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ISSN 1900-9623

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TABLA DE CONTENIDO Tinta que corre Conversaciones animales A propósito de una locura animal. Nicolás Duque Buitrago Licenciatura en Español y Literatura RECTOR Alfonso Londoño DECANO Facultad de Educación Arles López Espinosa DIRECTOR Licenciatura en Español y Literatura Álvaro Eduardo Cano B. DIRECTORA Karen Buitrago Patiño COMITÉ EDITORIAL Jhon Henry Flórez López Luvin Arbey Benítez Frank Harrison Saavedra Catherine Rendón ILUSTRADORES

Leonardo Monroy Dibujo artístico Bellas Artes-Universidad del Quindío

Julieta Meschini Luppi Diseño Gráfico & Ilustración www.juliemeschiniluppi.com.ar www.flickr.com/photos/julieta_multicolor Buenos Aires – Argentina

Don Quijote y Charlot: dos héroes en un mismo mundo María Fernanda Molano Hernández De la totalidad a la fragmentación en Los detectives salvajes de Robero Bolaño Alba Luz Quevedo

Entre líneas Los ejércitos de Evelio Rosero Ana Milena Ladino Rojas

Divagando Locura Juan Diego Castillo

Felipe Cruz (zetha) Diseñador gráfico - ilustrador http://www.flickr.com/photos/z666/ http://yosoloqueriajugar.blogspot.com/ http://room181.net/ Armenia-Colombia DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN Diana Isabel Rodriguez Diseñador gráfico

ww.idgrafica.co Revista de los estudiantes de Español y Literatura Número 12 Noviembre del 2012 ISSN 1900-9623 Coctacto revistapolilla@yahoo.com

Heaven Road Jhonnathan Eraso Juego de manos Daniel Mauricio Bohórquez Poemas Dunia Oriana Rodríguez Ella la incierta (carta ensimismada) Yenyy Aluna Acevedo Silvia Pedro Antonio Rojas Valencia Contranatura II Julian Becerra

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EDITORIAL I Si hacemos algo metódicamente el mundo cambiaría. Esta es la conclusión de una parábola inventada por Andrei Tarkovski para Sacrificio. No es explícito si cambiaría para bien o para mal, en cualquier caso, pensar en un acto repetitivo me trae a la memoria una de las imágenes clásicas de la locura, alguien sentado en un cuarto blanco que no para de moverse. Quizás convocar, agrupar, leer, editar, leer, se hayan vuelto parte de esos actos metódicos de Polilla, para Tarkovski era ese árbol muerto que podemos revivir solo en el ejercicio diario de la constancia. El árbol muerto son las palabras, ¿qué será entonces la resurrección del árbol? II La totalidad de la unidad no es más que el quiebre de las partes que la conforman. No hay un todo que valga por sí solo. Estamos llenos de piezas que alteran el orden del resultado en conjunto. Nuestra naturaleza está quebrada, partida, escindida, dividida, fraccionada, fragmentada. No valemos más que como el todo de las partes en unión. Estamos llenos del mundo entero. No nos conformamos con cada letra que se nos une con el pasar del tiempo, necesitamos más que eso, un universo entero para completarnos y afuera, sin embargo, hay otro mundo que nos espera para completar.

III ¿Qué es la muerte, sino el eterno olvido? ¿Qué es la vida sin la muerte, su complemento? Sea esta pues, tal vez la única certeza en esta incertidumbre de un universo efímero. Constantemente se le rinde culto a esta oscuridad o luz, sea para unos

sea para otros; la muerte no distingue contextos. Sin embargo, nosotros superfluos mortales tenemos una idea fija en la psique: vencerla y de esta manera perpetuarnos por los siglos de los siglos; una quimera, una total utopía. No obstante por medio del ingenio y de las letras, hombres y mujeres han logrado y logran esta quijotesca empresa, y su nombre y sus ideas les dieron vigencia perenne. Y así, por qué no, burlar a la muerte que no es más que el olvido cronológico umbroso y despiadado. IV La misma prosa sosa me unta los dedos cada vez que te acaricio. No me atreveré a pasarle la lengua a un cuerpo tan espantosamente métrico. Me asusta cada retazo de fibras que se niegan a distenderse, abarrotadas en pliegos herméticos y acomplejadas por el cambio climático. Aunque eso no me entristece, ni siquiera pensar que cada mano pesando tus tetas la imaginabas danzando en tu vientre. Eso no importa, nada hay de valor allí: ni los dedos, ni las manchas, ni los chispazos blancos que te puntean los pezones y la entrepierna; ni las pepitas del culo, ni las caderas estampadas de huellas digitales. Te he leído completa, -en lo que menos me detuve fue en la solapa- con catalejo como lo haría Leo Legrís , con sombrero y opio como Beremundo el lelo y con chicha y tabaco como lo hago yo. Sólo estas líneas quedarán de mi estancia en tu piel, tan sólo un párrafo de injurias, un “parrafito” nomás. Los plumazos que te trazaron son narrativa arrevesada. Un cuerpo así: lleno de desfalcos retóricos no da para más. ¡Hijueputa! tanto tiempo que copulamos y no pude hallar en ti ni un solo trozo de poesía.

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O C Nicolás Duque Buitrago Profesional en filosofía y letras Universidad de Caldas

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Plutarco en su estudio titulado La astucia de los animales nos ha contado, casi como hecho histórico, que los hombres al alimentarse de carne animal, no por hambre sino por placer, “han desarrollado en su naturaleza un instinto homicida y salvaje”. Me impresiona más que la crueldad del hombre, la manera como esa crueldad ha sido vista como una locura animal.

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c o l I na C A eu S R E ito d V N ó s La Batracomiomaquia es el nombre de una comedia atribuida a Homero sobre O C p r o p la guerra, la ridícula y espantosa guerra entre los ratones y las ranas; una lucha mínima A entre roedores y cierto anfibio cuyo sentido cómico resulta más espantoso que la tragedia y

cuya comicidad es la comicidad de la risa nerviosa de los griegos que al verla reían, pero luego batallaban por la ira del dios. El ambiente idílico de la vida de los ratones y las ranas, aquellos animales campiranos, ve nacer una guerra después del encuentro que la rana Hinchacarrillos y el ratón Hurtamigas, tienen en un lago. Se encuentran allí, casualmente, e inician una relación que podía haber terminado en amistad pero que acabó en tragedia. Mientras dialogan sobre asuntos relacionados con la comida y la vida diaria la gentil rana le ofrece al hijo de Roepán y Lamemuelas su amistad y su hospitalidad con tal que no le mienta sobre su condición, pues parece un Rey. Extrañado por la proposición el ratón muy desconfiado pregunta: “¿Cómo podrás conseguir que sea tu amigo, si mi naturaleza es completamente distinta a la tuya?” Pobre Ratón que ignoraba que ambos eran débiles. 1 Este

artículo fue presentado como ponencia. Por lo tanto, el comite editorial decidió conservar algunos elementos orales a petición de su autor.

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Venciendo el escepticismo y haciendo gala de su hospitalidad la rana invita al ratón a treparse a su espalda para llevarle a conocer su reino. El ratón se cuelga de la rana mientras llora del terror y pide a los dioses que lo devuelvan a tierra firme. Mientras nada hacia el reino de Hinchacarrillos aparece, por sorpresa, una hidra, la rana se asusta e inmediatamente se sumerge hacia el fondo del lago sin percatarse de que lleva el ratón a cuestas. Luego suelta de su espalda al pobre ratón que casi muerto sube a la superficie donde agoniza y maldice a la rana con una cruel venganza de su raza. En efecto un ratón que se hallaba en la orilla presencia la escena y trasmite la noticia a sus compañeros que deciden armarse para la guerra contra las ranas. Incluso llegan a elegir un heraldo que va donde las ranas y les dice: “¡Oh ranas! Los ratones os amenazan con la guerra y me envían a deciros que os arméis para la lucha y el combate, pues vieron en el agua a Hurtamigas, a quien mató vuestro rey Hinchacarrillos. Pelead, pues, los que más valientes seáis entre las ranas.” (Homero: 11-12) Los dioses como era costumbre se preparan. Ares provee a los ratones de vainillas de habas verdes para que cubran su cuerpo con armaduras y les favorece con refuerzos para sus pechos como la piel de comadreja. Haciendo alarde de los dones del dios de la guerra se cuenta que el mismo Ares les obsequió unas agujas para que combatieran como si fueran lanzas peligrosísimas.

Extrañamente la diosa más consultada es Atenea, diosa a la que Zeus pide, antes que a ninguna otra deidad, decirle a quién apoyará, recordándole que su templo está siempre lleno de ratones que buscan sus aceites deleitantes. Pero la diosa de los bellos ojos rehúsa a dar apoyo a los fieros animales sabiendo que en su guerra dispararían sus flechas incluso a un dios. Mas bien, se queja y acongoja porque los ratones habían ruñido un peplo que tejía sin temer que fuera de diosa inmortal y sin percatarse todo lo que sufre en su misma inmortalidad por no poder terminar su peplo y deber aguantar la usura del sastre que le había fiado las telas para tejer el traje. Se encuentra contrahecha y desolada porque no sólo no puede terminar su peplo, sino que tampoco puede devolver las telas al sastre. Tampoco puede comprender por qué las incómodas ranas le desvelan sus noches cansadas después de la guerra con su inoportuno croar. Es una escena muy emotiva. La grandiosa argumentación de Atenea hace que los dioses no tomen partido y se acomoden a ver qué ocurrirá. Zeus, como era costumbre antes de la guerra, lanza sus rayos mientras unos insectos (los cínifes) con trompa prominente tocan melodías bélicas con la trompeta.

Los dioses se van reuniendo en el Olimpo, no sin risa, a planear con sutil detalle las predilecciones y el partido que tomarán en tamaña guerra y hablan de los pequeños y graciosos combatientes describiéndolos en el lenguaje usual de la guerra como si fueran titanes y gigantes que se dirigen a una gran batalla.

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Comienza la guerra. Los guerreros caen haciendo sonar sus armaduras, según dicen los dioses, estrepitosamente. Es el estrépito que hacen al caer las armaduras hechas de vainas, coles, pieles de comadreja, conchas de caracoles y alfileres. Se cruzan los armados, sus alfileres timbran y los dioses disfrutan de una lucha digna de los titanes más fieros. Hay escenas remembradas como las más fieras de la lucha, en especial aquella en la que una rana mata a un ratón con un duro canto dirigido –como el ariete más fuerte- a su cabeza haciendo que el cerebro se le escurra por las fosas nasales. Los ratones parecen estar decayendo, las ranas con sus cantos los derrotan cuando, de pronto, aparece el valiente Aquiles de los ratones –llamado Robaparte, porque roba y parte- que parte con sus propias manos ratoniles un par de nueces con las que arma cada uno de sus puños para destruir a las ranas. Zeus se alarma, Atenea se alarma, Ares se alarma porque es fiero el enemigo. Todos le piden que dirima la guerra, que termine la masacre. Zeus con su omnipotencia de inmortal halla la solución, envía una peste aún más letal, un monstruo de remembranzas troyanas, un terrible animal temido tanto por las ranas como por los ratones y descrito como el peor de los monstruos con estas palabras que también revelan la duración de la cruel batalla: De pronto se presentaron unos animales de espaldas como yunques, de garras corvas, de marcha oblicua, de Pies torcidos, de bocas como tijeras, de piel crustácea, de consistencia ósea, de lomos anchos relucientes, patizambos, de prolongados labios, que miraban por el pecho y tenían ocho pies y dos cabezas, indomables: eran cangrejos, los cuales se pusieron a cortar con sus bocas las colas, pies y manos de los ratones, cuyas lanzas se doblaban al acometer a los nuevos enemigos. Temiéronles los tímidos ratones y, cesando en su

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resistencia, se dieron a la fuga. Y, al ponerse el sol, terminó aquella batalla que había durado un solo día. (Homero: 14) Así finaliza la guerra entre los ratones y las ranas. Así nos deja la comedia homérica ante la incertidumbre de explicar qué personifica en su locura bélica aquel ratón ingenuo y aquella rana mentirosa. Algunos indicios, poco sólidos quizá, nos acercan a la idea de que hay hombres zmuy animales. Débora Arango, por ejemplo, quien ha dicho que fue pintando lo que fue viendo, realizó una modesta Batracomiomaquia de cuño personal donde personajes como Laureano Gómez y Rojas Pinilla, salen animalizados. Es probable entonces que, como podríamos sostener siguiendo cierta teoría que explicaré del escritor español Ramón Gómez de la Serna, Laureano y Pinilla no hubieran sido presidentes humanos, sino sapos. En una pequeña montañita, subidos sobre el erario público unos sapos en posición sapiencial y ascética se rifan la montura mientras toman un vino. Tres serpientes vigilan que nadie se acerque. Solo ellas se acercan. Cuidan en el horizonte el resto óseo de unos huesos que parecen los de humanos y no los de sapos vivisectos.


Luego esos mismos sapos –o por lo menos saposdesfilan por una calle siguiendo al adalid de la causa que va sobre una camilla cargado por unas especies de chulos o alcaravanes de los que David Sánchez Juliao escribiera un día: “Una bandada de alcaravanes penetró furiosa un día en un recinto y sacó los ojos a cuanto humano había. Y para desconsuelo de

El superhistoriador trata de “acoger las desviaciones de la historia que no fue nunca como se supuso o como dicen los documentos, sino una cosa como la tormenta y como la histeria de los amantes”, es decir que al superhistoriador le toca considerar la posibilidad de haber tenido batrocracias, gobiernos de sapos así como formas de vida y de gobierno innombrable con verbos humanos.

los alcaravanes, los humanos rieron. Lo mismo les daba: al fin y al cabo, siempre habían estado ciegos.” (1977: 15)

Ramón dice que “La Superhistoria es, como todo lo que se destaca en la vida, una superchería fantasmagórica, una infidelidad perpetua de los acontecimientos, un increíble ser y no ser” y así pues, advertidos, de ese increíble ser y no ser que se nos viene encima cuando menos lo pensamos, debemos esperar en cualquier instante un ser o no ser ratón o rata, serpiente o chulo, alcaraván o musaraña. La superhistoria descubrió, por ejemplo, que muchos reyes, marquesas y cortesanas no eran tales sino lagartijas, escarabajos, urracas, sierpes malignas e, incluso, piedras. Centrándose en el nombre y la voz, solamente, se supo que Urraca de Castilla era una Urraca de vuelo solitario que salía a volar todas las tardes desde su castillo de Dueñas exhibiendo sus “alas salpicadas de blanco, de pecho con pañolito blanco y de un negro metálico en la cola” con su voz vocinglera e inquieta.

Pero hagamos la pregunta fundamental ¿Eran realmente Laureano y Pinilla, y la junta militar una partida de sapos, culebras y alcaravanes? Cuenta Ramón Gómez de la Serna que en nuestra torpe carrera de organizaciones narrativas hemos olvidado considerar la presencia irrefrenable de la Superhistoria. Cosas insólitas se nos han quedado olvidadas por no lograr ver las relaciones que la superhistoria inventa. La superhistoria está construida con los datos de una supermemoria atómica –atributo humano inexplorado– que se “aprovecha de que nuestra fotocélula esencial ha vivido todos los tiempos desde el minuto inicial del hombre en el mundo”.

La historia ha dejado mucho de lado por haber olvidado tener en cuenta la voz, factor animal ¿pues qué animal no tiene en su sonido un verbo diferencial? ¿Qué tanto no hubiera sido dicho si se nos hubiera aclarado que en vez de discurrir, Laureano croaba? Si se hubiera historiado algo sobre la voz de Urraca de Castilla seguramente habríamos sabido que era, sin duda alguna, una Urraca legítima de las tierras españolas así como que Laureano era un sapo sabanero. Por eso creo sincera la pregunta que ha hecho Gómez de la Serna “¿Por qué ha prescindido la Historia de la voz de las reinas, cuando en ese detalle hay algo definitivo?” (397)

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La falta del registro de las conversaciones animales y de su voz ha hecho que se confundan los discursos de algunos monarcas que realmente eran aullidos, balares, mugidos, croares y ululares con auténticas voces humanas.

tanto que lloró una larga tarde y creó prevenciones a la altura de su miedo. Por ejemplo, cuando llamaban a su puerta saltaba alarmada y le pedía a la criada que si la persona que tocaba a la puerta era ñata no la dejara entrar, pues podía ser la muerte.

Así ocurrió también con la Beltraneja a quienes todos en la historia habían concebido como a una reina injustamente destronada, pero que no era más que un pariente de diversos tipos de animales, de algunos insectos, de algunos anfibios y de algunos mamíferos pequeños. Dice Gómez de la Serna:

Incluso es probable que Juana la Loca en su obsesión sí hubiera alcanzado la inmortalidad –cosa que no le ocurrió a su esposo Felipe el Hermoso– pero que la hubiera perdido mientras se hallaba reclusa en los castillos refrenando una supuesta locura. Encerrada en esos torreones la inmortal Juana fue perdiendo su aliento eviterno a medida que los Castillos enloquecían.

[…] la Beltraneja es la síntesis reinante de las lagartijas, y por la lagartija se puede llegar a la comadreja –rojiza por encima, blanca por debajo, parda la punta de la cola, ágil, vivaz, de veinticinco centímetros de larga– y, por la comadreja, a la Beltraneja. El espíritu comadrejil –el instinto terreno que se come los huevos y las crías– hacía que los secuaces de la Beltraneja fueran crueles, rapaces, insistentes. (398) Son datos de la superhistoria, debidamente contrastados con la historia natural, con las más diversas fuentes para establecer precisamente la especie de la entidad animal. En la misma superhistoria de la Beltraneja es posible encontrar cómo en los dominios terrenos de su reinado la Beltraneja –en contra de lo que ha dicho la historia– sí tenía seguidores: “jaramagos, abrojos, cardos, ortigas, aulagares y dulcamares” así como “molinos dormidos” con “alas comidas”, “castillos abandonados, desdentados y rotos”. Pero la superhistoria más intrigante es la de Juana la Loca cuya única obsesión era la muerte, muerte que descubrió de niña cuando le pidió a su cuidadora que le permitiera probarse el esqueleto, a lo que la cuidadora le respondió “El esqueleto lo llevamos dentro, alteza” (297). Tal descubrimiento la turbó

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Juana la Loca es el animal completo que no quiere el cautiverio y que ronda las celdas con paso acelerado, pegándole a la baldosa, midiendo las piedras, buscando las ventanas como ave desesperada sin hallar descanso ni compensación y que por eso tiene dos opciones: vivir encastillada o renunciar a su inmortalidad. Sabemos que la reina inmortal renuncia a ella. Las aves también tienen su lugar en la superhistoria incluso incursionan en una superhistoria de la filosofía. En este caso recordemos lo que ocurrió al gallo de Micilo en un libro extraño llamado El Crotalón de un autor aún más extraño Cristóbal Villalón. Es la historia de un gallo que una mañana en vez de cantar habló y le confesó a su dueño, un miserable zapatero, que si bien era un gallo también antes había sido Pitágoras. Ejemplos de estos tipos encontraremos a montones entre las conversaciones animales. Empédocles también había dicho que fue un pez, un árbol y una doncella como el mismo Pitágoras, según Diógenes Laercio, logró reconocer en un perro que iba por la calle a un amigo que había muerto hacía poco. Dato fundamental pues con el perro es que la historia se nos vuelve una locura. Se cuenta que Alcibíades, el griego mancebo por el que Sócrates se enloquecía y decía los discursos sobre los favores de los amantes, cansado de que los atenienses sólo se fijaran en su belleza


decidió cortarle la cola a su perro. Por mucho tiempo se ignoró la relación entre la cola y la razón hasta que en un pequeño ensayo de Luís Tejada, con cuya referencia me gustaría terminar, se explican las posibles confusiones que ocasiona dicha decisión de Alcibíades. En el ensayo, titulado La Cola, podemos encontrar una satisfactoria explicación de la locura animal, que quisiera compartir con ustedes en un espacio tan propicio para que ululen, graznen, balen, gruñan y ladren, si es del caso. Afirma Luís Tejada: Aquel griego sutil que amputó la cola a su perro en un rapto de irónico buen humor, no adivinaba quizá en toda su magnitud, el significado profundo, con proyecciones espirituales, que ese apéndice carnoso y peludo tiene en relación con la vida de los animales superiores. En la cola reside indudablemente el equilibrio físico, y yo creo que también el sentido del equilibrio intelectual de los mamíferos. Me dicen que un pobre perro sin cola es incapaz de pasar un puente estrecho; esto, aun cuando no fuera cierto, es verosímil y lógico. La cola es para el animalillo como la palanca que el bailarín lleva en la cuerda y que le ayuda a distribuir las fuerzas y los pesos, cuando el cuerpo va a inclinarse demasiado a un lado o a otro. La palanca es la cola del bailarín; le infunde confianza, le encuentra no se qué invisible punto de apoyo en el espacio y lo guía a lo largo de la cuerda, sin que se interrumpa esa situación sutilísima y matemática que llamamos equilibrio.

orías metafísicas y a preguntarse qué puede haber más allá de la vida y cuál es el principio y el fin de las cosas. Claro: el infeliz ha perdido el sentido del equilibrio intelectual, se ha desorbitado, es casi un hombre. En el hombre actual la falta de cola es un defecto verdaderamente esencial, que yo no he podido resignarme a aceptar del todo; a veces en la calle pienso que todos los que van delante de mí, la llevan cuidadosamente enroscada debajo de la americana, y me asalta la extraña presunción de que yo soy el único que no la tengo, convirtiéndome por eso en el ser más desgraciado de la tierra. […] sí, el hombre es animal loco e imperfecto; una rutura primordial lo ha descentrado, lo ha dejado sonámbulo y errabundo dentro de la eternidad; lleno de apetitos inconmensurable, de extraños anhelos, de torturantes cavilaciones, el hombre tiende siempre a salirse de la órbita que le ha sido designada en la naturaleza. […] Y es que al hombre le falta una batuta, una palanca, un índice que guíe y sostenga su equilibrio; al hombre le falta la cola, cabo flexible y prodigioso que amarra la inteligencia loca a la realidad de la vida.

Ahora bien: un perro sin cola, es además, el pequeño ser melancólico y chiflado por excelencia; ambulante y lleno de leves caprichos, parece que un eje secreto se ha roto en él, que falta a su vida una dirección precisa y ordenada, que su existencia ya no tiene razón de ser porque ha perdido su fin ideal. No me extrañaría que ese perro se hiciera misántropo y hasta que empezara a elucubrar tePOLILLA/2013

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Referencias bibliográficas Gómez de la Serna, Ramón. Novelas cortas y teatro de vanguardia (1927-1947). Círculo de lectoresGalaxia Gutenberg. Tejada, Luís. (1945) La cola. En: Manizales. Revista literaria mensual. Vol. VI, N° 59. pp. 274-75 Homero (1990) Margites - Batracomiomaquia - Epigramas – Fragmentos. Introducción y notas: Caries Miralles. Traducción: Herederos de Lluís Segalà

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Don Quijote y Charlot:

2en unHÉROES mismo mundo María Fernanda Molano Hernández Estudiante Licenciatura en Lengua Castellana Universidad del Tolima

“La escritura es el aposento que se construye al lado de los barrancos, el refugio que se levanta frente a las tempestades, el surco para el sembradío que se cava en terrenos erosionados” Pablo Montoya

El lenguaje es un medio que poseen los seres humanos para expresar sus pensamientos, sentimientos y deseos. En el caso de Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes Saavedra acude a la palabra para recrear un mundo en el cual la locura de Alonso Quijano lo lleva a convertirse en Don Quijote de la Mancha, un caballero andante que decide aventurarse con Sancho Panza, su escudero. Gracias a la palabra, el escritor español recrea el nuevo mundo: el mundo de la modernidad, en el cual, la caballería andante ya no tiene cabida; la fantasía y la imaginación se ven rechazadas por un orden establecido en el cual priman el poder y la manipulación. La caballería andante simboliza las fantasías y la imaginación que el mundo moderno excluye; en este mundo insensible sólo hay espacio para la razón, y por eso las acciones de Don Quijote se consideran “arrancadas de los cabellos” como lo expresan las frías palabras que la sobrina le dice a Don Quijote: “Ah, señor mío, advierta vuestra merced que todo eso que dice de los caballeros andantes es fábula y mentira y sus historias, ya que no las quemasen, merecían que a cada uno se le echase un sambenito, o alguna señal en que fuese conocida por infame y por gastadora de las buenas costumbres”. (Cervantes, 1994: 668) Así mismo, el duque, la duquesa, el sacerdote, los venteros, el barbero y el bachiller Sansón Carrasco, simbolizan lo que caracteriza al nuevo mundo: el poder, la manipulación, la dominación, la humillación, la hipocresía, la esclavitud que se ejerce sobre el otro, atentándose contra su dignidad como ser humano. Estos malvados personajes acuden a múltiples embustes para satisfacer su ego; son los intereses personales los que se buscan complacer a costa del sufrimiento y la humillación de Don Quijote y Sancho Panza, quienes se convierten en sus objetos de burla: POLILLA/2013

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“Grande era el gusto que recibían el duque y la duquesa de la conversación de Don Quijote y de la de Sancho Panza; y confirmándose en la intención que tenían de hacerles algunas burlas que llevasen vislumbres y apariencias de aventuras, tomaron motivo de la que Don Quijote ya les había contado de la cueva de Montesinos, para hacerle una que fuese famosa”. (Cervantes, 1994: 882) En el mundo moderno priman los intereses personales y el bienestar individual y para ello no interesa sobre quién se debe pasar ni a quién se puede llegar a lastimar con el fin de conseguir lo que se desea. Por eso, el duque y la duquesa gozan y se divierten viendo sufrir al caballero de la triste figura y a su escudero como le sucede a Don Quijote al padecer los arañazos que los gatos le dan en su cuerpo: “Y volviéndose a los gatos que andaban por el aposento, les tiró muchas cuchilladas; ellos acudieron a la reja y por allí se salieron, aunque uno, viéndose tan acosado de las cuchilladas de Don Quijote, le saltó al rostro y le asió de la narices con las uñas y los dientes, por cuyo dolor Don Quijote comenzó a dar los mayores gritos que pudo”. (Cervantes, 1994: 962). La fantasía se convierte en el medio que el duque y la duquesa encuentran para gozar y disfrutar viendo sufrir al caballero de la triste figura y a su escudero. Son las artimañas y los malvados planes los que juegan con los sentimientos y los deseos de Don Quijote y Sancho Panza, como sucede con el desencantamiento de Dulcinea del Toboso, el cual es posible por medio de los múltiples azotes que Sancho debe darse. De igual forma, el escritor español refleja por medio de la palabra el chantaje y la manipulación que caracterizan al mundo de la modernidad, al hacerse evidentes en las palabras que el duque dice a Sancho con el objetivo de lograr que este accediera a subirse al caballo Clavileño si deseaba verdaderamente ser gobernador de una ínsula:

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Sancho amigo, la ínsula que yo os he prometido no es movible ni fugitiva: raíces tiene tan hondas, echadas en los abismos de la tierra…cuál más, cuál menos, el que yo quiero llevar por este gobierno es que vais con vuestro señor don Quijote a dar cima y cabo a esta memorable aventura; que ahora volváis sobre Clavileño con la brevedad que su ligereza promete…siempre que volviéredes hallaréis vuestra ínsula donde la dejáis y a vuestros insulanos con el mesmo deseo de recibiros por su gobernador que siempre han tenido y mi voluntad será la mesma; y no pongáis duda en esta verdad, señor Sancho; que sería hacer notorio agravio al deseo que de serviros tengo. (Cervantes, 1994: 922-923). Gracias a la palabra, al castellano, a la literatura, Cervantes le lega a la humanidad una gran obra inagotable de interpretaciones y sentidos, en la cual los lectores tienen posibilidades de descubrir y escudriñar nuevas cosas. El padre de la novela perpetúa en cada línea la esencia de la novela que es la “pasión de conocer” y la complejidad como lo afirma Milán Kundera: “El mundo de la novela acompaña constante y fielmente al hombre desde el comienzo de la Edad Moderna. La “pasión de conocer” se ha adueñado de ella para que escudriñe la vida concreta del hombre y la proteja contra “el olvido del ser”; para que mantenga “el mundo de la vida” bajo una iluminación perpetua”. (Kundera, 1986: 15, 16). El padre de la novela, vivió y fue testigo de lo que caracteriza a la Edad Moderna: la violencia, la guerra, la injusticia, la discriminación, la intolerancia, el irrespeto, la carencia de solidaridad y del reconocimiento del otro como se refleja claramente en el mundo de Don Quijote de la Mancha. Como ser humano, sintió la necesidad de escribir, de utilizar la palabra, su lenguaje para plasmar todo aquello que le causó agobio, dolor y desasosiego. Por esto, ha sido el propio lenguaje, el medio que ha hecho posible “el contar historias de los otros como si fueran propias y contar las historias propias como si fueran de los otros” (Montoya, 2009: 25). Es la necesidad de narrar y de acudir


a la palabra lo que brinda sosiego y tranquilidad, cuando lo mundano y lo societal a veces molesta y causa desequilibrio. Pues como lo afirma el escritor colombiano Samuel Vásquez (2009): “Sin país, ni nacionalidad, ni ciudadanía, ni paisaje, nos queda el castellano. El castellano es el único lugar en donde no nos sentimos extranjeros…El castellano es para nosotros una soberanía maravillosa” (Pág. 9). Al igual que Miguel de Cervantes Saavedra, Charles Chaplin acudió al arte, a la imaginación para levantar su voz de rechazo hacia un mundo incomprensible y egoísta. Pero ahora no es la palabra el medio para este fin, sino es el lenguaje corporal el medio por el cual se critica al mundo moderno: un mundo insensible y devorador. Estos dos “novelistas sociales” en palabras de Pierre Vilar reflejan y critican dos tiempos de crisis a través del humor: “He dicho 1605-1615, Cervantes, Don Quijote, la armadura y el almete. Igual hubiera podido decir 1929-1939, Charles Chaplin, Charlot, la Chaqueta negra, el bombín y el bastón. Nunca dos obras han estado tan emparentadas. Las dos grandes etapas de la historia moderna están en ellas captadas del mismo modo” (Paredes, 2011: 1,2). En las películas “Tiempos Modernos” (1936), “El Chico” (1921), “La Quimera del Oro” (1925), “Luces de la Ciudad” (1931) y en el cortometraje “Vida de Perro” (1918), entre otras, no es necesaria la oralidad para ser testigos de acciones, gestos y miradas que se traducen en injusticias, dolor, tristeza y desasosiego. En la película “Tiempos Modernos”, las acciones de cada uno de los personajes son suficientes para comprender cómo el poder, la manipulación y la dominación que tienen unos seres humanos sobre otros se reflejan a través de obreros trabajando en máquinas que terminan tragándose a los hombres, como le sucede a Charlot.

Así mismo, en El Chico, se refleja la actitud filantrópica de Charlot al recoger al niño que escucha llorar en un bote de basura, y en medio de su humildad y pobreza decide acogerlo y protegerlo del hambre, del frío y del peligro de las calles. Las lágrimas de John, el niño que es abandonado por su madre en un coche, reflejan el dolor y la tristeza que siente al verse separado abruptamente de los brazos de Charlot por las personas que llegan del orfanato para llevárselo. La actitud egoísta e inconsciente del médico y del policía se expresa en acciones incomprensivas, frías y rudas al tratar de separar violentamente a John de los brazos de Charlot, quien decide enfrentarse a los hombres que pretenden llevarse al hijo amado. Don Quijote y Charlot son la versión moderna de los bufones y los payasos que caracterizaba la cultura cómica popular de la Edad Media, en la cual, el humor festivo era de carácter general, porque la risa se consideraba patrimonio del pueblo, por eso todo el mundo vivía el carnaval sin interesar la desigualdad, la condición y las jerarquías que caracterizaban a las fiestas oficiales. “Las celebraciones carnavalescas ocupaban un importante lugar en la vida de las poblaciones medievales. La influencia de la cosmovisión carnavalesca sobre la concepción y el pensamiento de los hombres, era radical: les obligaba a renegar en cierto modo de su condición oficial (como monje, clérigo o sabio) y a contemplar el mundo desde un punto de vista cómico y carnavalesco”. (Bajtín, 1987: 18) Pero en el mundo moderno la risa toma otro sentido, adquiere un significado diferente, porque el aspecto regenerador y positivo de esta desaparece primando la ironía y el sarcasmo como afirma Mijaíl Bajtín (1927): “La parodia moderna también degrada, pero con un carácter exclusivamente negativo, carente de ambivalencia regeneradora. Ya en esta época el principio material y corporal cambia de signo, se vuelve paulatinamente más estrecho y su naturalismo y carácter festivo se atenúan” (pág. 26).

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estrecho y su naturalismo y carácter festivo se atenúan” (pág. 26). Es así como el duque, la duquesa, el sacerdote, el bachiller Sansón Carrasco y todos aquellos que se burlan de Don Quijote quedan por fuera de las artimañas y de los malvados planes siendo el caballero de la triste figura y su escudero los objetos burlescos que terminan padeciendo dolores y sufrimientos.

de un hombre. La literatura y el Cine mudo fueron los medios perfectos para su creación, porque a través de ellos, Cervantes y Charles Chaplin levantaron su voz de rechazo contra el mundo de la modernidad que sigue “progresando” vertiginosamente. Estos seres humanos que vivieron en carne propia la prisión (en el caso de Cervantes), el hambre y la soledad (en el caso de Charles Chaplin) acudieron a la ironía,

En el caso de las películas de Charles Chaplin, no se degrada al otro por medio de expresiones satíricas sino basta la risa, las miradas, los gestos y las acciones para comprender cómo seres humanos humillan, ofenden y manipulan a otros desconociéndolos como seres que piensan, sienten y aman. La mujer a quien Charlot le salva la vida después de quedar inconsciente a causa de los latigazos de un malvado hombre en “vida de perro”, Georgia, la bailarina de cabaret que juega con los sentimiento de Charlot para darle celos a Jack Cameron (“el donjuán del cabaret”) en “La quimera del oro”, son claro ejemplo del dolor y el sufrimiento que un ser humano puede causarle a otro. Así mismo, Charlot al evitar el suicidio de un millonario borracho y al preferir ir a la cárcel por salvar la casa embargada de la florista de quien se enamora en “luces de la ciudad”, demuestra amor, solidaridad y comprensión hacia seres humanos que los necesitan.

al dramatismo y a la genialidad para cuestionar el poder, la manipulación, el hambre, la pobreza, las injusticias que caracterizan al mundo contemporáneo.

Finalmente, Don Quijote y Charlot se pueden considerar como dos héroes que critican un mismo mundo: el mundo de la modernidad, al cual cuestionan de acuerdo a la forma con la que más identificados se sintieron. En el caso del Quijote de la Mancha, el ingenioso hidalgo se cree un caballero andante que “satisface agravios, endereza tuertos, castiga insolencias, vence gigantes y atropella vestiglos”. Charlot salva vidas, protege niños y mujeres como sucede en la escena del vagabundo del cortometraje vida de perro, en la cual este personaje del cine mudo le salva la vida a una mujer que queda inconsciente después de recibir múltiples latigazos

Montoya Pablo, Montt Nahúm, Serrano Enrique (2009). El oficio de escribir. Bucaramanga, Colombia: Colección Bitácora.

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Referencias bibliográficas Cervantes Saavedra, Miguel (1994). “Don Quijote de la Mancha”, Barcelona: RBA Editores. Bajtín, Mijaíl (1990). “Planteamiento del problema”. En: La cultura Popular en la Edad Media y en el Renacimiento: El contexto de François Rebeláis, Madrid: Alianza Editorial. Kundera, Milán (1986). El arte de la Novela. Barcelona: Tusquets Editores S.A.

Paredes, Jorge «La parodia de la crisis». En: Diario El Comercio, suplemento cultural El Dominical. 3 de Abril del 2011.http://clioperu.blogspot.com/2011/04/chaplin-y-su-charlot-reflejo-de-los.html Vilar, Pierre (1964): “El tiempo del Quijote». En: Crecimiento y desarrollo: Economía e historia: Reflexiones sobre el caso español, Barcelona: Ariel.


De la totalidad a la fragmentación en

Los detectives

SALVAJES de Roberto Bolaño

Alba luz Quevedo 1 Estudiante de Licenciatura en Español y Literatura Universidad del Quindío Introducción En la historia de Los detectives salvajes sobrevive el mundo literario de México de los años 70, contado desde las vivencias de un grupo de jóvenes, llamados los visceralitas o viseral-realistas que gira en torno a dos personajes Ulises lima y Arturo Belano, dos aspirantes a escritores que viven devorados por una urbe que crece incesantemente alejada de sus ideales e ilusiones y con la misión casi detectivesca de hallar a una ignorada poeta que puede ser la precursora de todo lo que creen y por lo que luchan.

con los que muestra que su estética narrativa camina al borde de lo cómico y lo absurdo, del sarcasmo y la crítica, herramientas que usa para debatir el mundo rígido y clasista de la sociedad literaria mexicana y por qué no, del mundo. En este sentido los temas desarrollados en la novela encarnan temáticas sociales que se oponen a una visión racionalista de la sociedad: la reinvención de los valores sociales, la inclusión de ideologías extranjeras, la soledad y el exilio entre otros. Todos estos elementos son característicos de la estética fragmentaria de la obra y sustentan la propuesta de estudio de este artículo.

Los detectives salvajes pretende ser una fotografía irónica que retrata los últimos caprichos del mundo vanguardista en Latinoamérica, Roberto Bolaño intenta recuperar el ímpetu revolucionario de la literatura para ofrecer una visión mordaz de esa realidad hecha a su medida. Para recrear esta historia Bolaño acude a diversos personajes, voces, relatos, 1

Los detectives salvajes, es una novela descendiente de la tradición pero al mismo tiempo la transgrede, Bolaño reconoce en su obra la estética de Borges, de Cortázar, sin embargo arremete contra toda idea de jerarquizar la literatura basada en adulaciones y en oligarquías políticas. Con este rechazo, Bolaño se en-

Este artículo fue presentado como trabajo de grado en la licenciatura en español y literatura de la Universidad del Quindío

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frenta al dominio de la razón para mostrar que realmente no es esta la forma de pensamiento de la sociedad posmoderna e incluso de las anteriores, postura que les reconoce a otros autores que permearon su narrativa y que cita en la misma obra. Al hablar de totalidad y fragmentación es necesario hablar de su génesis, la cual tiene origen en la filosofía europea y posteriormente se transpola a la literatura. Desde la línea filosófica, la idea de totalidad está relacionada con lo perfecto, lo circular, con aquello que genera la concreción del ser. En este sentido cobra importancia la noción de centro que visto desde el símbolo se refiere a lo real y absoluto, “el centro es concebido como un ámbito de intensidad dinámica; el lugar de la coexistencia de fuerzas opuestas, de la energía más concentrada” (Solotorevsky, 1995:273) bajo esta postura el centro se vincula a lo sagrado, a la creación del mundo, romper esta estructura céntrica implica entonces, penetrar al universo de la fragmentaciones compuesto de las partes de un mundo que ha sido profanado por la fuerza trascendente y primaria del hombre; el instinto y la voluntad que se escapan a todo orden y a toda concreción. De este modo la fragmentación propone el dualismo entre el conocimiento y la voluntad, donde el racionalismo deja de ser el motor de la existencia humana. Esta idea es propuesta por Schopenhauer y posteriormente retomada por Kierkegaard, con un valor agregado: la enfermedad, la angustia, el exilio, la soledad, la libertad, la nada o la muerte, experiencias ofrecidas por Bolaño en el transcurrir de la narración y que llevan a fundar a un sujeto con múltiples conciencias de sí mismo en busca de hacerse un ser total pero sin renunciar a sus peculiaridades, a sus máscaras. Posteriormente los poetas malditos profundizarán

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sobre la irracionalidad del inconsciente y del infinito para mostrar cómo la experiencia totalizadora ha desgastado la relación entre artista y sociedad, no porque éste intencionalmente haya querido alejarse de ella, sino porque su espíritu creativo y crítico ha sido frenado. Es así como el lenguaje se convierte en el canal que permite visualizar la melancolía del ser, una enfermedad que muestra la imposibilidad del ser para identificarse como un único sujeto y que por el contrario le lleva a reflejar una conducta desadaptada y contradictoria de sí mismo. La posmodernidad le ha rendido culto a la fragmentación, reflejada en características que han sido planteadas por varios autores y que son evidentes en muchas de las obras posmodernas, fragmentación que se refleja a nivel semántico, de estructura textual y de estrategias discursivas. Es necesario entonces mencionar algunas características que definen, por una parte la estética totalizadora de la novela y por otra su fragmentación.


Sobre la estética de la totalización a) El texto está estructurado de manera circular, por lo que impera la estructura del retorno, es decir el final es la llegada al inicio. b) Unicidad de los significados. c) Presencia de imágenes que pertenecen al mundo de la totalización d) La narración está a cargo de un narrador, que organiza la participación de los personajes. e) Existe una correspondencia entre título o partes y el contenido al que se refiere. f) Uso de metáforas con la intención de capturar la significación.

La estructura de Los detectives salvajes es circular ya que maneja la estructura del retorno, una característica de la estética totalizadora. La novela se compone de tres capítulos, el primero se titula Perdidos en México (1975), el segundo Los detectives salvajes (1976-1996) y el tercero los desiertos de Sonora (1976). En el primer capítulo se narra la historia de un joven poeta de 17 años que se encuentra con un grupo de contemporáneos que se hacen llamar los visceralistas, personajes algo dementes que se encuentran en la margen y que intentan encontrar la buena literatura allí. La historia está cargada de temáticas de contenido fuerte: sexo, droga, crimen, esta primera parte es narrada con estructura circular, el recurso que usa Bolaño es el diario, que reporta día a día los acontecimientos que suceden al interior de este grupo de amigos y colegas, de modo que la historia sigue una única línea de tiempo, sin alterar la estructura narrativa hasta ese momento.

Sobre la estética de la fragmentación. a) Disolución de la trama. a) Fragmentación de la estructura textual. b) Presencia de paradojas. c) Presencia de imágenes fragmentadas que refuerzan el discurso fragmentado. d) Juego de significantes, que provocan inestabilidad y múltiples visiones del significado.

Los detectives salvajes también está al servicio de la totalización, de forma más superflua que la fragmentación, pero referenciada en algunos momentos de la obra tanto en la estructura como en el discurso. A continuación se evidenciarán estos factores que demuestran concreción o totalidad en la obra.

Existe una correspondencia entre lo que enuncian los títulos y el contenido que ellos presentan, no de manera literal pero sí puede inferirse sin mayor esfuerzo: “Sin noticias de mis amigos. 5 de noviembre (…) Desde hace dos días no voy a la facultad. Tampoco pienso volver al taller de Álamo. Esta tarde fui otra vez al Encrucijada Veracruzana (el bar de Bucareli) pero ni rastro de los real visceralistas”. (Bolaño, 1998:11). ste fragmento pertenece a la narración del primer título Perdidos en México, donde un grupo de jóvenes constantemente aparecen y desparecen por las calles de México, como escondiéndose de algo o por el contario buscando algo. Igualmente pasa con el segundo capítulo Los detectives salvajes en el que la narración a varias voces se apodera de la obra, pero siempre en primera persona: “Mary Watson, Sutherland Place, Londres, mayo de 1978. En el verano de 1977 viajé a Francia con mi amigo Hugh Marks. Yo entonces estudiaba Literatura en Oxford y vivía con el escaso importe de una beca de estudiante. Hugh cobraba de la Seguridad Social”. (Bolaño, 1998:256) POLILLA/2013

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Como en este ejemplo se presentan las demás narraciones en el capítulo. Cada uno de los personajes cuenta su historia y la forma como se ha relacionado con la literatura y con los dos protagonistas de la obra: Ulises Lima y Arturo Belano, un par de jóvenes que han viajado por varias partes de la geografía mundial huyendo de la exclusión de su propia patria y de las incomodidades con que ésta les azota. En el tercer título Los desiertos de Sonora existe una correspondencia entre éste y los sucesos que allí se mencionan: 4 de enero Pasamos como fantasmas por Navojoa, Ciudad Obregón y Hermosillo. Estábamos en Sonora, aunque ya desde Sinaloa yo tenía la impresión de estar en Sonora. A los lados de la carretera veíamos a veces alzarse una pitahaya, nopales y sahuaros en medio de la reverberación del mediodía.( Bolaño, 1998:597)

racionalismo y al clasicismo de la poesía antigua. Este paradigma se halla en la voz de Juan García Madero un joven que inicialmente encarna la racionalidad y la moral, pero que posteriormente y gracias al encuentro con un mundo para el desconocido, el de sus colegas los poetas, se irá transformando hacia la fragmentación, nótese la evidencia: Por otra parte no puedo decir que Álamo fuera un buen crítico, aun siempre hablaba de la crítica. Ahora creo que hablaba por hablar. Sabía lo que era una perífrasis, no muy bien, pero lo sabía. No sabía, sin embargo, lo que era una pentapodia (que, como todo el mundo sabe, en la métrica clásica es un sistema de cinco pies), tampoco sabía lo que era un nicárqueo (que es un verso parecido al falecio), ni lo que era un tetrástico (que es una estrofa de cuatro versos). ¿Que cómo sé que no lo sabía? Porque cometí el error, el primer día de taller, de preguntárselo. No sé en qué estaría pensando. (Bolaño, 1998:6)

Esta tercera parte narra la huida de Madero, Belano, Ulises y Lupe (una antigua prostituta que cansada de la explotación de su novio, un hombre rudo y sin escrúpulos huye en compañía de estos cuasi poetas). Estas víctimas también seguían la huella de una poetiza, Cesárea Tinajero, a la que admiraban pero de la que no conocían su obra, obra que se volvió el motivo de búsqueda de estos viajeros. El espacio en el que ocurren estos sucesos son los desiertos mexicanos que van hacia al norte del continente americano.

Este fragmento permite pensar en lo academicista de la obra de Bolaño, lo que referencia al canon, a lo que todo poeta o escritor debe conocer, en este sentido la misión de Bolaño es permitir que se vislumbren ciertos elementos clásicos y racionales que legitimen la obra, que la saquen del margen debido a las temáticas que desarrolla y la pone en un punto medio, en el centro, para recibir la aceptación de tantas partes, y con ello apoyar sus tesis opositora al mismo racionalismo, comparte con el enemigo, le reconoce sus logros para luego atacarles, es así como la obra de Roberto Bolaño responde con cierto aire a la estética de la totalidad.

Con respecto al discurso totalizador de la obra se encuentra una temática que se trata a lo largo de la historia, como una manera de convocar las demás fuerzas significantes que también tienen eco en la obra, esta imagen, este símbolo es la poesía que en ocasiones se muestra como un asunto de métrica y rigurosidad, asunto que transporta al

Desde otro ángulo y hacia la fragmentación son más numerosos y significativos los aspectos que pertenecen a esta estética que los que le pertenecen a su contraria, la totalidad, es así como se nota la cualidad fragmentaria de la obra.

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Los maricones, en cambio, pareciera que vivan permanentemente con una estaca removiéndoles las entrañas y cuando se miran en un espejo (acto que aman y odian con toda su alma) descubren en sus propios ojos hundidos la identidad del Chulo de la Muerte. El chulo, para maricones y maricas, es la palabra que atraviesa ilesa los dominios de la nada (o del silencio o de la otredad). (Bolaño, 1998:88) Bajo la mirada de la fragmentariedad coexiste el humor y el temor, característica de la estética de la fragmentación, en este segmento y en lo que cobija esta parte de la narración se ofrece una mirada humorística de los poetas , desde sus conflictos internos y como lo transmiten en su poesía, así mismo desde el reconocimiento que han tenido en la historia de la literatura de su época, aquí se refieren en dos términos a esta cualidad, los maricones y el chulo de la muerte, términos que implican una mirada desde el carnaval, desde el disfraz, desde la máscara, elementos que permiten el juego ,el engaño como una forma de contradicción a la conciencia racional y con la intención de generar una maniobra hiriente de la realidad que consigue transformar la risa en un humor reflexivo. A medida que avanza la obra, los personajes van padeciendo una transformación que dista de lo racional y que va hacia la alteridad del ser, hacia la inconsciencia, no una inconsciencia extrema como lo sería la locura pero sí una inconsciencia para valorar bajo la lógica dual de la moral los propios actos. Todo se está complicando. Están sucediendo cosas horribles. Por las noches me despierto gritando. Sueño con una mujer con la cabeza de una vaca. Sus ojos me miran con fijeza. En realidad, con una tristeza conmovedora. Para colmo, he tenido una pequeña conversación de «hombre a hombre» con mi tío. Me hizo jurarle que no tomaba drogas. No, le dije, no tomo drogas, te lo juro. ¿Nada de nada?, dijo mi tío. ¿Eso qué quiere decir?, dije

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yo. ¡Cómo que qué quiere decir!, rugió él. Pues eso, ¿qué quiere decir?, sé un poco más preciso, por favor, dije yo encogiéndome como un caracol. (Bolaño, 1998:92-93) Desde este fragmento se evidencia la continua división del individuo, articulando su naturaleza neurótica en función de la constante contradicción entre su conducta social y la conciencia dolorosa de su realidad. En este momento de la historia uno de los protagonistas, Juan García Madero ha traicionado sus convicciones debido a que se ha encontrado con un mundo distinto al represor que tenía y que le brinda la libertad y la posibilidad de ser reconocido como un alguien importante dentro de la sociedad, o al menos dentro de un grupo social, los visceralistas, encuentro de oposiciones dentro de un mismo sujeto indican también la existencia de un todo desde la reflexión interiorizada, apoyando un poco la estética de la totalidad. Siguiendo con la estética de la fragmentación, dentro de la obra hay una producción vanguardista de la literatura y del arte, encarnada por los mismos poetas que pertenecen al círculo del visceralismo, una postura estética que se instala en la más profunda de las manifestaciones de la fragmentación: Rafael Barrios, café Quito, calle Bucareli, México DF, mayo de 1977. Qué hicimos los real visceralistas cuando se marcharon Ulises Lima y Arturo Belano: escritura automática, cadáveres exquisitos, performances de una sola persona y sin espectadores, contraintes, escritura a dos manos, a tres manos, escritura masturbatoria (con la derecha escribimos, con la izquierda nos masturbamos, o al revés si eres zurdo), madrigales, poemas-novela, sonetos cuya última palabra siempre es la misma, mensajes de sólo tres palabras escritos en las paredes («No puedo más», «Laura, te amo», etc.), diarios desmesurados, mail-poetry, projective verse, poesía conversacional, antipoesía, poesía concreta brasileña (escrita en portugués de diccionario), poemas en prosa policíacos (se cuenta con extrema economía una historia policial, la última frase la dilu-


cida o no).( Bolaño, 1998:224) Esto admite un análisis del sujeto a la luz de la visión humorística, que se convierte en uno de los centros de la literatura, permitiendo desde un enfoque irónico y crítico establecer las características de una nueva individualidad que es consciente de su capacidad creadora y no se marginaliza aun cuando las instituciones sociales juzguen sus ideales, es un individuo consciente de sus falencias pero que no cede ante las dificultades que le surgen del reconocimiento de su intimidad y de sus propias trampas. En la obra de Roberto Bolaño se rastrean innumerables características de la estética de la fragmentación, un ejemplo de ello son las citas con la que trae a colación poemas de esta época o de otras antiguas, siguiendo así la estrategia del collage, integrar la obra a base de ciertos herramientas disimiles con la intención de mostrar una totalidad completamente fracturada y descentralizada. Con lo que convoca a una estética de la decadencia en la que los grandes referentes históricos e ideológicos se rompen. Desde este mismo punto de vista la fragmentación se hace presente en la narración de varias historias de naturaleza paradójica, para esto basta leer el segundo capítulo de Los detectives salvajes, que cuenta la historia de varios personajes, poetas que han tenido que viajar como consecuencia del exilio, bien sea interior o exterior, historias que cuestionan concepciones sociales, como la autonomía, la certeza, la autoridad, la continuidad, pues son ellos mismos el reflejo del rompimiento de todas estas condiciones, y se muestran como individuos inestables, que al estar consumidos por las grandes urbes en las que han permanecido, se han convertido en seres limitados, pero en una masa ilimitada, completamente contrario a lo que se plantearía en el concepto de comunidad (orden, solidaridad) que los ha convertido en sujetos del anonimato, incapaces de mantener relaciones

verdaderas y profundas con otros e incluso con su mismo ser. Es inagotable la fuente de fragmentariedad que se presenta en la obra, lo mencionado anteriormente son solo unos ejemplos de ese paso de la totalidad a la fragmentación que se intentó evidenciar a lo largo del artículo, pero que muestra la narrativa de Roberto Bolaño, su hilo conductor, la forma en la que atrapa al lector y le exige que desentrañe los enigmas que la obra le plantea, y que convierte al lector en sediento feroz que pide que todos estos personajes sigan contando su historia, un mundo en donde la desagracia le pertenece a cada quien, pero en el que busca impulsivamente un refugio para meter la cabeza, un escondite o aún más cruel un lugar para encontrar algún rastro de felicidad. La lectura de Los detectives Salvajes no solo esboza la condición y la posición del pueblo hispanoamericano frente a su políticas económicas y sociales, sino que refleja cómo estas condiciones, un tanto fracasadas, han ejercido una influencia sobre la forma de ser y de actuar de los hombres, que en ocasiones responde con total fuerza y rebeldía ante circunstancias adversas, o también un hombre que atiende con servilismo y compasión, valores que parecen ser la enfermedad del pueblo hispanoamericano, pero Bolaño muestra cómo es necesario tropezar con este mundo para permanecer vivos dentro de esta gran sociedad. Referencias Bibliográficas Alexander, Douglas (2008). Bolaño y el canon bastar-

do: Los detectives salvajes como novela vanguardista y canónica. The College of William and Mary . Consultado el 29 de octubre de 2012 en http://afdoug.blogs. wm.edu/files/2008/12/bolano_final.pdf Bolaño, Roberto (1998). Los detectives salvajes. México: Anagrama S.A. Solotorevsky, Myrna (1995) Poética de la totalidad y poética de la fragmentación: Borges/Sarduy. Consulrado el 29 de octubre de 2012 en http://cvc.cervantes. es/literatura/aih/pdf/12/aih_12_7_037.pdf POLILLA/2013

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DIVAGANDO Locura

HEAVEN ROAD

Juan Diego Castillo Estudiante de filosofía y letras Universidad de Caldas

Jhonnathan Eraso Licenciado en filosofía y letras Universidad de Nariño

Yes, there are two paths you can go by, but in the long run, there’s still time to change the road you’re on… Stairway to heaven Led Zeppelin

I Nuevo entre esos niños olvidados del mundo, hambrientos, mocosos y alegres, intentó abrir sus ojos pegando alas de libertad en la imaginación. Y poniendo una piedra en el centro del grupo dijo: ¡este es mi barco! varios quisieron zarpar, fueron océanos de pasto surcados por intrépidos capitanes en pos de hermosas doncellas. Pero Juan, caminando sobre el agua y saltando un par de galeones combatientes, pateó el primero y con una expresión triste en su rostro dijo: ¡Es una piedra!

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A José Chalarca, amigo entrañable


La noche del día en que sucedió esta historia que estoy contando, resultó ser una noche espesa para el hombre bajito y gordo que siempre caminaba por la ciudad con la cabeza gacha, eligiendo el lugar exacto de cada uno de sus pasos cortos; un hombre silencioso que cada atardecer, en un repetido ritual, se detenía frente a la misma puerta de madera, no muy lejos de su casa, y dejaba una rosa amarilla.

cumplía 13 y estaba junto a su amiga Aretha sólo un par de calles más allá de donde John Parker acababa de saltar al vacío. Habían pasado la noche caminando sin rumbo y ahora descansaban un rato sentados al cobijo de una maciza puerta de madera, en cuyo umbral parecía recortado el amarillo de una rosa… Todavía les quedaban un par de pastillas en los bolsillos.

Esa madrugada, casi al borde del amanecer, parado frente al balcón del piso 12, el último piso del edificio de la 47 Av. de Manhattan, cerca de la vieja estación de trenes, John Parker abrió los ojos hacia la ciudad, persiguiendo desmesura, yendo más allá de lo que podía ver, y lloró como hacía muchos años no recordaba que sabía llorar.

- ¡Hey, mira, Bob, una luz en el cielo! - casi gritó Aretha sorprendida por lo que veía, y en el mismo momento se arrepintió. Sin embargo, Bob bajó la cabeza que tenía levantada hacia el firmamento, clavó la mirada en los ojos de su amiga y le dijo:

Guardándolo en ese desahogo (irónicamente John - Sí. La veo. Parker odiaba profundamente a los negros sin saber por qué, al igual que muchos neoyorquinos, y tenía, … Nueva York bostezaba lentamente las primeras luademás, un alucinado terror a los ciegos), a sus espal- ces del amanecer. das, desde la radio encendida y sintonizada en una estación cualquiera, le llegaban la música y la voz de Ray Charles cantando “Georgia on my mind”. Unos minutos más tarde, con los ojos ya vacíos de todas las lágrimas que pudieron tener, esforzadamente se subió a la frágil baranda que lo separaba del abismo y abrió los brazos como si fueran las alas de un extraño pájaro nocturno. “Nada de lo que he hecho hasta hoy ha servido para algo… Mi vida ha sido un fracaso…”, se dijo en voz alta, le dijo a nadie. Después apretó fuerte los ojos, aspiró profundamente y saltó al vacío, a la muerte, y subió, no cayó, no, subió, subió alto, altísimo, más y cada vez más rápido, llegó en un instante hasta el último estrato de oxígeno, se incendió, se encendió cual fósforo, fue un destello, brilló como una estrella fugaz y desapareció, se hizo nada, memoria del olvido. Bob Freeman, negro y ciego desde los 5 años, ese día


Juego de Manos Daniel Mauricio Bohórquez Rodríguez Estudiante de Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Humanidades y Lengua Castellana Universidad Distrital Francisco José de Caldas Esperar... No hay sensación tan poco agradable. Comienzas por sentir que todas las miradas se enfocan en ti. Incluso se perciben los posibles murmullos: “mínimo lo habrán dejado plantado”. Inútilmente buscas algo para arrancarle los pelos al tiempo y hacer más pasajera la espera. ¡Ah! tierra, no recuerdo la última vez que jugué con ella. Comienzo a meter una y otra vez mi mano derecha en la fértil y negra tierra. A estas alturas no interesa cuántos gérmenes existan en ella, mucho menos cuántas manos más hayan pasado por ahí. Parece que las miradas se multiplican, tal vez porque piensen que ya estoy viejo como para andar jugando con tierra o quizá porque en realidad lo estoy. Después de escarbar reiteradamente, tengo una sensación extraña: es como si una mano estuviera debajo de la que acabo de sumergir. Con un poco de cautela la saco para darme cuenta efectivamente de que tengo razón. El juego ha dejado de ser infantil, mi instinto me obliga a esconder de manera inútil el despojo humano, pensando en que me culpen si se tratase de un cadáver, añadiéndole al infortunio algo peor: mis huellas están impregnadas en la mano que acabo de encontrar. Un rato después, me vence la curiosidad y como si se tratara de un hallazgo arqueológico, desentierro lo que al fin de cuentas me pertenece por el simple hecho de haber estado esperando precisamente en esta esquina. No sólo es una mano, encuentro también el resto del brazo. Su ropa no está desgastada, el cadáver es fresco. Tengo ya el 80% del cuerpo desenterrado y como si se tratase de una broma pesada, la gente deja de prestarme atención. Dejé la cara

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para el final, temiendo encontrarme familiarizado con ella. Uno, dos, tres. Comienzo a pasar mis manos sobre la tierra tratando de despejar el rostro del cadáver. Siento que mi intento se hace interminable. ¡La nariz, allí está su nariz! Faltando poco para terminar con mi incertidumbre, un corrientazo surge de la punta de los dedos gordos de mis pies, sube exquisita y aterradoramente por mis piernas, se posa sobre mi columna y se dirige a todas mis extremidades al darme cuenta de que tiene los ojos abiertos, el cabello lleno de tierra y una enorme sonrisa que confirma que soy yo mismo quien se ha desenterrado.


POEMAS Dunia Oriana Rodríguez Estudiante de Lecenciatura en español y literatura Universidad industrial de Santander II Ellos se inventarán Bajo las leves mantas Y en el calor De la noche Ellos se descubrirán una masa de carne III A mi mano Llegan a mori zPájaros desesperados

vos su color y su figura, solloza, miente sobre lo que tal vez la acompaña: permanece en su burbuja de ilusiones, de universos y felinos libros que devoran, por completo instantáneamente, sus vacíos multiplicados en su cabeza de medusa. El tiempo ya no es su dueño, es otro instante del viento: su excusa hiperactiva a la distracción semiparabólica para respirar, melancólica, bajo la luz del sol. No se encuentra en lo propio, aún divaga entre caminos justicieros de dementes, con ganas infinitas de encontrar cura en la alquimia de las rocas. Trata de continuar su ruta por el universo, sobre círculos y plumas, tratando de dar nombre al lugar de su recuerdo, tratando de descifrar si ha vuelto, si ha llegado, pero, aún sentada allí entre cuerpos desconocidos y ciegos, bajo mil tentáculos de madera, sigue preguntándose y buscando su verdadera o incierta existencia.

V La mano bailó con los dedos y terminó volando en el cielo.

Ella la incierta (carta ensimismada) Yenyy Aluna Acevedo Estudiante de licenciatura en Español y Literatura Universidad del Quindío No ha reconocido el lugar al que ha llegado, quizá se encuentre aún entre su sombra, ensimismada todavía en sus delirios: una Narcisa contemplando su figura distorsionada en el asfalto, refugiada entre la llama de la tierra, solicitando un equinoccio para desdoblarse, para alejarse de sí misma (quizá nunca ha estado en ella). Anhelando de los cuerPOLILLA/2013

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SILVIA ICome chocolates, pequena; Come chocolates! Olha que não há mais metafísica no mundo senão chocolates. Olha que as religiões todas não ensinam mais que a confeitaria. Come, pequena suja, come! 1 Álvaro de Campos [heterónimo de Fernando Pessoa] La tabaquería (1928).

Pedro Antonio Rojas Valencia Profesional en filosofía y letras Universidad de Caldas

Ella entró por primera vez a clase un miércoles a la tarde, cuando todos nos encontrábamos anestesiados por el sudor y las palabras somníferas del profesor Roberto. Silvia era una niña de mirada tímida, su pelo era muy largo, sus faldas muy largas, y a lo largo de todo su cuerpo germinaba una luz, una especie de hálito resplandeciente… era alta, flaca y eso también la hacía, a mis ojos, larga… larga como el río, como el camino pantanoso que teníamos que recorrer para llegar a casa. No todas las chicas tenían esa pureza larga y luminosa, como se sabe, el diablo anda por ahí, suelto, pervirtiendo gente. El otro día encontramos a doña Clemencia borracha quien - a pesar del hipo y mal aliento - juró, en nombre de todos los santos, que nunca había ingerido licor alguno; dos de sus hijas también decían haber sido poseídas por los demonios, los muy viles las embarazaron siendo vírgenes, y ni hablar de las apariciones del “duende” en las cabalgatas, todos temían a ese sirviente de Satanás que enloquecía frecuentemente a las cuadrillas de turistas quienes terminaban por corromper a las castas mujeres del pueblo. Ese día el sermón de don Roberto fue tedioso, decía “la escuela tiene que fortalecer la dignidad, la fe” y no sé qué otra cantidad de cosas que ahora no 1 La traducción de Octavio Paz de este verso es: “¡Come chocolates, pequeña, come

chocolates! Mira que no hay más metafísica en el mundo que los chocolates, mira que todas las religiones no enseñan más que confitería. ¡Come, niña sucia, come!”.


recuerdo. Yo me limitaba a la contemplación de Silvia, todos se reían de mí, se daban cuenta de mi tan evidente “chorrera de babas”. Siempre la esperaba cerca del río para compartir con ella el recreo y en el portón de la escuela para acompañarla a su casa, incluso, había trabajado duro el fin de semana en los potreros, a escondidas de mis padres, todo para hacerme unos pesos, que gasté en una de esas chocolatinas gringas de la tienda de las hijas de doña Clemencia. Yo no sabía que Silvia nunca las había probado, por eso cuando se negó, le insistí una y otra vez, no puedo olvidar ese momento, unos minutos antes de que sonara la campana, en el que cansada de mi obstinación - después de una pequeña sonrisa - se decidió y, cuidadosa de que nadie más la viera, le dio un mordisquito, un mordisquito nada fino, un mordisquito que más parecía un primer beso: el cuadrito torpemente presionando con los labios, un hilito de saliva prolongando el encuentro… y sobre todo, el otro mordisquito, el mordisquito a su labio inferior cuando terminó.

¿por qué con mi Silvia?, ¿qué le había hecho ella a ese demonio para ser castigada tan horrorosamente?

Ese mismo día, a la salida de las clases, me senté a esperarla, pero a pesar de mis deseos de verla no apareció. Toda la escuelita se alarmó por la ausencia de Silvia, salimos a buscarla, subimos y bajamos por los potreros, preguntamos en cada una de las casas del pueblo, nadie sabía nada, yo estaba desesperado, pensé que era mi culpa, que el chocolate - como el licor - introduce al diablo; que tal vez, el diablo se la había llevado… cuando la encontraron la hallaron arrodillada, callada, llena de trenzas y de lágrimas. Todo el pueblo hablaba del duende, decían que lo habían visto subirse a los caballos y hacerlos correr desbocados durante horas y llenarlos de trenzas, que escondía las cosas de los guaqueros, también hablaban de las brujas, que había que pegarles un balazo, había que dormir con la cabecera de la cama apuntando hacia la puerta - así no entraba la bruja - , pero fuera quien fuera ¿Por qué se tenía que meter con Silvia?,

Con el tiempo el calor en la escuela ya no me anestesiaba, ya no me parecía insoportable, me gustaba la transpiración, me daban ganas de arrancarme la ropa, de quitársela a Silvia, de traerla a los sudores, a esas cosas de las que tan secretamente se habla en la escuela. Ella - la prohibida, la tranquila, la impasible -, llena de santidad, me enloquecía, sin embargo, nos separaban unas barreras invisibles. Yo me trastornaba por ambos, yo me excitaba por ambos, como si toda su carnalidad me hubiera sido concedida. Quise espiarla, ver como se bañaba en el río, ver cómo su largo cuerpo se tornaba frío - húmedo- , ver cómo el agua se arrastraba hasta sus costillas, cómo su pelo dejaba de estar cuidadosamente peinado, cómo su falda, su camisa, sus zapatos la esperaban sobre alguna piedra.

La semana siguiente Silvia no fue a la escuela, yo me sentí desgarrado, necesitaba pedirle disculpas por darle el chocolate, hasta que un miércoles - como el del primer día - ella regresó, necesitaba que me perdonara y decirle que no quería, que no era mi intención hacer que el diablo se le metiera adentro, pero ese día no quiso hablar con nadie, todos decían que se había convertido en una santa, que había curado a su abuela de la cojera, que hacía milagros sólo mirando a la gente… pero sentía que a medida que ella se convertía en santa, yo me dejaba poseer por el diablo, ella sumergida en la completa indiferencia, como si todo lo que fuera concerniente a las clases de don Roberto - a los juegos o las chocolatinas - ya no le interesaran, y yo todo lleno de deseo, de ganas de hablar con ella, de pasar el descanso juntos, de cogerle la mano descuidadamente. La perseguía desde lejos, le escribía cartas, le intentaba hablar, pero ella no decía nada.

Un día decidí seguirla, el calor se había desvanecido y una tenue lluvia oscurecía el cielo, me deslicé entre los pastizales, me escondí, todo lleno de deseo me arPOLILLA/2013

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rastré como una serpiente: el diablo me había poseído completamente - como a doña Clemencia el día de la borrachera infernal - , atardecía y yo pensaba en sus hijas, me parecían grotescas, me parecían corruptas y lo que quería era corromper. Tenía sed de Silvia, de la santa Silvia, de la “santa de las trenzas”… mucha gente venía de pueblos vecinos para pedirle que les hiciera un milagrito, se dice que curó cojos, ciegos, mudos, hasta se dice que resucitó a alguien. Todos la seguían, la veían cada vez más santa, sin embargo, esa noche parecía que quería caminar sola, se había escapado de esa multitud que la fastidiaba, llegó a la escuela y se sentó cerca al río donde pasábamos juntos los recreos. Quería lavarle los pies, después las pantorrillas, después un poco más arriba, y estregarla toda, decirle que eso de la fe no puede estar bien, que eso de la dignidad son puras patrañas, que si quiere puede arrodillarse conmigo, arrodillarse sin ropa, sin cruces y que las rodillas deben lacerarse, no por una devoción celestial, sino, por una excitación terrena. Ella me miró, se dio cuenta que de que la seguía, me dijo que me sentara a su lado, a mí me temblaban las piernas y no solo las piernas - me faltaba el aire - una vez sentado me contó que ya no quería ser una santa, que sabía lo que deseaba, que no existía ningún duende, que don Roberto era el que había embarazado a las hijas de doña Clemencia y que él era quien la había llenado de trenzas - y no sólo de trenzas -, pero si todo eso del duende, de las brujas, del diablo era mentira ¿Por qué era yo quien quería trenzarla? Guardamos silencio, y ella, mientras comenzaba a sonreír - como aquel día del sermón tedioso - se aproximó y me preguntó si tenía un poco de chocolatina.

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CONTRANATURA II Julian Becerra Estudiante de Psicología Universidad de Manizales En la cama a las mujeres se les prohibía liberarse demasiado, solo él podía llevar la carga, si ella gritaba con fuerza si se movía con mucha pericia el marido sospechaba, temía que su esposa hubiera aprendido aquellos trucos antes del matrimonio, temía por un amante instructor, temía por su posición dominante, temía ser descabezado, por un enemigo que entre sombras se asemeja más a él que a cualquier otro producto de su imaginación, lo peor es que abandonaba su capacidad meritoria para dar placer en exceso. Dios lo había castigado por ser bueno en la cama y malo labrando la tierra, a Justiniano ya en nada le podía ir peor, sus cosechas no crecían y ahora su esposa estaba traicionándolo, ¿Pero con quien? reflexionó en silencio mientras fumaba un cigarrillo al costado de Gertrudis quien se sentía cómplice por la actitud cortante de su marido, terminó el primero y encendió el segundo, se levanto de la cama y salió al solar, por más que un hombre madrugue el sol no saldrá más temprano ,decía, en medio de sus cultivos de tomate podrido. Decidido entonces ir a encontrar al culpable, pensó que Nidia la bruja del pueblo le daría respuesta, se subió al Willys calentó unos minutos el motor y salió sin decirle nada a Gertrudis quien lo miraba desde de la ventana. El paisaje cambiaba cada vez que se acercaba a la posada de la bruja, al llegar notó un raro olor en el aire bajo del Jeep y reviso el motor, al parecer no era nada, se acerco caminando los últimos metros hasta la posada, su respiración era lenta y difícil, con cada paso se sentía mareado, volteo, miro el carro y entro a la casa, Nidia sentada frente a la mesa le asintió con la cabeza al verlo y con un gesto lo invito a sen-

tarse, estaba sola, Justiniano tomo asiento, la miro a los ojos y ella dijo: “cuénteme que lo aflige”, sin decir más de tres frases la bruja lo interrumpió y exclamo, usted lo que tiene es ese pito cagado, lo que necesita es una bebida, Justiniano se tumbo para atrás en la silla, tomo aire, pasaron algunos minutos de charlas y pesquisas, saco de su billetera 20 mil pesos y salió con una bebida de color negro, entro en el Willys, giró la llave pero el Jeep no respondía, una vez más reviso el motor pero indignado por no encontrar avería tiro el brebaje contra el suelo, respiro profundo mientras veía derramarse el contenido negro de la botella, se inclino a oler el contenido del recipiente y vio una fuga de gasolina debajo del carro, ¡Lo que me faltaba! exclamó, intentó de nuevo encender el Jeep pero no respondía, quitó el embrague y empujó el auto hasta la casa de Nidia, por otros 20 mil el auto pasaría una noche segura, pero él tenía que volver a casa, no era muy prudente pasar la noche en compañía de ella.

Decepcionado volvió a su casa, la bruja sólo le procuraba bienaventuranzas a cambio de algo de dinero y terminó pagándole el doble por nada. “Más marica yo ir a pensar que esa puta bruja me resolvería la vida, me toca es preguntarle a Gertrudis con el machete en la mano”, protestó mientras tomaba por el mango el machete y lo sacaba de la vaina, se acercó a la puerta de su casa y se detuvo por un momento, lo mejor es desaparecerme, pensó, y se alejó entre las POLILLA/2013

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plantaciones fallidas de tomate entonces vio lo que para él sería la revelación de toda una vida, entre el cultivo una pequeña luz alumbraba los residuos podridos de la plantación, dejó de lado el machete se apresuro al lugar con pala en mano y escarbo hasta quedar tumbado, tomo un respiro y vio una olla de barro llena de alhajas y oro, se sonrió con avaricia y antes de siquiera poner una mano en el tesoro este desapareció sin más, “¡Vida hijue puta! Esto es lo último que me faltaba ya no aguanto más”, se devolvió para la casa, abrió la puerta de una patada y tomo a Gertrudis por el brazo, la llevó al cuarto, la tiro al colchón y le dijo, “con quien has estado mientras estoy en el pueblo, decime que te he hecho yo para que me tengas por tonto y te estés acostándote con otro”, la mujer ofendida le respondió que no conocía pinga alguna más que la suya y que si era necesario se lo demostraría chupándosela y dejándosela meter por el culo, estupefacto por la proposición que para su pobre educación representaba un sacrilegio, sudó frío y se bajo el pantalón, ahora recordaba las palabras de la bruja, “es que usted tiene ese pito cagado”. ¡Pito cagado!, afirmaba cada mañana frente al espejo, como si las palabras de la bruja lo consumieran por dentro. Aquella tarde su taita don Joaquín le había ido a tocar tres veces el portón, reponiendo que Jesús, el padre, estaba muriendo en su casa pensión. Justiniano ensilló un caballo y salió de su casa, Joaquín aminoraba el paso en su Jeep y lo guiaba por un atajo conocido como el arremeque. Horas más tarde, Gertrudis le preguntaba, “¿Cómo esta? ¿Si se va a salvar? Dios guarde al padrecito”, sollozaba mientras entrelazaba con fuerza ambas manos en señal de piedad. Justiniano apenas podía mirar a su mujer, la situación de la noche anterior le parecía tan grotesca que no la sabia reparar, la mirada se le hacía esquiva y cuando ella encontró sus ojos con apremio el resoplo y dijo: “apenas cruce palabras con él, la verdad al acercarme, el padre aireo un poco sus sabanas y ese

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olor concentrado de mierda y miaos me dieron por sentado que lleva semanas muy descuidado, yo no le doy mucho tiempo respirando”. Gertrudis se bendijo y se le acercó pretendiéndole tomar la mano, Justiniano atacó desairado como quitando un mosco de la manga y salió al solar, encendió un cigarrillo y resoplo “¿pito cagado?” se pronunciaba entre dientes, mientras miraba la luna menguar entre la arboleda, “¡voy al pueblo!” Grito y salió a caballo. En la cantina “las tres verdades”, apodada así por aquellas frases sabias del monte a quien nadie le importaban, Justiniano entro y tomo asiento, miro al cantinero y le pidió una botella de aguardiente, se apodero de una copa como apretando a un pollo por el pescuezo y se sirvió con prisa, la cosa estaba seria, era cuestión de lavar la cabeza y entre copa y copa la botella se vio en el piso y no dio más, se paró y pidió la siguiente, se le sirvió con prisa, tomó de nuevo hasta dejarla coca y salió de la cantina tambaleando un poco, se detuvo y se apretó el cinturón, se fue al burdel y entró buscando a la misma, Julieth, ella lo vio y lo apretó con ganas. Si ve yo si le decía que esa mujer suya solo sirve para cocer y cocinar yo sabía que ibas a volver mi amor, pronunciando las erres como ronroneando. De momento le acarició el miembro y lo guió hasta la habitación, “esta puta está caliente hoy” asintió Justiniano metiéndole la mano en las enaguas, apresuró el paso, cerró la puerta y la aseguro, Julieth ya estaba tendida sobre la cama, ella era virtuosa desvistiéndose, conocía su labor. Justiniano se quitaba las botas y se desbrochaba la hebilla del pantalón, Julieth entrecruzaba con malicia sus piernas mientras lo animaba venir a la cama, Justiniano se levantó y la tomó con fuerza, la puso en cuatro y lo intento acertar en el culo, ella se percató, se giro brusca, grito: “vos quieres estar con una mujer o con un hombre o es que ahora te estás volviendo marica”, Justiniano perdió la razón, vos sos una puta y haces lo que yo te diga; la tomó con rabia intentado plasmar sus manos torpes y borrachas sobre el cuerpo de la mujer, ella salió de la cama de prisa, corrió hasta la puerta arriándole madres, los clientes ya empezaba a percatarse del alboroto, Jus-


tiniano la tomó del brazo y la entró al cuarto, era común que una puta u otra resultara metida en problemas como estos, Justiniano la tiro con fuerza sobre lo que para él era la cama, pero Julieth se golpeó acertadamente con la poltrona, Justiniano paró un momento y encendió un cigarro, “yo te dije que vos hacías lo que yo quisiera para eso

te pago”, Julieth no decía ni erre, Justiniano mordía el cigarro con fuerza y respiraba hondamente, miró a Julieth y nada, estaba donde la había dejado, le tomó la mano buscándole el pulso pero jueputa, retrocedió algunos pasos, dejó el cigarro y la subió a la cama le volteo el cuerpo e hizo moñona.

ENTRE LÍNEAS Rosero, Evelio. 2007. Los ejércitos. Bogotá, Colombia: Fábula Tusquets editores.

Ana Milena Ladino Rojas Estudiante de Filología e idiomas con énfasis en francés Universidad Nacional de Colombia ¿Cómo salirse de un canon preestablecido y predominar en éste? En un momento donde el auge, el apetito, y más aún el comercio devorador se habían atrevido a poner al marco de la violencia como plato del día, por ser el más apetecido entre los comensales, era difícil hacer frente a este público acostumbrado a querer más de lo mismo, girar la mesa y hacerlo por fin ver su menú desde la otra perspectiva. Evelio Rosero Diago con su novela “Los ejércitos” sin pensarlo demasiado nos ofrece esta magnífica oportunidad de pensar y observar el otro lado de la historia. Su obra se teje con historias verdaderas, utilizando un hilo ficticio: Ismael Pasos, un profesor respetado por su edad y conocimiento, convive tímida e intensamente con una de las tantas pasiones hu-

manas, la lujuria. Hilvana una a una las historias de la guerra desde quienes las viven. Es la historia detrás del conflicto, de fuegos enfrentados cuyas caras se desconocen, de esos personajes que se quedan tras el telón muchas veces, pero que son los que más viven y sufren lo que pasa en el escenario. Asimismo, resulta paradójico el nombre que recibe la novela, pues en realidad, los protagonistas principales no serán precisamente los ejércitos, de los que entre otras cosas nunca conoceremos procedencia, sino aquellos que están un poco más allá del fondo visible, los verdaderos actores de la realidad. Rosero, al ser periodista realiza toda una investigación para escribir esta novela, recopila una larga lista de recortes de periódico, noticias de televisión, emisiones radiales, testimonios de desplazados, y son todos estos elementos de la mano de su exquisita imaginación los que hacen

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posible el proceso de creación y afianzan el argumento de esta obra. Esta historia se erige como una amalgama entre los hilos de realidades y sobre-realidades, la violencia como escenario general, y el idílico mundo de los pequeños detalles que viven los personajes como el acto principal de esta comedia negra, como lo dice Boyd Tonkin “No sólo es un lamento de la guerra, sino un canto a las pequeñas cosas de cada día” (Tonkin, 2009, párr. 1). Por otro lado, al ser escrita en su mayoría en tiempo presente y en primera persona, convierte al lector en cómplice de la historia, lo acerca de una manera íntima a lo que ocurre dentro de la narración.¬ Es este mismo hecho de cómo se conjugan estos dos elementos lo que hace de Los ejércitos una obra destacada entre sus congéneres. Nos muestra la vida cotidiana, los misterios y los trajines de cada día de los que deben soportar a la violencia como uno más de sus vecinos. En el momento donde se había puesto de moda iluminar lo que se decía “realidad colombiana” resumida en problemas de narcotráfico, secuestros y matanzas, surge esta obra que no se reduce al morbo ni al amarillismo del que se han impregnado muchos medios en la actualidad, sino que brinda a la violencia un relato íntimo, donde es más relevante mojar los pantalones que ser despedazado junto a un grupo de niños por una granada. Con todo esto, la novela Los ejércitos presenta a la violencia como un plato con un olor menos repulsivo y con un sabor un tanto más apetitoso. Es aquí donde con satisfacción puedo sugerir este libro como platillo y con gusto decir: Bon appétit!

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Referencias Bibliográficas: Tonkin, B. (2009, mayo). Evelio Rosero gana el Independent Foreign Fiction Prize. Recuperado el 4 de mayo de 2011, del sitio Web de Tusquets Editores: http://www.tusquetseditores.com



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