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Como eran tiempos peligrosos, se mezclaron en las columnas de Montoneros y como hubo fotos del FLH en esa columna, la derecha peronista, acusó de “putos” a los sectores de izquierda peronista. Estos, rápidamente, lejos de asumir como propia la lucha del FLH y contestar a las agresiones discriminatorias y fascistas, trataron de despegarse para que “no los confundieran”, sacaron un afiche con la leyenda: “No somos putos, no somos faloperos, somos los machos de FAR y Montoneros”, consigna que hace propia casi toda la izquierda del momento. La invisibilización es tan grande, que el dirigente en ese entonces, de lo que hoy conocemos como el Partido de los Trabajadores Socialistas, Nahuel Moreno, muy hábilmente le sede un lugar en el local del partido, pero le brinda un apoyo clandestino. Les ceden una habitación para reunirse, les proveen un mimiógrafo, pero nadie puede saber que están allí. En la puerta reza un cartel de “prohibido el ingreso” e incluso, cuenta los testimonios de la película, que compañeros pertenecientes al FLH y al PST, no sabían de ese apoyo, ni de lo que había tras esa puerta. En enero de 1976, la detención y enjuiciamiento de Néstor Perlongher, también marca el fin de la actividad del FLHA y el comienzo de ese largo silencio de siete años, que se instaura en la Argentina sobre el tema. Vendrá la represión, el asesinato a mansalva, el secuestro clandestino, la delincuencia en el Estado -de lo cual los homosexuales tampoco escaparían. Su reclusión no fue larga pero sí traumática. Y ya en 1981, como la situación económica de Perlongher se torna angustiante, dado que quiebra la empresa de encuestas en la que siempre había trabajado, toma la decisión de emigrar a la ciudad brasileña de Sao Paulo. A partir de entonces su trabajo estará ligado hasta su muerte a la Universidad de Campina. Tras una corta experiencia, abandona en 1984 la lucha homosexual organizada. Sin embargo, jamás dejará de sentirse parte de ella. Como

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intelectual, como poeta, como investigador, como sociólogo, siguió buscando imponer esa verdad que liberara al ser humano y en particular al oprimido por su sexualidad. Influido, como siempre, por los autores y corrientes de pensamiento más avanzados (George Bataille, Deleuze, Guattari, Foucault), con una nueva concepción del deseo, Perlongher seguiría emprendiendo cruzadas liberadoras. Con una mirada más perspicaz, sus últimos escritos, muestran una preocupación por el devenir, la identidad, la lucha por la dignidad y el episodio de SIDA. El 26 de noviembre de 1992, Néstor Perlongher fallece de SIDA, enfermedad que padecía desde hacía algunos años. Murió con la misma dignidad y el mismo sentido del humor, que lo caracterizó siempre. Su último poema, escrito en su última semana 29


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