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Rayuela 244 Sábado 03 de Enero de 2014. Año IV. Suplemento sabatino de arte, literatura y sociedad

Carver: el gesto inconcluso

Narradores Kamikazes

Compendio de relatos breves

La Máquina Hamlet No creo en una historia que tenga pies y cabeza.

Por

Heiner Müller

U

Marcelino Champo n cuento más que una certeza es una posibilidad, un gesto sutil que desencadena toda una gama de sucesos o caminos que parten del texto pero se potencializan en el lector. Cortázar dijo alguna vez que mientras la novela gana siempre por puntos, el cuento lo hace por knock-out. Con Carver, en cambio, aprendimos que ese knock-out puede ser prescindible, entonces la pelea puede resultar un empate, un empate con sabor a derrota. Ese final que apunta a la sutil sugerencia, cuya importancia es lo que no se dice, en Carver llega a su máxima expresión dando lugar a un punto de fuga: algo no está completo, algo falta, no existe un final. Lo perturbador, y a la vez atrayente, es entonces lo inconcluso. Por lo consiguiente uno podría pensar que el mismo cuento no tiene un principio definido, es más se trata de una historia a medias

que llega a nosotros con una trayectoria dibujada desde hace mucho y que desconocemos, lo que percibimos ante nuestros ojos es apenas un fragmento. Tres rosas amarillas, uno de los libros más importantes de Raymond Carver (1939- 1988), está conformado por seis magníficos relatos que evidencian los pequeños y múltiples cataclismos, la vida de aquellos que caminan por la tierra sin pena ni gloria, seres de carne y hueso que no buscan la inmortalidad sino que la niegan en su misma rutina. Con un estilo que aboga sólo por lo extremadamente esencial, Carver narra de manera ágil, sintética y precisa, sin abandonar el ritmo y la fuerza, cada historia que entretejen Tres rosas amarillas. La soledad, el abandono y la problemática constante con el otro, albergan el discurso de Carver. “No, no sé absolutamente nada de nada. Nunca supe nada. Se ha ido para siempre. Punto final. Nunca jamás. No volveré a verla nunca, a menos que nos crucemos un día en una calle (…) Podría decirse, por ejemplo, que tomar una esposa es dotarse de una historia. Y si ello es así debo en-

tender que yo estoy ahora fuera de la historia. Como los caballos y la niebla. O podría decirse que mi historia me ha dejado. O que he de seguir viviendo sin historia”. Los cuentos de Carver se sitúan en ese instante en que el individuo es una especie de hojarasca guiada por el azar, pequeño barco sin timón en un mar desconocido. Ahí están los personajes, ausentes de objetivos, lo han perdido todo, tal vez hasta la voluntad, sin embargo la inercia de la vida los lleva hacia otro abismo, espacio de sombras donde ellos habrán de ocultarse. La batalla se ha convertido en pasado, ahora la subsistencia está en sobrevivir al naufragio, rescatar los restos de la embarcación (si acaso los hay) regados en una tierra sin nombre, ¿Dónde están? Silencio, sólo silencio

Carver, Raymond, Tres rosas amarillas, Barcelona, ANAGRAMA.

Ilustración. Á. Gabriel P.R.

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