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Allí no solo mostraban su arte, sino también hallaron camaradería y conquistas. En 1970, el Instituto fue cerrado por insistencia de los militares, cuando una obra de Roberto Plate causó espanto en el sector conservador. La misma consistía en una simulación de baños públicos, con inscripciones características de estos lugares. La clausura de esa obra fue acompañada por el retiro voluntario del resto de los artistas en protesta por la censura. Es por eso, que los baños públicos, con su carga marginal, terminaron siendo los lugares más seguros para amucharse.

Todo tiene su código, los retretes también

Los baños públicos oficiantes de teteras, tenían sus códigos. Se juntaban a determinada hora, determinado día, en silencio y con total discreción, convertían el sitio en un semillero de placeres. La complicidad imperaba, la testosterona era la estrella del evento y la libertad brotaba, aunque sea por un rato. Por supuesto que había un “capanga” que decidía algunas cuestiones, como la designación de zonas apropiadas o el ingreso de los nuevos visitantes. Era necesario que alguien hiciera de “campana”, por si los patrulleros rondaban la zona buscando invertidos, para meterlos en cana o chantajearlos con una fellatio, a cambio de no acribillarlos en la comisaría más cercana. Pese a eso, siguieron en su cofradía, paliando en grupo las interrupciones de la autoridad. Actualmente las teteras persisten. Ya no hay dictadura, ni necesidad de ocultarse ante la sociedad. Sin embargo hay algo mágico en el toqueteo colectivo que sigue tan vigente como hace 40 años.

(Imagen de la película “La Ley del Deseo” de Pedro Almodóvar- año 1987) 13


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