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ARTE ETRUSCO Y ROMANO El arte etrusco, precedente del arte romano en la península itálica, engloba varias etapas estilísticas: desde el período vilanoviano (1000-700 a.C.) hasta el helenístico (300-89 a.C.) en el que el arte etrusco se ha identificado plenamente con el arte de la República romana, se suceden varias etapas de gran interés, tales como la orientalizante (700-600 a.C.), el período arcaico (600480 a.C.) y el clásico (480-300 a.C.) Ejemplos de estas etapas los hallamos en la famosa imagen de terracota del Apolo o Aplu de Veyes, obra del escultor Vulca, que probablemente adornaba el ático de un templo hacia el s.VI a.C., perteneciente al periodo arcaico, de gran influencia griega característica en el estilismo del cabello, los ropajes y la arcaica sonrisa, que vemos reflejadas como un precedente de influencia directa en las metopas griegas del templo de Selinunte, en Sicilia. La estatuaria etrusca conoce su mejor momento entre los años 600 al 89 a.C., en los que se producen imágenes tales como los retratos de Vulci, Cerveteri y Tarquinia, producidos en las etapas clásica y helenística, junto con los retratos funerarios, de gran expresividad y realismo, representando a los difuntos en actitudes vivas y realistas, en un banquete, con el plato en la mano y arreglándose el tocado, o en el lecho nupcial estrechándose en un abrazo. La estatuaria de bronce es igualmente interesante, como la que nos muestra la loba del Capitolio, obra del período arcaico, de gran fijeza en los detalles y hostil expresión. La pintura, cuyos ejemplos nos son conocidos por las tumbas, nos muestra distintos aspectos de la vida cotidiana en la antigua Etruria: los combates, los rituales funerarios, los banquetes, la religión, la adivinación y la división social por clases (a menudo, los representados llevan al lado cartelas que nos indican su nombre y clase social, como el noble Vel Saties y su esclavo Arnza), además de las fiestas, el placer y la alegría (tumba de los leopardos, período arcaico). El período helenístico solapa ya el arte etrusco con el arte republicano romano: la integración artística se produce en un momento en el que Roma comienza su expansión exterior (264-31 a.C.), recibiendo una mayor influencia de la cultura helenística mediterránea, a la que añade el tratamiento realista de los personajes y los temas, como podemos ver en este busto de bronce, conocido como el falso Bruto, en el que la intensa expresión de la mirada y el detallado retrato psicológico nos muestran un avance técnico y estilístico enorme, al igual que en los agudos rasgos del flamen de la Villa de los Papiros. El retrato republicano se caracteriza por su fuerte realismo, sin excluir algunas dosis de idealización, como en este retrato del orador Cicerón, ayudando a ello la costumbre romana de la realización de las imago maiorum, los retratos en cera expuestos en los atrios particulares, que formaban una especie de árbol genealógico en las mansiones de los patricios, y que podemos ver en este patricio con sus antepasados del Palacio de los Conservadores de Roma, que sustenta con ambas manos dos de estos bustos, realizados a partir de imágenes mortuorias del difunto en cera. Igualmente, la progresiva romanización permitió una importante simbiosis cultural en los territorios incorporados primero a la República y posteriormente al Imperio, como nos muestra la pareja del Museo Arqueológico de Sevilla, donde el marido porta una túnica corta ibérica y su mujer adopta, en cambio, la moda grecorromana del chitón. El período inicial del Imperio, la época augustea y de las primeras dinastías (31 a.C.-68 d.C.) nos muestra una nueva tendencia estilística: abandonando el realismo, nos da una imagen idealizada del príncipe, en la que se reúnen una serie de cualidades pretendidas como ejemplares: serenidad, autoridad, humanidad, munificencia...podemos verlo en las imágenes de Augusto, apenas alteradas por la edad, con una expresión sensible y distante, en la que se pretende mostrar la individualidad del gobernante, o la serenidad clásica de la clase dirigente, como nos muestran los relieves de la


procesión del Ara Pacis de Roma, en los que se pretende conmemorar la llegada de una nueva Edad de Oro bajo el gobierno imperial, garantía de paz y buena administración para todo el Imperio y sus ciudadanos. No obstante, otras cualidades o características del príncipe pueden verse representadas en estas imágenes esculpidas, como la sensualidad y el epicureísmo del Nerón de los Museos Capitolinos. Dejando atrás el período de los Flavios, característico por una fugaz vuelta al realismo, los retratos de la dinastía de los Antoninos (ss.II-III d.C.) nos muestran una imágen mas aristocrática de los emperadores: son representaciones expresivas, inquisitivas, en las que se nos muestra la fuerza moral o intelectual del gobernante o la sensualidad física de los modelos divinos o míticos, como en los retratos de Adriano, o en las representaciones procedentes de la Bética romana, tales como el busto de Ganimedes o el Efebo de Antequera. La imagen del Capitolio que representa al emperador Marco Aurelio a caballo nos pide una contemplación especial: el representado simboliza al héroe, encumbrado sobre sus contemporáneos; el mejor de los hombres, y también el mejor de los gobernantes: su mano extendida ofrece la paz y las ventajas de la civilización a los bárbaros; su rostro sereno, en contraste con la expresión tensa y movida del bruto, nos indica su dominio y su autocontrol: se ha dicho de esta imagen que es la mas fiel representación del poder, un poder razonado, controlado y en ningún modo opresivo. Una mayor distancia aristocrática y frialdad la hallamos en el retrato del emperador Lucio Vero (Cómodo), representado como Hércules: su abulia e incapacidad para las cuestiones de gobierno se ven representadas aquí en la caída de los pesados párpados; esta impresión pretende contrapesarse con su representación como el personaje mitológico que representa la fuerza: sostiene una clava y las pequeñas manzanas de las Hespérides, cubriéndose con la piel del león de Nemea. El relieve histórico muestra también gran interés y una disposición abigarrada y barroca, lejana ya del clasicismo de los primeros tiempos del arte imperial: en las columnas, como la Trajana en Roma, en los sarcófagos o los frisos de los templos y los arcos triunfales se representan movidas y detalladas escenas de batalla que dan a entender, en este siglo II d.C., la fuerza del poder de Roma. Ya a partir del 235 d.C., el cambio estilístico se hace mas evidente: en el retrato del emperador Probo, las líneas se suavizan y los contornos se difuminan, llegando a un nuevo idealismo y a una abstracción casi total ya en el Bajo Imperio, como podemos ver en la colosal cabeza de Constantino del s.IV d.C., que representa mas a una idea que a un hombre: es el símbolo perfecto de la majestad, la autoridad y la dignidad imperiales, recibidas ya directamente de la mano de Dios: la crisis de los modelos clásicos se ha consumado: la puerta está ya abierta hacia Bizancio y la Alta Edad Media. Una de las grandes aportaciones del Imperio y la civilización romanas al mundo mediterráneo es el urbanismo: partiendo de los originales campamentos militares, una intensiva red de ciudades aparece a lo largo de una sucesión de vías espléndidamente trazadas y comunicadas: el esquema es siempre el mismo: trazando dos vías axiales, el cardo y el decumano, la ciudad se extiende a travás de manzanas cuadriculadas cuyo centro es el foro, como este de Pompeya. Su disposición suele ser idéntica y tomada en sus características generales del colosal modelo del Foro Romano: este de Baelo Claudia (Bolonia, Cádiz), nos muestra la disposición típica del mismo: un espacio monumental, presidido por los templos de la Tríada Capitolina, los grandes dioses del Estado: Júpiter, Juno y Minerva. Partiendo de las iniciales aportaciones republicanas, de simple estructura circular (templo de Hércules, en Roma) o rectangular con pórtico, de influencia toscana (Maison Carrée, Nimes), se desarrolla un modelo grandioso, de arquitectura colosal que adopta los órdenes clásicos griegos (dórico, jonico, corintio) e incorpora otros nuevos con elementos de aquéllos (compuesto, toscano), aprovechando otras influencias, como la etrusca (uso de las bóvedas de cañón y arcos de medio punto) tanto en Roma (restos del templo de los Dióscuros) como en las provincias (foro de Palmira, Jordania), aunque su mayor aportación es la colosal capital del Imperio, con más


de un millón de habitantes en el s.III d.C., con grandes edificios como los anfiteatros, circos, termas y teatros. La pintura y las artes decorativas conocen también una época dorada en Roma, debido a la influencia grecohelenística: las pinturas que decoran las casas se extienden en forma de frescos a través de sus paredes, en los atrios, peristilos y habitaciones nobles de la casa, representando, tras un período inicial caracterizado por el uso de volúmenes geométricos y abstractos, mundos irreales de arquitecturas imposibles que abren el horizonte las habitaciones hacia paisajes de ensueño (triclinium de Publio Fanio Sinistor, en Boscoreale) o jardines en los que se ve una paciente observación de los detalles de la vida y la naturaleza (frescos de la Casa de Livia, Roma). Otros temas reflejados de manera exhaustiva son los basados en la mitología y los misterios religiosos, como el fresco de los dioses domésticos de la Casa de los Vetii de Pompeya, o la representación de los misterios del culto a Dionisos en la Villa de los Misterios de Pompeya. Igualmente importante es el retrato, del que conocemos varias muestras gracias a los frescos de Pompeya y Herculano, caracterizados por su realismo y, en algunos casos, ciertas dosis de idealización debidas a las convenciones pictóricas y al intento de reflejar la perspectiva representando al individuo con la mitad del rostro algo mas elevada que el resto, en una forzada postura de 3/4, como los retratos de Terentius Neo y su mujer, o los únicos ejemplos de pintura romana de caballete (las otras muestras, que sin duda existían: los romanos colgaban obras formando galerías de arte sobre las paredes de sus casas) que nos han llegado hasta hoy: las tablas pintadas al encáustico que son los retratos funerarios de El Fayum y Hawara (Egipto), que nos muestran a los individuos de la próspera sociedad grecoegipcia y romana de esta importante provincia de África, en donde una galería de sacerdotes, damas de la alta sociedad, funcionarios y militares han quedado inmortalizados para el futuro. Por último, otra técnica singular y fundamental en la decoración romana es la musiva: sobre grandes paños formados por miles de pequeños cubos de mérmol o cristal, colocados en el suelo o sobre las paredes, multitud de imágenes ofrecen un inagotable repertorio decorativo: habitantes de las regiones conquistadas, como este grupo de Volubilis (Marruecos), imágenes mitológicas que forman el centro de la composición (Venus naciendo de las olas) que se repite constantemente (diseño centralizado, acompañado por imágenes radiales, como este mosaico de Los Planetas), y que siguen todos ellos el mismo sistema de realización de opus tesellatum, mostrando imágenes mitológicas (el dios Océano, la diosa Venus), escenas del circo (combate entre leones y elefantes), escenas tomadas de la naturaleza (árbol del granado) o de los grandes hechos históricos (Batalla de Issos, Pompeya). A veces, el mosaico es una pequeña obra de arte que se instala en la pared para su admiración, como si de un cuadro se tratase (palomas de la Villa Adriana), realizado en miles de mínimas teselas de vidrio, en la complicada técnica llamada opus vermiculatum. A veces también, el mosaico forma extensas geometrías de mármol que cubren grandes superficies, como en el denominado opus sectile.


EVOLUCIÓN HISTÓRICA Monarquía: Los siete reyes del periodo monárquico y las fechas que tradicionalmente se le asignan son: Rómulo (753-715 a.C.) Numa Pompilio (715-676 o 672 a.C.), a quien se le atribuyó la introducción de muchas costumbres religiosas; Tulio Hostilio (673-641 a.C.), un rey belicoso que destruyó Alba Longa y luchó contra los sabinos; Anco Marcio (c. 641-616 a.C.), de quien se dice que construyó el puerto de Ostia y que capturó muchas ciudades latinas, transfiriendo sus habitantes a Roma; Lucio Tarquino Prisco (616-578 a.C.), célebre tanto por sus hazañas militares contra los pueblos vecinos, como por la construcción de edificios públicos en Roma; Servio Tulio (578-534 a.C.), famoso por su nueva constitución y por ensanchar los límites de la ciudad; y Lucio Tarquino el Soberbio (534510 a.C.), el séptimo y último rey, derrocado cuando su hijo violó a Lucrecia, esposa de un pariente. Tarquinio fue desterrado y los intentos de las ciudades etruscas o latinas de restituirlo en el trono de Roma no tuvieron éxito. República: Durante la república el problema cadente fue la lucha entre las clases sociales. La ley de las 12 tablas reconoce a nobles y plebeyos un derecho uniforme. El régimen mobiliario fue sustituido por el sistema censatario. Los plebeyos llegaron a desempeñar toda clase de funciones. La invasión de los galos fue seguida por un periodo de anarquía y perturbaciones sociales. Hacia el 335 a.C. se consuma la anexión del Lacio, confiriendo a numerosos latinos al derecho de ciudadanos. Guerras púnicas: fueron tres, tras la 1º arrebato Gerdaña a los Cartagineses, se estableció en Córcega y conquisto la Galia Cisalpina. En la segunda, los Cartagineses fueron vencidos en España; la tercera termino con la destrucción de Cartago. Los dos triunviratos fueron:  Cesar, Craso y Pompeyo: tras una guerra entre Cesar y Pompeyo, el primero tiene todo el poder.  Marco Antonio, Octavio y Lépido: tras un desarroyo paralelo, termina quedando Octavio como único dueño de Roma. Imperio: El Imperio sucedió a la República de Roma y Augusto, mantuvo la constitución republicana hasta el año 23 a.C. en que el poder tribunicio y mando supremo fueron revestidos con la autoridad real. El Senado conservó el control de Roma, la península Itálica y las provincias más romanizadas y pacíficas. Las provincias fronterizas, donde fue preciso el acuartelamiento estable de legiones, estaban gobernadas por legados, nombrados y controlados directamente por Augusto. Los breves reinados de Galba, Otón y Vitelio entre los años 68 y 69 d.C. fueron seguidos por el de Vespasiano, que junto a sus hijos, los emperadores Tito y Domiciano, constituyen la dinastía de los Flavios (69-96). Resucitaron la sencillez de la corte en los comienzos del Imperio e intentaron restaurar la autoridad del Senado y promover el bienestar del pueblo. Fue durante el reinado de Tito cuando se produjo la erupción del Vesubio que devastó la zona al sur de Nápoles donde se encontraban las ciudades de Herculano y Pompeya. Marco Coceyo Nerva (96-98) fue el primero de los denominados `cinco buenos emperadores' junto a Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio.


Los breves reinados de Publio Helvio Pertinax (193) y Didio Severo Juliano fueron seguidos por el de Lucio Septimio Severo (193-211), primer emperador de la breve dinastía de los Severos. Los emperadores de este linaje fueron: Caracalla (211-217), Publio Septimio Geta (211-212, compartiendo el primer año de reinado de su hermano Caracalla), Heliogábalo (218-222) y Severo Alejandro (222-235). Septimio Severo fue un hábil gobernante; Caracalla fue famoso por su brutalidad y Heliogábalo por su corrupción. Caracalla otorgó en el año 212 la ciudadanía romana a todos los hombres libres del Imperio romano a fin de poder grabarlos con los impuestos a los que sólo estaban sometidos los ciudadanos. Severo Alejandro destacó por su justicia y sabiduría.

CAUSAS DE LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO Internas: El periodo posterior a la muerte de Severo Alejandro (235) fue de gran confusión. De los 12 emperadores que gobernaron en los 33 años siguientes, casi todos murieron violentamente, por lo general a manos del Ejército, quien también los había entronizado. La tetrarquía creó una maquinaria administrativa más sólida pero aumentó la ya enorme burocracia gubernamental con cuatro sectores imperiales y sus correspondientes funcionarios, lo que supuso una enorme carga financiera para los limitados recursos imperiales. bajo el reinado de Teodosio I estuvo unido por última vez tras la muerte del emperador de Occidente Valentiniano II. Cuando falleció Teodosio (395), sus dos hijos se repartieron el Imperio: Arcadio se convirtió en emperador de Oriente (395-408) y Honorio en emperador de Occidente (395-423). En el siglo V las provincias del Imperio romano de Occidente se empobrecieron por los impuestos exigidos para el mantenimiento del Ejército y de la burocracia; también a causa de la guerra civil y de las invasiones de los pueblos germanos. Externas: los pueblos invasores del Este emprendieron gradualmente la conquista del Occidente y a finales del siglo IV Alarico I, rey de los visigodos, ocupó Iliria y arrasó Grecia; en el 410 conquistó y saqueó Roma, pero murió poco después. Su sucesor Ataúlfo (410-415) dirigió a los visigodos a la Galia y en el 419 el rey visigodo Valia recibió autorización del emperador Honorio para asentarse en el suroeste de la Galia, donde fundó un reino visigodo. En torno a estas fechas los vándalos, suevos y alanos ya habían invadido Hispania, por lo que Honorio se vio obligado a reconocer la autoridad de estos pueblos sobre esa provincia. Durante el reinado de su sucesor, Valentiniano III, los vándalos, bajo el mando de Genserico conquistaron Cartago, mientras que la Galia e Italia eran invadidas por los hunos, encabezados por Atila. En el año 452 Atila invadió Lombardía, pero no pudo seguir avanzando hacia el sur y falleció en el año 453. En el 455, Valentiniano, último miembro del linaje de Teodosio en Occidente, fue asesinado. En el periodo comprendido entre su muerte y el año 476 el título de emperador de Occidente fue ostentado por nueve gobernantes, aunque el auténtico poder en la sombra era el general romano de origen suevo Ricimer, llamado también el `proclamador de reyes'. Rómulo Augústulo, último emperador de Occidente, fue depuesto por el jefe de los hérulos Odoacro, a quien sus tropas proclamaron rey de Italia en el año 476. El Imperio de Oriente, también llamado Imperio bizantino, perduraría hasta 1453.


RELIGION La religión romana fue naturalista en un principio, luego recibió influencias griegas y orientales; asimilo los dioses de los países vencidos: Cibeles, Isis, Osiris, Zeus, Hera, Atenea; estos tres últimos construyeron la triada capitolina: Júpiter, Juno y Minerva, que son los correspondientes nombres latinos. En la época del imperio se estableció el culto al emperador, vínculo religioso- -político entre los diversos pueblos del imperio. Existían además los dioses familiares: los lares, protectores del hogar; los manes, almas de los antepasados, y los penates, dioses proveedores de la despensa. El sincretismo es la característica teológica, pero el verdadero carácter de la religión romana era el patricismo, o sea, la gran cantidad de ritos, conjuntos y propiciaciones que diariamente tenía que ejecutar el hombre romano, más supersticioso que piadoso, ya que las prácticas son cúmulos de fórmulas para verse libres de malos efectos. Lo cierto es que el romano no se entregaba a la divinidad, sino que exigía de esta toda clase de beneficios.

Arte Arquitectura: Se caracteriza por su grandiosidad, solidez, vitalidad y riqueza. Se deriva de la etrusca, de la que tomó el arco y la bóveda, y del arte griego helenístico. A los tres órdenes, dórico, jónico y corintio, añade el toscano y el compuesto. El toscano de origen etrusco, es muy parecido al dórico. El compuesto es una combinación del jónico y el corintio. Los sistemas abovedados romanos exigen muros de contención que contribuyen a la solidez y grandiosidad de los edificios. El arco que usan es el de punto o semicircular. La arquitectura romana emplea, como materiales, la sillería, piedras perfectamente escuadradas, y el mortero o argamasa de gran consistencia. En la construcción los templos de los romanos imitan a la disposición y estructura de los templos griegos. Los hay de planta circular cubiertos con cúpula, y de planta cuadrangular con columnas alrededor. Escultura: En escultura los romanos fueron realistas en contraste en el idealismo clásico de los griegos. Se cultiva el retrato y el relieve histórico. Los relatosson verdaderos estudios psicológicos; son conocidos los de Pompeyo, Julio César, Octavio y el ecuestre de Marco Aurelio. Pero donde el genio escultórico raya a mayor altura, es en los relieves históricos que representan escenas de campaña o ceremonias religiosas, como se aprecia en el Arco de Tito, en la columna trajana y en el Ara Pacis de Augusto.

Cerámica: Terracota, principal cerámica romana: alfarería de tierra cocida de color gris, amarillo o rojizo. Los romanos fabricaron objetos de terracota en serie para la decoración de edificios y monumentos.


Pintura Romana En la pintura romana va a influir decisivamente el arte griego, ya que ya desde la época de César llegaron pinturas griegas que arrancaban de las paredes y se llevaban a Roma. Ésta es una de las razones por las que apenas se conservan pinturas murales griegas. Al igual que otras artes, la pintura en Roma tenían una finalidad práctica: decorar las casas y palacios. La condición social del pintor era la de un artesano, aunque los que pintaban sobre tabla tenían mayor prestigio. La pintura mural se realizaba con la técnica del fresco, aunque también se discute que en algunas ocasiones se utilizaran técnicas mixtas. Para la pintura sobre tabla se utilizaban las técnicas al temple y a la encáustica. La gama de colores era amplia, ya que a la del mundo griego y egipcio se les suman algunos colores más. Destacan el negro, el blanco, el rojo y el amarillo, aunque a veces también se utilizaron verdes, azules y violetas. Se aplicaban mezclados con agua y a veces con cola. La pintura romana se clasifica en cuatro estilos a partir del siglo XIX y fueron establecidos en base a las pinturas conservadas en Pompeya.

Las pinturas de Pompeya son las mejor conservadas ya que en el año 79 d.C. una erupción del Vesubio cubrió toda la ciudad, permitiendo que se conservaran las pinturas (entre otras muchas


cosas) como no se han conservado en ninguna otra ciudad. Todas las pinturas de Pompeya se encontraban en Domas. Estilos de Incrustación Este estilo de pintura romana se desarrolla desde mediados del s.II a.C. hasta principios del s.I a.C., todavía en época republicana. Es así llamado porque imita la decoración de mármoles que se aplicaban en época helenística. Es un estilo muy colorista, de aspecto muy suntuoso. El muro suele estar dividido en tres: un zócalo pintado imitando granito, una zona media imitando mármol y un remate a modo de cornisa realizada en estuco. Estilo Arquitectónico Se desarrolla durante el s.I a.C, en la época de César. Es llamado estilo arquitectónico porque imita no sólo revestimientos sino también arquitecturas. También es llamado "Estilo de perspectiva arquitectónica" porque busca profundidad y perspectiva. Esto hace que las estancias parezcan más grandes. Se dan frecuentemente las ventanas, tras las que se puede ver edificios, y resulta más teatral, además, aparece el paisaje. En definitiva se trata de una pintura romana que tiende a la disolución del muro. Es un estilo ya de plena creación romana. Estilo Mixto u Ornamental Se dio entre el 27 a.C. hasta la mitad del s.I d.C, es decir, durante la época de Augusto y sus sucesores. Es un estilo mixto porque en cierta manera es una mezcla de los dos anteriores. Es un estilo menos real y más fantástico. Se caracteriza por la representación de elementos ornamentales muy ligeros, apareciendo también edificios fantásticos, frisos con niños, elementos vegetales muy estilizados, figuritas de animales, de humanos también pero más pequeñas y delicadas, y pequeñas escenas mitológicas. Los colores son muy intensos. Se dio más en Roma que en Pompeya y destacan las de la Domus Aúrea de Nerón. Estilo Ilusionista o Escenográfico Se trata de la pintura que se manifiesta desde la época de Nerón, en la primera mitad del siglo I, hasta el final de este siglo. Toma elementos del segundo y tercer estilo. Es el estilo más confuso. En él aparecen también escenas mitológicas, históricas, tiene un gran recargamiento decorativo, aparecen cortinajes y telones y cobra mucho desarrollo el paisaje. También aparece en la Domus Aúrea de Nerón y en la casa de los Vetii en Pompeya. También hay frescos llamados por Vitrubio "Megalográficos", que se dan en el s.I a.C. y parte del I d.C. Representan personajes de tamaño natural que componen escenas. Pueden aparecer


arquitecturas para dar un mayor realismo. No hay muchos, pero sí de una gran calidad. Destaca "La villa de los misterios", en Pompeya, de época de Augusto. Después del s.I d.C. la pintura se limita a grandes masas pictóricas sin delimitar, con búsqueda de efectos claroscuristas con un gran detallismo en las representaciones, pero después se da una reiteración de los estilos pompeyanos. En el s.II encontramos muchos mosaicos y revestimientos de mármol sin compartimentación. En época de Adriano se hacen muchos estucados con pinturas geométricas y vegetales y pinturas con un sentido muy pictórico, con colores más claros y sfumato.

La pintura de caballete y los pequeños frescos también se dan. Los temas se enriquecen: historia, paisajes de distintos tipos, mitología, bodegón, vida cotidiana, animales y el retrato. El retrato se da desde el s.I a.C. pero es en el s.II cuando proliferan. Destacan los del Fayum, unos retratos funerarios en tela o en madera que están realizados con la técnica de la encáustica. Un buen ejemplo de retrato es "El panadero y su esposa", del s. I en Pompeya.


Unidad II. Roma