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ANIMALES TECNOLÓGICOS -

He oído que dentro de poco las mujeres podrán comunicarse con sus bebés a través de una especie de pantalla que, a modo de pegatinas, instalarán en sus enormes barrigas – Explicaba Sergio a su anciana abuela. Anoche lo escuché en televisión y es una de las noticias más comentadas en internet.

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¿En serio van a inventar algo así? –Preguntó la mujer.

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¡Sí! Imagínate, abuela. Piensa que así el bebé podrá decirle a su mamá de qué color quiere que le pinten la habitación y cuándo está preparado para salir.

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Sabes, hijo mío… Las madres ya se comunican con sus hijos sin necesidad de pantallas ni de pegatinas en sus barrigas…

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¿En serio?

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Sí. Los entendidos lo llaman haptomía o haptonomía. Hay que pensar en el bebé y a través de las manos transmitirle nuestro cariño, pensamientos… Las técnicas de relajación también contribuyen a la comunicación con el bebé…

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Abuela, –interrumpió el joven-, si lo piensas bien, nadie se comunica con otra persona mediante el tacto o el pensamiento… De ser así, ¡nunca hubieran inventado los teléfonos móviles!

Sergio besó a su abuela en la mejilla y se fue a jugar. “Somos animales tecnológicos –pensó. Nunca avanzaremos en la senda de la vida”.

Al atardecer, comenzó a nublarse el cielo. La tormenta se oía a lo lejos y el aire húmedo de la lluvia empezó a olerse en toda la casa. Los postigos de las ventanas aleteaban sin parar y, de repente, pareció que un vendaval arrancaba todo lo negativo de aquel hogar… Incluso, la conversación que abuela y nieto acababan de tener sobre la comunicación intrauterina.


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Es imposible seguir jugando en el patio – gritaba Sergio a su abuela.

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Sería bueno que entraras, pronto empezará a llover y parece que no serán cuatro gotas.

Abuela y nieto comenzaron a preparar la cena. El estruendo de la tormenta estaba más cercano cada vez y el horizonte se iluminaba cada cierto tiempo con un color púrpura que impregnaba más solemnidad al ritual que, desde que era pequeño, había seguido junto a su abuela para preparar el banquete nocturno.

La tormenta descargó con toda su intensidad. Sergio pidió a su abuela que le acompañara un rato mientras se quedaba dormido. – Háblame de lo que quieras –le sugirió. Pero ésta, corrió las cortinas, le arropó y puso su mano sobre su pecho, sintiendo cómo su respiración iba templándose hasta que apenas se apercibía. Apagó la luz y dejó que su nieto se entregase a los brazos de Morfeo. -

Esta noche, el dios de los sueños te revelará tu propio secreto. Descansa, hijo.

El cielo estaba lleno de puntos de luz. ¿Si estaba lloviendo hace un momento? - susurró Sergio. Eso no importaba. El cielo tampoco estaba oscuro ni azul. Era un color aún más brillante que la propia luz de las estrellas. Además, no estaban fijas. Se movían. Alguna vez en clase había escuchado hablar de los átomos, las moléculas... De esas partículas ínfimas e inapreciables a la vista que vibran sin parar y que giran en torno a no se sabe qué. Claro que tendría que saberlo, pero no se acordaba bien de la explicación. -

¿Te atormenta el no poder recordar esa explicación? - preguntó una voz a sus espaldas.

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¿Quién eres? ¿Quién está ahí? ¡Abuela! - comenzó a gritar Sergio.

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No te asustes. Soy tu guía, tu maestro o más bien, tu aprendiz. Llevas asistiendo a esa clase de física desde que Albert Einstein tradujo a vuestro lenguaje matemático el movimiento aleatorio de las partículas microscópicas y tu conciencia es tan limitada que no confías en ti mismo para


comprender que, en el origen de los tiempos, antes de que decidieras bajar al plano humano eras simplemente eso, partículas de luz. -

¿Esto es una pesadilla? ¡Quiero despertar!

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No tengas tanta prisa por que tu conciencia vuelva a anidar en tu cuerpo humano. Vuelves a estar en el plano donde todo es luz, donde la materia no se corrompe y donde el amor y la felicidad son dos ingredientes básicos para nuestra estancia. Esto es el origen de los tiempos. Desde aquí, cada ente luminoso decide donde habitar durante las próximas décadas. La mayoría solo necesita una vida, según el cómputo humano, para darse cuenta de la grandiosidad del universo y de la interconexión entre seres humanos porque todos partimos del mismo todo. Sin embargo, tú le cierras las puertas a tu subconsciente, incluso en sueños.

Sergio no comprendía nada. La luz le cegaba. En su ofuscamiento decidió gritar tan fuerte que dejó de oír su propia voz para volver a escuchar la de su madre. -

Estoy embarazada, estoy embarazada – sollozaba.

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No te preocupes, cariño. Él ha elegido venir y no podemos hacer otra cosa que recibirlo con amor.

“Tiene que ser papá - pensó. ¿Quién iba a llamarle cariño a mamá de no ser él?” Hacía tanto, tanto tiempo que él murió que ya no recordaba ni el tono de voz de aquel hombre a quien solo recordaba por las fotos que su abuela mantenía en el salón. Sergio seguía siendo un punto, una molécula o un átomo. “Si tantas veces he asistido a la misma explicación...- reflexionaba Sergio dubitativo- tendría que saber algo más sobre mi estado actual”. Lo que era obvio para su entendimiento es que la luz se había desvanecido. Hasta su propio cuerpo era opaco. No tenía ni pies, ni manos, ni cabeza... Era una canica. Sin embargo, seguía escuchando a sus padres: sus proyectos, sus palabras amorosas, sus peleas, a veces... Notaba el nerviosismo de su madre y también su alegría. Pronto, tomó conciencia de su nuevo estado: de la humedad del medio en que habitaba, de sus minúsculas manos, de la facilidad para dar volteretas...


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¡Estoy en el vientre de mi madre!

Los días pasaron y agradecía a su madre la atención recibida aún sin salir al exterior. Sus masajes, sus baños de sol, que colmara sus deseos de chocolate, de fresas con nata... ¿Pero cómo puedo saber qué son sin nunca he estado en el mundo? De repente, volvió al jardín luminoso. La luz lo inundaba todo. -

Sigues sin aprender nada – le reprochó la voz a sus espaldas. Todo el conocimiento ya está en ti. No es la primera vez que eliges bajar al plano tridimensional en el que habitan los humanos.

Dormía plácidamente cuando despertó y decidió que ya había crecido bastante. Era el momento de salir al exterior y poner caras a aquellas voces que cada día le guiaban en los latidos de su corazón. El alumbramiento no fue fácil. No recordó cuál era la postura adecuada ni el momento oportuno para desprenderse de aquella bolsa líquida y el parto fue difícil. Sufrió durante meses en un hábitat artificial. Quería emular las entrañas de su madre, pero todo era tan frío... Le visitaban varias mujeres y, no quería dudar de la buena intención de ellas, pero sus palabras no eran tan cálidas como las de su madre ni sus manos tan aterciopeladas como las que percibía a través del útero materno.

Un cálido abrazo le despertó. La luz inundaba la habitación. -

Después de la tormenta siempre llega la calma. Mira cómo luce hoy el sol – dijo la abuela.

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¿Mamá? Eres tú…

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No, cariño… Pero como si lo fuera…

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Abuela, he soñado con mi madre, con mi padre y yo era bebé… He asistido a mi propio parto y yo decidí cuándo salir y me equivoqué… ¿Estuve en una incubadora?

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Hijo mío, nacemos tantas veces como necesitemos comprender el mensaje de la vida. Confía en ti mismo y en tus instintos. Todos partimos de un mismo todo y de ahí la interconexión entre


almas. No pienses ni creas nunca que una máquina puede sustituir la sapiencia que durante siglos ha ido adquiriendo nuestra conciencia a través de las distintas vidas que se han ido sucediendo. Nuestras células guardan en su memoria ecos del pasado tanto para desarrollar acontecimientos buenos como para los malos. Y sobre todo, presta más atención a tus sueños porque es, precisamente, donde se manifiesta tu subconsciente y donde se almacena todo lo que sabes. Nunca digas no sé hacer esto o no sé hacer lo otro, solo se trata de recordar cómo era. No tengas miedos, nos paralizan; ni seas esclavo de pasiones banales y confía en el devenir de la vida y en la justicia universal que nunca vendrá a actuar por casualidad.

Sergio comprendió a medias la explicación de su abuela. Solo tuvo claro una cosa, que el sueño que acababa de tener no se había producido por azar.

Animales tecnológicos  

Relato corto presentado a concurso literario no premiado.

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