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Charango (Romancero cholo) Los dieciocho poemas que conforman Charango ven la luz por primera vez en el Cuzco, en 1942, publicados por el Instituto Americano de Arte. En 1945, la Dirección de Educación Artística y Extensión Cultural del Ministerio de Educación vuelve a editar este poemario en un solo volumen conjuntamente con Urpi, de Mario Florián, y Puna, de Luis de Rodrigo.

Luis Nieto

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Charango (Romancero cholo)


Romance de la Barbaracha (A Rafael, a Juan, a Víctor, al señor Conde, al Cholo, al Caballero, al Glorioso, al Pisquito, al Borracho y a K’allata, mis amigos)

Chola que te quiero chola más fresca que una manzana, con tu pollera redonda y tu blusa de percala. Te brilla limpia la risa como el cristal de la escarcha. Tus ojos relumbran pícaros como estrellitas del alba. El sol retoza en tus labios, la luna envidia tu cara. Tus dos trenzas me parecen dos víboras sobre tu espalda. Así da gusto mirarte caminito de la plaza, encabritando a tu paso los celos de la cholada. Quisiera ser gavilán para clavarte mi garra y degollar en tu pecho tus dos palomas esclavas. Como yo nadie te quiere, chola lisa y palangana, con tus catorce polleras y tu mantón pura-lana. _____

Luis Nieto

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Toda vestida de fiesta te sorprendí en una farra, una tarde dominguera de picante y chicha baya. Y después del trago corto, cuando ya estabas picada, pediste un wayno de aquellos... con charango, arpa y guitarra. Entonces con qué gustazo cantaste con toda el alma; si parece que tenías una alondra en la garganta. ______ Ahora que venga el baile bien zapateado y con gracia y los pañuelos disparen su serpentina de plata. –Así es lo bueno, bandida. Dale fuerte, Barbaracha. Qué lindos están tus ojos brillando como dos ascuas! Cómo flamea tu risa hasta incendiar la jarana y cómo grita de júbilo tu pollera colorada. Mírame que te estoy viendo, cholita de rompe y raja; repiquetea en mi pecho con alegría y con rabia! Las palmas queman el aire. Ya relucen las miradas. Y su corazón borracho se abre como una granada. Cómo se ríe el charango. Cómo gime la guitarra.

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Charango (Romancero cholo)


Cómo le brincan los senos y estalla su carcajada. –Cholita, chola relinda, levanta un poco tu falda; me han contado que tus muslos son más rosados que el alba. Hay que ver cómo te gusta mover furiosa las ancas. ¡Ganas me dan de saquearlas con mis dos manos piratas! ¿No ves que brillan cuchillos sedientos en mi mirada? ¡Cómo quisiera morderte, cholita de pinta brava! _____ Bailando toda la noche se estuvo la Barbaracha. Bebiendo chicha y cañazo hasta la hora del alba. Y después de tanto wayno sus dos palomas borrachas, bajo la verde percala dormían encarceladas!...

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Charango (Romancero cholo)


Yaraví

La quena teje guirnaldas de lágrimas por su derrota. En el árbol de mi sangre cautivas hay dos alondras. Ebria de cielo y estrellas vuelve herida una paloma. A la orilla del recuerdo se quiebran las amapolas. El canto tiembla en las arpas y desfallece en las bocas. A la luz de una mirada mi corazón se deshoja. Florece en todos los ojos alguna ausencia remota. Se incendia la pena oculta y la guitarra solloza. Mustios charlan los pañuelos. Muda está la risa loca... ¡Por perseguir a una lágrima se está muriendo una rosa! _____

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La sangre de hondos quereres como una bandera flota. Los árboles están callados. Los pájaros están que lloran. Arde el canto en las miradas, flamea en todas las bocas... ¡Junto al clavel de la tarde se suicidan mis alondras! De las violetas nocturnas un leve alarido brota... (Cómo entristece a los nidos el silencio de las rondas). _____ El llanto de las guitarras está quemando la sombra. El viento tiende en el cielo un lamento de amapolas. _____ (Afuera gime la noche herida como una loba. Crueles puñales le hundieron cien luceros de la aurora).

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Romance de la Domitila en el río

A Rafael Aguilar

Al filo del medio día se fue a bañar en el río. Goloso el sol en el cielo la miraba sorprendido. Cuando ya estuvo desnuda el viento lanzó un rugido; la Domi sintió el mordisco de un latigazo bandido. Su cuerpo de sombra y canto despedía extraño brillo y es que le estuvo lamiendo con lengua de plata el río. _____ Luego que se hubo bañado se recostó sobre el trigo. El sol la siguió mirando con su gran ojo lascivo. Luceros de agua temblaban sobre sus muslos floridos. (En aquel volcán de carne se quemaban los suspiros). Tenía cuatro lunares y una luna en el ombligo.

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En los dedos retozones lucía sus cinco anillos. Sus ancas eran redondas, el pelo de un negro vivo. Sus senos rebeldes eran dos pájaros forajidos. _____ A la orilla de ese incendio se amotinaron los lirios y un galope de claveles desnudó sus cien cuchillos. (Los viejos sauces lloraban como cristos doloridos). Seguía gritando el viento junto a ese cuerpo dormido. _____ Se fue el día de improviso y ella se puso en camino. Sus senos eran fusiles bajo su limpio corpiño. Durante todo el regreso, tras ella, como un mendigo, el viento le iba rogando que se quedara en el río...

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El romance de los charangos

A Luis E. Valcárcel

La Rita Desde la hora del alba la Rita se está arreglando. Dice que va a comulgar porque ayer se ha confesado. Está fresca y está linda con olor a leche y pasto. En su corazón de alondra madura el zorzal su canto. Una lámpara de trinos le ofrecen los finos álamos. Su cosecha de luceros los arroyos desvelados. Junto con ella, fiesteras, las brisas bajan silbando. Una lluvia de rocío se desborda de sus manos. Los cerros siguen durmiendo pues todavía es temprano. Los pájaros serenateros recién se están acostando. Luis Nieto

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Por el camino encendido se va riendo y soñando. Para beber le regalan los manantiales un cántaro. ¡Las campanitas del pueblo qué locas están llamando! La Rita va a comulgar porque ayer se ha confesado.

La pelea La Rita se vuelve sola y más alegre que un wayno. Un gorrión de sangre sueña en su corazón de nardo. De repente un griterío alborota el vecindario. Voces de riña cholera llegaban del despoblado. Y es que la Rita que se iba por el caminito claro, cayó en la gran emboscada de unos pícaros charangos. Por su amor, de puro lisos, armaron bronca los guapos. Se atacaban a pedradas y a veces a navajazos. Al borde de los sollozos la risa se está quemando. De las heridas abiertas se escapa agónico un canto.

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Un manantial de rubíes corría camino abajo. ¡Era una queja la sangre en el espejo de un charco! Y entre alarido y blasfemia morían aquellos bravos. Los cuchillos se bañaban en sangre de los contrarios. Muchos cayeron de muerte. Otros rodaron sangrando. Los chorros eran un coro de lamentos resignados! ¡Qué es lo que tiene la Rita que enciende tales escándalos, pues siempre que viene al pueblo hay pelea de charangos!

El entierro Llenos de rojos claveles los pechos de los charangos, a la orilla del camino se desangran sollozando. Herida mañana gime al borde de los barrancos. La Rita deja sus lágrimas clavadas entre los cardos. Rondas de angustia y de quenas descienden de los peñascos. (A los caídos, las brisas se los llevan a enterrarlos).

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Las brisas se van dolientes por un camino de llanto. En silencio un viento triste las acompaña enlutado. Pasa el cortejo de waynos entre árboles amortajados. Desde una siembra de llagas los pájaros están llorando. _____ Sobre la sangre caída, sobre los cuerpos helados, palomas de alba y de lágrima extienden pañuelos blancos. Desmelenadas y trágicas las guitarras se han callado. (De los senderos sonámbulos llega roto un grito amargo). Por el camino, las brisas tejen sus collares albos, para cubrir de canciones los dulces restos nevados. _____ El corazón de la Rita es una tumba de waynos. En él, entre dos látidos, se enterraron los charangos.

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La pena y la que no es pena

A Sonia Miró

Viento de las punas altas, bailarín y aventurero: vuela y dile a mi cholita que aquí estoy y aquí la espero. Un remolino de risas dejó el viento en el sendero, mientras cantaba en mis manos su corazón de jilguero. El sol mirando mi choza parecía un pordiosero. Cayó de golpe la noche y brilló el primer lucero. El viento no volvió nunca. ¡No volvió mi mensajero! Qué será de mi cholita, si sabrá que yo la quiero! _____ Ya es imposible que vuelvas, loco viento traicionero. ¡Dónde estarás retozando! ¡Dónde estarás prisionero!

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–Viento de las punas frías, aquí estoy, aquí te espero. ¡Ven, que se muere en mi pecho tu corazón de jilguero!

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Guitarra A Juan Mellado y Manolo Gamarra

Guitarra, guitarra mía, queja que se quiebra al alba; vestida de penas eres como una paloma pálida. Sobre tu pecho se entierran cinco alondras fusiladas. Llanto y sollozo se queman en el horno de tus lágrimas. Cuando cantas, cuando lloras, tu corazón se desangra por esa herida que brilla como una flor colorada. Tus penas como mis penas te van royendo la entraña; quisieran irse y no pueden: ¡tienen heridas las alas! Cada vez que algún recuerdo te clava su puñalada, entre tus manos de trinos muere una paloma blanca.

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Y con la queja que llora y con la pena que mata, se suicidan dos luceros al filo de tu mirada. Lamento cholo, guitarra, te florece en la garganta. Tu corazón de rocío es un llanto de campanas. Sobre tus cuerdas, mi mano como una flor se desmaya y en el aire sollozante queda una siembra de lágrimas. Guitarra, guitarra mía, hecha de llanto y de llaga: ¡es un chorro de canciones esa herida que te sangra!

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Romance del cholo sampableño

A mi hermano José, el Chasqui

Por un camino de risas, con su chola y su charango, a la feria de Sicuani se va el cholo de San Pablo. Luce sortija de plata. Son de aceituna sus manos. Los ojos negros y limpios le cantan como dos pájaros. Zapatos de esos que muerden con seis soles se ha comprado. Su pantalón va a media asta y el calzoncillo es rayado. Cuán orgulloso se siente con su poncho bien terciado. (El cholo se va a la feria a emborracharse de waynos). _____ Qué fresca está la Margacha ahora que se ha lavado. Lleva un traje dominguero y a las espaldas su atado. Se ha puesto sus tres anillos y un lindo sombrero blanco, botas a media canilla y centros almidonados.

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La chola deja su risa alumbrando en cada árbol, y a la orilla del camino quedan los cerros soñando. ____ Al pasar junto a una chacra cogieron ricos duraznos. Los pájaros desde sus sillas se les quedaban mirando. Antes de llegar al pueblo unos perros les ladraron. Los senos de la Margacha de susto se alborotaron. Es en Sicuani la feria y son los dos de San Pablo. La chola camina alegre. El cholo canta sus waynos. _____ Cuando el día se va yendo y el sol está colorado, el Fermín y su Margacha se regresan a San Pablo. En el trayecto, a lo largo del camino desvelado, el cholo va disparando sus risotadas y waynos. (Son las cinco de la tarde y aún les queda cañazo). El Fermín tiene unas ganas de llegar al despoblado. Su corazón en el pecho le galopa enamorado.

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La Margacha le provoca y él le pellizca en el brazo. Y entre lisura y lisura la noche cuelga su manto. (Los cholos están ardientes y aún está lejos San Pablo). _____ A la orilla del camino se quebró un grito angustiado. El silencio y los sollozos se han hecho dos mil pedazos... En una hoguera de besos la noche se está quemando y dos pícaros luceros se hacen los que no han mirado. En medio de los trigales que aún siguen tiritando, se siente risa que risa a un sinvergüenza charango.

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Sonata

A Lucila

Y yo me quedo soñando a la luz de su mirada. Tiene negros los cabellos y la garganta de nácar. Las dulces manos extiende y vuelan canciones blancas. Bajo la blusa sus pechos sugieren medias naranjas. Al mirarla con mis ojos su corazón se desmaya. Toda ella, suave, parece una lágrima del alba. La ronda el viento de día. De noche lloran las flautas. Hay una luz en sus ojos como de luna lejana.

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Sobre su pecho solloza una pĂĄlida guitarra. Le brota pena y ausencia cuando mira y cuando canta. Como un arroyo de estrellas corre su canciĂłn de plata. Y su voz tiembla en el aire como una paloma blanca _____ Es tan trino y es tan ala, que yo me quedo soĂąando al borde de su mirada.

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Romance de canto y pena A Esther

Bajo un cielo de campanas caminas sobre amapolas, entre un incendio de estrellas y un viento de mariposas. Al dulce canto del alba una lluvia de corolas va alfombrando tu camino vigilado de palomas. Desde un silencio de lirios te estĂĄn llamando las violas. (Se encendieron las guitarras al canto de las alondras). Junto a tu cuerpo encendido las brisas bailan y lloran. En tus cabellos dormidos estĂĄn charlando las sombras. Un cielo de golondrinas en tus pestaĂąas retoza. Hay un zorzal en mi pecho que te llama a toda hora.

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Será mejor que me quieras antes que mueran mis rosas. Ya está el otoño en mi huerto dorando las verdes hojas. Este amor es sin remedio como la pena que llora. ¡Amor que sufre y que canta, amor que ríe y solloza!

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Romance de mi casita a la orilla de un recuerdo

A mis hermanas Aída, Elsa y Delmira Luz

Qué linda casita nuestra hecha de canto y silencio, con árboles a la vera del camino carretero. Clara de luz y alegría, ancha de pampa y de cielo, al alba con trino de oro la despiertan los jilgueros. El sol la besa en el día hasta arrancarle destellos y por las noches sin luna la alumbran dos mil luceros. Sus dos jardines respiran olor a menta y romero. La visitan los gorriones y unos dulces kellopescos. Nunca faltaron palomas bajo sus blancos aleros, ni rumor de brisa y canto por sus floridos senderos.

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Todas las tardes, el patio rodeado de durazneros lo encendíamos de risas los cinco hermanos pequeños. Un puñado de canciones dejaba caer el viento, mientras la brisa en las tejas extendía su pañuelo. Del río que nos miraba con sus dos ojos abuelos, llegaba el eco travieso de un wayno bien sicuaneño. Es tan linda la casita que los pájaros viajeros para mirarla de cerca detienen su libre vuelo. Nunca nada le hace falta, ni un viejo amor ni un anhelo. Hasta disfruta el cariño de las lluvias en enero. Qué linda casita nuestra, blanca de luna y luceros. En el patio cayó un día un gran pedazo de cielo. Desde entonces alumbraron risa y trino en su sendero. (Si supiera que la llevo florecida en mi recuerdo).

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Romance de viento y quena

A Alberto Delgado

I Sobre los ojos dormidos se trae el viento una estrella. El corazĂłn como un pĂĄjaro bajo su poncho le tiembla. Aventurero y travieso la sangre le grita y quema; borracho de risa y waynos no sabe lo que es la pena. A punto de grito y silbo alborota las polleras, y como es facineroso clava un mordisco en las piernas. Y asĂ­, jugando y riendo, levanta polvo de estrellas. Por los pajonales de oro deja siembra de candelas.

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II El viento olvida las cumbres y desciende a las laderas, con un puñado de cantos y disparando sus flechas. Tiene los dedos piratas y son sus carnes morenas; al saltar de los peñascos le siguen águilas negras. Donde va deja un incendio de risas y de banderas; lleva en las manos un nido de miradas prisioneras. Cuando galopa se escucha un tintineo de espuelas... Sobre la pampa desnuda quedan sangrando sus huellas. III En fogata de luceros la noche canta y se quema, y sombras de golondrinas tocando van sus vihuelas. El viento está malherido, el viento está que se queja y ya no brilla como antes su carcajada fiestera. Y es que allá por la hondonada, está llorando una quena. El viento la escucha y mira de pie como un centinela.

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Eco de fuga y olvido, la quena evoca una ausencia. (Por un camino de sangre va una lรกgrima viajera). El viento no ronda, gime, con un gemido que aterra, como los perros que aullan hacia la noche siniestra. Muy lejos, a la distancia, cuando la noche es mรกs negra, se oye al viento que solloza y a la quena que se queja. _____ Desde entonces, por las punas, llorando el viento y la quena, fueron tejiendo un romance con lagrimitas de estrella.

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Pueblo mío

Pueblo serrano, mi pueblo, lleno de risa y de sol: te siento sangre y latido dentro de mi corazón. Tienes un cielo bandido, un río conquistador, un cerro como el “Jururo”, un charango y su canción. El viento baila en tus manos un wayno multicolor y entre tus trigales rubios las brisas tiemblan de amor. Al alba, rocío de oro te ofrecen pájaro y flor; sus dianas de cumbre a cumbre los pututos y el tambor. Girones de tu alma chola guitarra y bandurria son; tienes del wayno la risa, del yaraví su dolor.

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Así es tu fibra mestiza, mezcla de pena y pasión; con silencios de ternura y gritos de rebelión. Olvidarte nunca puede aquel que un día te vio; te lleva como una estrella o como una bendición. Eres tú la patria chica que me dio vida y calor. Entre tus brazos un día quisiera dormirme yo. SICUANI, mi linda tierra, hecha de flor y canción: ?te llevo sangre y latido dentro de mi corazón!

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Romance de la feria de Sicuani

A Lizandro Guerra y sus “Tigres”

Un pícaro sol de feria está en el cielo borracho: ¡se estuvo por las cantinas toda la noche del sábado! De tanto beber alcohol solito se está incendiando. (Para apagarlo en el río quieren derribarlo a hondazos). La mañana está que arde con ese sol tan borracho. _____ Ya van llegando a la feria los vientos cordilleranos. Se han traído sus pututos y en los ojos dos peñascos. Los acompañan las brisas con su carnaval de waynos. Rocío de risas cholas disparan por los sembrados. _____ De un huracán de polleras el cielo se ha embanderado. Los indios tienden al sol lindos ponchos colorados. Luis Nieto

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En las cabezas los chullos de alegría están gritando; es como si el arcoiris tuviese mil campanarios. El día brinca de júbilo como en las fiestas del chaco. En un mitin de colores la plaza se está quemando. _____ Desde la hora del alba la indiada estuvo llegando. A la feria se han venido desde los ayllus lejanos. Ahí están de todas partes con cargas y con atados: los bayeteros de Hercca y alfareros de San Pablo; el que fabrica bandurrias, hasta el que vende tostado. Los chuchos de Chumbivilcas, los que llegan del Kollao. El indio que trajo lana y el cholo que lo ha alcanzado. El que se vino del valle, transparente, casi blanco. El que comercia con coca y el que ofrece ccañihuaco. Nadie puede confundirse porque el traje habla muy claro: ni canas con los de Canchis, ni kollas con kcori-lazos;

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ni el indio de Suyo-Chumo con el que viene de Layo. _____ Hay en la feria de todo para los gustos más raros. La rica fruta del Cuzco y el dulce pan de Acomayo. Las verduras de Arequipa, los camarones de Tambo. El maíz de la quebrada, las cebollas de Chihuaco; los quesos de Santa Rosa, los frescos suches del Lago y chicha blanca que cuesta sólo diez cobres el vaso. _____ Nada le falta a la feria de Sicuani en el mercado. Ni sus mestizas bandidas con sus caras de durazno, ni el cholo que se da pisto y enamora con charango. Ni los “tigres”, ni Juan Loco con su excelente anisado, ni nuestra María Vera de la chicha y el güen trato, con clientela famosa por eso del bebe largo. Nada le falta a la feria del domingo en el mercado! _____ Después de un día de fiebre, cumplido ya su trabajo, apoyándose en los cerros

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el sol se va tambaleando. Se va sediento y apenas, con ganas de echarle un trago. (Seguro que va “a empalmarla” con buen alcohol de Cartavio). A veces se pierde días y es difícil encontrarlo. (Por las cantinas del cielo siempre lo pillan borracho).

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Charanguito

A Kilko Waraka y su charango

I Charanguitoy, charanguito, enamorado y cholero, ponte tu chullo de trinos y que comience el jaleo. Suelta un pu帽ado de risas, charanguitoy cabulero, y haz que retoce y que cante tu coraz贸n pendenciero. Poncho de lindos colores como las luces del alba; c贸mo te gustan las cholas, charango de pinta brava. Si te faltara una cuerda para templar la tonada, a la Antucacha bandida le robas una mirada. Templado fino, muy fino, no hay chola que te resista, y te la robas de guapo como buen contrabandista. Luis Nieto

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II Charango pisco y cholero, borrachito y bailarín, cómo te gusta esa chola con sus ojos capulí. Para rendirla en tus brazos tú sabes cómo hay que hacer: un pellizco, dos puñetes y un trago que pagas bien. A veces ebrio de pena, quimbeando te vas al alba, mordido por un recuerdo que te cuelga en la mirada. Charango, tienes el llanto de la zampoña serrana, latido de quena india y sollozo de guitarra. Charango, gemido cholo, todo llovido de quejas: te llevo junto a mi pecho como un pájaro de penas. Tu vida es como mi vida, mezcla de risa y de lágrima; wayno serrano que siempre nos va creciendo en el alma. Pero tú naciste alegre como un domingo de feria, con toda esa risa linda de picardía cholera.

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III Charango facineroso, trompeador y pendenciero, nunca te falta una alondra bajo tu ala de jilguero. Tu historia creció en las riñas y se quemó en las jaranas; las cholas te aman porque eres fantaseoso y chupa caña. Oh, capitán de bandidos, oh, forajido del alba, pájaro loco que llevas dormida estrella en el alma. Charanguitoy, charanguito, liso no más, jaranero: ¡dispara al cielo y que estalle tu corazón bandolero!

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La chola bandida Al cholo Huamán

Qué será, qué no será ese tu querer serrano; ayer me dabas un beso, hoy no me das ni la mano. De nuestro cielo de risas qué pronto te has olvidado. Te han dicho que estoy sufriendo y tú no has hecho ni caso. ¿Recuerdas cuando nos íbamos a revolcarnos al campo? Tú te comprabas manzanas. Yo llevaba mi charango. Una brisa de canciones crecía en tus ojos claros. Yo degollaba claveles sobre tus pechos nevados. En corretear por tu cuerpo eran expertas mis manos. En la hoguera de tu boca mi sangre se iba quemando.

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Un viento liso y cholero que te quería, de un salto te arremangaba las faldas y luego... se iba gritando. Palomas enamoradas nos miraban de cada árbol. (Y así la tarde pasábamos entre risas y entre cantos). _____ Cuando el sol ya era un incendio volvíamos paso a paso. Sobre la alfalfa dejábamos nuestros besos tiritando. Tú con el pelo revuelto y el mantón todo arrugado. Yo con mis manos bandidas triunfantes en diez asaltos. De nada de eso te acuerdas pues lo pasado es pasado. ¡No sea que un día vuelvas como una perra a mi lado!

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Reproche en aire de wayno

Ayer me dijo la Antuca que te vio con un cachaco. Lo dijo de pura pica porque te dé el esquinazo. Pero si es cierto que andabas con otro tipo paseando, prepárate, forajida, que te puede costar caro. Tu lisura ha de durar lo que una flor en un vaso. No hay capricho consistente ni mal que dure cien años. Por eso es malo me engañes si nunca te di mal trato. (Cuando tú quieras quererme ya, negra, te habré olvidado). Chola bandida y coqueta, tus desdenes me hacen daño. Mi corazón es sufrido, pero no tanto, no tanto...

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ESTRIBILLO Bandolera, bandolera, por qué me das tan mal pago. Mi corazón sufre y llora pero no será tu esclavo!

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Canción de retirada a la mujer bandolera A Maritza, en Santiago de Chile

Porque la amaba, amigos, porque era como nacer de nuevo, como crecer sin llanto, como andar sin sollozos, ignorando la vecindad amarga de la pena. Porque era como vivir embriagado entre el cielo y la tierra, con las manos llenas de rosas, con la frente coronada de lágrimas, con los ojos inundados de risa y de rocío. Porque tenía el ademán de la paloma caminando entre cuchillos carniceros. Porque en su voz dormía un aleteo de campanas y sus manos eléctricas gritaban en el aire como gaviotas amotinadas al borde del suicidio. Porque su cuerpo de amapola y de jacinto era como el otoño de los pianos melancólicamente blancos. Porque mirar su boca apretada de corolas y canciones, Luis Nieto

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era como olvidarse de todo, como reír al borde del crepúsculo, como beber el vino rojo de los poetas y de los vagabundos. Por ese amor, mis amigos de ayer, mis viejos camaradas míos; por ese amor varonil y triste que levantaba una cruz para mi muerte, para el suplicio de mis jóvenes años de canto y de pelea. _____ La esperé. La esperamos. Y llegó de repente como un incendio, como ese viento que llega desde lejos, como el eco de una palabra perdida y recuperada de improviso. Llegó como la lluvia que deja una siembra de lágrimas en los árboles, como el camino que se trae en los hombros su cosecha de pájaros. Así llegó la vencedora, alegres camaradas míos. Con su caricia fugitiva y quemante, como un torbellino de pétalos o el latigazo del beso que no se olvida. Llegó y ahora no sabemos quién nos trajo esa sombra que nos cuelga de la cumbre más alta del alma. Quién hizo crecer en nuestros ojos esa vejez de estrella,

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esa fatiga de caminar gitano, esa canción de guitarra en retirada... _____ Porque la amamos y retozó en nuestro pecho, porque fue nuestra y nos quemó tan hondo, porque jamás ninguna boca trajo esa actitud de llaga entre los dientes, es que ahora dobla tanta muerte el bronce funeral dentro del pecho. Y ahora, sólo la voz herida, herida la paloma, rota la lágrima, más rota aún la mirada aventurera. Y de su paso, amigos míos, qué nos queda, si no es la cruz de nuestros huesos, el ojo palpitante y fiero de tanto esperar que vuelva, y esa como locura de nuestra sangre que clama por el infierno de su carne.

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Biografía de mi charango A Humberto Vidal

Tu vida comienza con un disparo al corazón herido de la guitarra que se deshizo en lágrimas... Pobre guitarra de pena! Desde entonces, ella camina del brazo de un sollozo, toda vestida de llanto. Charango, charango cholo: naciste de la herida de un canto a la orilla misma de la queja. Una flor de sangre te mira desde el polvo y una paloma llora entre tus manos... No sé por qué, pero siempre te persigue el viento de las guitarras hasta llagar la quena que te crece en el alma.

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Vestido con tu poncho de canciones, envuelto con tu bufanda de auroras y de trinos, todo llovido de pájaros, te has ido en aventura a las punas más altas. Allí comenzó la historia de tus hazañas. Borracho de waynos, bebiendo a tragos largos el cañazo de tus penas, te hiciste forajido cazador de sollozos. Desde la cumbre de un grito, te pusiste a merodear el rebaño de miradas de las cholas bonitas. Galopando en el lomo de un silbido, agitando al aire libre tu chullo dominguero, quemaste el cielo serrano con el arco-iris de tu waraka de siete colores. _____ Oh, charango, charango cholo, camorrista y jaranero: un día cualquiera, a la hora del alba, te hiciste bandolero de puna brava. Cómo se estremeció bajo el cuchillo de tu risa el sembrado de jilgueros que nacía en el corazón de las cholitas. Cuando te veían venir de lejos, de tan lejos, los gorriones que cantaban en los ojos capulíes de tu Antucacha, se morían de golpe al borde de las lágrimas...

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Cuántas veces sobre su pecho golondrina te vi degollar las palomas cautivas de sus senos bajo un cielo de waynos, en tanto que un río herido de torcazas descendía al corazón agónico de las guitarras. Desde entonces, charango, mordido por una jauría de recuerdos, vas caminando por una floresta de disparos, mientras el alarido de las kantutas te crece como un incendio entre las manos.

Cuzco, mayo - agosto de 1942

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Charango