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V I A J E

I M A G I N A R I O LUIS VIOQUE


A Martina, Víctor y Celia Q u i e ro expresar mi agradecimiento a Juan Manuel Bonet, Juan Elord u y, Carlos Fernández, Alberto Galán, Marie Geneviève Alquier B, Julián Lladosa, Juan Luis Maroto, Charo Martín, Josep Vicent Monzó, Manuel Sonseca, Gabriel Villalba, Leopoldo Zugaza y muy especialmente a Mauricio d'Ors por su inestimable colaboración.

© de las fotografías y de la edición: L. Vi o q u e © del texto: J. M. Bonet © de la traducción: Delories Dunn Fotomecánica: Lucam I m p resión: Brizzolis E n c u a d e rnación: Ramos ISBN: 84-607-3305-X D.L.M. 0000000???????


U N F O T Ó G R A F O V I A J E R O,

EL

F O T Ó G R A F O , C O M O V I A J E R O . U N A E S T I R P E D E D I A R I S TA S , de poetas de la errancia, que cuenta ya con unos cuantos especímenes contemporáneos dignos de admiración, el suizo-norteamericano Robert Frank on the road, el francés Bernard Plossu, el australiano Max Pam -para el cual Asia no tiene secretos-, el italiano Gabriele Basilico -que traza recorridos geométricos por su país natal, y que ha sido peatón de tantas ciudades europeas- y entre nosotros Javier Campano, Vari Caramés, Manuel Sonseca, Luis Vioque...

ME TA F Í S I CO

Y S E N T I M E NTA L

por Juan Manuel Bonet

Al último de los nombrados lo conocí en Alcobendas, a comienzos de los años noventa, por la misma época en que conocí a Sonseca. De lo que entonces vi de él me entusiasmó, a bote pronto, para siempre, una imagen crepuscular de la Puerta del Sol madrileña, con sus luces y sus anuncios luminosos, su aire siempre antañón, de modernidad hoy ajada, de modernidad de la época de Ramón Gómez de la Serna y su inolvidable Café y Botillería de Pombo, o de la época del Capitol, o de la época que documentan ciertas fotografías (de Catalá Roca, por ejemplo) de la posguerra.


Luis Vioque propone ahora a nuestra contemplación una serie de panorámicas agrupadas bajo el título Un viaje imaginario. Maravilloso álbum. Los paisajes más próximos, de los alrededores demóticos de Madrid, conviven con otros que nos hablan del litoral o de las islas, sin que falte la Mancha, tierra tan enraizada en la memoria de los creadores españoles. Madrid: los pisos superiores de la torre del mismo nombre, segundo gran rascacielos moderno de la capital después del mencionado Capitol, asomando apenas entre la vegetación del Parque del Oeste, en una de las imágenes más sorprendentes -casi surrealista a mis ojos de vecino de la zona- de cuantas han sido reunidas aquí, por cómo en ella parecería que tan emblemática construcción reina solitaria, en medio de la aludida vegetación.

Madrid: el raro y desolado paisaje alrededor de la Plaza de Castilla, con la puerta simbólica de las Torres Kio. Madrid: su alfoz, su arrabal, su extenderse y extenderse en todas las direcciones. Hacia el Norte, del lado de San Sebastián de los Reyes, en cuya calle de Antonio Machado reside el fotógrafo, que con extrema delicadeza captó allá un día de nieve, japonés y stieglitziano, y de San Agustín de Guadalix, donde vio una extraña nube solitaria. Hacia el Este y el Sur, por donde la ciudad se abre a la interminable llanura manchega, tema, sí, de tanta obra de arte española memorable -recordemos, en los años treinta, la poética de Vallecas- y presente también aquí, en imágenes de las provincias de Guadalajara y Ciudad Real: una portería de fútbol en Viñuelas, unos molinos muy de postal en Cam-


po de Criptana, una pareja cuya frágil silueta se recorta entre los árboles que enmarcan -¿por cuánto tiempo?- una carretera secundaria en Membrilla, una casona al borde de otra, en Infantes, una casona grande, acogedora, en la que nos imaginaríamos muy bien ubicar una novela larga... El litoral mediterráneo y el del Atlántico Sur: espacios propicios a la road photography, como al road cinema, y a este propósito recuerdo aquella película española de Michelangelo Antonioni no de las mejores suyas. Una palmera en Castelldefels, recortándose en un crepúsculo vagamente suburbano, y otras en la Manga del Mar Menor -soso paisaje, sixties por excelencia, que ha tentado a más de un pintor en la cuerda neometafísica-, unas sillas en Menorca, una torreta en Cabo de Gata, alguien que lleva una tabla de surf en una Chiclana

con buques en el horizonte -otros, en una imagen de Gijón-, un faro en El Palmar, un viejo y desvencijado automóvil en Matalascañas. Instantes fugitivos, retenidos por la magia de la fotografía. Instante en que cae un rayo en Carrizoza, creando una vertical que se cruza con el papel pautado que componen las horizontales de unos hilos de la luz. Instante en que, de nuevo en San Sebastián de los Reyes, unos niños echan a volar una cometa, y con ella toda la ilusión de sus frágiles sueños. Instante en que asoma, en una vuelta del camino que conduce al lago del Jaral, el jovial pelotón de los ciclistas. Instante en que una nube, otra, cruza por en medio de un desértico paisaje almeriense. Instante en que alguien se tira al agua, en una playa menorquina.


Fotografía metafísica, cabría decir aquí, ante algunas de estas despojadas imágenes, como ante ciertas zonas de la obra de Plossu, como ante algunas de las más silenciosas tomas de Gabriele Basilico -el cual ante una observación mía en ese sentido, a propósito de una de sus casi chiriquianas visiones de Beirut, me decía hace poco que lógicamente esa mirada está en la memoria de cualquier creador italiano- o de Humberto Rivas o de Carlos Cánovas. Fotografía metafísica, si, pero aquí, más que nunca, compatible, y ahí está el encanto tan especial de la obra de Luis Vioque, con una mirada sentimental, tierna, que capta el vuelo de unos pájaros en el crepúsculo, que dice el paso de unas nubes por un paisaje, que se complace en la prosa gris de la vida coti-

diana, en esos instantes banales detenidos, antes referidos, el rayo, la cometa y los niños, los ciclistas, la nieve en San Sebastián de las Reyes, la pareja entre los árboles, paseando por la interminable carretera secundaria... Praga, la única ciudad extranjera aquí presente, entre pájaros, probablemente lo esté por Josef Sudek y su extraordinario libro Praha Panoramatická ( 1 9 5 9 ) , a cuyos formatos remiten muy expresamente estos de Luis Vioque, que frente a la vida estática de aquel sedentario a lo Lezama, de aquel fotógrafo manco que prácticamente nunca salió de su ciudad natal, elige la errancia, ese viaje interminable que también lo ha conducido, a su debido tiempo, y como lo documenta la aludida fotografía, a las orillas, para mí tan queridas, del Vltava. J.M.B.


FOTOGRAFÍAS


1. Carrizosa (Ciudad Real), Septiembre, 1995 2. San Sebastián de los Reyes (Madrid), Abril, 1998 3. Membrilla (Ciudad Real), Noviembre, 1998 4. Campo de Criptana (Ciudad Real), Mayo, 1997 5. Mesones (Guadalajara), Agosto, 1996 6. Viñuelas (Guadalajara), Agosto, 1998 7. Lago del Jaral (Guadalajara), Agosto, 1998 8. Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), Marzo, 1997 9. Guadalajara, Agosto, 1999 10. Castelldefels (Barcelona), Diciembre, 1996 11. Castelldefels (Barcelona), Enero, 1996 12. Cabo de Gata (Almería), Septiembre, 1995 13. Cabo de Gata (Almería), Septiembre, 1995 14. La Manga del Mar Menor (Murcia), Junio, 1997 15. La Manga del Mar Menor (Murcia), Junio, 1997 16. Los Caños de Meca (Cádiz), Octubre, 1999 17. Matalascañas (Huelva), Octubre, 1997 18. Chiclana de la Frontera (Cádiz), Octubre, 1999

19. Gijón, Julio, 1998 20. Chiclana de la Frontera (Cádiz), Octubre, 1999 21. Matalascañas (Huelva), Octubre, 1997 22. Playa del Palmar (Cádiz), Octubre, 1999 23. Menorca, Julio, 1997 24. La Manga del Mar Menor (Murcia), Junio, 2000 25. Es Grau (Menorca), Julio, 1997 26. Marbella, Marzo, 2000 27. Playa de los Cerrillos, (Almería), Octubre, 1998 28. San Agustín de Guadalix (Madrid), Mayo, 1999 29. De camino a Almería, Octubre, 1998 30. Punta Nati (Menorca), Abril, 2000 31. Paracuellos del Jarama (Madrid), Septiembre, 1999 32. Madrid, Abril, 1999 33. Madrid, Marzo, 1999 34. Praga, Enero, 1998 35. San Sebastián de los Reyes (Madrid), Diciembre, 1999


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T H E V O YA G E S O F A M E T A P H Y S I C A L , S E N T I M E N TA L P H O T O G R A P H E R The photographer as voyager. A long line of diarists, of errant poets, which has already produced a considerable number of admirable contemporary examples: the Swiss-American Robert Frank, always on the road; the Frenchman Bernard Plossu; the Australian Max Pam, for whom Asia holds no secrets; the Italian Gabriele Basilico, who has traced geometric routes around his native land, and has strolled the streets of so many European cities; and in our country, Javier Campano, Vari Caramés, Manuel Sonseca, Vioque... I met the last one on this list in Alcobendas, in the early 1990s, at the same time that I met Sonseca. Of his work that I saw then, I was suddenly, and memorably, struck by a twilight image of Madrid's Puerta del Sol, with its streetlights and neon signs, its everlastingly old-fashioned air, its shabby Modernism --the Modernism of Ramón

Gómez de la Serna's time and its unforgettable Café de Pombo, or the time of the Capitol building, or the time reflected in certain photographs (by Catalá Roca, for example) taken after the Spanish Civil War. Luis Vioque now presents, for our contemplation, a series of panoramic shots, under the title Un viaje imaginario (An Imaginary Voyage). A marvellous album. The most familiar landscapes, of Madrid's mundane outskirts, are shown next to others that speak to us of the seaside or the Balearic Islands, without forgetting La Mancha, a land so deeply rooted in the memory of Spanish artists. Madrid: the top storeys in the tower of the same name, the capital's second great modern skyscraper after the Capitol itself, barely poking out through Oeste Park's greenery, in one of the most surprising images --almost surreal, to my eyes as a resident of that neighbourhood-on display here, because of how such a monumental building seems to reign alone, in the midst of all that greenery.

Madrid: the strange and desolate cityscape around Plaza de Castilla, with the symbolic gates of the leaning Kio Towers. Madrid: its suburban sprawl, spreading ever outwards in all directions. Towards the north, in San Sebastián de los Reyes (on whose Antonio Machado Street the photographer himself lives), where, with exquisite delicacy, he captured a snowy day, looking japanese and stieglitzian; and in San Agustín de Guadalix, where he saw a strange, solitary cloud. Towards the east and the south, where the city opens out onto the endless plains of La Mancha, the subject of so much memorable Spanish art --remember, in the 1930s, the poetics of Vallecas. He presents here, in images from the provinces of Guadalajara and Ciudad Real: a football goalpost in Viñuelas, some postcard-perfect windmills in Campo de Criptana, a couple whose fragile silhouette is sliced by the trees bordering --for how much longer?-- a back road in Membrilla, an old house by the side of another back


road, in Infantes, a big, cosy house, which we can easily imagine as the setting of a long novel… The Mediterranean and southern Atlantic coast: spaces out of a road movie, reminiscent of that Spanish film by Michelangelo Antonioni (about a press photographer or something like that, not among his best work). A palm tree in Castelldefels, rising up out of a vaguely suburban twilight, and others in Manga del Mar Menor --innocuous landscapes, totally sixties, which have tempted more than one painter of a neo-metaphysical bent; some chairs in Minorca, a turret in Cabo de Gata, someone carrying a surfboard in a Chiclana with ships on the horizon; more ships, in an image from Gijón; a lighthouse in El Palmar; an old, broken-down car in Matalascañas. Fleeting moments, captured by the magic of photography. The moment when a lightning-bolt strikes in Carrizoza, slicing a vertical across the horizontal lines of light in the paper. The moment when, again in

San Sebastián de los Reyes, some children loft a kite into the air, and with it, all the aspirations of their fragile dreams. The moment when a merry band of cyclists suddenly appears in the bend of a road leading to Lake Jaral. The moment when another cloud floats across the middle of a desert landscape in Almería. The moment when someone dives into the water on a Minorcan beach. Metaphysical photography, one could say here, compared with some of those stripped-down images in certain areas of Plossu's work, in some of the more silent photographs by Gabriele Basilico --who, reacting to an observation of mine on one of his visions of Beirut, like something out of De Chirico, told me not long ago that, logically, such a vision is in the memory of any Italian artist -- or by Humberto Rivas or Carlos Cánovas. Metaphysical photography, yes, but here, more than ever, compatible, and herein lies the special charm of Luis Vioque's oeuvre, with its tender, sentimental point of

view, which captures the flight of birds at dusk, relates the passage of clouds across a landscape, revels in the grey prose of everyday life, in those banal, ephemeral moments mentioned just now: the lightning-bolt, the kite and the children, the cyclists, the snow in San Sebastián de los Reyes, the couple amongst the trees, strolling down an endless back road… Prague, the only non-Spanish city present here, among the birds, is probably included because of Josef Sudek and his extraordinary book Praha Panoramatická (1959), whose formats are very expressly cited by those of Luis Vioque --who, compared with the static existence of that Lezama-like sedentary artist, that one-armed photographer who practically never left his native city, has chosen wanderlust, the endless voyage which has also led him, in due time, and as he reflects in this very photograph, to the banks of my beloved Vltava. JUAN MANUEL BONET


LUIS VIOQUE (Madrid, Octubre, 1966) En 1989 empieza a interesarse por la fotografía al asistir a talleres impartidos por Manuel Sonseca. Desde entonces completa su formación de manera autodidacta. Entre sus exposiciones colectivas destacan: Circuitos (Madrid, 1990), Variante Norte (Alcobendas, 1992), Utopías (Madrid, 1999), Aduana (Cádiz, 1999), Estampa (Madrid, 1999), 5 de Mil, (Madrid 2000), Galería Arteko (Guipúzcoa, 2000), Estampa (Madrid, 2000), Galería Chagal (Asturias, 2001), Proyecto Situaciones (Universidad de Cuenca, 2001).

En 1994 realizó su primera exposición individual, “Memoria de Lisboa”, gracias a una beca concedida por el Ayuntamiento de Alcobendas. Sucesivamente ha expuesto en la galería Doblespacio (Madrid, 1998), Fundación Colegio del Rey (Alcalá de Henares, 1998), Agrupación fotográfica de Guadalajara (1998), Espai de la fotografía de Almussafes (Valencia, 1999), Photomuseum (Zarautz, 1999), Colectivo UFCA (Algeciras, 1999), Jornadas internacionales de Tarazona (Zaragoza, 2000), Sala Sanostra, Ciudadela y Mahon (Menorca, 2000), Agrupación fotográfica de Guadalajara (2001). Su obra se encuentra en numerosos catálogos de exposiciones colectivas y tiene publicados dos libros, “Atlántico”,

editado por la Agrupación Fotográfica de Guadalajara, y “Un Viaje Imaginario” editado por el propio autor. Entre las colecciones donde se encuentra su obra cabe destacar: Géneros y Tendencias en los albores del siglo XX, Ayuntamiento de Madrid, Ayuntamiento de Almussafes, Photomuseum, Diputación de Cádiz, Caja del Mediterráneo, Colección Sanostra, etc. l u i s v i o q u e @ t e rr a . e s


LA QUE SE

ACABÓ EN

LOS

ESTUVO DE

PRESENTE

AL

CUIDADO

IMPRIMIR

TALLER ES

DE

EL

EDICIÓN DE

QUINCE

BRIZZOLIS, MADRID

MAURICIO DE

d’ORS

NOVIEMBRE

ARTE

EN

DE

2001

GRÁFICAS


Libro de fotografías "Un viaje imaginario" de Luis Vioque. www.luisvioque.com  

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