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La tierra del festival folclórico nacional con los bailarines en harapos Como es bien sabido por la sociedad colombiana, Ibagué es la cuna del festival folclórico nacional, tierra de fiestas, bailes típicos y folclor nacional, durante los meses de junio y julio en la ciudad convergen todas las tradiciones de típicas del país y en algunas ocasiones del mundo, pues aparte del festival que patrocina la alcaldía, el 80% de los colegios y el 30% de las empresas, celebran el folclorito, una fiesta popular pequeña en donde las personas demuestran sus dotes y habilidades típicas de la región que representan, inspirados en nuestros ancestros o en los bailarines profesionales que bajan por la quinta, ondeando sombreros, rabo de gallos y faldas al ritmo de las tamboras y flautas, artistas y músicos que se preparan todo el año para deleitar a la afición que se posa toda una mañana, al borde de la carretera para verlos danzar, pero que después de 8 días de fiesta, son olvidados e ignorados por la sociedad.

por año, según un funcionario de la secretaria de cultura y turismo. Todos hemos sido testigos de sus trajes de colores, sus pantalones blancos, sus artículos rudimentarios, sus sombreros y peinados dignos de un estilista profesional; no vemos las necesidades que pasan estos muchachos por cumplir con la tradición, ignoramos que ellos se ven obligados a vender rifas, tamales y lechonas o en pocas oportunidades, a ganar un poco de dinero por asesorar o acompañar a empresas y personas a hacer sus muestras folclóricas en sus folcloritos para así reunir recursos para pagar trajes alquilados o en el mejor de los casos, remendar los trajes viejos que ya tiene de las fiestas pasadas o cuando cuentan con suerte, un político en campaña les regala los trajes, pero con un logo de él en las faldas y camisas, posteriormente también deben arreglarlos. Muchas veces también son invitados por otros grupos folclóricos de otros departamentos o municipios a hacer sus presentaciones y revistas a sus propios festivales, la alegría y efervescencia invade todo el grupo, pero con la invitación, también viene la angustia y corre corre para conseguir la plata para el viaje; ellos realizan actividades para financiar parte de la salida y se reparten el saldo en partes iguales y muchas veces son sus familias y amigos quieres costean o ayudan a los bailarines.

En Ibagué existen muchos grupos folclóricos de danza y música que a pesar de su profesionalismo, no reciben ni un solo peso por sus muestras artísticas, lo hacen solo por la satisfacción de bailar o la pasión que despierta el no dejar morir las tradiciones de sus abuelos, muchos de los bailarines son jóvenes que aprendieron a bailar, gracias a las clases que subsidio la alcaldía municipal, (solo por 3 meses cada año) o por que asistieron a un taller dictado por el instituto o por la biblioteca Luis Ángel Arango, donde deben postular con días de anticipación por un cupo y no pueden acceder a más de dos talleres

No entiendo como el estado no apoya esta clase de prácticas, sabiendo que son jóvenes que no tienen vicios o que en el desarrollo de sus actividades, no le hacen daño a nadie, por lo contrario, enriquecen y fortalecen la cultura y las tradiciones de la región además que motiva y anima a otros para que ocupen su tiempo libre en prácticas artísticas, alejándolos de la depravación y corrupción de las calles; son jóvenes que llevan años, peleando con las uñas por un pasado que aun quiere ver el futuro.

Por: Luis Carlos Castro G. Universidad Nacional Abierta a Distancia Ingeniería Electrónica castrogonzalezluiscarlos1@gmail.com

Bailarines en harapos  

una critica a la sociedad folclórica del Tolima por un don nadie que alguna vez fue bailarín.

Bailarines en harapos  

una critica a la sociedad folclórica del Tolima por un don nadie que alguna vez fue bailarín.

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