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“Autómata: Máquina que imita la figura y los movimientos de un ser animado.” -Wikipedia, la enciclopedia libre-

1


Ningún sonido sonaba, entre polvo y niebla, la casa estaba vacía. Parecía que ninguna persona había vivido ahí desde hace ya varios años. Esa era la vieja casa en el risco.

A lo lejos, el canto de las gaviotas y el sonido del mar que abrasaba las rocas y la arena tomaba. En el ático entre cajas y otros cachivaches, juguetes de cuerda se oxidaban recordando viejos y buenos tiempos.

2


Un autómata cuyo nombre no recuerdo, con un solo brazo y dos piernas que ya para nada servían, estaba en una caja, haciendo lo contrario a lo que un autómata joven y nuevo haría. Soñaba con el mundo de afuera. Una ventana empañada era lo único que veía, escuchando el mar y las gaviotas. -¿Qué es eso que se oye? –pensó- ¿Qué será? Para él era una gloriosa y épica ópera de la creación, que solo podía imaginar; jamás había visto el mar o un atardecer. Su mundo era el ático, cajas cubiertas de polvo, metales retorcidos y la cortina de luz que formaba la ventana.

3


-¡Oye!- escuchó el autómata. Movió el cuello con un rechinido, era el primer movimiento que hacia en años. -¿Quién eres? -preguntó curioso. -Nikola -se escuchó en una esquina. Una vieja autómata que no tenía piernas ni un brazo. -¿Puedes ver?- dijo Nikola. -Creo que si- respondió él -¿Qué vez? -Nada- dijo decepcionado -¿Escuchas?… Es hermoso, es música para bailar - dijo Nikola. Otro rechinido se escuchó, clics de viejos y oxidados engranes. El corazón del autómata, si es que una máquina tuviera corazón.

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Después de conversar durante largas horas, el autómata descubrió que Nikola era una bailarina. No recuerda ser la mejor de todas, pero bailó en Rusia, Londres, Nueva York y Alemania; ahora sólo recuerda el sentimiento y la pasión por el ballet, con gran melancolía y aprecio. En años, jamás había pasado algo tan especial en éllos, ¿por qué paso? no lo se, sólo sé que pasó un ratón que vivía en una caja en la cocina; se aventuró al ático, tal vez por el ruido de las máquinas o el sonido que lo atrajo pero el autómata vio al ratón y le pidió que no huyera.

-¡Amiguito! -gritó con fuerza- Tú… si tú -señaló con su único brazo de metal moviéndose por primera vez en años-… ¿Podrías venir? El ratón sintió curiosidad y se acercó sin miedo. Nikola, escuchó susurros y preguntó -¿Qué dicen?– No obtuvo respuesta. El ratón tomó engranes de la máquina y los rodo al otro lado del ático.

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Paso una noche y la mitad de un día, reparando a Nikola con las piezas del viejo autómata. -¡Muévete!- gritó Entre rechinidos y crujidos, Nikola movió sus nuevas piernas, sintiéndose libre por primera vez en mucho tiempo. Quería saltar y correr de un lado para otro, pero más que nada quería bailar. Quería comenzar un simple Adagio pero sabía que no resistirían , así que sólo las miró, alegre y con satisfacción. En un instante recordó sus tiempos de baile eterno como si hubiese sido ayer.

6


Volviendo en sí, Nikola vio los restos del autómata, y con mucha gratitud, cargó lo que quedó del mismo. Lentamente salieron de la casa, viendo cosas que jamás habían visto, salieron y conocieron el cielo. -Este es un ático muy grande- pensó el autómata. Siguieron los sonidos de las gaviotas tan familiares, y de las olas del mar, tan majestuosas como millones de diamantes en continuo movimiento, brillando como las estrellas lo hacen en la noche.

7


Llegaron justo al borde del acantilado. -Hermoso lugar –dijeron ambos al mismo tiempo. El aire de mar oxidaba rápidamente los engranes y fierros viejos de los autómatas, mientras lentamente se sonreían el uno al otro para después devolver su mirada al paisaje. Así quedaron varados viendo el atardecer. -Hermoso lugar –repitieron ignorando la dificultad de la acción. Se oxidaron juntos y quedaron inmóviles con vista al horizonte, seguirían ahí hasta que el sol se apagara y los mares se secaran. El autómata en los brazos de Nikola. Juntos. Para siempre.

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El sueño de una máquina