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7 La víspera del 2 de julio

Los días previos al 2 de julio fueron intensos. Revisar cada aspecto logístico de la elección, asegurar el traslado de los materiales electorales a las miles de casillas en todo el país, afinar el funcionamiento del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) y del conteo rápido, certificar los sistemas de comunicación y garantizar la protección de las instalaciones estratégicas del Instituto Federal Electoral (IFE). Me había acostumbrado a imaginar “pesadillas” y situaciones extremas como un mecanismo para evitarlas, a pesar de que su probabilidad de ocurrencia fuera mínima. A los técnicos del IFE les pedía explicaciones. “¿Qué sucedería si hay un ataque terrorista en el cerebro del padrón electoral en Pachuca, Hidalgo? ¿Cómo reaccionaríamos si atacan las instalaciones de Zafiro, donde se localizaba el cerebro del PREP? ¿Si hay un corto del flujo eléctrico?” Todas esas preguntas rondaban mi cabeza en los días previos al 2 de julio. El IFE había desarrollado un sólido sistema de comunicaciones para el 2 de julio. Ese día la comunicación que fluiría entre las 332 oficinas del IFE en todo el país y su sede central era fundamental para la seguridad nacional. Ese día el IFE tendría prioridad en las redes de Teléfonos de México (Telmex), que con 159

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EL PREÁMBULO

eficacia y disposición dio su apoyo al instituto. Como lo dieron la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y Luz y Fuerza del Centro desde un año antes, para renovar las instalaciones eléctricas en las oficinas distritales del IFE en todo el país. No podía haber ninguna falla del fluido eléctrico. Cualquier “apagón” sería usado para acusar al IFE de ocultar algo. En la sede central había tres plantas móviles de energía eléctrica. Bajo ninguna circunstancia podía fallar la energía en la sala de sesiones del Consejo General. Además, los consejeros habíamos dispuesto una sede alterna para sesionar, en la colonia Del Valle, en caso de una toma de las instalaciones o de otra emergencia. Nunca fue requerida, afortunadamente. Todos los funcionarios del IFE me mostraban las “redundancias” para que cualquier incidente en los mecanismos de transmisión de datos o en el flujo de energía eléctrica fuera suplido al instante por una vía alterna. Si fuera atacado el cerebro del PREP en el edificio de Zafiro, entraría en funcionamiento el “espejo”, es decir, un sistema que se activaría si el original fuera desactivado. Si se cortara la energía eléctrica en la sede del IFE, había plantas eléctricas que evitarían que el sistema se cayera. Si se daba un ataque cibernético al sitio del IFE en internet, había 29 ligas más para que el público pudiera consultar los resultados electorales la noche del 2 de julio. Juan Antonio Arámbula, coordinador de Seguridad y Protección Civil del IFE, estaba al pendiente de todos los aspectos para proteger las instalaciones. Desde mi llegada al instituto en 2003 Arámbula había sido un colaborador diligente. A los pocos días de ocupar mi oficina, descubrió micrófonos debajo de mi escritorio y en una sala de juntas. Cuando me los mostró entre sus manos, supe que ya me habían dado la “novatada” en el mundo de la política mexicana. Con frecuencia, Juan Antonio 160

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