quiera que sea, puede intentarse. Valoración de un candidato a maestro:

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―Toda combinación requiere entrega de material. ¿Qué se puede entregar aquí? ¡No se va a sacrificar el caballo d4, orgullo de la posición de las blancas! Valoración de un maestro: ―Eso de orgullo de la posición me parece bien. Pero, luego de haber sacrificado el caballo, la torre no podrá penetrar en la vertical d, pues se lo impide la adversaria d5. El frente se puede abrir sólo por la vertical c; pero como el caballo negro lo impedirá, hay que tenderle una celada, para lo cual puede utilizarse una torre. Pero ¿cuál?; esto es muy complicado y requiere un análisis minucioso. Valoración de un maestro internacional: ―Naturalmente que puede hacerse con una torre. Hay que acercarla al caballo para que éste se lance a su captura, como la corneja va detrás de un trozo de queso. Y la torre penetrará, veloz cual una zorra, en la vertical c. Si pero ¿dónde situarla? ¡En c8! Valoración de un espectador objetivo: ¡Amigos, todo eso no son más que cantos de sirena! ¿Casan vuestras ideas unas con otras? Aunque agradecido por estos planes fantásticos, sería mejor que uno de vosotros me mostrase prácticamente cómo proceder. Desde el punto de vista instructivo, los movimientos comprendidos entre el vigésimo noveno y el cuadragésimo pueden dividirse en tres partes:

Diagrama núm. 214 Después de 28. …, Tee5

1) La celada 29. Td2, Dd7; 30. Tc1, b4; 31. h3, Ce4; 32. Tdc2, Txd4; 33. Tc7, Dd5; 34. Axd4, Dxd4. 2) La combinación 35. Txg7+, Axg7; 36. Tc8+. 3) La maniobra forzosa 36. …, Rf7; 37. Dh5+, Re7; 38. De8+, Rd6; 39. Tc6+, Rd5; 40. Dd7+, Cd6; 41. Txd6+, Re4; 42. Txd4++. (Nota del editor MA40: Hay mate directamente con la jugada 39. Dd8++.)

1. e4, e5; 2. Cf3, Cc6; 3. Ab5, a6; 4. Aa4, Cf6; 5. 0-0, Ae7; 6. Axc6, dxc6; 7. d3, Cd7; 8. Cbd2, 0-0; 9. Cc4, f6; 10. Ch4, Cc5; 11. Cf5, Axf5; 12. exf5, Te8; 13. b3, Dd5; 14. Ab2, e4; 15. Ce3, Df7; 16. d4, Cd7; 17. Dg4, c5; 18. Dxe4, cxd4; 19. Axd4, c6; 20. Tad1, Cc5; 21. Dg4, Af8; 22. Cc4, Tad8; 23. Ae3, b5; 24. Cd2, Td5; 25. c4, Tdd8; 26. cxb5, cxb5; 27. Cf3, Td5; 28. Cd4, Tee5; 29. Td2, Dd7; 30. Tc1, b4; 31. h3, Ce4; 32. Tdc2, Txd4; 33. Tc7, Dd5; 34. Axd4,

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Dxd4; 35. Txg7+, Axg7; 36. Tc8+, Rf7; 37. Dh5+, Re7; 38. De8+, Rd6; 39. Tc6+, Rd5; 40. Dd7+. Las negras depusieron las armas.

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APERTURA ALAPÍN (Partida fácil, Kiev, 1938) B. Fersbery 1 jugó las blancas En la confección de todo libro no sólo participa el autor, sino también una serie de colaboradores, dirigida por un redactor. Éste representa la armonía, la proporción y el orden, y es el amigo de los valores que contiene el libro y el enemigo jurado de sus deficiencias. Al presentarle este libro, dijo inesperadamente: ―En términos generales, la obra es buena; pero tiene algunos defectos: primero, es deficiente la autocrítica de las partidas perdidas; segundo, falta la apertura Lapín; tercero, su autor ha prometido insertar doscientas partidas y contiene sólo ciento noventa y nueve, y cuarto, esto es lo más importante, no se menciona al gran maestro B. S. Fersbery, aunque su personalidad sea pura ficción, pues nadie lo conoce. ―¡Excelente idea! Debo decirle que no sólo conozco a Fersbery, también he jugado con él. ―¿No estará usted fantaseando? ―inquirió el redactor, con voz empañada; acaso por temor a tener que hacer más correcciones en la obra. Le conté:

―En la primavera de 1938, yo residía en Kiev. A la sazón contaba catorce años. En el Conservatorio de música de la ciudad se celebraba la semifinal del campeonato nacional. Fui a presenciar el juego; en el pasillo me encontré con A. M. Konstantinopolski, mi instructor, que conversaba amigablemente con un desconocido, de alta estatura y enjuto de carnes. Konstantinopolski concluyó diciendo: ―Discúlpeme; tengo que ir a la sala de juego. Si lo desea ―aquí me señaló con la mano―, puede hacer una partida con el muchacho. El desconocido eligió las blancas; quitó la torre de la dama; situó el peón a en a3, y dijo: ―No suelo jugar de igual a igual con jóvenes desconocidos. 1. e4 2. Ce2

e5 …

―¿Qué significa esto? ―le pregunté. ―¡Quisiera hacer la apertura española! ―Su deseo se cumplirá; pero no ahora ―contestó el desconocido―. Todo aquel que quiere tomar la dama adversaria no debe mover la

1. Nombre imaginario compuesto de los vocablos Ferz (dama) y berí, forma imperativa del verbo brats (tomar) y al que el autor da el carácter inglés. (N. del T.)

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Diagrama núm. 215 Después de 2. Ce2

suya hasta el medio juego; por ello, hago la apertura de Alapín. 2. … 3. d4 4. Cg3 5. hxg3

Cf6 Cxe4 Cxg3 Cc6

Formado en el lógico y estricto estilo de posición, me satisfizo esta partida, por cuanto una de mis piezas había evolucionado, mientras que las del adversario permanecían en su postura inicial. 6. Cc3 7. Cd5

exd4 Ae7

―En esta posición, Alapín exclamaba: “¡Elore!”, que significa ¡Adelante! ―dijo el oponente, e hizo: 8. Dg4!

Se me ocurrió pensar: “Si Alapín sacaba a media partida la dama, ¿cuántas jugadas duraría la misma?” Y antes de mover pregunté con timidez: ―¿Conoció usted a Alapín? ―No sólo a Alapín, sino también a Lapín, que parafraseó los versos orientales: “¿Dónde está la gloria de Darío y de Rustam? ¿Quién recuerda el nombre de Steinitz Wilhelm?” Respondí: ―Yo lo recuerdo. 8. … 9. Ac4 10. Txh7

―¡Fersbery! ―exclamé, para que el misterioso desconocido se diese cuenta de que conocía yo su secreto.

g6 f5 fxg4

11. Cxc7+ 12. Af7+ 13. Txh8+ 14. Ag5+ 15. Txf8++.

Dxc7 Rd8 Af8 Ce7

―En tal caso, es Kingsbery y no Fersbery ―dijo el desconocido. ―Esto ocurrió hará unos treinta años en Kiev ―concluí diciendo al redactor. ―Desde entonces soy amigo de Fersbery. ¿Puedo insertar este relato en la obra? Suspiró profundamente, y respondió: ―De acuerdo. Ahora bien, todo lo referente al redactor es una hipérbole. ―Tras meditar un poco, agregó―: De esta manera, el libro contiene doscientas partidas; un número considerable de ellas perdidas;

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la apertura Alapín, y el nombre de Fersbery ―aquí frunció el entrecejo―, aunque todo esto no es ni mucho menos Río de Janeiro.

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COLECCIÓN NUEVA ESCAQUES 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35

Finales de peones. – I. Maizelis. Finales de alfil y de caballo. – Y. Averbach. Teoría de finales de torre. – Löwenfish y Smyslov. Teoría de aperturas, tomo I: Abiertas. – V. N. Panov. Teoría de aperturas, tomo II: Cerradas. – V. N. Panov. Defensa india de rey. – P. Cherta. Táctica moderna en ajedrez, tomo I. – L. Pachman. Táctica moderna en ajedrez, tomo II. – L. Pachman. Estrategia moderna en ajedrez. – Ludek Pachman. La trampa en la apertura. – B. Weinstein. Aperturas abiertas. – L. Pachman. Aperturas semiabiertas. – L. Pachman. Gambito de dama. – Ludek Pachman. Aperturas cerradas. – Ludek Pachman. El arte del sacrificio en ajedrez. – R. Spielmann. Cómo debe jugarse la apertura. – A. Suetin. Teoría de los finales de partida. – Y. Averbach. El arte de la defensa. – Ilia Kan. Táctica del medio juego. – I. Bondarewsky. La estructura de peones centrales. – B. Persits. La perfección en el ajedrez. – Fred Reinfeld. El gambito de rey. – Paul Keres. Lecturas de ajedrez. – Yuri Averbach. 200 celadas de apertura. – Emil Gelenczei. Defensa siciliana. Variante Najdorf. – P. Cherta. Ajedrez de entrenamiento. – A. Koblenz. Jaque mate. – Kurt Richter. Combinaciones en el medio juego. – P. A. Romanowsky. La defensa Pirc. –G. Fridshtein. El sentido común en ajedrez. – E. Lasker. Ajedrez elemental. – V. N. Panov. La defensa catalana. – Neustadt. El ataque y la defensa. – Hans Müller. Defensa siciliana. Variante Paulsen. – P. Cherta. La psicología en ajedrez. – Krogius.

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El arte del análisis. – Paul Keres. Bobby Fischer. – Pablo Morán. Partidas decisivas. – L. Pachman. 200 partidas abiertas. – D. Bronstein. El match del siglo: Fischer – Spassky. – L. Pachman. ABC de las aperturas. – V. N. Panov. La batalla de las ideas en ajedrez. – A. Saidy. Ataques al rey. – B. F. Baranov. Capablanca. – V. N. Panov. Los niños prodigios del ajedrez. – P. Morán. Tablas. – M. Tal y L. Verjovsky. Leyes fundamentales del ajedrez. – I. Kan. Ajedrez y matemáticas. – Fabel, Bonsdorff y Riihimaa. El laboratorio del ajedrecista. – A. Suetin. Cómo piensan los grandes maestros. – P. Schmidt. Defensa Siciliana. Variante del Dragón. – E. Gufeld y E. Lazarev. Psicología del jugador de ajedrez. – Reuben Fine. Los campeonatos del mundo. De Steinitz a Alekhine. – P. Morán. Los campeonatos del mundo. De Botvinnik a Fischer. – Gligoric y Wade Viaje al reino del ajedrez. – Averbach y Beilin. Anatoli Karpov. – Angel Martín. Alekhine. – Kotov. 300 Miniaturas. – Roizman. Errores típicos. – B. Persists y B. Voronkov. La defensa Alekhine. – Eales y Willians. Finales artísticos. – G. Kasparian. Diccionario de ajedrez. – Ramón Ibero. Curso de aperturas I (Abiertas). – Panov / Estrin. Curso de aperturas II (Semiabiertas). – Panov / Estrin. Curso de aperturas III (Cerradas). – Panov / Estrin. Defensa Siciliana. Variante Scheveningen. – A. Nikitin. Práctica de las aperturas. – L. Pachman. Práctica del medio juego. – L. Pachman. Práctica de los finales. – L. Pachman. Ajedrez y computadoras. – Pachman y Kühnmund. Técnicas de ataque en ajedrez. – P. Edwards. El contraataque en ajedrez. – Y. V. Damski. El mundo mágico de las combinaciones. – A. Koblenz. Problemas de ajedrez. – Camil Seneca. Tratado de ajedrez superior. – Y. Estrin. De la apertura al final. – Edmar Mednis. Fundamentos estratégicos del ajedrez. – Y. Estrin. Kasparov, campeón del mundo. – Ángel Martín.

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Ajedrez práctico. – R. Edwards. Ajedrez magistral. – Kopec y otros. Ajedrez moderno. – B. Pandolfini. Ajedrez por campeones. – B. Pandolfini. Defensa Siciliana. Variante Sveshnikov. – Adorjan / Horvath. Teoría moderna en ajedrez I. Aperturas abiertas. – L. Pachman. Teoría moderna en ajedrez II. Aperturas semiabiertas. – L. Pachman. La defensa Caro-Kann. – Egon Varnusz. Teoría moderna en ajedrez III. Defensa Siciliana. – L. Pachman. Test del ajedrecista. – Gil / Magem. Las partidas de Capablanca. – Rogelio Caparrós. Gambito de dama, tomo I. – L. Pachman. Gambito de dama, tomo II. – L. Pachman. Juega. – Patrick Gonneau. Analiza. – Patrick Gonneau. Gana. – Patrick Gonneau.

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200 Partidas Abiertas