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ese deseo. Porque de hacerlo, no habría experimentado las horas más mágicas de toda su vida. Y si dentro de ella había un bebé… Se le cortó la respiración. Pronto lo sabría. Quizá cuando reflexionara, Zaid no estaría tan decidido a reconocer como suyo al hijo de una don nadie cuyo abuelo era un criminal. Si eso sucedía, ella solo tendría que proteger a su hijo del cuestionable legado de su pasado. El esfuerzo que exigió bloquear la vocecita burlona que le decía que Zaid nunca renunciaría a su hijo, terminó por agotarla. Estaba mirando abstraída el techo de la tienda, cuando oyó voces animadas, seguidas del inconfundible sonido de motores. Una mirada al reloj le indicó que llevaba dos horas en la cama. Aunque todavía quedaba una hora para la cita con los maestros de la comunidad, Esme se levantó, se refrescó la cara y se cambió de túnica. Luego volvió al salón justo al tiempo que Zaid entraba. –Estás vestida como para viajar. Muy bien –dijo recorriéndola con gesto serio. –¿Por qué? ¿Vamos a alguna parte? –Sí, volvemos a palacio. Esme frunció el ceño. –Pero todavía tengo trabajo aquí. En una hora voy a ver a los maestros. –El informe que completaste ayer es más que suficiente. El resto de la valoración puede realizarse por otros medios. –¿Como cuáles? Zaid hizo un gesto de impaciencia. –Por teléfono, videoconferencia o cualquier otra forma. No somos una tribu primitiva. –Ya lo sé. No he pretendido insinuar eso. –Pues vayámonos –ordenó él, tendiéndole la mano con gesto imperioso al ver que Esme titubeaba. –¿Por qué tengo la sensación de que me ocultas algo? Un músculo palpitó en la sien de Zaid. –Porque es verdad. Me he equivocado al decir que nos tomaremos un tiempo para asimilar la idea de que puedas estar embarazada. Si llevas mi hijo… –Eso es solo una posibilidad… –Tenemos que poner en marcha una serie de detalles –Zaid terminó la frase

Profile for Lucía Elisa Aguirre Ramírez

Maya Blake - El Sultán Y La Plebeya  

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