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Bitácora Poética “Tejiendo y cincelando Saberes” El artesano y el artista


Una fil贸sofa y un te贸logo transitan por el hist贸rico pueblo de Barva. Donde las tejas a煤n se aferran en las coloniales casas y sus rincones, discretamente, denotan cultura.


Un riachuelo nos seduce por su olor a bambĂş y su esencia de cotidianidad. A la indagaciĂłn por los canasteros, una vecina responde: -Yo creo que ya no existen, siga mĂĄs


adelante a ver si acaso.


Un campesino descamisado y afanoso carga su machete en mano y pica la ca単a con estilo al son de las canciones que emite su vieja radio.


Somos dos y él solo uno, piensan los académicos visitantes. Don Carlos José sigue su rutina sin que la extraña presencia lo moleste. Unas curiosas preguntas aproximan a los indagadores con el campesino.


El artesano del portal responde a su tiempo, sin pausa, ni prisa. Pareciera que fuĂŠramos de mundos distintos. Nosotros desesperados, ĂŠl sereno.


- Soy artesano de profesi贸n y nacimiento. Trabajo desde hace 50 a帽os haciendo canastos, es una tradici贸n de mi historia familiar- dice con orgulloso prudente.


Escuetamente explica su tĂŠcnica y su trajĂ­n para promocionar sus obras, no sin antes exigirnos sacar un cuaderno de apuntes para que se plasme su vivencia.


Con soltura dice no tener motivaci贸n


alguna, su trabajo es un compromiso hist贸rico que no depende de 茅l.


-No sé la razón, pero mis obras son artesanías. ¿Ustedes apoyan a los artesanos? – cuestiona de repente.


-Desde nuestra realidad creemos que el arte de los pueblos es un testimonio de la vida misma, creemos en los artesanos de nuestros pueblos –responden los estudiantes que pasan a ser indagados.


Sin previo aviso, el seĂąor se levanta y cortĂŠsmente nos despide con un apretĂłn de manos. El encuentro desde su espontaneidad culmina cuando tiene que hacerlo. Y las puertas a la vuelta se dicen quedar abiertas.


Él era uno y nosotros solo dos. En el mismo pintoresco lugar nos emprendemos a buscar a un afamado escultor.


Localizar al Sr. Brenes Se consigui贸 en instantes. Bast贸 consultar a un transe煤nte del parque central para conocer su direcci贸n exacta.


Un caballero espigado Con un atuendo de mandil y manos polvorientas nos recibe con recelo.


Él era uno y nosotros solo dos en la simplicidad de aprendices. Sus títulos y reconocimientos junto a su discurso autohonorífico denotan un gran personaje.


Cada respuesta se matiza con estricta descripci贸n. Es orgullo personal comunicar su profesionalismo que valida su quehacer. Pareciera que 茅l viviera en un mundo inalcanzable.


-Soy artista de convicción y de academia. Desde pequeño me atrajo la cultura y el arte. Más que una profesión, es una pasión- lo dice con cierta vanidad.


Su arte, como ciencia excelsa, se transmite con ligereza e incomodidad. Repite con frecuencia -para ustedes es complejo entender.


Su inspiraci贸n son los concursos, las bienales y su legado.


El reconocimiento debe justificarse en la sociedad.


Ciertamente, sus onerosas obras las considera piezas artĂ­sticas. No se cansa de reiterar que su trabajo es verdadero arte.


La agitada agenda de los famosos no permite tener encuentros de mรกs de 10 minutos. Nuestros pies se despiden de la alfombra de la entrada con la


promesa forzada de jamĂĄs volverse a ver.


AsĂ­ la vida se entreteje y cincela entre finos dilemas y virtudes de artes y olvidos.


Por: Virginia Vega Luis Alvarado

Bitácora poética  

El artesano y el artista

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