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La Máquina Hamlet No creo en una historia que tenga pies y cabeza.

Rayuela 225 Sábado 10 de Agosto de 2013. Año IV. Suplemento sabatino de arte, literatura y sociedad

Heiner Müller

Denme una beca

Marcelino Champo: @marcechampo & emarcelinochampo@gmail.com

Poetas

U

ltimamente hay una palabra que está haciendo ruido en el interior de mi cabeza, algo así como una especie de duende irlandés martillando mi cráneo, esa palabra es: becario. El becario se origina principalmente por un supuesto azar (bendición o desgracia) que lleva a un mortal a recibir determinado dinero para hacer o deshacer un proyecto cuyo proceso se empeña en disfrutar, o por lo menos sobrellevar muchas veces a marchas forzadas, es sin duda un espécimen raro, envidiado por el vecino o el compañero que con sonrisa homicida estrecha su mano en los pasillos de la biblioteca, en las salas de cine, en el salón de ensayos o en las oficinas de alguna institución cultural. Becario es, pues, una palabra que vive en los labios de muchos artistas y que se instala en polos opuestos: el triunfo o la frustración. Existe una época del año en que todo creador quiere e intenta pasar de su condición independiente (condición que por lo regular raya en la carencia) al pequeño sector cuya luz es ostentar un apoyo económico de parte de alguna institución. La lucha por lograr tal cometido es encarnizada, ocasionalmente carente de reglas, otras veces (muy pocas) justa y limpia, se logran triunfos, pérdidas como en la toma de Troya, enemistades, alianzas, aplausos, vituperios y tal vez un acostón. Sin embargo, tener el refrigerador lleno y el alquiler cubierto bien lo vale, es decir, se acepta la travesía, a pesar de la austeridad del terreno. ¿A estas alturas de la vida qué significa ser un becario? Quizá es apelar a la tranquilidad por un año (o los que dure la beca), tener la seguridad de que el gato y tú comerán decentemente, tener la pasta necesaria para ir a un hotel con jacuzzi en compañía de algún amante, comprar aquellos libros que tanto viste y ojeaste con añoranza en las librerías, darte el lujo de viajar, terminar por fin ese proyecto que lleva meses fermentándose en la gaveta del escritorio, en fin la vida en cierta manera se simplifica. Mientras tanto los demás clavan sus ojos como quien ve la frontera del sueño. Ahí estamos muchos, la mayoría. Es por eso que quien lea esto lo invito a darme una beca, la que sea, me es urgente llenar ciertos vacíos, el de mi cartera principalmente, comprar la obra completa de Capote, ver algún partido de la Champions en un bar con pantalla gigante, ir con mi pareja a un hotel decente que incluya servicio de bar y cama amplia, disfrutar una buena cena en un restaurante italiano, esterilizar a mi perro y por supuesto terminar de escribir esa novela que me ha tenido con insomnio las últimas dos semanas. Anímense, denme una beca, no se van a arrepentir, prometo incluir sus créditos en la publicación de mi libro.

chiapanecos

Marcelino Champo

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Editorial Rayuela

DIRECTORIO Noé Farrera Morales DIRECTOR GENERAL

Noé Juan Farrera Garzón DIRECTOR EDITORIAL PÉNDULO

Ángel Yuing Sánchez COORDINADOR Y EDITOR

Á. Gabriel P. Ruiz

Un breve bosquejo de la poesía chiapaneca

DISEÑO

Javier Ríos Jonapá PRODUCCIÓN E IMPRESIÓN

Misael Palma, César Trujillo, Ornán Gómez, Marcelino Champo, Pascual Yuing, Chary Gumeta, Karen Berenice Beltrán Ozuna CONSEJO EDITORIAL LEGALES Rayuela, suplemento de arte, literatura y sociedad del periódico Péndulo de Chiapas, No. 225 (Edición) Año IV, Sábado 10 de Agosto de 2013. Impreso en 13 Poniente Norte Núm. 639, colonia Magueyito. Código Postal 29000, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México. Teléfono (961) 61 24529. Se prohíbe la reproducción total o parcial de los contenidos sin el consentimiento expreso de sus autores. La redacción no responde por originales no solicitados. Los contenidos, así como parte de los títulos y subtítulos son responsabilidad exclusiva de quien los firma y no representan necesariamente el punto de vista del periódico Péndulo de Chiapas. Correspondencia: angelyuing@hotmail.com

Nombre del artista: ILUSTRACIÓN REDACCIÓN RAYUELA

Título: RAYUELA 224

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a poesía en Chiapas avanza a pasos gigantescos y se distancia, firme, de la poesía que emana del centro y norte de la República. Las generaciones evolucionan y los poetas deambulan en las periferias de la muerte. Son sus versos los que despiertan a los fantasmas y rechazan la oligarquía y el imperialismo que aprisiona a la nación. Sus imágenes son las que pululan en las gargantas aguardentosas, en el vaho del atardecer que sabe a bruma. Son varios los trabajos que se han hecho sobre la poesía en Chiapas y la hermandad con Centroamérica es notoria. Hay varios grupos poéticos en México partiendo de los oficialistas del Círculo de Poesía hasta el interesante grupo de poetas chiapanecos que emanan desde los 70, 80 y 90. La nueva camada de poetas tiene una ruptura con la tradición poética de Rodulfo Figueroa, Jaime Sabines y Rosario Castellanos, incluso se alejan de la poesía de Efraín Bartolomé, Socorro Trejo, Marisa Trejo, Óscar Oliva y Juan Bañuelos, quedando ciertos lazos de Raúl Garduño y Joaquín Vázquez Aguilar. Los poetas de hoy hay marcado un compromiso con el México que se tiñe de rojo y que sufre ante la apatía de las autoridades. Las voces de René Morales, Rodolfo Girón, César Trujillo, Fernando Trejo, Félix Camas, entre otros, muestran ese dolor ante la impotencia. “Nos podrán quitar todo menos la palabra.” Y esas voces se escuchan fuertes en las lecturas marcando una postura ante la ingobernabilidad, ante la indiferencia. Los poetas que hoy engalanan las páginas de Rayuela no son todos los que Chiapas tiene, pero son los que en más constante actividad se encuentran. Los que creemos que han estado en constante movimiento, en constante comunicación con la gente. Por ejemplo, la voz de Rodolfo Girón cabalga de la mano del verso ligero, sombrío. Su poesía tiene el ritmo, tajante y suena fuerte como su voz, como ese potro que marcha sobrio, ataviado de paroxismo. El romanticismo se aferra a su piel y siempre deja esa relación inconclusa, dubitante, de los hechos, a propósito. Su poesía siempre va cargada de protestas y puede caber en un vendaval que azote el instante.


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Caso similar es el de César Trujillo, un poeta que desata su dolor y lo atavía de romanticismo, renovando constantemente la mirada desolada y el vacío. Sus versos son frescos y trastocan el sendero urbano, sin dejar en el olvido la nostalgia que arrastra por su terruño. Su desencanto se palpa en algunas de sus letras y sus muertos siempre caminan a su lado. Sus versos se desbocan a borbotones hasta desenfrenarse en caídas que lo llevan a visitar constantemente su infierno en sus laberintos, en su lugar donde termina el país de las maravillas. Es quizá el mismo infierno que lo hermana con René Morales, un poeta que hace que la carencia de imágenes englobe todo el texto. Sus versos son hijos de la nostalgia y de la desazón del tiempo que se deshace en sus manos, en esas líneas blancas que erizan el cielo hasta tomar la foto con un perro negro. Los versos de René son un canto a la muerte viva, al ocio, al caos, a la inmovilidad destazada que inunda, melancólicamente, el mundo. La misma nostalgia deambula la poesía de Fernando Trejo, el amor y el azoro se toman de las manos en sus versos para perderse en un instante, en una bocanada de luz. Lo urbano camina siempre entre sus líneas y el hogar es parte importante de su quehacer poético. Sus imágenes rayan en la nostalgia que escarba en las lágrimas hasta pararse, de tope, en la realidad. Caso contrario es Raúl Vázquez y su lenguaje subversivo. Su filosofía y su constante cuestionar el tiempo y la razón son una constante. Su yo siempre deambula como parte importante del paisaje hasta que la memoria despierta y la vida fluye sin encontrar la luz, arañando la oscuridad que se difumina con la metáfora. La poesía de Félix Camas, por su parte, siempre busca el cuerpo de la mujer amada, el cuerpo perdido o deseado, ese cuerpo erizo que espina la lengua y descose las pupilas. Es el verso libre el que lo azota a la cosmovisión de creador y lo guía entre lo sicodélico del tiempo y el sin sabor de la noche. La soledad no es parte de su estancia sino su condición. Ese cuerpo femenino, esa mujer que cami-

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na entre las líneas llega de pronto con Matza Maranto y su poesía que erotiza el tiempo, esa misma que corroe la madurez y se aprisiona en el amado, en el deseo, en la idealización del amor que cura la nostalgia. Ese mismo deseo es el que aprisiona los versos de Berona Teomitzi, esos versos que se tornan contestatarios y que reclaman al tiempo lo perdido. El cuerpo arde y la voz de la mujer brota de la nada para gritar su existencia, para agarrar al mundo del cuello y sacudirlo para enseñarle la realidad que se hace fuego. Algo similar pasa con Darwin Petate, un poeta que ha expuesto la problemática de la homosexualidad y la homofobia que lacera las ciudades. Tuxtla arde y se desnudan los gustos y la lujuria, sin perder esa nostalgia y ese amorodio, cuando sus versos brotan como el alquimista desenfundando fuego. Ese fuego es el que pulula en lo versos de Julio Solís, un joven que busca la fórmula de Duvalier y que la aprisiona entre su tinta. La alquimia de sus versos traspasa tiempos y fronteras y desnuda el todo. La nada es un lugar deseado en la sin razón del verbo existir. Es el mismo deseo el que camina en los versos de protesta de Luis Enrique Moscoso, esos versos que le cantan al México derruido, al sistema pútrido, a los gobiernos estériles, al hombre hecho eunuco. Como el dolor que emana de los textos de César Nanguyasmú, un poeta que reclama a su tiempo la indiferencia y se reclama la soledad y la nostalgia en esta urbe que hiede y huele en instantes disimiles. Las voces deben cerrar con Andrea Abarca, la poeta que retorna de Uruguay con una carga emocional ingente, donde sus versos son una bomba de tiempo y Verlaine y Rimbaud convergen en líneas distintas. Su poesía es un flashazo que deslumbra y la voz femenina de la mujer en la poesía del siglo XX se puede palpar. Sin más qué decir, dejemos que Silvio Rodríguez les cante Playa Girón.


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El arrojo de una letra crea Por Andrea Abarca “A negro, E blanco, I rojo, U verde, O azul: vocales algún día diré vuestro nacer latente:” “Vocales” de Arthur Rimbaud En un principio existía el reposo caótico (a propósito de violaciones expresivas en la poesía) que para crear todo lo palpable e invisible, el Demiurgo que ahora reside en nosotros tuvo que poner en marcha su más alto sentido poético, para estructurar la base del Universo, a partir de la genialidad iconográfica y oral de las letras. Las pinturas rupestres fueron la prefiguración del sistema escritural de los sumerios, egipcios y fenicios por mencionar los más antiguos, pasando por el arameo, hebreo, griego y el latín que fundamentan la escritura de la era antes y después de Cristo, hasta la llegada de la época contemporánea que hoy nos compete. ¿Acaso solamente Arthur Rimbaud en la Europa Occidental con su poema “Vocales” o Louis Zukofsky en América del Norte con su poemario titulado A u Oscar de la Borbolla al centro de México con sus Vocales malditas fueron algunos a quienes se les pudo conocer por la invención de una obra basada en la esencialidad del lenguaje? No. En Mesoamérica tenemos al defeño Carlos H. Selvas (conejo por adopción en Tuxtla Gutiérrez) con su poemario intitulado Lúdico Abecedario. Pensar en el pensamiento de manera lineal y sustancial, es tan dificultoso como describir las virtudes de uno mismo, y tan complejo como ascender al grado del lirismo al lenguaje cuando habla de sus propios signos, ya sea en forma de vocales poetizando vocales o abecedario cantando a las letras. Para existir hay que nombrar (Nombro luego existo). Todo lo que existe, sin tener en cuenta las corrosiones del tiempo, fue creado por las letras; entonces, ¿cuando un poema alude a las letras mismas existe doblemente? La partida es dual, por tanto, cada poema que refiere a una letra es capaz de crear un cosmos dentro de cierto número de páginas, gracias a las combinaciones infinitas del poeta dadas por su imaginería cabalística. Para el occidental son veintisiete caminos, mientras para el hebreo son veintidós. Las posibilidades de llegar a la “Ítaca” (nombre metafórico de la poesía por Constantino Petrou Cavafis) van de la A a la Z. Por ello, en el primer poema que inicia con la A de Carlos H. Selvas hay una articulación de profecías que invaden el mundo, lo escurre en fuego, lo envuelve en vórtices que dan lugar al caos, al origen: “Arde el mundo Fúnebre vorágine/ pronunciando urbanas profecías/ Áridas tinieblas Insigne causa/ Abismada indolencia Artificios/ Sutil disparidad incognoscible/ Fúrico embargo Impronto oleaje”; de ahí que Lúdico Abecedario se instaure como rito del ritmo disparatado y a veces atropellado de los versos, sin importar reglas de puntuación, ya que las pausas repentinas las dan las letras mayúsculas. A causa de esto Selvas argumenta: “Nadie exige que una constitución sea escrita en verso, pero, sí quisieran que los versos fuesen escritos constitucionalmente […] la poesía es búsqueda incesante, soledad permanente, rebeldía infinita.”; Carlos H. Selvas cree en una poesía insubordinada como León Felipe: “Deshaced ese verso/ Quitadle los caireles de la rima,/ el metro, la cadencia/ y hasta la idea misma./ Aventad las palabras,/ y si después queda algo todavía,/ eso/ será la poesía.”; el poema final que parte con la Z inicia con la palabra zozobra, vocablo que mejor representa gráficamente a la vigésima séptima letra del abecedario, por tener dos sílabas zumbantes de tres.

Amanecer del árbol Para Alfonsina

Amanece No me alejo Esto de caminar y andar la voz un tanto muda Esto de ser y ya no ser El humo Hay bocas hablándome al oído Silencios que retumban Hojarasca que sólo pisan los fantasmas de mi cuerpo Porque todos tenemos en el alma algún fantasma Nos habitan Y de pronto nos van dejando solos Es el motivo tu voz de estar un poco a oscuras De acomodar el librero pensando que detrás de alguna vuelta asomarán tus ojos cercanos a las páginas de un libro Amaneces en todos los amaneceres de mi pecho Ahí sostengo esta voz al filo de la tarde y los árboles me imitan Suenan abrazan una nube que permanece blanca Y amanece Me alejo Esto de caminar y andar la voz un poco ya de día Inédito. El poema que encabeza y concluye a Lúdico Abecedario circunscribe espirales, figuras que acertadamente simbolizan prolongación: “Zozobra el frágil pecado Simulaciones/ que habitar debieron sobre raíces del viento que va y viene en la espiral y bajo/ la espuma de un relámpago herido/ impersonal y profundo como un pez que distante despierta […]” que se complementa con “Arde el mundo Fúnebre vorágine/ pronunciando urbanas profecías”; nótese la filtración de la muerte en las hendiduras del poemario ya que Lúdico Abecedario está dedicado a su hijo extinto Gerardo Iván Selvas Rojas. “La vida no es más que un préstamo/ a determinado plazo que Dios gira/ al portador y nominalmente etéreo” dice Carlos H. Selvas en el poema de la L; letra con que inicia el nombre del poemario Lúdico Abecedario y que a su vez se encuentra casi en el punto medio en el orden del abecedario castellano. Estrategia discursiva que a mitad de la vida de la especie humana, según las variaciones de los índices de mortalidad, los sujetos caen absortos ante el azar y un sacrilegio judío contra la palabra emet que en hebreo es vida, borre la primera letra y diga met (muerte) y todos los poetas mueran como el Golem.

Fernando Trejo Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1985. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Diplomado en Guión Cinematográfico por el CUEC-Descartes. Ha publicado varios libros de poesía, entre ellos: Circuito amor (Jitanfáfora, Morelia, 2002); Adónde van las palabras (La tinta del alcatraz, UAEM, Estado de México, 2004); bérsame (Secretaría de Educación, Tuxtla Gutiérrez, 2011), Travelling (Literal, D.F., 2011) y Las alas de mis ensoñaciones que son pájaros (Espejito Editores, Puerto Rico, 2012). Coordinó la Antología Arbitraria de Poetas Jóvenes de Chiapas (Edysis, Tuxtla Gutiérrez, 2005) y la antología de cuento Porque algún día faltarán cuentos (CONECULTA, Ediciones del Animal, 2007). Obtuvo el Premio Estatal de Poesía “Eliseo Mellanes Castellanos” 2006, el Premio Municipal de la Juventud 2007 en 2008, el Premio Regional de Poesía “Ydalio Huerta Escalante” 2008, el Premio Estatal de la Juventud 2009 y el Premio de Literatura Joven “Max Rojas” 2011. Ha sido becario del PECDA en 2005-2006 y 2007-2008, del Centro de las Artes, Oaxaca en 2007. Obtuvo el PACMYC en 2008 y becario del Instituto Mexicano de Cinematografía en 2010. Tiene un hijo al que ama llamado Iñaki.


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FÉLIX CAMAS

César A. Estrada Nangullasmú.

San Cristóbal de Las Casas, 1986. Actor y escribe poesía y guión teatral. Licenciado en Lengua y literatura hispanoamericana por la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Chiapas. Corrector de estilo en traducciones e investigación lingüística. Obtuvo la mención honorífica en el Premio universitario de poesía Joaquín Vázquez Aguilar en 2007 y 2008. Colaborador y editor de publicaciones literarias independientes Editorial Jex. Ha participado en varios encuentros literarios, entre ellos el encuentro nacional de literatura “Al sur de la Palabra” en 2007, 2008 y 2009. Ha tomado talleres literarios con escritores como Javier Molina, Roberto Rico en Chiapas y en Campeche con la escritora Lucía Rivadeneyra y con Francisco Hernández en el estado de Oaxaca.

Memorias de una mujer que hace el amor a solas -Fragmentosa Yenni Zavala Apareces furtiva entre el reflejo de dos amantes cohibidos y siento como si conociera cada parte de tu cuerpo. Es tu boca la certeza más sabia en la memoria de esta duda que vibra de un recuerdo a otro. Hay paz entre tu lengua. Dices adiós y siento como si dieras los buenos días & Así, desnuda, creo en tu piel como una posibilidad de vuelo y tu lengua es cómplice perfecta de la memoria derruida, mientras tu sexo extingue los recuerdos. & Al filo de tu piel todo se desangra & Tus senos son gotas de leche que a tus huesos roídos alimentan. & Estás ahí enrojecida, serena, esperando la dosis del fondo de tu vientre. & Tu cuerpo es una duda convertida en llanto. Al más cercano indicio del origen, espera el instante exacto para que con manos desvalidas y piernas afiladas, suplique al amor de otra manera. Una lágrima roza al sexo embravecido. Sea entonces el licor de tus senos el que bautice a la demencia.

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En abril de 1985 entró por un descuido de la historia, en un municipio con nombre y olor de pueblo, Copainalá Mezcalapa, en Chiapas. Estudio la Lic. en Lengua y Literatura Hispanoamericana en la Universidad Autónoma de Chiapas, y la Maestría en Reingeniería de la Educación en la Universidad de Ciencia y Tecnología Descartes. En 1997 se enamoró por primera ocasión de una trigueña, a los dos días del suceso se dio cuenta qué tanto le dolería cada que lo hiciera de nuevo. Aún no sabe con certeza de la fecha que ha de morirse.

En las antiguas anotaciones del fin del mundo han quedado estas zozobras para que cantemos juntos -FragmentoI “Ésta es otra versión del poema con la misma fuerza. Para saber que en el ovillo también reposa el camello. Capicúa eres desde tu nacimiento y capicúa es el fruto de esas manos donde reposo sin cansancio. Insurreccionate, insurreccionate y he de nombrarte del labio de esta ceniza para ver el rostro que viene del cañaveral. Insurreccionate y mostraré las palmas que escondo en la pica. Vengo contando cada grano de arena porque la ofrenda que tengo será asible por tu aliento. Recuerda: bienaventurado el que rece los labios de tu boca, ya que mío ha de ser el reino de estas calles que te pienso.” II “Vengo hablarte de las cosas que me han sucedido en este nacimiento. Cerraré el abastecimiento de agua para que no me dé sed en medio de la noche y me desnudaré para contarte de mi cuerpo. He nacido en estas tierras donde se habla de lluvia como el llanto de un camaleón. Mis padres apostaron por mi partida cuando el primer aliento. Mis hermanos venían en otra vida, o en otras entrañas, para decir la misma canción que mueve mi lengua. Mis abuelos han partido porque me han ofrendado ya la vida en un cuarto de pueblo. Y mi hija aún espera la orfandad que le dejaré en su nacimiento. Y henos aquí, tomando un café de medio día en plena noche. Hablando sobre la manera correcta que hemos de querernos y cómo nos gusta pintar nuestros labios de saliva. De cómo este país nos permite abrazarnos porque es una obligación civil hacerlo contigo. Y te hablo de concretismos para que la única palabra que se escuche sea la que nos decimos cuando vemos nuestros dedos juguetear con la servilleta. Que la luna es un proceso menstrual que nos hace decir a gritos que podemos seguir caminando mientras nos sigue. No te diré que soy un hombre ejemplo para despertar en las mañanas en un cuarto de hotel porque también tengo una cicatriz que mengua como escorpión en defensa. No te diré que soy un hombre ejemplo ya que se han quedado en los abastecimientos de la despensa diaria. Un hombre ejemplo te conceptualisaría la vida con una palabra dada.


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César Trujillo (Yajalón, Chiapas, 1979) Es licenciado en Lengua y Literatura Hispanoamericana por la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACh). Cursó el taller de creación literaria que impartiera el maestro Rafael Ramírez Heredia (qepd) y formó parte del consejo editorial de la revista Labrando Agua (2000), que editara la UNACh. Actualmente trabaja la docencia y al periodismo independiente. Escribe la columna de opinión “Palabras de Otro”. Ha colaborado con poemas sueltos en la revista virtual Vozquemadura y en la revista Universa, y con crónicas, reportajes y artículos en los periódicos Cuarto Poder y El Péndulo de Chiapas. Publicó Laberintos, poemas donde la belleza se arruina hermosamente, su primer poemario, en el hermano país de Puerto Rico. Forma parte del consejo editorial del suplemento cultural Rayuela. Participó en el Festival Posh 2012, en San Cristóbal de Las Casas, en el Festival Mesoamericano en Tapachula, Unión Juárez y Cacahoatán. Formó parte del grupo de poetas que participaron en el Carruaje de Pájaros 2013 y de los poetas del festival internacional San Cristóbal 2013 en homenaje a la poeta Socorro Trejo. Actualmente prepara su segundo poemario, Donde termina el país de las maravillas y un taller de poesía para niños con el Colegio Mind Up.

Partitura para leer cuando un cometa despedace los sueños A Santiago y Sofía Se derramó la noche y una parvada de lunas consumió su esencia. Los autos corren como una jauría de bólidos hambrientos. En las periferias un transeúnte invoca cometas en el cuarto creciente del 1206 de un sitio cualquiera. Ya no hay más frío en el silencio a 60 km/h. La radio roe los tímpanos del tiempo. Esa mujer que baila no tiene el cuerpo que aparece en el catálogo. La ciudad agoniza en nubarrones. De la mano de un niño nace una cápsula de miedo, sus ojos negros aún guardan al pequeño monstruo que vive debajo de su almohada. Es la velocidad la única vía, no el homicidio, padre. El sombrero mañana me queda un poco azul. Deja de darme espalda cuando pido agua, no cargues pólvora en los pies, no carcomas la tierra de la tumba, entiérrate mejor un jueves cuando el maremoto haya alimentado su sed con diez mil cuerpos, cuando el asteroide impacte el cementerio y se abran las puertas donde reposan los hijos y sus muertos. A la velocidad de la luz

Por Julio Solís

se mueren las ámpulas ocres, las que se tiñen con ruda y malva, las que brotan con un ojo en la cara cuando llueve ácido. El vendaval derrumba la tarde, le arranca el infinito de las uñas, mientras la loca de la esquina danza frente a un poste. Este poema es una bomba de tiempo, un pedazo de carbón quemando el mundo, una cucharada de sal en el prepucio, una gota de alquitrán en la mano que apretó mi cuerpo, un zarpazo en la sien, la mugre del amor grabada en una vela, la corbata exprimida entre dos piedras. Se derramó la noche, la telaraña carcomió la luz de las persianas, sus dientes desgarraron mis muslos, es el tercer domingo cuando cambio de cielo. El mar ha estado inquieto, hay metodicidad en su locura. El aullido de afuera no es todo lo que se oye, la epidemia acabó, ¿me escuchas? el cardumen se hizo aroma a ciudad, se cayeron los pétalos del nicho, las raíces del balcón se desprendieron, atravesaron océanos para encontrar tu nombre.

Cantata de lo que te digo que sos te digo aaa gata noctambula onomatopeya merluza de líquenes si en el reloj de tu piel esdrújula se esconde una ceiba atómica en el teléfono de tus pestañas rombos color metáfora naufraga el ámbar gramatical de la noche tu voz un misterioso huracán veneno luna quetzal te digo

metralleta color pisada dinosauria engatada de serafines sos perspicacia cachorra orinada de poemas la espinola cascada en el golpe de la guacamaya la suciedad tierna de mañanas tus manos un suspiro del telescopio marítimo te digo libélula encerrada de ladridos fonema con lengüetazo sabor a verso


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Rodolfo Girón Pijijiapan, Chis. Ha publicado el libro “DE CÓMO LOS DESESPERADOS NAUFRAGAN EN LENGUAS DE AGUARDIENTE”, Edit. JEX, Tuxtla Gtz. 2010; y la plaquette “VERSIONES MINIMALISTAS ACERCA DEL POEMA O EL ESTÚPIDO MARTIRIO DEL ESCRIBIENTE”, Edit. Espejitos de papel, Puerto Rico, 2012. Recientemente publicó su poemario Inasible serás mientras alguien respire, en la editorial independiente Public Pervert de René Morales. Es Doctor en Ciencias Ocultas.

muerte? seré un epitafio apócrifo espanto claridad desvanecida pájaro de las 700 veces el mismo recuerdo amargo las hortensias al fondo de la noche la plática horrorosa de los viejos acá en el hogar con marfiles podridos estatuas derruidas la muerte? domingo? sueño? seré ayer tus pasos en viejas catedrales ceniza estrella anémona de fuego señales funerarias esclavo del crepúsculo la terrestre raíz del sollozo corazón poeta? el torpe rostro e hirsuto bajo grises espejos tus dáctilos debajo del medio día la comezón de la muchacha triste más azul que los farallones del olvido uno: tu humedad es mi única creencia dos: yo no sé de otro pan que el del amor en el convite de mi vida tres: bahía de gordas prostituyéndose cuatro: ese círculo que se cierra cada vez que te abres cinco: golfa irredenta mi caída con negligé extraviada en arcaicas pasiones domingo? la muerte? el sahumerio escondido entre jarrones mesoamericanos fraude emocional que aspiran tus pulmones Ceibamar y no quiero el horizonte cronometrado con arreboles no quiero la almohada de Cleopatra el sexo de la lluvia domingo? la muerte? quizá al amanecer responda que ya era la soledad en tiempos de sí misma un tipo huraño en tiempos de la desigualdad un par de pupilas hechizadas del amanecer que descubrí en tu bajo vientre ya era un nombre pronunciado a media noche cuando el insomnio calcinaba lenguas y manos señuelo trazado por locos estridentes la curva infinita con orillas de angustia innominada ya era lago disecado espejo evaporado en marzo

cuando las palabras son llaves ovaladas el atardecer del mono rosado fuma pinturas embotelladas tu olor luto del sol engendra termómetros con vestido te digo ruptura de estrellas orando en la cantina tallo del trineo montando frijol villaflorence si en el ferrocarril de tu boca lloran sueños

erosionado almanaque regado con sollozos ya era lo que fue lo que fui lo que no he sido la caricia nunca sostenida entre ciertas manos el país marítimo reclamando el sudor de tu ausencia el hamaquero mecido por la tormenta la bandera zurcida con colores extranjeros ya era tu cripta tu plañidez regocijada en noviembre arremolinada en nuestras procesiones ya era el paso de la lluvia en tu comarca asediada por relámpagos ya eras el paso de la lluvia ya eras la lluvia ya Eras y reloj final que se aleja ah! dolor ido adolorido! a dolor ido nadie le quita lo mortal no soy mi propio dios ni mi ulterior esclavo el beso rupestre dejado por el aire en las cavernas de aquella tarde con voces fatigadas movimientos nocturnos y fragancias adormeciendo memorias ah! dolor ido a dolor ido no le nombras con cuerpo alguno adolorido se quedó el diapasón de esa carne en la orfandad ejerciendo su tributo de cartas mudas de blancura ciegas de abandono ah! dolor ido te pareces a mi recuerdo en el reflejo de la máscara funesta que antigua costra muestra no su sangre ni el hedor ni la herida sino la magra piel de la melancolía sino la difusa sombra oxidada que el vagar de los días no supo guardar para sí no supo cómo amortajar sus siete palabras su recalcitración en trayectoria su ubicua matemática en serie cíclica ya era la muerte en los labios esta canción fantasmagórica?

en la marimba de tus labios siembran violines que toman el sol tu sabor concierto de escopetas púrpuras tulipanes acústicos para fumar la madrugada algoritmo afilando cotorritas te digo

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Berona Teomitzi Chiapas, México 1986. Estudió Lengua y Literatura Hispanoamericana en la Universidad Autónoma de Chiapas. Ha participado en varios encuentros literarios estatales y nacionales. Ha publicado narrativa y poesía en periódicos y revistas locales. Su primer poemario “Germinando versos” fue editado de manera virtual por “Editoriales Xech” con ayuda de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas para la Feria Nacional de las culturas, organizado por la Universidad Autónoma de Chapingo y su segundo poemario “Cantos líquidos” fue publicado en la editorial independiente “Public Pervert”. También ha incursionado en el teatro en obras como “El censo” de Emilio Carballido, y “El tiempo en el lienzo” (Performance, Cervantino Barroco). Actualmente participa en la revista virtual “Vozquemadura” y se encuentra traduciendo algunos de sus textos al Tzotzil.

Signos vitales -Fragmento“Hace mucho tiempo la gente moría de cólera o tuberculosis, ahora la mayoría muere de tristeza” “Suicida a punto de volar.” En los hospitales se rompe la teoría del espacio-tiempo Ahí, el movimiento se detiene Plin plin cae el suero Plin “Spleen” caen los parpados cansados La sala de espera es el rostro de la agonía Hombre que espera a su primogénito para darle su apellido Para que el silencio de las noches solitarias se apacigüen con un lecho clamando leche Blanca, nutritiva leche reclamando vida Vieja con boleto a la muerte ve aterrizar un ave de rapiña a su larga edad ha comprendido que la tierra también necesita alimentarse Blancos, nutritivos huesos El tiempo no avanza se ha quedado como pantano donde alguna vez se vio por primera vez el hombre: enfermo enfermo de tristeza de hambre de pobreza

Joven con el cráneo perforado prefirió no seguir esperando son muchos los heridos los quejumbrosos los que se van en bacterias Esa niña de allá no conoce la insulina en sus bolsillos y mejillas hay un desierto inhóspito Ella no quiere saber de futuros quiere ir a jugar junto al rio quiere ver las piedras de colores quiere oler más flores Sólo avanza un segundo el segundo

¿Quién fue el primer hombre muerto en el mundo? Por qué se le terminó el oxígeno Por qué el suero de la vida no avanzaba Por qué la felicidad no se vende en los bancos como autos Hay que solicitar más donadores de alegría se acaba el amor en tanto respiro y suspiro ¿Amaneció o el segundo sólo cambio su color? ¿Amaneció o sólo imaginamos salir de aquí para no volver a entrar nunca? En la sala de espera los hombros y el piso son los colchones más cómodos sus resortes no suenan más que en ronquidos a boca abierta como cuando comemos besamos dormimos morimos Basta un disparo en los pulmones Basta la pesadez de la vida para cerrar los ojos Un segundo: azul, amarillo, naranja Nuevamente negro El ave de rapiña ya reclama lo suyo El hombre abraza por primera vez al hijo que le dirá adiós veinte años más tarde Aquí en este mismo lugar donde diseccionan tiempo La niña no sabe si su padre vive o muere porque ya es cambio de turno porque hay información que no cura ¿Seguro? Aquí sólo la muerte es lo más seguro.

En esta ciudad verde azufre de promiscuas niñas irredentas mi lengua, llamarada prostibular se bifurca entre la Avenida Central y la Quinta Norte. En medio, arrastrando su hedor, el Sabinal con la mierda entre los labios.

Darwin Petate 1989. Suchiapa. Estudiante de Derecho. Premio Estatal de la Juventud 2008, en poesía. Ha publicado en la revista “la voz de la palabra escrita” en Madrid, España, en la revista de poesía alternativa Vozquemadura, la revista “La Jerga” de Nayarit y De aquí a la luna. Escribe en la columna “Crónicas de un elefante rosa” que publica el Péndulo de Chiapas.


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René Morales Hernández (1981) Nació en San Luis potosí pero desde muy chico creció en Ocozocoautla de Espinosa, Chiapas. Estudió lengua y literaturas hispánicas en la UNAM, ha participado en numerosos festivales de poesía y su obra se encuentra en los libros “Espacio en disidencia” (Praxis, 2005), “Bestiario del perro” (Literal 2009), Radiografías (Catafixia, 2010), en la antología Autoretrato con perro negro (Public Prvet 2012) y Línea Blanca (Public Pervert 2012). Actualmente prepara su poemario Carne. Su obra también se puede encontrar en distintas antologías, vale la pena mencionar que su trabajo se ha traducido al inglés para The Journal y al francés para la revista Estuaire. Mantiene la editorial independiente Public Pervert donde ha publicado a varios poetas de Chiapas y Centroamérica.

Auschwitz siete de mayo de 1944

Hiroshima seis de agosto de 1945

Josef Mengele baila con Perla Ovitzes antes de enviarla a la cámara de gas 30 años después desde una ranchería en Paraguay recordaría con una ternura inusitada el bien que hizo al salvar a esa familia de enanos que le recordaban tanto a su infancia en las calles de Bavieria

Sumiteru Taniguchi sale en bicicleta a entregar el correo unos segundos después todo se queda en silencio oscurece a las ocho de la mañana y comienza a llover algo parecido al aceite quemado 40 años después en el mismo sitio de la explosión nuclear pensaba nuestro amable cartero que la mañana era perfecta para morir con el resto de su familia

Chernóbil 27 abril de 1986 Anna Korolevskaya después de salir con sus hijos a ver los pinos más altos de la avenida Pripiat sonríe en silencio después de toser sabiendo al fin que la luz que había visto la noche anterior no era un incendio sino la navaja de la muerte deslizándose sobre el cuello de todos los habitantes de su ciudad

Arriba más allá de las montañas más allá de lo imaginable Dios como un pastor recién dormido sabe que en el fondo que sus ovejas simplemente han estado jugando

Luis Enrike Moscoso Nace en Villaflores, Chiapas en 1984. Cursó estudios de Ética, Antropología y Artes Visuales. Además de diversos cursos y talleres de producción y apreciacion visual y literaria. Su obra plástica ha sido expuesta en 8 ocasiones de manera individual y en más de 60 ocasiones en forma colectiva en Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Durango y Veracruz como en el extranjero. En cuanto a su obra escrita, ha sido antologado tres ocasiones en Chiapas y Baja California, ha publicado dos libros de poesía: “Matar los cuervos del alma” y “Brujulario” y su obra se ha traducido al inglés y al portugués. Ha colaborado de manera constante en publicaciones impresas y virtuales tanto en México como en Europa y como director editorial en Espantapájaros Editorial. Su Obra plástica ha sido premiada en tres ocasiones en Chiapas mediante los Foros Infantiles Sobre Migración (2007), el Concurso estatal de Pintura organizado por Fundación Luis Donaldo Colosio (2008) y en el homenaje al Poeta Efraín Bartolomé (2013).

Voy a nuestro encuentro
 hijastra hermana cuenca de mi nacimiento
 Voy a tu mirada de pichón 
 Tu mano tomando la sartén por el mango 
 Tu mano tomándose la mano mi mano del niño que me presiento 
 Madre agua del cielo sol aterrizando 
 Agua cielo tierra sol madre mía mi madre de mi


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Sábado 10 de Agosto 2013

Matza Maranto Zepeda Nació en Ocozocoautla de Espinosa, Chiapas. Actualmente estudia el doctorado en Ciencias Sociales y Humanísticas en el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica (CESMECA). Es autora del poemario Atajos para llegar a nadie (SE del Estado de Chiapas, 2011), Peldaños (Universidad de Sonora, 2012) y Trozos de azogue (Artepoética press, 2013). Fue becaria del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico 2011 y es Premio Estatal de la Juventud 2010 en la categoría de Poesía.

Poemas

La catedral y su reloj marcados por un doble espejismo. La tarde amenazada por una parvada deja en un instante, sobre el empedrado de la plazuela, el sonido de la angustia. Aquí no existe la fe; sólo termina el ciclo con los dados suspendidos en el aire. El verano deja sus alfileres en la frente. No hay más. El reflejo marca la sensibilidad de esa boca. Busca alguna voluntad ajedrecística que conozca el movimiento de las piezas, pero ha dado un paso y el horizonte es interrumpido por un manto de lóbregos signos. (De Ajedrecístico)

Apuntado el camino del mañana, me guía esta jaula de luz. Estas manos realizan el malabar inútil: afinar el grafito, plasmar la última línea del exilio. Tiembla. El pueblo es sumergido por el estruendo de los altavoces. Nadie se salva. Esta hora ha quedado guardada en el tiempo. (De Ajedrecístico)

En este lugar soy. La ciudad se conjuga en todos los tiempos; no habrá salida, el destino iluminado con una indescifrable belleza: Soy es mi nombre en todas las lenguas.

dentro del derrumbe que crece o creo que crece en mí, golpe o dolor de soportar las horas, como el verbo “become”, llegar a ser un día el ordinario y consecutivo, avance; porque marcho, así torpe, con manifiesta rusticidad: cual fetiche del trabajo bien remunerado, en el medio, como un tonto coronado en el oficio de estar, estar —pobre ingenuo es el verbo “became”, bah; en eso reside tu valor, has llegado a ser un rostro más, un sueño más, una hora más que no regresa, se amontona; pero leve, dolor crónico y abismal, porque la soledad del adulto es monotemática y acumulativa, ¿verdad?, lo sabes, alguna vez te lo preguntaste— pienso en ti, diosa cipria, en horas que el deber condena… pero qué más da si no apareces, ningún sollozo acompaña mis lamentos por ahora porque la soledad del adulto es monotemática

y acumulativa, ¿verdad?, lo sabes, alguna vez te lo preguntaste— roer, ese verbo casi alimenticio, sobre una lástima de papel, mi única diversión es roer con calma y desidia el cansino trabajo de agitar listas de asistencia, cuentas, archivos, calificaciones, números, interpretaciones de otras vidas; roer, sí, infame recreo del sumiso he leído —porque así lo dijo Pound, has hecho tu tarea… cuadro de honor, literatura con programa, los clásicos, oh, los eruditos alejandrinos—, he leído, pero aún no salgo del todo, no salgo de mi perplejidad, he estado tan poco con los demás, he vivido tan poco con los demás, he sido tan poco para los demás, he leído, lo confieso, solo eso, esa es mi patología…

(De Ajedrecístico) Raúl Vázquez Espinosa Aquí viví mis muertes. Moví las piezas hasta ahogar el tablero, la solución no es el final; quedarán los nubarrones, su voz por los altavoces, la enmohecida satisfacción de salir ileso, la memoria. Intercambié tiradas, sé que las bardas tienen las claves: hemos vivido en el reflejo.

(De Ajedrecístico)

Nació en 1981, en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Escribe poesía y ensayo. Ha publicado en revistas estatales y nacionales. Cuenta con dos publicaciones de poesía. En agosto de este año se editará su primer libro de poesía. Ha escrito el libro gráfico El imperturbable corazón de la verdad. En la actualidad trabaja en el Instituto de Estudios Superiores Tomás de Aquino, en la Facultad de Filosofía. Publica en el suplemento cultural Rayuela del diario Péndulo la columna El gag humanístico.


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Anaqueles Novela

Educar a los topos De Guillermo Fadanelli Contra la opinión familiar, el padre decide enviar a su hijo mayor a una escuela militar. Comienza entonces la odisea para el personaje principal de educar a los topos, un niño que no cree merecer el castigo al que ha sido sometido por la autoridad paterna, un exilio prematuro que se le impone de manera inesperada. Adiós, pues, a la vagancia vespertina, a los romances escolares, al regazo materno, a la aventura cotidiana de barrio pobre, a la escuela primaria donde no es necesario cargar un fusil o recibir órdenes de soldados. Ya desde entonces el destino se dibuja como una soledad que comienza demasiado pronto. A sus once años, el joven cadete comprobará que su nuevo colegio no es una metáfora del mundo, sino el mundo mismo saturado de ambiciones y crueldades inútiles: una penitenciaría. A fin de cuentas la guerra ha comenzado y los compañeros de clase saben de manera instintiva cómo encarnarse en los seres enemigos. Nos encontramos en la ciudad de México a principios de los años setenta; los últimos tranvías de la época recorren con parsimonia las avenidas principales y la población del país comienza a crecer de un modo desmesurado. Situada en el centro de esa mirada impía, descarnada, que define el estilo de Fadanelli, educar a los topos es una novela en gran parte autobiográfica, maliciosa, testimonio de aquellos donde, para sobrevivir, el protagonista de la novela no contaba con más compañía que su imaginación y sus miedos.

Elena Ferrándiz

Ilustradora & Escritora

Convertir el oficio de ilustrar en una profesión, depende de muchos factores tanto de forma como de fondo

Novela

Crucero de verano De Daniel Sada Grady McNeil tiene diecisiete años y ha convencido a sus padres para que la dejen sola en el piso de Central Park mientras ellos hacen un crucero de verano. Nadie se explica por qué desdeña Europa por el verano de Nueva York. Pero Grady tiene un secreto: está enamorada. Un amor con barreras. Porque Grady, nacida en lo más alto de la escala social, ama a Clyde Manzer, un jovencito de veintitrés años que trabaja en el parking donde ella guarda su coche. Clyde es judío, veterano de guerra y de clase media baja, muy baja. Un amorío de vacaciones que se irá volviendo más serio, más turbio, más equívoco... En 1966, Capote se mudó de su piso de Brooklyn y abandonó una caja con papeles que el portero del edificio rescató. En 2004, el contenido de esa caja fue subastado en Sotheby’s. Y allí estaba este manuscrito, la novela que Capote había comenzado a escribir en 1943, en la que siguió trabajando durante años, y luego abandonó.

Novela Espera a la primavera, Bandini De John Fante América sucumbe a la gran depresión. Arturo Bandini, hijo de emigrantes italianos, transita entre la infancia y la adolescencia. Su padre, Svevo, amante del vino y las mujeres, es albañil, pero en pleno invierno apenas hay trabajo y la inactividad lo desespera. Su madre, Maria, es una católica ferviente, a un tiempo sumisa y feroz. Esperando la primavera crece el joven Arturo, adolescente turbulento que intenta abrirse camino en la vida y sobrevivir cuando el padre abandona el hogar para irse a vivir con una riquísima viuda.

Á. Gabriel Pozo Ruiz En esta ocasión hablaremos de una ilustradora que no únicamente ilustra los libros, sino que también los escribe: Elena Ferrándiz. Elena Ferrándiz estudió Bellas Artes por la Universidad de Sevilla, ha trabajado como ilustradora para muchas editoriales como Santillana o Edelvives, ha ilustrado para diferentes identidades como La Cruz Roja Española y ha hecho colaboraciones para Ragazza, Ábaco o Año Cero. El libro más destacado es sin duda “Hilos de colores”, que tanto texto e ilustración fueron de la pluma de la misma autora, esto sin duda lo convierte en una joya. “Cuando la memoria se deshila, los sentimientos perduran.” Elena Ferrándiz

Ic Graficos de tuxtla

Elena Ferrándiz teje los recuerdos de la vida para luchar contra el olvido, la motivación de muchos artistas, esa ansiedad vivida de dejar huella en la historia.

ic_tuxtala@hotmail.com

10agostoderauela2013copenchiapasde