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Alysse Volkov & Carolina Shaw

Alysse Volkov

Yira Patri

Jul

Veritoj.vacio

Mave

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Caroamarfil

Lipi Sergeyev

Myr62

Valentina D.

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Esther Maslow

Niika

Taywong

Black Rose

*Andreina F* & Alysse Volkov

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Carolina Shaw


Capítulo 21

Dedicatoria

Capítulo 22

Introducción

Tercera Parte

Prólogo

Capítulo 23

Primera Parte

Capítulo 24

Capítulo 1

Capítulo 25

Capítulo 2

Capítulo 26

Capítulo 3

Capítulo 27

Capítulo 4

Capítulo 28

Capítulo 5

Capítulo 29

Capítulo 6

Capítulo 30

Segunda Parte

Capítulo 31

Capítulo 7

Capítulo 32

Capítulo 8

Capítulo 33

Capítulo 9

Capítulo 34

Capítulo 10

Capítulo 35

Capítulo 11

Capítulo 36

Capítulo 12

Capítulo 37

Capítulo 13

Capítulo 38

Capítulo 14

Capítulo 39

Capítulo 15

Capítulo 40

Capítulo 16

Capítulo 41

Capítulo 17

Epílogo

Capítulo 18

Nota del Autor

Capítulo 19

Próximo Libro

Capítulo 20

Sobre el autor

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Sinopsis


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A los vagabundos como yo que flotan lejos.

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A las anclas que siempre nos traen a casa.


Momentos. Los humanos siempre recuerdan los momentos. Recordamos los pasos que nos llevaron a donde estábamos destinados a ser. Las palabras que nos inspiraron o aplastaron. Los incidentes que nos marcaron y nos tragaron enteros. He tenido muchos momentos en mi vida, momentos que me cambiaron, me desafiaron, momentos que me asustaron y me engulleron. Sin embargo, los más grandes, los más desgarradores e impresionantes, lo incluían a él.

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Todo comenzó con una luz nocturna con forma de cohete y un muchacho que no me conocía.


Traducido por Caroamarfil

—Esta vez va a ser diferente, lo juro, Maggie. Esta vez es para siempre —me prometió papá, mientras se acercaba a la casa de ladrillos amarillos en la esquina de la calle Jacobson. La futura esposa de mi papá, Katie, se hallaba de pie en el porche mirando nuestro viejo auto acercarse por la calle. Magia. Se sintió como magia llegar a la casa. Me había mudado de un lugar pequeño a un palacio. Mi papá y yo habíamos vivido en un pequeño departamentito de dos habitaciones toda nuestra vida, y ahora nos mudábamos a una casa de dos plantas con cinco habitaciones, una sala de estar, una cocina del tamaño de Florida, dos baños y medio, y un comedor, realmente un comedor (no la sala de estar en la cual mi papá servía la cena en bandejas en frente de la televisión todos los días a las cinco de la tarde). Papá me dijo que incluso tenían una piscina en su patio trasero. ¡Una piscina! ¡En su patio! Sin embargo, la parte de la familia no era una novedad. Desde que tengo memoria he sido parte de muchas familias junto a mi papi. A la primera realmente no la recuerdo, ya que mi mamá nos dejó antes de que yo dijera mi primera palabra. Ella encontró a alguien más, que la hizo sentir más amada que mi papi, algo que fue difícil de creer para mí. Papi se entregó al amor, sin importar cuánto le costase. Después de que ella se fue, él me dio un caja con fotografías de ella así yo podría recordarla, pero pensé que eso era extraño. ¿Cómo podría recordar a una mujer que nunca estuvo ahí? Después de ella, él se volvió bueno en enamorarse y a menudo ellas también se enamoraban de él. Se mudarían a nuestro pequeño mundo trayendo todas sus pertenencias, y papi me diría que era para siempre, pero “para siempre” solía ser menos tiempo del que él esperaba que fuera.

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Pasé de vivir con una persona a convertirme en parte de una familia.


Esta vez era diferente. Esta vez conoció al amor de su vida en una sala de chat de AOL1. Papi tuvo muchas malas relaciones después de que mamá nos dejó, así que pensó que tratar de conocer a alguien por internet hubiese sido mejor, y funcionó. Katie perdió a su marido varios años antes y no había estado saliendo con nadie hasta que se anotó en línea y conoció a mi papá. Y a diferencia de las otras veces, mi papi y yo nos mudábamos con Katie y sus hijos, no al revés. —Esta vez es para siempre —le susurré a mi papá. Katie era hermosa como las mujeres de la televisión. Papi y yo veíamos televisión mientras cenábamos juntos, y siempre me fijaba en lo hermosas que eran las personas. Katie se veía justo como ellos. Tenía el cabello rubio y largo, y ojos celestes cristalinos, más o menos como yo. Llevaba sus uñas pintadas de un rojo brillante que combinaba con su lápiz labial, y sus pestañas eran espesas, oscuras y largas. Cuando papi y yo ingresamos por su —nuestro— camino de entrada, ella nos esperaba vistiendo un bonito vestido blanco y tacones amarillos. —¡Oh, Maggie! —gritó, apurándose hacia mí y abriendo la puerta del auto para poder poner sus brazos a mi alrededor—. Es tan lindo conocerte finalmente. Levanté una ceja, recelosa de devolverle el abrazo, aun cuando olía a coco y fresas. Nunca había apreciado el aroma de cocos y fresas mezclados hasta que conocí a Katie. Miré hacia mi papi, quien sonreía en mi dirección, y asintió una sola vez, dándome permiso para devolverle el abrazo a la mujer.

»Vamos. Déjame presentarte a mis hijos. Pasaremos primero por la habitación de Calvin. Ustedes dos tienen la misma edad, así que van a ir a la escuela juntos. Él está adentro con uno de sus amigos. Katie no se molestó en bajarme, en lugar de eso me llevó en brazos hacia las escaleras mientras papi tomaba algunas cosas de nuestro equipaje. Cuando atravesamos la puerta principal, mis ojos se abrieron de golpe. Guau. Era hermoso, algo salido directamente del palacio de Cenicienta, estaba segura de ello. Me llevó arriba, hasta la última habitación Anteriormente conocida como América Online, es una empresa de servicios de internet y medios con sede en Nueva York. 1

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Me abrazó muy fuerte y me sacó en volandas del auto, exprimiendo el aire de mis pulmones, pero no me quejé. Había pasado un largo tiempo desde que me abrazaron tan fuerte. La última vez debía haber sido cuando el abuelo vino a visitarme y me envolvió en sus brazos.


a la izquierda y abrió la puerta. Mis ojos cayeron en dos chicos jugando al Nintendo y gritándose entre sí. Katie me puso en el suelo. —Chicos, pausen el juego —dijo Katie. No la escucharon. Siguieron discutiendo. »Chicos —repitió Katie mas severamente—. Pausen. Nada. Suspiró y colocó sus manos en sus caderas. Yo suspiré e imite su postura. »¡CHICOS! —gritó, desconectando el videojuego. —¡MAMÁ! —¡SRA FRANKS! Solté unas risitas. Los chicos se giraron para mirarnos, puro shock en sus miradas, y Katie sonrió. —Ahora que tengo su atención, quiero que saluden a Maggie. Calvin, ella se quedará con nosotros, junto con su padre. ¿Recuerdas que te dije que ibas a tener una hermana, Calvin? Los chicos me miraron sin comprender. Claramente el rubio era Calvin, ya que se veía idéntico a Katie. El chico sentado a su lado tenía el cabello oscuro y desordenado y ojos marrones, junto con un agujero en su remera color amarillo claro y migajas de papas fritas en sus vaqueros. —No sabía que tenías otra hermana, Cal —dijo el chico, mirando en mi dirección. Mientras más me miraba, más me dolía el estómago. Me oculté detrás de las piernas de Katie, con mis mejillas ardiendo de vergüenza. —Yo tampoco —respondió Calvin

Desde atrás de las rodillas de Katie espié a Brooks, quién me obsequió una pequeña sonrisa antes de comerse las migajas de papas fritas de sus pantalones. —¿Podemos volver a jugar? —preguntó Brooks, volviendo la atención a su control y mirando la pantalla negra de la televisión. Katie rio para sí misma, sacudiendo su cabeza adelante y atrás. — Chicos son chicos —me susurró, mientras volvía a enchufar el juego. Sacudí mi cabeza y me reí, justo como Katie. —Sí, los chicos son chicos.

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—Maggie, este es Brooks. Vive cruzando la calle, pero esta noche se quedará a dormir con nosotros.


Después, paramos en otra habitación. Era el cuarto más rosa que hubiese visto, y una niña se encontraba sentada en el piso, dibujando, usando orejas de conejito, un vestido de princesa y comiendo Doritos de un bol plástico color rosa. —Cheryl —dijo Katie entrando en la habitación. Me escondí detrás de sus piernas—. Esta es Maggie. Se va a quedar con nosotros, junto con su padre. ¿Recuerdas que te hablé sobre esto? Cheryl levantó la vista, sonrió, y se metió más Doritos en la boca. — Está bien, mamá. —Y volvió a dibujar, sus rizos rojos bailaron adelante y atrás mientras tarareaba una canción. Hizo una pausa y levantó la mirada nuevamente—. Oye, ¿cuántos años tienes? —Seis —le dije Ella sonrió. —¡Yo tengo cinco! ¿Te justa jugar con muñecas? Asentí. Sonrió nuevamente y regresó a su dibujo. —Vale. Adiós. Katie se rio y me sacó de la habitación susurrándome—: Creo que ustedes dos van a ser muy buenas amigas. Después me enseñó mi habitación, donde papi dejaba mis maletas. Mis ojos se desorbitaron por la inmensidad del lugar, y era todo para mí. — Guau. —Respiré profundamente—. ¿Esto es mío? —Esto es tuyo. Guau. »Sé que los dos deben estar cansados por el largo viaje así que te dejaré que prepares a Maggie para dormir. —Katie le sonrió a papi y lo besó en la mejilla. Mientras papi desempacaba mis pijamas pregunté—: ¿Puede Katie meterme en la cama? Mientras lo hacía, le sonreí, y ella me devolvió la sonrisa. Hubo muchas sonrisas y mucha charla también. —¿Sabes? Siempre he querido otra hija —me dijo, mientras me cepillaba el cabello. No lo dije, pero también siempre quise una mamá. »Nos vamos a divertir tanto juntas, Maggie. Tú, Cheryl y yo. Nos podemos hacer la manicura, sentarnos junto a la piscina, beber limonada y ojear unas revistas. Podemos hacer todo lo que los hombres odian hacer. Me abrazó y me deseo buenas noches. Luego se fue y apagó las luces. No dormí nada.

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Ella no discutió


Tosí, di vueltas y lloriqueé por una largo tiempo, pero papi no podía oírme porque se hallaba en el primer piso, durmiendo en su cama con Katie. Aun si hubiese querido ir a buscarlo, no hubiese podido, porque el corredor se encontraba oscuro, y odiaba los lugares oscuros más que a nada. Sollocé un poco, haciendo mi mejor esfuerzo para contar ovejas en mi cabeza, pero nada funcionaba. —¿Cuál es tu problema? —dijo una sombra en la puerta de mi habitación. Lancé un gritito y me senté derecha, abrazando mi almohada. La sombra se movió más cerca, y dejé escapar un pequeño suspiro cuando vi que era Brooks. Su cabello lucia alborotado y parado en su coronilla, y tenía los pliegues de la almohada marcados en sus mejillas. »Tienes que dejar de llorar. No dejas de despertarme. Sollocé. —Lo siento. —¿Cuál es el problema? ¿Estás enferma o algo? —No. —Entonces, ¿qué sucede? Bajé la cabeza, avergonzada. —Tengo miedo a la oscuridad. —Oh. —Entrecerró los ojos por un segundo antes de dejar la habitación. Continúe abrazando mi almohada, y me sorprendió mucho ver que Brooks regresó. Tenía algo en sus manos y caminó hasta la pared para enchufarlo. »Calvin no necesita una lámpara de noche. Su mamá la pone en su habitación. —Arqueó una ceja—. ¿Así está mejor? Asentí. Mejor. —Maggie. —Buenas noches, Maggie. En realidad no tienes que preocuparte por nada en nuestro pueblo. Siempre es seguro. Estás a salvo aquí. Y si eso no lo mejora, estoy seguro de que puedes venir a dormir en el piso de la habitación de Calvin. A él no le va a importar. Se fue, rascándose su desordenado cabello y aún bostezando. Mis ojos se fijaron en la lámpara de noche con forma de cohete justo antes de empezar a cerrarse. Me sentía cansada. Me sentía a salvo. Me sentía protegida por un cohete que me dio un niño al que acababa de conocer.

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Bostezó. »Bueno, buenas noches, eh…. ¿Cuál era tu nombre?


Antes no me sentía segura, pero ahora lo sabía. Papi tenía razón.

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—Para siempre —susurré para mí misma, cayendo cada vez más profundo en el sueño—. Esta vez es para siempre.


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Traducido por Alysse Volkov

Una nota para el chico que está enamorado de mí por Maggie May Riley. Querido Brooks Tyler, Pasé un montón de tiempo molesta contigo el otro día después de que me llamaste por un sobrenombre y me empujaste en un charco. Arruinaste mi vestido favorito y mis sandalias de color amarillo y rosado. Me sentía tan fudriosa furiosa contigo por empujarme. Tu hermano Jamie me dijo que eras molesto conmigo porque me amas. Me dices apodos porque es lo que los chicos hacen cuando están enamorados. Me empujaste solo porque querías estar cerca de mí. Pienso que eso es estuipido estúpido, pero también sé que mi mami dice que todos los hombres son estúpidos, así que esto no es tu culpa. Está en tu ADN. Así que, acepto tu amor, Brooks. Te permito amarme para siempre y por siempre jamás. Es en unos días, en el bosque, donde ustedes chicos siempre van a pescar. Siempre he querido casarme al lado del agua como mi mami y papi. Será mejor que vistas de traje y corbata y no esa fea de color barro que vestiste para ir a la iglesia el domingo pasado. Ponte algo de la colonia de tu papá, también. Sé que eres un chico, pero no tienes que oler como uno. Te amo, Brooks Tyler Griffin. Para siempre y por siempre jamás. Tu pronto a ser esposa, Maggie May.

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Empecé a planear la boda.


P.D. Acepto tu disculpa, esa que nunca me diste. Jaime dijo que te sentías arrepentido, así que no tienes que preocuparte de que yo esté enojada.

Una nota a la chica que está loca por Brooks Tyler Griffin. Maggie May, ¡Tú. No. Me. Gustas! Aléjate para siempre y por siempre jamás. Tu NO pronto a ser esposo, Brooks Tyler.

Una nota al chico que es gracioso por Maggie May Riley. Mí Brooks Tyler, ¿Qué piensas de los colores purpura y rosado para la ceremonia? Deberíamos probablemente mudarnos juntos, pero soy demasiado joven para tener una hipoteca. Quizás deberíamos quedarnos con nuestros padres hasta que consigas un trabajo figo fijo para mantenerme y a nuestras mascotas. Tendremos un perro llamado Skippy y un gato llamado Jam. Tu Maggie May.

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Me hiciste reír, Jaime dijo que responderías algo como eso.


Una nota a la chica que sigue estando loca por Brooks Tyler Griffin. Maggie, No nos vamos a casar. No vamos a tener perros. No somos ni amigos. ¡TE ODIO MAGGIE MAY! Si tu hermano no fuera mi mejor amigo, nunca te hablaría, ¡NUNCA! Pienso que estás loca. ¿Skippy y Jam?2 Eso es estúpido. Es la cosa más estúpida que he escuchado. Además todo el mundo sabe que Jif es la mejor marca de mantequilla de maní. NO TUYO, Brooks.

Una nota a un chico que tiene un gusto horrible por Maggie May Riley. Brooks Tyler, Mami siempre dice que una gran relación es sobre dos cosas principales: amar las similaredades, semelaridades, simelaridades, cosas que la pareja tienen en común y luego también el respeto a las cosas diferentes.

Incluso si tu opinión está mal. Siempre tuya, Maggie May. P.D. ¿Encontraste una corbata?

Skippy es el nombre de una marca famosa de mantequilla de maní y Jam es “mermelada” en inglés. 2

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Amo que a ambos nos guste la mantequilla de maní, y respeto tu opinión acerca de Jif.


Una nota a la chica que aún sigue ESTANDO loca por Brooks Tyler Griffin. Maggie May, No necesito una corbata, porque no nos vamos a casar. Y se deletrea “similitudes”, idiota. Brooks.

Una nota al chico que me hizo llorar por Maggie May Riley. Brooks, Eso fue malo.

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Maggie.

Una nota a la chica que todavía sigue ESTANDO loca pero no debería llorar nunca por Brooks Tyler Griffin. Maggie May, Lo siento. Puedo ser un real idiota. Brooks.


Una nota al chico que me hace sonreír por Maggie May Riley Brooks Tyler Griffin, Te perdono. Puedes ir con la corbata de color barro si quieres. No importa cuán mal te vistas, seguiré amando convertirme en tu esposa. Te veo el próximo fin de semana a las cinco entre los dos árboles inclinados. Por siempre y para siempre jamás,

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Maggie May Riley.


Traducido por Alysse Volkov

O

diaba a Maggie May.

—¿Por qué viene? —Gruñí, alistando mi caña de pesca, flotadores, carnadas y ganchos en mi caja de aparejos. Durante los últimos dos años estuve en viajes de pesca con mi papá, mi hermano mayor, Jamie, Calvin, y su nuevo papá, Eric, o señor Riley como le llamaba. Subíamos hasta Harper Creek, a unos quince minutos de distancia, y nos sentábamos en el bote del señor Riley, riéndonos y bromeando. El lago era tan grande que si se miraba a través de él, apenas se podía ver el otro lado donde las tiendas de la ciudad se situaban. Calvin y yo a menudo intentábamos señalar los edificios, como la biblioteca, la tienda de comestibles y el centro comercial. Entonces, intentaríamos lo mejor para coger algunos pescados. Era un día de chicos donde comíamos demasiada comida chatarra y no nos importaba si nuestras tripas estaban cerca de estallar. Era nuestra tradición, y sería arruinado por una estúpida de diez años que siempre cantaba y nunca dejaba de bailar en círculos. Maggie May era la definición de molesto. Esa era la verdad, también. Busqué su nombre en el diccionario una vez y el significado era: “La molesta hermanastra de Calvin”. Yo podría haber añadido la definición y me gané un grito de mi madre por escribir en un libro, pero aun así, era cierto. —Mis padres dijeron que tenía que venir —explicó Calvin, levantando su caña—. Mamá llevará a Cheryl al médico, así que no hay nadie que la vigile durante las próximas horas. —¿No puede estar encerrada en la casa? Tus padres podrían dejarle un bocadillo de mantequilla de maní y jalea y una caja de jugo o algo así. Calvin sonrió. —Ojalá. Es tan estúpido.

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Ojalá hubiera una palabra más grande para describir mis sentimientos por la molesta niña que me estuvo siguiendo últimamente, pero el odio parecía ser la única cosa que me venía a la mente cada vez que se paraba cerca de mí. Nunca debí haberle dado esa luz hace todos esos años. Debería haber fingido que no existía.


—¡Ella es tan estúpida! —exclamé—. Tiene la idea de que se casará conmigo en el bosque. Está loca. Jamie se rio. —Dices eso porque la amas en secreto. —¡No lo hago! —grité—. Esto es asqueroso. Maggie May me pone enfermo. La idea de ella me da pesadillas. —Dices eso porque la amas —se burló Jamie. —Será mejor que te calles la boca antes de cerrarla por ti, idiota. ¡Dijo que tú eras el que regaba el rumor de que me gustaba! Tú eres la razón por la que piensa que nos vamos a casar. Él rio. —Sí, lo sé. —¿Por qué harías eso? Jamie me golpeó en el hombro. —Porque soy tu hermano mayor, y los hermanos mayores deben hacer la vida de sus hermanos menores terrible. Está en el contrato de hermanos. —Nunca firmé un contrato. —Eras menor de edad, así que mamá lo firmó para ti, dah. Puse los ojos en blanco. —Lo que sea. Todo lo que sé es que Maggie va a arruinar el día. Tiene una manera de arruinarlo todo. ¡Además, ni siquiera sabe pescar! —¡Lo hago, también! —gritó Maggie, saliendo de su casa con un vestido, sandalias amarillas y sosteniendo una caña de pescar de Barbie. ¡Ugh! ¿Quién va a pescar en un vestido, y con una caña de pescar de Barbie?

Jamie sonrió de nuevo. —Apuesto a que tampoco estás tan mal, Maggie. Inserte ojos en blanco aquí. Jamie siempre hacía eso, ser súper agradable con Maggie porque sabía que me molestaba. Sabía que no le gustaba en absoluto, porque era tan desagradable. —¿Van a sentarse aquí todo el día, o vamos a caminar hasta el arroyo? —preguntó el señor Riley, saliendo de la casa llevando su caja de aparejos y su caña de pescar—. Vamos, andando.

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Se peinó con los dedos a través de los mechones de su rubio cabello y acarició su gigantesca nariz. —¡Apuesto a que atraparé más peces de los que Calvin y Brooks podrían atrapar! No tú, Jamie. Apuesto a que eres bueno en la pesca. —Le dio una sonrisa que me dio arcadas. Tenía la sonrisa más fea.


Todos empezamos a caminar por la carretera, bueno, los chicos caminaban. Maggie saltaba, y giraba, y cantaba más canciones pop de las que nadie debería haber tenido que escuchar. Juro que si tuviera que verla hacer la Macarena una vez más, me volvería loco. Una vez que llegamos a los bosques, nos imaginé a los chicos subiendo al bote del señor Riley, y Maggie de alguna manera quedando atrás. Qué sueño más perfecto. —Vamos a necesitar algo de cebo —dijo el señor Riley, sacando una pequeña pala excavadora y su cubo de metal—. ¿De quién es el turno? —Brooks —dijo Calvin señalando hacia mí. Cada vez que íbamos a pescar, una persona se encargaba de ir cavando a través de la suciedad en el bosque para recoger algunos gusanos. Cogí la pala y el cubo y no me quejé. La verdad era que, cavar por los gusanos, era una de mis partes favoritas de la pesca. —Creo que Maggie debería ir con él. —Jamie sonrió, guiñando un ojo a Maggie. Su rostro se iluminó con esperanza, y yo estaba a segundos de golpear a mi hermano en la cabeza. —No. Estoy bien. Puedo hacerlo solo. —Pero, puedo ir. —Maggie sonrió de oreja a oreja. ¡Una sonrisa fea! »Papá, ¿puedo ir con Brooks? Mis ojos se lanzaron hacia el señor Riley, y supe que me encontraba condenado, porque el señor Riley sufría mucho del SH, Síndrome de la Hija. Nunca le vi decirle que no a Maggie, y dudé que tuviera planes de comenzar esa tarde.

Antes de que nos dirigiéramos hacia el bosque, me aseguré de darle a Jamie un puñetazo en el brazo. Me dio un puñetazo más fuerte, haciendo reír a Maggie. Mientras ella y yo nos dirigíamos al bosque, me puse los auriculares unidos a mi reproductor de MP3 y aceleré mi paso, con la esperanza de perderla, pero sus saltos y giros eran sorprendentemente rápidos. —Así que, ¿no has encontrado una corbata todavía? —preguntó. Puse los ojos en blanco. Incluso con mi música tocando, todavía podía oír su fuerte voz. —No me voy a casar contigo. Se rio. —Nos vamos a casar en dos días, Brooks. No seas tonto. Supongo que Calvin es tu Padrino, ¿o será Jamie? Cheryl va a ser mi Dama de Honor. Oye, ¿crees que puedo escuchar algo de tu música? Calvin dijo

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—Claro, cariño. Diviértanse. —Sonrió—. Vamos a preparar el bote, y una vez que ambos estén de vuelta, saldremos al agua.


que tienes algo de la mejor música de todos los tiempos, y creo que debería saber qué tipo de música escuchas si nos casamos. —No lo vamos a hacer, y nunca vas a tocar mi reproductor de MP3. Se rio como si yo hubiera contado una broma divertida. Empecé a cavar en la tierra, y ella se balanceó en las ramas de los árboles. »¿Vas a ayudarme a cavar o qué? —No tocaré un gusano. —Entonces, ¿por qué has venido aquí? —Así podríamos terminar de planear juntos, dah. Además, esperaba que pudiéramos ir a ver la cabaña no lejos de aquí. Podría ser nuestra casa, si lo quisieras. Podríamos arreglarlo para nosotros, Skippy y Jam. De todos modos, no hay nadie viviendo allí. Es lo suficientemente grande para nuestra familia. Esta chica era una lunática. Mientras seguía cavando, ella seguía hablando. Cuanto más rápido cavaba, más rápido hablaba de la basura femenina que no me importaba: zapatos, maquillaje, primer baile, pasteles de boda, decoraciones. Incluso habló de cómo la cabaña abandonada podría ser utilizada para poner la comida dentro de una recepción. La lista iba y seguía. Pensé en abandonar la pala y el cubo y correr por mi vida, estaba bastante claro que Maggie salió para matarme. Cuando mencionó el nombre de nuestro primer hijo, sabía que las cosas habían ido demasiado lejos.

Nuestras caras se hallaban a centímetros de distancia. Tenía los dedos pegados a la espalda y vi el pequeño temblor en su labio inferior. Maggie entrecerró los ojos, estudiándome, como si tratara de descifrar las palabras claras que acababa de darle. Por un segundo frunció el ceño, pero luego volvió a encontrar esa sonrisa fea. Antes de que pudiera rodar los ojos, se inclinó hacia mí, agarró mis mejillas con ambas manos y me acercó a ella. »¿Qué estás haciendo? —pregunté con las mejillas suavizadas. —Voy a besarte, Brooks, porque tenemos que trabajar en nuestro primer beso antes de hacerlo delante de nuestra familia y amigos.

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—¡Escucha! —grité, tirando el cubo con los pocos gusanos que encontré. Ellos se movían, tratando de encontrar su camino de regreso a la tierra, y ni siquiera me importaba. Me hinché el pecho y empujé mis pies en su dirección. Mis puños empujaron en el aire, y grité directamente en su cara—. ¡No nos vamos a casar! ¡No hoy, no mañana, nunca! Me disgustas y sólo fui agradable contigo en la última carta porque Jamie dijo que si te escribía más cartas malas, le diría a mis padres y me metería en problemas. ¿Bueno? Así que cállate ya con toda esta charla de boda.


—Definitivamente no vas a besar… —Hice una pausa y mi corazón dio un vuelco. Maggie colocó sus labios contra los míos y me acercó a ella. Sin vacilar, me alejé de ella. Quería decir algo, pero hablar parecía difícil, así que me quedé mirando, incómoda y torpemente. —Deberíamos intentarlo de nuevo —dijo ella, asintiendo a sí misma. —¡No! No me bes… —De nuevo me besó. Sentí todo mi cuerpo calentándose, con… ¿ira? ¿O tal vez confusión? No. La ira. Definitivamente cólera. O tal vez… »¿Dejarás de hacer eso? —grité, alejándome de nuevo y retrocediendo—. ¡No puedes ir besando a la gente que no quiere ser besada! Sus ojos se pusieron pesados y sus mejillas enrojecieron. —¿No quieres besarme? —¡No! No quiero. ¡No quiero nada que ver contigo, Maggie May Riley! Ya no quiero ser tu vecino. No quiero ser tu amigo. No quiero casarme contigo, y ciertamente no quiero besar… —Me interrumpieron de nuevo, pero esta vez por mí mismo. De alguna manera, durante mi discurso, me acerqué más y más a ella, y mis labios le robaron el aliento. Puse mis manos contra sus mejillas y las suavicé, besándola duramente durante diez segundos. También conté cada segundo. Cuando nos alejamos, los dos nos quedamos en silencio. —Me besaste —susurró. —Fue un error —respondí. —¿Un buen error? —Un mal error. —Oh. —Sí. —¿Brooks? —¿Podemos tener otro beso de mal error? Pateé mi zapato en la hierba y me froté la nuca. —No significa que me vaya a casar contigo. —Bueno. Arqueé una ceja. —Lo digo en serio. Sólo serán diez segundos y eso es todo. Nunca nos besaremos de nuevo. Nunca. —Está bien —respondió, asintiendo. Me acerqué más, y ambos nos acariciamos los rostros. Cuando nos besamos, cerré los ojos, y conté hasta diez.

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—¿Maggie?


Contaba lentamente, tan lento como los gusanos se movían. Uno… Uno punto tres… Uno punto cinco… Dos… —¿Brooks? —murmuró en mi boca, y mis ojos se abrieron para encontrar a Maggie mirándome fijamente. —¿Sí? —pregunté, nuestras manos aún se encontraban contra sus mejillas. —Podemos dejar de besarnos ahora. Ya conté hasta diez cinco veces. Retrocedí, avergonzado. —Lo que sea. De todos modos, tenemos que regresar al bote. —Me apresuré en tratar de recoger los gusanos, fallando terriblemente, y por el rabillo del ojo vi a Maggie balanceándose en su vestido, tatareando. —Oye, Brooks. Sé que dije que podrías usar la corbata color barro para la boda, pero creo que te verías mejor con una corbata verde. Trae la corbata para nuestro ensayo mañana. Nos encontraremos aquí a las siete. —Sus labios se curvaron hacia arriba, y no pude evitar preguntarme qué cambió en ella en ese momento. Su sonrisa ya no era fea. Cuando comenzó, me puse de pie rápidamente, tirando de nuevo los gusanos. —¿Eh, Maggie? Se balanceó sobre sus talones. —¿Sí? —¿Podemos probar la cosa de besar una vez más? —No sé… —Me metí las manos en los bolsillos y me encogí de hombros, mirando hacia la hierba mientras un gusano se movía sobre mi cordón—. Tal vez sólo por diez segundos más.

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Se ruborizó y sonrió, y fue hermoso. —¿Por cuánto tiempo?


Traducido por Alysse Volkov

A

maba a Brooks Tyler.

Quería que hubiera una palabra más detallada para describir mis sentimientos hacia el chico guapo, rudo que estuvo besándome últimamente, pero amor parecía ser lo único que venía a la mente cada vez que se encontraba cerca de mí. Mientras me acostaba en mi cama, pensando y pensando en el último beso de diez segundos, oí un ruido. —¡Tienes que estar bromeando! —De Cheryl. No estaba segura de lo que aullaba, el viento en el exterior o Cheryl. »¡No sé cómo ser una Dama de Honor! —Lloriqueó Cheryl cuando se dejó caer a mi lado. Su cabello rojo rizado rebotaba de arriba abajo mientras ella rebotaba en mi colchón. Cheryl había sido mi mejor amiga desde que me mudé con su familia, además de ser mi hermanastra. Por lo tanto, tenía que ser mi Dama de Honor. —No tienes que hacer nada, realmente, excepto todo lo que no quiero hacer y cuando estoy estresada por la planificación de la boda, eres la chica que llega a la que le grito sin parar. Oh, y tienes que sujetar la cola de mi vestido mientras camino por el pasillo. Me encogí de hombros. —No sé, pero la Dama de Honor de mi tía sostuvo la suya, así que creo que es sólo una parte de casarse. —En el suelo de mi habitación diseñé la ceremonia de boda entera con mis muñecas Barbie, peluches y juguetes de MI Pequeño Pony. Ken se hallaba parado en el lado de Brooks en la posición de novio, y Barbie estaba por mí. —De todos modos, ¿cómo conseguiste incluso un novio? —preguntó Cheryl, todavía rebotando. —Prometido —corregí—. Y realmente es bastante fácil. Estoy segura de que podrías conseguir uno. Sólo agitas tu cabello y escribes una carta diciéndole que va a casarse contigo.

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—¿Por qué tengo que sostener tu vestido?


—¿De veras? —La voz de Cheryl subió una octava—. ¿Eso es todo lo que se necesita? Asentí. —Así es. —Guau. —Suspiró, sonando un poco sorprendida. Sin embargo, no sé por qué. Los chicos eran bastante fáciles de conseguir. Mamá dijo que el deshacerse de ellos era el problema—. ¿Cómo sabes todo esto? —Mamá me lo dijo. Hizo un puchero. —¿Por qué ella no me dijo? También soy su hija. Además, ella es mi mamá primero. —Probablemente eres demasiado joven. Probablemente te lo dirá el otro año o algo así. —No quiero esperar un año. —Cheryl dejó de rebotar y empezó a rizar su cabello—. Necesito una pluma y un papel. O, bueno… ¿estás segura que Brooks no quisiera casarse conmigo, también? Mis manos se abalanzaron a mi cintura, y alcé una ceja. —¿Qué se supone que significa eso? Siguió rizando su cabello. —Solo digo. Lo he visto sonreírme un montón. Oh. Dios. Mío. Mi hermana era una vagabunda. Mamá dijo que no se me permitía decir esa palabra, pero la escuché decírsela a su hermana una vez por ir detrás de un hombre casado, y tía Mary fue feliz sobre ello. Cheryl era casi igual tratando de hacer lo mismo.

—¿Estás comparando las sonrisas que me da, con las sonrisas que le da a las ardillas? —preguntó su voz subiendo una octava. Dudé por un momento, pensando en ello. Cheryl y las ardillas tenían unas cuantas cosas en común. Por ejemplo, a las ardillas les gustan las nueces, y Cheryl estaba completamente loca si pensaba por un segundo que a Brooks le gustara ella antes que yo. Cheryl se levantó y resopló, aun rizando su cabello. »¡Tomaste demasiado tiempo para responder! ¡Espera hasta que le diga a mamá lo que dijiste! ¡Podría conseguir un novio si quisiera, Maggie May y tú no vas a decirme lo contrario! —No me importa. Solo no puedes tener a mi prometido. —¡Podría! —¡Que no!

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—Él es amigable. Le sonríe a todo el mundo. Lo vi sonreírle a una ardilla una vez.


—¡Que sí! —¡Cállate y deja de rizar tu estúpido cabello! —grité. Jadeó, sus ojos llenándose de lágrimas y chillando se fue echando chispas. —¡No iré a tu boda! —¡No estás invitada siquiera! —le grité de vuelta. Solo tomó unos minutos antes de que mamá caminara a mi habitación con los ojos entrecerrados. —Ustedes tuvieron otra pelea, ¿eh? Me encogí de hombros. —Ella está siendo dramática otra vez. —Para ser mejores amigas, se molestan muy seguido. —Sí, bueno, eso es algo que las chicas hacen. Sonrió y estuvo de acuerdo completamente. —Bueno, recuerda, es más joven que tú, Maggie, y Cheryl no lo tiene tan fácil como tú. Es un poco solitaria y rara, y no encaja perfectamente. Eres su única amiga verdadera y su hermana. Es familia, ¿y qué hace la familia? —¿Cuidarse mutuamente? Mamá asintió y me besó en la frente. —Así es. Nos cuidamos, incluso en los días difíciles. —Siempre que Cheryl y yo nos peleábamos, mamá siempre me decía eso. La familia se cuidaba. Especialmente en los días duros cuando era difícil siquiera mirarse el uno al otro. Recordé la primera vez que lo dijo. Ella y papi nos sentaron a Calvin, Cheryl y a mí en la sala de estar y nos dijeron que todo estaba bien para llamarlos mamá y papá si queríamos. Era la noche de su boda, y oficialmente éramos una familia. Mientras nos sentábamos allí, mamá y papá nos hicieron apilar nuestras manos una encima de la otra y hacer una promesa de cuidarnos siempre. Porque eso es lo que hacen las familias.

Pasé el resto de la tarde planeando la boda. Había estado soñando con mi boda desde que tenía siete años, por lo que era un súper largo tiempo. Me preguntaba qué tipo de música le gustaba a Brooks. Como no me dejaba escuchar, tuve que adivinar por mi cuenta. Él y Calvin estuvieron jugando con las guitarras de papi un poco cada noche y dijeron que iban a ser músicos famosos algún día. No les creía mucho al principio, pero cuanto más practicaban cada noche, mejoraban un montón. Tal vez podrían tocar en la boda. También, quizás escogería su canción favorita para caminar por el pasillo. Por otra parte, él y mi hermano estuvieron cantando “Sexy Back” de Justin Timberlake durante la semana pasada, y eso no parecía mucha boda para mí. Sin embargo, tal vez para nuestro primer baile.

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—Me disculparé —susurré, hablando de Cheryl. Ella era, después de todo, mi mejor amiga.


Cada noche después de que mamá y papá nos ponían en la cama, escuchaba música tocando abajo en la sala de estar. Esta era la misma canción cada vez: “You Send Me” de Sam Cooke, la canción de su primer baile. Saliendo de puntillas de mi habitación, iba hacia las escalaras y miraba hacia abajo. Las luces estaban tenues, papi tomaba la mano de mamá y le hacía una pregunta. —¿Bailas conmigo? —preguntaba cada noche antes de que empezaran a bailar. Papi giraba a mamá en círculos, ambos reían como si fueran niños. Mamá tenía una copa de vino en la mano, y mientras papi la balanceaba, el vino salía de la copa a la blanca alfombra. Ellos reían incluso más por el desastre y se acercaban más. La cabeza de mamá descansaba en el pecho de papi mientras él le susurraba en el oído y bailaban tan lentamente. Eso era lo que el verdadero amor significaba. El verdadero amor significaba que podías reír de los errores. El verdadero amor significaba que podías susurrar secretos.

La mañana siguiente, desperté lista para el día que tenía por delante. —¡Hoy es el ensayo para mi boda! —grité, estirando mis brazos y saltando en mi cama—. ¡Es mi ensayo! ¡Es mi día de ensayo! Calvin tropezó en mi habitación, pasando sus manos sobre sus ojos soñolientos. —Dios, Maggie, ¿puedes callarte? Son las tres de la mañana — se quejó, bostezando. Sonreí. —Eso no importa, ¡porque es mi día de ensayo, Calvin! Se quejó un poco más y me llamó un nombre, pero no me importaba.

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El verdadero amor significaba que nunca tenías que bailar solo.


Papi tropezó en mi habitación casi exactamente como mi hermano lo hizo, frotándose los ojos y bostezando. Se acercó a mi cama, y envolví mis brazos alrededor de su cuello, forzándolo a levantarme en el aire. —¿Papi, adivina qué? ¿Adivina qué? —grité con entusiasmo. —Déjame adivinar, ¿harás tu ensayo de boda hoy? Asentí rápidamente y me eché a reír mientras él me hacía girar en círculos. —¿Cómo supiste? Sonrió. —Conjetura afortunada. —¿Puedes hacer que deje de gritar para que podamos volver a la cama? —Gimió Calvin—. ¡Ni siquiera es una boda real! Me quedé sin aliento y fui a molestarle por sus mentiras, pero papi me detuvo, susurrando—: Alguien no es una persona mañanera. ¿Qué tal si todos volvemos a la cama por unas horas, y luego te prepararé un desayuno del día antes del día de la boda? —¿Gofres con fresas y crema batida? —¡Y chispas de chocolate! —Sonrió. Calvin pisoteó su culo gruñón de vuelta a su habitación, y papá me puso de nuevo en mi cama, dándome besos esquimales. »Trata de dormir un poco más, ¿de acuerdo, cariño? Tienes un gran día por delante. —Me metió en la cama, como lo hacía cada noche. —De acuerdo. —¿Y Maggie May? —¿Sí?

Cuando salió de la habitación, apagó la luz y me acosté en la cama, mirando fijamente las pegatinas de estrellas brillantes en la oscuridad en mi techo, sonriendo con mis manos sobre mi pecho, donde sentía cada uno de mis latidos que mantenía el mundo girando. Sabía que debía estar durmiendo, pero no podía, porque era el día antes de mi boda, y estaba a punto de casarme con un chico que aún no lo sabía, pero iba a ser mi mejor amigo una vez llegáramos a nuestro aniversario de diez años. Probablemente necesitaría esos diez años para darse cuenta de que de hecho quería ser mi esposo. Y obviamente viviríamos felices para siempre.

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—El mundo sigue girando porque tus latidos existen. —Me decía esas palabras todos los días, desde que podía recordar.


Cuando llegó la mañana, yo era la primera esperando abajo mis gofres. Papi y mamá aún dormían cuando me metí en su dormitorio. —Oye, ¿están despiertos? —susurré. Nada. Empujando a papá en la mejilla, me repetí—. Oye, ¿estás despierto, papá? —Maggie May, no es hora de levantarse todavía —murmuró. —¡Pero, dijiste que harías gofres! —Gemí. —Por la mañana. —Es la mañana. —Gemí y me acerqué a sus ventanas, retirando las cortinas—. ¿Ves? El sol está arriba. —El sol es un mentiroso, por eso Dios creó cortinas. —Mamá bostezó, rodando sobre su costado. Abrió los ojos y miró el reloj de su mesita de noche—. Las cinco y media de la mañana no es la mañana, Maggie May. Ahora vuelve a la cama y vamos a despertarte luego.

Mamá me dijo que sólo podía ir a jugar si llevaba a Cheryl conmigo, pero incluso después de que me disculpé con ella, todavía no quería ser mi Dama de Honor, así que tuve que escabullirme por mi cuenta para ir a encontrarme con Brooks en el bosque. Salté por las calles del barrio, tomando el césped perfectamente cortado y las flores perfectamente plantadas. El condado de Harper era una pequeña ciudad donde todos conocían a todos, así que no pasaría mucho tiempo antes de que mamá recibiera una llamada diciendo que tal y tal me vieron saltar por la calle sola. Por lo tanto, tuve que ser rápida Simplemente no demasiado rápida, porque siempre tenía que parar en la esquina de mí cuadra, mirar a ambos lados de la calle, luego cruzar la calle hasta la casa de la señora Boone. El césped de la señora Boone era todo lo contrario de los demás. Ella tenía flores creciendo por todas partes, sin ningún tipo de orden en absoluto. Rosas amarillas, lavanda, amapolas... tú nombrabas una flor, y probablemente estaba creciendo en el patio de la señora Boone.

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No me despertaron hasta las ocho de la mañana, pero sorprendentemente ya me hallaba levantada. El día fue más lento de lo que quería, y mis padres me hicieron ir a ver el recital de baile de Cheryl, que duró más de lo que debería, pero una vez que llegamos a casa, me encontraba lista para ir por Brooks.


Nadie se molestaba en pasar por la casa de la anciana. Todos la llamaban grosera, gruñona y distante. En su mayor parte se sentaba sola en el porche, balanceándose de un lado a otro en su mecedora, murmurando a sí misma mientras su gato, Muffins, rodaba por el patio. Mi hora favorita del día era cuando la señora Boone entraba a hacer algo de té. Bebía más té que nadie que haya visto. Un día, Cheryl y yo la observamos desde el otro lado de la calle y quedamos impresionadas por el número de veces que la señora Boone dejaba su mecedora y regresaba con una taza de té. Cada vez que ella desaparecía en la casa, me metía furtivamente en su patio delantero, que se hallaba protegido por una cerca de vallas blancas. Olía el olor de tantas flores como sea posible, luego daba vueltas en la hierba alta con Muffins. Esa noche, me apresuré a entrar en su patio, porque no tenía mucho tiempo antes de que tuviera que encontrarme con Brooks. —¡Oye! ¡La chica de Eric! ¡Lárgate de mí césped! —susurró la señora Boone, abriendo la puerta de la pantalla con una taza de té. Le dije mi nombre cientos de veces, pero ella se negaba a reconocerlo. —Maggie —dije, poniéndome de pie y sosteniendo a un Muffins ronroneante en mis manos—. Me llamo Maggie, señora Boone. Maggie. —Lo dije lenta y fuerte la segunda vez, para asegurarme de que lo entendiera. —¡Oh, sé quién eres, bandida! ¡Ahora aléjate de mis flores y de mi gato!

—¿Boda? —farfulló, entrecerrando los ojos, que llevaba cubiertos de demasiado maquillaje. Mamá siempre decía que menos era más. La señora Boone obviamente decía lo contrario—. ¿No eres un poco joven para casarte? —El amor no conoce la edad, señora B. —Extendí la mano por una amapola, la recogí y la puse detrás de mi oreja mientras Muffins saltaba de mis brazos. —Escoge una flor más y nunca serás capaz de elegir otra cosa en tu vida —me advirtió, dándome un gruñido con el ceño fruncido. —¡Incluso le echaré un poco de helado para las flores, señora B! Puedo recogerlas todas ahora, así que no tendrá que preocuparse por… —¡Vete! —gritó, su voz enviando escalofríos por mi espina dorsal. Me puse de pie, con los ojos bien abiertos de pánico y retrocedí.

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La ignoré. —Jesús, señora B, tiene las flores más bonitas que he visto en su jardín. ¿Sabía eso? Me llamo Maggie, otra vez, por si acaso lo olvidó. Puede llamarme Maggie May si quiere. Muchos de mi familia me llaman así. Hablando de familia y flores, pensé que podría preguntar... ¿Cree que puedo pedir prestado algunas de sus flores para mi boda mañana?


—Bueno. Bueno, si cambia de idea, pasaré mañana también, antes de la boda. Incluso puede venir si quiere. Estará entre los dos árboles retorcidos en el bosque a las cinco de mañana por la noche. Mamá está haciendo pastel, y papá está haciendo ponche. ¡Puede traer a Muffins, también! ¡Adiós, señora B! ¡La veo mañana! Gruñó un poco más mientras salía corriendo de su jardín, recogiendo dos rosas amarillas para llevarlas conmigo. Salí rápidamente y me despedí de la señora gruñona que probablemente no era realmente gruñona, pero sólo le gustaban los rumores que sus vecinos hacían. Cuanto más cerca llegaba a los árboles retorcidos, más mi corazón se aceleraba. Cada respiración se llenaba de más y más urgencia, más y más emoción. Cada paso era un paso más cerca de Brooks. Está sucediendo. Finalmente se haría realidad. Iba a conseguir lo que papá y mamá tenían. Iba a ser suya, y él iba a ser mío. Esta vez es para siempre.

Estaba retrasado. Sabía que tenía relojes en su casa, y sabía que era capaz de decir la hora, pero aún así, Brooks se retrasaba. ¿Cómo podríamos vivir felices para siempre si no se presentaba a tiempo? Mis ojos miraron a mi reloj de Barbie, y mi pecho se tensó. Estaba retrasado. Le dije que a las siete y tenía dieciséis minutos de retraso. ¿Dónde se encontraba? ¿Me dejaría plantada? No, no lo haría. ¿No me amaba como yo lo amaba? No, lo hacía. Me dolía el corazón mientras caminaba por el bosque, buscando entre los arboles a un chico tonto con hermosos ojos. —Solo está por los dos árboles torcidos. —Me aseguré, escuchando las crujientes hojas que habían debajo mis pasos—. Él está viniendo —juré, mirando el cielo brillante cada vez más oscuro.

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Siete y dieciséis de la noche.


Nunca se me permitió salir más allá de las luces de las farolas encendidas, pero sabía que estaría bien, porque me iba a casar al día siguiente, y no estaría sola en la oscuridad, porque Brooks venía a unirse a mí. Siete y treinta y dos de la noche. ¿De qué dirección vendría? ¿Y dónde fueron los dos árboles torcidos? Mi corazón latía más rápido y mis palmas se sentían sudorosas mientras caminaba a través del bosque. —Brooks —grité, más nerviosa porque me perdí el camino. Sin embargo, él me encontraría. Él está viniendo. Seguí caminando. ¿Entraría más en el bosque? ¿Más lejos de los árboles? ¿Cómo podría saberlo? No pude encontrar mi camino. ¿Dónde se hallaban los árboles? Siete y cincuenta y nueve de la noche. El agua. Encontraría el agua donde los muchachos iban a pescar. Tal vez ahí fuera donde Brooks estaría. Pero, ¿por dónde era el agua? Empecé a correr. Corrí y corrí, esperando ver el agua balanceándose de un lado a otro, recordándome dónde estaba y cómo llegaría a casa, o cómo encontraría a Brooks. A lo mejor también se perdió. Tal vez estaba solo, asustado y sudoroso. Tal vez también me buscaba. Tenía que encontrarlo, porque sabía que estaría bien cuando estuviésemos cerca uno del otro. Ocho y trece de la noche. El agua. La encontré. Encontré las ondulaciones, las piedras y los sonidos tranquilos. Encontré el agua y lo encontré. —No te vayas, por favor, Julia. Escúchame. No. No él. Alguien más, que no estaba solo. Un hombre se hallaba allí con alguien más. Una mujer. Ella le decía que no, diciendo que ya no podía estar con él, y a él no le gustó eso. »Tenemos una vida juntos, Julia. Tenemos una familia. —¿Quieres escuchar? Ya no quiero estar contigo. —¿Es sobre el tipo del trabajo?

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Brooks.


La mujer puso los ojos en blanco. —No empieces de nuevo. Esto es de lo que hablo. Tienes todos estos problemas de ira. No puedo mantener a nuestro hijo cerca de eso. No podemos seguir haciendo esto. Se pasó las manos por el cabello. —Estás follándolo, ¿no? Estás follando al tipo del trabajo. —Antes de que ella pudiera responder, él se ponía más y más molesto, su pecho entrando y saliendo. El hombre era alguien que hacía mis respiraciones más difíciles de tragar, y mi miedo más temeroso. Había estado menos asustada cuando me quedé sola por los árboles torcidos equivocados. Debería haberme quedado en los árboles equivocados. Él le gritó, su voz se quebró. »¡Maldita puta! —gritó, golpeándola fuertemente en la cara. Ella tropezó hacia atrás y gimoteó, su mano volando a su mejilla—. Te di todo. Tuvimos una vida juntos. Acabo de asumir el negocio. Nos estábamos poniendo de pie. ¿Qué pasa con nuestro hijo? ¿Qué hay de nuestra familia? —La golpeó una y otra vez—. ¡Tuvimos una vida! —La empujó hacia el suelo y sus ojos salieron de su cabeza, como si estuviera loco. Mi garganta se tensó mientras mis ojos miraban, donde el hombre que me recordaba el cielo oscuro envolvió sus manos alrededor del cuello de la mujer. »No puedes dejarme —dijo, casi suplicándole mientras la ahogaba y la sacudía. Ella gritó, agarrando sus manos. La sacudió. Ella gritó, tratando de jadear por el aire. La sacudió. Ella gritó, y yo sentí sus manos. Sentía como si sus manos estuvieran a mí alrededor. Ahogándome. Sacudiéndome. Arrastrándome Mis dedos me rodearon el cuello y rogué por aire, sabiendo que si sentía que no podía respirar, a la mujer le dolía aún más. Entonces el hombre maligno comenzó a arrastrar su cuerpo hacia el En ese momento supe quién era. El diablo. El diablo tiró del cuerpo de la mujer hacia el agua y empujó su cabeza bajo sus olas. Y dejé de respirar.

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agua.


La ahogó. La ahogó. El diablo ahogó a una mujer en la orilla de Harper Creek. Sabía que estaba muerta. Ella luchó de vuelta mientras el diablo seguía sosteniendo su cabeza bajo el agua. El diablo la sostuvo al borde del lago y siguió empujando su cabeza bajo el agua. La mujer luchó al principio, agarrándolo con los dedos, haciendo todo lo posible para atacar al diablo. El cuerpo de la mujer se empujó contra el suyo, pero cada vez que el diablo sacaba la cabeza de la mujer de debajo del lago, su boca inhalaba y exhalaba, ahogándose en el agua, luchando por respirar. El diablo la atrajo más profundamente hacia las aguas, salpicando ruidosamente. El agua llegaba al cuello del diablo, y ni siquiera podía ver a la mujer. —No me dejes —le rogó, suplicó—. No me dejes, Julia. Debería haber dejado de mirar. No podía dejar de mirar. Ella se encontraba completamente sumergida, y todo lo que vi era la oscuridad del diablo. Sacó a la mujer del agua, de vuelta a la orilla, y no dejó de hablar con ella. »¿Como pudiste? ¿Cómo pudiste hacer esto con nosotros? —Tomó la mano izquierda de la mujer y quitó la alianza de su dedo. Lo deslizó sobre su propio dedo. La mató. También lo vi, la realización de sus acciones, dándose cuenta de lo que hizo. Empezó a sacudir a la mujer, su cuerpo flojo. »Julia. —Gimió—. Julia, despierta. —Cayó al suelo junto a ella y la sacudió, tratando de traerla de vuelta, pero no pudo. Sollozó sobre su cuerpo—. Por favor, regresa. Retrocedí y rompí una rama. Levantó la mirada. Mató a esa mujer, y él me miraba. No me mires.

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Mató a la mujer.


Mis manos se volvieron puños a mis costados, mi mente giró. Tropecé hacia atrás, rompiendo cada rama del camino con mis sandalias. Mi espalda se estrelló contra el tronco del árbol más cercano mientras los ojos marrones del diablo danzaban sobre mi cuerpo. Una mirada petrificada nadó en sus ojos, y dejó caer a la señora. »¡Oye! —gritó, mirándome—. Oye ¿qué estás haciendo? —Se acercó más a mí. Sus pies se arrastraron hacia mí, su ropa se hallaba empapada. No vagues por tu cuenta, Maggie May. ¿Lo entiendes? No debes alejarte sin tu hermana. Las palabras de mamá continuaban circulando en mi mente. Él se acercó más y más, y yo grité, apartándome de él. Empecé a correr tan rápido como pude, volando a través de las ramas, sintiendo mi corazón golpeando contra mi pecho. Sus pasos se hicieron más fuertes, pero no podía mirar hacia atrás. Corría tras de mí. Más cerca, más cerca, más cerca. Corre, Maggie. Más rápido, más rápido, más rápido. ¡Corre! Un brusco tirón de mi vestido me envió hacia atrás, la amapola en mi cabello volando hacia el suelo del bosque. Sus dedos se envolvieron alrededor de mi vestido y me tiró al suelo. Mi respiración entró y salió y yo grité cuando él abordó mi cuerpo, poniendo todo su peso encima de mí, sus manos sucias cubriendo mi boca, silenciando mis gritos. Pateaba y gritaba, gritaba y pateaba. Iba a matarme. Me mataría. No, por favor. Las lágrimas corrían por mis mejillas mientras luchaba.

¡No! Colocó una mano alrededor de mi cuello, ahogándome, haciendo más y más difícil respirar. Gritó. Lloró tanto. Lloró y se disculpó. Se disculpó por lastimarme, se disculpó por empujar unos cuantos dedos en el costado de mi cuello, haciéndome cada vez más difícil encontrar mi próxima respiración. Me dijo que la amaba, me dijo que el amor le hacía esto a él, a ella. Juró que nunca la había hecho daño. Prometió que no le haría daño a la mujer que ya mató. »No se suponía que estuvieras aquí, pero ahora lo estás —dijo, bajando la cara hacia mí—. Lo siento. Lo siento. —Olía a tabaco y regaliz, y su

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—No se suponía que estuvieras aquí —siseó, empezando a sollozar—. No debías ver eso. Fue un error. No quise…


antebrazo tenía un gran tatuaje de dos manos rezando con el nombre de una persona debajo—. ¿Cómo llegaste aquí? —preguntó. Su boca se encontraba a centímetros de la mía, y sacudió la cabeza mientras separaba mi boca para gritar por Brooks, rogando que me oyera, que me encontrara. Colocó su dedo contra mi boca, luego empujó sus labios contra sus dedos, también, y emitió un sonido silencioso. »Shh —susurró. Mis ojos estaban abiertos de miedo—. Por favor, no grites. Fue un accidente. —Movió sus labios a mi frente y presionó su boca contra mi piel—. Shh —dijo de nuevo. Sus labios viajaron hasta mi lóbulo de la oreja y sentí su boca tocarme antes de que silbara una última vez—. Shh. Me perdí. Me robó de mí misma en ese momento. Me sentí sucia. Me sentí usada. Me sentí atrapada. —¡Maggie May! ¿Dónde estás? —gritó Brooks, su voz rompiendo al diablo de sus pensamientos. Se apartó de mí y se alejó en un salto. Me tropecé al ponerme de pie y no me molesté en sacudirme la tierra, las hojas y los palos enredados en todo mi cuerpo. Me hallaba mojada. Su ropa mojada me empapó, y también me mojó. Tropecé, pero corrí. Corrí. Corrí tan rápido como pude hacia el sonido de la voz de Brooks. Cuanto más ruidosa sonaba, mi corazón más se aceleraba. »Quiero decir, ¡Jesús, Maggie! ¡Fui con la estúpida corbata púrpura porque te encontrabas tan en contra de la de color barro y luego me dejas plantado! ¡No puedo creer esto!

Brooks. Cuando se volvió hacia mí, cualquier irritación que sentía desapareció y fue reemplazada por una intensa preocupación. Mientras corría hacia él, tropecé sobre mis propios pies y sus brazos se extendieron, atrapándome. »Guau, Maggie, ¿qué está pasando? Abrí la boca para hablar, pero lo único que oí en mi cabeza fue el sonido del diablo que me silenciaba, presionando su piel contra mi piel, presionando su dedo contra mis labios. Contra mi frente. Contra mis lóbulos de las orejas. Contra mí. Iba a matarme.

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Cuando mis ojos vieron su espalda, él daba patadas alrededor de la hierba murmurando para sí mismo.


Sonó un crujido detrás de nosotros y salté, con los ojos muy abiertos mientras me empujaba contra Brooks con fuerza, clamando por protección. »Maggie, está bien. Es sólo una ardilla. ¿Qué te asustó? ¿Qué te pasó? —Ninguna palabra podía dejarme. Mis dedos agarraron la camisa de Brooks, acercándolo a mí. Él no hizo ninguna pregunta, pero me abrazó fuerte—. Está bien, Maggie. Estás bien.

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Sollocé en su camiseta, y él se limitó a abrazarme fuerte.


Traducido por ∞Jul∞

P

arpadeé. Las luces ya brillaban, y la enfermera seguía brillando su linterna en mis ojos. En mi nariz. En mis oídos. En mi boca. Parpadeé.

Papi tenía lágrimas en los ojos, pero no caían. Se apoyó contra la pared, con la mano en un puño, el puño apoyado en la boca, su boca que no decía palabras. Parpadeo. Mamá lloró cuando la enfermera mencionó un SAK3. No sabía lo que era, pero eso hizo que mamá llorara. Parpadeo. La enfermera me limpió todo. Mis labios, mis mejillas, mis muslos, mi... Parpadeo. Me peinó en el cabello. Las hojas se cayeron. Encontró sangre. Papi empezó a llorar suavemente. Cortó el vestido y lo sacudió. Había suciedad. Mi vestido se encontraba sucio. Estaba sucio. En todos lados. Mi amapola se fue. ¿Dónde desapareció mi flor de amapola? Me cogió las uñas. Mi esmalte se arruinó. Mis uñas se arruinaron. Yo estaba arruinada. Parpadeo.

Un equipo para detección de violación o kit de delitos sexuales, es una caja o sobre utilizado para recopilar y almacenar datos biológicos y de seguimiento en los casos de delitos sexuales denunciados. 3

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Parpadeo.


Me llevaron al auto. Me metí en una pelota. Las farolas destellaban rojos y verdes. Las amarillas borrosas. Vi su rostro en mi mente. Parpadeo. Calvin y Cheryl se hallaban en el porche cuando llegué a casa. No hablaron. Yo tampoco. Parpadeo. Mamá y papá me llevaron a su dormitorio, y lloré en sus sábanas, temblando, sintiéndome sucia, rota, usada. Asustada. Tan asustada. Shh… Shh… ¿La enfermera lo obtuvo? ¿Consiguió su gusto en mis labios? ¿Consiguió la piel de él en mi piel? ¿Ella…? Parpadeo. Cerré los ojos. No quería sentir. No quería estarlo. No quería volver a parpadear. Mantuve los ojos cerrados. No quería ver, pero, todavía veía. Lo vi. Lo sentí. Lo probé. Todo se oscureció. Todo se convirtió en sombras.

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Todo se volvió negro.


Traducido por Taywong

M

amá seguía paseando alrededor del dormitorio de papá y de ella, retorciendo sus manos. Me senté en el borde de su colchón, escuchando sus tacones altos golpetear contra el piso de madera dura. La cama parecía estar sentada sobre un montón de un millón de plumas, y era casi imposible no derretirse en la suavidad. Me sentí cansada, también, así que fue una mala combinación. Mis ojos lucharon para permanecer abiertos, aunque últimamente el sueño parecía mejor que permanecer despierta. El único problema con los sueños era que a veces se convertían en pesadillas, y las pesadillas eran lo que me estuvieron ahogando últimamente. —No has hablado en días, Maggie May —regañó mamá—. Ni una sola palabra. Tu padre y yo estamos aterrorizados. —Su cabello color caramelo colgaba de sus hombros, y seguía peinándolo detrás de sus orejas. Cuando no movía su cabello, sus uñas con manicure bailaban contra sus antebrazos, cavando en su piel. La preocupación atacó su espíritu mientras mantenía un paso rápido. Deseé que papá estuviera en casa y no afuera en el trabajo. Normalmente era capaz de mantener a mamá de tener sus pánicos. »¿Qué pasó ahí afuera, Maggie? —preguntó—. ¿Qué hacías en esos bosques? Tu padre y yo te dijimos... te pedimos que no te alejaras. baja. »Pasó tu toque de queda —susurró, con un temblor en su voz—. Y te supliqué que estuvieras en casa cuando las luces de las farolas se encendieran, ¿verdad? —Comenzó a tartamudear, lo cual era extraño porque mamá siempre lucia tan tranquila y bien hablada—. Te di... dije que no deberías salir por la noche, Maggie May. Mis labios se separaron para hablar de nuevo, pero no salió ninguna palabra. Mamá se dio la vuelta y mordió su labio inferior. Sus brazos cruzados y metió sus manos debajo de sus axilas antes de caminar en mi dirección. Rompí mi mirada de ella.

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Mis dedos se clavaron en el lado del colchón y mi cabeza se quedó


»Mírame, Maggie —ordenó. Negué. Unas lágrimas cayeron por mis mejillas y mi cuerpo tembló. »¡Maggie May, cuando te digo que me mires, debes escuchar! —Su voz sonaba llena de pánico, casi como si temiera que su niña se hubiera ido y nunca volvería. Quizá no lo haría. Tal vez me caí tan profundamente en la parte de atrás de mi mente que nunca tendría que recordar lo que era sentir, hacer daño, romper, respirar. Mis ojos dolían por estar despierta durante tanto tiempo, pero ese dolor no se acercaba al dolor en mi pecho. En mis oídos, todavía podía oír los gritos de la persona atacada. En mi cabeza, todavía podía verla luchando por su vida, y en mi corazón, todavía podía sentir el monstruo contra mi alma. Unas lágrimas cayeron por mis mejillas y mi cuerpo tembló. »Oh, cariño. —Mamá lloró. Sus dedos se deslizaron debajo de mi barbilla e inclinó mi cabeza hacia arriba—. Palabra por palabra, dime lo que pasó. ¿Qué te pasó en esos bosques? Por el rabillo del ojo vi a Calvin y Brooks en el pasillo, escuchando la conversación entre mamá y yo. Se hallaban apoyados contra la pared, mirándonos fijamente. Los ojos de Brooks se veían más tristes de lo que creía que los ojos podrían haber mirado. Los dedos de Calvin se entrelazaban en puños, que golpeó repetidamente contra la pared detrás de él. Mamá siguió mi mirada, y cuando vio a los muchachos, se apresuraron a alejarse. Estaba segura de que no fueron muy lejos. Esos dos chicos no se habían ido de mi lado durante los últimos días. Cheryl era todo lo contrario. Parecía tener miedo de acercarse a mí. Actuó como si tuviera algún tipo de enfermedad y la atraparía si miraba en mi dirección. La oí llorar la otra noche porque perdió su recital de baile. Fue mi culpa, porque nuestros padres no querían dejarme de lado. Giré mi cabeza lejos de ella, y suspiró una vez más. »Por favor, Maggie. Habla. No sé cómo ayudarte si no me dices lo que pasó. —Siguió pidiéndome y suplicándome que le dijera algo, pero no pude. Mi garganta se sentía seca. Necesitaba agua helada, tal vez. Necesitaba algo para soltarme, algo para hacer que las palabras salieran de entre mis labios, pero no podía moverme—. ¡No entiendo! No entiendo por qué no me hablas. Necesitas decirme, nena, porque mi mente está pensando en las peores cosas. ¿Alguien te lastimó? ¿Alguien...? —No podía decir las palabras, pero yo sabía lo que me preguntaba—. Solo dime qué pasó, incluso si alguien te lastimó, cariño. No te juzgaré, lo juro. Mamá solo quiere saber si alguien te

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»Maggie May —susurró mamá.


ha hecho daño. —Tragó saliva—. Puedes asentir si alguien te hizo daño, cariño. Puedes decírmelo —susurró—. ¿Recuerdas cuando hablamos de estar a salvo? ¿Y cómo la gente no podía tocarte, y si lo hicieran, tendrías que decírselo a tu padre y a mí? ¿Sucedió eso? Quiero decir, sé que los médicos han revisado, pero esas pruebas... toman tiempo. ¿Alguien...? — Sus palabras vacilaron una vez más. Bajé mi cabeza. El extraño no me violó físicamente, y sabía que eso era lo que me preguntaba. Aun así, a decir verdad, me violó casi de todas las maneras posibles. Violó mi inocencia. Mi juventud. Mi voz. Robó tanto de mí cuando presencié su acto de horror y cuando intentó terminar conmigo. Robó tanto de mi alma. Sin embargo, negué con la cabeza por Mamá. No me violó físicamente. Mamá dejó escapar un suspiro de alivio antes de que rompiera en sollozos incontrolables. Sus manos cubrían su rostro mientras se sacudía violentamente, y sus palabras eran difíciles de entender. »¿Por qué no hablas? —preguntó. Porque no tengo nada que decir. »Creo que eso es suficiente por ahora, Katie —dijo una voz. Levanté la mirada para ver a papi de pie en la puerta, mirando a mamá y a mí. Debe haber regresado a casa temprano del trabajo para cuidar de ella. Mamá siempre mejoraba cuando estaba cerca. Ella se acercó a él, y en cuestión de segundos, los brazos de papá se envolvieron alrededor de su diminuta silueta. Le susurró algo al oído y parecieron ser las palabras correctas, porque el llanto de mamá se detuvo y asintió en acuerdo con la suave voz de papá.

Papá se acercó a mí, se arrodilló y me dio su mejor sonrisa torcida. —¿Maggie May? ¿Sí, papi? »El mundo sigue girando porque tus latidos del corazón existen — prometió. Su nariz rozó la mía, dándome sus besos esquimales—. Y todo va a estar bien. ¿Sabes por qué? Negué y continuó.

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Después de unos minutos, dijo que necesitaba aire y salió de la habitación.


»Porque ninguno de nosotros nunca está solo. Tienes una familia que te ama y estará allí para ti siempre. ¿De acuerdo, chica? Está bien, papi. Sonrió como si oyera las palabras que no dije. »¿Qué tal si salimos a comer algo de yogurt congelado más tarde esta noche? Creo que será bueno para nosotros salir. ¿Qué dices? Sí. Sonrió más amplio, como si me entendiera de nuevo. Tal vez los padres siempre sabían las cosas que sus hijos pensaban. Tal vez era una especie de sexto sentido. Me sentía agradecida por los súper poderes de papi. Se fue a revisar a mamá, y me quedé en su habitación, sentada contra el colchón hecho de plumas, y comencé a permitirme hundirme en la suavidad. Me recosté, mis piernas colgando del borde de la cama, y cerré mis ojos. Últimamente mis oídos eran más conscientes de cada ruido que se acercaba a mí, desde el viento golpeando contra los manzanos en el patio trasero, a la mosca zumbando alrededor en el cuarto de baño por el pasillo.

—¿Estás bien, Maggie? —preguntó, de pie en la puerta. No me senté, pero mi cabeza se inclinó en su dirección. Cuando nos miramos el uno al otro, su pecho se hundió y sus hombros se redondearon. Sus manos se veían muy apretadas en sus vaqueros—. Calvin y tu papá están fuera revisando a tu mamá. Me pidió que me fuera a casa y le dije que lo haría, pero no pude dejar de verte para ver si hay algo que pueda hacer. Me encogí de hombros. Él frunció el ceño. »¿Puedo entrar? —preguntó. Asentí. Frunció el ceño un poco más. Brooks se sentó en la cama antes de bajar para acostarse a mi lado. Mi cabeza seguía inclinada hacia él, y la suya se ubicaba ahora frente a mí.

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Mis ojos se abrieron de golpe antes de que las palabras salieran de la boca de Brooks. Escuché sus suaves pasos acercarse en mi dirección. Los pasos de Calvin eran siempre pesados, como si pusiera todo su peso en cada paso, pero los de Brooks eran mucho más suaves, casi como si caminara de puntillas por el piso. Me preguntaba si sus pasos eran siempre así, o si había adoptado los suaves movimientos en los últimos días. Hubiera estado mintiendo si hubiera dicho que noté los sonidos de sus pasos antes. Me pregunté cuántas cosas las personas perdían cuando estaban ocupadas hablando demasiado.


»Tu mamá dijo que no estás hablando. Dijo que no tienes nada que decir, pero creo que es mentira. Creo que tienes mucho que decir, pero no sabes cómo decirlo. Una sola lágrima cayó por mi mejilla, y giré en la otra dirección para evitar que me viera llorar. Todavía era testigo de la única lágrima. Mantuve el resto corriendo por mi rostro hacia mí y la almohada de mamá. Habló en voz baja. »Es mi culpa, ¿sabes? Se suponía que iba a encontrarte en el bosque para nuestro ensayo, pero perdí mucho tiempo tratando de escoger una corbata que te gustaría. Sé que probablemente pensaste que te dejaría plantada, pero no lo hacía, Maggie May. Te juro que te iba a encontrar, y cuando salí, no te hallabas donde te encontraría. Lo siento mucho. Más lágrimas cayeron de mis ojos mientras escuchaba a Brooks resoplar. Continuó hablando. »Lo siento mucho. Lo siento, lo siento…

—¿Quién quiere un poco de helado? —dijo papá, entrando en su dormitorio, la habitación que Brooks y yo no habíamos dejado. No sabía cuándo sucedió, pero en algún momento, Brooks y yo empezamos a tomarnos de las manos, y todavía no había encontrado el poder de alejarme de su agarre. Ambos nos sentamos, y Brooks apartó rápidamente su mano de la mía. —¡Me encantaría un helado! —gritó. Mamá vino y frunció el ceño detrás de papá. —Brooks, no has estado en casa en un tiempo. Tal vez deberías regresar. Probablemente necesitamos un poco de tiempo en familia si está bien. —No quiso ser grosera, pero podía decir que los sentimientos de Brooks se encontraban un poco heridos por la forma en que sonreía.

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Nos quedamos allí unos minutos más. Las lágrimas seguían cayendo de mis ojos, y él no trató de convencerme de dejar de llorar. Podría haber sido mi imaginación, pero pensé que Brooks lloraba a mi lado un poco.


La mayoría de la gente probablemente pensó que era una sonrisa normal, pero sabía que era la sonrisa que daba cuando se sentía un poco avergonzado. —Claro, señora Riley. Lo siento. Me pondré en marcha. —Se giró hacia mí y me dirigió una sonrisa torcida—. ¿Estás bien hoy, Maggie May? —Desde el incidente, me lo había estado preguntando cada día. Asentí lentamente. Estoy bien, Brooks. Se levantó de la cama y empezó a salir del dormitorio, pero papá aclaró su garganta. —Creo que podría estar bien que Brooks se uniera a nosotros por un poco de helado. —Eric —protestó mamá, pero papá colocó una mano reconfortante en su hombro. —Eso es, solo si Maggie piensa que está bien —terminó, mirándome. Los ojos de Brooks se elevaron hacia mí, llenos de esperanza, y no existía forma de que pudiera decirle que no. Después de todo, escuchó mi silencio. Después de que estuviera de acuerdo, todos nos pusimos los zapatos y nos dirigíamos al frente de la casa. Mientras todos caminaban fuera, me detuve en la puerta. Mi mente entró en pánico y mi pecho se tensó. ¿Y si todavía se hallaba allí afuera? ¿Y si me esperaba? ¿Y si esperaba para herirme? ¿O estaba lastimando a otra persona, o...? —Maggie —dijo mamá, mirando en mi dirección. Alzó una ceja—. Vamos, cariño. Hice todo lo posible para salir de la casa. Hice todo lo posible para seguir adelante, pero el pánico fue abrumador. Cada vez que mi mente me decía que avanzara, de alguna manera retrocedía.

Todo el mundo me miraba así. ¿La había perdido? ¿Perdí mi mente? Puedo oírlo silenciándome, pensé para mí. Él puede verme. Puede hacerme daño. Retrocedí cada vez más y me encontré con una pared, que me hizo saltar de miedo. No podía salir. No era seguro ahí afuera. Sabía que no lo era, y todo lo que siempre quise era sentirme segura.

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—¿Qué estás haciendo? —preguntó Calvin, mirándome como si hubiera perdido la cabeza.


El mundo era aterrador, y últimamente tenía más miedo que fuerza. —Vamos, Maggie. —Gruñó Cheryl—. Lo estás arruinando para todos nosotros. Mamá apretó el brazo de Cheryl. —¡Basta, Cheryl Rae! Sin embargo, ella tenía razón. Lo arruinaba para todo el mundo. Lo siento. Lo siento. Retrocedí un paso más y antes de que lo supiera, mis pies se alejaron corriendo hacia la habitación de mis padres. Era el lugar más seguro que conocía, y no estaba segura de cómo salir. Gateando bajo sus mantas, mi cuerpo temblaba violentamente. No pude respirar. No podía apagar todos los ruidos en mi cabeza. No podía apagar mi cerebro. Cuando las mantas se movieron, agarré los bordes, luchando por mantenerlo fuera. Él me encontró, me encontró. El alivio se apoderó de mí cuando encontré los ojos de papi. Mi mirada se encontraba abierta de par en par y en pánico, y casi podía sentir la preocupación liberando su piel. Se subió debajo de las mantas y se sentó a mi lado. No pude dejar de temblar. Shh… Shhh… Los sonidos del diablo envenenaban mis recuerdos. Cada pensamiento que tenía era seguido por el recuerdo de sus ruidos de silenciamiento. No podía salir de la casa. Si lo hiciera, me vería. No podía hablar. Si lo hiciera, me escucharía. —Comprendemos esto, Maggie —dijo papá, envolviéndome en sus brazos—. No importa qué, vamos a arreglar esto. Cuando se levantó para ir a hablar con mamá en el pasillo, tiré de las cobijas más apretadas a mí alrededor. No pude evitar que mis temblores se apoderaran de mí mientras escuchaba a mamá hablar sus más profundos temores. —¿Y si nunca vuelve de esto? ¿Y si nunca vuelve a ser ella misma? ¿Qué pensará la gente? ¿Qué dirán las personas? —¿Desde cuándo nos importa lo que la gente dice? —Siempre, Eric. Siempre nos importa lo que la gente piense de nosotros. Era la primera vez que sentía una grieta en la base del amor de mis padres.

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Era la primera vez que papá me mentía.


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Y todo era por mi culpa.


Traducido por Mave

—E

stúpida mugrienta corbata. Corbata púrpura estúpida. ¡Estúpida, estúpida, estúpida! —murmuré, tirando todos las corbatas en el cajón superior de mi cómoda. Odiaba las corbatas, porque me hicieron llegar tarde. La odiaba por ser la razón por la que Maggie estuvo sola en el bosque. Mientras empujaba para cerrar mi cajón de la cómoda, me enfadé más y de nuevo cuando no se cerró debido a estar demasiado llena. »¡Ugh! — grité, golpeando mi puño contra ella—. ¡Te odio! ¡Te odio! —Pateando el tocador con fuerza, lo cual sólo me llevó a cojear y frotarme el dedo. —¿Todo bien, Brooks? —preguntó mamá, entrando con los ojos preocupados. Ya andaba vestida con su uniforme para ir a trabajar al hospital, donde era enfermera, y la forma en que miró su reloj me dijo que se encontraba atrasada. —Estoy bien —bufé, caminando hacia mi cama y sentándome para frotarme los dedos de los pies un poco más. Se acercó a mí y colocó la parte de atrás de su mano en mi frente. — ¿Qué pasa, bebé? Se quitó el reloj y lo puso detrás de la espalda. Luego me sonrió. —Sin preocupaciones. Hablemos antes de irme. Sé que has estado pasando por muchas cosas después de lo que le pasó a Maggie. —No. Eso no es. Simplemente no conseguí que mi cajón se cerrara. — Mi cara se calentaba y mis manos se apretaban en puños cerrados—. Es culpa de las estúpidas corbatas —susurré entre mis dientes apretados. —¿Las corbatas? —¡Sí! Saqué todas las estúpidas corbatas de ese cajón, y ahora no puedo hacer que se ajusten, así que lo pateé y me lastimé el pie. —Para empezar, ¿por qué tus lazos están fuera?

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—Nada —murmuré—. Vas a llegar tarde.


—Porque... —Titubeé y levanté una ceja a mamá—. Vas a llegar muy tarde—. —No te preocupes. —Sonrió y pasó sus dedos por mi cabello—. Estaré bien. Dime lo que realmente te molesta. —Bueno... se suponía que debía encontrar a Maggie en el bosque para nuestro ensayo. —¿Ensayo? —Para nuestra boda. —¿Ustedes dos iban a casarse? Mi cara se calentó aún más y miré al suelo. ¿Cómo no le dije a mi madre que iba a casarme? Maggie se lo dijo a todo el mundo, ¿y yo? A nadie. —Sí, bueno, no lo sé. Era la estúpida idea de Maggie. Yo estaba de acuerdo con eso por lo que Jamie me hizo. De todos modos, Maggie me dijo que escogiera una corbata y nos encontráramos en el bosque, que se suponía que era fácil, pero pasé demasiado tiempo escogiendo una corbata. Por lo tanto, se hallaba en el bosque por sí misma, y lo que pasó con ella ahí fue mi culpa. Fui la razón por la que se asustó, porque llegué tarde a los árboles retorcidos. —Oh, cariño. —Mamá suspiró y comenzó a frotarme la espalda—. No fue tu culpa. —Sí, lo fue. Fue culpa mía por no estar allí para protegerla, y ahora ella no está hablando o saliendo de su casa porque algo la asustó, y yo debería haber estado ahí para detenerla, para salvarla.

—¿Cómo? —pregunté con ansiedad, sentándome derecho. Haría cualquier cosa por curarla. —Sé su amigo. Probablemente ahora está bastante asustada y confundida. Incluso, solitaria. No necesita que sientas lástima por ella, cariño. Sólo necesita un amigo. Alguien que se detenga y la compruebe de vez en cuando. Alguien que le pregunte si está bien. Alguien que le haga saber que no está sola. Sí. Un amigo. —Puedo hacer eso. Creo que puedo ser un buen amigo. Se rio un poco y se inclinó hacia delante, besándome la frente. —Sé que puedes. Un segundo, déjame conseguir algo para ti. —Salió corriendo del dormitorio y cuando volvió, tenía la mano izquierda en un puño. Se sentó

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—Brooks... —Mamá bajó la voz y juntó las manos—. Lo que le pasó a Maggie es trágico, pero no fue tu culpa. Si he aprendido algo en la vida, es que no ayuda sentarse y reproducir una situación una y otra vez en tu cabeza. No puedes cambiar el pasado, pero puedes moldear el futuro ahora mismo. ¿Sabes cómo puedes ayudar a Maggie ahora?


a mi lado y abrió su mano para revelar un amuleto de ancla en una cuerda— . Tu padre me lo dio cuando éramos jóvenes, después de que mi padre muriera, y me prometió estar siempre allí para mí cuando lo necesitara. Dijo que sería mi ancla cuando me sintiera como si me estuviera alejando. Él siempre fue un amigo increíble para mí, y todavía lo es. Quizás puedas dárselo a Maggie, para hacerla sonreír. Tomé el collar de mi mamá y le di las gracias. Me ayudó más de lo que sabía, y si esta ancla haría sonreír a Maggie, entonces era suya. Haría cualquier cosa para traer sus bellas y feas sonrisas al mundo.

—¿Estás bien hoy, Maggie May? —pregunté con mis manos sosteniendo mi reproductor de MP3 mientras me encontraba fuera de la puerta de su dormitorio. Se hallaba de pie junto a la ventana, mirando hacia la calle cuando llegué. Se giró lentamente y envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo. Sus ojos parecían tristes, lo cual me ponía triste, pero no lo mostraba. Sólo le di una pequeña sonrisa—. ¿Estás bien hoy? —repetí. Asintió lentamente, y supe que era una mentira, pero eso estaba bien. Podía tomar todo el tiempo que necesitara para estar bien, no me importaba. No iba a ninguna parte. »¿Puedo entrar? Cuando entré, enderecé mi corbata, la verde que ella amaba. Mis palmas sudaban contra mi reproductor de MP3, y mi nariz olisqueó mientras ambos nos sentábamos en su cama. No sabía qué decir. Quiero decir, la mayoría del tiempo cuando la gente tenía una amistad, ambos lados hablaban. Cuanto más silencio había, más nervioso me ponía. Mis pies empezaron a tocar el suelo, y vi cómo las manos de Maggie se mantenían unidas en su regazo. Su piel era extra pálida, sus ojos eran extra pesados, y en ese momento, la extrañé. Perdí la única cosa que me molestó durante tanto tiempo. Echo de menos su voz. »¿Puedo sostener tu mano otra vez? —pregunté. Deslizó su mano izquierda en mi derecha, y suspiré. Sus dedos parecían hielo.

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Asintió de nuevo.


»Presiona mi mano una vez si la respuesta es no, y dos veces si es sí, ¿de acuerdo? —Concordó y cerró los ojos. »¿Tienes miedo? Dos apretones. »¿Estás triste? Dos apretones. »¿Quieres estar sola? Un apretón. »¿Crees que tal vez ... crees que podría ser tu amigo? —susurré. Sus ojos se abrieron y se cerraron con los míos. Me pregunté si sus latidos del corazón coincidían con los míos, salvajes, mareados, aterrados. Miró nuestras manos y apretó una vez. Luego volvió a apretarme, y mi corazón explotó. Solté el aliento que estuve sosteniendo. Con mi mano libre, metí mi mano en el bolsillo y saqué el collar de mamá. »Esto es para ti. Es un collar de amistad. Un ancla. Prometo ser tu amigo, y ser una bueno, también. Quiero decir, haré todo lo posible. Seré tu ancla. Te ayudaré a permanecer en tierra cuando sientas que te estás alejando. Yo solo... —Suspiré, mirando el amuleto en mi mano—. Quiero que vuelvas a sonreír. Quiero que tengas las cosas que siempre quisiste, y voy a trabajar duro para asegurarme de que las consigas, también, aunque sea un perro llamado Skippy y un gato llamado Jam. Quiero que sepas... — Suspiré de nuevo, porque cada vez que sus ojos lloraban, mi pecho dolía tanto—. Necesito que sepas que incluso si decides no hablar nunca más, siempre tendrás a alguien cerca para oírte, Maggie. ¿Todo bien? Siempre estaré allí para escuchar tu silencio. Así que, ¿lo quieres? ¿Quieres el collar?

»Y si quieres, podemos escuchar mi música juntos. Sé que dije que nunca te dejaría escucharla, pero quiero decir, puedes, si quieres. Jamie me hizo una nueva lista de reproducción en su computadora anoche, y lo puse en mi reproductor de MP3. No sé lo que puso en él, pero podemos escucharla juntos. Apretó mi mano dos veces otra vez. Le di uno de los auriculares, y tomé el otro. Nos echamos hacia atrás en su cama con nuestros pies colgando del borde. Encendí la música en el reproductor de MP3 y la canción que comenzó a sonar fue "Low" de Flo Rida con T-Pain. Dios, Jamie. No es la canción perfecta para el momento. Fui a cambiarla, pero Maggie me apretó la mano una vez, deteniéndome. Tenía los ojos cerrados y unas cuantas

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Me apretó la mano dos veces, y una sonrisa diminuta, casi inexistente, la encontró.


lágrimas cayeron por sus mejillas, pero juré que lo veía: una sonrisa diminuta. Era tan pequeña que algunas personas probablemente pensarían que era un ceño fruncido, pero sabía que no lo era. Me dolía el pecho, viendo la casi sonrisa en sus labios. Cerré los ojos, y unas cuantas lágrimas cayeron de mis ojos, también, mientras escuchábamos a Flo Rida. No sabía por qué, pero cuando lloraba, yo lo hacía también. En ese momento, supe que ella tuvo razón todo el tiempo. Tenía razón sobre mí, y ella, y nosotros. Ella sería la única chica a la que amaría para siempre.

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No importaba cómo la vida intentó cambiarnos.


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Traducido por Mave

M

amá y papá nunca bailaron más.

Durante los últimos diez años, noté muchos cambios entre los dos, pero ese era el más triste. Todavía se abrazaban cada mañana, y papá siempre le besaba la frente antes de irse a trabajar a la universidad cada día. Cuando salía por la puerta principal, siempre decía—: Te. —Y mamá terminaría su frase—: Amo. Todavía se amaban, pero nunca bailaban. Normalmente por la noche, mamá pasaba tiempo en el teléfono, hablando con sus mejores amigos de la universidad sobre mí, diferentes terapeutas, leyendo artículos en línea, o pagando cuentas. Papá se sentaba en la sala de estar calificando una pila de ensayos de sus estudiantes universitarios o viendo The Big Bang Theory. En el pasado, papá solía emplear su canción de boda, pero mamá se sentía demasiado cansada para balancearse con él. —¿Bailas conmigo? —preguntaría. Ella nunca lo supo, pero yo siempre veía cómo papi fruncía el ceño cuando se alejaba. —Te —decía, mirándola fijamente. —Amo —murmuraba fuera de la rutina. Cuando venía por la escalera, me vio y frunció el ceño. Siempre fruncía el ceño hacia mí, como si fuera la grieta en el retrato de familia. »Cama, Maggie May. Que luego hay que levantarse temprano para ir a la escuela.

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—No esta noche. Tengo dolor de cabeza, Eric.


A veces se quedaba allí mirándome, esperando algún tipo de respuesta. Luego, cuando no se la daba, suspiraba y se alejaba, más cansada de lo que había estado un momento antes. Era difícil saber cuánto la agotaba. Era más difícil saber cuánto me agotaba. —¿Estás bien, campeona? —preguntaba papá, asomando su cabeza en mi habitación. Sonreía. »Bien, bien. —Se frotó la mano contra su barba, que ahora se hallaba salpicada de gris—. ¿Tiempo de broma? —preguntó. Mi padre era un nerd en el mejor sentido. Era profesor de inglés en la Universidad Harper Lane y sabía más sobre literatura que la mayoría, pero su verdadero talento era conocer los peores chistes de todo el mundo. Cada noche me contaba algo horrible. »¿Qué encontrarías en la cocina de Charles Dickens? —Se dio unas palmaditas en las piernas y luego gritó—: ¡Lo mejor de los tomillos, el peor de los tomillos! Rodé mis ojos, aunque era lo más gracioso que había oído.

Mientras me acostaba en mi cama cada noche, escuchaba a Calvin tocando música por el pasillo. Siempre se quedaba despierto hasta tarde, escuchando música mientras hacía las tareas o salía con su novia, Stacey. Siempre sabía cuándo terminaba porque ella se reía como una chica que se encontraba locamente enamorada de un chico. Habían estado juntos durante tanto tiempo que cada uno de ellos llevaba anillos de promesa que significaba que se comprometían mutuamente para siempre. Alrededor de las once de la noche, me despertaba para oír a Cheryl salir de puntillas de la casa para ir a visitar a su novio, Jordan. Jordan era el clásico chico malo que leí en tantos libros, y Cheryl estaba mucho mejor sin él, pero no podía decirle eso. Incluso si pudiera, no me escucharía. Cada uno de los miembros de mi familia encontró cierta manera de tratar conmigo y mi silencio durante los últimos diez años. Calvin se

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Caminando hacia mí, me besó en la frente. »Buenas noche, Maggie. El mundo sigue girando porque sus latidos del corazón existen.


convirtió en uno de mis mejores amigos. Pasó mucho tiempo conmigo, junto con Brooks, jugando videojuegos, viendo películas que no debíamos ver, y descubriendo la mejor música antes que el resto del mundo. Mamá de algún modo se excluyó cuando se dio cuenta de que no volvería a hablar. Dejó su trabajo para educarme en casa, pero apenas me hablaba de cualquier cosa que no fuera la escuela. La verdad era, que podía decir que se culpó por lo que me pasó. Verme cada día parecía un poco difícil para ella, así que construyó una pared. No sabía exactamente qué decirme, así que después de algún tiempo, las miradas en blanco eran un poco demasiado para ella. A veces, cuando entraba en una habitación, ella se iba por el otro lado. Sin embargo, no la culpaba. Verme era un recordatorio de cómo no había notado que años atrás salí de la casa para encontrarme con Brooks. Verme la lastimaba. Papá era siempre el mismo, igual, o incluso más tonto y más cariñoso que antes. Me sentía agradecida por eso. Él era mi única constante. Nunca me miró como si estuviera rota, tampoco. En sus ojos, me hallaba completamente entera. Cheryl, por otra parte, me odiaba. El odio podría haber parecido una palabra fuerte, pero fue lo único que me vino a la mente. Sin embargo, tenía muchas buenas razones para disgustarle. Creciendo, ella fue puesta en una especie de segundo plano debido a mis problemas. Había viajes familiares que no se podían tener, concursos de talento que debieron ser perdidos debido a mis citas de terapia en el hogar, dinero que no estaba disponible por el dinero que mis padres gastaban en mí. Además, como mamá no podía mirarme, siempre miraba a Cheryl, gritándole por pequeñas cosas, culpándola por todo. No fue una sorpresa que cuando Cheryl se convirtió en una adolescente, comenzó a rebelarse contra el mundo. Jordan fue su mayor rebelión, su perfecto error.

A veces la oía llorar, pero no podía mirarla, porque le gustaba más cuando actuaba invisible.

—¿Podrías darte prisa? —preguntó Calvin, parado en el pasillo y golpeando la puerta del baño a la mañana siguiente. Sus cabellos levantados por encima de su cabeza, y sus pantalones de pijama arrugados, una pierna

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Me volvería a dormir con la música de Calvin, y luego me despertaría a las tres de la mañana cuando Cheryl regresaba.


arrugada mientras la otra la arrastraba por el suelo. Tenía una toalla arrojada sobre su hombro mientras golpeaba la puerta de nuevo—. ¡Cheryl! ¡Venga! Brooks llegará en cualquier momento, y llegaré tarde. Sal ya. Ninguna cantidad de rimel va a arreglar tu cara. Abrió la puerta y puso los ojos en blanco. —Y ninguna cantidad de agua va a arreglar tu olor. —Oh, bueno. Me pregunto qué pensará mamá al respecto, junto con el hecho de que te escapaste anoche. Cheryl entrecerró los ojos y pasó a su lado. —Eres la persona más molesta en el puto mundo. —Te quiero también, hermanita. Ella se dio la vuelta. —Utilicé toda el agua caliente. —Mientras caminaba hacia su habitación, me miró desde mi puerta abierta—. ¿Qué estás mirando, monstruo? Luego entró en su habitación y cerró la puerta. Calvin me miró y se rio. —Ella es un rayo de sol por la mañana, Maggie. Saludé. Mi rutina para prepararme para la escuela era bastante simple. Me despertaba, leía algunos de mis libros favoritos, cepillaba mis dientes, peinaba mi cabello, y luego caminaba hasta el comedor para llegar a mis clases.

Brooks era una de esas personas que todo el mundo amaba al instante. Incluso con su borde hipster, era todavía uno de los niños más populares en su escuela. No era impactante; él era una persona del pueblo. La gente era adicta a su encanto, que era por lo que siempre tenía una novia. Lacey Palmer era la muchacha afortunada del momento, pero existía una lista de muchachas que esperaban ansiosamente su turno. No es ninguna sorpresa, ya que no sólo era encantador, sino precioso, también. Tenía el color perfecto de bronceado en su piel, brazos musculosos y cabello ondulado que tenía la cantidad perfecta de espuma. Su sonrisa era perfecta, también. Siempre sonreía por el lado izquierdo de su boca y se reía de la derecha. Sus trajes consistían en camisetas de bandas de rock indie que recogía de los shows donde viajaba con Calvin y sus dos amigos, Oliver y Owen. Sus vaqueros lucían siempre desgarrados y sostenidos con un cinturón de cuero que mostraba pequeños

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Mi parte favorita de cada día es cuando Brooks se detenía para visitarme. Conducía a Calvin a la escuela todos los días, y ya que Cheryl siempre acaparaba el cuarto de baño, Calvin siempre llegaba tarde, preparándose por la mañana.


alfileres con letras de sus músicos favoritos. En su bolsillo delantero, siempre había unas cuantas puas de guitarra que parpadeaba aleatoriamente entre sus dedos durante todo el día, y sus blancos zapatos Chuck Taylors estaban siempre desatados y coloreados con resaltadores. Además, tenía una cosa por los calcetines mal emparejados. Si alguna vez llevaba un par de calcetines igualados, significaba que se había vestido en la oscuridad. —¿Estás bien hoy, Magnet?—, Me preguntó. Asentí. Me hacia esa pregunta cada día cuando venía a visitarme. Después del incidente años atrás, Brooks prometió cuidar de mí, y se aferró a esa promesa. Últimamente empezó a llamarme Magnet, porque dijo que se sentía atraído por nuestra amistad. “Hay un poder magnético de amistad entre nosotros, Maggie May. Tú eres mi imán4.” Por supuesto, el apodo llegó después de una noche de ir a una fiesta y emborracharse con mi hermano y luego vomitar en mi piso, pero aun así, el nombre se pegó. »¿Puedo entrar? —preguntó. Siempre pedía permiso, lo cual era raro. La respuesta siempre era sí. Se metió a mi habitación, incluso a las siete de la mañana era un conejito energizado. »Tengo algo que quiero que oigas —dijo, acercándose a mí y metiendo la mano en su bolsillo trasero para sacar su iPod. Los dos nos tumbamos en mi cama, nuestras piernas colgando sobre el borde, nuestros pies tocando el piso. Metió un auricular en su oreja, y yo tomé el otro, luego presionó reproducir. La música era espaciosa y ligera, pero existía un sonido de bajo sólido que se deslizaba a lo largo de la canción. Se sentía romántico y salvaje. »“All Around And Away We Go” de Twin Sister —dijo, golpeando su dedo sobre el colchón a mi lado.

Nos acostamos en mi cama, mirando el techo y escuchando música, hasta que Calvin entró corriendo a mi habitación con el cabello mojado y un muffin relleno en su boca. —¡Listo! —gritó, dejando migas en mi alfombra. Brooks y yo nos sentamos, y él cogió sus auriculares, enrollándolos alrededor de su iPod. —Está bien, voy a volver con más cosas para ti después Magnet en español significa imán, sin embargo, al ser un apodo y parecerse al nombre de Maggie se dejará en inglés. 4

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Brooks era mi tocadiscos humano. Me dijo que nunca encendiera la radio para encontrar música, porque era un montón de mierda hollywoodense para el lavado de cerebro. Así que, cada día, mañana y noche, me entregaba lo que él consideraba música de oro.


de la escuela, Magnet —dijo, sonriendo a mi manera—. Recuerda, di no a las drogas a menos que sean buenas, y permanece en la escuela, a menos que no quieras. Se fueron. Mis ojos se lanzaron hacia el reloj de la pared. Suspiro.

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Sólo once o más horas hasta que la música regrese a mí.


Traducido por Mave

C

ada día, a las cinco de la tarde, tomaba un baño de una hora. Me sentaba en la bañera con una novela en mis manos y leía durante cuarenta y cinco minutos. Luego, durante diez minutos, dejaba el libro a un lado y me lavaba. Mis dedos se arrugaban como pasas mientras cerraba los ojos y corría una barra de jabón de lavanda por mis brazos. Me encantaba el olor de lavanda, casi tanto como me encantaban las gardenias. Gardenias eran mis más grandes favoritas. Cada miércoles, papá iba al mercado de los agricultores y me compraba un nuevo ramo de flores para sentarlas contra el alféizar de mi dormitorio. La primera vez que trajo las gardenias, él podía decir que lo amaba más, tal vez por la forma en que mis labios subieron, tal vez por el número de veces que asentí con la cabeza mientras respiraba el olor, o simplemente porque aprendió cómo leer mi silencio.

Dentro de esos cinco minutos, recordaba lo que me pasó. Era importante para mí hacerlo: recordar al diablo, cómo se veía. Cómo se sintió. Si no recordaba, algunos días me culparía por lo que pasó, olvidando que fui víctima esa noche. Cuando lo recordaba, no era tan difícil respirar. Pensaba mejor cuando me encontraba debajo del agua. Me perdonaba por cualquier sentimiento de culpa cuando me sumergía. Ella no podía respirar. Mi garganta se apretaba como si los dedos del diablo estuvieran envueltos alrededor de mi cuello en vez de los de la mujer. El diablo. Él era el diablo en mis ojos, por lo menos. ¡Corre! ¡Corre, Maggie! Seguía gritando mi mente, pero me quedé quieta, incapaz de apartar la mirada del horror ante mis ojos.

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Mi padre sabía casi todo sobre mí, basado en mis pequeños gestos y pequeños movimientos. Lo que no sabía era que cada día, al final de mi baño, cuando el agua caliente se enfriaba, deslizaba la cabeza bajo el agua y contenía el aliento durante los últimos cinco minutos.


—¡Maggie! Salí del agua al oír mi nombre y solté una respiración profunda antes de inhalar más profundamente. »Maggie, la señora Boone está aquí para verte —dijo papá desde abajo. Me puse de pie en la bañera y desbloqueé el desagüe, permitiendo que el agua girara en sentido del reloj por las tuberías. Mi largo y rubio cabello colgaba hasta mis nalgas, y mi piel permanecía de un pálido fantasmal. Mis ojos encontraron el reloj en la pared. Seis y una de la tarde. La señora Boone llegó tarde. Muy tarde. Hace años, cuando oyó hablar de mi trauma, ella me preguntó si podía reunirse conmigo una vez al día para poder interactuar con alguien. En secreto, pensé que se reunía conmigo cada día para esconder su propia soledad, pero no me importó. Cuando dos almas solitarias se encuentran, se mantienen firmes, sin importar qué. No estaba segura si eso era algo bueno o malo todavía. Uno pensaría que cuando dos personas solitarias se juntan, los dos negativos se anularían y harían un positivo, pero ese no era el caso. Los dos parecían hacer un nivel aún más profundo de soledad, uno a quien amaban ahogar. La señora Boone a menudo traía a su gato, Muffins, junto con ella para entretenerme a la hora del almuerzo. Siempre venía a mediodía, y nos sentábamos en el comedor para comer emparedados y té. Odiaba el té, y la señora Boone sabía que odiaba el té, pero cada día encontraba la necesidad de traerlo a mí de la panadería local, Sweetest Addictions.

Ella vivió en Gran Bretaña cuando era joven y en su mejor momento, y tuve que asumir que era de donde su amor por la asquerosa bebida vino. Desde la muerte de su marido años atrás, siempre soñó con regresar a Inglaterra. Él era la razón por la que vino a los Estados Unidos, pero después de su fallecimiento, adiviné que con el paso del tiempo perdió el valor de volver a Inglaterra. —Stanley se hallaba en casa —decía siempre acerca de su difunto esposo—. No importaba donde viviéramos, porque mientras estuviera allí, estaba en casa. —Después que falleciera, era casi como si la señora Boone se quedara sin hogar. Cuando Stanley empacó sus maletas y se fue a la otra vida, tomó el refugio seguro de la señora Boone con él, sus latidos de

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—Eres joven, lo que significa que eres estúpida, así que no entiendes realmente lo maravilloso que es el té para ti. Crecerá en ti —prometió, una promesa que siempre fue una mentira. Nunca creció en mí. Si algo, lo odiaba cada vez más.


corazón. A menudo me preguntaba si alguna vez cerró los ojos por unos minutos y recordó esos latidos del corazón. Yo sabía que lo haría. —¡Maggie! —gritó papá, sacudiéndome de mi pensamiento. Alcancé la toalla blanca sobre el mostrador y la envolví alrededor de mi cuerpo. Salí de la bañera, me moví delante del espejo y agarré mi cepillo para el cabello. Cuando empecé a sacar los nudos de mi cabello, miré mis ojos azules que coincidían con los de papá y los pómulos esculpidos que también recibí de él. Las pequeñas pecas a través de mi nariz vinieron de mi abuela, y las largas pestañas, mi abuelo. Tanto de mi ascendencia se podía ver cada día simplemente mirándome fijamente en un espejo. Sabía que era imposible, pero a veces juro que tenía la sonrisa de mamá y su ceño fruncido. »Maggie —gritó papá de nuevo—. ¿Me has oído? Debatí no respondiendo, porque me sentía bastante irritada de que la señora Boone pensara que estaba bien pasar tan tarde por la tarde como si no tuviera otras cosas que hacer. Doce del mediodía era cuando debía venir. Teníamos una rutina, un horario planificado, y ella se opuso en esta tarde. Ni siquiera comprendía realmente por qué se molestaba en detenerse cada día, o por qué le permitía venir a almorzar. Era más ruda que grosera la mayor parte del tiempo, diciéndome lo estúpida que era y lo ridícula que era por no hablar una palabra. Infantil, lo llamó. Supuse que seguía tratando con ella cada tarde porque era una de mis pocas amigas. A veces sus comentarios groseros eran tan duros que tiraban de una reacción de mí, una pequeña sonrisa, minúsculas, silenciosas risas que sólo podía oír. El pedo de setenta años era una de las mejores amigas que he tenido. Ella también era mi enemiga favorita. Nuestra relación era complicada, así que la mejor palabra para describirnos era amienemigas, enemigas amistosas. Además, todavía amaba a su gata tanto como cuando era una minina, y ella todavía me seguía por la casa, frotando su piel suave contra mis piernas. »¿Maggie May? —gritó papá de nuevo, esta vez llamando a la puerta del baño—. ¿Me has oído? Golpee a la puerta dos veces. Un golpe significaba que no, dos golpes significaban sí. »Bueno, no mantengamos a la señora Boone esperando, ¿de acuerdo? Apresúrate a bajar las escaleras —dijo.

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Inmaduro, incluso.


Casi golpeé una vez más contra la puerta para mostrar mi descaro, pero me abstuve del acto. Trencé mi cabello todavía empapado en una larga trenza que colgaba sobre mi hombro izquierdo. Me puse la ropa interior y luego deslicé mi vestido amarillo claro sobre mi cabeza. Agarré mi novela desde el lado de la bañera antes de abrir la puerta del baño, luego bajé las escaleras hacia el comedor para ver mi amienemiga favorita. La señora Boone siempre se vestía como si fuera a conocer a la reina Isabel. Llevaba joyas y piedras preciosas alrededor de su cuello y sus dedos, y siempre brillaban contra la piel falsa que llevaba alrededor de sus hombros. Ella siempre mentía y decía que era de piel real, pero yo sabía que no lo era. Leí suficientes libros basados en los cuarenta para saber la diferencia entre la piel real y la falsa. Siempre llevaba vestidos y medias con suéteres y tacones cortos, y luego colocaba un brillante collar colorido alrededor del cuello de Muffins para emparejar su traje. —Es grosero mantener a los ancianos esperando, Maggie May —dijo la señora Boone, tocando sus dedos contra la mesa de roble. Es grosero mantener a los jóvenes esperando, también, señora Boone. Le di una sonrisa apretada, y arqueó una ceja hacia mí, disgustada. Me senté a su lado y ella empujó una taza de té hacia mí. »Es el té negro Earl Grey. Esta vez te va a gustar —dijo. Tomé un sorbo silencioso. Una vez más, se equivocaba. Sonrió satisfecha por mi disgusto. »Tu cabello se ve horrible. Realmente no debes dejar que se seque al aire así. Te vas a resfriar. No, no lo haré. Ella siempre sabía las palabras que no decía. Últimamente me preguntaba si era una bruja o algo así. Si acaso, cuando era niña, una lechuza apareció junto a su alféizar de la ventana y le dejó una invitación para asistir a una escuela de brujas y magos, pero luego en algún lugar del camino se enamoró de un muggle y volvió a Wisconsin para elegir el amor sobre la verdadera aventura. Si fuera yo, nunca elegiría el amor por la aventura. Siempre aceptaría la invitación del búho. Esa idea era irónica, viendo cómo la única aventura que viví era a través de las páginas de las novelas. »¿Qué has estado leyendo? —preguntó, acercándose a su enorme bolso y sacando dos emparedados de pavo. No podía ver los bocadillos

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»Sí —bufó—. Lo harás.


porque seguían en el papel marrón con el que Sweetest Addictions envolvía toda su comida, pero sabía que eran de pavo. La señora Boone siempre mantuvo nuestros emparedados iguales: tomate, lechuga y pavo en pan de centeno. Nada más y nada menos. Incluso en los días que quería atún, tuve que fingir que mi pavo era el pescado. Puso uno delante de mí y desenvolvió el otro, tomando una mordida grande. Para una dama diminuta, sabía cómo tomar grandes bocados de comida. Puse mi novela delante de ella, y ella suspiró. »¿De nuevo? Sí, de nuevo. Durante el último mes, estuve releyendo la serie de Harry Potter, lo cual podría haber tenido algo que ver con el hecho de que creía que la señora Boone era una bruja. Para ser justos, ella también tenía el clásico lunar de brujas junto a su nariz. »Hay tantos libros en este mundo, y encuentras la manera de leer los mismos una y otra vez. Es imposible que las historias te sigan sorprendiendo después de todo este tiempo. Obviamente nunca había leído o releído a Harry Potter. Cada vez era diferente. Cuando leí los libros por primera vez, había visto la emoción en la historia. Mientras los releía, veía mucho más del dolor. Una persona nunca lee un libro excepcional dos veces y se aleja con las mismas creencias. Un libro excepcional siempre te sorprende y te despierta a nuevas ideas, nuevas maneras de ver el mundo, no importa cuántas veces se hayan leído las palabras.

Muffins vino de debajo de la mesa y se frotó contra mi pierna para saludar. Me incliné para acariciarla. Hola, amiga. Muffins maulló antes de darse la vuelta para que le acariciara el vientre. Cuando no la acariciaba como ella quería, juraba que me murmuraba una maldición en lenguaje de gato, luego se alejaba, probablemente para encontrar a mi madre, que era un profesional en acariciar a Muffins. »¿Qué le pasa a tu cara? —me ladró, entrecerrando los ojos.

5

Es una religión neopagana, vinculada con la brujería y otras religiones antiguas.

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»Voy a empezar a creer que estás en Wicca5 —dijo, masticando su emparedado y bebiendo su té. Una cosa peculiar para una bruja decirle eso a un muggle, si me lo preguntas.


Levanté una ceja, confundida. Sacudió la cabeza de un lado a otro. »Tus ojos se ven horribles, como si no hubieras dormido en días. Deberías hacer que Katie te traiga algo de maquillaje. Te ves horrible. Toqué debajo de mis ojos. Siempre era preocupante cuando alguien decía que parecía cansada pero no me sentía así. »Escucha, Maggie. Debemos hablar. —La señora Boone se sentó más derecha en su asiento y aclaró su garganta—. Lo que quiero decir es que debes escuchar mientras hablo. Me senté más recta, también. Sabía que debía ser serio, porque cada vez que iba a ser severa, sus fosas nasales se abrían, lo que hacían en ese momento. »Tienes que salir de tu casa —dijo. Casi me reí. ¿Salir de casa? ¡Qué ridícula idea! Conocía mi situación... bueno, ella no sabía mi situación, pero sabía lo suficiente. En los últimos diez años, no había salido de casa. Mamá y papá me matricularon en educación en el hogar años atrás, y cada vez que necesitaba un médico o un dentista, mis padres arreglaban para que vinieran a nosotros. La señora Boone conocía estos hechos; fue por eso que nunca tuvimos un asqueroso té en su casa. Sus cejas fruncidas. »No estoy bromeando, Maggie May. Tienes que irte. ¿Qué vas a hacer? ¿Quedarte aquí para siempre? Estás a punto de graduarte de la secundaria. ¿No te interesa la universidad? No tenía una respuesta a eso.

Hice una pausa y levanté una ceja. ¿Jessica? »Tu padre y yo estamos siendo llevados al límite, y no sabemos cuánto más podemos aguantar. ¿No quieres ser algo? ¿Hacer algo? La sala se llenó de silencio y la señora Boone fruncía las cejas, como si estuviera pensando profundamente. Una nube de confusión se apoderó de ella mientras presionaba las palmas de sus manos contra sus ojos. Sacudió la cabeza levemente antes de agarrar su té y tomar un sorbo. Sus ojos lucían llenos de desconcierto cuando me miró. »¿Qué estábamos diciendo? ¿Dónde viajé? Correcto. Debes marcharte, Maggie May.

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La señora Boone frunció el ceño. »¿Cómo esperas vivir tu vida? ¿Cómo te enamorarás? ¿O incursionarás en la montaña? ¿O ver la Torre Eiffel por la noche? Jessica, no podemos seguir apoyándote así —dijo.


»¿Qué hay de tus padres? ¿Se supone que pasan el resto de sus días sentados en esta casa contigo? ¿Nunca tendrán la oportunidad de estar casados sin niños en su casa? No firmaron para esto. Le di la espalda, enfadada y herida, pero sobre todo avergonzada, porque tenía razón. Por el rabillo del ojo, todavía podía verla fruncir el ceño. Cuanto más la veía fruncir el ceño, más crecía mi enojo. Salir. »Oh. Estás malhumorada ahora y lanzas una rabieta —murmuró. Toqué la mesa una vez. No. Golpeó dos veces. »Sí. Una chica adolescente que es emocional y hace una rabieta, que original. Termina tu emparedado, gruñona. Regresaré mañana. Lo que sea, vieja pedo. No vuelvas tarde. Rodé los ojos y golpeé fuertemente los pies contra el suelo. Dios, estaba teniendo una rabieta. Cuan original.

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»Estás enojada conmigo, lo cual está bien —dijo ella, enrollando su papel marrón en una pelota. Se levantó de su silla, colocó su bolso en su hombro y levantó mi novela. Sus pasos la acercaron a mí y levantó mi barbilla con su dedo—. Pero sólo estás enojada porque sabes que tengo razón. —Colocó el libro en mi regazo—. No puedes leer estos libros y pensar que significa que estás viviendo. Es su historia, no la tuya, y es desgarrador ver a alguien tan joven tirar su oportunidad de escribir su propia historia.


Traducido por micafp_2530

—E

stás realmente empezando a enojarme, Cheryl. Cheryl peleaba con su novio Jordan al otro lado del pasillo de mi dormitorio mientras me sentaba en mi cama leyendo una novela.

Corrección: Cheryl peleaba con su ex novio Jordan en el pasillo de mi dormitorio mientras me sentaba en mi cama leyendo una novela. —Sólo estoy diciendo. —Gimió Cheryl, golpeando el tacón de su zapato contra la pared. Sus brazos se hallaban cruzados y seguía masticando su chicle—. No soy yo, eres tú. Ya no estoy contigo así. —Tienes que estarme jodiendo. —Jadeó Jordan, sus pies irrumpieron en el pasillo—. ¡Rompí con mi ex por ti! Pagué más de cien dólares por nuestros boletos para el baile, un puto baile al que ni siquiera quería ir. Me he inclinado hacia atrás para tratarte bien. He abandonado fiestas para ver películas de chicas contigo. Cheryl se giró el cabello en el dedo y se encogió de hombros. —Nadie te dijo que hicieras todas esas cosas. Jordan soltó una risita, atónito. —Eso fue para ser amable contigo —explicó ella—. Tú fumando marihuana solo te habría hecho un cabezón. Fumar conmigo hizo de ti una mariposa social. —Esto es una mierda —le espetó, pasándose las manos por el cabello—. El baile es mañana. ¿Qué demonios se supone que haga? —Ve solo. Cheryl era hermosa, eso era un hecho. A lo largo de los años, su cuerpo se fue transformado, pechos grandes, caderas gruesas, cintura delgada, mucho más rápido de lo que creció el mío. En mi mente, ella tenía el cuerpo perfecto, y a partir de años de preparación, una sonrisa perfecta

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—¡Sí! ¡Lo hiciste! Incluso fumaste mi hierba todas las noches.


para ir con él. Después de años de sentirse como una extraña, creó esta persona en la que se encontraba decidida a encajar, incluso si eso significaba medidas extremas para perder peso por una pizca de atención. Otro dato sobre mi hermana era que ella sabía que su belleza existía, y la usaba en casi todas las situaciones para conseguir lo que quisiera en el mundo, sin importar a quién le doliera. Entonces, venía a mi dormitorio y me hablaba de a cuántos chicos utilizó y de cuantos abusó, sólo para conseguir cosas de ellos. Citas, dinero, regalos, sexo, cualquier cosa y todo. A veces pensaba que me decía tanto porque se sentía resentida conmigo por perderse tantas cosas cuando era una niña. Otras veces, pensaba que se sentía culpable por lo que hacía, y mi silencio le daba un poco de confianza de que lo que hacía estaba bien. Ella era una falsa profesional del amor. Hizo que los hombres creyeran en el amor, también, lo que no era fácil para los chicos de nuestra edad, especialmente para un chico malo que se volvía bueno como Jordan. Literalmente pasaba de ser el mayor tirano de siempre a un cachorro cuando se hallaba cerca de Cheryl. Siempre parecía como si estuviera pidiéndole que lo amara, excepto cuando ella lo molestaba. Cuando lo cabreaba, sus verdaderos colores se mostraban. La gente podía ocultar su verdadero yo por un tiempo, pero con el tiempo, las máscaras siempre se caían. —No. Al diablo con eso. Dijiste que me amabas. —Jordan se ahogó, casi a punto de llorar. —Sí, te amaba, verbo pasado. Miré por encima de mi libro y los miré fijamente. El rostro de Jordan era rojo, y Cheryl parecía más que divertida por el hecho de que estuviera molesto. —No —siseó Jordan, agarrándola fuertemente por el brazo. Puse mi libro abajo. —¿Quieres una verdadera razón? —Cheryl apartó su brazo de su agarre, y se levantó alto, mirándolo fijamente a los ojos—. Dormí con Hank. Los ojos de Jordan se abrieron de par en par. —¿Qué? No, no lo hiciste. —Lo hice. —Sus ojos también se abrieron y una sonrisa perversa encontró sus labios. Oh, no. Estaba a punto de aplastar su espíritu, de la misma manera que aplastó a muchos otros tipos en nuestro pasillo.

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»No. No tienes que hacer esto. No sin una verdadera razón.


»Lo cogí en la fiesta de Tim cuando estuviste enfermo, y en su casa cuando te dije que me encontraba en el estilista, y en mi cuarto ayer cuando... Jordan cerró los ojos y puso las manos en puños. —Hank es mi mejor amigo. Ella se rio y lo empujó ligeramente en su pecho, forzándolo a alejarse de ella. —Deberías elegir a tus amigos con más cuidado. Su risa vaciló cuando su cabeza voló lateralmente cuando la mano de Jordan la golpeó con fuerza. Su espalda se estrelló contra la pared y su cuerpo se deslizó hasta el suelo. No tenía ni idea de cómo sucedió, pero lo siguiente que supe era que me hallaba de pie en el pasillo sosteniendo mi novela en la mano, lista para golpear a Jordan si se acercaba un paso a mi hermana. El rostro de Cheryl enrojeció por su golpe, y su mano agarró su piel. —Eres una jodida puta de mierda —dijo Jordan, escupiéndole, sus palabras me golpeaban fuerte, sus acciones me golpeaban más fuerte. Él le gritó, su voz se quebró. —¡Tú puta de mierda! —gritó, golpeándola fuertemente con la mano en la cara. Ella tropezó hacia atrás y gimoteó, su mano volando a su mejilla. »Te di todo. Tuvimos una vida juntos. ¿Qué pasa con nuestro hijo? ¿Qué pasa con nuestra familia? —La golpeó una y otra vez—. ¡Tuvimos una vida! —La empujó hasta el suelo y sus ojos se le salieron de la cabeza, como si estuviera loco.

Levanté mis brazos en alto, a segundos de golpearlo. Pisé mi pie, mi mente viajando desde el pasado hasta el presente con cada parpadeo de mis ojos. Una y otra vez pisé mis pies hasta que Jordan se volvió para mirar hacia mí. Cuando nuestros ojos se encontraron, retrocedí. El lado oscuro de Jordan se mostraba. Todo el mundo tenía un lado oscuro, su propio diablo personal que se mantenía encadenado la mayoría de los días. El diablo susurraba mentiras en los oídos de los individuos, llenándolos de miedo y duda, empujándolos a hacer cosas oscuras. El objetivo principal era controlar los sonidos del diablo, sólo para permitir que mirara desde el armario donde se encontraba encadenado. El diablo sólo podía hacerse cargo de la mente si la persona lo liberaba y le permitía entrar. El diablo de Jordan se liberó de sus cadenas esa noche.

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—Volverás a tus sentidos, confía en mí —le dijo Jordan a mi hermana—. Y estaré esperando cuando vuelvas corriendo a mí.


Su oscuridad me asustó. Shh. Parpadeé lentamente, y cuando volví a abrir los ojos, Jordan tenía una sonrisa maliciosa en su rostro. »¿Qué demonios vas a hacer, monstruo? ¿Vas a matarme en silencio con un libro? —Vino hacia mí y se lanzó hacia delante como si fuera a golpearme. Un fuerte tirón de mi vestido me envió hacia atrás, la amapola en mi cabello volando a través del suelo del bosque. Sus dedos se envolvieron alrededor de mi vestido y me tiró al suelo. Mi respiración entró y salió y yo grité cuando abordó mi cuerpo, poniendo todo su peso encima de mí, sus manos sucias cubriendo mi boca, silenciando mis gritos. Pateaba y gritaba, gritaba y pateaba. Iba a matarme. Cuando abrí los ojos, me hallaba en el suelo, cubriendo mi cara con el libro en mi mano, temblando de miedo, sacudida por los recuerdos. Odiaba esa parte de mí, la que a veces retrocedía al pasado. Odiaba cómo me sacudía, cómo todavía me sujetaba en ocasiones, pero sobre todo, odiaba cuando otros lo notaban. Fui capaz de mantener la mayor parte de mis ataques de pánico ocultos. La mayoría eran un secreto mío. Se rio de mi reacción. —¡Qué mierda! Me voy de aquí. Se apresuró a bajar las escaleras y cerró de golpe la puerta principal después de salir. Con prisa, me levanté y corrí al lado de Cheryl. Me incliné, extendiendo mi mano para ayudarla a levantarse. Ella la golpeó. —Dios, Maggie. ¿Por qué no acabas de tener una vida propia y dejas de meterte en la mía? —Gruñó ella, poniéndose de pie y frotándose la mejilla—. Eres tan embarazosa. Me acerqué a mi habitación, cogí mi cuaderno y un marcador, y corrí hacia la puerta de Cheryl, llamando. La abrió y puso los ojos en blanco. »¿Qué deseas? Escribí en el papel. No dormiste con Hank. Se pasó los dedos por el cabello y se puso de pie. »Vete, Maggie.

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Se apresuró a su dormitorio y cerró la puerta de golpe.


Te encontrabas de compras con mamá ayer. No dormiste con Hank. »No es asunto tuyo. Jordan te golpeó. »Lo he provocado. Te lastimó. »Lo empujé, Maggie. Lo empujé. Tengo que decirle a mamá y papá que te golpeó. —¿Quieres callarte, Maggie? —susurró/gritó mientras buscaba la página en mi cuaderno y la arrugaba y arrancaba, arrojándola por su habitación—. Tampoco entiendes nada acerca de las relaciones o de los chicos. Eso es lo que Jordan hace a veces. Lo empujo, y él me empuja hacia atrás. Deja de hacer grandes las cosas. No todo el mundo está tan traumatizado y dañado como tú, ¿de acuerdo? Y sólo porque eres un monstruo y no tienes una vida propia, no significa que puedas interferir en la mía. Retrocedí un paso. Ay. Por un segundo, el labio superior de Cheryl se crispó y sus ojos se cubrieron de cristal; ¿Tal vez sentía arrepentimiento por lastimar mis sentimientos? Sacudió la cabeza de un lado a otro, sacudiendo la sensación. »No me voy a disculpar, ¿de acuerdo? Me empujaste, Maggie, así que me eché atrás. De todos modos, Jordan y yo ya no estamos juntos, así que no importa. Estoy en cosas más grandes y mejores ahora. Así que si no te importa... —Levantó su mano y me saludó—. Adiós.

A veces me preguntaba cómo sería salir de la casa, pero si existía gente como Jordan fuera de esas puertas, era mejor que me quedara en casa.

No podía concentrarme.

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Suspiré y me fui a mi habitación, de vuelta a mi tranquilo rincón del mundo, y recogí mi libro una vez más.


Estuve sentada en mi cama con mi libro abierto en la página doscientos nueve durante varios minutos, pero no había podido leer. Mi mente seguía repitiendo a Jordan golpeando a mi hermana. La expresión de shock en el rostro de Cheryl cuando su mano entró en contacto. El fuerte jadeo que cayó de sus labios. Cierro los ojos. Shh… —¿Estás bien esta noche, Magnet? —dijo Brooks, de pie en la puerta de mi dormitorio más tarde esa noche con una mochila colgada en su hombro. Mis ojos se abrieron y tomé un respiro de alivio. Nunca supo lo perfecto que era su momento, pero siempre aparecía cuando lo necesitaba. Cerré el libro en mi mano y me senté con las piernas cruzadas en mi cama, mirándolo. Su pelirrojo cabello castaño empezaba a ponerse largo — su estilo de estrella de rock— y ya tocaba el inicio de sus cejas. De vez en cuando, inclinaba ligeramente la cabeza hacia atrás para quitarse el cabello de los ojos. A veces arrugaba los labios y se ponía duro para mover los mechones, pero nunca —y me refiero a nunca— utilizaba sus dedos para guiar su cabello. Él siempre sonreía muy grande cada vez que me miraba, lo que a su vez me traía sonrisas a los labios. No siempre me apetecía sonreír, ¿pero Brooks? Me hacía sentir como si sonreír fuera todo lo que quería hacer. »¿Puedo entrar? —preguntó. La respuesta fue sí. La respuesta siempre era sí.

»He oído que la señora Boone y tu tuvieron una pelea —dijo. Rodé mis ojos y él se rio—. Ella no hace ningún daño, ¿sabes eso, verdad? Me acerqué a su lugar para dejar caer a Muffins, y me contó todo lo que te dijo. No estoy diciendo que su respuesta fue correcta, pero su corazón estaba en lo correcto... —Sus palabras desaparecieron cuando vio mi mirada molesta. »Tenía razón. —Se rio—. Eres malhumorada. Comencé a escribir en el papel. Me llamó Jessica. Frunció el ceño. »Sí. —Movió su cuerpo levemente y miró hacia arriba.

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Se sentó en mi cama. Busqué el bloc de notas y la pluma en la mesita de noche, abriéndola hasta la primera página libre. Junto a mi cama había un cubo lleno de pedazos de papel de las noches anteriores cuando Brooks venía a visitarme. Era la forma en que nos comunicábamos mejor. Por las mañanas, sólo escuchábamos música, pero en las tardes, él hablaba y yo escribía. Había intentado la misma forma de comunicación con la señora Boone, pero me dijo que no iba a ayudarme a matar árboles. Además, dijo que yo tenía una voz y debería ser capaz de usarla.


Arqueé una ceja. Fingió no notarlo mirando hacia arriba. Mis dedos empujaron su hombro. »No se supone que deba decir nada, Maggie. Lo empujé de nuevo. Suspiró. »De acuerdo, pero tienes que prometer no decírselo a nadie, ¿de acuerdo? Arrugué la nariz. ¿A quién le diría? Se rio y me dio dos golpecitos en la nariz. »Olvidé que estoy hablando con una chica que es perfecta para guardar un secreto. Así que, mi madre dijo que la señora Boone ha estado luchando con su memoria. La encontró vagando el fin de semana pasado, y ella parecía confundida acerca de su paradero. Mamá dijo que pensaba que era quizás las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer y que quería que la señora Boone fuera examinada, por si acaso. ¿Lo hizo? Frunció el ceño. »Conoces a la Sra. B, es un poco terca, por decir lo menos. Dijo que estaba bien y que no necesitaba que nadie se entrometiera en sus asuntos. Un sentimiento preocupante creció en mi estómago mientras me imaginaba algo seriamente mal con la señora Boone. Aunque la odiaba, la amaba tanto. La idea de que algo le pasara me hizo sentir náuseas.

»Espera, tengo algo para ti. Para nosotros. —Se quitó la mochila, abrió la cremallera y sacó un enorme tablero de borrado en seco con un nuevo paquete de marcadores—. Pensé que esta es una manera más fácil de escribir y no perder todo ese papel. Además, si alguna vez tenemos que contar secretos, no tengo que hablar en voz alta, y luego podemos borrar la evidencia. Sonreí. Sonrió. Tomé un marcador y empecé a escribir, pero antes de que pudiera escribir algo, habló. »Rompí con Lacey hoy. —Mi marcador se arrastró a través del tablero cuando mi boca se abrió. Se rio nerviosamente y se encogió de hombros.

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Cuando fui a escribir unas cuantas palabras más a Brooks, apartó mi mano del papel.


Lacey y Brooks estuvieron saliendo durante unos nueve meses —nueve meses, dos semanas y cuatro días para ser exactos— no que estuviera contando. ¿Por qué? »Bueno, ella ha terminado conmigo, supongo. Dijo que no podía manejar ser la tercera opción en mi vida. ¿Tercera? »Música... y, bueno... —Me dio una sonrisa que era más una mueca— . Tú. Mi pecho se tensó y me senté más recta. Siguió hablando. »Piensa que paso mucho tiempo contigo, viéndote todos los días. Está un poco celosa y tiene esta loca idea de que tú y yo tenemos algo. ¿Tenemos que? ¿Había algo entre nosotros? Puso los ojos en blanco. »Lo cual, por supuesto, no tenemos. Le dije que tú y yo somos sólo amigos, porque lo somos. Bien. Por supuesto. No teníamos nada. Sostuve en la palma de mi mano el collar del ancla que llevaba en el cuello cada día y lo apreté ligeramente. Brooks y yo éramos sólo amigos; ¿por qué se sentía como un puñetazo en mi estómago? »De todos modos, pensé en decírtelo antes de que alguien más lo hiciera. Es una especie de mierda porque gasté todo ese dinero en mi esmoquin para el baile de mañana. Lo que sea, no es gran cosa. Sin embargo, sabía que era un gran problema para él,, porque cuando Brooks se sentía herido, masticaba su pulgar derecho. »Sí, yo también. Me gustaba, ¿sabes? Lacey era genial. Pero... —Miró con el ceño fruncido las palabras escritas en el pizarrón y luego las borró con la palma de su mano—. ¿Ves? Con un golpe de la mano, las heridas han desaparecido. Se puso de pie y comenzó a caminar alrededor de mi habitación, pasando sus dedos a través de los lomos de todas mis novelas. Sabía que la herida no había desaparecido, porque otra cosa que Brooks hacía cuando se sentía triste era caminar y pasar el pulgar a través de mis libros.

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Lo siento mucho, Brooks. Siento que estés sufriendo.


La pequeña estantería que tuve desde que era una niña pequeña se encontraba ahora apilada de novelas, y las que no encajaban en los estantes eran colocadas de pie alrededor del perímetro de mi dormitorio. A diferencia de la mayoría de la gente, mis libros no se hallaban agrupados por género o nombre del autor. Mis libros fueron colocados juntos sobre la base del color de su encuadernación. Todos los rojos se encontraban uno al lado del otro, mientras que todos los morados se mantenían juntos. Así, cuando alguien entraba en mi dormitorio, veían una frontera de arco iris que te envolvía alrededor del espacio. »¿Qué es esto? —preguntó, cogiendo una pequeña libreta con un encuadre de cuero. Me levanté de la cama y me acerqué a él. Sonrió maliciosamente. »Oh, mi... ¿podría ser el diario de Magnet? Salté sobre él, y lo sostuvo sobre su cabeza. Volví a saltar y lo movió detrás de su espalda. Mis brazos estaban salvajes, tratando de arrancarlo lejos de él. »¿Qué clase de cosas escribes aquí, eh? ¿Tus sucios secretos? No puedo evitar preguntarme... —Sonrió más y su sonrisa me hizo feliz, y loca, y emocionada, y asustada a la vez. Cuanto más saltaba para evitar que se lo sacara, más me levantaba para tratar de arrebatárselo. Cada vez que nuestra piel se rozaba, quería acercarme. Cada vez que me tocaba, quería más. Seguía risa y risa—. Lo siento, Maggie. Sé que nunca me perdonarás, pero tengo que hacerlo. Sólo tengo que leer una página para ver qué tipo de pensamientos pasan por tu... Abrió la primera página. Dejó de moverse. Dejó de hablar. »¿La lista de tareas de Maggie? —preguntó. Mis mejillas se sentían cálidas, mi estómago anudado. Volví a mi cama y me senté. Me siguió, se sentó, y me dio el diario. Fue culpa de la lectura. Leer era un regalo y una maldición para mí. Esos libros me hicieron capaz de escapar a un mundo que nunca había experimentado, pero al mismo tiempo, me recordaron todas las cosas que me perdía.

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Dejó de reír también.


Así que hice una lista. Una lista para que si alguna vez, de alguna manera, pudiera salir por la puerta de mi casa, tendría cosas que hacer, ver, explorar. Era soñador, quizás, pero si los libros me enseñaron algo, era que soñar siempre era una causa digna por la que participar. Mi lista creció cada día, también. Cada vez que sucedía algo emocionante en una de mis novelas, lo añadía a mi cuaderno, junto con el nombre de la novela donde me dieron la idea. Equitación, gracias a National Velvet. Ir a un baile y salir huyendo dramáticamente, debido a Cenicienta. De pie en dos lugares a la vez, debido a Un paseo para recordar. Había cientos de artículos en mi lista de cosas pendientes, y algunos días me preguntaba si alguna vez llegaría a hacer incluso una cosa. »¿Es una lista de cosas que quieres hacer? —preguntó a sabiendas. Asentí. »Puedes hacerlas todas, ya sabes. Tal vez. Entonces, borré la palabra. Él escribió: Definitivamente. Entonces, borró la palabra, pero se quedó en mi mente. Nos sentamos en silencio por un momento, ambos mirando el tablero en blanco. »¿Qué quieres ser cuando crezcas, Maggie? Había pensado mucho esa pregunta. ¿Qué quería ser? ¿Qué podría ser? Una autora, tal vez. Podría publicar libros a través de Internet, y nunca tendría que salir de mi casa. O tal vez una artista, y papá podría llevar mi obra de arte a las ferias para venderla. O tal vez… Feliz. Brooks recogió un marcador propio y escribió lo que quería ser, también. Feliz. Sus dedos limpiaron las palabras, y saltó de mi cama, se acercó a mi escritorio y comenzó a recorrer a través de mis plumas y lápices. Cuando encontró la que quería, se dirigió hacia mí y comenzó a escribir en la pizarra. Algún día te vas a despertar y dejarás tu casa, Magnet, y vas a descubrir el mundo. Algún día vas a ver todo el mundo, Maggie May, y ese día, cuando salgas y respires tu primer aliento, quiero que me

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Recogí mi marcador y escribí exactamente lo que quería ser.


encuentres. No importa qué, debes encontrarme, porque voy a ser el que te lo muestre. Voy a ayudarte a realizar las cosas de tu lista de tareas pendientes. Te voy a enseñar todo el mundo. Justo así, yo era suya, y él ni siquiera lo sabía. ¿Lo prometes? Escribí. Lo prometo, respondió. Fui a borrar las palabras, y cuando mi mano se deslizó sobre ellas, sólo mi promesa desapareció. Él sonrió y me mostró su marcador Sharpie. »No va a salir. Quiero que mantengas el tablero igual que esto. Guárdalo como mi promesa para ti. Te traeré un nuevo consejo mañana para conversaciones al azar. Mis labios se separaron como si fuera a hablar, pero no salió ninguna palabra. Sonrió a sabiendas. »De nada. ¿Música ahora? Asentí, y ambos nos tumbamos en el colchón mientras sacaba su iPod. »“Cascada” de The Fresh & Onlys. »La forma en que la guitarra eléctrica sube en esta canción es increíblemente maravilloso. Se siente como si estuvieras en medio de nada y de todo al mismo tiempo. Si escuchas, puedes escuchar lo perfecto que es el bajista, también. La forma en que escalan el diapasón es... —Suspiró, golpeando su mano contra su pecho—. Oro. Casi nunca sabía de lo que estaba hablando cuando hablaba de música, pero me gustaba la forma en que lo traía a la vida.

Brooks y Calvin eran famosos... bueno, un poco famosos, el tipo de famosos de que yo sabía que existían. Eran los cantantes principales en su banda y eran extremadamente buenos ensayando en nuestra cochera. Aunque aún no los descubrieron, yo sabía que algún día, serían algo grande. Eran demasiado buenos para no ser notados. —¿Vendrás a grabarnos, verdad, Magnet? —preguntó Brooks, levantándose de mi cama, aparentemente desgarrador como siempre. Por supuesto que iba a ir. Busqué mi videocámara, la recogí y luego me puse de pie. En mi otra mano, agarré mi lectura actual. Nunca me perdía

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—Brooks. —Calvin metió la cabeza por mi puerta y levantó una ceja a su mejor amigo—. Practicaremos en cinco minutos. Venga. Tenemos que revisar la carta que estamos enviando con las cintas demo —dijo Calvin.


la práctica de la banda; era lo más destacado de mi día. Siempre me sentaba y los grababa desde la cocina, también. Mamá y papá me consiguieron una videocámara hace unos años porque un terapeuta dijo que pensaba que podía abrirme y hablar con la cámara o algo así. Resultó como horas mirándome a mí misma, parpadeando, así que en lugar de perder la videocámara, la usaba para grabar a la banda de mi hermano. Antes de dirigirme hacia abajo, me acerqué a la ventana de mi habitación, que daba a la calle y miré al otro lado de la calle hasta el porche de la señora Boone, donde se balanceaba de un lado a otro en su silla de mimbre mientras Muffins dormía a su lado. Sus labios se movían como si estuviera sosteniendo una conversación con el hombre invisible sentado en la silla de mimbre estacionaria a su lado. Su Stanley. Mis dedos tocaron el cristal helado y sus labios se curvaron en una sonrisa. Se rio de algo que dijo, luego tocó la silla vacía a su lado y la hizo moverse en armonía con su balanceo. La vida de la señora Boone estaba disminuyendo, y durante muchos días vivía en sus recuerdos. Cuando no vivía en sus recuerdos, me decía cómo debería haber estado haciendo la mía. Puede que parezca triste para muchos la forma en que vivía hoy en día, pero para mí, la señora Boone parecía tener mucha suerte. Podría haber estado sola, pero en su mente nunca se encontraba sola. Mis recuerdos eran escasos, y algunos de ellos —tal vez la mayoría— estaba segura de habérmelos robado de los libros de cuentos. Partes de mí se sentían enojadas por la forma en que me empujó, pero otra parte sabía que necesitaba ser empujada. Ella era parte de la razón por la que tenía una lista de cosas por hacer. Incluso cuando era grosera, todavía creía en mí futuro.

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Aquellos que creían en ustedes cuando no creían en ustedes mismos eran los que se mantenían firmes.


Traducido por Caroamarfil

—¡U

no, dos, uno, dos, tres, va! —cantó Calvin en el garaje antes de rasgar su bajo con Brooks y su banda. Me senté en el piso de la cocina, grabándolos desde la puerta del garaje, y cada vez que se ponían a hablar, volvía a leer mi novela. Cuando era más joven, leer no era mi pasatiempo favorito, pero con el paso de los años, se convirtió en la voz que perdí. Era casi como si los personajes vivieran dentro de mi cabeza y compartieran sus pensamientos conmigo y viceversa. En los últimos diez años, había leído más de ochocientos libros. Había vivido más de ochocientos vidas. Me enamoré unas seiscientas noventa veces, caído en lujuria tal vez veinte veces y caído en odio unos diez mil millones de veces. A través de esas páginas, fumé marihuana, salté en paracaídas y me fui flaqueando. Fui apuñalada en la espalda por amigos (tanto física como emocionalmente) y llorado la pérdida de sus seres queridos. Viví la vida de cada personaje dentro de las paredes de mi habitación.

Mi hora favorita de cada día era cuando los muchachos llegaban a casa de la escuela y tocaban su música en el garaje mientras yo me quedaba sentada leyendo y escuchando en la cocina. Siempre me tomaba un descanso de la lectura cuando los chicos comenzaban a pelear por las letras, o los acordes, o por cómo Owen tocaba la batería. —Solo estoy diciendo, Rudolph, que estás dos tiempos fuera de ritmo —dijo Oliver, el tecladista, con un gemido. Oliver era un tipo grande que sudaba más de lo que respiraba. Cada camisa que llevaba tenía manchas de sudor. Cuando se levantaba de su taburete, las manchas de sudor de su trasero eran intensas, y los chicos siempre lo molestaban por eso. Además, Oliver tenía hambre, todo el tiempo. Si no estaba comiendo, hablaba de comer. Era un carnívoro regular que amaba cualquier tipo de carne más que

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Mi padre me traía un nuevo libro (o cinco) cada dos semanas en su día de pago. Asumí que pasaba el veinte por ciento de su vida en las librerías, buscando mi siguiente lectura.


cualquier persona que haya conocido. Además de su sudoración excesiva y el amor por los filetes, Oliver era también el oso de peluche más grande del grupo y nunca luchó por nada con nadie, excepto cuando se trataba de Owen, también conocido como Rudolph. Los dos peleaban sobre cualquier cosa cada día. Ese día, la pelea comenzó porque Rudolph se hallaba fuera de tiempo; siempre lo estaba. —No sabes de qué diablos hablas, Oli. Estás tocando demasiado rápido. —Rudolph era todo lo contrario de Oliver, un vegetariano, delgado, y siempre con capas de ropa, porque sin importar la temperatura, él se estaba helando. Siempre tenía la nariz roja, por eso el apodo. —Amigo, ¿me estás tomando el pelo? No sabes nada de nada. Necesitas... —empezó Oliver. Rudolph lo cortó. —No, tú necesitas... —¡LIMPIAR TUS OÍDOS! —gritaron Oliver y Rudolph al unísono. Sólo tomó unos segundos antes de que estuvieran de pie cara a cara, empujándose uno al otro mientras gritaban. Oliver envolvió su brazo alrededor del cuello de Rudolph y forzó su cabeza bajo su axila. —¡Argh! Qué asco. ¡Vamos, Oli! ¡Nadie se merece esto! —gritó Rudolph, su rostro se volvió del mismo color que su nariz—. ¡Déjame ir! —¡Dilo! ¡Dilo! —ordenó Oliver—. ¡Dime que soy el mejor en la notas! »¡Y di que mamá me ama más porque nací primero! —exclamó Oliver. —Vete a la mierda, Oli... —Oliver empujó la cabeza de Rudolph más bajo su brazo, haciendo a Rudolph lloriquear como un perrito triste—. ¡Bueno! ¡Mamá te ama más! Te ama más, bola de carne rarita.

Mientras observaba a los chicos continuar luchando, Brooks y Calvin se pararon en una esquina, mirando un cuaderno donde escribían letras y cualquier idea que tuvieran para la banda. La mayor parte del tiempo, Brooks y mi hermano eran completos idiotas como los gemelos, excepto cuando ensayaban. Se encontraban tan impulsados, enfocados y decididos a ser los diamantes en bruto del Condado de Harper, Wisconsin, que lo lograrían en Hollywood. Mamá entró en la cocina con cuatro pizzas en la mano y gritó—: ¡Chicos! ¡Comida! Eso fue suficiente para meter a todos dentro de la casa. Lo único mejor que Hollywood era la pizza de peperoni.

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Oliver dejó caer su brazo sobre su hermano menor, por diecisiete minutos, y juntó las manos con una amplia sonrisa. Los dos eran gemelos y peleaban como tales. Siempre era entretenido para ver.


Me senté a la mesa con los chicos mientras repasaban sus planes de comprar enormes mansiones, ferraris, yates y monos una vez que llegaran a su gran momento. —¿No creen que deberíamos tener un nombre para la banda si vamos a ser enormes? —preguntó Rudolph, rellenándose la boca con su pizza de queso sin gluten. —Espera, así que, ¿Papagayos Sin Padres está descartado? — preguntó Brooks, limpiando su rostro con el dorso de su mano. —Pensé que era algo genial —ofreció Oliver. —¡Pensé que era ridículo! —objetó Rudolph—. ¡Debemos hacer algo con ninjas! —¡No, piratas! —¡Piratas Ninja! —Gritó Calvin. Los muchachos empezaron a hablar uno sobre el otro, y me senté en silencio, mordisqueando mi pizza, observando sus acciones. La mayor parte del tiempo me sentía como una mosca en la pared siempre que me hallaba alrededor de la gente, escuchando algo en sus vidas, porque en su mayor parte, se olvidaban de que existía debido a mi silencio. Pero de vez en cuando... —¿Qué piensas tú, Magnet? Brooks me empujó suavemente en el costado, y con su pequeño toque, todo dentro de mí se calentó. Sus ojos sonrieron en mi dirección y el ritmo del latido de mi corazón aumentó. Me encantaba eso de él. Me encantaba cómo podía verme cuando el resto del mundo se olvidaba que existía. Le di una pequeña sonrisa y me encogí de hombros.

¿Lo sentía? ¿Mi calor? ¿Mi deseo? ¿Mi necesidad? Cuando comencé a escribir, sonrió, estudiando la curva de mi mano mientras corría por el papel. Cuando terminé, empujé el cuaderno hacia él. »Crooks —dijo en voz alta, sosteniendo el cuaderno en la mano. —¿Crooks? —gritó Rudolph, desconcertado. —¿Crooks? —hizo eco Oliver, un tono más alto que Owen. —C es para Calvin, O es para Owen, el otro es Oliver, y luego, bien, Brooks es el resto —explicó—. ¿Cierto, Maggie?

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»Vamos —dijo, abriendo de un tirón su libreta en una página en blanco y entregándome su pluma. Mientras tomaba la pluma de su agarre, permití que mis dedos se quedaran contra su mano. Observó cada uno de mis movimientos, y me aseguré de hacer que cada movimiento contara.


Asentí. Sí. Sí. El hecho de que entendiera el significado del nombre sin que yo lo explicara hizo que mi corazón quisiera explotar. ¿Cómo podía entender los pensamientos en mi cabeza que nunca expresé? ¿Cómo podía leerme sin esfuerzo? —¡Crooks! —gritó Calvin, golpeando su mano contra la mesa—. Me encanta. Me encanta. —Mi hermano aplaudió—. Piensa en estar en el escenario: “Hola, somos The Crooks, y estamos aquí para robarte los oídos esta noche”. Me reí para mí misma mientras seguían charlando. —¡Somos The Crooks, y estamos aquí para robar tu dinero esta noche! —bromeó Oliver. —¡Somos The Crooks, y estamos aquí para robar sus corazones esta noche! —Brooks se rio. —¡Sí! ¡Sí! ¿O qué tal: “Somos The Crooks, y... y... y... —Rudolph frunció el ceño—. Bueno, demonios, todos ustedes tomaron las mejores líneas. —Te duermes, te pierdes, hermano menor. Tal vez si agregaras más proteínas a tu dieta, tu cerebro no sería tan lento. —Oliver rio entre dientes. —Sí, Oli, porque comerte a Bambi es lo que te hace inteligente. Eso es. Probablemente por eso tienes un diez en cálculo, ¿no? —respondió sarcásticamente Rudolph—. Oh, espera, tienes un dos. Los gemelos comenzaron a discutir, y supe que no existía nada que los detuviera hasta que ella apareciera. Cheryl. Parecía completamente recuperada su anterior interacción con su ex novio y de vuelta a su coqueto yo. las

caderas

y

¡Yo te enseñé ese movimiento cuando éramos niñas! »No sabía que iban a estar aquí esta noche. —Cheryl siempre hacía esta extraña cosa con su voz cuando hablaba con chicos. Trataba de sonar seductora, pero para mí, sonaba como alguien que fumaba quince paquetes de cigarrillos al día. Ridículo. Y por supuesto sabía que estarían allí practicando, siempre estaban en nuestra casa. —¡Oh, oye, Cheryl! —Los gemelos se animaron, y sus ojos cayeron en su conjunto personal de gemelas. —Te ves bien —ladró Rudolph.

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—Hola, chicos —chilló Cheryl, balanceando retorciéndose el cabello alrededor de los dedos.


—No, ¡te ves genial! —gritó Oliver. —¡Brillante! —¡Maravillosa! —¡Sexy! —gritaron los gemelos al unísono. Cheryl batió sus pestañas y los ignoró por completo, acercando su mirada a Brooks, que no le daba ni la hora del día. Las cabezas de Calvin y Brooks se hallaban de nuevo en su cuaderno, mirando sus planes para el futuro. Brooks nunca parecía demasiado interesado en mi hermana, probablemente porque la conocía desde que llevaba pañales. Sin embargo, yo sabía que a Cheryl le interesaba... cada chica quería que Brooks la notara... incluyéndome a mí. —Oye, Brooks —dijo ella—. ¿Cómo estás? Ella seguía girando su cabello, y yo seguía rodando mis ojos. Brooks miró hacia ella y sonrió antes de volver a su cuaderno. —Bien, Cheryl. ¿Cómo estás? Ella saltó a la mesa del comedor y luego empujó sus tetas juntas, presionando sus codos contra ellos. —Estoy bien. Jordan terminó conmigo hoy. ¿De verdad? ¿Él rompió contigo? Eso no es lo que oí... —¿Oh, sí? —respondió él cortésmente, apenas interesado—. Siento escuchar eso. —Sí. Se rumorea que tú rompiste con Lacey. —Frunció el ceño, dramáticamente por supuesto—. O bien, ella terminó contigo. Eso es una mierda. Brooks se encogió de hombros. —Supongo que pasa. —Sí, es sólo que apesta porque se suponía que iba a ir a la graduación con él, como él ya está graduado. Ya he comprado mi vestido. —¡Ni yo tampoco! —saltó Oliver. —Pero ustedes dos no tienen esmoquin ya comprado. Sé que Calvin fue con Brooks a comprar el suyo... ¡Oh! ¡Tengo una idea! —gritó Cheryl, aplaudiendo. Oh, no. »¿Qué tal si tú y yo vamos juntos, Brooks? Podríamos ir como amigos, ¿sabes? No tiene sentido que ambos nos perdamos el evento, ¿verdad?

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—¡Yo no tengo cita! —gritó Rudolph.


Brooks vaciló, porque era amable. No quería avergonzar a Cheryl delante de todos, y Cheryl también lo sabía. Probablemente por eso le preguntó delante del grupo. »¿No crees que es una buena idea, Maggie? —dijo Cheryl, lanzándome una mirada de advertencia antes de volver a Brooks con una dulce voz—. Maggie fue la que estuvo allí para mí después de la ruptura hoy. Sabía lo importante que era el baile de graduación para mí. Hemos estado hablando de ello durante semanas. No, no lo hicimos. Ni siquiera sabía que mi hermana iba a ir a la graduación hasta momentos antes de que su ex novio la golpeara. Cerré los ojos por un instante. Shh. —Bueno... —La voz de Brooks se quebró y yo abrí los ojos. Se frotó la nuca y miró hacia mí, sus ojos pidiendo ayuda, pero ¿qué podía decir? Nada. »Supongo que eso podría ser genial, solo como amigos.

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Me sorprendió cómo un corazón podía romperse en una sala llena de gente y el sonido no podía ser escuchado por una sola persona.


Traducido por Caroamarfil

O

diaba todo lo relacionado con el baile: los vestidos, el baile lento, las flores. Odiaba lo artificial y cliché de todo, lo falso que parecía, pero sobre todo odiaba el hecho de que nunca sería capaz de asistir a un baile de graduación porque yo era educada en casa. También odiaba el hecho de que Cheryl era sólo una junior este año y asistiría a su segundo baile de graduación. —Quiero decir, de todos modos, no es como si pudieras ir con él, y no tiene sentido que él vaya solo, ¿sabes? —Cheryl mascaba su chicle una y otra vez mientras se paraba delante de mi espejo, aplicándose la duodécima capa de lápiz labial rojo de manzana de caramelo. Me senté en mi cama con un libro contra mi pecho, escuchando a mi hermana hablar hasta que se me cayó la oreja. Se limpió el lápiz labial rojo y luego se aplicó un color púrpura profundo. Cuando terminó, se sonrió a sí misma, como si estuviera tan orgullosa de su belleza, como si fuera su propio logro y no sólo la genética. Su largo vestido dorado brillaba cada vez que movía las caderas, cosa que hacía con frecuencia. »Además —Sonrió enamoramiento conmigo.

maliciosamente—,

creo

que

él

tiene

un

No, no es así. Se volvió para mirarme y juntar los labios. »¿Qué piensas? ¿Este color? ¿O el rojo? —Frunció el ceño—. Ni siquiera sé por qué te estoy preguntando. No sabes nada de maquillaje. Tal vez supieras más si tu rostro no estuviera siempre en un libro. Se acercó a mí y se sentó en la cama. Sostuve mi libro más cerca de mi pecho, pero lo arrebató de mi mano y lo tiró al suelo. Oh, Dios mío. Eso tenía que ser algún tipo de abuso, ¿no? Había literalmente magullado y golpeado a decenas de personajes, decenas de mis

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Me reí para mis adentros.


amigos. Sacar el libro de mi mano era grosero, pero arrojarlo era motivo suficiente para terminar con nuestros lazos familiares. »En serio, Maggie. Ya eres lo suficientemente rara con tu no hablar y no salir de la casa. ¿Realmente quieres ser conocida como la chica que sólo lee? Es un poco espeluznante. Tu cara es un poco espeluznante. Simplemente sonreí y me encogí de hombros. Sacudió su cabello. »Así que, volviendo a las cosas importantes. Quiero decir, estoy segura de que todavía está triste porque Lacey rompió con él antes del baile. Además, sé cuánto te preocupas por él, así que me ofrecí para ser su cita, porque sabía que no querrías que perdiera la única cosa que él esperaba. Sólo voy a ir por ti, Maggie. Qué noble. Me tomó todo dentro de mí para no rodar mis ojos en la cara de mi hermana. Hermana, usé el término vagamente ese día. »De todas formas, le dije a Brooks lo mucho que me apoyaste acerca de la idea de que yo fuera con él, así que gracias por tu apoyo. —Me lanzó una sonrisa cursi y volvió a poner su rizado cabello sobre su hombro—. Creo que Calvin y Stacey van a reunirse con Brooks y yo en nuestro patio trasero para fotografías y esas cosas en unos diez minutos. Así que sí, ¿qué color de labios? Señalé el púrpura porque quería que se viera horrible. Eligió el rojo, que la hizo lucir hermosa.

En el momento en que se perdió de vista, me acerqué a mi novela, la recogí y le froté la cubierta. Lo siento, amigos. Tenía el libro apretado en mis brazos mientras me apresuraba hacia las ventanas que daban al patio trasero y miraba a mi hermano y a su novia riendo y abrazándose con su elegante ropa de baile. Calvin tenía una manera de hacer reír a Stacey tan fuerte que se disparaba hacia el cielo. Sus manos siempre descansaban contra su pecho, y sus ojos siempre descansaban sobre ella. Me había preguntado cómo sería: ser visto a través de un par de ojos llenos de amor. Mi mirada se trasladó a Cheryl, que se tomaba selfies, mientras esperaba impaciente que Brooks apareciera para pegarse a su brazo. Él no era de llegar nunca tarde a nada, así que me sorprendía un poco no verlo todavía. Mi estómago se llenó de nudos mientras corría a mi otra ventana para ver si seguía al otro lado de la calle en la casa de sus padres. No podía

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»¡Perfecto! —Se levantó de mi cama, se alisó su vestido impresionante, y se contoneó delante de mi espejo una última vez—. Será mejor que me vaya. Brooks me estará esperando. —Balanceó las caderas a la izquierda y a la derecha todo el tiempo que le tomó salir de mi habitación.


recordar la última vez que vi a Brooks en un esmoquin, y habría estado mintiendo si dijera que no me interesaba la vista. Siempre se veía tan guapo... tan feliz. Mis latidos se apoderaron de mi pecho, esperando que saliera de su casa, esperando a que cruzara la calle hacia mi patio trasero, esperando que cayera en lujuria con Cheryl. Cerré los ojos y tomé una profunda inhalación. Una pequeña oración corrió por mi cabeza. No lo hagas, Brooks. Merecía más que eso. Merecía más que los juegos de Cheryl. Se merecía ser amado por alguien que sabía lo guapas que eran sus sonrisas desordenadas, lo brillante que era su mente y lo bueno que era para comunicarse sin palabras que cayeran de sus labios. —¿Estás bien hoy, Magnet? Era mi conjunto favorito de palabras. Mis ojos se abrieron y me volví para ver a Brooks de pie en mi puerta, vestido con un esmoquin azul marino, una corbata de lunares blancos y negros y calcetines a juego de lunares. Llevaba su cabello castaño oscuro peinado hacia atrás y sus oscuros ojos marrones sonreían por su cuenta como siempre. En su mano había una caja clara que sostenía un ramillete de muñeca, una hermosa colección de flores amarillas y cintas rosas. Guau, Brooks. Se veía mejor de lo que mi mente podría haber imaginado y las mariposas volaron a través de mi estómago mientras pasaba mis dedos por mi cabello enmarañado. Sonreí. Él sonrió, siempre sobre el lado izquierdo de su boca. ¿Me preguntaba si él sabía...? ¿Si sabía lo mareada que esa sonrisa me hacía sentir? »¿Puedo entrar? —preguntó, metiendo las manos en las pantalones. Entró en mi habitación y se acercó a la ventana para mirar hacia el patio trasero, donde Cheryl enviaba mensajes de texto a alguien, sus pulgares golpeando las teclas. En cuestión de segundos, el teléfono celular de Brooks sonó. »Ya está enfadada conmigo por llegar tarde —explicó, balanceándose ligeramente de un lado a otro. Su teléfono sonó dos veces más—. Ese es el decimoséptimo mensaje de ella. Miré hacia abajo a mi hermana, que salía con Brooks sólo para despreciarme. Por alguna razón, la hacía sentirse mejor consigo misma ver lo mal que estaba yo con mi no hablar o salir de la casa.

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Asentí. Siempre.


»No quería ir con ella —explicó Brooks. Inclinó la cabeza hacia mí y frunció el ceño—. Después de que Lacey rompió las cosas conmigo, pensé que me quedaría en casa o algo así. Jugando a algunos videojuegos. Quizás venir aquí y escuchar música contigo o algo así, pero Cheryl no paraba de decirme lo mucho que significaba para ti que yo fuera con ella. Arqueé una ceja. Se rio. —Sí. Debería haberlo sabido. —Permanecimos en silencio unos instantes, viendo a Cheryl entrar en pánico y viendo a Calvin y Stacey caer más profundamente enamorados. Unos cuantos pájaros danzaron por la ventana, y Brooks soltó un suspiro—. ¿Crees que Calvin y Stacey saben lo fastidiosos que son? Asentí, y él se rio. Sí, lo sabían. »Cal y yo vamos a actuar en el baile esta noche. ¿Te lo dijo? Lo hizo. Después de pasar años escuchándoles practicar en el garaje de mis padres, habría sido increíble verlos en directo esa noche. Un sueño hecho realidad. »Stacey va a grabar la actuación y a enviártela, ya sabes, si quieres verla. Tomé su mano en la mía y la apreté dos veces. Sí. Me apretó la mano. Sí. Sí. »¿Quieres bailar conmigo, Maggie May?

Mis inhalaciones eran pesadas y mi agarre en mi novela empezaba a resbalar, mientras mi mirada llena de pánico encontraba sus ojos nerviosos. Yo nunca había bailado. No sabía cómo hacerlo. Sólo había leído sobre el baile, y los bailes de graduación, y dos personas que se convertían en uno en los brazos del otro. »No tienes que hacerlo. Lo siento. —Se aclaró la garganta y miró hacia la ventana. Murmuró la palabra "estúpido", y me di cuenta de que se golpeaba internamente. Puse mi libro contra el alféizar de la ventana y asentí.

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Me volví y sus mejillas enrojecieron. Mi mirada se encontró con sus labios, casi me preguntaba si había imaginado las palabras que salían de su boca. Él masticó nerviosamente su labio inferior cuando una pequeña risita salió. »Quiero decir... no tienes que hacerlo. Lo siento. Eso fue estúpido. Yo sólo... Con Lacey rompiendo conmigo, y con Cheryl siendo... Cheryl, pensé que sería bueno bailar con alguien que realmente me importa el día de mi graduación.


Debió de estar observándome por el rabillo del ojo, porque su sonrisa se extendió sin girarse en mi dirección. »¿Sí? —preguntó. Sí. Corrí mis dedos a través de mi cabello desordenado y se me puso la piel de gallina. Mi largo vestido blanco no parecía nada al lado del de Cheryl y Stacey. No llevaba maquillaje y tenía pocas curvas en mi fantasmal cuerpo pálido, pero a Brooks no parecía importarle. Siempre me miraba y me hacía sentir como si fuera suficiente, sin importar qué. Se volvió y sonrió. »¿Puedo tener tu muñeca? —preguntó. La levanté, y abrió la caja con el ramillete de Cheryl y luego lo metió en mi brazo. »Sólo por ahora, ya sabes, para que parezca más real. Sacó su iPod de su bolsillo y pasó por su música antes de aterrizar en la canción de su elección. Me entregó un auricular y tomó el otro, luego presionó reproducir y metió el iPod en el bolsillo delantero de sus pantalones. Levanté una ceja, insegura de la canción que sonaba. »Es algo que escribí y toqué en acústico hace un tiempo. Es sólo instrumentos. Nadie ha oído la letra ni nada, pero supongo que ahora la puedes escuchar. Porque, la escribí para ti. Desmayo. Ya la amaba.

Ella se acuesta contra mi pecho cuando sus gotas de lluvia comienzan a caer Se siente tan débil, flotando sin rumbo, golpeando contra las paredes Rezando por un momento donde no empiece a ahogarse Su corazón ha estado pidiendo una respuesta a los dolores silenciosos que su alma mantiene atados Un dolor se formó en mi pecho mientras escuchaba su voz. Sus labios se posaron sobre los míos, sus palabras cayendo contra mí. Sentí las

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Se acercó a mí y levantó las manos. Di un paso adelante, y él envolvió sus brazos alrededor de mi espalda baja, luego mis brazos cayeron alrededor de su cuello mientras él me acercaba. Su piel olía a crema de afeitar y miel, mi nuevo olor favorito. Si era un sueño, juré que nunca me despertaría. Mientras nos balanceábamos, él me acercó. Y cuando me acercó, comenzó a cantar.


pequeñas respiraciones que exhaló en mí y noté sus temblorosos dedos contra mi espina dorsal. Sentí su alma, mi cuerpo presionado contra el suyo, mis ojos mirando sus labios cantores. Brooks... Seré tu ancla Te voy a sostener durante toda la noche Seré tu firmeza Durante las oscuras y solitarias mareas Te sostendré cerca, seré tu luz, te prometo que estarás bien Seré tu ancla Y pasaremos por esta pelea. Me volvió loca. Su toque, su tacto, su voz, sus palabras. Todo en su alma me encendió fuego, y me sentía orgullosa de arder a su lado. Ella intenta cada día escapar de la inundación de su mente Pierde la esperanza cuando la oscuridad la encierra Se desliza lejos de mí y trato de mantenerme firme Prometo que todo terminará a la luz del día Seré tu ancla Te voy a sostener durante toda la noche Seré tu firmeza Durante las oscuras y solitarias mareas Te sostendré cerca, seré tu luz, te prometo que estarás bien Seré tu ancla Y pasaremos por esta pelea Te sostendré cerca, seré tu luz, te prometo que estarás bien Seré tu ancla Y pasaremos por esta noche. —Maggie —susurró contra mí, nuestros labios aún sin tocarse. Nuestros cuerpos se estremecían entre sí y él se echó a reír—. Estás temblando. Tú también. Sonrió como si hubiera leído mi mente, y traté de leer la suya.

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Te sostendré cerca, voy a ser tu luz, nena, estaremos bien


»Eres mi mejor amiga, Magnet, pero... —Sus labios se acercaron, y juré que los sentía rozar los míos. Sus dedos me dieron masajes en la espalda en círculos, y me derretí cada vez que un círculo se completaba—. ¿Y si ella tenía razón? ¿Y si Lacey tenía razón en algo? ¿Y si hay algo más que amistad entre nosotros? —Su agarre en mi parte inferior de la espalda se hizo más apretado, acercándome más. Nuestros labios se rozaron de nuevo, y mi estómago se anudó. »Retrocede y yo también retrocederé —me dijo. Me acerqué más, colocando mis manos contra su pecho, sintiendo el latido de su corazón. Su mirada cayó a mis labios, y sus temblores se hicieron míos—. Dime que no te bese, Maggie. Retrocede y no te besaré. Me quedé quieta. Por supuesto que me quedé quieta. Me quedé y esperé, y morí, y esperé. Cuando encontró su lugar, cuando sus labios se deslizaron contra los míos, mi cerebro se mareó y volví a la vida. Sus labios se apretaron contra los míos, suavemente al principio, y todo dentro de mí se convirtió en una parte de él. Sus dedos me rodearon la espalda y me acercó más, empujando sus labios más fuertes contra los míos, y por primera vez en mucho tiempo, lo sentí. Felicidad. ¿Es real? ¿Se me permite esto? ¿Puedo ser feliz? La última vez que me besaron fue por el mismo muchacho que me rodeó con los brazos, que me abrazó como si fuera una promesa de un sueño que no sabía que tenía.

Una… Das… Veinticinco… Esta vez el beso se sintió tan real, tan perfecto, tanto como para siempre. Esta vez es para siempre. »Maggie, ¿has visto...?

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Este beso fue diferente a todos aquellos años atrás. Esta vez no contamos los segundos, pero sí conté las respiraciones que me robó.


Brooks rompió su agarre y saltó hacia atrás, dando la espalda a la persona de la puerta. El auricular en mi oído fue arrebatado, haciéndome tropezar hacia delante. Mis ojos volaron a mamá, de pie, sorprendida. »El lápiz de labios rojo de Cheryl —terminó su frase. Un silencio incómodo se alzó, y mamá entrecerró los ojos cuando Brooks enderezó su corbata—. Brooks, creo que Cheryl está esperando abajo para las fotos. —Claro, por supuesto. Gracias, señora Riley. Déjeme terminar... — Se acercó a mí y tomó el ramillete de mi brazo, y luego así como si nada, el para siempre terminó—. Te veo más tarde, Maggie. —Se apresuró a pasar junto a mamá, manteniendo la cabeza baja de vergüenza. Mamá se quedó allí mirándome, y pude sentir la decepción en su postura. Me acerqué a la cómoda donde Cheryl dejó su lápiz de labios, y luego se lo entregué a mamá. Frunció el ceño. —Ella es tu hermana, Maggie May, y va a la graduación con Brooks. ¿Qué crees que estás haciendo? Bajé la cabeza. No lo sé. »Sé que Cheryl puede ser una molestia a veces, pero... es tu hermana —repitió. Se fue antes de que pudiera escribir cualquier tipo de respuesta. De todos modos, no lo habría leído. Mamá era como la señora Boone de esa manera, quería palabras reales, no pedazos de papel. Me dirigí a mi ventana y miré los brazos de Brooks envueltos alrededor de la cintura de Cheryl para las fotos. Le daba a la cámara su mejor sonrisa falsa, y cada vez que miraba hacia arriba a mi ventana, yo salía de la vista. Fue un hermoso sueño, él y yo. Pero eso es todo. Página

Un sueño del que me vi obligada a despertar.

—¡Perra! —gritó Cheryl, entrando en mi habitación mientras me ponía los pantalones de pijama. Mis brazos tiraron de mis pantalones y me tambaleé hacia atrás, sorprendida. Su rímel corría por su cara con sus


lágrimas y su lápiz labial rojo se veía manchado. La parte inferior de su vestido parecía haber sido arrastrada por la hierba, y sus ojos estaban muy abiertos—. ¡No puedo creerte! ¡No puedo creer que se los hayas dicho! — gritó ella. Parpadeé una vez, confundida. ¿Decirle qué a quién? »Oh, no me vengas con esa mierda inocente. —Rio histéricamente, y por su risa, me di cuenta de que se había metido algo; sus ojos eran demasiado salvajes para que no fuera así—. ¡Es realmente ridículo que alguien compre la mierda que vendes cuando realmente eres un monstruo! ¡No puedo creer que le dijeras a mamá y papá lo que pasó ayer con Jordan! Mis labios se separaron, pero no salieron palabras, lo que la molestaba más. Me apresuré a recoger un pedazo de papel y un bolígrafo, para escribir que no le dije a nuestros padres, pero me lo sacudió de las manos. »¿Qué demonios te pasa? ¿Por qué diablos abres la boca si no vas a decir nada? ¿Y cuál es el punto de escribir en el papel? Eso es lo mismo que hablar, Maggie! ¡Sólo usa tu jodida voz, loca! Mi cuerpo empezó a temblar mientras su ira aumentaba. Se dirigió a las paredes de mi dormitorio y empezó a golpear todos mis libros perfectamente alineados. Los arrojó por la habitación, enfurecida, y comenzó a desgarrar las páginas de ellos.

Nunca la había visto tan enojada, tan enojada. »Papá apareció en el baile y sacó a Jordan. Estaba mortificado. Pero eso no es todo, no. Antes de pasar vergüenza delante de todo el cuerpo estudiantil, traté de besar a Brooks, y me dijo que no podía. ¿Sabes por qué? —Rio perversamente, cogió una de mis novelas y empezó a desgarrar las páginas. Me acerqué a ella para intentar detenerla, pero era más fuerte que yo—. Porque dijo que tenía sentimientos por ti. ¡Por ti! ¿Puedes creerlo? Porque yo no puedo. ¿Por qué alguien te querría? ¿Qué vas a hacer? ¿Salir con él sin salir nunca de la casa? ¿Vas a tener cenas románticas en la sala de estar? ¿Viajar por el mundo en el Discovery Channel en la sala de estar? No eres digna de Brooks. No eres digna de una mierda. —¡Cheryl! —gritó papá, corriendo arriba—. Ve a tu cuarto. —¿Me estás tomando el pelo? ¿Puede arruinar mi vida y yo soy la que se mete en problemas? —Cheryl. —Gruñó papá. Nunca perdió la paciencia—. Ve a tu cuarto. Ahora. Estás borracha y drogada, y vas a lamentar lo que le hiciste a tu hermana por la mañana.

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»¿Qué te parece eso? ¿Huh? ¿Te gusta alguien que arruine tu vida, de la forma en que tú jodes con la mía?


—No es mi hermana —le gritó Cheryl a papá antes de dejar caer las páginas restantes de la novela—. Ojalá te hubieras quedado perdida en esos bosques. —Empujó a papá y silbó—. Y tú no eres mi padre. Lo vi suceder: una parte del corazón de mi padre se rompió. Se inclinó para empezar a recoger mis novelas, y puse mi mano en su brazo para detenerlo. Sintió mis temblores y yo sentí los suyos. Sus dedos rozaron su sien y soltó una respiración áspera. —¿Estás bien? Asentí lentamente. Sacudió la cabeza. »Tu mamá encontró la nota arrugada en la habitación de Cheryl. Le dijimos eso, pero se hallaba demasiado borracha para comprender algo. Brooks ya trataba de hacerla regresar a casa, pero se marchó con Jordan antes de que pudiéramos hacer que escuchara, y llegó primero a casa. —Se quitó las gafas, y luego se pellizcó el puente de la nariz—. Debería haber venido a casa más rápido, entonces no podría haber tomado su enojo contigo, o destruido tu habitación de esta manera. —Sus ojos lucían llorosos—. Tus libros. Tomé su mano y la apreté una vez. No. No es culpa suya. »Déjame ayudarte a limpiar este desastre. Apreté su mano una vez más. No. Me dio una sonrisa rota y me tiró en un abrazo. Me besó en la frente y dijo—: El mundo sigue girando porque los latidos de tú corazón existen.

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Quería creerle, de verdad, pero esa noche el mundo se vino abajo debido a mis latidos cardíacos.

—Maldita mierda —murmuró Brooks, mientras se paraba en mi puerta más tarde aquella noche. Su corbata colgaba suelta alrededor de sus hombros y tenía las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones. Había estado sentada en medio de mi piso, rodeada de mis novelas y las páginas desgarradas. Era imposible encontrar las piezas adecuadas para ir a las historias correctas. Todos quedaron destruidos.


Mis ojos se encontraron con los de Brooks, y ver el dolor en sus ojos me hizo darme cuenta de lo mal que todo parecía. Me hallaba sentada en medio de un rompecabezas de cuentos, y no tenía idea de cómo conectar las piezas. Frunció el ceño. »¿Estás bien, Magnet? Sacudí la cabeza. »¿Puedo entrar? Asentí. Caminó alrededor de los libros, de puntillas para evitar pisar cualquiera de sus páginas. »No está tan mal. Mentiroso. Cuando jadeó, mi mirada se cayó a sus manos, donde sostenía mi diario. —Oh, no... —dijo suavemente. Mis emociones se hicieron cargo. Mi lista de tareas pendientes fue completamente destruida. Decenas y decenas de aventuras que esperaba experimentar algún día quedaron arruinadas, y no podía dejar de llorar. Sabía que parecía dramático, pero esos libros, esos personajes, eran mis amigos, mi refugio seguro, mi protección. Esa lista era mi promesa de mañana. Y ahora no tenía nada. Sólo tomó unos segundos antes de que los brazos de Brooks estuvieran envueltos alrededor de mí y caí contra su pecho, sollozando.

Me llevó a mi cama y me acostó y luego comenzó a revolver mi habitación, cavando a través de las pilas de libros. Cuando encontró uno que no estaba dañado, se sentó en el suelo junto a mi cama y lo abrió a la primera página. Inclinó las piernas y apoyó el libro sobre su rodilla. Luego se desabotonó los puños, enrolló las mangas de su camisa de vestir y finalmente recogió el libro. »La caminata a casa —dijo, leyendo el título—. Capítulo uno. Lauren Sue Lock no estaba teniendo un día optimista... Me leyó mientras lloraba incontrolablemente. Me leyó mientras mis lágrimas disminuían. Me leyó cuando mi compás acelerado se calmó. Me leyó cuando mis ojos se pusieron pesados. Me leyó mientras me quedaba dormida.

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»Vas a estar bien, Maggie —susurró. Era una promesa que se sentía vacía—. Estás cansada. Arreglaremos esto por la mañana. Todo está bien.


Soñé con su voz leyendo para mí un poco más. Cuando me desperté a la mañana siguiente, se había ido. Cuando salí de mi cama, algunas de mis partes se preguntaron si realmente estuvo allí, pero dejó suficientes pruebas para contarme nuestra noche. Cada libro se hallaba de nuevo alrededor del perímetro de la habitación, pasando de los rojos a los morados. Cada libro fue cuidadosamente colocado de nuevo junto. En mi escritorio se encontraba mi lista de tareas, descansando dentro de mi diario, dañado, pero de alguna manera más entero que antes. Descansando en la parte superior del diario estaba una nota que rezaba: Estás bien hoy, Maggie May Riley. Lo amaba. No estaba segura de cuándo ocurrió. No estaba segura si era un grupo de momentos recogidos en el tiempo o simplemente el acto heroico que realizó mientras dormía, pero no importaba. No importaba cuándo, o por qué, o cómo sucedió. No importaba cuántos momentos se reunieran para formar el amor. No importaba si estaba bien o mal.

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El amor no viene con las pautas. Fluía en una persona con sólo la esperanza como su guía. No existía una lista de reglas a seguir, asegurándose de que cuidas de él correctamente. No daba instrucciones para mantenerlo puro. Simplemente aparecía en silencio, rezando para que no lo dejaras escapar.


Traducido por Caroamarfil

H

abía que decir algunas cosas respecto al sentido de la oportunidad. Encontrar el momento oportuno en cualquier situación era siempre importante. Decir las cosas correctas en el momento correcto, tomar las elecciones correctas cuando debían hacerse. Mientras subía las escaleras hacia la habitación de Maggie, sentía una presión en el pecho. Como había pasado la noche colocando las piezas de sus libros en su lugar, no tuve tiempo de pararme a evaluar qué iba a pensar cuando se despertara a la mañana siguiente. Quería hacerla sonreír. Si pudiera hacer solo una cosa por el resto de mi vida, sería hacerla sonreír, y era el momento de que ella lo supiera, que supiera como me sentía. Que cuando estábamos juntos ella siempre se encontraba delante de todos mis pensamientos. Y cuando estamos separados, permanecía allí. —Quería regresarte tu libro anoche, pero de verdad necesitaba saber qué le pasaba a Lauren Sue Lock. Además te conseguí una nueva pizarra — dije parándome en la puerta de la habitación de Maggie—. Estas bien hoy Mag…

Se ruborizó, y besé sus mejillas. Ella bajó la mirada y mis dedos fueron hacia su barbilla para levantarla hacia mí. Besé sus mejillas una vez más. Luego su frente. Su nariz. Luego cada una de las pecas invisibles desparramadas por su cara. Finalmente, sus labios. »Buenas tardes, Maggie May. Me sonrió y besó mis mejillas. Luego mi frente. Y mi nariz. Luego cada peca invisible desparramada por mi cara. Finalmente, mis labios. La imaginé diciéndome. Buenas tardes, Brooks Tyler.

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Antes de que las palabras pudieran dejar mi boca, Maggie corrió hacia mí y presionó sus labios sobre los míos. Trastabillé hacia el pasillo, sosteniéndola en mis brazos. No cuestioné su beso, me hundí en él. La dejé que me besara mientras yo la besaba más. Cuando se inclinó un poco hacia atrás, coloqué su largo cabello detrás de sus orejas.


Tomó mis manos en las suyas y caminó hacia atrás, llevándonos de vuelta a su habitación. Cuando estuvimos adentro, pateé la puerta para que se cerrará. Por un momento actuamos como tontos estúpidos, simplemente mirándonos y sonriendo. Nos besamos también, puede que esa haya sido mi parte favorita. Sus dedos bailaron sobre mi clavícula y estudió mi cuerpo, como si yo fuese real, bajaron por mis brazos, luego por mi costado, antes de volver a subir por mi pecho. Descansó su mano allí, sintiendo el latido de mi corazón. »Por ti —le dije. Se ruborizó aún más. Y besé sus mejillas un poco más. Moví mi dedo alrededor de su cuello, bajando por su costado y volviendo a subir y luego coloque mi palma sobre su corazón. Se mordió su labio superior y levantó cuatro dedos6, luego me señaló. Para mí. Los latidos de su corazón eran para mí y los míos para ella. »Me gustas. Se señaló a sí misma y luego levantó dos dedos7. A mí también. »¿Saldrás conmigo? —pregunté. Dio un paso atrás, casi en shock por mis palabras. Sacudió la cabeza. Di un paso hacia ella. »¿Saldrás conmigo? —pregunté otra vez. Dio un paso atrás otra vez, sacudiendo la cabeza. »Por favor, ¿deja de decir que no? Es como un puñetazo a mi confianza.

¿Cómo? »¿Cómo? ¿Cómo qué? ¿Cómo saldremos? Si. »Bueno, cómo cualquier persona, supongo. ¿Cómo salías con otras personas? ¿Cómo saliste con tu ex novia?

6

Cuatro en inglés suena como "for" que significa "para".

7

Dos en inglés suena como "too" que significa "también”.

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Se encogió de hombros y fue hasta su escritorio donde recogió un cuaderno y comenzó a escribir.


»No lo sé, pasaba mucho tiempo con ellas. A algunas les gustaba ir de compras, o al cine, o… —Mis palabras perdieron el curso. Frunció el entrecejo. La forma en la que salí en el pasado no era la forma en la que podía salir con Maggie—. Oh, lo entiendo, pero no estoy tratando de salir con ellas. Estoy tratando de salir contigo. Como sea que funcione, quiero hacerlo. Quiero estar cerca de ti. Quiero besarte. Quiero abrazarte. Quiero verte sonreír. Además —Levanté su diario—, salir con alguien está en tu lista. Sacudió la cabeza. »Maggie, me tomó cinco horas reconstruir este libro pieza por pieza. Creo que sé lo que hay en tu diario. —Pasé las páginas y lo sostuve ante ella cuando lo encontré—. Número 56: salir con Brooks Tyler Griffin, del libro de Brooks. Una pequeña sonrisa la encontró. Yo no escribí eso. Me encogí de hombros. »Escucha no tienes por qué estar avergonzada. Me siento halagado. Y aunque no fui yo quien creo la lista. Estoy aquí para hacerte seguirla. Demonios, si hubiese sabido que tenías un enamoramiento tan fuerte conmigo hubiese empezado a salir contigo hace años. Arqueó una ceja y plantó sus manos en sus caderas, y supe exactamente lo que pensaba. »Bueno, para ser justos, cuando teníamos ocho y planeaste nuestra boda yo me encontraba en la edad en la que odiaba a todas la chicas. No puedes sostener eso en contra mío.

»Lo ves, tenemos esta cosa en la que yo sé lo que estás pensando incluso aunque no lo digas. Eres mi mejor amiga, Maggie. Si salir contigo significa pasar cada noche en esta casa, entonces seré el chico más afortunado del mundo. Así que voy a preguntártelo una vez más, ¿serías mi novia? Sacudió la cabeza, riéndose, pero luego empezó a asentir y se encogió de hombros. Podía escuchar las palabras que no decía claramente. Bueno, como quieras, Brooks. Voy a salir contigo. Mensaje totalmente recibido. Nos acercamos hasta su cama, caímos de espaldas allí y saqué mi iPod para nuestra primera cita oficial como pareja. “Fever Dreaming” de No Age. La canción era ruidosa y de ritmo rápido, todo lo que una canción para una cita no debería ser. Estaba a punto de cambiarla, pero Maggie empezó a seguir el ritmo con los dedos sobre el colchón, luego su pie comenzó a

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Se rio por lo bajo y rodó sus ojos. Amaba eso. Amaba cuando se reía, incluso aunque fuera despacio. Era lo más cercano a su voz que podía obtener.


golpear el piso y mis propios dedos y pies siguieron a los suyos mientras la batería sonaba. Segundos después, saltamos de arriba abajo, rockeando al ritmo de la música. Mi corazón corría acelerado mientras estábamos tan cerca del otro bailando. Cuando terminó, nuestras respiraciones eran agitadas. Maggie buscó su marcador y escribió en su pizarra. ¿Otra vez? Reproduje la canción una y otra vez y bailamos hasta que nuestros corazones latían desbocados y nos faltaba la respiración. Nuestro sentido de la oportunidad fue tan bueno esa noche. Cada día que pasaba junto a Maggie se sentía correcto. Cada vez que le sostenía la mano se sentía cálida. Cada beso se sentía real. No era muy seguido que las cosas no eran perfectas entre nosotros, pero si debía ser honesto, algunos días eran difíciles. Salir con Maggie fue una de las mejores decisiones que he tomado jamás, pero eso no quería decir que fuera siempre fácil. Y aun así, siempre era lo correcto. Mientras más tiempo pasaba con ella, más notaba las pequeñas cosas que nadie más notaba de ella, cómo el sonido del agua corriendo la hacía encogerse, o cómo cuando alguien la tocaba estando ella de espaldas saltaba del susto. O cómo cuando más de dos personas se hallaban en una habitación, ella se fundía con las esquinas, o cuando a veces nos sentábamos a ver películas las lágrimas corrían por sus mejillas. —¿Por qué lloras? —pregunté. Sus dedos rozaron sus ojos y pareció sorprendida por sus lágrimas. Secándolas, me dio una pequeña sonrisa y sostuvo su collar con forma de ancla en su mano. Luego, estaban sus ataques de pánico.

Los mantuvo ocultos, solo para ella. La única razón por la cual sabía que existían era porque algunas noches me escabullía en su habitación para dormir juntos. Algunas veces se quedaba dormida y se retorcía y giraba tanto que hubiese jurado que sus pesadillas le darían un paro cardíaco. Cuando la despertaba sus ojos de abrían demasiado, horrorizados, como si no supiera quién era yo cuando la tocaba. Se hacía un ovillo y se cubría los oídos como si estuviera escuchando voces que no existían. Su cuerpo se cubría de sudor, sus manos temblaban y su respiración era agitada. Algunas veces se colocaba las manos alrededor de la garganta y sus inhalaciones eran cortas y erráticas.

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En todos los años que conocí a Maggie, jamás supe de los ataques de pánico.


Cuando trataba de adentrarme en su mente, me alejaba. Teníamos peleas donde yo era el único que gritaba. Pelear con alguien que no se defendía era peor que pelear con alguien que arrojaba sillas. Te sentías sin esperanzas como si le gritaras a una pared. —¡Di algo! —rogaba—. ¡Reacciona! —Pero siempre permanecía calmada, lo cual sólo me hacía enfadar más. Me volvía loco tratando de descubrir qué era lo que la comía por dentro después todos estos años. Me volvía loco no poder curar sus heridas. Había salido con algunas chicas antes que ella, siempre me pareció fácil. Me imaginaba que si teníamos cosas de las que hablar entonces éramos compatibles. Si nos gustaban las mismas cosas se suponía que debíamos estar juntos. Nunca había luchado con no saber qué decir en mis relaciones pasadas; siempre hablábamos, a veces durante horas. Cuando llegaba el silencio, nunca duraba. Siempre buscaba la siguiente cosa que decir, la siguiente conversación. No era así con Maggie. Ella no respondía a las palabras. Durante su ataque de pánico más reciente, me di cuenta de cómo ayudarla. Antes, cuando le grité, exigiéndole que me dejara entrar en su cabeza, nunca funcionó. Cuando rogué por la comprensión, me empujó más lejos. La música ayudaría. La música podría ayudar. Sabía que podía. La música era la única cosa que siempre me ayudó. Mientras se sentaba en su cama llorando, apagué la luz de mesa de noche y encendí mi iPod, tocando “To Be Alone With You” de Sufjan Stevens. No la ayudó la primera vez que sonó, o la segunda, pero me senté en silencio, esperando que su respiración volviera a la normalidad.

Cuando finalmente volvió, la canción iba por su undécima repetición. Se enjugó los ojos y fue a coger un pedazo de papel, pero sacudí la cabeza y palmeé un lugar en el suelo a mi lado. No tenía que ofrecerme palabras. A veces las palabras eran más vacías que el silencio. Se sentó frente a mí con las piernas cruzadas. Apago mi música. — Cinco minutos —susurré, sosteniendo mis manos hacia ella—. Sólo cinco minutos.

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—Estás bien, Magnet —decía de vez en cuando, sin saber si ella podría incluso oírme, pero esperando que lo hiciera.


Puso sus manos en las mías, y nos sentamos completamente quietos y en silencio, mirando fijamente en los ojos del otro durante cinco minutos. El primer minuto que lo hicimos no pudimos parar de reír. Se sentía un poco ridículo. El segundo minuto, nos reímos un poco más. Al tercero, Maggie empezó a llorar. Al cuarto, lloramos juntos, porque nada dolía más que ver sus ojos tan tristes. A los cinco minutos, sonreímos. Ella soltó el aliento que estuvo sosteniendo, y solté el mío. Era liberador sentir tanto junto a alguien que también lo sentía. Fue durante esos momentos que sentí que aprendí más sobre ella. Fue en esos momentos que ella aprendió más sobre mí.

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No sabía que podía oír la voz de alguien tan claramente en los momentos de silencio.


Traducido por Taywong

B

rooks nunca me preguntó sobre mis ataques de pánico de nuevo, y me sentía feliz por eso. Era algo de lo que todavía no me encontraba dispuesta a hablar, y Brooks comprendió. Sabía, sin embargo, si existía un día en que estuviera lista, él estaría dispuesto a escuchar, y eso significaba más para mí de lo que él nunca sabría. En lugar de llenar nuestro verano de temas serios, lo llenamos con besos. Cuando no nos besábamos, creamos nuestra propia lista de tareas para un futuro juntos. Me gustó la manera en que él creyó en que yo algún día saldría de la casa. Me gustaba la idea de ver el mundo con él a mi lado. —Va a ser genial, Maggie. Además, ya que voy a la universidad a una ciudad cercana, puedo venir a verte cada tarde después que esté fuera de la escuela. Va a ser fácil —dijo Brooks a menudo. Su esperanza en nosotros me hizo más esperanzada que nunca. Entonces, volveríamos a besarnos. Besarnos y besarnos solamente. No era una sorpresa que no fuera buena en las cosas buenas, porque nunca tuve un novio para practicar cualquiera de las cosas que la gente hacía cuando estaban en una relación. Siempre que Brooks se acercaba y sus manos comenzaban a vagar, me tensaba —no porque me tocara— lo quería, sino porque no sabía cómo debía tocarlo. Era embarazoso. Lo odiaba. Me sentía como si hubiera leído suficientes libros con suficientes referencias sexuales para poder saber cómo tocar a mi novio, pero estaba lejos de la verdad. —Está bien, de verdad. —Brooks sonrió, levantándose de una de nuestras sesiones de besos que siempre conducían a más besos—. No tenemos que apresurarnos.

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No era buena en las cosas buenas.


Sin embargo, no me sentía con prisa. Me sentía estúpida. ¿Dónde pongo mis manos? ¿Se sentiría bien para él? ¿Cómo sé si realmente le gusta? »Es mejor que baje para la práctica de la banda. —Enderezó la zona de la entrepierna de sus vaqueros, lo que me hizo sentirme aún peor. Era una provocación tan accidental—. Te veré abajo, ¿de acuerdo? Asentí. Se inclinó y besó mi frente antes de salir corriendo. En el momento en que se perdió de vista, agarré mi almohada, la puse sobre mi rostro, y silenciosamente grité en ella. Mis piernas golpearon hacia delante y atrás en frustración. ¡Ugh! Cuando escuché silenciosos gemidos, levanté la vista de mi almohada para ver a Cheryl caminando por el pasillo, sosteniendo su mejilla. Se apresuró a entrar en su dormitorio y cerró la puerta. Estuve allí dos segundos más tarde, tocando. —¡Vete! —gritó ella. Golpeé una vez. No. Escuché su gemido. »Por favor, solo vete, Maggie. Sé que eres tú. Al girar la perilla, lentamente abrí la puerta de su dormitorio para verla de pie frente a su espejo, tocando un corte debajo de su ojo que goteaba sangre por su mejilla. »¡Maldita sea, Maggie! ¿No sabes cómo escuchar? Caminando más cerca, la hice mirarme y examiné su corte. Inclinando mi cabeza, le di una mirada interrogante. »Jordan pensó que desde que lo obligué a regresar del baile hace unas semanas, significaba que estábamos de nuevo juntos. Y viendo cómo odiaba estar sola, volví a él. Pero resultó que no me perdonaba por completo y, a medida que pasaban las semanas, se volvió más y más malo. Así que, cuando le dije que no quería estar más con él... se puso un poco... molesto. Mi pecho se tensó. »No te asustes, ¿de acuerdo? —advirtió mientras lentamente se giraba hacia mí y levantaba su camiseta. Mis manos volaron sobre mi boca mientras miraba su piel roja, donde parecía que Jordan la golpeaba. Cheryl... Riendo disimuladamente dijo—: Si piensas que eso es malo, deberías verlo a él. Fruncí el ceño.

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Hizo una mueca.


También frunció el ceño. Probablemente se alejó sin un pelo fuera de lugar, dejando a mi hermana con cicatrices no solo en su cuerpo, sino también en su mente. Salí y fui al baño para conseguir un paño húmedo y un vendaje. Cuando volví, la llevé a su cama, tiré de su silla de escritorio y me senté. Cuando empecé a limpiar su corte, su cuerpo tembló todo el tiempo. »No presentaré cargos, Maggie —afirmó ella—. Sé que es probablemente algo que te gustaría que hiciera, pero no lo haré. Tiene más de dieciocho años. Lo acusarían como un adulto, y no puedo arruinar su vida así... Seguí limpiándola, no reaccionando en absoluto a sus palabras. »Quiero decir, es mi culpa. No debería haber salido con él la noche del baile. Envié señales confusas. Golpeé su pierna una vez. No. Se culpaba a sí misma. Yo también estuve allí antes. A veces mi mente todavía me culpaba. No debería haber estado en esos bosques. Mamá me dijo que no me alejara. Me puse en una situación peligrosa. Fue mi culpa. Pero cuando tomaba un baño y me deslizaba bajo el agua, aclaraba todos esos pensamientos. A veces nuestras mentes actuaban como una forma de kryptonita, y teníamos una responsabilidad con nuestro propio valor para decirle agresivamente que se jodiera con sus mentiras. Yo no tenía la culpa. Y tampoco Cheryl. Una lágrima cayó por su mejilla y la secó.

Mis hombros se levantaron y cayeron. Se acercó, encogiéndose por el dolor en su espalda, y agarró un lápiz y papel. »¿Por qué, Maggie? Eres mi familia. Más lágrimas cayeron de sus ojos, y ni siquiera intentó esconderlas. »Realmente lo siento, sabes, por lo que le hice a tu habitación, a ti. Solo... —Sacudió sus manos en frustración. Su voz se llenó de profunda vergüenza y fuerte remordimiento—. No sé qué estoy haciendo con mi vida.

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»De todos modos, ¿cuál es tu trato? ¿Por qué me estás ayudando? Destruí tu habitación. Te dije cosas de mierda, y todavía me estás ayudando. ¿Por qué?


Dudaba que la mayoría de la gente lo hiciera. Cualquiera que decía que había comprendido su vida era un mentiroso. A veces me preguntaba si existía alguien que realmente se diera cuenta, o si todos estábamos caminando buscando una razón cuando no existía una verdadera razón. »Quiero contarle a mamá y papá lo que hizo —susurró, sus ojos llenos de tristeza—. Pero sé que ellos solo se asustarán. Ya están enfadados conmigo por todos los otros errores de mierda que he cometido. Me he jodido demasiado para que realmente les importe. Golpeé su pierna una vez más. No. »¿Cómo lo sabes? Levanté el trozo de papel de la familia una vez más. Después de eso, ella acumuló el coraje de decirles a nuestros padres. En el momento en que la abrazaron y le dijeron que no era culpa de ella fue el momento en que Cheryl soltó el aliento que había sostenido durante lo que parecían años.

Hice una mueca y continuó hablando—: ¿Y si soy una de esas chicas que no pueden estar solas? ¿Qué pasa si se supone que siempre estaré con un chico? ¿Qué demonios se supone que debo hacer con mi tiempo si no hay ningún chico del que hablar? No sé si lo notaste, pero en realidad no soy la mejor en hacer amistad con chicas. No hay mujeres que vayan a pasar el rato conmigo, probablemente porque he robado la mayoría de sus novios. ¿Qué diablos debo hacer? De pie desde mi silla de escritorio, me acerqué a mi pared de libros, buscando una cierta lectura para mi hermana. Agarrando el cuento “The Handmaid’s Tale” de Margaret Atwood, se lo entregué. Frunció su frente cuando una expresión sombría se apoderó de su rostro. »¿Qué se supone que debo hacer con esto? —Levanté una ceja, y levantó una de regreso—. Maggie, no leo. —La combinación de esas cuatro

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—Lo extraño —dijo Cheryl, dejándose caer en mi cama unas semanas después de su ruptura “oficial” con Jordan. El corte en su rostro estaba curando bastante bien, pero sabía que el daño a su mente no sería sanado tan rápido—. Quiero decir, no lo extraño. Extraño la idea de él. Extraño la idea de que alguien esté a mi lado. Hoy me senté e intenté pensar en la última vez que estuve sola y no pude encontrar una respuesta.


palabras creó la frase más triste que jamás escuché. Empujé el libro hacia ella otra vez, y esta vez lo tomó cautelosamente—. Bien. Lo intentaré, solo porque estoy tan jodidamente aburrida, pero dudo que me guste. Le tomó tres días terminar el libro, y cuando lo hizo, volvió a citarlo, con los ojos llenos de emoción que nunca había visto de ella. »¿Quieres saber mi línea favorita? “No dejes que los bastardos te destruyan”. Dios. Tan. Malditamente. Bueno. Margaret Atwood es mi animal espiritual. —Sostuvo el libro hacia mí y entrecerró sus ojos—. ¿Tienes algo más así? Le pasaba un libro nuevo cada tres días. Después de un tiempo, empezamos a tener noches de viernes de chicas donde comíamos Doritos, bebíamos demasiada soda, y tumbadas en mi piso con nuestros pies apoyados en mi cabecera. »Locura A, Maggie. Todo este tiempo pensé que leías para escapar del mundo, pero ahora sé que no leías para escapar de él; lees para descubrirlo. La mejor noche de lejos fue cuando Cheryl terminó “The Help” de Kathryn Stockett. Durante su lectura, tenía lágrimas que a veces se convertían en risas, y viceversa. »¡AQUELLAS PERRITAS! —gritaba de vez en cuando—. ¡No, en realidad, AQUELLAS PERRITAS! Una noche, a las dos de la mañana giré, dormía en mi cama cuando Cheryl empezó a empujar mi costado para despertarme. »Maggie —susurró ella. Cuando mis ojos se abrieron, sostenía la novela en su pecho y tenía la sonrisa más grande en su rostro, la clase de sonrisa que los niños tienen cuando escuchan el sonido de un camión de helado bajando por su camino y tienen justo suficientes monedas en sus bolsillos para un Bombpop—. Maggie. Creo que soy esa cosa. Creo que lo soy. Levanté una cansada ceja, esperando a que explicara qué cosa era »Creo que finalmente lo soy. —Su sonrisa se hizo más grande de alguna manera, lo que me hizo sonreír, también—. Creo que soy una lectora. A medida que pasaban los días y las semanas, Cheryl empezó a quedarse en casa más noches. Había pasado la mayor parte de su tiempo leyendo libros. Cuando venía a visitar mi habitación, no me contaba todas las historias de sus aventuras salvajes con diferentes tipos. Empezó a hablar de sus salvajes sueños de aventura, viajando por el mundo, viendo algunos de los lugares que leyó en las novelas. Comenzó a construir su propia lista de tareas pendientes, también.

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ella.


Una noche, cuando hablaba de Londres, traje a tema el sexo y su boca cayó abierta con desconcierto. —¡Oh, Dios mío, Maggie! —dijo ella, arrancando el papel de mi mano, rompiéndolo—. Uno: son los tipos de notas que nunca quieres que papá encuentre, y dos: ¿tú y Brooks están teniendo sexo? Mis mejillas se calentaron y negué. »Pero estás haciendo algunas cosas, ¿verdad? ¡Dios mío! ¡He soñado con estas conversaciones contigo! Está bien. —Se dejó caer en la cama y cruzó sus piernas—. Cuéntame todo lo que han hecho. —Sus ojos se abrieron de asombro. Besarnos. Asintió rápidamente. »¡Uh-huh, uh-huh! ¡Bien! ¿Qué más? Escribí besos de nuevo. »¿Qué? Pero ustedes dos han estado saliendo como por, semanas. Eso es mucho tiempo solo para estarse besando. ¿Por qué no has hecho nada más? ¿No estás lista? Porque si no estás lista, está bien. A Brooks no le importaría. No. Estoy lista. »Entonces, ¿cuál es el problema? Me sonrojé. No sé cómo hacer nada. »¿Quieres decir... nada? ¿Como trabajo manual? ¿O beso negro? ¿O mamadas? ¿O trabajos de lame-pezón? ¿O de masturbación facial? — Arqueé una ceja, y Cheryl asintió—. Sé lo que estás pensando, todos estos parecen posiciones no pagadas, pero confía en mí, si los haces bien, serás retribuida en su totalidad. Oh, Dios mío. No podía manejarla a veces. Pero, aun así, la extrañaba Saltó de su asiento y salió corriendo de la habitación. Cuando volvió, tenía dulces, plátanos y otras frutas al azar, incluyendo anillos de piña. »Bien, empezaremos desde el principio. —Escogió un plátano—. Trabajos manuales 101. —Hola, chicas —dijo Brooks metiendo su cabeza en mi dormitorio. Cheryl lanzó su cuerpo sobre los objetos. —¡No estamos haciendo nada! —gritó. Buen trabajo, hermanita. No sospechoso en absoluto.

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tanto.


Brooks arqueó una ceja. —Valeee. Se supone que debo decirte que la cena está lista, y tu padre me dijo que tenía que irme a casa porque ya no soy bienvenido en la casa donde Maggie duerme. Sonreí. Suena como papá. —De acuerdo, bueno, puedes irte ahora —respondió Cheryl, dándole a Brooks una sonrisa tensa. Se acercó a mí y besó mi frente.

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—Te veré mañana.


Traducido por Lipi Sergeyev

E

n un nublado sábado por la noche, me dirigí a la habitación de Maggie para pasar el rato. Pasamos mucho tiempo en su casa, y no me importaba en absoluto. Mientras ella estuviera allí, yo me sentía feliz. Me acerqué a su dormitorio, y ella ya se hallaba de pie en su puerta con una pila de papeles en sus manos. Parecía diferente de lo normal. Tenía el cabello rizado, ¿y llevaba maquillaje? Todavía era hermosa, sólo un tipo diferente de hermoso. ¡Adivina qué! Sonreí ampliamente. —¿Qué? Dejó caer el primer pedazo de papel para revelar el siguiente. Mis padres me dieron un teléfono celular para mi regalo de graduación. »De ninguna manera. ¿En serio? Asintió rápidamente y dejó caer el siguiente pedazo de papel. En serio.

Sus mejillas se enrojecieron. No tardó mucho para hacer que Maggie se sonrojara, y me encantaba cuando sucedía. Ojeó sus páginas y buscó la respuesta correcta. No seas un bicho raro. Arqueé una ceja y me acerqué más a ella, envolviendo mis brazos a su alrededor. »¿Y las fotos inapropiadas? Volvió a mirar las páginas. No seas un bicho raro más extraño.

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Caminé más cerca a su habitación y comprobé el pasillo una vez para asegurarme de que el señor Riley no estuviera mirando antes de cerrar la puerta. »¿Esto significa que ahora puedo enviarte mensajes de texto inapropiados?


Me reí. Se inclinó hacia delante y apoyó sus manos contra mi pecho. Cuando sus dedos se movieron más abajo hacia mi entrepierna, lentamente deslizó su lengua contra mis labios, separándolos antes de besarme fuertemente. Era un movimiento nuevo para ella y yo gemía, amándolo más de lo que ella sabía. »Maggie, no puedes decirme que no sea un bicho raro y luego hacer algo así. Retrocedió y se mordió el labio inferior, dejando caer otro pedazo de papel. Bien, entonces se un bicho raro. Entrecerré mis ojos, sintiendo una pequeña contracción en mis vaqueros mientras la miraba fijamente. Su cabello largo era ondulado y todavía un poco húmedo de su ducha. Yacía sobre sus hombros, rozando contra el vestido de correas finas que le rozaba los dedos de los pies. Se veía tan simple de la manera más hermosa. Sus mejillas todavía se veían rojas, pero sus ojos lucían decididos. »¿Quieres…? Sí. »¿Y tus padres? Dejó caer otro pedazo de papel, y no pude evitar sonreír. Era como si supiera todo lo que le preguntaría. En casa de mis abuelos hasta mañana. »¿Y Calvin? Con Stacey. »¿Y Cheryl? Sonrió y puso los ojos en blanco, dejando caer su tercer pedazo de papel. ¿Quién sabe? »¿Sí? El modo en que se balanceó de un lado a otro me mataba. Ella era tan jodidamente hermosa, y juré que no tenía ninguna maldita idea. Levantó el último trozo de papel en su agarre. Ven a desvestirme ahora. Me acerqué a ella, pasando mis dedos por su cabello. »¿Estás segura? —le pregunté. Asintió. Mi boca se movió hacia su cuello y la lamió lentamente, chupándola suavemente. Mi boca bajó por su clavícula, besándola a cada paso del camino. Cuando llegué a su correa, la

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¿Brooks?


deslicé por su brazo, mordiendo ligeramente en su piel. Un ligero jadeo la abandonó, y el sonido solo me hizo quererla aún más. »Vamos a ir despacio. No necesitamos apresurarnos —dije, sabiendo que era su primera vez. Moví su otra correa por su hombro y su vestido suelto se deslizó al suelo. Retrocedí, estudiando su cuerpo. Su sujetador de encaje blanco no coincidía con su ropa interior rosa de algodón, y de alguna manera era perfecto. Sus piernas parecían magras y largas mientras sus brazos descansaban a sus lados—. Eres hermosa —susurré. Se acercó a mí, tomó mi camisa de la parte inferior y la deslizó por encima de mi cabeza, arrojándola sobre su vestido. Cuando desabrochó mi cinturón, salí de mis zapatos y calcetines. Desabrochó mis vaqueros y cayeron al suelo. Maggie estudió mi cuerpo, sus ojos moviéndose hacia arriba y hacia abajo mientras estudiaba los suyos. Sus dedos recorrieron mi pecho, moviéndose más y más, hasta el borde de mi bóxer. Mis ojos se cerraron cuando su pulgar rozó mi dureza, y lentamente comenzó a acariciarme a través de mis bóxers. »Mag... —Gemí, sintiendo que empezaba a acariciar más fuerte. Su mano libre se envolvió alrededor del borde de mi bóxer, y cuando comenzó a tirar hacia abajo, abrí los ojos. Se estaba bajando para ponerse de rodillas. Sus manos temblaban contra mí, y mi mano voló bajo su antebrazo—. Maggie, ¿qué estás haciendo? Me miró confundida. »Quiero decir... —Me reí—. Sé lo que estás haciendo, pero no tienes que... —La levanté a una posición permanente. Mis dedos peinaron a través de su cabello—. Sé que no has hecho nada antes. La vergüenza llenó sus ojos y cuando empezó a alejarse de mí, la giré de nuevo, tomando sus manos en las mías. »¿Quién te dijo que hicieras eso? ¿Cheryl? Odiaba eso. Odiaba que sintiera que tenía que hacer ciertas cosas por lo que otros decían. »¿Cinco minutos? —le pregunté, dando unos pasos atrás de ella. Cerró los ojos, respiró hondo y retrocedió. Cuando sus ojos reaparecieron, sonrió y desenganchó su sujetador, dejándolo caer al suelo. Me deslicé mis bóxers, arrojándolo a la izquierda. Sus bragas se deslizaron por sus hermosos muslos y salió de ellas. Su mano se alzó y asintió. Cinco minutos.

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Me apretó las manos dos veces.


Nos quedamos allí, mirándonos uno al otro. Cinco minutos para borrar cualquier miedo. Cinco minutos para recordar quiénes éramos. Cinco minutos para encontrar nuestro propio camino, nuestra propia historia. Cuando los cinco minutos terminaron, tomé la mano de Maggie en la mía y la llevé a acostarse en la cama. »Maggie... —Besé sus labios—. No tenemos que hacer lo que hacen los demás... —Besé su cuello—. No somos ellos. No tenemos que seguir sus instrucciones. —Besé su clavícula, y ella cerró los ojos mientras me movía por su cuerpo, besando cada centímetro de ella, probando cada pieza—. No tienes que hacer las cosas de cierta manera. Separé sus piernas, besando sus muslos. Mi boca rozó su piel y ella enrosco sus dedos en mi cabello. »Y siempre puedes pellizcarme o golpearme si alguna vez quieres parar. Arqueó sus caderas hacia mi boca, demostrando cuánto quería que continuara, silenciosamente pidiéndome que la probara. Oh, cómo quería probarla. Levanté la mirada y ella tenía los ojos clavados en mí. Observaba cada movimiento, y yo quería que lo viera todo. Quería que me mirara explorar su cuerpo, probar su cuerpo, amar su cuerpo. Ella y yo no estábamos siguiendo las reglas de nadie, ni la transcripción de nadie más. Estábamos escribiendo nuestra propia historia.

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Inclinándome hacia delante, barrí mi lengua contra ella, introduje un dedo profundamente en su interior y la introduje en el capítulo uno.


Traducido por Taywong

—¡N

o puedo creer eso! No puedo.

El próximo sábado por la noche, mamá tenía su cosa de novias. Las chicas fueron a la secundaria con ella, y como ahora vivían en diferentes estados, solo venían una o dos veces al año, lo cual era demasiado si me lo preguntabas. Siempre que se hallaban alrededor, hacía lo mejor para permanecer invisible. No eran las personas más agradables del mundo. Había cinco de ellas, incluyendo a mamá. A pesar de que fueron a la secundaria juntas, yo no tenía ni idea de por qué todas viajaban a pasar el rato con la otra, no podían soportarse la una a la otra en absoluto. Todo lo que hablaban siempre parecía una competencia. Si la hija de Loren caminaba a los diez meses de edad, la de Wendy conducía un carrito a los nueve meses. Si Hannah podía correr cinco kilómetros, Janice podría hacer una carrera de diez kilómetros en menos tiempo.

Me senté en la parte superior de la escalera, escuchándoles hablar de mí esa noche. Ojalá Brooks hubiera terminado, pero él y los muchachos se encontraban fuera viendo alguna banda indie subterránea tocar en algún lugar del tamaño de un agujero en la pared. Me siguió enviando videos del espacio, donde estaban llenos como sardinas y era fuerte como siempre. Cada vez que la cámara lo miraba y veía su sonrisa atolondrada, mi corazón se enamoraba de él un poco más. Quería estar allí con él, sentirlo sosteniéndome en sus brazos, perdiéndome completamente en los sonidos. En el video, vi a Stacey balanceándose de un lado a otro con la música con Calvin, y me sentí egoísta, egoísta por no estar allí para Brooks, egoísta por no poder hacer las cosas que las parejas normales hacían. —¿En realidad tiene novio? —preguntó Loren, terminando su copa de vino antes de verter algo más—. ¿Cómo es eso siquiera… posible? —¿Quién es? —murmuró Wendy.

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Sin embargo, su tema favorito de todos, era yo. Cuando llegó mi silencio, todos eran profesionales en lo que significaba ser mudo.


—Brooks —dijo Mamá con indiferencia mientras comía papas fritas y salsa. —¿Brooks quién? —insistió Wendy un poco más. —Griffin. —¿Qué? —gritaron las cuatro chicas de inmediato. —De ninguna manera —dijo Janice—. Pero Brooks es... es muy popular entre las chicas, ¿no? Entiendo que la visite todos los días por la amabilidad de su corazón, pero ¿saliendo? Eso no puede ser cierto. —¿Eso es saludable? —preguntó Loren—. ¿Con la… condición de Maggie? —¿Su condición? —preguntó mamá. —Tú sabes, su... trauma. Solo digo. Leí un artículo una vez... — comenzó Loren. —Siempre estás leyendo artículos una vez —interrumpió Hannah, su tono un poco enérgico. —Sí, pero éste tenía estadísticas científicas reales. Decía que las personas que sufren incidentes traumáticos como niños luchan con recaídas en su curación cuando se colocan en las relaciones. —Loren —replicó Hannah. Me gustaba Hannah. Mamá debería haber permanecido como amiga de ella y abandonar a las demás. —¡¿Qué?! Es verdad. Estar con Brooks podría desencadenar algún tipo de recaída, y realmente, ¿qué van a hacer? ¿Salir en la casa de Katie para siempre? Todo lo que estoy diciendo es que esto no parece una buena idea. Realmente podría retroceder cualquier progreso, no importa cuán pequeño, que Maggie haya hecho. Además, no parece un trato justo para Brooks. ¿Qué saca de la ecuación? No quería escuchar más, pero no podía alejarme. —¿Sabes qué? Yo digo “que sera, sera”8 —intervino Hannah—. Son niños, dejemos que vivan un poco.

«Que Sera, Sera (Whatever Will Be, Will Be)» es una canción de 1956, compuesta por Jay Livingston y Ray Evans. Se hizo famosa al ser interpretada por Doris Day en la película de Alfred Hitchcock, El hombre que sabía demasiado, y consiguió el Óscar a la mejor canción original ese mismo año. La frase está compuesta de palabras españolas o italianas superimpuestas en sintaxis inglesa. Evidentemente, se trata de una mala traducción palabra por palabra del inglés "What will be will be". 8

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Cállate, Loren. Él me entiende.


¡Bien hecho, Hannah! Hannah era la menos dramática del grupo. Si algo, ella solo aparecía por la pizza y el vino. No me puedo quejar, mamá siempre ordenaba pizza de Marco´s, que era la mejor de la ciudad. —Eso es estúpido de pensar, Hannah. "Vivir un poco". Esa es la clase de pensamiento que te casó tres veces y te divorció tres veces. —Voy a ir por mi cuarto en ambos escenarios, también. —Hannah se sirvió un poco más de vino, sonrió y empezó a cantar—. Que sera, sera. —Ya sabes cómo se siente tu madre sobre ti espiando —susurró papá, subiendo la escalera para sentarse a mi lado. Tenía una bolsa de M&Ms de cacahuete en su mano y me dio unos cuantos—. Además, estas mujeres son víboras. No necesitas un lavado de cerebro por su locura. Le sonreí y apoyé mi cabeza en su hombro. »¿Están hablando de ti otra vez? Asentí. Frunció el ceño. »Le dije a tu madre que cambiara de tema, o que dejara de invitar a los cuatro jinetes a nuestra casa. Realmente no es una propiedad lo suficientemente grande como para ser la sede del apocalipsis. No dejes que te molesten, Maggie, ¿de acuerdo?

—Solo estoy diciendo, que nunca va a mejorar si permite que esto continúe —empezó Loren empezó de nuevo—. No hay forma de que se le permita... —¡Oh, Loren, cállate! —gritó mamá, impresionando tanto a papá como a mí. Incluso se tambaleó un poco, sorprendida por sus propios sonidos—. Eso es suficiente. Sí, mi hija tiene sus problemas, pero no hay razón para que te sientas aquí menospreciándola durante una hora seguida. Nunca haría eso por tu hijo, y esperaría el mismo respeto a la mía. En lo que respecta a si mi hija sale, y con quién sale mi hija, eso nos concierne a su padre y mí para decidir. Ahora, respeto tu opinión... pero eso es todo. Una opinión. Bienvenida por tenerla, pero si pudieras evitarlo, sería genial. —Guau —susurró papá, una pequeña sonrisa en sus labios—. Ahí está ella —dijo—. Allí está la mujer con la que me casé.

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No me sentía preocupada porque me molestaran. Se me hizo claro hace mucho tiempo que esas mujeres estaban locas. Lo que más me preocupaba era cómo sus palabras afectaban a mamá. Incluso cuando ella trataba de luchar contra sus opiniones, todavía se deslizaba a través de las grietas en su mente inconsciente. A veces, cuando mamá reaccionaba ante situaciones, no reaccionaba como ella misma, sino que decía cosas que dirían los cuatro jinetes. Papá siempre decía que tuvieras cuidado de los grupos, que a veces te convertían en una persona que nunca llegarías a ser.


El tema cambió, y Loren incluso murmuró una disculpa. »¿Chiste? —preguntó papá. Por supuesto. —¿Por qué la sentencia condenatoria pensó que estaba embarazada? Porque su período se retrasó. —Rio, golpeando su rodilla, y puse mis ojos en blanco. Dios. Amaba a mi padre.

Era más de la una de la madrugada cuando los jinetes se fueron a sus hoteles. Brooks no me había enviado mensajes en un tiempo, y me imaginé que estaba teniendo el momento de su vida en el show. Un par de horas más tarde, me desperté con mi puerta lentamente abriéndose. —¿Magnet? —susurró Brooks—. ¿Duermes? Me senté en mi cama.

»Siento haber dejado de enviar mensajes. Mi teléfono murió a mitad de la demostración. Entonces, cuando el show se suponía que había terminado, ¡entró en esta loca actuación! ¡Dios! La energía de la habitación, Maggie. Te juro que puedes sentir las paredes vibrando de la energía por sí sola. ¡Y los artistas! —Siguió caminando, agitando sus brazos con entusiasmo, contándome todo sobre la banda, las guitarras que usaban, las llaves, los tambores, cómo Rudolph se golpeó en la cara con un palo de batería, cómo Oliver fue quien le golpeó en la cara. Estallaba de sus líneas con alegría. La manera en que la música lo transformó, la forma en que la música lo liberaba de cualquier restricción de la vida, me encantó. Me encantó su alegría. »¡Te compré esto! —dijo, metiendo su mano en el bolsillo y sacando un pin del programa—. Fueron la banda esta noche: Jungle Treehouse. Dios mío, Maggie, te hubiera encantado. Sé que lo habrías hecho. Ojalá pudieras

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Sonrió y entró en mi habitación, cerrando la puerta detrás de él. Se acercó a mi escritorio y encendió mi lámpara, iluminando la habitación lo suficiente para una llamada de tres de la mañana.


haber estado allí. En el camino de regreso a tu casa, cargué mi teléfono en el auto y descargué algunas de sus canciones en mi teléfono si quieres escuchar. Quería. Nos tumbamos en mi cama con sus audífonos, y nuestros corazones en nuestras mangas, escuchando la música mientras la tenue luz brillaba en la esquina. Inclinó la cabeza en mi dirección, e incliné la mía también. Sujetó sus dedos con los míos y colocó su mano sobre su pecho. Sentí el latido de su corazón corriendo por su pecho mientras la música vibraba desde mi alma hasta la suya. »Te amo, Maggie May —susurró, mirándome a los ojos—. Quiero decir, sigo mirándote fijamente, y no puedo evitar pensar, “Guau. Realmente estoy amando a esta chica ahora mismo”. ¿Sabes? Todo sobre ti, me encanta. Los días fáciles y duros, también. Tal vez te amo aún más en los días difíciles. No estoy seguro si debo decirlo todavía, porque no sé si estás lista, pero está bien. Toma todo el tiempo que necesites, pero quería hacértelo saber, porque cuando amas a alguien, creo que tienes que gritarlo, de lo contrario el amor en tu pecho se vuelve un poco pesado. Te pesa, y empiezas a preguntarte si la otra persona te ama, también. Sin embargo, no estoy preocupado por eso. Solo estoy sentado aquí, a tu lado, mirando las pequeñas pecas en tu rostro que la mayoría de la gente se pierde, pensando en lo mucho que te amo en este momento.

Lo besé una vez y luego encontré su mirada. Lo besé de nuevo, y tiró de mi cuerpo encima del suyo. »¿Sí? —susurró. Asentí. Lo amaba. Lo amaba, y él lo sabía. Incluso si no podía decir las palabras, él las sentía en la forma en que lo tocaba, la forma en que lo besaba, la forma en que lo sostenía. ¿Y no era el mejor tipo de amor que el que se sentía?

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Me acurruqué más cerca de él, apoyando mi cabeza sobre su pecho, mientras sus brazos se envolvían alrededor de mí. Cerró sus ojos y me sostuvo contra él mientras su pecho subía y bajaba con cada inhalación y exhalación, quedándose dormido después de unos minutos. Presioné mis labios contra su cuello, besándolo suavemente. Rocé mi boca contra la suya, y se movió un poco. Tomé su labio inferior entre mis dientes y lo mordí suavemente. Sus ojos se abrieron, soñolientos y aturdidos, pero sonrió. Siempre sonreía cuando miraba hacia mí.


»Yo también te amo —dijo suavemente, apoyando sus labios contra los míos—. Te amo también —dijo una vez más. Comenzamos a desnudarnos uno a otro, con lentitud, con facilidad, con cuidado. Esa noche hicimos el amor por primera vez. Con cada toque, me enamoraba más por su espíritu. Con cada beso, probé una parte de su alma. En mi mente, le susurré de nuevo, una y otra vez. Con cada lágrima y cada latido del corazón, le hablé. Tan tranquilo, pero tan fuerte. Yo también te amo. También te amo. También te amo…

—¿Estás lista? —preguntó Brooks, entrando en mi habitación con su guitarra acústica en la espalda unos días después. ¿No tienes práctica con la banda? Asintió. »Sí, pero no con The Crooks esta noche. Esta noche estoy empezando una nueva banda llamada BAM. ¿Oh? Mordió su labio inferior y se acercó a mí, besando mi frente. Siempre había una ternura que tenía cada vez que me tocaba. Me encantó ese sentimiento. »Sí. Representa a Brooks y Maggie. »Está en tu lista de tareas pendientes, tocar en una banda. Me imaginé ¿por qué no empezar a tachar las cosas de tu lista de inmediato? No hay razón para esperar cuando podemos hacer algunas de las cosas ahora. Ahora vamos. Te enseñaré a tocar a Bettie. ¿Bettie? »Nombrada después de mi abuela. Interesante. Colocó su guitarra en mis manos y cuando fui a rasguear, me detuvo.

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¿Qué?


—Guau, guau, guau. No puedes tocarla como si estuviera aquí para ser usada, Maggie. Tienes que presentarte. Tienes que aprender de ella, de sus partes, como su hermoso cabezal, y su cuello, que es el hogar del diapasón9. —Continuó explicando las diferentes partes de la guitarra durante treinta minutos, y escuché egoístamente. Me encantó lo mucho que amaba la música. Me encantó cómo quería darme a conocer su mundo. Cuando llegó el momento, me hizo practicar el traste10 de las cuerdas, luego más adelante, pasamos los acordes de la primera posición. Siempre que lo estropeaba, todavía me animaba. »¡Eso es bueno, Magnet! Eres literalmente cien veces mejor que yo cuando empecé a tocar. Después de unas horas de tocar, papá vino y le dijo a Brooks que nunca se le permitía regresar a nuestra casa después de que nos atrapó besándonos. »Será mejor que me vaya de todas formas, viendo cómo estás bostezando. Mientras se puso de pie, agarré su brazo, haciéndolo detenerse. Corriendo hacia mis libros, recogí uno de mis libros favoritos. »¿“The Kite Runner”? —preguntó, tomando el libro de mis manos. La novela de Khaled Hosseini era una de mis lecturas favoritas que papá me dio, y quería que Brooks supiera esa parte de mí, de la misma manera que él quería que yo conociera la música. El libro estaba marcado con pequeñas pestañas rosadas, indicando mis secciones favoritas—. ¿Es uno de tus favoritos? Sí. »Entonces lo leeré dos veces —respondió, besando mi sien. Mientras se inclinaba, susurró contra mi oído—: Me escabulliré de nuevo a tu habitación esta noche después de que tu papá esté dormido para una fiesta de pijamas. Página

»¡VE A CASA, BROOKS! —gritó papá, haciéndonos reír a ambos.

Es un dispositivo metálico (generalmente acero) con forma de horquilla, utilizado principalmente como referencia para afinación de instrumentos musicales. 9

Es la separación que existe en el diapasón del mástil de muchos instrumentos de cuerda, en la mayoría de los instrumentos modernos los trastes son finas tiras de metal (alpaca, níquel o acero) incrustadas en el diapasón. 10


Traducido por Taywong

—U

m, Tierra a Brooks. ¿Todavía estás ahí, amigo? — preguntó Rudolph, golpeándome el hombro mientras me sentaba en el taburete de Oliver en el garaje. Rudolph siguió agitando la mano delante del libro que sostenía con una manzana en la mano—. Normalmente cuando estamos en un descanso de ensayo, estás rasgueando una guitarra, pero ahora estás como... —¡Leyendo! —dijo Oliver, saliendo de la casa de Calvin con dos manzanas en su mano. Mordió las dos a la vez y masticó en voz alta—. Ni siquiera sabía que sabías leer. ¿Estás seguro de que el libro no está al revés? Los silencié, agitando las manos hacia ellos mientras volteaba la página. Mi antebrazo se hallaba lleno de pequeñas etiquetas amarillas que usaba para escribir notas a Maggie. Los gemelos seguían tratando de llamar mi atención, pero me encontraba demasiado inmerso en el libro. Calvin entró en la habitación, sosteniendo tres manzanas en su mano y mordiendo de las tres. Dramático. Mis amigos eran dramáticos. —Amigo, no te molestes. Está concentrarse en cualquier otra cosa.

demasiado

enamorado

para

—Por primera vez en mi vida, estoy de acuerdo con mi hermano —dijo Rudolph. Oliver le dio las gracias dándole un dedo húmedo. —¡Dios! Me retracto. Eres repugnante. Volví a ignorarlos. Fue interesante ver dónde Maggie puso sus etiquetas, y si algunas de las mías se superpusieron. Me encantaba descubrir las partes que la hacían reír y llorar, las partes que la hacían enojada y feliz. Fue la mejor sensación.

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—Ugh. No más de esta mierda de amor. —Gimió Oliver—. Primero tuvimos que lidiar con Calvin queriendo escribir el nombre de Stacey en cada canción que hacemos, y ahora tenemos a Brooks leyendo. ¡LEYENDO!


—Así que mi papá estaba pensando en deshacerse de su barco —dijo Calvin—. Quiere venderlo en unas pocas semanas, y quería ver si queremos tener un viaje de despedida y salir a pescar antes de que salgamos a la universidad en el otoño. —¿Está vendiendo el bote? —exclamé, levantando la vista del libro—. Pero, eso es como... nuestro bote. —Pasamos tanto de nuestra juventud sentada en el lago. Sabía que no lo habíamos hecho en años, pero la idea de que el señor Riley lo vendiera me puso muy triste. —¿Es este el mismo barco de los que dos chicas siempre están recordando? —preguntó Rudolph. —¿El mismo barco del que escribiste una canción? —saltó Oliver. —Síp. Ese es el barco. —Bueno, demonios. Si este barco tiene el poder de hacer que Brooks deje de leer, entonces debe ser algo que vale la pena experimentar. —Oliver arrojó sus núcleos de manzana a la basura, y Rudolph corrió, recogiendo los núcleos con una toalla de papel y poniéndolos en una bolsa de papel. Levanté una ceja a mi extraño amigo, y se encogió de hombros. ——¿Qué? Estoy ayudando a mi mamá a hacer una composta en nuestro patio trasero. Los núcleos de manzana son como el horario estelar para ello. De todos modos, si podemos obtener fruta orgánica y no tengo que dañar físicamente a un pez, entonces cuenta conmigo. —La manzana que comiste no es orgánica, hermano. Mamá me dijo que no te lo dijera, por eso te lo estoy diciendo. —Oliver sonrió mientras el rostro de Rudolph se volvía rojo. Pasaron unos minutos antes de que comenzaran a gritar de nuevo. Unas semanas más tarde, el Sr. Riley llevó a los chicos, incluyendo a mi papá y mi hermano, Jamie, en el barco para un último viaje. Era el día perfecto. Comimos un montón de comida basura, excepto Rudolph, quien trajo uvas orgánicas y pan de banana orgánico casero que hizo con su madre. Sorprendentemente, cuando lo ofreció alrededor, cada uno eligió papas en su lugar. —Se están perdiendo los enormes beneficios para la salud de la semilla de lino y la semilla de chía, pero está bien, por supuesto, coman sus papas de maíz genéticamente modificadas —dijo Rudolph. Oliver tomó un puñado de papas y las metió en su boca. —No me importa si lo hago.

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Así que volví a leer mi libro.


Nos sentamos allí durante horas, hablando de nuestro futuro y cómo incluso con la universidad acercándose, todavía íbamos a mantener las prácticas de la banda como una prioridad en nuestras vidas. El hecho de que íbamos a la escuela no significaba que el sueño tuviera que morir; simplemente significaba que el sueño tenía que cambiar un poco con los cambios de la vida. —Brooks, ¿puedes traerme una cerveza de debajo de la cubierta? — preguntó el señor Riley desde el otro lado del bote. Salté e hice lo que dijo. —Aquí tiene, señor R. Me dio las gracias y luego me invitó a sentarme a su lado. Me senté. Abrió la cerveza y tomó unos sorbos. —Así que, tú y Maggie, ¿eh? Tragué con dificultad, sabiendo que estaba a punto de suceder: la conversación del padre de la novia. —Sí, señor. —¿Señor? En todos mis años de conocer al Sr. Riley, nunca lo llamé señor. Diablos, nunca había llamado a nadie señor. Tiró de su línea de pesca y luego la echó más lejos en el agua. —No estaba seguro de cómo me sentía sobre eso, si soy honesto. Maggie es mi pequeña niña. Siempre va a ser mi pequeña niña. —Lo entiendo completamente.

¿Cómo podría responder a eso? Saber que la propia madre de Maggie no apoyaba nuestra relación se sintió como un golpe en el estómago, pero antes de que pudiera responder, el señor Riley volvió a hablar. »Pero mientras sacaba mis cañas de pescar desde el armario de almacenamiento de arriba, los escuché a ustedes dos. Lo que quiero decir es que la he oído. Ella ríe contigo. Realmente se ríe en voz alta, y no puedo pensar en la vida la última vez que escuché ese sonido de ella. Así que, mientras mantengas a mi pequeña niña riéndose, tendrás mi bendición. Tragué con dificultad. —Gracias, señor.

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—Y Maggie es diferente de otras chicas, así que puedes entender mi renuencia en el tema de su relación. En realidad, he ido y venido sobre el tema con Katie. Una parte de mí iba a salir hoy en el barco y pedirte que terminaras las cosas con ella, por Katie. Realmente piensa que es una idea horrible.


—No hay problema. —Tragó el resto de su cerveza—. Pero en el momento en que deje de reír contigo, vamos a tener una conversación seria. Si alguna vez haces daño a mi hija… —Me dio una mirada de muerte y aplastó la lata en su mano—, bueno, solo digamos, no hagas daño a mi hija. Mis ojos se abrieron de par en par con miedo. —No le haré daño, y tenía razón en lo que dijo... Maggie no es como otras chicas. Liberó la mirada amenazadora de sus ojos, y su vieja sonrisa despreocupada regresó. Me dio una palmadita en la espalda. —Ahora ve y diviértete. —Gracias, señor. —¿Brooks? —¿Sí? —Llámame señor una vez más y tendremos que tener otra charla que no tendrá un final tan feliz. Después del viaje en barco, Calvin y yo convencimos al Sr. Riley de que nos dejara ir con él cuando llegara el momento de vender al fiel compañero. Llegamos a la costa, donde se situaba la Tienda de Botes de James justo al lado del Lago Harper. A pesar de que era el mismo lago donde pescamos, todavía era un buen paseo de veinte minutos alrededor de la costa, viendo cómo el lago era tan grande. La Tienda de Botes de James tenía una gran señal de madera en el frente que decía: “Compramos, vendemos, alquilamos y comercializamos”. En el porche delantero había un perro que ladraba y ladraba mientras nosotros tres subíamos los peldaños para encontrarnos con James. —Eres un perrito ruidoso, ¿eh? —El señor Riley sonrió al perro que todavía aullaba, pero meneó la cola.

—¡Tranquilo, Wilson! ¡Shh! —El hombre nos sonrió—. No se preocupen por Wilson, él es todo ladrar y no morder. He estado intentando todo para que ese perro se callara durante los últimos ocho años, pero no he tenido suerte. —No te preocupes —respondió el señor Riley—. He estado intentando que estos dos chicos se callen durante los últimos años, también, sin suerte. El tipo sonrió y le tendió la mano. —Soy James Bateman. Supongo que eres Eric de nuestra conversación telefónica. Así que ese debe ser tu bebé —dijo, señalando hacia

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La puerta de tela metálica se abrió y un hombre alto y pálido salió al exterior, usando vaqueros y una camisa que parecía demasiado pequeña.


el barco enganchado al camión del señor Riley. Se acercó al bote y comenzó a frotarlo—. ¿Seguro que no quieres hacer un comercio quizás? Podría conseguirte algo muy agradable para esta chica. El señor Riley hizo una mueca. —No, gracias. Realmente podríamos usar el dinero extra... al menos eso es lo que mi esposa me dijo. —Ah, es mejor que siempre escuches a tu esposa. —Rio. El señor Riley se rio entre dientes. —Las grandes luchas del matrimonio. —Conozco la lucha demasiado bien. Es por eso que probablemente nunca lo volveré a hacer después de que mi esposa me dejó. —Pensé lo mismo después de que mi primera esposa se fue, pero aquí estoy otra vez. —El Sr. Riley sonrió, bajando la mirada a su anillo de bodas. —¿No te arrepientes? —preguntó James. —Nunca —respondió el señor Riley—. Incluso en los días difíciles. James rio disimuladamente, asintiendo. Le dio unas palmaditas al señor Riley en la espalda. —Me das la esperanza de que algún día mi situación cambiará. Entonces, ¿qué tal si nos dirigimos adentro y hablamos de números? —Se volvió hacia su tienda y gritó—: ¡Michael! Michael, sal aquí un segundo. Un chico joven salió. Parecía estar en sus veinte. —¿Sí?

—Claro. —Michael sonrió y nos saludó—. ¿Entonces, están interesados en ver el mejor yate que nadie en el Condado de Harper realmente puede permitirse comprar? —preguntó. —Diablos, sí —respondió Calvin—. ¿Es el tipo de yate en el que Leonardo DiCarpio haría fiesta? —Seguro lo es. Mi padre y yo en realidad salimos de nuestro camino para conseguir un barco como Jenna. No está a la venta porque es nuestro orgullo y alegría, pero algunas personas del lado norte de la ciudad la alquilan de vez en cuando para bodas o fiestas de jubilación. —El lado norte de la ciudad era donde se encontraba todo el dinero del Condado de Harper.

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—¿Puedes mostrar a estos dos chicos algunos de nuestros barcos de primera línea mientras trabajo con un cliente? Chicos. —James redirigió sus palabras a Calvin y a mí—. Mi hijo cuidará de ustedes y los mantendrá entretenidos. Michael, ¿qué tal si les muestras a Jenna por unos minutos?


Una persona tenía que tener una cartera de buen tamaño para vivir en ese lado de la ciudad. Cuando caminamos alrededor de la esquina allí había decenas de barcos atracados. Había trabajadores corriendo por los barcos. Nunca estuve en un lugar con tantos vehículos de agua de diferentes tamaños, y quería llevarlos a casa conmigo. Mis tres cosas favoritas en el mundo eran Maggie, música, y estar en el agua. Algún día planeaba tener las tres cosas sucediendo al mismo tiempo. —Santa mierda —murmuré, mirando a Jenna. Tenía que ser Jenna. Era el barco más grande y más hermoso que hay. Maggie probablemente me hubiera dado una bofetada por mirar fijamente en la manera en que lo hacía. —Ella es otra cosa, ¿eh? —preguntó Michael. —Oh, es más que algo. —Froté su costado cuando nos acercamos a ella. —Espera hasta que subas a bordo. —Michael rio. Cuando estábamos en el yate, sentí como si fuera Leonardo, rico y genial como el infierno. —Así que, esta nena viene con todo tipo de equipo de deportes acuáticos. Tenemos un Yamaha WaveRunner Jet Ski, un Kawasaki Ultra 250 Jet Ski, y un Kawasaki Súper Jet de pie Jet Ski. Hay equipo de buceo, suministros de pesca, y todo ese jazz, también. En cuanto a entretenimiento. —Michael nos acompañó por debajo de la cubierta y sonrió antes de abrir un juego de puertas—. Solo tenemos lo mejor. Tenemos esta área, el salón principal con una televisión de plasma de sesenta y cinco pulgadas. Aquí tenemos el salón del cielo con dos barras llenas. Luego, hay un camarote principal, la cabina VIP y las tres cabinas de invitados, todas tienen televisores de plasma de cincuenta pulgadas y las camas más cómodas en las que jamás hayan dormido. ¿Qué piensan ustedes? —preguntó. Los ojos de Calvin se veían desorbitados de la misma manera que los —Así que esto es lo que se siente la realeza. —Suspiró Calvin—. Me encanta la realeza. —Lo tomaremos —rugí. Michael nos llevó a la cubierta superior, y nos quedamos en la proa del barco. —Entonces, Michael, ¿tú y tu papá solo manejan este negocio juntos? —Sí. Él tomó el negocio de mi abuelo. Planeo hacer lo mismo algún día. No hay nada que me guste más que esto, los barcos, el agua. —¿No hay nada más que quieras hacer? —preguntó Calvin.

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míos.


Las cejas de Michael se juntaron mientras pensaba en ello. —No. Nada más. Después de que mi madre huyó con otro hombre papá tuvo un tiempo difícil siguiendo adelante. Se metió en una profunda depresión. Tenía catorce años y recuerdo que hubo días en que tuve que obligarlo a comer. Se culpó por su partida. —¿Por qué se culpó a sí mismo? —Realmente no lo sé. Trabajaba largas horas, y sabía que eso la molestaba, pero eso no era una razón para dejarlo. Sí, pelearon, pero se rieron más. Sin embargo, a veces las personas no siempre son quienes creen que son, y resultó que estábamos mejor sin ella. Pero nunca lo dirá, sin embargo. Todavía guarda una foto de los tres en el escritorio de su oficina. Algunos días siento como si estuviera esperando que ella regresara. Lo único que le ayudó a sanar era estar en el agua. Lo purificó, creo. Si no fuera por este lugar, probablemente también habría perdido a mi padre. Este lugar es mi hogar. ¿Qué hay de ustedes? ¿Qué quieren hacer? —Música —dijimos al unísono. Michael rio. —Bueno, no se detengan hasta que lo logren. Entonces, vienen alquilar a Jenna de mi y mi padre. —Me disculpo antes de tiempo por mis acciones infantiles que están a punto de tener lugar, pero tengo que hacerlo —dijo mi mejor amigo. Calvin saltó a la barandilla y tendió sus brazos. Reí. —Siempre supe que serías Kate Winslet y yo sería Leo en esta situación. —¡Cállate y abrázame! —dijo Calvin burlonamente. Salté detrás de él y envolví mis brazos alrededor de su cintura. Michael rio entre dientes. —Ojalá pudiera decirte la cantidad de bromance11 de Titanic que he presenciado en esa barandilla. —¿Bromance? —preguntó Calvin—. Oh no, estamos en una relación comprometida. Los ojos de Michael se ensancharon con culpa. El término bromance está derivado de las palabras "bro" diminutivo de “brother” (hermano) y "romance". Es un tipo de amistad entre hombres, cero sexual, cuyo vínculo es más grande que con un hermano. 11

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—¡Nunca te soltaré, Cal! —grité mientras él levantaba sus brazos.


—Oh, lo siento mucho. No quería... —No te preocupes por Calvin, es un mentiroso. Estoy follando a su hermana. —Sonreí, viendo a Calvin hacer una mueca mientras me empujaba lejos de él, forzándome a bajar. También saltó. —Si alguna vez escucho hablar que mi hermana ha sido follada de nuevo, hay una buena probabilidad de que no vivas poco después.

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—Touché. —Habría estado mintiendo si dijera que no me gustaba meterme bajo su piel así. Odiaba todas las conversaciones que incluían la conversación de que su hermana era besada por mí, así que las folladas cruzaban la línea. Por eso siempre lo hacía.


Traducido por Myr62

C

ada vez que Brooks me entregaba un libro, corría a través de él para ver sus pestañas añadidas con sus notas y pensamientos incluidos. Empezamos a hacer esto con regularidad, y cada vez que un libro volvía a mi estantería con más notas adhesivas que antes, sentía como si Brooks se convirtiera cada vez más en una parte de mi mundo. Él debe haber sentido lo mismo cada vez que tocaba un acorde correcto. Yo había tocado recientemente "María tenía un corderito" usando un dedo a la vez para rasguear, y él casi lloró con emoción. Después de estar con él, mi idea de lo que es el amor fue cambiada. Me enamoré de cientos de hombres diferentes de cientos de libros diferentes. Pensé que sabía lo que el amor parecía basado en las palabras dentro de esas páginas. El amor era unión, fuerza, y algo que vale la pena vivir.

Le golpeé suavemente en el hombro, y él se removió de su sueño. ¿Durmiendo? Escribí una vez que parecía lo suficientemente despierto como para leer. —Durmiendo —respondió con una pequeña sonrisa—. ¿Pensando demasiado? Me conocía muy bien. Mis labios rozaron su oreja antes de moverme para besarle el cuello. ¿Me prometes el mismo tipo de amor que he leído en mis libros? Negó con la cabeza, bostezando. Sus brazos se envolvieron a mí alrededor empujándome más cerca y fui envuelta por su calor.

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Lo que no esperaba eran los temores que el verdadero amor trajo consigo. El miedo de que nunca fuera suficiente para él. El miedo de que encontrara otra. El miedo que a veces valía la pena morir por amor. El miedo de que el amor no siempre fuera suficiente. Amar a alguien significaba ser vulnerable a la posibilidad de que algún día pudiera irse, y todo lo que siempre quise era que Brooks se quedara.


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»No, Maggie May. Te prometo mucho más.


Traducido por micafp_2530

—E

n realidad estás bebiendo tu té —dijo la señora Boone, sorprendida el lunes por la tarde a la hora del almuerzo—. Nunca tomas tu té.

¿Qué podría decir? El amor nos hace hacer cosas ridículas. »Es ese chico, ¿no? —preguntó con una ceja arqueada—. ¿Es la razón por la que has estado actuando como una colegiala vertiginosa cada vez que vengo a visitarte? Seguí sorbiendo mi té. Sonrió a sabiendas y continuó comiendo su emparedado. —¡Oh Dios mío! ¡Sé lo que quiero hacer con mi vida! —gritó Cheryl, corriendo hacia el comedor y saltando de arriba abajo con sus manos agitándose salvajemente mientras sostenía un libro—. ¡Sé lo que quiero ser después de graduarme de escuela el próximo año! —Bueno, detente con eso —ordenó la señora Boone. Cheryl hizo una pausa en sus movimientos erráticos y se paró derecha, sosteniendo su novela en su pecho. La señora Boone y yo alzamos nuestras cejas con asombro, esperando a que Cheryl terminara su frase. —¿Un activista de...? —preguntó la señora Boone. Cheryl parpadeó una vez. —¿Qué quieres decir? —Tienes que ser una activista de algo. Las cuestiones ambientales, o la política, los derechos humanos, o quizás la crueldad animal. Cualquier cosa. No puedes ser una activista así nada más. Cheryl asomó su labio inferior. —¿En serio? ¿No puedo ser una activista?

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—Quiero ser una activista.


Sacudimos la cabeza. »Bueno, maldit… grr… quiero decir qué mal. Lo siento, señora Boone. Supongo que voy a tratar de averiguar qué tipo de activista quiero ser. Ugh. Sin embargo, suena como más trabajo de lo que quería hacer. —Se deslizó desde la habitación significativamente menos entusiasta que cuando entró, haciendo que la señora Boone y yo riéramos. —Te juro que sus padres deben haberla alimentado con la estupidez de los niños para el desayuno todos los días. Me golpea la mente lo idiota que son todos. —Tomó su emparedado y se hallaba a un segundo de morderlo cuando dijo—: Espera, ¿Cheryl sostenía un libro? Asentí. Dejó caer su emparedado, sacudiendo la cabeza de un lado a otro. »Sabía que el fin del mundo iba a llegar. Simplemente no sabía que sería tan pronto. Me reí para mí misma y seguí bebiendo mi té. No sabía tan mal esa tarde.

—No me estás escuchando, Eric, sólo quiero asegurarme de que estamos haciendo lo correcto —dijo mamá a papá más tarde esa noche mientras caminaba por el salón. Sostuvo una copa de vino en su mano y tomó un sorbo mientras hablaba con él. Me senté en la parte superior de la escalera con Cheryl a mi lado—. Que Maggie salga con Brooks podría no ser lo mejor para cualquier persona. Loren dijo... —“Loren dijo”. Jesús, por supuesto. Sabes, por un segundo creí que no llegaron a ti cuando vinieron de visita, pero parece que me equivocaba. Debería haber sabido que esto tenía algo que ver con esas mujeres. —Esas mujeres son mis amigas. —Esas mujeres no se podrían preocupar menos por ti, Katie. ¿Crees que vienen aquí a pasar el rato contigo porque se preocupan? Vienen aquí para burlarse de ti, para decirte que pienses en moverte, sabiendo que no puedes. Para ver cómo tu vida es tan deprimente en comparación con sus

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Papá se rio sarcásticamente.


vidas perfectas, lo cual está bien, pero cuando se sientan toda la noche hablando de nuestra hija... —No hacían ningún daño. Me daban información sobre cómo ayudarla. —¡La menospreciaban! —gritó. Cheryl y yo saltamos del susto. Papá nunca grita. Nunca vi su cara tan roja en mi vida—. La menospreciaban, insultándola como si fuera sorda y no pudiera oírlas. No sé qué es peor, el hecho de que dejas a esas mujeres en nuestra casa para chismear sobre tu propia hija, o el hecho de que defendiste a Maggie sólo para retractarte unos días más tarde. Estás sentada aquí preocupada porque tiene un novio cuando está más feliz de lo que la he visto en años. Lo verías también si realmente la miraras. —La miro. —Miras, pero no ves, Katie, y luego invitas a esos trolls a nuestra casa, y hablan de Maggie como si no fuera nada. —Ella tiene algo. ¿No lo ves? Por eso quiero probar a la terapeuta que Wendy... —¡Ella es feliz, Katie! —¡Está enferma! —Está mejorando justo delante de nosotros, y es como que secretamente no quieres que mejore. ¿No quieres que se vaya? ¿No quieres que viva? Mama vaciló antes de decir—: Pero Loren… —¡Basta! —gritó, moviendo las manos molesto y golpeando accidentalmente el vino de la mano de mamá, enviando su vaso a la alfombra donde se rompió. Papá se quitó las gafas y frotó las palmas de sus manos contra sus ojos antes de colocar sus manos en su cintura. Los dos miraron fijamente la mancha roja de la alfombra, el mismo tipo de derrame accidental que solía suceder antes, cuando eran más felices juntos, antes de que yo comenzara a romper y separar su amor. Sin más palabras, se fueron por caminos separados. —¿Qué acaba de suceder? —susurró Cheryl, su cuerpo temblando ligeramente. Tomé su mano temblorosa en la mía para tratar de calmar sus nervios.

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La habitación se quedó en silencio.


En ese momento, me alegré de no poder hablar, porque de lo contrario tendría que decirle a Cheryl la verdad. Sabía lo que pasaba con nuestros padres: se estaban separando justo delante de mi hermana y de mí. Desenamorarse significaba que no podían reírse de los errores. Desenamorarse significaba que gritabas tus irritaciones. Desenamorarse significaba seguir por caminos separados.

—Una caja de golosinas para Maggie May —dijo Brooks esa noche, de pie en mi puerta. Sonreí a su manera, insegura de lo que él tenía en mente. Entró en mi habitación y se sentó en el suelo, colocando la caja delante de él. Palmeó el piso, invitándome a unirme a él. ¿Qué planeó? »Es una prueba de sabor —me explicó mientras me sentaba—. Como no puedes hablar, quiero saber al menos todo lo demás sobre ti, la forma en que reaccionas a ciertas cosas, tus expresiones, así que estamos haciendo una prueba de sabor a comida a ciegas. En esta caja hay comidas aleatorias —algunas dulces, algunos blandos, algunos amargos como el infierno— y vas a probarlos. Entonces, vamos a cambiar. Sonreí, sin saber cómo podría amar a este chico más de lo que ya lo hacía. Levantó una venda y se inclinó hacia delante, atándola alrededor de mis ojos.

Abrí de par en par y dejó caer un pedazo de comida en mi boca. Mis labios se relajaron alrededor de él. Umm... chocolate. Me encantaba tanto el chocolate que cualquier persona sabia. »Una mirada de placer, perfecta. El próximo… Mi cara se arrugó con el siguiente alimento, Sour Patch Kids.12

Sour Patch Kids: es un caramelo suave con una capa de azúcar invertido y azúcar amargo (una combinación de ácido cítrico, ácido tartárico y azúcar). 12

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»Bueno. ¿Puedes verme? —preguntó. Sacudí la cabeza—. Muy bien. Ahora abre tu boca.


No podía dejar de reír. »Oh, Dios mío, ojalá pudieras ver tu nariz arrugada ahora mismo. Los artículos siguientes incluyeron uvas, salsa de espagueti, rebanadas del limón, y queso viejo. Cuando me quité el vendaje, no podía estar más emocionada, porque era mi turno de torturarlo. Lo até alrededor de sus ojos, y él sonrió, mordiéndose el labio inferior. »Pervertida. Puse los ojos en blanco. Primero, puse puré de patatas en su boca, y le gustó más de lo que debería. Luego vino la salsa de espagueti con salsa picante, no le encantaba esa, banana, y mucho más. Por último tomé un pedazo de chocolate, lo rodé en ketchup, y exprimí un poco de jugo de limón encima de él. Instantáneamente trató de escupirlo, pero me tapé la boca con la mano, riéndome mientras movía su cuerpo, tratando de tragarlo. »Eres pura maldad, Maggie. Maldad. —Se rio, limpiándose las manos contra su boca. Me incliné y lo besé, y él tomó mi labio inferior entre sus dientes y lo mordió suavemente. Umm... Me gusta eso. Antes de que pudiéramos besarnos de nuevo, Calvin, Rudolph y Oliver llegaron a través de la puerta del dormitorio. —¡Mierda! —gritó Calvin. Arqueé una ceja, y Brooks pareció tan confundido como yo. —¡¡Oh, Dios mío, oh Dios mío! —¡dijo Rudolph, caminando en círculos, sus manos temblando sin parar. Hiperventilaba, pero eso no era infrecuente para Rudolph. No le costaba mucho que se molestara en un frenesí.

—¡¿Qué?! ¿Qué es? —exclamó Brooks, desconcertado. Calvin hizo una pausa. —¿Estás... llevando una venda? Los gemelos silbaron al unísono. —Pervertido. Brooks se sacó la venda. —Olvida eso. ¿Qué está pasando?

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Lo que más me asustó fue ver a Oliver saltar arriba y abajo. Oliver no era de saltar arriba y abajo: era mucho más tranquilo que cualquier otra cosa. Nunca lo vi tan emocionado.


Los tres chicos permanecieron quietos por un momento antes de volver a sus niveles anteriores de emoción. Calvin corrió hacia Brooks, puso las manos sobre sus hombros y empezó a sacudir su cuerpo. —¡Santa mierda! ¡Santa mierda! ¡Santa...! —Calvin empujó su teléfono celular en la mano de Brooks. Brooks entrecerró los ojos para leer las palabras. Corrí detrás de él para poder leer. Cada palabra me golpeaba más fuerte en la tripa. —¡MIERDA! —gritó Brooks, sus manos temblorosas. Tomé el teléfono para releerlo. »¿Cómo es eso posible? —¡Ellos vieron nuestro cover de su canción en YouTube, luego revisaron nuestros originales, y luego twittearon sobre nosotros! —Fue retwitteado más de cuarenta mil veces en las últimas dos horas —gritó Rudolph, con la nariz más roja de lo normal por su excitación. —Más de cincuenta mil veces, novato —corrigió Oliver. Golpeé a Brooks en el hombro y le devolví el teléfono, señalándome. ¡Oh. Mi. Dios! —¡Ciento sesenta mil retweets! —dijo Brooks. De repente, los muchachos gritaron, con la garganta ardiendo. —¡AH! —¡Ni siquiera sabía que nos pusiste en YouTube, Cal! —gritó Brooks; Gritar era lo único que cualquiera de ellos podía hacer. Los chicos eran tan anti-normales porque siempre decían que eran indie y geniales, hasta que la corriente principal golpeaba en su puerta y perdieron la cabeza. —¡No lo hice! —No —dijeron los gemelos al unísono. —Entonces quién... —Se volvió lentamente hacia mí, y le di una pequeña sonrisa. Todos los chicos se volvieron al mismo tiempo y me miraron con ojos conocedores—. ¿Lo hiciste? ¿Los videos que grabaste de nosotros? Asentí lentamente y en cuestión de segundos, todos los brazos se envolvieron alrededor de mí, saltando arriba y abajo. —¡Eres tan jodidamente increíble, Maggie! —dijo Oliver, dándome un coscorrón.

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—¿Fuiste tú, Rudolph? ¿Oli? —preguntó Brooks.


—Mierda, Mags, no sabes cuánto has cambiado nuestras vidas —dijo Calvin. —¡Amigo! —Oliver empezó a agitar los brazos a Calvin—. Lee el mensaje directo. —¿Hay un mensaje directo? —preguntó Brooks. —Oh. —Calvin asintió extasiado, moviéndose a través de su teléfono— . Hay un mensaje directo. —Aclaró su garganta y los mellizos las suyas, también, haciéndolo completamente memorizado. —“Querido Calvin, soy Mark, el gerente de The Present Yesterdays. Nos encontramos con tus videos hace unos días y no hemos dejado de verlos. Su sonido es limpio, nítido y es algo que en la industria está desapareciendo. Si estás interesado, me encantaría establecer una reunión con ustedes para charlar sobre sus planes futuros en la música. ¡Paz! — citaron los tres en perfecto unísono, y mi corazón saltó de mi pecho. The Present Yesterdays fue la banda de pop-rock más grande de nuestro tiempo. Los chicos me presentaron su música, y estuve enamorada de ellos antes de que el mundo supiera que existían. ¿Cómo era esto posible? Brooks se volvió hacia sus compañeros de banda con los ojos muy grandes, y vi que se hacía cargo de ellos también, la comprensión de que los sueños se hacían realidad, incluso para los muchachos que ensayaban en los garajes de la pequeña ciudad de Wisconsin. La ola de emoción se apoderó de todos nosotros cuando empezamos a saltar por la habitación y a celebrar. Nunca estuve tan feliz de ver los sueños de los demás empezar a cobrar vida. —Esto es todo por ti, Magnet —dijo Brooks, tirándome contra su pecho—. Es porque usaste tu voz para que nos oyeran. Me recordó esa noche que tuve una voz, aunque ninguna palabra salió de mi boca.

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Todavía tenía una voz.

La noche siguiente mi baño de una hora duró más de lo normal. Tenía el mismo tipo de rutina que antes: leía, lavaba, y luego me deslizaba bajo el agua y recordaba lo que sucedió en esos bosques, recordándome que no era mí culpa. Mi mente seguía siendo tan buena en sostener esas imágenes,


pero recientemente las visiones empezaban a borronearse por recuerdos más actuales. Siempre que intentaba imaginar el rostro del diablo, veía a Cheryl riendo con un libro en la mano. Siempre que corría en el bosque, me veía a mí misma corriendo hacia los brazos de Brooks. Cada vez que viajaba, veía a la señora Boone regañándome. —Maggie, te tengo algo nuevo... ¡Dios mío! —gritó mamá, corriendo al baño y tirándome de debajo del agua. Su rápido movimiento me obligó a abrir la boca, haciéndome inhalar agua. Comencé a toser, mi garganta ardiendo mientras me escupía. ¿Qué pasaba? Las manos de mamá temblaban y empezó a gritar, sosteniéndome en sus brazos. Mis oídos estaban llenos de agua y traté de sacudirla mientras gritaba por papá. »¡Eric! ¡Eric! —gritó, su voz más aterrorizada de lo que necesitaba estar ¿Qué hacía? ¿Por qué se estaba volviendo loca? Ella pensó… Oh, Dios mío, no. No, mamá. No trataba de ahogarme. No trataba de matarme. Las lágrimas inundaron mis ojos al ver el pánico que experimentaba. Me sacó de la bañera y me envolvió en toallas. Mientras lloraba, todavía gritando el nombre de papá, quien vino corriendo al baño. El agua en mis oídos hacía difícil escuchar. Traté de estar de pie, pero mamá me sujetaba tan fuerte. Muy apretada. —¡Trató de ahogarse, Eric! —dijo mamá. Los ojos de papá se pusieron pesados y le pidió que repitiera—. Te lo dije. Te dije que esto era demasiado para ella. Sacudí la cabeza. No, papi. Mis manos lucían fantasmalmente pálidas. Yo no haría eso. No me mataría. Estoy feliz. ¿Recuerdas? Estoy feliz. No trataba de matarme. Ambos lloraban ahora, y papá apenas podía respirar cuando su mirada se encontró con la mía. Apartó la vista de mí. Necesitaba saber que mamá se equivocaba. Cometió un error. No sabía todos los hechos. Ella me levantó para respirar, sin saber que podía respirar mejor bajo el agua.

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Necesitaba papel. Necesitaba escribirles. Necesitaba hacerles saber.


Estaban luchando de nuevo. Cheryl y yo nos sentamos en lo alto de las escaleras, mirando de nuevo. Mi cabello seguía empapado de mi baño, y Cheryl lo cepilló mientras escuchábamos. —¿Aún no me crees? —gritó mamá, aturdida. —Estás exagerando —le dijo papá a mamá—. Ella dijo que no trataba de... —Ella no dijo nada, Eric. No habla, pero sus acciones fueron fuertes y claras esta noche. —¡Ella se daba un baño bajo el agua cuando entraste! ¡Estaba conteniendo la respiración! ¡Jesús, Katie! Esta es Loren hablando, no tú. —No pongas esto en ella. No pongas esto en mi amiga. Sé lo que vi. Tu hija se ahogaba. —¿Mi hija? —susurró papá, soplando un silbido bajo—. Guau. Yo también lo sentí, papá; el puñetazo en el estómago. —Sabes a lo que me refiero. —No, creo que no lo hago. Últimamente me cuesta entender lo que dices. Mamá puso los ojos en blanco y se alejó, volviendo con un vaso de vino. —Ella está enferma. —Está mejorando. —Está empeorando, y sé que tiene que ver con Brooks. Sé que sí... Estudié cada movimiento que hizo. Papá no lo vio, porque sólo escuchó su estribillo paranoico, y se encontraba demasiado ocupado escupiendo sus enojados versos. No la veía moviendo los dedos, las piernas temblorosas y el pequeño tirón en el labio inferior. Ella se sentía asustada. Horrorizada. El nivel de miedo en su cuerpo fue más que una reacción de esta tarde. El miedo en sus movimientos había estado en su lugar durante años, al parecer. Pero, ¿de qué se sentía tan asustada? Papá se echó las manos por la nuca. —Estamos corriendo en una rueda de hámster aquí, Katie. ¿Qué es lo que tienes contra Brooks y Maggie estando juntos? Porque no parecías tener un problema hasta que las cuatro fantásticas vinieron a visitarte. Te juro que hablas tanto de que Maggie no habla, ni siquiera puedes encontrar una

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Estudié a mamá.


voz propia. Fuiste con tus amigas por sus opiniones de mierda sobre nuestra familia, y luego te bebes una botella de vino cada noche. Dime, Katie, ¿quién es la que necesita ayuda? Los ojos de mamá se abrieron, sorprendidos por sus palabras. Papá parecía tan asombrado por sus propios sonidos. Ella irrumpió en su habitación, y papá la llamó para disculparse, pero ella ya estaba recargando hacia él con almohadas y mantas. —Puedes quedarte aquí hasta que reciba la ayuda que necesito — replicó ella—. Y, por cierto, cuando termine de la misma manera que Jessica, sé que lo hiciste. Sé que hiciste que sucediera. ¿Quién es Jessica? Se fue y no volvió. Papá salió furioso por la puerta principal. ¿Por qué todo se sentía como si estuviera cayendo a pedazos cuando por primera vez en mi vida me sentía como si finalmente todo estuviera embonando junto? —Sé que solía no estar en casa por la noche, pero... ¿siempre luchaban así? —susurró Cheryl. Sacudí la cabeza. Ella seguía cepillándome el pelo—. Es casi como si fueran extraños. Eso fue desgarrador. »¿Maggie? ¿Intentaste...?

—susurró

Cheryl, su voz se quebró—

¿Por qué?

Me volteé, así me hallaba frente a ella, tomé el cepillo para el cabello de sus manos, y colocó sus dos palmas contra mis mejillas. Comencé a sacudir la cabeza hacia delante y hacia atrás, mirándola a los ojos. No. No. No. No. Dejó escapar un suspiro.

No podía dejar de pensar en cómo mis padres se desmoronaban por mi culpa. No sabía qué hacer. ¿Dejar a Brooks para hacerlos felices otra vez? ¿Quedarme con mi propia felicidad egoísta? ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Cuáles eran las opciones correctas? ¿Cómo podría arreglarlo todo? No quise hacer pelear a mis padres. Fue un accidente. Juro que fue un accidente... Parpadeé una vez y lo vi. El diablo, volvería de visita. No… Traté de alejarlo. Empezaba a mejorar. Me estaba volviendo completa.

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»Te creo. Mamá también te creería, si realmente se tomara el tiempo para mirarte a los ojos.


—Shh —susurró. Mis ojos se abrieron de miedo—. Por favor, no grites. Fue un accidente. —Movió sus labios a mi frente y presionó su boca contra mi piel—. Shh —dijo de nuevo. Sus labios viajaron hasta el lóbulo de mi oreja y sentí que sus labios me tocaban antes de sisear una última vez—. Shh. Él estaba allí en mi mente. Podía sentir su presencia.

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Shh... Shh... Shh...


Traducido por EstherMaslow

M

aggie me dijo que no se sintió bien en los últimos días y se negó a verme. Hice todo lo posible para convencerla de que me dejara visitara, pero cada vez que aparecía, su mamá me alejaba, diciendo que necesitaba más tiempo para sanar. Una tarde, después de la práctica de la banda; no le di mucha elección. —No estás realmente enferma, ¿verdad? —le pregunté, cogiéndola saliendo del baño antes de que regresara a su habitación. Sus ojos se abrieron cuando miró en mi dirección y vi un tinte de pánico—. ¿Estás enojada conmigo?—Tragué con dificultad, nervioso. ¿Hice algo mal?—. ¿Es porque te dije que te amaba? ¿Fue demasiado pronto? ¿Te asusté? Lo siento, sólo... Sacudió la cabeza de un lado a otro y se precipitó hacia mí, tomando mis manos en las suyas. Apretó una vez. No. »Entonces, ¿qué es? Me miró a los ojos y los suyos empezaron a llenarse de lágrimas. Empezó a sollozar, y yo no sabía qué más hacer, así que la abracé. La sostuve cerca de mi pecho, y ella se desmoronó en mis brazos mientras recogía todas sus piezas. Asintió, y caminamos hasta su dormitorio, cerrando la puerta detrás de nosotros. Empezó a calmarse mientras escuchábamos la música. Nos tumbamos en la cama, y no pasó mucho tiempo después de que se durmiera en mis brazos antes de que sus pesadillas comenzaran. Cuando se despertó, se encontraba tan cerca de mí, pero se sentía a un millón de kilómetros de distancia. »Maggie, puedes hablar conmigo —le juré, paseando por su cuarto mientras despertaba de un sueño que la empujó a llorar. Se hizo un ovillo en su cama, balanceándose hacia delante y hacia atrás, sin mirar en mi dirección.

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»¿Música? —le pregunté.


Cuando me acerqué a ella, se estremeció, casi como si temiera mi tacto, casi como si pensara que la herí. »Maggie —supliqué, mi voz y mi corazón se agrietaron—. ¿Qué está pasando? No dijo nada. »Podemos hacer cinco minutos —dije, inclinándome frente a ella—. Magnet, podemos hacer cinco minutos. Enfócate, ¿de acuerdo? Puedes volver a mí. Está bien. Ella seguía tragando con fuerza con las manos apretadas contra su cuello. Sus ojos eran salvajes, y supe que se hallaba demasiado lejos para oírme. »¡Señor Riley! —grité a través de la casa—. ¡Señor Riley! —grité de nuevo, corriendo por la casa. Cuando salió de su habitación, me miró con los ojos muy abiertos y preocupados. —¿Qué pasa?—preguntó. —Maggie. Está en su dormitorio. No sé lo que está pasando. Está simplemente... No esperó a que yo respondiera. Subió las escaleras hasta donde su hija se encontraba teniendo un colapso. La señora Riley también llegó allí unos segundos más tarde. —Mags —dijo, con un enfoque lento y cauteloso—. Estás bien —le aseguró el señor Riley. Cuanto más se acercaba, más se tensaba, pero no dejaba de moverse hacia ella. Levantó las manos, mostrando que no le haría daño, y cuando estuvo lo suficientemente cerca, la envolvió en sus brazos y la sostuvo contra su pecho. Se aferró a su camiseta y lo acercó, sollozando en sus brazos. Mi mente corría mientras la veía desmoronarse contra su padre. Mi estómago estaba hecho un nudo, odiando el hecho de que no era capaz de protegerla. ¿Por qué no podía arreglarla? ¿Por qué no podía tomar su dolor y hacerlo mío? La llevó abajo, y yo lo seguí. Calvin y Stacey entraron por la puerta principal riendo juntos, con los brazos entrelazados. Cuando vieron la conmoción, sus risas se detuvieron. —¿Qué está pasando? —preguntó Calvin. El señor Riley no respondió. Acababa de llevar a Maggie a su dormitorio. La señora Riley lo siguió de cerca. No podía moverme. No pude dejar de temblar. Calvin se acercó a mí, colocando una mano en mi hombro. Tenía los ojos entrecerrados y confundidos.

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¿Qué te ha pasado?


»¿Brooks? ¿Qué está pasando? —No lo sé —dije. Mi garganta se sentía seca y mi pecho ardía en llamas—. Ella se despertó y... se asustó. No sabía qué hacer. No pude detenerla. No pude detenerla de... —Mis ojos se llenaron de lágrimas y presioné las palmas de mis manos contra mi cara. No podía hablar más. Calvin no me obligó a decir nada. Él y Stacey simplemente se acercaron a mí, envolvieron sus brazos alrededor de mi cuerpo, y me sostuvieron. Sin embargo, odiaba la comodidad que me daban, porque Maggie lo necesitaba más. Necesitaba a alguien para caer en sus recuerdos y borrar las aguas oscuras en las que nadaba cada día. Me senté en la escalera, esperando a que los padres de Maggie salieran de su habitación. Cheryl, Calvin y Stacey se unieron a mí. No dijimos una palabra. Seguí revisando mi iPod, buscando algún tipo de música que pudiera hacerla sentir mejor. La música siempre la hacía sonreír. Cuando la puerta del dormitorio se abrió, todos nos levantamos. El señor y la señora Riley fruncieron el ceño. —Está durmiendo de nuevo —dijo el señor Riley. —¿Puedo verla? —pregunté. Levanté mi iPod hacia el señor Riley—. Sólo creo que algo de música podría ayudar. Siempre la ayuda. Sus labios se separaron, pero la señora Riley lo interrumpió. —Creo que todo el mundo debería irse a dormir. —Se pasó los dedos por el cabello y el señor Riley cerró la boca.

Todos se dirigieron a sus propias habitaciones, y me vi obligado a irme. Odiaba la sensación en mi estómago, odiaba no saber cómo lo estaba haciendo. ¿Cómo se suponía que me iba a ir sin saber si se encontraba bien? —Brooks, ¿puedo hablar contigo un segundo? —me preguntó la señora Riley mientras caminaba hacia la puerta principal. Tenía sus brazos cruzados y sus ojos lucían pesados. —Sí, ¿qué está pasando? Miró alrededor de la habitación, asegurándose de que todos se hubieran marchado, y luego se acercó a mí. —Quiero que sepas... Maggie está enferma. Puede que no lo veas, pero su mente… —Frunció el ceño—. Lo que le pasó hace tantos años, eso la afectó. Incluso en los días que parece

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Comencé a discutir, pero la señora Riley me dio una expresión cansada, así que asentí con la cabeza. —Bueno, ¿podría dárselo a ella, señor R, por si acaso le puede ayudar? No lo necesito ahora. —Le di mi iPod, y él me dio una sonrisa forzada.


estar bien, hay una gran parte de ella que falta. Sé que te gusta, pero estar en una relación con ella... No creo que sea inteligente. Ella está rota. Hubiera estado mintiendo si dijera que no me desconcertaban sus palabras. Hablaba de su hija como si fuera una aberración. Sí, Maggie tuvo unos malos días, pero ¿quién no? Mirando a la vuelta de la esquina, vi a Maggie asomándose fuera de la habitación de sus padres, escuchando. Le di una sonrisa, y ella me frunció el ceño. Antes de ese momento no había sabido que un ceño fruncido podría ser más hermoso que una sonrisa. — No todas las cosas rotas necesitan ser arregladas. A veces sólo necesitan ser amadas. Sería una vergüenza que sólo las personas que fueran completas fueran merecedoras de amor. —Brooks. —Suspiró, como si mis palabras fueran inútiles—. Eres joven y tienes toda tu vida por delante. No puedo dejar de pensar que te mantendrás atrás intentando que Maggie se sienta incluida. Te vas a Los Ángeles la próxima semana para tu carrera musical, donde vas a tener todas estas nuevas experiencias… —Maggie y yo tenemos nuevas experiencias todos los días. —Sí, pero tendrás nuevas oportunidades, mayores oportunidades. —Y ella también. La señora Riley Brooks. Maggie no se esperanza, pero ahora cosas con ella antes de

suspiró, frotándose la nuca. —No lo entiendes, irá de esta casa. Nunca. Sé que tratas de tener es el momento de ser lógico. Deberías romper las hagas más daño.

—Se irá. Sé que lo hará. Ya lo hemos hablado. Ella también tiene sueños, igual que tú y yo. Tiene sueños. —Mira. Brooks... entiendo que es tu amiga, y que te gusta compartir tu música con ella, pero eso no va a ayudarla. Una relación necesita más que la música para existir. Necesita carne, no sólo huesos. Maggie no puede darte lo que necesitas para una relación real. —Con todo respeto, sé lo que no necesitas. Eres joven y enamorado, lo entiendo, pero Maggie no es la mejor opción para ti. Tenía el pecho apretado y sabía que si me quedaba un segundo más, diría algo de lo que me arrepentiría. Miré hacia arriba donde Maggie se hallaba de pie, pero se había ido, así que abrí la puerta principal y salí a al porche, dando la espalda a la señora Riley. »Lo siento, Brooks, pero esto es lo mejor. Volteándome para mirarla una vez más, dije—: Con el debido respeto, señora Riley, creo que se equivoca respecto a ella. Maggie es inteligente. Es

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—No sabe lo que necesito.


tan inteligente, amable y expresiva, incluso sin palabras. Dice mucho cuando no puedes oírla. Sí, su mente está ocupada, pero es más profunda que cualquier océano. Ve las cosas de diferente manera que la mayoría, pero, ¿por qué es algo malo? Y también se equivoca con la música. Si piensa por un segundo que la música no puede sanar a la gente, entonces no está escuchando lo suficiente. Comencé mi camino, mi corazón acelerado. —Ella intentó suicidarse —me gritó la señora Riley, haciendo que me detuviera. Me volví, la negación corriendo por mi mente. —No. —Sí, lo hizo. Sé que probablemente parezco el gran lobo malo, pero no está bien. Tenías razón, su mente es más profunda que cualquier océano, pero un día las mareas se elevarán tan alto, no tendrá más remedio que ahogarse.

Ella intentó suicidarse. No podía respirar. Intentó suicidarse. Ella no lo haría. No podía jodidamente respirar.

—Es difícil, ¿no? —me preguntó la señora Boone desde su porche mientras hacía otra vuelta alrededor del barrio, tratando de limpiar mi cabeza. Me detuve delante de su casa mientras Muffins rodaba de un lado a otro en la hierba—. Cuando ella tiene sus crisis. —¿Cómo lo supo? Sonrió y se deslizó de un lado a otro en su mecedora de mimbre. — Conozco a Maggie, y conozco el rostro de la gente cuando se desmorona. Lo he visto en los rostros de sus padres más de lo que me gustaría admitir. Ahora ven aquí. Toma un descanso. Entra y te haré un poco de té.

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Caminé por el barrio, vuelta tras vuelta tras vuelta. Seguí pensando que tal vez hice algo mal. Tal vez la forma en que la sostuve o la toqué había provocado un recuerdo. Tal vez dije algo mal.


Arqueé una ceja. ¿Adentro? Nunca había visto a la señora Boone invitar a alguien a su casa. La mitad de mí pensó que si entraba a su casa podría matarme, pero la otra mitad era demasiado curiosa sobre cómo sería dentro de su casa. Su puerta de la pantalla chirrió al abrirla. La sostuvo para que entrara, siguiéndome de cerca. »Puedes esperar aquí en la sala de estar. Voy a calentar un poco de agua —dijo, caminando hacia su cocina. Caminé alrededor de la sala de estar, mirando su casa. Su casa era un museo; cada pieza de obra de arte parecía que era de los años mil ochocientos, y cada estatua se hallaba detrás de una cubierta de vidrio. Todo se veía pulido y limpio, y parecía estar en su justo lugar. —¿Está segura de que no necesita ayuda? —pregunté. —He estado haciendo té durante años y nunca necesité ayuda. Pasé la mano por el mantel de la chimenea, los dedos recogiendo polvo, y fruncí el ceño. Me limpié mi mano contra mis vaqueros. Su chimenea era el único lugar en la habitación con polvo. Era casi como si recolectara cada centímetro de suciedad y la dejara caer sobre la repisa de la chimenea. Extraño. Levanté uno de los marcos cubiertos de polvo y miré a la señora Boone con un hombre que suponía que era su marido. Ella se encontraba sentada en su regazo, sonriéndole mientras él le sonreía. Nunca había visto a la señora Boone sonreír como sonreía en la fotografía. Recogí otra foto, una donde la pareja se hallaba de pie en un muelle con una niña delante de ellos, ella reía en la foto. La transición de la chica creciendo en las fotos era difícil de ver. Pasó de una niña sonriente a alguien que fruncía el ceño, a alguien que no mostraba ninguna emoción en absoluto. Sus ojos parecían tan vacíos. Tenía que haber más de treinta retratos en la chimenea, cada retrato mostraba diversos momentos del pasado de la señora Boone. Miró a la habitación antes de regresar a la cocina. — Jessica. Mi hija. —No sabía que tuviera una hija. —¿Has preguntado alguna vez? —No. —Por eso no lo sabías. Los niños tontos nunca hacen preguntas. Todo lo que hacen es hablar, hablar, hablar y nadie nunca lo escucha. —Regresó a la sala de estar, moviendo los dedos antes de sentarse en su sofá—. El agua se está calentando.

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—¿Quién es la chica en las fotos? —pregunté.


Recogí un disco cubierto de polvo y soplé algo de la mugre. — ¿“Sentándose en el muelle de la bahía”, por Otis Redding? —pregunté. Asintió. —Mi marido y yo teníamos una cabaña al norte en el lago. Todavía la tengo... Debo venderla, pero no puedo hacerlo. Es el último lugar en el que mi familia estuvo más feliz —dijo, recordando—. Cada noche, Stanley y yo nos sentábamos al final del muelle mirando la puesta de sol mientras el disco se reproducía y Jessica corría por la hierba tratando de atrapar libélulas. Me senté en la silla frente a ella y le sonreí. Ella no sonrió, pero no me importó. La señora Boone era conocida por no sonreír. —Así que... —Aclaré mi garganta, sintiéndome incómodo en el silencio—. ¿Su hija viene a visitarla? Sus cejas bajaron y sus manos se movieron contra sus piernas. —Es mi culpa, ¿sabes? —dijo ella, su voz sombría. —¿Qué es su culpa? —La noche del accidente... Lo que le pasó a Maggie fue mi culpa. Me senté más recto en mi silla. —¿Cómo es eso?

Las lágrimas empezaron a caer de sus ojos, y pude sentir su dolor. Comprendí su culpa, porque lo sentí también todos esos años atrás. —Pensé lo mismo, señora Boone. Se suponía que debía encontrarme con ella esa noche en el bosque, y llegué tarde. Si no me hubiera tomado todo ese tiempo escogiendo una corbata, podría haber estado allí para proteger a Maggie. Podría haberla salvado. Levantó la vista y se limpió las lágrimas sacudiendo la cabeza. —No fue culpa tuya. —Lo dijo tan rápido, obviamente con miedo de que esté poniendo esa clase de culpa en mí mismo. Era triste, lo rápida que era para tomar la culpa, y lo rápida que era para asegurarse de que yo no lo hiciera. Me encogí de hombros. —Tampoco fue su culpa. Se levantó y caminó hacia su mantel, mirando las fotografías. —Era como Maggie cuando era una niña, mi hija. Platicadora, un poco demasiado platicadora. Libre, salvaje. Tampoco le tenía miedo a nadie. Ella veía lo mejor

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Sus ojos se pusieron sombríos. —Se detuvo en mi patio esa noche. Me preguntó si podía recoger flores de mi jardín para su boda. Le grité y le dije que se fuera, diciéndole que no volviera. —La señora Boone estudió sus temblorosas manos, todavía golpeando sus dedos contra sus piernas—. Si no hubiera sido tan mala, tan dura, podría haber pasado más tiempo en mi jardín. No se habría ido al bosque. Podría estar a salvo de cualquier cosa que le quitara parte de su mente esa noche.


de la gente más dañada. Su sonrisa... —La señora Boone se rio, recogiendo uno de los marcos que mostraba a Jessica sonriendo ampliamente—. Su sonrisa sanaba. Podía entrar en una habitación, contar la peor de las bromas, y hacer que la persona más malhumorada de la habitación se riera tan fuerte que su estómago bailaba. —¿Qué fue lo que le ocurrió? Colocó la foto y tomó otra, donde la sonrisa de Jessica había desaparecido. —Mi hermano vino a visitarme. Pasaba por un divorcio y necesitaba escapar, así que vino y se quedó con nosotros. Una noche, teníamos una comida al aire libre, y Henry estaba bebiendo demasiado, cada vez más enojado y enojado. Empezó una discusión con mi marido, Stanley, y se encontraban a pocos segundos de pelear. Luego vino la dulce y tonta Jessica con sus malos chistes, haciendo reír a todos, incluso al borracho de Henry. Más tarde esa noche, Stanley fue a ver a Jessica. Encontró a Henry en su habitación con una botella vacía de alcohol en la mano. Henry se desmayó, desnudo y borracho encima de mi hija, ella se quedó congelada en su miedo. —Oh, Dios mío. Lo siento —dije las palabras, y cuando salieron de mi boca, supe que no eran suficientes. Ningunas palabras podrían expresar el sentimiento en mi estómago. Había vivido en la misma calle que la señora Boone toda mi vida y nunca supe de las tormentas que atravesó. —Jessica no habló después de eso. Dejé mi trabajo de enseñanza y me quedé con Jessica para enseñarle, pero su luz fue robada. No era la misma después de lo que hizo Henry. Dejó de hablar y nunca volvió a sonreír. Sin embargo, no la culpaba. ¿Cómo podrías hablar cuando una persona en la que tenías confianza robó tu voz? Jessica siempre caminaba como si hubiera voces en su cabeza, demonios tratando de hacer que se rompiera. Cuando cumplió veinte años, finalmente lo hizo. Dejó una nota diciendo que nos amaba a Stanley ya mí, y que no era nuestra culpa. Cerré los ojos, recordando las palabras de la señora Riley. Se volvió y frunció el ceño cuando vio mi mirada de desesperación. — Oh, querido. Se suponía que debía tratar de que alejaras la cabeza de tus propios problemas, y te hice sentir peor. —No, no. Estoy tan increíblemente apenado. No sé ni qué decirle sobre esto. —No te preocupes. —Su tetera comenzó a silbar en la cocina, y gritó— : Stanley, ¿puedes conseguir eso? Entrecerré los ojos a la señora Boone y ella hizo una pausa. Momentos más tarde, se dio cuenta de su error y se apresuró a entrar en la cocina,

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Ella intentó suicidarse.


luego volvió con el té. Nos sentamos allí y tomamos el desagradable té en silencio. Cuando llegó el momento de partir, me puse de pie y le agradecí a la señora Boone por invitarme a entrar, no sólo en su casa, sino en su historia. Mientras abría la puerta principal, le hice una última pregunta. —¿Es por eso que se ofreció a visitar a Maggie? ¿Porque le recordó a su hija? —Sí y no. Maggie tiene mucho en común con mi Jessica, pero hay grandes diferencias. —¿Cuáles? —Jessica renunció a la vida. Maggie de vez en cuando tiene estos destellos de esperanza. Lo veo más y más a menudo con ella. Ella va a estar bien. Sé que lo estará. Tengo que creer que va a estar bien. ¿Sabes la más grande diferencia entre las dos? —¿Cuál? —Jessica no tenía a nadie. Ella nos alejó a todos. ¿Pero Maggie? Tiene amigos. Maggie te tiene a ti. —Gracias, señora Boone. —De nada. Ahora deja de culparte, ¿de acuerdo? Sonreí. —Igualmente.

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Asintió. —Sí, sí, lo sé. En el fondo, sé que no fue mi culpa, pero a veces, cuando estás sentada a solas, tus pensamientos vagan a lugares que no deberían. A veces somos nuestros peores enemigos. Uno debe aprender a discernir con sus propios pensamientos. Debemos ser capaces de descifrar la verdad versus las mentiras de nuestras mentes. De lo contrario, nos esclavizamos a los grilletes de una lucha que ponemos en nuestros propios tobillos.


Traducido por Cjuli2516zc

N

o había hablado con él en cinco días, y se sintieron como los cinco días más largos de mi vida.

—¿Qué estás leyendo ahora? —me preguntó la señora Boone, sentada frente a mí en la mesa del comedor. Cuando le pedí a papá que le comunicara a la señora Boone que no me sentía bien, ella me llamó una niña ridícula que necesitaba un poco de té. También me culpó de mi enfermedad falsa por siempre dejar mi cabello mojado después de una ducha. Llevé mi libro a mi pecho y me encogí de hombros, luego lo volteé para que ella viera el título. »Umm. “Before I Fall” de Lauren Oliver. ¿De qué se trata? Estreché mis ojos hacia ella. Siempre hacía eso. Siempre me hacía preguntas que sabía que no podía responder. Viendo como nunca me permitió escribir en papel, se sentía como nada menos que presión, y presión era lo último que necesitaba. Coloqué el libro sobre la mesa y sorbí mi asqueroso té, haciendo muecas. »Así que hoy es un día en el que odias el té de nuevo, ¿eh? —dijo. »¿Dónde está tu novio? Me encogí de hombros una vez más. Puso los ojos en blanco. »Una encogida de hombros más y tus hombros se quedaran atrapados en el aire. Tan infantil. Él está preocupado por ti, sabes. Alejarlo no va a ayudar a nadie. Es bastante grosero en realidad. Es un buen chico. ¿Un buen chico? Nunca en mi vida oí a la señora Boone decir algo amable sobre nadie. »Brooks, puedes venir ahora —llamó la señora Boone hacia la cocina.

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Me encogí de hombros de nuevo.


Brooks salió de detrás de la puerta de la cocina, levantó la mano y saludó tímidamente. ¿Qué está haciendo él aquí? »Lo invité —dijo la señora Boone, leyendo nuevamente mis pensamientos—. Siéntate, Brooks. Hizo lo que le dijeron. »Ahora, este es el punto donde hablo y ustedes escuchan. Ambos son idiotas. —Eso sonaba más a la señora Boone que me encantaba odiar—. Ustedes dos se quieren, ¿verdad? Así que permite que eso sea suficiente. Deja de sobrepensar todo, todo el tiempo. Solo se feliz. Maggie, deja de actuar como si no fueras digna de la felicidad. Si sólo se supusiera que las personas con pasados perfectos fueran felices, entonces ningún amor existiría jamás. Ahora, bésense y reconcíliense, idiotas. —¿Qué está pasando aquí? —preguntó mamá, entrando al comedor. Parecía cansada, como si no hubiera dormido en días, con el cabello salvaje e indómito. Sus ojos se dispararon a Brooks, y una mancha de decepción y conmoción voló a través de su cara—. No se supone que estés aquí. La señora Boone se enderezó. —Ahora, Katie, antes de que grites a los niños, quiero que sepas que esto fue cosa mía. —¿Tú? ¿Le dijiste que viniera aquí? —Sí. Los chicos se sentían tristes, así que pensé... —Necesito que te vayas —dijo mamá. —Oh, vamos, eso es ridículo. Deja que el niño... —No, me refiero a usted, Sra. Boone. Necesito que se vaya. Ha cruzado la línea hoy, y no es bienvenida de vuelta a mi casa.

»Brooks, también te vas. Tú y yo ya hablamos, y creo que hice mi mensaje bastante claro. Maggie, ve a tu habitación. ¡No! ¡No! Brooks bajó la cabeza y se fue. La señora Boone se levantó y sacudió la cabeza. —Esto no está bien, Katie. Esos chicos... se están ayudando mutuamente. —Sin ofender, Sra. Boone, pero Maggie no es su hija, y preferiría que dejara de tratarla como si fuera su responsabilidad. Ella no es Jessica y no

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Me disparé de mi silla, aturdida por mi madre, que parecía más bien una extraña cada día que pasaba. ¡No! Golpeé mis manos contra la mesa. Golpeé una y otra vez hasta que mis manos comenzaron a ponerse rojas, y luego seguí golpeando.


tiene que hacer estas elecciones por ella. Me niego a dejar que mi hija termine como... —¿Cómo qué? —vociferó de regreso la señora Boone, evidentemente profundamente ofendida. Agarró su bolso y lo apretó fuertemente en su agarre—. ¿Cómo mi hija? Un atisbo de culpabilidad apareció en los ojos de mamá antes de que parpadeara. —A partir de este momento, no habrá más té de la tarde. Le agradezco que pase tiempo con Maggie, Sra. Boone, de veras, pero eso será todo. Cuando la señora Boone caminó hacia la puerta principal, mamá la siguió, y yo me quedé justo sobre sus talones. —Entiendo lo que estás tratando de hacer, Katie. Realmente lo hago. Traté de hacerlo con mi hija, también. Crees que la ayudas manteniéndola alejada del mundo, del lugar que la hirió, pero no lo haces. La asfixias. Estás ahogando la pequeña voz que tiene, su libertad de elección. Su elección de amar, de abrirse. Lo estás robando de ella. Mamá bajó la cabeza. —Adiós, Sra. Boone. Envió a mi novio y a mi mejor amiga lejos de mí, y yo no podía entender lo que hice para merecerlo. Empecé a golpear contra la pared más cercana para llamar la atención de mamá. Mírame. ¡Nótame! Se dio la vuelta, indiferente por mis sonidos. »Ve a tu habitación, Maggie. No. Golpeé más y más, y ella se lanzó contra mí, envolviendo sus brazos alrededor de mí. ¡No!

¿Arreglarme? ¿Y si no estuviera rota? ¿Y si esto fuera sólo yo? ¿Dónde estaba papá? Necesitaba que regresara a casa. Necesitaba que tratara de darle sentido a la mente de mamá. Necesitaba que arreglara esto. Seguí luchando en su agarre mientras me arrastraba por las escaleras. »Esto es por tu propio bien, Maggie. Lo siento, pero esto es por tu propio bien. Me resistí, pero ella no me dejó ir. No me dejó libre. Parpadeé y lo vi. El diablo.

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»Detente —ordenó—. Piensa en la clase de vida que le darías a Brooks. ¿Realmente quieres que renuncie a sus sueños para quedarse aquí contigo? ¿Cómo crees que podrías estar en una relación con él cuando está viajando por el mundo, haciendo una vida para sí mismo? ¿Por qué le harías eso? Esto no es bueno para ti, o para él. Él merece más que citas en esta casa. Tú mereces estar sola para que puedas arreglarte.


Se disculpó por lastimarme, se disculpó por empujar unos cuantos dedos en el lado de mi cuello, haciéndome cada vez más difícil encontrar mi próxima respiración. —¡Mamá! ¡Déjala ir! —dijo Calvin, saliendo de su habitación. Trató de apartar a mamá de mí, pero ella lo empujó. —No te metas en esto, Calvin. Tu hermana está bien. No, no lo estoy. Estás hiriéndome. Cheryl salió y vi el miedo en sus ojos. Estaba segura de que ella lo veía también en mi mirada. Ayúdame. —Mamá —comenzó ella, pero mamá la calló rápidamente. Me arrastró a mi habitación y me empujó dentro. Con prisa, cerró la puerta y la mantuvo cerrada desde el exterior. —Ya verás, Maggie. Estoy haciendo esto por ti. Te estoy protegiendo. ¿Qué estaba mal con ella? ¿Por qué actuaba tan loca? Golpeé la puerta, haciendo mi mejor esfuerzo por abrirla, pero no se movió. Empujé mi cuerpo contra ella, una y otra vez. ¡Déjame salir! ¡Déjame salir! Mis manos se envolvieron alrededor de mi cuello, y pude sentirlo allí conmigo. Me ahogaba; me iba a matar. ¡Déjame salir, déjame salir! No podía respirar. No podía respirar... No sabía qué otra opción tenía. No sabía qué más podía hacer, así que hice lo único que me vino a la mente. Me caí al suelo. Me acosté boca abajo en la alfombra. Abrí la boca.

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Y grité.


Traducido por Lipi Sergeyev

P

arpadeé La puerta se abrió y papá acusó hacia mí. Me hallaba metida en un rincón de mi habitación, con mis manos cerradas contra los lóbulos de mis orejas.

Parpadeé Mamá lo siguió, y él voló, gritó hacia ella, diciéndole que se fuera. Parpadeo. Mamá lloró y trató de acercarse a mí, pero Calvin y Cheryl la retuvieron. Parpadeo. Papá se inclinó, mirándome fijamente a los ojos, comprobando si estaba bien. —¿Maggie? —susurró. Se ahogó en el aire—. Maggie. Parpadeo. Me peinó mi cabello, me levantó. —Déjame acercarme a ella —suplicó mamá. Papá me acostó en mi cama y luego sacó a mamá de la habitación. Podía sentirlo. Se sentía tan real. Me asfixiaba de nuevo. Tomaba mi aire. Regresó. Era real. Era real… Parpadeo. Papá salió de la habitación para ir a gritar a mamá. Lo único que hicieron fue gritar. Calvin y Cheryl entraron en mi habitación. Parpadeo. Los dos subieron a la cama conmigo y me rodearon con sus brazos. Me abrazaron con fuerza mientras me estremecía en sus manos.

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Parpadeo.


Parpadeo. Cheryl seguía diciéndome que estaba bien, y Calvin siguió estando de acuerdo mientras lloraba en mis sábanas, temblando, sintiéndome rota, confundida. Asustada. Tan asustada. Shh… Shh… ¿Por qué mamá hizo eso? ¿Por qué me arrastró? ¿Por qué el diablo hizo eso? ¿Por qué mató a esa mujer? ¿Por qué trató de matarme? Parpadeo. Cerré los ojos. No quería sentir. No quería estarlo. No quería volver a parpadear. Mantuve los ojos cerrados. No quería ver, pero todavía veía. Lo vi. Lo sentí. Lo probé. También vi a mamá. La vi. La sentí. La amaba. La odiaba. ¿Por qué me lastimo? ¿Por qué envió lejos las cosas que amaba? Todo se oscureció. Todo se convirtió en sombras.

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Todo se volvió negro.


Traducido por EstherMaslow

—¿E

stás bien hoy, Magnet? —preguntó Brooks, de pie en mi puerta. No se le permitió entrar en nuestra casa la semana pasada, y como mamá no se hallaba en casa, supuse que papá lo dejó entrar. Mamá se fue a quedar con su hermana unos días, una petición que hizo papá. Me alegré de que hubiera desaparecido por un tiempo. Viendo a Brooks de pie allí, apoyado contra el marco de mi puerta, rompió mi corazón. ¿Cómo era posible? ¿Cómo puedes extrañar a alguien que se encontraba a sólo unos pasos de ti? No me pidió entrar en mi habitación como de costumbre; se quedó allí con las manos metidas en los bolsillos. »Volamos por la mañana. Volamos para reunirnos con el productor, para hablar de nuestro futuro. —Sonrió, pero se sentía más como un ceño fruncido. Eso me puso más triste de lo que pensé que podría estar. La música era su sueño, y su sueño empezaba hacerse realidad, pero aún así, parecía tan triste. Se rio y miró al suelo, resoplando. »¿Qué ocurre, Maggie May? ¿En tu cabeza? No lo sé. Entró en mi habitación. »¿Me amas? Sí. »¿Pero no quieres estar conmigo? Dudé al escribir, porque sabía que mis palabras lo confundirían. No podría estar con Brooks, especialmente ahora. Tuvo finalmente su sueño volviéndose realidad, y lo último que necesitaba era interrumpirlo con mis

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Estoy muy orgullosa de ti.


problemas. ¿Cómo podríamos salir con mis padres rompiéndose en pedazos? ¿Cómo podríamos estar enamorados, con él a medio camino por todo el país? Aunque lo odiaba, mamá tenía razón. Brooks se merecía más que yo. Merecía ser amado en voz alta, y mi amor era un susurro en el viento que obviamente sólo él podía oír. Se aclaró la garganta, mi falta de respuesta parecían todas las palabras que él tenía miedo de oír. »¿Me amas? —preguntó de nuevo. Lo hago. Se apartó de mí un segundo y se secó los ojos. Cuando se volvió, me sonrió y se acercó a mí. »¿Puedo tomarte las manos? Las puse frente a mí y cuando él envolvió sus dedos con los míos, lo sentí: la sensación de hogar corriendo a través de mí. Un edificio con paredes no era un hogar. El hogar era el lugar donde vivían los más cálidos tipos de amor entre dos personas. Brooks era mi hogar. Me tomó todo para no llorar. »¿Conoces ese momento en que descubres una nueva canción? Piensas, no es gran cosa, has oído muchas canciones nuevas, y esta va a ser como todo el resto, pero cuando la introducción te golpea los oídos y entra en ti, lo sientes en tus huesos. Entonces, cuando llega el estribillo, tú lo sabes. Sólo lo sabes. Sabes que esa canción te va a cambiar para siempre. Nunca podrás recordar tu vida sin esos ritmos, esas letras, esos acordes. Cuando la canción termina, corres para reproducirla otra vez, y cada vez que la oyes, es mejor de lo que la recordaste. ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo podrían las mismas palabras significar más y más cada vez? Lo reproduces una y otra vez hasta que está arraigada en ti, hasta que corre a través de tu cuerpo, convirtiéndose en el flujo que hace que tu corazón lata. Mis manos temblaban en las de él, y las suyas temblaban en las mías. Nos acercamos más y apoyó su frente contra la mía. No podía luchar contra las lágrimas, y él no podía luchar contra las suyas, mientras nuestras caras descansaban una contra otra. »Estoy tan desgarrado ahora, Maggie. Una parte de mí quiere ir a Los Ángeles y perseguir el sueño, pero otra parte de mí sabe que eres el sueño. Tú eres eso. Entonces dime lo que quieres. Dime que me quieres. Me quedaré. Te lo juro, me quedaré. Me alejé de él, dejando caer sus manos. Su sueño se encontraba en Los Ángeles. Mamá tenía razón.

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»Maggie May, eres mi canción favorita.


Yo no era un tipo de vida para él. No era su sueño. Era su pesadilla cuando está despierto. »Dime que me quede, y me quedo —suplicó—. Dime que vaya, y me iré, pero no me mantengas aquí en el limbo, Maggie May. No dejes que me vaya, sin saberlo. No me hagas nadar en aguas desconocidas, porque estoy seguro de que lo desconocido es donde me ahogaré. Ve. Leyó las palabras en mi tablero, y vi el cambio en sus ojos. Parecía sorprendido por mi respuesta. Herido. Roto. La mirada de desesperación en sus ojos me aturdió. Me acerqué a él y empecé a intentar empujarlo en un abrazo. »Para, Maggie. Está bien. No. No lo estaba. Sufría por mi culpa. Se rompía, porque yo lo había roto. Por favor. Necesito que entiendas. Por favor. Levanté la mano. Cinco minutos. Eso es todo lo que necesitaba. Cinco minutos más. Suspiró y asintió con la cabeza. »Bueno. Cinco minutos. Lo empujé en un abrazo y lo obligué a sostenerme. Él ahogó una tos. »No es justo. No es justo. Éramos felices.

»Maggie May —susurró Brooks, su voz se quebró—. ¿Cómo hiciste eso? ¿Cómo rompiste mi corazón y lo arreglaste al mismo tiempo con un solo beso? Lo sentí también. Cada vez que nuestros labios se encontraban, los besos dolían y sanaban. Éramos tormentas y la luz del sol a la vez. ¿Cómo nos hicimos eso el uno al otro? ¿Por qué lo hicimos? ¿Y cómo se suponía que debíamos decirnos adiós? Tocó el ancla del collar que no se me quité en años antes de que me dejara ir y retrocediera. »No puedo quedarme aquí... tengo que irme. —En cuestión de segundos salió de mi habitación y salió de mi vida.

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Lo sostuve más fuerte y lo miré. Nuestros labios se rozaron y nos besamos. Nos besamos suavemente primero, y luego más fuerte. Nos besamos con nuestras esperanzas y nuestras disculpas a la vez. Me sorprendió cómo en el pasado, cinco minutos se sintieron como para siempre, pero en ese momento, cinco minutos fueron un borrón.


Después de que se fuera, Cheryl vino y se sentó a mi lado en mi cama. —¿Por qué lo hiciste, Maggie? ¿Por qué lo dejaste ir? Me apoyé contra mi hermana y apoyé mi cabeza en su hombro, sin saber cómo responder. Se sentía mal en mi pecho, dejarlo alejarse, pero tenía que ir tras sus sueños sin mí. Cuando amas a alguien, los dejas volar, aunque no estés en el mismo vuelo. »No es justo —dijo—. Porque la forma en que te mira, y la forma en que lo miras, ese es mi sueño. Eso es lo que quiero un día. Separé mis labios para hablar, pero no salió nada. Le di una sonrisa descuidada a Cheryl, y ella me frunció el ceño. »Me di cuenta de qué tipo de activista quiero ser —me dijo mi hermana, tomando mi mano en la de ella—. Quiero luchar por ti, por gente como tú. Quiero luchar por aquellos que no tienen voz, pero están gritando por ser escuchados.

A Calvin y a los chicos se les pidió que permanecieran en Los Ángeles por unos días más. Se les ofreció un acuerdo de grabación con Rave Records, y casi podía sentir su emoción desde la costa oeste.

Las lágrimas rodaron por mis mejillas. Nunca había querido nada más de lo que quería que esto les pasara a ellos. Esos chicos se lo merecían. Merecían todo lo que les venía. »Te quiero, Maggie —susurró antes de colgar. Fue la última vez que supe de él. Calvin llamó para decirle a la familia que el productor quería que entraran en el estudio para grabar algunos demos mientras trabajaban en los contratos, y antes de que lo supiera, los días se convirtieron en semanas y las semanas se convirtieron en meses. Sus vidas comenzaron a moverse en la vía rápida, y yo seguía congelada. Cuando llegó el mes de septiembre, la banda fue invitada a ser el acto de apertura de The Present Yesterdays en su gira mundial.

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Brooks me llamó para compartir las noticias. —Sé que no se supone que debamos hablar... pero... lo hicimos, Magnet. —Su voz era tan baja—. Lo hicimos. Tenemos un trato. Dentro de unas semanas, será oficial, y estaremos firmando con Rave. Hiciste esto por nosotros. Hiciste que esto sucediera.


Parecía que en un abrir y cerrar de ojos, sus vidas cambiaron completamente. Hice todo lo posible para dejar de extrañarlo. Leí mis libros, tomé mis baños, y escuché el iPod que me dejó. También tocaba su guitarra. Resultó que extrañar a alguien nunca se hacía más fácil, sólo se hacía más tranquilo. Aprendes a vivir con el dolor del anhelo dentro de ti. Lloras los momentos que compartiste y algunas veces, te permites sentirte herida. Hubo tantas veces en las que abrí mi teléfono y me fijé en su número, tantas veces que casi lo llamé para saber cómo estaba. Me dije que sólo lo llamaría una vez, sólo para oír su voz, pero nunca tuve el valor para hacerlo. Yo sabía en el fondo, si llamaba una vez, no podría segur sin llamarlo cada día para escuchar su voz de nuevo. La mayoría de los días apenas salía de mi habitación, temerosa de encontrar a mamá. Ella y papá se estaban convirtiendo en completos extraños delante de mis ojos. Cada vez que se hallaban en la misma habitación, uno de ellos se iba. Antes, cuando papá solía irse a trabajar, le besaba la frente, pero esos besos no eran más que un recuerdo. Las estaciones llegaron, las estaciones cambiaron, y cada vez que la banda regresaba a la ciudad, Brooks no se encontraba en ninguna parte. Pensé que quizá había encontrado su próxima aventura en el camino. Tal vez nuestro amor se encontraba destinado a sólo ser un momento en el tiempo. —¡Está encendida! —gritó mamá una noche, corriendo por toda la casa. Todo el mundo vino de sus habitaciones y, por primera vez en meses, mi familia parecía una unidad mientras estábamos alrededor de la radio en el comedor, escuchando la primera canción de The Crooks en la radio. Mi pecho se apretó y agarré el collar de ancla que nunca salió de mi cuello mientras escuchaba las palabras que conocía. Nuestra canción…

Se siente tan débil, flotando sin rumbo, golpeando contra las paredes Rezando por un momento donde no empiece a ahogarse Su corazón ha estado pidiendo una respuesta a los dolores silenciosos que su alma mantiene atados Seré tu ancla Te voy a sostener durante toda la noche Seré tu firmeza Durante las oscuras y solitarias mareas

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Ella se acuesta contra mi pecho cuando sus gotas de lluvia comienzan a caer


Te sostendré cerca, seré tu luz, te prometo que estarás bien Seré tu ancla Y atravesaremos esta pelea Escuchar esas palabras se sintió como el beso que estuve ansiando. Las palabras parecían haber prometido volver a mí. Todos en el comedor comenzaron a animar y a abrazarse, algo que no habíamos hecho en tanto tiempo. Cuando las manos de mamá rodearon el cuerpo de papá, él la abrazó. Juré que lo vi también, el lugar donde solía existir su amor. Se fue en un instante cuando se separaron, pero aún así, lo vi, lo que significaba que en algún lugar dentro de ellos, el amor todavía estaba. No fue hasta la noche que recibí un paquete en el correo que me permití llorar por Brooks. Un libro. “Agua para elefantes” por Sara Gruen. En el interior del libro había una nota adhesiva amarilla que marcaba las mejores partes del libro, cubierto con su letra. En la parte de atrás de la novela había una nota, una nota que leía cada día, una y otra vez durante los años venideros. La nota era la prueba de que nunca más amaría a otro chico.

Una nota para la chica que me alejó por Brooks Tyler Griffin Maggie May, Han pasado dos años desde que vi por última vez tu cara. Veinticuatro meses de extrañarte, de soñar contigo y de quererte a mi lado. Todo me recuerda a ti, y cada vez que vuelvo a la ciudad, me quedo en la casa de mi hermano, incapaz de enfrentarte. Si te volviera a ver, no podría irme. Sé que no lo haría. Mi vida se está moviendo rápido. Algunos días, dudo que pueda seguir. Otros días, quiero dejarlo y regresar a casa. En esos días, recuerdo cómo me alejaste. Esto es lo que querías, y tengo que honrar tu petición. Años antes de que supiera lo que significaba amarte, me acosté en tu dormitorio, sosteniendo tu mano, y te hice una promesa. Te di un collar de

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22 de Octubre de 2018


ancla y prometí que sería tu amigo, pase lo que pase. He pensado mucho, preguntándome cómo todavía podría ser un amigo mientras también respeto tu espacio. Esta es la mejor manera que se me vino a la mente. Seguiré enviándote novelas con mis pensamientos. Espero que esto te ayude a recordar que nunca estás sola. Si alguna vez te sientes sola, lee las notas de los libros. Si hay un día en que me llames, estaré allí. Te amo, Magnet, tanto como un amante y un amigo. Esas son dos cosas que nunca cambiarán, incluso cuando mi corazón necesita un descanso. Siempre tuyo, Brooks Tyler. P.D. Siempre estaré alrededor para escuchar tu silencio.

Una nota al chico que está en la televisión por Maggie May Riley 1 de Agosto de 2019 Te vi hoy en Good Morning América. Tu cabello está más largo, ¿no? Además, ¿es un tatuaje en el brazo derecho? No pude ver lo suficiente, pero podría haber jurado que era un tatuaje. ¿De qué se trata? Estoy enviando mis comentarios sobre “American Gods” por Neil Gaiman. Aunque, tengo una confesión: ya lo he leído tres veces antes de que me lo enviaras. Sin embargo, ver tu lado y tus pensamientos lo hacían sentir como una nueva lectura. No puedes equivocarte con ninguna de sus novelas. Terminé de leer “The Guernsey Literary and Potato Peel Pie Society” de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows. Estoy cruzando los dedos para que lo disfrutes. Me encantó, pero sé que no eres tanto de piezas de época como yo. Se basa en torno a la Segunda Guerra Mundial, y si bien destaca los efectos de la guerra, todavía hay una sensación tan dulce y encantadora de la historia. Y es hilarante también. ¿Te dije que Muffins murió? Le dije a papá que le dijera a la señora Boone que lamentaba su pérdida. ¿Su respuesta? “Esa maldita cosa vivió un millón de años. Ahora no tengo que gastar dinero en comida para gatos”.

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Brooks,


Lo que realmente quería decir era que la extrañaba más que las palabras. Yo también la echo de menos. Siempre, Maggie. P.D. El nuevo álbum de The Crooks está nuevamente en el número uno esta semana. No me sorprende. Lo he estado escuchando una y otra vez en las pasadas cinco semanas. Tú eres mi tipo favorito de sonido.

A la chica que vuelve a leer los libros por diversión por Brooks Tyler Griffin 5 de Enero de 2020 Magnet, La banda está en Tokio esta semana, y Rudolph accidentalmente comió orejas fritas de cerdo, pensando que eran pepinillos fritos orgánicos. Probablemente fue el mejor momento que he presenciado. Hay un desagradable resfriado, y he caído como la próxima víctima de la peste. La cantidad de medicina para el resfriado que he estado tomando es preocupante, pero aun así, el show debe continuar esta noche. Espero pasar el resfriado a Calvin pronto, sólo por diversión. El número de notas adhesivas: ciento dos. Escuché que Cheryl entró en la Universidad Estatal de Boston y está tomando un título de periodista con uno menor en estudios de mujeres. La próxima vez que hagas un Skype con ella, hazle saber lo orgulloso que estoy de ella. Brooks.

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El libro: “The Passage” de Justin Cronin.


Una nota al chico que puede irse al infierno por Maggie May Riley 14 de Junio de 2021 Brooks Tyler, ¿Es en serio? ¿“Bajo la misma estrella”? Acabo de llorar en un tarro de helado de menta y chocolate. Sorprendentemente, las lágrimas saladas agregaron sabor. Con eso, toma tu novela de John Green y te presento “A Thousand Splendid Suns” de Khaled Hosseini. Cheryl me hizo leerlo, y desde entonces no he vuelto a ser la misma. Buena suerte. Maggie.

Una nota a la chica que odio por Brooks Tyler Griffin 12 de Agosto de 2021 M, Vete a la mierda. Amé llorar por un libro frente a una fiesta de salchichas de hombres adultos. Realmente mejoró mis puntos genialidad. B. P.S, ¿Estás tomando clases en línea para convertirse en bibliotecaria? Asombroso. En tu última nota escribiste: "Espero algún día irme de casa para convertirme en bibliotecaria".

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Vete a la mierda, Maggie May Riley.


No hay esperanza necesaria. Sólo hay hechos. Serás la mejor bibliotecaria de la historia de los bibliotecarios y visitaría tu biblioteca para leer cada libro.

Una nota al chico con un Grammy por Maggie May Riley 28 de Febrero de 2024 Brooks, Estoy muy orgullosa de ti. Estoy maravilladla por tus talentos. Espero que tu gira mundial sea más allá de maravillosa. El libro: “Oh The Places You’ll Go” por Dr. Seuss. Las notas adhesivas: Dieciocho.

Una nota a la chica que respeto por Brooks Tyler Griffin 18 de Julio de 2025 Magnet, Lo siento, no he enviado nada en mucho tiempo. Las cosas han estado locas con ensayos, reuniones y entrevistas. Estoy cansado. Siempre estoy cansado últimamente. Todavía me encanta todo, pero algunos días, me gustaría poder reducir la velocidad.

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Maggie.


Siento que debo decirte algo, pero no estoy seguro de cómo, así que aquí va. Conocí a alguien. Su nombre es Sasha. Ella es una modelo, y es dulce. Es realmente muy dulce. Es una cantante horrible y una peor bailarina, pero se ríe, que es más de lo que puedo decir para la mayoría de las personas que he conocido a lo largo de este viaje. No sé por qué sentí la necesidad de decírtelo, pero pensé que debías escucharlo primero de mí, en lugar de los tabloides. Brooks. P.D. Leí de nuevo “The Kite Runner”. Fue el primer libro que me regalaste, ¿recuerdas? No recuerdo llorar la primera vez que lo leí, pero tal vez el tiempo cambia la forma en que vemos las historias. Tal vez a medida que crecemos, las experiencias de vida cambian los significados de los libros. Tal vez no soy la misma persona que era hace años cuando lo leí.

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O tal vez sólo siento nostalgia.


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Traducido por Valentina D.

C

ada noche mamá, papi y yo comíamos la cena juntos en la mesa del comedor. Mamá y papá casi nunca se miraban. Caminaban uno junto al otro como extraños.

Papá apenas hacía bromas, y cuando venía a mi habitación se quejaba más sobre la bebida de mi madre. Era difícil creer que alguna vez hubieran estado enamorados. Era difícil imaginar cómo solían bailar.

Limpiaría mi plato y correría a mi habitación, abriendo con entusiasmo mi computadora. Desde que Cheryl se graduó de la universidad, estuvo en una búsqueda por descubrir el mundo. Empezó a ser mochilera alrededor de Europa y Asia, y no se detuvo desde entonces. Había visitado todo tipo de lugares, descubierto todo tipo de culturas y sido testigo de más luchas de las que jamas hubiera imaginado en partes remotas del mundo que pasaban inadvertidas. Se hallaba en Bangkok, Tailandia, cuando hablamos por Skype esa noche. —¡Hola, hermana! —dijo, su servicio no tan claro como lo fue una semana antes, pero ver su cara en absoluto todavía me hizo feliz—. Te ves bien. Sonreí y escribí de vuelta. Ídem. »Así que, hoy fui a ver Phra Phuttha Maha Suwana Patimakon. Apuesto que pronuncié eso mal, porque cuando lo dije antes me dijo que

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Sin embargo, aún comíamos juntos cada noche, incluso si siempre era incómodo para todos. Sin embargo, los viernes eran mis noches favoritas, porque después de la cena, Cheryl siempre me llamaba para una cita de Skype.


masacré totalmente la pronunciación, pero, oh, bueno. Es ese gran Buda de oro, ¿sabes? También fue increíble. ¡Oh! —Se movió alrededor de su pequeña habitación en el hostal y sacó un libro—. ¡Y te conseguí tu primer libro de Tailandia! No sé lo que dice en sí, pero creo que es uno bueno si sabes leer tailandés. Sonreí a mi hermana tonta. La extrañaba tanto. Cheryl arqueó una ceja. »Así que, desde que me fui, ¿has empezado a hablar y maldecir como tu hermana con boca de marinero? Negué con la cabeza. »Un día quiero que extiendas los brazos y grites el mierda más fuerte que se pueda gritar. Será refrescante, creo. No lo creo. Frunció el ceño. »Sería mejor si fueras un poco más desordenada. Menos perfecta, ¿sabes? Quiero decir, sé que tienes esa cosa del mutismo y la cuestión de no salir de casa, pero esos parecen pequeños en comparación conmigo siendo una mujer soltera y corriendo sola por un mundo peligroso. Realmente haces difícil ser tu hermana. Sonreí. Lo siento. Se rio. »No lo haces. De todos modos, ¿cómo van las clases? Estuve tomando clases en línea en la Universidad de Wisconsin, Milwaukee, dónde recibí una licenciatura en inglés. Después de eso, me presenté a muchas escuelas diferentes que tenían títulos de maestría en línea, pero no me aceptaron en ninguna. Mi grandioso currículum probablemente no era el mejor, viendo cómo no hice mucho con mi vida.

Mamá dijo que era una pérdida de tiempo y dinero. Papá dijo que era un paso más cerca de mi final feliz. La escuela va bien. El semestre ya casi acaba, lo cual es bueno. »¿Te gusta coquetear con cualquiera de tus compañeros en los foros de discusión? —preguntó Cheryl, su voz aumentando. Rodé los ojos, aunque ella lucia bastante seria. Cheryl una vez trató de convencerme de enamorarme en línea. Incluso me creó perfiles en algunos sitios de citas. »Sólo estoy diciendo, Maggie. Eres educada. Eres hermosa. Y… Y vivo con mis padres.

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Fue hace un año cuando me sentía lista para rendirme, pero papá me convenció para aplicar en la Universidad de Wisconsin, Milwaukee, para mi Maestría en Biblioteconomía y Documentación. Cuando fui aceptada en su programa en línea, lloré.


»Sí, pero no en el sótano. Vives arriba. Eso es diferente. También está el problema conmigo siendo muda y nunca dejando la casa. »¿Estás bromeando? Los hombres adoran cuando las mujeres se callan. Además, si nunca sales de casa, significa que eres una cita súper barata. ¡A los hombres les encanta no gastar dinero! Deberías agregar esas cosas debajo de tus fuertes características en un sitio de citas. —Guiñó. Sonreí, y ella siguió empujando el tema hasta que le pregunté si había hablado con Calvin. »Hablé por Skype con él antes y me decía como se topó con una banda en YouTube llamada Romeo’s Quest. Total ambiente de vibra indie brillante. Me envió un enlace a su música y literalmente me caí de espaldas, así que te lo estoy pasando ahora porque sé que fue hecho para ti. Lo enlazaré a continuación. Y toma esto: ¡todas sus canciones son basadas en obras de Shakespeare! No sabes nada de Shakespeare. »Lo sé, Maggie, ¡pero ese no es el punto! El punto es que es diferente y crudo y… —Hizo una pausa—. Ser o no ser, ¡esa es la cuestión! ¡Ves! ¡Sé algo sobre Shakespeare! Soy una universitaria graduada, señorita. ¿De qué obra es eso? »Ohdiosmío, ¿qué es esto? ¿Veinte preguntas? ¡Quítate de mí polla invisible, hermana! De todos modos, después de nuestra llamada escucha su música. Creo que Calvin trataba de establecer algo con la banda, algún tipo de acuerdo de pago anticipado, viendo cómo fueron descubiertos en línea. Muy genial. »También hablé con Brooks —dijo Cheryl, haciéndome inclinar la cabeza. Traté de ignorar el revoloteo en mi estómago. »Sí. Se ve muy bien. Feliz, ¿sabes? Sólo cansado. Tiene esta cosa loca de vello facial, como si no se hubiera afeitado en años, o algo. Resulta que solo han pasado unos meses, pero se ve bien en él. Se ve adulto. ¿Y feliz? Asintió. »Y feliz. Bien. Bien. Quería que él fuera feliz. Merecía ser feliz. Cuando descubrí que estaba con Sasha, no pude seguir escribiéndole. Dolía demasiado saber que cuando recibió mis libros, pudo haber estado sentada junto a él. Y eso tampoco habría sido justo para ella.

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¿Él está bien?


Cerré los ojos, tratando de imaginar su nueva apariencia. La última vez que lo vi fue cuando vi los Grammy y la banda ganó el premio a Álbum del Año. También parecía feliz allí, casi como si sus sueños estuvieran completamente desbloqueados y logrados. »¿Eres feliz, Maggie? —preguntó mi hermana. Sonreí y asentí, pero no me notó golpear una vez en mi pierna debajo de la mesa. La felicidad era difícil de encontrar sola en mi habitación especialmente cuando el que amabas se hallaba afuera amando a alguien más. Mientras Cheryl y yo hablábamos, mamá empezó a gritar—: ¡No lo rompí, Eric! Trataba de arreglarlo. Dijiste que lo harías hace semanas y nunca lo hiciste. —Te dije que no te molestaras con ello. Ahora lo arruinaste más — gritó papá en respuesta. Cheryl frunció el ceño. —¿Sobre qué están peleando esta vez? El lavavajillas. No hizo más preguntas. Mamá y papá sólo tenían dos versiones de su relación: la versión silenciosa y la versión enojada. Si no estaban callados, se gritaban. Si no se gritaban, se pasaban el uno al otro como fantasmas. Cheryl y yo hablamos un poco más antes de que ella comenzara a bostezar y se dirigiera a la cama.

Escuché cada video que tenían en línea, una y otra vez. Mi canción favorita fue “Broken Nightmares” porque era triste, pero de alguna manera optimista. “Encuéntrame en la oscuridad porque es donde vivo Abre tu corazón y deja entrar las sombras.” Parpadeé unas cuantas veces, tratando de imaginar lo que la banda estuvo sintiendo cuando escribieron esas letras, esas palabras. La música era uno de los recordatorios de que nunca estaba sola en este mundo. Fue ese momento poderoso cuando oí los sonidos y las letras. Parecía como si el artista se arrastró en mi cabeza solitaria y creó la canción sólo para mí,

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Cuando terminamos la llamada, comencé a reproducir los videos de Romeo’s Quest en YouTube. Golpeteé mis dedos contra mi estómago, escuchando los instrumentales vertiéndose sobre mí. Cheryl comprendía mi cabeza y mi alma, y cuando el cantante comenzó a cantar, lo sentí, una flecha a mi corazón.


recordándome que en algún lugar allí afuera, había alguien sintiendo exactamente lo que sentía.

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Me encontraba segura de que Brooks los habría amado.


Traducido por Black Rose

—¡B

irmingham, han estado increíbles esta noche! Somos The Crooks, y les damos las gracias por permitirnos robar sus corazones esta noche —gritó Calvin al micrófono en nuestro segundo show agotado en Birmingham, Inglaterra; más de dieciséis mil entradas vendidas, más de dieciséis mil fans gritando nuestros nombres y cantando nuestras letras. Estaba seguro que nunca pasaría de moda, estar de pie frente a la gente que te permitía vivir tu sueño despierto. Nosotros cuatro habíamos estado viviendo nuestros sueños durante los últimos diez años, comenzando como un acto de apertura para nuestra banda favorita, y ahora como el evento principal. Nuestras vidas se hallaban lejos de ser normales.

Todos nos precipitamos fuera del escenario y corrí a mi camerino, sólo para tener a Michelle, mi asistente personal, de inmediato conmigo con una lista de apariciones en radio y televisión programada para la próxima semana. —Gran espectáculo esta noche, Brooks —dijo, sonriendo y haciendo malabares con su iPad, iPhone y un paquete de caramelos en sus manos— . Entonces esta noche, hay una fiesta después en Urban. —¿El mismo Urban del año pasado donde, de alguna manera, Rudolph terminó en una pelea a puños sobre el atún hecho con carne de delfín? —pregunté, caminando hacia mi lavamanos y agarrando un paño húmedo para lavarme la cara. —Ese mismo. Están lanzando la fiesta de cumpleaños de Calvin esta noche.

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—Además, le deseo un feliz cumpleaños a mi pareja en el crimen, que cumplió veintiocho hoy. ¡Feliz cumpleaños, Calvin! El mundo está un poco borracho porque tu voz existe. —La multitud aplaudió, gritando por un bis, que no se nos permitía hacer porque el tiempo era dinero, y el dinero era algo que la administración odiaba desperdiciar.


Suspiré. Odiaba los clubes, pero amaba a mi mejor amigo. — Entonces, tengo que estar allí. —Tienes que estar allí, por lo menos para las fotos, luego puedes irte cuando quieras. Por la mañana, tienes que estar en KISS 94.3 a las cinco para la entrevista de radio. Después de eso vamos a The Morning Blend a las siete, a las nueve nos vamos a The Mix 102.3 para una sesión de radio en vivo, y luego a las doce nos reunimos en el show de entrevistas de Craig Simon. De regreso al estadio a las tres para chequear el sonido, conocer y saludar de cuatro y media a seis, y luego cenar con el acto de apertura donde habrá una sesión de fotos con algunos periodistas antes del show a las ocho. ¿Alguna pregunta? —Um, sí, ¿cuándo puedo dormir? Rio y comenzó a escribir en su teléfono. —Ya conoces mi lema, Brooks... —Podemos dormir cuando estemos a seis metros bajo tierra — contesté, repitiendo sus palabras. Me senté en mi silla y levanté el paquete que preparé esa tarde antes del show—. ¿Puedes encontrar una oficina de correos para enviar esto mañana? Michelle frunció el ceño. —¿Cuándo debo encontrar tiempo para hacer eso? Sonreí. —Ya sabes mi lema: ¿por qué no encontrar una razón para visitar una oficina de correos cada día? —Ese no es tu lema, pero lo haré. —Me arrebató el libro de la mano y me entornó los ojos—. ¿Te molesta? —¿Qué me molesta? Maggie no me había enviado un libro desde el año pasado cuando le dije que estaba viendo a Sasha. ¿Me molestaba? Todos los días. ¿Extrañaba los marcadores rosados? Todos los días. ¿Alguna vez dejaría ver que me dolía? Nunca. —Nah. Ya no espero ningún tipo de respuesta. —Debiste haber hecho algo horrible para que parara. —¿Qué te hace pensar que fue culpa mía? Sonrió. —El pene en tus pantalones. —Comenzó a caminar hacia la puerta para salir—. Realmente espero que quienquiera que sea esta chica del libro tenga una enorme biblioteca tipo La Bella y La Bestia, porque la necesitará con todos los libros que le envías últimamente. Tienes veinte minutos para ducharte y lavarte antes de irnos a Urban. —Con eso, se fue. Me senté frente a mi espejo y respiré todos mis cambios. Tenía bolsas bajo mis ojos a la edad de veintiocho años, no bolsas pequeñas, bolsas muy

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—¿Que nunca te envía libros de regreso?


notorias que nuestro artista de maquillaje era tan bueno en esconder. Mis brazos estaban entintados desde mi juventud de tatuajes borrachos mientras hacía conciertos alrededor de los Estados Unidos, y mi barba constantemente creciente era más de lo que debería haber sido, pero mi manager, Dave, me decía que las barbas se encontraban de moda y por lo tanto no me permitía afeitarme. Me pregunté qué habría pensado Maggie de mi cara peluda. Me pregunté qué habría pensado Maggie sobre mí. Me pregunté si alguna vez pensaba en mi tal y como yo siempre parecía pensar en ella. —Oye, monstruo peludo —dijo una voz, alejándome de mis pensamientos. En el momento en que giré en mi silla para ver a Sasha, sentí culpa. Odiaba cuando mi mente vagaba hacia Maggie May cuando Sasha estaba cerca. No parecía ser justo con nadie. Sasha se acercó a mí y se sentó en mi regazo. —Esta noche fue increíble. Estuviste increíble —susurró, besando mi nariz. La culpa desaparecía rápidamente cada vez que Sasha se acercaba a mí. Era hermosa, no sólo en su aspecto, sino en su amabilidad. No encontrabas mucha gente tan gentil como ella en el mundo de la fama. —Gracias —respondí, besándole la barbilla—. Tenemos que hacer una aparición en Urban esta noche. Gimió, odiando los clubes tanto como yo. —¿En serio? Esperaba que pudiéramos volver al hotel, encender la bañera de hidromasaje, y pedir servicio de habitación. —Oh, no me tientes.

—Vuelo en la mañana. Tengo una sesión de fotos en Los Ángeles y luego un desfile en Nueva York. —Llegaste hace solo unos días —me quejé. Desde que la gira comenzó, Sasha y yo solo nos habíamos visto un puñado de veces, pero siempre encontrábamos unos minutos para hacer video llamadas cada noche. Había viajado a Birmingham cuatro días antes, y aunque estábamos en la misma ciudad, todavía tenía que correr todo el tiempo. No era justo para nuestra relación, pero Sasha sabía cómo era. Fui a verla durante mis vacaciones, pero había estado trabajando en su carrera tan duro como lo estuve haciendo en la mía. —Lo sé. Te extraño. Te extraño incluso cuando estás aquí.

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Sus labios se deslizaron contra los míos. Sabía a vino tinto, su bebida favorita de elección tras bastidores cada vez que podía volar para coger uno de nuestros espectáculos.


La acerqué más a mi regazo y apoyé mi cabeza en su frente. —¿Qué tal esto? ¿Qué tal si hacemos una parada rápida en Urban, durante una hora o así, luego regresamos al hotel y llevamos un servicio de habitaciones para comer en la bañera de hidromasaje? Su cuerpo se puso rígido y una sonrisa agradable se formó en sus labios. —¿No tienes un día ocupado mañana? ¿Cuándo dormirás? —Puedo dormir cuando esté seis metros bajo tierra —bromeé, burlándome de Michelle—. Pero en serio. Prefiero estar cansado porque tengo que pasar tiempo contigo que descansar completamente cualquier día. Sus manos cayeron contra mis mejillas, y se inclinó para besarme. — Estoy loca por ti, señor Griffin. Ahora vamos, ve a la ducha y prepárate para esta noche. Hicimos nuestro camino a Urban y nos quedamos una hora y treinta minutos más de lo que planeamos quedarnos, pero valió la pena. Calvin tuvo el momento de su vida, y fue el mejor sentimiento del mundo, al verlo feliz. Stacey se hallaba allí mismo en su brazo, también, el mismo lugar en el que estuvo desde octavo grado. Existía algo acerca de Sasha y de mí cuando salíamos juntos, la gente nos notaba. Éramos la vida de cada acontecimiento; reíamos, bebíamos, bailábamos. Nuestras bocas siempre se movían sin parar, charlando con la gente, y teníamos una manera de terminar las frases del otro. Ser social con Sasha Riggs era fácil. Nos juntamos tan bien que era imposible que alguien dudara que habíamos estado destinados a conocernos el uno al otro hace más de un año. La pareja del momento, nos llamaron las revistas. Los siguientes Brad y Angelina. La próxima pareja real de Estados Unidos.

Cuando Sasha y yo volvimos al hotel, estábamos muy borrachos. Siempre que se ponía ebria, tenía hipo, y era la cosa más linda del mundo. Nos besamos todo el camino hasta nuestra habitación, y cuando llegamos dentro, se quitó los tacones altos, se apresuró a la bañera de hidromasaje, y la encendió. —Coge el menú de servicio de habitación y pide todo lo que quieras más papas fritas. Un montón de papas fritas. Fui hacia el teléfono para ordenar la comida y me detuve cuando vi “The Kite Runner” esperando en la mesa de noche.

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Era mucho para estar a la altura, pero lo hacíamos con nuestro encanto. No existía nadie más que conociera que pudiera mantener el ritmo con mis palabras... con mi voz.


Mi pecho se tensó cuando empecé a leer el libro y a leer los apuntes de Maggie. »Voy a poner burbujas. No sé si se supone que debo hacerlo, pero voy a hacerlo —gritó Sasha. No respondí; simplemente seguí leyendo. »Esta noche fue realmente muy divertida, ¿no? Me encantó la multitud. Hubo mucho… Siguió hablando, pero dejé de escuchar. La culpa empezó a volverme cuando leí las notas de Maggie. No debía sentirme como lo hacía. No debía extrañarla. No debía ser atraído devuelta a ella cada vez que abría una de las viejas novelas que me envió. »¿Ordenaste? —preguntó Sasha, caminando hacia mí. Abrí el cajón de la mesita de noche y empujé el libro, cerrándolo rápidamente. —¿Um? —¿Ordenaste la comida? —Ah, sí, no, todavía no. Levantó una ceja interrogadora. —¿Qué está pasando? ¿Está todo bien? No. —Ven aquí —dije, sentándome en la cama de tamaño gigante. Se sentó en la cama, frente a mí. Tomé sus manos en las mías—. ¿Podemos intentar algo? —Me estás asustando… —Lo siento, solo quiero intentar cinco minutos. —¿Qué significa eso? —Quiero que nos miremos el uno al otro por cinco minutos. Hizo una mueca. —¿Por qué? Asintió. —Bien. —Durante el primer minuto, nos esforzamos para hacer contacto visual. Durante el segundo minuto, ella comentó lo extraño que era estar en silencio. Al tercero, dejó caer mis manos—. No entiendo, Brooks. No entiendo qué está pasando contigo. Quiero decir, tuvimos una noche tan buena, y luego regresamos al hotel, y estás siendo súper raro. —Lo sé, lo siento. Entrecerró los ojos. —¿Esto es por la chica de los libros? —¿Quien?

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—¿Por favor, Sasha? Sólo... necesito que lo intentes.


Se mordió el labio inferior. —Ya sabes, la chica de los libros. ¿Crees que no noto que tus manos siempre están o en tu guitarra o en un libro dejando notas que nunca me dejas? A veces, cuando estás leyendo, podría estar desnuda frente a ti haciendo el hula y ni siquiera te darías cuenta. — Respiró hondo—. Te amo, Brooks —dijo, con los ojos llenos de esperanza y un poco de preocupación. Mis labios se separaron, y cuando me hallaba a punto de hablar, no salió ninguna palabra. Todo en lo que pude pensar fue—: Gracias. Sasha movió su cuerpo y se levantó de la cama. —Vaya. Bueno. Me voy. —¡Sasha, espera! —¿Esperar? ¿Esperar para qué? Brooks, acabo de decirte que te amo por primera vez, y dijiste gracias. ¡Jesús! ¡Eres un idiota! —gritó—. Es muy difícil ser la tercera, pero lo hice porque pensé que tal vez en algún momento me subirías en el escalafón. —¿Tercera? —Tercera en tu vida. Tienes tu música, tu chica de los libros, y luego el resto del mundo, y no importa lo duro que el resto del mundo intente mantener tu atención, nunca estás completamente allí. Yo era un idiota. Un verdadero idiota. —Lo siento, Sasha. —Estamos bien juntos. Todo el mundo puede verlo. Estamos bien. Tenemos sentido. Asentí. No se equivocaba. Teníamos sentido para el mundo entero. Sólo deseaba que tuviera sentido para mi corazón, también. Se mordió el labio inferior. »Estamos terminando, ¿no? —Sí, creo que sí. Mis pulgares limpiaron la evidencia de su tristeza, pero sólo segundos después aparecieron más. —Intenté no hacerlo. Quería que esto funcionara. Quería que funcionáramos. Se encogió de hombros. —Me merezco algo mejor, ¿sabes? Asentí. Lo sabía. »Y, para ser claros, soy yo quien está terminando, no al revés. Te estoy botando. Porque soy un buen partido, Brooks. Merezco a alguien que sea inteligente, divertido y encantador. Alguien que no está lejos cuando estamos en la misma habitación. Alguien que me vea y me ame totalmente, completamente.

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—¿La amas? —susurró, y unas lágrimas cayeron de sus ojos.


—Lo haces. Realmente lo haces.

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Se secó las lágrimas y se levantó, agarrando su bolso antes de irse. — Pero lo que más me merezco, lo que todo el mundo merece, es alguien que me mire de la misma manera en que miras esos libros.


Traducido por Black Rose

D

urante los últimos años, había mirado por la ventana a la casa de la señora Boone, donde se sentaba a tomar el té. Mamá nunca suavizó su postura sobre la señora Boone. Cuando papá le dijo que siempre era bienvenida en la casa, la señora Boone declinó, diciendo que no quería causar más problemas. Sin embargo, bebíamos nuestro té. Siempre me miraba a mediodía y sonreía mientras yo sostenía una taza de té en mis manos. Era mi hora favorita del día, lo que más esperaba. Últimamente, estuvo desaparecida. Los primeros días, no pensé nada raro. Su auto desapareció de la calzada, y pensé que tal vez se fue de viaje, a pesar de que los viajes no eran algo que la Sra. Boone hiciera jamás. La semana siguiente, empecé a preocuparme cuando no regresó.

Eran las cinco de la mañana cuando papá me despertó con las noticias. —Ha habido un accidente, Maggie. La señora Boone tuvo un accidente de tránsito y fue llevada apresuradamente al Hospital Mercy. Ella… Siguió hablando, pero no pude oírlo. Las palabras entraban y salían de mis oídos. No lloré. Me sentía demasiado sorprendida para llorar. Estaba inconsciente y en muy mal estado. Papá dijo que estuvo conduciendo un poco salvajemente, y un testigo dijo que parecía confundida y perdida. Cuando salió de mi habitación, se hizo más real. Tenía que ir a verla. No tenía a nadie que la cuidara. No tenía familia. Yo era todo lo que tenía. Así que tenía que irme. —¿Estás segura, Maggie? —preguntó papá mientras se encontraba en el vestíbulo delantero conmigo, listo para llevarme al hospital.

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Cuantos más días pasaban, más nerviosa me ponía. Papá hizo una búsqueda, sacando a unos cuantos más del vecindario, y le informó a la policía que estaba perdida, pero estaban seguros de que no existía nada que pudieran hacer para ayudar.


Asentí. La cabeza de mamá se inclinó, mirándome de pie en la puerta. Sus ojos entrecerrados tenían un enfoque intenso, casi como si estuviera esperando que fracasara. Casi como si quisiera que fracasara. —No lo va a hacer —dijo mamá, un tono agudo a su voz—. No está lista. No va a ir a ninguna parte. —No —dijo papá severamente—. Irá. —Centró sus los en los míos, su mirada llena de esperanza y compasión—. Me dijo que iba, e irá. ¿Verdad, Maggie? Llamé a la puerta dos veces y él sonrió. Mamá se movió en sus zapatos y cruzó los brazos. Sus nervios eran fuertes y claros mientras que papá los perdía una vez más. —Eso es mentira. Mírala. Mira cómo corre hacia su dormitorio. Está bien, Maggie. Puedes volver arriba. No dejes que tu padre te presione. —Katie, no lo hagas —le regañó papá. Ella hizo una mueca y se quedó en silencio, pero podía sentir su mirada en mí. Mis manos se sentían húmedas, y mi corazón golpeaba contra mi caja torácica. Papá me sonrió. —No te preocupes, Mags. Lo tienes. Puedes hacerlo —me animó. Shh... Retrocedí una vez y se dio cuenta, caminando hacia mí. Se precipitó hacia mí y sacudió la cabeza. —No, no, no. Maggie, puedes hacer esto. Aquí. —Extendió una mano hacia mí y usó la otra para golpear la puerta dos veces—. ¿Sí? ¿Recuerda? Dijiste que sí. Vas a venir.

»¿Maggie? —susurró, extendiendo más la mano. Retrocedí y golpeé la mesa del final del vestíbulo, sacudiendo la cabeza de un lado a otro. »Vamos, Maggie. Tenemos que irnos —dijo. Llamé a la mesa una vez. No. ¿Qué estaba mal conmigo? Era demasiado vieja para tener tanto miedo. Era demasiado vieja para estar rota. Lo vi en los ojos de papá, algo que pasó años tratando de ocultar de mí, su agotamiento. Sus cabellos lucían casi grises, las bolsas debajo de sus ojos eran profundas, y su sonrisa

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Mis ojos se lanzaron hacia su mano temblorosa y cuando miré de nuevo a sus ojos la esperanza que una vez sostuvo fue tragada entera por la confusión y la preocupación.


parecía un ceño fruncido todo el tiempo. ¿Cuándo dejó de sonreír? Parecía cansado. Cansado de preocuparse. Cansado de esperar. Cansado de mí. Su pesada mirada se volvió sombría. »No...—Pasó sus dedos por su cabello—. No. No lo hagas. Por favor. Mi garganta se apretó y sentí los dedos del diablo envolviéndome de nuevo. Cortaba mi suministro de aire. Me asfixiaba. Mis dedos se envolvieron alrededor de mi cuello, y me quedé sin aliento pidiendo ayuda. Mamá estudió mis movimientos y alzó una ceja, observando mi pánico, viendo salir mis sombras del pasado. Ella y papá comenzaron a hablar, a gritar. Empezaron a gritar de nuevo. Sus labios se movían apresuradamente, pero no podía comprender lo que decían, porque el diablo me gritaba en el oído, ahogándome una vez más. Mis manos golpearon contra mis oídos, y cerré los ojos con fuerza. Vete, vete, vete... —¡Déjala en paz, Eric! —gritó finalmente mamá, envolviendo sus brazos alrededor de mis hombros. No podía recordar la última vez que me abrazó de manera protectora—. No tiene que ir. Déjala en paz. Papá levantó las cejas y se quitó las gafas, frotándose las manos contra los ojos. —Lo siento. No quise presionarte. Solo pensé... —Lanzó un suspiro pesado—. No sé qué pensé. —Al salir, cerró la puerta principal detrás de él y cerré los ojos, oyendo sus pasos cada vez más lejos. Una aterradora revelación brilló ante mis ojos: nunca podría dejar esas cuatro paredes. ¿Cuándo sucedió? ¿Cuándo mi refugio seguro se convirtió en mi propio infierno personal? La señora Boone se hallaba sola, no estaba despertando, y yo no era lo bastante fuerte como para ir a verla. Me despedacé en mi habitación. Esa noche me senté en mi piso e hice lo único que sabía que podría mejorar esta situación. —¿Maggie? —Brooks bostezó. No había pensado en qué hora era en Europa; eran casi las ocho de la noche en mi casa, así que tenía que ser muy tarde para él—. ¿Qué pasa? ¿Qué está pasando? Mis labios se separaron y empecé a llorar en mi mano. Lloré por lo perdida que me sentía, y cómo el sonido de su voz fue tan rápido en recordarme mi hogar. »Está bien —susurró, inseguro de lo que sucedía, pero seguro que lo necesitaba—. Estaré allí.

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Lo llamé.


Llegó a la ciudad trece horas más tarde, y no vino solo; toda la banda regresó con él. Sin embargo, Brooks no vino a mi casa, y no sabía por qué. No estaba segura de qué me dolía más, saber que se encontraba tan cerca, o todavía sentir como si estuviera tan lejos. Aunque, Rudolph, Oliver y Calvin vinieron directamente a mi habitación y se sentaron conmigo todo el tiempo. No habían salido de mi lado desde que aterrizaron en la ciudad. —Somos un equipo, ¿sabes, Maggie? Y si no fuera por ti, no estaríamos donde estamos hoy —dijo Rudolph, sentado en el borde de mi cama. —Cuando Brooks dijo que se iba, era casi imposible detenerlo. Además, The Crooks es una unidad. No podríamos actuar sin él. Además, la familia va primero, ¿verdad? —dijo Oliver. —Siempre estamos aquí para ti, hermana, incluso si estamos allá. Quiero decir, estoy bastante seguro de que la administración va a odiarnos por un tiempo, pero no estoy demasiado preocupado. —Calvin sonrió y me empujó en el brazo. Nos sentamos allí tranquilamente. Ni siquiera sabían que su silencio me ayudaba a respirar más fácilmente. —Él todavía te ama —me dijo Calvin—. Lo sabes, ¿verdad? Me encogí de hombros. Había esperado que eso fuera cierto durante mucho tiempo, pero basándome en sus publicaciones en Twitter y en la forma en que sus fans se le colgaban por todas partes, no estaba segura de si el amor era suficiente. El hecho más triste en el mundo era que podías conocer a una persona que cambiaría tu vida para siempre, y no era con quien terminaras tu vida. Las personas que te enseñaron a amar no siempre eran las que se quedaban. Calvin leyó mis palabras. —Después de hablar con papá y que él nos contara lo que sucedía, Brooks sabía dónde lo necesitabas más. Cuando llegamos al aeropuerto, tenía un taxi que lo llevó directamente al hospital para estar con la señora Boone. Mi mano cubrió mi boca, y en ese momento lo amé más de lo que jamás lo hice en mi vida. Era increíble para mí cómo podía hacerme caer más enamorada de él sin estar cerca de mí. Lo amo. Calvin asintió con la cabeza. —Lo sé. Si hay dos personas dignas de estar enamoradas, son ustedes dos. Solo desearía que la vida dejara de meterse en tu camino. Cerré los ojos y me recosté en la cama con los pies colgando del borde, y Calvin yacía a mi lado. Los gemelos se acostaron en el suelo, y Rudolph

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¿Por qué no está aquí?


tocaba música en su teléfono. Nos quedamos en silencio, dejando que la música nos llevara hasta esperar a que Brooks encontrara su camino a casa a mí.

Traducido por EstherMaslow

H

e estado sentado en la misma silla, en la misma habitación, durante las últimas doce horas mirando a la señora Boone, con tubos conectados a ella, las vías intravenosas bombeando fluidos en su sistema. Su cuerpo se veía magullado por todas partes, pero no estaba rota. No podía imaginar lo que tuvo que pasar por estar sola, conducir y estrellarse. ¿Qué pensamientos corrieron por su mente? ¿Qué clase de cosas experimenta una persona al pasar por ese tipo de pánico? ¿Pensó en sus seres queridos? ¿Se olvidó de todo en ese momento? ¿Estuvo tan perdida en el momento que los recuerdos eran difíciles de comprender? —Lo siento, señor Griffin, las horas de visita han terminado —dijo una joven enfermera al entrar en la habitación—. Y sé que esto podría sonar muy inapropiado, pero, ¿cree que tal vez podría tomarme una foto con usted?— preguntó, su voz llena de esperanza.

»Lo siento por eso —dijo Sarah—. Estas chicas están literalmente locas sobre el hecho de que está aquí. Lo cual no tiene sentido. He escuchado su música hoy durante mi descanso y es horrible. —Guiñó un ojo. Había sido la enfermera principal que se detuvo todo el día para revisar a la señora Boone y registrarme. Era una mujer mayor, de unos sesenta años, que tenía una tierna suavidad en su voz que curaba por sí sola, incluso cuando te insultaba—. Así que, odio ser la bruja malvada, pero las horas de visita están terminando... —No se preocupe, gracias. ¿Cree que podría tener un minuto más? Asintió. —Claro, eso está bien.

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Antes de que pudiera responder, otra enfermera, Sarah, entró en la habitación. —Tienes razón, Paula. Eso es muy inapropiado. Me alegro de que te hayas dado cuenta de lo inapropiado que es y decidiste salir de la habitación. —Sin otra palabra, una embarazada Paula salió de la habitación.


—Además, tengo una pregunta, y podría sonar estúpida. —Dispárala, hijo. —¿Puede oírme?—pregunté, metiendo las manos en los bolsillos—. Quiero decir, si pudiera hablar con ella, ¿podría oír lo que digo? —Algunos dicen que no, otros dicen que sí. ¿Entre tú y yo? —dijo, acercándose a mí—. A veces hablamos por nosotros mismos, para sacar nuestros sentimientos al mundo. Es mejor decir siempre las palabras en lugar de mantenerlas dentro de nosotros, y si nuestros seres queridos nos pueden oír también... bueno, eso es lo mejor. Sonreí y le di las gracias. Cuando Sarah se volvió para alejarse, hizo una pausa. »La música, también. La gente dice que la música ayuda. Pero estoy segura de que ya lo sabía. Las verdaderas palabras nunca son habladas.

Resoplé y tiré de mi silla aún más cerca, recordando las últimas palabras de Sarah. Me incliné hacia su oído y suavemente comencé a cantar “Sentado en el muelle de la bahía” de Otis Redding, la canción que era suya y de Stanley. En silencio rezaba para que pudiera oírme.

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Cuando se fue, acerqué una silla más cerca de la cama de la señora Boone y tomé su mano en la mía. —Tengo una petición egoísta, señora Boone. Asumo que este es el momento en que normalmente me llamarías idiota o algo así, pero tengo que pedirte que hagas esto. Vuelve. Tienes que despertar, no para mí, no para ti, sino para Maggie. Ella necesita un descanso. Necesita una victoria en la vida. Ha estado pasando por tanta basura, demasiada. Por lo tanto, te prohíbo hacer esto. Te prohíbo permanecer de esta forma. No sé si lo sabes, pero tú eres su mejor amiga. Tú eres lo única que realmente tiene y no puedo hacer que cuides de ella, porque creo que ella también cuida de ti, y egoístamente no puedo tener eso. Necesito que ustedes se mejoren. Necesito que ustedes se curen. Así que haz esto por mí. Te lo deberé ¿de acuerdo? Sólo vuelve a nosotros, señora B. Sólo vuelve.


No tenía ni idea de por qué me sentía tan aterrorizado de ver a Maggie. Después de un vuelo de dieciocho horas y doce horas en un hospital, pensé que estaría mentalmente preparado para estar cerca de ella, pero en el momento en que me acerqué a su porche, mis manos comenzaron a temblar. Toqué el timbre y cuando la señora Riley contestó, frunció el ceño. No habíamos hablado en años, desde que me prohibió ir a su casa, pero esta vez se hizo a un lado y me dejó entrar. —Gracias, señora Riley —dije. Me dio una pequeña sonrisa en respuesta y luego desapareció de nuevo en la casa. Me acerqué a la habitación de Maggie, donde su puerta se hallaba abierta, pero ella no estaba. Entré cuando vi la pila de libros que le envié, los que ella nunca envió de regreso. Los abrí cada uno, pasando de un lado a otro, viendo sus lengüetas rosadas en cada uno. Respondió a todas mis notas, pero no lo entendía. ¿Por qué no los envió de regreso? Cuando me volví con un libro en mis manos, leyendo su escritura, hice una pausa, levantando la vista del libro. Maggie. Se veía hermosa. Tan jodidamente hermosa. Estaba agarrando un libro y tenía sus brazos alrededor de él, empujándolo contra su pecho. Nos quedamos parados, mirándonos el uno al otro. Mi estómago se anudó cuando retrocedí, colocando el libro en mi mano de regreso en su escritorio. —Lo siento —murmuré.

»¿Cómo estás? —le pregunté, haciendo que ella inclinara su cabeza mientras me miraba. Había algunas cosas de Maggie que me di cuenta que eran diferentes de cuando la dejé. Su cabello era más corto, pero todavía, más allá de sus hombros. Dio pequeñas sonrisas, pero nunca mostró sus dientes. Sus labios se apretaron y las esquinas de su boca se curvaron hacia arriba, pero nunca fue una sonrisa completa. Era muy pequeña, como su figura. Sus ojos azules también parecían solitarios. Esa fue la parte más difícil para mí, mirarla a los ojos. Apenas parpadeó, pero cuando lo hizo, fue más rápido que la mayoría, como si no quisiera perder un segundo de vista.

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Parpadeó un par de veces y jaló los extremos de su cabello mojado, todavía mirando. ¿Eso era todo lo que podía decirle? ¿Lo siento? No la había visto en años. ¡Años! Volé a través de un océano para ella. No había estado tan cerca de ella en tanto tiempo, y ahora, la primera palabra que salía de mi boca era "lo siento"


»¿Cómo estás? —pregunté de nuevo. Ninguna respuesta—. ¿Estás bien hoy, Maggie May?—susurré. Su cuerpo se tensó y se encogió de hombros. Todavía era tan hermosa como antes, pero ahora era una especie de belleza inquietante, el tipo de belleza que te hacía querer reír y llorar a la vez. Di un paso adelante, queriendo colocar mi mano en su brazo, para recordar lo que ella sentía, pero cuando me moví, se alejó. »Lo siento —murmuré—. Te dejaré estar. Frunció el ceño. Había olvidado que un ceño fruncido podría ser más impresionante que una sonrisa. Pasé junto a ella, y nuestros brazos rozaron uno contra el otro, y la sentí temblar. O tal vez yo temblé. Era difícil decir la diferencia entre los dos. Justo cuando me encontraba a punto de marcharme, hice una pausa. »Te extraño —dije, un poco herido, un poco honesto, un poco confundido—. Te extraño y no sé por qué, porque hace años has dejado claro que querías que fuera a Los Ángeles. Te extraño porque dejaste de mandarme los libros. Te extraño, y no sé por qué, porque estás aquí. Estás a un paso de mí, pero siento como si hubiera una especie de pared gigante entre nosotros. ¿Cómo te extraño cuando estás tan cerca de mí? Se mantuvo de espaldas mientras la observaba inclinarse y colocar el libro en el suelo frente a ella. Mientras se levantaba lentamente, se volvió hacia mí y luego saltó a mis brazos. Literalmente saltó. Voló hacia mí, y yo la cogí, envolviendo mis brazos tan apretados alrededor de ella. Dios. Se sentía tan bien tenerla en mis brazos. Sostenerla cerca de mí. Oler su cabello, que siempre olía a miel y flores. Sentir sus labios rozar mi hombro. Abrazarla. Mi Maggie May… »No te sueltes —le susurré en el cabello—. Por favor, no te alejes. Me abrazó aún más fuerte. Esa noche nos tumbamos en su cama, escuchando música en su iPhone, cada uno con uno de los auriculares, y fue increíble lo natural que sentía estar allí en esa habitación a su lado. Dijeron que el tiempo cambiaba a la gente, y era cierto. No éramos las mismas dos personas que solíamos

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Eso se sentía bien.


ser, pero de alguna manera evolucionamos como una sola. Incluso con cientos de millas entre nosotros. Pero lo que más amé de aquella noche era cómo algunas cosas nunca parecían cambiar. Me encantó que mis momentos favoritos se mantuvieran igual. Inclinando mi cabeza en su dirección, le hice una pregunta. »¿Por qué no me devolviste los libros? Se levantó, entrecerró los ojos y pareció algo confundida. Cuando se acercó a su tablero, esperé pacientemente por su respuesta. Sasha. »¿Qué hay de ella? —pregunté. En la carta que me enviaste, me hablaste de ella la primera vez, sabía que debía dejar de responder. »¿Porque te dolió? Maggie sacudió la cabeza. Porque podría haberla herido, viendo cartas de otra chica. Y ahí estaba otra vez: la mujer más considerada del mundo. »Hemos terminado —dije. Maggie me lanzó una mirada interrogante, y froté mis dedos por mi barba. »Bueno, ella rompió conmigo, supongo. Dijo que odiaba ser la tercera opción en mi vida. ¿Tercera?

Se acercó a mí y sus labios se cerraron con los míos. Cuando empezamos a besarnos no teníamos planes de parar. Era lo mejor que había hecho en los últimos diez años, volver a casa con su amor. Esa noche dormimos en los brazos del otro, y cada vez que me despertaba, la acercaba. La idea de perderla de nuevo era demasiado para mí. Antes de regresar a la gira, necesitaba que supiera que volvería a casa con ella. Necesitaba que supiera que lo haríamos funcionar, no importa qué. Necesitaba que supiera que ella era y siempre sería mi sueño más grande.

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—La música... y bien... —Le di una sonrisa triste, y ella me devolvió una igual. La música y tú—. No es justo, ya sabes, porque cada vez que trataba de seguir adelante tu amor me jalaba de regreso.


Traducido por Black Rose

C

uando me desperté, Brooks se había ido, pero mi tablero se encontraba a mi lado y decía: Fui a sentarme con la señora Boone. Volveré más tarde esta noche. Te amo.

Mis manos fueron a eliminar las palabras, y todas las palabras fueron borradas excepto las dos últimas. No me importó en absoluto. —Bueno, se rumorea que la señora Boone se despertó hace unos treinta minutos —dijo Calvin mientras entraba en mi dormitorio. Mis ojos se abrieron y salté de mi cama, frotando el sueño de mis ojos. »Los doctores dijeron que lo estaba haciendo bien. Le van a realizar unos cuantos exámenes para ver si es su memoria resbalando, Alzheimer o demencia o algo así. No sé todos los detalles, pero por ahora, ella está bien. Está despierta, Maggie. ¿En serio?

Rodé los ojos y le tiré una almohada, que atrapó y me tiró de nuevo, haciéndome caer. En segundos, saltó a mi cama, rebotando de arriba abajo. La cantidad de consuelo que me atravesaba era incomparable a cualquier sentimiento que hubiera sentido jamás. Sabiendo que ella estaba bien, sabiendo que respiraría el aire de otro día, solo eso era tan hermoso. »Así que volaremos al Reino Unido temprano en la mañana del lunes. Nuestra dirección nos dio una palmada bastante grande en la mano por faltar dos espectáculos —dijo Calvin—. Resulta que es un poco mal visto el sólo volar a casa durante una gira y cuidar de tu abuela... bueno, eso es lo que se les dijo al menos, que la Sra. Boone era nuestra abuela... lo cual es más o menos cierto. La dirección está bastante enojada sobre ello, ya sabes,

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»Síp. Brooks envió un texto de grupo a todos. Supongo que no has revisado tu teléfono, o te habría oído celebrar silenciosamente. —Me guiñó un ojo.


el tiempo es dinero, pero qué se le va a hacer. Empezaremos de nuevo en Birmingham la próxima semana. Oh, Dios... Lo siento mucho. Esto es mi culpa. Calvin rodó los ojos. »No es culpa de nadie. La vida pasa. Más te vale pasar con ella. Han sido unos pocos años locos, por lo que el descanso es realmente necesario. Además... Te tengo un secreto. Arqueé una ceja, preguntando qué podría ser. Sonrió. »No se lo he dicho a nadie. Pensé que te lo diría primero porque tú eres la mejor en guardar secretos debido a todo esa —Se llevó los dedos a los labios e hizo un ruido de cremallera—, cosa muda. Sonreí. Sonrió de nuevo, metió la mano en su bolsillo trasero y sacó una pequeña caja. Mis manos volaron sobre mi boca. Finalmente iba a pedirle a Stacey que se casara con él. Abrió la caja y jadeé, las lágrimas llenaron mis ojos. Calvin me empujó. »Vamos, hermanita. No llores. Arranqué la caja de su mano y estudié el hermoso anillo de diamantes, sorprendida por su belleza. »¿Crees que le va a gustar? Rodé mis ojos dramáticamente, haciéndole reír. Le va a encantar.

Tomó el anillo de mí y lo miró, casi como si estuviera nervioso de la posibilidad de que Stacey dijera que no a la propuesta. No existía. Nunca había visto a dos personas que estuvieran más destinadas a estar juntas que Calvin y Stacey. Incluso cuando Calvin alcanzó la fama hace años, no sacudió su relación; puede incluso haberla hecho más fuerte. Rayos, habían estado usando anillos de promesa en sus dedos con sus iniciales grabadas en el interior desde su graduación del octavo grado. Stacey y mi hermano estaban hechos para tener el felices para siempre. Estaban destinados para ello. Apreté su rodilla, y él separó su mirada del anillo, volviéndose hacia mí. Sonreí. Me devolvió la sonrisa, aunque todavía tenía un atisbo de miedo en los ojos. »Gracias, Maggie. Voy a ir a ver a mamá y a papá. —Se bajó de mi cama y salió de la habitación. Un segundo después, metió la cabeza por el marco de mi puerta—. ¿Y Maggie? te quiero. Dudo que te lo diga lo suficiente

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»Voy a enseñárselo a mamá y a papá también, antes de que me dirija al hotel para encontrarme con Stacey. Nunca he estado tan nervioso en mi vida, ¿sabes? Siento que mi corazón va a explotar fuera de mi pecho.


como un hermano, pero no sé. Con todo lo que le pasó a la señora Boone, acabo de pensar. La vida es inesperada, así que puedes decirle a la gente que la amas cómo te sientes, ¿sabes? Mi hermano, el músico sensible. Levanté el tablero que decía que Te amo y añadí también. Después de que se fuera, sólo tomó dos minutos escuchar a mamá gritar desde su dormitorio—: ¡Oh, Dios mío! ¡Mi hijo se va a casar! —Tranquila, mamá. Aún no le he preguntado —respondió. —Ohmidios, Ohmidios, ¡OhmiDIOS! ¡Hay tanto que hacer, tanto que planear! —gritó—. ¡He estado esperando este día toda mi vida! Sonreí, sabiendo que no bromeaba. También sonreí porque era lo más feliz que la había escuchado en años.

—¿Estás bien hoy, Magnet? —Mis palabras favoritas. Brooks entró en mi habitación más tarde esa noche con una bolsa en la mano y se unió a mí en mi cama—. Entonces, se rumorea que va a haber una boda en algún momento pronto. Supongo que una chica que amaba a un niño dijo que sí a una pregunta y aceptó un anillo. Salí con el grupo para una cena de celebración, y todo lo que podía pensar era cómo deseaba que estuvieras allí. Así que salí temprano y te traje la cena. Me incliné y lo besé. Comenzamos a comer más patatas fritas que nadie debería haber comido y llenamos nuestras caras con hamburguesas gigantes. Sí. »¿Alguna vez pensaste en casarte con alguien como yo? Tomé su mano y la exprimí dos veces. Me acurruqué en su cuerpo, y él me sostuvo cerca de su corazón. »Algún día me voy a casar contigo. Vamos a casarnos y ser la gente más feliz del mundo. Entonces, vamos a tener los bebés más gorditos nunca, que sonríen todo el tiempo porque copiaron nuestras sonrisas. Vamos a tener un perro llamado Skippy y un gato llamado Jam, y vamos a tener una casa grande, con un lugar para ti en el patio trasero para escapar y beber

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»¿Alguna vez piensas en casarte, Maggie May?


vino cuando necesites un descanso de los niños. Una cabaña. Trabajarás en tu sueño, sea cual sea tu sueño, y seremos tan felices, Magnet. Puedo verlo tanto en mi cabeza, nuestras vidas. Seremos felices para siempre. Me encantaban sus palabras, su esperanza, sus planes. Sus planes también eran míos. Todo lo que él quería, tal vez yo lo quería más. Creía que todo estaba en nuestro camino también. Lo merecíamos, él y yo. Al igual que mi hermano y Stacey, Brooks y yo merecíamos un felices para siempre. Esta vez es para siempre. Oí que ustedes se metieron en problemas por faltar a los conciertos. Lo siento mucho. No quise arruinar tu música. »No es gran cosa —dijo Brooks suavemente, sentándose a mi lado con su pierna rozando la mía—. Es sólo música. —La música era su vida, y él la puso en espera para mí—. Además, hay sueños más grandes. —Sus ojos encontraron con los míos, y lo dijo todo con su sonrisa torcida y con silencio. Lo oí alto y claro, y esperaba que él pudiera oír mi voz también. También te amo, Brooks. Nos dormimos esa noche después de hacer el amor el uno al otro. Era la mitad de la noche cuando me desperté por su toque, sus manos contra mí, sus labios bloqueados encima de los míos.

Sí. Sí… Se inclinó hacia delante y me besó suavemente contra mis labios. »¿Estás bien? —preguntó. Asentí. Sí. Sí… Se empujó más profundo, salió lentamente, y volvió a entrar en mí una y otra vez, haciendo que mi boca se abriera en incredulidad. Rápido y duro, lento y profundo. Brooks...

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»Maggie —susurró sin aliento, acostado encima de mí en la oscuridad. Nuestras ropas se hallaban arrojadas en una pila en la esquina de la habitación, y pude sentir sus respiraciones calientes rozarse contra mi cuello mientras me besaba. Su boca viajó por mi cuerpo, pulgada por pulgada, haciéndome más difícil para mí recuperar el aliento, lo cual estaba bien. En ese momento la respiración parecía una pérdida de tiempo. Sus manos rodearon mis piernas, y él las separó de una manera lenta y controlada. Observé atentamente mientras él tomaba su mano y se acariciaba. Con la otra mano, deslizó dos dedos dentro de mí, haciéndome rodar mis uñas en las sábanas. Cuando sus dedos se retiraron, se rozó contra mí antes de que lentamente se deslizara dentro. Sentí que me relajaba contra él con cada pulgada, cada empuje, cada gemido.


¿Cómo? ¿Cómo podía sentirse tan simple movimiento tan...? Guau... Me hizo el amor como si se disculpara por todos los años que perdimos. Con cada empuje prometió en silencio que nunca amaría a otra, y con cada beso salvaje, le prometí lo mismo.

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»No tienes que hablar —susurró, pasando su lengua contra mi labio inferior, amándome dura, profunda, rápida y lentamente. Su boca rozó mi oreja antes de succionarla suavemente—. Pero, por supuesto, eres más que bienvenida a gritar.


Traducido por Black Rose

—¿B

oda de interior o al aire libre? —preguntó mamá a Calvin y a Stacey la mañana siguiente. La mesa del comedor se encontraba completamente cubierta con revistas de bodas y planificadores. Mamá no había dejado de correr desde que se enteró de que Calvin iba a proponersele a Stacey, y una vez que llamó diciendo que Stacey aceptó, había entrado en modo Correcaminos—. Oh, ¿has pensado en una boda de destino? París. ¡Oh, Bora Bora! ¿Qué hay de una boda de otoño? ¿Tal vez de primavera? Las bodas de primavera son siempre tan hermosas, y adoro los colores en tonos durazno. ¿Han escogido dos colores ya?

Me puse de pie más derecha y sorbí mi jugo de naranja. Papá entró en la cocina con un libro en la mano y me sonrió. Se acercó a mí y me dio mi siguiente lectura: “Buscando a Alaska” de John Green. —Una muchacha lo estaba leyendo en clase ayer —dijo en voz baja antes de recoger una dona azucarada y meterla en su boca—. Debe ser bueno, porque ignoró mi conferencia por completo. Sonreí y pasé los dedos por la tapa del libro. Me di vuelta y sonreí. Gracias, papá. »De nada, muñeca. —Se apoyó contra la nevera y miró a mamá y a la pareja recién comprometida—. ¿Planeando la boda? Asentí.

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Stacey se echó a reír, apoyándose en la encimera y repasando una revista. Era tan hermosa sin esfuerzo, con su piel de caramelo y cabello castaño miel rizado. Siempre se veía tan compuesta con su perfecta sonrisa y unos impresionantes ojos marrones que casi sonreían más que sus labios. Me paré en la cocina al lado de la nevera, a unos pasos de la conmoción, bebiendo mi vaso de jugo de naranja. No se habían dado la vuelta para ver que me hallaba a sólo unos metros del comedor. Estaban demasiado ocupados respirando pesadamente, comiendo donas azucaradas, y mirando fijamente el dedo anular de Stacey.


»Realmente esperaba que se escaparan. Vamos a tener una madredel-novio-zilla por los próximos meses. Nos quedamos atrás, viendo a dicha madre-del-novio-zilla hacer más y más preguntas. A decir verdad, era lo más emocionada que mamá había estado en mucho tiempo. Stacey siguió con su ser tranquilo y dulce mientras trataba de responder. —Realmente no hemos tenido mucho tiempo para decidir nada, Katie, pero es todo tan emocionante, ¿verdad? Mamá aplaudió e hizo un bailecito. —¡Lo es! He estado esperando este día por siempre, quiero decir, esta es mi única oportunidad de tener una boda para uno de mis hijos. —Mamá, vamos —susurró endurecía—. No digas eso.

Calvin

mientras

mi

estómago

se

—Sólo digo que no es como si una de tus hermanas se vaya a casar alguna vez. Cheryl está en esta etapa feminista, y Maggie... Todo lo que estoy diciendo es que nunca voy a llegar a planear una boda para esas dos. — Mamá se volvió hacia Stacey, tomó su mano en la suya y la apretó—. Pero al menos tengo una semi-hija con la que haré todo esto. Siento como si finalmente estuviera teniendo a la hija que me prometieron. El Señor sabe que ya me perdí algunos momentos importantes con Cheryl, y ahora es una chiquilla salvaje andando por todo el mundo, así que dudo que el matrimonio llegue a estar en su mente. ¿Y sabes cómo la gente de la ciudad llama a Maggie? Una historia de horror. La peor pesadilla de una madre. Es una excéntrica reclusa. Es difícil no creerles. Está enferma y no está mejorando. Es mejor que no salga de casa. Es más seguro para ella aquí. Ay.

Una roja sombra se extendió sobre las mejillas de mamá y se puso nerviosa. —Maggie May, sabes que debes golpear cuando estás en una habitación para anunciar que estás aquí. De lo contrario es escuchar a escondidas, y eso no es agradable. ¿Agradable? Mi madre sabía todo sobre ser agradable esa tarde. Golpeé la encimera cuatro veces. Aquí estoy. Aquí estoy. Aquí estoy. Aquí estoy. Seguían mirando y frunciendo el ceño. Me mantuve de pie, sintiéndome extremadamente incómoda. Así que giré mis pies y me fui a mi dormitorio.

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—Katie —siseó papá desde la cocina. Todas sus cabezas se dispararon hacia arriba para ver a papá y a mí estando a sólo unos metros lejos. Todos fruncieron el ceño al unísono cuando sus miradas se encontraron con la mía.


Había un petirrojo bailando al otro lado de la ventana de mi dormitorio, recordándome la libertad que estuve perdiendo. Me senté leyendo mi lista de tareas una y otra vez, hasta que sentí como si la supiera al derecho y al revés. Cerré mi libro y lo dejé en el alféizar de la ventana, las palabras de mamá reproduciéndose una y otra vez en mi cabeza. Debería irme. Me voy a ir. Debería haber empacado una bolsa con algunas de mis cosas hace años, y debería haber salido de mi casa hace mucho tiempo. Debería haber ido a aventuras, encontrado el amor y haberme casado en una gran iglesia con un coro cantando himnos, y el sacerdote haciendo chistes malos. Debería haber sido famosa como mi hermano, o al menos algo más de lo que era en la actualidad, nada. Dejando mi silla, salí de mi habitación y cogí una maleta de la sala de almacenamiento. La arrastré a mi habitación, me senté en el suelo y empecé a hacer mis maletas. Encima de la ropa, empaqué mis novelas favoritas. Encima de mis novelas, empaqué más de mis novelas favoritas. Encima de mis novelas favoritas, puse mi lista de tareas pendientes. Me voy a ir. Voy a vivir.

Cuando las primeras lágrimas golpearon las portadas de “Los Juegos del Hambre”, hice mi mejor esfuerzo para detener las manchas de agua. Mi mente hacía todo lo posible para convencerme de que me quedara, contándome los horrores que existían fuera de aquellas paredes, recordándome el silencio con el que fui maldecida hace tantos años. Shh… Shh… Sacudí la cabeza y seguí empacando. Sé mejor, sé más fuerte, Maggie May.

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Mi corazón empezó a correr, y traté de dejar que mi mente se mantuviera clara. No lo pienses demasiado, simplemente empaca y vete. El primer paso será el más difícil, pero el más gratificante. La señora Boone tenía razón. Tengo que vivir ahora, o nunca lo haré. Tengo que vivir para que mamá se sienta orgullosa de mí otra vez. Tengo que vivir por Brooks.


Cuando mi puerta crujió, salté, sobresaltada hasta que vi a papá de pie allí. Sus ojos cayeron a la maleta e hizo una mueca antes de caminar hacia mi ventana que daba a la calle. —Ven aquí, Maggie —dijo. Me levanté y me acerqué a él. Dejó pasar unos momentos de silencio antes de hablar una vez más. »A Emily Dickinson no le gustaba conocer gente nueva, sabes. —Por supuesto que él sabía sobre la vida de Emily Dickinson—. Sólo salió de la casa de su padre unas cuantas veces, y después de algún tiempo, nunca se marchó. Siempre iba vestida de blanco, y nunca decía muchas palabras. Miré afuera, viendo a los niños jugando a coger, montando en bicicleta, viviendo más vida de la que había vivido en todos mis años. Limpié otra lágrima para que no la viera. Lo vio y sonrió. Siempre veía mis lágrimas y sonreía, pero era una sonrisa triste, una sonrisa quebrada. »Sólo porque ella era diferente no la hacía un monstruo. La gente también la llamaba una excéntrica reclusa, ¿sabes? La gente llamó a Einstein un tonto mentalmente lisiado. Sonreí, pero de alguna manera él todavía veía la tristeza viviendo dentro de mí. »Maggie May, eres lo suficientemente buena tal y como eres. Qué cosa típica para mi padre decir.

Me sonrió una vez más. »Si un día escoges salir y explorar esas cosas, entonces hazlo, pero no lo hagas para que tu madre sea feliz o yo sea feliz, porque a su vez creo que perderás tu propia felicidad. Vete cuando estés lista, no cuando te sientas presionada. ¿Está bien? Asentí. Está bien, papá. Me besó en la frente. »El mundo sigue girando porque los latidos de tu corazón existen. —Se volvió para salir de mi habitación, pero antes de irse, se aclaró la garganta, arañando su barbilla peluda—. Ah, y tienes una sorpresa en el comedor.

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»Puedo decir que te importa. Te importa lo que otros piensen de ti, lo que tu madre piensa de ti, lo que pienso de ti. Lo que francamente, es una pérdida de tiempo. Tu madre y yo podemos ser mayores, pero eso no nos hace más sabios de ninguna manera, representación o forma. Todavía estamos evolucionando, también. No importa cuáles sean los nombres que otros te digan, reclusa, excéntrica, ninguna de esas palabras importa. Lo que importa son los nombres que te das a ti misma cuando estás en tu propia compañía.


Bajé las escaleras hacia el comedor y sentada a la mesa había una anciana, con dos emparedados de pavo y dos tazas de té. —Entonces —dijo, sosteniendo una taza de té en su mano—, resulta que mi memoria no está en su mejor forma. —Se levantó de la mesa y se acercó a mí con un andador, cojeando un poco. Había unos cuantos moretones en sus mejillas. Pero aun así, se veía hermosa, sobredimensionada. Con una pequeña sonrisa en los labios, me dio un codazo en el hombro—. Pero siempre podría ser peor — dijo juguetonamente—. Podría haber quedado muda. Resoplando, le di un empujoncito en la espalda. Nunca abracé a alguien tan fuerte en mi vida. —Lo siento, ¿estoy interrumpiendo? —dijo Brooks, entrando en el comedor para ver a la señora Boone y yo abrazándonos. —No, no. Cualquier chico que cante a una anciana en el hospital puede interrumpir. Brooks le dirigió una sonrisa torcida. —¿Me oíste? —Dios mío, todo el hospital te oyó. Después de que te ibas cada noche, las enfermeras se volvían locas por tu voz y tu vello facial, cosa que no pude entender por mi vida. Tu voz era decente, pero pareces un monstruo peludo. El afeitarse está bien, ¿sabes? Te compraré una navaja de afeitar si quieres. Me acerqué a Brooks y le froté la barbilla peluda. Me gustaba, su nuevo aspecto. Sus brazos se veían entonados y musculosos, como si hubiera estado haciendo ejercicio durante años. Se veía tan maduro, tan varonil. La señora Boone gruñó. »Bueno, por supuesto que te gusta, pero tu opinión es sesgada por lo tanto no importa. De todos modos, aquí, Brooks. —Cavó en su bolso y sacó un juego de llaves. —Es un agradecimiento, por cuidarme. Calvin me dijo que ustedes están aquí durante el fin de semana, y me decía lo excesivamente estresado que han estado, así que pensé que ustedes podrían ir a mi cabaña para un fin de semana de chicos, hacer lo que quieran que hagan los jóvenes hoy en día. —Guau, eso es impresionante. Gracias, señora Boone. Hubo un golpe en la puerta principal y papá fue a abrir, revelando a una mujer con una sonrisa amable. Cuando la señora Boone la vio, rodó los ojos. —Ugh, no tú de nuevo. —Hola, soy Katelynn —dijo la mujer—. Soy la nueva cuidadora de la señora Boone. Es un poco difícil mantenerse al día con ella. Es un motor y un agitador.

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—¿Para qué son? —preguntó.


—La única cosa que he intentado sacudir es a ti, acosadora — murmuró la señora Boone. Sonreí. Buena suerte, Katelynn. Tenía las manos llenas con esta anciana. Las dos volvieron a la casa de la señora Boone, y Brooks hizo tintinear las llaves en sus manos. —No tenemos que ir este fin de semana. No he tenido tiempo suficiente contigo, y quiero aprovechar cada momento. Sacudí la cabeza. Teníamos muchos momentos en nuestro camino. La banda merecía alejarse de todo, tener un poco de tiempo. Después de algunos intentos de convencerlo, Brooks acordó ir al norte. Prometió regresar el domingo por la tarde para pasar su último día conmigo.

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Luego me prometió más y más días en el futuro.


Traducido por Valentina D.

A

ntes de que los chicos y yo condujéramos a la cabaña, teníamos una parada importante por hacer. La Tienda de Botes de James. Si íbamos a ir a la cabaña de la Sra. Boone en un lago, necesitábamos un buen barco para llevar con nosotros. Mucho había cambiado desde que Calvin y yo fuimos con su padre a vender su bote, así que era agradable ver que la Tienda de Botes de James era exactamente igual. Incluido un mucho, mucho más viejo Wilson que todavía ladraba ruidosamente en el porche. —¡Tranquilo, Wilson! —dijo James, saliendo—. Maldito perro no se ha callado en años. —El perro aulló más alto, como si le dijera a su dueño que se fuera a la mierda. James sonrió y rascó su pelo gris—. Debo decirte, no todos los días las bandas ganadoras de Grammy me llaman para ver si puedo engancharles un bote. Es un placer conocerlos a todos. —Se rio, estrechando nuestras manos. Calvin estrechó la mano de James y dijo—: En realidad usted nos conoció a Brooks y a mí hace unos diez años. Mi papá vino a vender su barca y su hijo nos mostró ese enorme yate.

Me reí. —No. Estoy pensando que podríamos necesitar algo un poco más pequeño. Algo sólo para salir y pescar. —Bueno, supongo que no voy a discutir mucho a eso. Umm… acabamos de conseguir este barco pontón agradable para alquilar. Es genial para pescar, tienes los sofás y las sillas de salón para mayor comodidad. Realmente tiene una sensación de lujo agradable, pero no se siente como demasiado. Creo que les encantará. —¿Algo… más pequeño? —pregunté—. Queremos esa sensación de pesca de la vieja escuela. James asintió. —¿Qué clase de bote solían tener? —Una consola central —respondió Calvin—. No era nada grande, pero

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—Jenna. —Asintió, orgullo en sus ojos—. Esa sería ella. No están aquí para alquilarla, ¿verdad?


funcionaba genial. —Ah, entonces una consola central será, si ustedes chicos no tienen miedo de estar cerca. —Nah —dijo Oliver, envolviendo la cabeza de Rudolph bajo su brazo— . Nos gusta acurrucarnos. —¡Dios, te odio! —Rudolph. —Vamos, hermanito. ¿Qué te he dicho antes? No tienes que llamarme Dios. Su Majestad funciona muy bien. Rodé los ojos a mis compañeros de banda que nunca cambiaban. James nos dijo que entráramos a su oficina para resolver el papeleo. Mientras hablaba, Oliver se comió todo el regaliz negro en el escritorio de James, haciendo que Rudolph se quejara. —Sabes que esa mierda es veneno, ¿verdad? Como, ¿entiendes lo malo que es para tu cuerpo? Oliver arrojó dos piezas más en su boca y se encogió de hombros. — Este dulce es mi mermelada. —Eres desagradable —dijo su hermano. —Tengo que ser honesto, Oli. Rudolph tiene razón esta vez. Nadie en su sano juicio le gusta el regaliz negro —dije, metiéndome en la conversación. —¡Obviamente a este tipo le gusta desde que se lo está dando a sus clientes! —bramó Oliver mientras comía más.

James nos enganchó con el barco de tamaño perfecto para nuestro fin de semana y un remolque para conectar a nuestro auto. No paso mucho tiempo antes de que llegáramos a la carretera para el largo viaje. La cabaña se hallaba a un buen viaje de cuatro horas, pero una vez que llegabas allí no te arrepentías ni un segundo. —No puedo creer que la Sra. Boone tenga este lugar aquí y nunca lo use —exclamó Calvin mientras nos acercábamos a la cabaña. Cuando la Sra. Boone dijo que la cabaña se encontraba en un lago, dejó de lado el hecho de que el lago era del tamaño de lo que algunos considerarían un océano. Mirando desde su muelle, apenas se podía ver el otro lado. También tenía un cobertizo con una colección de seis canoas pequeñas.

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James rio, deslizando algunos papeles hacia mí para que firmara. — Culpable de cargos. Es mi favorito. Como un paquete al día y mi hijo me odia por ello. Dijo que algún día me va a matar, pero le recuerdo que mis cigarrillos me tomarán antes de que el regaliz lo haga. —James guiñó, haciéndonos reír a todos.


La cabaña en sí era enorme y más allá de asombrosa. Tenía un total de doce habitaciones, incluyendo tres baños y cinco dormitorios. La sala de estar estaba adornada con una cabeza de alce gigante sobre la chimenea de piedra y en la esquina de la sala, había una enorme rockola que tocaba toda la buena música antigua. Por un centavo, una persona podía seleccionar cinco de cincuenta canciones diferentes. Junto a la rockola había un tocadiscos, junto con una estantería llena de discos. Era el mejor rincón de la casa. Cada dormitorio se hallaba decorado con un tema de alrededor del mundo. Uno tenía toda la decoración del Reino Unido, mientras que otro se veía decorado como si hubiera entrado en Tailandia y así sucesivamente. Ir desde cada habitación se sentía como si estuviera dando la vuelta alrededor del mundo en dos minutos. Parecía que la Sra. Boone había decorado el lugar en base a todas las aventuras que ella y su difunto esposo experimentaron. Toda su vida se encontraba encapsulada en las paredes de la cabaña, y parecía una hermosa vida la que tuvo. —No puedo creer que apenas nos esté diciendo de eso —exclamó Rudolph, saliendo del auto con una tonelada de mierda de protector solar casero en su nariz—. ¡Imagina el tipo de fiestas que podríamos haber hecho aquí! Sonreí. —Probablemente por eso nunca nos dijo. Habríamos destrozado este lugar. —A Stacey le encantaría —dijo Calvin, arrastrando su maleta a la casa. —¡JUEGO SUCIO! —gritaron los gemelos, señalando sus dedos hacia mi mejor amigo. Era divertido cómo estaba tan en sincronía esos dos, aunque eran tan diferentes.

—Eso va para todos —dijo Oliver, señalando sus dedos a cada persona—. No habrá ninguna mención de ninguna mujer por cualquier nombre o tomarás un trago. Si te pillan hablando con una chica, tomarás dos tragos, y que me ayuden si de alguna manera consiguen meter a una chica en la propiedad, entonces tendrán que beber la meada de Rudolph. —Confía en mí, es probablemente la orina más limpia de la casa. En realidad, sería un honor beber mi orina. Rodé los ojos. Un fin de semana de hombres. Ninguna chica o deber orina, una regla solida a seguir.

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—Sin mención de la futura esposa en casa o toma un trago —dijo Rudolph severamente.


Para el mediodía, todos estábamos borrachos y hablando de música; todo parecía perfecto. Todo lo que quedaba por hacer era llevar el barco de alquiler al agua. —Mierda. —Gimió Oliver, medio dormido en el sofá—. Me voy a quedar aquí y no hacer absolutamente nada hasta que sea hora de comer pizza esta noche. —Vamos, puedes hacer nada en el bote. Es un día perfecto afuera. —Si tu idea de un día perfecto es nubes en el cielo, adelante, pero voy a sentar mi gran culo en este sofá y no moverme hasta que sea hora de pizza. Rodé los ojos. —Bien. ¿Dónde está tu hermano? Tres segundos después vi a Rudolph hablando con una planta falsa en la esquina. No solo hablando con una planta, sino coqueteando con ella. —Así que, ¿vienes aquí a menudo? —dijo, acariciando las hojas de plástico. Miré mi reloj. —¡Amigo, es la una de la tarde! ¿Cómo estás así de jodido? Levanté la botella vacía de Fireball y descubrí la respuesta a mi pregunta. »¡Calvin! Necesito un compañero en el crimen para que venga al lago conmigo y sacar a estos dos tontos de aquí. ¿Calvin? —grité, caminando por la casa. Busqué en cada habitación dos veces. No fue hasta que caminé alrededor del perímetro de la cabaña que lo encontré, arrodillado detrás de un arbusto, susurrando—: De acuerdo, cariño. Tengo que irme, oigo a alguien venir. También te amo. —Tú, pequeño punk. —Me reí mientras miraba a Calvin colgar su teléfono rápidamente y saltar a una posición de pie. —No sé de qué estás hablando —dijo a la defensiva. —Oh, tú sabes de lo que estoy hablando. ¡Hablabas con Stacey! —¿Qué? De ninguna manera. Es un fin de semana de chicos. Sin chicas. Entrecerré los ojos. —Lo dejaré pasar y puedes evitar tomar los tragos si vienes a ayudarme a preparar el barco para la tarde y pones a los otros

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No estaba por ningún lugar para ser encontrado.


dos en él. Hizo una mueca. —Realmente no estoy de… —¡CHICOS! CALVIN HA ESTADO HABLANDO CON… Corrió hacia mí, golpeando su mano sobre mi boca. —¡Amigo, está bien, está bien! No sé si te has dado cuenta, pero los gemelos vierten sus tragos en vasos rojos. —Bueno, ¡vístete, amigo! Vamos a pescar. Bebidas, amigos y sus cañas. —Eso suena como un título realmente desafortunado para los próximos eventos. Estoy preocupado por los próximos eventos. —¿Preocupado? emocionado?

—pregunté

con

una

sonrisa

maliciosa—.

¿O

Calvin comenzó a saltar arriba y abajo como un dramático niño de cinco años. —¡Muy emocionado! ¡Muy emocionado! Voy a conseguir la bebida y los amigos. Tú trae esa vara larga tuya. —No me lo tienes que decir dos veces. Se dirigió a la cocina y se detuvo. —Sólo para ser claro… esa vara es tu caña de pescar, Brooks. No tu polla. Moví mis cejas. —Llámalo como quieras, hermano. De cualquier manera, la estoy llevando. También trae tu guitarra. Podemos repasar algunos acordes y letras para el próximo álbum. —Su rostro se iluminó. Nunca había conocido a alguien que estuviera tan entusiasmado con el trabajo, bueno, aparte de mí.

—Saben, estoy un poco preocupado por la banda —dijo Oliver cuando nos sentamos. Los tres estaban muy borrachos y, por alguna razón, me había convertido en el único asegurándose que no se mataran a sí mismos. Cada vez que tomábamos un trago, tenía mi cerveza fiel a mi lado, que había usado como un señuelo donde escupía el repugnante trago. —¿Sí? ¿Por qué, Oli? —pregunté. —Bueno, mira, nunca quise ser un grupo de chicas, y es bastante alarmante que últimamente a las tres cuartas partes del equipo le hayan crecido vaginas. —¿Qué? —Es bastante patético, y francamente, extraño como la mierda.

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Una hora más tarde llevamos el bote al agua y apagamos el motor en el medio del lago. Era tranquilo, sin otro barco alrededor. Entonces, empezamos a beber más. Nada mejor que un día debiendo con tus chicos, en un bote en Wisconsin. Era un requisito para vivir en el estado.


Quiero decir, ni siquiera podrías pasar veinticuatro horas sin llamar a Stacey, Calvin. Brooks, no creas que no me di cuenta que te enviabas snapchats con Maggie. Y mi hermano está actualmente enamorado de una planta, sin embargo, sabiendo su extraño amor por la madre naturaleza, no estoy sorprendido. Miré a Rudolph, quien abrazaba a la planta en la maceta que arrastró junto a él. —Su nombre es Nicole y ella es hermosa —dijo con orgullo. —¿Ves lo que quiero decir? Mis amigos se están convirtiendo en pequeños bebés, y temo que pronto estaremos escribiendo canciones sobre matrimonio y pañales. Me reí. —No es tan serio, Oliver. Agitó sus manos en el aire. —Brooks Tyler Griffin. Estabas en Snapchat. Sacando la lengua. Pretendiendo que eras un jodido perro. Estreché los ojos y seguí pescando. —Para que sepas, sí, estaba en Snapchat, pero para nuestros fans. ¿Los recuerdas? ¿Las personas que nos apoyan? Es importante darles un pedazo de mí, Oli. Deberías tomar nota. Es por eso que los aficionados me quieren más que a ti. —¡Ja! Dudoso. Además, ¿cuándo empezaste a decir “Te amo, Maggie” en una voz de perro a nuestros fans? Lo entiendo, los fandoms de algunas personas tienes nombres. Demi Lovato tiene Lovatics. Justin tiene a las Beliebers. Beyoncé tiene su Beyhive. Pero quiero decir, “Te amo, Maggie” simplemente no sale de la lengua también. Me di la vuelta para mostrarle el dedo a Oliver y me mostró sus dos dedos medios en respuesta. El cielo empezaba a nublarse y el agua seguía quieta. El único ruido alrededor era de nosotros cuatro gritando cada vez que pensábamos que atrapamos un pez, lo que nunca hicimos. Mirando hacia atrás, apenas podía ver la enorme cabaña, y mirando hacia delante, podía notar un poco las tiendas de la ciudad. La ubicación perfecta. Todo lo que podía oír era el agua moviéndose tan ligeramente. —Dejando a un lado cualquier broma, estoy muy feliz por ti y Stacey, Cal —dijo Oliver, tomando la guitarra de Calvin y sin tener ni idea de cómo tocar un acorde. —¿Crees que la administración va estar enojada? —preguntó Calvin. —¡Ja! Por supuesto que lo están. ¿Uno de los cantantes de The Crooks atando el nudo, rompiendo cientos de corazones alrededor del mundo? La gerencia va a intentar lo mejor que malditamente puedan para sacarte de eso.

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Touché.


—Sí, me lo imaginé. Pero bien, ya están enojados con nosotros por los espectáculos faltantes. Podría molestarlos un poco más para ver cuántos cabellos grises podemos darles. —Calvin tomó su guitarra de las manos de Oliver y se acercó a mí mientras me sentaba detrás del timón. También tomé mi guitarra y empecé a tocar la introducción de nuestra canción “Split Ends”. Él se unió, tocando su guitarra. Oliver comenzó a cantar la letra y Rudolph sólo siguió hablando con su planta. Trabajar con tus mejores amigos podría haber causado un montón de problemas, pero ese no era el caso con mi banda. Aparte de los gemelos discutiendo entre sí, trabajábamos juntos sin esfuerzo. Claro, a veces no estábamos de acuerdo, pero nunca era algo que no pudiéramos arreglar. Nos quedamos en el agua toda la tarde. A medida que el cielo se oscurecía, empezamos a trabajar en nuevas letras. Nuestra creatividad era casi imparable cuando estábamos es nuestra feliz zona de música. Cuando la primera gota de lluvia nos golpeó, Calvin sugirió que termináramos en la cabaña, así que arranqué el motor del barco para comenzar el viaje a casa. Sólo tomó unos minutos antes de que el cielo se volviera negro y la lluvia empezara a golpear sobre nosotros. Rudolph saltó al borde del bote y sostuvo a Nicole en el aire. —¡Sí, mi amor! ¡Tómalo todo! ¡Bebe el agua de la Madre Naturaleza! —Es una planta falsa, idiota —gritó Oliver por sobre la lluvia—. ¡No necesita agua! —No escuches al chico solitario, Nicole. Mi hermano nunca ha estado enamorado de nada, además de los tacos. —¡Los tacos son vida! —gritó Oliver, sacudiendo sus puños en aprecio mientras un relámpago golpeaba sobre nuestras cabezas—. ¡Los amo, tacos! —Entonces —dijo Calvin, balanceándose hacia atrás y adelante a mi lado mientras nos dirigíamos a casa—, ¿quieres ser mi padrino? —gritó sobre los vientos.

Rio. —Sí, pero pensé que era educado preguntar. —Eso es porque te está creciendo una vagina. Las vaginas son más educadas que las pollas. —Sí, eso es lo que tu mamá me dijo anoche. —Es gracioso, tu mamá no dijo mucho la última vez que la vi. De nuevo, su boca estaba bastante llena, por lo que hablar probablemente no era una opción. Buscó mi lata de cerveza “vacía” para tirármela, y cuando iba a hacerlo, hizo una pausa, entrecerrando los ojos. —Has estado bebiendo esto

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Me limpié el agua de la cara. —Ya compré mi esmoquin, amigo. Yo siendo tu padrino era un hecho.


durante las últimas cuatro horas y todavía está llena. —Yo… Olió la lata y jadeó. —¡JUEGO SUCIO! ¡Brooks ha estado escupiendo sus tragos en su lata de cerveza! —Los gemelos jadearon al igual que él y empezaron a cantar unos con otros. —¡JUEGO SUCIO! ¡JUEGO SUCIO! Cuanto más ruidosos se ponían, más fuerte la tormenta gritaba. El agua se volvía más y más salvaje a medida que la tormenta crecía y se hacía más fuerte. Más brutal. —¡No te preocupes! —Rudolph tropezó con Nicole envuelta en sus brazos—. Todavía tenemos otra botella de Fireball aquí —gritó. A medida que se acercaba a mí, lo vi inclinarse un poco demasiado hacia el borde. Saltando de mi asiento, le pedí a Calvin que tomara el volante y me dirigí a mi borracho amigo. —¡Vaya, Rudolph, cuidado! Un poco demasiado cerca del borde. Rudolph se rio y me pellizcó la mejilla. —Eres una vagina tan dulce, Brooks Griffin. Me reí fuertemente, empapado. —Eso es lo más lindo que alguien me ha dicho. —Eso es sólo porque La Más Dulce de América, Maggie May no habla. Si lo hiciera, diría algo de mierda poética, lo apuesto. —Hizo una pausa y sus ojos se abrieron—. ¡JUEGO SUCIO! Mencioné a una chica. ¡Necesito un trago! ¡FIREBALL! —Se lanzó hacia la botella de Fireball y mientras se movía el bote se sacudió. Su cuerpo se inclinó, haciéndolo colgar del borde del bote. Lo agarré con fuerza, empujándolo hacía dentro del bote. Cuando lo empujé a la seguridad, la tormenta golpeó nuestro bote de lado, haciéndome tropezar con mis propios pies.

—¡Brooks! —gritaron mis amigos, corriendo hacia el borde y lanzándome el aro salvavidas. —No es un viaje oficial hasta que alguien cae en el agua, ¿verdad? — grité, riendo mientras envolvía mis brazos alrededor del salvavidas. Los chicos se rieron entre dientes y empezaron a jalarme, hasta que ya no hubo razón para reír. Me acerqué más al bote y el dolor me atravesó. —¡Joder! Sucedió en un instante, en un momento. La hélice de navegación golpeó mi lado derecho.

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—¡Mierda! —grité antes de golpear las fuertes olas. El agua se sentía helada mientras caía.


En un segundo, la risa se trasformó en horror. En un segundo, mi vida cambió cuando empecé a ahogarme. Sangre. No podía verla, pero sabía que me dolía demasiado para no haber sido cortado. El dolor subió por mi lado derecho. Mi respiración era aguda; mi mente se sentía borrosa. Ahogándome. Chapoteé por ayuda mientras tragaba agua. Mi mano derecha se balanceó para agarrar mi lado derecho. Mierda. De nuevo. Le hélice me golpeó de nuevo. Pánico. Mi mano. Mi hombro. Mi cuello. Mi vida… Las olas me obligaron a retroceder en las aguas salvajes y duras. Un rayo cayó. Un trueno aulló. Mis amigos gritaron por mí, pero no podía responder. Sucedió en un instante, en un momento apresurado. En un segundo, la risa de transformó en horror. En un segundo, mi vida cambió cuando empecé a ahogarme. En un segundo, las olas me arrojaron como si no fuera nada.

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Me convertí en nada.


Traducido por Valentina D.

—¡M

aggie, vamos! Baja las escaleras. Tenemos que irnos.

Levanté una ceja ante el llamado de mi nombre. Había estado sentada en mi dormitorio, tocando la guitarra y rasgueando al compás del último álbum de The Crooks. Poniéndome de pie, me apresuré a lo alto de las escaleras para ver a una Sra. Boone en pánico. Bajé cada escalón y arqueé una ceja. Ella parecía frenética, algo que nunca había visto en ella. »Vámonos, ponte unos zapatos. Vamos. ¿Ir? ¿Ir a dónde? »Maggie, por favor. —La Sra. Boone pasó sus manos de un lado a otro sobre las barras metálicas de su caminador—. Hubo un accidente en la cabaña, y Brooks fue herido. Tenemos que irnos. Tropecé hacia atrás, como si alguien me hubiera golpeado contra la pared. Brooks, estaba herido.

Papá salió corriendo de la habitación de atrás y mamá entró corriendo de la cocina. Ambos tenían sus teléfonos celulares, probablemente con mensajes de Calvin. —Lo llevaron al Hospital St. John. Va a someterse a cirugía —dijo papá, sus palabras rápidas y asustadas—. Me estoy dirigiendo allí. —También yo —afirmó mamá. —Y Maggie —ordenó la Sra. Boone—. Ella viene con nosotros. Ahora, vamos —dijo, moviendo sus manos hacia mí—. No tenemos tiempo que perder. Es un largo viaje desde aquí.

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Esas palabras me ahogaron. Mi mente empezó a correr. ¿Cómo fue herido? ¿Qué tan herido? ¿Qué pasó? ¿Cómo estaban los otros?


—No —espetó mamá, su voz severa—. No. Ella no necesita irse. Casi tuvo un ataque de pánico cuando trató de ir a verla, Sra. Boone. —Pero eso era yo, y quiero decir que es dulce que lo intentara, pero esto es diferente. No soy su persona. No soy su Brooks. Ahora vamos. Cerré los ojos. Mamá y la Sra. Boone empezaron a discutir, sus voces cada vez más y más fuertes y papá comenzó a gritar para calmarlas. Mi corazón se sentía acelerado, tratando de mantenerse al día con la conmoción. Mi mente hacía todo lo posible para mantener a raya al diablo, mientras este seguía tratando de salir a buscarme. Shh… Shh. —¡Alto! —gritó la Sra. Boone, lo suficientemente fuerte para forzar mis ojos a abrirse. Golpeó su caminador contra el suelo una y otra vez—. ¡Para! Esto es ridículo. Por mi vida, Katie, no puedo decir quién tiene más miedo de que Maggie se vaya, tú o ella. —Se está pasando de la raya, Sra. Boone —regañó mamá, pero aun así, su cuerpo tembló. Por un momento me pregunté: ¿ella quería que me fuera alguna vez?

Froté mis puños contra mis ojos mientras los tres empezaban a discutir de nuevo. Cinco minutos. Levanté la mano, y todos se detuvieron. Subí corriendo al baño y llené el lavamanos con agua. Bajé mi cara dentro del agua y contuve el aliento. Necesitaba cinco minutos para frenar mi mente. Necesitaba cinco minutos para dejar ir sus gritos y encontrar mi propia voz. Necesitaba cinco minutos para respirar. Vi su cara… el diablo. Me ahogaba, tratando de matarme como había

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—¡Por supuesto que estoy fuera de la línea! Siempre lo he estado, nada ha cambiado. Pero esto no es sobre mí. Ahora, Katie, sé que me dijiste que esta chica aquí no era asunto mío. Me lo has dicho una y otra vez, pero esto es más grande que tú, Katie. Esto es más grande que tú, Eric y yo. Esto es sobre Maggie y Brooks ahora mismo. Maggie May —La Sra. Boone se volvió hacia mí—, si puedes decirte honestamente que los demonios de tu pasado son más fuertes que el amor que tienes por ese chico, entonces perdóname. Eso significa que he superado mis límites y he leído mal cada momento que recuerdo de ustedes dos. Pero si por casualidad ese amor es más fuerte… si de casualidad ese amor está empezando a ahogar tu alma, entonces debes irte. Debes venir con nosotros ahora mismo. Brooks es un buen chico y ha sido tu ancla durante todos estos años. Ahora es tu turno de ser la de él.


matado a esa mujer. Iba a matarme. —Shh… Me perdí a mi misma. Me robó de mí en ese solo momento. Me sentí sucia. Me sentí usada. Me sentí atrapada. Se sentía real. Cada día, después de todos esos años, aún se sentía tan fresco. Pero mientras mi cara se quedaba en el agua, recordé aún más. —¡Maggie May! ¿Dónde estás? —gritó Brooks de nuevo, su voz rompiendo al diablo de mis pensamientos. Mientras mi cara permanecía en el agua, lo recordé. Recordé a mi Brooks. —Eres mi mejor amiga, Magnet, pero… —Sus labios se acercaron y juré que lo sentí rozar los míos—. ¿Qué si ella tenía razón? ¿Qué si Lacey tenía razón? ¿Qué si había algo más que amigos entre nosotros? —susurró de nuevo, su agarre en mi espalda baja endureciéndose, acercándome más. Nuestros labios rozaron uno contra el otro de nuevo y mi estómago se anudó. Saqué mi cabeza del agua, empapada, pero sabiendo dónde debía estar. Corrí a mi habitación y agarré mis zapatos. —Maggie May, no hagas esto —dijo mamá, de pie en mi puerta. Tenía los brazos cruzados y me miraba con los ojos vidriosos—. No te vayas. Estreché los ojos, confundida. Se acercó a mi cama y se sentó, tocando el colchón para que me uniera a ella. Ni siquiera podía recordar la última vez que mamá entró a mi cuarto, y mucho menos se sentó a hablar conmigo.

Alcanzando mi tablero, empecé a escribir. ¿Por qué no? Bajó la cabeza y miró a sus dedos inquietos. —Si te vas… si finalmente empiezas a seguir adelante… ¿cómo puedo protegerte? Ni siquiera sabía que saliste de la casa hace tantos años, porque me encontraba lavando la ropa. Se suponía que debía velar por ti. Se suponía que debía mantenerte a salvo. Y si te vas… si vas a explorar el mundo… ¿cómo se supone que te proteja? Allí estaba: los secretos y miedos más profundos de mamá. Todos tenían una parte de sí mismos que decidieron mantener en silencio.

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»Me aseguraré de que él esté bien, me aseguraré de que esté mejor y sepa que deseabas estar ahí, Maggie, pero por favor… no te vayas.


Para mamá fue su culpa. Tomando el marcador, empecé a escribir las palabras más importantes que jamás había escrito. No fue tu culpa. Mamá tragó saliva antes de que empezara a sollozar en sus manos. Su hizo un ovillo y envolví mis brazos a su alrededor, sosteniéndola fuerte. Lloró todo el tiempo que pudo antes de secarse con el dorso de su mano en la nariz y sentarse un poco más derecha. »Mírame. Soy un desastre. Lo siento, Maggie May. Por todo lo que te he hecho pasar… sólo me preocupo, eso es todo. —Sorbió y puse mi cabeza en su hombro. Envolvió sus manos en las mías—. Realmente vas a hacer esto, ¿no? Apreté sus manos dos veces. Suspiró y se enderezó. »Bueno. Así que esto es lo que vamos a hacer. Vamos a bajar las escaleras y dirigirnos a la puerta principal. Cuando esos pensamientos comiencen a venir a tu mente, tienes que seguir caminando, ¿de acuerdo? Asentí. Está bien, mamá. »Incluso cuando estés asustada, sigue caminando. Y cuando las voces se hagan más fuertes. Corre. Corre, Maggie May Riley. Corre y corre hasta que estés afuera. Tomé una respiración profunda. »¿Estás asustada? Dos apretones. ¿Estás asustada? Dos apretones de su parte.

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»Bueno. Entonces, vamos.

—Cierra los ojos y respira —susurró mamá, sosteniendo mi mano—. Tu padre y yo te llevaremos al auto. Cuando di los primero pasos, sentí que se me apretaba la garganta. Quería envolver mis manos alrededor de mi cuello e intentar respirar, pero no podía, porque papi y mamá las sujetaban fuertemente. ¿Estaba bien?


¿Podía respirar? Papá apretó mis manos dos veces. Sí. ¿Cómo pudo oír las palabras que no dije? Los siguientes pasos que tomé fueron aún más dolorosos. Necesitaba agarrar mi cuello. Necesitaba sacar sus manos de mí alrededor. Necesitaba respirar. No puedo respirar. Mamá apretó mis manos dos veces. Sí, sí puedes. —Casi allí —dijo papá, dando más pasos. Cuanto más caminábamos, las manos se soltaban de alrededor de mi cuello. Me imaginaba a Brooks. Su sonrisa. Su risa. Su amor. Cuanto más caminábamos, más fácil era la respiración. Hice una pausa y abrí los ojos. Papá y mamá me miraban fijamente, nerviosos. —¿Estás bien, Maggie? —preguntó papá. Saqué mis manos de su agarre y las levanté hasta mi pecho, apoyándolas contra mi corazón. Con una inhalación profunda, tomé el mundo, saboreando el aire, sintiendo el viento, permitiéndome lentamente abrir las cadenas de mis tobillos. Con una larga respiración, tomé de nuevo las manos de papá y mamá y las apreté dos veces. Sí. Estoy bien. Mientras conducíamos, me di cuenta de todo. Sentí cómo se sentía la tela del auto y cómo el motor hipó cada pocos minutos. Sentí cada bache que golpeamos y miré a cada luz que destellaba. Era surrealista, estar fuera de la casa y ver cosas que nunca había visto. Edificios, árboles, animales. Todo era tan abrumador, casi como un sueño. Sin embargo, era real. Tenía el pecho apretado mientras conducíamos. Me quedé enroscada en una bola en el asiento trasero, pero no pude dejar de ver por un segundo por la ventana. Había tanto en el mundo que ni siquiera sabía que existía. Existía tanto que me había estado perdiendo. Llegamos al hospital horas más tarde y Brooks seguía en cirugía. El exterior del hospital se hallaba lleno de admiradores de The Crooks, parecía que las palabras volaron rápido. Los padres de Brooks y su hermano, Jamie, también se encontraban allí, intentando lo mejor posible para no derrumbarse. Las luces del hospital eran brillantes. Me lastimaban los ojos. No

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Ahora era tiempo de asegurarse que él estaba bien.


recordaba haber estado cerca de luces tan brillantes antes. También olía extraño. Como productos de limpieza encima de productos de limpieza. Había tanta conmoción en todas partes; enfermeras chocando unas con otras, artículos cayendo, familias caminando por los pasillos. Cerré los ojos e intenté concentrarme. Era demasiado, demasiado rápido. Necesitaba desacelerar mis pensamientos. ¿Qué si el demonio estaba allí? ¿Qué si él pudiera verme? ¿Qué si pudiera volver a tocarme? No. Necesitaba concentrarme en algo bueno, algo que me pudiera mantener en la tierra. Necesitaba encontrar paz. Mis dedos se envolvieron alrededor de mi collar. Brooks. Mi ancla. Mi fuerza. —Maggie —dijo Calvin ahogadamente, de pie desde la sala de espera privada—. Tú… estás aquí —tartamudeó, acercándose a mí. Sus brazos se envolvieron apretadamente alrededor de mi cuerpo—. Estás aquí. En cuestión de segundos, los gemelos se unieron al abrazo y estuvimos allí durante algún tiempo. —Está en muy mal estado —dijo Calvin, rodeando a mamá, papá y a mí, poniéndonos al tanto de toda la información—. La hélice lo cortó muy mal en su costado. Los doctores dijeron que podría perder dos de sus dedos. También le dio un ligero golpe en su garganta pero… no lo sé. Todo sucedió tan rápido. En un abrir y cerrar de ojos, todo cambió. Estábamos justo en el agua teniendo un buen momento. Todo estaba bien. Pero ahora… —Se pellizcó el puente de la nariz, como papá siempre lo hacía—. Ahora todo ha cambiado y todo lo que podemos hacer es esperar a ver cuánto.

—Brooks salvó a Rudolph de irse por la borda. La tormenta sacudió al bote y Rudolph casi se cayó al agua, pero Brooks logró agarrarlo. Después de que lo apartó del borde, el bote volvió a balancearse, sacando a Brooks. Guau… »Rudolph está llevándolo duro con ello, culpándose. Sin embargo, fue un extraño accidente. No hay nadie ni nada que culpar excepto el tiempo. Después de un rato, encontré un silla en la esquina y me acurruqué en una bola, esperando. Mientras esperaba, lo vi y escuché todo. El movimiento de cada persona, la voz de cada persona, cada objeto en la habitación. Todo se sentía

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Mamá y papá salieron a buscar café para todos, ya que teníamos una larga noche por delante. Después del café, llevaron a la Sra. Boone al motel más cercano para que descansara por la noche. En una esquina, Rudolph estaba teniendo un ataque, culpándose así mismo por el accidente. Oliver se quedó a su lado, diciéndole lo contrario. Le di un codazo a Calvin con ojos interrogantes.


tan cerca, tan real desde que salí de casa. Si una enfermera dejaba caer un bolígrafo, mi cabeza se dispararía hacia donde el sonido provenía. Era más difícil de lo que me imaginé, salir de casa, pero era aún más difícil no saber si Brooks estaba bien. Así que cada vez que el diablo trataba de tomar el control de mi mente, me cerraba y tomaba un par de respiraciones, recordándome que nuestro amor era más fuerte que mis momentos pasados.

—Él está fuera de cirugía —escuché al doctor diciéndole a los padres de Brooks. Me senté más derecha para escuchar a escondidas—. Está bien. Fue muy afortunado de que el corte en su lado no fuera demasiado profundo. Más profundo y pudimos haberlo perdido. —Oh, Dios mío —murmuró la madre de Brooks, con lágrimas en los ojos. —La preocupante noticia fue con su mano. —El doctor se movió en sus zapatos antes de cruzar los brazos sobre su abrigo blanco—. Lo siento. Hicimos nuestro mejor esfuerzo para salvar sus dos dedos, pero el daño en ellos cuando golpearon la hélice fue demasiado. Esperábamos salvarlos, pero no pudimos. Tuvimos que amputarlos para mejorar la función general de las manos. ¿Cuál mano? Me pregunté, mi estómago en nudos. —¿Cuál mano? —exclamó Jamie detrás de sus padres. El doctor levantó una ceja, mirando a Jamie. —¿Disculpe? Con vacilación, el medico miró a los padres de Brooks, sin saber si debía decir algo delante de todos nosotros. Cuando ellos le dieron el derecho de hablar libremente en la habitación, él dijo la mano izquierda. Toda la habitación gimió. —Mierda —siseó Rudolph, golpeando su mano contra la pared—. ¡Joder! Brooks usaba su mano izquierda para los trastes en su guitarra. Sería incapaz de tocar con su lesión y todos en la habitación sintieron esa devastación.

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—Dije, ¿cuál mano?


—Sé lo difícil que puede ser esto, siendo su carrera, pero estamos muy contentos de tenerlo todavía aquí con nosotros. Me temo que podría ser casi imposible para él tocar la guitarra de nuevo. Con su lesión en la garganta el canto puede ser difícil, pero creo que volverá a su lugar con su voz a lo largo del tiempo. Será difícil, pero creo que con la terapia física y trabajo vocal, debería ser capaz de volver a su voz normal. —El doctor le dio a todos una sonrisa triste—. Probablemente estará descansando un rato, pero cuando sea tiempo de verlo, haré que las enfermeras vengan a buscarlos. Al salir, la habitación se quedó en silencio, excepto por el sonido de Rudolph golpeando contra la pared y maldiciendo. —Mierda, mierda, mierda.

Cuando trasladaron a Brooks a otra habitación nos permitieron verlo de a dos personas a la vez. Me retuve, esperando ser la última en visitarlo. Estaba dormido cuando entré en la habitación y me sentía un poco agradecida por eso. Me paré en el rincón de la habitación, observándolo dormir. Su respiración era pesada y parecía difícil tragar. La cicatriz en su cuello se extendía desde la clavícula hasta la mandíbula. Tenía su mano izquierda vendada y algunos moretones en su cuerpo, pero estaba vivo. Por lo tanto, nada más importaba. —No lo lastimarás —me dijo una enfermera mientras revisaba sus signos vitales.

Sonrió. »Si sostienes su mano derecha, no lo lastimarás. Le dieron algunas pastillas para dormir para ayudarlo a descansar un poco. Ha estado un poco inquieto mientras duerme, lo que hace más difícil para sanar. Por lo tanto, estará dormido durante algún tiempo. Pero, si quisieras sentarte junto a él… —Hizo un gesto hacia la silla en el lado derecho de Brooks—. Puedes sostener su mano. Asintiendo, me moví a su lado, me senté y lentamente cerré sus dedos con los míos. Estoy aquí, Brooks. Estoy aquí. La enfermera sonrió. —Volveré a verlo en un rato. Una vez que se fue, me acerqué más y apoyé mi cabeza en su brazo. Su pecho subía y bajaba cada pocos segundos y conté cada vez que sucedía. Me moví aún más cerca, queriendo que él sintiera mi calor contra su piel,

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No me había movido de las esquina durante los últimos treinta minutos que me permitieron estar en la habitación.


queriendo que el supiera que me encontraba aquí. Estoy aquí. No podía dejar de mirar. No podía quitar mis ojos de él, porque si lo hacía, me preocupada que dejara de respirar. —Lo siento, no sabía… —murmuró una voz, haciéndome levantar la cabeza de la cama de Brooks. Me giré para ver a una mujer de pie allí, con un jarrón lleno de flores—. Yo… —Sus palabras tropezaron en su lengua y frunció el ceño—. No dijeron que alguien estuviera aquí. Sasha. La había visto antes debido a que la acosaba en línea y miraba cada fotografía que publicó en Instagram. Era hermosa y parecía sencilla. Sin maquillaje. Sin ropa lujosa. Sólo ella y sus flores. Sus ojos de movieron hacia mi mano, la cual todavía sostenía la de Brooks. La dejé caer rápidamente. »Lo siento. Voy a dejar esto y salir. —Hizo una mueca mientras dejaba el jarrón en la encimera. Cuando se dio la vuelta para marcharse, hizo una pausa—. Eres ella, ¿verdad? —preguntó. Entrecerré los ojos, confundida. »Oh, no te hagas la estúpida. Eres la chica. La chica que le envió los libros. Me levanté, sintiéndome incómoda, incapaz de comunicarme con ella. »¿Así que nada? ¿No tienes nada que decir? No estoy tratando de ser grosera. Sólo… —Pausó—. No eres la única que realmente se preocupa por él, ¿sabes? Golpeteé mi garganta y estrechó los ojos, confundida. Mirando alrededor de la habitación, busqué algo en lo que pudiera escribir. Cuando levanté la mirada contra la pared, vi la pizarra de enfermeras y me acerqué a esta. No tengo voz. Sasha cruzó los brazos. »¿Cómo hoy o…nunca? Nunca. Frunció el ceño. Un nivel de culpa se disparó a través de sus ojos. »Lo siento, no lo sabía. ¿Cuál es tu nombre? Maggie. »Maggie. —Empujó sus dedos a través de su cabello castaño chocolate,

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»¿Qué?


luego colocó sus manos contra sus caderas—. Estás loca por él, ¿verdad? No sabía cómo responder, porque sentía que cualquier cosa que dijera podía herirla. Sonrió. »Está bien, lo sé. Es difícil no estarlo. Me pondré en marcha… Si pudieras, por favor, ¿no decirle que pasé por aquí? No por él, sino por mí. Prefiero que no lo sepa. ¿Estás segura? »Sí, lo estoy. Sólo cuídalo, ¿de acuerdo? Va a estar un poco roto, sin poder tocar su guitarra. Es su vida. Aparte de, bueno… —Sus palabras se desvanecieron y me dio otra sonrisa apretada—. Como sea, ya me voy. Sólo no lo dejes entrar a Internet, ¿de acuerdo? Los medios de comunicación pueden amarte un día y odiarte al siguiente. Es fácil que una celebridad se pierda después de que algo trágico sucede. Esta vez, los medios de comunicación se apresuraron a darle la espalda a Brooks. Sabes lo suave que es su corazón… no estoy segura de que pudiera manejar la reacción. Sólo cuida de él. A pesar de que parece que nunca estás sólo en el centro de atención, nadie habla realmente de lo solitario que en realidad se convierte. Recuérdale que su valor no está decidido por el titular principal de la semana. Le prometí que cuidaría de él. Salió de la habitación y borré el tablero. Me senté de nuevo junto a Brooks y tomé su mano en la mía una vez más. Mi mejilla cayó contra su brazo y volví a tomar cada ligero movimiento que hacía. »Oh, y ¿Maggie? —dijo Sasha, entrando de nuevo en la habitación—. Sólo quiero que sepas que lo veo. —Movió sus pies y señaló de Brooks a mí— . Lo miras de la misma forma que él miraba esos libros. Gracias por no ser el monstruo que te hice para estar en mi mente. Sólo desearía que fueras un poco fea, eso es todo —dijo ella, con un toque de encanto.

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Sonreí. Ídem.


Traducido por Black Rose

M

amá, papá y Jamie me dijeron que estaría bien. Me dijeron lo afortunado que era de salir del accidente con sólo lesiones menores. Menores, qué mala elección de palabras de mi hermano, y cuando lo dijo, se dio cuenta de su error. —Lo siento, no me refiero a de menor importancia, sólo quiero decir... —Sus palabras vacilaron—. Que estoy feliz de que hayas sobrevivido para ver otro día. Mis ojos se lanzaron hacia mi mano, que se hallaba envuelta en vendajes. No había hablado una palabra. La gente seguía entrando y saliendo de la habitación, sonriéndome el tipo de sonrisas que daban a los niños que perdieron sus cachorros. Patético. Me sentía patético. La banda vino y se sentó conmigo un rato, y el aire se sentía lleno de culpa. Lo que más me dolía, sin embargo, era cómo me recordaban a la música. Cómo eran un recordatorio de lo que perdí en un instante. Cuando llegaron los gerentes, casi lo perdí. —Tenemos que proponer un plan de ataque, los medios se están volviendo locos, necesitamos una declaración —ordenó Dave.

—Pero sobrevivió —dijo Dave con su sonrisa astuta—. ¿Cuál es el mensaje que debemos empujar, debemos mostrar lo fuerte que es y cómo su regreso... ¿Su regreso? Respiré y gruñí. Los ojos de todos me miraron. Horas antes, estuve en un accidente, y ahora esperaban un regreso mágico para mí.

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—Necesitamos un descanso —dijo Calvin, cortando a Dave—. Estás actuando como si Brooks no acabara de pasar por un trauma importante.


Dave frunció el ceño. —Sabes qué, vamos a darle un día o dos, le daremos un poco de tiempo. Cuando todos salieron de la habitación, suspiré, sin siquiera saber dónde se encontraba mi mente. Todavía me sentía como si estuviera en el agua. Cuando cerré los ojos, juré que podía sentir las olas. La puerta de mi habitación se abrió una vez más, y me hubiera gustado que no lo hubiera hecho. Me sentía harto de ver a la gente, harto de oírlos hablar de lo milagroso que era mi vida: qué suerte tuve. Mi cuerpo giró hacia la puerta, y casi me caí de la cama. Maggie. Se hallaba de pie en mi cuarto de hospital, mirándome, con las manos envueltas alrededor de su cuerpo. Sus ojos azules se veían inyectados en sangre como si hubiera estado llorando durante horas, y su cabello se había recogido hasta convertirse en un bollo desordenado. Ella nunca se recogía el cabello. Por otra parte, ella nunca salía de casa. ¿Era un sueño? Si era así, esperaba no despertar. Separé mis labios para preguntar qué sucedía, pero mi garganta ardía. Me dolió abrir la boca. Me dolió moverme a mi izquierda y girar a mi derecha. Me dolía respirar.

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Me dio una sonrisa apretada y se acercó a mi cabecera. Tomando mi mano derecha, besó mi palma, y cerré los ojos. Seguí intentando aclararme la garganta para hablar, pero me apretó la mano una vez, ordenándome que no lo hiciera. Así que nos quedamos allí, con los ojos cerrados, y Maggie May sosteniendo mi mano.

Apenas dejó mi habitación por días. Cuando le ofrecieron una habitación para visitantes, instalada como un hotel, la rechazó, sosteniendo mi mano más apretada. Se enrollaba en una pelota en el pequeño sofá cada noche y se quedaba dormida. Maggie me sonreía todos los días, pero por la noche, cuando era una con sus sueños, la observaba girar y moverse, a veces despertaba sudando. Sus demonios no habían desaparecido


simplemente porque salió de casa, pero hacía todo lo posible por mantenerlos a raya. —Bien, es hora de levantarte y moverte, Brooks —dijo una enfermera, entrando en mi habitación una tarde. Odiaba ese momento del día. Me obligaban a caminar por los pasillos usando un andador. Maggie siempre daba las vueltas conmigo, y cuando mi lado izquierdo tenía ganas de darse por vencido, y yo comenzaba a caer, saltaba para ayudarme, pero la enfermera le ordenó que no me salvara—. Puedes venir a dar apoyo, pero no puedes ayudar. No te preocupes, no lo dejaré caer. A mitad del pasillo, mi pecho se sentía apretado, y mi respiración se hizo corta. —Volver. —Tosí, mi voz ronca. Quería volver a mi cuarto y acostarme. —No, ¿recuerdas? Vamos a completar una vuelta antes... Golpeé el andador de un lado a otro, mi cuello palpitando de dolor. Volver. Volver. Volver. Era embarazoso, sentirse tan débil. Me dolía la mano. Mi lado quemaba. Mi mente era un desastre. La enfermera me sonrió, antes de mirar a Maggie. —Creo que es un buen momento para una siesta. —Le guiñó un ojo a Maggie. Maggie frunció el ceño, y su preocupación era fuerte y clara en su mirada. Me quejé un poco más. Empezamos a regresar a la habitación, y después de que me pusieron de nuevo en la cama, Maggie agarró un bloc de notas y se sentó a mi lado. ¿Estás bien hoy, Brooks? La verdad era, que me sentía enojado. Me sentía enojado con mi equipo de gestión preguntando cuál era el plan para el resto de la gira, aunque no sería capaz de tocar. Trajeron todo tipo de planes diferentes que incluían a los chicos viajando sin mí, reemplazándome con otro intérprete por un tiempo, y martillear mi voz con intensos cursos vocales. Las cicatrices en mi cuerpo estaban en ninguna parte cerca de ser curadas, y ya me trataban como si no existiera más. Para ellos, incluso después de diez años de dedicar mi vida a ellos, no era nada más que un sueldo a sus ojos. —No haremos eso —argumentó Calvin—. Vamos a esperar hasta que esté mejor —les dijo mi mejor amigo una y otra vez. —Sí. Sin Brooks, literalmente somos The Coo. ¿Y quién diablos quiere escuchar a The Coo? —dijo Oliver.

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Apreté su mano una vez.


Rudolph no dijo nada. Apenas me miraba. Tenía la sensación de que se culpaba por el accidente. Lo que más odiaba era el rincón oscuro de mi cerebro que también lo culpaba. Cada día me volvía cada vez menos yo mismo. Cada día me sentía un poco más amargado. Odiaba que Maggie estuviera sentada allí también. Odiaba que fuera testigo de mi destrucción. Cuando llegó el momento de dejar el hospital, Maggie y yo nos sentamos en mi habitación de hospital mientras la enfermera iba a buscar una silla de ruedas. Mis padres tenían planes para que me quedara con ellos por un tiempo. Para que una enfermera me vigilara, para poder concentrarme en la curación. Pero ese no era mi plan. —Volveré a la cabaña —susurré, porque todo lo que dije salió en voz baja. Mi voz siempre sonaba ronca cuando salía, y lo odiaba. Maggie arqueó una ceja. »No quiero irme a casa. No quiero sentarme con la lástima de la gente. No quiero eso. Nadie te tiene lástima. »Todos lo hacen. Actúan como si fuera sordo. Los oigo. Y me culpan también. Por lo menos los medios lo hacen. No sé. Sólo necesito un descanso para escapar. Estar solo. Sé lo que es eso. Estar en una sala llena de gente donde todo el mundo habla como si fueras un fantasma. Iré contigo. Fruncí el ceño. —No, Maggie. Tienes una lista de cosas por hacer para empezar. No estoy en condiciones de poder... —Suspiré. Poder tenerte—. ¿Por qué se siente como si nuestro tiempo nunca está en sintonía? Su cabeza bajó a su tabla, y comenzó a escribir mientras lágrimas caían contra sus palabras. Levanté mi mano izquierda para consolarla y me detuve, mirando hacia mi mano envuelta en un vendaje. La deseaba. La deseaba tanto, pero sabía dónde estaba mi mente. Sabía de los ataques de pánico que tenía por la noche, recordando el accidente. Sabía de los ataques de pánico que tenía durante el día, dándome cuenta de que era yo el que detenía a mi banda, decepcionando a mis fans, perdiendo los promotores de nuestra gira. Perdiendo cientos de miles de dólares debido a mí idea de obligarme a salir en un barco. No quería dejar a Maggie May, pero sabía que tenía que hacerlo. Ella tenía toda una vida de sus propios pánicos. Lo último que necesitaba mientras se mejoraba era tratar con los míos.

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Por favor, no me dejes de nuevo.


Traducido por Veritoj.vacio

—¿A

divina quién está de regreso? ¿De nuevo? ¡Cheryl está de vuelta! —gritó Cheryl, entrando en la casa con dos maletas y rastas en el cabello. Había pasado una semana desde que Brooks me envió a casa y se fue a la cabaña sin mí. Todos hicieron lo que pudieron para convencerlo de que no fuera solo, pero no quiso hacer caso. Tenía a sus enfermeras que lo comprobaban y lo cuidaban cada día, pero de otra manera, se hallaba fuera por su cuenta en Messa. Papá, mamá, y yo nos sentamos en la mesa del comedor comiendo mientras Cheryl venia corriendo por nuestra casa, sin anunciarse. Lo último que escuche de ella es que se encontraba en alguna isla con su novio. —Cheryl —dijo mamá, sorprendida, pero aun así feliz de ver a su viajera del mundo—. ¿Qué estás haciendo aquí? —¿Qué? ¿No puede una chica visitar a su familia? —Sacó la silla al lado mío y se sentó. —Siempre —respondió papá—. Pero lo último que escuché, fue que estabas enamorada de un chico llamado Jason, y que conseguiste rastas en alguna playa de arena. Sacudió la cabeza. —Cierto, eso pasó. —Bueno, es realmente una graciosa historia .La mujer con la que me hice las rastas terminó haciéndolo con mi novio también. —Los rostros de todos cayeron, y Cheryl sonrió—. Ay, vamos, ahora. Nada de rostros tristes. Ustedes saben lo que siempre digo, si la vida te da limones, encuentra vodka. —Alcanzó mi mano y la apretó—. Y encuentra a la familia también. Mamá se movió en su asiento y miró a papá con ojos tristes. Sin palabras, sostuvieron una conversación, hasta que sus labios se abrieron. —Chicas, ahora que ambas están aquí, creo que es el mejor momento para que su padre y yo les digamos la noticia.

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—¿Dónde está Jason? —preguntó mamá.


Me senté más derecha, y Cheryl lo hizo, pasando? —preguntó.

también. —¿Qué está

—Su madre y yo nos… —Papá trago fuerte y me dio una tensa sonrisa—. Nos estamos separando. ¿Qué? No. —¿De qué hablas? —pregunto Cheryl confundida. nerviosamente—. Vamos. No se están separando. Eso es ridículo.

Reía

—Bueno, en realidad esto venía desde hace mucho tiempo —explicó mamá con voz temblorosa—. Y ahora que Maggie ha podido irse de la casa, creemos que ya es hora. —Es lo mejor, de verdad. Para todos nosotros —mintió papá completamente. Sabía que mentía, también. Porque si nos hubiera dicho la verdad, sus ojos no parecerían tan tristes. Después de la cena, Cheril vino a mi habitación, donde estaba acostada en mi cama, escuchando música en mi iPhone. Se acostó a mi lado y tomó uno de mis audífonos para que pudiera escuchar, también. —Tengo veintisiete años, y de alguna manera me siento como que quiero volver a ser mi adolescente ansiosa otra vez, meterme en mi armario, y escuchar el álbum “Autobiografía” de Ashlee Simpson una y otra vez, porque mis padres se están divorciando. Tengo veintiocho años y siento lo mismo. »¿Cómo está Brooks? —preguntó inclinando la cabeza en mi dirección. Me encogí de hombros. Dijo que necesitaba espacio. Estar solo. Asintió.

Seguimos escuchando la música, y Cheryl lanzó una risita. »Recuerdo cuando éramos niñas, y te dije “no sé que estoy haciendo con mi vida” o algo así. —Empezó a reír—. Diez años después, y esas palabras siguen sonando ciertas. Aunque el pensamiento era deprimente, no podíamos dejar de reírnos. Algunas veces todo lo que necesita una persona para relajar su mente preocupada era su hermana y algunas risas. En cuestión de segundos estábamos escuchando “Pieces of me” de Ashlee Simpson, balanceando nuestras cabezas atrás y adelante.

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»Lo entiendo. Cuando tú le pediste espacio, te lo dio… así que entiendo que sintieras como si necesitaras darle lo mismo a él.


Escuchamos el álbum unas cuantas veces, hasta que nuestras mentes regresaron a nuestros días de infancia. Cada vez que la canción “LaLa” venía, nos poníamos de pie y bailábamos una con la otra. A pesar de que me sentía orgullosa por sus viajes por el mundo, estaría mintiendo si dijera que no estaba feliz de que viniera a casa.

A pesar de que Brooks pidió su espacio, necesitaba recordarle de la misma manera que él siempre me recordaba que no estaba solo. Le enviaba un mensaje de texto cada mañana. Maggie: ¿Estás bien hoy, Brooks Tyler? Brooks: Estoy bien, Maggie May. Luego un mensaje cada noche. Maggie: ¿Estás bien esta noche, Brooks Tyler? Brooks: Estoy bien, Maggie May.

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Aunque no era suficiente para dejar de preocuparme, era suficiente para ayudarme a dormir algunas noches.


Traducido por Black Rose

E

l pueblo de Messa era pequeño. El lago ocupaba la mayor parte de la zona. No había mucho en el lugar excepto una tienda de comestibles, una secundaria, una gasolinera y una biblioteca, que se alineaban todos en la costa del lago. Sin embargo, todo se hallaba en el lado opuesto de la cabaña de la señora Boone, lo que era incluso aún más agradable. Me hacía sentir más solo. Sólo había viajado a la ciudad a buscar comida, y luego volvía a la cabaña. El único otro lugar que encontré merecedor de visitar era justo a las afueras de Messa, un bar. Era un agujero en la pared. Nadie sabía que existía, lo que lo hizo perfecto para mí. Tenía whisky, dolor y soledad envueltos en sus silenciosas paredes. No había dejado de leer los foros en línea sobre mí. No había dejado de ver a los fans que se volvían contra mí, me etiquetaban de drogadicto, me llamaban mentiroso y tramposo. Creían en cada mentira que los tabloides les daban, dándome la espalda como si no les hubiera dado todo durante los últimos diez años. Sabía que debería haber dejado de leer, pero no podía bajar el teléfono ni el whisky. Los comentarios de aquellos que decían que alguna vez me amaron me picaron más de lo que deberían. Simplemente reemplacen al drogo. ¡Se ha hecho antes! Mi hermano murió de abuso de alcohol. El hecho de que Brooks sea tan imprudente es preocupante. Espero que encuentre ayuda en el centro de rehabilitación. Es una desgracia para la música. Millones de personas matarían por tener su vida, y él la tiró. Celebridad pedazo de mierda. Sólo otro relato de fama que se va a la cabeza de una persona.

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Como si fuera cierta cada palabra negativa escrita sobre mí.


Esta es como su quinta vez en rehabilitación. Tal vez es hora de empezar a darse cuenta de que nada va a cambiar. Estará muerto a los treinta años, igual que todos los demás “grandes artistas” adictos a las drogas. Busqué más whisky mientras las palabras se grababan en mi mente. Había comentarios de apoyo también, pero por alguna razón esos se sentían como mentiras. ¿Por qué es que los comentarios negativos de extraños parecen lastimarte más? —Creo que ya tienes suficiente —dijo el barman con severidad, con un suave tono de voz en su discurso mientras movía la botella de whisky lejos de mi alcance. Tenía un bigote grueso y plateado lleno de secretos, mentiras y migajas de papas fritas. Cada vez que hablaba, el bigote bailaba sobre su labio superior, y sus palabras salían de la esquina izquierda de su boca. El cabello largo, rizado y gris se sentaba sobre su cabeza, que llevaba recogido en una rosca. Una rosca de hombre viejo. El tipo tenía que tener más de setenta, y de alguna manera parecía ser sin esfuerzo genial, tranquilo y recogido. Todo lo contrario de mí. Cada mañana y cada noche, le mentía a Maggie cuando le respondía los textos. Cerré los ojos y traté de recordar el nombre del camarero que me dijo cientos de veces durante mi estado de embriaguez. Últimamente Kurt era lo más parecido que tenía a un amigo. Recordé la primera vez que lo conocí, hace dos semanas cuando entré en su bar. Había sido un desastre durante las últimas dos semanas. La primera vez que me encontró, mis hombros estaban redondeados mientras me sentaba. Me crucé de brazos y mi frente se encontró con mis antebrazos, donde procedí a tratar de detener mis recuerdos en la cabina de la esquina de su barra vacía. No me hizo preguntas. Simplemente me trajo una botella de whisky y un vaso de hielo esa noche... y las siguientes por venir. —Una más —murmuré, pero frunció el ceño y sacudió la cabeza. —Es la una de la mañana, amigo. ¿No crees que debes llegar a casa, tal vez? —¿Casa? —Resoplé, buscando la botella, que él se negó a darme. Miré sus ojos azules y sentí un tirón en mi corazón. Casa—. ¿Por favor? — supliqué. Le rogué por alcohol. Que patético—. ¿Por favor, Kurt?

13

Dolor en inglés se escribe “hurt”, por eso piensa que rima con Kurt.

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Kurt rima con dolor.13


—Bert —corrigió, con una sonrisa mueca. Maldita sea. Kurt rima con dolor, que rima con Bert, que es su nombre. —Eso es lo que dije. —No es lo que dijiste. Sin duda, es lo que querías decir. —Sí, eso es lo que quería decir, Bert. Bert. Bert. —¿Cuántas veces podría decir su nombre antes de que lo olvidara de nuevo? Se sentó frente a mí en la cabina y jugó con los manubrios de su bigote. —¿Qué bebes para olvidar? —preguntó. Tragué sin decir palabras. »Así de malo, ¿eh? No respondí, pero empujé mi vaso vacío en su dirección. Cuando entré en la tienda de comestibles temprano ese día, mi cara se hallaba plasmada en portadas de revistas, hablando de una crisis mental que no sabía que estaba teniendo. Además, resultó que era adicto a la heroína, y salí de The Crooks debido a mi adicción. Entonces, cometí el error de entrar en línea y leer más cosas sobre mí. Me desconcertó cuántos de mis fans se alimentaban de las mentiras. Así que, era más fácil para mí estar borracho. Bert empujó mi vaso hacia mí. —Que patán —murmuré. Antes de que pudiera responder, un grupo de chicas borrachas chocó por la puerta principal del bar. Estaban más allá de embriagadas, ruidosas y vestidas de rosa de la cabeza a los pies. Excepto una, que iba toda de blanco. Despedida de soltera. Genial. Bert se levantó y se dirigió a la barra para atenderlas. —¡No puedo creer que lo hayas encontrado! —gritó otra. Se encontraban en lo que parecía ser una búsqueda del tesoro, y una de sus paradas era un agujero en el bar de la pared, perfecto. Me hundí en la esquina de mi cabina, no queriendo nada más que quedarme solo. Todas se apresuraron a la barra, riendo. —¿Qué puedo conseguirles, señoras? —preguntó Bert. Al unísono, gritaron, lanzando las manos al aire—: ¡FIREBALL!

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—¡Oh, Dios mío! Este lugar es taaaan adorable. —Una se rio.


Mis ojos se cerraron, y estaba de vuelta en ese barco. —Eso es sólo porque La Novia de América Maggie May no habla. Si lo hiciera, diría algo de mierda poética, supongo. —Hizo una pausa y sus ojos se abrieron—. ¡JUEGO SUCIO! Mencioné a una chica. ¡Necesito un trago! ¡FIREBALL! —Se lanzó hacia la botella de Fireball, y mientras se movía, su cuerpo se inclinó, colgando del borde del bote, y lo agarré con fuerza, empujándolo hacia el bote. Sacudí la cabeza. Detente. Mientras me movía a través de la cabina, con cada plan para escabullirme por la puerta trasera, una de las chicas me vio. —Oh. Mi. Dios —siseó. Dejé caer la cabeza sobre la mesa y traté de actuar normal. —¡Tiffany! Mira, ¿es ese...? La rubia se volvió hacia mí. —¡Oh Dios mío! ¡Es Brooks Griffin! —gritó. Todas las chicas comenzaron a gritar y corrieron a mi mesa. Juré que sólo había unas pocas al principio, pero mi versión borrosa me confundía más de lo normal. Empujaban sus teléfonos con la cámara en mi cara, e intenté mi mejor para empujarlas lejos. Luego, sus preguntas y comentarios llegaron a inundarme. —Oh, Dios mío, Brooks. Siento mucho tu accidente. —¡Oh, Dios mío! ¿Has perdido los dedos? —¿Eso significa que ya no puedes tocar la guitarra? —¿Vas a seguir haciendo música? —¿Podemos comprarte un trago? —¿Podemos tomarte una foto? —¡Te quiero tanto! —¡No! Él no lo haría... ¿verdad? Yo no juzgaría. —Yo fumo marihuana. —Mi primo estaba enganchado con pastillas recetadas. —¿Brian? —No, West. —¿Qué pasó con Sasha? —¿Te engañó? —¿La engañaste? Leí un artículo sobre ti y Heidi Klum...

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—¿Es cierto acerca de las drogas?


—¡No me conocen! —salté, formando mis puños—. ¿Por qué diablos todo el mundo sigue actuando como si me conociera? En las noticias, Internet, los tabloides —grité, mi garganta ardiendo mientras gritaba a las chicas que no trataban de ser ofensivas—. Nadie sabe lo que es ser yo. Nadie sabe lo que es no poder hacer lo que amas. Mi vida era mi música y ahora apenas puedo hablar. No puedo... nadie sabe... —No podía hablar más. Estaba borracho y me dolía el cuello. Demasiadas palabras. Demasiadas emociones. Las chicas se callaron, sin saber qué hacer, qué decir—. Lo siento —murmuré—. No quise decir... —Está bien —dijo una, sus ojos llenos de culpa—. Lo sentimos. Me dejaron solo después de eso, dejando el bar. Bert se paró cerca de mí, mirando en mi dirección, sin decir una palabra. Su cabeza se inclinó a la izquierda, y luego a la derecha, y en cuestión de segundos, se sentó de nuevo en el puesto frente a mí. Su mano aterrizó encima de la mía, y le dio un leve apretón, un apretón que me recordó a Maggie, porque todo en el mundo me la recordaba. Bert cogió la botella de whisky y me sirvió otra copa. No me ofreció sus disculpas; no me dirigió palabras de mierda para eliminar el dolor. En cambio, me dio whisky para ahogar los recuerdos.

Me despertaba cada mañana por costumbre. Me lavaba los dientes, me duchaba y me vestía debido a mi rutina de toda la vida, pero eso es todo lo que hacía. Me despertaba, leía mentiras, bebía, y me iba a dormir. La banda hizo todo lo posible para convencerme de que les permitiera quedarse conmigo, pero me negué. No era culpa de ellos lo que pasó, era mío. Nos obligué a salir en el barco cuando querían relajarse dentro. La cabaña de la señora Boone era el mejor lugar para escapar del mundo. No había cámaras en mi cara en todo momento, tratando de averiguar mi futuro. Sólo podía estar solo.

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Mientras sorbía la bebida, me quemaba la garganta. La sensación de quemazón me recordó los rumores, las mentiras, el accidente, las cicatrices. Me recordaba a cada dolor que vivía en mi pecho hasta que logró apagar completamente mi mente.


Los únicos días que cambié mis actividades diarias eran los días en que llovía. Durante la lluvia, iba a sentarme en medio del lago, en una pequeña canoa. Iba en barco hasta el medio del agua cuando las gotas de lluvia caían sobre mí. Mientras el cielo soplaba fuerte, siempre me quedaba quieto y estático. A pesar de que se suponía que debía venir a la cabaña para encontrarme, cada día me sentía más perdido. Podía sentirlo también, el cambio en mí. Empezaba a volverme más frío. Empezaba a convertirme en un extraño para mí.

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Caminaba por un camino que nunca me llevaría a casa.


Traducido por Yira Patri

—E

sto lo hará —dice papá, trayendo el último cuadro de la carretilla fuera. Nos gustaría de alguna manera viajar atrás en el tiempo a cuando éramos sólo él y yo en un pequeño apartamento, el sueño de un gran mundo. Sólo que esta vez había una hermana con rastas, que no saldría de nuestro lado. Esa noche, Cheryl regresó a su casa para quedarse con mamá, y dormí en un colchón de aire en uno de los dormitorios, mientras papá dormía en el otro sobre su colchón de aire. Alrededor de las tres de la mañana, me desperté al escuchar movimiento en todo el apartamento. Sentándome, entre de puntillas a la cocina para ver a papá despierto, haciendo una jarra de café. Cuando se volteó a verme, casi saltó de su piel. —¡Jesús, Maggie! me asustaste. Le di una sonrisa de disculpa, y agarré mi tablero borrable antes de sentarme encima de la encimera. —¿No puedes dormir? —preguntó Hizo una mueca. »Pensé que era eso, ¿sabes? Pensé que era para siempre. —Vierte dos tazas de café, entonces me entrega una taza—. Cuando me reuní por primera vez con Katie, ella era un rayo de sol. Tenía esta energía sobre ella que se propagaba a través de mí, ¿sabes? No sé lo que le sucedió a lo largo de los años, pero comenzó a cambiar. Se hizo más fría… Me preguntaba si era algo que hice, algo que he dicho, pero he perdido a mi esposa hace mucho tiempo. Pero, diablos, yo también cambié. »Estaba convencido de que pasaba por algunas cosas, que lo que me sucedió de alguna manera le había sucedido a ella demasiado no directamente, justa causa y efecto, ese tipo de cosas. Pero las cosas empeoraron cada día. La mujer que conocía desapareció justo en frente de mí cada día. Y el hombre que yo sabía que era se había ido, también. ¿La extrañas?

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Te oí caminar alrededor. ¿Estás bien?


Frotó sus dedos contra su sien. »Echo de menos la idea de extrañarla. La verdad es que dejé de extrañarla incluso cuando se hallaba en la misma habitación que yo. Con el tiempo, tenía que irme. Pero, no podía precipitarme. No podía dejarla cuando no estaba listo. Mi corazón aterrizó en mi garganta. Él sólo se quedó con ella por mi culpa. Permaneció infeliz para mantener mi seguridad. Siento haberte hecho quedarte. Sacudió su cabeza. »Me gustaría hacerlo todo de nuevo en un instante. Nos sentamos a beber el negro café sin decir nada. Papá y yo éramos bastante buenos estando en silencio el uno con el otro. Siempre me sentía bien. Justo antes de que regresara a la cama, hizo una pausa. »Un profesor de inglés preguntó a un estudiante que nombrara dos pronombres. ¿Qué respondió el estudiante? Sonreí por su broma y respondí. ¿Quién yo? Se rio para sí mismo. »¿Quién yo? —Mientras caminaba hacia su dormitorio, se volteó hacia mí y me dijo la verdad que estuvo evitando decirse a sí mismo—. La extraño. Incluso a través de las luchas, incluso a través de la herida todavía la amaba. Esa era la cuestión sobre el amor. No se fue porque le dijo que se fuera. Simplemente se quedó quieto, sangrando por el dolor, aun rezando para que no lo dejara escapar.

Papá se sentó en la isla de la cocina bebiendo otra taza de café. Había pasado una semana desde que entramos en el nuevo apartamento, pero su dormitorio todavía vivía dentro de cajas. »¿Por qué crees? Está esperando a que ella venga a casa. Los ojos de Cheryl se apagaron y sus cejas se fruncieron en su pensamiento. »Mamá no está mejor. No estoy tratando de juzgarla, sino por la grasa de su cabello y el enjambre de moscas que la siguen, dudo que se bañara. Me reí disimuladamente por mi hermana dramática.

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—Él no ha desempacado —me dijo Cheryl desde la sala de estar.


»El amor es duro, ¿no? Síp. »Es por eso que voy a buscar un gato. Los gatos no necesitan nada de ti, excepto por la comida y un lugar para hacer popo. Eso es todo lo que quiero de las relaciones, también. Dame algunos tacos y un baño para las secuelas de los tacos, y viviré feliz para siempre. Definitivamente voy a conseguirme un gato. Y tal vez tacos para la cena. ¿Vendrás a limpiar la caja de arena para mí? No, probablemente no. »Está bien entonces. Definitivamente no conseguiré un gato. Sonreí. Mi teléfono celular comenzó a sonar, y respondí usando FaceTime. —Oye, hermana —dijo Calvin, sonriendo a su teléfono. Saludé, y Cheryl apareció para ser vista. —¡Oye, hermano! —gritó ella, saludando. —Ah, dos por el precio de una. Excavando las rastas, hermanita. Estoy en Los Ángeles con los chicos para algunas reuniones y cosas así, y sólo tengo unos minutos antes de que comience la siguiente. Pero te llamaba para pedirte ayuda, Maggie. Arqueé una ceja.

La respuesta era sí. Si Brooks estaba perdido, estaría allí para él. En un instante. A veces, cuando la gente pensaba que necesitaban espacio, realmente necesitaban algo. ¿Me llevarías hasta allí? Le pregunté a mi hermana. Asintió. »Por supuesto. —Se frotó el estómago—. ¿Podemos parar por tacos, primero? Porque… tacos.

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»Llamé a Brooks, y sonó bastante perdido cuando contestó. No ha querido hablar conmigo por mucho tiempo, pero creo que está en mal estado. Sé que dijo que necesitaba espacio, y sé que sólo se lo das porque él te dio tu espacio en el pasado, pero esto es diferente. Le hago necesitar tiempo para recoger sus pensamientos, pero no creo que eso es lo que está haciendo. Creo que está haciendo todo lo contrario, y esperaba que pudieras ir a verlo.


Las gotas de lluvia cayeron sobre el pequeño pueblo de Messa cuando Cheryl y yo llegamos a la cabaña. Descargamos mis maletas y fuimos al porche. Llamé a la puerta unas cuantas veces, sin recibir respuesta de Brooks. Mi estómago se sentía hecho nudos, pensando en los peores pensamientos posibles. Estaba agradecida de que la señora Boone me diera una llave de repuesto cuando supo que iba a quedarme con Brooks por un tiempo. Girando el pomo, la puerta principal se abrió y Brooks no se encontró en ninguna parte, lo cual era extraño, porque su auto se hallaba aparcado delante. Tal vez fue a la ciudad. Saqué mi tabla. Puedes irte, Cheryl. Alzó una ceja. —¿Estás segura? No te quiero aquí si no se encuentra en ninguna parte... Estaré bien. Lo prometo. Te llamaré si necesito algo. Dudaba en irse, pero después de convencerla, se marchó. Esperé en la sala de estar, sentada en el sofá hasta que Brooks regresara, pero no lo hizo. Después de algún tiempo, agarré un paraguas y me dirigí hacia fuera para caminar hacia la ciudad mientras las gotas de lluvia seguían cayendo. Cuando llegué a la biblioteca local, me apresuré adentro, llevando mi tablero de escritura conmigo. La biblioteca era enorme para una ciudad tan pequeña, y me hizo sentir como si estuviera de vuelta en mi dormitorio, rodeada de mis historias favoritas. Cuando entré, una mujer sentada en la recepción sonrió hacia mi camino. Ella tenía una dulzura en ella, con sus ojos chocolate y cabello gris corto. Su etiqueta de nombre decía “Sra. Henderson”. Empecé a escribir. Estoy buscando a alguien, y no estoy segura si lo han visto últimamente. Se rio. »Cariño, sé que es una biblioteca, pero no tienes que ser tan tranquila. Hice una mueca, golpeé mi garganta y sacudí la cabeza de un lado a otro. Frunció el ceño. |Oh, mi… ¿no puedes hablar? Lo siento mucho. Bien, bueno, ¿a quién buscas? Brooks Griffin.

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—Hola, ¿puedo ayudarte de alguna manera?


Entrecerró los ojos. —Ahora no vienes a esta ciudad jugando a la dulce tarjeta, y luego resultarás ser una acosadora de ese pobre muchacho. Ya ha pasado por bastante. Lo último que necesita es alguien que venga a molestarlo por un autógrafo o algo así. Soy una amiga. »Pruébalo. Buscando en mi bolsillo, saqué mi teléfono celular y le mostré las fotos de Brooks y yo abrazándonos. Sonrió. »Parece que ambos son amigos cercanos. Está bien, está lloviendo, así que sólo puede estar en un lugar. Vamos, sígueme. Te mostraré. Pero si resulta que esas fotos son hechas con photoshop, llamaré a Lucas para que me ayude. No es sólo el policía de la ciudad, sino también mi marido. Agarró su paraguas y luego me llevó fuera de la biblioteca y al otro lado de la carretera a la costa del lago Messa. »¿Lo ves? —preguntó ella. Sacudí la cabeza. »Aquí. —Señaló hacia el agua—. Esa pequeña mota es él. Él y su diminuta canoa —dijo la señora Henderson, mirando en la misma dirección exacta en la que me quedé mirando. Brooks se hallaba sentado en medio del lago en su canoa en solitario. La lluvia golpeaba contra él, pero parecía imperturbable—. Sólo sale cuando llueve, nunca en los días de sol. Incliné la cabeza hacia la señora Henderson, llena de asombro, y se encogió de hombros antes de hablar de nuevo. »Muchos de los habitantes de la ciudad creen que va allí durante las tormentas intentando ahogarse.

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Pero lo sabía mejor. Sabía que el mejor lugar del mundo para tratar de respirar se encontraba debajo del agua.


Traducido por Yira Patri

C

uando la lluvia se detuvo empecé a remar hacia la cabaña. Era tarde, alrededor de las once de la noche, cuando los nubarrones decidieron mudarse a su próxima ciudad. Amarré la canoa hasta el muelle y pasé mis manos por mi cabello empapado, sacudiendo parte del exceso de agua. —Mierda —murmuré para mí, congelando mi culo. No quería nada más que entrar en la cabaña, cambiar mi ropa, y meterme en la cama. Sin embargo, cuando me arrastré más cerca de la cabaña, mi pecho se tensó, viendo a alguien acostado en el columpio del porche, durmiendo. Malditos paparazzi. No era la primera vez que intentaban acampar en la cabaña para obtener información sobre mí, pero normalmente el alguacil de la ciudad, Lucas, era bueno para hacer que se mantuvieran alejados. Después de horas y horas de soledad en el agua, no podía manejar a un cretino sentado fuera de la cabaña, tomando fotos de mí. »Escucha, idiota. ¿No tienes algo mejor que hacer que tirar fotos de... —Mi voz se apagó cuando Maggie comenzó a despertar, alerta y alarmada. Saltó en su asiento un poco, sobresaltada, alcanzando su cuello. Cuando sus ojos se cerraron con los míos, sus manos se relajaron. »¿Maggie? —exclamé, casi dudando de mis palabras. Mi pecho se tensó más—. ¿Qué diablos haces aquí? —ladré, un poco confundido, un poco loco, pero feliz. Mayormente feliz. Tan feliz por verla. Se revolvió alrededor de su espalda, buscando algo. Cuando volvió a subir, sostenía una tabla en el aire, y empecé a leer un escrito hecho por mi propia mano.

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Me dirigí hacia el porche y bufé.


Algún día te vas a despertar y dejar tu casa, Magnet, y vas a descubrir el mundo. Algún día vas a ver el mundo entero, Maggie May, y ese día, cuando salgas y respires tu primer aliento, quiero que me encuentres. No importa qué, encuéntrame, porque voy a ser el que te lo muestre. Voy a ayudarte a eliminar tu lista de tareas pendientes. Te voy a enseñar todo el mundo. Se puso de pie y su ropa se encontraba empapada como si también se hubiera quedado en la lluvia toda la noche. Estornudó y comenzó a temblar por el frío. Maggie se quedó allí mirándome, esperando que dijera algo más, cualquier cosa. Muchos pensamientos pasaron a través de mí mientras cerraba los ojos, pero no eran pensamientos que merecía pensar. No creía que mereciera perderla. No pensé que merecía tenerla. No creía que mereciera amarla. Todo lo que hice fue beber y dormir en mi autocompasión. Ella merecía más que mi tristeza. ¿Cómo podía mostrarle el mundo mientras yo hacía todo lo posible para evitarlo? »Ven a secarte —dije. Vi el pequeño tinte de tristeza que la invadía mientras asentía. Era casi como si hubiera esperado que yo empacara mi bolsa y me uniera a ella en el viaje para completar su lista de tareas pendientes. Era la primera vez que me sentía como si realmente la decepcionara. Caminamos hacia la cabaña, y noté las maletas en la sala de estar. »¿Tuyas? Asintió.

Ver a Maggie me sacudió. Recordarme algo tan hermoso cuando todo lo que sentía últimamente eran momentos feos fue una transición difícil para mí. Verla me hizo querer respirar, cuando durante las últimas semanas todo lo que pude hacer era contener mi aliento. »¿Cómo has llegado hasta aquí? —pregunté, volviendo a encontrarla secándose el cabello con una toalla y buscando en su maleta por un pijama. Garabateó. Cheryl. Suspiré. »Es tarde, y estoy un poco borracho, así que no puedo llevarte a casa hasta mañana. Puedes quedarte una noche, pero entonces tienes que irte. Te mostraré una habitación.

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»Vuelvo enseguida. —Entré en mi habitación y me dirigí directamente al cuarto de baño, donde salpiqué mi cara con agua—. Jesús, Brooks. Cálmate.


Hizo lo que dije, y la llevé al dormitorio europeo. »Puedes quedarte hasta la mañana y luego te llevaré a casa. A primera hora de la mañana, Maggie. Hay pizza de un día en la nevera si quieres y algunos refrescos. Buenas noches. Mantuve las cosas cortas. No quería entablar ningún tipo de conversación con Maggie esa noche, porque tenía una manera de mejorar las cosas. No quería sentirme mejor. No quería sentir nada. Volviéndome para irme, cerré los ojos cuando sentí sus dedos caer contra mi antebrazo. »Maggie —susurré entonces vacilé, pero me empujó hacia ella. Me encontré con sus ojos azules, y me dio su perfecta sonrisa—. No puedo hacer esto ahora —le dije, pero ella no me dejaba ir. Rompí el agarre de Maggie, volviéndome—. No puedo. Lo siento, no puedo hacer esto. Salí de su habitación antes de volver a ver su reacción. Golpeé la puerta de mi dormitorio cuando entré en la habitación, agarré mi botella de whiskey, e intenté olvidar lo que sentía al sentir de nuevo.

—¿Por qué cocinas? Tenemos que irnos —le ladré a Maggie a la mañana siguiente mientras se hallaba en la cocina cocinando panqueques. No lo entendí. Fui cortante con ella la noche anterior. Dejé claro que nos íbamos a primera hora de la mañana. No se volteó a reconocerme. Siguió cocinando. Rodé los ojos, fui a la nevera y la abrí para tomar una cerveza. Pero, no había cerveza para ser encontrada. »¿Qué ...? —Bien. Me acerqué al armario de licores y lo abrí de par en par, para no encontrar nada—. ¿Estás jodiéndome? —Gruñí—. Maggie, ¿dónde está mi alcohol? Sin respuesta. »Jesús, Maggie. ¡Estás muda no sorda! Se volteó hacia mí, entrecerró los ojos y me lanzó una mirada de muerte, que de alguna manera me obligó a disculparme. »Hablando en serio. ¿Dónde están mis cosas? —Señaló las botellas vacías en el fregadero. Mi intestino se endureció, y respiré hondo—. Tienes

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»¡Maggie! —grité, y aun así, seguí sin respuesta.


que irte a casa, Maggie. Tienes que ir a buscar tus maletas para poder llevarte a casa ahora mismo. Se acercó a mí y puso una mano reconfortante en mi mejilla. Luego sus dedos rozaron ligeramente la cicatriz en mi cuello. Cerré los ojos. Demasiado. Su tacto me dio demasiada comodidad. »No se supone que estés aquí —dije, mi mano cayendo sobre la suya. Me aclaré la garganta—. Te pedí espacio... —Tragué con dificultad. Deslizó sus labios contra los míos y levantó su mano derecha. Cinco minutos. Cerré los ojos. »No puedo... Me acercó a ella, apoyando sus manos contra mi pecho. Cuando abrí los ojos, me miraba con tanta esperanza. »Bien. —Cambié mis pies y tomé sus manos en las mías—. Cinco minutos. El primer minuto, tuve el momento más difícil de intentar mirarla. Ella me recordó todo lo que siempre quise y todo lo que ya había perdido. El segundo minuto, me recordó los mejores días de mi vida. Al tercer minuto, pensé en la música. Maggie siempre me recordaba a la música. Ella era mi música. Se acercó más, y retrocedí, dejándonos caer el uno al otro.

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Sacudí la cabeza. »No. No puedes consolarme. Lo siento. No puedo estar cerca de ti. Lo siento, Maggie. Voy a ir a la ciudad para el día, y cuando vuelva, por favor está lista para salir. —Me volví para alejarme, avergonzado por mi crudeza, y cuando mi pie golpeó la puerta, dije mi verdad—. No puedes arreglarme, Maggie. Tienes que dejarme ahogar.


Traducido por Yira Patri

N

o me iría, y eso lo molestaba.

Cada día que pasaba recibía dos versiones diferentes de Brooks Tyler Griffin. El primero era el silencioso, que pasaba a mi lado sin decir una palabra. En todo mi tiempo de conocerlo, nunca me hizo sentir invisible hasta que llegué a esta cabaña. La segunda versión de Brooks era la versión borracha, grosera, gilipollas. Era un lado de él que no sabía que existía. Había tropezado en casa descuidado borracho tantas veces, y venía a mí de alguna manera, diciéndome lo patético que era, y cómo debería haber seguido con mi vida, porque nunca estaríamos juntos. Nunca tendríamos un futuro. —Quiero decir, te miro. Estás aquí, esperando por mí. ¿Qué te pasa? —murmuró, tropezando de lado a lado en mi puerta a las tres de la mañana una noche—. Deja de avergonzarte, Magnet. Esto no va a suceder. ¿No tienes algún tipo de lista para lograr? —Rió y cayó hacia atrás contra la pared—. ¿O tienes demasiado miedo de hacer algo por tu cuenta? Fueron esas noches cuando quería dejarlo la mayoría de las veces. Fueron esas noches cuando quise tirar la toalla y dejar a Brooks en su propia miseria.

Por la noche, me bañaba, me hundía bajo el agua y recordaba. No es él. No es él. Ese no es mi amor Si me alejaba de él cuando las cosas se ponían difíciles, ¿qué diría de mí? ¿Cómo me perdonaría si su mente se volvía tan oscura y se escapaba? En los días que más le necesitaba, él siempre se encontraba a mi lado, y yo debía hacer lo mismo. Estar enamorado de alguien no significaba que sólo se amasen durante los rayos del sol. Significaba que te quedabas parada a su lado durante las noches nubladas, también.

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Pero entonces me aferraba a mi collar de ancla y me recordaba cuántas veces él estuvo a mi lado.


No amaba a la persona que lo miraba fijamente en el espejo. No vio a la persona divertida, encantadora y torpe que solía ser. No se rio más, y me esforcé por recordar la última vez que sonrió. Era mi trabajo recordarle. Era mi trabajo ser su ancla. Era mi trabajo quedarme y amarlo a través de todo.

En los días en que Brooks estaba en su peor momento, tuve que alejarme. Me gustaba ir a la ciudad y explorar las pequeñas tiendas, pero no sabía lo difícil que sería en mi mente. Me di cuenta de todo: cada olor, cada ruido, cada persona. Mi mente se hallaba en constante alerta, advirtiéndome de los peligros del mundo. La idea de no saber lo que venía de la esquina me horrorizaba. Cuando un hombre se topó accidentalmente conmigo, tropecé sobre mis pies y caí al suelo, encogiéndome de miedo. Se disculpó una y otra vez y trató de ayudarme, pero me sentía demasiado avergonzada para aceptar su ayuda. Como no podía volver a la cabaña, había ido al lugar que más me recordaba a mi casa: la biblioteca. Cada día visitaba la Biblioteca de Messa y me sentaba en una sala lectura en la esquina de atrás para quitar mi mente del mundo. La señora Henderson siempre venía a visitarme y me deslizaba un pedazo de chocolate, guiñándome un ojo. —No se permite comida o bebida en la biblioteca, pero como eres tan buena en casi mezclarte con las paredes, creo que podemos dejar que esto se deslice. »Eres más que bienvenida. —Sacó la otra silla en la mesa y se detuvo— . ¿Te molesta una pequeña compañía hoy? Hice un gesto para que se sentara. Cualquiera que me traía chocolate cada día se le permitía sentarse conmigo. »¿Qué estás leyendo? —preguntó. Le mostré la portada. —Ah, “Persuasión” de Jane Austen. Es una de mis piezas favoritas de su trabajo. En segundo lugar sólo “Northanger Abbey”.

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Gracias. Escribí.


Asentí, apreciando la sabia opinión de la señora Henderson sobre el trabajo de Austen. Metió su mano en el bolsillo, sacó un trozo de chocolate y se lo metió en la boca. »Me gusta pensar que “Persuasión” es una mezcla perfecta de momentos profundos con un maravilloso entretenimiento. Esta mujer entendió lo que la hizo una historia maravillosa. »Entonces, te dije que mi esposo era el alguacil aquí, ¿verdad? Sí. Sonrió. »Si conocieras a Lucas, creerías que nació de la más dulce pieza de chocolate. Su voz es tan calmante y tiene esta rica personalidad que todos aman al instante. Tiene una chispa a su alrededor; cuando entra en una habitación la energía cambia a un lugar más brillante. Él es el amor de mi vida, y puedo decir que este Brooks es el amor de la tuya, ¿verdad? Lo es.

Escuché sus palabras, apenas parpadeando una vez. »Pero lo que pasa con las rocas es que aunque son fuertes, no son invencibles. No se puede permitir que alguien lleve una maza a una piedra, sin esperar que comience a agrietarse. Tomó mucho trabajo, pero lo logramos después de que me levanté, recordando a Lucas que yo era su compañera, no su bolsa de boxeo. —La señora Henderson se acercó a mí y me puso un pedazo de chocolate en la mano—. Lo veo en tus ojos, dulce niña. La forma en que estás sosteniendo su dolor en el pecho. La forma en que te estás rompiendo mientras tratas de parecer fuerte. He leído algunos de los artículos sobre Brooks y están más allá de duros. Brooks es un alma

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Metió otro pedazo de chocolate en su boca. »El noventa y cinco por ciento de mi matrimonio siempre ha estado lleno de felicidad. Estar casada con Lucas era la mejor opción de mi vida, pero existía un punto en nuestra historia en que el cinco por ciento se presentó. Vivíamos en un centro urbano, y Lucas trabajaba en un turno nocturno como oficial de policía. Apenas hablaba de los tipos de cosas que veía allí, pero sabía que lo afectaban. Empezó a sonreír menos, apenas se reía, y todo lo que hacía era de alguna manera incorrecto para él. Me gritó y gritó sobre cosas ridículas. El lavavajillas que tenía fugas de agua; el muchacho de la entrega que tiraba el periódico en los arbustos por error. Esa clase de cosas lo volvían loco, y me gritaba al respecto. Sin embargo, puse su cólera sobre mis hombros, diciéndome que había tenido un día difícil. Mi dulce Lucas tuvo una dura vida laboral. Trabajaba en un trabajo donde la muerte era más común que la vida. Él entró en casas a veces donde encontró a niños que perdieron sus vidas debido a estar en el fuego cruzado de sus padres que discutían. Estaba cansado, así que se quedó sin fuerzas. Me dije que era su roca, por lo tanto tuve que mantener la fortaleza para los dos.


gentil. Esa es probablemente la razón por la que toda esta atención mediática es tan dura para él. Las almas suaves duelen más cuando el mundo les da la espalda. Es por eso que tu papel para él es tan importante. Tú eres su verdad. Por lo tanto, ayúdalo, pero mantenlo en su terreno. No seas su bolsa de puñetazos, Maggie. Ámalo, pero también a ti misma. El hecho de que esté sufriendo no significa que te haga daño —dijo la Sra. Henderson—. ¿Me prometes que te encargarás de ti? Lo prometo. »Bien. —Sonrió, y empezamos a hablar sobre temas mucho más felices. »No creo que alguna vez te haya preguntado qué piensas hacer con tu vida. ¿Cuál es tu carrera? —me preguntó. En realidad estoy matriculada en la escuela para convertirme en bibliotecaria. La señora Henderson metió la última pieza de chocolate en su boca y me dio una sonrisa perversa. »Bueno, cariño, te recomiendo que reconsideres. Si puedo ser muy franca contigo, creo que hablas demasiado para trabajar dentro de una biblioteca. ¿Has pensado en convertirte en un político? Hablan todo el día, aunque casi nunca tienen nada que decir.

El viernes siguiente, Brooks no regresó a casa hasta las dos de la mañana. Estuvo lloviendo hasta alrededor de ese tiempo, y no pude dormir, escuchando a la tormenta rodando. Me senté en la sala de estar, escuchando la rockola de la señora Boone, tocando canciones tras canciones, esperando que la puerta se abriera. Cuando por fin lo hizo, jadeé, escuchándolo. La segunda versión de Brooks llegó caminando por la puerta, empapado y borracho de su tiempo en el lago.

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Sonreí. El mundo necesitaba más mujeres como ella. El mundo necesitaba más gente que fuera como el libro de “Persuasión”: una mezcla perfecta de momentos profundos agitados con corrientes de entretenimiento.


—¿Qué diablos es esto? —siseó, mirando a la máquina de discos. Con cinco grandes pasos se dirigió a la máquina y la desenchufó de la pared—. No quiero oír eso. Gruñón. Siempre que tocaba música a su alrededor, me obligaba a detenerme. Caminé y lo enchufé de nuevo. Yo quería oírlo. Se levantó alto y sopló el pecho. »No puedes hacer eso, Maggie. No puedes venir aquí y jugar esa mierda. —Lo desenchufó otra vez, y lo enchufé de nuevo—. Maldición, ¿te vas a ir? No te quiero aquí. ¿Qué no entiendes sobre eso? ¡No te quiero aquí! Me estás volviendo loco. Estoy harto de esta mierda. Estoy harto de que intentes meterte en mi vida, hacerme sentir mejor, obligarme a algo de lo que no estoy listo. ¿Cómo te atreves? —siseó, borracho y herido—. Durante más de veinte años te dejé ser lo que tenías que ser para pasar por lo que tenías que pasar. Nunca te empujé, nunca te presioné, pero ahora me estás haciendo todo esto. Cuando me dijiste que me fuera hace años, te dejé. Te di tu espacio. ¿Por qué no puedes hacer eso? Me estás ahogando, tratando de salvarme. Pero, ¿no lo ves? No necesito que me salves. No quiero ser salvado. He terminado. Sólo quiero que vayas a casa. ¿Por qué no puedes dejarme solo? Mi cuerpo tembló cuando sus palabras se hundieron y me golpearon con fuerza. Se dio la vuelta, pasándose los dedos por el cabello, molesto, cabreado.

Cada vez que me acercaba, el whisky en su aliento suspiraba contra mí. Con un último tirón de la cuerda, Brooks empujó la rockola con su mano derecha. »¡Suficiente! ¿Por qué? ¿Por qué diablos no me dejas jodidamente solo cuando te dejé estar todos estos años? Enrosca tu música, y tu esperanza, y tu lista de cosas que deseas hacer. Si me estás esperando, nunca va a suceder, Maggie. —Cada palabra fue un éxito, cada palabra me golpeó de nuevo—. Estás perdiendo el tiempo, así que acaba de salir de... —¡LO PROMETISTE! —grité, mi voz se quebró cuando las palabras pasaron por mi boca. Mis manos volaron sobre mis labios, y mi estómago se tensó. ¿He dicho qué? ¿Esas palabras vinieron de mí? ¿Era esa mi voz? Mis sonidos. ¿Mis palabras?

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Cuanto más se enfurecía, más me molestaba. Desenchufó la rockola de nuevo, y lo enchufé de nuevo.


Sus ojos marrones parecían perplejos, confundidos por el sonido, por mi voz. Me sentía tan confundida. Bajó la mirada a mis labios y dio un paso. —Dilo de nuevo —suplicó. —Me lo prometiste. —Me acerqué a él, incapaz de ocultar mi cuerpo tembloroso. Mi mirada cayó al suelo antes de levantarla de nuevo—. Me prometiste que serías mi ancla, y siempre prometí ser la tuya si alguna vez me necesitabas. Estoy aquí por las promesas que hicimos, pero ahora mismo ni siquiera sé quién eres —susurré—. El chico que conocía no me gritaría. Nunca. El chico que conocía no me golpearía tanto. —Maggie. —Brooks. Sus ojos se cerraron con fuerza ante el sonido de mí diciendo su nombre. —¿De nuevo? —preguntó. —Brooks —murmuré. Cuando abrió los ojos, me hallaba más cerca. Mis dedos aterrizaron contra su pecho. »Brooks... por favor, no hagas esto. No me sigas empujando. Quiero ayudarte, pero sigues golpeándome cada día con tu ira, tu dolor, y no puedo soportarlo más. No puedo seguir siendo tu bolsa de boxeo. No te hagas esto a ti mismo —le supliqué—. No te hagas ahogar. Es demasiado, y deberías saberlo. Me he estado ahogando durante años. Estás sentado aquí matándote a ti mismo cada segundo, como si estuvieras solo, pero no lo estas. —Tomé sus manos y las puse contra mi pecho—. Estoy aquí. Estoy aquí para ti, pero tienes que dejar de golpearme con tus palabras. Tienes que dejar de actuar como si yo fuera el enemigo en todo esto.

»Va a ser difícil. Va a ser muy difícil. No estoy retrocediendo, pero no puedes tratarme así, Brooks. No puedes llegar a ser algo que no eres. No eres un monstruo. Eres todo lo contrario de un monstruo. Eres gentil, amable y divertido, y mi mejor amigo. Tú lo sabes. Así que no me voy de aquí hasta que lo encuentres de nuevo —dije. —¿Encontrar qué? Puse mis manos contra su pecho, y le di un suave beso en su mejilla mientras susurraba—: Tu voz.

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Dejé caer sus manos, y él siguió mirando, ¿aturdido por mi voz tal vez? O tal vez por las palabras que mi boca produjo.


Traducido por Niika

Lo prometiste. Su voz. Sus primeras palabras en años, y estuvieron dirigidas a mí debido a su frustración. La verdad detrás de esas palabras me mantuvo despierto toda la noche. Junto con el sonido de su voz. Odiaba el hecho de que su voz apareciese cuando se sentía enfadada y dolida. Odiaba cómo yo era el único que la empujaba hacia ese nivel. ¿En qué me convertí? —Maggie —susurré alrededor de las cinco de la madrugada. Le di un golpecito suavemente en el hombro mientras ella se extendía dormida en la cama—. Maggie, despierta. Se revolvió por un momento, antes de bostezar y restregar el sueño de sus ojos. Alzó una ceja, desconcertada. »Sé que es temprano, pero, ¿puedo enseñarte algo? Asintió, y me preguntaba si había imaginado el sonido de su voz más temprano esa noche. Salió de la cama, y la guie al fondo de la cabaña, bajando por el muelle, donde me senté. Ella me acompañó, sentándose junto a mí. »Número sesenta y siete en tu lista de cosas por hacer. Observar el amanecer o anochecer sobre el agua. Un pequeño suspiro escapó de sus labios, levantó la vista hacia el oscuro cielo que comenzaba a despertase. —Te sacudes y das vueltas por la noche —dijo. —Sí. Lo sé. —¿También te levantas sudando? ¿A veces se siente como que te estás ahogando en el agua y, a pesar de que sabes que no está pasando realmente, se siente como si estuvieras ahí de nuevo?

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Inclinando su cabeza, entrecerró sus ojos hacia mí, confusa.


Asentí rápido. —Si. Sí. Exacto. Es difícil describir qué ha estado pasando en mi cabeza. Todos siguen diciéndome que vuelva, pero los recuerdos, la voces en mi cabeza… —Son reales. Las voces. Los destellos. Los miedos. Todo eso es real, Brooks, y no importa cuántas veces intentes describírselo a una persona quien nunca antes ha pasado un trauma, no lo van a entender. Lo que te pasó tuvo que ser espantoso. Yo sé acerca de sacudirse y dar vueltas. Acerca de sudar. Sé cómo se siente, como si estuviese sucediendo sin parar, cada segundo de cada día. Mi cabeza bajó. —¿Ha sido así desde que tenías diez? —Síp. Es por eso que no podía dejarte. Sé lo que es estar asustado de volver a empezar. —Ahora me siento estúpido por mis acciones… egoísta. Has estado tratando con esto toda tu vida, y ni una sola vez fuiste distante. Nunca te pusiste en contra de nadie. He sido una mierda para ti, Magnet. Lo siento. Se encogió de hombros. —Todo el mundo trata con el trauma de maneras distintas. Sólo porque reaccioné a mis problemas de distinta manera no quiere decir que tuvieses que reaccionar del mismo modo. Lo que te pasó fue traumático, y entiendo completamente que tengas miedo de la música, a causa de lo que te sucedió. Te sientes engañado. La única cosa que quieres, no la puedes tener todavía. Pero llegarás ahí, Brooks. Encontrarás tu camino. —Cogí mi guitarra el otro día. Se encontraba sólo apostada en la esquina de la habitación y, por costumbre, la cogí, y entonces recordé que no podría tocar. Así que en vez de ponerme triste, sólo me enfadé. Me emborraché para parar el dolor. Pero después de que la borrachera se desvaneció, el dolor seguía ahí.

—¿Qué es eso? —La fuerza que encuentras para seguir adelante. Incluso en esas mañanas cuando crees que no lo conseguirás, al caer la noche te darás cuenta que pudiste. Esa es lo que más me gusta acerca de la vida, sin importar qué, sigue hacia delante. —¿Qué es lo que menos te gusta acerca de la vida? —pregunté. Bajó la cabeza por un minuto pensando, antes de mirar de vuelta al cielo. —Sin importar qué, sigue hacia delante.

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—Va a doler. Es difícil, duro, y malditamente duele. Duele por tanto tiempo que a veces piensas que el sufrimiento nunca va a disminuir. Sin embargo, eso es en cierto punto parte de la belleza en el dolor.


Mi mano descansó sobre el muelle, y cuando sus dedos encontraron su camino hacia mí, nos aseguramos de mantenernos unidos y miramos el amanecer cambiar a tonos más claros. —Lo siento. —Aclaré la garganta, sintiéndome estúpido—. Lo siento por cuán frío y grosero he sido, Maggie. No mereces nada de eso. Sólo trataba de empujarte lejos mientras me autodestruía. No quería que estuvieses alrededor mientras pasaba. El agua subía por mi cuello, y yo me sentía preparado para irme a pique. Entonces, tu voz me detuvo. Tu voz me salvó. Sigo estando bastante roto, pero te hice una promesa. Te prometí que un día te mostraría el mundo, y eso es lo que voy a hacer. No te puedo prometer que no tendré días malos, pero te prometo que lucharé por los buenos. Lucharé por ti, Magnet. De la misma manera que luchaste por mí. —Tú te quedaste a mi lado por veinte años, Brooks. Creo que puedo apañármelas contigo teniendo un par de días duros. —Se rio, y me enamoré de ese sonido—. Además, tú has visto mi oscuridad. Es sólo justo que sea capaz de ver la tuya también. —Tu voz, Maggie…No creo que entiendas lo que me hace. Se rio, y me enamoré más de ella. —Me preguntaba cómo sonaba. ¿Te gusta? —¿Gustarme? La amo. —¿No es muy… —Se removió en su asiento y arrugó la nariz—, ¿chillona?¿O infantil? —Profundizó su voz hasta un volumen forzado—. Anoche me paré en el espejo practicando mi voz seductora. ¿Te gusta? No podía parar de reír. »Te gusta, ¿no? —dijo, profunda como el infierno y torpe de todo lo que salió—. Piensas que esta voz es sexy, realmente quieres acostarte conmigo.

Empezó a reírse nerviosamente y me dio un empujoncito en el brazo. Nos reímos y hablamos como si la comunicación fuera de allí para acá sin una pizarra fuera algo normal para nosotros. Fue cómodo. La verdad era, que si pudiera haberme sentado silenciosamente y escuchado su voz por el resto de mi vida, habría sido feliz. Se movió más cerca de mí mientras el sol empezaba a alzarse. — ¿Estás bien hoy, Brooks? —susurró, enviando escalofríos abajo por mi columna, haciéndome la pregunta que yo le hice casi cada día de su vida. Apreté su mano dos veces. Sí. No dijimos otra palabra.

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—Quiero decir, sí, pero la voz podría irse. Suenas como si hubieses estado fumando cincuenta paquetes de cigarros al día.


Cinco minutos antes de que ella se sentara en mi muelle, me hallaba completamente perdido. Cinco minutos sentado frente a ella, comencé a recordar mi camino a casa.

Maggie todavía se sacudía y daba vueltas por la noche. No tanto cómo estaba acostumbrado, pero seguía, tuvo noches de oscuridad que llegaron a su camino. Una noche mientras dormíamos uno junto al otro, me desperté con el sonido de su consternación. Ella murmuraba algo para sí misma, su cuerpo empapado en sudor. No la despertaría porque sabía que nada era peor que ser arrancado de una pesadilla antes de que estas estuvieran listas para marcharse. Esperé hasta que volviese a mí. Cuando lo hizo, jadeó, abriendo los ojos, y yo me encontraba justo ahí para ofrecerle consuelo. Por un momento sus manos volaron a su cuello, pero tomó profundas respiraciones para relajarse a sí misma. Parecía que con los años, era mejor en aliviar sus propios pánicos. —Estás bien —prometí—. Estoy aquí. Maggie se sentó y peinó su cabello detrás de sus orejas. »En una escala del uno al diez ¿cómo de malo? —pregunté. —Ocho. Besé su frente. »¿Te desperté?—preguntó. Sonrió. —Mentiroso. —Se movió sobre las sábanas y levantó sus rodillas hacia su pecho, moviéndose nerviosamente sin parar. Podía ver que parte de su mente seguía viviendo en su pesadilla. —Dime lo que necesitas —dije—. Dime qué hacer. —Sólo abrázame —respondió. Sus ojos cerrados. Me moví más cerca y envolví mis brazos en torno a ella. Con mi mentón descansando contra la parte superior de su cabeza mientras la sostenía.

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—No.


Moví mis labios hacia su frente, dándole un ligero beso. Mis labios se detuvieron en sus lágrimas, y suavemente las besé lejos. Después mis labios se movieron hacia su boca mientras la observaba inhalar y exhalar. Mis ojos se cerraron mientras mis labios se rozaban contra los suyos. Ella rozó los míos. Su respiración se volvió la mía, y la mía cayó en ella. —Estás bien esta noche —le prometí. Y si no lo estuviera, lo estaría por la mañana. En cualquier caso, no me iba a ir de su lado. Empujó sus labios contra los míos, apretando sus dedos contra mí pecho. Mi lengua barriendo contra su labio inferior antes de succionarlo suavemente. »También tuve una pesadilla —le conté—. Sentí como si estuviera ahogándome de nuevo. —¿Quieres hablar sobre ello? —susurró. Cerré los ojos y vi el agua. Lo sentí. Se sintió tan real, tan frío, tan profundo. Entonces, Maggie besó mis labios y me recordó que no tenía que hundirme solo. —Sí —respondí. —Dime cómo se siente —dijo, con su voz llena de preocupación—. Dime qué se sentía en el agua. —Pánico. Sucedió muy rápido, pero en mi cabeza se sintió cómo en cámara lenta. Mi cabeza giraba mientras intentaba volver al bote —dije. Sus labios se movieron hacia la cicatriz en mi cuello, y la besó suavemente, antes de moverse abajo por mi omóplato. »Cuándo la hélice me golpeó por primera vez, estaba seguro de que lo era. Supe que iba a morir. Suena dramático para mí decirlo ahora… Maggie me cortó. —No hay nada dramático acerca de eso.

Sus labios se arrastraron abajo por mi brazo izquierdo, y me tensé cuando se acercó a mi mano. —¿Cómo se siente? —preguntó, deteniendo su beso en mi antebrazo. —Todavía hay esta especie de dolor fantasma que pasa. Se siente como si alguien estuviera apretando contra el dedo muy fuerte mientras ajustan un soplete contra él. Sin embargo, esto viene y va. Cuando tengo frío, mi mano se vuelve morada. Odio las cicatrices. Son un continuo recordatorio de lo que sucedió. —Todos tenemos cicatrices. Algunas personas son solo mejores escondiéndolas.

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—Ahora, tengo las pesadillas y todo ello se siente como si estuviera pasando de nuevo. Siento el agua fría. Siento la hélice en mi piel y me despierto esperando sangrar. —Extendí mi brazo mirando fijamente a mi mano lesionada.


Sonreí y besé su frente. —Francamente, creo que la ansiedad y los recuerdos recurrentes son la peor parte. Sus ojos se volvieron serios. —Sí, sé lo que quieres decir. —Se sentó y mordió su labio inferior—. ¿Está bien si hablo de mis cicatrices también? —Por supuesto. La voz de Maggie fue tímida. Vi el temor en sus ojos a la idea de hablar en vivo lo que sucedió en los bosques todos esos años atrás. Yo sabía cuán difícil iba a ser para ella, pero incluso con la voz temblando, ella seguía hablando. —Su nombre era Julia. A veces mi memoria intenta convencerme de que su nombre era Julie, pero no lo era. Definitivamente era Julia —dijo. —¿Quién? —La mujer que murió en los bosques. Me senté recto, demasiado, más despierto. »Su nombre era Julia, y estaba dejando a su marido. —Me contó cada pieza de detalle de lo que sucedió. Me contó cómo se veía él, me dijo el color de cabello de Julia, su miedo, sus llantos. Recordó cada aroma, su toque, su voz. Durante más de veinte años Maggie revivió su terror una y otra vez, sin olvidar ni una parte de él. Mientras continuaba, su cuerpo empezó a temblar, pero no paró. Siguió contándome la historia del día que cambió su vida. Yo escuché, volviéndome enfadado, y aterrorizado, y triste por ella. No podía imaginar ver estas cosas que ella vio cuando era una niña. No podía imaginar seguir adelante después de ver a alguien ser asesinado ante mis ojos.

—¿Cómo te escapaste? Sus pestañas se agitaron, y sus ojos brillaron. —Tú llamaste mi nombre, ahuyentándole. Tú salvaste mi vida. —Bien, supongo que estamos empatados, porque tú salvaste la mía también. Nos quedamos despiertos hasta el amanecer, hablando acerca de traumas, expresando todo el dolor y temores que ambos enfrentamos. Aunque fue difícil, era necesario para ambos. Fue liberador, contando a la vida nuestros problemas. Muchas partes de esa noche fueron duras, y a veces tuvimos que detenernos para tomar cinco minutos para recordarnos

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»También creí que iba a morir, Brooks. De la misma manera que tú pensaste que tu vida iba a terminar, esto es lo que sentía. Podía fácilmente haber ido por ese camino también. Si te hubieses adelantado, la hélice podría haber tomado tu vida. Si no me hubiese escapado del hombre, me habría matado.


respirar. Sin embargo, me sentía agradecido por todo ello, los momentos tranquilos y los dolorosos, también. Me sentía agradecido por su disposición a permitirme desangrarme contra ella. Agradecido por ella desangrándose sobre mi alma. —Bésame —ordenó. Hice lo que dijo. Éramos dos almas rogando ser rescatadas, sin embargo, con cada beso, las aguas crecieron más y más. Mordió mi labio inferior y yo gemí contra ella. Envolvió su cuerpo alrededor de mi cintura, al mismo tiempo que yo la sostenía en mis brazos. Sus caderas se empujaron duro contra mí, como si estuviera intentando aferrarse a mí todavía más. Mi mano derecha se movió hacia su pecho, agarré su pecho antes de mover mi boca hasta su cuello, chupándola, probándola, necesitándola. Sus dedos se clavaron profundo en mi espalda, casi como si se estuviese agarrando a toda mi existencia. Ella se retiró de mí y trabó su mirada fija con la mía. Esos hermosos, tristes ojos azules. Dios, cómo odiaba la tristeza en sus ojos. Dios, cómo amaba la tristeza en su mirada. Me recordaba que no me encontraba solo. ¿Veía ella mi tristeza también? —Túmbate —exigí. Hizo lo que dije.

Ahogándose. Nos estábamos ahogando. Ahogándonos en la tristeza, asfixiándonos por el dolor. Con cada toque que intercambiábamos, las olas se estrellaban sobre nosotros. Cerré los dedos alrededor del borde de sus bragas, observándolas deslizarse sobre sus hermosos muslos. Mi boca besó su estómago, y la escuché gemir una vez más, elevando la vista para verla mirarme fijamente. Me di cuenta que ella quería cerrar sus ojos, pero no podía. Ella tenía que observarme, estudiarme. ¿Sí? Pregunté en mi cabeza, mirando fijamente a sus ojos azules.

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Deslizó mis bóxers fuera, yo tiré su blanca camisa sin mangas a un lado de la habitación. Mi lengua bailó sobre su pezón, ella jadeó. El sonido me hizo detenerme por un segundo, pero cuando envolvió sus manos en mi cabello y bajó mi cabeza de vuelta a su pecho, supe que necesitaba probar cada parte de ella, necesitaba engullir su existencia para ayudar a hacer que el dolor de la vida se esfumase por un rato.


Asintió una vez. Si. Mi boca se movió más abajo, y besé el interior de su muslo izquierdo. Mi lengua lentamente se arrastró sobre el interior de su muslo derecho. Después, me coloqué contra ella, deslizándome en su humedad, sintiendo la opresión de nuestros miedos con cada empuje, sintiendo las aguas aumentando sobre nuestras cabezas. Nuestro barco balanceándose contra el oleaje, rompiendo y rompiendo mientras nos perdíamos entre nosotros mismos. Esa noche me di cuenta de un par de cosas sobre la vida. A veces la lluvia era más agradable que el sol. A veces el dolor era más gratificante que la curación. Y a veces las piezas de un rompecabezas eran más hermosas cuando se dispersaban. Hicimos el amor en la oscuridad. Fue desordenado, áspero, fue una parte de nosotros que no sabíamos que existía. Nos sometimos a la oscuridad esa noche, perdiendo nuestro camino, sin embargo, de alguna manera, sintiéndonos más cercanos a casa. Cuando se acercaba el amanecer, nuestros besos cambiaron a algo más. Con cada beso, cada empuje, y cada gemido la marea empezó a descender. Los ojos de Maggie permanecieron entrelazados con los míos cada vez que me movía más profundo en ella. Amé cómo se sentía, me encantaba cómo susurraba, amé cómo me amaba. Amé cómo la amaba. Nos envolvimos mientras nos convertíamos en el ancla del otro, encontrando nuestro camino hacia la orilla.

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Cuando los rayos de sol atravesaron las cortinas y los pájaros empezaron a cantar, seguimos sosteniéndonos el uno al otro y haciendo el amor en la luz.


Traducción por Veritoj.Vacio

Cheryl: ¿Vienes a casa si puedes? Necesito tu ayuda. Miré fijamente el mensaje de mi hermana mientras me hallaba de pie en el cuarto de baño envuelta en una toalla después de mi ducha. Estaba más allá del sueño después de toda una noche con Brooks. Hablar de lo que me pasó fue probablemente la cosa más difícil que jamás tuve que hacer, pero también fue lo mejor que he hecho. —¡Brooks! —grité—. Creo que necesitamos ir a casa. Sin respuesta. Caminé a través de la casa, sosteniendo mi toalla cerca de mí, y no lo podía encontrar por ningún lado. Cuando salí al porche, los rayos de sol besaron mi piel. Mis ojos se lanzaron hacia el lago, y no solo lo vi, sino que lo escuché. Brooks se hallaba sentado en medio del lago, cantando. Cantando bajo el sol. Para cuando regresó, ya me había vestido y empacado mis maletas. —¿Todo está bien? —me preguntó. —Claro, Cheryl solo me dijo que mis padres me necesitan ahí. ¿Crees que puedas llevarme de vuelta? —Hice una mueca—. Sé que tal vez no estés listo para regresar, pero necesito asegurarme de que todo esté bien. —¿Vas a regresar conmigo? —Te acabo de recuperar, Maggie May Riley, y nunca te voy a dejar ir otra vez —dijo, acercándose y envolviendo sus brazos alrededor de mí—. Además, se suponía que debía regresar ese barco hace semanas y semanas, así que estoy bastante seguro que debo más dinero de lo que quiero saber. Sonreí disimuladamente. Metimos el equipaje al auto, enganchamos el remolque del barco, y nos dirigimos de regreso a casa. Todo el viaje de regreso, no escuchamos la radio. Sabía que Brooks no se encontraba listo para sumergirse en algo

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—Por supuesto. Iré a empacar mis cosas también.


relacionado con la música. Tal como él esperó a que encontrara mi voz, yo esperaría pacientemente para que el encontrara la suya. Y la encontraría, sabía que lo haría. Verlo cantando en el bote era la más grande señal para mí. Estaba sin prisa pero seguramente encontrando su camino a casa. —Creo que esperaré aquí —dijo Brooks, estacionándose en nuestra casa—. No quiero interferir. Me incliné hacia delante y le besé la mejilla. —¿Estás seguro? —Claro. Ve a ayudar a tu mamá, yo estaré aquí. Asentí y le dije que no me quedaría demasiado. Al segundo que salí del auto, Cheryl salió corriendo hacia mí. —¡Oh, Dios mío! ¿Qué te tomó tanto tiempo? ¡Te envié le mensaje de texto hace horas! —Gruñó. Me reí, caminando hacia mi dramática hermana. —Toma cuatro horas conducir desde la cabaña. —Lo sé, pero eso no quiere decir… —Se detuvo. Sus manos volaron hacia su pecho—. Lo siento. Espera. Regresa. ¿Acabas…? —Cruzó sus brazos, los descruzó, los colocó en sus caderas, y luego los volvió a cruzar— . ¿Acabas de hablar? Asentí con la cabeza. —Sí, es una nueva cosa que estoy intentando. —Oh, Dios mío. —Sus manos volaron a su boca. Empezó a llorar y me golpeó en el hombro—. Bueno, ¡que me condenen, mi hermana habla! — gritó, tomando mis manos y dando vueltas antes de jalarme en un abrazo— . Oh, cielos, mamá va a enloquecer. Esto es perfecto. Ella necesita que la levanten. —¿Qué pasa con ella? —Oh, ya sabes, ha estado llorando todas las noches y comiendo helado como si fuera el único grupo de alimentos conocido por la humanidad. —Incluso más de lo que crees. Además, papá es un desastre. Por primera vez en mucho tiempo, tú y yo no somos las que tienen problemas en esta familia. —Guiñó un ojo antes de que empezara a llorar otra vez—. Maggie. Estás hablando. Nos paramos en el patio delantero abrazándonos durante mucho tiempo antes de separarnos y miró hacia Brooks. »Oye, forastero, ¿eres el responsable de hacer hablar a mi hermana? Él gritó desde la ventanilla bajada—: Culpable. Se enojó un poco y explotó.

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—¿Lo extraña tanto?


Cheryl se echó a reír. —Gracias por hacer enojar a mi hermana, Brooks. —Cuando quieras, Cheryl. Cuando quieras. Cuando entramos a la casa, mamá se hallaba sentada en el sofá de la sala de estar, viendo la televisión. —Maggie May —dijo mamá, sorprendida. Se levantó y se acercó a mí, jalándome hacia un abrazo. Su cabello estaba por todos lados, y juraría que tenía chocolate en su barbilla—. Te extrañé. —Te extrañé también, mamá. Tropezó hacia atrás después de escuchar mi voz. Le di una pequeña sonrisa. »Lo sé. Esa parece ser la reacción principal de la gente el día de hoy. —No. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué? —Empezó a hiperventilar—. Oh, Dios mío, Maggie May. —Sus brazos se levantaron rodeándome y no me soltó—. No lo entiendo —dijo estupefacta—. ¿Qué cambió? —Tiempo. —Oh, Dios mío. —Sus manos temblaban—. Tenemos que decirle a Eric. Tenemos que llamarle. Tiene que venir. Necesita estar aquí para esto. —Empezó a pasear por la casa—. No puedo creer que se esté perdiendo esto. —Deberíamos sorprenderlo —sugirió Cheryl—. Invitémosle a cenar. — Cheryl me guiñó. Conseguía dos pájaros de un tiro. Papá podría escuchar mi voz, y nuestros padres estarían en la misma habitación juntos otra vez. —Eso es… —Mamá entrecerró los ojos—. ¡En realidad es una buena idea! ¡Ordenaré comida china! ¡Cheryl! Llama a tu papá y dile que venga porque tienes grandes noticias que darle. —Y, Maggie, dile a Brooks que entre. No debería estar sentando en su auto por tanto tiempo. También… —Se acercó a mí y colocó sus manos sobre mis mejillas. Un pesado suspiro salió de sus labios—. Tienes una hermosa, hermosa voz. Siempre la has tenido, y siento mucho haber pasado tanto tiempo sin escucharla. —Besó mi frente antes de alejarse rápidamente a poner la mesa. Cuando papá llegó, se veía confundido de vernos a Brooks y a mí, pero complacido. Todos nos sentamos a cenar, y mamá lucia demasiado nerviosa para ver a papá, y él casi ni la miró. Cheryl hizo la mayor parte de la conversación, algo en lo que era buena haciendo. —Maggie May, ¿puedes pasarme los rollos de huevo? —preguntó papá. Mamá me miró y asentí una vez.

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—¡En ello! —dijo Cheryl y fue a tomar su teléfono celular.


Aclaré mi garganta, tomé los rollos de huevo, y los sostuve en su dirección. —Aquí tienes, papá. —Gracias, dulzu… —Sus palabras vacilaron. Me miró con sus ojos fijos en los míos. La incredulidad llenó su voz—. No. Asentí y golpeé la mesa dos veces. —Sí. —Oh… oh mi… —Sus manos fueron a su pecho y lágrimas empezaron a caer. Se quitó los lentes y luego se cubrió la boca con sus manos. Mientras las lágrimas caían, más rodaban por las mejillas de mamá. Papá se puso de pie, e hice lo mismo. Caminó hacia mí y me acomodó el cabello detrás de las orejas. Puso sus manos en mis mejillas, de la misma forma que mamá lo hizo—. Di algo más. —Se echó a reír nerviosamente—. Cualquier cosa, en realidad. Di cualquier cosa, di todo, di la palabra nada. Cualquier cosa. Sólo di algo más. Coloqué mis manos sobre su rostro, sosteniéndolo como él sostenía el mío, y susurré las palabras que siempre quise decirle al primer hombre que me amó con todo—: El mundo sigue girando porque tus latidos existen.

—Bueno —dijo papá alrededor del amanecer—. Es mejor que me vaya. Se levantó, y miré hacia mamá, rogándole silenciosamente que dijera algo, pero no habló. Observó a su amor alejarse de nuevo. —¿Qué fue eso? —le pregunté—. ¡Necesitas ir tras el! —¿Qué? No. Estamos separados. Estamos exactamente donde queremos estar —dijo mamá. —¡Mientes! —gritó Cheryl—. ¡Mientes! ¿Cuándo fue la última vez que te duchaste, mamá?

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Mi familia se sentó a hablar hasta altas horas de la noche, riendo, llorando, y haciéndome decir cada palabra del diccionario. Nos comunicamos por Skype con Calvin, que se hallaba en New York por negocios, y cuando vio a Brooks sonriendo, y me vio hablando, empezó a llorar también. Hubo tantos momentos durante la noche en los que papá y mamá rieron al mismo tiempo y se desmoronaban juntos también, aun así no se hablaban el uno al otro. Aunque noté los temblores en sus labios, las miradas robadas que se daban, el amor seguía viviendo en sus corazones.


Mamá hizo una pausa, realmente pensando acerca de su última ducha. —¡Me duché! —exclamó. —Claro —bufó Cheryl—. En helado. —Sin embargo, tu padre es feliz. Parece feliz. Le di una mirada de complicidad. Por supuesto que no era feliz. Parte de su corazón seguía latiendo en el pecho de ella. ¿Cómo podía alguien ser feliz con un pedazo faltante de su alma? —Debes llamarlo. Sus ojos se humedecieron, y me dio una sonrisa tensa. —Oh, no. No, no podría… —Su voz tembló, y sus manos descansaron sobre sus caderas— . Ni siquiera sabría qué decir. —¿Lo extrañas? Empezó a llorar, las lágrimas caían libremente sobre sus mejillas. — Más que las palabras. —Entonces dile. —No sé cómo, no sé qué decir, o cómo decirlo. Caminé hacia ella y limpié sus lágrimas. —Vamos. Brooks nos llevará al apartamento de papá. En el camino te ayudaré a encontrar las palabras. Puede tener una escopeta. Su cuerpo empezó a temblar, y la envolví en un apretado abrazo, sosteniéndola cerca de mí. Mientras nos aproximábamos al vestíbulo, mamá se congeló. —No puedo. —Tú puedes. Esto es lo que vamos a hacer. Vamos a salir por la puerta principal hacia el auto. Cuando esos pensamientos de arrepentimiento y dudas empiecen a venir a tu mente, sigues caminando, ¿está bien? Aunque estés asustada, sigues adelante. Cuando las dudas se hagan más fuertes, corres. Corre, mamá. Corres hasta que estés de regreso en sus brazos.

Mordí mi labio superior. —Cuando era más joven una mujer me dijo que la familia ve los unos por los otros sin importar qué, incluso en los días difíciles. Especialmente en los días difíciles. Tomó una profunda respiración. —¿Estás asustada? —pregunté. —Si. —Está bien. —Asentí—. Entonces vamos.

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—¿Por qué estas ayudándome? Maggie May, he sido horrible contigo. Todos estos años te impedí vivir. ¿Por qué estas ayudando tanto? ¿Tan comprensiva?


Una vez que estuvimos en el auto, y Brooks ayudó a mamá en el asiento del acompañante, dejó escapar una bocanada de aire. —Gracias por conducir, Brooks —dijo mamá, dándole una pequeña sonrisa. —En cualquier momento. —Brooks sonrió y tomó la mano de mamá entre las suyas—. ¿Está bien el día de hoy, Sra. Riley? Ella apretó su mano dos veces. Una respuesta silenciosa, significativa. Sí. Mientras conducíamos al edificio del apartamento de papá, saqué mi pizarra blanca y empecé a escribir. Cuando Brooks entró al estacionamiento y se estacionó, salté del auto con la pizarra en la mano y mamá me siguió. —Espera, Maggie. No me dijiste qué debería decirle. —Su cuerpo tembló nervioso, con pánico, preocupada de que de alguna manera el hombre que amaba ya no la amara más—. No sé qué hacer. Sostuve la pizarra frente a ella. Mientras la leía, dejo de temblar. Una oleada de paz pasó por encima de ella, y tomó una corta inhalación y soltó una exhalación aliviada. —Está bien —dijo. —Está bien. Se acercó al porche delantero, tocó el timbre del número del apartamento de papá, y esperó a que bajara. Me subí al asiento del acompañante del auto y cerré la puerta.

Él se colocó sus anteojos en la cabeza y no dijo una palabra. Mamá tampoco lo hizo. Cuando llegó el momento, ella volteó la señal para que él lo viera, y los ojos de papá se humedecieron mientras golpeaba el puño contra su boca. Lágrimas cayeron de sus ojos antes de que acercara a mamá en un fuerte abrazo. Mientras la pizarra caía al suelo, se abrazaron cada vez más fuerte. Sus cuerpos se hicieron uno. Luego, se besaron. Su beso fue desordenado, divertido, triste y completo. Tan, tan completo. Si los besos fueran capaces de reparar las piezas rotas del corazón, creo que los corazones de mis padres empezaban a reconstruirse lentamente. —Vaya —susurró Brooks. Sí, vaya. —Probablemente debemos irnos ahora —dije. Mientras encendía el auto, preguntó—: ¿Qué decía la pizarra?

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Brooks se inclinó para ver la interacción entre mis padres. Cuando papá abrió la puerta, pude verlo, el amor viene sin directrices.


Miré una vez más hacia mis padres, que seguían abrazados y se balaceaban adelante y atrás. Mis labios se separaron y sonreí ante su amor. —Baila conmigo.

Condujimos de regreso a casa para contarle a Cheryl todo lo que pasó y la observé suspirar de alivio. —Bien, bien. —Me agradeció por venir a ayudar. Brooks y yo nos dirigimos a mi dormitorio, y nos acostamos en mi cama, con nuestros pies colgando sobre el borde. —Realmente se aman el uno al otro —dijo Brooks, mirando hacia el techo—. Después de todo lo que han pasado, siguen teniendo ese amor. —Sí. Es hermoso. —¿Maggie May? —¿Sí? —¿Crees que podemos escuchar algo de música? Su pregunta era sencilla, pero el significado era enorme. —Sí, por supuesto. Se puso de pie y agarró un par de audífonos de mi escritorio, luego los conectó a su iPhone. —¿Qué quieres escuchar? —preguntó acostándose de nuevo. —Cualquier cosa, todo. —Lo puso en aleatorio, y escuchamos todo tipo de sonidos.

—¿Sí? —pregunté. Sonando sorprendida. —Sí. Quiero decir, tengo mucho trabajo que hacer, pero creo que mi voz estará bien. Tal vez la banda estará bien conmigo solo como vocalista. —Por supuesto que estarán bien con eso, Brooks. ¿Viste la reacción de Calvin al verte hoy? Todo lo que ellos quieren es que regreses. No quiero decir que regreses a la música; quiero decir que regreses a ellos. Son tus mejores amigos. Solo quieren que estés bien. Deberías llamarlos. Asintió. —Lo haré. Solo estoy preocupado por los admiradores, ¿Sabes? Muchos de ellos están creyendo los rumores. Creen que soy un holgazán.

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—Hoy canté —dijo, mientras escuchábamos música desde hacía una hora—. Fuera en el lago. Salí esta mañana para cantar.


—Brooks, vamos. Cualquiera que te conozca, y que realmente te vea, sabe que esos rumores no son ciertos. Por cada comentario negativo hay miles de positivos deseándote que te recuperes y regreses a ellos. Confía en mí. He estado leyendo la sección de comentarios, también. Sonrío y me besó. —Gracias. —Estoy feliz de que cantaras hoy. —Sí, fue difícil sin la guitarra. Creo que una vez que regrese con los chicos, y puedan tocar por mí, seré capaz de orientarme más. Me senté y sacudí mi cabeza. —No tienes que esperar. Puedo hacerlo. —Me acerqué a la guitarra en la esquina y la tomé—. He estado tocando con ustedes desde que me enseñaste a tocar. Tocamos hasta que el sol de la mañana empezó a elevarse, y cantó lo mejor que pudo, que siempre era suficiente. Cuando quedó claro que ninguno de los dos podía mantener los ojos abiertos por mucho más tiempo, dejamos la guitarra a un lado y nos acostamos en la cama. Mi cabeza se posó en su pecho, y él me abrazó muy cerca. —Te amo —susurró, mientras empezaba a dormirme—. Te amo tanto, tanto. No existía nada más especial que ser capaz de decir esas palabras a

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él.


Traducido por Cjuli2516zc

L

a mañana siguiente, Brooks y yo volvimos juntos para devolver el barco que alquiló. Estábamos jugando a adivinar cuánto terminaría debiendo por mantenerlo más allá de la fecha que se suponía que iba a ser devuelto. Nuestra estimación actual: un jodido montón. —Entonces, estaba pensando. Probablemente voy a tener que empezar a ver un entrenador vocal y realmente tomar los pasos hacia la recuperación pronto. Eso podría significar que tengo que ir a Los Ángeles por un tiempo. Para reunirme con los chicos, empezar a trabajar para reconstruir mi carrera. Sé que tienes escuela... —Todo es en línea —corté—. Puedo hacerlo en cualquier lugar, y si es necesario, puedo volar de vuelta a casa en cualquier momento. —¿Vendrás conmigo? —preguntó sorprendido. Tomé su mano en la mía y la apreté dos veces. Un suspiro de alivio lo dejó. »Eso me hace feliz. Es más fácil contigo, ¿sabes? Todo es más fácil.

—He estado aquí unas cuantas veces, y eso es lo más silencioso que lo he escuchado —bromeó Brooks. Cuando entramos en la tienda, fuimos recibidos por un hombre que parecía ser de nuestra edad, quizás treinta y tantos. —Hola, Brooks, es bueno verte de nuevo —dijo el tipo, caminando hacia Brooks, dándole palmaditas en la espalda—. Pero no creo que nos hayamos conocido. —Extendió su mano hacia mí—. Soy Michael. Manejo este lugar con mi padre. Le estreché la mano. —Encantada de conocerte. Soy Maggie.

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Nos detuvimos en la Tienda de Botes de James, y no pude dejar de sonreír al viejo perro aullando en el porche delantero. A medida que caminábamos por los escalones, me acerqué a él y comencé a acariciarlo detrás de su oreja cuando dejó de ladrar. Buen chico.


—Mi papá dijo que si quieres, puedes pasear por el muelle y echar un vistazo a algunos de los barcos. Está terminando una llamada telefónica en este momento. Dijo que se encontraría contigo si funciona. —Por supuesto, eso está bien. Gracias, Michael —dijo Brooks. Brooks tomó mi mano en la suya, y caminamos por la parte de atrás, esperando en el muelle, estudiando los barcos. —¿Te molesta esto? —pregunté—. ¿Estar tan cerca de los barcos? ¿Deberíamos esperar en la parte delantera de la tienda? Sacudió la cabeza. —No. Sobre todo me molesta cuando estoy soñando. Estoy bien. —Bien. —Miré hacia nuestras manos y sonreí abiertamente—. Esto es raro, ¿eh? Estamos fuera cogidos de la mano. Estamos afuera juntos. Me acercó a él y rozó su nariz contra la mía. —Es increíble, ¿no? Era más increíble de lo que él hubiera sabido. Había soñado con este día durante tanto tiempo. La puerta de la tienda se abrió de golpe y un hombre mayor salió del edificio fumando un cigarrillo. El perro en la parte delantera de la tienda comenzó a aullar de nuevo. —¡Maldición, cállate, Wilson! ¡Shh! ¡Shh! Maldito perro. Mi cuerpo se tensó. Brooks entrecerró sus ojos hacia mí. —¿Estás bien? Shh... Shh... Asentí con la cabeza. —Sí. Estoy bien. Lo siento. A veces sólo tengo recuerdos. Su frente se arrugó y bajó sus cejas mientras me estudiaba. Le di una sonrisa apretada. —Estoy bien. De verdad. El hombre marchó en nuestra dirección, y envolví mi brazo alrededor de la cintura de Brooks acercándolo más a mí. Cuanto más se acercaba, más mi estómago se apretaba. Se detuvo a mitad de camino y pisoteó su cigarrillo, luego nos saludó con la mano. — Hola, perdón por la espera. Larga llamada telefónica, ya sabes, negocios y todo. Qué tal si los dos se dirigen dentro conmigo y vamos a hacer todos los trámites en mi oficina. Nos pusimos en marcha en su dirección, alcanzándolo. Me tendió la mano. —Hola, soy James. Encantado de conocerte.

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—De acuerdo —dijo cautelosamente.


Le estreché la mano y el olor a tabaco bailó bajo mi nariz. Un sentimiento inquietante se apoderó de mis entrañas. Nos condujo a su oficina y cerró la puerta detrás de él. Wilson seguía ladrando, y James gritó una vez más—: ¡Shh, Wilson! ¡Cállalo! —Masajeó su sien y se disculpó—. Después de todos estos años ese perro todavía no se calla. De todos modos —Se dejó caer en su silla y le dio una sonrisa apretada a Brooks—, me gustaría que nos conociéramos en mejores términos. Siento lo de tu accidente. Es desafortunado cuando ocurren accidentes extraños así. Se enrolló las mangas y mis ojos cayeron sobre su antebrazo, estudiando sus tatuajes. El aire de la habitación era cada vez más grueso y juré que las paredes se movían hacia mí. Alcanzó delante de él y tomó dos piezas de regaliz negro. Mi mente empezó a girar cada vez más rápido. Sentí su agarre sobre mí. Sentí sus manos alrededor de mi cuello, sus labios contra mis oídos, su cuerpo encima del mío. Empujé mi silla hacia atrás y tropecé para pararme. —No —murmuré, alejándome de su escritorio—. No… James me miró con los ojos entrecerrados. —Uh, ¿estás bien? —Su mirada se desplazó hacia Brooks—. ¿Se encuentra bien? Brooks se levantó y caminó en mi dirección. —Maggie, ¿qué pasa? — Cuanto más cerca venia, más mi cuerpo temblaba. Cerré los ojos, sacudiendo la cabeza de un lado a otro. No. No. No sólo podía verlo, sino que lo sentía. Sentí su cara contra mi cara, su piel contra mi piel, sus labios contra... »Maggie, está bien —dijo Brooks, su voz calmante—. Sólo estás teniendo un ataque de pánico. Está bien, todo está bien.

En cuestión de segundos mi pasado y presente se estrellaron juntos, y parpadeé. Un hombre se hallaba allí con otra persona. Una mujer. Ella seguía diciéndole que no, diciendo que ya no podía estar con él, y a él no le gustó. — Tenemos una vida juntos, Julia. Tenemos una familia. Parpadeé de nuevo. Brooks se acercó a mí, sus ojos llenos de preocupación. —Maggie, háblame. —James se levantó de su silla y pasó sus dedos por su cabello, caminando hacia mí. Parpadeo.

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—¡No! —grité, con mis ojos abriéndose de golpe—. No, no está bien. No está bien. Es... —Sentí frío. Me sentí enferma. Iba a vomitar. Sabía que vomitaría.


Él le gritó, su voz quebrándose. —¡Maldita puta! —gritó, golpeándola fuertemente en la cara. Ella tropezó hacia atrás y gimoteó, su mano volando a su mejilla—. Te di todo. Teníamos una vida juntos. Acabo de asumir el negocio. Nos estábamos poniendo de pie. ¿Qué pasa con nuestro hijo? ¿Qué pasa con nuestra familia? Parpadeo. Wilson empezó a aullar, y James gritó una y otra vez, callando al perro. —¡Michael! ¡Has que el maldito perro se calle! —Sus ojos se movieron hacia mí. No quitaría sus ojos fuera de mí. —No me mires —susurré. Parpadeo. Mis manos se sujetaron, mi mente giró. Tropecé hacia atrás, rompiendo cada rama que mis sandalias golpearon en el camino. Mi espalda se estrelló contra el tronco del árbol más cercano mientras los ojos marrones chocolate del diablo danzaban sobre mi cuerpo. Parpadeo. Michael entró en la habitación. Sus ojos se estrecharon cuando me miró. Parecía confundido. Todo el mundo lucia confundido. Todos gritaban. Todos gritaban unos sobre otros, tratando de averiguar qué me pasaba. Yo no sabía qué me pasaba. —Está sudando como loca. Se va a desmayar. Tenía la garganta apretada. Él me ahogaba. El demonio se encontraba a centímetros de mí, y podía sentir su agarre alrededor de mi cuello. Colocó una mano alrededor de mi cuello, ahogándome, haciendo más y más difícil respirar. Lloró. Lloró tanto. Lloró y se disculpó. Se disculpó por lastimarme, se disculpó por empujar unos cuantos dedos en el costado de mi cuello, haciéndome cada vez más difícil encontrar mi próxima respiración. Me dijo que la amó, me dijo lo que el amor lo hizo a él, a ella. Juró que nunca le había hecho daño. Prometió que no haría daño a la mujer que ya mató. Parpadeo. La mano de James se apoyó en mi piel y lo alejé. —¡No! —Me caigo hacia atrás, en la esquina de la habitación—. No me toques. —Mis manos volaron a mis oídos, y me deslicé contra la pared—. ¡Tú hiciste esto! ¡Tú hiciste esto! —grité, mi garganta ardiendo, mi corazón golpeando contra mi caja torácica—. ¡Tú hiciste esto! Parpadeo.

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Parpadeo.


—No se suponía que estuvieras aquí, pero ahora lo estás —dijo, bajando su cara hacia mí—. Lo siento. Lo siento. —Olía a tabaco y regaliz, y su antebrazo tenía un gran tatuaje de dos manos rezando con el nombre de una persona debajo—. ¿Cómo llegaste aquí? —preguntó. Shh… Shh… Me sentí sucia. Me sentí usada. Me sentí atrapada. ¿Brooks lo vio? ¿Vio el tatuaje? ¿Olio el tabaco? ¿Se dio cuenta del regaliz? Parpadeo. Cerré los ojos. No quería sentir. No quería ser. No quería volver a parpadear. Mantuve los ojos cerrados. No quería ver, pero, todavía veía. Lo vi. Lo sentí. Todavía era parte de mí. Todo se oscureció más. Todo se convirtió en sombras. Todo se volvió negro.

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Entonces, grité—: ¡Tú la mataste! ¡La mataste! ¡Mataste a Julia!


Traducido por Lipi Sergeyev

E

l lugar se llenó de silencio. Maggie se estremeció en la esquina y no dejó de llorar. Michael miraba a su padre, y los ojos de James se encontraban sobre Maggie.

—¿Qué acabas de decir? —preguntó Michael, confundido. Las manos de Maggie se hallaban presionadas a sus oídos, y yo casi podía sentir su miedo. Sus labios se separaron para hablar, pero no salió ningún sonido. —Escucha, no sé lo que está sucediendo, pero sería mejor que los dos se fueran —dijo James con un suspiro pesado. Se acercó a Maggie y colocó su brazo sobre el suyo para levantarla. Ella empezó a temblar más, encogiéndose en una bola. —¡No! Por favor, no lo hagas —gritó. Corrí a su lado y lo empujé ligeramente lejos de ella. —Quítate de encima de ella, por favor. —¿Qué está pasando? —preguntó Michael, con la frente inclinada—. ¿Qué le pasa? ¿Debo pedir ayuda?

—No es una crisis nerviosa —dije—. Ella es sólo... —Mis palabras vacilaron y cambié mi atención a Maggie—. Maggie. ¿Qué está pasando? —Él la mató —dijo ella—. Él es el de los bosques. Me volví hacia James y en una fracción de segundo vi el miedo en sus ojos. »Ella se ahogó en Harper Creek. La vi. Te vi ahogarla —gritó Maggie. —No sabes de qué diablos estás hablando, niña, así que es mejor que dejes de hablar. —Usted mató a su esposa —dijo Maggie mientras se ponía de pie—. —Te vi. Yo estuve allí.

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—No —dijo James—. Creo que es mejor que se vayan. Es obvio que está sufriendo una crisis nerviosa.


—¿Papá? —susurró Michael, su voz temblaba—. ¿De qué está hablando? —Demonios si lo sé. Obviamente está alucinando. Necesita ser evaluada. Lo siento, Brooks, pero necesito que te vayas. No sé qué provocó su pánico, pero necesitas conseguir ayuda para la chica. Incluso cancelaré tus cargos por el barco. Sólo tienes que ayudar a esa chica. —Diga la verdad —dijo Maggie, poniéndose de pie más alta cada segundo—. Di la verdad. Dígale lo que hizo. James caminó hacia su escritorio y se sentó en su silla. Levantó el teléfono y lo agitó en el aire. —Eso es todo. Voy a llamar a la policía. Esto se está saliendo de las manos. Maggie no dijo una palabra. Cruzando sus brazos, y aunque temblaba, no se cayó. —Bien. Llámalos. Si usted no hizo lo que sé qué hizo, marque a la policía. La mano de James comenzó a temblar, y los ojos de Michael se abrieron con horror. —Papá. Llámalos. Marca el número. James lentamente colocó el teléfono sobre el escritorio. Michael casi se desplomó al suelo. —No. No… James miró a Maggie, derrotado, aturdido. —¿Cómo? ¿Cómo supiste? —Yo era la niña que lo vio todo. —¡Oh, Dios mío! —James comenzó a sollozar, cubriéndose los ojos con las palmas de sus manos—. Fue un accidente. Todo fue un accidente. No era mi intención...

—Ella lo hizo. Bueno, lo era. Nos iba a dejar, Michael. Sabía que se iba a ir. Encontré llamadas telefónicas de un tipo en su teléfono, y ella se encogió de hombros. Nos metimos en una pelea, e irrumpió en el bosque. Dios mío, no quise hacerlo. Tienes que creerme. —Se levantó y corrió al lado de su hijo—. Michael, tienes que creerme. La amé. La amé tan jodidamente mucho. Me puse al frente de Maggie, inseguro de lo que James podría hacer. Parecía trastornado, la forma en que se paseaba de un lado a otro pasando las manos por su cabello. Se apresuró a su escritorio, abrió los cajones y sacó el papeleo. —Papá, ¿qué estás haciendo? —preguntó Michael, atónito.

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—No. —Michael seguía sacudiendo la cabeza—. No, mamá nos dejó. ¿Recuerdas? Huyó con otra persona. ¡Eso es lo que me dijiste! Eso es lo que juró que paso.


—Tenemos que irnos, Michael. Tenemos que perdernos por un tiempo. Tú y yo, ¿de acuerdo? Siempre hemos sido tú y yo. Podemos comenzar de nuevo. Cometí un error, pero he lidiado con la culpa. He vivido cada día con la culpa de lo que he hecho. Tenemos que irnos ahora. —Papá, cálmate. —¡No! —La cara de James se puso roja. Seguía balanceando sus hombros y soplando cortas respiraciones de aire—. Tenemos que marcharnos, Michael. Tenemos que... —Sus palabras vacilaron cuando comenzó a sollozar incontrolablemente—. La sostuve, Michael. La sostuve en mis brazos. No era mi intención. Michael se acercó a su padre con las manos levantadas. —Está bien, papá. Ven aquí, ven aquí. Iremos. Nos iremos. —Envolvió sus brazos alrededor de su padre y lo acercó—. Bien, papá. Estás bien. James continuó llorando en la camiseta de su hijo, diciendo palabras que eran irreconocibles. Cuando Michael me miró, hizo un gesto con la cabeza hacia el teléfono del escritorio, y dijo con una mueca—: Llama a la policía. Para cuando James se dio cuenta de lo que sucedía, era demasiado tarde. Su hijo lo abrazó y no lo dejó moverse. La policía llegó, y después de algunas explicaciones de la situación, James fue detenido. Todo el tiempo Maggie estuvo de pie en alto. Habló a los oficiales de policía con equilibrio y fuerza. Sus palabras nunca cayeron, y su voz apenas tembló. Cuando el auto de la policía con James dentro se fue, una fuerte respiración dejó su cuerpo. —¿Se ha ido? —me preguntó. —Sí. Él se ha ido. Su cuerpo casi se derrumbó al suelo, pero la atrapé. La abracé mientras lloraba y lloraba, pero sabía que sus lágrimas ya no eran de miedo. Después de que los acontecimientos se revelaron, la policía envió un equipo de búsqueda para buscar en Harper Creek. Tardaron cinco días en descubrir el cuerpo de Julia. El descubrimiento pesaba mucho sobre muchas personas, sobre todo el condado de Harper. La familia de Maggie se ocupó de la revelación de lo que sucedió lo mejor que pudieron, lo que significó estar de pie unos a otros a través de todo. No me preocupé demasiado por ellos, habían salido por el otro lado más fuertes por sus días más oscuros. Sin embargo, la persona por la que más lo sentí fue el hijo que creyó que su madre lo abandonó. El hijo que vivió una vida con un padre que en un abrir y cerrar de ojos se convirtió en un monstruo. Michael tenía un largo

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Eran las lágrimas de su libertad.


camino por delante, y yo no estaba seguro de cรณmo iba a lidiar con las verdades que se desarrollaban frente a sus ojos.

Pรกgina

Rezaba para que encontrara paz mientras se hallaba en el ojo de la tormenta.


Traducido por ∞Jul∞

M

e encontraba en la corte, pero mis pies no se movían. Llevaba un vestido de encaje negro, sandalias amarillas, y tenía mi cabello rizado, junto con mis pestañas, gracias a Cheryl.

—Tienes que parecer presentable en la corte, Maggie. Siempre hay cámaras alrededor, especialmente cuando sales del edificio. Con una historia tan grande como ésta, van a haber reporteros —explicó mientras enrulaba mi cabello. Desde que había terminado de hacerme apropiada para la cámara, me moví a mi espejo de cuerpo completo, y no dejé de mirar fijamente. Todo el mundo se sentía preocupado por mí después de lo que sucedió en la Tienda de Botes de James. Pensaron que volvería a caer en mi miedo, a volver a mi silencio, lo que era cierto. No había hablado mucho desde que James fue puesto bajo custodia. No dije una sola palabra acerca de lo que presencié en aquellos bosques, a pesar de que sabían que tenía que ser horrible ver a una mujer morir y creer que era la siguiente. Cuando fui llamada a testificar contra James, rápidamente accedí. Sabía lo importante que sería mi lado de la historia. Sabía lo importante que era hablar finalmente no sólo para mí, sino para Julia. Para Michael.

Brooks apareció y se paró en mi puerta. Llevaba un traje azul marino con una corbata azul clara a cuadros. Su pequeña sonrisa me hizo sonreír. No dijo nada, pero sabía lo que pensaba. —Estoy bien —susurré, volviendo a alisar mi vestido. —Mentirosa —dijo, acercándose a mí. Se paró detrás de mí y me envolvió en sus brazos. Nos miramos el uno al otro en el espejo. Brooks descansó su barbilla en mi hombro—. Dime qué es. ¿Qué está pasando en tu cabeza? —Es que... tengo que sentarme frente a él hoy. Tengo que sentarme sabiendo lo que hizo ese hombre e intentar lo mejor posible para no

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Me sentía lista. Lista para ir al tribunal. Sólo existía un pequeño problema: mis pies no se movían.


reaccionar. Cuando lo vi antes, todo pasó tan rápido. Todo fue un destello, pero ahora tengo que enfrentarlo. Él fue el que me repartió la mano; fue el que me robó la voz. ¿Cómo puedo hacer frente a eso? ¿Cómo puedo estar delante del hombre que me robó la voz hace tantos años, y cómo le pido que la devuelva? —No lo pides —dijo Brooks—. Lo tomas. Recuperas lo que te robó sin permiso. Sin culpa. Es tuyo. La única manera de recuperarla es contando tu historia. Tienes una voz, Maggie May. Siempre lo has hecho. Ahora es el momento justo para que el resto del mundo la escuche. —¿Podemos escuchar una canción quizá? —pregunté, todavía nerviosa. —Siempre. —Sacó su teléfono y agarró un par de auriculares, entregándome uno—. ¿Qué quieres escuchar? —Reproduce algo que me colme —susurré. Así que reprodujo nuestra canción.

Cuando terminé, encontré a mi familia en el pasillo, y me dijeron lo fuerte que había sido, pasando por todo lo que experimenté. Las puertas de la sala de justicia se abrieron minutos más tarde, y Michael salió. Tenía los ojos pesados y yo podía verlo: el peso del mundo sobre sus hombros. Caminó en mi dirección y me dio una sonrisa que se transformó en un ceño fruncido en cuestión de segundos. Tenía las manos metidas en los pantalones. —Oye, lo siento. Sé que probablemente no debo hablar contigo, pero sólo quería decir que lo que hiciste fue valiente. Ni siquiera podía empezar a imaginar lo que pasaste por toda tu vida. Lo siento mucho por lo que te pasó. —No tienes motivos para disculparte. No eres los errores de tu padre —le dije.

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Dije mi historia. Cada pedazo, cada pulgada, cada cicatriz. Mi familia se hallaba sentada en la corte escuchando. Mamá lloró, y papá le secó las lágrimas. Cheryl y Calvin no apartaron la mirada de mí ni por un segundo. No estaba segura de que hubiera podido hablar tan alto sin el apoyo silencioso que daban.


Asintió con la cabeza. —Sé eso. Pero aún. Te robaron la vida. Y mi mamá... —Sonrió nerviosamente—. Creí que se marchó por nosotros. Pasé toda mi vida confundido y odiándola, porque cada recuerdo que tenía de ella estaba lleno de amor. No podría por la vida entender por qué se fue. —Si ella hubiera tenido una opción, nunca habría abandonado tu lado —intervino mamá—. Confía en mí, lo sé. Michael agradeció a mi mamá y comenzó a caminar hasta que me oyó llamarlo. —Ella no sufrió —mentí—. Fue rápido, sin dolor. Se acabó en segundos. Tu mamá no sufrió. Sus hombros parecieron menos pesados cuando le hablé. —Gracias, Maggie. Gracias por eso. Después de años de no hablar, comprendí la importancia de las palabras. Cómo tenían el poder de lastimar a las personas, pero también tenían el poder de sanar si se usaban correctamente. Para el resto de mi vida haría todo lo posible para usar mis palabras cuidadosamente. Tenían el poder de cambiar vidas.

Al día siguiente me dirigí a la casa de la señora Boone con té y emparedados de pavo. Ella rodó los ojos cuando se dirigió a la puerta y luego me invitó a comer.

Sonreí. —La próxima vez. —La próxima vez... —susurró la señora Boone, sacudiendo la cabeza—. Pensaría que bromeabas, pero tú y tu novio podrían ser la gente más dramática que he conocido, así que no te dejaría pasar para que haya una próxima vez —dijo, bebiendo su té—. Y eres horrible en escoger el té. Esto es desagradable. Me reí. —Ahora sabes cómo me he sentido todos estos años. Levantó la vista de su taza, y sus manos comenzaron a temblar. —Tu voz no es tan fea como pensé que sería. —Sonrió y asintió con la cabeza,

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—Te vi en las noticias ayer —dijo la señora Boone—. Podrías haber usado un poco más de maquillaje. Estuviste en la televisión, no en alguna fiesta de pijamas, Maggie.


complacida. Un semi-elogio de mi amienemiga favorita era lo mejor. Agarró su emparedado y tomó un bocado—. Sabía que hablarías algún día. Sabía que serías capaz de hacerlo. Las dos hablamos durante horas sobre cualquier cosa y todo lo que me vino a la mente. Nos reímos juntas, lo que fue la mejor sensación alguna vez. Cuando empezó a hacerse tarde, la señora Boone utilizó su andador para llegar al vestíbulo delantero. Cada vez que su enfermera trataba de ayudarla, le decía que dejara de molestar. Lo que en el mundo de la Sra. Boone significaba "gracias". —Bueno, cuídate, Maggie May, y toma un descanso de la tragedia, ¿de acuerdo? Es hora de que vayas a vivir la vida que te mereces con ese chico que te mira a los ojos todo boquiabierto. Pero no tengas miedo de detenerte en cualquier momento en que necesites un descanso de tus aventuras para tomar un té. —Sus ojos se encontraron con los míos y me dio la más dulce sonrisa que había visto—.O sabes, sólo para hablar con una vieja amiga. —Lo haré. —Sonreí—. Te quiero, señora Boone. Rodó los ojos, se secó una lágrima que caía, y respondió—: Sí. Lo que sea. Lo que en el mundo de la señora Boone significaba "yo también te quiero". Mientras cruzaba la calle, noté a todos los miembros de mi familia sentados en el jardín delantero, mirando a la casa. —¿Qué está pasando? —pregunté, acercándome a ellos. Cheryl apoyaba la cabeza en el hombro de Calvin, y los brazos de papá se hallaban envueltos alrededor de mamá. Me senté junto a mis hermanos y levanté la mirada. —Estamos diciendo adiós —dijo papá. —¿Qué? —Sacudí la cabeza—. ¿La están vendiendo?

—Pero también de mucho dolor —dijo mamá, dándome una pequeña sonrisa—. Y creemos que es hora de empezar de nuevo. Para encontrar nuevos lugares, nuevas vistas. Es hora de que todos dejemos de lado el pasado y encontremos nuestro futuro. No discutí con ellos, porque se sentía muy atrasada, pero todavía había una tristeza que vino con la idea de dejar ir la casa que me salvó de mí misma. La casa se vendió cincuenta y cinco días después de su salida en el mercado. Brooks y su banda se fueron a Los Ángeles para comenzar a reconstruir su música, y le prometí que lo encontraría allí una vez que todo estuviera en orden con la casa.

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Asintió. —Todos pensamos que es tiempo. Esta casa ha sido un lugar de nuevos comienzos para nosotros, de risa, de amor.


El último día de nuestra mudanza, el cielo estaba oscuro y la lluvia cayó sobre el Condado de Harper. Dos camiones de mudanzas se encontraban estacionados en nuestra entrada, y habíamos estado cargando los camiones durante horas. Cuando la última caja se llenó llena, le pedí a mis padres unos minutos para decir adiós. Mi habitación una vez llena se vació de toda la historia. Mi mano cayó sobre mi corazón mientras escuchaba las gotas de lluvia que golpeaban contra el alféizar de la ventana. No estaba segura de cómo empezar a decir adiós. El dolor en mi pecho me recordaba todos los momentos que esas paredes me trajeron. Fue el primer lugar donde aprendí lo que significaba la familia; fue el primer lugar en el que me enamoré, y no importa donde me llevara la vida, esa casa de ladrillos amarillos siempre sería mi hogar. Me hallaba al borde de las lágrimas cuando escuché mis cinco palabras favoritas. —¿Estás bien hoy, Maggie May? —Se supone que deberías estar en Los Ángeles —dije, sonriendo mientras me volvía a ver a Brooks de pie allí con sus manos detrás de su espalda. Su cabello y ropa estaban empapados de la lluvia, y tenía la mayor sonrisa en sus labios—. ¿Qué estás haciendo aquí? —Bueno, en realidad no pensaste que perdería decirle adiós a la casa que me dio a ti, ¿verdad? Además —Entró en mi habitación, sacó las manos de detrás de la espalda y levantó la pizarra con sus palabras escritas en marcador permanente—, hice una promesa a una chica hace unos años y creo que es tiempo de que la cobremos. Quiero mostrarte el mundo, Maggie May. Quiero llevarte a la aventura más grande de tu vida. Sonreí, caminando hacia él. Lo que él no sabía era que él era la mayor aventura de mi vida. Era mi viaje favorito, mi ancla que siempre me llevaba a casa. Colocó el tablero en el suelo y tomó mis manos en las suyas. —Estoy lista para eso. Estoy lista para nuestras vidas juntos, Brooks. Te quiero a ti, y sólo a ti, por el resto de mi vida. Estoy lista para dejar ir este lugar ahora. Me curvó en su cuerpo mientras me abrazaba. Me mordí el labio inferior. —Quizá cinco minutos más —susurré. Me besó en la frente y habló suavemente. —Hagámoslos diez. Cuando llegó la hora de marcharse, Brooks agarró el tablero y me tomó la mano mientras salíamos de la casa. La lluvia seguía cayendo pesadamente, y empecé a correr hacia el auto, pero Brooks me obligó a detenerme. »¡Maggie, espera! Olvidé decirte el único requisito de mi promesa de ayudarte a completar tu lista de tareas.

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Sonrió. —¿Estás segura? —Miró alrededor del espacio vacío.


—¿Y qué es eso? Volteó el tablero y leí las palabras. Cásate conmigo. »¿Qué? —Me reí nerviosamente. —Cásate conmigo —repitió. Los cristales de agua goteaban por su nariz y se deslizaban al suelo. —¿Cuándo? —le pregunté. —Mañana —respondió. —Brooks. —Me reí tomando sus manos en las mías. —Y al día siguiente. Y el día después de ese, y el de después, también. Todos los días, Maggie May. Quiero que te cases conmigo todos los días por el resto de nuestras vidas. —Me acercó a su cuerpo y la lluvia helada se sintió más cálida en ese momento. En ese momento nos convertimos en una unidad bajo la lluvia torrencial. Su piel en mi piel, su corazón latiendo con el mío, nuestras almas unidas desde ese día. Rozó sus labios contra los míos y habló suavemente—: ¿Di sí? Le apreté las manos dos veces. Y nos besamos bajo la lluvia. Eso fue todo. Ese fue el gran momento. Eso fue lo que mi padre siempre me dijo que algún día pasaría. Brooks fue el momento que estuve esperando toda mi vida.

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Esta vez es para siempre.


Traducido por Valentina D.

—E

stá demasiado fuerte —gritó Haley desde la primera fila del estadio. Acaba de cumplir seis años hacía dos semanas y era la primera vez que veía a The Crooks en concierto. Brooks y los chicos estaban celebrando su vigésimo aniversario en el centro de la arena a quince minutos de nuestra casa, y Haley preguntó si podía ser su regalo de cumpleaños. —No está demasiado fuerte, eres sólo una bebé —se burló Noah de su hermana menor. —No, es un poco fuerte —respondí. Metí la mano en mi bolso y saqué un par de auriculares rosa insonorizantes y los puse en las orejas de mi hija—. ¿Mejor? —pregunté. Sonrió ampliamente y asintió. —Mejor. Cuando las luces comenzaron a desvanecerse, Haley y Noah comenzaron a saltar de arriba abajo. Cuando la banda entró en el escenario, los niños parecían a segundos de perder la cabeza. Sus ojos se abrieron en asombro mientras miraban a su papá. —Hola, Wisconsin —dijo Brooks, envolviendo su mano derecha alrededor del micrófono—. Si alguna vez han estado en uno de los conciertos de The Crooks, saben que nunca hemos abierto un concierto con un discurso, pero esta noche es un poco diferente. Esta noche marca el vigésimo aniversario de la banda y esta noche estamos de vuelta en nuestro estado natal para celebrar. Así que los chicos y yo pensamos que sería mejor dedicar este espectáculo a la única persona que hizo que nuestro sueño se hiciera realidad hace tantos años. Había una vez una chica que subía nuestros vídeos en línea y ella es la razón por la que The Crooks fueron descubiertos. Demonios, ella incluso nombró a la banda. —¡Te amamos, Maggie! —gritaron los gemelos al unísono.

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Su héroe. Mi amor.


—Te quiero, hermana —dijo Calvin, sonriendo hacia mí. —¡Te están hablando, mamá! —dijo Haley, asombrada. Besé su frente. —Lo sé, bebé. Son bastante sorprendentes, ¿verdad? Suspiró, con estrellas en sus ojos. —Sí, mamá. Papá es increíble. —Así que, la primera canción no es de The Crooks, pero sólo parece apropiado interpretar este éxito en una noche dedicada a mi corazón, mi alma y mí mejor amiga —explicó Brooks—. Esta es una vieja, pero una buena, y les doy la bienvenida a todos a cantar. Esto es “Maggie May” por el increíble Rod Stewart. Calvin comenzó a tocar la introducción en la guitarra y en cuestión de segundos Brooks envolvió sus manos alrededor del micrófono y empezó a cantar directamente a mí. Los niños seguían animando, gritando su nombre una y otra vez. —Voy a ser una estrella de rock como papá —gritó Noah, saltando arriba y abajo.

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El espectáculo fue increíble, como siempre. Después de la actuación final, Brooks dijo—: Gracias a todos por venir. Somos The Crooks y estamos tan felices que nos permitieran robarnos su corazón esta noche.


—Papi, ¡creo que estuviste muy bien esta noche! —dijo Haley, sonriendo. Tenía los mismos ojos azules que su mamá y la misma hermosa sonrisa que me hacía ceder ante cada una de sus necesidades. Sus brazos se hallaban envueltos alrededor de mi cuello mientras la llevaba a su dormitorio. Aunque había visitado todo el mundo y visto tantos lugares, no existía nada mejor que estar en casa con mis amores. —¿Sí? ¿Lo crees? Asintió. —Sí. Creo que mamá canta mejor que tú, pero aun así, fuiste bueno. Arqueé una ceja. —¿Ah, entonces es así? ¿Crees que mamá es una mejor cantante? —La acosté en su cama y comencé a hacerle cosquillas—. ¡Di que yo soy el mejor cantante! ¡Dilo! —¡Papi! —Soltó una risita—. Bien, bien. ¡Tú eres el mejor cantante! ¡Eres el mejor cantante! Me reí y besé su frente. —Eso es lo que creí. —¿Papi? —preguntó Haley. —¿Sí? —¿Tiempo de secreto? Asentí. —Tiempo de secreto. Se acercó más, tirando de mí por un secreto y susurró—: Mentí sobre ti siendo un mejor cantante.

—¿Sí, papi? —El mundo sigue girando porque tus latidos existen. Salí de su dormitorio después de encender la luz nocturna y cuando entré al pasillo vi a Maggie saliendo del cuarto de Noah. Nos sonreímos el uno al otro y bajamos las escaleras juntos. —¿Está Skippy ahí con él? —pregunté. Asintió. —¿Y Jam está con Haley? —Síp.

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La guerra de cosquillas comenzó de nuevo y siguió hasta que ambos estuvimos sin aliento. Recogí al gato que vagaba alrededor de la habitación y lo coloqué al borde de la cama de Haley donde dormía cada noche—. Está bien, es hora de que ambos descansen. —Le besé la nariz—. Y, ¿Haley?


Cuando Maggie entró en la sala de estar, me acerqué al interruptor y atenué las luces. Ella sonrió hacia mí, mordió su labio inferior y se acercó a la rockola que la Sra. Boone nos regaló hace años como regalo de bodas. Escogió su canción favorita, nuestra canción. Mientras la música empezaba a sonar, tomé las manos de Maggie y la llevé más cerca de mí. —¿Bailas conmigo? Siempre decía que sí. Momentos. Los humanos siempre recuerdan los momentos. Recordamos los pasos que nos llevaron a donde estábamos destinados a estar. Las palabras que nos inspiraron o aplastaron. Los incidentes que nos marcaron o nos tragaron enteros. He tenido muchos momentos en mi vida, momentos que me cambiaron, me desafiaron, momentos que me asustaron y me engulleron. Sin embargo, los más grandes, los más desgarradores e impresionantes, todos la incluían.

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Todo terminó con dos niños, un perro llamado Skippy, un gato llamado Jam, y una mujer que siempre me amó.


Traducido por EstherMaslow

De acuerdo, de acuerdo, sé que acabo de contar una historia, pero me gustaría contar otra ahora mismo. No te preocupes, es más corta. Nada cerca de ochenta mil palabras. Esta es un poco más real, y un poco más personal, pero aquí va. The Silent Waters fue un libro difícil para escribir. A diferencia de Maggie May, no era muda cuando era niña, pero apenas hablaba. En la escuela primaria, yo era muy habladora. En tercer grado era muy extrovertida y salvaje. Amaba a la gente, y parecían gustarme también. Excepto por una chica, vamos a llamarla Kelly. Kelly y yo nos subíamos juntas al autobús escolar, y un día ¡Kelly dijo que ella iba a medir dos metros y medio de alto algún día! ¡Dos metros y medio de alto! ¿Te imaginas? —Eso es muy alto —le contesté—. ¡Serías más grande que todo el mundo! —exclamé. Kelly entrecerró los ojos. —¿Qué acabas de decir? —¡Dije que serás más grande que todo el mundo!

Sabes, tenía un impedimento del habla. Había ciertas palabras que no podía pronunciar, y ciertas palabras salieron de mi boca y no se escuchaban como las palabras que tenía en mi cabeza. Todavía a este día, hay cosas que no puedo pronunciar correctamente cuando me pongo nerviosa. Es bastante vergonzoso lo rápido que esta joven de veintinueve años puede sentirse como esa niña de tercer grado de nuevo en un abrir y cerrar de ojos. Dije todos y ella escuchó zorra14. Y nunca me dejó olvidarlo. Ni siquiera sabía lo que era una zorra. Estaba en el tercer grado. Casi sólo sabía lo que “Aprendiendo a vivir” me enseñó, y Cory nunca le dijo la palabra “zorra” a Topanga.

14

Se refiere a que en inglés la palabra “Whole” (Todos) suena parecido a “Hoe” (Zorra).

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—¿Me has llamado una zorra? —Su cólera me tomó por sorpresa ¿Qué dije? ¿Qué hice mal?


Sin embargo, Kelly no lo olvidó. Hizo de mi vida un infierno, hablando de mi discurso, intimidándome en el autobús escolar, y pellizcando mis orejas diciendo: “¡Quiero ver qué tan rojas se pueden poner las orejas de Cherry!” Era loco cómo rápidamente otros niños se unieron a burlarse de mis palabras. Fue horrible. Llegaba a casa llorando, y mi mamá no sabía cómo solucionarlo, aparte de ir al distrito escolar al modo de mamá exigiendo que las cosas fueran cambiadas. P.D. Funcionó. (¡Gracias, mamá!) Pero por ese punto, ya he cambiado. Perdí mi voz. Me volví súper consciente de las palabras que usaba, por lo tanto apenas usé ninguna. Yo era una loca, una loca que no podía hablar correctamente. Mi voz no era digna de ser escuchada. En la escuela media, fui elegida la chica más tranquila del anuario. Cuando teníamos que leer en voz alta en clase, recuerdo haber tenido ataques de pánico y temblores. Cuando supe que íbamos a leer en voz alta, me quedaba en casa enferma. Si no podía quedarme en casa, iría a la enfermería después de salpicar agua caliente en mi frente para fingir una fiebre. Si tenía que leer en voz alta, pensaría en ello durante días y semanas después del hecho, imaginando las palabras que pronuncié mal, y que los compañeros de clase probablemente se rieron de mí.

Mi hermana mayor, Tiffani, no lo sabe, pero me ayudó a encontrar mi voz. Ella era esta animadora increíble que era popular y divertida, y yo la admiraba tanto. Un día, me dijo que debía probar para la escuadra de animadoras de lucha, sí, eso es una cosa. Lo probé, y logré entrar al equipo. Era capaz de estar en multitudes, y aunque me sentía aterrorizada de lo que la gente pensaba de mí, todavía di mi todo. Comencé a hablar más en la escuela. También, empecé a reír más. Ponerme allí fuera era lo mejor del mundo. Un día, durante mi último año de escuela secundaria, un chico se volvió en su asiento y me dijo—: Me gustabas más cuando no hablabas. Por una fracción de segundo quise retirarme a mi cueva muda, pero en vez de eso pensé: "Sé fuerte como Tiffani". Así que respondí—: Eso es gracioso, porque nunca me gustaste.

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Era tímida hasta el punto en que los profesores me preguntaron si tenía un trastorno de aprendizaje. A mi madre se le dijo que nunca sería capaz de comunicarme de una manera normal debido a mi timidez y mi forma de hablar, pero dijo que no podía permitirse creer eso. Verás, yo era tan habladora en casa. Mi hogar era mi refugio seguro. Esas paredes eran donde se oía mi voz. Era el único lugar en el que podía ser yo misma después de pasar ocho horas en el edificio de la escuela intentando muy duro para no ser yo.


Hablar con descaro. Descubrí el descaro. ¡Mi voz a veces tenía descaro! Lo cual, más tarde en la vida probablemente me metería en problemas, pero eso es otra historia. Es por eso que The Silent Waters está tan cerca de mi corazón. Yo era Maggie May, y ella, en cierto modo, era y todavía soy yo. Todavía a veces tengo ataques de pánico, sobre todo antes de publicar una novela, o antes de que me enamore, o antes de tomar cualquier gran decisión en la vida, porque en mi mente todavía soy esa niña de tercer grado que se siente como si estuviera siendo juzgada. ¿Qué pasa si me equivoco? ¿Qué pasa si no soy digna de amor, o de éxito, o de vivir mis sueños? Pero luego respiro y me recuerdo que está bien ser yo. Está bien tener miedo algunos días, y sin miedo el siguiente. Está bien tener miedo de tener una voz, y seguir usándola cada día. Está bien estar un poco rota, y, sin embargo, todavía entero.

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Por lo tanto, este libro fue escrito para mí, pero no sólo para mí. Esto es para todos los Maggie May del mundo que a veces se sienten tan perdidos y solos. Es para los que se sienten invisibles. Es para los que tienen ataques de pánico en sus habitaciones oscuras por la noche. Es para aquellos que lloran solos para dormir, y se despiertan a la mañana siguiente con manchas de lágrimas todavía contra las fundas de almohada. Este libro es tuyo. Este libro es tu ancla. Este libro es una prueba de que tú también encontrarás tu voz. Eres digno de amor, y de éxito, y tus sueños se hacen realidad. Nunca dejes de hablar, incluso cuando tu voz comience a temblar, ¿de acuerdo? Nunca te des por vencido. Eres importante, eres amado, y tu hermosa voz importa.


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3 serie the elements brittainy c  
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