Page 1

Rayuela 211

La Máquina Hamlet No creo en una historia que tenga pies y cabeza. Heiner Müller

Sábado 04 de Mayo de 2013. Año IV. Suplemento sabatino de arte, literatura y sociedad

Después de ti, la sequía Marcelino Champo

Ya no le diga cinismo. Dígale sinceridad Carlos Monsiváis Descifrar la ciudad, describir cada flanco, cada arteria que conforman ese cuerpo amorfo de mil rostros. Apelar al mito, a la leyenda y convertir el suceso en inmortalidad: anécdota de barrio transmutada en hazaña heroica, personajes de cantina que dejan el anonimato y se vuelven protagonistas de una epopeya urbana. Todo cabe en aquella masa asfáltica bien llamada México DF, nostalgia sin rumbo que se adentra en el corazón de cada habitante, esclavo de sus propios pasos. Dicen por ahí que la verdad descansa en la memoria del pueblo: toda acción es testimonio, toda historia una realidad multiforme. Es necesario entonces la voz de los que no olvidan, el testimonio de quienes ven en el recuerdo el sustento del presente. Carlos Monsiváis (Monsi pa´ los cuates) ensayista, cronista, cuentista, rockstar del pueblo, admirador de los gatos, juglar contemporáneo, quién como él para narrar el devenir de una nación, de un espacio que deja su calidad de patria para convertirse en ironía o presagio de desgracias. Bajo la pluma de “Monsi” se hallaba la agudeza, la agilidad, el sarcasmo de quien vive

la historia, el constante cuestionamiento de un contexto social demagógico y a veces humorístico. El cronista por excelencia que dibujó, mejor que nadie, las travesías de una ciudad tan peculiar y caótica. El entretenimiento, centro del Hogar. Al respecto fue muy sincero Azcárraga Milmo, en su fe en la dotación de alivios para los desposeídos. De alguna manera, así podrían verbalizarse las ofertas de la empresa: “Si nada tienes, te ofrezco un patrimonio a tu medida, el cúmulo de imágenes entrañables, impresiones y referencias que serán tuyas con sólo aceptar estas imágenes, admirar a estos artistas, reírte de estos chistes, emocionarte con estas canciones, asentir ante esta información política, familiarizarte con estos comerciales. Si nada tienes, el fin de tu vacío es el entretenimiento”. El ruido de la metrópoli se expande por todas partes en un concierto de motores, gritos, música de banqueta, discursos de radio y pláticas entrecortadas. “Monsi” retomó no sólo la vida en el monstruo de concreto, sino que reflejó la idiosincrasia estampada en ritos generacionales: música, cine, televisión, fútbol, box, política, los barrios, el misticismo, la nostalgia, el humor ciego o a ciegas, el machismo, el feminismo, la causas perdidas, el duelo

nte del pue tañas de l a in f l “A tes mon rá en celes os enteros haba g it c in r dom lancolía flo d.” una me a enla fragilida id prend Groppa Nestor

perpetuo, la literatura, los ídolos populares, la rutina que encarcela destinos, todo pasó por sus manos y lo transformó en lenguaje. Después de mí, la sequía: nada tan cierto como esto para reconocer su ausencia. Ahora su obra, que es también leyenda compartida, dicta las pautas para entender nuestra circunstancia, ésa que se postra frente a nosotros y a veces nos devora. Los mexicanos tienen la televisión que se merecen, según Azcárraga. Yo creo que se equivoca de frase. Los mexicanos tienen la televisión que no pueden evitar; y como no pueden evitarla, se la merecen. Reconocido como uno de los escritores mexicanos más importantes del Siglo XX, Carlos Monsiváis deja un legado fundamental que probablemente tendrá como suerte la vigencia. Títulos recomendados: Los rituales del caos (1995), Recetario del cine mexicano (1996), «No sin nosotros». Los días del terremoto 1985-2005 (2005), El 68, la tradición de la resistencia (2008), Apocalipstick (2009).

El poeta debe abarcarlo todo (In memoriam Nestor Groppa)


02 Rayuela 211

Sábado 04 de Mayo 2013

DIRECTORIO Noé Farrera Morales DIRECTOR GENERAL

Vandalismo ilustrado NEKO, señales y pegatinas

Noé Juan Farrera Garzón DIRECTOR EDITORIAL PÉNDULO

Ángel Yuing Sánchez COORDINADOR Y EDITOR

Luis Enrique Rios Aguilar Á. Gabriel P. Ruiz DISEÑO

Javier Ríos Jonapá PRODUCCIÓN E IMPRESIÓN

Misael Palma, César Trujillo, Ornán Gómez, Marcelino Champo, Pascual Yuing, Chary Gumeta, Gely Pacheco, Gamaliel Sánchez Salinas, Juan Carlos Recinos. Sandra Jiménez Gómez, Fabiola Alejandra Calderón A., Diego Aguilar Pérez, Iván Ocaña Castillo Diana Neyreli Pérez Aguilar, Dinora Palma, David Grajales , Rafael González, Hugo Montaño Ramón Martínez Mancilla, Luis Alberto Hernández López, Karen Berenice Beltrán Ozuna CONSEJO EDITORIAL LEGALES Rayuela, suplemento de arte, literatura y sociedad del periódico Péndulo de Chiapas, No. 211 (Edición) Año IV, Sábado 04 de Mayo de 2013. Impreso en 13 Poniente Norte Núm. 639, colonia Magueyito. Código Postal 29000, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México. Teléfono (961) 61 24529. Se prohíbe la reproducción total o parcial de los contenidos sin el consentimiento expreso de sus autores. La redacción no responde por originales no solicitados. Los contenidos, así como parte de los títulos y subtítulos son responsabilidad exclusiva de quien los firma y no representan necesariamente el punto de vista del periódico Péndulo de Chiapas. Correspondencia: angelyuing@hotmail.com

Imagínense que después de un largo rato de trabajo, regresan a sus casas, se acuestan, cierran por algunas horas los ojos, mientras que en la noche alejado de los lugares ruidosos de la ciudad, existe una persona que expresa de otro modo su existencia esa infame manera de ver la vida, durante aproximadamente 5 horas en el que recorre las calles buscando esos lugares donde dejo su corazón, en que con previa antelación ya había visitado, y esa misma pasión que nos motiva hacer el amor, viste ese mundo seco, áspero y frio, revestido de metal, roca, madera y cerámica, en una lienzo artístico. Te levantas y sin pensarlo, vas caminando y donde ayer había un anuncio de Coca-Cola, McDonald´s o algún espacio que el gobierno haya dispuesto, ahora hay un cartel de NEKO. Cada espacio, desperdiciado por un producto chatarra es un espacio que hay que hacer del pueblo, como un medio para fomentar la paz, la justicia y la armonía de quienes en verdad pertenece. Esto es NEKO + que una marca o una persona, es un símbolo de libre expresión

?

QUIERES SABER MÁS www.escritoenlapared.com

Ángel .G. P. Ruiz


Sábado 04 de Mayo 2013

Rayuela 211

Ceremonias de madurez: del melodrama a la tragedia Por Carlos Monsiváis (Fragmento del ensayo sobre la novela “Al filo del agua” de Agustín Yáñez)

L

a generación novelística de Yáñez hereda de sus antecesores directos, los narradores de la Revolución Mexicana (Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán, Rafael F. Muñoz, Nellie Campobello) la idea de la novela como el espacio esencialmente trágico que, en su dimensión alucinada, describe el país donde se produce. Ser novelista, entonces, es indagar en la seriedad profunda de los temas. Y es poseer un "sentimiento trágico de la vida". Y estos narradores de la Revolución disponen del arma inmejorable: la "épica degradada" que el ánimo de sus lectores engrandece, el axioma luctuoso, tantas veces expuesto, del "si me han de matar mañana, que me maten de una vez". En el empeño de una "literatura de madurez", sus creadores aceptan la doble certidumbre: la épica, de-

gradada o no, nada más sobrevive en la pintura mural, en unas cuantas películas, canciones y sinfonías, y la tragedia es el fracaso de la épica tal y como se expresa en la suma de existencias desgarradas. La imposibilidad de la épica se reparte en las atmósferas de José Revueltas, que ve en la militancia otra forma de la desolación (Los muros de agua, Dios en la tierra, Los días terrenales); en la identificación que hace Juan Rulfo de pueblo perdido y vida después de la muerte o antes de la vida (El llano en llamas, Pedro Páramo), y en el clima perennemente represivo de Al filo del agua, donde, a modo de símil del triunfo del prejuicio sobre el instinto, el ejército de beatas se alza para impedir la liberación. Al filo... combina la técnica coral (cada persona aporta una frase o verbaliza una actitud que se incorporan a la marejada informativa) y el río de los desnudamien-

tos psíquicos, donde el lector hace las veces del confesor del pueblo entero, al tanto de lo que piensa cada uno de los aprisionados por tres o cuatro moldes mentales. El libro relata el viacrucis —término insustituible en un orbe lingüístico atado al vocabulario cristiano— de una comunidad que lo es de modo estricto por el impulso de las vidas deshechas (la frustración es el eje comunitario). En el pueblo de Yáñez se reparten equitativamente las funciones simbólicas y los atributos irrenunciables. Por ejemplo, el viejo Lucas Macías es la memoria del eterno retorno de los seres y las situaciones, el monopolista de las palabras de la tribu; Gabriel, el campanero, es el artista al que le es dada la salvación de la huida; el cura don Dionisio es el señor de horca y cuchillo de los espíritus; Luis Gonzaga Pérez es la confusión entre demencia y excentricidad, entre mística y represión sexual;

Damián Limón es el que vuelve al pueblo dotado de esa mínima y máxima información: el conocimiento de la existencia de alternativas. El programa de Yañez fija el paisaje histórico. En el centro de la alegoría, el modo en que el pueblo representa la alianza entre la teocracia y el gobierno de Porfirio Díaz. Hasta donde le es posible, y con barbarie, la dictadura cierra el

03


04 Rayuela 211

país al mundo, y esto, exacerbado en provincia, reanima en sectores de la Iglesia Católica el sueño virreinal: gobernar ciudades de Dios sobre la tierra. A ello contribuye la demolición en la práctica de las Leyes de Reforma, que consigue el pacto semisecreto y semipúblico entre Díaz y la jerarquía eclesiástica. Garantizada la obediencia a la autoridad suprema, ésta, en grandes zonas del país, no se inmuta mientras los curas acorralan a las autoridades municipales y se creen literalmente a salvo de las leyes. A la cesión “territorial” se añade el peso del aislamiento. En sitios alejados de carreteras y vías férreas, la burocracia no depende del poder central, tal y como lo ejemplifica el jefe político don R0mán Capistrán, que reconoce el poder del clero, abandona la irreverencia y el jacobinismo, tan conflictivos, acude a misa, admite los actos de culto externo, y observa pasivamente a los curas combatir la enseñanza liberal de la historia. Con la anuencia de don Román, se quita de la Presidencia Municipal el retrato de don Benito Juárez, y en su incendio, Luis Gonzaga provoca “la reunión en el infierno” de Juárez, Lutero, Enrique viii, Nerón, Pilatos. “Judas es la cara de Juárez.” Y, para mejor ubicar los pensamientos, el padre Reyes examina en el correo los periódicos que reciben los vecinos. Ante esta situación omnipresente en la provincia, el gobierno central se resigna y envía de tarde en tarde tropas que durante un fin de semana vigilan el cumplimiento de las Leyes de Reforma, impiden las procesiones y se retiran. En 1909 ya se saben muchas cosas, y Yáñez utiliza con habilidad el “noticiero histórico” a cargo del viejo Lucas Macías, un compendio de las informaciones del exterior: los ires y venires de don Panchito Madero, el proceso antirreeleccionista, la agitación en el país. Otros personajes hablan de la pobreza, la esclavitud, el resentimiento.

Sábado 04 de Mayo 2013

En la última parte de la novela, el descontento es patente y abarca al propio don Dionisio que, Yáñez mediante, se pregunta: “¿Por qué no ha de ser la revolución el instrumento de que se sirva la Providencia para realizar el ideal de justicia y pureza, inútilmente perseguido por este decrépito cura?” (p. 386) Al borde de la Revolución, se presenta la tecnología: “con esta luz que es como si a uno lo encueraran.” La llegada de la energía eléctrica provoca “el descubierto placer de reunirse y hallar sin sentir el peso del tiempo ni los toques de ánima y queda”. En este contexto, la superstición es el pesimismo inevitable, y el anuncio del

fin del régimen no viene de criterios racionales sino del sentimiento apocalíptico, el temor de las postrimerías, el cometa Halley. El apocalipsis, por así decirlo, se sobreactúa; anuncia en demasía el fin del mundo, de ese mundo cuyos signos desde Patmos, la isla de los rumores, son el reyismo (el movimiento a favor de la candidatura presidencial del general Bernardo Reyes) y las huelgas: “Quién sabe si ustedes vayan a reírse, dice Lucas, pero se me figura que ya nació el Anticristo, sí, no puede ser otra cosa.” El apocalipsis es el exterminio del control absoluto. Por eso Yáñez, que en tanto autor también niega explícitamente las libertades de sus

personajes, hace que en su discurso agónico Lucas Macías le profetice a don Dionisio su desastre inminente, y el torbellino en donde ya viene Francisco I. Madero: —Estamos en el filo del agua! Usted cuídese: pase lo que pase no se aflija, Señor Cura; será una buena tormenta y a usted le darán los primeros granizazos: ¡hágase fuerte! —y luego, como en sueños, como en delirios—: un blanco, chaparro él dizque loco... muchachos y locos dicen verdades... hágase fuerte. (p. 376)


Sábado 04 de Mayo 2013

El poeta debe abarcarlo todo

Rayuela 211

05

“Al final del puente en celestes montañas de domingos enteros habrá una melancolía florcita prendida en la fragilidad.” Nestor Groppa

César Trujillo Desde siempre prosperó más la soledad que el hombre”, de ahí que la palabra se haga humo, espasmo del desdibujado imperio donde Nestor Groppa cabalgaba sobre su Indio de carga , una evocación al “arte negro” que va de los primeros tipógrafos hasta las linotipos para descansar en El tiempo del labrador , como una hormiga que oye repicar las desiertas torres de la cordillera, vive el hombre. Groppa, el poeta, el transeúnte, el bibliotecario, el maestro, el ojo crítico, el periodista, el cronista del “espectáculo de la naturaleza”, ahí donde el hombre se mimetiza, hace que desfilen entes de polvo, caricaturas diacrónicas, barrios bravos de San Salvador, mercados sin banderas, caminos de extravío, ahí donde deambulan ciertos remanentes de la infancia, de la estadía en el pueblo y hasta de Buenos Aires. Oruro, Huari, el lago Titicaca, La Paz, las minas de Potosí, todo el altiplano pulula en sus líneas, son los sitios que le exhibieron las venas de esa época en la que las vías se congestionaban de gente, donde los ríos se tornaban caprichosos y colapsaban sus riveras revolviendo su cauce, donde los cerros eructaban un poco de su tierra, donde los mineros cargaban los mecheros para iluminar su suerte, entre los rieles desalmados. El poeta no se equivoca cuando señala que la memoria está asociada al afecto, a la sensibilidad, ya que la memoria es el ser, es el estar pasando, es la pequeña historia de cada hombre. Tampoco es

solamente el hecho de recordar cosas, sino los sentimientos que la memoria mantiene Ilustración Albertes Quiñones y acerca. “La memoria el único paraíso del que no podrán desterrarnos”, dice un anónimo. Los versos de Groppa son como el viento galopando, como ese marasmo que en el crepúsculo reposa dubitativo. En él aplican aquellos versos de José Martí: “El verso ha de ser como una espada reluciente, que deja a los espectadores la memoria de un guerrero que va camino al cielo, y al envainarla en el sol, se rompe en alas.” Groppa es memoria cargada de viajes, de encuentros y desencuentros. Es la palabra desdibujada en la sincronía del barro hecho escultura:


06 Rayuela 211

La palabra del poeta nunca se basa en el trance de la vigilia y el sueño, o se desborda en descripciones vanguardista. Es la realidad la que lo oprime, quien corta su quimera para azotarla contra el suelo y poseerla. Groppa siempre dijo: “si vos sos sensible a la realidad, y a lo que has asimilado en estudios y lecturas, no podés ignorarla. Yo siempre me digo: tengo que escribir para que me entienda el vecino. No puedo escribir como lo haría un su­rrealista, mi vecino me diría usted está loco.” Groppa fue tejedor de lunas y de ríos; ordenador de años y semillas; arriero de luceros y estrellas dobles siempre aprisionado por el recuerdo de su madre, que lo abandonara tras morir cuando él apenas tenía once años. Siempre arrastrándola para conocerla, para consolarse, para darse palmadas en la espalda y poder seguir mirando al frente.

Todo lo demás es cielo Leandro Néstor Álvarez Groppa, que era su nombre completo, viajó siempre ataviado de una cuerda floja, era esa quien lo ayudaba a “ser claro sin perder la calidad poética, la calidad de la metáfora”, que con la poesía es en cierto modo fundamental. Coincido con Groppa cuando explica

Sábado 04 de Mayo 2013

que nadie está encerrado en una torre de marfil ni en una burbuja, partiendo de acontecimientos inmediatos, de acontecimientos que no se aíslan. De ahí que la condición del poeta sea la del hombre que se conduele de lo que está ocurriendo en otros lados, porque, al final de cuentas, “el poeta debe abarcarlo todo”. Cito: “El arte es producto del hombre. El hombre está en un lugar del mundo y del tiempo, rodeado de cosas y le llegan los ecos del mundo. ¿Puede ignorar todo eso, más sus sentimientos –importantísimos–, más su complejidad de hombre que lo hace ser de tal modo y no de otro, en la vida con todos? ¿Puede el hombre, que debe ejercer ‘el oficio de vivir’, estar ausente de la vida? El hombre quiere expresarse y compartir, comunicar. ¿Cómo logra compartir?, ¿siendo hermético o claro? Todas son preguntas innecesarias. Y las respuestas también son innecesarias. Para unos la poesía y la vida son obvias, no necesitan explicación, ¿para qué o qué vas a explicar? Creo que Picasso se preguntaba si un canario podría explicar su canto o explicárnoslo nosotros. Me disgusta la “anatomo­patología” de un poema. Además, cuando se teoriza, se corre el ries-

g o desalentador al comparar el resultado de lo conseguido con lo sustentado en la teoría. Ya perdí la costumbre de las inacabables polémicas del “café literario”, después de mi juventud en él. Hay tanto para decir. Que cada cual diga lo que siente.


Sábado 04 de Mayo 2013

Rayuela 211

Eso sí. Si por el poema no circula sangre, linfa, savia (sentimiento, emoción, ángel) hay que velar el poema. Y es una pena. Una pena más que el hombre agrega a sus posibilidades de maravillas. Por último, una copla que cantan en la boca del Chaco. Dicha con todo respeto, sin que nadie se sienta lastimado: No cantés más cardenal/ en medio de la lorada/ son capaces de arrancarte/ la pluma más colorada.” Groppa, aquel poeta que fungiera como bibliotecario en San Salvador de Jujuy, ha logrado quedar en la historia de su país. Nació en la provincia de Córdoba el 17 de junio de 1928, aunque años después se afincó en Jujuy, donde fue alcanzado un 4 de mayo del 2011 por el beso frío y aprensivo de la muerte. He aquí un fragmento de su obra.

La conexión eléctrica Llovía. Los obreros estaban con sus caparazones de plástico negro y vivos anaranjados y azules y amarillos subidos a un púlpito casi al final de la escalera de la lluvia. Manipulaban viboritas eléctricas adormecidas en el interior de los cables; separaban los voltios reacios; apartaban las chispas y sus almas tratando de endilgar la procesión de la luz hasta un fornido pacará frente a la demolición de la casa vieja. Tijereteaban savias magnéticas, potencias, tallos y voltios en ese espinoso jardín de amperes con flores mortales acechando en la noche que conforma el techo de las luces.

07

Ninguno advirtió que la maquinaria sosteniendo al púlpito sería un caballo de Troya cargado de jardineros electricistas colgados del cielo por la cintura; pegados a los postes con derrames de agua. Y de pronto el grito y le aumentaron aplausos por la hazaña de haber renovado la cadencia de la luz sin despertar a las víboras del voltaje de su sueño continuado, sin apagar los espejos de Emmanuel que seguía cortando cabezas a la navaja en su peluquería reciclada, abajo -estilista élentre aerosoles, cortinitas, cremas y cumbias de la radio.


08 Rayuela 211

Sábado 04 de Mayo 2013

Ricardo Garibay, luchador incansable de las letras Liliana Jiménez Mota

N

acido en Tulancingo, Hidalgo, el 18 de enero de 1923, se dedicó a la escritura, periodismo, cine, teatro y televisión. Con un espíritu rebelde y apasionado, el escritor tenía bien definida la convicción de su oficio: “Desde los 17 años viví para leer y escribir. Hice 3 carreras universitarias y no me recibí de ninguna, no tengo ningún titulo; leer y escribir, todo lo demás lo pasé frívolamente. Mandé al carajo la vida; tenía un compromiso, escribir”. Así es: Garibay estudió Derecho, Filosofía y Psicología, pero no se tituló en ninguna. Sin embargo, fue becario del Centro Mexicano de Escritores de 1952 a 1953, junto con Juan Rulfo y Juan José Arreola; y se desempeñó como jefe de prensa de la Secretaria de Educación Pública en 1953. Además, fue profesor de literatura en la UNAM y Presidente del Colegio de Ciencias y Artes de Hidalgo; y entró al Sistema Nacional de Creadores de Arte en 1994, como creador emérito. “Escribir es un acto de amor, muchos momentos en la escritura son un verdadero orgasmo”, afirmaba Garibay, quien, en 1965, ganó el Premio Mazatlán de Literatura por Beber un caliz; y en 1975 obtuvo el Premio al Mejor Libro Extranjero Publicado en Francia por La casa que arde de noche. Galardonado también con el Premio Nacional de Periodismo en 1987 y el Premio Narrativa de Colima en 1989, el escritor colaboró en Plural, Revista de la Universidad de México, Revista Mexicana de Literatura, El Universal, Novedades y Excélsior, entre muchos otros. En televisión condujo los programas Autores y libros, Poesía para militantes, Mujeres, mujeres, mujeres, A los normalistas con amor, en Canal Once; y en Imevisión, Temas de Garibay y Calidoscopio. La obra de Ricardo Garibay se compone aproximada-

mente de 50 libros, en los que exploró diversos géneros: novela, cuento, ensayo, crónica, reportaje, guión cinematográfico y teatro. Algunos de sus libros son Beber un caliz (1965), La casa que arde de noche (1971), Rapsodia para un escándalo (1971), Aires de blues (1984), Oficio de leer (1996) y Feria de letras (1998). En sus guiones cinematográficos figuran Lo que es del CésarEl mil usos (1971) y El Púas (1991). En teatro se encuentran Diálogos mexicanos (1975), Mujeres en un acto (1978) y ¡Lindas maestras! (1985). Entre sus reportajes aparecen Nuestra Señora de la Soledad en Coyoacán (1955), AcapulcoChicoasén (1986). (1970), (1978) y El escritor falleció de cáncer a los 76 años, heredando un amplio acervo de letras. “Tengo pocos diálogos, tengo pocos amigos, pero son indispensables para que viva, para que entienda que la vida tiene algún sentido. Yo solo, metido en mi pequeña biblioteca, me consumiría pronto. La soledad hace sufrir, uno necesita del otro, oír la voz del otro, fuerte, para poder vivir”.


Sábado 04 de Mayo 2013

Rayuela 211

Garibay Por Garibay Mi padre se llamaba Ricardo Garibay Zendejas; mi madre, Bárbara Ortega Céspedes; la sangre de él venía de Jalisco, de Autlán de la Grana; La de ella, de Metztitlán, en Hidalgo. Ambos tenían un amor muy preciso por leer y escribir; escribían con pulcritud, hasta con hermosura, y él leía como a nadie he oído mejor: los versos brotaban con misterio de su voz, musicales y dolorosos, y la prosa conseguía una como grandilocuencia natural que la alejaba de quehaceres cotidianos. Así, desde el principio supe que esas tareas, leer y escribir, siendo cosa de todos los días, son lujo. Mi abuelo materno, que murió santo, se llamaba Domingo Ortega y hacía versos; su primogénito, Domingo Ortega también, era poeta de inspiración frondosa y brillante, y anda en antologías hidalguenses. Éste fue mi primer maestro, el más severo de cuantos he tenido. Su saber y su memoria eran grandes; en su poesía hay oro macizo. De no haber existido su mexicana provincia —que es espíritu enjuto y voraz— ahora iodos juntos diríamos sus poemas. Me hablaba de clásicos, de románticos, los recitaba sin término; me sometía a ejercicios de rima y de ritmo, enderezaba mis adjetivos, los aplaudía, los tachaba; se alegraba de mis esfuerzos, pero buscaba constantemente contagiarme la humildad que la vida le había hincado en el alma; detrás de cada elogio aparecía la censura, la corrección, la exigencia. “No está mal, está bien, este verso es muy bueno, es muy bueno... pero acuérdate, fíjate en los acentos... estás lejos todavía…” Detrás de su amor vigilaba su asco por el envanecimiento. Murió como si tuviera cientos de años, de tan sabio, de tan resignado, de tan desdeñoso de sí. Su retrato está en la pared principal del aula principal de la escuela en Metztitlán; desde allí sus ojos, un poco de águila, un poco esa tranquila y soberana furia, contemplan el caserío y

09

los campos que él tanto amó, los que pudrieron y devoraron su destino. Mi abuelo paterno, José de Jesús Garibay, fue jefe político de muchos pueblos durante el porfiriato; era coronel temible y versificador melancólico, y de sus hijos, Jaime Garibay era amigo de Abreu Gómez y ganó juegos florales de poesía en los años veintes.


10 Rayuela 211

Mis dos abuelos se conocieron en Molango una noche, pronto hará un siglo. Como número fuerte de la fiesta ambos dijeron sus versos. No se volvieron a ver, ni nada en mucho tiempo fue indicio de que se juntarían conmigo. Es decir: la literatura era ejercicio tradicional en mi casa, por las dos ramas. Los autores —españoles, franceses, mexicanos— eran viejos conocidos, personas amadas, personas de nuestra intimidad. No que fuéramos casa de gran biblioteca, quehaceres literarios profesionales, amistades eminentes entre los hombres que escribían entonces; pero siempre hubo allí libros y lecturas y un soñarse ilustres porque vivíamos con la certeza de ser familia de escritores y que los escritores son gente que guarda un secreto precioso. Y era como si pensáramos: "Alguno, alguno habrá de lograrse, esperamos desde quién sabe cuándo, alguno de nosotros tendrá que ser; y entonces verán, verán los demás entonces por qué aparentemente no éramos nada ni nadie." Mi padre, viéndome abandonar la carrera de abogado, leer y desvelarme escribiendo, embestir obstáculos que yo mismo multiplicaba a mi alrededor y no atinarle al éxito desde ninguna trinchera, decía con pena y con esperanza: "Éste ya tropezó, ni modo... Ahora, lo de ser escritor... pues a ver si sale, aunque no sea gran cosa, pero a ver si sale." Salí; aunque todavía espero no cumplir com-

Sábado 04 de Mayo 2013

pletamente su esperanza. El clima de mi casa era severo: principios sólidos, duros como hierro, y catolicidad vigilante, sin muchos rezos, como conciencia diaria de ser y de deber ser. Nací en 1923. Mi infancia, mientras escribo esto, se me aparece bajo tres luces: el terror ante mi padre, la exasperación y la fatiga en el templo, la algarabía y la guerra en la calle. Es posible que en cualquiera otra ocasión se me aparezca bajo luces diferentes. Era yo vivaz y cobarde y vivía cercado de pesadillas. En la escuela hacía con fácil velocidad los trabajos de los más fuertes, para que me protegieran contra los más débiles. Yo no peleaba por nada del mundo. Hace unos años le propuse a un escritor amigo un cuento, que él escribió y yo no he podido escribir: un niño a la hora del recreo es amenazado por otro: pelearán "a la salida"; entre el recreo y el fin de clases hay dos horas, y durante dos horas agoniza el niño primero esperando el momento de los golpes, mientras el maestro habla del género gramatical, la fronda de un manzano se mece en el patio, y los muchachos se pasan de pupitre a pupitre apresurados papeles que hablan de la riña inminente. A mis doce años dijo una maestra: "Garibay tiene facilidad para redactar." A los trece escribí varias cuartetas y un soneto. Mi madre decía, a propósito de cualquier cosa: "Un soneto, ha escrito un soneto." Comencé a escribir a

toda hora en la preparatoria, a los diecisiete años. Me animaba Erasmo Castellanos Quinto, amado, sapientísimo. En 1941 leer y escribir eran ya mis ocupaciones exclusivas. Con Henrique González Casanova, Fausto Vega, Gustavo Galindo —desgraciadamente hoy banquero— y con Juan Noyola —tan respetable después, tan lamentable su muerte— discutía yo sin respiro y con perfecta ignorancia problemas que veíamos accesibles y que otros jóvenes —los de todas las épocas, supongo— tampoco han resuelto: A dónde vamos y de dónde venimos, o Qué es la tragedia, o La existencia o inexistencia de Dios. Después, años profesionales, Facultad de Jurisprudencia, Facultad de Filosofía y Letras, El Colegio de México, teatro experimental. Nada de aulas, mucho billar, gimnasio, amor —"tan cerca de mis ojos, tan lejos de mi vida", por supuesto—, libros y música y soledad. No la soledad de veras, que se ha vivido momentáneamente en años adultos, sino la que el hombre de veinte años fabrica dinamitando puentes a su alrededor, la que viene de la madurez del embrión, de la congestión de riquezas apenas esbozadas alma adentro. Ya sabemos que tiempo andando esas riquezas

se esfumarán y en el alma quedarán sólo palabras: humo de la baca en el jeroglífico chino. Esos años, 1942 a 1946, confirman mis ineptitudes y mi vocación. Son años de gimnasia literaria. La Biblia, la Iliada y la Odisea muchas veces, Siglo de Oro español, franceses, ingleses, alemanes, americanos y mexicanos de este siglo. Proust, Joyce, Faulkner, Wassermann, Vasconcelos, Gabriel Miró, García Lorca, San Juan de la Cruz, Bach, Beethoven, Debussy son principales. Escribía —escribíamos— todas las madrugadas, caminábamos todas las noches de punta a punta el Paseo de la Reforma, hablábamos y fumábamos. Nuestra facha era casi surrealista: éramos grandes señores nocturnos llenos de rencor, sin fortuna, sin mujeres, sin vicios, sin virtudes, greñudos y presagiosos; los que ya nombré y Rubén Bonifaz y Jorge Hernández Campos. Guardo —no sé por qué no las quemo, no lo sé— cuatro cajas grandes con mi literatura de esos años.


Sábado 04 de Mayo 2013

Rayuela 211

Anaqueles Crónica - Ensayo

Los rituales del caos De Carlos Monsiváis Sí, además de la realidad, algo se opone a lo uniforme, son las crónicas urbanas de personajes y creencias. Así, por ejemplo. Este auge de lo diverso admite la convivencia, divertida o resignada, contradictoria y complementaria, de Luis Miguel y el Niño Fidencio, de El Santo, el enmascarado de Plata, y el Metro, de Sting y los coleccionistas de pintura virreinal. Lo antes mencionado, en un sentido digamos que positivo, apunta al caos. Y mientras esto acontece, son los rituales, esa última etapa de permanencia, los que insisten en la fluidez de lo nacional. En la más intensa de las transformaciones concebibles, las ceremonias, objeto de estas crónicas, aportan las últimas pruebas de continuidad.

Novela

Adiós Hemingway De Leonardo Padura En la memoria de Mario Conde todavía brilla el recuerdo de su visita a Cojímar de la mano de su abuelo. Aquella tarde de 1960, en el pequeño pueblo de pescadores, el niño tuvo la ocasión de ver a Hemingway en persona y, fascinado, se atrevió a saludarlo. Cuarenta años después, abandonado su cargo de teniente investigador en la policía y dedicado a vender libros de segunda mano, Mario Conde regresa a Finca Vigía, la casa museo de Hemingway en las afueras de La Habana, para enfrentarse a un extraño caso: en el jardín de la propiedad han sido descubiertos los restos de un hombre que, según la autopsia, murió hace cuarenta años de dos tiros en el pecho. Junto al cadáver aparecerá también una placa del FBI. Mientras Conde trata de desentrañar lo que sucedió allí en una noche decisiva de octubre de 1958, el lector asiste a los últimos años del escritor norteamericano, a sus obsesiones y a su entorno habanero, desde donde refulgen algunos objetos inquietantes, como un revólver del calibre 22.

Novela

El obsceno pájaro de la noche

De José Donoso La voz que narra este relato, fluye infatigable de los labios del Mudito, como en un viaje desde el ser hacia la nada, elaborando un mundo destinado, por la maldición intrínseca de la existencia al deterioro, la pérdida o la confusión de cualquier identidad posible. Las viejas que pueblan la Casa de la encarnación de la Chimba y los monstruos de la Rinconada, ilustran cada matiz de la desesperación y cada uno de los ínfimos placeres cotidianos. Ésta es sin duda, la obra cumbre de José Donoso.

11

La teoría del pobre perpetuo Tereixa Constenla

E

l antropólogo Marc Augé analiza en su nuevo ensayo las tensiones causadas por el fracaso de las utopías Marc Augé (Poitiers, 1935) lleva toda la vida observando humanos. Estuvieran en Togo o en el metro de París. Acaso sea esa curiosidad la que explica que el africanista se hiciera famoso por acuñar un concepto ultramoderno y superurbano, que pasaría desapercibido en boca del comisario de una feria de arte conceptual y que en la de Augé sonó a teoría para desbrozar el presente: los no-lugares, esos espacios anónimos que no son de nadie y son de todos como los aeropuertos, los supermercados o las autopistas. Pero dado que considera al etnólogo un “testigo del planeta” y al antropólogo “un especialista del presente”, no resulta extraño que Augé, con su ojo avizor, se vaya metiendo en todos los charcos, ya sean suyos o ajenos. El último es un ensayo titulado Futuro (Adriana Hidalgo editora). ¿No es una paradoja en un examinador del hoy? “La paradoja reside en otro aspecto: la generalización de los problemas. Un etnólogo es un especialista de lo local, que no significa lo mismo que hace tiempo. Ha habido un cambio de escala y todo tiene ahora una dimensión planetaria. Esa es la paradoja: el etnólogo estudia la realidad social en un contexto y, hoy en día, el contexto es siempre planetario. Incluso para una pequeña tribu amazónica”. Esa globalización, que va por partes, está al comienzo de un miedo que paraliza principalmente a las sociedades que antes vibraron con pujanza. Augé considera que hay temor a imaginar el futuro y una de las razones reside en lo que se ha perdido sin que nada ocupe el hueco. “En el XIX aparecieron las utopías, pero en el XX hemos visto que han fracasado, como el comunismo, y ha aparecido una utopía liberal cuyas dificultades estamos viviendo hoy día. Eso da miedo. Y también el hecho de que tenemos la idea de que lo que ocurre en una parte le concierne a todas. La economía y la tecnología son globales y la sociedad y la política, todavía no lo son. Esa tensión entre los aspectos tecnológicos y económicos con los sociopolíticos es una razón de incertidumbre y miedo”. Si no hay utopías para sustituir a las utopías, ¿cuál será el

camino? Aunque Augé entrecierra los ojos con complicidad en la primera parte de su razonamiento —“es bueno que no haya utopías”— retorna a su sosiego afable para completarla. Él ha vuelto los ojos hacia la ciencia y su método. “La ciencia trabaja a partir de hipótesis. Cuando no funcionan bien, las cambian. Es todo lo contrario de lo que ocurre en el sistema político. Si hay un buen futuro posible es a partir de esa actitud científica perpetuamente revisionista —opuesta a la de las ideologías— y a la fidelidad a principios como los derechos humanos, la educación o la igualdad”. El antropólogo es rotundo sobre el fracaso de la utopía del XX — “la democracia representativa y el mercado liberal no han tenido éxito”, esgrime— y la necesidad de un cambio que no será definitivo y tendrá su trance conflictivo: “No es una constatación pesimista, la Historia siempre ha sido violenta”. Y añade: “La desigualdad entre los más ricos de los ricos y los más pobres de los pobres crece; y también crece entre los más instruidos y los analfabetos en los países emergentes. Eso genera violencia, pero también significa que la Historia no se acabó, que no tenemos la última fórmula como pensaba Fukuyama”. Y esta crisis, digan lo que digan los presidentes de Gobierno, equivale en su opinión a la temible de los 30. Peor en duración —“Esta es a escala planetaria y por eso requiere más tiempo”— pero no en remedios: “Fue la guerra lo que permitió salir de la crisis de los 30, hoy día no es posible una guerra pero hay otras formas de violencia”. La pirámide social de quien dirigió durante una década de L’École des hautes études en sciences sociales introduce nuevas definiciones. En el vértice superior: una élite mundial ocupada por poderes de siempre y nuevos poderes —las multinacionales y las figuras de éxito global en el deporte, la cultura o cualquier otro ámbito—. A continuación, una masa que el antropólogo identifica por su función social: consumir. “Tenemos el deber de consumir porque es el motor del sistema. Si no lo hacemos bien, se desatan las crisis”, afirma. En tercer lugar: los excluidos, sea de la riqueza, sea del conocimiento. Y ahí seguirán dado que el sistema no tiene estímulos para incluirlos en el circuito económico y, por tanto, arrancarlos de su periferia social.

“No es necesario crear nuevos consumidores, solo es necesario que los que ya existen consuman perpetuamente”. Su conclusión da para poca fiesta: “Los pobres tienen que acostumbrarse a ser pobres a medio plazo”. De esto escribe en Futuro y de esto habló en el Círculo de Bellas Artes, en Madrid, durante su participación en el seminario El futuro que llega. Un porvenir marcado también por redes sociales y tecnologías de la comunicación, que pueden servir para lo mejor y para lo peor. “Son un medio para conocer a otros, pero existe el riesgo de que se tome por otro mundo distinto al real. Es una tontería decir ‘tengo dos millones de amigos’. Internet no significa nada si simultáneamente no se hace un esfuerzo considerable en educación. Cometemos un gran error si pensamos que sustituye a la educación y formación de los niños. Me preocupa que la adquisición de medios tecnológicos no tenga como finalidad tener un conocimiento real, la finalidad es la del mercado: vender”.

copenmchiapasde2013rayuelade2013notichiapas  

noticias de chiapasde2013

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you